Fundamentos científicos del modelo
PERMA
1. Fundamento científico del modelo. El bienestar.
Algunas apreciaciones
Posiblemente, el título de esta lectura dispare opiniones en múltiples direcciones. Esto nos hace
pensar claramente que el término bienestar nos pertenece de manera particular, ya que lo que es
bienestar para uno, no necesariamente lo sea para otra persona.
Si pensamos en la construcción del bienestar, nos acerca a la idea de que es posible trabajar de
manera orientada en el bienestar personal y, posiblemente, también en lo que conocemos como
búsqueda de la felicidad. Este último término, felicidad, nos remite a un sentir, asociando
experiencias, juicios, creencias y aprendizajes alrededor de lo que sabemos.
Partiendo de la posibilidad de trabajar en la construcción del bienestar personal, es posible
organizar esfuerzos orientados a mejorar el bienestar en las organizaciones, impactando en el
dominio del trabajo.
Veamos una manera de abordar el bienestar en las organizaciones y asumir la posibilidad real de
aprender y ocuparnos de este. Para ello, abordaremos una inquietud que nos acompaña hace
miles de años a los seres humanos: la posibilidad de alcanzar la felicidad.
¿La felicidad es una emoción con la que se nace o podemos aprender a
ser felices?
Cuando antes teníamos una esperanza de vida de tan solo 30 o 40 años, solo invertíamos en
sobrevivir, sin embargo, hoy sabemos que hemos duplicando –al menos– el promedio de vida en
términos evolutivos, con fuerte tendencia a seguir haciéndolo. También, ganamos mejor calidad
de vida. Asimismo, el aporte de la ciencia en los últimos años nos revela que no vale la pena
pensar en posponer alcanzar la felicidad después de la muerte. Nos encontramos en la actualidad
de la mano de las investigaciones científicas, con las primeras pistas de cómo lograr la felicidad.
Si bien la felicidad no deja de ser una cuestión subjetiva, ya que cada quien contiene una serie de
condiciones que conforma su percepción respecto a esta, podemos revisar cómo tenemos
conformada la fórmula individual de felicidad o bienestar.
La ciencia ha demostrado que la felicidad existe en diferentes formas, no solo se trata de un todo
o nada, sino también de un continuo que incluye pequeños detalles que nos aportan al estado de
bienestar. Afortunadamente, la ciencia nos aporta los ingredientes o variables que, si los tenemos
en cuenta, nos permitirán experimentar la felicidad. Es posible que la cantidad o dosis presente
de variables varíen en cada individuo y la forma en que las utilicemos nos permitirán experimentar
mayor felicidad o bienestar.
En la lista de variables encontramos la importancia de la vida social, la familia, los amigos, el
contacto con la gente y la soledad. Esta última, sin lugar a dudas, es una variable relevante. De
igual modo, relacionarnos de manera satisfactoria, encontrar pareja, cultivar relaciones nutritivas,
así como cultivar el optimismo y perdonar, producen mayor satisfacción que las cosas materiales.
Por otro lado, está comprobado que la preocupación extrema por el dinero no aporta nada a la
felicidad.
Otras acciones que contribuyen de manera significativa a la felicidad son mantenernos activos,
cultivar el optimismo (que el término bienestar nos per, 2000), hacer cosas que se nos dan bien,
gustarnos a nosotros mismos (Csiksentmihalyi, 1999), tomarnos las cosas con calma (Ben-
Shahar, 2009) y procurar sentirnos libres. Sobre la libertad, debemos señalar que la libre
determinación es un factor que influye en la felicidad, sin embargo, es importante no extremar
demasiado las opciones de elección, para no caer en la trampa de la presión de la decisión.
Cabe mencionar, además, el concepto de bienestar subjetivo, que es un conjunto diverso de
componentes basados en evidencia científica, que nos permite enfocarnos en encontrar la
preciada felicidad.
Veamos, a continuación, cómo ha ido evolucionando la búsqueda de la felicidad y su
comprensión.
