NAVIDAD
ES
JESÚS
Matilde Eugenia Pérez T
LA NAVIDAD
Navidad es un tiempo especial, un tiempo siempre
nuevo, un tiempo de gozo y alegría profundos;
un tiempo de fe y de esperanza, de paz y
armonía.
Navidad es un tiempo para vivir con el corazón, para
gustar, para saborear, para sentir a Dios por
dentro y por fuera; un tiempo para renovarse.
Navidad es un tiempo para revivir con devoción, el
acontecimiento más maravilloso de la historia
humana: la llegada a nuestro mundo de Jesús,
el Hijo de Dios, nacido en nuestra carne y sangre,
para ser nuestro Salvador.
Navidad es un tiempo especial para orar, para
meditar, para contemplar en el pesebre a Jesús
Niño, dulce y tierno como todos los niños, y su
misterio de amor.
Un tiempo para mirar a María y a José, y aprender de
ellos su fe, su humildad, y su enntrega sin
condiciones, a los planes de Dios.
Un tiempo para agradecer los dones de la vida, la fe,
el amor y el perdón.
Un tiempo para pensar en serio en ser mejores, para
hacer buenos propósitos, para empezar a
cambiar lo que hay que cambiar, para
convertirnos.
Navidad es un tiempo para llenar el alma de
cánticos celestiales, de glorias y aleluyas, de
plegarias y silencios.
Navidad es un tiempo para abrir el corazón al
inmenso amor que Dios siente por cada uno de
nosotros.
Navidad es un tiempo, como dice el Papa Francisco,
“para dar gloria a Dios, porque es bueno, fiel y
misericordioso”.
En Navidad Dios se revela
no como uno que está en lo alto
y que domina el universo,
sino como Aquél que se abaja,
desciende sobre la tierra, pequeño y pobre,
y esto significa que para ser semejante a Él
no debemos ponernos sobre los demás,
sino que debemos abajarnos, ponernos al servicio,
hacernos pequeños con los pequeños,
y pobres con los pobres.
PAPA FRANCISCO
Al llegar la plenitud de los tiempos,
envió Dios a su Hijo,
nacido de mujer,
nacido bajo la Ley,
para rescatar
a los que se hallaban bajo la Ley,
y para que recibiéramos
la filiación adoptiva.
(San Pablo a los fieles de Galacia 4, 4-5)
EL GRAN ANUNCIO
“- Alégrate, llena de gracia, el
Señor está contigo…
- No temas María, porque has
hallado gracia delante de Dios;
vas a concebir en el seno y vas
a dar a luz un hijo, a quien
pondrás por nombre Jesús. Él
será grande y será llamado
Hijo del Altísimo, y el Señor
Dios le dará el trono de David,
su padre; reinará sobre la casa
de Jacob por los siglos, y su
reino no tendrá fin...
- El Espíritu Santo descenderá sobre ti, y el poder
del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el
que ha de nacer será santo y será llamado Hijo
de Dios...
- He aquí la esclava del Señor; hágase en
mí según tu palabra”.
(Lucas 1,26-38)
“Y la Palabra se hizo carne
y puso su morada entre
nosotros,
y hemos contemplado su
gloria,
gloria que recibe del Padre
como Hijo único,
lleno de gracia y de
verdad... “
(Juan 1,1-14)
¡Qué gran misterio es
la encarnación de Dios!
Su razón es el amor divino;
un amor que es gracia,
generosidad,
deseo de proximidad,
y que no duda en darse
y sacrificarse
por las criaturas a las que ama.
PAPA FRANCISCO
A NUESTRA SEÑORA
DE LA ENCARNACIÓN
Virgencita preñada,
Madre de la esperanza,
Señora del Misterio
de un Dios que se hace hombre
sin dejar de ser Dios.
El alma se me llena de dicha
y el corazón me salta de alegría,
al pensar en el Hijo
que crece en tus entrañas
por obra del Espíritu Creador.
Virgencita preñada,
Madre de la esperanza,
Señora del Misterio insondable de Dios,
de rodillas te pido:
muéstrame a tu Jesús.
