EUGENEA.
NIDA
LENGUA, CULTURA Y TRADUCCIÓN
EUGENEA. NIDA
Los gobiernos e instituciones hispanoamericanos que piden ayuda económica a la
Unión Europea para financiar proyectos de desarrollo en sectores como la agricultura,
la pesca, la minería o la industria, se refieren siempre a "cooperación económica". Sin
embargo, los traductores de la Comisión Europea traducen esta frase en inglés como
aid (ayuda) o assistance (asistencia), porque ese es precisamente el significado de la
expresión "cooperación económica," que es casi un modismo. No obstante, los hispa-
noamericanos siguen utilizando esa expresión porque cualquier otro termino supondría
que los recursos económicos y políticos de estos países son inferiores, y eso les resulta-
ría emocionalmente inaceptable.
Pero dentro de la Unión Europea se evitan de forma muy parecida algunas palabras
que parecerían fuera de lugar en una organización que debe ejercer diferentes niveles
de control sobre las actividades de varios países. Los que formularon la terminología
oficial de la UE evitaron prudentemente la utilización de términos como law en inglés,
loi en francés, "ley" en español o Gesetz en alemán, ya que estos términos hubieran
dado la impresión de que la UE se situaba en una posición preponderante con respecto
a las instituciones jurídicas de los Estados miembros y quería dominar la política de
todos ellos. Por eso, eligieron el término "reglamento" (o lo que corresponde a este
término en otras lenguas), pero lo definieron como totalmente obligatorio para todos
los países miembros, lo que corresponde perfectamente a la definición de una ley.
Las palabras que utiliza la gente y la aceptación de su significado van más allá del
significado tradicional del diccionario, porque el uso del lenguaje no sólo incluye el uso
verbal sino también los factores culturales. En efecto, los ejecutivos de la Comisión Europea
reconocen que los factores culturales de la comunicación internacional tienen mucha más
importancia que las diferencias puramente lingüísticas. Además, el traductor ideal no será
necesariamente el que sea bilingüe o el que conozca las dos culturas en lo que se refiere a
asuntos cotidianos, sino el que domine a la perfección su lengua materna (hacia la que tra-
ducirá por lo general) y conozca muy bien la cultura del texto de partida. Los errores más
graves en traducción e interpretación no resultan normalmente de una insuficiencia de pala-
bras, sino de la falta de suposiciones culturales correctas. Esto significa que la formación de
traductores e intérpretes competentes no sólo debe incluir un estudio profundo de las rela-
ciones íntimas entre lengua y cultura, sino que debe ir más allá de este objetivo limitado para
mostrar cómo lengua y cultura son dos sistemas semejantes de símbolos interdependientes.
1. PRINCIPALES RELACIONES ENTRE LENGUA Y CULTURA
La lengua es parte de la cultura, que quizá se podría definir como "la totalidad de
creencias y prácticas de una sociedad". Estas creencias están formadas por el conocí-
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miento, por los modelos de razonamiento y por diferentes valores. Estos elementos
hacen de la lengua la característica distintiva de la sociedad humana, tanto que los fun-
cionarios de aduanas tienen con frecuencia más en cuenta la lengua de un pasajero que
su documentación. Los papeles se pueden falsificar fácilmente, mientras que el acento
no. Pero la lengua es también imprescindible para el funcionamiento de una cultura y
para transmitirla de generación en generación. Lengua y cultura no pueden existir sepa-
radamente.
