OBENDECIA AL DERECHO COMO TEMA POLÍTICO Y JURÍDICO
Robinson Darío Giraldo Orozco
Juan Sebastián Martínez Carrillo
Yeison Rafael Márquez Gutiérrez
Justin Javier González Pedrozo
José David Hernández Anillo
Socióloga Mg. Leticia Hundeck Pichón
Lectura y Escritura Critica
Universidad del Atlántico
Facultad Ciencias Jurídicas
Programa de Derecho
Puerto Colombia Atlántico
28 de NOVIEMBRE de 2024
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Reseña Critica
Introducción
El Derecho es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad
organizada. Su función no solo es la de regular las relaciones humanas y garantizar el
orden, sino también la de proteger los derechos fundamentales y establecer mecanismos
para resolver conflictos. Sin embargo, detrás de su aparente objetividad y utilidad práctica,
el Derecho plantea profundas preguntas teóricas: ¿Qué hace que una norma sea válida?
¿Por qué los ciudadanos deben obedecerla? ¿Qué ocurre cuando una norma pierde su
eficacia? ¿Es legítima la desobediencia frente a leyes que resultan injustas o contrarias a los
valores éticos? Estas preguntas no solo son centrales en el ámbito jurídico, sino también en
el debate ético y político que subyace a cualquier sistema normativo.
La presente reseña crítica se basa en el análisis de tres textos fundamentales
que abordan estas cuestiones desde perspectivas complementarias. Hans Kelsen, en su obra
“¿Por qué obedecer al Derecho?”, plantea una visión positivista en la que el Derecho es un
sistema autónomo cuya validez se deriva de su estructura normativa interna, sin necesidad
de recurrir a principios externos como la moralidad o la religión. Raúl Calvo Soler, en su
artículo sobre la ineficacia de las normas jurídicas, introduce el concepto de desuetudo, que
explica cómo una norma puede perder su eficacia en la práctica, cuestionando así su
relevancia en el sistema jurídico. Por último, el análisis sobre la desobediencia al Derecho
aporta una perspectiva ética al considerar los casos en los que la resistencia a las leyes no
solo es legítima, sino también necesaria para promover la justicia.
La validez del Derecho según Hans Kelsen: Una perspectiva positivista
Introducción al pensamiento de Kelsen
Hans Kelsen es uno de los juristas más influyentes del siglo XX y una
figura central en el desarrollo del positivismo jurídico. Su enfoque busca separar el Derecho
de otras disciplinas normativas, como la ética, la religión o la política, para analizarlo como
un sistema autónomo que opera bajo sus propias reglas. En su texto “¿Por qué obedecer al
Derecho?”, Kelsen aborda una de las preguntas fundamentales de la teoría jurídica: ¿por
qué las personas deben obedecer las normas jurídicas? Según Kelsen, la respuesta radica en
la validez formal de las normas dentro de un sistema normativo coherente, estructurado en
torno a una norma básica hipotética.
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La norma básica como fundamento del sistema normativo
El concepto de norma básica o Grundnorm es uno de los aportes más
innovadores de Kelsen al pensamiento jurídico. Esta norma básica no es una regla escrita ni
promulgada por una autoridad, sino un supuesto lógico que sirve como punto de partida
para dar coherencia al sistema jurídico. Según Kelsen, todas las normas de un sistema
derivan su validez de esta norma básica. Por ejemplo, en un sistema constitucional, las
leyes obtienen su validez de la Constitución, y esta, a su vez, se fundamenta en una norma
básica que establece la obligatoriedad de obedecerla.
Lo que hace a la norma básica particularmente interesante es que no
depende de ningún principio moral o ético para justificar su existencia. En cambio, su
función es puramente técnica: garantizar la coherencia y operatividad del sistema
normativo. Esta característica permite que el Derecho sea estudiado de manera objetiva y
científica, sin necesidad de recurrir a conceptos subjetivos o controvertidos como la justicia
o la moralidad.
La autonomía del Derecho frente a la moralidad y la religión
Uno de los aspectos más importantes de la teoría de Kelsen es su
insistencia en que el Derecho debe ser un sistema autónomo, desvinculado de la moral y la
religión. Según Kelsen, mezclar el Derecho con principios externos como la ética puede
llevar a confusiones y contradicciones, ya que lo que es considerado moralmente correcto
puede variar de una cultura a otra o incluso dentro de una misma sociedad. Por ello, el
Derecho debe ser analizado únicamente desde su estructura formal, sin importar si las
normas son percibidas como justas o injustas.