Quiero, Virgen y Madre,
adorarlo contigo,
en el Misterio íntimo de tu seno fecundo
por gracia del Amor.
LA GRAN NOTICIA
ES COMPARTIDA
“En aquellos días, María se puso
en camino y fue aprisa a la
montaña, a un pueblo de Judá;
entró en casa de Zacarías y
saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo
de María, saltó la criatura en su
vientre. Se llenó Isabel del
Espíritu Santo, y dijo a voz en
grito: - ¡Bendita tú entre las
mujeres y bendito el fruto de tu
vientre!… ¡Dichosa tú que has
creído, porque se cumplirá lo
que te ha dicho el Señor...
...Y dijo María:
- Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se
alegra en Dios mi Salvador,
porque ha puesto los ojos en la humildad de su
esclava,
por eso desde ahora todas las generaciones me
llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor maravillas el
Poderoso, Santo es su nombre
y su misericordia alcanza de generación en
generación a los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los
que son soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a
los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a
los ricos sin nada.
Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la
misericordia, como había anunciado a
nuestros padres – en favor de Abrahán y su
linaje por los siglos...
(Lucas 1, 39-55)
Cada vez que miramos a María,
volvemos a creer
en lo revolucionario
de la ternura y el cariño.
En ella vemos que
la humildad y la ternura
no son virtudes de los débiles,
sino de los fuertes,
que no necesitan maltratar a otros
para sentirse importantes.
PAPA FRANCISCO
(La alegría del Evangelio N. 288)
¡BENDITA ENTRE LAS MUJERES!
Virgen María,
Madre y Señora del Adviento y de la Navidad.
En este tiempo de espera
yo vengo a saludarte
con las palabras de tu prima Isabel:
“Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre”.
Yo quiero que me ayudes, Virgen Madre,
ahora que vivimos este tiempo,
a preparar mi corazón íntimamente,
para que Jesús nazca en él,
como nació en Belén aquella noche,
hace ya más de 2.000 años.
JOSÉ, EL ESPOSO FIEL Y CREYENTE
“La generación de Jesucristo fue de esta manera:
Su madre, María, estaba desposada con José y, antes
de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta
por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como
era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió
repudiarla en secreto...
… El ángel del Señor se le
apareció en sueños a José
y le dijo:
- José, hijo de David, no
temas tomar contigo a
María, tu mujer, porque lo
engendrado en ella es del
Espíritu Santo. Dará a luz
un hijo y tú le pondrás por
nombre Jesús, porque él
salvará a su pueblo de sus
pecados.
Despertado José del
sueño, hizo como el ángel
del Señor le había
mandado, y tomó consigo
a su mujer”.
(Mateo 1, 18-24)
La misión de san José
es ciertamente única e irrepetible,
porque absolutamente único es Jesús.
Al custodiar a Jesús,
educándolo en el crecimiento en edad,
sabiduría y gracia,
él es el modelo para todo educador,
en especial para todo padre.
PAPA FRANCISCO
ORACIÓN A SAN JOSÉ
Querido san José, tú que fuiste el esposo fiel de María y
el padre a quien Dios encomendó el cuidado de su Hijo,
escucha mi oración.
Alcánzame de Dios, buen José, la virtud de la fe que te
permitió creer y esperar con amor, en los momentos
difíciles, en los que no entendías lo que estaba
sucediendo.
La virtud de la humildad que te permitió vivir en silencio
al lado de María y de Jesús, cumpliendo tus deberes de
esposo y de padre, fiel y amoroso, como Dios quería.
Alcánzame de Dios, buen José, la virtud de la castidad
que tu guardaste con generosidad, meditando en tu
corazón el Misterio de la Virgen Madre.
Alcánzame de Dios, buen José, la virtud de la fidelidad
que te llevó a mantener tu confianza en María por
encima de toda sospecha.
Alcánzame de Dios, buen José, la virtud de la
esperanza que te llevó a enfrentar las dificultades
con tu seguridad puesta en Dios que no falla.
Ayúdame a vivir como tú, la voluntad de Dios que nos
ama, y siempre quiere nuestro bien.