Los referentes de la lengua son de las siguientes clases: entidades, acontecimientos,
' estados, procesos, características y relaciones que existen en todas las culturas, sea a
través de palabras aisladas, por ejemplo "relatividad", "átomo" y "neutrones", sea a
través de locuciones, por ejemplo "ser o no ser" o "del pueblo, por el pueblo y para el
pueblo", etc. Pero la lengua no sólo representa los elementos de una cultura, sino tam-
bién los modelos de la cultura. Los Vendas, una tribu bantú del norte de África del Sur,
clasifica a una paloma silvestre, a un pájaro pequeño de ojos blancos y a un caza-
moscas de cola larga como miembros de la misma familia de pájaros a pesar de que no
tienen prácticamente ningún rasgo físico en común. Sin embargo, en la cultura venda
se les considera "tíos, sobrinos o primos" porque comen juntos. Los Vendas no podrían
sentirse a gusto comiendo con una persona que no formase parte de su mismo grupo
familiar. Y en el caso de esta familia de pájaros, la paloma picotea la corteza de la fru-
ta, el segundo viene a absorber la savia, y el tercero se precipita a cazar las moscas, que
acuden atraídas por la fruta. Las clasificaciones científicas basadas en características
formales, por ejemplo especies, géneros, familias y órdenes representan únicamente
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otra manera de usar las palabras para indicar relaciones entre clases de entidades.
Todos los sentidos de las palabras provienen de los elementos culturales. Por ejem-
plo, en chino existen ocho palabras diferentes para "primo", que dependen de factores
como el sexo, la edad o el linaje, y que demuestran indirectamente la complicada orga-
nización de las grandes familias chinas. El hecho de que el griego clásico tuviera cua-
tro términos diferentes para "amor", a saber, agapao (el amor basado en el reconoci-
miento del valor del objeto de amor), phileo (el amor que resulta de una relación pro-
longada), stergo (el amor familiar), y erao (esencialmente el amor erótico pero también
el amor a la filosofía y a la sabiduría), indica la importancia que tenían en la sociedad
griega clásica las diferentes relaciones sociales.
El hecho de no tener en cuenta la dimensión cultural en el significado de las pala-
bras puede tener consecuencias muy graves en la traducción. Un misionero en el este
de África quiso conocer cuál era el término que se usaba en aquel lugar para referirse a
una mujer virgen, pero, aunque se lo dijeron, descubrió más tarde que llamaban "vírge-
nes" a muchachas que habían pasado por el rito de iniciación a la pubertad, que incluía
relaciones sexuales rituales. Los informantes del misionero sencillamente no habían
mencionado el cambio en el estado fisiológico de las jóvenes, ya que supusieron que
todo el mundo conocía los ritos de iniciación.
Entre la lengua y la cultura siempre hay una influencia interactiva. En la época clá-
sica y en los primeros tiempos del Cristianismo la terminología y la cultura partían de
un concepto tricotómico de la personalidad humana que dividían en cuerpo, alma y
espíritu. Se pensaba que ya que existían los tres términos en griego y en hebreo tenían
que existir también tres partes o aspectos de la existencia humana. Pero al final del
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Renacimiento, se empezaron a cuestionar esas ideas y poco a poco, incluso algunos
teólogos, adoptaron una distinción dicotómica entre los aspectos físicos y los no físicos
dv! hombre. Y estudios recientes de sicología, de siquiatría y de neurofísiología pre-
sentan al ser humano provisto de increíbles redes de nervios con trillones de sinapsis
dispuestas a activarse. Este punto de vista sugiere una unidad extraordinaria de la per-
sonalidad humana, una perspectiva realista e integrante.
La cultura también tiene gran influencia en la lengua. Por ejemplo, en Estados Unidos
en donde las mujeres, que cada vez tienen mayor poder e independencia, consideran que no
se debe aceptar el uso de términos femeninos respecto a ciertas profesiones, sino un término
único, y en cierto sentido neutro, para los dos sexos. Así, las poetesses se han convertido
en poets y los chairmen y las chairwomen se llaman ahora sencillamente the chair. En
cuanto a la palabra God, algunas personas consideran que es al mismo tiempo masculi-
no y femenino, por lo que se refieren a Él indiferenciadamente como He o She.