Algunos breves antecedentes teóricos
Podemos situar el comienzo del estudio del bienestar subjetivo en 1967. Por ese entonces:
Warner Wilson hizo una amplia revisión del bienestar subjetivo, concluyendo que la
persona feliz es joven, saludable, bien educada, bien pagada, extrovertida, optimista, libre,
religiosa, casada, con alta autoestima, moral de trabajo, aspiraciones modestas, de
cualquier sexo y de una amplia gama de niveles de inteligencia. (Diener et al., 1999 citado
en Cuadra y Florenzano, 2003, [Link]
Cuadra y Florenzano (2003) señalan:
Tradicionalmente, la psicología se ha orientado hacia el estudio y comprensión de las
patologías y las enfermedades mentales, logrando un cuerpo de conocimientos que ha
permitido generar teorías acerca del funcionamiento mental humano y el desarrollo de
nuevas terapias farmacológicas y psicológicas para la enfermedad mental, lográndose
importantes avances en materia de recuperación de las personas. Seligman y
Csikszentmihalyi (2000) postulan que este gran énfasis de la psicología clásica en la
enfermedad la ha hecho descuidar los aspectos positivos, tales como el bienestar, el
contento, la satisfacción, la esperanza, el optimismo, el flujo y la felicidad, ignorándose los
beneficios que estos presentan para las personas. En este contexto, surge la psicología
positiva, con el objetivo de investigar acerca de las fortalezas y virtudes humanas y los
efectos que estas tienen en las vidas de las personas y en las sociedades en que viven.
([Link]
La psicología positiva indaga tanto en el nivel individual como en el nivel social de las personas.
En el nivel individual, indaga en rasgos tales como la capacidad para el amor y la
vocación, el valor, las habilidades interpersonales, la sensibilidad estética, la
perseverancia, el perdón, la originalidad, la espiritualidad, el talento y la sabiduría. En el
nivel social explora las virtudes ciudadanas y las instituciones que instan a los individuos a
ser mejores ciudadanos: la responsabilidad, el altruismo, la civilidad, la tolerancia y el
trabajo ético. (Cuadra y Florenzano, 2003, [Link]
Entonces, a partir de lo mencionado, podemos decir que en relación con la felicidad encontramos
otros conceptos, como calidad de vida, bienestar subjetivo, bienestar social y satisfacción vital.
Diversos consensos científicos parecen concluir que:
1. El bienestar posee una dimensión básica y general que es subjetiva.
2. El bienestar contiene dos fases: una centrada en aspectos afectivo-emocionales
(estados de ánimo de las personas) y otras centradas en aspectos más cognoscitivos
valorativos (referido a la evaluación de satisfacción que hace el sujeto de su propia vida).
(Cuadra y Florenzano, 2003, [Link]
Casullo (2002 citado en Cuadra y Florenzano, 2003), por su parte, propone una tercera
dimensión, que es la vincular. Para el autor, comúnmente, se denomina felicidad al bienestar
subjetivo que experimentamos cuando sentimos emociones agradables y pocas emociones
desagradables y, en una consideración general, nos sentimos satisfechos con la vida.
Entonces, podemos decir que una fórmula posible para explicar el bienestar o la felicidad se
puede explicar como un balance entre emociones positivas y negativas, siendo un saldo
mayormente positivo. Además, sentir satisfacción vital es igual a percibir mayor bienestar o
felicidad.
Figura 1: Balance en el bienestar
Fuente: elaboración propia
Son muchos los autores y los esfuerzos acumulados, especialmente, en estas últimas dos
décadas. Los autores se centran en evaluar lo que nos hace bien y lo que contribuye a nuestro
bienestar o felicidad. Vale pensar, así, como veíamos en el módulo anterior, la importancia de
tomar la responsabilidad individual y colectiva de destinar esfuerzos para alcanzar el bienestar,
comenzando por trabajar con nosotros mismos.
Todo emprendimiento de desarrollo personal, para expandir nuestras habilidades, saberes,
incluido el bienestar, requiere emprender cambios individuales y, para que esto suceda, es
importante asumir que nos demandará esfuerzos, concentración, tiempo y nuevas actividades.
Ello reconfigurará nuestras metas, entenderemos que los progresos serán minúsculos en algunos
casos y que la suma de desplazamientos nos conducirá a alcanzar lo que buscamos.
Expectativas vs. felicidad
Pensemos en la siguiente situación: alguien te pregunta «¿qué harás el próximo fin de semana?».
Posiblemente, si tenías algo en mente lo expresas; pero vayamos un poco más allá. Imagina que
te dicen que, en lugar de eso que habías planificado, puedes hacer algo «supercopado y
especial». ¿Sientes lo mismo? Posiblemente, las emociones sean más positivas e intensas. Lo
mismo sucede cuando hacemos cosas novedosas; pero cuando aumenta la frecuencia de dichas
cosas, decae naturalmente la novedad y las emociones que experimentamos no suelen tener la
misma intensidad. Lo que sentimos en la espera de un suceso no es lo mismo que sucede
cuando la transitamos, pues podemos vivirlo tremendamente o, tal vez, no se corresponda a lo
esperado y, entonces, experimentemos frustración.
