UNIVERSIDAD PRIVADA
DOMINGO SAVIO
NOMBRE LILIANA EGUEZ ARIAS
DOCENTE: JULIA LORENA FURTNER BRUN
CARRERA: DERECHO
AÑO: 2024
LA SITUACION ACTUAL DE LA DOTACION DE TIERRAS
INTRODUCCION
La dotación de tierras en Bolivia ha sido un tema recurrente y controversial a lo largo de su
historia. Este país, rico en recursos naturales y diversidad cultural, enfrenta serias dificultades
relacionadas con la propiedad y distribución de la tierra. A pesar de las diversas reformas
agrarias llevadas a cabo desde el siglo XX, la situación actual revela que estas medidas no han
logrado resolver los problemas estructurales de desigualdad en el acceso a la tierra.
La concentración de tierras en manos de unos pocos ha generado conflictos sociales y
territoriales, especialmente en comunidades indígenas y campesinas que luchan por sus
derechos territoriales. La falta de acceso a tierra viable impacta negativamente en la economía,
la cultura y la identidad de estas comunidades.
Este ensayo se enfocará en analizar las problemáticas actuales de la dotación de tierras en
Bolivia, resaltando la importancia de implementar políticas efectivas que garanticen el acceso
equitativo a la tierra y promuevan un desarrollo sostenible y justo para todos los bolivianos.
En Bolivia, la redistribución de tierras ha sido y sigue siendo un proceso complejo y desigual.
El Estado ha realizado numerosos esfuerzos para distribuir tierras a campesinos e indígenas.
La reconducción comunitaria de la tierra y el territorio, promulgada con la Ley 3545 en el año
2006, es una política pública destinada a redistribuir y sanear la propiedad agraria.
Este mecanismo, gestionado por el Instituto Nacional de Reforma Agraria (INRA), tiene la tarea
de asignar tierras fiscales a familias sin tierra o con tierra insuficiente con el objetivo de corregir
desigualdades históricas y fomentar el desarrollo económico y social. De este modo, la
redistribución de tierras promueve la justicia social al abordar las desigualdades históricas en
la tenencia de la tierra, un problema que arrastra disparidades económicas y sociales. Esta
iniciativa no solo busca equilibrar el acceso a los recursos, sino que también busca impulsar el
desarrollo económico al proporcionar a más ciudadanos acceso directo a los recursos
productivos de la tierra.
Además, este proceso promueve la diversificación de la producción agrícola entre las familias
campesinas, fortaleciendo la seguridad alimentaria y la resiliencia económica de las
comunidades rurales. De igual importancia es el papel que juega en la preservación de las
formas de vida tradicionales de las comunidades campesinas e indígenas, salvaguardando así
la rica diversidad cultural de Bolivia.
Cuando se planifica e implementa adecuadamente, la redistribución de tierras tiene el
potencial de mejorar significativamente la calidad de vida de muchos bolivianos, ofreciendo
oportunidades de desarrollo económico y social. Al mismo tiempo, contribuye a la estabilidad
política y social del país, abordando una de las causas fundamentales de la desigualdad y el
descontento.
DESARROLLO
Datos del INRA
Los datos y avances más significativos se obtienen de los informes de gestión presentados por
el INRA. Estos documentos detallan el proceso de redistribución de tierras, mostrando cómo
se han asignado predios a personas y comunidades. A través de estos informes, se puede
conocer en profundidad las acciones realizadas y los resultados alcanzados en el
saneamiento de tierras y en la distribución de tierras fiscales disponibles.
Entre 1999 y 2022, se identificaron 4.5 millones de hectáreas de tierras fiscales disponibles, de
las cuales cerca de 3,5 millones han sido intervenidas: 2,2 millones con Resolución de
Autorización de Asentamiento en favor de 1.290 comunidades (la mayoría en Santa Cruz y en
menor cantidad en Beni, Pando y La Paz), 160 mil hectáreas con Resolución de Dotación para
90 comunidades, y cerca de un millón de hectáreas tituladas en favor de 169 comunidades en
los departamentos de Pando (65), Santa Cruz (38), La Paz (25), Chuquisaca (21) y Tarija (14).
