Estrategia de Defensa de Japón 2023
Estrategia de Defensa de Japón 2023
1. Introducción
Japón es un lugar montañoso y distante, frecuentemente asediado por tifones
y sacudido por terremotos. Cuenta con escasas tierras cultivables e insuficientes
recursos naturales. Este país parecería un lugar poco probable para el surgimiento
de uno de los más poderosos Estados-nación en el mundo. Japón es un archip-
iélago situado en el nordeste de Asia, que comprende cuatro grandes islas, así como
las islas Ryūkyū y Okinawa. Si se suman las numerosas pequeñas islas cercanas
(6.852), la extensión de Japón sería de 378.0 0 0 km² (más extensa que Gran Bretaña
o Alemania), equivalente al 0 ,3% de la superficie terrestre del mundo (Statistics
Bureau, 20 15: 2). Las aguas territoriales y la zona económica exclusiva del Japón,
de las cuales reclama jurisdicción y a las cuales los japoneses llaman los mares del
Japón, cubren aproximadamente 4,4 millones de km², constituyéndose en la sexta
zona marítima más grande del mundo. Los mares del Japón son además profundos,
abarcando alrededor de 15,8 millones de m³ de agua, por lo que en comparación
con el volumen de agua en los mares de otras áreas del globo, los mares del Japón se
sitúan como el cuarto más grande del mundo (Yamada, 20 11: 358).
A lo largo de la historia, las tres planicies (Kanto, Yamato y Nobi) le han
suministrado a Japón con su máximo potencial agrícola, y han servido de centro
1 Este capítulo del libro forma parte del proyecto de investigación de la Maestría en Seguridad y Defensa
Nacionales, titulada «Desafíos y nuevos escenarios de la seguridad multidimensional en el contexto nacional,
regional y hemisférico en el decenio 20 15-20 25 », el cual forma parte del Grupo de investigación Centro de
Gravedad de la Escuela Superior de Guerra General Rafael Reyes Prieto, reconocido y categorizado en (A) por
Colciencias, con el código COL0 10 4976.
252 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
caracterizaban por tener puño de hierro (eran el poder detrás del trono) y se encar-
garon de mantener la paz. Estos shoguns dominantes reforzaron el sistema de clases
e impusieron estrictos controles sobre el contacto de Japón con el mundo exterior
(Gepson, 20 0 3). En esta época Japón se sumió en un aislamiento al mundo exte-
rior, ya que, además de la política determinada por estos gobernantes, su condición
geográfica netamente insular hacía más propicia una condición de apartamiento.
Este esquema de aislamiento implantado por el shôgunato fue un factor deter-
minante en la caída de esta forma de gobierno. A esta le sucedió la dinastía imperial,
que siempre ha estado marcada en la cultura nacional nipona. En el periodo 160 3-
1868, Japón estuvo gobernada por el shôgunato del clan Tokugawa. A mediados
del siglo XIX, ocurrió un incremento de las presiones políticas y económicas de las
potencias occidentales y esta situación llevó al infortunio y posterior resentimiento
de Japón por la firma de tratados desiguales, como el Tratado de Paz y Amistad con
los Estados Unidos (Tratado Kanagawa, 1854). A este le siguieron sucesivos trat-
ados de amistad y comercio con las cinco potencias: los Estados Unidos, Holanda,
Rusia, Gran Bretaña y Francia (Tratados Ansei, 1858). Posteriormente, los enfren-
tamientos que ocurrieron entre Japón y las potencias aliadas ocasionaron una
profunda crisis política y social en el país, que condujo a la capitulación del último
shogun, Tokugaua Yoshinobu. De esta manera, se restauró el gobierno imperial de
Mutsuhito, quien adoptó el nombre de Meiji y trasladó su residencia desde Kioto
a Tokio (Rodríguez, 20 0 9).
La restauración del poder por parte del emperador permitió mantener una
identidad nacional, basada en la cultura de la obediencia con gran poder e influencia
en su pueblo. El emperador obtuvo el manejo militar y político del país y proclamó
en 1868 el Gokajô no Goseimon (juramento de los 5 principios) que trataba de
señalar las bases del Estado moderno y se comprometía públicamente a constituir
un gobierno representativo japonés. Con este juramento se pretendía restaurar las
libertades del pueblo, en sustitución del poder feudal del shôgun. Posteriormente,
se aprobaron la Constitución Meiji de 1889 y el edicto imperial de educación de
1890 (de inspiración confuciana). Estas leyes constituían la identidad nacional y la
base para la soberanía del emperador (Rodríguez, 20 0 9). Estos eventos permitieron
fortalecer la identidad nacional del país y forjar una fuerte adherencia de la figura y
el poder del emperador en el Japón.
que tomará este país para su expansión y participación en los futuros conflictos y
guerras en el Pacífico.
