BARROSa
BARROSa
Resumen
Con un enfoque global de historia social y económica, religiosa y mental, se analiza la formación de
una parroquia-villa a lo largo de la Alta Edad Media conectada con el Camino de Santiago en su versión Vía
de la Plata. Forma de historia local que combina lo micro y lo macro, aportando datos para el conocimiento
general del monacato de los primeros siglos, del eremitismo al movimiento internacional agustino, de la
formación del feudalismo y del renacimiento urbano europeo y peninsular en el siglo xii.
Palabras clave: Alta Edad Media, monacato, burgo, Galicia, mentalidades.
Abstract
With a global approach to social and economic, religious and mental history, we analyzethe formation
of a parish-villa along the High Middle Ages connected to the Camino de Santiago (Via de la Plata). Local
history form that combines micro and macro, providing information for the general knowledge of monasti-
cism of the first centuries, the formation of feudalism and the European and peninsular urban renaissance
in the twelfth century.
Keywords: High Middle Ages, monasticism, burgh, Galicia, mentalities.
Ponte Ulla antes que villa fue convento: San Xoán da Cova, del que tenemos constancia
documental desde el año 830, donde aparece junto con San Fins de Sales –hoy también parte
del ayuntamiento de Vedra– dentro de la jurisdicción (comisso, condado) de Monte Sacro1, hasta
1571, en que por una crecida del Ulla “cayó el monasterio de sant Juan da Coba en el puente
de la Ulla”, según un relato apocalíptico del cabildo de Compostela2. Son, por consiguiente,
1
Lista ordenada por Alfonso II de las iglesias del obispado de Iria, LÓPEZ FERREIRO, A.: Historia de la
Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, vol. I [1898], Santiago, 1983, Apéndice, p. 8; se repite en 868 la
referencia a las tres iglesias de San Pedro de Carcacía (hoy concejo de Padrón), San Fins de Sales e San Xoán de
Heremo en la relación posterior de Alfonso III, LÓPEZ ALSINA F.: La ciudad de Santiago de Compostela en la
Alta Edad Media, Santiago, 1988, p. 161.
2
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, VIII, p. 234.
264 Carlos Barros De la cueva de los monjes al burgo de Ponte Ulla (830-1197)
un mínimo de 741 años que condicionan la historia del espacio monacal-parroquial que, con
escasas variantes y fluctuaciones nominales, llegó hasta nuestros días.
Historia parroquial que el monasterio compartirá a partir del siglo xiii con el burgo da
Ponte, que dio paso a la denominación actual de la parroquia Santa María Magdalena de
Ponte Ulla, no sin cierta rivalidad nominal con la antigua iglesia y señorío monacal de la que
hablaremos en otro momento. Así y todo, el bajo nivel de conflictividad social en los siglos
medievales entre los monjes por una parte3, y los labradores y burgueses de la Ulla, por la otra,
favorecen un frente común contra el señorío arzobispal a finales del siglo xv, así como abun-
dantes y fabulosas tradiciones orales sobre San Xoán da Cova llenas de afecto por los monjes,
sobre todo después de la “caída” de su monasterio en 1571. Vestigio de esta empatía secular es
la romería de Nuestra Señora del Gundián cada 7 de septiembre, en la capilla que fue ermita
de San Xoán da Cova, que gestionó su cuidado cuando menos hasta el siglo xvi.
Esta relación de larga duración entre el monasterio y sus vasallos y feligreses tuvo una doble
dirección, como veremos al estudiar los sucesivos nombres que va asumiendo el convento, refle-
jando variaciones en la vinculación de cercanía con los vecinos. Cambios de nombre a lo largo de
los siglos que constituyen un extraordinario factor de mentalidad colectiva que permite analizar
grandes cambios de orden social y político en la Alta Edad Media, entre los siglos ix y xii, en
que se desarrolla este trabajo de investigación condicionado por la escasez de fuentes escritas.
El primer nombre que se dieron a sí mismos los monjes que deciden vivir colectivamente
a principios del siglo ix, si no antes, es Sancti Iohannem ad Heremo (8304), reemplazando
pronto la preposición de proximidad ‘ad’ por ‘in’, considerando pues que el monasterio estaba
“dentro” de un lugar yermo5. ‘Eremo’ venía a significar “yermo, o soledad o desierto”6, según
el diccionario latino-español de Nebrija (1492)7. Indicio claro de la tradición anacoreta de los
frailes primitivos da Cova, en consonancia con una tradición eremítica noroccidental que se
remonta a la época suevo-visigótica8, que distingue el Reino de Galicia del resto de la Corona
de Asturias, León y Castilla, lo que va a provocar una notable resistencia a la posterior bene-
dictinización del Noroeste peninsular. La advocación del cenobio a San Juan Bautista refuerza
el referente eremítico9 de los fundadores y también continuadores de San Xoán da Cova en la
fase posterior de religiosidad agustina10.
3
Menor conflictividad favorecida por la pequeñez del monasterio de San Xoán da Cova frente a las grandes
abadías feudales representadas, entre otros, por San Paio de Antaltares: el primero paga 20 mrs. al arzobispo por
las visitaciones en los siglos xii-xiii, mientras que el segundo aporta 300 mrs., LÓPEZ FERREIRO, A.: Fueros
municipales de Santiago y su tierra (1895), Madrid, 1975, p. 538.
4
Ver la nota 1.
5
Hoy diríamos San Xoán de Ermo con cierta pérdida del sentido profundo, cualificador, de la palabra latina
‘h eremo’.
6
No se trata de una metáfora, el lugar escogido era en verdad aislado, escabroso y despoblado, precisarán los
monjes de la ayuda real para una repoblación en los siglos x y xi, y caminos montañosos para conectarse con el exterior.
7
NEBRIJA, A.: Dictionarium, Gerona, 1758, p. 137.
8
En la segunda mitad del siglo vii, Valerio de Bierzo se retiró ad heremi deserta donde padeció los rigores del
clima y de la soledad, así como las tentaciones del diablo, RUCQUOI, A.: “El campo como margen”, Marginalidad
y espacios marginales en la cultura medieval, Madrid, 2009, p. 86.
9
FREIRE CAMANIEL, J.: El monacato gallego en la Alta Edad Media, A Coruña, I, 1998, p. 238.
10
La conformación feudal del convento, en el ámbito temporal de nuestro estudio, altera las referencias sim-
bólicas al origen cenobita; ver la nota 79.
El rey Alfonso III escenifica, en 883, el apoyo de la monarquía asturiana a San Juan
de Eremo, oficializando, en la persona de su abad, Panosindo, la posesión por parte de
la comunidad monástica del convento con sus terrenos adyacentes, y los que pudiesen
adquirir en el futuro, argumentando que estaba fundado a la orilla del río Illa, “in caverna
montis”. Proporcionándonos de este modo la primera mención a la legendaria cueva ligada
a nuestro monasterio que, seguidamente, el escriba sitúa de manera confusa (la distancia
a Ponte Ulla es de 4-5 km) en el Pico Sacro “quand dicunt Montem Sacrum” que anti-
guamente le decían Ilicino, no lejos –añade– del lugar del arca marmórea (nombre con
el que era conocida Compostela en el siglo ix), donde descansa el cuerpo del beatísimo
Santiago Apóstol11. En realidad, hasta la construcción del monasterio de San Sebastián en
90412, San Juan de Eremo es la única iglesia-monasterio vinculada físicamente al monte
pagano de la Reina Loba de la leyenda jacobea, que tiene en este texto administrativo de
Alfonso III una de sus primeras expresiones escritas. El viejo monasterio del río Ulla es-
taba situado en la parte final y más baja de la Sierra del Monte Sacro, lugar eremítico que
el documento no hace más que destacar al relacionar la cueva del Pico (la sima todavía
existe) con la cueva del cenobio de Eremo, que debía de estar a la vista de la gente. Se ve,
por tanto, que la imaginaria tradición sobre el túnel, mina o cueva que unía el Pico Sacro
con San Xoán da Cova13 tiene una base histórica muy antigua, como suele ocurrir con las
grandes tradiciones orales.
En suma, que gracias a su relación con una incipiente tradición jacobea en torno al Monte
Sacro, San Juan de Eremo sienta las bases, a finales del siglo ix, de lo que será durante siglos
la parroquia de Ponte Ulla y su señorío jurisdiccional en el valle del río Ulla.
En 91414, el obispo de Iria Sisnando I entrega el monasterio de San Sebastián de Mon-
tesacro (creado diez años antes) al recientemente fundado San Martín Pinario (912), bajo la
regla benedictina15, al tiempo que lo beneficia con un nuevo tributo sobre 26 iglesias de su
arciprestazgo, desde Teo hasta San Miguel de Castro, en detrimento de San Xoán da Cova,
que seguía siendo un monasterio independiente, ajeno a la orden benedictina16. El motivo de
la generosa donación episcopal era fortalecer a la abadía fundada en la cumbre del Monte
Sacro con el fin de dar continuidad a la obra de los discípulos del Apóstol que –según la
tradición– purificaron con agua bendita el monte de los gentiles, limpiándolo ahora los monjes
del Monte Sacro de toda la suciedad diabólica y la pestilencia del dragón17.
De todas las maneras, San Xoán da Cova no fue marginado del nuevo impuesto eclesiás-
tico18: dos tercios fueron para San Sebastián de Montesacro, cabeza de la jurisdicción, y un
tercio para San Xoán da Cova que en aquel entonces estaba fuera en lo civil de una Tierra
11
LUCAS, M. (ed.): Tumbo A de la Catedral de Santiago, Santiago, 1998, p. 60.
12
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, I, apénd. p. 53; GARCÍA ÁLVAREZ, R.:
“El monasterio de San Sebastián del Pico Sagro”, Compostellanum, vol. VI, n.º 2, 1961, p. 194.
13
DEL HOYO, J.: Memorias del Arzobispado de Santiago [1607] (A. Rodríguez y B. Varela [eds.]), Santiago
de Compostela, sd., p. 11.
14
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, I, apénd., pp. 77-79; obviamente no está la
feligresía de Ponte Ulla, no existían ni el burgo ni la iglesia medieval de Santa María Magdalena.
15
SA BRAVO, H.: El Monacato de Galicia, I, A Coruña, 1972, p. 71.
16
FITA COLOMÉ, F.: “La gran caverna del Pico Sacro”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo 59,
Madrid, 1911, p. 298; San Xoán da Cova no está, por supuesto, entre los escasos monasterios benedictinos, además
de San Martín Pinario, de la Galicia del siglo x (Cinis, Lérez, Samos, Lorenzana), LINAGE CONDE, A.: Los
orígenes del monacato benedictino en la Península Ibérica, León, 1973, tomo II, pp. 722, 726, 728, 739 y 740.
17
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, I, apénd., p. 77.
