HISTORIA DE LA
FILOSOFÍA
BLOQUE III
Descartes
TEMA 3. LA FILOSOFIA MODERNA
DESCARTES (1596-1650)
Nociones:
Duda y certeza.
Res cogitans y res extensa.
Pensamientos e ideas.
Temas:
El cogito y el criterio de verdad.
Las demostraciones de la existencia de Dios.
DESCARTES, Discurso del método, cuarta parte (trad. E. Bello Reguera,
Madrid, Tecnos, 1994, pp. 44-52).
No sé si debo entreteneros con las primeras meditaciones que allí he hecho,
pues son tan metafísicas y tan fuera de lo común que tal vez no sean del gusto
de todos. Sin embargo, con el fin de que se pueda apreciar si los fundamentos
que he establecido son bastante firmes, me veo en cierto modo obligado a
hablar de ellas. Desde hace mucho tiempo había observado que, en lo que
se refiere a las costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que
tenemos por muy inciertas como si fueran indudables, según se ha dicho
anteriormente; pero, dado que en ese momento sólo pensaba dedicarme a
la investigación de la verdad, pensé que era preciso que hiciera lo con-
trario y rechazara como absolutamente falso todo aquello en lo que
pudiera imaginar la menor duda, con el fin de comprobar si, hecho esto,
no quedaba en mi creencia algo que fuera enteramente indudable. Así,
puesto que nuestros sentidos nos engañan algunas veces, quise suponer
que no había cosa alguna que fuera tal como nos la hacen imaginar. Y
como existen hombres que se equivocan al razonar, incluso en las más
sencillas cuestiones de geometría, y cometen paralogismos, juzgando
que estaba expuesto a equivocarme como cualquier otro, rechacé como
falsos todos los razonamientos que había tomado antes por
demostraciones. Y, en fin, considerando que los mismos pensamientos
que tenemos estando despiertos pueden venirnos también cuando dormi-
mos, sin que en tal estado haya alguno que sea verdadero, decidí fingir
que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no
eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero,
inmediatamente después, advertí que, mientras quería pensar de ese
modo que todo es falso, era absolutamente necesario que yo, que lo
pensaba, fuera alguna cosa. Y observando que esta verdad: pienso, luego
soy, era tan firme y tan segura que todas las más extravagantes suposi-
ciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía
admitirla como el primer principio de la filosofía que buscaba.(TEXTO 1)
Al examinar, después, atentamente lo que yo era, y viendo que podía
fingir que no tenía cuerpo y que no había mundo ni lugar alguno en el que
me encontrase, pero que no podía fingir por ello que yo no existía, sino
que, al contrario, del hecho mismo de pensar en dudar de la verdad de
otras cosas se seguían muy evidente y ciertamente que yo era; mientras
que, con sólo haber dejado de pensar, aunque todo lo demás que alguna
vez había imaginado existiera realmente, no tenía ninguna razón para
creer que yo existiese, conocí por ello que yo era una sustancia cuya
esencia o naturaleza no es sino pensar, y que, para existir, no necesita de
lugar alguno ni depende de cosa alguna material. De manera que este yo,
es decir, el alma por la cual soy lo que soy, es enteramente distinta del
cuerpo e incluso más fácil de conocer que él y, aunque el cuerpo no
existiese, el alma no dejaría de ser todo lo que es.
