Enseñanzas Herméticas de El Kybalion
Enseñanzas Herméticas de El Kybalion
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Tres Iniciados
El Kybalion
Los misterios de Hermes
ePub r1.2
Titivillus 27.11.2021
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Título original: The Kybalion
Tres Iniciados, 1908
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INTRODUCCIÓN
Mucho placer nos causa el poder presentar este trabajo a la atención de los
estudiantes e investigadores de las Doctrinas Secretas, obra que está basada en las
antiquísimas enseñanzas herméticas. Se ha escrito tan poca cosa sobre este asunto, a
pesar de las innumerables referencias que se han hecho de estas enseñanzas en
muchos de los trabajos sobre ocultismo, que los investigadores de las verdades
arcanas habrán, sin dudas, presentido la aparición de este libro.
El propósito de este no es la enunciación de una filosofía o doctrina especial, sino
más bien el de dar al estudiante una exégesis de la verdad, que le sirva para conciliar
los muchos tópicos de los conocimientos ocultos que puede ya haber adquirido, pero
que, aparentemente, son contradictorios y paradójicos, lo que a menudo desanima y
disgusta al principiante. Nuestro intento no es el de erigir un nuevo templo de
sabiduría, sino el de colocar en manos del investigador una clave maestra con la cual
pueda abrir las numerosas puertas internas que conducen al Templo del Misterio.
Ningún conocimiento oculto ha sido tan celosamente guardado como los
fragmentos de las enseñanzas herméticas, los que han llegado hasta nosotros a través
de las centurias transcurridas desde los tiempos del Gran Fundador, Hermes
Trismegisto, «el elegido de los dioses», quien murió en el antiguo Egipto, cuando la
raza actual estaba en su infancia. Contemporáneo de Abraham, y, si la leyenda no
miente, instructor de aquel venerable sabio, Hermes fue y es el Gran Sol Central del
Ocultismo, cuyos rayos han iluminado todos los conocimientos que han sido
impartidos desde entonces. Todas las bases fundamentales de las enseñanzas
esotéricas que en cualquier tiempo han sido impartidas a la raza son originarias, en
esencia, de las formuladas por Hermes. Aún las más antiguas doctrinas de la India
han tenido su fuente en las enseñanzas herméticas.
Desde la tierra del Ganges muchos ocultistas avanzados se dirigieron hacia el
Egipto para postrarse a los pies del Maestro. De él obtuvieron la clave maestra, que,
al par que explicaba, reconciliaba sus diferentes puntos de vista, estableciéndose así
firmemente la Doctrina Secreta. De todas partes del globo vinieron discípulos y
neófitos que miraban a Hermes como el Maestro de los Maestros, y su influencia fue
tan grande que, a pesar de las negativas de los centenares de instructores que había en
los diferentes países, se puede fácilmente encontrar en las enseñanzas de estos
últimos las bases fundamentales en las que se asentaban las doctrinas herméticas. El
estudiante de religiones comparadas puede fácilmente percibir la influencia tan
grande que las enseñanzas herméticas han ejercido en todas las religiones, sea cual
fuere el nombre con que se les conozca ahora, bien en las religiones muertas o bien
en las actualmente existentes. La analogía salta a la vista, a pesar de los puntos
aparentemente contradictorios, y las enseñanzas herméticas son como un conciliador
de ellas.
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La obra de Hermes parece haberse dirigido en el sentido de sembrar la gran
verdad que se ha desarrollado y germinado en tantas y tan extrañas formas, más bien
que en el de establecer una escuela de la filosofía que dominara el pensamiento del
mundo. Sin embargo, la verdad original enseñada por él ha sido guardada intacta, en
su pureza primitiva, por un reducido número de hombres en cada época, los cuales,
rehusando gran número de aficionados y de estudiantes poco desarrollados, siguieron
el proceder hermético y reservaron su conocimiento para los pocos que estaban
prontos para comprenderlo y dominarlo. De los labios a los oídos fue transmitido este
conocimiento entre esos pocos. Siempre han existido en cada generación y en los
diversos países de la tierra algunos iniciados que conservaron viva la sagrada llama
de las enseñanzas herméticas, y que siempre han deseado emplear sus lámparas para
encender las lámparas menores de los del mundo profano, cuando la luz de la verdad
languidecía y se anublaba por su negligencia, o cuando su pabilo se ensuciaba con
materias extrañas. Han existido siempre los pocos que cuidaron el altar de la verdad,
sobre el cual conservaron siempre ardiendo la lámpara perpetua de la Sabiduría. Esos
hombres dedicaron su vida a esa labor de amor que el poeta describiera en estas
líneas:
“O, let not the flame die out! Cherished age after age in its dark cavern —in its holy temples
cherished. Fed by pure ministers of love— let not the flame die out!”.
«¡Oh, no dejes extinguirse la llama! Sustentada por generación tras generación en su oscura
caverna —en sus templos sagrados sustentada. Nutrida por puros sacerdotes de amor— ¡no dejes
extinguirse la llama!».
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expresado nunca claramente el verdadero espíritu de sus enseñanzas, sin reservas ni
reticencias. Pero una mirada retrospectiva en las páginas de la historia demostrará la
sabiduría de los maestros, quienes conocían la locura que era intentar enseñar al
mundo lo que este no deseaba ni estaba preparado para recibir. Los hermetistas nunca
han deseado ser mártires, sino que, por el contrario, han permanecido retirados,
silenciosos y sonrientes ante los esfuerzos de algunos que se imaginaban, en su
ardiente entusiasmo, que podían forzar a una raza de bárbaros a admitir verdades que
solo pueden comprender los que han avanzado mucho en el Sendero.
El espíritu de persecución no ha muerto aún en la tierra. Hay ciertas enseñanzas
herméticas que, si se divulgaran, atraerían sobre sus divulgadores un griterío de odio
y el desprecio de las multitudes, las que volverían a gritar de nuevo: ¡Crucificadlo!…
¡Crucificadlo!…
En esta obrita hemos tratado de daros una idea de las enseñanzas fundamentales
de El Kybalion, indicando todo cuanto se refiere a los principios actuales, dejándoos
el trabajo de estudiarlos, más bien que el de tratarlos nosotros mismos en detalle. Si
sois verdaderos estudiantes o discípulos, comprenderéis y podréis aplicar estos
principios; si no, debéis desarrollarlos, pues de otra manera las enseñanzas herméticas
no serán para vosotros sino «palabras, palabras, palabras».
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CAPÍTULO I
LA FILOSOFÍA HERMÉTICA
«Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender».
El Kybalion
Desde el antiguo Egipto han venido las enseñanzas fundamentales y secretas que tan
fuertemente han influido en los sistemas filosóficos de todas las razas y de todos los
pueblos, durante centurias enteras. El Egipto, la patria de las pirámides y de la
Esfinge, fue la cuna de la Sabiduría Secreta y de las doctrinas místicas. Todas las
naciones han sacado las suyas de sus doctrinas esotéricas, La India, Persia, Caldea,
Medea, China, Japón, Asiria, la antigua Grecia y Roma, y otros no menos
importantes países, se aprovecharon libremente de las doctrinas formuladas por los
hierofantes y Maestros de la tierra de Isis, conocimientos que solo eran transmitidos a
los que estaban preparados para participar de lo oculto.
Fue también en el antiguo Egipto donde vivieron los tan grandes adeptos y
Maestros que nadie después ha sobrepasado, y que rara vez han sido igualados en las
centurias que han transcurrido desde los tiempos del Gran Hermes. El Egipto fue la
residencia de la Gran Logia de las fraternidades místicas. Por las puertas de su templo
entraron todos los neófitos que, convertidos más tarde en Adeptos, Hierofantes y
Maestros, se repartieron por todas partes, llevando consigo el precioso conocimiento
que poseían y deseando hacer partícipe de él a todo aquel que estuviera preparado
para recibirlo. Ningún estudiante de ocultismo puede dejar de reconocer la gran
deuda que tiene contraída con aquellos venerables Maestros de Egipto.
Pero entre esos grandes maestros existió uno al que los demás proclamaron «el
Maestro de los Maestros». Este hombre, si es que puede llamarse «hombre» a un ser
semejante, vivió en Egipto en la más remota antigüedad y fue reconocido bajo el
nombre de Hermes Trismegisto.
Fue el padre de la sabiduría, el fundador de la astrología, el descubridor de la
alquimia. Los detalles de su vida se han perdido para la historia, debido al inmenso
espacio de tiempo transcurrido desde entonces. La fecha de su nacimiento en Egipto,
en su última encarnación en este planeta, no se conoce ahora, pero se ha dicho que
fue contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto, mucho antes de Moisés.
Las autoridades en la materia lo creen contemporáneo de Abraham, y en alguna de las
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tradiciones judías se llega a afirmar que Abraham obtuvo muchos de los
conocimientos que poseía del mismo Hermes.
Después de haber transcurrido muchos años desde su muerte (la tradición afirma
que vivió trescientos años), los egipcios lo deificaron e hicieron de él uno de sus
dioses, bajo el nombre de Thoth. Años después los griegos hicieron también de él
otro de sus dioses y lo llamaron «Hermes, el dios de la sabiduría». Tanto los griegos
como los egipcios reverenciaron su memoria durante centurias enteras,
denominándole el «inspirado de los dioses», y añadiéndole su antiguo nombre
«Trismegisto», que significa «tres veces grande». Todos estos antiguos países lo
adoraron, y su nombre era sinónimo de «fuente de sabiduría».
Aun en nuestros días usamos el término «hermético» en el sentido de «secreto»,
«reservado», etc., y esto es debido a que los hermetistas habían siempre observado
rigurosamente el secreto de sus enseñanzas. Si bien entonces no se conocía aquello de
«no echar perlas a los cerdos», ellos siguieron su norma de conducta especial que les
indicaba «dar leche a los niños y carne a los hombres», cuyas máximas son familiares
a todos los lectores de las escrituras bíblicas, máximas que, por otra parte, habían sido
ya usadas muchos siglos antes de la Era Cristiana.
Y esta política de diseminar cuidadosamente la verdad ha caracterizado siempre a
los hermetistas, aun en nuestros días. Las enseñanzas herméticas se encuentran en
todos los países y en todas las religiones, pero nunca identificada con un país en
particular ni con secta religiosa alguna. Esto es debido a la prédica que los antiguos
instructores hicieron para evitar que la Doctrina Secreta se cristalizara en un credo.
La sabiduría de esta medida salta a la vista de todos los estudiantes de historia. El
antiguo ocultismo de la India y la Persia degeneró y se perdieron sus conocimientos,
debido a que los instructores se habían convertido en sacerdotes y mezclaron la
teología con la filosofía, siendo su inmediata consecuencia que perdieron toda su
sabiduría, la que acabó por transformarse en una cantidad inmensa de supersticiones
religiosas, cultos, credos y dioses. Lo mismo pasó con las enseñanzas herméticas de
los gnósticos cristianos, enseñanzas que se perdieron por el tiempo de Constantino,
quien mancilló la filosofía mezclándola con la teología, y la iglesia cristiana perdió
entonces su verdadera esencia y espíritu, viéndose obligada a andar a ciegas durante
varios siglos, sin que hasta ahora haya encontrado su camino, observándose
actualmente que la iglesia cristiana está luchando nuevamente por aproximarse a sus
antiguas enseñanzas místicas.
Pero siempre han existido unas cuantas almas que han conservado viva la llama,
alimentándola cuidadosamente y no permitiendo que se extinguiera su luz. Y gracias
a esos firmes corazones y a esas mentes de extraordinario desarrollo tenemos aún la
verdad con nosotros. Mas no se encuentra en los libros. Ella ha sido transmitida del
Maestro al discípulo, del iniciado al neófito, de los labios a los oídos. Si alguna vez se
ha escrito algo sobre ella, su significado ha sido cuidadosamente velado con términos
de astrología y alquimia, de tal manera que solo los que poseían la clave podían leerlo
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correctamente. Esto se hizo necesario a fin de evitar las persecuciones de los teólogos
de la Edad Media, quienes luchaban contra la Doctrina Secreta a sangre y fuego. Aun
en nuestros días nos es dable encontrar algunos libros valiosos de filosofía Hermética,
pero la mayor parte se ha perdido. Sin embargo, la Filosofía Hermética es la única
clave maestra que puede abrir las puertas a todas las enseñanzas ocultas.
En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas herméticas
que eran las bases fundamentales de toda la Doctrina Secreta, y que habían sido,
hasta entonces, transmitidas del instructor al estudiante, compilación que fue
conocida bajo el nombre de El Kybalion, cuyo exacto significado se perdió durante
centenares de años. Sin embargo, algunos que han recibido sus máximas de los labios
a los oídos las comprenden y las conocen. Sus preceptos no habían sido escritos
nunca hasta ahora. Son, simplemente, una serie de máximas y axiomas que luego
eran explicados y ampliados por los Iniciados. Estas enseñanzas constituyen
realmente los principios básicos de la «alquimia hermética», la que, contrariamente a
lo que se cree, está basada en el dominio de las fuerzas mentales, más bien que en el
de los elementos materiales; en la transmutación de una clase de vibraciones mentales
en otras, más bien que en el cambio de una clase de metal en otro. La leyenda acerca
de la piedra filosofal, que convertía todos los metales en oro, era una alegoría relativa
a la Filosofía Hermética, alegoría que era perfectamente comprendida por todos los
discípulos del verdadero hermetismo.
En esta obrita invitamos a nuestros estudiantes a examinar las enseñanzas
herméticas, tal como fueron expuestas en El Kybalion, explicadas y ampliadas por
nosotros, humildes estudiantes de las mismas, que si bien llevamos el título de
iniciados somos, sin embargo, simples discípulos a los pies de Hermes, el Maestro.
Transcribimos aquí muchas de las máximas y preceptos de El Kybalion, acompañadas
por explicaciones y comentarios que creemos ayudarán a hacer más fácilmente
comprensible esas enseñanzas por los hombres modernos, especialmente teniendo en
cuenta que el texto original ha sido velado a propósito con términos obscuros y
desconcertantes.
Las máximas originales, axiomas y preceptos de El Kybalion están impresos con
otro tipo de letra. Esperamos que los lectores de esta obra sacarán tanto provecho del
estudio de sus páginas como lo han sacado otros que han pasado antes por el mismo
sendero que conduce a la maestría desde los tiempos de Hermes Trismegisto, el
Maestro de los Maestros, el Tres veces Grande, hasta ahora.
Dice El Kybalion:
«Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir
sus enseñanzas se abren de par en par».
«Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría».
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De manera que, de acuerdo con lo indicado, este libro solo atraerá la atención de
los que están preparados para recibirlo. Y recíprocamente, cuando el estudiante esté
preparado para recibir la verdad, entonces este libro llegará a él. El principio
hermético de causa y efecto, en su aspecto de «ley de atracción», llevará los oídos
junto a los labios y el libro junto al discípulo.
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CAPÍTULO II
«Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente, posee la clave mágica
ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par».
El Kybalion
Los siete principios sobre los que se basa toda la Filosofía Hermética son los
siguientes:
1. EL PRINCIPIO DE MENTALISMO.
2. EL PRINCIPIO DE CORRESPONDENCIA.
3. EL PRINCIPIO DE VIBRACIÓN.
4. EL PRINCIPIO DE POLARIDAD.
5. EL PRINCIPIO DE RITMO.
6. EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO.
7. EL PRINCIPIO DE GENERACIÓN.
1. El principio de mentalismo
El Kybalion
Este principio encierra la verdad de que «todo es mente». Explica que el TODO, que es
la realidad sustancial que se oculta detrás de todas las manifestaciones y apariencias
que conocemos bajo los nombres de «universo material», «fenómenos de la vida»,
«materia», «energía», etc., y en una palabra, todo cuanto es sensible a nuestros
sentidos materiales, es espíritu, quien en sí mismo es incognoscible e indefinible,
pero que puede ser considerado como una mente infinita, universal y viviente.
Explica también que todo el mundo fenomenal o universo es una creación mental del
TODO en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. Este principio, al
establecer la naturaleza mental del universo, explica fácilmente los varios fenómenos
mentales y psíquicos que tanto han preocupado la atención del público, y que sin tal
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explicación no son comprensibles y desafían toda hipótesis científica. La
comprensión de este principio hermético de mentalismo habilita al individuo a
realizar y conocer la ley que rige el universo mental, aplicándola a su bienestar y
desarrollo. El estudiante de la Filosofía Hermética puede emplear conscientemente
las grandes leyes mentales, en vez de usarlas por casualidad o ser usado por ellas.
Con la clave maestra en su poder, el discípulo puede abrir las puertas del templo del
conocimiento mental y psíquico y entrar en el mismo, libre e inteligentemente. Este
principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y
el cómo y el porqué todas estas están subordinadas al dominio de la mente. Uno de
los antiguos Maestros escribió largo tiempo ha: «El que comprenda la verdad de que
el universo es mental, está muy avanzado en el sendero de la maestría». Y estas
palabras son tan verdad hoy en día como lo eran cuando fueron escritas. Sin esta
clave maestra la maestría es imposible, y el estudiante que no la posea, en vano
llamará a la puerta del Templo.
2. El principio de correspondencia
El Kybalion
Este principio encierra la verdad de que hay siempre una cierta correspondencia entre
las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida, y el antiquísimo
axioma hermético se refiere precisamente a esto, y afirma: «Como es arriba, es abajo;
como es abajo, es arriba», y la comprensión de este principio da una clave para
resolver muchos de los más obscuros problemas y paradojas de los misteriosos
secretos de la Naturaleza. Hay muchos planos que no conocemos, pero cuando
aplicamos esa ley de correspondencia a ellos, mucho de lo que de otra manera nos
sería incomprensible se hace claro a nuestra conciencia. Este principio es de
aplicación universal en los diversos planos, mental, material o espiritual del Kosmos:
es una ley universal. Los antiguos hermetistas consideraban este principio como uno
de los más importantes auxiliares de la mente, por cuyo intermedio se puede
descorrer el velo que oculta lo desconocido a nuestra vida. Su aplicación puede
desgarrar un tanto el Velo de Isis, de tal manera que nos permita ver, aunque más no
sea, algunos de los rasgos de la diosa. De igual manera que el comprender los
principios de la geometría habilita al hombre para medir el diámetro, órbita y
movimiento de las más lejanas estrellas, mientras permanece sentado en su
observatorio, así también el conocimiento del principio de correspondencia habilita al
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hombre a razonar inteligentemente de lo conocido o lo desconocido; estudiando la
mónada se llega a comprender al arcángel.
3. El principio de vibración
El Kybalion
Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento, de que nada
permanece inmóvil, cosas ambas que confirma por su parte la ciencia moderna, y
cada nuevo descubrimiento lo verifica y comprueba. Y, a pesar de todo, este principio
hermético fue enunciado cientos de años ha por los Maestros del antiguo Egipto. Este
principio explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la
fuerza, de la mente y aun del mismo espíritu, las que no son sino el resultado de los
varios estados vibratorios. Desde el TODO, que es puro espíritu, hasta la más grosera
forma de materia, todo está en vibración: cuanto más alta es esta, tanto más elevada
es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita;
tanto, que prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo, de igual
manera que una rueda que gira rapidísimamente parece que está sin movimiento. Y
en el otro extremo de la escala hay formas de materia densísima, cuya vibración es
tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de
millones de grados de intensidad vibratoria. Desde el corpúsculo y el electrón, desde
el átomo y la molécula hasta el astro y los Universos, todo está en vibración. Y esto
es igualmente cierto en lo que respecta a los estados o planos de la energía o fuerza
(la que no es más que un determinado estado vibratorio), y a los planos mentales y
espirituales. Una perfecta comprensión de este principio habilita al estudiante
hermético a controlar sus propias vibraciones mentales, así como las de los demás.
Los Maestros también emplean este principio para conquistar los fenómenos
naturales. «El que comprenda el principio vibratorio ha alcanzado el cetro del poder»,
ha dicho uno de los más antiguos escritores.
4. El principio de polaridad
«Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son
lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan;
todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse».
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El Kybalion
Este principio encierra la verdad de que todo es dual; todo tiene dos polos; todo su
par de opuestos, afirmaciones que son de otros tantos axiomas herméticos. Explica y
dilucida las antiguas paradojas que han dejado perplejos a tantísimos investigadores,
y que literalmente decían: «La tesis y la antítesis son idénticas en naturaleza,
difiriendo solo en grado»; «los opuestos son idénticos en realidad, diferenciándose en
su gradación»; «los pares de opuestos pueden conciliarse, los extremos se tocan»;
«todo es y no es al mismo tiempo», «toda verdad no es sino media verdad»; «toda
verdad es medio falsa», etc. Este principio explica que en cada cosa hay dos polos,
dos aspectos, y que los «opuestos» no son, en realidad, sino los dos extremos de la
misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente, en diversos grados entre ambos.