Aún queda cerca de un millón de hectáreas no solicitadas, susceptibles para su distribución.
Estos datos reflejan una realidad alarmante y plantean preguntas y desafíos sobre la situación
actual. Los informes no proporcionan detalles claros sobre la redistribución de tierras, dejando
varias interrogantes sin respuesta: ¿Cuántas de estas comunidades están compuestas por
familias que realmente necesitan las tierras asignadas? ¿Cuántas de las 1,290 comunidades
con Resolución de Autorización cumplen con la Función Social? ¿Poseen estas comunidades
personalidad jurídica? ¿La distribución de tierras se ajusta a la vocación productiva, al plan de
uso de suelo o al ordenamiento territorial de sus municipios?
Además, existe preocupación sobre la distribución de tierras fiscales, especialmente entre
dirigentes que identifican la ubicación de estas tierras y crean nuevas comunidades para
traficar autorizaciones. Un ejemplo notable son las comunidades nuevas en Santa Cruz,
asentadas en las regiones de Guarayos y San José de Chiquitos.
Otros problemas incluyen los asentamientos ilegales en tierras fiscales no disponibles que
afectan áreas protegidas y concesiones forestales, mostrando una débil participación del
Estado y una fuerte vulneración de los derechos de la Madre Tierra.
La expansión de la frontera agrícola, impulsada por el saneamiento de tierras, la distribución
de tierras fiscales y la agenda patriótica para habilitar tierras para uso agrícola, viene
acompañada de mejoras en la infraestructura, como caminos, incentivos económicos,
subsidios y autorizaciones de desmonte. Esta expansión acelerada tiene efectos e impactos
ambientales significativos, como la conversión de bosques a tierras agrícolas, lo que disminuye
la cobertura forestal, impactando en la temperatura y el ciclo hídrico del lugar. La deforestación
contribuye al cambio climático al liberar grandes cantidades de dióxido de carbono
almacenado en la masa forestal. También tiene un efecto en la destrucción de los hábitats
naturales, como la flora y fauna local, y hay un riesgo fuerte en la pérdida de especies
endémicas animales y vegetales. Además, estos suelos en muchos casos son susceptibles a
la erosión, afectando la fertilidad y su capacidad de retención de agua, lo que a mediano y
largo plazo reduce la productividad agrícola.
La dotación de tierras en Bolivia enfrenta una serie de problemas, entre los que se
encuentran:
Distribución de tierras
En el altiplano y los valles la propiedad de la tierra está muy fragmentada. Pocos reconocen
que esta fragmentación data de antes de la Reforma Agraria de 1953 y que estuvo determinada
por factores medioambientales, especialmente en el altiplano. La tendencia sostenida hacia la
propiedad privada y la actividad económica familiar, que han acompañado la Reforma Agraria
desde 1953, es cada vez mayor en el marco de las relaciones sociales comunales. Sin
embargo desde los años 1990, la tercera generación -los «nietos» de la Reforma Agraria- ya no
consigue acceder a tierras en superficies sostenibles. Por eso emigra más frecuentemente a
las ciudades, diversifica al extremo sus estrategias de supervivencia o busca tierras en otras
partes del país. Durante el paso a la tercera generación se aprobó la nueva Ley de Tierras
(INRA, 1996) y se estableció que todo nuevo asentamiento a título gratuito (dotación) en tierras
fiscales en los llanos debería ser exclusivamente en beneficio de comunidades que solicitaran
la tierra en «propiedad comunitaria» (propiedad que no se puede subdividir ni enajenar). Este
punto de la Ley INRA de 1996 ha sido abiertamente rechazado por casi todos los dirigentes del
altiplano y de los valles: se exige acceder gratuitamente a nuevas tierras fiscales en los llanos
amazónicos del oriente al amparo del concepto de propiedad privada. El Movimiento sin Tierra
(MST) estaría orientado hacia esta dirección.
