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Portada » Fábulas para niños » El cordero envidioso

Adaptación de la fábula de Godofredo Daireaux


Esta pequeña y sencilla historia cuenta lo que sucedió a un cordero que por envidia traspasó
los límites del respeto y ofendió a sus compañeros. ¿Quieres conocerla?
El corderito en cuestión vivía como un marqués, o mejor dicho como un rey, por la sencilla
razón de que era el animal más mimado de la granja. Ni los cerdos, ni los caballos, ni las
gallinas, ni el resto de ovejas y carneros mayores que él, disfrutaban de tantos privilegios.
Esto se debía a que era tan blanquito, tan suave y tan lindo, que las tres hijas de los
granjeros lo trataban como a un animal de compañía al que malcriaban y concedían todos
los caprichos.
Cada mañana, en cuanto salía el sol, las hermanas acudían al establo para peinarlo con un
cepillo especial untado en aceite de almendras que mantenía sedosa y brillante su rizada
lana. Tras ese reconfortante tratamiento de belleza lo acomodaban sobre un mullido cojín de
seda y acariciaban su cabecita hasta que se quedaba profundamente dormido. Si al
despertar tenía sed le ofrecían agua del manantial perfumada con unas gotitas de limón, y si
sentía frío se daban prisa por taparlo con una amorosa manta de colores tejida por ellas
mismas. En cuanto a su comida no era ni de lejos la misma que recibían sus colegas,
cebados a base de pienso corriente y moliente. El afortunado cordero tenía su propio plato
de porcelana y se alimentaba de las sobras de la familia, por lo que su dieta diaria consistía
en exquisitos guisos de carne y postres a base de cremas de chocolate que endulzaban aún
más su empalagosa vida.

Curiosamente, a pesar de tener más derechos que ninguno, este cordero favorecido y
sobrealimentado era un animal extremadamente egoísta: en cuanto veía que los granjeros
rellenaban de pienso el comedero común, echaba a correr pisoteando a los demás para
llegar el primero y engullir la máxima cantidad posible. Obviamente, el resto del rebaño se
quedaba estupefacto pensando que no había ser más canalla que él en todo el planeta.
Un día la oveja jefa, la que más mandaba, le dijo en tono muy enfadado:
– ¡Pero qué cara más dura tienes! No entiendo cómo eres capaz de quitarle la comida a tus
amigos. ¡Tú, que vives entre algodones y lo tienes todo!… ¡Eres un sinvergüenza!
– Bueno, bueno, te estás pasando un poco… ¡Eso que dices no es justo!
– ¡¿Qué no es justo?!…Llevas una vida de lujo y te atiborras a diario de manjares exquisitos,
dignos de un emperador. ¿Es que no tienes suficiente con todo lo que te dan? ¡Haz el favor
de dejar el pienso para nosotros!
El cordero puso cara de circunstancias y, con la insolencia de quien lo tiene todo, respondió
demostrando muy poca sensibilidad.
– La verdad es que como hasta reventar y este pienso está malísimo comparado con las
delicias que me dan, pero lo siento… ¡no soporto que los demás disfruten de algo que yo no
poseo!
La oveja se quedó de piedra pómez.
– ¿Me estás diciendo que te comes nuestra humilde comida por envidia?
El cordero se encogió de hombros y puso cara de indiferencia.
– Si quieres llamarlo envidia, me parece bien.
Ahora sí, la oveja entró en cólera.
– ¡Muy bien, pues tú te lo has buscado!
Sin decir nada más pegó un silbido que resonó en toda la granja. Segundos después, treinta
y tres ovejas y nueve carneros acudieron a su llamada. Entre todos rodearon al
desconsiderado cordero.
– ¡Escuchadme atentamente! Como ya sabéis, este cordero repeinado e inflado a pasteles
se come todos los días parte de nuestro pienso, pero lo peor de todo es que no lo hace por
hambre, no… ¡lo hace por envidia! ¿No es abominable?
El malestar empezó a palparse entre la audiencia y la oveja continuó con su alegato.
– En un rebaño no se permiten ni la codicia ni el abuso de poder, así que, en mi opinión, ya
no hay sitio para él en esta granja. ¡Que levante la pata quien esté de acuerdo con que se
largue de aquí para siempre!
No hizo falta hacer recuento: todos sin excepción alzaron sus pezuñas. Ante un resultado
tan aplastante, la jefa del clan determinó su expulsión.
– Amigo, esto te lo has ganado tú solito por tu mal comportamiento. ¡Coge tus pertenencias
y vete!
Eran todos contra uno, así que el cordero no se atrevió a rechistar. Se llevó su cojín de seda
oriental como único recuerdo de la opulenta vida que dejaba atrás y atravesó la campiña a
toda velocidad. Hay que decir que una vez más la fortuna le acompañó, pues antes del
anochecer llegó a un enorme rancho que a partir de ese día se convirtió en su nuevo hogar.
Eso sí, en ese lugar no encontró niñas que le cepillaran el pelo, le dieran agua con limón o le
regalaran las sobras del asado. Allí fue, simplemente, uno más en el establo.
Moraleja: Sentimos envidia cuando nos da rabia que alguien tenga suerte o disfrute de
cosas que nosotros no tenemos. Si lo piensas te darás cuenta de que la envidia es un
sentimiento negativo que nos produce tristeza e insatisfacción. Alegrarse por todo lo bueno
que sucede a la gente que nos rodea no solo hace que nos sintamos felices, sino que pone
en valor nuestra generosidad y nobleza de corazón.
El origen del día y la noche
En las lejanas y mágicas tierras del Perú, habita la tribu de los
chamas. Al igual que otros pueblos primitivos, los chamas tienen
antiguos y extraordinarios relatos para explicar los fenómenos de la
Naturaleza y la razón del Universo. Una de esas historias explica el
origen del día y de la noche.
Según los chamas, el dios Habi tuvo dos hijos: Bari, dios del Sol, y
Use, diosa de la Luna.
Bari era un joven fuerte, de rubios cabellos rizados y piel dorada
como la miel. Era alegre y alborotador, además poseía una desbordante vitalidad. Siempre
andaba inventando travesuras y disfrutaba como un niño haciendo rabiar a su hermana. Por
el contrario, Use era una muchacha frágil, lánguida, de una extraordinaria palidez, bella y
delicada como una hermosa rosa blanca.
Un caluroso día de verano, la bella Use fue a bañarse a un lago de aguas tranquilas y
transparentes. Al atardecer, la diosa blanca se sentó a la orilla del lago y se entretuvo
contemplando la divina imagen de su rostro que reflejaban las cristalinas aguas. Use
disfrutaba, por fin, de unos momentos de paz en el día más abrasador de aquel implacable
verano.
Mientras Bari paseaba por los alrededores, descubrió a su querida hermana mirándose en las
aguas del lago y, en ese preciso momento, decidió gastarle una de sus frecuentes bromas: Se
untó las manos con la oscura resina de un árbol y se fue acercando sigilosamente a Use,
quien, de espaldas a Bari, continuaba absorta ante las aguas. Cuando llegó hasta ella, Bari
frotó las negras palmas de sus manos en el blanquísimo rostro de Use. La cara de la diosa
quedó como tiznada por hollín y, a orillas del lago, entre las divertidas carcajadas de su
hermano, las aguas devolvían una imagen fea y deslucida de la cara de Use.
Al verse así, la bella diosa rompió a llorar desconsoladamente. El dios Bari se arrepintió
inmediatamente de lo que había hecho.
–Perdóname, querida Use. Yo mismo lavaré tu precioso rostro –balbucía apenado Bari. –
¡Apártate! ¡Me has ofendido como nadie lo ha hecho jamás! ¡Déjame! –decía Use, mientras
rechazaba todos los ofrecimientos de su hermano.
–Deja de llorar. Te suplico que me perdones –insistía Bari.
–¡No volverás a verme nunca! –gritó Use.
Y la diosa, en un vuelo fugaz, ascendió a los cielos ante el estupor de su afligido hermano.
Desde entonces, Use, la diosa de la Luna, sale siempre de noche, cuando Bari, el dios del Sol,
ya se ha ocultado.
Cuenta también la narración que Use siente a veces deseos de ver a su hermano y, por eso,
algunos días muy claros, podemos ver a la Luna y el Sol juntos en el cielo, aunque solo sea
durante unos instantes.