En este sentido, Kelsen critica las doctrinas iusnaturalistas, que sostienen
que el Derecho positivo debe estar subordinado a un Derecho natural basado en principios
morales universales. Para Kelsen, esta visión es problemática porque la moralidad no es un
criterio objetivo ni constante. Además, el iusnaturalismo puede ser utilizado para justificar
posturas contradictorias, dependiendo de qué principios morales se consideren prioritarios.
De manera similar, Kelsen rechaza las justificaciones teológicas del
Derecho, como las propuestas por la doctrina cristiana de San Pablo, que afirma que las
leyes deben ser obedecidas porque representan la voluntad divina. Según Kelsen, esta
perspectiva no tiene cabida en un análisis científico del Derecho, ya que se basa en
creencias metafísicas que no pueden ser verificadas empíricamente.
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Las limitaciones del positivismo jurídico
Aunque el enfoque de Kelsen es coherente desde un punto de vista lógico,
presenta limitaciones importantes en la práctica. Una de las críticas más frecuentes al
positivismo jurídico es su desconexión con la moralidad. Al desvincular la validez de las
normas de su contenido ético, el positivismo permite que leyes claramente injustas sean
consideradas válidas si cumplen con los requisitos formales del sistema. Esto plantea un
dilema ético: ¿es legítimo obedecer normas que, aunque válidas, son contrarias a los
derechos humanos o a los valores fundamentales de justicia?
Este dilema es particularmente relevante en contextos de regímenes autoritarios, donde las
leyes pueden ser utilizadas como herramientas de opresión. Aunque el positivismo jurídico
permite analizar el Derecho de manera objetiva, no ofrece respuestas satisfactorias a las
cuestiones éticas que surgen cuando las leyes violan principios fundamentales. Este vacío
ético es una de las principales críticas que se le hacen a la teoría de Kelsen.
Ejemplos históricos de leyes injustas
La historia está llena de ejemplos de leyes que, aunque formalmente válidas, fueron
profundamente injustas. Durante el régimen nazi en Alemania, muchas de las leyes
promulgadas cumplían con los requisitos formales del sistema jurídico, pero eran
violatorias de derechos fundamentales y promovían la discriminación, la persecución y el
genocidio. Este caso pone de manifiesto las limitaciones del positivismo jurídico, ya que
demuestra que la validez formal de una norma no garantiza su legitimidad ética.
De manera similar, las leyes de segregación racial en Estados Unidos, conocidas como
leyes Jim Crow, eran consideradas válidas dentro del sistema jurídico, pero perpetuaban
una desigualdad sistemática que contradecía los principios de igualdad y justicia. Estos
ejemplos muestran que, aunque el positivismo jurídico puede ser útil para analizar la
estructura formal del Derecho, no es suficiente para abordar las cuestiones éticas que
surgen en contextos de injusticia.
La eficacia del Derecho: El análisis de Raúl Calvo Soler y el concepto
de desuetudo
Introducción a la eficacia normativa
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El análisis de Raúl Calvo Soler se centra en el concepto de eficacia como
un elemento esencial del Derecho. En su artículo sobre la ineficacia de las normas jurídicas,
Calvo Soler introduce el concepto de desuetudo para explicar cómo una norma pierde su
eficacia cuando deja de ser respetada por los ciudadanos o aplicada por las autoridades.
Este enfoque complementa la teoría de Kelsen al destacar que la validez formal de una
norma no es suficiente para garantizar su relevancia en la práctica.
Validez versus eficacia: Una relación dinámica
Mientras que Kelsen define la validez como la pertenencia de una norma a
un sistema normativo, Calvo Soler argumenta que la eficacia es un elemento igualmente
importante para el funcionamiento del Derecho. Una norma puede ser formalmente válida,
pero si no es acatada por la sociedad ni aplicada por las autoridades, pierde su capacidad de
influir en la conducta de las personas. Este proceso de pérdida de eficacia es lo que Calvo
Soler denomina desuetudo.
