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Hora Santa: Celebración a Cristo Rey

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PARROQUIA SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

HORA SANTA DE LA SOLEMNIDAD DE CRISTO REY


Esquema #1: ¡Viva Cristo Rey!
Monición inicial. Guía: Hace veinte siglos un gobernante cobarde, con miedo en el alma, con la
burla en el gesto y con la ironía en los labios, dice “He aquí a su Rey”, presentando a Cristo ante los
judíos, después de haberlo azotado y coronado con espinas. Veinte siglos más tarde, el Supremo
Pontífice, Su Santidad Pío XI, hablando al mundo católico, repetirá con entonación de victoria,
de adoración y de amor: “¡He aquí a su Rey!”. Y nosotros, Jesús, tus vasallos, unidos a
millones y millones de creyentes, te aclamamos con una aclamación que nos nace del alma:
¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva Cristo Rey!
Exposición del Santísimo
V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Creemos en ti Jesús; aumenta en nosotros el don de la fe para no desfallecer.
Padre nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en
mi patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Esperamos en ti Jesús; acrecienta en nosotros la virtud de la esperanza. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Te amamos Jesús; ayúdanos a tener un corazón que arda en amor por ti. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

Señor mío Jesucristo, que por el amor que nos tienes, estás de noche y de día en este
Sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando... llamando... y recibiendo a cuántos vienen a
visitarte. Creo, Señor, realmente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te adoro
desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todos los dones que me has hecho, especialmente ,por
haberme dado en este Sacramento tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; por haberme dado como
abogada a tu Santísima Madre, la siempre Virgen María, y por haberme llamado a visitarte en este
santo lugar. Por eso te consagró esta hora de Adoración. Amén.

Del santo Evangelio según san Juan (Jn 18,33-37)


En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le
contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo
judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le
contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían
luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo:
“¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser
testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Palabra del Señor.
Canto
Del Opúsculo de Orígenes, presbítero, Sobre la oración (Cap. 25: PG 11, 495-499). VENGA TU
REINO
Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no ha de venir espectacularmente, ni
dirán: «Vedlo aquí o vedlo allí», sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues cerca está la
palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón, sin duda cuando pedimos que venga el reino de Dios lo
que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se
vaya perfeccionando. Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a
su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta
está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del
Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada.

Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena
perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él
todos sus enemigos, entregue el reino a Dios Padre, para que Dios sea todo en todo. Por esto, rogando
incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a
nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga tu reino.

Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no
tiene que ver la justificación con la impiedad, ni hay nada de común entre la luz y las tinieblas, ni
puede haber armonía entre Cristo y Belial, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del
pecado.

Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo
continúe el pecado reinando en nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos las pasiones de
nuestro hombre terrenal y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo Dios se paseará por nuestro
interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en
nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus
enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en
nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Todo esto puede realizarse en cada uno de nosotros, y el último enemigo, la muerte, puede ser
reducido a la nada, de modo que Cristo diga también en nosotros: ¿Dónde está, muerte, tu victoria?
¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Ya desde ahora este nuestro ser, corruptible, debe revestirse de
santidad y de incorrupción, y este nuestro ser, mortal, debe revestirse de la inmortalidad del Padre,
después de haber reducido a la nada el poder de la muerte, para que así, reinando Dios en nosotros,
comencemos ya a disfrutar de los bienes de la regeneración y de la resurrección.

Momento de oración al Rey del Universo, de manera libre… Posteriormente canto

Oración.
Todos: Mi Señor Jesucristo, Rey de todo y de todos, Rey de mi corazón, único duelo de mi
alma, de mi mente, de todas mis fuerzas, de todo mi ser, ¡Yo te amo, sobre todo, en el Sacramento
de tu amor, en el que centras tu reinado de amor para los tuyos que vivimos aún en la tierra. Si me
glorió de militar bajo tus banderas, mi servicio lo manifestare trabajando por el Reino, en el apostolado,
en la justicia, en la caridad y la paz, siempre más y más, siempre con más ardor, ¡por ti, mi Señor!

