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DARŇDirección de archivos de arquitectura y diseño argentinosŇFADU-UBA

E NT R E V I STA - D É CA D A 7 0

DANIEL SILBERFADEN
Entrevista realizada en Buenos Aires, el 27 de julio de 2005
Por el Arquitecto Juan Molina y Vedia

Empecemos con esta historia que empieza con el “yo alumno”. En el momento en
el que entré fue en el 73, en un curso que se hacía en el verano, y duraba el verano básicamente. Y que era de
ingreso irrestricto, pasabas por una especie de análisis de alguien que lo hacía, pero la sensación que todo
el mundo tenía era que entrabas igual, debió ser algún caso muy extremo el que no entró. Pero yo creo que
está buena esta historia que es lo anterior, este tema de la decisión, que hoy es como tan evidente la lucha
se saber qué seguir de un espectro tan amplio, de un mundo tan diferente. Y me da la sensación que en ese
momento había un poco más de determinismo en cuanto las cosas, y por cierto una sensación de que el
Universo no se expandía, ¿no?, como que las cosas eran más estables, y había decisiones alrededor de
algunas carreras en particular, sobre todo de las llamadas clásicas. Y en mi caso tiene que ver mucho,
primero con mi habilidad para dibujar, digamos que heredé de mi madre, y en ese sentido ella era una muy
buena dibujante y me gustaba mucho verla dibujar y pintar, nunca lo hizo de otro modo que no fuera
interno, casero. Pero a mí me gustaba mucho eso, y yo era buen dibujante para el concepto familiar, para mi
madre era bárbaro. Y después la cercanía de algunos amigos que me llevaban dos o tres años, y que yo los
ayudaba en las entregas. Hacía el pasto con las rotring y estas cosas. Y bueno, no hubo ninguna duda con
respecto a ser arquitecto. Quizás uno de los impactos más fuertes y marca también una época en particular,
muy particular, que fue ese periodo entre el 73 y el 79 en que yo me recibí, que fue un mundo tan extremo,
vos pensá que era desde Cámpora hasta Videla. Ese periodo está muy marcado por una Facultad que
discutía permanentemente esta situación tan extrema, con la policía adentro de La Escuela, o dentro de La
Facultad, y los compañeros tuyos que en algunos casos desaparecían. Nosotros estábamos todos dados por
enterados. Yo no he participado de esta historia de que yo no sabía nada, la Facultad en ese sentido era muy
fuerte. Un Decano como Ibarlucía que se fue cuando yo llegaba, un Decano como Corbacho que dominó de
la mitad de mi periodo para adelante. Pero en definitiva lo que yo te quería decir, que para mí sigue siendo
una historia muy fuerte. Yo estudié en el Roca, en Belgrano. Y en ese mundo del Roca que yo estudié todos
los años, entra en el cuarto año un tipo que yo me hice muy amigo, que venía expulsado del Nacional
Buenos Aires, que era Ramón Cesaris. El da el quinto año libre, este amigo mío da el quinto año libre, y entra
a Arquitectura un año antes que yo. Pero éramos muy amigos, y lo dejo de ver porque él ya estaba en la
facultad y yo sigo en el secundario. Y bueno, a la primera Sala que yo entro, se llama Ramón Cesaris en la
Facultad, o sea apenas yo ingreso a la facultad, hay una sala que se llama Ramón Cesaris porque fue el
primer muerto en la represión de La Triple A, con lo cual imaginate para mí lo que me marcó esa historia,