El calor y el frío, aunque opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la
diferencia, simplemente, en diversos grados de aquella. Mirad un termómetro y tratad
de averiguar donde empieza el calor y donde termina el frío. No hay nada que sea
calor absoluto en realidad, indicando simplemente ambos términos, frío y calor,
diversos grados de la misma cosa, y que esta se manifiesta en esos opuestos no es
más que los polos de eso que se llama Calor, o sea la manifestación del principio de
polaridad que nos ocupa. El mismo principio se manifiesta en la «luz» y la
«oscuridad», las que, en resumen, no son sino la misma cosa, siendo ocasionada la
diferencia por la diversidad de grado entre los dos polos del fenómeno. ¿Dónde
termina la oscuridad y dónde empieza la luz? ¿Cuál es la diferencia entre grande y
pequeño? ¿Cuál entre duro y blando? ¿Cuál entre blanco y negro? ¿Cuál entre alto y
bajo? ¿Cuál entre positivo y negativo? El principio de polaridad explica esta
paradoja. El mismo principio opera de idéntica manera en el plano mental. Tomemos,
por ejemplo, el amor y el odio, dos estados mentales completamente distintos
aparentemente, y notaremos que hay muchos grados entre ambos; tantos, que las
palabras que nosotros usamos para designarlos, «agradable» y «desagradable», se
esfuman una en la otra, hasta tal punto que muchas veces somos incapaces de afirmar
si una cosa nos causa placer o disgusto. Todas no son más que gradaciones de una
misma cosa, como lo comprenderéis claramente por poco que meditéis sobre ello. Y
aún más que esto, es posible cambiar o transmutar las vibraciones de odio por
vibraciones de amor, en la propia mente y en la mente de los demás, lo que es
considerado como lo más importante por los hermetistas. Muchos de los que leéis
estas páginas habréis tenido experiencias en vosotros mismos y en los demás de la
rápida e involuntaria transición del amor en odio y recíprocamente. Y ahora
comprenderéis la posibilidad de efectuar esto por medio del poder de la voluntad, de
acuerdo con las fórmulas herméticas. El «Bien» y el «Mal» no son sino los polos de
una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de
transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de polaridad. En
una palabra, el «arte de polarizar» se convierte en una fase de la alquimia mental,
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conocida y practicada por los antiguos y modernos Maestros herméticos. La perfecta
comprensión de este principio capacita para cambiar la propia polaridad, así como la
de los demás, si uno se toma el tiempo y estudia lo necesario para dominar este arte.
5. El principio de ritmo
«Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende;
todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la
de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación».
El Kybalion
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6. El principio de causa y efecto
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no
es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero
nada escapa a la Ley».
El Kybalion
Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su
efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y que todo ocurre conforme a la Ley.
La suerte es una palabra vana, y si bien existen muchos planos de causas y
efectos, dominando los superiores a los inferiores, aun así ninguno escapa totalmente
a la Ley. Los hermetistas conocen los medios y los métodos por los cuales se pude
ascender más allá del plano ordinario de causas y efectos, hasta cierto grado, y
alcanzando mentalmente el plano superior se convierten en causas en vez de efectos.
Las muchedumbres se dejan llevar, arrastradas por el medioambiente que las
envuelve o por los deseos y voluntades de los demás, si estos son superiores a las de
ellas. La herencia, las sugestiones y otras múltiples causas externas las empujan como
autómatas en el gran escenario de la vida. Pero los Maestros, habiendo alcanzado el
plano superior, dominan sus modalidades, sus caracteres, sus cualidades y poderes,
así como el medioambiente que los rodea, convirtiéndose de esta manera en
dirigentes, en vez de ser los dirigidos.
Ayudan a las masas y a los individuos a divertirse en el juego de la vida, en vez
de ser ellos los jugadores o los autómatas movidos por ajenas voluntades. Utilizan el
principio, en vez de ser sus instrumentos. Los Maestros obedecen a la causalidad de
los planos superiores en que se encuentran, pero prestan su colaboración para regular
y regir en su propio plano. En lo dicho está condensado un valiosísimo conocimiento
hermético: que el que sea capaz de leer entre líneas lo descubra, es nuestro deseo.
7. El principio de generación
«La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se
manifiesta en todos los planos».
El Kybalion
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elevadas, pero el principio subsiste siempre el mismo. Ninguna creación física,
mental o espiritual, es posible sin este principio. La comprensión del mismo ilumina
muchos de los problemas que tanto han confundido la mente de los hombres. Este
principio creador obra siempre en el sentido de «generar», «regenerar» y «crear».
Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos de este principio. Si deseáis conocer
la filosofía de la creación, generación y regeneración mental y espiritual, debéis
estudiar este principio hermético, pues él contiene la solución de muchos de los
misterios de la vida. Os advertimos que este principio nada tiene que ver con las
perniciosas y degradantes teorías, enseñanzas y prácticas, que se anuncian con
llamativos títulos, las que no son más que una prostitución del gran principio natural
de generación. Tales teorías y prácticas no son más que la resurrección de las antiguas
doctrinas fálicas, que solo pueden producir la ruina de la mente, del alma y del
cuerpo, y la Filosofía Hermética siempre ha alcanzado su verbo de protesta contra
esas licencias y perversiones de los principios naturales. Si lo que deseáis son tales
enseñanzas, debéis irlas a buscar a otra parte: el hermetismo nada contiene sobre
ellas. Para el puro todas las cosas son puras; para el ruin todas son ruines.
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CAPÍTULO III
TRANSMUTACIÓN MENTAL
«La mente así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en
estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La
verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental».
El Kybalion
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hermetistas se encuentra lo que se conoce como «transmutación mental», de la que
vamos a tratar en este capítulo.
«Transmutación» es el término generalmente empleado para designar el antiguo
arte de transmutar los metales, especialmente los de poco valor, en oro. La palabra
«transmutar» significa «cambiar de naturaleza, de sustancia y de forma,
convirtiéndose en otra; transformarse en otra cosa» (Webster). Y de acuerdo con esa
definición, «transmutación mental» significa el arte de transformar o cambiar los
estados, cualidades, formas, condiciones mentales, etc., en otros. Así que podéis ver
que la transmutación mental no es otra cosa que una especie de química mental; y si
preferís el término, una forma especial práctica de psicología mística.
Mas esto tiene un significado muchísimo mayor de lo que parece a simple vista.
La transmutación alquímica en el plano mental es tan importante en sus efectos que
de ser conocida sería uno de los estudios más importantes para el hombre. Y esto no
es más que el principio. Veamos por qué.
El primero de los siete principios herméticos es el de mentalismo, que afirma que
«el TODO es mente, que el universo es mental», lo que significa que la única realidad
que se oculta tras todo cuanto existe es mente; y el universo en sí mismo es una
creación mental, esto es, existe en la mente del TODO. Consideraremos este principio
en las sucesivas lecciones, pues ahora vamos a estudiar sus efectos, suponiendo que
dicho principio fuera cierto.
Si el universo es de naturaleza mental, entonces la transmutación mental debe ser
el arte de cambiar o transformar las condiciones del universo, trátese de la materia, de
la energía o de la mente. Así que esa transmutación, no es otra cosa que la magia, de
la que tanto han hablado los escritores antiguos en sus obras místicas, pero acerca de
la cual daban tan pocas instrucciones prácticas. Si todo es mental, entonces la
posesión del medio que permita transmutar las condiciones mentales debe hacer del
Maestro el dirigente y controlador de las condiciones materiales, así como de las
operaciones llamadas mentales.
Es muy cierto que nadie, excepto los alquimistas mentales más avanzados, han
alcanzado el grado de poder necesario para dominar las condiciones físicas más
densas, tales como los elementos de la naturaleza, la producción y cesación de las
tempestades, la producción y cesación de terremotos u otros fenómenos físicos de
cualquier clase, pero que tales hombres existieron y que existen es una cosa que no
duda ningún ocultista, sea de la escuela que sea. Los mejores instructores aseguran a
sus estudiantes que los Maestros existen, habiendo aquellos tenido algunas
experiencias personales que justificaban su creencia. Estos Maestros no hacen
exhibición pública de sus poderes, sino que, por el contrario, permanecen solitarios
para poder así actuar y trabajar mejor en el sendero de la realización. Mencionamos
aquí su existencia, meramente para llamar vuestra atención acerca de que sus poderes
son enteramente mentales y que operan en el sentido de la más elevada transmutación
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mental, según el principio del mentalismo de El Kybalion, que dice: «El universo es
una creación mental».
Mas los estudiantes y hermetistas de los grados inferiores al de Maestro —los
iniciados e instructores— pueden también actuar y obrar libremente en el plano
mental.
Todo cuanto llamamos «fenómenos psíquicos», «influencia mental»,
«mentalismo», etc., son transmutación mental, pues existe un principio único, y nada
importa el nombre que se dé a los fenómenos que se produzcan.
El que practica la transmutación mental trabaja en ese plano, transformando
condiciones y estados mentales en otros, de acuerdo con fórmulas más o menos
eficaces. Los varios «tratamientos», «afirmaciones», «autosugestiones», etc., de las
escuelas mentalistas no son más que esas mismas fórmulas (muy a menudo
imperfectas y empíricas), del arte hermético. La mayoría de los que las practican son
unos ignorantes comparados con los antiguos Maestros, porque no poseen el
conocimiento fundamental sobre la cual está basada esa operación.
No solamente los estados mentales de uno mismo pueden ser transmutados según
los métodos herméticos, sino que también puede hacerse esto con la mentalidad de
los demás y, efectivamente, todos sufrimos transformaciones mentales de cualquier
índole, inconscientemente, por lo general, pero a veces conscientemente, cuando
comprendemos algo acerca de las leyes y principios que los rigen, y sobre todo
cuando los demás ignoran los medios de protegerse a sí mismos. Muchos estudiantes
de mentalismo saben que las condiciones materiales dependen de las mentes de los
demás, y pueden ser transmutadas y cambiadas de acuerdo con los deseos de la
persona que quiere modificar sus condiciones de vida. Se ha hecho esto tan público
hoy en día, que no creemos necesario mencionarlo en detalle, siendo nuestro
propósito únicamente el de mostrar la acción de este principio hermético que se
oculta tras todas esas varias formas de operar, buenas o malas, porque la fuerza puede
ser empleada en ambas direcciones, de acuerdo con el principio hermético de
polaridad.
En esta obrita indicaremos los principios básicos en los que se funda la
transmutación mental, de tal manera que todos los que la estudien puedan
comprender las leyes a que obedecen, y poseyendo así la clave maestra, sean capaces
de abrir las muchas puertas del principio de polaridad.
Ahora procederemos a considerar el primero de los siete principios herméticos, el
del mentalismo, el que se explica y desarrolla el axioma de que el TODO es mental, de
que el universo es una creación mental, según las palabras de El Kybalion.
Este principio debe estudiarse cuidadosamente, porque él es, en realidad, la base
de toda la Filosofía Hermética y del arte hermético de transmutación mental.
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CAPÍTULO IV
EL TODO
«Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la
realidad Substancial, la Verdad Fundamental».
El Kybalion
«Sustancia» significa lo que yace oculto bajo toda manifestación externa, la realidad
esencial, la cosa en sí misma. «Substancial» significa actualmente existente, el
elemento esencial, el ser real. «Realidad» significa el estado del ser verdadero, real,
eterno, permanente, fijo.
Más allá de toda apariencia externa o manifestación debe haber siempre una
realidad substancial. Esta es la ley. El hombre al considerar y examinar el universo,
del cual es una unidad, no ve otra cosa que un cambio continuo en la materia, en las
fuerzas, en los estados mentales. Ve que nada es realmente, que todo se transforma y
cambia. Nada permanece: todo nace, crece, muere; tan pronto como una cosa ha
adquirido su máximo desarrollo empieza a declinar; la ley del ritmo está en constante
operación; no hay realidades, nada firme, nada duradero, fijo o substancial, nada
permanente, todo es cambio. Todas las cosas surgen y evolucionan de otras cosas.
Hay una acción continua que es seguida siempre de su reacción correspondiente; todo
fluye y refluye, todo se construye y derrumba, todo es creación y destrucción, vida y
muerte. Y si el hombre que tal examen hace y tales cosas ve fuera un pensador,
comprendería que todas esas cosas en perpetuo cambio no pueden ser sino simples
apariencias externas o manifestaciones de algún poder que se oculta tras ellas, de
alguna realidad substancial encerrada en las mismas.
Todos los pensadores, de cualquier país o época, se han visto obligados a afirmar
la existencia de esta realidad substancial. Todas las filosofías, cualquiera que haya
sido su nombre, se han basado en esta idea. Los hombres han dado a esta realidad
substancial muchos nombres: algunos la han denominado «Dios», otros «Divinidad
Infinita» y «Eterna Energía», «Materia», etc., pero todos han reconocido su
existencia. Es evidente por sí misma. No necesita argumentos.
En estas lecciones hemos seguido el ejemplo de algunos de los más grandes
pensadores del mundo, antiguos y modernos —los Maestros herméticos— y hemos
denominado a ese poder que se oculta tras todas las manifestaciones, a esa realidad
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substancial, por su nombre hermético del TODO, cuyo término nos parece es el más
amplio de los que puede emplear el hombre.
Aceptamos y enseñamos las teorías de los grandes pensadores herméticos, como
también las de esas almas iluminadas que han ascendido a planos superiores de
existencia. Unos y otros afirman que la naturaleza íntima del TODO es incognoscible.
Y esto debe ser así efectivamente, pues nadie, excepto el TODO mismo, puede
comprender su propia naturaleza y su propio ser. Los hermetistas creen y enseñan que
el TODO en sí mismo es y debe ser incognoscible. Consideran las teorías y
especulaciones de los teólogos y metafísicos respecto a la naturaleza íntima del TODO
como esfuerzos infantiles de mentes mortales para sorprender el secreto del Infinito.
Todos esos esfuerzos han fracasado siempre, y seguirán fracasando, debido a la
naturaleza misma de la tarea. El que especula sobre ello se encuentra perdido en un
laberinto de pensamientos sin salida, y si persiste en su intento acaba por perder toda
capacidad para razonar sanamente, hasta llegar a serle imposible la vida. Se
encontraría en una situación parecida a la de la ardilla, que en la jaula se pone a girar
en su rueda, sin moverse del mismo sitio, continuando tan prisionera como antes de
haber comenzado.
Y aún muchos más presuntuosos son esos que tratan de atribuir al TODO la
personalidad, cualidades, propiedades, características y atributos de ellos mismos,
como si el TODO tuviera las emociones, sentimientos y características de los humanos.
Y llega hasta atribuirle malas cualidades, como los celos, la susceptibilidad a la
alabanza y a la oración, el deseo de que se le ofrende y se le adore y todas esas otras
cosas que nos han legado como herencia de los primeros días de la infancia de la
humanidad. Tales ideas no le sirven para nada al hombre desarrollado y acaba por
dejarlas a un lado.
Creemos debe indicar que hacemos una distinción entre la filosofía y la
metafísica. Religión significa para nosotros la realización intuitiva de la existencia
del TODO y de la relación entre uno mismo y ÉL, mientras que la teología significa
para nosotros el esfuerzo o los esfuerzos que hace el hombre para atribuirle las
propias cualidades, personalidad, características, etc., así como sus teorías, proyectos,
deseos y designios, asumiendo el papel del intermediario entre el TODO y el pueblo.
La filosofía significa para nosotros la especulación que tiende a comprender las cosas
cognoscibles y pensables (permítasenos la palabra), en tanto que la metafísica indica
la tentativa de inquirir entre las nebulosidades de las regiones de lo incognoscible y
de lo impensable, la que, al fin y al cabo, tiene la misma tendencia que la teología.
Consecuentemente, la religión y la filosofía significan para nosotros cosas que tienen
realidad por sí mismas, en tanto que la teología y la metafísica son algo así como
senderos tortuosos y laberínticos, por los que circula la ignorancia, y forman la base
más insegura e inestable sobre la que puede apoyarse la mente o el alma del hombre.
No insistiremos para que aceptéis estas definiciones; las mencionamos con el único
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objeto de deslindar nuestra posición. De todas maneras, muy poco hablaremos en
estas lecciones de teología y metafísica.
Si bien es cierto que la naturaleza esencial del TODO es incognoscible, hay, sin
embargo, ciertas verdades relacionadas con su existencia, que la mente humana se ve
obligada a aceptar. El examen de estas constituye un asunto apropiado para la
investigación, particularmente por lo que se refiere a lo que el iluminado nos
transmite de sus impresiones en los más elevados planos de existencia. Y a esta
investigación os invitamos ahora.
«Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad substancial, está más allá de toda
denominación, pero el sabio lo llama el TODO».
El Kybalion
El Kybalion
«Mas el dictamen de la razón debe ser recibido hospitalariamente, y tratado con respeto».
El Kybalion
1. EL TODOdebe ser todo lo que realmente es. Nada puede existir fuera del TODO,
o, de lo contrario, el TODO no sería tal.
2. EL TODO debe ser infinito, porque nada puede existir que defina, limite o
ponga restricciones al TODO. Debe ser infinito en tiempo, o Eterno, debe haber
existido siempre, continuamente, pues nada puede haberlo creado jamás, y
algo no puede nunca surgir de nada, y si alguna vez no hubiera sido, aunque
solo fuera un instante, no podría ser. Debe existir por siempre, porque nada
hay que pueda destruirlo, y jamás puede dejar de ser ni aun por un solo
momento, porque algo nunca puede convertirse en nada. Debe ser infinito en
el Espacio, debe encontrarse en todas partes, porque nada existe, ni hay sitio
alguno que esté más allá del TODO. No puede ser de otra manera, sino
continuo y omnipresente en el espacio, sin cesación, separación o
interrupción, porque no hay nada en ÉL que pueda interrumpirse, separarse o
cesar en su absoluta continuidad, y nada existe tampoco que pueda «llenar las
grietas». Debe ser infinito en Poder, o Absoluto, porque nada hay que pueda
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limitarlo, restringirlo, confinarlo u obstaculizarlo. No está sujeto a ningún
poder, porque no hay otro que el Suyo.
3. EL TODO debe ser inmutable, esto es, no sujeto a cambio en su naturaleza real,
porque nada existe que pueda obligarlo a cambiar, ni nada de lo que pueda
haberse transformado. No puede ser aumentado ni disminuido, ni ser mayor o
menor, bajo ningún aspecto. Debe haber «sido» siempre, y debe seguir
«siendo» siempre también, idéntico a lo que es ahora: el TODO. Nunca ha
habido, ni hay, ni habrá algo en lo que pueda transformarse o cambiar.
Siendo el TODO Infinito, Absoluto, Eterno, Inmutable, debe deducirse que todo lo
que es finito, mudable, transformable y condicionado, no puede ser el TODO. Y como
nada existe fuera de Él en realidad, todo lo que sea finito debe ser nada realmente. No
os vayáis a sorprender o asustar, porque no tratamos de embarcaros en Ciencia
Cristiana, cubriendo estas enseñanzas bajo el título de Filosofía Hermética. Hay una
reconciliación entre estos aparentemente contradictorios asuntos. Tened paciencia,
que a todo llegaremos a su debido tiempo.
Vemos en torno a nosotros eso que se llama «materia», la que constituye las bases
físicas de todas las formas. ¿Es el TODO materia simplemente? Absolutamente no. La
materia no puede manifestar Vida o Mentalidad, y como la mente está manifestada en
el universo, el TODO no puede ser materia, pues nada asciende más allá de su propia
fuente, nada puede manifestarse en un efecto si no lo está también en la causa, nada
puede evolucionar o emerger como consecuente si no está involucrado o
involucionado como antecedente. Y además la ciencia moderna nos dice que la
materia no existe realmente, sino que es «energía o fuerza interrumpida», esto es,
energía o fuerza en un grado menor de intensidad vibratoria. Como ha dicho
recientemente un escritor, «la materia se sumerge en el Misterio». Aun la ciencia
materialista ha abandonado la teoría de la materia y ahora descansa sobre la base de
la «energía».