Preces:
Vamos a poner a los pies de Jesucristo, el Hijo de Dios, Rey del mundo y Rey de
nuestras vidas nuestras peticiones. A cada intención vamos a responder: Te lo pedimos, Hijo de
Dios.

• Te pedimos el Papa, los obispos, los sacerdotes, religiosos y religiosas y todos los que forman
parte de la Santa Madre Iglesia, para que ella pueda siempre responder a las necesidades
verdaderas y camine libre y amorosamente hacia Cristo. Oremos
• Por nuestro Estado de Tabasco y sus gobernantes para que no miren el bien de unos pocos, sino que
busquen el bien de todos, consiguiendo así una paz duradera. Ayúdanos a edificar una sociedad más
justa y solidaria. Oremos.
• Te pedimos por los jóvenes, para que vigoricen su fe o la revivan si es débil, en especial nuestros
seminaristas y así, no tengan miedo de abrir de par en par las puertas a Jesús y respondan a su llamada
de amor. Oremos.
• Señor Jesús, haz que nuestros hermanos que han pasado ya de este mundo a tu reino se alegren con
júbilo eterno en tu presencia y se llenen de gozo en la asamblea de los santos. Oremos.
• Te pedimos por todos los que sufren, por los enfermos y los que están solos, para que reciban tu
consuelo y tu paz. Oremos.
Oremos al Rey del Universo con la oración común, diciendo: Padre nuestro…
Guía: Dios todopoderoso y eterno, que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy
amado, rey del universo, haz que toda creatura, libertada de toda esclavitud, sirva a tu majestad y te
alabe eternamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del
Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén

Retirada del turno


Los Reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu Ley; pero, al caer del sitial de mando en la
tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina y que es deber eliminarlo en beneficio del
progreso…; ¡pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los ricos, los altivos, los mundanos, encontrarán que tu moral es de otro tiempo, que tus
intransigencias matan la libertad de la conciencia…; pero, al confundirse con las sombras de la tumba
del olvido, tus hijos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los interesados en ganar alturas y dinero vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones…,
chocarán con la piedra del Calvario y de la Iglesia…, y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus
apóstoles seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio…, morirán un
día envenenados por sus maléficas doctrinas, y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus
propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de
tu Iglesia…, y al perderse, derrotados, en la tumba de un eterno olvido… tus redimidos seguiremos
exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
¡Oh, sí, que viva! Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, el ángel de las
tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Y al despedirnos, Rey de gloria, en esta tarde más hermosa que alborada, recibe con nuestros vítores las
ovaciones de nuestras almas:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Esquema #2
Entronización del siguiente grupo
V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Creemos en ti Jesús; aumenta en nosotros el don de la fe para no desfallecer.
Padre nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en
mi patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Esperamos en ti Jesús; acrecienta en nosotros la virtud de la esperanza. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Te amamos Jesús; ayúdanos a tener un corazón que arda en amor por ti. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

Señor mío Jesucristo, que por el amor que nos tienes, estás de noche y de día en este
Sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando... llamando... y recibiendo a cuántos vienen a
visitarte. Creo, Señor, realmente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te adoro
desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todos los dones que me has hecho, especialmente ,por
haberme dado en este Sacramento tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; por haberme dado como
abogada a tu Santísima Madre, la siempre Virgen María, y por haberme llamado a visitarte en este
santo lugar. Por eso te consagró esta hora de Adoración. Amén.

Canto para leer la Palabra de Dios

Del santo Evangelio según san Mateo (Mt 25,31-46)


Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará
entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los
otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en
cambio a su izquierda.
Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Venid, benditos de mi Padre, tomad
posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me
disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me
vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme”.
Entonces le responderán los justos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer,
o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?,
o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?” Y el Rey, en respuesta, les dirá: “En
verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis”.
Entonces dirá a los que estén a la izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno
preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me
disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la
cárcel y no me visitasteis”. Entonces le replicarán también ellos: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento
o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?” Entonces les responderá:
“En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de
hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna”. Palabra del
Señor.