El teorema de Thomas (1928) explica que las personas no solo reaccionamos a una situación,
sino también al significado que solemos atribuirle a dicha situación. Con base en ese significado,
pensamos lo que puede suceder en el futuro, allí descansan las expectativas. Si las personas
definen las situaciones como reales, estas son reales en sus consecuencias.
Sin embargo, las expectativas influyen en la felicidad, pero no es el único factor. La diferencia
positiva o negativa es lo que importa en las expectativas. No podemos deshacernos de ellas.
¿Será que la clave es desprendernos un poco de las expectativas?
Posiblemente, el conflicto radique en la comparación que hacemos. La sensación inmediata de
felicidad depende de la distancia entre lo que podemos conseguir y lo que esperamos. Por lo
tanto, aprender a regular la imaginación y la creatividad nos ayuda a gestionar mejor.
Usar la comparación de una forma funcional y contrastante, posiblemente nos ayude a mejorar y
apreciar mejor lo que experimentamos. Por otro lado, abrirnos a novedades, que el futuro nos
traiga aprendizajes con algunas experiencias agradables y otras no tanto, también nos ayudará.
Una clave es conectarnos con lo que estamos haciendo. ¿Cuántas veces sucede que estamos
comiendo una fruta, pero no la estamos haciendo consciente? Nos cuesta degustar su sabor,
textura, etc. Lo mismo suele ocurrir con las cosas cotidianas, perdiendo la conexión con el aquí y
el ahora.
Conectarnos es una posibilidad concreta; es una forma de experimentar, sentir, descubrir y
aprender. Con esto, podemos delimitar al menos tres variables implicadas en este camino de
propiciar bienestar: consciencia personal, creatividad y conexión. A estas variables se las conoce
como las 3C.
Consciencia de nosotros mismos, significa conocernos y saber cuánto es bueno regular
nuestras ilusiones, nuestros pensamientos, nuestras emociones.
Creatividad, para encontrar el contraste, descubriendo qué brilla más. Buscar la experiencia
de los colores similares, en lugar de los opuestos. Si colocamos dos colores similares,
podremos darnos cuenta cuál es más brillante, en lugar de comparar –por ejemplo– blanco
y negro.
Conexión, en el sentido de que la atención lo es todo. Si abordamos con apertura lo que el
día nos trae para descubrir, estamos cercanos a emocionarnos y, si nos emocionamos,
aprendemos. Se trata de permitir que el día cambie a partir de nuestro cambio de actitud
para descubrir.
Introducción al modelo PERMA
Hasta aquí desarrollamos una mirada introductoria sobre algunas inquietudes alrededor de lo que
postulamos como bienestar subjetivo y felicidad. También, dijimos que la psicología ha
incorporado a su disciplina una mirada positiva, haciendo énfasis en mitigar males y trastornos
mentales, aliviando mucho de ellos. Hace dos décadas, la psicología emprendió el desafío de
pensar en aquellas cosas que nos hacen bien y potencian nuestro florecer o desarrollo personal.
Pero no ha sido solo la psicología, sino que otras disciplinas actuales también se han ocupado de
pensar el ser humano que estamos siendo para propiciar el bienestar.
De la mano de estos desarrollos, ahora nos centraremos en los aportes del modelo PERMA,
desarrollado por Martin Seligman en el año 2000. Seligman es considerado el padre de la
psicología positiva, ya que no solo presenta aportes para descubrir qué es la felicidad o el
bienestar subjetivo individual o colectivo, sino que desarrolla las variables implicadas para
propiciar bienestar.
El autor se centra en identificar aquellas cualidades positivas o desarrollo de potencialidades
(fortalezas) humanas. Se trata de identificar aquellas experiencias positivas, rasgos positivos
individuales, institucionales y de organizaciones que generan ecosistemas de bienestar.
Luego de más de 20 años de investigaciones, uno de los aportes más claros sobre las variables
implicadas en el bienestar es el que nos presenta el modelo PERMA. Esta sigla reúne las
variables implicadas en la construcción efectiva del bienestar subjetivo:
P: positive emotion
E: engagement
R: relationship
M: meaning
A: acomplishment
Referencias
Ben-Shahar, T. (2009). Felicidad. Por qué no serás feliz hasta que dejes de perseguir la
perfección. Alienta Editorial
Csiksentmihalyi, M. (1999). Fluir. Una psicología de la felicidad. Kairos
Cuadra, A. y Florenzano, R. (2003). El Bienestar Subjetivo: Hacia una Psicología
Positiva. Revista de Psicología de la Universidad de Chile, 8(1), pp. 83-96.
[Link]
Peterson, C. (2000). The future of optimism. American Psychologist, 55, pp. 44-55.