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Capitulo 2 Marta Souto

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Capítulo 2

El acto pedagógico desde lo social, lo psíquico y lo instrumental

Se entiende al acto pedagógico como la unidad que contiene las


relaciones y elementos esenciales del hecho educativo.
En este sentido puede considerarse como el objeto formal de la
didáctica. Lo es, en tanto en él se abstrae la estructura mínima de la
enseñanza.
¿Qué es el acto pedagógico?
es un encuentro,
es una relación,
se da en un espacio y en un tiempo,
surge en un contexto sociocultural.
en un tiempo histórico social,
desde tiempos históricos personales,
es una realidad concreta,
es un escenario imaginario,
es acción entre el que aprende y el que enseña,
surge en torno a la función de saber,
es intercambio para la apropiación de un contenido cultural por parte de un
sujeto (alumno) a través de la mediación de otro (maestro).
El acto pedagógico articula lo social con lo individual, lo pasado, con lo
presente y lo futuro; lo conocido con lo desconocido; lo pensado, con lo sentido
y lo actuado.
El acto pedagógico surge en la interacción entre un sujeto que aprende
(individual o colectivo) y un sujeto que enseña (o un objeto que representa a
éste), en función de un tercer elemento: el contenido. La relación que se
establece es a la vez cognitiva, afectiva y social.
Este nuevo componente lo ubica en el nivel instrumental, le da
especificidad e identidad como acto pedagógico.
Cada uno de los componentes tiene hacia el otro una relación de
reciprocidad, por la cual cada uno es para el otro como él mismo.
Se establece así un vínculo humano. Cada uno es, a su vez, medio en
el proyecto del otro, creándose mutuamente la necesidad del otro. El contenido,
el conocimiento, plantea una relación ternaria.
El acto es proceso, proceso dialéctico. Cada uno actúa alternativamente
como mediador entre los otros. Los elementos se desplazan en su función de
terceros mediadores para facilitar la acción pedagógica en común. Cada
tercero contribuye como facilitador de la interacción.
El proceso pedagógico es el entrecruzamiento continuo de los distintos
componentes humanos y materiales, la lucha y la complementariedad entre
ellos, para lograr un proyecto común.
Con fines de análisis y para dar cuenta de su complejidad se considera
al acto pedagógico como social, psíquico e instrumental, abordándolo desde
distintos niveles.
El acto pedagógico como acto social surge en y para una sociedad. Su
estructura refleja la estructura social. El poder social rige el poder pedagógico.
La sociedad reproduce en la educación sus propios esquemas y formas de
organización y producción, la ideología dominante, la estructura de clases,
asegurando a través de ella su permanencia.
El acto pedagógico tiene también poder de transformación, muestra
contradicciones, se opone, propone cambios y alternativas.
Lo social impregna de significado lo educativo. Lo educativo tiene y
genera sentidos sociales.
Lo social aparece en el acto pedagógico por medio de los siguientes
mecanismos:
en la organización de la escuela;
en la división del trabajo;
en las relaciones de producción;
en el currículo;
en los métodos;
en los actores;
en las relaciones sociales;
en las relaciones de poder, fundamentalmente.
El poder es la influencia de uno sobre otro o de uno sobre sí mismo.
Capacidad de ejercer una fuerza, una violencia, un cambio. ¿Positiva o
negativa? Si de educación se trata, positiva, en tanto orientada a valores y
fines socio-culturales. Todo acto educativo implica un ejercicio del poder,
delegado por la sociedad y asumido por la institución, a veces legitimado en
autoridad desde los docentes, a veces compartido con los alumnos.
Desde el encuadre tradicional, con una estructura verticalmente
jerarquizada, hasta el no directivo, con una organización horizontal, el poder
está presente. Negarlo sería olvidar su significado social. Tal vez confundir la
ilusión con la realidad.
La relación pedagógica es asimétrica y tiende a la simetría en la medida
en que el alumno se acerca, aprendiendo, al docente. La asimetría se da en
tanto el docente posee un saber (materia), un saber hacer (enseñar), un status
(docente).
Hay entonces una relación de poder entre dos sujetos: uno, el docente
con un yo social formado, otro, el alumno, con un yo social en formación. El yo
social, incluye la desigualdad social, el lugar que cada uno tiene en el proceso
de producción. Tomar conciencia de ello, en el acto pedagógico, es condición
necesaria para hacer de la educación un espacio de progresión a lo social.
La dimensión de lo político, desde el punto de vista del poder social y
su ejercicio debe estar presente. Poder del docente y también del alumno.
Poder de uno sobre el otro en un interjuego dialéctico y de cada uno sobre sí
mismo. Decisión sobre el acto propio en el nivel institucional y no personal, en
las relaciones laborales (como alumno, como docente) y en el conjunto de los