Desde hace una década, la población de la zona rural del altiplano y los valles se está
manteniendo relativamente constante en cerca de 3 millones de habitantes, y ello demostraría
que gracias a las actuales tecnologías, productividades y rendimientos, esa región de altura
habría llegado al límite máximo de expansión de la frontera agrícola y de la producción
agropecuaria. Esto indicaría que la incorporación de actividades económicas no agrícolas en
esa zona rural se realiza principalmente para compensar pérdidas de ingresos en el sector
agropecuario o disminuciones en la productividad de la tierra, y no siempre significaría un
aumento del ingreso familiar total. El altiplano y los valles son exportadores de recursos
humanos calificados, especialmente jóvenes, tanto hombres como mujeres, pero no se sabe
bien cómo la dinámica económica generada por el mercado de las ciudades, las nuevas
costumbres difundidas por los medios de comunicación, especialmente la televisión, y el
atractivo de la vida en las ciudades, afectan a las formas de acceso y propiedad de la tierra.
En la region andina ya no hay tierras disponibles
El fenómeno simultáneo de abandono de tierras erosionadas y presión por nueva tierra no es
exclusivo de Bolivia. Ocurre en todos los lugares en los que las dinámicas poblacionales no
están orientadas por políticas públicas de asentamientos humanos y ordenamiento territorial y
en los que se que agudiza al mismo tiempo el proceso de deterioro de los recursos naturales
por efecto de la sobreexplotación. Las prácticas de desmonte, roza y quema son comunes en
las agriculturas itinerantes de la Amazonía y de los llanos, mientras que en las tierras de altura,
en el altiplano y valles, los ciclos de rotación y descanso se han interrumpido.
El simultáneo abandono de la «tierra vieja» y la búsqueda de la «tierra nueva» es la
demostración de que se han roto los equilibrios previos que permitían ciclos familiares
reproductivos y la satisfacción de las necesidades alimenticias básicas.
En la región andina del altiplano y valles ya no hay más tierra que distribuir. Toda o casi toda la
tierra ya fue distribuida con la Reforma Agraria de 1953. Y toda o casi toda la tierra distribuida
mediante reparto y devolución a las comunidades indígenas está siendo sometida a fuerte
presión debido al uso excesivo ejercido por las unidades familiares productoras campesinas
indígenas.
La gran mayoría de las tierras en dotación colectiva se dedican al pastoreo siguiendo
complejas fórmulas de turnos, alquileres, herbajeo y períodos, o se han distribuido de forma
fragmentada para uso familiar. Esto ha complicado las relaciones intracomunitarias.
NUEVAS REIVINDICACIONES TERRITORIALES Y ABANDONO DE LAS TIERRAS
La discusión sobre la problemática de la tierra está cada vez más vinculada al debate de los
asuntos relativos al territorio, que comprenden demandas de jurisdicción político-administrativa,
con ciertos márgenes de autonomía, y de acceso a los diversos recursos naturales. Estos
elementos son inseparables del programa de las organizaciones campesinas e indígenas.
Están en permanente elaboración las relaciones entre jurisdicción territorial, seguridad jurídica
de la propiedad sobre la tierra y derecho consuetudinario, y gestión territorial indígena-
campesina como espacio donde se promueven los procesos de planificación de recursos y
organización del poder social y político.
Diferentes estudios concuerdan en señalar que la población rural andina tiende a ser cada vez
más vieja (FAO, 2003). Los productores agrícolas no se sienten atraídos por las regiones
deprimidas de montaña en las que las condiciones de vida son adversas, no sólo por la
ausencia de servicios públicos, caminos vecinales, energía eléctrica, agua potable, educación y
salud, sino por las condiciones climáticas extremas, como frecuentes heladas y sequías. Por
consiguiente, la mayoría de los jóvenes emigra a los centros urbanos buscando mejores
condiciones de vida, y abandona en muchos casos las pocas tierras recibidas en herencia de
sus padres.
