TEMA 3.- ARISTÓTELES.
1.- ARISTÓTELES: LA SUSTANCIA.
Aristóteles (384-322 a.C.) realizó una labor que podemos denominar como “enciclopédica” dado que sus estudios
abarcaron los mayores y más diversos campos de la realidad. La característica fundamental de su filosofía es su
interés por conocer la naturaleza, su talante observador y experimentador que sentará las bases del pensamiento
científico posterior. Discípulo de Platón, estuvo muy influenciado por éste aunque su pensamiento muestra
notables diferencias. En concreto, rechaza de Platón, entre otras teorías, su duplicación de la realidad por
innecesaria e introduce dentro del mundo sensible a las ideas a las que denominará como formas (morphé).
La metafísica tiene la finalidad, para el estagirita (nacido en Estagira), de estudiar, no los seres particulares, sino el
Ser en su conjunto, toda la realidad. Pretende mostrar cómo son los seres de manera universal, Así, lo realmente
existente es lo individual, lo concreto: este hombre, ese caballo, aquel árbol... A todo esto, lo denomina Aristóteles
como ousia (sustancia), un sustrato que permanece por debajo de todas las modificaciones y que sustenta la
realidad. Siendo esto así, va a distinguir entre sustancia primera (próto ousia), los individuos concretos que son los
seres realmente existentes y sustancia segunda (deútera ousia), que designa el género y la especie que caracterizan
esencialmente a cada uno de los individuos, son su esencia. Así, cuando decimos que “Sócrates es un hombre”,
“Sócrates” sería la sustancia primera y “hombre” la sustancia segunda. Las sustancias segundas residen en los seres
particulares, no forman un mundo aparte como sí era en el caso de Platón. Sobre las sustancias primeras se pueden
predicar innumerables cosas. Así, podemos decir, por ejemplo, que “Sócrates es ateniense”, pero ello son
caracterizaciones no esenciales, por lo que reciben el nombre de accidentes (symbebecós).
Como hemos dicho, sustancia primera es el individuo concreto, en él se encuentra la sustancia segunda, la esencia
o especie. Con ello, afirma Aristóteles, que este mundo es el mundo real y la pluralidad y el cambio existen. Esta
sustancia es un compuesto (synolon) de materia (hyle) y forma (morphé). De ahí el nombre de teoría hilemórfica.
Todas las sustancias poseen un sustrato común, una materia prima (próte hyle), que es común para todos los seres
e indeterminada. Además de esta materia prima, todas las sustancias poseen la materia próxima (eschaté hyle),
que ya suponen una determinada configuración. Por ejemplo, el bronce de las estatuas o la carne y los huesos de
los animales. Esta materia puede adquirir cualquier tipo de forma, ya que es de por sí informe.
La forma es la esencia de las cosas, la sustancia segunda, pero solo puede existir en la materia, siendo la
responsable de la individuación de los seres. Aristóteles le confiere prioridad a la forma ya que esta es la portadora
de las características esenciales de cualquier ser. La materia se organiza al adquirir la forma, surgiendo así los seres
concretos y reales. Solo la forma es definible y cognoscible. Por tanto, las sustancias son materia informada, unión
de materia y forma.
2.- la naturaleza: el cambio y las causas.
Aristóteles concibe la naturaleza, al igual que Heráclito, en un continuo devenir. Los seres naturales se caracterizan
por estar sometidos a un cambio incesante. Ahora bien, en todo ser hay lo que el ser ya es, acto (energeia), y lo
que puede llegar a ser, potencia (dynamis), y todavía no es. Acto es lo que un ser es en un momento dado, y su
potencia es lo que este ser puede desarrollar, toda la serie de posibilidades que puede desarrollar. Todo lo que
hay en la realidad está, a la vez, en acto y en potencia. Por ejemplo, una semilla de naranjo está en acto en cuanto
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semilla y en potencia de ser un naranjo. Un naranjo está en acto con respecto al hecho de ser naranjo pero está
en potencia de convertirse en madera para convertirse, a su vez, en una mesa o en leña para el fuego.
Por tanto, todo cambio y movimiento debe entenderse como el paso del ser en potencia al ser en acto, siendo el
acto su culminación. Cuando algo desarrolle por completo todas sus potencialidades, se habrá actualizado. Dentro
del cambio podemos distinguir entre cambio sustancial, generación o corrupción, cuando surge una nueva
sustancia o desaparece, y cambio accidental, que puede ser cuantitativo (aumento o disminución), cualitativo
(cuando se pierde o se gana cualquier cualidad) y local (cambio de posición).
En cuanto a las causas, Aristóteles afirma que conocer algo es conocer sus causas, siendo la causa aquello que
produce efectos, consecuencias. Cuando nos preguntamos el por qué de algo, estamos investigando la causa de
algo. Para que se origine una sustancia deben ocurrir cuatro causas:
• Causa material: Designa aquello de lo que una sustancia está hecho. Por ejemplo, el mármol con el que se
ha realizado una estatua.
• Causa formal: Designa la forma de la sustancia. Siguiendo el ejemplo, la forma de esa estatua.
• Causa eficiente: Designa al agente que ha realizado la sustancia. El escultor de la estatua.
• Causa final: La finalidad con la que se ha realizado la sustancia, para qué se ha hecho. Para adornar una
plaza o rendir homenaje.