Después de esto, examiné lo que en general se requiere para que una
proposición sea verdadera y cierta; pues, ya que acababa de descubrir
una que sabía que lo era, pensé que debía saber también en qué consiste
esa certeza. Y habiendo observado que no hay absolutamente nada en
pienso, luego soy que me asegure que digo la verdad, a no ser que veo
muy claramente que para pensar es preciso ser, juzgué que podía admitir
esta regla general: las cosas que concebimos muy clara y distintamente
son todas verdaderas; si bien sólo hay alguna dificultad en identificar
exactamente cuáles son las que concebimos distintamente. (TEXTO 2)
Reflexionando, a continuación, sobre el hecho de que yo dudaba y que,
por lo tanto, mi ser no era enteramente perfecto, pues veía con claridad
que había mayor perfección en conocer que en dudar, se me ocurrió
indagar de qué modo había llegado a pensar en algo más perfecto que yo;
y conocí con evidencia que debía ser a partir de alguna naturaleza que,
efectivamente, fuese más perfecta. Por lo que se refiere a los
pensamientos que tenía de algunas otras cosas exteriores a mí, como el
cielo, la tierra, la luz, el calor, y otras mil, no me preocupaba tanto por
saber de dónde procedían, porque, no observando en tales pensamientos
nada que me pareciera hacerlos superiores a mí, podía pensar que, si
eran verdaderos, era por ser dependientes de mi naturaleza en tanto que
dotada de cierta perfección; y si no lo eran, que procedían de la nada, es
decir, que los tenía porque había en mí imperfección. Pero no podía
suceder lo mismo con la idea de un ser más perfecto que el mío; pues,
que procediese de la nada era algo manifiestamente imposible; y puesto
que no es menos contradictorio pensar que lo más perfecto sea
consecuencia y esté en dependencia de lo menos perfecto, que pensar
que de la nada provenga algo, tampoco tal idea podía proceder de mí
mismo. De manera que sólo quedaba la posibilidad de que hubiera sido
puesta en mí por una naturaleza que fuera realmente más perfecta que la
mía y que poseyera, incluso, todas las perfecciones de las que yo pudiera
tener alguna idea, esto es, para decirlo en una palabra, que fuera Dios (...)
(TEXTO 3)
Quise buscar, después, otras verdades y, habiéndome propuesto el
objeto de los geómetras, que concebía como un cuerpo continuo o un
espacio indefinidamente extenso en longitud, anchura y altura o
profundidad, divisible en diversas partes, que podían tener diferentes
figuras y tamaños, y ser movidas o trasladadas de todas las maneras
posibles, pues los geómetras suponen todo esto en su objeto, repasé
algunas de sus más simples demostraciones. Y habiendo advertido que la
gran certeza que todo el mundo les atribuye sólo está fundada en que se
las concibe con evidencia, siguiendo la regla antes formulada, advertí
también que no había en ellas absolutamente nada que me asegurase la
existencia de su objeto. Porque, por ejemplo, veía bien que, si suponemos
un triángulo, sus tres ángulos tienen que ser necesariamente iguales a
dos rectos, pero en tal evidencia no apreciaba nada que me asegurase
que haya existido triángulo alguno en el mundo. Al contrario, volviendo a
examinar la idea que tenía de un ser perfecto, encontraba que la
existencia estaba comprendida en ella del mismo modo que en la de un
triángulo está comprendido el que sus tres ángulos son iguales a dos
rectos, o en la de una esfera, el que todas sus partes equidistan de su
centro, e incluso con mayor evidencia; y, en consecuencia, es al menos
tan cierto que Dios, que es ese ser perfecto, es o existe, como puede
serlo cualquier demostración de la geometría. (TEXTO 4)
Resumen del texto 1:
La idea principal del texto es el uso metódico de la duda que suspende
provisionalmente la seguridad epistemológica sobre la razón y los sentidos con
la intención final de encontrar una verdad indudable y un fundamento
epistemológico firme para el conocimiento. El espacio operativo de la duda se
limita a la teoría, en la práctica se actúa como si no hubiera duda sobre nada.
