CONTEXTO LITERARIO
Miguel Hernández se enmarca en la evolución de la lírica española de la primera mitad del
siglo XX. Este periodo comienza con el Modernismo, liderado por Rubén Darío, que
introduce una nueva estética basada en la musicalidad, el simbolismo y la renovación
formal. En España, el Modernismo se entrelaza con la Generación del 98, caracterizada por
su preocupación existencial y nacional, además de su voluntad de modernización literaria.
Autores como Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez transitan desde el Modernismo
hacia estilos más sobrios y renovadores, influenciando a la Generación del 27. Este grupo
fusiona tradición y vanguardia, inspirado por las Vanguardias, la poesía pura, Bécquer y los
clásicos del Siglo de Oro. A finales de los años 20 y con la crisis de 1929, adoptan el
Surrealismo y la "poesía impura", más humana y comprometida, especialmente durante la
Guerra Civil.
Aunque cronológicamente pertenece a la Generación del 36, Miguel Hernández es
considerado un epígono del 27 por su conexión con autores como Vicente Aleixandre. Su
obra, profundamente influenciada por el Surrealismo y la poesía comprometida, actúa como
puente hacia la poesía de posguerra, marcando a las generaciones posteriores.
TRAYECTORIA POÉTICA
La obra de Miguel Hernández se divide en cuatro etapas:
1. Formación ("Perito en lunas", 1933): Influido por Ramón Sijé y autores clásicos
como Garcilaso y Góngora, sus primeros poemas reflejan temas pastoriles,
mitológicos y modernistas. Su libro Perito en lunas es de estilo gongorino, centrado
en descripciones de la vida cotidiana, alejándose de preocupaciones personales o
sociales.
2. Poesía amorosa y existencial ("El rayo que no cesa", 1936): En Madrid,
abandona su religiosidad y, bajo la influencia de Neruda, madura su visión del amor.
El rayo que no cesa es un libro de tono trágico, con sonetos y elegías que expresan
un amor intenso y doloroso hacia tres mujeres que marcaron su vida.
3. Etapa bélica ("Viento del pueblo", 1937; "El hombre acecha", 1938): En plena
Guerra Civil, se convierte en un poeta comprometido. Viento del pueblo exalta
valores colectivos y humanos, mientras El hombre acecha refleja la desilusión y el
dolor de la guerra, aunque mantiene una fe en la humanidad.
4. Etapa carcelaria ("Cancionero y romancero de ausencias", 1939-1941): En
prisión, sus poemas breves y melancólicos exploran la ausencia, el amor y la
muerte. Cancionero y romancero de ausencias refleja una voz íntima, marcada por
el sufrimiento, la soledad y el anhelo de libertad.
Cada etapa refleja la evolución personal y artística del poeta, marcada por su contexto vital
y político.