El concepto de desuetudo describe un fenómeno gradual en el que una
norma entra en desuso debido a su falta de aplicación práctica. Por ejemplo, si una ley
prohíbe una conducta específica, pero esa prohibición no es respetada ni sancionada, la
norma pierde su eficacia y eventualmente deja de ser relevante. Este proceso refleja la
naturaleza dinámica del Derecho, que debe adaptarse a las realidades sociales y culturales
cambiantes.
La zona de penumbra y la transición normativa
Calvo Soler introduce el concepto de zona de penumbra para describir el
período de transición en el que una norma en desuso y una norma en uso pueden coexistir
dentro del sistema jurídico. Durante esta etapa, puede haber incertidumbre sobre cuál de las
dos normas es aplicable, lo que genera tensiones normativas y desafíos prácticos para las
autoridades judiciales. Este fenómeno muestra que el Derecho no es un sistema estático,
sino uno que evoluciona en respuesta a las necesidades y expectativas de la sociedad.
Ejemplos prácticos de desuetudo
Un ejemplo claro del fenómeno de desuetudo es el caso de leyes que
prohíben comportamientos que han sido ampliamente aceptados por la sociedad. Por
ejemplo, en algunos países, las leyes que penalizaban las relaciones homosexuales
quedaron obsoletas debido a cambios en las actitudes sociales y políticas. Aunque estas
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leyes seguían siendo formalmente válidas, su falta de aplicación las convirtió en normas
irrelevantes dentro del sistema jurídico.
La cuestión de la obediencia al derecho es un tema central en la filosofía
política y jurídica, que involucra no solo la obligación legal de seguir las normas, sino
también las razones subyacentes que justifican tal obediencia. En este contexto, se exploran
tres tipos de razones que motivan a los ciudadanos a cumplir con el ordenamiento jurídico:
razones legales, razones prudenciales y razones morales. Cada una de estas categorías
presenta sus propias características y limitaciones, lo que lleva a un debate más amplio
sobre la legitimidad del Estado y la naturaleza del derecho.
Las razones legales se basan en la tautología de que, dado que una norma
existe, los ciudadanos están obligados a obedecerla. Sin embargo, esta perspectiva es
criticada por su incapacidad para proporcionar una justificación sólida para la obediencia,
ya que se limita a un análisis interno del sistema jurídico sin considerar factores externos
que puedan influir en la validez de las normas. Hans Kelsen, un prominente teórico del
derecho positivo, argumenta que esta visión no aborda la cuestión fundamental de por qué
los individuos deben acatar las leyes más allá de su mera existencia.
Por otro lado, las razones prudenciales se centran en un cálculo costo-
beneficio, donde los individuos obedecen las leyes debido a incentivos o temores de
sanciones. Aunque estas razones pueden ser efectivas en términos prácticos, son
insuficientes para reclamar una obediencia genuina al derecho. Este enfoque puede llevar a
una obediencia superficial basada en el interés personal, lo cual no fomenta un compromiso
real con el sistema normativo.
Las razones morales, en contraste, abogan por una obediencia
fundamentada en principios éticos y justicia. Estas razones sostienen que el derecho debe
ser respetado porque emana de procedimientos democráticos y protege los derechos
humanos. Esta perspectiva reconoce que el derecho es una construcción humana que debe
ganarse su legitimidad a través de la justeza de sus normas. La moralidad juega un papel
crucial en esta discusión, ya que establece un vínculo entre el derecho y la ética, sugiriendo
que la autoridad del derecho debe ser cuestionada si no se alinea con valores fundamentales
como la justicia y la equidad.
El concepto de obligación política también se entrelaza con la discusión
sobre la obediencia al derecho. Esta obligación implica no solo cumplir con las normas
legales, sino también reconocer el papel del Estado como entidad legítima que actúa en
beneficio del bien común. La legitimidad del Estado se convierte en un factor determinante
para que los ciudadanos sientan un deber moral de obedecer las leyes. En este sentido, la
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autoridad del Estado debe ser vista como legítima solo si actúa conforme a principios
democráticos y respeta los derechos fundamentales.
