El largo camino hacia la ciudadanía: la población
indígena en la Constitución de 1812
Gloria de Los Ángeles Zarza Rondón
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Gloria de Los Ángeles Zarza Rondón. El largo camino hacia la ciudadanía: la población indígena en
la Constitución de 1812. XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles : congreso internacional,
Sep 2010, Santiago de Compostela, España. pp.2639-2650. �halshs-00532581�
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Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - 2639
EL LARGO CAMINO HACIA LA
CIUDADANÍA:
LA POBLACIÓN INDÍGENA EN LA
CONSTITUCIÓN DE 1812
Gloria de los Ángeles Zarza Rondón
Universidad de Cádiz
España
El artículo que presentamos recrea el papel que la Constitución gaditana
jugó en la conformación del nuevo orden político y social que se gestaba
a comienzos del siglo XIX en la Península y en América. Veremos como
el texto constitucional, tras los debates y planteamientos llevados a cabo
por diputados de ambos lados del Atlántico, convertirá al ciudadano en
miembro de la comunidad política nacional, suponiendo una concepción
social radicalmente opuesta respecto de la sociedad colonial anterior, y
muy especialmente, en lo que a la comunidad indígena se refería.
Como punto de partida, comenzaremos señalando que en las páginas
siguientes realizaremos una reflexión de carácter general y bibliográfico
acerca de los diferentes argumentos que se debatieron en las sesiones
constitucionales de 1812 sobre el concepto de ciudadanía indígena.
Abordaremos la cuestión, recordando que en los albores del siglo XIX,
España y sus colonias entrarían en un período de grandes transformaciones
que cambiarán el escenario político de manera radical. En un breve
espacio de tiempo se derrumbó el edificio de la monarquía que hasta
entonces había tenido la autoridad sobre súbditos y reinos a ambos lados
del Atlántico, y ante esta desintegración del poder real surgirían múltiples
intentos por construir un nuevo orden político y social. Será a partir de
entonces cuando se inicie la compleja historia de la configuración de las
nuevas entidades políticas y el planteamiento de definiciones de soberanía
y nación muy diferentes a las que se había puesto en práctica durante los
2640 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
siglos anteriores. De este modo, y a pesar de las diferentes y múltiples
situaciones que tendrían lugar desde Nueva España hasta el Río de la Plata,
no exentas de guerras y revoluciones, el ideario liberal, en sus diferentes
versiones, proporcionaría gran parte del grueso normativo fundamental
para la construcción del nuevo orden político y social.
Llegados a este punto es donde debemos tener en cuenta la labor de
la constitución gaditana en la forja del nuevo modelo político- social y su
aplicación a los territorios ultramarinos. Así, tal y como afirma el profesor
Joaquín Varela Suanzes116:
Conviene no perder de vista, y muchas veces se pierde, que el Congreso
doceañista significó el primer parlamento moderno de las Españas (y
el último, ay). De la peninsular y de la ultramarina. Y este alcance,
que trasciende su sentido meramente geográfico, bihemisférico, para
representar un dato y un símbolo histórico y cultural de primera
magnitud, incrementa sobremanera la dimensión de estas Cortes y la
importancia de su estudio.