¿Es pues, el TODO mera fuerza o energía? No. La fuerza, tal como la entiendan los
materialistas, es una cosa ciega, mecánica, carente de vida o mentalidad. La vida y la
mente no pueden nacer de ciega energía, por las razones dadas un momento ha:
«Nada puede subir más alto que su propia fuente, nada evoluciona si no ha
involucionado, nada se manifiesta en un efecto si no está en la causa». Así que el
TODO no puede ser mera fuerza o energía, porque si lo fuera no existiría eso que se
llama mente y vida, y ambas sabemos que existen, porque nosotros estamos vivos y
estamos empleando nuestra mente en considerar esta cuestión; y en iguales
condiciones se encuentran los que afirman que la energía es todo.
¿Qué es lo que hay superior a la materia y a la energía, y que sepamos que existe
en el Universo? ¡Vida y mente en todos sus diversos grados de desenvolvimiento!
Entonces preguntaréis: ¿Queréis significar que el TODO es vida y mente? Sí y no, es
nuestra respuesta. Si entendéis por vida y mente lo que nosotros, pobres mortales,
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conocemos de ellas: ¡No, el TODO no es eso! Mas, ¿qué clase de vida y mentalidad
significáis?, preguntaréis.
La contestación es mente viviente, tan amplia como nosotros podamos concebirla,
puesto que la vida y la mente son muy superiores a la fuerza puramente mecánica o a
la materia. Mente infinita y viviente, si se compara con la vida y la mentalidad finitas.
Queremos indicar eso que quieren significar las almas iluminadas, cuando
reverentemente pronuncian la palabra: ¡ESPÍRITU!
El TODO es mente viviente e infinita, los iluminados lo llaman Espíritu.
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CAPÍTULO V
EL UNIVERSO MENTAL
El Kybalion
El TODO es espíritu. Mas, ¿qué es el espíritu? Esa pregunta no puede ser contestada,
puesto que definirla sería prácticamente definir al TODO, el cual no puede explicarse.
El espíritu es simplemente el nombre que los hombres dan a la más elevada
concepción de la infinita Mente Viviente, significa la esencia real, tan superior a todo
cuanto entendemos por mente y vida, como estas últimas a la energía y la materia. El
espíritu está más allá de nuestra comprensión, y usamos dicho término en el mismo
sentido y queriendo significar lo mismo que cuando hablamos del TODO. Para nuestro
entendimiento podemos pensar del espíritu como de una Infinita Mente Viviente,
teniendo en cuenta, al mismo tiempo, que no podemos comprenderlo del todo. O
hacemos esto, o nos vemos obligados a dejar de pensar.
Procederemos ahora a estudiar la Naturaleza del Universo, como un todo, y
también en sus partes. ¿Qué es el Universo? Hemos visto ya que nada puede existir
fuera del TODO; entonces, ¿el Universo es el TODO? No, no puede serlo, porque el
Universo parece estar hecho de muchas, de múltiples unidades, y está en continuo
cambio; Y de todas maneras, no está de acuerdo con las ideas que nos hemos visto
obligados a aceptar respecto al TODO, según ya indicamos en nuestra lección anterior.
Entonces, si el Universo no es el TODO debe ser nada; tal es la inevitable consecuencia
que se presenta en la mente aparentemente. Pero esto no satisface la pregunta, porque
nosotros somos sensibles y sentimos la existencia del Universo. Y si el universo es
algo y no es el TODO, ¿qué puede ser? Examinemos la cuestión.
Si el Universo existe absolutamente, o por lo menos parece que existe, debe
proceder en alguna forma del TODO, ser su creación. Pero como algo no puede venir
de nada, ¿de qué pudo crearlo el TODO? Algunos filósofos han contestado a esta
pregunta diciendo que el TODO creó el Universo del sí mismo, esto es, sacándolo de
su propia sustancia. Mas esta respuesta no sirve, puesto que el TODO no puede ser
aumentado, ni disminuido, ni dividido, según hemos ya visto, y aunque así fuera no
podría cada partícula del Universo estar segura de ser el TODO, puesto que este no
puede perder el conocimiento de sí mismo, ni convertirse en un átomo o fuerza ciega
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o un ser viviente inferior. Algunos, habiendo realizado que el TODO es todo, y
reconociendo que ellos existían, han llegado a la extraordinaria conclusión de que
ellos y el TODO eran idénticos, y han llenado el aire con sus gritos de «yo soy Dios»,
sirviendo de solaz a las multitudes y de motivo de pena para los sabios.
Si el átomo gritara «yo soy hombre», todavía sería modesto en comparación.
Pero ¿qué es, en realidad, el Universo, si no es el TODO ni ha sido creado por Él
separándolo de su propia sustancia? ¿Qué otra cosa debe ser? O, mejor preguntado.
¿De qué otra cosa puede haberlo hecho? Esta es la gran cuestión. Nos encontramos
con que el principio de correspondencia (véase el capítulo I) viene en nuestra ayuda.
El antiguo axioma hermético «como es arriba es abajo» puede ser empleado ahora
para iluminar este punto. Tratemos, pues, de comprender algo de lo que pasa en los
planos superiores, examinando lo que pasa en el nuestro propio. El principio de
correspondencia puede aplicarse a esto lo mismo que a cualquier otro problema.
Veamos. En su propio plano de existencia, ¿cómo crea el hombre? Primero, puede
crear haciendo o construyendo algo con los materiales que el mundo externo le
brinda. Mas esto no nos sirve, porque fuera del TODO no existen materiales de
ninguna clase con los que Él pueda crear. En segundo lugar, el hombre puede crear
por medio de la fecundación, que no es más que su multiplicación, acompañada por
la transferencia de una parte de su propia sustancia a la matriz de la madre. Mas esto
tampoco nos sirve, porque el TODO no puede transferir o substraerse a sí mismo una
porción, ni puede reproducirse o multiplicarse a sí mismo. En el primer caso habrá
una substracción de su sustancia o adición al TODO, lo que es un absurdo.
¿No existe otro medio por el cual crea el hombre? Sí, hay otro: la creación
mental. Al crear en esta forma, él no emplea materiales que le aporte el mundo
externo, ni se reproduce a sí mismo, y, sin embargo, su espíritu compenetra su
creación mental.
Siguiendo el principio de correspondencia, se puede pensar justificadamente que
el TODO crea el Universo mentalmente, de una manera parecida al proceso mediante
el cual el hombre crea sus imágenes mentales. Y he aquí que en esta descripción
coinciden tanto el dictamen dado por la razón como el de las almas iluminadas, según
se puede encontrar en sus escritos o en sus enseñanzas. Tales son las doctrinas de los
sabios. Tales las que enseñó Hermes.
El TODO no puede crear de ninguna manera, excepto mentalmente, sin emplear ni
materiales (pues no hay ninguno), ni reproduciéndose (lo que también es imposible).
No hay escapatoria para esta conclusión de la razón, la que, como hemos ya visto,
concuerda perfectamente con lo que dicen los iluminados. De igual manera que
podéis vosotros crear un universo en vuestra propia mente, así el TODO crea los
Kosmos en la suya propia.
Mas vuestro universo sería la creación de una mente finita, en tanto que la del
TODO sería la creación de un infinito. Las dos son iguales en clase, pero difieren
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infinitamente en grado. Examinaremos más estrictamente el proceso de la creación y
manifestación conforme vayamos avanzando en nuestro estudio. Mas este es el punto
que debéis fijar por ahora en vuestras mentes: El Universo y todo lo que él contiene
es una creación mental del TODO; todo es mente.
«El TODO crea en su mente infinita, innumerables universos, los que existen durante eones de
tiempo, y así y todo, para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos
no significa más que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de ojos».
El Kybalion
El Kybalion
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la creación mental del Universo. Proyecta su voluntad sobre el principio femenino
(que puede ser llamado naturaleza), siendo en esta que comienza la obra evolutiva de
un Universo, desde simples «centros de actividad» hasta el hombre, y aun a más
elevados planos de existencia que el humano, todo ello de acuerdo con bien
establecidas leyes de la Naturaleza. Si preferís las antiguas imágenes mentales, podéis
concebir el principio masculino como Dios, el padre, y el principio femenino como
Naturaleza, la madre universal, de cuya matriz todas las cosas nacen. Esto es algo
más que una simple figura poética de lenguaje, es una idea del proceso de la creación
de un Universo. Pero recordad siempre que el TODO es UNO, y que en su mente infinita
es donde crean y generan y existen los Kosmos.
Podría ayudaros a concebir esto propiamente el aplicarle la ley de
correspondencia en vuestra propia mente. Sabéis que esa parte de vosotros que
llamáis «yo», en cierto sentido, permanece aparte de la creación y de vuestras
imágenes mentales en el intelecto. La parte de la mente en la que se efectúa la
generación de imágenes puede ser llamada el «mí», en distinción con el «yo», que
permanece aparte y que examina los pensamientos, ideas e imágenes del «mí». Como
«arriba es abajo», acordaos, y los fenómenos de un plano pueden emplearse para
resolver los enigmas de los planos superiores e inferiores.
¿Es acaso maravilloso que vosotros, los hijos, sintáis una reverencia instintiva
hacia Padre-Madre? ¿Es maravilloso que cuando consideráis las obras y maravillas de
la Naturaleza os sintáis conmovidos hasta lo más profundo de vuestro ser? Es a
vuestra madre-mente a quien os estáis estrechando, como un niño se estrecha al seno
de su madre.
No vayáis a suponer que el pequeñísimo mundo que os circunda —la Tierra—
que no es más que un grano de arena en el Universo, es el universo mismo. Hay
millones y millones de tales mundos, y aun muchos mayores que él. Y aun hay
millones de millones de tales universos que existen en la Mente del Único. Y aun en
nuestro sistema solar hay regiones y planos de vida muy superiores a los nuestros, y
seres comparados con los que nosotros somos lo que las amebas respecto al hombre.
Hay seres cuyos poderes y atributos son mucho más elevados que los del hombre, y
este jamás ha soñado que pudieran existir. Mas, a pesar de esto, esos seres fueron en
poco tiempo lo que nosotros ahora, y seremos un tiempo como ellos son y aun
superiores, porque tal es el destino del hombre, a juzgar por lo que nos dicen los
iluminados.
La muerte no es real, ni aun en sentido relativo: no es sino nacer en una vida
nueva, y ascendemos y seguiremos ascendiendo a planos de vida cada vez más
elevados, durante eones y eones de tiempo. El universo es nuestra casa, nuestro hogar
y podemos explorarlo hasta sus más lejanos confines, antes de la consumación de los
tiempos. Estamos en la mente del TODO y nuestras posibilidades y oportunidades son
infinitas, lo mismo en el tiempo que en el espacio. Y al fin del gran ciclo de eones,
cuando el TODO reabsorba sus creaciones en sí mismo, marcharemos alegremente
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porque entonces seremos capaces de comprender la verdad toda de ser UNO con el
TODO. Esto es lo que nos afirman los iluminados, esos que han avanzado tanto en el
sendero de la realización.
Y, en el entretanto, estemos tranquilos y serenos; estamos seguros y protegidos
por el Poder Infinito del Padre-Madre Mente.
El Kybalion
El Kybalion
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CAPÍTULO VI
LA PARADOJA DIVINA
«El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar
sus leyes, ese no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será
aplastado por los elementos, en razón de su locura. El verdadero sabio conociendo la naturaleza del
universo, emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la
alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. La maestría
consiste, no en sueños anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de
las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en los más elevados. La transmutación (no la
negación presuntuosa), es el arma del Maestro».
El Kybalion
Esa es la paradoja del Universo, la que resulta del principio de polaridad, principio
que se manifiesta cuando el TODO empieza a crear.
Aunque para el TODO infinito el Universo, sus leyes, sus poderes, su vida, sus
fenómenos, son como cosas contempladas en el estado de meditación o ensueño, el
Universo debe ser tratado como real, y la vida, las acciones y los pensamientos deben
estar basados en ello, acordemente, si bien se tenga un claro conocimiento y
realización de la Verdad Superior cada uno respecto a su propio plano y leyes. Si el
TODO hubiera imaginado un Universo real sería desastroso para este, porque entonces
no podría ascenderse de lo inferior a lo superior, el universo se habría convertido en
una cosa fija, inmóvil y el progreso resultaría imposible. Y si el hombre, por su parte,
debido a su media-sabiduría, actúa, vive y piensa en el Universo como si fuera un
sueño (parecido a sus propios ensueños a finitos), así se convertirá efectivamente para
él, y, al igual de un cadáver que caminase, se encontrará dando vueltas y más vueltas
en un círculo, sin hacer el menor progreso y siendo forzado por último a despertarse y
vivir por las leyes naturales que él hubiera olvidado. Conservad siempre la mente fija
en la Estrella, pero mirad donde ponéis los pies, no vayáis a hundirlos en algún
abismo. Recordad la paradoja divina que afirma que si bien el «Universo no es, sin
embargo es». Recordemos siempre los dos polos de la verdad: lo absoluto y lo
relativo. Guardémonos de las verdades a medias.
Lo que los hermetistas conocen como «Ley de la paradoja» es un aspecto del
principio de polaridad. Las escrituras herméticas están llenas de toda clase de
referencias respecto a esa paradoja que se descubre en todos los problemas de la Vida
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y del Ser. Los instructores están siempre batallando para impedir que sus estudiantes
omitan el «otro lado» de cualquier cuestión, y sus recomendaciones se dirigen
especialmente a los problemas de lo absoluto y de lo relativo, que tanto confunden a
los estudiantes de filosofía, y que obligan a tantos a obrar y a pensar contrariamente a
lo que se conoce como «sentido común». Recomendamos mucho a nuestros
estudiantes el que se aseguren de haber comprendido bien la paradoja divina de lo
absoluto y lo relativo, evitando el ser hipnotizados por el falso miraje de la verdad a
medias. Desde este punto de vista ha sido escrita esta lección. Leedla
cuidadosamente.
La primera idea que se le ocurre al pensador que ha comprendido y realizado la
verdad de que el Universo es una creación mental del TODO, es la de que el Universo
y todo cuanto este contiene son una pura ilusión, una irrealidad, contra cuya idea se
revuelve instantáneamente. Pero esto, al igual de otras grandes verdades, debe ser
considerado desde los puntos de vista absoluto, el Universo es, por supuesto, una
ilusión, un sueño, una fantasmagoría, si se compara con el TODO en sí mismo. Esto lo
reconocemos nosotros mismos cuando hablamos del mundo como de un sueño, que
va y viene, que nace y muere, desde el momento que todo lo que es mudable, que
cambia, que es finito e insustancial, debe estar ligado a la idea de un Universo creado,
cuando se compara con el TODO mismo, no importando cual puede ser nuestra
creencia respecto a la naturaleza de ambos.
Filósofos, metafísicos, científicos y teólogos, todos están de acuerdo sobre ello, y
esta concepción se encuentra en todos los sistemas filosóficos y religiosos, así como
en las respectivas teorías de las escuelas metafísica y teológicas.
Las enseñanzas herméticas no predican la insubstancialidad del Universo en
términos más fuertes que los que os son más familiares, aunque la exposición del
asunto pueda pareceros algo más contundente. Todo cuanto tenga un principio y un
fin, en cierto sentido debe ser irreal e ilusorio, y el Universo se encuentra en este
caso, sea cual sea el sistema de las escuelas de pensamiento. Desde el punto de vista
absoluto nada hay real excepto el TODO, no importando los términos que empleemos
al pensar sobre ello o al discutirlo. Bien sea que el Universo haya sido creado de
materia, o bien que sea una creación mental en la mente del TODO, es insustancial,
mudable, sujeto al tiempo, al espacio, al cambio. Debemos comprender y sentir bien
esto antes de pensar y examinar la concepción hermética de la naturaleza mental del
Universo. Examina cualesquiera otras concepciones, y ved si existe alguna que no lo
admita.
Mas el punto de vista absoluto muestra únicamente un solo lado de la cuestión,
siendo el otro el aspecto relativo de la misma. Las verdades absolutas han sido
definidas «como las cosas, tal como las conoce y las ve la mente de Dios», mientras
que las verdades relativas son «las cosas tal como la más elevada razón del hombre
las comprende». Y de esta manera, mientras que para el TODO el Universo debe ser
ilusorio e irreal, un simple sueño o resultado de la meditación, sin embargo para las
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mentes finitas que forman parte de ese Universo, y mirando a través de las mortales
facultades, el Universo es ciertamente real, y así debe ser considerado. Al reconocer
así el punto de vista absoluto, no cometeremos el error de ignorar o negar los hechos
y fenómenos del Universo, tal como se nos presentan antes nuestras facultades
mortales: no somos el TODO, recordémoslo.
Para emplear ilustraciones familiares, podemos reconocer el hecho de que la
materia «existe» para nuestros sentidos, y haríamos muy mal si así no lo
reconociéramos. Y, a pesar de ello, nuestra mente finita reconoce la verdad científica
de que no hay tal materia desde el punto de vista de la ciencia, y que lo que llamamos
materia no es más que un agregado de átomos, átomos los cuales a su vez, no son más
que unidades de fuerza agrupadas que llamamos «electrones» o «iones», vibrando
constantemente con movimiento circular. Golpeamos una piedra y sentimos el
impacto, parece ser real, y, a pesar de ello, sabemos que no es más que lo ya
expuesto.
Pero recuerden que nuestro pie, que siente el golpe mediante la intervención del
cerebro, es similarmente materia constituida por electrones, y por que de esa materia
está hecho también nuestro cerebro. Y, por último, si no fuera por la mente, no
sabríamos nada ni del pie ni de la piedra absolutamente.
Además, el ideal que un artista o un escultor tratan de reproducir en el mármol o
en el lienzo les parece muy real. Igualmente sucede con los personajes que crea la
mente de un autor teatral, quien trata de expresarlos para que los demás puedan
reconocerlos. Y si esto fuera cierto en el caso de nuestras mentes finitas, ¿cuál sería el
grado de realidad de las imágenes mentales creadas en la mente del Infinito? ¡Oh,
para los mortales este universo de mentalidad es ciertamente muy real! Es el único
que jamás podremos conocer, aunque nos elevemos de plano en plano, cada vez más
alto. Para que lo pudiéramos conocer de otra manera, por experiencia actual,
tendríamos que ser el TODO mismo. Es muy cierto que, cuanto más nos elevamos en
la escala, tanto más cerca nos encontraremos de la mente del Padre y tanto más
evidente se hace la naturaleza ilusoria de las cosas finitas, pero hasta que el TODO no
nos absorba finalmente dentro de Él mismo no se desvanecerá la visión.
De manera, pues, que no necesitamos basarnos en esa ilusión. Reconozcamos más
bien la verdadera naturaleza del Universo y tratemos de comprender sus leyes
mentales, esforzándonos en emplearlas en la forma más efectiva para nuestro
progreso ascendente en toda la vida conforme vamos viajando de un plano a otro del
ser. Las leyes del Universo no dejan de ser «leyes de hierro» porque sean de
naturaleza mental. Todos excepto el TODO, están sujetos a ellas. Lo que está en la
infinita mente del TODO es real, solo un grado menos que la realidad misma que
constituye la naturaleza del TODO.
No nos sintamos, pues, inseguros o temerosos; sintámonos firmemente sostenidos
en la mente infinita, y nada existe que pueda dañarnos o causarnos miedo. No hay
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poder alguno fuera del TODO que pueda afectarnos. Podemos permanecer tranquilos y
seguros. Y en esta realización, una vez alcanzada, existe una plenitud de seguridad y
calma. Entonces dormiremos serenamente sobre la firmeza inconcebible de lo
Profundo, y descansaremos seguramente sobre el Océano de la mente Infinita que
constituye al TODO. En Él, ciertamente, vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
La materia no es menos materia para nosotros mientras permanezcamos en ese
plano, aunque sepamos que no es más que un agregado de partículas de fuerza, o
electrones, que vibran rápidamente, girando unas en torno de otras, en la formación
de los átomos. Los átomos, a su vez giran, vibran y forman así las moléculas, y la
agrupación de estas últimas componen las grandes masas de materia. Y no será
menos materia por el hecho de que, cuando avancemos en nuestra investigación,
sepamos que la fuerza, cuyas unidades son los electrones, no son a su vez más que
unidades de manifestación de la mente del TODO, y que como todo lo demás en el
universo es puramente mental en su naturaleza. Aunque en el plano de la Materia
tenemos que reconocer sus fenómenos, podemos dominarla (como lo hacen todos los
maestros en menor o mayor grado), aplicándoles las fuerzas superiores.
Cometeríamos así una locura si negáramos la existencia de la materia en ese aspecto
relativo. Podemos, sí, negar su dominio sobre nosotros; está bien, pero no debemos
intentar ignorarla en su aspecto relativo, por lo menos mientras vivamos en este
plano.