La obra de pensadores como John Rawls ofrece una perspectiva adicional
sobre esta problemática. Rawls distingue entre "deber" y "obligación", sugiriendo que
existe una obligación moral de obedecer leyes justas, pero también reconoce que incluso las
leyes injustas pueden requerir obediencia bajo ciertas condiciones. Esta postura plantea
interrogantes sobre el equilibrio entre el respeto a las instituciones y la necesidad de
resistencia ante injusticias manifiestas.
En conclusión, la obediencia al derecho es un fenómeno complejo que no
puede ser explicado únicamente desde una perspectiva legalista o pragmática. La
interacción entre razones legales, prudenciales y morales revela la necesidad de un enfoque
integral que considere tanto la legitimidad del ordenamiento jurídico como el compromiso
ético de los ciudadanos hacia su cumplimiento. La construcción de un Estado de derecho
robusto depende de esta relación dinámica entre el derecho positivo y los valores éticos
compartidos por la sociedad. La aceptación de normas justas y legítimas es fundamental
para fomentar un ambiente donde los ciudadanos no solo se sientan obligados a obedecer,
sino también motivados a participar activamente en el fortalecimiento del sistema
democrático y en la promoción de una justicia social efectiva.
La cuestión de la validez del Derecho positivo es fundamental en la teoría
jurídica y ha sido objeto de diversas interpretaciones a lo largo de la historia. En el análisis
presentado, se exploran las justificaciones ofrecidas por dos enfoques predominantes: el
iusnaturalismo y la teología cristiana, ambos intentando fundamentar la obligación de
obedecer las leyes.
En primer lugar, el iusnaturalismo sostiene que la validez del Derecho
positivo se deriva de su conformidad con principios morales universales, los cuales se
consideran superiores al Derecho positivo. Sin embargo, este enfoque enfrenta críticas
significativas. La principal objeción es que no logra explicar por qué los individuos deben
obedecer normas que, aunque supuestamente derivadas de la naturaleza, carecen de una
autoridad normativa clara. Además, al identificar el Derecho positivo con la Justicia, se
corre el riesgo de justificar cualquier legislación como justa, lo que desdibuja el significado
de ambos conceptos y puede llevar a contradicciones evidentes entre diferentes sistemas
legales.
Por otro lado, la teología cristiana, representada por las enseñanzas de San
Pablo, argumenta que la obediencia al Derecho positivo es un mandato divino. Sin
embargo, esta perspectiva también es problemática, ya que plantea interrogantes sobre la
autoridad divina y su relación con las leyes humanas. La premisa de que Dios ordena
obedecer a las autoridades no proporciona una base sólida para la validez del Derecho
positivo en sí mismo, ya que sigue siendo necesario justificar por qué los hombres deben
acatar los mandatos divinos.
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El autor concluye que tanto el iusnaturalismo como la teología cristiana no
ofrecen respuestas satisfactorias a la pregunta sobre la validez del Derecho positivo. En
lugar de buscar justificaciones en órdenes superiores o principios morales inmanentes, se
propone que el Derecho positivo debe ser considerado como un sistema normativo
autónomo y soberano. Este sistema se fundamenta en una estructura jerárquica que incluye
constituciones y leyes elaboradas por legisladores y aplicadas por tribunales. La razón
última para obedecer estas normas radica en su propia existencia como parte de un orden
legal establecido, lo cual permite diferenciar entre lo legalmente correcto e incorrecto.
En resumen, el análisis sugiere que la validez del Derecho positivo no debe
depender de justificaciones externas basadas en moralidades o divinidades, sino ser
reconocida como un orden normativo legítimo en sí mismo. Esto implica aceptar una
hipótesis fundamental: que los individuos deben cumplir con las normas establecidas dentro
del marco del Derecho positivo, dado que este constituye un sistema coercitivo y regulador
de las relaciones sociales dentro de un Estado.
Como conclusión tenemos que:
La obediencia al derecho es un tema central en la filosofía política y
jurídica, que se entrelaza con conceptos de legitimidad y obligación política. Este análisis
busca desentrañar las razones que justifican la obediencia a las normas jurídicas, así como
su relación con la moralidad y la estructura del Estado. A través de la exploración de
diferentes enfoques, se argumenta que la obediencia al derecho no puede ser entendida
únicamente desde una perspectiva legalista o pragmática, sino que debe incluir
consideraciones éticas y políticas que fundamenten la legitimidad del sistema normativo.