Estas palabras nos dan una clara idea de la trascendencia de las Cortes
de Cádiz, en las cuales por primera vez en la historia de la monarquía
hispánica, españoles peninsulares y españoles americanos discuten
el futuro de la entidad política que conformaban desde hacía casi tres
siglos.117 Y es que, a diferencia de la inmensa mayoría de los historiadores
peninsulares que han tratado el tema en de las Cortes de Cádiz, Varela
Suanzes reconoce la trascendencia de la dimensión americana de estas
cortes, que se deriva de un hecho incontrovertible: es prácticamente
imposible aprehender su alcance histórico si se ignora el papel jugado en
ella por los representantes americanos118. Así, y siguiendo las directrices
constitucionales, en Iberoamérica el ejercicio del poder político y la
ciudadanía se asentó sobre los principios de la soberanía popular y la
representación moderna, principios, como decimos establecidos por
las constituciones y sostenidos ideológicamente por la élites criollas
triunfantes tras la independencia. Y es que dada las concepciones vigentes
de nación y de Estado, la creación de una ciudadanía política constituyó un
aspecto central de todo este proceso. Las constituciones definían, a la vez
que presuponían, al ciudadano ideal, a quien otorgaban derechos políticos
y convertían así en miembro de la comunidad política nacional.119
116. Joaquín Varela Suanzes- Carpegna,: La teoría del Estado en los orígenes del constitucionalismo hispá-
nico (Las Cortes de Cádiz). Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1983. p. 2
117. Roberto Breña,: «España y América (1810- 1814): Las Cortes de Cádiz, la Constitución de 1812 y
el problema americano», en El primer liberalismo español y los procesos de emancipación en América,
1808- 1824. Una revisión historiográfica del liberalismo hispánico. El Colegio de México. Centro de
Estudios Internacionales. 2006
118. Ibídem. p. 110
119. Antonio Annino y Françcois- Xavier Guerra (eds.): Inventando la nación: Iberoamérica Siglo XIX,
México, 2003.
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No obstante, el establecimiento de una sociedad basada en la libertad
e igualdad individual implica una concepción social nueva respecto de la
sociedad colonial. En esta transición, la sociedad de concebirse como un
conjunto de corporaciones desiguales y diferentes entre sí, ahora estaría
integrada por individuos iguales por naturaleza y ante la ley, y así, en
este tránsito de la colonia a la república, la población indígena pasó de
ser súbdita a ciudadana, lo que tendrían como consecuencia un profundo
cambio social cuyos principios entrarían en clara contradicción con la
condición legal y el estatuto particular que había poseído la población
indígena durante el período colonial.
Y es que desde el momento en que la Constitución de Cádiz de 1812
reconoció la ciudadanía a la población indígena, con matices que veremos
más adelante, se puso de manifiesto la imposibilidad de mantener un
ordenamiento corporativo concreto para la población, pues se encontraba
en contradicción con el principio de libertad e igualdad bajo los que se
fundamentaba una sociedad conformada por ciudadanos. En palabras del
profesor Antonio Annino:
Cádiz, transformó la comunidad local en la fuente de los
derechos políticos liberales. Y (….) con una hazaña espectacular,
los constituyentes extendieron la ciudadanía a los indígenas.
De esta forma, el cambio que transforma la condición legal de la
población indígena y su forma de organización local, (recordemos que
la organización local de cabildos de indios regulados bajo la república de
indios pasaría constituirse en ayuntamientos constitucionales), tendrán
su reflejo inmediato en la Constitución gaditana. Así como también la
configuración de una sociedad de ciudadanos, que respecto de la realidad
anterior, supone crear una sociedad nueva definida por oposición a la
colonial, ya que la ciudadanía, y la concepción individualista que lleva
implícita corresponde a una fórmula que determina un modo diferente
de concebir dicha sociedad, bajo una nueva legitimidad política. Por su
parte, también en los términos de súbdito y ciudadano se encuentran
implícitas dos formas de entender la sociedad, lo cual nos obliga a tener
en cuenta que en el tránsito de una categoría a otra tiene lugar no sólo el
establecimiento de una concepción socio- política nueva, sino también
cultural, y suponiendo dicho cambio una modificación absoluta de los
imaginarios y percepciones de la realidad de los actores que formarían
parte de esta nueva sociedad.
Otro aspecto a tener en cuenta, es que la implantación de una nueva
concepción social no se realizaría de forma lineal, ni se asumiría de la
misma manera ni al mismo ritmo por los distintos actores sociales, de
hecho la interpretación de los postulados liberales se realizará a partir
2642 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
de una forma particular de concebir la sociedad y el poder político, de
acuerdo con los presupuestos de una sociedad corporativa, de ahí que la
nueva legitimidad liberal, expresada a través de los textos constitucionales
generara un cambio hacia una nueva sociedad, si bien, en el transcurso
del mismo se detectarían retrocesos, permanencias o síntesis entre una
concepción y otra.
