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Titanomaquía: El Fin de la Hegemonía

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Maestro del tiempo que la vida nos roba

se unirá en el amanecer de una falsa boda.

Desde el Este se oculta el heraldo oscuro


que mueve los hilos del macabro futuro.

Si la guerra se desata, entre llanto y fuego,


lazos familiares romperán con ruego.

En el Norte acecha la sombra paterna


que puso fin a la noche eterna.

Telaraña misteriosa, antigua y derrotada,


regresa pretenciosa, poderosa y renovada.

Del misterioso fuego, maestro asoma.


Maquiavélico juego, un malvado aroma.

La naturaleza llora, grita y escapa,


de la garra feroz que al bosque mata.

Dama silenciosa, bella espada, grisácea capa,


desafiada por un mortal que de su abrazo escapa.

Agujas rotas, campanadas mudas,


arena quieta, sombra oculta.

A ritmo glacial, moverán de a poco.


En su encuentro final, un cielo rojo.

Cuando suba la marea y la noche en el día se haga,


los gigantes dormidos despertarán de su larga saga.

Llamas voraces, lenguas de calor,


devoran bosques, matan al señor.

Vientos furiosos, espiral de terror,


bailan en el cielo sembrando pavor.

Montañas azules, de sal y vida,


avanzan imparables; ciudades hundidas.

Danzan los montes, tiembla la muralla,


aplasta al desprevenido la furia de la falla.

Los mortales se despiden de su larga hegemonía.


Recen y teman, ya llega la titanomaquía.

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