En primer lugar, se identifican tres tipos de razones para obedecer el
derecho: razones legales, razones prudenciales y razones morales. Las razones legales, que
sostienen que la existencia de una norma implica su obediencia, son criticadas por su
carácter tautológico. Esta perspectiva no ofrece una justificación sólida para la obediencia,
ya que se limita a afirmar que el derecho debe ser obedecido porque existe. Hans Kelsen,
un destacado teórico del derecho positivo, señala que esta visión no aborda la pregunta
fundamental sobre por qué los individuos deben acatar las leyes más allá de su mera
existencia. Por lo tanto, se concluye que las razones legales son insuficientes para reclamar
una obediencia genuina.
Las razones prudenciales, por otro lado, se basan en un análisis costo-
beneficio donde los individuos obedecen las leyes debido a incentivos o temores de
sanciones. Aunque este enfoque puede ser efectivo en términos prácticos, también es
limitado. La obediencia motivada por intereses personales o el temor a las consecuencias no
fomenta un compromiso real con el sistema normativo. Este tipo de razones puede llevar a
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una obediencia superficial y utilitaria, lo cual no contribuye a la construcción de una
sociedad justa y equitativa.
En contraste, las razones morales ofrecen un enfoque más sustantivo para
justificar la obediencia al derecho. Estas razones sostienen que el derecho debe ser
respetado porque emana de procedimientos democráticos y protege los derechos humanos.
La moralidad juega un papel crucial en esta discusión, ya que establece un vínculo entre el
derecho y la ética. Se argumenta que el derecho, como construcción humana, debe ganarse
su legitimidad a través de la justeza de sus normas. Esto implica que los ciudadanos deben
sentir una obligación no solo jurídica, sino también moral de cumplir con las normas
establecidas.
El concepto de obligación política también es fundamental en esta
discusión. La obligación política implica un deber hacia el Estado y sus instituciones,
basado en el reconocimiento de su legitimidad y su función en la sociedad. Esta obligación
está íntimamente relacionada con las razones morales para obedecer el derecho; si los
ciudadanos perciben al Estado como legítimo y justo, estarán más dispuestos a cumplir con
sus normas. Sin embargo, esta relación es compleja y puede estar sujeta a cuestionamientos
cuando las leyes o acciones del Estado son consideradas injustas.
La obra de pensadores como John Rawls proporciona una perspectiva
adicional sobre este tema. Rawls sostiene que existe una obligación moral de obedecer
leyes justas, pero también reconoce que incluso las leyes injustas pueden requerir
obediencia bajo ciertas condiciones. Esta postura plantea interrogantes sobre el equilibrio
entre el respeto a las instituciones y la necesidad de resistencia ante injusticias manifiestas.
En su teoría de la justicia, Rawls establece que los ciudadanos tienen un deber natural de
defender y fomentar instituciones justas, lo cual incluye tanto cumplir con las normas
cuando son justas como trabajar para mejorar aquellas que no lo son.
La discusión sobre la obediencia al derecho también involucra las
paradojas de la autoridad, planteadas por autores como Joseph Raz. Estas paradojas
sugieren que someterse a una autoridad puede parecer incompatible con la autonomía moral
del individuo. Sin embargo, se argumenta que esta relación no es necesariamente
contradictoria si se sostiene que la autoridad es legítima solo cuando actúa conforme a
principios justos. En este sentido, el respeto por la autoridad del derecho debe estar
condicionado a su alineación con valores éticos fundamentales.
En conclusión, la obediencia al derecho es un fenómeno multifacético que
requiere una comprensión profunda de las razones subyacentes a dicha obediencia. La
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legitimidad del ordenamiento jurídico depende no solo de su existencia formal sino también
de su alineación con principios éticos y democráticos. Para construir un Estado de derecho
robusto y efectivo, es esencial fomentar un compromiso activo por parte de los ciudadanos
hacia el cumplimiento normativo basado en una comprensión compartida de justicia y
equidad. Esto implica reconocer que la autoridad del derecho debe ser cuestionada y
validada constantemente a través del diálogo social y político, asegurando así que el
sistema jurídico no solo sea respetado sino también considerado legítimo por aquellos a
quienes afecta.