Continuando con nuestro artículo, pasaremos a analizar más
detenidamente el concepto de ciudadanía indígena debatido y discutido en
las sesiones de las Cortes. Por ello, vamos a tener muy en cuenta el papel
jugado por los diputados americanos y la cuestión sobre la ciudadanía
indígena. Así, podemos afirmar, tal y como lo hace Marie Laurie Rieu-
Millan en su libro Los diputados americanos en las Cortes de Cádiz:
(…) las discusiones sobre el estatuto de los diferentes grupos
humanos de América fueron acaloradas y hasta violentas.120
En principio se situarían en torno al debate del siglo anterior sobre el
«valor del hombre americano», pero más allá de discusiones ideológicas
o filosóficas, las decisiones de las Cortes tenían como objeto una realidad
social compleja121 sobre la que intentaban actuar; de ahí el desfase, a veces
acentuado, entre los principios enunciados y las decisiones tomadas,
mucho más matizadas y pragmáticas. Siempre que surgió el problema
de los derechos cívicos, no solo de los indígenas, sino también de las
castas122, es decir, de su inclusión en la representación nacional, los debates
120. Marie Laurie Rieu- Millan.: «Capítulo IV: Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas,
castas y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia.
Madrid, CSIC. 1990.p. 107
121. Fray Cesáreo De Armellada: La causa indígena americana en las Cortes de Cádiz. Madrid, Ediciones
de Cultura Hispánica, 1959. En esta obra, se pasa revista a los distintos asuntos indígenas tratados
por las Cortes, y resume las líneas esenciales de cada debate, esbozando una comparación con las
políticas Indigenistas de las repúblicas hispanoamericanas, en especial con el fuero indígena vene-
zolano.
122. En la obra de Rieu- Millan, Los diputados americanos…. Se nos aclara en un pié de página que a
lo largo de los debates llevados a cabo durante las sesiones constitucionales, la palabra «castas» se
empleó prácticamente en el sentido de «castas pardas», es decir, las castas raciales con algún aporte
de sangre africana, los que la Constitución llamó más precisamente «españoles que por cualquier
línea traen origen del África». Se decía «las castas» para designar al grupo social que formaban, y
a veces, «los castas», en masculino, para designar a los individuos pertenecientes a este grupo, y
más concretamente a los hombres, de los que se discutía el derecho a la ciudadanía. En las Cortes,
la palabra «castas», se empleó pues ambiguamente. En rigor, la sociedad colonial estaba compuesta
de una gran variedad de castas raciales. En su Ensayo político de la Isla de Cuba, Humboldt suele
distinguir entre «españoles», «indios» y «castas de mezcla», en las que incluye todas las variedades
de mezclas raciales. En las Cortes, en cambio, se distinguió entre «naturales» (españoles, indios y
mestizos de ambos) y «originarios de África», designados erróneamente como castas. Es posible
que los peninsulares, que habían leído a Humboldt, fueran víctimas de esta confusión, y pensaran
eliminar a muchos más habitantes de América al excluir a las «castas» de la representación, pues
el propio Humboldt incluye en las «castas de mezcla» a los mestizos puros de españoles e indios,
ciudadanos por derecho según todos los decretos de las Cortes; los pardos propiamente dichos, no
eran tantos.
Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - 2643
fueron particularmente tensos, porque apuntaban a otro problema más
estrechamente político: el del peso relativo de América y de la España
Europea en las Cortes.
Los criollos reclamaban la inclusión de indígenas y castas en la base
de población representable para que las provincias ultramarinas tuviesen
un número más elevado de diputados; por su parte, los peninsulares
rechazaban parcialmente estas inclusiones para mantener la superioridad
numérica de los diputados europeos.