Inicialmente, se plasmaron los planes para la expansión, a saber; Muto y Otu. El
primero se basó en la expansión pacífica en China Oriental y Manchuria incluyendo
Tailandia, Indochina, Filipinas, Indonesia, Malasia y las islas del Pacífico Central.
El segundo trataba de una expansión hacia la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas (URSS) en Siberia. Como resultado, ambos planes terminaron con la
derrota y retirada de las tropas japonesas (Cirstea, 20 13). Este conflicto se enmarcó
en una larga guerra de 15 años desde 1930 hasta 1945, periodo descrito en la
Conferencia del Este (julio de 1927). Posteriormente, se elaboró el Memorandum
Tanaka, por medio del cual los intereses de Japón se promovieron en China, el
Sudeste Asiático y el Pacífico Sur (Cirstea, 20 13). Un hecho para resaltar durante
este período es el estallido de la Segunda Guerra Mundial. El memorando de Tanaka
marca un incremento de la violencia por parte de Japón, ya que la necesidad de
expansión territorial implicaba el uso de la fuerza y la utilización del aparato militar
creado para este fin. Japón debía, en atención a los planes y políticas del momento,
adherirse a los territorios circundantes, con el fin de obtener los suministros sufi-
cientes para mantener su esfuerzo militar y cumplir objetivos de ampliación del
territorio y la toma de recursos naturales inexistentes en el país.
En una acción militar ofensiva, Japón decide destruir la flota naval de los
Estados Unidos en el Pacífico, esto se materializa con el ataque a Perl Harbor el
7 de diciembre de 1941. Esta acción que pudo significar el principio del fin de la
participación japonesa en la guerra. Al atacar a los Estados Unidos, Japón logra la
declaración de guerra contra un enemigo que superaba su alcance militar y «que
poseía una superioridad industrial diez veces superior » (Record, 20 0 9).
Después de una cruel, fuerte, pero exitosa campaña militar de los aliados para
retomar los territorios ocupados y, solo después de la explosión de dos bombas
atómicas en territorio japonés, el 15 de agosto de 1945 el emperador Hiroito
pronuncia un discurso al pueblo en el que anunciaba la rendición de Japón. En esta
fecha se inicia una reforma política estructural en el país nipón, bajo la imposición
y control de los Estados Unidos.
Hasta el momento de la rendición, el emperador era considerado un descen-
diente directo de la diosa del Sol (Shintoismo), razón por la que estaba idealizado
en el Japón como una forma de saisei itshi «unión de la religión y gobierno» o teoc-
racia (Rodríguez, 20 0 9). El significado que esta figura nacional tenía para el pueblo
japonés debía ser manejada por parte de los Estados Unidos, con el fin de llegar y
arraigarse en lo más profundo de sus las tradiciones y cultura.
256 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
táctica para que las fuerzas extranjeras, consideradas por China, militarmente más
poderosas que ella misma, se peleen entre sí. De esta manera, se excluye a China del
conflicto por considerarse un ser supremo (Murakami, 20 11, p. 25). Por otro lado,
la noción la noción europea de equilibrio de poder se opone a esta aproximación de
manera contundente. En el concepto europeo el fin supone el establecimiento de
un sistema de normas prácticas de conducta que controla a todos los actores.
De esta manera, el mundo de la civilización china existió aislado de la política
europea por mucho tiempo, mientras que las potencias europeas expandieron
su presencia e influencia en el mundo entero. Así, durante la segunda mitad del
siglo XIX, China y Japón fueron incorporados al sistema de tratados y formaron
un subsistema del sistema europeo de Estados. Entre tanto, para lograr un equi-
librio de poder en la zona Asia-Pacífico, se tomó como base el equilibrio entre el
grupo de países marítimos de Gran Bretaña, Francia, Países Bajos y Alemania, y la
única potencia en el continente asiático, Rusia (Fernandez-Osorio, 20 16; Arango
Morales, 20 18).