La duda es teórica, metódica, provisional, ficticia, voluntaria, exagerada y
universal. Alcanza todo el contenido de la mente: las demostraciones
matemáticas pueden contener errores de deducción por parte de nuestra
razón. Incluso la realidad se confunde con lo soñado, y es verdad que los
sentidos nos han engañado en el pasado, por lo que hay posibilidad de que
vuelvan a engañarnos en cualquier momento. La única intuición distinta es que
existen los estados mentales: existe el pensamiento. Yo soy una cosa que
piensa, de esto no hay duda. Los escépticos no podrán hacer nada contra esta
verdad elevada además a primer principio de la filosofía cartesiana. (12 líneas
manuscritas)
Nociones (2 ptos):
Duda y certeza:
El punto de partida del método cartesiano es la duda metódica, no
escéptica, encaminado a aislar la primera verdad evidente: existe el
pensamiento. La duda es la suspensión del juicio como medida de precaución
contra el error. En primer lugar, lleva a cabo una fase “destructiva”, que pone
en duda el edificio filosófico anteriormente construido; se duda de los sentidos,
(fuente empírica del conocimiento), y, de la razón. Tras tener en cuenta las
reglas (parte constructiva) y tras un examen crítico de todas las verdades,
Descartes quiere distinguir lo verdadero de lo falso y encontrar un fundamento
sólido de certeza. Para llegar a la certeza absoluta es preciso comenzar
dudando (parte destructiva). Esta duda es universal (abarca a todas las
certezas existentes y a toda clase de conocimientos), es metódica (no
escéptica, es un instrumento para alcanzar la verdad, la certeza) y tiene la
pretensión de repensar la teoría filosófica desde sus fundamentos. La duda es
voluntaria y exagerada (se extiende a todo lo que atisba sospecha de duda).
Tres criterios de duda: reales (los sentidos nos engañan), verosímiles (no
distinguimos el estado de vigilia y de sueño), hipotético-metodológicos (Dios
engañador/geniecillo maligno).
A partir de la duda universal, aparece la primera verdad y certeza, base
de la filosofía cartesiana: COGITO, ERGO SUM, (Je pense, donc je suis),
Pienso, luego existo. El COGITO no es un razonamiento sino una intuición, la
intuición del yo como primera realidad y como realidad pensante. La esencia de
la mente humana es pensar. El pensamiento es una capacidad innata en el ser
humano.
Descartes, funda su filosofía en el yo y, sintoniza con el Renacimiento
que pretende explicar racionalmente el universo y, explicarlo en función del
Hombre (no ya en función de Dios como ocurría en al Edad Media). La filosofía
moderna, con Descartes, se torna idealista y racionalista. Del COGITO puede
seguirse el criterio de toda verdad y certeza: toda idea clara y distinta es
verdadera. Finalmente, buscará un enfoque objetivista cuando sitúe a Dios
como garantía de toda verdad última. Dios vuelve en tanto que fundamento
metafísico de la filosofía cartesiana. Si Dios existe entonces es el creador del
yo y del mundo; y así las ideas del yo se corresponde con el mundo y, hay
verdad en tanto que correspondencia entre ideas y mundo. Mientras que el yo
es capaz de encontrar verdades que aseguren su existencia. La certeza es así
dependiente del yo interior y, se da cuando hay claridad y evidencia en el
sujeto. Si bien esta certeza individual está garantizada por la existencia de
Dios. Descartes representa una perspectiva personal que busca en su propia
existencia individual una verdad que sea independiente de esa existencia (de
su cultura, religión…). Es un recorrido individual que él espera le conduzca a la
verdad objetiva. Del pienso luego existo de Descartes no se sigue que tú o que
yo o que cualquier otra cosa exista, ni de tu pensamiento se sigue que exista
Descartes. Cada individuo ha de hacer el camino que hizo Descartes por sí
mismo, fundamentado en su propio Cogito, para establecer por sí las verdades
que Descartes estableció para sí mismo. La filosofía de Descartes no tiene
validez para nadie a menos que siga el proceso y lo asiente en su
autoconocimiento individual.
Alma y cuerpo (res cogitans y res extensa):
Descartes define la sustancia: “una cosa que existe de tal modo que no
necesita de ninguna otra para existir”. El concepto de sustancia es una idea
innata y representa los elementos estables y permanentes de la realidad. En la
opinión de Descartes hay tres ideas evidentes que se corresponden con las
tres sustancias: Pensamiento o espíritu, el yo o el alma (res cogitans); Dios (res
infinita); cosas o cuerpos materiales (res extensa). Sustancia pensante (res
cogitans): El yo pensante es la primera sustancia que representa la primera
verdad/certeza. La duda universal y metódica lleva al sujeto pensante. El
atributo fundamental de esta sustancia es el pensamiento o conciencia.