Sobre la importante cuestión de los indígenas americanos, criollos y
peninsulares partían de las mismas premisas: la tradición indigenista española,
que hacía del indio un objeto privilegiado de legislación. Así, durante los
dos primeros meses de sesiones, los diputados de ultramar presentarían las
primeras disposiciones (concretamente 11 artículos) a favor de América, se
trataba de el primer cuerpo reivindicativo organizado de los representantes
criollos, merece observarse que no aborda directamente el «problema
indígena»; en su defecto, se recogen todas y cada una de la aspiraciones de las
sociedad criolla: igualdad para los empleos, libertades económicas…, tan solo
pueden observarse breves alusiones al indígena, como las siguientes:
Los americanos, así españoles como indios, y los hijos de ambas clases,
tienen igual opción que los españoles europeos para toda clases de empleos
y destinos; así en la Corte como en cualquier lugar de la Monarquía,
sean de carrera eclesiástica, política o militar. Artículo 8, de 16 de
diciembre de 1810
Hemos de prestar atención al hecho de que el artículo se trata de una
declaración de principios y no aborda el problema objetivo que planteaba
la realidad del mundo indígena. Sin embargo, a lo largo de este mismo mes,
sí fue el diputado Inca Yupanqui, el que presentara varias proposiciones
relativas a la libertad e igualdad de los indígenas, y ante las Cortes, el
propio diputado tomó la palabra «como inca, indio y americano» a favor
de los indígenas, presentando una fórmula de decreto para ordenar a los
Virreyes y Presidentes de las Audiencias
(…) se dedicaran con particular esmero y atención a los indios y
prohibir que, persona alguna constituida en autoridad eclesiástica,
civil o militar, ni otra alguna de cualquier clase o condición que
sea, aflija al indio en su persona, ni le ocasionase perjuicio el más
leve en su propiedad… .
Dicho decreto, fue aprobado el 5 de enero de 1811, y constituye la
primera disposición indigenista de las Cortes.123
123. Marie Laurie Rieu- Millan.: «Capítulo IV: Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas,
castas y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia.
Madrid, CSIC. 1990. p. 110
2644 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
Por tanto, y aunque los diputados americanos presentes en los
primeros meses de sesiones no eran del todo insensibles a la situación
de los indígenas124, dudaban entre una política de integración civil, y la
continuación de una política tradicional de protección legal, tal y como
se había llevado a cabo hasta el momento; y es que, los diputados eran
bien conscientes de los peligros que podía acarrear para los indígenas la
abolición total de los privilegios y condiciones legales que habían gozado
hasta entonces, de modo, que se intentarían mantener temporalmente
dichos privilegios, al mismo tiempo que se intentaría asegurar a los
indígenas el goce de dos de los principales derechos del ciudadano: el
derecho a la propiedad, y el derecho a disponer de sí mismos. Así, con
prudencia, y partiendo de la legislación en vigor, esta sería la línea de
actuación esencial de la política indigenista en las Cortes.
Transcurridos ya varios meses desde estas primeras disposiciones,
tendría lugar el primer debate importante sobre el estatuto jurídico de
los indios en el marco de la discusión sobre la representación en Cortes
de las provincias americanas. En las disposiciones anteriores a 1810, los
indígenas eran considerados como representables y elegibles, pero el
sistema elaborado para América aseguraba la inferioridad numérica de se
representación, y apartaba prácticamente a los indios del ejercicio electoral.
Como respuesta, los diputados criollos reivindicaban la igualdad de
representación en el modo electoral mediante elecciones populares en las
que participarían los indígenas, y en la proporción de diputados con respecto
a la población. Fue entonces cuando algunos peninsulares cuestionaron la
actitud de los indígenas para ejercer los derechos de ciudadanos, alegando
su «incapacidad natural y legal». Más concretamente, sería el sevillano
Valiente quien se opuso claramente a la concesión de la ciudadanía a los
indígenas (intervención del 23- 1- 1811), argumentando lo siguiente:
Es tal la pequeñez de su espíritu, cortedad de ingenio, su propensión al
ocio.... que al cabo de tres siglos de oportunas y empeñadas providencias
para entrarlos en las ideas comunes y regulares se muestran iguales a los
del tiempo del descubrimiento de las Indias.
Por tanto, el indio era considerado como «naturalmente estúpido y
legalmente menor», y siendo así, no puede ejercer el derecho a voto pues
el mismo diputado añade el siguiente argumento:
(…) el voto de los indígenas sería manipulado a favor de los criollos, que
saldrían sobre representados.