Dentro de la serie de causas, la causa final es la causa por excelencia. Aunque lo que determine que algo sea es su
forma, su esencia es su función, para lo que está hecho, su finalidad (telos en griego), de ahí que la filosofía
aristotélica sea definida como teleológica.
3.- LA COSMOLOGÍA ARISTOTÉLICA.
La cosmología (modelo del universo en su conjunto) aristotélica estará vigente como paradigma científico hasta la
Revolución Científica en los albores de la Modernidad (siglos XVI-XVII). Aristóteles nos presenta un modelo físico
dualista pues divide el universo en dos. Si Platón concibe dos mundos, sensible e inteligible, el estagirita va a
establecer el mundo sublunar, por un lado, y el mundo supralunar, por otro, considerados como totalmente
heterogéneos.
El mundo sublunar es el lugar de la generación, la corrupción y la imperfección. Está constituido por los cuatro
elementos, dos son ligeros, aire y fuego, y dos son pesados, tierra y agua. El movimiento propio de este mundo es
rectilíneo, y dado que estos cuatro elementos tienden a su lugar natural, el movimiento natural del aire y el fuego
es hacia arriba, y el del agua y la tierra hacia abajo.
El mundo supralunar es el ámbito de los astros celestes, no sometidos a la generación y corrupción, son eternos y
compuestos por un quinto elemento, denominado éter. Están dotados de un movimiento perfecto: el circular y
uniforme.
El modelo cosmológico aristotélico es geocéntrico, pues la Tierra ocupa el centro del universo, siendo este finito y
limitado y sometido a un movimiento circular uniforme. Dado que, para Aristóteles, todo lo que se mueve debe
ser movido por otro, cada astro se encuentra colocado en una esfera y cada esfera es movida por un motor. Hay
tantos motores como esferas hay y todo, a su vez, es movido por el primer motor inmóvil. Este primer motor
desencadena todo el movimiento del universo pero es inmóvil porque no es movido por otro ser.
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Por tanto, Aristóteles presenta un universo jerárquico. Situada en su cúspide el primer motor inmóvil continuado
por los diferentes motores que mueven las esferas; luego tendríamos los astros, incorruptibles y eternos y
compuestos de éter; por último, los seres corruptibles compuestos por los cuatro elementos.
4.- LA ÉTICA Y POLÍTICA ARISTOTÉLICA.
La ética aristotélica es denominada como eudaimonista pues el deber último de todo ser humano es ser feliz
(eudaimonia). Esta felicidad se alcanza cuando desarrollamos plenamente nuestra naturaleza, nuestras
capacidades, siendo la felicidad el resultado de haber elegido lo mejor, la vida buena.
Todos estamos de acuerdo que el bien supremo para el hombre es alcanzar la felicidad, ahora bien, ¿En qué
consiste esta felicidad? Para unos, la felicidad consiste en llevar la vida activa del político, cuyo bien supremo es
conseguir la gloria; para otros, consiste en llevar una vida placentera buscando la satisfacción del placer; por
último, la felicidad puede consistir en llevar una vida contemplativa teniendo como bien supremo la sabiduría.
Ahora bien, Aristóteles piensa que la felicidad no necesita de nada exterior a sí misma, sino que se basta y se desea
por sí misma. Dado que la felicidad es el ejercicio perfecto de la actividad propia del hombre, esta consistirá en la
vida contemplativa buscando la sabiduría puesto que esta se basta a sí misma, no constituye un medio para
alcanzar otra cosa, y lo más propio del hombre es guiarse por su razón. Tanto el honor, el placer y los bienes
exteriores son necesarios pero la actividad que más felicidad proporciona al hombre es dejarse guiar por su razón
para alcanzar la sabiduría.
Junto a la eudaimonia, Aristóteles nos presenta su teoría de la virtud (areté). La virtud es un hábito, una forma de
ser que es consecuencia del aprendizaje y el ejercicio. Por ejemplo, para que un hombre sea justo es necesario
que practique la justicia. No nacemos siendo virtuosos, sino que es algo que vamos adquiriendo a lo largo de todas
las decisiones y elecciones que vamos tomando a lo largo de nuestra vida. La virtud, según piensa Aristóteles,
consiste en un término medio (mesótes) entre dos extremos: el defecto y el exceso. Dado que tanto la apatía como
el desenfreno son perjudiciales, lo óptimo será la templanza; entre la cobardía y la temeridad, el término medio
será la valentía; entre ser un avaro y ser un despilfarrador, ser generoso. El término medio no se sitúa siempre en
el mismo sitio sino que va a depender de las circunstancias y de cada uno.
La ética va a desembocar en la política ya que nadie puede llegar a ser virtuoso sin haber sido educado, y esta tarea
le compete al Estado. Además, el estado es anterior por naturaleza a la familia y a cada hombre tomado
individualmente. Por ello, el hombre es, esencialmente, un animal político y social (politikón zoon). El hombre no
puede desarrollar sus capacidades en solitario. La capacidad racional, que nos distingue de los animales, tiene
como base la capacidad de hablar, el lenguaje (logos) y esta nos viene dada por la sociedad.
La teoría aristotélica de las distintas formas de gobierno es pragmática y adaptable. El fin del Estado es el bien
común, promulgar leyes justas y que los súbditos obedezcan voluntariamente y no por la fuerza o el miedo. Así,
dentro de las formas de gobierno justas tendríamos la monarquía, la aristocracia y la democracia; y sus
degeneraciones en tiranía, oligarquía y demagogia.