Meditación personal en unos minutos y canto

Comentario al Evangelio
La enseñanza de Jesús que escuchamos en este pasaje del Evangelio es muy consoladora ante
las situaciones de injusticia personal y social que abundan en la sociedad en que vivimos. En efecto,
somos testigos de una lucha diaria entre el bien y el mal. A veces nos puede parecer que en el mundo se
imponen los que tienen más fuerza y más medios para oprimir a los demás, pero Jesús deja claro que el
mal no tiene la última palabra. Dios es justo y triunfará la justicia.
En el Credo confesamos que Jesucristo “subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios,
Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”. Ahí reside nuestra certeza de
que el triunfo definitivo está de parte del bien. “Frente a Cristo, que es la Verdad, será puesta al
desnudo definitivamente la verdad de la relación de cada hombre con Dios -nos recuerda el Catecismo-.
El Juicio final revelará hasta sus últimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya
dejado de hacer durante su vida terrena”. Unos serán condenados y otros serán salvados.
El Catecismo explica el infierno recordando unas palabras de la primera carta de san Juan: “
‘Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que
ningún asesino tiene vida eterna permanente en él’ (1Jn 3, 15). Nuestro Señor nos advierte de que
estaremos separados de Él si omitimos socorrer las necesidades graves de los pobres y de los pequeños
que son sus hermanos.”. Pero también, y esto es lo más gozoso, nos recuerda que existe el cielo. “Por
su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha ‘abierto’ el cielo -enseña también el Catecismo-. La vida
de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo
quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en Él y que han permanecido fieles a
su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente
incorporados a Él”.
El Hijo del hombre se identifica en el momento del juicio con los hambrientos y los sedientos,
con los forasteros, los desnudos, los enfermos y los encarcelados, con todos los que sufren en este
mundo, y considera el comportamiento que se ha tenido con ellos como si se hubiera tenido con Él
mismo. Por eso nos recuerda san Josemaría que “hay que reconocer a Cristo, que nos sale al encuentro,
en nuestros hermanos los hombres. Ninguna vida humana es una vida aislada, sino que se entrelaza con
otras vidas. Ninguna persona es un verso suelto, sino que formamos todos parte de un mismo poema
divino, que Dios escribe con el concurso de nuestra libertad”.
Esto no es un simple modo hermoso de hablar, sino que alude a la más profunda realidad de
Jesús. El Hijo de Dios, al hacerse hombre en Jesucristo se ha hecho uno de nosotros, pobre, conocedor
del dolor, el hambre, la sed, la persecución, hasta el punto de morir desnudo en la Cruz. El Juez
universal será el mismo que padeció todo esto, y tiene bien experimentado cuánto duele el desprecio
presuntuoso del que sólo va a lo suyo, y cuánto consuela el amor de las personas generosas que no
pasan de largo ante las necesidades de los hermanos.
Canto
A cada aclamación respondemos: ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, Tú eres el Rey de la gloria! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, Tú eres nuestro único libertador! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, Tú eres el Ungido del Padre! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, Tú recibiste en herencia la tierra! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, tu trono son los cielos! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, tu corona son las almas! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, tu cetro es la misericordia! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, tu púrpura es tu sangre! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Salve, Tú reinarás por siglos infinitos! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Sí, por Ti, reinan los reyes y los gobernantes administran justicia! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Por Ti, la autoridad legítima tiene fuerza de mando y dicta las leyes! ¡Oh, Cristo Rey!
¡Por Ti, y sólo por Ti es noble y es santo el obedecer en obsequio a Ti, Rey de amor! ¡Oh,
Cristo Rey!