Cabe anotar que, luego de las disputas entre las potencias imperialistas de
Europa, China se encontraba semi colonizada. Las penínsulas y los archipiélagos
alrededor de ella (zonas de amortiguamiento como Arabia, India, Malasia,
Indochina, Indonesia, Filipinas y Corea, entre otras) se convirtieron en colonias
europeas en el mapa del orden mundial.
Posteriormente, los Estados Unidos y Japón asistieron a la competencia
imperialista en esta zona y se requirió establecer un nuevo equilibrio de poder.
Los Estados Unidos expandió su presencia en la zona como potencia del Océano
Pacífico a fines del siglo XIX. Por su parte, Japón se posicionó como potencia en el
Extremo Oriente, luego de formar una alianza con Gran Bretaña y conseguir apoyo
de Francia y Rusia (Triple Entente). Bajo estas circunstancias, se llevó a cabo la
Conferencia de Washington entre 1921 y 1922 con el fin de limitar la fuerza militar
de las potencias en Asia del Este. Sin embargo, este orden provisional se derribó
en la década de 1930 , en razón a que el régimen de Washington provocó la irrup-
ción acelerada de Japón. Los Estados Unidos expandió su presencia e influencia en
Eurasia y este suceso que estuvo vinculado estrechamente con la Segunda Guerra
Mundial, la caída rápida del orden en Asia-Pacífico y la Guerra del Pacífico entre
los Estados Unidos y Japón (1941-1945).
Durante la guerra, cuando la derrota alemana y japonesa eran cuestión de
tiempo, Gran Bretaña, los Estados Unidos y la Unión Soviética, se reunieron
en Yalta (1945) para discutir el orden mundial en la posguerra. Durante este
encuentro, los Estados Unidos pidió a la Unión Soviética hacer caso omiso del
258 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
En plena Guerra Fría, los Estados Unidos tenía la intención de asegurar que la
posición estratégica del Japón y el potencial industrial no se alejaran de la estrategia
de «contención» de occidente. Gracias al otorgamiento de recursos financieros,
tecnológicos y militares norteamericanos, se le permitió a Japón concentrarse en
sus objetivos nacionales.
Con todo, para los Estados Unidos, el fundamento de la Alianza fue ganar la
lucha entre la democracia liberal capitalista y el comunismo y velar por sus intereses
de equilibrio ideológico y geopolítico global (Chanlett-Avery & Rinehart, 20 16).
Por su parte, para Japón la Alianza era una conveniencia necesaria para ser explotada
de acuerdo con la propia agenda política definida dentro del país.
Para la década de 1980 , Tokio cambió su postura para responder en un grado
limitado a la intensificación de las presiones de la Guerra Fría, mientras que los
Estados Unidos pidió que se compartiera la carga. De esta manera, Japón amplió
su acumulación cuantitativa y cualitativa de defensa por medio de: 1). La Fuerza
de Autodefensa Terrestre (GSDF) al cambiar sus fuerzas pesadas y despliegues de
tanques a Hokkaido; 2). La Fuerza de Autodefensa Aérea (ASDF) al adquirir inter-
ceptores avanzados; 3). La Fuerza Marítima de la Autodefensa (MSDF) al adquirir
gran número de destructores para la guerra antisubmarino (ASW); y 4). La patrulla
de los carriles del mar para proporcionar un protector defensivo con algo de proye-
cción de poder ofensivo contra la URSS.
Sin embargo, las capacidades militares del Japón permanecían sustancial-
mente centradas en la defensa de su propio territorio. El país todavía carecía del
alcance correspondiente en lo que respecta a las capacidades de proyección de poder
y tenía interoperabilidad efectiva con las fuerzas estadounidenses. Cabe anotar que,
en el período posterior a la Guerra Fría, las prioridades no solo de Japón, sino de
la alianza Estados Unidos-Japón y de la propia comunidad internacional, se trans-
formaron. Esto obligó a las Fuerzas de Autodefensa de Japón (JSDF) a repensar
sus misiones y capacidades. Entretanto, en Asia oriental, los problemas de segu-
ridad que giran en torno a Corea del Norte, Taiwán y el ascenso de China han
persuadido a los dirigentes japoneses de la necesidad de impulsar sus capacidades de
defensa nacional. Existe una necesidad por satisfacer las exigencias de Washington
de fortalecer la Alianza bilateral para hacer frente a contingencias en toda la región.