18
Se trata de un precedente de los votos de Santiago, La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad
Media, p. 179.
de Santiago que no alcanzará el río Ulla hasta 111219. Habrá que esperar hasta 1095 para el
traslado de la sede episcopal de Iria (Padrón) a Compostela. Toda una proeza de los monjes
altomedievales del Ulla sobrevivir, sin perder su carácter local y comarcal, a los cambios de
la revolución feudal que convencionalmente colocamos en los alrededores del año 1000.
El 24 de junio de 978 sabemos que el presbítero Sediges, de cierto status social, hace
nuevas donaciones al monasterio de San Juan Bautista fundado en la orilla del Ulla por
Sisnando I bajo el Montesacro20: casi un siglo después del documento de Alfonso III la rela-
ción de San Xoán da Cova con el Monte Sacro sigue por lo tanto motivando el engrande-
cimiento económico y social del monasterio del Ulla, referencia identitaria en su zona de
influencia próxima, pero también en el amplio marco de una Tierra de Santiago que va cre-
ciendo a saltos.
En la década siguiente, el rey Bermudo II da un gran impulso a la conversión feudal de
la relación del monasterio con los hombres y mujeres de sus términos jurisdiccionales. En
98721 concede a Sancto Ihoanni de Heremo (cada vez menos solitario y desierto22), ahora en
la persona de su abad Gundesindo Sarraceni, el privilegio de poder atraer a sus tierras cam-
pesinos de Tabeirós (A Estrada), Deza (Silleda y Lalín) y otros condados, como ingenui23,
libres de cualquier tributo, incluidos los del Rey. En el mismo texto viene la confirmación de
Alfonso V (999-1127) y Fernando I (1029-1038). Merced real que se justifica, una vez más,
en una tradición jacobea de referencia geográfica dupla sobre el monasterio de Eremo: por
estar situado más abajo del Monte Sacro y en la misma orilla del río Ulla (in ipsa ripa), que
definirá una frontera político-social y mental en la conformación de la Tierra de Santiago24.
Será la última vez que aparece escrito nuestro monasterio con el nombre de Heremo, en el
siglo ix la gente ya lo conocía como el monasterio da Cova: conforme pasa el tiempo resultaba
más y más contradictorio denominarlo yermo, vistos los esfuerzos colonizadores –de espacios
vacíos– de los monjes de “la” Ulla.
Esta primera colonización de las tierras del Ulla desde el desfiladero de la Cova durará,
cuanto menos, hasta mediados del siglo xi, según indican las confirmaciones reales25. El
término que suele emplearse para los protagonistas de esta primera repoblación rural, es
colonos, lo que lleva consigo la errónea interpretación de que los campesinos llegados de
otros lugares se van a encontrar libres de vasallaje en su nuevo destino. Los colonos cierta-
mente son liberados por el Rey de algunos tributos y de la servidumbre que los ataba a la
tierra, pero –como se dice claramente en el documento de 987– siguen siendo homines ad
serviendum que han de pagar los tributos y los servicios que correspondan en el nuevo seño-
río26, por descontado menos gravosos que los que tenían antes, ganaban en libertad, siendo
19
FALQUE, E. (ed.): Historia Compostelana, Madrid, 1994, pp. 341-342; BARREIRO SOMOZA, J.: El señorío
de la Iglesia de Santiago de Compostela (siglos ix-xiii), A Coruña, 1987, pp. 327-328.
20
El monasterio de San Sebastiáviterin del Pico Sagro, p. 203.
21
Tumbo A de la Catedral de Santiago, pp. 135-136.
22
Con el tiempo ermo adquiere significado de lugar abandonado, despoblado, tierra que no se trabaja: por
ejemplo, en 1433, se concede el foro de nuestra aldea de Caldelas, parroquia de Ponteulla, a un cambiador de Santiago
porque el lugar estaba hermo, Archivo Histórico Diocesano de Santiago de Compostela, en adelante: A.H.D.S., San
Martín, Priorato de Sar, carp. 29, mss. 52, doc. 15.
23
Ver la nota 26.
24
La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, pp. 156-158.
25
Un siglo después habrá una segunda colonización de carácter urbano.
26
La situación entonces era distinta en los alrededores de Compostela (el Xiro), donde los siervos pasan
a ser también ingenuos por influencia de la primera urbe de la Galicia medieval, La ciudad de Santiago de
Compostela en la Alta Edad Media, pp. 262-263; de todos modos, ciudadanos y labradores del alfoz, pese a sus
privilegios y exacciones, seguirán pagando también en Santiago de Compostela determinadas rentas a la Iglesia de
Santiago.
El renacimiento europeo del siglo xii tendrá una expresión floreciente en la Compos-
tela de Gelmírez, también en la Tierra de Santiago y en la parroquia rural de San Xoán da
Cova, que vivirá el paso a la regla de San Agustín, una situación de casi independencia como
señorío y al fin la formación del burgo de Ponte Ulla, que marcará la historia parroquial y
comarcal en los tres siglos siguientes, al desplazar el centro de poder del paso de la Cova a la
Ponte de la Ulla. Paralelamente, la tradición oral emergente que identifica, desde el siglo ix,
27
El señorío de la Iglesia de Santiago de Compostela (siglos ix-xiii), pp. 158-159; bilaterialidad del señor
feudal para con el campesino dependiente que entraña la novedad de contrapartidas materiales a la obediencia del
campesino: se hará general a partir del siglo xiii con el sistema de foros.
28
Estudiamos varios casos de paso de siervas domésticas a dependientes libres en “Celanova das Tres Cul-
turas, séculos x-xi”, Rudesindus. XI Centenario do nacemento de San Rosendo, Santiago, Xunta de Galicia, 2007,
pp. 88-105 (<http://www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/historia_medieval/tres.htm>).
29
Los monjes medievales son, por lo general, possessores de la baja nobleza que aportan al monasterio su
hacienda y también siervos, que vienen a menudo junto con las donaciones de tierras; con el paso de San Xoán
da Cova a manos privadas en los siglos xi y la primera mitad del xii, aparecen de nuevo estos siervos, Historia
Compostelana, p. 129.
30
Ver la nota 14.
los orígenes de la comunidad monástica de San Juan Bautista con una cueva de resonancias
eremíticas conduce a la sustitución del nombre Eremo por el popular Cova, pasando por las
voces latinas Cavea y su sinónimo Fovea. Apropiándose así, simbólicamente, los feligreses de
la fuente originaria del pequeño pero grande espacio eclesiástico y señorial que constituía su
horizonte de vida. Proceso imaginario que se consolidará en las Edades Moderna y Contem-
poránea, una vez desaparecido San Xoán da Cova, a través de una potente tradición oral que
llega hasta hoy en día, interrelacionada con una tradición escrita, local y comarcal, extendida
a la otra orilla del río Ulla.
Mientras, en 883, el notario de Alfonso III hablaba en las referencias de los diplomas
del Tumbo B de la catedral de Santiago de que el monasterio de San Juan de Eremo estaba
in caverna montis (como si fuera la misma cueva que la actual cavidad del Monte Sacro31);
tres siglos después, los notarios cambian el nombre Sancti Iohannem ad Heremo por Sanctis
Iohannis de Cavea, vulgarización del término caverna (ambos derivados de cavus “hueco” del
latín clásico32) con el significado de “cueva subterránea”, “cava”, “fosa” o “lugar hundido”33.
Un paso intermedio, por tanto, hasta llegar a la cova de las lenguas romances medievales:
gallego-portugués y catalán34. La variante fovea con el significado de “el hoyo o la cava”35
también fue empleada, con una intención clasicista, para desviar la presión popular de la
cultura oral pro-cova.
Durante los siglos ix-xi el gallego se va convirtiendo en un lengua hablada de uso ge-
neral, coloquial, en el Reino de Galicia36, mientras un latín más o menos clásico mantenía el
monopolio de la cultura escrita. De modo que el nombre del monasterio de la Ulla se decía
de una manera (en gallego) y se escribía de otra (en latín), lo que va a provocar situaciones
de compromiso, intermedias, que marcan una larga transición hasta el éxito definitivo de la
tradición popular y oral de cova en el siglo xiii, cuando los documentos administrativos pasan
a escribirse en gallego37.
Pese a cierta tendencia al solapamiento de las denominaciones, ninguna de las seis men-
ciones en los siglos xii y xiii38 que encontramos en el Tumbo B de Compostela utilizan ya
el nombre de heremo/eremo, en cinco escriben cavea (años 1174, 1178, 1181, 1199 y 1225) y
en una sola fovea, precisamente la más antigua (1154) lo que nos acerca al precedente en-
contrado, fuera de tiempo, en el documento de 914 del obispo Sisnando39. Fovea semejaba
un sustantivo más culto, y, por lo tanto, más apartado de la serie caverna/cavea/cova de la
tradición popular. El tipo de documentos (confirmaciones por parte de los sucesivos Papas de
los privilegios, donaciones y posesiones de la Iglesia de Santiago) favorecía que se copiaran
unos de otros, a lo largo de 70 años en este caso, al margen de la historia real del siglo xii,
punto de partida de tantos cambios… El escriba de la bula de 1154 copió probablemente el
31
Entonces no se sabía de las limitadas dimensiones de la sima de Monte Sacro, GROBA, X. y VAQUEIRO,
M.: A Cova do Pico, Concello de Boqueixón, 2004.
32
COROMINAS, J.: Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico, vol. II, Madrid, 1984, p. 282.
33
XIMENEZ ARIAS, D.: Lexicon ecclesiastium latino-hispanicum [1566], Madrid, 1728, p. 83; DU CANGE
C.: Glossarium ad scriptores mediae et infimae Latinitatis, Frankfurt, 1710, p. 995; la falta de diccionarios históricos
latín-gallego dificulta nuestro trabajo: la evolución del castellano de cavea a cueva fue muy distinta al gallego.
34
Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico, p. 282.
35
NEBRIJA, A.: Dictionarium, p. 62; XIMENEZ ARIAS, D.: Lexicon ecclesiastium latino-hispanicum, p. 182.
36
BARROS GUIMERÁNS, C.: “La formación nacional de Galicia en la Edad Media”. Conferencia en la École des
Hautes Études en Sciences Sociales. París, 12 de marzo de 2012 (<http://www.youtube.com/watch?v=d8cLsUsRjr0>).
37
SOUTO CABO, X. A.: Documentos galego-portugueses dos séculos xii e xiii, A Coruña, 2008.
38
GONZÁLEZ BALASCH, M.: Tumbo B de la Catedral de Santiago, Santiago de Compostela, 2004, pp. 529,
545, 556, 582, 607 y 613.
39
Ver la nota 14.
término fovea del recordado texto de 914 sobre la anexión del monasterio de Monte Sacro a
San Martín Pinario.
En el siglo xiv todavía encontramos dos menciones tardías de fovea. Dos fuentes na-
rrativas en latín, cuando ya todo se escribía en romance, retroceden siglos para recobrar el
nombre de Sancto Iohanne de Fouea en una referencia a su prior, que asiste al Sínodo del
arzobispo Rodrigo de Padrón en 131340; hace lo mismo otro autor compostelano, ligado a la
catedral, que nos cuenta como el arzobispo Berenguel de Landoria pasó por Sancti Iohannis
de Fouea en los duros avatares de su biografía (1325)41. Ambos casos se pueden justificar
por el absentismo de lo prelados y, por lo tanto, cierta ignorancia cultural y social sobre la
evolución de la nueva Galicia que había fundado Gelmírez, desfase que tuvo consecuencias
dramáticas para el arzobispo parisino Berenguel de Landoira.