Saneamiento de tierras
La Fundación Tierra afirma que el saneamiento de tierras ha sido un fracaso, ya que el gobierno
del MAS canceló los planes de saneamiento de las TCO.
El saneamiento y titulación de tierras en el país, iniciada en 1996, a través de la Ley INRA
(Instituto Nacional de Reforma Agraria), cerró el 31 de octubre de 2017, con la regularización
de solo el 83% de un total de 106 millones de hectáreas susceptibles de dicho proceso. Para
el restante 17%, la tarea aún no ha concluido. Hoy, dos años después se sigue con el proceso
inconcluso, con muchas dificultades técnicas y cuestionamientos institucionales y una
incertidumbre.
Es un proceso fallido porque acabó consolidando el modelo de tenencia dual que arrastramos
desde 1953. El saneamiento de la propiedad de la tierra que comenzó en 1996 con la ley INRA
tenía por objetivo revertir el minifundio y a la vez recortar las grandes propiedades
latifundiarias. Después de 24 años de vigencia de esta ley de tierras, no se alcanzó la
medianización de la propiedad rural. Por eso tenemos por un lado la agricultura campesina en
crisis de las tierras altas y por otro, la agricultura destructiva a gran escala en las tierras
bajas. bre reinante.
CONCLUSION
Para abordar las cuestiones planteadas y mejorar la situación descrita, se proponen las
siguientes recomendaciones para la agenda gubernamental:
1. Evaluar el cumplimiento de la Función Económica Social en las comunidades
beneficiarias y si las organizaciones poseen la personalidad jurídica requerida. Esto es
crucial para asegurar que las tierras se utilicen de manera efectiva y sostenible.
2. La distribución de tierras debe alinearse con la vocación productiva, los planes de uso
de suelo y el ordenamiento territorial. La falta de una planificación adecuada puede
llevar a usos inadecuados de las tierras y a conflictos.
3. Prevenir asentamientos ilegales en tierras fiscales no disponibles y en áreas
protegidas. Estos casos reflejan una necesidad urgente de una mayor supervisión
estatal para proteger los derechos de la Madre Tierra y asegurar el uso adecuado de
los recursos.
4. Fomentar prácticas agrícolas sostenibles que minimicen la deforestación y promuevan
la conservación de suelos.
5. Los gobiernos subnacionales deben implementar programas de reforestación para
restaurar áreas degradadas, zonas de recarga hídrica y recuperar la cobertura forestal
en zonas de alto riesgo e impacto.
6. Los sistemas de monitoreo y control de incendios deben enfocarse también en tareas de
prevención con fuerte participación local.
7. La transparencia en la distribución y la gestión de tierras es esencial para evitar
prácticas indebidas y asegurar que los recursos lleguen a quienes realmente los
necesitan.
En términos generales, la redistribución de tierras en Bolivia es un proceso complejo que
requiere una implementación justa y cuidadosa. Es fundamental priorizar a quienes realmente
necesitan y pueden trabajar la tierra, integrando planes y programas que fortalezcan el
desarrollo local y garanticen la sostenibilidad ambiental. Solo así se podrá alcanzar el
equilibrio entre justicia social, desarrollo económico y preservación del medio ambiente.
1. La reforma agraria debe continuar mediante la recuperación de tierras ilegales
Las reformas agrarias son momentos de inflexión histórica, debido a la ruptura de las
estructuras prevalecientes de propiedad y tenencia de la tierra y de los regímenes de trabajo.