Estamos seguros de ser una “cosa pensante”. La existencia de nuestro
pensamiento, de nuestra alma, es más cierta que la existencia de nuestro
cuerpo. El alma puede subsistir con independencia del cuerpo. La
autoconciencia revela nuestra verdadera naturaleza de ser pensante. Mi yo:
duda, afirma, niega, etc. Sustancia infinita (res infinita): El yo pensante no es
perfecto, pero posee la idea de perfección. Esta idea, que nace con nosotros
(innata), es la idea de un ser perfecto, que es Dios. La sustancia infinita es una
sustancia increada, que piensa y es causa de todos los seres creados. Dios es:
infinito, eterno, omnisciente, omnipotente, etc. Dios es garantía de la veracidad
y causa de nuestras ideas claras y distintas (evidentes). Sustancia extensa (res
extensa): Está representada por las cosas materiales. Su atributo fundamental
es la extensión. Tiene una triple dimensión: figura, posición y movimiento.
Descartes geometriza el mundo corpóreo, ya que lo reduce a extensión. El
mundo es concebido según el “modelo” de la máquina. Descartes coincide
básicamente con el mecanicismo de los científicos de la época. Todo se reduce
a materia y movimiento. Dios es la primera causa del movimiento y reposo de
la materia. Hay tres leyes en la naturaleza: Inercia: cada cosa se mantiene en
el estado en que se encuentra, si nada la cambia. Dirección del movimiento: en
línea recta, según la tangente o la curva que describa el móvil. Del choque:
entre dos cuerpos no se pierde movimiento, sino que su cantidad permanece
constante.
Pensamiento e ideas:
A partir de esa duda universal, aparece la primera verdad y certeza. La
base primera de la filosofía cartesiana es: “Pienso, luego existo”. (Cogito, ergo
sum). El “COGITO” no es un razonamiento, sino una intuición, la intuición del
yo como primera realidad y como realidad pensante. Al poner Descartes el
fundamento de su filosofía en el yo, responde a la tendencia esencial del nuevo
sentido filosófico manifestado en el Renacimiento: explicar racionalmente el
universo, en función del hombre, en función del yo. El hombre y el yo hay que
definirlos de modo que se hallen bastantes elementos para edificar un sistema
del mundo. La filosofía moderna entra, con Descartes, en su fase idealista y
racionalista. El “COGITO” es la primera existencia o sustancia conocida, la
primera naturaleza simple. Es la primera intuición, el primer acto del conocer
verdadero. Del “COGITO” se sigue el CRITERIO de toda verdad: toda intuición
de naturaleza simple es verdadera, toda idea clara y distinta es verdadera,
evidente. El “COGITO” es un acto del SUJETO (el conocimiento), porque soy
yo el que piensa. La esencia de nuestra mente es pensar. Descartes consigue
la certeza o seguridad subjetiva de los conocimientos. Existe una equivalencia
entre verdad y certeza. Las ideas son una mediación inevitable entre el sujeto
pensante y las cosas. El pensamiento opera siempre sobre las ideas (imágenes
de las cosas) no sobre las cosas mismas.. Distingue tres tipos de ideas:
Innatas: las que el entendimiento posee por naturaleza, las “nacidas conmigo”.
Ejs.: pensamiento, existencia, Dios, extensión. Adventicias: las que provienen
de la experiencia externa: Ejs.: árbol, mujer, sol, calor…Facticias: proceden de
nuestra imaginación y voluntad, fabricadas por el sujeto, a partir de otras ideas.
Ejs.: caballo con alas, sirena, dragón. El auténtico conocimiento, para
Descartes, no surge del testimonio de los sentidos (ideas adventicias) ni del
juicio falaz de la imaginación (ideas facticias) sino sólo de la mente pura y
atenta, que mirando en sí misma, logra descubrir sus verdaderos contenidos. El
auténtico conocimiento se logra por medio de las IDEAS INNATAS que la razón
encuentra en sí misma. El contenido que en esas ideas se presenta de modo
claro y distinto coincide con la realidad.