En el ámbito mundial, la guerra del Golfo de 1991 se materializó como una
prueba para mejorar las relaciones entre los Estados Unidos y la URSS. Frente a esta
situación el Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por las rivalidades entre
las superpotencias durante la Guerra Fría, lideró la respuesta internacional a la crisis
con la legitimación del uso de la fuerza militar por parte del Consejo de Seguridad
260 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
japonés. A pesar del malestar de la población japonesa por el efecto negativo que
las bases aéreas tienen en la vida diaria local, resulta de vital importancia en la lucha
contra el desarrollo del programa nuclear de Corea del Norte. Esta problemática
se ha venido enfrentando desde el año 20 0 3 en las denominadas «Conversaciones
a Seis Bandas» junto con los Estados Unidos, Corea del Sur, China y Rusia. Estas
naciones buscan la implementación de una solución pacífica al programa nuclear
de Corea del Norte, como respuesta a la retirada norcoreana del Tratado de No
Proliferación Nuclear.
Las negociaciones tuvieron su punto álgido en la tercera fase de la quinta
ronda en febrero de 20 0 7, cuando Corea del Norte acordó cerrar sus instalaciones
nucleares a cambio del suministro de combustible. Desde entonces, las relaciones
entre los gobiernos de Tokio y Pyongyang mejoraron considerablemente hasta
abril de 20 0 9, cuando el gobierno norcoreano lanzó un cohete de largo alcance
al Pacífico. Este acto fue condenado por el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas por vulnerar la Resolución 1718/20 0 6 por la que se aprobaban el uso de
sanciones económicas por la conservación y el desarrollo de misiles balísticos de
armas nucleares.
La respuesta del gobierno norcoreano consistió en la retirada de las conversa-
ciones y la expulsión de todos los inspectores nucleares del país. Entre tanto, Japón
decidió prohibir la entrada de determinados buques norcoreanos a los puertos
japoneses y establecer sanciones al cambio de divisas. Los cambios en el panorama
de seguridad de Asia oriental han moldeado el enfoque y el aparato de defensa de
Japón. La retórica beligerante de Corea del Norte y las repetidas pruebas de misiles
balísticos han aumentado la sensación de amenaza en Japón. Los avances militares
de China y las actividades marítimas cada vez más audaces también han exacerbado
el sentido de vulnerabilidad de Japón, particularmente desde que la confrontación
sobre un conjunto de islotes en el mar de China Oriental comenzó a intensificarse
a finales de 20 10 .
Sumado a las provocaciones por parte de Corea del Norte y las operaciones
marítimas cada vez más agresivas de China desde 20 10 , se encuentra que, entre
20 0 7 y 20 12, el liderazgo inestable y la parálisis política en Tokio ralentizaron
algunos valores bilaterales e iniciativas. Sin embargo, en última instancia los distur-
bios que plagaron la política japonesa reforzaron el compromiso de Japón con
la alianza. Finalmente, tanto el PDJ de izquierdas como el Partido Conservador
Liberal Democrático (PLD) reafirmaron la centralidad de la asociación con los
Estados Unidos.
262 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
intensos debates, Tokio envió una flotilla de 6 dragaminas una vez finalizado el
conflicto, interpretando que la tarea de desminar no era una intervención extran-
jera, sino que era una actuación en defensa de los navíos comerciales japoneses. Este
evento marcó el inicio del despliegue de las SDF fuera de las fronteras de Japón
(Kesavan, 20 10 ). Posteriormente, las Fuerzas Armadas japonesas se desplegaron
en operaciones de sostenimiento de la paz de la ONU y en misiones de asistencia
humanitaria. Así las cosas, el cambio de paradigma ocurrió en el año de 1992 con
la aprobación de la Ley de Cooperación Internacional para la Paz y la modificación
de la Ley de Envío de Efectivos Japoneses en Asistencia Humanitaria. Esto permitió
el despliegue de las Fuerzas en el exterior, tanto en operaciones de sostenimiento de
la paz de la ONU como en misiones de asistencia humanitaria.