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que un tipo que era muy amigo, que yo lo quería mucho, y lo admiraba muchísimo, y que de repente en vez
de entrar al aula H, entraba al aula Ramón Cesaris. Y bueno, así empecé, y la verdad que tuve una carrera
más allá de la situación que te englobaba como marco de violencia, como marco de represión, o como
marco de falta de profesores en general porque se habían ido todos prácticamente, la verdad que yo hice
una carrera razonable, un tipo que iba más o menos interesado en los diseños y en las otras más o menos.
Casi te diría que en general, no me destaco para nada, salvo en aquellas cosas que síi me gustaron mucho y
le ponía mucha pasión, con algunos profesores que yo guardo un gran recuerdo porque me daban una
oportunidad, me alentaban, veían la posibilidad de hablar por ejemplo con la que era mi novia que hoy es
mi mujer, Graciela, y le decían, mirá vos no tenés que distraer a tu novio, porque tu novio tiene potencial. Y
la verdad es que a mí me gustaba escucharlo porque, por otro lado yo sentía que eso me gustaba mucho,
que había un tipo que sabía estas cuestiones de lo académico, dijeran, este tipo tiene posibilidades. Pero en
definitiva mi promedio era un promedio mediocre, hice una carrera que fui zafando, creo que no di nada
mal. Y antes de recibirme, decido viajar a Europa con un compañero, hacemos un viaje muy largo por
Europa, y ahí me hizo clic, cuando me di cuenta, porque yo pensé que era un tipo que sabía todo. Y bueno el
contacto con las obras de Corbu… dormíamos en la Ville Savoir, hacía una vida de tipos muy jóvenes, pero
por otro lado muy libres, sobre todo con una libertad comparativamente muy exacerbada, claro veníamos
de…, estoy hablando del 78, la presencia de la cana en la calle, en la facultad, y de repente llegar a España y
que nadie te mirara, al contrario, la España del 78 era increíble. Y bueno, ahí descubrir la obra que tanto
había estudiado, había mirado, in situ, y ver lo que estos tipos producían, o ver a otros alumnos de otras
facultades del mundo dibujando, sentados ahí todo el día dibujando una obra de Gaudí, La Sagrada Familia:
que yo no sabía ni dibujar tan bien, ni esos proyectos hubiese imaginado que eran tan buenos. Fue como
una cosa así de pensar, cuánto me falta para en serio ser arquitecto. Sobre todo viendo las cosas en el lugar.
Y volví muy cargado con esta idea de que en realidad yo tenía una misión como arquitecto, que era por un
lado tratar de hacer buenas obras, y por otro lado que tenía que seguir estudiando, digamos esa era la otra
realidad. La facultad me dio muy buenos momentos, la pasé muy bien, la pasé muy mal, sobre todo con los
compañeros desaparecidos. De algún modo fue una enseñanza brutal en todo sentido. Todo era muy de los
sentimientos, muy de las emociones. Una facultad muy ideológica, tenía compañeros con los cuales
discutíamos y nos peleábamos por la arquitectura. A mí me da la sensación que no sé si hoy me pelearía por
esas cosas, pero en ese momento dejábamos de hablarnos por un proyecto o por otro. Eso me parece
fantástico. Y creo que esta generación de los 70 conserva estas cuestiones, hoy las conserva. Es una herencia
casi marcada en los genes. Lo que sí tengo poco son recuerdos de grandes profesores, yo te diría que los
que me han quedado así en mi retina y en mi memoria son las clases de Gazzaneo, que yo llevaba no
solamente a mi novia, Graciela, sino también a mis amigos a escucharlo. Al inglés Ortiz, que Gazzaneo
invitaba mucho a dar teóricas, alguna clase de matemáticas de un Maquieira, de algunos profesores de
Exactas que después me volví a encontrar en España ya que ellos habían huido. Droeven por ejemplo, tipo
que yo quería y admiraba muchísimo y me enseñó matemáticas como ninguno, y tenía un cuerpo de
profesores que eran todos de Exactas, unos barbudos, divinos, muy modernos. Pero después no tengo
grandes historias que otro tipo en realidad rescataría de una buena facultad, por los profesores que tuve, en
ese sentido no tengo ese recuerdo, salvo estos casos y seguramente alguno que me olvido. Me da la