Temas (3ptos):
El cogito y el criterio de verdad:
Como reacción a la anarquía del Renacimiento se desemboca en la mitad
del s. XVI en la necesidad de un método de análisis y estudio. Descartes llega
a descubrir su método considerando el procedimiento matemático. El método
cartesiano debe tener valor universal y por ello propone 3 objetivos:
Formular unas reglas.
Fundamentar metafísicamente el valor universal y universal del método.
Demostrar su fecundidad en las distintas ramas del saber.
La posición anti-escéptica de Descartes, su interés por la ciencia le impele al
rechazo del error, a investigar con la finalidad de determinar algo con certeza y
a la búsqueda de la verdad. Descartes define su método:
Reglas ciertas y fáciles: evidencia, análisis, síntesis y enumeración.
Que eviten tomar lo verdadero por falso y viceversa.
Que eviten, asimismo, todo esfuerzo inútil.
Que aumenten gradualmente la ciencia y el conocimiento hasta los límites
de la razón.
Descartes señala 4 reglas para dirigir la razón “en orden a procurar la
verdad”. Las dos primeras (parte analítica del método) y las dos últimas (parte
sintética del método). Evidencia: aceptar como verdadero sólo lo que es claro y
distinto. Una idea es clara si se presenta manifiesta en la inteligencia que la
intuye. Una idea es distinta cuando está separada de otras ideas y no contiene
algo que pertenezca a las otras ideas. A través de la Intuición (concepto de la
mente pura y atenta que surge de la luz de la razón) llegamos a la evidencia.
Análisis: Dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como
se pueda y en cuantas se requiera para resolverlas mejor. Síntesis: Conducir
ordenadamente mis pensamientos; de los simples y fáciles a los más
complejos. Es el procedimiento ordenado de la geometría. Para Descartes es la
deducción: intuición sucesiva de naturalezas simples y de conexiones entre
ellas que procede descomponiendo el objeto en elementos simples (Análisis) y
reconstruyendo deductivamente el complejo o compuesto a partir de lo simple
(Síntesis). Enumeración: Hacer en todo recuerdos integrales y revisiones
generales para no omitir nada. Estas cuatro reglas componen la parte
constructiva-positiva del método cartesiano que reúnen lo mejor de los métodos
de la lógica, del análisis geométrico y del álgebra. Tres nociones sostienen
estas 4 reglas metodológicas y justifican la pretensión de certeza del método:
Intuición: base del conocimiento, por la que separamos lo verdadero de lo que
no es cierto. Es una especie de “luz o instinto natural”. Es el concepto de la
mente pura y atenta que surge de la luz de la razón. Deducción: o inferencia:
permite derivar nuevas ideas a partir de las que ya conocemos. Orden:
posibilita, en lugar del caos aparente de la experiencia sensorial, una
disposición racional, que es justamente el objetivo de la ciencia.
Las demostraciones de la existencia de Dios:
Para Descartes, el yo pensante no es perfecto pero tiene la idea de
perfección, sustancia infinita (res infinita), idea innata, Dios. Sustancia increada,
causa de todos los seres creados. Dios es una sustancia infinita, eterna,
inmutable, independiente, omnisciente, omnipotente, garantía de la veracidad.
Descartes da tres pruebas de la existencia de la sustancia de Dios:
La idea de perfecto e infinito: Esta idea de perfecto e infinito que tiene el sujeto
humano, a pesar de no ser el sujeto ni perfecto ni infinito. La finitud del sujeto
es lo contrario de la infinitud en Dios. Dios es la causa de la idea de infinitud
que hay en el hombre. Descartes parte de la idea de infinito en el ser humano.