Ahora bien, a pesar de la aprobación de esta legislación, las JSDF continúan
siendo una fuerza defensiva, incapaz de hacer uso de la fuerza en casos diferentes a
los de defensa propia. Su definición se separa del derecho a la defensa colectiva. Es
decir, según la actual interpretación legal, las JSDF no pueden usar la fuerza para
defender a sus aliados. Desde la aprobación de estas dos leyes Japón ha mantenido
un activo papel en el despliegue de sus tropas en el extranjero, con la participación
en 27 misiones entre operaciones de sostenimiento de la paz y asistencia humani-
taria. Además, con la aprobación de leyes específicas para cada caso, las JSDF se han
desplegado en 4 misiones más: Dos misiones de apoyo en la lucha antiterrorista,
reponiendo combustible a navíos aliados en el Océano Índico de 20 0 1 a 20 0 7 y
de 20 0 8 a 20 10 ; y una misión en territorio iraquí, con un contingente dedicado a
tareas de reconstrucción y apoyo humanitario entre 20 0 3 y 20 0 9.Una misión para
combatir la piratería en las costas de Somalia y en el Golfo de Adén, que se inició
en 20 0 9 (Kesavan, 20 10 ).
2 Abe empezó a preparar la reforma constitucional cuando ocupó el cargo de primer ministro por
primera vez en septiembre de 20 0 6: «El Artículo 96 de la Constitución estipula que para proponer una enmienda
se requiere el apoyo de dos tercios de los miembros de ambas cámaras de la Dieta, y que para aprobarla debe
obtenerse el voto de la mayoría de los ciudadanos en un referéndum nacional; pero el texto no detalla el proto-
colo para proponer la enmienda en la Dieta ni el sistema para convocar el referéndum. Por eso el primer ministro
Abe se encargó de definir esos detalles ya en su primera legislatura» (Masamitsu, 20 16). Tras un primer mandato,
Abe retomó las riendas del Gobierno en diciembre de 20 12 con la vista puesta en reducir de dos tercios a una
mayoría el apoyo parlamentario que exige el Artículo 96 de la Constitución para proponer una reforma. Sin
embargo, al fracasar dicha iniciativa, Abe se propuso enmendar el Artículo 9 de la Constitución, modificando
su interpretación para poder ejercer, aunque de forma limitada, el derecho a la autodefensa colectiva al que el
Gobierno nipón no tenía acceso hasta el momento. De esta manera, sirviéndose de la nueva interpretación, en
septiembre de 20 15 Abe logró aprobar, pese a la dura resistencia de la oposición, una nueva legislación de segu-
ridad que ampliaba el rango de acción de las Fuerzas de Autodefensa (Masamitsu, 20 16).
3 Japón comenzó a contribuir con militares a las misiones de sostenimiento de la paz de las Naciones
Unidas en Camboya (untac), Mozambique (onumuz), los Altos del Golán (undof), Timor Leste (unamet,
untate y unmiset) y un amplio elenco de misiones que discurren por la geografía de varios continentes en
Sudán, Sahara Occidental, Haití, Liberia, Costa de Marfil, Burundi, Eritrea, Chipre, Kosovo, Líbano, Georgia y
la India, entre otros.
Capítulo 13. La estrategia de defensa del Japón: hacia la normalización de sus fuerzas de seguridad 265
con los aliados del Tratado de Paz de 1951, y que se basa en una posición aislada y
pacifista.
De esta manera, desde la reelección del Primer Ministro, y, en relación con
los países vecinos del sudeste asiático, se proclamaron los principios en materia de
política exterior. Estos se resumen de la siguiente manera: 1). Protección y promoción
de valores universales como la libertad; 2). Promoción de la democracia y los dere-
chos humanos básicos; 3). Promoción del comercio y la inversión; y 4). Protección
y fomento del patrimonio cultural de los pueblos asiáticos. Políticamente, la agenda
de seguridad de Abe4, está diseñada para que Japón se involucre más en el mundo
y sea capaz de ser un socio de fiar con sus aliados y en particular con los Estados
Unidos. En tal sentido, su agenda pretende generar una política más dinámica y
proactiva en materia defensiva.
Dicha iniciativa viene construyéndose desde el año 20 14 cuando el parla-
mento nipón aprobó dos leyes de notable relevancia en materia de defensa. La
primera de ellas permitía a Japón proporcionar apoyo logístico a los países que
participan en las misiones de sostenimiento de paz de las Naciones Unidas. Esta
acción estaba prohibida por una ley que impedía el apoyo militar a los participantes
en un conflicto armado sin distinción de aquellos que participaran en misiones de
las Naciones Unidas.