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sensación que era más una autoformación, y una cantidad de tipos que creíamos que la arquitectura se
podía aprender tanto en la facultad, como en los libros, o trabajando en los Estudios. Bueno, paralelo a eso
yo trabajaba en los Estudios, yo dibujaba bien perspectivas y esta historia del dibujo me hizo terminar
siendo perspectivista de muchos concursos para estudios que eran profesores míos, o gente de ese tipo. Y
fue alimentando una historia, que tiene que ver con mucho de afuera. Y cuando me recibo, pasar
directamente a La Escuelita o corriendo a inscribirme en La Sociedad Central y al Consejo, nunca supe muy
bien por qué, pero yo creo que todos los que nos recibimos en ese momento salíamos corriendo a
anotarnos a un lugar que diese una especie de continuidad, de contención al ser arquitecto. Y otra cosa de
esa época es que comencé a hacer mis primeros proyectos siendo estudiante, construí dos casas, la primera
de ellas me gustaría volverla a hacer en este momento porque era increíblemente grande para un tipo que
no tenía ni siquiera el título de Arquitecto ni mucho menos, ahí en José C. Paz, para un amigo de mi tía, una
cosa así. Bueno y quizá el primer recuerdo fuerte de mi vida que lo sigo hoy viendo y sintiendo, después de
hacer el proyecto, una casa de muros portantes, ladrillos a la vista, bastante moderna. Una quinta en el
medio del campo, ahí de José C. Paz, y bueno cuando llego un día a la obra recién empezada, habían
levantado un pedazo de muro ya, de esa primera casa, de mi primer proyecto, y los obreros albañiles,
comiendo a la sombra del muro que yo había proyectado. Esta sensación de que alguien estaba usando
parte de ese proyecto para algo, es un recuerdo para mí muy fuerte y casi imborrable. Bueno después la
obra duró un siglo y llena de errores y no sé cuánto, pero bueno, sigue estando la casa, y ya por supuesto
pasaron un montón de años, treinta o más, pero la verdad es que es un buen recuerdo esa casa. Y algunas
otras obras que yo ya empezaba a hacer, con lo cual mi historia con los Estudios, a diferencia de otros
arquitectos, casi termina cuando termino de ser estudiante. Ya inmediatamente paso a ser un profesional
independiente, que estuve mucho tiempo solo, trabajando solo, y yo te diría que los últimos quince años
empecé a abrirme más, a tener sociedades que siempre fueron por un tiempo, muy vinculado a las propias
obras que se iban generando, no como idea previa de antes de tener una obra tengo un Estudio con socios.
Entonces ha pasado Ricardo Sanz, o Pablo Rosenwasser, Cacho Soler, en fin diferentes sociedades que
siempre me parecieron interesantes, pero siempre me gusta volver a estar en soledad. Hay un punto en el
cual el reencuentro con el proyecto siempre me pareció que era un acto imposible de compartir, una cosa
muy individual en términos de concepción. Después la construcción del proyecto, sí es más fácil para mí
abrirlo, darlo a dibujar o compartirlo con los asesores. Pero tengo esta sensación que nunca proyecté tan
bien para mí, no como producto, sino para mí, esta sensación íntima del proyecto resuelto a la madrugada
cuando te levantás y te das cuenta de que hay un proyecto mejor de lo que venías dibujando. Este tema de
tu cabeza que sigue trabajando. No obstante eso, las sociedades que tuve fueron fantásticas, a veces más, a
veces menos felices pero siempre hubo cosas muy fuertes. Pero, te repito, quizás por un tema de formación,
o porque trabajé siempre así, o porque lo siento así, siempre mis proyectos los sentí como una cosa muy
íntima y muy difícil para mí de compartir. Yo a veces veo un Estudio de cinco o de seis, o de cuatro, y la
verdad es que no sé cómo hacen para sentirse…

Sí, pero el núcleo, el carozo, siguió entero. Pero fijate vos que hay otros Estudios, no sé, Baudizzone-

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Lestard, con Varas, con Díaz, o con Erbin, pero también conserva el ADN del Estudio. Yo no sé si es un tema
de épocas o de formas de pensar la concepción de los proyectos.