La idea de infinito en el hombre es el efecto de una causa que es Dios, ser
infinito, que imprime la idea de infinito en la mente humana. (Usa el principio
metafísico de causalidad: todo efecto tiene una causa). La aplicación del
principio de causalidad para explicar el mundo, supone que el mundo como
obra de Dios excluye el azar y, que por lo tanto, el mundo es una máquina
perfecta (mecanicismo). La contingencia del yo: en el hombre, Descartes,
encuentra una paradoja: ser un ser limitado (lo prueba el hecho de nuestras
dudas frecuentes), y al tiempo tener la idea de infinito en la mente por la que el
yo toma conciencia de su propia finitud. Esta realidad demuestra que el hombre
no es su propio autor (en tanto que individuo que pertenece a una especie no
se da a sí mismo el ser). De haberlo sido, el hombre (que es un ser
contingente: lo mismo que es podría no haber sido) se hubiera hecho perfecto.
El autor del hombre es el ser infinito (Dios) que lo crea finito (duda) y le imprime
la idea de infinito (Dios) en la mente (idea innata). El punto de partida de
Descartes es la comprobación psicológica de la paradoja humana (efecto) para,
posteriormente remontarse a la verdadera causa del hombre (el ser infinito,
Dios). Asimismo utiliza el principio metafísico de causalidad: partiendo de la
paradoja humana (efecto) se remonta al ser infinito, creador del hombre
(causa).
La gran certidumbre de la que gozan las matemáticas se debe a que los
objetos matemáticos poseen con gran claridad y distinción las propiedades que
se les asignan por definición. Asimismo, se puede calcular con exactitud el
volumen, anchura, altura… de los mismos y, sin embargo, tales objetos no
existen extramentalmente. No ocurre lo mismo cuando examinamos la
definición o idea de Dios, (el ser más perfecto que pueda pensarse), que
incluye la existencia en su esencia. Se apoya Descartes en el Argumento
ontológico de S. Anselmo de Canterbury (S. XI – XII). Cuando yo tengo la idea
de algo. Y a ese algo le pertenece una cualidad con claridad y evidencia. Esa
cualidad pertenece a ese algo necesariamente. Ejs: Triángulo: suma de
ángulos de un triángulo = 2 rectos. Esa cualidad le pertenece necesariamente.
Dios: como ser infinito: tiene todas las perfecciones, incluida la existencia. Esa
cualidad le pertenece necesariamente. Dios y su existencia, en el argumento
ontológico, es el resultado de una deducción (que para Descartes es una serie
de intuiciones intelectuales). Dios es la garantía de desechar alguno de los
motivos más importantes de duda. Dios que es bueno y poderoso y que no
permite que me engañe. De esta forma, Descartes supera el Solipsismo
(quedarse encerrado en sí mismo) y puede pasar de la afirmación de la propia
conciencia a la existencia del mundo externo. Dios, en la filosofía de Descartes,
es un recurso que garantiza que pueda aplicar el criterio de certeza y permitir
salir del yo y conocer el mundo. Dios no puede permitir que lo que yo conciba
clara y distintamente, con evidencia, sea falso. Dios garantiza el conocimiento
que tenemos de la realidad.
Contextualización (3ptos):
René Descartes nace en La Haye de Touraine (Francia) el 31 de Marzo
de 1596. De familia noble. Su madre muere al año de nacer. A los 9 años
ingresa en el Colegio de los Jesuitas de LA FLÈCHE en Anjou, fundado por
Enrique IV, rey de Francia, para la educación de los nobles como futuros
cargos políticos y administrativos del Estado francés. Su estudio tuvo dos
ámbitos: TRIVIUM (elocuencia): Gramática, Retórica y Dialéctica y
QUADRIVIUM (matemáticas): Aritmética, Geometría, Astronomía y Música.
Durante su estancia de 10 años en el Colegio cultivó una gran afición a las
matemáticas y un cierto escepticismo con respecto a las demás ciencias. En
1616 se graduó en Derecho en la Universidad de Poitiers. En 1618 se alista en
el ejército del príncipe Mauricio de Nassau, en Holanda. Un estímulo a su
inquietud por las cuestiones científicas lo constituyó el médico Isaac Beckman.