La estrecha relación entre lengua y cultura quedó demostrada claramente con el
primer intento fracasado de realizar una colaboración entre católicos y protestantes en
China para la traducción de la Biblia. En efecto, hace aproximadamente veinticinco
años, algunos católicos tomaron la iniciativa de proponer una colaboración para tradu-
cir conjuntamente con los protestantes la Biblia al chino mandarín. Pero el proyecto
fracasó a causa de la transcripción de los nombres propios. Los católicos adoptaron por
lo general la forma latina de los nombres de los personajes bíblicos, mientras que los
protestantes utilizaron normalmente los nombres griegos y hebreos; y además católicos
y protestantes utilizaban caracteres chinos completamente diferentes incluso cuando los
nombres se pronunciaban de la misma manera. De esta forma resultaba fácil diferenciar
a los católicos de los protestantes según la manera de escribir sus nombres, que solían
ser de personajes bíblicos. Tanto se llegó a asociar la identificación con los caracteres
chinos respectivos, que el abad del centro católico de Hong Kong propuso que como
los símbolos de los nombres formaban parte integrante del mensaje bíblico y de la vida
de las iglesias, haría falta esperar veinticinco años hasta que el cambio de mentalidad
hiciese posible una traducción conjunta. Y eso es precisamente lo que ha ocurrido aho-
ra. Afortunadamente, la cultura cambia, por lo general, más rápidamente que la lengua,
que debe ser muy tradicional y automática para que una persona en peligro no tenga
que perder tiempo preparando una fórmula de ayuda, sino que pueda recibir socorro
rápidamente.
2. SIMBOLIZACIÓN DEL SIGNIFICADO
EN LA LENGUA Y EN LA CULTURA
Los niños aprenden tanto la lengua como la cultura sin ningún tipo específico de
programa de enseñanza, ya que su motivación para aprender es muy grande, puesto que
la lengua es la manera más eficaz que tiene el niño para obtener lo que quiere. Si el
aprendizaje de una nueva lengua comienza antes de la adolescencia, se llegará proba-
blemente a hablar dicha lengua con perfecta naturalidad, pero si se aprende después de
la adolescencia, lo más probable es que se hable con una contaminación de la lengua
materna. Pero no sólo las lenguas muestran estas características de aprendizaje, lo
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mismo sucede con la mayoría de las costumbres culturales, como darse la mano, besar-
se, o abrazarse. Por ejemplo, muchos alemanes se dan la mano poniendo los codos y
las rodillas rígidos, algunos franceses se besan para saludarse hasta cuatro veces, y los
jugadores de fútbol se abrazan en grupos tras haber marcado un gol.
Aunque mucha gente cree que la lengua está en los diccionarios y en las gramáticas,
en realidad sólo existe en la mente de las personas (en esa serie de sinapsis listas para
activarse). Y lo mismo ocurre con los hábitos culturales, que reflejan claramente el
sistema de valores de una persona cuando ésta tiene que tomar una decisión crucial y
no tiene tiempo de pensar en otras alternativas, por ejemplo cuando una persona se
lanza a un río para salvar a un niño que se está ahogando.
A pesar de que la manera en que la gente emplea la lengua y responde a los fenó-
menos culturales forma parte de la compleja red de neuronas, nadie puede llegar a
controlar completamente una lengua o una cultura. No existe en el mundo nadie que
conozca a la perfección una lengua o una cultura, ni siquiera en las llamadas socieda-
des "primitivas", que nunca son tan simples como lo cree la gente. Cada persona domi-
na únicamente una parte del sistema del lenguaje y de la cultura, pero sólo como parte
de una acción colectiva. Una lengua es tan complicada que, según Bloomfield, sería
necesario que un equipo de veinte lingüistas trabajara durante veinte años para elaborar
una gramática más o menos completa; pero dentro de ese periodo de tiempo es induda-
ble que cambiarían los usos gramaticales.
Los hablantes de una lengua no podrían conservarla si viviesen aislados, porque pa-
ra mantener viva una lengua hay que utilizarla, y lo mismo ocurre con la cultura. La
experiencia más frustrante para un lingüista consiste en trabajar con los últimos ha-
blantes de una lengua en extinción, que a menudo son conscientes de haber olvidado
muchos aspectos de su propia lengua materna, y que se sienten avergonzados de ello.