Y bueno, esa es otra característica, digamos, porque las obras que más me interesan hoy y me
interesaron siempre, tienen una cuota de artesanía, en términos de construcción y de detalle que me
impiden por otro lado tener mucha obra junta. Porque hay mucha cosa mía puesta en las obras. Yo
indefectiblemente en las mañanas, salvo los lunes que voy a la Facultad, no dejo de pasar por las obras, y
pasar los fines de semana y mirarlas. Y esto lo sigo haciendo al día de hoy, y la verdad que me gusta incluso
tener un Estudio pequeño. Con Pablo Rosenwasser llegamos a tener un Estudio de veintipico de personas,
allá antes de la crisis del 2001, por el 2000 que habíamos ganado un par de concursos grandes. Pero nunca
sentí que esa era un Estudio en el cual yo podía estar atento a todos los detalles y a todas las obras. Y se
nota, se nota que hay obras que son disímiles, porque las concepciones han sido diferentes, porque el
seguimiento ha sido diferente. Yo te diría que mi universo, es un universo muy limitado en ese sentido,
porque no puedo hacerme cargo de muchos, sino que puedo concentrarme en poco.

Totalmente, y vos sabés que…

A nivel local yo siempre admiré muchísimo a Mario Roberto Álvarez. Siempre me pareció que estar
pensando casi un único proyecto a lo largo de tu vida, y si bien no es así, hay algo cercano a eso,
perfeccionando. Me hacía acordar muchísimo a estos tipos que estudiaban la Biblia ¿no? Y que se pasaban
la vida encerrados, tratando de entender, un proyecto único en tu vida y que tratás de profundizar y llegar a
algo que no llegás, finalmente, porque es un proyecto siempre inconcluso. Pero de eso, de eso sabés un
montón. Y me parece que Mario Roberto en ese sentido hay cosas que sabe un montón. Y este tema del
“descule” de la baranda, a mí esas cosas me encantan.

Y contado por él, no es qué él te dice, mirá preguntáselo a…, no. él te lo cuenta. O sea que conoce
profundamente su obra.

Es increíble, y por otro lado porque es una persona, que insisto, como se ha dedicado toda la vida a eso,
conoce mucho y es muy sensible a algunas cuestiones que no están explicadas. Por ejemplo, la planta baja
de la Bolsa de Comercio de Rosario, cuando él logra colocar en el proyecto un patio detrás, lo que logra es

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darle transparencia al proyecto porque si no tuviese esa luminosidad detrás de la fachada, el vidrio reflejaría
lo que tiene enfrente. Esa maniobra es muy sutil, e insisto, nadie se ha dedicado, él no le explica,
“recomiendo a ustedes que siempre pongan un patio”. Y yo te diría que no es “La Obra”, todo el mundo
destaca y con razón el Teatro San Martín, creo que tiene momentos gloriosos como la planta baja, yo creo
que es en ese sentido, un verdadero clásico de la arquitectura. Mucha de la obra de él está plagada de estos
pequeños detalles. En esa época yo lo admiraba mucho, a punto tal que mis amigos me decían el hijo de
Álvarez, o me cargaban, porque yo sentía una admiración profunda por él.

Para mí sí, y por eso me alegré cuandoElio Piñón armó un libro digno. Porque el propio libro de Álvarez
que producen en su Estudio es grandote, la verdad es como…

Sí, porque sale del catálogo, como es el libro de Álvarez hecho por Álvarez, sale de ese catálogo de obras
y lo que muestra es esa sutileza. Otro arquitecto que me gustaba pero me generaba como menos interés, es
Clorindo. Yo siento y sentía que es un tipo más desparejo, que tiene cosas increíblemente buenas, y otras
que la verdad no comparto nada, quizá porque el capricho puesto en la arquitectura para mí tiene que
ocupar un porcentaje muy pequeño, ese “porque si”, lo hago porque se me canta, yo cada vez trato de
adjudicarle, la menor porción posible, y en ese sentido me parece que Mario Roberto es poco caprichoso, es
racional y que todo tiene como una cuestión pensada previamente, y no hay una situación accidental. De
los tipos de afuera, bueno yo estaba muy interesado en James Stirling, tipo que me gustaba muchísimo, el
periodo previo al postmodernismo, la época que a mí toca estudiar.