EL GRAN ACONTECIMIENTO
“Sucedió que por aquellos días, salió un edicto de
César Augusto, ordenando que se empadronara
todo el mundo...
Subió José, desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a
Judea, a la ciudad de David, para empadronarse
con María, su esposa, que estaba encinta...
… Y sucedió que, mientras estaban allí, se le
cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a
su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo
acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el
alojamiento”.
(Lucas 2, 1-7)
Jesús es el Amor
hecho carne.
Dios nos da en él
la garantía
de un amor
indestructible
PAPA FRANCISCO
JESÚS ES DIOS-CON-NOSOTROS
Jesús, el Niño de Belén, el Hijo de María, es Dios-con-
nosotros; en nuestra carne y sangre, en nuestro
mundo, en nuestra historia.
Jesús es Dios-con-nosotros, Dios entre nosotros, Dios
para nosotros.
Jesús es Dios que vive a nuestro lado, que conoce y
participa de nuestras fragilidades y de nuestras
limitaciones humanas, que nos acompaña en
nuestras alegrías y nuestras tristezas.
Jesús es Dios que sana
nuestras heridas, que
enjuga nuestras
lágrimas, que nos
libera de nuestras
escla vitudes.
Jesús es Dios que camina
a nuestro lado,
acompañándonos,
guiándonos.
Jesús es Dios que llena
nuestro corazón de
esperanza, de paz y de
amor.
A JESÚS EN EL PESEBRE
Dulce Niño de Belén,
presencia viva de Dios en nuestro mundo,
me postro de rodillas ante Ti,
para adorarte.
Qué bello es, Jesús,
pensar que por amor
tomaste nuestra carne y nuestra sangre,
y viniste a vivir entre nosotros,
una vida sencilla y pobre.
Qué bello es, Jesús,
mirarte entre las pajas
del pesebre,
pequeño e indefenso,
y saber que eres nuestro Dios,
y nuestro Salvador.
Qué bello es, Jesús,
mirar tus ojos, verte sonreír,
oírte llorar, sentir tu calor,
y tener la certeza
de que todo lo hiciste
para nuestro bien.
LOS PASTORES
“Había en la misma comarca
algunos pastores que dormían al
raso y vigilaban por turnos
durante la noche su rebaño. Se
les presentó el ángel del Señor y
la gloria del Señor los envolvió
en su luz, y se llenaron de temor;
el ángel les dijo: - No teman, pues
les anuncio una gran alegría que
lo será para todo el pueblo: les
ha nacido hoy, en la ciudad de
David, un Salvador, que es el
Cristo Señor: esto les servirá de
señal: encontrarán un niño
envuelto en pañales y acostado
en un pesebre...
De pronto se juntó con el ángel una multitud del
ejército celestial, que alababa a Dios diciendo:
-Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los
hombres en quienes Él se complace...
...Y sucedió que cuando los ángeles, dejándolos, se
fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros:
- Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha
sucedido y el Señor nos lo ha manifestado.
Y fueron a toda prisa y encontraron a María y a José, y
al niño acostado en el pesebre”.
(Lucas 2, 8-17)
La Encarnación del Hijo de Dios
abre un nuevo inicio
en la historia universal
del hombre y de la mujer.
Y este nuevo inicio tiene lugar
en el seno de una FAMILIA.
Es bello contemplar
esta escena tan hermosa.
PAPA FRANCISCO
SANTA MARÍA DE BELÉN
Santa María, Virgen de Nazaret,
Señora de Belén,
el tiempo se ha cumplido,
la promesa del Padre
es ya una realidad,
Dios está entre nosotros
como un niño pequeño
nacido en un portal.
Qué linda que te ves,
Virgen María,
con tu rostro sonriente
y tu mirada limpia,
sosteniendo en tus brazos
a tu Niño Jesús, el Emmanuel.
Qué linda que te ves, Madre de Dios,
ofreciendo tu Niño a los pastores
que alegres y gozosos
salieron a buscarlo
cuando oyeron a los ángeles cantar
el gloria de Belén.
