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La Persecución Bajo El Imperio.

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Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

IV. LA PERSECUCIÓN BAJO EL IMPERIO.

1. Introducción.

En el Imperio Romano había dos modalidades de religión; la lícita y la ilícita. La religión lícita era
aquella que permitía la adoración al emperador y la ilícita la que no lo permitía. Esto tenía mucha
importancia porque el estado pretendía reforzar su autoridad por medio de la adoración al
emperador. La religión estatal era una religión oficialista y sin doctrina que solamente se practicaba
en ocasiones puntuales como testimonio de lealtad al estado. De hecho, la gente no adoraba
meramente a un hombre, bien fuese Tiberio, Calígula o Claudio, sino que el emperador era la
personificación del Imperio. Así que, en realidad, se adoraba al estado. Sin embargo, esta adoración
era de suma importancia también religiosa porque los romanos estaban convencidos de que todas
las bendiciones fluían del estado y sus dioses.1

Dentro del Imperio solamente había un grupo al que se le permitía no adorar al emperador y seguir
profesando su religión en libertad. Este grupo eran los judíos. Los motivos de esta licencia eran
variados. En primer lugar, había millones de judíos en el imperio, así que eran una minoría a tener
en cuenta. En segundo lugar, eran muy prósperos económicamente y convenía que continuasen
siéndolo en bien del Imperio. En tercer lugar, estaban bien organizados y esto les confería cierta
entidad. En cuarto y último lugar, estaban separados de otras razas y, a excepción de unos pocos
gentiles prosélitos, no afectaban al resto de la población.

El cristianismo al principio se benefició de esta situación porque los romanos confundían a los
cristianos con los judíos. De hecho, el primer cristianismo creía ser judaísmo y los judíos también lo
creían, aunque lo consideraban herético.

De esta manera no es extraño que, sin adorar al emperador, no fueran perseguidos. Entonces ¿Por
qué se empezó a perseguir a los cristianos? Básicamente por dos motivos. El primero de ellos fue
que los judíos se esforzaron en demostrar que los cristianos no eran judíos. Esto quitó la cobertura
legal de la que, hasta ese momento, disponían y se convirtieron en religión ilícita. El segundo motivo
fue que los cristianos no eran importantes. Generalmente eran pobres y sin influencia social.2 Así
que, en realidad, los cristianos no eran perseguidos por lo que hacían sino por lo que eran. Es de
esta manera que tenemos que entender textos como 1 P. 4:14-16.

1
Responde al principio romano de do ut des, es decir, doy para que des.
2
Al margen de los motivos expuestos aquí, que son los principales, hubo otros motivos secundarios por los
que fueron tremendamente impopulares y por los que fueron perseguidos. Según sus detractores era
misántropos, culpables de prácticas inmorales, hacían peligrar la seguridad del estado por medio de la
organización eclesiástica, etc.

1
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

2. LAS PERSECUCIONES EN EL SIGLO I.


2.1. la persecución de Nerón.

Nerón comenzó a reinar en el año 54 y murió en el 68 d. C. Era hijo adoptivo del emperador Claudio
a quien sucedió. En el inicio de su reinado se mostró moderado y prudente. Pablo no hubiera
apelado a él ante Festo si hubiera pensado que era el desequilibrado que después resultó ser (Hch.
25:12; 26:32). En el año 64 se produjo un gran incendio en Roma que arrasó tres de sus catorce
distritos y se acusó al emperador de haber provocado el incendio. Para esquivar las miradas Nerón
culpó a los cristianos. Pedro y Pablo, según la tradición, murieron en esa persecución.

Tácito, el historiador romano, nos narra la persecución de los cristianos por parte de Nerón. Él
mismo parece creer que el incendio de la ciudad comenzó en unos almacenes de aceite en forma
accidental. Dice que cuando fueron detenidos los cristianos «no se les condenó tanto por el
incendió como por su odio a la raza humana».3 No cree que sean culpables del incendio, pero cree
en los rumores sobre sus atrocidades y su misantropía.4

La persecución bajo Nerón es de suma importancia, no por su magnitud, ya que seguramente se


circunscribió a Roma,5 sino porque fue la primera de una larga serie. A la muerte de Nerón muchas
de sus leyes fueron abrogadas, pero el edicto contra los cristianos no.

En realidad, no sabemos si realmente se les persiguió por medio de un edicto exprofeso o se les
persiguió por medio de otras leyes sin que se promulgase un edicto contra los cristianos. Es decir,
no conocemos cuál fue la base jurídica que se utilizó para perseguir a los cristianos. Lo que sí
podemos asegurar es que la iniciativa de Nerón fue seguida insistentemente a lo largo de tres siglos
y con mayor virulencia.