En 1619, se traslada a Alemania y se alista como noble intendente en el
ejército del duque Maximiliano de Baviera, participando en la guerra religiosa
(católicos protestantes) de los 30 años. El 10/XI/1619 tiene la intuición del
COGITO, ERGO SUM. Entre 1620 a 1629 se dedica a viajar para aprender del
“gran libro del mundo”. Vive en París y después en Holanda. Vivió la condena
de Galileo (22/06/1633). Invitado por la reina Cristina de Suecia, se traslada a
Estocolmo, donde muere el 11/02/1650. Comienza su obra creadora con
Reglas para la dirección del espíritu (1628), Tratado del mundo (1634),
Discurso del Método (1637) que consta de 6 partes o secciones: 1ª: Sobre el
hombre, 2ª: Reglas del Método, 3ª: Moral provisional, 4ª: Dios, idea innata, 5ª:
Sobre el cuerpo y el alma, 6ª: Función del intelectual. Meditaciones metafísicas
(1641) con, asimismo, seis secciones o partes: 1ª: Cosas dubitables, 2ª: De la
naturaleza del espíritu humano, 3ª: De Dios, que existe, 4ª: De lo verdadero y
de lo falso, 5ª: De la esencia de las cosas materiales y 6ª: De
la distinción de cuerpo y alma. Principios de Filosofía (1644), Las pasiones del
alma (1649), Geometría (1637), Tratado del ser humano (1634).
En Descartes confluyen variedad de influencias: Filosofía Escolástica: (del latín
schola,ae), denominación de la filosofía medieval y cuyo método le inculcaron a
Descartes en el colegio de La Flèche. S. Agustín de Hipona: procedimiento de
la duda, superación del escepticismo (SI ENIM FALLOR, SUM). (COGITO,
ERGO SUM), las ideas innatas, la prueba de la existencia de Dios que se basa
en la idea innata de infinito. Estoicismo (Fundado por Zenón de Citio). Sus
teorías postulaban la felicidad viviendo conforme a la naturaleza del ser
humano. Estoicos famosos: SÉNECA, cordobés del s. I d. C., Marco Aurelio,
emperador romano del s. II d. C. Los estoicos eran muy leídos en la época de
R. Descartes y hay elementos estoicos en sus escritos como la localización del
alma en el cerebro (glándula pineal) o la moral provisional. LUIS VIVES,
(valenciano, s. XVI), está presente en su tratado sobre las pasiones. Los
científicos de su tiempo: I. Beckman, Mersenne que estimulan su interés por el
modelo matemático. El escepticismo (la verdad es imposible) (Pirrón, s. III a.
C., Carnéades y Sexto Empírico, s. II d. C.). Los pensadores franceses P.
Charron y M Montaigne, simpatizantes del escepticismo, están presentes sobre
todo en la duda metódica cartesiana.
Descartes, figura estelar en el ámbito filosófico de la Modernidad porque
hace del intelecto, de la razón pura el primer objeto que hay que indagar en la
búsqueda de la verdad. Descartes apela a la claridad y a la distinción para
descubrir alguna verdad ajena a la duda. La certeza de mi yo-pensamiento será
el principio metodológico del cual deducir todas las otras verdades. Con el
subjetivismo nace la filosofía moderna. El yo, como inicio novedoso respecto a
la tradición de la filosofía anterior. Con todo ello y apoyándose también en sus
conocimientos matemáticos, dará lugar al racionalismo (corriente filosófica con
la que se inicia la modernidad). A esta se le opone el Empirismo. La primera
contará entre sus filas, en el continente europeo, con autores como B. Spinoza,
G. Leibniz: la otra, en las Islas Británicas, principalmente con J. Locke, G.
Berkeley y D. Hume. Quizás la mejor forma de entender la oposición entre
estos dos movimientos filosóficos sea considerar cómo tratan la cuestión sobre
el origen del conocimiento. El empirismo sostiene que todos nuestros
conocimientos proceden, en última instancia, de los sentidos. Por su parte, el
racionalismo defiende que nuestros conocimientos verdaderos proceden de la
razón; proceden de ideas innatas, esto es, de verdades primeras y evidentes
que la razón encuentra en sí misma.