Elevemos nuestras intenciones al Salvador y a cada una de ellas digamos: Cristo, Rey del
universo, haz realidad nuestra petición
Por la iglesia católica: para que, como pueblo santo de Dios, aporte a la sociedad los bienes
espirituales que ha recibido de Cristo. Roguemos al Señor.
Por los jefes de los estados y los que ostentan el poder legislativo y ejecutivo en todas las
naciones: para que hagan de nuestro mundo un lugar de paz donde reine el bien común. Roguemos al
Señor.
Por aquellos que tienen poder económico o tecnológico, por los científicos de todo el mundo:
para que siempre pongan al hombre en el centro de sus preocupaciones. Roguemos al Señor.
Por los enfermos, los débiles, por cuantos sufren bajo el poder del mal: para que se vean
liberados por el influjo del reino de Dios y su justicia. Roguemos al Señor.
Por los que celebramos religiosamente esta fiesta: para que, dominando nuestras pasiones y
egoísmos, no admitamos en nuestra vida otro poder que el de Cristo. Roguemos al señor.
Oremos al Rey del Universo con la oración común, diciendo: Padre nuestro…
Retirada del turno
Los Reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu Ley; pero, al caer del sitial de mando en la
tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina y que es deber eliminarlo en beneficio del
progreso…; ¡pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los ricos, los altivos, los mundanos, encontrarán que tu moral es de otro tiempo, que tus
intransigencias matan la libertad de la conciencia…; pero, al confundirse con las sombras de la tumba
del olvido, tus hijos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los interesados en ganar alturas y dinero vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones…,
chocarán con la piedra del Calvario y de la Iglesia…, y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus
apóstoles seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio…, morirán un
día envenenados por sus maléficas doctrinas, y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus
propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de
tu Iglesia…, y al perderse, derrotados, en la tumba de un eterno olvido… tus redimidos seguiremos
exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
¡Oh, sí, que viva! Y al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, Luzbel, el ángel de las
tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Y al despedirnos, Rey de gloria, en esta tarde más hermosa que alborada, recibe con nuestros vítores las
ovaciones de nuestras almas:
¡Viva tu Sagrado Corazón!
Esquema #3
Entronización del siguiente grupo
V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Creemos en ti Jesús; aumenta en nosotros el don de la fe para no desfallecer.
Padre nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en
mi patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Esperamos en ti Jesús; acrecienta en nosotros la virtud de la esperanza. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

V/ En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado R/ El corazón amoroso de
Jesús Sacramentado… Te amamos Jesús; ayúdanos a tener un corazón que arda en amor por ti. Padre
nuestro… Dios te salve María… Gloria… ¡Viva Cristo Rey! ¡En mi corazón, en mi casa y en mi
patria! (3 veces) Canto.

Señor mío Jesucristo, que por el amor que nos tienes, estás de noche y de día en este
Sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando... llamando... y recibiendo a cuántos vienen a
visitarte. Creo, Señor, realmente que estás presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te adoro
desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todos los dones que me has hecho, especialmente ,por
haberme dado en este Sacramento tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; por haberme dado como
abogada a tu Santísima Madre, la siempre Virgen María, y por haberme llamado a visitarte en este
santo lugar. Por eso te consagró esta hora de Adoración. Amén.

Canto para leer la Palabra de Dios


Del santo Evangelio según san Juan (Jn 18,33-37)
En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le
contestó: “¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo
judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le
contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían
luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”. Pilato le dijo:
“¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser
testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Palabra del Señor.
Meditación personal y canto