Santa María, Virgen de Nazaret,
Señora de Belén,
yo vengo a unirme a ti
en este día de gozo y esperanza,
para cantar contigo
al Dios que da la vida,
la gracia y el perdón.
LOS MAGOS DE ORIENTE
“Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey
Herodes, unos magos que venían del Oriente se
presentaron en Jerusalén, diciendo:
- ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues
vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a
adorarlo.
Oyéndolos, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda
Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes
y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo
informando del lugar donde debía nacer el Cristo.
Ellos le dijeron: - En Belén de Judea, porque así
está escrito por el profeta.
Entonces Herodes llamó aparte a los magos, y por sus
datos precisó el tiempo de la aparición de la
estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: -
Vayan e indaguen cuidadosamente sobre ese niño y
cuando lo encuenten comuníquenmelo, para ir
también yo a adorarlo...
… Después de oír al rey, los magos se pusieron en
camino y he aquí que la estrella que habían visto en
el Oriente iba delante de ellos hasta que llegó y se
detuvo encima del lugar donde estaba el niño.
Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría.
Entraron en la casa, vieron al niño con María, su
madre, y, postrándose, lo adoraron: abrieron luego
sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y
mirra. Y avisados en sueños que no volvieran donde
Herodes, se retiraron a su país por otro camino”.
(Mateo 2, 1-12).
No pasemos de largo
ante el Niño de Belén.
Dejemos que nuestro corazón
se conmueva.
Dejémoslo que se inflame
con la ternura de Dios.
Dejémonos conmover
por la bondad de Dios.
PAPA FRANCISCO
Viendo a Jesús en el pesebre,
pensemos en los niños
que son las víctimas más vulnerables
de las guerras,
pero pensemos también en los ancianos,
en las mujeres maltratadas,
en los enfermos...
¡Las guerras destrozan tantas vidas
y causan tantos sufrimientos!
PAPA FRANCISCO
NIÑO DEL PESEBRE
Niño del pesebre,
pequeño Niño Dios,
hermano de los hombres.
El alma se me llena
de ternura
y el corazón de dicha,
cuando te veo así,
pequeño,
pobre y humilde,
débil e indefenso,
recostado
en las pajas del pesebre.
Enséñame Jesús,
a apreciar en lo que vale
tu dulce encarnación.
Ayúdame a comprender,
el profundo sentido
de tu presencia entre nosotros.
Haz que mi corazón sienta
la grandeza de tu generosidad,
la profundidad de tu humildad,
la maravilla de tu bondad
y de tu amor salvador.
COMO REFUGIADOS
A EGIPTO
“Después que los magos se
retiraron, el ángel del Señor
se apareció en sueños a
José y le dijo: - Levántate,
toma contigo al niño y a su
madre y huye a Egipto; y
estate allí hasta que yo te
diga. Porque Herodes va a
buscar al niño para matarlo.
José se levantó, tomó de
noche al niño y a su madre,
y se retiró a Egipto; y estuvo
allí hasta la muerte de
Herodes...” (Mateo 2, 13-15)
Jesús es Dios-con-nosotros
desde siempre y para siempre,
en los sufrimientos
y en los dolores de la historia.
El nacimiento de Jesús es la manifestación
de que Dios “tomó partido” por el hombre,
para salvarnos, para levantarnos
del polvo de nuestras miserias,
de nuestras dificultades,
de nuestros pecados.
PAPA FRANCISCO
El Niño de Belén
nos trae una energía espiritual,
una energía que nos ayuda
a no hundirnos en nuestras fatigas,
en nuestras desesperaciones,
en nuestras triztezas,
porque es una energía
que caldea y transforma el corazón.
PAPA FRANCISCO
PLEGARIA DE NAVIDAD
Niño de Belén, en esta noche de Navidad me pongo de
rodillas ante Ti, en la humildad y la pobreza del
pesebre, para adorarte como mi Dios y Salvador, y
para hacerte mi súplica confiada.
Te pido, Jesús, que en esta noche, la noche de la
salvación, el mundo se dé una tregua, las armas
callen su voz, y todos los hombres y mujeres
unamos nuestro canto al canto de los ángeles:
“Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los
hombres que gozan de su amor”.