La lengua y la cultura deben estar en gran parte reguladas con vistas a que una per-
sona pueda salvarse en caso de peligro. No se puede organizar rápidamente la gramáti-
ca de una frase antes de contestar a una pregunta o a un reto urgente; de la misma ma-
nera que conducir con precaución supone unos reflejos automáticos a los peligros de la
carretera. Pero las reglas de la lengua se consideran simplemente como suposiciones
básicas de la sociedad. Hace unos años, en un famoso juicio en Kenia, una bruja profe-
sional fue acusada de haberse convertido en un león y haber matado a una persona. Al
tribunal no le interesaba la capacidad de la mujer para transformarse en león, porque ya
daban por sentado que las brujas tenían ese poder. Lo que al tribunal le interesaba era
la responsabilidad moral de la mujer cuando actuó como un león.
No existen dos personas que hablen una lengua de la misma manera. En efecto, to-
dos tenemos una voz diferente, igual que tenemos huellas dactilares diferentes. En el
futuro la voz será un método más eficaz que las huellas dactilares o las firmas para dar
fuerza a un contrato. Pero la diferenciación no sólo afecta a las personas como indivi-
duos, sino también a grupos de personas. Existen jergas usadas exclusivamente por
miembros de una mafia, por órdenes religiosas, por médicos, por brujos bantúes en
África, etc. Incluso los lingüistas y los antropólogos tienen su propia manera de hablar,
así los lingüistas usan, por ejemplo, palabras como "cliticización", "pasivización" y
"morfologización" y los antropólogos tienen expresiones como "construcción de senti-
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do cultural mediado", "esquematización organísmica" y "esquemata totalmente or-
questada y experimentada".
A pesar de que algunos filósofos hablan de un lenguaje estrictamente lógico en el
que cada palabra tiene un sólo significado, esto es totalmente imposible para una len-
gua natural. La polisemia es inevitable. Si una lengua necesitara una palabra distinta
para cada entidad, acontecimiento, estado, proceso, característica o relación en el mun-
do de la experiencia humana, tendría que tener trillones de palabras. En este sentido los
diccionarios pueden también inducir a confusión cuando presentan una lista de casi
150 sentidos diferentes para una palabra como run en inglés, cuando sólo existen unos
15 o 16 tipos de contextos diferentes para esa palabra usada como verbo.
Los fenómenos culturales pueden tener también sentidos diferentes. Por ejemplo,
comprar una casa muy grande puede significar que se tiene una gran familia, o que se
quiere exhibir la riqueza, o simplemente que se quiere hacer una buena inversión. Pero
en lo que se refiere a la publicidad, en la mayoría de los casos, se hace hincapié espe-
cialmente en cuestiones de prestigio. Así se dirá, por ejemplo, "Con un Mercedes de-
mostrará que ha triunfado".
Los límites del significado de cualquier símbolo, sea verbal o cultural, no están bien
definidos. Por ejemplo, a partir de qué grosor un hilo pasa a llamarse cordel, o cuándo
se empieza a dudar entre llamarlo cordel o cordón, y cuál es el diámetro que nos per-
mite empezar a llamarlo cuerda. Lo mismo sucede con todos los fenómenos culturales,
por ejemplo, quién besa a quién, cuántas veces, dónde, y si los besos son sonoros o no.
En la lengua y en la cultura también existen diferentes tipos de registros: ritual, formal,
informal, relajado o íntimo. Así, por ejemplo, para anunciar que la comida está lista se
pueden utilizar diferentes maneras: "se ruega a los invitados que tomen asiento en la sala
de banquetes", o "¡a comer!", según las distintas circunstancias. También la vestimenta
puede presentar varios tipos de registros, por ejemplo, un esmoquin, un traje de chaqueta, un
chándal, un bañador, un albornoz, o incluso una toalla enrollada alrededor del cuerpo.
Algunos comportamientos verbales y culturales son ilógicos. Por ejemplo, los agu-
jeros negros ni son negros ni son agujeros, sino que son brillantes concentraciones de
energía, tan grandes y con tanta gravedad que ni siquiera desprenden luz. De la misma
manera en inglés se dice he didn 't want to go, cuando en realidad lo que la persona
quería era not to go, pero poniendo la forma negativa al principio de la frase se obtiene
un resultado formalmente ilógico pero claramente aceptable.