40
GARCÍA, A. (ed.): Synodicon Hispanum. I. Galicia, Salamanca, 1981, p. 295.
41
Hechos de Don Berenguel de Landoria, arzobispo de Santiago, Santiago de Compostela, 1983, p. 140.
42
FLÓREZ, E.: España Sagrada. Historia Compostelana (versión orixinal en latín), tomo XX, Madrid, 1791,
p. 71.
43
La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, p. 52.
44
Op. cit., pp. 49-51.
45
En los tiempos medievales todos los caminos de peregrinación a Compostela acabarán siendo reconocidos
como camino francés, también la Vía de la Plata, FERREIRA, E.: Los caminos medievales de Galicia, Ourense,
1988, p. 33.
46
Traducción al castellano de FALQUE, E.: Historia Compostelana, p. 129.
47
Ver la nota 37.
El desarrollo económico y social del feudalismo pleno lleva a las clases dirigentes a asumir
la lengua social y plebeya de los dependientes, incluyendo los nombres de las cosas, muebles e
inmuebles, que no dejan de cambiar conforme varía la sociedad y las mentalidades. El auge de
las lenguas romances, derivadas del latín vulgar, es una de las pruebas más claras, junto con
el crecimiento demográfico y la revolución urbana, del renacimiento de la sociedad, la cultura
y la economía en la Plena Edad Media europea, que Galicia vivió en primer plano gracias al
camino de Santiago, lo que nos distingue de otros lugares de la Península Ibérica y Europa.
La connotación maravillosa de la palabra cova a lo largo de la Edad Media resulta pa-
tente, se puede comprobar en la literatura en gallego en la Baja Edad Media. En la General
Estoria se dice que la tierra respira por las covas que van longas das unhas partes da terra
as outras. No podemos extrañarnos por consiguiente si los vecinos de Vedra, Boqueixón e
Santiago creyesen con firmeza en la “longa” cueva que –decían– atravesaba la sierra entre el
Monte Sacro y San Xoán da Cova. Añade el texto, que narra la salida de Abraham de Egipto,
confirmando la etimología latina de cova: dizenlles en noso latim cavernas, e tanto quer dizer
como cavas ou covas que som feitas por natura ennas entradas da terra48. Lo mismo tenemos
en la versión gallega, también del siglo xiv, de la Crónica Troyana: achou unha cova rredonda
et muyto alta; fazian se unhas grandes covas so un penedo et iam moi lonxe por soa terra 49.
Tanto si eran cuevas naturales como artificiales, consultando éstos y otros textos se entiende
mejor lo que podían sentir e imaginar los hombres medievales sobre las cuevas, todavía más
portentosas cuando la superstición confluía con el imaginario religioso.
La mentalidad medieval era tan crédula en prodigios que distinguía con dificultad la
realidad de la fantasía, y poseía un claro sustrato supersticioso de temor a lo desconocido,
incluyendo las cuevas. Sirva como muestra el incidente de la entrada hacia 1467 del caba-
llero Álvaro Pérez de Moscoso50, que andaba a menudo por el valle del Ulla, en la “coba da
Coruja” (en gallego en el texto de Vasco de Aponte) en busca de tesoros acompañado de un
fraile nigromante y gente de armas, con hachas encendidas, cuerdas largas y troncones de
roble: tropezaron con grandes aves asta llegar a un gran rio caudal y vieron del otro cabo
dél gentes extrañas, fermosas, ricamente vestidas, tañendo instrumentos y viendo grandes
tesoros51. De tratarse, como cree atinadamente el historiador y franciscano José García Oro52,
de la cueva de Monte Sacro, ¿podrían haberse encontrado los de Moscoso, al salir de la cueva
de San Xoán, con la gente de la Ulla en la fiesta del Gundián?: cuando realidad y ficción se
fusionan tanto todo es posible.
El relato de Aponte, escrito en la tercera década del siglo xvi, termina mal y presiente el
futuro: tubieron tan gran miedo al río que no lo osaron pasar53, rápidamente dieron la vuelta
con problemas puesto que un aire emponçoñado los hechizó y murieron todos antes de que
terminara el año54. Menos el monje que no podía faltar en una historia del Monte Sacro, ya
que el freyre luego perdió la vista de los ojos55. No debería de ser un monje de San Xoán da
Cova –siguiendo con lo real imaginario– porque entonces no necesitaría volver con el resto
de la tropa de Don Álvaro, antecesor del primer Conde de Altamira.
48
MARTÍNEZ LÓPEZ, R. (ed.): General Estoria. Versión gallega del siglo xv, Oviedo, 1963, p. 185.
49
PARKER, K.: Vocabulario de la Crónica Troyana, Salamanca, 1958, p. 5.
50
Se trata de una tradición oral-escrita de origen (y consecuencia) histórico-real.
51
APONTE, V.: Relación de las casas antiguas del Reino de Galicia, Santiago, 1986, p. 177.
52
La nobleza gallega en la Baja Edad Media, Santiago de Compostela, 1981, p. 195.
53
Lo que podían llegar a ser las crecidas del Ulla, el río más grande de Galicia después del Miño, se sabrá
cuatro décadas después cuando una de ellas destruyé la iglesia de San Xoán da Cova y los puentes del Ulla.
54
El incidente de la cueva de la Coruxa tuvo lugar por tanto en 1467: en octubre murió Álvaro Pérez de
Moscoso en plena revuelta irmandiña.
55
APONTE, V.: loc. cit.
56
VORÁGINE, S.: La leyenda dorada, Madrid, 1982, vol. II, p. 632.
57
Ídem, I, p. 388.
58
KNOWLES, D.: El monacato cristiano, Madrid, 1970, p. 13.
59
Visión tradicional y mágica de las cuevas que acompañará y sobrevivirá al monacato altomedieval en la
tradición oral.
60
El monacato gallego en la Alta Edad Media, I, p. 211.
61
La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, p. 167.
62
En las creencias colectivas duraderas acostumbra a haber una base material, el sepulcro bajoimperial en el
lugar que será Compostela es el mejor ejemplo.
En las décadas centrales del siglo xii, San Xoán da Cova entra en una dinámica refor
madora como potencia religiosa y señorial soberana de ámbito local y comarcal, que cul-
minará con la formación del burgo de Ponte Ulla a finales de siglo. Resurgimiento pleno
medieval que condicionará por siglos una feligresía muy particular de canónigos, burgueses
y campesinos relativamente bien avenidos –considerando que unos eran clase señorial y otros
tributaria plebe–, que lograrán zafarse juntos de los grandes poderes feudales del momento,
eclesiásticos y laicos, a diferencia de los territorios vecinos, con la excepción final de San
Pedro de Vilanova, muy acosada por ellos y anexionada por el convento a finales del siglo xv
a la parroquia de Ponte Ulla.
El factor humano de este renacimiento medieval del espacio social que dará lugar a Santa
María Magdalena de Ponte Ulla pasa, otra vez, por el canónigo compostelano Munio Alfonso,
gallego consciente, amigo de la Ulla y primer biógrafo del arzobispo Gelmírez, cuya hazaña
de rescatar en 1108 a San Xoán da Cova de un pequeño señor laico68 celebra, difunde y po-
siblemente inspira. Después de una experiencia frustrante como obispo de Mondoñedo y no
pudiendo sufrir por más tiempo las violencias y vejaciones de algunos de los Magnates de
aquella comarca, Munio vuelve a Compostela con la finalidad de encontrar un sitio solitario
para el sosiego y tranquilidad que ansiaba su alma69. Se acuerda de San Xoán da Cova y
decide (con el apoyo de Gelmírez, el cabildo catedralicio y el rey Alfonso VII70) crear en el
63
No disponemos del documento fundacional de San Xoán da Cova del siglo ix, sino anterior, pero conocemos
casos de mojes calificados por su origen como anacoretas en monasterios gallegos posteriormente, en los siglos x-xi,
El monacato gallego en la Alta Edad Media, I, pp. 201-209.
64
El autor de la tesis doctoral El monacato gallego en la Alta Edad Media que estamos utilizando, reticente
por motivos que se nos escapan al hecho histórico del eremitismo gallego, incluye numerosos datos arqueológicos
que lo confirman, op. cit., pp. 215-257.
65
Loc. cit., p. 252.
66
VARELA, P.: La Estrada, Santiago, 1923, p. 12.
67
MACEIRA, A.: O arciprestado de Ribadulla, Santiago, sd., p. 164.
68
Ver la nota 46.
69
LÓPEZ FERREIRO, A.: Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela [1901], Santiago,
1983, vol. IV, p. 193.
70
Alfonso Raimúndez había nacido en Caldas de Reis y, antes de llegar a ser Rey de León (1126-1157), había
sido coronado en 1111 como Rey de Galicia por Gelmírez, y el Conde de Traba, en la Catedral de Santiago de
Compostela.
suburbio del Sar camino del Ulla, una casa de canónigos de la orden de San Agustín, con
advocación a Santa María, en pleno apogeo en el siglo xii. Muere Munio Alfonso el 26 de
junio de 1136 sin ver terminada la iglesia-monasterio de Santa María de Sar. Lo hará un Diego
Gelmírez agradecido que consagra el nuevo edificio románico el 1 de septiembre de 1136 con
un territorio y jurisdicción parroquial que incluía Angrois, Lamas y Aríns, con la esperanza
declarada de que los nuevos canónigos de Sar fueran más fieles a la Mitra que muchos de
los canónigos rebeldes de la catedral71, que habían reformado el capítulo y también se venían
rigiendo por la regla capitular agustina72: comían todos juntos como canónigos reglares de San
Agustín… [traen] capas negras en la iglesia como habitos por concesión del Papa73. Capas
negras que distinguen hasta hoy a los miembros de la orden de San Agustín, que llegan a San
Xoán da Cova tres décadas después con gran impacto mental y social.
En el marco de la reforma gregoriana que Gelmírez apoya está la renovación del monacato
que conducirá, entre los benedictinos, a las nuevas órdenes de Cluny y Císter, centralizadas y
generadoras de grandes señoríos feudales, pero resucitará así mismo la vieja idea de los Papas
reformadores de reglamentar la vida en común en cabildo de los canónigos, en un principio
solamente clérigos de cierto status que asistían en las catedrales a los obispos. La orden canónica
de San Agustín se extiende en el siglo xii como orden monástica de nuevo tipo –fundada por
eremitas italianos– que se traslada desde las catedrales a los burgos, así como hacia lugares
rurales, donde existían iglesias y monasterios de laicos74, con posibilidades de transformarse
en burgos, como en los casos de Sar y Cova.