El segundo proyecto de ley legitimaba el concepto de autodefensa colectiva
como derecho de Japón a asistir a otros países que están bajo ataque en función
de sus propios intereses. Aunque contenido en el Artículo 51 de la Carta de las
Naciones Unidas de San Francisco, estaba prohibido bajo la Constitución vigente
(Constitución Política de Japón, 1947). Con dichas modificaciones, se concibe el
derecho a la autodefensa colectiva como una prolongación del derecho a la auto-
defensa individual y en su ejercicio, como una forma de defender a Japón. Esto
considera la colaboración de las Fuerzas de Autodefensa con otros países como un
medio de contribuir a la comunidad internacional (Hirotaka, 20 15)5.
4 Durante la campaña electoral por la cámara baja, Abe prometió cambiar la Constitución para hacer
frente a la tensión por las continuas pruebas de misiles por parte de Corea del Norte. Una vez obtenida la
mayoría conservada en ambas cámaras del Parlamento, Abe intentó dar continuidad a su proyecto de revisar la
Constitución pacifista, impuesta en 1947 por los Estados Unidos tras la rendición de Japón al final de la Segunda
Guerra Mundial, cuyo Artículo 9 establece la renuncia «para siempre» a la guerra (Hanai, 20 17).
5 En el contexto de las alianzas internacionales, el Artículo 5 de la otan y el Artículo 5 del Tratado
Bilateral de Cooperación y Seguridad entre los Estados Unidos y Japón, se interpretan bajo el llamado «deber
del Artículo 5». En este contexto, en épocas de Guerra Fría, la otan no ejerció nunca el deber del Artículo 5. La
única vez que se aplicó, fue en el ataque de las fuerzas de la coalición a Afganistán tras los atentados del 11 de
septiembre de 20 0 1. En aquella ocasión, el ejercicio de ese deber tuvo una vertiente de apoyo moral que incluyó
la colaboración de países como Alemania, que en realidad no puede enviar tropas fuera de la región de la otan o
266 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
de Islandia. Con esta perspectiva, es lógico que la colaboración y la alianza que define el Artículo 5, no implican
ninguna obligación de ofrecer apoyo militar (Hirotaka, 20 15).
6 En 20 14, el Libro Blanco anual cambió la reinterpretación de la Constitución pacifista del país sobre
el derecho a la autodefensa colectiva, permitiendo el envío de soldados japoneses a combatir en el extranjero para
defender a Japón y a los países aliados. Para algunos analistas, dicha acción, pudo haber dejado en evidencia la
ambición de la administración de Abe para convertir a Japón en una potencia militar en la región, demostrando
que el Estado nipón intentaba deshacerse de las restricciones de la posguerra (Spanish.xinhuanet.com, 20 15).
Capítulo 13. La estrategia de defensa del Japón: hacia la normalización de sus fuerzas de seguridad 267
iélago en disputa, llamado Senkaku por Tokio y Diaoju por Beijing, las cuales
tienden a ampliarse en el área sur de ese mar (Vovworld, 20 17).
En este escenario, es importante destacar que la preocupación sobre China
se ha venido describiendo desde la edición del Libro Blanco del año 20 11. Se ha
definido claramente a China como el principal objetivo de la defensa japonesa. El
documento indica que «la falta de transparencia de la política y empeños de defensa
chinos constituyen un problema preocupante para la región, incluido Japón y
la comunidad internacional». Además, el documento reafirma la necesidad de
fortalecer la defensa de la parte suroccidental de Japón, por medio de un despliegue
de fuerzas de defensa por mar y aire. Esto le permitiría fortalecer su capacidad de
combate. A partir de entonces, se subrayó la importancia de prevenir los cibera-
taques, al citar un informe del Estado Mayor Conjunto de Defensa de los Estados
Unidos. Según dicho informe, la mayor parte de las redes mundiales de Internet
sufren ataques provenientes del interior de China. Esto explica por qué la punta de
la lanza de Japón está dirigida a China (Jiangyong, 20 11).
Para el mes de enero de 20 15, Japón anunció un presupuesto de defensa
récord de ¥ 4.98tr (US $ 41bn), el cual fue mayor en un 2.8 % con respecto al
año 20 14. Esta cifra fue el tercer aumento anual consecutivo en desembolsos (The
International Institute for Strategic Studies, 20 16, p. 214). Por otro lado, dentro del
Libro Blanco, se describieron las actividades de los buques y aeronaves chinos en el
Mar Meridional de China y el Mar Oriental de China como «conductas peligrosas
que podrían causar enfrentamientos no deseados». Estas se consideran como una
«situación que pone en peligro la libertad para la navegación y los vuelos en la
región».