A partir de aquí, otro rasgo característico de los filósofos racionalistas es
que para ellos, Dios es la garantía última del conocimiento de la realidad. Los
racionalistas entienden que la razón es la única facultad susceptible de
alcanzar la verdad. La oposición de la filosofía medieval (Escolástica) entre
razón y fe es sustituida por la contraposición entre verdades racionales frente a
los engaños o ilusiones de los sentidos. La realidad del mundo ya no es
evidente, tiene que ser deducida. Los racionalistas siguen la tradición de Platón
para quien conocer es recordar (Anamnesis): las ideas están de algún modo
“presentes” en el alma humana. Las ideas innatas fundamentan
deductivamente todo el conocimiento. Su característica es la evidencia. En
Descartes, las ideas innatas y, dentro de ellas, la idea de Dios garantizan y son
la base para la plena certeza de todos los saberes, desde la Física hasta la
Metafísica. La Metafísica racionalista cartesiana reduce la división categorial de
Aristóteles (las 10 Categorías aristotélicas, modos de hablar algo de un ser:
substancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, estado acción,
pasión) a tres únicos fundamentos: sustancia, atributos (naturaleza de la
substancia) y modos (variaciones de la substancia). Por substancia entiende
Descartes “aquello que existe de tal manera que no necesita de ninguna otra
cosa para existir”. La sustancia es la primera idea innata, de la que todo se
deriva por proceso deductivo. Cosmológicamente, frente al organicismo
aristotélico, Descartes se adhiere al mecanicismo. Frente a la concepción de un
universo como un gran organismo natural, regido por causas finales, la ciencia
moderna explica el universo como una máquina donde no hay más que materia
y movimiento con sus leyes. Esta reducción de los elementos significativos a
los cuantificables permitió la matematización de lo real. En este contexto
surgirá el problema de la libertad del hombre. En este universo mecánico el
hombre ya no encuentra su lugar y se repliega en la intersubjetividad.
En la filosofía cartesiana influyó Montaigne: “Nada más libre e inaprensible que
el propio yo”. Descartes: “Nada más cercano e indubitable que la subjetividad”.
Hay que matizar el influjo de S. Agustín: “Si enim fallor, sum” (Así pues, si me
equivoco, existo), en R. Descartes: “Cogito, ergo sum” (Pienso, luego existo).
Para S. Agustín: el hombre es un medio para llegar a Dios. Para R. Descartes:
el yo, es el punto de partida radical. El COGITO, como autoconciencia,
aparecerá como fundamento en la filosofía fenomenológica en E. Husserl (s.
XX): coincide con Descartes en hacer de la filosofía el fundamento de cualquier
otra ciencia.
Asistimos a una época de hambrunas y epidemias, crisis en la industria y
el comercio, guerras interminables y gran conformismo con la situación por
parte de la sociedad. En el plano cultural, reina la inactividad y el desinterés
creciendo considerablemente el apego a la religión tradicional. En el momento
histórico que le toca vivir a Descartes tiene ligar un ciclo de esplendor
económico: el campo abastece de las materias primas necesarias a la industria
y el comercio internacional vive un momento de máximo esplendor. La forma
más común de gobierno es el absolutismo, aunque –humanizado y con
pretensiones racionalistas- se llame ahora despotismo ilustrado:”todo para el
pueblo, pero sin el pueblo”. El orden social se caracteriza por el protagonismo
de la burguesía, dueña ya de un alto status social y grandes riquezas.
Culturalmente, se producen grandes cambios y avances. Se da un gran interés
por despertar al pueblo de su ignorancia, de aquí la creación de Academias,
Museos y Bibliotecas. El siglo XVII es el siglo del Barroco, y el Barroco es una
época de crisis, de pesimismo, de movimiento de fugacidad. La economía
sigue basándose en la agricultura (aunque el comercio y, las finanzas
atraviesan un momento de expansión); se suceden las hambrunas y las
epidemias; la esperanza de vida se sitúa entre los 25 y los 30 años.
Constantemente se producen revueltas sociales. Se van consolidando los
Estados modernos, independientes y soberanos, que se enfrentan por motivos
religiosos y por sus afanes imperialistas.