Así ocurrió con la reforma mexicana, que duró más de 75 años (1917-1992), y la boliviana, que
se inició hace medio siglo y que continúa vigente formalmente pero que está «aletargada», y ha
sido manipulada, corrompida y desvirtuada desde hace más de tres décadas. Parece que la
frustración de las expectativas despertadas con la aprobación de la Ley INRA y el
mantenimiento de la concentración de la propiedad de la tierra en los llanos y la Amazonía en
manos de grupos de poder -situaciones simultáneas a las demandas de titulación de territorios
indígenas y las cada vez más frecuentes ocupaciones de tierras realizadas por el Movimiento
sin Tierra- están llevando a Bolivia a un nuevo momento de inflexión histórica, en el cual es
indispensable replantear el concepto global de reforma agraria.
No es verdad que la reforma agraria sea cosa del pasado, ni que carezca de vigencia. La
reforma agraria boliviana no ha concluido, y es por eso que la Ley INRA fue concebida como el
instrumento de modernización del proceso de distribución y redistribución de tierras y
fortalecimiento de la seguridad jurídica de la tierra para todo el que la trabaja. Sin embargo,
algunas autoridades públicas y organismos de cooperación dan al proceso reformista el
carácter de una «contrarreforma agraria» -en el marco de las políticas de ajuste neoliberal-
centrada exclusivamente en el saneamiento de las tierras con el propósito de legalizar la
propiedad. Es necesario dejar en claro, ante los movimientos sociales y las instituciones
públicas del más alto nivel, que la reforma agraria continúa plenamente vigente en Bolivia.
2. El sistema político debe pronunciarse explícitamente sobre la reforma agraria
La reforma agraria debiera ser un asunto central del programa de política nacional. La reforma
agraria es un asunto aún no resuelto, que está pendiente para los gobiernos, la sociedad, las
instituciones y principalmente los partidos políticos. La reforma agraria -en una concepción
moderna- implica el uso de diversos instrumentos y formas de acceder a la propiedad: reparto,
arriendo, alquiler o compra-venta, según las circunstancias y combinando diferentes
modalidades como condición del desarrollo rural sostenible.
Los líderes políticos prefieren las ambigüedades y no reconocen que es necesaria una nueva
fase de la reforma agraria. Pero para que ésta tenga carácter de reforma debe haber un
interlocutor público autorizado y deben existir unas instituciones y órganos públicos que
acompañen este proceso. Cuanto más claro sea el mensaje de los líderes políticos y más
rápido sea el proceso, mejores serán los resultados. Sin embargo, con la excepción de los
partidos políticos de origen campesino-indígena como el Movimiento al Socialismo (MAS) y el
Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), el resto del sistema político no quiere precisar su
posición sobre este tema fundamental porque de una manera u otra prefiere que las cosas
sigan como están. Bolivia necesita iniciar una nueva etapa en el proceso de la reforma agraria
que no solamente fortalezca la seguridad jurídica sino que cambie la estructura de la propiedad
de la tierra, elimine el latifundio y el minifundio y promueva el uso sostenible de los recursos
naturales.
3. La tierra al que la trabaja
En el pasado, el Consejo Ciudadano, creado para promover la reforma de la Constitución
Política del Estado, propuso la eliminación del principio básico de que el trabajo es la fuente de
derecho propietario sobre la tierra. Esta propuesta debía transformar por completo la estructura
jurídico-agraria. El principio de que la tierra es de quien la trabaja también está contenido en las
constituciones de muchos otros países de América Latina.
Eliminar este principio agudizaría la inseguridad jurídica y promovería la reconcentración
latifundiaria improductiva de la tierra. Este es un asunto de orden político pero también
económico. En el marco de la proyectada reforma constitucional, es necesario mantener el
principio fundamental de que la tierra es de quien la trabaja porque existe una estrecha relación
entre la construcción de la democracia y la ciudadanía y el acceso a los recursos naturales. No
puede haber democracia económica si no hay acceso equitativo, jurídicamente seguro y
ambientalmente sostenible a los recursos naturales. No puede haber inclusión económica si
persiste la desigualdad en el acceso a los recursos. El cumplimiento de la función económico-
social a través del trabajo de la tierra -en las diversas formas establecidas en la Ley INRA- es
un elemento clave del ordenamiento agrario.