124. Por ejemplo, el 2 de octubre de 1810, un diputado tomó la palabra para exponer las vejaciones
padecidas por los indios, alegando lo siguiente: Reciben una tierra mientras están en edad de pagar
el tributo; eximidos del tributo a los 50 años, se les retira la tierra y caen en la mayor miseria. Según
el periódico de Cádiz El Observador. (En los primeros meses de sesiones, no había taquígrafos; el
contenido de los debates se conoce por la prensa y por breves compendios escritos posteriormente)
Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - 2645
Al hilo de esta cuestión, El Semanario Patriótico número 46 del 22 de
febrero, comenta esta idea diciendo que los indios serían representados
por sus propios opresores: «sería nombrar al lobo procurador del cordero»;
donde el lobo ya no es el conquistador español, sino el opresor criollo.
En su «defensa del indígena», los diputados americanos intentaron
refutar estos argumentos, desarrollando una defensa del derecho de
ciudadanía para los indígenas fundada sobre la experiencia y sobre los
autores de los siglos anteriores:125
Son un pueblo humildísimo, fidelísimo, austero, integérrimo y
poseedor de ciertas virtudes sociales que ya no existen en otra
parte de la tierra, pero no un pueblo de luces. Sus representantes no
ilustrarán a los de la península acerca de las grandes máximas de
gobierno y de alta política; pero les dirán verdades, los instruirán
en hecho de que no tienen noticia, ni aún idea.
Al hilo de este argumento, los criollos muestran también el esplendor
de las civilizaciones precolombinas, de las que quedan vestigios: ofrecen
la mejor prueba de que los indígenas no son estúpidos por naturaleza y, al
mismo tiempo, resaltan lo dramático de su «decadencia actual». También
se citan durante las sesiones a autores y legisladores españoles, miembros
de la jerarquía eclesiástica, historiadores y comentaristas como Pedro
Baños (que realizó un comentario sobre la Historia de Venezuela), Alonso
Valle (con su Historia de Chile) o al propio Bartolomé de las Casas en
defensa del indígena y que elogiaron a los primeros habitantes de América.
De este modo, puede observarse como los diputados americanos fundan
su pretensión y defensa sobre un principio fundamental del derecho natural:
(…) fueron dueños del país, y nada que no fuera suyo les damos con
igualarlos a todos nosotros.
En cuanto al argumento de la minoría legal, fue refutado por el
diputado de Tlaxcala Guridi Alcocer:
125. Marie Laurie Rieu- Millan: «Capítulo IV: Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas, castas
y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia. Madrid,
CSIC. 1990.. p. 111. En el pié de página, la autora puntualiza que los autores que intervinieron más
detenidamente fueron:
El 11 de enero de 1811, Feliú y Morales, de Perú. Este último se funda en las leyes y trae censos indios.
El 25 de enero de 1811, Inca Yupanqui, de Perú. De todos los que intervinieron, es in duda el que menos
conoce a indígenas, pero que en su defensa alega que «son muchas las ofensas y abusos que es nece-
sario borrar…. Heridas que es preciso curar y cicatrizar concediéndoles la ciudadanía»
El 25 de enero de 1811, Guridi Alcocer, de Tlaxcala. Se apoya en las leyes y en su conocimiento personal
de los indígenas mexicanos.
El 30 de enero de 1811, de nuevo Feliú, de Perú, haciendo uso de su conocimiento de los indios actuales
(en su época) y de la antigua civilización incaica. Dice conocer por experiencia los estragos del
repartimiento, de la mita y demás servicios personales
El 7 de febrero de 1811, Morales, también de Perú. Enumera a muchos autores pasados que acreditan la
inteligencia natural de los indígenas.