Súplicas a Cristo Rey


Como lo pide tu Vicario, el Papa, sé Rey, Jesús Crucificado, no sólo de los fieles que jamás se
separaron de Ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron… Pon los ojos, nublados por tu
sangre, en aquellos pródigos que nos son particularmente amados…, seres del hogar querido, fibras de
nuestro corazón, pero que, siendo buenos con nosotros, desconocen tu cetro, rechazan la práctica
positiva de la ley divina, dicen que no eres Tú quien manda cuando la Iglesia legisla, y se hallan así,
Jesús amado, bordeando un precipicio eterno…; haz que vuelvan pronto a la casa paterna para que no
perezcan de miseria y de hambre. ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el cetro de tu gran
misericordia!
¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús! (3 veces)
Sé Rey de aquéllos, Jesús, a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia …
Pobrecitos, son ahora ovejas sin pastor, son navecillas sin brújula ni estrella, ten de ellos piedad…
Tantos de esos espíritus son tal vez honrados en el fondo, pero bogan desde hace tiempo al garete, a
merced de mil vientos de doctrinas deletéreas… Tráelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe,
para que luego no quede ya más que un solo rebaño y un solo pastor. ¡Prueba que eres Rey de amor,
véncelos con el cetro de tu gran misericordia!
¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús! (3 veces)
Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría y del islamismo… Son
estos desdichados tan numerosos como las arenas del desierto ¡ay! y son hijos y son súbditos tuyos. A
todos, pues, dígnate atraerlos a la luz de tu Reino… ¡Prueba que eres Rey de amor, véncelos con el
cetro de tu gran misericordia!
¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús! (3 veces)
Sé Rey, Jesús Nazareno, sé Rey de aquel pueblo que, en otro tiempo, fue tu predilecto, haz que
descienda sobre ellos como bautismo de redención y vida la sangre que reclamó un día contra sí…
¡Ah!, pero junto con ellos que Tú perdonaste en el Gólgota, diciendo a tu Padre que no sabían lo que
hacían, atrae, convierte y luego perdona también a tantos otros verdugos de tu Corazón y de tu Iglesia,
mucho más culpables, que saben de memoria el Catecismo, recibieron ejemplo y educación cristiana,
hicieron su primera Comunión. Tú los colmaste de gracias en su infancia y juventud y después, Señor,
te traicionaron por interés, por una creatura, por una situación… Mira, ¡oh Jesús!, a esos infelices
renegados con la mirada penetrante de ternura con que miraste a Pedro… ¡Prueba que eres Rey de
amor, véncelos con el cetro de tu gran misericordia!
¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús! (3 veces)
Canto
Súplica de misericordia
Desde el trono de tu cruz repite, Rey Crucificado, en favor de todas estas diversas categorías de
culpables y de tantos otros, repite: ¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!
Salve, Rey Crucificado por amor; besamos el trono de tu Cruz, desde donde estás atrayéndolo
todo a tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!
¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!
Salve, Rey Crucificado por amor; besamos con emoción y lágrimas tu diadema sangrienta y
crudelísima, quisiéramos con todo celo colocar en cada espina como joyas que atestigüen tu victoria y
tu reinado, millares de almas convertidas por tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!
¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!
Salve, Rey Crucificado por amor; besamos de rodillas la púrpura de tu realeza, tu sangre, ese
manto escarlata que envuelve tus espaldas destrozadas y tu cuerpo todo hecho una llaga viva para curar
la lepra de nuestros pecados, para borrarlos en la piscina de tu Corazón. ¡Salve, Rey de amor!
¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!
Ni los ángeles vestidos de luz de gloria ni Salomón en toda su majestad terrena, fueron, ¡oh
jamás!, tan hermosos, tan grandes, tan conquistadores en gracia y en belleza soberanas como Tú, Rey
Crucificado, como Tú, Jesús, Dominador de las naciones con el resplandor suavísimo de tus cinco
llagas, que más que soles son y quedarán cinco cielos en que nos embriagaremos tus súbditos, tus hijos
y tus apóstoles en aquel reinado que no tendrá fin. ¡Salve, Rey de amor!
¡Perdónalos, Padre, que no saben lo que hacen!
Canto
Súplicas de perdón
Rey solitario en tantas iglesias de grandes ciudades, donde hierve una multitud en las calles y en
las tiendas de lujo y en los centros de placer… Iglesias de grandes capitales, donde la vida es vértigo de
negocios por la mañana y de placer por la noche… ¡Ay!, qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tantas
de aquellas iglesias, casi vacías durante la semana… ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas te
adoramos, te amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!…
¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!