4. Promover el ejercicio por la mujer del derecho de propiedad
Otro de los grandes problemas del acceso a la tierra en Bolivia es la desigualdad de género.
Gran parte de los títulos de propiedad otorgados por la Reforma Agraria de 1953 están a
nombre del jefe de familia varón. La sucesión hereditaria dispone que la tierra se distribuya por
igual entre los hijos e hijas pero, en la práctica, los hombres han acumulado más tierra que las
mujeres. Esta situación se debe a prácticas sociales tradicionales machistas de la sociedad
rural que relegan a la mujer a papeles secundarios.
La Ley INRA contempla mecanismos proactivos para la titulación de las tierras en favor de la
mujer, pero en la realidad esto no ocurre fácilmente. El proceso de titulación de tierras en favor
de la mujer puede ser corregido parcialmente con la titulación obligatoria a nombre de la pareja
y mediante campañas informativas sistemáticas sobre derechos iguales.
Es necesario encontrar mecanismos que favorezcan el acceso de la mujer a la propiedad de la
tierra en adecuado equilibrio con los usos y las costumbres y normas consuetudinarias. Éste es
un problema todavía irresuelto en Bolivia.
5. Atender las demandas de tierras comunitarias de origen de los pueblos indígenas
En julio de 2003, para frenar la corriente de tomas de tierras que vive el país, el Presidente
Gonzalo Sánchez de Lozada entregó títulos de propiedad a varios pueblos indígenas del
oriente y del Chaco. Estos títulos habían quedado en espera de su firma durante casi un año.
La Asamblea del Pueblo Guaraní ha manifestado su frustración porque las superficies tituladas
a favor de los guaraníes eran insuficientes, y así lo han demostrado a las autoridades en largos
años de gestiones. Las superficies entregadas son claramente insuficientes porque varios
hacendados colindantes han logrado que el INRA acepte como prueba del cumplimiento de la
función económica social de sus haciendas los certificados -emitidos por el Servicio Nacional
de Sanidad Agropecuaria (SENASAG)- de vacunación de 4 000 cabezas de ganado que no
existen. Este ejemplo demuestra cómo la aplicación de la ley -con la complicidad de las
autoridades- se tuerce sistemáticamente en beneficio del más fuerte.
En la región andina están siguiendo su curso varias demandas de saneamiento para la
titulación de TCO. En algunos casos estas demandas van más allá de cualquier racionalidad,
inclusive en el marco de las más radicales corrientes indigenistas. Algunas demandas están
alentadas por organismos de cooperación extranjeros, y en ellas se adopta una visión ingenua
de la reconstitución de autonomías jurisdiccionales político-administrativas precolombinas. Es
necesario comprender los nuevos elementos que explican las particularidades del proceso de
relanzamiento de la reforma agraria en países que, como Bolivia, tienen mayorías indígenas
que son extremadamente pobres y que han accedido a casi toda la tierra disponible en el
altiplano y los valles. Sin embargo, esta tierra es insuficiente, especialmente en la región
montañosa, para permitir un desarrollo sostenible.
No es lo mismo poner en práctica una reforma agraria en un contexto en el que la identidad
étnica está diluida -como en la Argentina- o en países como Guatemala, Ecuador o Bolivia
donde la identidad indígena -más que la ruralidad- tiene una connotación particular muy fuerte.
En Bolivia, la demanda no es solamente de acceso a la tierra sino al conjunto de los recursos
naturales de los territorios locales, y a la reconstitución de las formas tradicionales de
organización social territorial como los ayllus y capitanías.