2.2. la persecución de Domiciano.

No se sabe el motivo exacto de la persecución de Domiciano. Su gobierno fue recordado


negativamente tanto por cristianos como por paganos ya que sofocó cruelmente la oposición
política. La persecución religiosa fue dirigida contra cristianos y judíos. Sabemos que Domiciano era
un gran amante de las tradiciones. Es posible que viese, tanto en el cristianismo como en el
judaísmo, una amenaza a esa política.

En Roma, Domiciano hizo ejecutar a su pariente Flavio Clemente y su esposa Flavia Domitila por
ateísmo y costumbres judías.6

3
Anales, 15.44
4
Tácito no nos dice en qué consistían esas atrocidades, tendremos que esperar hasta el siglo segundo para
saber de qué se acusa exactamente a los cristianos.
5
Lo deducimos porque todas las noticias que nos llegan se limitan a la capital.
6
Son los dos únicos mártires romanos que conocemos por nombre, pero por la Carta de Clemente de Roma
a la iglesia de Corinto sabemos que fueron muchos. I Clemente 1.

2
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

De Asia Menor conocemos más sobre la persecución gracias al Apocalipsis. Este libro profético fue
escrito en medio de la persecución de Domiciano. Sabemos que no todos los cristianos eran
condenados a muerte porque Juan estaba deportado en la isla de Patmos (1:9). Apocalipsis muestra
una actitud mucho más negativa hacia Roma que el resto del Nuevo Testamento (Ap. 2:13, 17:1, 6).
Tertuliano alude al martirio de Antipas en tiempos de Domiciano y Apocalipsis llama a Roma «la
gran ramera» y «la mujer ebria de la sangre De los Santos». A Pérgamo, capital de Asia Menor, la
describe como el lugar «donde está el trono de Satanás». Teniendo en cuenta que Domiciano se
proclamó en vida Dominus et Deus (Señor y Dios),7 no es extraño que persiguiera con tanta
insistencia a una Iglesia que se mostraba firme en la certeza de que sólo Jesucristo es Dominus et
Deus.

3. LA PERSECUCIÓN EN EL SIGLO II.

Del siglo primero tenemos muchas noticias de mártires, pero muy pocos detalles sobre sus
procesos. Esta situación cambia en el siglo II. Las fuentes y documentos sobre los mártires se
multiplican. Tenemos dos tipos de fuentes primarias; las actas de los mártires y otros documentos
de diferente naturaleza.8 También los paganos empiezan a darnos noticias sobre su visión de los
cristianos. El más importante de esos documentos es la carta de Plinio el joven al emperador
Trajano que veremos más abajo.

En lo que a mártires se refiere, dos destacan de entre los demás; Ignacio de Antioquía y Policarpo
de Esmirna. Dos obispos que sellaron con su sangre la fe de la Iglesia.

3.1. La correspondencia entre Plinio y Trajano y el documento de Adriano.

Plinio el joven era gobernador de la provincia de Bitinia. La fecha de su carta está fijada entre el 111
y el 112. Según se describe en ella, los templos paganos están prácticamente abandonados, no se
encuentran compradores para la carne sacrificada y el cristianismo ha permeado incluso en el
campo.9

Plinio se da cuenta de varias cosas importantes que transmite al emperador Trajano. Por un lado,
sabe que hay leyes anteriores que proscriben el cristianismo. Por otro lado, constata que los
cristianos no han cometido ningún crimen contra el estado. También constata que Los verdaderos
cristianos se niegan a adorar a los dioses por duras que sean las penas. Como ya vimos más arriba
negarse a la idolatría era el auténtico problema ya que ponía en cuestión toda la política imperial.
La carta está motivada porque Plinio no sabe cómo proceder con los cristianos.

7
Los emperadores anteriores habían sido divinizados solamente tras su muerte.
8
Los más valiosos de entre estos documentos son las siete cartas de Ignacio de Antioquía.
9
El hecho de que el cristianismo estuviera presente en el campo es indicador de una profunda penetración.
Fue el campo, en latín pagus, el último reducto de la religión romana y de ahí el nombre de paganismo.

3
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

De lo que transmite Plinio podemos constatar que los cristianos eran castigados, no por crímenes
antes de ser delatados, sino por el crimen ante el tribunal, es decir, por no adorar a los dioses del
estado y al emperador. Trajano le responde que no hay que perseguirlos y tampoco hay que aceptar
delaciones anónimas, cosa propia de la época de Domiciano. Sin embargo, si son denunciados y se
niegan a adorar a los dioses deben ser castigados.10

La respuesta de Trajano no estaba improvisada. Esta fue la política imperial para todas las provincias
del Imperio durante todo el siglo segundo y buena parte del tercero; no buscarles, pero si se les
denunciaba castigarles.