Nuestro viejo monasterio verá facilitada de este modo su refundación agustina por ha-
berse mantenido fiel, hasta el siglo xii, a su pactum regule entre abades y monjes75, al margen
siempre de la red benedictina76. Ayudó también la independencia de que disfrutaban los con-
ventos agustinos entre sí, así como su tardía dependencia de posesores privados, atraídos por el
éxito de la colonización rural de los siglos x-xi. El nuevo monasterio se separa finalmente de
su filial femenina y benedictina de San Breixo da Cova (Donas, hoy concejo de Boqueixón),
anexada entre los siglos xv y xvi a la gran abadía compostelana de monjas benedictinas de
San Paio de Antealtares.
Las nuevas casas de canónigos agustinos suponían una alternativa, al alcance de bien
pocos, de retorno a una vida comunitaria de pretendida imitación apostólica, menos austera,
menos caustral y más ligeramente estructurada que los benedictinos77, y muy relacionada con
71
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, IV, p. 193; SA BRAVO, H.: El Monacato
de Galicia, I, A Coruña, 1972, p. 375; BARREIRO SOMOZA, J.: El señorío de la Iglesia de Santiago de Compos-
tela (siglos ix-xiii), pp. 226-227; muchos canónigos habían participado activamente en la revuelta ciudadana había
derrotado a Gelmírez en la primavera de 1136, BARREIRO, J.: op. cit., p. 298.
72
La regla de San Agustín estuvo seis siglos olvidada, hasta el pontificado de Urbano II (1088-1099) que le
concede el estatuto canónico, KNOWLES, D.: La Iglesia en la Edad Media, Madrid, 1977, p. 202.
73
GONZÁLEZ DE VILANOVA, A.: “Memorial de los arzobispos de Santiago” [1595], Boletín de la Real
Academia Gallega, año VIII, n.º 68, p. 188.
74
La Iglesia en la Edad Media, pp. 201-203.
75
Sobre el generalizado pactismo monacal en la Galicia altomedieval, FREIRE CAMANIEL, J.: El monacato
gallego en la Alta Edad Media, A Coruña, I, 1998, pp. 437 ss.
76
Fidel Fita da por supuesto, sin aportar datos, una fase benedictina en San Xoán da Cova (“La gran caverna
del Pico Sacro”, p. 30) por comparación con otros monasterios de raíz antigua; el caso es que toda la historia del
monasterio del Ulla tiene unas características únicas, también en su alejamiento de los benedictinos, desde sus
comienzos como parte simbólica del Monte Sacro en 830 hasta su destrucción parcial por un temporal milenarista
en 1571, pasando por un tiempo multisecular de canónigos negros.
77
Ibídem; la de San Agustín es una regla capitular flexible de “austeridad moderada” que se adaptará bien,
de Inocencio III (1137) en adelante, a la vida económica individual como pequeños y medianos señores de los
canónigos de la Catedral, del Priorato del Sar y también de San Xoán da Cova.
el nuevo ciclo económico78. Donde mayor trascendencia tuvo, al menos en las mentalidades, este
abandono oficial de la vida contemplativa y del alejamiento del mundo en lugares yermos, en
favor de una actividad religiosa que se quiere más civil, sacramental y de apostolado, fue en
el monasterio altomedieval de la cueva del río Ulla79, que romperá su tradicional aislamiento
gracias a la nueva economía que el mismo alienta de caminos, puentes y burgos.
Siete años antes de entrar en la nueva orden, los monjes de San Xoán da Cova participan
de alguna forma en la fundación de Santa María de Sar como comunidad agustina en 1136.
Con la muerte de su promotor Munio Afonso, que conocía a los del Ulla por su nombre
plebeyo, falta quien escriba sobre su contribución a lo que con el tiempo será (a partir del
siglo xiv) su nueva casa matriz, pero quedaron las huellas en la tradición oral (y escrita) de la
milenaria Iglesia de Santiago. El cardenal de origen segoviano Jerónimo del Hoyo, recoge con
gran sensibilidad de vista y oído, en su histórica visita al arzobispado, en 1607, esta noticia
referida a San Xoán da Cova: fue cabeza de priorato de Sar… que solía ser monasterio de
canónigos reglares y anejo a San Juan de Coba que está edificado en un peñasco en el río
de la Ulla. Este San Juan de Coba está ya desecho y la renta dél goça el Prior de Sar que
como se acabo la caveça pasose todo al anexo80. Viene a decir que Santa María de Sar fue
en principio una “filial” de San Xoán da Cova, los documentos de la Mitra no lo confirman,
pero algo de eso hubo81.
Los orígenes eremíticos de los agustinos contribuyeron al temprano interés del fundador
Munio Afonso por San Xoán da Cova (y viceversa, como ya dijimos), y a la superioridad moral
y tradicional de éste sobre el Sar en la mentalidad popular que refleja la tradición oral que
recoge Hoyo en 1607. En cambio, Gelmírez, hombre de poder poco inclinado a tentaciones
ermitañas, lo que pretende es controlar a los nuevos canónicos del Sar, ocultando el referente
histórico “ullao” y subestimando la más que probable presencia entre ellos –por iniciativa del
difunto Munio– de alguno de los frailes de San Xoán da Cova, quienes con todo aprendieron
de la experiencia y esperaron una coyuntura favorable que vendrá, después de un interregno
con arzobispo salmantino, con Pedro Elías (1143-1149), ex-deán del cabildo, conocido antigel-
meriano82 y “natural de Santiago”83.
El 16 de septiembre de 114384 el arzobispo Elías junto con el abad Pedro de Sancti
Iohannis de Coua85 y los en aquel momento poseedores privados86 del monasterio y su coto,
los hermanos Bermudo y García Velázquez, los también hermanos Pedro y Geloria Martínez
78
DUBY, G.: “Los canónicos regulares y la vida económica de los siglos xi y xii”, Hombres y estructuras de
la Edad Media, Madrid, 1977, pp. 120 ss.
79
En realidad estaba preparado, los comienzos eremíticos de San Xoán da Cova habían sido superados ya en
los siglos x-xi por su transformación en un incipiente señorío feudal atractivo para los hidalgos de la zona.
80
Memorias del Arzobispado de Santiago [1607], Santiago, sd., pp. 11 y 90; San Xoán da Cova también
precedió a Santa María de Sar en la constitución del burgo, ver la nota 152.
81
El redactor del documento de Gelmírez, donde se consagra Santa María de Sar como iglesia y parroquia,
habla de cinco canónigos de la Catedral que entran a formar parte de la nueva comunidad canónica, sin tan siquiera
mencionar a San Xoán da Cova, Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela [1901], vol. IV,
apénd., pp. 21-25.
82
BARREIRO SOMOZA, J.: op. cit., p. 227.
83
GONZÁLEZ DE VILANOVA, A.: op. cit., p. 188.
84
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, vol. IV, pp. 228-229; apénd., pp. 32-36.
85
En la corroboración ulterior del arzobispo Bernardo I (1151-1152) vuelve la palabra fouea y se recuerda la
advocación completa a sancto ihoanni babtiste, loc. cit., p. 36.
86
Después de la acción de Gelmírez en 1108 que cuenta Munio Afonso (ver nota 46), San Xoán da Cova vuelve
a su condición de monasterio familiar y privado de la que solamente podía salir de forma definitiva asumiendo una
regla monástica reconocida oficialmente por la Iglesia: escogieron la que se adaptaba mejor a su escala, promoción
y sobre todo su anhelada autonomía.
y el propio cabildo de Santiago que había heredado una tercera parte laica que había recibido
en prestimonio el canónigo Pedro87, acuerdan tres cosas: 1) que las tres partes cederían toda
la propiedad al monasterio como nueva comunidad capitular de clérigos y laicos88, en la que
se integrarían dos propietarios, el canónigo de Santiago y el lego García Velásquez89; 2) que el
nuevo monasterio de San Xoán da Cova abandonaría su regla particular pasando a regirse por
la de San Agustín, pasando sus miembros de simples frailes a canónigos regulares, y el abad
a prior; 3) confirmar los límites del coto del monasterio en las dos orillas del río Ulla, con la
referencia legitimadora del documento de 914 (que estudiamos supra90) del obispo Sisnando I
sobre el reparto de la renta de los votos de Santiago de la jurisdicción del Monte Sacro entre
el nuevo convento de San Sebastián y San Xoán da Cova.
En el perímetro del coto de San Xoán da Cova de 1143 encontramos la referencia más
antigua91 al topónimo Gundián. Define el documento como límite del coto del otro lado del
río Ulla, en el monte del castro de San Miguel: cuesta abajo hacia la portilla al pie de un sitio
llamado guandilanem que atraviesa el vallado del monasterio92. El topónimo habla en forma
acusativa de un lugar que fue, en el tiempo de la colonización rural de los siglos x-xi, de un
posesor de nombre germánico ‘vandila’ que se convierte en latín medieval en ‘guandila’93,
dando finalmente lugar al topónimo gallego “gundián”, presente así mismo en otros lugares
de Galicia. El terreno que fuera de Guandila estaría situado, más o menos, en el lugar donde
hoy está la capilla del Gundián. Mientras se cita en otra parte de este documento sobre la
jurisdicción del monasterio de la Cova, una ermita dedicada a San Martín94, no se hace lo
mismo con la ermita del Gundián, inferimos pues que es de construcción posterior a 1143 por
iniciativa siempre de los canónigos negros, muy devotos de la Virgen María.
Los términos del coto de San Xoán da Cova en el siglo xii, antes de su expansión por la
acción de los canónigos de las capas negras, cuadran aproximadamente95 con los límites de
la parroquia actual de Santa María Magdalena de Ponte Ulla con Santa Baia de Codeso (ar-
desende), San Pedro de Donas (sancto verissimo), San Miguel de Castro (guandilanem) y San
Pedro de Villanueva (por los marcos96 que dividen sancti adriani de outeiro). La frontera que
falta, con Santa Cruz de Ribadulla, entendemos estaba como en la actualidad en el riachuelo
de Monreal97 que consta, al principio de la descripción perimetral del coto medieval, como
un arrogium llamado en aquel tiempo vaozelum que iba hacia el camino de Santiago (vereda
87
El nombre Pedro aparece tres veces en el nuevo monasterio capitular de la Cova y cinco veces entre los
canónigos compostelanos firmantes del documento de Elías, también Pedro de nombre.
88
La participación de laicos en los nuevos cabildos es habitual en Europa, por lo regular se trata de nobles de
condición que prefieren la nueva parentela religiosa a su propio linaje, DUBY, G.: op. cit., pp. 124-125.
89
Hábito social, economía y religiosidad se mezclan de forma imposible de separar a lo largo de toda la Edad
Media para comprender el interés de los laicos por la vida monacal.
90
Ver la nota 14.
91
No hemos confirmado documentalmente las referencias que sitúan en el siglo x la aparición milagrosa de
la Virgen María en la fuente de Gundían, o de una talla mariana de época sacada del pozo de la Cova, difundidas
por la tradición oral y recogidas en escritos recientes.