En Bolivia, la cuestión indígena no es accesoria ni marginal, sino determinante y central. La
exclusión étnica de la que son víctimas los pueblos indígenas-campesinos desde hace siglos
no ha concluido, y la cuestión indígena debe estar al centro del debate. Bolivia es un país
racista y excluyente en el que en la práctica los ciudadanos no son iguales. Por lo tanto, el
acceso a los recursos naturales de tierra, agua y bosques por los pueblos indígenas-
campesinos sigue siendo una gran tarea nacional.
6. Regular los mercados de tierras para hacerlos transparentes
Los mercados de tierras son un tema ampliamente debatido en América Latina a partir de los
postulados de organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el
Banco Mundial. A fines de los años 1980, estos organismos lanzaron un planteamiento con una
fuerte carga ideológica que se llamó «Reformas agrarias asistidas por el mercado». Este
eufemismo indica que el acceso a la tierra no debe llevarse a cabo por la vía administrativa de
un órgano público, sino a través del mercado. Sin embargo, el mercado de tierras es el más
imperfecto de todos los mercados, y por lo tanto, es necesario regularlo. El papel del Estado en
la regulación de los mercados de tierras es central ya que el comportamiento de los sujetos
sociales, económicos y productivos suele favorecer a los más poderosos, que disponen de
acceso a la información y al financiamiento. Pero el principal problema para la puesta en
marcha de un mercado regulado de tierras en Bolivia es el origen ilegal de muchas
propiedades, especialmente en el oriente. Los propietarios no han accedido a la tierra a través
del mercado de tierras: la han recibido gratis del Estado tras simple pedido, y generalmente por
favoritismo político o familiar. Por eso su derecho propietario es inseguro.
Los grandes latifundios de Bolivia nacieron del reparto, mediante dotación gratuita. Esas tierras
fueron puestas -casi inmediatamente después de recibidas- en un mercado no transparente
que genera utilidades por medio de las hipotecas, los préstamos bancarios, el «engorde», el
loteamiento y la reventa. Tras una década de comprobar sus limitaciones y haber permitido la
agudización de la pobreza rural y la pérdida de oportunidades para acceder a la tierra por parte
de miles de campesinos e indígenas, los últimos informes del Banco Mundial (Deininger, 2003)
señalan que las reformas agrarias asistidas por el mercado son sólo una herramienta adicional
a la participación del Estado en la distribución de la tierra.
El mercadeo de tierras entre pobres o entre minifundistas está ampliamente difundido. Miles de
campesinos indígenas compran y venden entre sí muy pequeñas propiedades de tierras.
Generalmente estas transacciones no están registradas en los Derechos Reales ni en el INRA,
pero tienen validez porque son contratos sociales plenamente aceptados entre las partes y la
comunidad.
Sin embargo, en Bolivia no podrá haber mercados de tierras «normales» mientras no se
eliminen las grandes asimetrías en la estructura de la propiedad, es decir, mientras no se
elimine el latifundio improductivo mediante la acción directa del Estado al amparo de la ley.
7. Involucrar al municipio
Existe una desconexión entre la regulación del ordenamiento de la propiedad de la tierra, que
es impulsado por el Instituto de Reforma Agraria, y la función que cumple el municipio como
órgano público local. A diferencia de otros países, en Bolivia no hay ninguna relación vinculante
entre el proceso de saneamiento, titulación, registro y catastro (que ejecuta el INRA) y el
municipio. Queda por establecer cuál es la función del municipio en el ordenamiento territorial,
en los planes de uso del suelo, en la administración del catastro y el cobro del impuesto sobre
la tierra, en el reagrupamiento de predios y en los asentamientos humanos.
Es importante acrecentar el poder local, tanto de autoridades institucionales como de órganos
sociales, no solamente en la solución de conflictos o en la delimitación de linderos sino en la
administración territorial local. Los mejor capacitados para afrontar y resolver por vía
conciliatoria los conflictos de tenencia son en muchos casos los propios interesados. Solo en
los casos en que no se encuentre solución concertada localmente será necesaria la
intervención de otras instancias. Ni la Ley de Participación Popular ni la Ley INRA otorgan
competencias a los municipios para administrar los recursos naturales del territorio municipal.