No, no. Analizando su obra después es interesante, incluso en sus peores logros, hay una cuota de
inteligencia de buen arquitecto, pero en las primeras, la de la Universidad de Cambridge, esos son para mí,
proyectos increíbles. Yo estaba muy interesado sobre todo en la época de los summarios, por toda la
arquitectura metabolista, los Archigram, o sea esas cosas me interesaban mucho, me parece que hacían el
aporte teórico en ese momento necesario, tipos que pensaban completamente diferente, y que incluso hoy,
yo te diría que tienen una actualidad en algunos aspectos muy impresionantes. Peter Cook, por ejemplo.
Cuestiones de flexibilidad, cuestiones justamente de la indeterminación en muchos aspectos de la
arquitectura que a mí hoy, la verdad son temas que me interesan mucho, de la mano de otras cuestiones
que tienen que ver con cuestiones sociales, filosóficas. Yo creo que los tipos dan una visión en los’60 a los
70, muy interesante, un aporte muy lateral.

Pero fijate que fuerte, ¿no? Pensar en cuestiones universales.

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Después hay otros tipos como. Louis Kahn. Bueno, ni hablar Le Corbusier. Mies siempre lo conocí mucho
menos, hasta que más avanzado visito el Pabellón de Barcelona, ahí me empieza a interesar mucho más,
pero hay una cuestión ahí de lo escultórico, de una visión de la arquitectura que pasaba por las miradas
diferentes que producía Corbu en sus obras, que a mí estas cosas me interesaba mucho, su visión también,
fuera de la disciplina.

No, por fuera. Yo trato, si no te lo dije, de reafirmar la idea que la Facultad para mí fue una especie de
plataforma. Plataforma de cosas que me interesaban por fuera. En ese sentido esa Facultad me servía como
para tener que cumplir un cierto trabajo, un cierto horario, un cierto ejercicio, encontrarme con mis amigos.
Pero yo siempre la consideré como una especie de plataforma de cosas que yo podía hacer en paralelo, de
trabajar o de trabajar en un Estudio, o de compartir café con mis amigos, charlar y matarnos de risa, y
siempre ligados al tema de la arquitectura, o pelearme con mis compañeros por temas de arquitectura, pero
me sirvió para eso, era como un cable a tierra. Pero mis inquietudes siempre pasaron por el costado de esa
Facultad. Porque yo creo que adolecía de buenos profesores, para mí lo principal que tiene que tener una
Facultad. Yo vuelvo a la Facultad de la mano de Tony Díaz en el 84. Y creo que ese momento, entre el 84
hasta que se va Tony en el 87-88, que yo estuve ahí con él en Diseño 4, con Luis Ibarlucía.

Y fue un periodo…Porque aparte era toda tu generación de tipos de cuarenta.y.pico.

Bueno Puzzy por ejemplo, que yo siempre lo asocié al Consejo ¿no?, yo veo las obras, una obra con
Soto, pero increíble, increíble, que este libro que salió ahora de Soto y Rivarola, la pucha, la verdad qué
arquitecto. ¡Que bárbaro y que humilde! Porque por otro lado es un tipo de bajo perfil.