Las leyes de la naturaleza tampoco se hacen menos constantes o efectivas por el
hecho de que las conozcamos y sepamos que son simples creaciones mentales. Obran
plenamente en todos los planos. Y nos libertamos de las leyes inferiores, aplicándoles
las superiores, y solo podemos conseguirlo de esta manera. Pero no podemos escapar
a la Ley o elevarnos por encima de ella completamente. Nadie, sino el TODO, puede
escapar a la Ley, y esto es debido a que el TODO es la ley misma, de la cual todas las
demás brotan. Los más avanzados maestros pueden adquirir los poderes que se
atribuyen generalmente a los dioses, y existen muchos grados del ser en la gran
jerarquía de la vida, cuyos poderes trascienden hasta los de los más elevados
maestros, en un grado inconcebible para los mortales, pero hasta el Maestro más
grande y el ser más elevado debe inclinarse ante la Ley y son como nada ante los ojos
del TODO. Así que si hasta esos elevados seres, cuyos poderes exceden a los atribuidos
por el hombre a sus dioses, están sujetos y sirven a la Ley, imagina la presunción del
mortal de nuestra raza cuando mira las leyes de la Naturaleza como «irreales»,
visionarias e ilusorias, porque ha podido alcanzar a ver que esas leyes son de
naturaleza mental, o simples creaciones del TODO. Esas leyes que el TODO quiere que
rijan no pueden ser desafiadas o transgredidas. Mientras subsista el Universo
subsistirán, porque aquel existe en virtud de esas leyes, las que forman la trama o el
esqueleto en que el Universo se apoya.
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El Principio hermético del Mentalismo, a la vez que explica la verdadera
naturaleza del Universo sobre la base de que todo es mental, no cambia las
concepciones científicas del Universo, de la vida o de la evolución. En realidad, la
ciencia no hace más que corroborar las enseñanzas herméticas. Estas últimas enseñan
que la naturaleza del Universo es mental, mientras que la ciencia afirma que es
«material»; o, según sus últimas noticias, que es «energía» en el último análisis. Las
enseñanzas herméticas tampoco están en pugna con el principio básico de Herbert
Spencer, que postuló la existencia de una «Energía Infinita y Eterna, de la cual
proceden todas las cosas». En realidad, los hermetistas reconocen en la filosofía de
Spencer la más elevada expresión de la obra de las leyes naturales que jamás se
promulgara, y creen que Spencer era una reencarnación de un antiguo filósofo que
vivió en Egipto millares de años ha, y que más tarde vivió como Heráclito, el filósofo
griego que viviera en el año 500 a. C. Y consideran su doctrina de la «energía infinita
y eterna» como de acuerdo con las enseñanzas herméticas siempre con el agregado de
que esa energía es la mente del TODO. Con esta clave maestra de la filosofía
Hermética puede el estudiante de Spencer abrir muchas puertas de las concepciones
filosóficas internas del gran filósofo inglés, cuyas obras demuestran los resultados de
su preparación en sus encarnaciones anteriores. Sus enseñanzas respecto a la
Evolución y al Ritmo están casi de perfecto acuerdo con la Doctrina Hermética
referente al principio del Ritmo.
Así, pues, el estudiante no necesita dejar a un lado los puntos de vista científicos
referentes al Universo. Todo lo que se le pide es que comprenda el principio básico
de que el TODO es mente, de que el Universo es mental: sostenido firmemente en la
mente del TODO. Y encontrará que los otros seis principios concuerdan perfectamente
con este conocimiento científico, y servirán para dilucidar plenamente los puntos
oscuros. No hay que maravillarse de ello, si se considera la influencia que el
pensamiento hermético ejerciera sobre los filósofos primitivos de Grecia, sobre cuyas
doctrinas descansan en gran parte las teorías de la ciencia actual. La aceptación del
primer principio hermético (mentalismo) es la única gran diferencia entre la ciencia
moderna y los estudiantes herméticos, y la ciencia se va dirigiendo gradualmente
hacia ese punto, conforme avanza a través de la oscuridad y va encontrando su
camino en el laberinto en que se ha metido en busca de la Realidad.
El objeto de esta lección es imprimir en la mente del estudiante el hecho de que el
Universo y sus leyes y sus fenómenos son tan reales, en lo que al hombre concierne,
como lo serían bajo la hipótesis del materialismo y de la energía. Bajo cualquier
hipótesis, el Universo, en su aspecto externo, está siempre cambiando y es transitorio,
y, por consiguiente, está desprovisto de realidad substancial. Pero, y nótese el otro
polo de la verdad, bajo cualquiera de dichas hipótesis estamos obligados a obrar y a
vivir como si esas cosas fugaces fueran reales y substanciales. Con esta diferencia
siempre, que según las doctrinas se ignoraba el poder mental como Fuerza Natural,
mientras que ahora vemos que el Mentalismo es la mayor fuerza de esa clase. Y esta
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sola diferencia basta para revolucionar la vida de aquellos que comprenden el
principio y la práctica y leyes resultantes.
Por último, una vez que se comprenda la ventaja del Mentalismo se aprende a
conocer, emplear y aplicar las leyes resultantes. Pero no se caiga en la tentación que,
según indica El Kybalion, acecha al medio-sabio que lo hace hipnotizarse por la
aparente irrealidad de las cosas, siendo su conciencia que camina de un lado para otro
como soñando, viviendo en un mundo de ensueños, ignorando la vida diaria y su
trabajo, siendo su final que se destrozará contra las rocas y se disolverá en los
elementos, en razón de su locura. Más bien seguid el ejemplo del sabio que la misma
autoridad indica: «úsese la Ley contra las leyes; lo superior contra lo inferior, y por el
arte de la alquimia trasmutad lo que no es deseable en lo estimable, triunfando en esa
forma». De acuerdo con esta doctrina, debe evitarse la media-sabiduría, que es locura
y que ignora la verdad de que: «El dominio consiste, no en sueños anormales o
visiones y fantásticas imaginaciones, sino en emplear las fuerzas superiores contra las
inferiores, escapando así a los dolores de los planos inferiores mediante la elevación a
los superiores». Recuérdese siempre que la «transmutación y no la negación
presuntuosa es el arma del Maestro». Las citas antedichas pertenecen a El Kybalion, y
son muy dignas de tenerlas siempre presentes.
No vivimos en un mundo de sueños, sino en un Universo que, si bien es relativo,
es real, por lo menos en lo que concierne a nuestra vida y obras. Nuestra misión en el
Universo no es negar su existencia, sino vivir, empleando debidamente sus leyes para
ascender de lo inferior a lo superior, viviendo y haciendo lo mejor que podamos
dentro de las circunstancias que surgen cada día, y viviendo, todo lo posible, nuestras
más elevadas ideas e ideales. El verdadero significado de la vida no es conocido por
el hombre en este plano —si es que alguien lo conoce—; pero los más sabios, y
nuestras propias intuiciones también, nos enseñan que no nos equivocaremos si
tratamos de vivir lo mejor posible y realizar la tendencia universal en el mismo
sentido, a pesar de las aparentes evidencias en contra. Todos estamos en el Camino, y
esta vía va siempre ascendiendo, con frecuentes sitios de reposo.
Léase el mensaje de El Kybalion, y sígase el ejemplo del sabio, evitando el error
del medio-sabio, quien perece en razón de su locura.
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CAPÍTULO VII
«Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El
que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento».
El Kybalion
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«inmanente mente» del pensador. Medítese esto un instante hasta que se comprenda
bien la idea.
Empleando otro ejemplo, podríamos decir que Otelo, Yago, Hamlet, Lear,
Ricardo III, etc., existieron en la mente de Shakespeare en el momento de su
concepción o creación. Y, sin embargo, Shakespeare existió también dentro de cada
uno de esos personajes, dándoles su vitalidad, su espíritu y su acción.
¿Cuál es el espíritu de los personajes que conocemos como Micawber, Oliver
Twist, Uriah Heep?… ¿Es Charles Dickens o tiene cada uno de ellos un espíritu
personal, independiente de su creador? ¿Tienen la Venus de Médicis, la Madonna
Sixtina, el Apolo de Belvedere, espíritus y realidad propios o representan los poderes
mentales y espirituales de sus creadores? La Ley de la Paradoja explica que ambas
proposiciones son ciertas, consideradas desde los puntos de vista apropiados.
Micawber es, a la vez, Micawber y Dickens. Y mientras puede decirse que Micawber
es Dickens, Dickens no es idéntico a Micawber. El hombre, como Micawber, puede
exclamar: «El espíritu de mi creador me es inherente, y, sin embargo, yo no soy Él».
Esto es muy diferente de la chocante media-verdad que clamorosamente anuncian
algunos medio-sabios, diciendo: «Yo soy Dios». Imaginad al pobre Micawber o al
ratero Uriah Heep exclamando: «Yo soy Dickens», o a cualquier otro personaje de las
obras de Shakespeare anunciando: «Yo soy Shakespeare». El TODO está en la lombriz,
pero la lombriz está muy lejos de ser el TODO. Pero aunque la lombriz exista
meramente como una pequeña cosa, creada y teniendo su ser únicamente en la mente
del TODO, el TODO es inmanente a ella, así como en las partículas que la componen.
¿Puede haber algún misterio mayor que el encerrado en esa proposición: «Todo está
en el TODO y el TODO está en todo»?
El estudiante comprenderá, por supuesto, que las ilustraciones dadas más arriba
son necesariamente imperfectas e inadecuadas, porque representan la creación de
imágenes mentales en mentes finitas, mientras que el Universo es la creación de una
mente infinita, y la diferencia entre los dos polos las separa. Y, sin embargo, es solo
cuestión de grado —el mismo Principio es el que opera— el Principio de
Correspondencia se manifiesta en cada una: «Como es arriba, es abajo; como es
abajo, es arriba».
Y en proporción a la realización que obtenga el hombre de la existencia del
Espíritu Subyacente inmanente en su propio ser se elevará en la escala de la vida.
Esto es lo que significa el desarrollo espiritual; el reconocimiento, la realización y la
manifestación del Espíritu interno. Recuérdese siempre esta definición (la del
desenvolvimiento espiritual), porque contiene la verdad de toda verdadera Religión.
Existen muchos Planos del Ser, muchos subplanos de vida, muchos grados de
existencia en el Universo. Y todos dependen del adelanto de los seres en la escala,
cuyo punto más bajo es la materia más densa, estando el Ser más elevado separado
del Espíritu del TODO solo por una sutilísima división, y por todas partes, a lo largo de
esta escala de la vida, todo está en movimiento. Todos están en el sendero, cuyo fin y
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meta es el TODO. Todo progreso es una vuelta al hogar. Todo se mueve hacia arriba,
adelante, a pesar de las aparentes contradicciones. Este es el mensaje del iluminado.
La doctrina hermética concerniente al proceso de la creación mental del Universo
es que, al principio del ciclo creador, el TODO, en su aspecto de ser, proyecta su
voluntad hacia su aspecto de «Devenir» y el proceso de la creación comienza. Se dice
que este proceso se reduce a una disminución gradual de intensidad vibratoria hasta
que se alcanza un grado muy bajo de energía vibrante, en cuyo punto se manifiesta la
forma más densa posible de materia. Este proceso se llama involución porque el TODO
se «envuelve» en su creación. Y esto tiene su correspondencia en los procesos
mentales de un artista, escritor o inventor, quien se «envuelve» tanto en su creación
mental que olvida casi completamente su propia existencia, pues en esos momentos
«vive en su creación». Si en vez de la palabra «envolverse» empleáramos la de
«absorberse», quizá se diera una idea más clara del significado que trata de sugerir.
A este estado involucionario de la creación suele también llamársele la
«Emanación» de la energía divina, así como el estado evolucionario se denomina
«Absorción». Al polo más extremo del proceso creador, se le considera como el más
separado del TODO, en tanto que el principio del estado evolutivo es mirado como un
retorno de la oscilación del péndulo del Ritmo, como una vuelta al hogar.
La enseñanza es que durante la Efusión las vibraciones se van amortiguando
gradualmente hasta que el impulso amortiguador cesa por último, y entonces se
produce el retorno de la oscilación pendular. Pero existe esta diferencia: que mientras
en la efusión se manifiestan las fuerzas creadoras compactamente, como un todo
desde el comienzo mismo del estado evolutivo o de «reabsorción» se manifiesta la
ley de la individualización; esto es, la tendencia a separarse en unidades de fuerza, de
tal manera que lo que dejó al TODO como no individualizada energía vuelve a su
fuente originaria como innumerables unidades de vida, altamente desarrolladas, que
se han ido levantando cada vez más alto en la escala por medio de la evolución física,
mental y espiritual.
Los antiguos herméticos empleaban la palabra «meditación» para describir el
proceso de la creación mental del Universo en la mente del TODO, habiéndose
empleado también frecuentemente la palabra «contemplación».
Pero la idea que parece sugerir es la del empleo de la Atención Divina.
«Atención» es una palabra derivada de raíz latina, que significa «alcanzar, llegar», y
el acto de atención es realmente un «alcance, una extensión» de la energía mental; de
manera, pues, que comprenderemos perfectamente el concepto si examinamos el
verdadero significado de la atención.
La doctrina hermética concerniente a la evolución es que el TODO, habiendo
meditado sobre el principio de la creación, y establecido así la base material del
Cosmos, pensándolo en la existencia, gradualmente va despertándose de su
meditación, y al hacerlo produce la manifestación del proceso evolutivo, en los
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planos material, mental y espiritual, sucesivamente en orden. Así empieza el
movimiento ascendente, y todos los seres comienzan a dirigirse hacia el Espíritu. La
materia se va haciendo menos densa, las unidades vienen a ser, las combinaciones se
inician, la vida aparece y va manifestándose en formas cada vez más elevadas y la
mente se va haciendo más evidente, vibrando todo cada vez más intensamente. En
una palabra, el proceso entero de la evolución, en todas sus fases, comienza y sigue
de acuerdo con las leyes del proceso de «absorción». Todo esto ocupa eones y eones
de tiempo, estando compuesto cada eón por millones de años; pero, según dice el
iluminado, toda la creación, incluyendo la involución y la evolución de un universo,
no es más que un abrir y cerrar de ojos para el TODO. Al final de innúmeros ciclos de
eones de tiempo el TODO retira su atención (contemplación) o meditación del
Universo, porque la Gran Obra ha terminado, y todo queda absorbido en Él de quien
otrora emergiera.
Pero el misterio de los misterios es que el Espíritu de cada alma no queda
aniquilado, sino que se expande infinitamente, sumergiéndose uno en otro el Creador
y el Creado. Esa es la voz de la iluminación.
La iluminación expuesta sobre la meditación y el subsiguiente despertar de ella
del TODO no es, por supuesto, más que un intento de descripción del proceso infinito,
mediante un ejemplo finito. Pero, no obstante: «Como es arriba es abajo». La
diferencia es solo de grado. Y así, como el TODO se despierta de su meditación sobre
el Universo, así también el hombre (a su debido tiempo) cesará de manifestarse sobre
el plano material y se irá retirando cada vez más en el espíritu Interno, que,
ciertamente, es el «Ego Divino».
Hay otra cosa más de la que deseamos hablar en esta lección, y esto llega muy
cerca del campo metafísico de especulación, aunque nuestro propósito es
simplemente el mostrar la futilidad de tal especulación. Aludimos a la pregunta que
inevitablemente se presenta ante la mente de todos los pensadores que se han
aventurado a buscar la Verdad, la pregunta es: ¿Por qué creó el TODO al Universo?
Esta pregunta podrá ser formulada en diferente forma, pero su esencia es siempre la
misma.
Mucho han luchado los hombres para contestársela, pero aún no se posee
respuesta alguna que merezca ese nombre. Algunos se han imaginado que el TODO
ganaría algo con ello, pero eso es absurdo, porque ¿qué es lo que podrá obtener el
TODO que ya no posea? Otros dicen que el TODO desea amar a algo, o que lo había
creado para divertirse, o porque estaba solo, o para manifestar su poder. Pero todas
esas respuestas son pueriles e infantiles y pertenecen a la primera infancia del
pensamiento.
Algunos han tratado de explicar el misterio presumiendo que el TODO se vio
«compelido» a crear, en razón de su «naturaleza interna», o su «instinto creador».
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Esa idea, si bien representa un adelanto sobre las otras, tiene un punto débil. Si su
«naturaleza interna o instinto creador» lo impulsara a hacer algo, entonces la
naturaleza interna o instinto creador sería el Absoluto, en vez del TODO, y de ahí que
la proposición falle por su misma base. Sin embargo, el TODO crea y se manifiesta y
parece encontrar cierta satisfacción al hacerlo. Y es muy difícil escapar a la
conclusión de que en algún grado infinito tendría que tener algo que correspondiera a
una naturaleza interna o instinto creador en el hombre, con un deseo y Voluntad
correspondientemente infinito. No podría obrar si no quisiera hacerlo, no podría
hacerlo a menos que lo deseara, y no lo desearía si no obtuviera con ello una
satisfacción. Y todas estas cosas pertenecerían a una Naturaleza interna, y podría
postularse su existencia de acuerdo con la Ley de Correspondencia, tanto interna
como externa. Este es el problema que yace en la raíz misma de la dificultad y la
dificultad que se encuentra en la misma raíz del problema.
Estrictamente hablando, no puede decirse que haya ninguna «razón» para obrar,
porque una razón implica una causa, y el todo está por encima de la causa y del
efecto, salvo cuando su voluntad misma se convierte en una causa, en cuyo momento
el principio se pone en movimiento. De manera, pues, que no puede pensarse en el
mismo asunto, porque como el mismo TODO es incognoscible. Así como nos vemos
obligados a decir simplemente: EL TODO ES, así también solo podemos decir que el
TODO OBRA PORQUE OBRA. Y, en último término, el TODO es la razón en sí misma, y
puede decirse en verdad que Él es su propia razón, su propia ley; su propio acto,
mejor aún: Que el TODO, su razón, su acto y su ley, son uno, siendo las palabras
diferentes nombres de la misma cosa. En opinión de los que esto escriben, la
respuesta se halla encerrada en el íntimo ser del TODO, en su ser secreto. La Ley de
correspondencia, en nuestra opinión, solo llega al aspecto del TODO que denominamos
el aspecto de devenir o de estado. Tras ese aspecto está el de ser, en el cual todas las
leyes se pierden en la Ley, todos los principios en el Principio y el TODO, el Principio
y el Ser, son idénticos, uno y lo mismo.
Por consiguiente, toda especulación metafísica sobre el punto es fútil. Si nos
ocupamos aquí de la cuestión es solo para mostrar que, si bien reconocemos el hecho,
reconocemos también lo absurdo de las respuestas dadas por metafísicos y teólogos.
En conclusión, podrá ser de interés para los estudiantes el saber que en tanto que
algunos de los antiguos y modernos instructores herméticos se inclinan más bien a
aplicar el Principio de Correspondencia a la cuestión, que da por resultado la
«naturaleza interna», la leyenda dice que Hermes, el Grande, cuando le fue hecha esa
pregunta por algunos de sus más avanzados estudiantes, contestó apretando los labios
fuertemente y no diciendo una palabra, como si indicara que no había respuesta. Pero
también puede ser que quisiera aplicar el axioma de esta filosofía que dice que «los
labios de la Sabiduría permanecen cerrados, excepto para los oídos del
entendimiento», en la creencia de que aún sus más aventajados discípulos no poseían
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la comprensión necesaria que los calificara para esa enseñanza. De cualquier manera,
si Hermes poseyó el Secreto no lo comunicó, y por lo menos en lo que al mundo
concierne los labios de Hermes están cerrados al respecto. Y si Hermes el Grande
vaciló en hablar, ¿quién sería el osado mortal que tratara de enseñarlo?
Pero, recordémoslo, cualquiera que sea la respuesta de este problema, si es que
hay alguna, la verdad es que: «Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es
menos que el TODO está en todas las cosas». La proposición en este punto es enfática.
Y, para terminar, repetiremos las palabras de la cita: «El que comprenda esto
debidamente, ha adquirido gran conocimiento».
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CAPÍTULO VIII
El Kybalion
El segundo gran principio hermético encierra la verdad de que existe entre los
diversos planos de manifestación de la vida y del ser una armonía, concordancia y
correspondencia. Esta verdad lo es porque todo cuanto hay en el Universo emanó de
la misma fuente, y las mismas leyes, principios y características se aplican a cada
unidad o combinación de unidades de actividad, conforme cada una manifiesta su
propio fenómeno en su propio plano.