Los sociolingüistas que estudian cómo se espera el turno de palabra en Estados
Unidos o en Gran Bretaña llegan a conclusiones que no se podrían aplicar a los hispa-
nohablantes o a los italianos. En efecto, en España o en Italia en la mayoría de las con-'
versaciones entre amigos antes de que uno termine una frase ya hay otro que ha empe-
zado a hablar, y en un grupo de ocho o nueve personas, puede haber cuatro o cinco que
hablen al mismo tiempo. Un padre regañaba a su hija por interrumpir a otras personas
en una conversación, pero ella aseguraba que si no les interrumpía para expresar sus
propias ideas la gente pensaría que no estaba interesada por lo que ¿ferian.
Uno de los aspectos más frustrantes del estudio de la lengua y de la cultura es el he-
cho de que ambas cambian continuamente. Hace algunos años, la primera vocal de las
palabras merry Mary married se pronunciaba de manera diferente, pero hoy, en la
parte central de Estados Unidos las tres se pronuncian igual. Si hoy alguien dice en
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inglés whom didyou see, resultaría algo pedante, y la frase Everyone must turn in their
papers by Friday es cada vez más corriente, puesto que generalmente la semántica
acaba superando a la forma. Aunque la palabra everyone sea singular en cuanto a su
forma, con respecto a su significado es plural, por lo que el uso del pronombre their al
respecto parece más apropiado.
Las diferentes lenguas no difieren esencialmente en lo que son capaces de comuni-
car, sino en cómo lo hacen. En español, las acciones de un pasado definido se expresan
con el pretérito indefinido, mientras que en el francés oral se utiliza el pretérito per-
fecto, reservando el pretérito indefinido esencialmente para el lenguaje literario. En
español, los pronombres personales independientes se suelen evitar, mientras que en
inglés y en francés son obligatorios.
Todas las culturas tienen que reprimir los comportamientos antisociales, pero em-
plean diferentes métodos para hacerlo. En la sociedad occidental se encierra a los de-
lincuentes en cárceles, lo que supone un gasto considerable, mientras que en muchas
sociedades tradicionales africanas, los parientes cercanos tienen que pagar las multas y
reembolsar a las víctimas por sus pérdidas, lo que constituye una forma mucho más
eficaz de reprimir conductas antisociales. Las personas que continuamente contravie-
nen las normas sociales son expulsados a la jungla o al desierto, donde al final mueren.
Los lexicógrafos están cada vez más convencidos de que el significado de una pala-
bra depende de los términos sintagmáticos que forman el contexto verbal. En efecto, el
principio de que en cualquier sistema de símbolos el papel del contexto se maximiza y
el papel del elemento focal se minimiza, ha conducido a la conclusión de que no es que
una palabra tenga diferentes significados dependiendo del contexto, sino que el térmi-
no focal junto con el contexto forman una unidad cognitiva decisiva. En efecto, las
entradas en el diccionario se presentan cada vez más bajo locuciones o frases en vez de
palabras aisladas, porque la unidad conceptual es casi siempre una combinación de
palabras. Esto significa que la lexicografía puede pasar del nivel atómico de palabras
independientes al nivel molecular de combinaciones de palabras.
Este mismo razonamiento se debería aplicar a los tipos de significados verbales y
culturales. El sentido de una palabra debe estar definido por el contexto sintagmático
verbal y el sentido de las costumbres por los contextos culturales. Para comprender las
ceremonias de curación de los indios Navajos, no basta con tener en cuenta las hierbas
y los cantos que utilizan, que a menudo se asemejan a las prácticas medicinales y a la
farmacología occidental, sino que también es necesario tomar en cuenta la creencia de
que son los malos comportamientos los que causan la enfermedades. Por eso, única-
mente los dibujos de arena de diferentes colores pueden devolver la simetría y la armo-
nía a la vida. El significado real es siempre el significado total.