92
et de alia parte ulie in directum ipsius per ipsum montis declivium ad portelam subtus guandilanem et inde
per ipsum eundem vallum vocitatum sancti iohannis, Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela,
IV, apénd. xii, p. 34.
93
BOULLÓN, A.: Antroponimia medieval galega (ss. viii-xii), Tübingen, 1999, pp. 62, 65 y 441.
94
Se corresponde con el topónimo actual San Martín vivo hoy en la parroquia de Ponte Ulla.
95
Hay otros topónimos difíciles de localizar, probablemente desaparecieron o se reciclaron posteriormente.
96
El vocablo gallego ‘marco’ significa en la Edad Media una piedra hincada que servía de límite para tierras,
parroquias o jurisdicciones, venía del germánico marca ‘frontera’, COROMINAS, J.: Diccionario crítico-etimológico
castellano e hispánico, vol. III, pp. 842-843.
97
REIMÓNDEZ, M., ESPIÑO, J. y SINDE, M.: El Camino a Santiago por el Sudeste, Santiago, 1993,
p. 102.
sancti jacobi) para conectar con Santardao de Ponte Ulla y el Outeiro de Vilanova98. Lo que
viene a corroborar la tradición que recoge Jerónimo del Hoyo, a principios del siglo xvii,
que dice de San Xoán da Cova: donde fué la parrochia antigua (desde 830, añadimos no-
sotros) en relación a la ulterior parroquia de Santa María Magdalena de Ponte Ulla99. Faltan
más de dos siglos, con todo, para que la nueva parroquia urbana sustituya a la vieja parroquia-
monasterio rural y feudal que, por el contrario, extenderá con los siglos sus intereses fuera de
la parroquia original, desde Santiago hasta Pontevedra.
5. COTO INMUNE
La mayor parte de lo que conocemos en la Alta Edad Media de San Xoán da Cova se lo
debemos a la documentación de la Iglesia de Iria-Santiago, a la que perteneció el monasterio
hasta el siglo xii, y aún después. Sabemos que, cuanto menos desde 830, San Xoán tiene una
relación singular con la diócesis iriense que reconoce en el monasterio un importante refe-
rente religioso vinculado al Monte Sacro. Dependencia eclesiástica que se mantendrá durante
toda la Edad Media: suponía el pago de décimas, tercias y otras obligaciones a la Iglesia de
Santiago, según la costumbre de cada momento. Después estaba la jurisdicción civil, socio-
económica y política, sobre las tierras y las personas que habitaban, como los frailes de la
Ulla, en el ámbito compostelano que en principio eran públicas, es decir atribución del Rey.
La cesión de esta soberanía real a los señores laicos y eclesiásticos explica como sabemos el
origen del feudalismo.
El rey asturiano Alfonso III confirma según vimos al abad Panosindo, en 883, la pose-
sión del monasterio con sus términos adyacentes a la comunidad instalada en el desfiladero
del río Ulla100. El 14 de mayo de 1112, la reina Urraca donará a la Iglesia de Santiago todo el
“regalengo” entre los ríos Tambre y Ulla (desde Noia hasta Ponte Ulla) con sus hombres y
bienes adjuntos101. Ampliación de la Tierra feudal de Santiago hasta el mismo río Ulla que varía
radicalmente la situación de la abadía de San Xoán da Cova, y de los hombres que de ella
dependían, en el terreno político y militar, social y económico, pues dependerán ahora todos
ellos directamente, durante medio siglo, del señor de Santiago, a quien tienen ahora que pagar
o prestar tributos y servicios que todo vasallo, sea clérigo o laico, le debe a su señor102. Dos
décadas después de la refundación agustina, y de la ratificación del coto monacal, otro arzo
bispo amigo de San Xoán da Cova renuncia solemnemente a dichos derechos feudales103.
El 20 de marzo de 1455, Vasco de Viteri, prior del Priorato de Sar y del monasterio de
San Xoán da Cova, que llevaban tiempo unificados104, reivindica el coto del monasterio ante
98
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, vol. IV, apénd. XII, pp. 33-34.
99
Memorias del arzobispado de Santiago, p. 471.
100
El coto de 883 vendría a ser una parte reducida y despoblada del coto definitivo de 1143 aceptado por el
arzobispado de Santiago.
101
“cum suis homines et omnibus suis aiuntionibus”, Tumbo A, p. 79; Historia Compostelana, p. 178.
102
En la confirmación del arzobispo Bernardo I (1151-1152) del documento de 1143 confirmando el coto de San
Juan a los nuevos canónigos, clérigos y laicos, ya se les concedía la exención de pago de luctuosas a los señores
de la tierra, o sea, al señorío arzobispal (non det luctuosam dominis terre), Historia de la Santa A. M. Iglesia de
Santiago de Compostela, vol. IV, apénd., p. 36.
103
De ahí que se diga que San Juan da Coba perteneció hasta el siglo xii a la Iglesia compostelana, La ciudad
de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, p. 189.
104
La unión de San Xoán da Cova al Priorato de Sar tuvo lugar entre 1256 (el Papa Alejandro IV dispone la
unificación de los conventos agustinos como orden religiosa) y 1335, fecha del primer documento en que consta
dicha anexión (A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 17, mss. 12, doc. 8), que no implicó menoscabo alguno
para la autonomía del monasterio del Ulla que siguió concediendo foros de modo independiente y/o conjuntamente
con Sar hasta 1571.
105
A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 31, mss. 56, doc. 6.
106
A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 31, mss. 56, doc. 7.
107
Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, IV, pp. 262-281.
108
Ver la nota 105.
109
GONZÁLEZ VÁZQUEZ, M.: El arzobispo de Santiago: una instancia de poder en la Edad Media (1150-
1400), A Coruña, 1996, p. 227.
110
Paradójicamente, el arzobispo Martín da inicio a la expansión fuera de Ulla de San Juan donándole, en
1165, la capilla de San Sebastián en la isla de la Toja (luxo), Historia de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de
Compostela, IV, p. 281.
111
Ídem, p. 264.
cabildo y para sí mismo112. Otros motivos de la renovada amistad de la Mitra con la Cova tienen
como siempre que ver con su pasado eremítico y jacobeo, pese a su demostrada capacidad de
actualización a través de la regla de San Agustín, que cumple en toda Europa un papel en el
renacimiento económico, la prosperidad urbana y las libertades municipales113. Lo que hace
indisociable la nueva fundación de San Xoán da Cova como dominio cuasi independiente del
ulterior nacimiento del burgo de Ponte Ulla, que terminará por transformar la identidad, la
economía y las mentalidades del viejo coto-parroquia.
Primero fueron los caminos, luego vinieron los puentes y la costumbre de poner en sus
extremos oratorios, capillas e iglesias: todo junto llevó a la construcción de burgos, conse-
cuencia y soporte de una nueva civilización al tiempo que fruto paradójico114 de una plenitud
feudal que necesita del mercado y de la vida urbana para fomentar el artesanado, expandirse
y dar salida al excedente de hombres y productos agrarios. Para garantizar y aprovechar el
progreso de la economía y de la nueva mentalidad, El-Rey se reservó la promoción y en oca-
siones el dominio directo de caminos, puentes y burgos, al margen de los diversos poderes
feudales que atravesaban los nuevos itinerarios públicos. Poderes feudales que también fueron
atraídos por la monarquía gallego-leonesa a la formación de los nuevos poblamientos con
una participación más o menos limitada –según la relación de fuerzas en cada lugar– en las
nuevas rentas y privilegios urbanos. En el caso del Reino de Galicia la gran mayoría de las
urbes quedaron, por concesión real, en manos de señores eclesiásticos115, que, en cualquier
caso, aseguraban a sus vasallos ciudadanos mejores condiciones socio-económicas y políticas
que a sus vasallos campesinos.
Peregrinación y comercio van juntos en la genealogía de los caminos medievales que
van a Compostela: nos interesa en este trabajo el camiño da Ulla que sobrepasando este
río en Ponteulla, se abría a las tierras de Deza, Cusanca y Castela do Miño116. Cuya valía
mercantil se va a relanzar a partir de la constitución en 1019 de Compostela como el primer
núcleo urbano surgido en Galicia117 con crecientes necesidades de abastecimiento desde la
Castilla orensana, primero para satisfacer a sus enriquecidos vecinos, luego para proveer de
mercaderías al conjunto de un Reino de Galicia articulado por los caminos a Compostela.
Santiago ejerce su capitalidad en Galicia en la Plena Edad Media a través de la Tierra de
Santiago (de A Coruña hasta Vigo) y de la nueva red viaria que genera la ciudad de Santiago
como producto de la creencia colectiva jacobea, interna y externa.
Más allá de la formación medieval de Galicia, en el siglo xii, Gelmírez absorbe las
diócesis de Salamanca y Mérida reverdeciendo, con la ayuda de las órdenes de Cluny y San-
tiago, la peregrinación jacobea por la antigua vía romana Mérica-Astorga118, que se extenderá
112
Así consta en la donación de la parroquia de Santa María de Perros (hoy Los Ángeles, Brión) que hizo Martín
en 1159 al cabildo del Sar, una prueba más de su afecto hacia los religiosos de San Agustín, ídem, pp. 266-267.
113
DUBY, G.: “Los canónicos regulares y la vida económica de los siglos xi y xii”, p. 124.
114
La ciudad es un efecto al mismo tiempo que una contradicción del sistema feudal, BAREL, Y.: La ciudad
medieval. Sistema social, sistema urbano, Madrid, 1981.
115
Los señores eclesiásticos fueron hegemónicos en la clase de los feudales gallegos hasta el tercer tercio del
siglo xiv.
116
BARREIRO SOMOZA, J.: El señorío de la Iglesia de Santiago de Compostela (siglos ix-xiii), p. 124.
117
LÓPEZ ALSINA, F.: La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media, p. 273.
118
NOVOA, M. C.: Los caminos de Santiago, Zamora, 2003, p. 162.
hasta Compostela por el Norte y hasta Sevilla por el Sur119. El camino jacobeo del Sudeste a
Compostela más la ruta comercial Santiago-Orense intensificarán y retroalimentarán, como
actividades convergentes, la peregrinación y el comercio en los siglos xi-xiii, potenciando todo
tipo de infraestructuras en su recorrido, dentro y fuera de Galicia.
El proceso comienza con la inventio del sepulcro del Apóstol en las proximidades de
Iría Flavia (Padrón) hacia 814. Desde el siglo ix, los peregrinos reactivan la antigua calzada
romana que conectaba Ourense con Santiago a través del río Ulla120, comunicando San Xoán
da Cova, Montesacro y el locus sancti iacobi o arca marmorea después llamado el compos-
tela (campus stellae). Dando forma viaria a los primeros esfuerzos de los reyes astures y los
obispos irienses en favor del itinerario jacobeo en los siglos ix y x121: fortaleciendo los pode-
res señoriales de las iglesias de Compostela, Cova de la Ulla y Monte Sacro. En el siglo xi
tenemos ya un significativo comercio de vino122, además del tráfico habitual de artículos de
lujo, en este camino redescubierto entre Santiago de Compostela y Ourense. Investigué en
otro lugar como unos mercaderes judíos, en alianza con un caballero gallego-portugués, co-
merciaban hacia 1044 en las tierras de Celanova con sedas y otras mercaderías importadas123.