Para facilitar la meditación y el estudio, la Filosofía Hermética considera que el
Universo puede dividirse en tres grandes clases de fenómenos, conocidas como los
tres Grandes Planos:
I. EL PLANO FÍSICO.
II. EL PLANO MENTAL.
III. EL PLANO ESPIRITUAL.
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ni una dimensión ordinaria del espacio; pero, sin embargo, es más que un estado o
condición». Puede ser considerado como un estado o condición; pero, no obstante, el
estado o condición es un grado dimensional, es una escala, y está sujeto a medida.
Parecerá esto quizá una paradoja, pero examinemos el punto. Una «dimensión» es
una medida en línea recta, relacionada con una medida base, etc. Las dimensiones
ordinarias del espacio son longitud o largo, latitud o ancho, y grosor o altura. Pero
existe otra dimensión de las cosas creadas, o medida en línea recta, conocida por los
ocultistas y también por los hombres de ciencia, aunque estos últimos no le hayan
dado todavía el nombre de dimensión. Esta nueva dimensión, que por el momento es
la base de muchas especulaciones bajo el nombre de Cuarta Dimensión, es el tipo
usado para determinar los «grados» o planos.
Esta cuarta dimensión puede ser denominada la de la «Vibración». Es un hecho
bien conocido por la ciencia moderna, así como por los hermetistas, quienes han
encerrado esa verdad en su tercer principio, que «todo está en movimiento, todo
vibra, nada está en reposo». Desde la más elevada manifestación hasta la más baja,
todas las cosas vibran. Y no solamente vibran con diferente intensidad, sino en
diferentes dimensiones y de diferente manera. Los grados de «intensidad» vibratoria
constituyen los grados para medir en la escala de vibraciones, o sea los grados de la
Cuarta Dimensión. Todos estos grados forman lo que los ocultistas llaman «planos».
Cuanto más elevado es el grado de vibración, tanto más elevado es el plano. De
manera, pues, que aunque un plano no es un lugar, ni estado o condición, posee, sin
embargo, cualidades comunes a ambos. Algo más tendremos que decir sobre las
vibraciones en los próximos capítulos, en los que estudiaremos el principio hermético
de Vibración.
Se recordará, no obstante, que los tres grandes planos no son divisiones actuales y
reales de los fenómenos del Universo, sino simples medios arbitrarios empleados por
los herméticos para ayudar al pensamiento y al estudio de los diversos grados y
formas de la actividad y de la vida universales. El átomo de la materia, la unidad de
fuerza, la mente del hombre y el ser del arcángel, no son más que grados de una sola
y misma escala, y todos son fundamentalmente los mismos, siendo la diferencia solo
cuestión de grado y de intensidad vibratoria: todos son creaciones del TODO, y tienen
su existencia dentro de su mente infinita.
Los herméticos subdividen cada uno de esos tres grandes planos en siete planos
menores, y cada uno de estos en siete subplanos, siendo estas divisiones más o menos
arbitrarias, esfumándose unas en otras, pero han sido adoptadas por conveniencias del
estudio científico.
El Gran Plano Físico, y sus siete planos menores, es la división que comprende
todos los fenómenos del universo que se refieren a las cosas, fuerzas y
manifestaciones físicas. Incluye todas las formas de lo que conocemos como materia,
y todas las formas de lo que llamamos energía o fuerza. Pero se debe recordar que la
Filosofía Hermética no reconoce la materia como una cosa en sí misma, o como si
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tuviera una existencia separada de la mente del TODO. La proposición es que la
materia no es más que una forma de energía, esto es, energía de una intensidad
vibratoria inferior de cierta clase. Y de acuerdo con ello, los herméticos clasifican la
materia bajo el título de energía, y le adjudican tres de los siete planos menores del
Gran Plano Físico.
Dichas siete divisiones menores son las siguientes:
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como «poder divino». Los seres que la emplean son como dioses, aun comparándolos
con el tipo humano más elevado que conozcamos.
El Gran Plano Mental comprende esas formas de cosas vivientes que conocemos
en la vida ordinaria, así como otras formas no tan bien conocidas, salvo por los
ocultistas.
La clasificación de los siete planos mentales menores no es muy satisfactoria sino
más bien arbitraria (salvo que se acompañara por complicadas explicaciones que son
ajenas al propósito de este libro), pero la mencionaremos.
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una parte y las entidades del reino animal por la otra. Hay siete subdivisiones en este
plano también.
El Plano de la Mente Vegetal y sus siete subdivisiones comprende los estados o
condiciones de las entidades que encierra el mundo vegetal, los fenómenos mentales
y vitales que se conocen corrientemente. Muchas e interesantes obras científicas se
han escrito últimamente sobre la mente y la vida en las plantas. Los vegetales tienen
vida, mente y alma, tanto como los animales, el hombre y el superhombre.
El Plano de la Mente Elemental B y sus siete subdivisiones comprende los
estados y condiciones de una forma de elementales o entidades invisibles, que hacen
su obra en el Universo, cuya mente y vitalidad forma parte de la escala entre el Plano
de la Mente Vegetal y el Plano de la mente Animal, participando dichas entidades de
la naturaleza de ambos.
El Plano de la Mente Animal y sus siete subdivisiones comprende los estados y
condiciones de las entidades, seres o almas, que animan los cuerpos vivientes de los
animales y que son familiares a todos. No es necesario entrar en detalles
concernientes a este reino o plano de vida, porque el mundo animal nos es tan
familiar como el nuestro propio.
El Plano de la Mente Elemental C y sus siete subdivisiones comprende las
entidades o seres invisibles, que participan de la naturaleza de la vida animal y
humana, en determinado grado y combinación. Los elementos pertenecientes a este
plano y que están en el grado más elevado del mismo, son semihumanos en
inteligencia.
El Plano de la mente Humana y sus siete subdivisiones comprende las
manifestaciones de la vida y mentalidad que son comunes al hombre en sus varios
grados y divisiones. En este punto debemos indicar el hecho de que el hombre
corriente actual ocupa la cuarta subdivisión del Plano de la mente Humana, y solo los
más inteligentes han cruzado los límites de la quinta subdivisión. Millones de años ha
empleado la raza para alcanzar este estadio, y tardará muchos años más en llegar a las
subdivisiones sexta y séptima. Pero debemos recordar que ha habido razas anteriores
a las nuestras que han pasado por esos grados y después más allá de ellos. Nuestra
propia raza es la quinta (con más los rezagados de la cuarta) que huella el Sendero.
En ella ha habido unas cuantas almas avanzadas que han sobrepasado a la masa y han
llegado a la sexta y hasta la séptima subdivisión, y algunos un poco más allá todavía.
El hombre de la sexta subdivisión será el superhombre, y el de la séptima el
ultrahombre.
Al considerar los siete planos mentales menores nos hemos referido a los tres
planos elementales en un sentido general. No deseamos entrar en mayores detalles en
esta obra, porque el asunto no pertenece a este plano de la filosofía y enseñanzas
generales. Pero hemos dicho esto para dar una idea un poco más clara de las
relaciones de estos planos con los que nos más familiares. Los Planos Elementales
guardan la misma relación en mentalidad y vitalidad con los Planos Mineral, Vegetal,
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Animal y Humano, que las teclas negras de un piano con las blancas. Las teclas
blancas bastan para producir música, pero hay ciertas escalas, melodías y armonías en
las que las teclas negras desempeñan su parte, siendo necesaria su presencia. Son
también necesarias como eslabones de unión en las condiciones anímicas, o estados
de ser diversos, entre los demás planos, alcanzándose así ciertas formas de
desenvolvimiento. Y este hecho dará al lector que pueda leer entre líneas una luz
nueva sobre el proceso de la evolución, una nueva clave para la secreta puerta de la
vida que se oculta entre reino y reino. Todos los ocultistas conocen perfectamente
esos grandes reinos de Elementales, y las obras esotéricas están llenas de alusiones a
los mismos.
Los que hayan leído Zanoni, de Bulwer Lytton, y otras leyendas similares,
reconocerán a esas entidades pertenecientes a los mencionados planos de la vida.
Pasando del gran Plano Mental al Gran Plano Espiritual, ¿qué es lo que
podríamos decir?, ¿cómo podríamos explicar esos elevados estados del ser, de la vida
y de la mentalidad a mentes que son todavía incapaces de comprender las
subdivisiones más elevadas del Plano de la Mente Humana? Esa tarea es imposible.
Solo podemos hablar en los términos más generales. ¿Cómo podría describirse la luz
a un hombre que haya nacido ciego?, ¿cómo explicar el azúcar a quien nunca ha
probado algo dulce?, ¿cómo hablar de armonía a un sordo?
Todo lo que podemos decir es que los siete planos menores del Gran Plano
Espiritual (cada uno de los cuales tiene las usuales siete subdivisiones), comprenden
seres tan superiores al hombre actual como este último es superior al gusano o quizás
a formas aún inferiores. La vida de esos seres trasciende tanto a la nuestra que ni
siquiera podemos pensar en los detalles de las mismas. Su mente es tan elevada que,
por ellos, nosotros apenas si pensamos, y nuestros procesos mentales les parecen
puros procesos materiales. La materia que forma sus cuerpos es del plano más
elevado, y algunos se dicen que están envueltos por pura energía. ¿Qué es lo que
podría decirse sobre tales seres?
En los siete planos menores del Gran Plano Espiritual existen seres de quienes
hablamos como Ángeles, Arcángeles o semidioses. En los planos menores inferiores
viven aquellos a quienes damos el nombre de Maestros y Adeptos. Sobre ellos están
las grandes jerarquías de huestes angélicas, inconcebibles para el hombre, y sobre
ellas están los que sin irreverencia alguna podrían llamarse dioses, pues su grado de
elevación en la escala es tan alto, tan grande su poder e inteligencia, que sobrepasan a
todas las concepciones que el hombre se ha formado sobre la Deidad. Esos hombres
están de todo cuanto se pueda imaginar, siendo la palabra «Divino» la única que se
les podría aplicar. Muchos de esos seres, incluso las huestes angelicales, tienen sumo
interés por las cosas del Universo y desempeñan un papel importantísimo en sus
procesos. Esas invisibles divinidades y auxiliares angélicas ejercen su influencia
libremente y poderosamente en la obra de la evolución y del progreso cósmico. Su
intervención ocasional y auxilio directo en los asuntos humanos han dado origen a
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muchas leyendas, creencias, religiones y tradiciones de las razas pasadas y actuales.
Han superpuesto su conocimiento y poder sobre el mundo una y otra vez, todo bajo la
ley del TODO, por supuesto.
Pero sin embargo, aún esos elevadísimos seres existen meramente como
creaciones de la mente del TODO y están sujetos a los procesos cósmicos y a las leyes
universales. Son todavía mortales, podemos llamarlos «dioses» si nos agrada, pero no
son más que nuestros hermanos mayores: las almas avanzadas que han sobrepasado a
sus compañeras y que han renunciado temporalmente al éxtasis de la absorción en el
TODO, para poder ayudar a la raza en su ascendente jornada en el Sendero. Pero
pertenecen al Universo y están sujetos a sus condiciones, son mortales y su plano es
inferior al del Espíritu Absoluto.
Solo los herméticos más avanzados son capaces de comprender las enseñanzas
secretas concernientes al estado de existencia y a los poderes manifestados en los
planos espirituales. El fenómeno es tan superior al que se produce en los Planos
Mentales que cualquier intento de descripción solo serviría para producir una gran
confusión de ideas. Únicamente aquellos cuya mentalidad ha sido cuidadosamente
educada en la Filosofía Hermética durante años enteros, y los que han traído consigo,
de encarnaciones anteriores, el conocimiento adquirido previamente, pueden
comprender adecuadamente lo que significan las enseñanzas referentes a los planos
espirituales. Y muchas de ellas las guardan celosamente los herméticos por
considerarlas demasiado sagradas, importantes y hasta peligrosas, como para
divulgarlas públicamente. El estudiante inteligente comprenderá lo que esto significa
si dijéramos que el significado de la palabra «Espíritu», tal como lo usan los
herméticos, es sinónimo de «poder viviente», de fuerza animada, de esencia interna o
vital, etc., significación que no debe confundirse con lo que generalmente se atribuye
al término en cuestión: «religioso, eclesiástico, espiritual, etéreo, santo, etc.». El
ocultista emplea la palabra Espíritu en el sentido de «principio animador», lo que
lleva consigo la idea de poder, de energía viviente, de fuerza mística, etc. El ocultista
sabe muy bien que lo que él conoce como poder espiritual puede ser empleado con
fines buenos o malos (de acuerdo con el principio de polaridad), hecho que ha sido
reconocido por la mayoría de las religiones en sus concepciones de Satanás, Belcebú,
el Diablo, Lucifer, Ángeles caídos, etc. Por esta razón el conocimiento referente a
esos planos ha sido mantenido en el secreto, en el Santuario de los Santuarios de
todas las fraternidades esotéricas y órdenes ocultas. Ha sido guardado en la más
secreta cámara del Templo. Pero, y esto si podemos decirlo, los que han alcanzado
grandes poderes espirituales y los han empleado mal se han creado un Destino
terrible, y la oscilación del péndulo del Ritmo inevitablemente los llevará al otro
extremo de la existencia material, desde cuyo punto tendrán que volver nuevamente a
hacer el mismo camino a lo largo de las múltiples espirales del Sendero, pero siempre
tendrán como castigo el recuerdo vibrante de las cumbres donde cayeron debido a su
mal obrar. Las leyendas sobre los ángeles caídos tienen una base real, como saben
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todos los ocultistas. La lucha interesada por el poder en los planos espirituales
inevitablemente produce que el alma egoísta pierda su equilibrio espiritual y caiga tan
abajo como había ascendido. Pero, aun a estas almas, se les presenta la oportunidad
de volver sobre sus pasos, y hacen la jornada de vuelta pagando la tremenda
penalidad, de acuerdo con la invariable ley.
Para concluir, recordamos que, de acuerdo con el principio de Correspondencia
que encierra la verdad de que «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba»,
todos los siete principios herméticos están en plena operación en los diversos planos,
físico, mental y espiritual. El Principio de la Sustancia Mental se aplica, por supuesto,
a todos los planos, porque todos están en la mente del TODO. El Principio de
Correspondencia se manifiesta en todos, porque existe analogía, acuerdo,
correspondencia y concordancia entre los varios planos. El Principio de Vibración se
manifiesta también en todos los planos, pues las diferenciales que los dividen son
consecuencia de la vibración, como ya hemos explicado. El Principio de Polaridad se
manifiesta en cada plano, siendo los extremos o polos aparentemente opuestos y
contradictorios. El Principio del ritmo se manifiesta en cada plano, con flujo y
reflujo, ascenso y descenso, ingreso y egreso. El Principio de Causa y Efecto se
manifiesta en cada plano, teniendo todo efecto su causa y toda causa su efecto. El
Principio de Género se manifiesta en cada plano, estando siempre expresada la
energía creadora y operando mediante los aspectos masculino y femenino.
«Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba». Los milenarios axiomas
herméticos encierran los grandes principios de los fenómenos universales. Conforme
vayamos considerando los restantes principios, veremos cada vez más clara la verdad
de la naturaleza universal de este gran Principio de Correspondencia.
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CAPÍTULO IX
VIBRACIÓN
El Kybalion
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siguiendo un movimiento circular, lo mismo los corpúsculos que los astros. Los
planetas giran en torno de un sol, y muchos de ellos giran también sobre sus propios
ejes. Los soles, a su vez, giran en torno de puntos centrales mayores, y se cree que
estos giran también alrededor de otros todavía más grandes, y así sucesivamente, ad
infinitum. Las moléculas de que se compone cualquier clase de materia están en
constante vibración, moviéndose unas en torno de otras, y también unas contra otras.
Las moléculas están compuestas por átomos, los que, como aquellas, también están
en constante movimiento y vibración. Los átomos están compuestos por corpúsculos,
llamados también «electrones», «iones», etc., los que también están en un estado de
rapidísima moción, girando unos en torno de otros, con diversas modalidades
vibratorias. Y de esta manera toda materia manifiesta vibración, de acuerdo con el
principio hermético correspondiente.
Y así sucede también con las diversas formas de energía. La ciencia dice que la
luz, el calor, el magnetismo y la electricidad no son más que formas de movimiento
vibratorio relacionado de alguna manera con el éter, o probablemente emanado de él.
La ciencia no ha tratado aún de explicar la naturaleza del fenómeno conocido como
cohesión, que es el principio de la atracción molecular, ni de la afinidad química, que
es el principio de la atracción atómica; ni de la gravitación (el mayor misterio de los
tres), que es el principio de atracción por el cual toda partícula o masa de materia se
siente atraída hacia toda otra partícula o masa. Estas tres modalidades de la energía
no las comprende aún la ciencia, si bien los estudiosos se inclinan a pensar que son
también manifestaciones de alguna forma de energía vibratoria, cosa que los
herméticos han enseñado durante largas edades en el pasado.
El éter universal, cuya existencia postula la ciencia sin comprender claramente su
naturaleza, ya había sido explicado por los herméticos, quienes aseguraban que era
una manifestación superior de lo que erróneamente se llamaba materia; es decir, que
el éter era materia en un grado de vibración superior. El nombre que le daban era el
de Sustancia Etérea, y decían que esta sustancia era de tenuidad y elasticidad
extremas, llenando el espacio universal, sirviendo como médium de transmisión para
las ondas de energía vibratoria como el calor, la luz, la electricidad, el magnetismo,
etc. La sustancia etérea es el eslabón de unión entre la modalidad de energía
vibratoria que conocemos como materia por un lado y la que conocemos como
energía o fuerza, por el otro, manifestando además un grado de vibración, en
intensidad y modo, completamente propio.
Los hombres de ciencia proponen como ilustración para ver los efectos del
aumento de vibración una rueda girando con gran rapidez. Supongamos
primeramente que la rueda gira lentamente. Entonces diríamos que es un «objeto». Si
el objeto gira lentamente lo podremos ver fácilmente, pero no sentimos el menor
sonido. Aumentándose gradualmente la velocidad en pocos momentos se hace esta
tan rápida que comienza a oírse una nota muy baja y grave. Conforme sigue
aumentando la velocidad la nota se va elevando en la escala musical, y así se van
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distinguiendo unas tras otras las diversas notas conforme aumenta la velocidad de
rotación. Finalmente, cuando el movimiento ha llegado a cierto límite se llega a la
última nota perceptible por el oído humano, y si la velocidad aumenta aún, sigue el
mayor silencio.
Nada se oye ya, pues la intensidad del movimiento es tan alta que el oído humano
no puede registrar sus vibraciones. Entonces comienzan a percibirse poco a poco
sucesivos grados de color. Después de un tiempo el ojo comienza a percibir un oscuro
color rojo. Este rojo va haciéndose cada vez más brillante. Si la velocidad sigue
aumentando el rojo se convertirá en anaranjado, el anaranjado en amarillo. Después
seguirán sucesivamente matices verdes, azules y añil, y finalmente aparecerá el matiz
violeta. La velocidad se acrecienta más aún: entonces desaparece todo color, porque
el ojo humano ya no puede registrarlos. Pero ciertas radiaciones humanas emanan del
objeto en revolución: los rayos que se usan en la fotografía y otras radiaciones sutiles
de la luz.
Después comienzan a manifestarse los rayos conocidos bajo el nombre de X, y
más tarde empiezan a emanarse electricidad y magnetismo.
Cuando el objeto ha alcanzado cierto grado de vibración, sus moléculas se
desintegran, resolviéndose en sus elementos originales o átomos. Después de los
átomos, según el principio de vibración, se separarían en innumerables corpúsculos o
electrones, de los que están compuestos. Y, finalmente, hasta los corpúsculos
desaparecerían y podría decirse que el objeto estaría compuesto por sustancia etérea.
La ciencia no se atreve a llevar la ilustración más allá, pero los herméticos dicen que
si las vibraciones continuaran aumentando el objeto pasaría sucesivamente por
estados de manifestación superiores, llegando al plano mental y después al espiritual,
hasta ser por último absorbido en el TODO QUE ES EL Espíritu Absoluto. El «objeto»,
sin embargo, habría dejado de ser tal mucho antes de llegar a la sustancia etérea, pero
de todas maneras la ilustración es correcta en cuanto demuestra los efectos del
aumento continuo de la intensidad vibratoria. Debe recordarse que en la ilustración
anterior, con el llegar a los estados en que el objeto irradia color, luz, etc., no se ha
resuelto aún la cuestión en esas formas de energía (que están en un grado mucho más
elevado), sino que simplemente llega a un grado de vibración en el que esas energías
se libertan hasta cierto punto de las limitadoras influencias de las moléculas, átomos
y corpúsculos. Esas energías, si bien son muy superiores en la escala a la materia,
están aprisionadas y confinadas en las combinaciones materiales, en razón de las
fuerzas que se manifiestan a través de ellas, y empleando formas materiales, y de esta
manera se confinan en sus creaciones corpóreas, lo que, hasta cierto punto, es cierto
en toda creación, quedando la fuerza creadora envuelta en su propia creación.