pares (clase institucional o grupo homogéneo).
Incluir lo político significar:
tomar el acto pedagógico como acto social de educar,
desenmascarar la supuesta “neutralidad” de lo pedagógico,
incluir el conocimiento, el contenido como elemento de poder,
apropiarse del poder sobre uno mismo y los otros y ejercerlo:
en su clase institucional, y en relación a las otras ubicadas en escalones
jerárquicos distintos,
a través de demandas laborales y de formación
permitir que los otros grupos institucionales también lo ejerzan,
tomar conciencia de que el acto pedagógico es parte de un hecho educativo
social más amplio, en el cual éste adquiere su significado desalienante,
buscar a partir del interjuego y el conflicto, caminos de progresión mutuamente
interdependientes con los alumnos.
Desocultar lo político, legitimar al poder en lo pedagógico traerá
aparejado el destierro de las formas despóticas, autoritarias y perversas de
ejercicio y usurpación del mismo, las que, desde lo oculto encuentran el terreno
fértil para su reproducción.
A continuación se aborda al acto pedagógico como acto psíquico,
desde un nivel individual.
El acto pedagógico está asociado a: formar, dar forma, plasmar,
cambiar, orientar, crear, desde el docente; ser formado, cambiado, dirigido,
tomar forma, formar-se, desde el alumno. Pero también, violentar, deformar,
presionar, forzar; ser manipulado, violentado, presionado.
Cada sujeto a partir de su experiencia de vida familiar construye sus
representaciones psíquicas que son una articulación de lo imaginario, lo
simbólico y lo real, lo inconciente y lo conciente, lo interno y lo externo, lo
pasado y lo futuro.
Así mismo la representación que un maestro haga de sus alumnos
tendrá relación con la configuración de diversos elementos inactuales: su
propio mundo infantil pasado, su “niño interno”, sus aspectos infantiles no
elaborados, sus primeras imágenes como alumno, y de otros actuales que
surgen de la interacción misma y de la experiencia concreta.
La representación del maestro estará ligada a sus imagos materna y
paterna, sus deseos inconcientes de formación, sus fantasías de omnipotencia,
de inmortalidad, de construcción, de destrucción, de culpabilidad, su narcisis-
mo, sus deseos, sus realizaciones y frustraciones de maternidad o paternidad,
sus imágenes internas, su historia escolar, sus imágenes interiorizadas de
maestro, etc.
A su vez, el niño, tiene sus propias representaciones del maestro, del
alumno y de la escuela construidas a partir de su propia historia psicofamiliar y
de los elementos proyectados sobre él por sus propios padres.
Estas representaciones forman una trama, un tejido sobre el cual se irá
construyendo el acto pedagógico. El contenido de esta trama es desconocido
generalmente por el docente. Ignora sobre sí mismo su “niño interno”, sus de-
seos vinculados al ser maestro, su fantasmática en torno a la formación.
Ignora, también, sobre el niño sus componentes inconcientes y a veces sus
características tangibles, reemplazando al niño real por un “supuesto” niño; a
su vez,
reemplaza su niño interno por el niño real para en él recrearlo y también
dominarlo.
Desocultar lo inconciente, darle nombre y presencia en
el acto pedagógico, traerá aparejado el no dejarlo como actualización de una
situación regresiva sino que permitirá incluir las raíces psicofamiliares, los
contenidos emocionales en una línea de progresión social de la educación.
Dos polos ocultos: lo político y lo inconciente, dos polos distintos pero
complementarios, dos motores: el deseo inconciente y la lucha por el poder que
energizan el devenir del acto pedagógico.
Desde el plano instrumental, concebido generalmente como único nivel
de abordaje didáctico, se incluye lo técnico.
La dimensión instrumental es ciertamente necesaria para comprender el
acto pedagógico, pero no suficiente.
Se piensa en un nivel o dimensión técnica en conexión con lo social y
con lo psíquico haciendo eco y resonancia a los significados que circulan en las
prácticas de enseñanza, dando propuestas de acción y reflexionando sobre
ellas.
Se piensa en un nivel instrumental de producción de alternativas
diversas, de creación y no de indicación de un deber ser o de prescripción de
recetas, con fundamentación teórica suficiente, derivado del análisis y la
reflexión y no impuesto externamente.
La especificidad del acto pedagógico como acto de formación, de
educación, en una triple relación cognitiva, afectiva y social no implica el
desarraigo de sus raíces en el plano psíquico, ni la negación de su proyección
en el plano social; tampoco, su reducción a uno solo de esos niveles. Por el
contrario, se construye como acto, específico a partir de ellos incluyendo el
plano instrumental.
Tres niveles de análisis del acto pedagógico: el social, el psíquico y el
instrumental. Tres dimensiones constitutivas del mismo. Tres polos distintos
pero complementarios: lo político, lo inconciente y lo técnico.

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