2646 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
(…) la protección que reciben los indios es un privilegio que no
les ha impedido nunca acceder a ciertos puestos para los que la
mayoría era exigida.126
El conjunto de los diputados era favorable a la igualdad de todos ante la
ley, y las exigencias legales de todo tipo debían desaparecer. Sin embargo,
las Cortes acabaron concediendo a los indígenas el pleno estatuto de
ciudadanos, sin finalmente despojarlos de sus privilegios legales.127
A pesar de ello, se siguió discutiendo y planteando la cuestión de la
ciudadanía indígena a lo largo de las siguientes sesiones, pues para los
peninsulares, el obstáculo principal para que los indios accedieran a la
ciudadanía, era de tipo práctico, no legal: la población americana, mal
censada, era muy heterogénea, y los diputados americanos no podían
negar la falta de integración de los indios a la sociedad española, su
heterogeneidad, que se manifestaba en su ignorancia de la lengua
castellana, en su bajo nivel cultural, y sus costumbres muy diferentes.
Admitían incluso su resistencia a adoptar los usos españoles, en especial
el traje.
En resumen, para los diputados peninsulares, la masa de los indígenas,
extraña a la sociedad española, lo era aún más a la vida política de la
Nación.
En todo caso, y tras intensos y largos debates sobre la cuestión y alcance
de la ciudadanía indígena, finalmente todos los diputados estarían de
acuerdo sobre el principio de integrar a los indígenas en la vida económica
y política de la Nación, pero con matices por supuesto, en pos de favorecer
la plena ciudadanía del indígena.
Tanto es así, que el diputado por Perú, Ramón Feliú consideraba que el
ejercicio de los derechos cívicos sería un primer paso hacia esta integración
del indígena, tan necesario a la modernización de la sociedad; y es que:
(…) necesitados los indios a reunirse para la elección de
sus diputados, empezarían a gustar el placer de las grandes
sociedades… se dedicarían también con más gusto y
universalidad a aprender el habla castellana, pues el saberla
deberá tenerse por uno de los requisitos para ser representantes.
Comenzarían también a usar nuestro traje, cosa de la mayor
importancia….
En lo referente a las medidas para integrar a los indígenas en el cuerpo
de la Nación referiremos:
126. Sobre la condición legal de los indígenas: Castañeda Delgado, P.: «La condición miserable del
indio y sus privilegios», Anuario de Estudios Americanos, nº 28, 1971
127. Marie Laurie Rieu- Millan.: «Capítulo IV: Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas,
castas y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia.
Madrid, CSIC. 1990. p. 115
Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - 2647
1.-La abolición del tributo indígena para su asimilación e integración en
el concepto pleno de ciudadanía (votada el 12 de marzo de 1811); pero
matizando que la abolición no significaría que los indios quedarían
exentos de todo impuesto, sino que se enmarcarían dentro de una
reforma fiscal para todo el imperio, donde se incluiría tanto al indígena
como al español.
2.-La libertad personal del indígena, para liberarlos de los servicios
forzados y de los castigos corporales como una consecuencia lógica de
su nuevo estatuto y de los preceptos constitucionales.
3.-Derecho a elegir la ocupación económica que les convenía, donde
parecía admitido que su misión principal era la de cultivar la tierra,
pues el indio era, ante todo, agricultor. Se procedería de esta forma
al pleno acceso de los indígenas a la propiedad sin límites de la
tierra, consecuencia jurídica de su estatuto de ciudadanos, lo que
le permitiría desempeñar un papel más dinámico y productivo en la
nueva economía liberal proyectada.
4.-Preocupación por la educación del indígena americano, pues era ésta
una condición previa necesaria a su integración en la sociedad; se
trataba de enseñarles el castellano,los principios de la doctrina cristiana, a
leer y escribir.
No obstante, el «indigenismo» de los diputados criollos tendría una
serie de límites y los indios que no vivían en la órbita de la sociedad blanca
fueron objetos de juicios muy severos. Se aprecian también matices en
las actitudes de los diputados en función de los problemas reales que
planteaban los indígenas en cada provincia ya que los representantes con
fuerte densidad de población indígena fueron los más decididos a favor de
su integración en la sociedad útil, se trataba de América central y sobre
todo Perú. A pesar de ello, valga la pena destacar el punto de vista del
peruano Morales que sería un poco distinto; tal vez por su formación
de jurista dentro de la tradición indigenista española, era más cauto y
acaso más consciente de los perjuicios que podía acarrear a los indios
una transformación profunda de su estatuto. En Nuevo México, con gran
densidad de indios bravos, el problema era casi exclusivamente militar.