Pero la doctrina hermética va mucho más allá que la ciencia moderna, y afirma
que toda manifestación de pensamiento, emoción, razón, voluntad, deseo o cualquier
otro estado mental, va acompañada por vibraciones, parte de las cuales se emanan al
exterior y tienden a afectar las mentes de los demás por «inducción». Esta es la causa
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de la telepatía, de la influencia mental y de otros efectos del poder de una mente
sobre otra, la que ya va siendo de dominio público, debido a la gran cantidad de obras
de ocultismo que están publicando discípulos e instructores sobre estas materias.
Cada pensamiento, emoción o estado mental tiene en su correspondiente
intensidad y modalidad vibratoria. Y, otras, esos estados mentales pueden ser
reproducidos, así como una nota musical puede ser reproducida haciendo vibrar las
cuerdas de un instrumento con la velocidad requerida, o como se puede reproducir un
color cualquiera. Conociendo el Principio de Vibración, aplicado a los fenómenos
mentales, uno puede polarizar su mente en el grado que quiera, obteniendo así un
perfecto dominio y control sobre sus estados mentales. De la misma manera, podrá
afectar las mentes de los demás, produciendo en ellos los requeridos estados
mentales. En una palabra, podrá producir en el Plano Mental lo que la ciencia
produce en el físico, o sea las vibraciones a voluntad. Este poder, por supuesto, puede
adquirirse únicamente mediante las instrucciones, ejercicios y prácticas apropiadas,
siendo la ciencia que las enseña, la de la «transmutación mental», una de la rama de
la Filosofía Hermética.
Un poco de reflexión sobre lo que hemos dicho mostrará que el Principio de
Vibración está oculto tras todos los maravillosos fenómenos de los poderes
manifestados por los Maestros y Adeptos, quienes pueden aparentemente eludir las
leyes de la Naturaleza, pero que, realmente, no hacen más que emplear una ley contra
otra, un principio contra otros, y que llevan a cabo sus resultados modificando las
vibraciones de las cosas materiales o de las energías, realizando así lo que
comúnmente llamamos milagros.
Como dijo una de las más antiguas autoridades herméticas: «Aquel que ha
comprendido el Principio de Vibración, ha alcanzado el cetro del Poder».
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CAPÍTULO X
POLARIDAD
«Todo es dual, todo tiene polos; todo su par de opuestos; los semejantes y desemejantes son los
mismos; los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo solo en grado; los extremos se tocan;
todas las verdades, son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse».
El Kybalion
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grado. No hay ningún sitio en el termómetro en el que cese el calor y comience el frío
absolutamente. Todo se reduce a vibraciones más o menos elevadas o bajas. Las
mismas palabras «elevado» y «bajo» que nos vemos obligados a usar, no son más que
polos de la misma cosa: los términos son relativos. Así sucede igualmente con el
«Este» y el «Oeste». Si viajamos alrededor del mundo en dirección al oriente,
llegaremos a un punto que se llama occidente, considerándolo desde el punto de
partida. Marchemos suficientemente lejos hacia el Norte y pronto nos encontraremos
viajando hacia el sur y viceversa.
La Luz y la oscuridad son polos de la misma cosa, con muchos grados entre
ambos. La escala musical es la misma. Partiendo del sí en adelante llegaremos a
encontrar otro sí y así sucesivamente, siendo las diferencias entre los extremos
también cuestión de grados. En la escala del color sucede otro tanto, siendo la
intensidad vibratoria la única diferencia que existe entre el rojo y el violeta. Lo
grande y lo pequeño son cosas relativas. Igualmente lo es el ruido y la quietud, lo
duro y lo blando, lo afilado y lo romo. Positivo y negativo son los dos polos de una
misma cosa, con innumerables gradaciones entre ambos.
Bueno y malo no son cosas absolutas; a un extremo lo llamamos bueno y al otro
malo, o Bien al uno y Mal al otro, de acuerdo con el sentido que queramos darle. Una
cosa es menos buena que la que le es superior en la escala, pero esa cosa menos
buena, a su vez, es mejor comparada con la que tenga el más o el menos regido por la
posición que tenga en la escala.
Igual cosa sucede en el plano mental. El amor y el odio son considerados como
diametralmente opuestos, completamente diferentes e irreconciliables. Pero si
aplicamos el Principio de Polaridad, encontraremos que no existe un amor absoluto o
un odio absoluto, diferentes uno de otro. Los dos no son más que términos aplicados
a los dos polos de la misma cosa. Empezando en cualquier punto de la escala,
encontramos «más amor» o «menos odio», si ascendemos por ella, o «menos amor»
si por ella descendemos, y esto es cierto, sin importar nada el punto, alto y bajo, que
tomemos como partida.
Hay muchos grados de amor y de odio, y existe también un punto medio donde el
agrado y el desagrado se mezclan en tal forma que es imposible distinguirlos. El valor
y el miedo quedan también bajo la misma regla. Los pares de opuestos existen por
doquier. Donde encontremos una cosa, encontraremos también su opuesta: los dos
polos.
Este hecho es el que permite al hermético transmutar un estado mental en otro,
siguiendo las líneas de polarización. Las cosas de diferente clase no pueden
transmutarse unas en otras, pero sí las de igual clase. Así, pues, el Amor no podrá
convertirse en Este u Oeste, o Rojo o Violeta, pero puede tornarse en Odio, e
igualmente el Odio puede tornarse en Amor cambiando su polaridad. El valor puede
transmutarse en miedo y viceversa. Las cosas duras pueden tornarse blandas, las
calientes, frías, y así sucesivamente, efectuándose siempre la transmutación entre
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cosas de la misma clase, pero de grado diferente. Tratándose de un hombre cobarde,
si se elevan sus vibraciones mentales a lo largo de la línea miedo-valor, se llenará de
valentía y desprecio por el peligro. E igualmente el perezoso puede hacerse activo y
enérgico, polarizándose simplemente a lo largo de las líneas de la deseada cualidad.
Los discípulos familiarizados con los procedimientos mediante los cuales
producen las diversas escuelas de ciencia mental cambios en los estados mentales de
sus seguidores, quizás, no comprendan fácilmente cuál es el principio que se oculta
tras esos cambios. Pero, no obstante, una vez que se ha entendido el Principio de
Polaridad, se ve inmediatamente que esos cambios mentales son ocasionados por un
cambio de polaridad, por un deslizamiento a lo largo de la misma escala. Este cambio
no es de la naturaleza de transmutar una cosa en otra completamente diferente, sino
que se reduce a un simple cambio de grado de la misma cosa, lo que es una diferencia
importantísima. Por ejemplo, y sacando un ejemplo del Mundo Físico, es imposible
cambiar el calor en agudeza o filosidad, pesadez, elevación, etc., pero puede ser
fácilmente transmutado en frío, con solo amortiguar la vibración. De la misma
manera el odio y el amor son recíprocamente transmutables, así como el miedo y el
valor. Pero el Miedo no puede transformarse en Amor, ni el Valor en Odio. Los
estados mentales pertenecen a innumerables clases, cada una de las cuales tienen sus
polos opuestos, a lo largo de los cuales es posible la transmutación.
Se comprenderá fácilmente que, tanto en los estados mentales como en los
fenómenos del plano físico, los dos polos pueden ser clasificados como positivo y
negativo, respectivamente. Así, pues, el amor es positivo respecto al odio; el valor
respecto al miedo; la actividad respecto de la inercia, etc. Y también se notará, aun
desconociendo el principio de vibración, que el polo positivo parece ser de grado
superior que el negativo, pudiendo aquel dominar fácilmente a este. La tendencia de
la Naturaleza es en dirección a la actividad dominante del polo positivo.
Además del cambio de los polos de los propios estados mentales mediante la
aplicación del arte de la polarización, el fenómeno de la influencia mental, en sus
múltiples fases, demuestra que el principio puede extenderse hasta abarcar los
fenómenos de la influencia de una mente sobre otra, de lo que tanto ha sido escrito en
los últimos años. Cuando se comprende que la inducción mental es posible, esto es,
que los estados mentales pueden producirse por inducción de los demás, entonces se
verá como puede comunicarse a otra cierta clase de vibración o polaridad,
cambiándose así la polarización de la mente entera. La mayoría de los resultados
obtenidos mediante los «tratamientos mentales» se obtienen según ese principio. Por
ejemplo, una persona está triste, melancólica y temerosa. Un científico de la mente
eleva su propia mentalidad al deseado grado de vibración, mediante su voluntad
previamente ejercitada, y de esta manera obtiene la polarización requerida en su
propia mentalidad. Entonces por inducción, produce un estado mental análogo en el
otro, siendo el resultado que las vibraciones de este se intensifican y el paciente se
polariza hacia el polo positivo de la escala, en vez de polarizarse hacia el negativo, y
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sus temores, melancolía, etc., se transforman en valor, contento y parecidos estados
internos. Un poco de meditación sobre el asunto demostrará que esos cambios
mentales se efectúan casi todos a lo largo de las líneas de polarización, siendo el
cambio más bien cuestión que de clase.
El conocimiento de este gran principio hermético permitirá comprender mejor los
propios estados mentales, así como los de los demás. Y se verá que esos estados son
puramente cuestión de grados, y al comprobar el hecho podrá elevar las vibraciones
interiores a voluntad, cambiando su polaridad, haciéndose dueño de sus
pensamientos, en vez de ser su esclavo y servidor. Este conocimiento le permitirá
además ayudar a otros inteligentemente, cambiando, mediante los métodos
apropiados, su polaridad. Es muy conveniente familiarizarse con este principio,
porque su comprensión correcta arrojará muchísima luz sobre problemas difíciles y
oscuros.
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CAPÍTULO XI
RITMO
«Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en todas las
cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación a la izquierda;
el Ritmo es la compensación».
El Kybalion
El Quinto Gran Principio Hermético —El Principio del Ritmo— encierra la verdad
de que en todos se manifiesta una oscilación medida, movimiento de ida y vuelta, un
flujo y reflujo, un movimiento semejante al del péndulo, una marea con suba y baja,
manifestándose siempre entre los dos polos los planos físico, mental y espiritual. El
principio del Ritmo está estrechamente relacionado con el principio de polaridad,
descrito en el capítulo anterior. El ritmo se manifiesta entre los dos polos establecidos
por el principio de polaridad. Esto no significa, sin embargo, que la oscilación rítmica
vaya hasta los extremos de cada polo, pues esto sucede rarísimas veces. En realidad,
es muy difícil establecer los opuestos polares extremos en la mayoría de los casos.
Pero la oscilación es siempre «hacia» un polo primero, y después «hacia» el otro.
Siempre hay una acción y una reacción, un avance y un retroceso, una elevación y
una caída, manifestándose en todas las cosas y fenómenos del universo. Moles,
mundos, hombres, animales, vegetales, minerales, energías, fuerzas, mente, y
materia, y hasta el mismo espíritu manifiestan este principio. El principio se
manifiesta en la creación y destrucción de los mundos, en la elevación y caída de las
naciones, en la historia de la vida de todas las cosas y, finalmente, en los estados
mentales del hombre.
Empezando por las manifestaciones del Espíritu —el TODO— se verá que siempre
hay una Emanación, seguida de Absorción, «la respiración y la aspiración de
Brahma», según dicen los brahmines. Los universos se crean, alcanzan el punto más
bajo de maternidad y entonces comienzan la oscilación de vuelta. Los soles nacen,
alcanzan la cumbre de su poder, empieza el progreso de su retrogresión y después de
eones sin cuento se convierten en muertas masas de materia, esperando otro impulso
que imparta en ellos nuevas energías internas y que los lleve a un nuevo ciclo de vida
solar. Y así sucede con todos los mundos: nacen, crecen y mueren, solo para renacer
de nuevo. E igualmente sucede con todas las cosas de cuerpo o forma: oscilan de la
acción a la reacción, del nacimiento a la muerte, de la actividad a la inactividad, y de
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nuevo comienza el ciclo. Lo mismo pasa con todos los grandes movimientos
filosóficos, credos de cualquier clase, gobiernos, naciones, etc.: nacen, crecen, llegan
a su madurez, decaen, mueren, solo para renacer de nuevo.
La oscilación pendular es evidente por doquiera.
La noche sigue al día y el día a la noche. El péndulo oscila del verano al invierno
y de este a aquel. Los corpúsculos, átomos y moléculas y todas las masas de materia,
oscilan en torno del círculo que corresponde a su naturaleza. No hay tal reposo
absoluto o cesación de movimiento. Todo movimiento participa del Ritmo. Este
principio es de aplicación universal. Puede ser aplicado a cualquier cuestión o
fenómeno de las muchas fases de la vida. Puede aplicarse a todas las fases de la
humana actividad. Siempre existe la oscilación rítmica de un polo a otro. El Péndulo
Universal está siempre en movimiento. Las mareas de la vida fluyen y refluyen de
acuerdo con la Ley.
La ciencia moderna reconoce el principio del Ritmo, y lo considera de aplicación
universal en cuanto se refiere a las cosas materiales. Pero los herméticos llevan el
principio mucho más allá y saben que sus manifestaciones se extienden a las
actividades mentales del hombre, y que él solo explica la gran sucesión de sus
modalidades, sentimientos y otros cambios contundentes que notamos en nosotros
mismos. Pero los herméticos, al estudiar la operación de este principio, han
descubierto el modo de substraerse a las actividades mediante la Transmutación.
Los Maestros Herméticos descubrieron que en tanto que el principio del Ritmo
era invariable, y evidente en todos los fenómenos mentales, había dos planos de
manifestación en lo que a los fenómenos mentales concernía. Descubrieron que había
dos planos generales de conciencia, el Inferior y el Superior, y este descubrimiento
les permitió elevarse al plano superior, escapando a la oscilación del péndulo rítmico,
que se manifestaba en el plano inferior. En otras palabras, la oscilación del péndulo se
produce en el plano inconsciente y la conciencia no queda, por consiguiente,
afectada. A esta ley la llamaron la Ley de la Neutralización. Su operación consiste en
elevar al Ego sobre las vibraciones del plano inconsciente de la actividad mental, de
manera que la oscilación negativa del péndulo no se manifieste en la conciencia y no
quede uno afectado por ella. Es lo mismo que levantarse por encima de una cosa y
dejar que pase esta por debajo de uno. El instructor o discípulo hermético se polariza
a sí mismo en el polo requerido, y por un procedimiento semejante a «rehusar» el
participar en la oscilación retrógrada, o si se prefiere, «negando» su influencia sobre
él, se mantiene firmemente en su posición polarizada, y permite al péndulo mental
oscilar hacia atrás en el plano inconsciente. Todo hombre, que en mayor o menor
grado, ha adquirido cierto dominio de sí mismo, realiza esto más o menos
conscientemente, impidiendo que sus modalidades o estados mentales negativos lo
afecten, mediante la aplicación de la ley de la neutralización. El maestro, sin
embargo, lleva esto hasta un grado muchísimo mayor de eficacia y proficiencia, y,
mediante su voluntad, llega a un grado de equilibrio e inflexibilidad mental casi
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imposible de concebir por aquellos que se dejan llevar y traer por el péndulo mental
de sus sentimientos y modalidades.
Todo pensador apreciará debidamente la gran importancia del asunto con solo
considerar lo esclavo que, en su mayoría, la gente es de su propio estado de ánimo,
sentimientos y emociones y el poco dominio de sí mismo que tienen. A poco que se
medite el asunto se comprenderá cuanto nos han afectado en nuestra vida esas
oscilaciones del ritmo; como a un período de entusiasmo ha seguido un
correspondiente período de depresión.
Igualmente, tenemos períodos de valor, que son seguidos de períodos de
desaliento y miedo. Y así sucede con todos o la mayoría por lo menos: marea de
sentimientos y emociones se elevan y caen, pero nunca sospechan la causa de ese
fenómeno. Si se comprende la operación de este principio, se obtendrá la clave para
dominar esas oscilaciones y uno podrá conocerse a sí mismo mucho mejor, evitando
además el dejarse llevar por esos flujos y reflujos. La voluntad es muy superior a la
manifestación consciente de este principio, por más que el principio mismo nunca
puede ser destruido. Podremos sustraernos a sus efectos, pero, no obstante, el
principio obrará. El péndulo siempre oscila, si bien podemos evitar el ser arrastrados
por su oscilación.
Existen, además, otras particularidades en la operación de este Principio del
Ritmo, de las que vamos a hablar ahora. Dentro de su operación entra lo que se
conoce como ley de compensación. Una de las definiciones o significados de la
palabra compensación es «contrabalancear», «equilibrar», y en este sentido se emplea
dicho término en la Filosofía Hermética. A esta ley de compensación se refiere El
Kybalion cuando dice: «La medida de la oscilación hacia la derecha es la misma que
la de la oscilación a la izquierda; el ritmo es la compensación».
La ley de compensación es la que hace que la oscilación en una dirección
determine otra oscilación en sentido contrario, y así se equilibran mutuamente. En el
Plano Físico vemos muchos ejemplos de esta ley. El péndulo de un reloj oscila hasta
cierto punto hacia la derecha y de allí vuelve a oscilar hacia la izquierda otro tanto.
Las estaciones se equilibran unas a otras de la misma manera. Las mareas obedecen a
la misma ley. Y la misma ley se manifiesta en todos los fenómenos del Ritmo. El
péndulo que solo hace una oscilación corta hacia la derecha, hace otra oscilación
corta hacia la izquierda. Si la oscilación hacia la derecha es grande, la oscilación
hacia la izquierda lo es igualmente, un objeto cualquiera arrojado hacia arriba, tiene
que recorrer exactamente el mismo camino de vuelta. La fuerza con que se lanza un
proyectil hacia arriba se reproduce cuando el proyectil vuelve a la tierra. Esta ley es
constante en el Plano Físico, como cualquier referencia a la mayor autoridad
científica lo corroborará.
Pero el hermético lo lleva aún más allá. Y afirma que los estados mentales están
sujetos a la misma ley. El hombre capaz de gozar agudamente, es también capaz de
sufrir en igual grado. El que solo es capaz de escaso dolor, tampoco puede gozar más
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que escaso placer. El cerdo sufre mentalmente muy poco; pero, en cambio, tampoco
puede gozar gran cosa: está compensado. Por otra parte, hay animales que gozan
extraordinariamente, pero también su sistema nervioso y temperamento los hacen
sufrir extremos grados de dolor. Igualmente sucede con el hombre. Hay
temperamentos que solo son capaces de muy poco goce, pero entonces solo existe,
como compensación, una capacidad para soportar muy poco dolor, en tanto que otros
hombres pueden gozar intensamente sufren en igual grado. La regla es que la
capacidad para el placer y el dolor en cada individuo está equilibrada. La ley de
compensación opera ampliamente aquí también.
Pero el hermético va más allá aún en esta materia, y afirma que antes de que uno
pueda gozar de cierto grado de placer es necesario que haya oscilado
proporcionalmente otro tanto hacia el otro polo del sentimiento o sensación. El
negativo en esta materia precede al positivo; es decir, que al experimentar cierto
grado de placer no se seguirá que «haya que pagarlo» con un correspondiente grado
de dolor; por el contrario, el placer es la oscilación rítmica, de acuerdo con la ley de
compensación, originada por un grado de dolor experimentado previamente, bien en
la vida actual o en encarnaciones anteriores. Y esto arroja una nueva luz sobre el
problema del dolor.
Los herméticos consideran la cadena de vidas como continua, como simples
puertas de una sola vida del individuo, de suerte que la oscilación rítmica es
considerada en esta forma, mientras que no tendría significado alguno si no se
admitiera la doctrina de la reencarnación.
Pero, además, el hermético sostiene que el maestro o el discípulo avanzado es
capaz, en grado superlativo, de rehuir la oscilación hacia el dolor, realizando el
proceso de neutralización a que aludiéramos anteriormente. Ascendiendo al plano
superior del Ego, se evitan muchas de las experiencias que llegan a los que habitan en
planos inferiores.
La ley de compensación desempeña una parte importante en la vida de los
hombres, pues se verá que uno generalmente paga el precio de lo que tiene o le falta.