Rey solitario en tantas iglesias de ciudades materializadas, tomadas por asalto por la fiebre del
lucro, embriagadas con el éxito creciente de nuevos negocios… Iglesia de grandes centros industriales,
donde es una ínfima minoría la que acude a rendirte vasallaje de fe y adoración… ¡Ay!, qué solo estás,
Jesús, qué frío hace en tales iglesias…, donde no hacen falta ni un gran Sagrario, ni un gran copón,
porque son contados los que comulgan… ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te adoramos, te
amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!…
¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!
Rey solitario en tantas iglesias de pueblos apartados, de poblaciones reducidas y sumidas en
gran ignorancia religiosa…; poblaciones que vegetan en la vida puramente material, alrededor de una
iglesia que no les dice nada, iglesia sobrado grande aun en días festivos… ¡Ay!, qué solo estás, Jesús,
qué frío hace en tales iglesias, donde la lámpara, en su luz mortecina, parece el triste símbolo de una fe
que se va y de un amor que se ha ido… ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te adoramos, te
amamos, Rey solitario, en desagravio por ese abandono!…
¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!
Rey solitario en tantas iglesias de poblaciones desmoralizadas, pervertidas, donde es moda el
burlarse de lo sagrado, donde sería ignominioso para un hombre el decir de él que ha puesto los pies,
Señor, en tu casa…, donde hace tiempo no se conoce la piedad, donde se vive lejos de la Iglesia y se
muere tranquilo sin sacerdote ni sacramentos… ¡Ay! qué solo estás, Jesús, qué frío hace en tales
iglesias, pero no te vayas en tu gran misericordia… ¡Te aclamamos, Rey de amor, en ellas, te
adoramos, te amamos, en desagravio por ese abandono!…
¡Perdón, Jesús, y venga a nos tu reino!
Canto
Petición de alabanza
Y para resarcirte, Señor Jesús, por esas soledades, que nos acusan de un desamor tan cruel; para
reparar más cumplidamente ese pecado de los vasallos que, llamándote su Rey con los labios, te
desconocen y ofenden con las obras y el corazón, queremos decirte, interpretando la voluntad del
Pontífice: ¡Rey Divino, aclamado en los solemnes Congresos Eucarísticos, llevado en triunfo bajo
arcos de victoria y paseado entre vítores de millares y millares de tus hijos enardecidos en su fe con
esas espléndidas manifestaciones de tu Soberanía social, alienta, Jesús, la llama de dichos Congresos y,
al clausurarlos, recorre las avenidas y las plazas de las grandes capitales conquistando, bendiciendo y
repitiendo que ¡Tú eres Rey, que lo eres desde esa Hostia!
¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!
Rey Divino, muchas son ya, gracias a tu largueza, las Obras Eucarísticas que en variadas formas
y por diversos modos trabajan en darte a conocer y en hacerte amar en el don de tu Sagrario…
Multiplica todavía más dichas empresas redentoras… y, sobre todo, Jesús, dales luz de fe muy viva y
una llama de caridad ardiente, para que realicen, a pesar de dificultades, sus ideales de victoria; en
dichas obras, como en otros tantos carros de fuego, recorre como Conquistador de la tierra, repitiendo
que ¡Tú eres Rey, que lo eres desde esa Hostia!
¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!
Rey Divino, de un siglo a esta parte incontables son las Congregaciones e Institutos religiosos
fundados para reparar ante el Tabernáculo, para adorarte, para servirte y hacerte amar sobre todo en el
Sacramento de tu amor. Gracias te damos, Jesús, por ese inmenso beneficio, pues esa legión de
Comunidades Eucarísticas son la roca fiel en que se apoya acá abajo tu trono, Rey de amor… Ahora te
pedimos que esas Congregaciones sean por su fervor cada vez más dignas de tu predilección, y también
más fecundas, más fuertes en la misión sublime de adorarte y hacerte amar en tu sacrosanta Eucaristía.
Por su influencia, sus trabajos apostólicos y su vida de santidad, recorre victorioso esta tierra ingrata,
repitiendo que ¡Tú eres Rey y que lo eres desde esa Hostia!
¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!
Rey Divino, es preciso que tu amor llegue a ser una sangre nueva, un alma divina de la
Sociedad que queremos formar y refundir en la fragua de tu Corazón… Para conseguirlo es
indispensable, Jesús, que las familias cristianas sean familias profundamente eucarísticas…
Querríamos, pues, compenetrarlas de este amor de amores, querríamos que las almas de los niños de
esos hogares Betanias estuviesen amasadas con tu Carne y con tu Sangre, a fin de que Tú llegares a ser
una vida y una tradición en la familia… Éste sería el secreto infalible de tu Reinado Social… Existen
ya esos hogares dichosos; recorre, pues, la tierra multiplicándolos, Jesús, y por ellos repite de un polo a
otro que ¡Tú eres Rey y que lo eres desde esa Hostia!
¡Salve, Rey Sacramentado, Hosanna al Hijo de David!
Canto
Reserva del Santísimo

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