En el documento, Japón expresa sus preocupaciones por el reciente trabajo
chino de reivindicación en el Mar Meridional de China y argumenta que es la
causa del incremento en las tensiones regionales (Spanish.xinhuanet.com, 20 15)
Esta situación propició la formulación de una nueva política de defensa nacional
más agresiva, la remodelación de sus Fuerzas de Autodefensa y la enmendadura de
la Constitución pacifista de la posguerra.
Así pues, entre la ampliación de la gama de soporte japonés se incluyó la
defensa de misiles balísticos, el fortalecimiento de la seguridad marítima, la protec-
ción de activos, el uso conjunto de las instalaciones, la participación en opera-
ciones de sostenimiento de la paz, el desarrollo de actividades de defensa en el
ciberespacio y en el espacio ultraterrestre. Así mismo, las nuevas directrices enfatiz-
aban el concepto de «cooperación fluida» y «enfoque integral del gobierno». Estos
conceptos eliminaron la rígida separación que existía con la cooperación bilateral
268 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
7 El libro Blanco de 20 13, expresó las preocupaciones por el desarrollo de los programas nucleares y de
misiles de la República Popular Democrática de Corea y aseguró que los misiles balísticos del vecino país tenían
la capacidad potencial para llegar a la parte continental estadounidense (Spanish.xinhuanet.com, 20 15).
8 Cifra total en dólares estadounidenses que se calcula si se emplean las tasas de cambio promedio del
mercado para 20 15, derivadas de los datos del FMI. Esta posición se obtuvo como como resultado de los ajustes
Capítulo 13. La estrategia de defensa del Japón: hacia la normalización de sus fuerzas de seguridad 269
5. Conclusiones
La alianza de Japón con Estados Unidos seguiría siendo la piedra angular
de la política de defensa japonesa (Álvarez, 20 16). Sin embargo, en tiempos de
gran agitación en el sistema internacional, Japón parecería necesitar con urgencia
una gran estrategia que le permita alcanzar sus intereses nacionales y garantizar
sus imperativos geopolíticos. Esta gran estrategia debería considerar el desarrollo
del poder astuto en un momento histórico en el que si bien seguiría siendo rele-
vante disponer de recursos militares y económicos, en un mundo interconectado y
globalizado se requeriría de otras capacidades de poder. Un Estado tiene capacidad
de influencia en el sistema internacional, cuando cuenta con recursos de poder y
la voluntad política de movilizar dichos recursos para conseguir sus intereses. Pero
un Estado también es considerado “poderoso” en la medida que tenga una activa
participación de los asuntos mundiales a través del ciberespacio y de los canales
multilaterales.
Las relaciones de poder deberían ejercerse de forma astuta, basándose en la
combinación de la imposición, la influencia y la manipulación, procurando al
mismo tiempo, incrementar en lo posible el potencial tanto del poder blando, duro
y agudo. Actualmente Japón, bajo esta lógica, buscaría equiparar a su musculo
reales en los niveles de gasto de defensa y las fluctuaciones de la cotización de las monedas nacionales y el dólar
estadounidense (The International Institute for Strategic Studies, 20 16, p. 19).
9 Japón ha participado en operaciones internacionales de emergencia en Ruanda, Cachemira, Honduras,
Turquía, India, Sumatra, Irán, Rusia, Pakistán e Indonesia. El Estado nipón ha contribuido de manera activa en
los tratados y convenciones de no proliferación de armas nucleares (npt), de prohibición de ensayos nucleares
(ctbt), de armas químicas (cwc), de armas biológicas (bwc), de ciertas armas convencionales (ccw) y de minas
antipersona (apc); y participa además en los regímenes de control de tecnologías y elementos de doble uso
biológico y químico (Australia Group), nucleares (Nuclear Suppliers Group y Zangger Committee), misiles (mtrc),
armas convencionales (Wassenaar Arrangements) y regímenes sobre armas ligeras de Naciones Unidas.
270 Carlos Enrique Álvarez Calderón, Luis Eduardo González Florián y Andrés Alberto Aponte Aguero
Referencias
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