Adolescencia: Etapa Crucial
Los jóvenes, adolescentes, no son adultos: tienen otras características
fisiológicas, emocionales, neuropsicológicas… y, por lo tanto, tienen otras
necesidades. Dentro de los cambios sociales, para poder crecer y madurar
de forma saludable, es fundamental brindar a las personas en construcción
un lugar seguro. ¿Es este un lugar seguro para los niños y adolescentes? Hay
muchos cambios: guerras, crisis económicas, cambios tecnológicos… Esto
genera mucha incertidumbre en la etapa adulta y hace que no podamos
cuidar y responsabilizarnos de los menores.
A nivel evolutivo:
1. La etapa de la infancia es una etapa donde el cerebro no ha madurado.
Somos seres sociales dependientes de nuestros cuidadores primarios.
En esta etapa hay una dependencia: les necesitamos para poder vivir,
a nivel supervivencia. Esta supervivencia perdura en etapas
posteriores. Buscamos a cuidadores primarios por el miedo al
abandono. Las teorías del apego explican esa necesidad de mirada
incondicional y amable, de la cual no siempre disponemos. Los
cuidadores primarios son los principales referentes.
2. En la adolescencia, hay un proceso de diferenciación. Mis cuidadores
primarios no son mis referentes, pasan a un plano secundario. Es etapa
de trasgresión y conflicto, poner a prueba normas y límites a nivel
evolutivo. El cerebro ha madurado más. Sin embargo, el córtex
prefrontal es la última área en madurar: tiene que ver con la auto
regulación, toma de decisiones, autocontrol, impulsividad… En esta
etapa, los referentes son los iguales: redes sociales.
3. Etapa de la juventud: el cerebro no termina de madurar hasta los 25
años.
En muchas ocasiones, hablamos de que los adolescentes no tienen esa
capacidad de autocontrol, pero los adultos si la tenemos o deberíamos
tenerla. A ese musculo, porque el cerebro no deja de ser un musculo, como
trabajamos y cuidamos otros, lo mismo con el musculo del cerebro: desde el
modelaje, ejemplo, acompañamiento emocional, desde el “estoy aquí, sin
invadir”, necesitan independencia, estamos en un rol diferente como
adultos…
Un buen indicador de salud mental en los últimos estudios es cenar juntos,
las familias ya no conviven. Los conflictos no son malos, la cuestión es cómo
se resuelves. La cuestión es que este cada miembro de la familia con las
pantallas. Muchos adultos con burnout, con estrés laboral… Hay que apelar
por convivencias más amables. Los conflictos son oportunidades para poder
aprender. Las pantallas nos han generado muchos problemas de salud
mental y todavía no hemos visto el gran efecto en la sociedad. Literatura
científica habla de problemas a nivel cerebral y por tanto emocional que
supone la tecnología en nuestras vidas.
Un estudio reciente habla de que los jóvenes y adolescentes tienen mayor
índice de ansiedad y depresión y ha aumentado hasta en un 40%. En España
en 2022, un 12.5% han sido diagnosticados con trastorno de salud mental.
La ONU habla de que la depresión es una de las principales causas de
enfermedad y discapacidad en jóvenes. Un 13% de adolescentes a nivel
mundial sufre trastornos mentales. Hasta el 70% de problemas en salud
mental en etapa adulta tienen una raíz en la etapa de la adolescencia. Nos
tenemos que centrar en la prevención.
“No es que me quiera morir, es que quiero dejar de sufrir” – en los
adolescentes hay una gran franja de la población que está sufriendo y como
adultos no les estamos ayudando. Está faltando compasión, empatía…
Hay una invasión de la tecnología, constantemente recibimos estímulos
constantes y cada vez estamos más disociados con nosotros mismos, lo cual
supone lesiones y secuelas importantes. Nuestro cuerpo habla, porque no
identificamos con autoconciencia que es lo que nos pasa, y tener recursos
para encontrarnos seguros. No hay salud sin salud mental, pero ¿Qué
podemos hacer para prevenir lo que es un trastorno? La línea es muy fina
entre la salud mental y la enfermedad mental, y cuando pasamos a la
enfermedad mental no es tan fácil volver. Es muy importante que nos
sepamos cuidar a nivel emocional.