Otro documento importante del siglo II es un rescripto dirigido al gobernador de Asia, Cayo Minucio
Fundano, de parte del emperador Adriano. Está fechado alrededor de los años 124-125. Es
respuesta a la carta del anterior gobernador, Serenio Graniano, que dejó el cargo antes de recibir
respuesta. El exgobernador tenía dudas sobre los juicios a los cristianos y le parecía injusto
condenarlos sin juicio previo solo para satisfacer al pueblo. En su respuesta, Adriano introduce
algunas innovaciones con respecto a Trajano y pone el acento en el castigo debido a aquellos que
acusan falsamente o sin pruebas.

Si nos fijamos bien, vemos que la correspondencia conservada con consultas sobre el cristianismo
es de la parte oriental del Imperio. Esto es debido a que fue aquella porción la que mayor número
de cristianos tenía.

3.2. Ignacio de Antioquía.

Un ejemplo de todo lo que estamos viendo lo tenemos en Ignacio. Ignacio era obispo de Antioquía,
fue detenido alrededor del año 107 y condenado a morir por negarse a adorar a los dioses. Fue
conducido a Roma para servir de entretenimiento en los juegos que celebraron la victoria de
Trajano sobre los dacios. Solo sabemos de él por sus cartas y por el escrito de Policarpo de Esmirna.

Su conexión con los apóstoles parece segura. Jerónimo de Estridón decía que fue discípulo del
apóstol Juan. Juan Crisóstomo, que era antioqueño, aseguraba que Ignacio fue consagrado como
obispo de esa ciudad por los apóstoles Pedro y Pablo.

Aunque iba detenido pudo recibir libremente la visita de otros cristianos. Esto es muestra de la
política de no detener si no había denuncia y de la diversidad de situaciones a lo largo del Imperio,
tantas como provincias y gobernadores provinciales había.

Ignacio escribió siete cartas, la más importante de ellas es la que escribió a la iglesia en Roma
porque nos da cuenta de cómo afrontó aquella situación. 11 Parece que los cristianos de la capital

10
Tertuliano, cien años más tarde, dirá de esta sentencia «¡Oh sentencia necesariamente confusa! Se niega
a buscarles como a inocentes; y manda que se les castigue, como a culpables [...]!»
11
Sus cartas fueron dirigidas a distintos destinatarios; la iglesia de Magnesia, de Trales, Éfeso, Esmirna, otra
a Policarpo, obispo de Esmirna, que fue mártir sobre el año 155, a la iglesia de Filadelfia y a la de Roma.

4
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

querían hacer gestiones para liberarlo, pero él se negó. El objetivo de Ignacio era ser imitador de
Jesucristo, decía al respecto; «Permitidme ser un imitador de la pasión de mi Dios».12

En seis de sus cartas combatía ciertas herejías; docetismo, judaísmo, gnosticismo. Este es un dato
muy interesante porque vemos el gnosticismo combatido por cristianos ya a finales del siglo I y
principios del II. Otro tema que trató en sus escritos fue la lealtad debida a los obispos. Todo ello
estaba motivado por las dos grandes preocupaciones que tuvo al escribir sus cartas que fueron las
herejías y las divisiones que estas habían provocado. Para Ignacio, la base de la unidad de la iglesia
eran sus obispos. Aquí ya vemos en marcha la idea incipiente de sucesión apostólica que se
consolidaría más tarde.

3.3. Policarpo de Esmirna.

Según la tradición de la Iglesia, Policarpo, al igual que Papías de Hierápolis e Ignacio de Antioquía,
fue discípulo del apóstol Juan. A su vez, Ireneo, obispo de Lyon, fue discípulo de Policarpo. Es
precisamente Ireneo quien nos da información sobre su maestro.13

Policarpo fue detenido en el reinado de Antonio Pío sobre el año 155. Antes de ser detenido huyó
hasta en dos ocasiones. Solo se entregó cuando llegó a la convicción de que esa era la voluntad de
Dios. Ante las invitaciones del Procónsul a que renegase de la fe, Policarpo pronunció la célebre
frase «Llevo ochenta y seis años sirviéndole, y ningún mal me ha hecho ¿Cómo he de maldecir a mi
rey que me salvó?».

Las actas que nos narran su martirio ven con malos ojos los llamados espontáneos, es decir, aquellos
que voluntariamente se entregaban al martirio. Según estas actas, el suplicio no debe ser buscado,
sino aceptado cuando es la voluntad de Dios y no la nuestra. Sin embargo, no fue la opinión de
todos y a lo largo de los más de tres siglos de persecuciones hubo muchos espontáneos.