En el siglo siguiente, ya aparece en pleno esplendor el camino del Ulla como vereda Sancti
Iacobi, atravesando el coto de San Xoán da Cova, según el citado documento de 1143.
Pero, más que la peregrinación, es el avituallamiento de Santiago lo que subraya el
valor del camino del Ulla para la Iglesia y la ciudad de Compostela, por el vino de Ribeiro
pero también por el vino del Ulla (ullao), que era más popular al venderse más barato en las
tabernas (datos de 1133124). En 1157, Fernando II permite que los vecinos de Orense vendan
libremente su vino en Santiago125. En 1188, Alfonso IX, exime a arzobispo, cabildo y concejo
de Santiago de pagar el portazgo de vino en todo el camino de Santiago, desde Ourense a
Compostela126, incluyendo el tributo de paso que exigían los señores feudales de las tierras
por las que pasaba el camino127. El vino es la mercancía principal que circula por el camino
medieval del Sudeste, entre Ourense y Santiago128. Los reyes gallegos de Asturias, Galicia y
León129, grandes promotores de la capitalidad de Compostela y del Reino de Galicia, buscan
compensar con exenciones al vino de Ribeiro: más caro como dijomos, prestigioso y lejano
que el vino del valle del Ulla.
En la primera mitad del siglo xii ya se hablaba en el Códice Calixtino de la Puerta de
Mazarelos en relación con la Ulla: por la cuál llega el precioso vino a la ciudad130. Esta
puerta de la muralla del siglo xi131, que conduce al río Sar, es consecuencia –material– de la
119
A partir del siglo xvi se conocerá como Vía de la Plata (argentea vulgo dicitur), NEBRIJA, A.: De mensuris,
Salamanca, 1507, p. 4.
120
El miliario del Sar lo atestigua, LÓPEZ ALSINA, F.: op. cit., p. 135, BARREIRO, J.: loc. cit.
121
El camino altomedieval Santiago-Ourense por la comarca de la Ulla hará posible, en 1112, el alargamiento
del dominio feudal de la Iglesia de Santiago hasta el río Ulla, momento decisivo en la constitución de la Tierra
feudal de Santiago.
122
Al rey de León, Bermudo III (1017-1037), que tenía viñedos en Ribeiro, le asaltan una recua de 23 mulas
que venía de Gomariz, FERREIRA, E.: Galicia en el comercio marítimo medieval, A Coruña, 1988, p. 182.
123
“Celanova de las Tres Culturas, siglos x-xi”, Rudesindus. XI Centenario do nacemento de San Rosendo,
Santiago, 2007, pp. 88-105 (<http://www.h-debate.com/cbarros/spanish/articulos/historia_medieval/tres.htm>).
124
Ver gráfico en El señorío de la Iglesia de Santiago de Compostela (siglos ix-xiii), p. 243.
125
GONZÁLEZ, J.: Regesta de Fernando II, Madrid, 1943, doc. 346.
126
Privilegio que va a potenciar el burgo de Ponte Ulla que se forma justamente en el reinado de Alfonso IX.
127
GONZÁLEZ, J.: Alfonso IX, Madrid, 1944, doc. 163.
128
Galicia en el comercio marítimo medieval, pp. 182-183.
129
Fernando II y Alfonso IX están enterrados en la capilla real de la catedral de Santiago.
130
Liber Sancti Jacobi. Codex Calixtinus, Santiago, 1999, p. 550.
131
BARREIRO, J.: op. cit., pp. 124, 224.
relevancia histórica del camino, primero jacobeo y después también mercantil, de Santiago de
Compostela a San Xoán da Cova, extendido después hasta la ribera del Miño. Del siglo xiii
en adelante, Ourense desbanca a Ribadavia en el control del comercio con Compostela y los
mercaderes de Santiago dominan ya el estratégico eje comercial con Ourense, trayendo vino y
llevando paños y otros artículos de importación132 (como se venía haciendo desde el siglo xi).
Será entonces cuando la burguesía compostelana se hace con buena parte de los foros de San
Xoán da Cova en casas, viñas, bodegas y lagares de Ponte Ulla, burgo y parroquia.
La primera mención de la Ponte del río Ulla es del año 1108133, de la pluma una vez más
de Munio Alfonso, amigo de San Xoán da Cova y primer autor de la monumental Historia
Compostelana, quien dos párrafos antes de contarnos con orgullo como Gelmírez recuperó
del posesor Arias Aloitide el monasterio de la Ulla, nos habla de otro infanzón Lucio Arias134
que, con su mujer Maior, dona a la Iglesia de Santiago dos núcleos de casas y explotaciones
agrarias135 (villae136) cerca de Pontem Ulliae137. Dice el texto literalmente “Puente del Ulla”
138
, no existe todavía el burgo.
El nombre “pons, pontis” en latín clásico es masculino, como en castellano, no así en
gallego. En el latín medieval del Reino de Galicia pronto se filtra el femenino: en la valiosa
inscripción sobre la construcción, en 862, del puente de Mourazos139, en la parte alta del río
Ulla, se interpolan las palabras ista ponte en una frase latina140. Con la generalización del ga-
llego en la escritura al final de la Plena Edad Media, mientras se mantiene el género masculino
en las referencias al río, el femenino de “ponte” se traspasa al burgo (“a ponte da Ulla”)141, y
posteriormente a la parroquia en su denominación popular: “Santa María Magdalena da Ponte
da Ulla”. Cambio de género gramatical que hace patente la hegemonía del puente sobre el
132
FERREIRA, E.: “De ciudad santa a plaza mercantil. Los fundamentos de la función económica de Santiago
en el Edad Media”, Santiago de Compostela. Ciudad y peregrino, Santiago, 2000, p. 381.
133
Consideramos que la antigüedad del puente del Ulla es muy anterior (ver las notas 139 y 140), vista la
fuerza que desde el siglo ix tiene el camino de peregrinación por el Sudeste, paso creciente de vinos y mercaderías
a Compostela, y viceversa, condicionando la construcción de la segunda y definitiva muralla de Cresconio en el
siglo xi.
134
Merino de Don Ramón de Traba en la tierra de Carbia (Lalín), El señorío de la Iglesia de Santiago de
Compostela (siglos ix-xiii), p. 308.
135
Imaginamos que comprobada la generosidad de los arzobispos que siguieron a Gelmírez con San Xoán da
Cova, estas villae entrarían pronto a formar parte del patrimonio monacal: los señores feudales procuraban hacer
cuadrar jurisdicción con propiedad.
136
En la Alta Edad Media se empleaba, por influencia romana, el término socioeconómico de villa rural (origen
de muchas aldeas), no debemos confundirlo con núcleo urbano o burgo, más propio de la Plena Edad Media, que
deviene nominalmente en villa a finales del medioevo.
137
FLÓREZ, E.: España Sagrada. Historia Compostelana, pp. 70-71.
138
Genitivo aposicional o explicativo de un sustantivo terminado en –ae.
139
Una buena referencia temporal, por tratarse de un puente poco significativo, para hacerse una idea de cuando
empezaron a edificarse, o reedificarse, los puentes medievales en el río Ulla y afluentes.
140
RAICEIROS, A.: As pontes do río Ulla, Santiago de Compostela, 2013, p. 44; hay inscripciones semejantes
datadas en 814, 877 y 970 en puentes altomedievales en los concejos de Vila de Cruces, Lalín e Agolada.
141
Hoy en día decimos simplemente “a ulla” para hablar desde la aldea de Caldelas donde vivo, del centro
urbano de la parroquia, o de toda la parroquia visto desde fuera; a veces, en el plano cultural y antropológico, se
dice en los medios el “Entroido da Ulla” con referencia al valle del río Ulla, desde Santiago a A Estrada (La Voz
de Galicia, 21/1/2015, <http://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/2015/01/21/entroido-da-ulla-comenzara-oza-
1-febrero-terminara-marzo/0003_201501S21C7993.htm>).
burgo en el siglo xii y del burgo sobre la parroquia del siglo xiii en adelante. La sustitución
secular como referente geográfico y social de la cueva (convento) por el río (camino y frontera,
puente y burgo) no altera la preferencia finalmente femenina para denominar la zona.
El visitante Jerónimo del Hoyo nos informa hacia 1607 de que con anterioridad de la
parroquia de Santa María Magdalena de Ponte Ulla: “en la [sic] puente solamente había
una hermita de la Madalena [sic]”142. Es la única referencia que hemos encontrado, por el
momento, sobre la ermita prerrománica de la Ulla. Justifica y fundamenta la devoción ma-
riana atribuida en el burgo ulteriormente a la iglesia románica de Ponte Ulla, construida en
la segunda mitad del siglo xii.
Está equivocada la idea de algunos autores de que la iglesia de Ponte Ulla se fundó en el
siglo viii, según el testamento de Odoario, obispo de Lugo. El llamado testamento mayor de
Odoario, presuntamente datado en 747, por el cual deja una serie de villae, iglesias y monas-
terios a la Iglesia de Lugo, se considera falso en cuanto a escritura, fecha y protagonista, pero
verdadero tres siglos y medio después por estar hecho de fragmentos copiados de diplomas
auténticos sobre las posesiones del obispado entre finales del siglo xi y principios del siglo xii,
cuando Lugo disputaba a Braga el rango de sede metropolitana143. Aparece en la ribera del
Ulla (“in Ripa Ilie”144) una villa llamada Garavatos y una iglesia dedicada a San Cosme y San
Damián145, desconocidas en nuestra zona, que difícilmente podía ser por consiguiente una su-
puesta iglesia de Ponte Ulla (diferente de la ermita dedicada a la Magdalena) anterior a Santa
María Magdalena, construida un siglo después de la fecha real del falso testamento de Odoario.
Solo podemos calcular la fecha de la construcción de la iglesia en el siglo xii, que sustituye
a la ermita de Santa María de la Magdalena, por aproximación, a partir del estilo artístico y la
comparación con otras iglesias próximas de parecido tipo de románico rural. La iglesia tiene
una sola nave rectangular, un ábside semicircular y una capilla mayor con bóveda de cañón
rematada en un cuarto de esfera. Por el arco triunfal se data el templo entre 1175 y 1200146,
por la forma de los capiteles y las columnas del ábside entre 1150 y 1200147; Ángel del Castillo
la sitúa también a finales del siglo xii148. Unas décadas antes, pues, de la formación del burgo
(1197): una fecha tardía si consideramos que las primeras menciones de las iglesias vecinas son
más bien de la primera mitad del siglo xii149. Es importante no olvidar que la sede parroquial
de Ulla, desde principios del siglo ix, era la propia iglesia conventual de San Xoán da Cova150.