Si se posee una cosa, falta otra, y así se equilibra la balanza. Nadie puede guardarse
su centavo y tener al mismo tiempo la torta, todo tiene su lado agradable y
desagradable. Las cosas que uno obtiene siempre las paga con las que pierde. El rico
posee mucho de lo que al pobre le falta, mientras que el pobre posee cosas que
frecuentemente están fuera del alcance del rico. El millonario que gusta de los
festines, y que tiene la fortuna necesaria para satisfacer sus deseos y asegurarse la
satisfacción de su gula, carece del apetito necesario para gustarlos, y envidia el
apetito y la digestión del obrero a quien le falta la fortuna y la inclinación del
millonario, gozando más de su sencillo alimento que el millonario sin apetito y con el
estómago arruinado. Y así sucede con todo en la vida. La ley de compensación está
siempre obrando, equilibrando y contrabalanceando las cosas continuamente, en la
sucesión del tiempo, aunque la oscilación del ritmo tarde vidas enteras.
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CAPÍTULO XII
CAUSALIDAD
«Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. Azar no es
más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero
ninguno escapa a la ley».
El Kybalion
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convertiría a todas las leyes naturales en inefectivas, y sumergiría al universo todo en
el desorden más caótico.
Un examen cuidadoso demostrará que lo que llamamos casualidad es meramente
una expresión concerniente a causas oscuras, causas que no podemos percibir, causas
que no podemos comprender. La palabra casualidad se deriva de una frase que
significa «echar los dados», siendo la idea encerrada que la caída es meramente una
ocurrencia, sin relación con causa alguna. Y en este sentido suele emplearse la
palabra en cuestión. Pero cuando se examina el asunto detalladamente se verá que no
hay tal casualidad absolutamente en la caída de un dado. Cada vez que cae el dado
mostrando cierto número, obedece a una ley tan infalible como la que gobierna la
revolución de los planetas en torno del Sol. Tras la caída del dado existen causas, o
cadenas de causas, eslabones en ininterrumpida sucesión, hasta donde la mente no
puede alcanzar. La posición del dado en la caja, la suma de energía muscular
empleada al arrojarlo, el estado de la mesa, etc., son otras tantas causas cuyo efecto
puede verse. Pero, tras estas, hay encadenamiento de causas invisibles precedentes,
todas las cuales obran sobre el número que el dado debe mostrar en su cara superior.
Si se arrojan los dados un gran número de veces, se verá que los puntos marcados
son casi iguales, esto es, que habrá igual número de unos, de dos, etc. Arrójese una
moneda al aire, y al caer dará cara o cruz. Pero si se arroja un número de veces
suficiente, las caras y las cruces se igualarán. Pero todo cae bajo la operación de la
Ley de Causa y Efecto, y si pudiéramos examinar todo el eslabonamiento de causas
veríamos claramente que era sencillamente imposible que el dado cayera en otra
forma que en la que cayó, bajo las mismas circunstancias y al mismo tiempo. Siendo
las mismas causas, se produce siempre el mismo resultado. Toda ocurrencia tiene su
causa y su porqué. Nada ocurre sin causa, o, mejor dicho, sin una cadena de causas.
Al considerar este principio muchos se quedan confusos, porque no pueden
explicar como una cosa puede ser causa de otra, esto es, ser la primera creadora de la
segunda. En realidad, ninguna cosa puede producir o crear otra. La causa y el efecto
residen meramente en los sucesos. Un suceso o acontecimiento es lo que viene, llega
u ocurre como consecuencia o resultado de un acontecimiento o evento anterior.
Ningún acontecimiento crea otro, sino que no es nada más que el eslabón precedente
en la gran cadena coordenada de sucesos que fluyen de la energía creadora del TODO.
Hay una continuidad de solución entre todos los acontecimientos precedentes,
consecuentes y subsecuentes. Existe siempre una relación entre todo lo que ha pasado
y todo lo que sigue. Una piedra se desprende de la montaña y se aplasta contra el
tejado de una granja situada en el valle vecino. A primera vista parece obra de la
casualidad; pero si se examina la materia se encontrará una gran cadena de causas
tras ese acontecimiento. En primer lugar estaba la lluvia que ablandó la tierra que
sostenía a la piedra, permitiéndole así caer; antes de esa causa estaba la influencia
precedente del Sol y de otras lluvias, las que gradualmente fueron desintegrando la
piedra de la roca; antes aún, estaban las causas que contribuyeron o produjeron la
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formación de la montaña y su elevación sucesiva por medio de las convulsiones de la
Naturaleza, y así ad infinitum.
Además podemos revisar las causas de la lluvia, podemos considerar la existencia
del tejado. En una palabra, pronto nos encontraríamos envueltos en un laberinto de
causas y efectos del que pronto tendríamos que luchar para escaparnos.
Así como un hombre tiene dos padres y cuatro abuelos y ocho bisabuelos, y
dieciséis tatarabuelos y así sucesivamente, de manera que al cabo de cuarenta
generaciones se calcula el número de antecesores en muchos millones, así también
suceden con el número de causas que subyacen tras el suceso o fenómeno más nimio,
tal como el paso de un liviano trocito de carbón llevado por el viento. No es nada
fácil seguir la pista de esa partícula de hollín hasta los primitivos períodos de la
historia del mundo, cuando formaba parte de un macizo tronco, que más tarde se
convirtió en carbón, y así sucesivamente, hasta el momento en que pasaba volando
ante nosotros en busca de otras muchas aventuras. Y una poderosísima cadena de
acontecimientos, de causas y efectos, la llevó hasta su actual condición, y esta no es
más que uno de los tantos sucesos de la cadena, y que seguirán produciendo más y
más eventos durante centenares y centenares de años a contar desde ahora. Una de las
series de acontecimientos originados por esa partícula de hollín flotante ha sido el
escribir estas líneas, lo que ha obligado a un tipógrafo a realizar cierto trabajo; esto
despertará en vuestras mentes ciertos pensamientos, así como en las de los demás, los
que a su vez afectarán a otros, y así sucesivamente, hasta donde la mente no puede
alcanzar, y todo por el simplismo vuelito de una partícula de hollín, todo lo cual
muestra la relatividad y asociación de las cosas y la deducción consiguiente de que
nada hay grande ni pequeño en la mente que todo lo creó.
Meditemos un momento. Si cierto hombre no hubiera encontrado a cierta mujer
en la obscura Edad de Piedra, vos, que estáis ahora leyendo estas líneas, no estaríais
ahora aquí. Y si, quizá, la misma pareja no se hubiera encontrado, los que escribimos
estas líneas tampoco estaríamos aquí. Y el mismo hecho de que nosotros, por nuestra
parte, escribamos, y de que vos leáis por la vuestra, afectará no solamente nuestras
propias vidas, sino que también tendrá un efecto directo o indirecto sobre muchas
otras personas que viven actualmente o que vivirán en las edades por venir. Todo
pensamiento generado en nuestra mente, todo acto realizado, tiene sus resultados
directos e indirectos, que se eslabonan coordinadamente en la gran cadena de Causas
y Efectos.
No deseamos entrar a discutir sobre el libre albedrío y el determinismo, en esta
obra, por múltiples razones. Entre otras muchas, la principal es que ningún lado del
asunto es completamente exacto, siendo en realidad ambos parcialmente verdad, de
acuerdo con las enseñanzas herméticas. El Principio de Polaridad demuestra que
ambos aspectos son medias-verdades: los opuestos polos de la verdad. La verdad es
que el hombre puede ser a la vez libre y limitado por la necesidad, dependiendo todo
del significado de los términos y de la altura de la verdad desde la cual se examine el
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asunto. Los antiguos escritores expresaban el punto diciendo que: «Cuanto más lejana
está la creación del Centro, tanto más limitada está. Cuanto más próxima está del
Centro, tanto más libre está».
Los hombres en su mayoría, son más o menos esclavos de la herencia, del
medioambiente, etc., y manifiestan muy poco libre albedrío. Se ven arrastrados por
las opiniones, costumbres y pensamientos del mundo externo, así como también por
sus emociones, sentimientos y modalidades. No manifiestan el menor dominio de sí
mismo que merezca ese nombre. Y con indignación rechazan esa afirmación
diciendo: «Yo puedo obrar ciertamente con plena libertad y hacer lo que se me dé la
gana; hago precisamente lo que quiero hacer». Pero no pueden explicar por qué o de
donde viene el «necesito» y me «gusta». ¿Qué es lo que les hace querer una cosa con
preferencia a otra? ¿Qué es lo que les hace «gustar» una cosa y no otra? ¿No hay
ninguna «razón» para sus «gustos» y «necesidades»? El maestro puede transformar
los «agrados» y «necesidades» en otros en el extremo opuesto de su polo mental.
Puede y tiene la capacidad de «querer, querer» en vez de querer porque algún
sentimiento, modalidad, emoción o sugestión del medioambiente despierte en él una
tendencia o deseo de hacer tal o cual cosa.
La mayoría de los hombres es arrastrada como si fuera una piedra, obedeciendo al
medioambiente, a las influencias externas y a las modalidades, deseos y emociones
internas, etc., por no hablar de los deseos y voluntades de los demás que son más
fuertes. La herencia, el medioambiente y las sugestiones los arrastran sin la menor
resistencia por su parte, sin que ejerciten en modo alguno su voluntad. Movidos como
las fichas en el tablero de ajedrez de la vida, desempeñan su parte y se quedan a un
lado después del juego. Pero los Maestros, que conocen las reglas del juego, se elevan
por encima del plano de la vida material, y colocándose en contacto con los poderes
superiores de sus naturalezas dominan sus propias modalidades, caracteres,
cualidades y polaridades, así como el medioambiente que los rodee, haciéndose en
esta forma directores del juego en vez de meras fichas: Causas en vez de Efectos. Los
Maestros no se libran de la causalidad en los planos superiores, sino que están bajo el
contralor de esas más elevadas leyes, y haciendo uso de estas se hacen dueños de las
circunstancias en los planos inferiores. De esta manera forman una parte consciente
de la Ley, en vez de ser sus ciegos instrumentos. Mientras obedecen y sirven en los
Planos Superiores, dominan y son dueños del plano material.
Pero, tanto arriba como abajo, la Ley está siempre en operación. No existe tal
casualidad o azar. La ciega diosa ha sido abolida por la razón. Ahora podemos ver,
con ojos iluminados por el conocimiento, que todo está gobernado por la ley
universal y que el infinito número de leyes no es más que manifestaciones de la
Única Gran Ley: la Ley que es el TODO. Es, pues, muy cierto que ni siquiera un
gorrión deja de estar presente en la Mente del TODO, que hasta los cabellos de nuestra
cabeza están contados, según dicen las escrituras. Nada hay fuera de la ley; nada
ocurre en contra de ella. Pero, a pesar de ello, no se vaya a caer en el error de que el
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hombre es un autómata ciego, al contrario. La doctrina hermética dice que el hombre
puede emplear la Ley contra las leyes, que lo superior siempre prevalecerá contra lo
inferior, hasta que el hombre haya alcanzado aquel estado en el que buscará refugio
en la LEY misma y podrá evadirse de todas las leyes fenomenales. ¿Se puede
comprender el significado íntimo, interno, de esto?
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CAPÍTULO XIII
GÉNERO
«El género está en todo, todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en
todos los planos».
El Kybalion
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negativos se pongan a girar en torno de uno positivo. Los corpúsculos positivos
parecen ejercer cierta influencia sobre los negativos, impulsando a estos a constituir
ciertas combinaciones que dan como resultado la «creación» o «generación» de un
átomo. Y esto está perfectamente de acuerdo con las más antiguas enseñanzas
herméticas, que han identificado siempre al principio masculino del género con lo
«positivo» y al femenino con lo «negativo», como en la electricidad, por ejemplo.
Puedes agregar ahora que la mente pública se ha formulado una impresión
completamente errónea sobre las cualidades del llamado «polo negativo» de la
materia electrizada o magnetizada. Los términos positivos y negativos han sido
pésimamente aplicados a este fenómeno. La palabra «positivo» significa algo real y
fuerte en comparación con la irrealidad o debilidad del negativo. Pero nada está más
lejos de los hechos reales de los fenómenos eléctricos. El polo negativo de la batería
es realmente el polo en y por el cual se manifiesta la generación o producción de
formas y energías nuevas. Nada hay de «negativo» en él. Los hombres de ciencia de
mayor autoridad están actualmente empleando la palabra «cátodo» en vez de
«negativo», derivando cátodo de una raíz griega que significa «desciende, el
recorrido o camino de la generación», etc. Del cátodo emerge el torbellino de
electrones o corpúsculos; del mismo polo surgen esos maravillosos «rayos» que han
revolucionado las concepciones científicas durante la pasada década. El polo catódico
es la madre de todos los extraños fenómenos que han convertido en inútiles a los
antiguos libros de texto y que han hecho que teorías mucho tiempo aceptadas hayan
sido relegadas al montón de los desechos de las especulaciones científicas. El cátodo,
o polo negativo, es el principio madre de los Fenómenos Eléctricos y de las más
sutiles formas de materia que la ciencia conoce actualmente. De manera, pues, que
existen poderosas razones que impulsan a rechazar el término «negativo», insistiendo
en sustituirlo por la palabra «femenino» en vez del término antiguo. Los hechos nos
conducen a esto, sin tener en cuenta para nada la doctrina hermética, y, por
consiguiente, emplearemos la palabra «femenino» en vez de «negativo» al hablar de
dicho polo de actividad.
Las últimas enseñanzas científicas dicen que los corpúsculos o electrones
creadores son femeninos. (La ciencia dice que «están compuestos por electricidad
negativa» y nosotros que están compuestos por energía femenina).
Un corpúsculo femenino se destaca, o mejor dicho, deja a un corpúsculo
masculino y comienza una nueva carrera. Activamente busca una unión con un
corpúsculo masculino, animado por el impulso natural a crear nuevas formas de
materia o energía. Cierto autor va aún más lejos y dice que «enseguida busca, por su
propia voluntad, una unión»… este desprendimiento y unión forman la base de la
mayor parte de las actividades en el mundo químico. Cuando un corpúsculo femenino
se une a otro masculino, empieza determinado proceso. Las partículas femeninas
vibran más intensamente bajo la influencia de la energía masculina y giran
rápidamente en torno de esta última. El resultado es el nacimiento de un nuevo
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átomo. Este nuevo átomo está compuesto realmente por una unión de electrones
masculinos y femeninos, pero cuando la unión se efectúa el átomo es una cosa
separada, que posee ciertas propiedades, pero que ya no manifiesta más la propiedad
de electricidad en libertad. El proceso del desprendimiento o separación de los
electrones femeninos se llama «ionización». Estos electrones o corpúsculos son los
obreros más activos en el campo de la Naturaleza. De sus uniones o combinaciones
surgen las diversas manifestaciones de la luz, del calor, de la electricidad, del
magnetismo, de la atracción, de la repulsión, de las afinidades químicas y sus
contrarios, así como otros fenómenos de índole similar. Y todo surge de la operación
del principio de género en el plano de la energía.
El papel del principio masculino parece ser el de dirigir a cierta energía inherente
hacia el principio femenino, poniendo así en actividad el proceso creador. Pero el
principio femenino es el único que ejecuta siempre el trabajo activo creador en todos
los planos absolutamente. Pero, sin embargo, cada principio es incapaz de energía
operadora sin la ayuda del otro. En algunas de las formas de la vida los dos principios
se combinan en un solo organismo. Por esta razón, todo en el mundo orgánico
manifiesta ambos géneros: siempre está el principio masculino presente en la forma
femenina. Las enseñanzas herméticas comprenden en gran parte la operación de los
dos principios del género en la producción y manifestación de las diversas formas de
energía, etc., pero no es necesario entrar en detalles sobre el mismo en este asunto,
pues no es posible endosarlas momentáneamente con pruebas científicas que aún no
existen, debido a que la ciencia no ha progresado todavía suficientemente. Pero el
ejemplo expuesto sobre los fenómenos de los electrones o corpúsculos demuestra que
la ciencia está en el verdadero camino y también da una idea general sobre los
principios subyacentes.
Algunos investigadores científicos han anunciado su creencia de que, en la
formación de los cristales, se encuentra algo que corresponde a una especie de
actividad sexual, lo que es una prueba más de la dirección de donde sopla el viento
actualmente sobre el campo de la ciencia.
Y cada año que pasa aportará nuevos hechos que corroborarán la exactitud del
Principio Hermético de Género. Se encontrará que el género está en operación
constante, manifestándose en todo el campo de la materia inorgánica, así como en el
campo de la energía o fuerza. La electricidad se considera actualmente como «algo»
en lo que todas las demás formas de energía se mezclan o disuelven. La Teoría
Eléctrica del Universo es la última doctrina científica emitida, y está adquiriendo
rápidamente gran popularidad y aceptación. Y de esto se deduce que, si hemos
podido descubrir en el fenómeno de la electricidad, en la misma raíz o fuente de sus
manifestaciones, una evidencia clara e inequívoca de la presencia del género y de sus
actividades, se puede afirmar sin miedo que la ciencia llegará, últimamente, a ofrecer
pruebas de la existencia, en todos los fenómenos del universo, de ese gran principio
hermético: el Principio de Género.
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No es necesario perder el tiempo hablando del conocido fenómeno de la
«atracción y de la repulsión» de los átomos, de la afinidad química, de los amores y
odios de las moléculas, de la atracción o cohesión entre las partículas de la materia.
Esos hechos son harto conocidos como para exigir mayores comentarios. Pero ¿se ha
pensado alguna vez en que todas esas cosas no son más que manifestaciones del
principio de Género? ¿No se ve claramente que el fenómeno es general, trátese de
corpúsculos, moléculas o electrones? Y todavía más: ¿no es enteramente razonable y
lógica la enseñanza hermética que afirma que la misma ley de la gravitación —esa
extraña atracción por la cual todas las partículas y cuerpos en el universo tienden
unos hacia otros— no es sino otra manera de manifestarse del principio del género,
que opera en la dirección de atraer las energías masculinas hacia las femeninas y
viceversa? No es posible ofrecer pruebas científicas por el momento, pero si se
examinan los fenómenos a la luz de las doctrinas herméticas sobre el asunto se verá
que no existe hipótesis alguna mejor que la actual, que explique los problemas.
Sométanse todos los fenómenos físicos a la prueba, y se verá que el principio del
género se hace evidente.
Pasemos ahora a considerar la operación de este principio en el plano mental.
Muchos hechos interesantes están esperando nuestro examen.
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CAPÍTULO XIV
GÉNERO MENTAL
Los estudiantes de psicología que han seguido atentamente el tren del pensamiento
moderno en lo que respecta a los fenómenos mentales habrán quedado extrañados de
la rara insistencia de la idea o concepto de la dualidad mental que se ha manifestado
tan fuertemente durante los diez o quince años últimos, y que ha dado origen a gran
número de plausibles teorías concernientes a la naturaleza y constitución de esa
«doble mente». El difunto Thomson J. Hudson alcanzó gran popularidad en 1893 al
enunciar su conocida teoría sobre las «mentes objetiva y subjetiva», que, según
sostenía, existían en cada individuo. Otros autores han llamado igualmente la
atención con sus teorías referentes a las mentes «consciente y subconsciente», mentes
voluntaria e involuntaria, mente activa y pasiva, etc. Esas teorías podrán diferir según
cada autor, pero siempre queda el principio básico que es el de la dualidad mental.
El estudiante de la filosofía hermética se siente tentado por la sonrisa cuando lee
y oye hablar de esas numerosas teorías nuevas, respecto a la dualidad de la mente,
adhiriéndose cada escuela tenazmente a su propia doctrina, proclamando cada una
con empeño que ha sido ella la que ha descubierto la verdad. El estudiante que hojee
el libro de la historia oculta encontrará en su mismo principio referencias a las
antiguas enseñanzas herméticas sobre el principio del género. Y si prosigue su
examen, encontrará que esa antigua filosofía conoció el fenómeno de la dualidad
mental y la explicó mediante la teoría del género en la mente. Este concepto del
género mental puede ser explicado en pocas palabras a los estudiantes que ya se han
familiarizado con las teorías modernas que aluden al mismo. El principio masculino
de la mente corresponde a la llamada mente objetiva, mente consciente, mente
voluntaria o activa, etc., en tanto que el principio femenino corresponde a la llamada
mente subjetiva, subconsciente, involuntaria, pasiva, etc.