De las varias cartas que Policarpo escribió a Iglesias vecinas y a otros obispos, nos ha llegado sólo
una Epístola a los Filipenses. En esta carta se insiste en varias doctrinas importantes como lo es que
Cristo fue realmente hombre y realmente murió;14 que hay que obedecer a la jerarquía de la
Iglesia,15 que hay que practicar la limosna y que hay que orar por las autoridades civiles.

3.4. La persecución de Marco Aurelio (161-180).

Un emperador especialmente importante e involucrado en la persecución a los cristianos fue Marco


Aurelio. Marco Aurelio fue un estoico convencido y por ello alababa a aquellos que preferían dejar
el cuerpo. Sin embargo, no podía entender a los que lo hacían por obstinación como era el caso de
los cristianos.

12
Ignacio de Antioquía, Romanos 4:6
13
Ireneo de Lyon, Adv. Haer., III:3, 4
14
Argumento apologético contra el docetismo.
15
Énfasis que pronto llevaría a la idea de sucesión apostólica.

5
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

En los primeros años de su reinado las calamidades se cernieron sobre el Imperio ya que se
sucedieron invasiones, inundaciones, epidemias, etc. Entre la población corrió la idea de que las
calamidades venían a consecuencia de los cristianos. Aunque no hay indicios de que Marco Aurelio
pensara de veras que la culpa era de los cristianos, sin embargo, parece que apoyó la persecución
contra ellos. Según Melitón de Sardes, obispo de esa ciudad a finales del siglo II, bajo el reinado de
Marco Aurelio, surgieron nuevos edictos en relación a los cristianos.

En época de Marco Aurelio se dieron varios martirios importantes como los de la viuda Felicidad y
sus siete hijos, el martirio de Justino Mártir y también de esta época son las importantes Actas de
los mártires de Lyon y Vienne. 16

3.5. Hacia el fin del s. II.

En el año 180, a la muerte de Marco Aurelio le sucedió su hijo Cómodo con quien había gobernado
en los últimos años del reinado. Aunque bajo su mando hubo martirios esporádicos, parece que no
hubo un clima generalizado de persecución. Tras el gobierno de Cómodo vino un tiempo de guerra
civil en el que los cristianos gozaron de una cierta tranquilidad.

4. LA PERSECUCIÓN EN EL SIGLO III.

En el siglo III la unidad imperial se veía amenazada a todos los niveles, también en el religioso. Así
que el Imperio se dedicó a restaurarla persiguiendo a los cristianos. Aunque hubo varios
emperadores que destacaron en este propósito vamos a ver solamente los dos más importantes.

4.1. Septimio Severo.

Septimio Severo consiguió hacerse con el poder poniendo así fin, por lo menos de momento, a las
guerras civiles. Su política tuvo varios objetivos principales; Evitar las guerras internas,
impermeabilizar las fronteras y unificar todas las religiones en el culto al Sol Invicto, una divinidad
que se había hecho muy popular entre los militares. Es decir, su política religiosa no fue un regreso
al paganismo clásico, sino al sincretismo.

Ocurría que había dos grupos que se oponían ferozmente a esta política. Estos dos grupos eran los
judíos y los cristianos. Así que, para evitar la expansión de estas dos religiones, el emperador optó,
no por perseguir, sino por prohibir las conversiones bajo amenaza de muerte. A este efecto
promulgó un edicto en el año 202.

¿Cuál fue el motivo específico para el edicto? Había dos cosas que el emperador deseaba y para lo
cual legisló; reforzar el matrimonio con fines de procreación y reforzar las fronteras del Imperio por
medio del ejército. Algunos sectores del cristianismo se oponían a la entrada de los cristianos en
los ejércitos imperiales y algunos grupos radicales, como los montanistas, abogaban por el celibato.

16
Justino Mártir fue uno de los primeros intelectuales cristianos que intentaron armonizar fe y razón.

6
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

Así que la prohibición, seguramente, fue provocada por estas actitudes extremas. Severo se oponía
a estos grupos en particular, pero la realidad es que fue toda la Iglesia la que se vio afectada. El pico
de la persecución se dio en los años del 202 al 203.

4.2. Decio.

La persecución de Decio del año 250 d.C. marca un antes y un después en la historia de las
persecuciones. Anteriormente se daban persecuciones más o menos locales, pero a partir de Decio
se hacen sistemáticas y generales.