La proximidad con la formación del burgo de la construcción de la iglesia, en el lugar de la
vieja ermita, tiene que ver con la estrategia de colonización urbana de los canónigos negros151.
142
Memorias del Arzobispado de Santiago, p. 471.
143
SANGIL, J. L. y VIDÁN, M.: “El tumbo viejo de Lugo”, Estudios Mindonienses, n.º 27, 2011, pp. 25-26.
144
El río Ulla tiene dos orillas, una longitud de 132 km y pasa por 16 concejos.
145
In Ripa Ulie: Villam de Garauotos cum Ecclesia Sancti Cosmetis et Damiani, op. cit., p. 140.
146
Como las iglesias Oca, Ouzande y Riobó de La Estrada, BANGO, I.: Arquitectura románica en Pontevedra,
A Coruña, 1979, p. 195.
147
VILLAVERDE, D.: “Las transformaciones espaciales en el espacio litúrgico de la arquitectura religiosa
gallega”, Boletín académico da Escola Técnica Superior de Arquitectura da Coruña, n.º 26, 2002, p. 139.
148
CASTILLO, A.: Inventario monumental y artístico de Galicia, A Coruña, 1987, p. 466; el autor habla también
de la famosa cruz procesional de plata y azabache de principios del siglo xvi hoy lamentablemente desaparecida,
NEIRA, H.: Vedra da prehistoria ós inicios do século xx, Vedra, 2006, p. 92.
149
San Miguel de Castro y Santa Baia de Cira, 1115; Santa Cruz de Ribadulla, 1156; Santa Baia de Codeso,
1172, MACEIRA, A.: O arciprestado de Ribadulla, pp. 53, 61, 69 y 195.
150
Cuya capilla mayor fue arrastrada por la gran riada de 1571, igual que el puente medieval de Ulla, Historia
de la Santa A. M. Iglesia de Santiago de Compostela, VIII, p. 234.
151
En definitiva fue lo que hicieron, buscando siempre lugares altos, las sedes episcopales de Santiago, Lugo,
Ourense, Tui y Mondoñedo: primero iglesia después burgo, LÓPEZ FERREIRO, A.: Fueros municipales de Santiago
y su tierra (1895), Madrid, 1975, p. 66.
Harán lo mismo los canónigos del Sar152: primero iglesia, después burgo. Imitando ambos a
Compostela y al cabildo de la Catedral, también agustino y compuesto en buena medida de
hijos de la burguesía compostelana, juntando de esta manera los dos extremos del camino del
Ulla, muy frecuentado tanto por peregrinos como por mercaderes. Entre el siglo xii y xiii,
merced a la voluntad urbanizadora de los cabildos de los canónigos negros, el camino del
Sudeste quedaba mejor aprovechado, servido y preparado para el futuro.
En resumen, edificando primero la iglesia en sus tierras, San Xoán da Cova crea las
condiciones (después de conseguir el coto exento en 1167) para constituir un burgo a su
lado153, ejerciendo de forma avanzada para la época su papel secular como señor de la Ulla
para satisfacción del Rey y de la Mitra.
La formación del burgo de Ponte Ulla a finales del siglo xii, en el camino jacobeo y
vinatero a Compostela, tiene lugar en el contexto de la urbanización promovida por los reyes
gallegos de León, Fernando II (1157-1188) y Alfonso IX (1188-1230), en colaboración con
los señores del lugar, la Iglesia de Santiago sobre todo, pero también algunos monasterios,
que bien ceden tierras al Rey –a menudo con contrapartidas– para el nuevo poblamiento154,
bien deciden por sí mismos construir un burgo en sus cotos que luego autoriza o confirma
el Rey155. Suponemos que el caso de San Xoán da Cova estaría más cerca de lo segundo que
de lo primero, si bien hizo falta (además de la ayuda, sino de la iniciativa, de Alfonso IX)
del visto y place del gran señor de Compostela. La Iglesia de Santiago estuvo protegiendo
y beneficiando al convento del Ulla desde el siglo ix hasta el siglo xii156, y jugó un papel
concluyente en la urbanización de la Tierra de Santiago, en coordinación con la monarquía
leonesa de raíz gallega.
En la lógica compostelana, el burgo de Ponte Ulla (1197) estaría temporalmente entre los
burgos del litoral arzobispal de Padrón (1164), Noia (1168) y Pontevedra (1169) y los burgos
interiores como Melide (1223), Salvaterra (1228) o Caldas de Reis (1254). Identificados en su
mayoría con templos parroquiales de advocación mariana y muy comprometidos en la dura
fragua de las libertades y por la emancipación de las clases siervas157, que terminarán por
enfrentarse con la Mitra de Compostela.
Los arzobispos de Santiago intentan controlar los burgos que surgen en la Tierra de San-
tiago con el amparo de Fernando II y Alfonso IX158. Harán lo mismo con el levantado en el
coto cerrado de San Xoán da Cova donde se reservara, preventivamente, tres décadas atrás, el
152
Los del Sar siguen el ejemplo de San Xoán da Cova, la primera mención documental del burgo do Sar es
de 1245, El señorío de la Iglesia de Santiago de Compostela (siglos ix-xiii), pp. 224, 321.
153
La iglesia está en un lugar elevado, a unos metros del puente, vigilando el camino (futura calle principal),
que pasa por su puerta, donde se asentarán los burgueses.
154
Es el caso de Muxía, Monforte, Baiona, A Coruña, Melide y Betanzos, SA BRAVO, H.: El Monacato de
Galicia, I, pp. 119-120.
155
Por ejemplo, la creación en 1183, por parte del monasterio de Celanova, del burgo de Verín alrededor (como
en Ponte Ulla) de la iglesia de Santa María de Verín, ibídem.
156
El siglo xii fue decisivo para la formación de un “burgo del camino” en la Ulla, sobre todo en su segunda
mitad.
157
GARCÍA ORO, J.: “La diócesis de Compostela en el régimen de cristiandad (1100-1550). De Gelmírez a
Fonseca”, Historia de las diócesis españolas, vol. 14, 2002, pp. 156, 158 y 159; Fueros municipales de Santiago y
su tierra, pp. 169-181.
158
El arzobispo de Santiago: una instancia de poder en la Edad Media (1150-1400), p. 108.
ejercicio de la justiça do señor arçobispo de Santiago159. Siempre que podía la Mitra incluía en
los foros de las villas de la Tierra de Santiago los tributos que tenía que recibir el arzobispo
al margen de las exenciones. Otras veces mandaba redactar un documento aparte (reflejando
la tradición oral) de este tenor: Esto he o que o arcobispo ha en Mellid. Una suerte de foro
particular donde se especificaban como elegir a los justicias-alcaldes (cobres) y algunos tributos
residuales por jurisdicción160. Lo que resultaba imposible en el caso de Ponte Ulla al ser, por
propia decisión de la Iglesia de Santiago, jurisdicción mero e mixto imperio (plena) del cabildo
de San Xoán da Cova, que percibía la gran mayoría de los derechos señoriales en el lugar de
Ponte da Ulla. De ahí que Antonio López Ferreiro161 no encuentre en la catedral un escrito
sobre Ponte Ulla semejante al de Melide. El arzobispo de Santiago, báculo y ballesta162 no
deja de añadir a Ponte Ulla163, a pesar del coto inmune de los agustinos, en la lista de villas
de la Iglesia de Santiago hasta que, en las dos últimas décadas del siglo xv, en un contexto
de marcha atrás, el arzobispo Fonseca intenta un control total del burgo de Ulla que en su
férrea defensa tuvo como aliados a San Xoán da Cova y al Priorato de Ser y, por medio de
ellos, a los propios Reyes Católicos.
En 1482, el concejo de Ponte Ulla, junto con el prior de San Xoán da Cova, demanda
al arzobispo Fonseca por pretender cobrar servicios y otras cosas, cuando los vecinos esta-
ban exsemptos de todas imposiciones, pedidos, moedas, luctuosas, servicios y otras cargas
qualesquiera, segun los privilegios que tenia y costumbre en que estaban, sin que ningún
arzobispo hasta Alonso de Fonseca fuera en contra –aseveran– de dichas exenciones164. Están
hablando del histórico documento del arzobispo Martín instituyendo el coto exento, confir-
mado por sus sucesores, que –según argumentan los agraviados– estuvo vigente sin intromi-
sión arzobispal entre 1167 y 1482, siendo transmitida dicha inmunidad doblemente por los
canónicos negros a los vecinos de la urbe de Ponte Ulla.
Nada debían por tanto los ciudadanos de la Ulla en concepto de jurisdicción a la Iglesia
de Santiago por ser viejos vasallos de la Cova, que por su parte había renunciado –en todo
o en parte– a esos gravosos derechos feudales parar poblar en 1197 el lugar del puente165. La
zona de incertidumbre con la que jugará la Mitra a finales de la Edad Media son los servicios,
pedidos y monedas, impuestos reales de pago anual e importante cuantía, cedidos a la Mitra
por los Reyes, que no podían estar como ya dijimos en el privilegio del arzobispo Martín por
datar su regulación, en toda la Corona de Castilla, del siglo xiii166.
Los tributos y derechos feudales a los que San Xoán da Cova renuncia, en 1197, para
estimular la construcción de casas junto a la iglesia de Ponte Ulla, no debieron ser distintos
de los anulados en 1168 por Fernando II en Pontevedra (luctuosa, goyosa, fosadeira…) o
en 1254 por el arzobispo en Caldas de Reis (luctuosa, gayosa, fonsadera, movidicio, maniá-
dego…)167. Podemos hablar por tanto de Ponte Ulla como un burgo monacal en el camino de
159
Ver la nota 108.
160
Fueros municipales de Santiago y su tierra, pp. 535-536.
161
Gran historiador, canónigo compostelano y párroco de Santa Baia de Vedra desde 1866; murió en su casa
de San Pedro de Vilanova en 1910.
162
Frase de tradición oral anterior a Gelmírez, Historia Compostelana, p. 297.
163
Fueros municipales de Santiago y su tierra, pp. 181, 535.
164
A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 31, mss. 56, doc. 8.
165
Pienso que con el tiempo también debieron de eliminar esos tributos del feudalismo tradicional a la parte
rural de la parroquia, siguiendo el modelo de Santiago respecto de su alfoz (Xiro, 1019) o de Caldas de Reis (1254)
en relación también con sus tierras contiguas, La ciudad de Santiago de Compostela en la Alta Edad Media,
pp. 271-273; Fueros municipales de Santiago y su tierra, p. 179.
166
Fueros municipales de Santiago y su tierra, pp. 57-58.
167
Ídem, pp. 177-179.
Compostela alentado por el Rey y sostenido por la Iglesia de Santiago. El monasterio de San
Xoán da Cova de los avanzados canónigos de San Agustín opta clara y tempranamente por
la sustitución de las rentas puramente feudales de tipo jurisdiccional por contratos agrarios
(foros) de casas, viñedos y tierras de su propiedad, lo que les permitirá medrar económicamente
beneficiándose del auge del camino y el comercio en la vía de comunicación Ourense-Ulla-
Santiago168.
