Capítulo 2
Me hallo en mi habitación, terminando de procesar todo lo sucedido hace menos de 10
minutos.
No solo vinieron a reclamarme; siendo ellos los primeros en desterrarme y asesinar a
mis padres, sino también a amenazar a mi familia.
La ira recorre mis venas hasta empezar a causarme un pequeño toc en el hombro
izquierdo. Lágrimas de impotencia se me acumulan en el rostro debido a que no puedo
hacer más que simplemente obedecerlos.
No son solo mayor número, son más fuertes, mientras que nosotros tenemos a
muchos niños, ancianos y bists que aun no han aprendido a controlar su parte bestia
del todo.
Cierro la maleta de u n tirón y suspiro mirando al techo de mi cuarto. Absorta en mis
pensamientos, cerrando los ojos, recuerdo la última ocasión que me hizo sentirme así
de inútil.
Aun era humano, con su cabellera dorada, siempre despeinada, como si fueran rayos de
sol. Sus esmeraldas, aquellas que me observaban con tanta intensidad. Cuando todavía
podía apreciar su hermosa sonrisa.
Inmersa en mi mente, siento su dulce tacto en mi mejilla y su frente reposando con la
mía, el gesto tan dulce que siempre realizaba cuando me veía preocupada.
Es ahí cuando caigo en que ya no es como antes, que sus manos ya no son suaves,
sino puro hueso, al igual que su frente.
—Siempre fue muy cabezota. —Sonrio, rememorando aquellos tiempos que ya no
volverán.
—¿Quién siempre fue muy cabezota? —Doy un salto hacia atrás al darme cuenta de que
no me había imaginado su toque, sino que estaba justo en frente de mi.
—¡Mash! ¿Qué haces en mi dormitorio? ¡Tienes que tocar antes de entrar! —Para colmo
el muy desgraciado se ríe a carcajadas mientras yo me llevo la mano al pecho del susto
que me he llevado—. Un poco más y me matas.
Se torna un silencio un poco incómodo pero él vuelve a sonreír como si nada.
—Ya casi se terminan las conversaciones entre Mariette y las brujas sabias. Venía a
decirte pero te vi tan absorta en tus pensamientos, que actué por impulso.
—Ya terminé de recoger, en seguida bajo.
—De aacuerdo, te espero abajo. —Camina hasta la puerta pero antes de irse, posa una
mano esquelética en esta y gira su rostro para quedarse observándome.
—¿Qué me miras?
—Sabes que puedes contarme lo que quieras, ¿verdad? Siempre voy a estar aquí para ti.
—Apoya su cráneo sobre el marco de la puerta, lanzándome una mirada que conozco
tan malditamente bien.
—Lo sé idiota. Ya vete, te veo abajo. —Le muestro una sonrisa para tranquilizarlo y
desaparece del umbral.
Siempre voy a estar aquí para ti.
Antes no entendíamos el peso de esa frase, siempre es demasiado tiempo. Pero por mi
culpa, él siempre va a estar ahí para mi y yo no voy a estar siempre.
Agarro la maleta y me encamino a bajar las terroríficas escaleras de piedra con
enredaderas que forman la escalera principal del castillo en ruinas donde he vivido la
mayor parte de mi vida.
Ya en la entrada de este, esperando a los invitados no deseados y a Ma´, observo como
desciende primero la sabia de cabellos de fuego. Antes, por el momento tenso no me
había dado el tiempo de analizala, ahora tampoco tuve mucho más puesto que sus dos
coletas se giraron en mi dirección y su mirada ardiente como la lava quemaba sobre mi
piel. Al percatarse de mi mirada, giró el rostro y siguió su camino hacia el barco en el
que desembarcaron.
No muy lejos de esta, salían de mi hogar Ma´, los bists sabios y el brujo sabio. Estos, ya
más en calma, dialogaban pacíficamente, aunque los bists sabios no se observaban
muy contentos, la mirada de Ma´ estaba en calma.
Antes de que ellos pasen por mi lado, siento muchas pequeñas plantas envolviendo mi
mano.