El emperador Decio tuvo que seguir luchando contra los bárbaros que permeaban las fronteras y
contra una economía en caída libre. Esto provocó la búsqueda de soluciones drásticas. Al contrario
que el nuestro, el razonamiento antiguo no era exclusivamente político, económico o social y la
religión era tomada como un factor causal de primer orden. En este sentido, Decio era un hombre
típicamente romano que creía que el Imperio estaba en crisis porque el pueblo había abandonado
a los dioses que habían hecho grande a Roma. Por ello exigió que todos debían sacrificar ante ellos.
Solo sacrificando se obtenía un certificado sin el cual la persona era considerada proscrita.

Puesto que no se proponía eliminar a los cristianos, ya que no quería mártires, lo que consiguió
fueron apóstatas. El problema para la iglesia, curiosamente, vino cuando cesaron las persecuciones.
En medio de esa relativa paz muchos de los apóstatas querían ser readmitidos en el seno de la
iglesia, pero ¿Cómo había que restaurarlos? Las respuestas diversas a estas preguntas provocaron
un cisma en el norte de África que duró por largos siglos.

5. LA PERSECUCIÓN EN EL SIGLO IV.

Después de las persecuciones de Septimio Severo y Decio, la iglesia gozó de una paz relativa.
Aunque los detalles no están claros del todo, parece ser que Galieno, emperador entre el 253 y el
268, habría promulgado un edicto de tolerancia hacia los cristianos en el 260. Esto dio un respiro a
la iglesia y le permitió seguir creciendo. Sin embargo, a finales del siglo III e inicios del IV se desató
la más terrible de todas las persecuciones con el emperador Diocleciano.

Diocleciano pretendía la unidad del imperio a todos los niveles; político, económico, militar y
también moral. Todo ello formaba parte de una apuesta por restaurar la unidad religiosa en torno
al paganismo.

El cristianismo había permeado en la sociedad a todos los niveles. Así, por ejemplo, Prisca y Valeria,
la hija y esposa, respectivamente, de Diocleciano, eran cristianas. También el gran chambelán,
Doroteo, era cristiano. En el pasado ya se había dado el caso de cristianos en la familia imperial.17
La diferencia estaba en que ahora, al contrario que en el siglo I, el fenómeno era mucho más
evidente y estaba generalizado.

17
Recordemos el caso de Domiciano.

7
Historia de la Iglesia Jonatan Mega Fernández

Los primeros conflictos con el cristianismo comenzaron en el ejército. La mayoría de los autores
cristianos de la época opinaban que los cristianos no debían formar parte del ejército. Esto no era
tanto por pacifismo como por las ceremonias de tipo pagano a las que estaban obligados los
soldados. Esto provocaba conflictos en las legiones que el estado no estaba dispuesto a tolerar.

Las primeras medidas se dieron en el ejército en el año 302. Inicialmente no preveían el


derramamiento de sangre, sino la expulsión. Los cristianos recibieron la orden de renegar de su
religión o de abandonar el ejército. Sin embargo, en el 303, por medio de cuatro edictos
consecutivos se desató la llamada Gran Persecución. Aunque la Iglesia ya había padecido muchas
persecuciones, esta tuvo un carácter general y sistemático sin precedentes. Los cuatro edictos del
año 303 iban mucho más allá que las primeras medidas del 302. En el primer edicto se prohibía el
culto cristiano y se ordenaba también la destrucción de las iglesias, los libros y los objetos de culto.
Los cristianos también perdían sus derechos públicos y sus dignidades. En el segundo edicto se
encarcelaba a los clérigos y se les obligaba a sacrificar. En el tercero se concedía la libertad a todo
aquel que realizase sacrificios a los dioses romanos y en el cuarto edicto se obligaba a todo el mundo
romano a sacrificar bajo la amenaza de pena de muerte. Ante esta situación hubo numerosísimos
mártires por todo el imperio oriental, concretamente en Asia Menor, Palestina y Egipto.

Finalmente, Galerio, que gobernó juntamente con Diocleciano en la llamada tetrarquía y que era el
más ferviente perseguidor de la iglesia, permitía a los cristianos el ejercicio de su culto por medio
del Edicto de Tolerancia de Nicomedia en el 311.

Sin embargo, fue el Edicto de Milán del año 313, ya bajo el emperador Constantino, el que inauguró
una nueva política religiosa en el Imperio. La Iglesia dejaba de estar definitivamente perseguida. No
solamente eso, sino que Teodosio I por medio del Edicto de Tesalónica del año 380, convertía al
cristianismo en religión oficial del imperio. La Iglesia había pasado de ser perseguida a ser protegida,
o quizás debiéramos decir utilizada por el Imperio.

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