El 4 de enero de 1197169 el archidiácono de la catedral, Pedro Cancel, ofrece al párroco
y los vecinos de San Xiao de Arnois (Asnoys), feligresía que limita con Ponte Ulla desde la
otro margen del río, una especie de foro colectivo para que plantar viñas en la vega de la
parroquia, con la obligación de entregar la cuarta parte al cabildo de Santiago que tenía el
señorío de Arnois. Aprovechan el foro170 para promocionar el burgo que se estaba construyendo
–dice el documento– en el pontem de Asnois. Quieren obtener ganancia de las exenciones
de tributos que se hubieran acordado, con el permiso de la Iglesia de Santiago, instalando a
vasallos del cabildo de Compostela en el burgo de San Xoán da Cova, que son gravados de
tres formas: un canon anual por la construcción de casas en el nuevo núcleo; un foro por sus
fincas allí, y un tercer canon por las viñas plantadas en la urbe en las mismas condiciones
que en la vega de Arnois. Se nos informa de que el nuevo burgo se está formando, pegado a
la calzada, más allá (ultra) y más acá (antea) del puente, visto desde Arnois171. Las tierras en
la parte de A Estrada (municipio al que hoy pertenece Arnois) estarían más al alcance de los
vasallos del cabildo para construir casas en el burgo del Ulla. Pero donde se desarrolla más el
hábitat urbano es del lado de la iglesia que acababa de hacer San Xoán da Cova con tal fin,
entre otras cosas porque había más facilidades y menos cargas tributarias. Es por ello que el
cabildo compostelano luchará tenazmente por tener tierras y viñas en el puente del lado que
controlaba el cabildo de la Cova. Prueba de las grandes expectativas –y rivalidades– que el
futuro y necesario burgo de Ponte Ulla genera desde mediados del siglo xii172.
Lo sorprendente es que, casi un siglo después de la Historia Compostelana, una autoridad
del cabildo como Pedro Cancel no sepa que el puente sobre el río Ulla se llamaba Ponte Ulla
(Pontem Ulliae según la propia Historia Compostelana)173, y no Ponte Asnois (hoy Arnois).
Esta apropiación simbólica del nombre del puente no debió de durar mucho174, aparece de
nuevo en otro documento del cabildo compostelano de 1212175. Estamos ante otra guerra
nominal bajo cuerda como aquella de Eremo / Cavea / Cova: indicio, efecto y motivación de
conflictos más profundos.
La causa en este caso es la envidia, prejuicio o molestia del cabildo de Santiago por la
iniciativa urbanizadora victoriosa del poder señorial vecino, con las bendiciones superiores:
debían pensar que rompía la unidad jurisdiccional de la Iglesia de Santiago176, y sus derechos
168
Dos ideas a la vez: en el feudalismo medieval la burguesía comercial, y asimilados, son tanto factor de
cambio como de integración, ROMERO, J. L.: La revolución burguesa en el mundo feudal, Buenos Aires, 1967;
Crisis y orden en el mundo feudo-burgués, México, 1980.
169
Publica BARREIRO SOMOZA, J.: op. cit., p. 438.
170
Verdaderamente se trata de un precedente de foro, contrato agrario que se hará común del siglo xiii en
adelante en los señoríos eclesiásticos de Galicia.
171
ex burgo qui constructus est de novo ultra ipsum pontem de Asnois in antea circa ipsam stratam, ibídem.
172
Es posible que la fundación del burgo, en 1197, viniera precedida por el levantamiento espontáneo de alguna
casa, después de la construcción de la nueva iglesia.
173
Ver la nota 137.
174
Lo que tardó en resolverse el conflicto del que hablaremos a continuación.
175
BARREIRO SOMOZA, J.: op. cit., p. 437.
176
En realidad, el apoyo del arzobispo al monasterio para construir su burgo ratificaba, y actualizaba, la in-
munidad de 1167 de las tierras de San Xoán da Cova respecto de la Iglesia de Santiago.
como canónigos… Disputa sorda, en resumidas cuentas, entre canónigos de la Ulla y canónigos
de Compostela, enmarcada en un prolongado conflicto entre el cabildo catedralicio y la Mitra
(favorecedora del burgo) por varios problemas, entre los cuales estaban unas preciadas viñas
en Ponte Ulla. Conflicto que se resolvió por medio de una concordia, en 1228, según la cual
el arzobispo Bernardo II (1224-1237) reconoce al cabildo –casi 40 años después– unas viñas
que al parecer les había donado la reina Teresa de Portugal, primera mujer de Alfonso IX177,
que las había comprado con unos “morabetinos” (maravedíes) portugueses que le había dado
su padre, Sancho I de Portugal178.
Otra prueba más, por consiguiente, de lo disputado que estaba en los siglos xii y xiii el
vino comercial de la tierra y burgo de Ponte Ulla y alrededores. El disgusto del cabildo con
los arzobispos por la escasez de ingresos de la mesa capitular, mientras crecían las rentas de
la Iglesia de Santiago, venía de medio siglo antes, del pontificado de Pedro Suárez de Deza
(1173-1206) que fue justamente quien dio por buena la “afrentosa” fundación del burgo en
el puente del río Ulla, donde la Mitra no tenía nada que perder, por ser de los monjes de la
Cova, y mucho que ganar, por tratarse de camino jacobeo y fuente abundante de vituallas
para Compostela. No querrían en suma los arzobispos echar a perder, en el tema del conflicto
por la nueva urbe y las famosas viñas, el por tantos siglos querido San Xoán da Cova179 para
satisfacer unas ambiciones del cabildo (en este caso la intromisión en un coto inmune por deseo
de la Mitra) que venían refrenando año tras año… hasta 1228, cuando la “calle principal”180
del burgo de Ulla debería estar muy adelantada y poblada.
En los siglos xiii, xiv y xv el burgo de la Ulla se desarrolla como nuevo foco de inicia-
tiva demográfica, económica y social, sustituyendo primero a la antigua parroquia monacal
de San Juan Bautista y, en una segunda fase, a la jurisdicción matriz de lo que fue el mo-
nasterio feudal de San Xoan da Cova. La parroquia de Santa María de Ponte Ulla anexiona
en el siglo xv la parroquia vecina de San Pedro de Vilanova, alcanzando la Ulla de este
modo hasta la casa de López Ferreiro, cerca del Pico Sacro. Los alcaldes de Ponte Ulla
ejercieron siempre su reforzada jurisdicción en nombre de San Xoán da Cova181, al tiempo
que del Priorato de Sar en los siglos xiv-xvi. La base de esta unidad urbe-convento estaba
sobre todo en la convergencia vivida entre burgo, alfoz y capas negras en el otoño de la Edad
Media en la “dura fragua de las libertades” y por la emancipación de las “clases siervas”182.
De forma que lo nuevo emerge sin que lo viejo –aunque muy reconvertido– desaparezca, se
ve claramente en la red viaria de Ulla que mantiene su identidad medieval hasta finales de
la Edad Media.
177
Queda claro que Alfonso IX conocía directamente y apreciaba, desde el inicio de su reinado, el potencial
agrario-comercial de una Ponte Ulla candidata desde hacía tiempo, por parte de las capas negras de la Cova, a la
constitución de un burgo jacobeo.
178
Ídem, pp. 443-444.
179
El monasterio de San Xoán da Cova se manifiesta a lo largo de su historia muy celoso, en alianza desde
el siglo xiii con su locus burguesis, de las injerencias de otros poderes señoriales en su jurisdicción matriz, coto-
parroquial.
180
A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 27, mss. 44, doc. 4.
181
Proceso que se vio favorecido por una paralela ampliación del marco de actuación del viejo monasterio, más
allá de su territorio original, en los dos márgenes del río Ulla y en el conjunto de la Tierra de Santiago.
182
Ver la nota 157.
Con documentos del siglo xv, Elisa Ferreira183 reconstruye tres caminos significativos en
la jurisdicción medieval de San Xoán da Cova / Santa María Madalena: 1) el que iba de San
Xoán da Cova por el puerto de A Retorta hasta San Pedro de Vilanova, pasando por Francés,
Galegos y Cumbraos, en dirección a Compostela; 2) el que iba de San Xoán da Cova por el
alto de A Retorta hasta Caldelas184, Ardesende y Outeiro, enlazando asimismo con San Pedro
de Vilanova hacia Compostela; 3) el que iba transversal de San Xoán da Cova a Ponte Ulla, y
viceversa, reactivado a partir del siglo xii185. El camino de Santiago para peregrinos y comer-
ciantes en su paso por la Ulla186 tenía, en consecuencia, dos variantes en los siglos xii-xv: la
que iba desde Ponte Ulla hasta A Retorta (por A Ramalleira, suponemos) para conectar con
el camino altomedieval de San Xoán da Cova, y la que, partiendo también de A Retorta, iba
hasta Caldelas (enclave rural del monasterio de la otra parte de la Sierra del Monte Sacro,
llamada en ese lugar Sierra de Caldelas), haciendo un bucle para coger caminantes de Codeso,
Boqueixón y Donas, donde el monasterio de la Cova tenía también intereses.
En el siglo ix los primeros frailes de San Xoán escogieron el lugar para vivir en comu-
nidad por su inaccesibilidad y soledad: monte abajo, pegado al río, entre altas rocas, aprove-
chando una enorme fisura geológica en la Sierra del Monte Sacro que los aislaba del mundo.
Pero ellos –y el contexto histórico– cambiaron con el tiempo, necesitando más adelante co-
municarse más y mejor por tierra con sus lugares dispersos, con el Pico Sacro y la propia
Compostela. Idearon entonces un lugar alto en la ladera izquierda (A Retorta) y otro en la
ladera derecha (Outeiro) que hicieron de distribuidores para poder atravesar el monte de
una ladao a otro, y lograr así expandirse en paralelo a lo largo de la larga Sierra del Monte
Sacro: resultó más fácil por la izquierda, favoreciendo la absorción jurisdiccional de San
Pedro de Vilanova.
183
FERREIRA, E.: Los caminos medievales de Galicia, Ourense, 1988, pp. 118-119, 121-122.
184
Hasta la construcción del AVE Orense-Santiago (2011), mis vecinos de Caldelas utilizaban el camino medieval
de A Retorta (destruido por la obra) para coger el autobús en la carretera N-525 para ir a Santiago o a Bandeira.
185
En el siglo xvi se desarrollará un nuevo camino entre el monasterio y Ponte Ulla que cambiará el paisaje
agrario de la vega, A.H.D.S., San Martín, Priorato de Sar, carp. 28, mss. 47, doc. 21.
186
La actual Vía de la Plata se fundamenta en el Camino Real de la Edad Moderna, El Camino a Santiago por
el Sudeste, Santiago, 1993, pp. 72-73; BARRIOCANAL, Y.: O camiño real de Castela a Santiago: por Ourense,
base do camiño de peregrinación Vía da Prata, Ourense, 2011.