—Volveré pronto, Mixi.
—¿Lo prometes? —Su voz, a pesar de telepática, se escucha débil, desanimada. Agarro
con fuerza sus plantas que envolvían mi mano para transmitirle más seguridad.
—Te lo prometo. Volveré pronto, sana y salva. —Me agacho para estar a su altura y
acaricio su cabeza vegetal—. En cuanto vuelva, tendremos una noche de familia, Ma´, tú
y tu hermanita Morte, que estará ansiosa por verlas en cuanto regrese. — Menciono
esto último de forma aniñada y refiriéndome a mi como otra persona pues se que eso
siempre le ha causado gracia.
Sonríe, mostrándome sus grandes dientes puntiagudos y se posiciona detrás de Ma´,
quien ya ha llegado a mi lado pero se había quedado en espera, a que finalizara la
conversación con mi pequeña hermana.
—Recuerda, cualquier problema que tengas y necesites ayuda, solo —Le muestro la
mano en señal de que se detenga.
—Pienso en ustedes y estarán allí en menos de lo que canta un gallo. Lo sé, Ma´.
—Además de que no va sola, Mariette, va conmigo. —Se mete a la conversación sin ser
invitado, pasándome sus huesos por encima del hombro, hasta que oímos una
carcajada tosca por encima de la voz de Mash.
—No deberías estar tan orgulloso, pues no creo que un no muerto sin poderes como tú
pueda hacer algo para proteger a la pequeña —comenta Martur, con un deje de enojo en
su voz, pues por mucho que quiera ir a protegerme, siendo un monstruo, semejante a
un león de dos metros, no sería bien recibido en la cede central.
—Parecen niños, ¿qué edad tienen? ¿5 años? No tenemos tiempo para vuestras
estupideces. —Gyan tose, atrayendo la mirada de todos.
—Obviando el lenguaje sin ética de Felicia, tiene razón, no tenemos tiempo para
discusiones, tenemos que irnos ya. No hay tiempo que perder.
Nos terminamos de despedir de todos, a pesar de que nos volveremos a ver, las
despedidas se sienten como si no fuera así, como si no hubiera marcha atrás luego de
subir a ese barco y zarpar.
Dejamos el momento melancólico atrás y nos disponemos a subirnos al barco. Este, a
pesar de por fuera, parecer un yate cualquiera como los que se ven en los libros de
historia de los años 2024, se sabía de sobra que no lo era con solo observar el interior;
este, todo modernizado, dispuesto con colores blancos, morados y azules.
Era una ciudad dentro de un yate; todo decorado con vegetación, zonas con lo que
parecían ríos y millones de recorridos con puertas enumeradas y nombradas.
—Acomódense en cualquier habitación, pues llegaremos a la sede central en menos de
15 minutos.
—¿Es broma, no? —Inquiere Mash pero no recibe respuesta alguna más que un bufido
de Felicia.
—Eso si, les recomiendo que se sienten, pues al ser vuestra primera vez, puede que les
resulte un poco... Incómodo el viaje.
No mas decir esto, Gyan se da la vuelta y desaparece, pero deja una gran intriga en mi.
¿Qué fue eso que acabo de ver?
Intento no meterle mucha cabeza, cuando escucho por los altavoces que ya vamos a
zarpar. Sin más dilatación procedo a sentarme y ahora entiendo el porque de la
advertencia dada por el sabio.
Las sensaciones que experimento -y por la expresiones de Mash, presiento que él
también- en menos de 15 minutos sentí la comida salirse de mi estómago, mi vida
pasar frente a mis ojos, mareo, cansancio, temblores.
Mientras que mi amigo esqueleto y yo estoy viviendo un martirio, los demás están
sentados charlando. ¡Incluso tomando un café!
—Ya llegamos. —Nos advierte, levantándose de su asiento, logrando que su cabellera de
platino rosa se mueva y deje al descubierto sus... ¿Orejas d elfo, siendo un brujo?—. Les
doy la bienvenida a la Cede Central de las Brujas.