Sí es increíble. Bueno esa es una segunda etapa de mi vida. Porque yo con Puzzy tengo un acercamiento
muy fuerte cuando me voy de la facultad en el 87, 88, estoy un año con Moscato, cuando se va Tony, me
paso un año con el Mosca, pero ya ahí dejo definitivamente la facultad, y empiezo con un proyecto propio,
pensando: bueno, yo así no quiero enseñar más. Y empiezo a trabajar, como si fuera, no sé, un tipo que se
pone a armar barcos y aviones de madera, yo me pongo a escribir sobre la facultad, en qué facultad yo
enseñaría, qué es lo que me gustaría, y empiezo a armar un proyecto que termina siendo la Facultad de
Arquitectura de Palermo.
.
Escribí como si fuera una especie de Biblia, y conozco en una fiesta al que era un joven en ese momento
Rector de La Universidad de Palermo el ingeniero Popovsky, fanático de la arquitectura el tipo, y le cuento,
pero sin ninguna pretensión, solo para seguir escribiendo sobre el tema. Y me dice: mirá, el tema me
interesa, por qué no me venís a ver, viajo a Japón, cuando vuelva te llamo. Me llama, me junto con él en un
café, ahí en Juramento y 11 de Septiembre por ahí, y le cuento el proyecto. Me dice, bueno mirá me interesa,
armáte un equipo y tratemos de armar la Facultad. y bueno ahí lo llamo a Puzzy, lo llamo a Rubén Movia, al
inglés Ortiz, a Minond, a Espinadel, a Galay, A un equipo de asesores que durante un año trabajamos en ese

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proyecto. Y bueno esa fue mi segunda entrada en la enseñanza, pero ya creando esta Facultad pequeña, que
fue para mí un proyecto que duró seis años, un día dije, se acabó el proyecto, bien, yo sigo siendo amigo de
Popovsky todo, pero para mí ya era una obra terminada. Todo un ciclo con arquitectos recibidos, una
historia cortísima en ese sentido. Pero bueno, de algún modo esta es la historia mía con la Facultad, con
proyectos en el medio.Pero, vos sabés que cuando yo junté a estos personajes que te digo, para empezar a
armar el proyecto de Palermo, la primera pregunta que yo les hago, la primera pregunta: ¿por qué todo el
mundo habla de la facultad de los 60? Claro yo no lo sabía, no lo había vivido.

Claro, cuáles son las cosas que se juntan.

Exacto. Cuál es el tejido, más allá de que tampoco vos lo podés abstraer del país.

Totalmente

Sí, pero hoy daría la sensación que es impensado que se puedan dar situaciones como esas tan
brutales, tan obvias. Pero reconstruir todo ese tejido, esa continuidad, es muy difícil, porque es un proceso
de cuarenta años, estas hablando de cuarenta años. Pero hoy salió justamente sobre este tema en La
Nación, hoy o ayer, salió un artículo sobre un discurso de Frondizi, que también es un discurso que debe
haber sido del 59, y que habla de un Proyecto de País.

Frondizi como emergente de una sociedad progresista, positivista, con una mirada de crecimiento, era
coherente que apareciera de la mano de gente por otro lado joven, una cantidad de proyectos, entre ellos
proyectos académicos de claro corte progresista, con voluntad de innovar. Esto se cortó lamentablemente, y
fijate vos que lo que hoy aparece como innovador son pequeños rincones que no llegan a armar todavía un

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entramado general.

Exactamente. Faltan todavía estas figuras, estos enlazadores, que son figuras claves que logran de un
modo generar una articulación entre todos estos pedazos que todavía están en reconstrucción. Yo creo que
en ese momento la Facultad de Palermo, en particular, era un pedacito de algo, que la Di Tella por otro lado
con Pancho también estaba intentando o sigue intentando tener, Beitía no sé dónde, como personajes.

Sí algunos talleres, tal cual. Y yo por eso creo que esta Facultad que viene, o que está por venir, que falta
discutir mucho, debería ser un proyecto que se apoye en esta capacidad de innovar y de mejorar esas cosas
que no se ven bien después de veinte años de cambio. Pero bueno, es interesante, es un momento muy
interesante.

DANIEL SILBERFADEN

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