Te pido, Jesús, que en esta noche, la noche de la
solidaridad y de la paz, todos los gobernantes y
dirigentes del mundo, hagan el propósito de
trabajar por el desarrollo de sus pueblos; todos los
empresarios decidan hacer de la justicia social su
bandera; y todos los ricos se den cuenta de que
compartir sus bienes los hace más humanos.
Te pido, Jesús, que en esta noche, la noche del Dios
que se hace pobre y humilde, todos los
desposeídos sientan que Tú compartes su vida y
los dignificas, y los tristes y deprimidos puedan
encontrar un corazón que los comprenda y
anime.
Te pido, Jesús, que en esta noche, tu noche, todos
los hombres y mujeres del mundo sintamos la
fuerza de tu amor que nos da la vida, el valor de
tu entrega que nos anima, la grandeza de tu
sacrificio que nos salva, y la profundidad de tu
perdón que nos devuelve la alegría.
CARTA ABIERTA A JESÚS EN EL PESEBRE
Querido Jesús:
¡Qué alegría poder escribirte esta carta!
Me siento feliz de que estés entre nosotros, de que
hayas venido a nuestro mundo, a vivir una vida
semejante a la nuestra, de que seas uno de
nosotros.
Todos los hombres y mujeres del mundo que sabemos
de ti, estamos felices de tenerte en nuestra casa y
compartir contigo lo que somos y lo que tenemos. Y
los que no te conocen, aún sin saberlo, te añoran, y
desean conocerte. ¡Qué regalo tan grande nos ha
dado Dios Padre al enviarte!
También, te agradezco de todo corazón, que hayas
venido a salvarnos, a liberarnos del pecado y de la
muerte, que nos destruyen, y a llevarnos al Padre,
que nos quiere a todos a su lado.
Sabemos que nos amas a pesar de nuestras
debilidades y nuestras miserias. ¡Y es maravilloso
poder contar con tu amor!
Contigo, Jesús, el mundo parece más bello, más
armonioso, más acogedor; el sol brilla con más
fuerza, el cielo es más azul, la vida crece y se
desarrolla con gran esplendor, el murmullo del
viento suena a risa, el ruido del agua es una
canción.
Contigo, Jesús, el corazón salta de alegría, de gozo
espiritual, de esperanza sin límites.
Contigo, Jesús, el deseo de Dios nos invade por dentro
y da a nuestra vida un sentido nuevo, más
profundo, más verdadero.
Contigo, Jesús, todo es bueno, agradable, apetecible,
aunque a simple vista no lo parezca.
Contigo, Jesús, el dolor y el sufrimiento que tantas
veces nos dan miedo, se vuelven medios para llegar
a ti, para hacernos tuyos, para pertenecerte.
Contigo, Jesús, la pobreza, la humildad, la sencillez, el
olvido de sí mismo, adquieren valor.
Contigo, Jesús, dan ganas de ir siempre más allá, de
ser mejores, de amar a todos, de servir a todos, de
perdonar a los que nos han ofendido.
Contigo, Jesús, la paz que añoramos y buscamos con
tanto empeño, se hace posible. Contigo, Jesús, hay
esperanza de ganarle la batalla al mal.
¡Bienvenido Jesús a nuestro mundo! ¡Bienvenido a
nuestra vida! Esperamos que te sientas en tu casa,
que no te falte nada, que seas feliz entre nosotros a
pesar de nuestra pobreza, de nuestros límites, de
nuestra debilidad.
Te amamos, Jesús, aunque a veces no lo parezca.
¡Enséñanos a amarte de verdad!
HOMILÍA DE NAVIDAD
Karl Rahner
Teólogo Jesuíta
Hoy, mejor que una explicación de los textos litúrgicos
de la noche de Navidad, mejor también que una
homilía de la Navidad, les propongo hacer una
reflexión serena, una pequeña, pero profunda,
meditación de la Navidad.