Son necesarios ajustes en ambos textos para fortalecer la capacidad de los agentes sociales
locales y de sus instituciones.
8. Invertir para un saneamiento con mayor control social
México ha invertido más de 800 millones de dólares de recursos propios en el saneamiento de
tierras y en el ordenamiento territorial. En Bolivia se han invertido alrededor de 42 millones de
dólares en los últimos siete años para avanzar en un 10 por ciento hacia las metas previstas en
los planes de saneamiento. La totalidad de la inversión se financia con recursos concesionales
otorgados por organismos de cooperación internacional.
El gobierno nacional (2002-2007) ha presentado un programa de relanzamiento del
saneamiento que requiere un financiamiento de 131 millones de dólares para concluir el
proceso de saneamiento en los próximos cuatro años. El plan de saneamiento está centrado en
la tercerización del saneamiento, y en la reducción de las funciones del INRA a la contratación,
regulación, supervisión y fiscalización de las empresas privadas encargadas de aplicarlo. Se ha
argumentado que el INRA no tiene la capacidad para ejecutar el saneamiento. De hecho, la
casi totalidad del nuevo financiamiento para el saneamiento provendrá de generosas
donaciones externas, condición necesaria ante la lentitud, politización e indicios de corrupción
que había conocido el proceso de saneamiento.
Las políticas públicas de exclusión del desarrollo rural no han detenido la tendencia al
abandono rural. Es necesario invertir 131 millones de dólares para relanzar la reforma agraria:
devolver y expropiar latifundios, promover asentamientos humanos, titular, establecer registros
y un catastro rural, y fortalecer el derecho propietario de las tierras que cumplen la función
económica social.
Para amortiguar los efectos de la migración (expulsión) empobrecedora del campo a la ciudad,
es necesario fortalecer un derecho propietario y una seguridad jurídica que estimulen la
inversión en el predio rural. La seguridad jurídica es un requisito de cualquier plan de desarrollo
rural. El proceso de saneamiento debe ser legitimado socialmente mediante la efectiva
participación ciudadana en las instancias creadas por la ley, por ejemplo las Comisiones
Agrarias Departamentales (CAD) y la Comisión Agraria Nacional (CAN).
9. Promover el «saneamiento interno»
Desde 1996, las modalidades de saneamiento -saneamiento integrado al catastro (CAT-SAN),
saneamiento simple (SAN-SIN) y saneamiento de tierras comunitarias de rigen (SAN-TCO)-
tienen una formulación compleja que debe simplificarse. Esta simplificación la están llevando a
cabo las propias comunidades a través de lo que han denominado «saneamiento interno». La
comunidad, por la vía de la conciliación y aprobación en asamblea, resuelve sus problemas de
linderos, y actualiza y esclarece el derecho propietario y la sucesión hereditaria.
El reconocimiento explícito del saneamiento interno en las comunidades es una herramienta útil
y eficaz, más barata, de mayor concertación y con amplia participación social.
En Bolivia, a pesar de la existencia de leyes avanzadas, prima la ley del más fuerte. Hay un
«paternalismo de Estado» a favor de los grandes propietarios de tierras que tiene una
connotación regionalista y establece diferencias entre el oriente y el occidente: esta
discriminación oculta un racismo antiindígena andino. La impunidad de los asesinatos, como en
caso de Pananti, está abriendo la puerta a la generalización de la violencia rural ligada al
acceso a la tierra. En otros países de la región, por ejemplo, Guatemala y Colombia, el conflicto
por el acceso a la tierra ha desatado dolorosas guerras civiles que aún perduran. Bolivia debe
hacer todos los esfuerzos por evitar la violencia rural, y la ley debe ser cumplida estrictamente.