La interacción entre razones legales, prudenciales y morales revela la
necesidad de un enfoque integral hacia la obediencia al derecho. Solo cuando los
ciudadanos sienten que sus derechos están protegidos por un sistema justo y legítimo
estarán dispuestos a cumplir con las normas establecidas. Esto requiere un esfuerzo
continuo para garantizar que las leyes sean justas y reflejen los valores democráticos
fundamentales, promoviendo así una cultura cívica donde el respeto por el derecho sea
visto como un deber moral compartido en lugar de una mera obligación legal impuesta
desde arriba.
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Cuestionario
1. Explique por qué es importante preguntarnos sobre la existencia de
una obligación moral de obedecer el derecho.
Cuestionar la existencia de una obligación moral de obedecer el derecho es
fundamental porque permite reflexionar sobre los límites y condiciones de la autoridad
jurídica en una sociedad democrática. No toda norma jurídica es intrínsecamente justa, por
lo que esta pregunta abre la posibilidad de discernir entre leyes que deben ser obedecidas
por su legitimidad ética y aquellas que, aunque válidas desde un punto de vista formal,
carecen de fundamentos morales. Esto fomenta un sistema jurídico más fuerte, que no solo
busca el cumplimiento, sino también la aprobación crítica de los ciudadanos.
2. ¿Por qué el tema de la obediencia al derecho está ligado con la
obligación política y la legitimidad de los sistemas jurídicos?
La obediencia al derecho está principalmente vinculada con la obligación
política porque ambas dependen de la legitimidad del sistema jurídico. La obligación
política se fundamenta en la necesidad de la aprobación social y en el reconocimiento de la
autoridad legítima del Estado. Un sistema jurídico legítimo no solo busca imponer normas,
sino que estas sean percibidas como justas por los ciudadanos. De este modo, la legitimidad
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se convierte en un puente entre la obediencia al derecho y el compromiso político,
asegurando que las leyes reflejen principios éticos y democráticos.
3. Describa las razones legales, prudenciales y morales que se dan para
obedecer el derecho.
Razones legales: Fundamentadas en la validez formal de las normas dentro de un
sistema jurídico, estas razones establecen que la existencia de una ley implica la
obligación de cumplirla. Sin embargo, su carácter repetitivo limita su fuerza
persuasiva, ya que no explican por qué el sistema mismo debe ser obedecido.
Razones prudenciales: Se basan en cálculos de ventajas y desventajas asociadas al
cumplimiento o incumplimiento de las normas. Incluyen factores como el temor al
castigo, las sanciones sociales o los incentivos positivos, estas razones carecen de
profundidad ética, ya que apelan al interés personal más que al compromiso moral.
Razones morales: Estas son las más sólidas y se sustentan en principios éticos
como la justicia, la igualdad y el respeto a los derechos humanos. La obediencia al
derecho, desde esta perspectiva, es un acto consciente y voluntario, basado en la
percepción de que las leyes promueven el bien común y los valores fundamentales.
4. ¿Qué es una obligación política?
La obligación política es el deber que tienen los ciudadanos de acatar las
leyes y respetar las instituciones del sistema político y jurídico bajo el cual viven, siempre y
cuando estas normas sean legítimas. No se limita a una intimidación o presión, sino que
debe surgir del reconocimiento de la justicia y la legitimidad del sistema. Este tipo de
obligación conecta las razones legales y morales, vinculando al ciudadano con el Estado en
una relación de compromiso ético y ciudadano.
5. Explique las posturas y teorías sobre la obediencia al derecho de
Rawls, Dworkin, Raz, Ferrajoli y los contractualistas.
Rawls: Distingue entre deber y obligación, postulando que existe un deber natural
de obedecer leyes justas y promover instituciones equitativas. Sin embargo,
reconoce que puede ser moral desobedecer leyes injustas si estas exceden ciertos
límites.
Dworkin: Defiende un deber moral de obedecer el derecho en sistemas
democráticos que respeten los derechos individuales. Para él, la prioridad siempre
está en los derechos fundamentales, y la desobediencia puede justificarse cuando las
normas son incompatibles con estos.
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Raz: Niega una obligación moral general de obedecer el derecho. En su lugar,
propone que los ciudadanos deben mostrar respeto al sistema jurídico, lo que
implica una evaluación crítica de sus normas y su legitimidad.