Ponte en silencio, recógete. Aíslate del mundo exterior
que te rodea. La vivencia teológica de la Navidad no
está en las fiestas, en el árbol, en los regalos, en el
nacimiento o belenes, ni en los alegres brindis
hogareños de unas copas. Todo eso es Navidad,
pero lo es puramente periférico de la Navidad. La
vivencia espiritual profunda de este misterio sólo
puede vivirse en el silencio del corazón.
Por favor, acéptate a ti mismo como eres. No te evadas,
no huyas acusándote de tus infidelidades con Dios,
ni supravalorándote por tus virtudes. Ni la
infravaloración ni la soberbia son más que un
intento de evasión. Toma con paz, sin amargura, tu
pasado, con realismo tu presente, y tu futuro
condicionado por ese pasado y presentes tuyos.
Acéptate tal cual eres, pobre, limitado, imperfecto.
Acéptate a ti mismo como eres en realidad ante
Dios.
Sentirás dentro de ti un vacío grande. Te lo producen tu
pasado y tu presente, condicionando ambos tu
futuro. Ese vacío de tu corazón, el único que lo
puede llenar es ese Niño, que es Dios. Deja que el
silencio de tu retiro te hable de Dios. Que hable
sólo El. Tú escucha en silencio.
La dicha de la Navidad no es para oírla de un hombre,
sino para vivirla personalmente. La dicha y el gozo
de la Navidad no se pueden decir desde un púlpito.
Mis palabras son incapaces de darte a vivir la
Navidad.
Deja que te hable la luz navideña que viene a visitar las
tinieblas de este mundo, tú también estás en
oscuridad y no hay más luz que la que viene a traer
este Niño. Él vino al mundo cuando todo el mundo
estaba en paz y en el alto silencio de la
medianoche. Tú también tienes que esperar esa paz
y en esa oscuridad de medianoche para que venga
a ti.
Tu silencio y el mensaje sin palabras que trae el Verbo
es lo único que puede darte la realidad navideña.
Dios viene a tu corazón.
Quiere acunarse en él. En ese corazón tuyo distinto de
todos los demás e irrepetible. Él, que hizo tu
corazón personal e irrepetible, quiere venir a él
como lo hizo en el pesebre.
El Niño que nace es la Palabra, el Verbo de Dios, y sin
embargo no habla. Los recién nacidos no hablan.
Pero el silencio de este recién nacido vale tanto
como el sermón de la Montaña. Dios se ha hecho
hombre. No es que se ha revestido de hombre, ni es
un hombre endiosado. Es tan hombre como tú y tan
Dios como el Padre.
Es el Niño-Dios. Ese va a venir a tu corazón. No importa
que tu corazón sea pobre. Él también era pobre y
vino buscando especialmente a los pobres. Tu
corazón es tan pobre como el pesebre, y las pajas
tienen tan poco valor como tu pasado, presente y
futuro previsible.
El Niño calla, pero ¡dice tanto!. También cuando todos
los días nace en el Altar, guarda silencio de recién
nacido. Si quieres conocerte, fíjate en el Niño. (...)
Conociendo al Niño empezarás a conocerte a ti
mismo y a los demás hombres.(...) Ese Niño que
debes recibir en tu corazón es tu “anteproyecto”.
Tú eres una copia inspirada en Él.
Si es así, lo más cerca de Dios es la carne, la naturaleza
humana, el hombre, tú. Él y tú deben formar un
“nosotros” de amor. (…) Lo más cercano a ti puede
ser Dios. Si entiendes a ese Niño, Dios puede
hacerse más cercano, más próximo.
El mundo sería otro sin Navidad. ¿Qué seria de ti sin
este nacer de Jesús? ¿Qué sería el mundo sin la
Navidad? Otro mundo, otra cosa mucho más fría y
sin sentido. ¡Cómo andaríamos los hombres! Por el
contrario, si vivimos hoy, esta noche, la experiencia
íntima de la Navidad, nos será más fácil encontrar a
Cristo en la Iglesia, en la Eucaristía y en nuestros
hermanos, en el mismo Cosmos sobre todo en el
pobre pesebre de nuestro corazón.
¡FELIZ Y SANTA
NAVIDAD PARA TODOS!