Rus, de Maracaibo, representaba únicamente la población «española»,
los colonos; los progresos económicos, en agricultura sobre todo, debían
realizarse al margen o incluso a expensas de los indios, a menudo mal
«reducidos», de su provincia.128
En conjunto, los diputados procuraron rehabilitar a los indígenas,
pero sin idealizarlos en ningún momento: el indio nunca fue representado
128. Marie Laurie Rieu- Millan.: «Capítulo IV: Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas,
castas y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia.
Madrid, CSIC. 1990. p. 145
2648 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
como el buen salvaje imaginado por Rousseau. Al contrario, los indios
«salvajes» fueron juzgados muy negativamente; y en cuanto a los indios
en sociedad, los diputados también resaltaron lo que, en sus costumbres o
en sus comportamientos, dificultaba su asimilación por la sociedad criolla.
Pero al mismo tiempo, expresaron su confianza absoluta en la aptitud
natural de los indígenas para integrarse en la sociedad útil, gracias a la
educación, a la evangelización y a una política adecuada. Juzgaron al indio
partiendo de un concepto nuevo del Hombre y del Ciudadano, cuyos
derechos compartiría. Este concepto, individualista, hacía del interés el
motor principal de la actividad humana, y era juzgado universal; el hecho
evidente de que el indio no se conformaba a este modelo sólo podía tener
una explicación: los efectos catastróficos de la colonización. De esta forma,
los diputados criollos de Cádiz elaboraron un proyecto de transformación
social donde la integración económica y cultural de los indígenas era
una condición necesaria al desarrollo de los países iberoamericanos.
Por esta razón, los diputados criollos defendieron a los indios contra las
imputaciones de las que aún eran víctimas, en nombre de la igualdad
natural de todos los hombres; pero no tenían una buena opinión de las
sociedades indígenas contemporáneas, que presentaron como degradadas
por la colonización, y tenían que recurrir a las civilizaciones prehispánicas
para mostrar las cualidades del indio. No obstante, todo lo que constituía
la originalidad de la cultura indígena: las lenguas, las costumbres propias
etc. tenían que desaparecer. En suma, concedían a los indios las aptitudes
naturales que les permitían «desindianizarse» para servir mejor los
intereses de la sociedad moderna y dinámica que se estaba proyectando.
Así pues, tal y como hemos visto, el texto gaditano puede ser
considerado como el referente fundamental sobre el que las constituciones
latinoamericanas posteriores establecen los principios de una nueva
sociedad. En la constitución se encuentran los presupuestos y principios
básicos sobre los que se asienta una sociedad conformada por ciudadanos,
pero donde debemos tener en cuenta que los mismos autores de la
Constitución no se habían desprendido del todo de la tradición monárquica
católica y los principios que la organizaban, lo cual nos lleva a pensar que
la referencia que asumieron los diputados para conceder la ciudadanía fue
el conjunto de súbditos que hasta entonces habían integrado la Monarquía.
Este planteamiento explicaría el hecho de que la población indígena fuera
ahora considerada ciudadana y por el mismo motivo las castas fueran
excluidas, ya que la amplia definición de ciudadanía, que incluía a la
población indígena, no parece que estuviera inspirada en el principio de
igualdad universal pues este planteamiento quedaría invalidado ante la
exclusión de la población mestiza. Una exclusión que parece determinada
por la situación de marginalidad social y legal que esta población sufrió
Congreso Internacional 1810-2010: 200 años de Iberoamérica - 2649
durante la colonia. De hecho, llegarían a ser sinónimos los términos
«mestizos» e «ilegítimos» a lo largo de gran parte del período colonial, al
ser esta una población de origen mixto, y extramatrimonial. Además, no se
le regularía un estatuto particularizado, como sí se hizo con los indígenas,
y por tanto la legislación sobre mestizos restringiría progresivamente sus
derechos. Fue así, como este vació legal y exclusión se repetiría en Cádiz,
así como el estereotipo que caracterizó a esta población «como gentes
de malas costumbres». Del mismo modo, si la exclusión de la población
mestiza esta determinada por su situación en la colonia, la inclusión de
la población indígena, como hemos referido con anterioridad, también
viene determinada por el mismo motivo. El reconocimiento de súbdito,
por parte de las Leyes de Indias fue la referencia adoptada para incluir
al indígena dentro de la categoría ciudadana, tal y como los mismos
diputados afirman:
Cortes Generales y extraordinarias sancionan el inconcuso
concepto de igualdad de derechos entre los naturales y oriundos de
ambos hemisferios, españoles europeos, españoles criollos, indios
y sus hijos. No instituyen o fijan el concepto, sino confirman y
ejecutorian el anterior concepto, ya demarcado en las Leyes de
Indias.