Ferrajoli: Argumenta que la obligación moral de obedecer el derecho es
condicionada y no puede ser incondicional ni apriorística. Para él, los ciudadanos
tienen el derecho de desobedecer leyes que contradigan principios democráticos o
derechos fundamentales.
Contractualistas: Consideran que la obligación de obedecer las normas depende de
dos condiciones: que estas sean producto de procedimientos democráticos
transparentes y que sus resultados respeten los derechos humanos. Sin estos
elementos, la obediencia pierde legitimidad.
6. Critique las nociones procedimentalistas sobre la obediencia al
derecho.
Las teorías procedimentalistas centran su atención en la validez formal de
las normas y en la legitimidad de los procedimientos democráticos que las originan. Sin
embargo, ignoran frecuentemente el contenido ético de las normas resultantes. Este enfoque
puede justificar leyes que, aunque válidas desde el procedimiento, sean profundamente
injustas o violatorias de derechos fundamentales. Por tanto, es insuficiente para garantizar
una obediencia genuina y sostenida basada en valores morales.
7. Critique la posición del autor.
El autor adopta una posición crítica y equilibrada, argumentando que la
obediencia al derecho debe ser siempre condicionada, crítica y a posteriori. Aunque esta
perspectiva es sólida, podría profundizar más en cómo aplicarla en contextos autoritarios o
donde las instituciones carecen de legitimidad. Además, aunque reconoce el papel de la
democracia, podría abordar con mayor detalle los desafíos prácticos de implementar
diversos sistemas.
8. ¿Qué es el mercado de la virtud?
El "mercado de la virtud" puede interpretarse como un espacio simbólico
en el que las normas jurídicas y las instituciones compiten por legitimarse a través de
principios éticos y de justicia. Este concepto resalta la necesidad de que el derecho no solo
sea formalmente válido, sino también moralmente legítimo para ganar el apoyo y la
obediencia crítica de los ciudadanos.
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9. ¿Qué opina acerca del enunciado: "Mientras que no hay un
fundamento ético para la obediencia al derecho, sí que hay un fundamento ético
absoluto para su desobediencia..."?
Este enunciado enfatiza que la obediencia al derecho no debe ser ciega ni
automática; requiere una evaluación constante de su legitimidad. En cambio, la
desobediencia adquiere un fundamento ético cuando las normas jurídicas contravienen
principios fundamentales de justicia. Este planteamiento resalta la supremacía de la moral
sobre la legalidad formal en la construcción de un sistema justo.
10. ¿Cuáles considera que son las vías principales para la
desobediencia civil?
Las principales vías incluyen la protesta pacífica, la resistencia no violenta,
y la acción simbólica. Estas formas de desobediencia buscan generar un cambio social o
legal sin recurrir a la violencia, promoviendo el debate público y destacando las injusticias
de ciertas normas o prácticas.
11. Explique qué es una democracia representativa y distíngala de la
democracia deliberativa y participativa.
Democracia representativa: Sistema en el que los ciudadanos eligen
representantes para tomar decisiones en su nombre.
Democracia deliberativa: Se centra en el debate público y la búsqueda de
consenso antes de tomar decisiones, valorando el intercambio de razones.
Democracia participativa: Promueve la implicación directa de los ciudadanos en
la toma de decisiones, otorgándoles un rol más activo en los procesos políticos.
12. ¿Por qué un Estado de derecho basado en la pura legalidad es
insuficiente para obedecer el derecho?
Un Estado de derecho que se base únicamente en la legalidad puede
degenerar en un sistema autoritario, donde las normas carecen de legitimidad ética. La
legalidad debe complementarse con principios de justicia y respeto a los derechos humanos,
asegurando que las leyes no solo sean válidas, sino también justas y legítimas.
13. ¿Por qué la obligación moral de obediencia al derecho debe ser
siempre condicionada, crítica y a posteriori?
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La obligación moral de obedecer el derecho debe ser condicionada porque
las normas no siempre son justas. Debe ser crítica para evaluar si estas respetan los
derechos fundamentales y son producto de procesos democráticos. Finalmente, debe ser a
posteriori para garantizar que las leyes sean analizadas en su impacto y legitimidad antes de
exigir su cumplimiento, promoviendo una relación consciente y ética con el sistema
jurídico.
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