Anónimo. Vocabulario: Lánguida: delgada,débil. Estupor: asombro.


¨
El uso de tapabocas se hace obligatorio en el sistema
de transporte público
Ministerio de Salud y Protección Social > El uso de tapabocas se hace obligatorio en el sistema de transporte
público

04/04/2020
Boletín de Prensa No 125 de 2020

-La decisión se da luego del reciente pronunciamiento de la OMS.


-Esta medida no elimina el lavado de manos ni el distanciamiento social.
Bogotá, 4 de abril de 2020. Ante el actual pronunciamiento de la Organización
Mundial de la Salud OMS en el cual recomienda el uso masivo de tapabocas para
combatir la propagación de la covid-19, el Gobierno Nacional en concordancia con la
nueva fase de mitigación por la que atraviesa el país (en la cual cualquier persona es
potencialmente portadora del virus) informa a la población general el uso de tapabocas
convencional obligatorio en los siguientes lugares:

1. En el sistema de transporte público (buses, Transmilenio, taxis) y áreas donde


haya afluencia masiva de personas (plazas de mercado, supermercados, bancos,
farmacias, entre otros) donde no sea posible mantener la distancia mínima de 1
metro.
2. Personas con sintomatología respiratoria.
3. Grupos de riesgo (personas adultas mayores de 70 años, personas con
enfermedades cardiovasculares, enfermedades que comprometan su sistema
inmunológico, cáncer, VIH, gestantes y enfermedades respiratorias crónicas).

"Es posible usar tapabocas de tela, los cuales brindan una recomendación adecuada. Es
importante reiterar que los respiradores N95 o máscaras de alta eficiencia serán de uso
exclusivo para los trabajadores de la salud", expresó el ministro de Salud y Protección
Social, Fernando Ruiz Gómez.
Las personas con diagnóstico confirmado para covid-19 y sus contactos estrechos no
deben salir del lugar donde están llevando a cabo su aislamiento preventivo obligatorio
(14 días sin excepción).
Además, se establecerán las características y recomendaciones de uso y calidad de los
tapabocas que permitan reducir la propagación del virus.
Por último, esta medida es complementaria y no elimina la necesidad de lavarse las
manos y el distanciamiento social.

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