En efecto, las Cortes no abolieron las Leyes de Indias, sino que
asentaron las bases de una sociedad moderna fundada sobre la libertad civil
de los ciudadanos y de la propiedad privada, al mismo tiempo,«tolerar»
formas jurídicas más arcaicas, como los privilegios legales de los indios
o la propiedad comunitaria, sin tener que discutirlas y darles una
formulación moderna.129 Así sin negar su ciudadanía se pretendía agregar
a ésta los privilegios que como menor habían protegido a esta población.
Sin embargo, se acabaría poniendo de manifiesto la imposibilidad teórica
de intentar conciliar ante la igualdad legal un estatuto particular pues
la tutela del indio está en contradicción con su ciudadanía. No era posible
concertar la particularidad legal del indio frente a la igualdad, pues el
establecimiento de la ciudadanía exigía un cambio absoluto y contrapuesto
a la organización colonial. De este modo, la Constitución al conceder la
ciudadanía saca al humilde indio de la obscuridad de su estado, y afirmado el
principio de igualdad natural nada justificaba la tutela del indio:
Mantener pues al indio en tutela, bajo la ficción de minoridad, a
la sombra de leyes que ya no gobiernan, es cerrarle el camino que
le franqueó la constitucionalidad para la ilustración, los empleos
y los demás cargos públicos: es sumergirle por tercera vez en un
129. Marie Laurie Rieu- Millan.: Capítulo IV: «Los diputados ante la sociedad colonial: indígenas,
castas y esclavos», en Los Diputados Americanos en las Cortes de Cádiz. Igualdad o Independencia.
Madrid, CSIC. 1990. p. 146
2650 - XIV Encuentro de Latinoamericanistas Españoles
piélago de ignorancia y de miseria: es despojarle de los derechos
que le da la Constitución.
En conclusión, vemos como el debate ponía de manifiesto la
imposibilidad de conciliar un sistema y otro. Ahora solo había una ley,
de donde emanaban los derechos del indio y del español, bajo la que
teóricamente, indios y españoles serían tratados sin discriminación de
acuerdo al principio de igualdad sobre el goce de derechos. Ahora bien,
para finalizar nuestra intervención, me gustaría concluir haciéndome eco
de uno de los últimos capítulos de la obra titulada Ciudadanía política
y formación de las naciones. Perspectivas históricas en América Latina,
coordinada por Hilda Sabato, donde se refleja la siguiente idea referida
a que la ciudadanía en América Latina a lo largo del siglo XIX, acabaría
configurándose como una ciudadanía aristocrática, un atributo de la élite
ilustrada, masculina y económicamente independiente. De modo, que al
margen de los intentos, que hemos analizado, por integrar al indígena
dentro de la comunidad política y dotarlo del pleno derecho a la ciudadanía
en el plano de la igualdad y la libertad, el proceso de construcción y de
prácticas ciudadanas en América Latina dio lugar a una constatación
importante, y es que es última instancia, el ciudadano americano no sería
otra cosa que un igual, rodeado de una gran mayoría de desiguales. 130.
130. Hilda Sabato (Coord.): «Las exigencias de la ciudadanía», en Ciudadanía política y formación de las
naciones. Perspectivas históricas en América Latina. México. El Colegio de México. FCE. 1999. p.
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