Por supuesto, la enseñanza hermética no concuerda con las muchas teorías
modernas concernientes a las dos fases de la mente, ni admite muchos de los hechos
proclamados por esas escuelas en apoyo de ese doble aspecto. Si indicamos la base de
la concordancia es para facilitar al estudiante la asimilación de los conocimientos
adquiridos con anterioridad sobre la filosofía hermética. Los estudiantes de Hudson
conocerán la proposición que se hace en el principio del segundo capítulo de su obra
The Law of Psychic Phenomena (la Ley de los Fenómenos Psíquicos), que dice: «la
jerigonza mística de los filósofos herméticos expresa la misma idea general»… o sea
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la dualidad de la mente. Si el doctor Hudson se hubiera tomado el trabajo de descifrar
algo más «la jerigonza mística de la Filosofía Hermética» hubiera recibido mucha luz
sobre el punto de la dualidad de la mente; pero entonces, quizás, su obra más
interesante no hubiera sido escrita. Consideremos ahora las enseñanzas herméticas
concernientes al género mental.
Los instructores herméticos imparten enseñanzas concernientes a este punto,
pidiendo a sus discípulos que se atengan al proceso de su propia conciencia, a su
propio yo. El discípulo fija entonces su atención internamente sobre el ego que está
en cada uno de nosotros. Cada estudiante ve que su propia conciencia le da como
primer resultante de la existencia de su yo: «Yo Soy». Esto, al principio, parece ser la
palabra final de la conciencia, pero un examen ulterior desprende el hecho de que
esto «yo soy» puede separarse en dos partes distintas o aspectos que, si bien trabajan
al unísono y en conjunción, sin embargo puede ser separadas en la conciencia.
Si bien al principio parece que solo existe un único Yo, un examen más cuidadoso
revela que existe un «yo» y un «mí». Este par mental difiere en características y
naturaleza, y el examen de esta, así como de los fenómenos que surgen de la misma,
arrojan gran luz sobre muchos de los problemas de la influencia mental.
Comencemos considerando el «mí», que generalmente se confunde con el «yo»,
si no se profundiza mucho en los recesos de la conciencia. El hombre piensa de sí
mismo (en su aspecto de «mí» o «me») como si estuvieran compuesto por ciertos
sentimientos, agrados, gustos, y disgustos, hábitos, lazos especiales, características,
etc., todo lo cual forma su personalidad, o el ser que conoce él mismo y los demás. El
hombre sabe que estas emociones y sentimientos cambian, que nacen y mueren, que
están sujetos al principio del Ritmo y al de la Polaridad, cuyos principios lo llevan de
un extremo a otro. También piensa de sí mismo como cierta suma de conocimientos
agrupados en su mente, que forman así una parte de él.
Este es el «mí» o «me» del hombre.
Pero quizás hemos precedido demasiado aprisa. El «mí» de muchos hombres está
compuesto en gran parte de la conciencia que tiene de su propio cuerpo y de sus
apetitos físicos, etc. Y, estando su conciencia limitadas en alto grado a su naturaleza
corporal, prácticamente «viven allí». Algunos hombres van tan allá en esto que
consideran su apariencia personal como parte de su «mí», y realmente la consideran
parte de sí mismo. Un escritor dijo con mucho humorismo en una oportunidad que el
hombre se compone de tres partes: «Alma, cuerpo y vestidos». Y esto haría que
muchos perdieran su personalidad si se les despojara de sus vestidos. Pero, aun
aquellos que no están tan estrechamente esclavizados con la idea de su apariencia
personal, lo están por la conciencia de sus cuerpos. No pueden concebirse sin él. Su
mente les parece que es algo «que pertenece» a su cuerpo, lo que, en muchos casos,
es realmente cierto.
Pero conforme el hombre adelanta en la escala de la conciencia, va adquiriendo el
poder de desprender a su «mí» de esa idea corporal, y puede pensar de su cuerpo que
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es algo «que pertenece» a su propia parte mental. Pero aun entonces es muy capaz de
identificar el «mí» completamente con sus estados mentales, sensaciones, etc., que
siente existen dentro de él. E identificará esos estados consigo mismo, en vez de
estimarlos como simples «cosas» producidas por su mentalidad, existentes en él,
dentro de él y proviniendo de él, pero que, sin embargo, no son él mismo. Puede
comprobar también que esos estados cambian mediante un esfuerzo volitivo, y que es
capaz de producir una sensación o estado de naturaleza completamente opuesta de la
misma manera, y, sin embargo, sigue existiendo siempre el mismo «mí». Después de
un tiempo, podrá así dejar a un lado esos diversos estados mentales, emociones,
sentimientos, hábitos, cualidades, características y otras posesiones personales,
considerándolas como una colección de cualidades, curiosidades o valiosas
posesiones del «no mí». Esto exige mucha concentración mental y poder de análisis
de parte del estudiante. Pero ese trabajo es posible, y hasta los que no están muy
adelantados pueden ver, en su imaginación, como se realiza el proceso descrito.
Después de realizado ese ejercicio el discípulo se encontrará en posesión
consciente de un «Ser» que puede ser considerado bajo su doble aspecto del «yo» y
de «mí». El «mí» se sentirá como algo mental en lo que pueden producirse los
pensamientos, ideas, emociones, sentimientos y otros estados mentales. Puede ser
considerado como si fuera la «matriz mental», según decían los antiguos, capaz de
generar mentalmente. Este «mí» se denuncia a la conciencia poseyendo poderes de
creación y generación latentes, de todas clases. Su poder de energía creadora es
enorme, según puede sentirlo uno mismo. Pero, a pesar de todo, se tiene la conciencia
de que debe recibir alguna forma de energía, bien del mismo «yo», inseparable
compañero, o bien de algún otro «yo», a fin de que así pueda producir sus creaciones
mentales. Esta conciencia aporta consigo una realización de la enorme capacidad de
trabajo mental y de poder creador que encierra.
El estudiante encuentra pronto que no es todo lo que hay en conciencia íntima,
pues ve que existe un algo mental que puede «querer» que el «mí» obre de acuerdo
con cierta línea creadora y que, sin embargo, permanece aparte, como testigo de esa
creación mental. A esta parte de sí mismo se le da el nombre del «yo». Y puede
reposar en su conciencia a voluntad. Allí se encuentra, no una conciencia de una
capacidad de generar y crear activamente en el sentido del proceso gradual común a
las operaciones mentales, sino más bien de la conciencia de una capacidad de
proyectar una energía del «yo» al «mí»: «Querer» que la creación mental comience y
proceda.
También se experimenta que el «yo» puede permanecer aparte, testigo de las
operaciones o creaciones mentales del «mí». Este doble aspecto existe en la mente de
toda persona, el «yo» representa al Principio Masculino del género mental, y el «mí»
al Principio Femenino. El «yo» representa el aspecto de Ser; el «mí» el aspecto de
«devenir». Se notará que el principio de correspondencia opera en este plano lo
mismo que en el que se realiza la creación del Universo. Los dos son parecidos, si
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bien difieren enormemente de grado. «Como es arriba, es abajo; como es abajo, es
arriba».
Estos aspectos de la mente —los principios masculinos y femeninos— el «yo» y
el «mí» —considerados en relación con los fenómenos psíquicos y mentales ya
conocidos—, dan la clave maestra para dilucidar la operación y manifestación de esas
nebulosas regiones de la mente. El principio del género mental aporta la verdad que
se encierra en todo el campo de los fenómenos de influencia mental.
La tendencia del principio femenino es siempre la de recibir impresiones,
mientras que la tendencia del masculino es a darlas o a expresarlas. El principio
femenino tiene un campo de acción mucho más variado que el masculino. El
principio femenino conduce el trabajo de generar nuevos pensamientos, conceptos,
ideas, incluso la obra de la imaginación. El masculino se contenta con el acto de
«querer» en sus varias fases. Sin embargo, sin la ayuda activa de la voluntad del
principio masculino, el femenino puede contentarse con generar imágenes mentales
que son el resultado de impresiones recibidas del exterior, en vez de producir
creaciones mentales originales.
Las personas que pueden prestar continuada atención a un sujeto emplean
activamente ambos principios mentales: el femenino, en el trabajo activo de la
generación mental, y el masculino en estimular y dar energía a la porción creadora de
la mente. La mayoría apenas hace uso del principio masculino, y se contenta con
vivir de acuerdo con los pensamientos e ideas que se filtran en su «mí» y provienen
del «yo» de otras mentalidades. Pero no es nuestro propósito detenernos en esta faz
del asunto, cosa que puede estudiarse en cualquier tratado bueno de psicología, con la
clave ya indicada sobre el género mental.
El estudiante de los fenómenos psíquicos conoce la realidad de los maravillosos
fenómenos clasificados como telepatía, influencia mental, sugestión, hipnotismo, etc.
Muchos han buscado explicación a estas diversas fases de los fenómenos, siguiendo
las teorías de dualidad mental promulgadas por los diferentes instructores. Y, hasta
cierto punto, están en lo cierto, porque, realmente existe una manifestación clara y
definida de dos fases distintas de actividad mental. Pero si esos estudiantes
consideran esa dualidad a la luz de las enseñanzas herméticas concernientes a la
vibración y al género mental, verían que la clave tan buscada la tienen al alcance de
la mano.
En los fenómenos telepáticos se ve que la energía vibratoria del principio
masculino se proyecta hacia el principio femenino de otra persona, y que esta última
absorbe ese pensamiento y le permite desarrollarlo y madurarlo. En la misma forma
obra la sugestión y el hipnotismo. El principio masculino de una persona da la
sugestión dirigiendo una corriente de energía o poder vibratorio hacia el principio
femenino de otra, y esta, al aceptarla, la hace suya y piensa en consecuencia. Una
idea así alojada en la mente de otra persona crece y se desenvuelve, y a su tiempo es
considerada como una verdadera creación mental del individuo, mientras que en
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realidad no es más que el huevo de un cuco puesto en el nido del gorrión, pues aquel
pájaro pone sus huevos en un nido ajeno. El proceso normal es que el principio
masculino y el femenino de una persona obren coordinada y armoniosamente
conjuntamente. Pero, desgraciadamente, el principio masculino del hombre corriente
es demasiado inerte y perezoso para obrar y el despliegue de poder volitivo es muy
ligero, y, en consecuencia, la mayoría está dirigida por las mentes y voluntades de los
demás a quienes se permite querer y pensar por uno mismo. ¿Cuántos pensamientos u
obras originales hace el hombre corriente? ¿No es la mayoría de los hombres simple
sombra o eco de los que tienen una mente o voluntad más fuerte que la suya? La
perturbación proviene de que el hombre corriente descansa casi completamente en su
conciencia del «mí» y no comprende que, realmente tiene un «yo». Está polarizado
en su principio femenino mental, y su principio masculino, en el que reside la
voluntad, está inactivo e inerte.
El hombre fuerte del mundo manifiesta invariablemente el principio masculino de
voluntad, y su fuerza depende materialmente de este hecho. Y en vez de vivir en las
impresiones que le producen otras mentalidades, domina su propia mente, mediante
su voluntad, obteniendo así la clase de imágenes mentales que quiere y domina y
dominando así también las mentes ajenas de la misma manera.
Contémplese un hombre fuerte y véase como se las arregla para implantar sus
gérmenes mentales en la mente de las masas, obligándolas así a pensar de acuerdo
con sus deseos. Este es el porqué las masas son como rebaños de carneros, que nunca
originan una idea propia ni emplean sus propios poderes y actividades mentales.
La manifestación del género mental puede notarse en todas partes diariamente.
Las personas magnéticas son las que pueden emplear su principio masculino para
imprimir sus ideas sobre los demás. El actor que hace reír o llorar a la concurrencia
está haciendo uso de este principio. Igualmente sucede con el orador, político,
predicador o cualquier o cualquier otro que atraiga la atención pública. La influencia
peculiar que ejerce un hombre sobre otro es debido a la manifestación del género
mental según las líneas vibratorias ya indicadas. En este principio está el secreto del
magnetismo personal, de la fascinación, etc., así como también de los fenómenos
agrupados bajo el nombre de hipnotismo.
El estudiante que se ha familiarizado con los fenómenos generalmente
denominados psíquicos habrá descubierto la importante parte que desempeña en los
citados fenómenos esa fuerza que la ciencia llama «sugestión», por cuyo término se
indica el proceso o método por el cual se transfiere una idea o se imprime sobre la
mente de otro, obligando así a la segunda mentalidad a obrar concordantemente. Una
verdadera comprensión de la sugestión es necesaria para comprender
inteligentemente los varios fenómenos psíquicos a que la sugestión da origen. Pero
aún es más necesario el conocimiento de la vibración y del género mental, porque
todo el principio sugestivo depende de estos.
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Los escritores sobre la materia de sugestión dicen que la mente objetiva o
voluntaria es la que hace la impresión mental, o sugestión, sobre la mente subjetiva o
involuntaria. Pero no describen el proceso ni indican alguna analogía mediante la cual
sea más fácil comprender la idea. Si se contempla el asunto a la luz de las enseñanzas
herméticas, se verá que la energetización del principio femenino por la energía
vibratoria del masculino está de acuerdo con las leyes universales de la naturaleza, y
el mundo natural ofrece innumerables analogías que facilitan la comprensión del
principio. En realidad, la doctrina hermética afirma que la misma creación del
universo obedece a dicha ley y que en todas las manifestaciones creadoras sobre los
planos espiritual, mental, y físico, siempre está en operación el principio de género: la
expresión de los principios masculino y femenino. «Como es arriba, es abajo; como
es abajo, es arriba». Y aun más que esto: cuando se comprende este principio se es
capaz de clasificar inteligentemente de inmediato los variados fenómenos
psicológicos, en vez de quedarse confuso ante ellos. El principio realmente trabaja en
la práctica, porque está basado sobre las leyes universales e inmutables de la vida.
No entraremos ahora en una dilucidación detallada de los diversos fenómenos
concernientes a la influencia mental o a la actividad psíquica. Hay muchos libros, en
su mayor parte muy buenos, que se han escrito últimamente sobre el asunto. Los
hechos principales señalados en esas obras son exactos, aunque los diversos autores
tratan de explicarlos por las diferentes teorías de su propia cosecha. El estudiante
puede familiarizarse con estas materias, y utilizando la doctrina del género mental
podrá coordinar convenientemente la masa caótica de teorías y enseñanzas en
conflicto, y podrá, además, adueñarse completamente del asunto si a ello se sintiera
inclinado. El objeto de esta obra no es el de dar una explicación extensa de los
fenómenos psíquicos, sino más bien el de indicar sencillamente la clave maestra que
abre las muchas puertas que conducen al Templo del Saber, si se desea explorar su
interior. Creemos que al examinar las enseñanzas encerradas en El Kybalion es fácil
encontrar la explicación de muchas dificultades que confunden. De nada sirve entrar
en detalles referentes a las muchas características de los fenómenos psíquicos y
mentales si al estudiante le son dados los medios para comprender el asunto que atrae
su atención. Con la ayuda de El Kybalion se puede entrar en cualquier biblioteca,
pues la antigua luz de Egipto iluminará las páginas confusas y los problemas
obscuros. Este es el verdadero objeto de esta obra. No venimos a exponer una
filosofía nueva, sino a suministrar las bases fundamentales de la antigua enseñanza
universal que esclarece todas las doctrinas, y que servirá para conciliar todas las
teorías, por diferentes u opuestas que parezcan.
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CAPÍTULO XV
AXIOMAS HERMÉTICOS
El Kybalion
Esta es una de las más importantes fórmulas herméticas y está basada sobre
verdaderos principios científicos. Ya se indicó que un estado mental y su opuesto eran
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sencillamente dos polos de una misma cosa, y que mediante la transmutación mental
esa polaridad podía ser invertida. Los modernos psicólogos conocen ese principio y
lo aplican para disolver los hábitos no deseables, aconsejando a sus discípulos la
concentración sobre la opuesta cualidad. Si uno tiene miedo, es inútil que pierda su
tiempo tratando de matar el miedo, sino que debe cultivar el valor, y entonces el
miedo desaparecerá. Algunos autores han expresado esta idea, ilustrándola con el
ejemplo de una habitación oscura. No hay que perder el tiempo tratando de arrojar
afuera a la oscuridad, sino que es muchísimo mejor abrir las ventanas y dejar entrar la
luz, y la oscuridad desaparecerá por sí sola. Para matar una cualidad negativa es
necesario concentrarse sobre el polo positivo de esa misma cualidad, y las
vibraciones cambiarán gradualmente de negativas en positivas, hasta que finalmente
se polarizará en el polo positivo, en vez de estarlo en el negativo. La inversa es
también verdad, porque muchos han encontrado el dolor por haberse permitido vibrar
demasiado constantemente en el polo negativo de las cosas. Cambiando la polaridad
pueden dominarse las modalidades y estados mentales, rehaciendo toda la disposición
propia y construyendo así el carácter. Mucha parte del dominio que los herméticos
avanzados poseen sobre su mentalidad es debida a la inteligente aplicación de la
polaridad, que es uno de los más importantes aspectos de la transmutación mental.
Recuérdese el axioma hermético, citado anteriormente, que dice:
«La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de
condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración».
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la oscilación del péndulo mental se manifieste en el plano inferior, mientras él
permanece en el otro, librando así su conciencia de la oscilación contraria.
Esta se efectúa polarizándose en el Yo Superior, elevando así las vibraciones
mentales del Ego sobre el plano de conciencia ordinario. Es lo mismo que levantarse
por encima de una cosa y permitir que esta pase por debajo. El hermético avanzado se
polariza en el polo positivo de su ser, el YO SOY, más bien que en el polo de su
personalidad, y, rehusando y negando la operación del Ritmo, se eleva sobre su plano
de conciencia, permaneciendo firme en su afirmación de ser, y la oscilación pasa en
el plano inferior, sin cambiar para nada su propia polaridad. Esto lo realizan todos los
individuos que han alcanzado cualquier grado de dominio propio, comprendan o no la
ley. Esas personas rehúsan sencillamente el dejarse arrastrar por la oscilación, y
afirmando resueltamente su superioridad permanecen polarizados positivamente. El
maestro por supuesto, alcanza un mayor grado de perfeccionamiento porque
comprende perfectamente la ley que está dominando con la ayuda de una ley
Superior, y mediante su voluntad adquiere un grado de equilibrio y firmeza casi
imposible de concebir por los que se dejan llevar de un lado a otro por las
oscilaciones de la emotividad.
Recuérdese siempre, sin embargo, que el principio del Ritmo no puede ser
destruido, porque es indestructible. Solo es posible sobreponerse a una ley
equilibrándola con otra, manteniéndose así el equilibrio. Las leyes del equilibrio
operan tanto en el plano mental como en el físico, y la comprensión de esas leyes le
permiten a uno sobreponerse a ellas, contrabalanceándolas.
«Nada escapa al principio de causa y efecto, pero hay muchos planos de Causalidad y uno puede
emplear las leyes del plano superior para dominar a las del inferior».
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efecto en vez de dejarse dominar por él. Por supuesto, aun los seres más elevados
están sujetos a este principio según se manifiesta en los planos superiores, pero en los
inferiores son señores y no esclavos. Según dice El Kybalion:
«El sabio sirve en lo superior, pero rige en lo inferior. Obedece a las leyes que están por encima
de él, pero en su propio plano y en las que están por debajo de él, rige y ordena. Sin embargo, al
hacerlo, forma parte del principio en vez de oponerse al mismo. El sabio se sumerge en la Ley, y
comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo. Semejantemente al
buen nadador, va de aquí para allá, según su propia voluntad, en vez de dejarse arrastrar como el
madero que flota en la corriente. Sin embargo el nadador, el sabio y el ignorante, están todos sujetos
a la ley. Aquel que esto comprenda va en el buen camino que conduce a la Maestría».
Para concluir, recordamos nuevamente el axioma hermético que dice que: «La
verdadera transmutación hermética es un arte mental».
En dicho axioma el hermético indica que el ambiente externo se influencia
mediante el poder de la mente. El Universo, que es totalmente mental, puede ser
solamente dominado mediante la mentalidad. En esta verdad se encontrará la
explicación de todos los fenómenos y manifestaciones de los diversos poderes
mentales que tanto están atrayendo la atención actualmente, en pleno siglo XX. Tras
toda la enseñanza dada por las diversas escuelas o religiones, yace siempre
constantemente el principio de la substancialidad mental del Universo. Si este es
mental, en su naturaleza intrínseca, fácilmente se deduce que la transmutación mental
debe modificar y transformar las condiciones y los fenómenos del Universo, y que la
mente debe ser el mayor poder que pueda afectar sus fenómenos. Si se comprende
esta verdad, todos los llamados milagros y maravillas dejarán de tener punto alguno
oscuro, porque la explicación es por demás clara y sencilla.
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expuestos aquí. El Kybalion es, pues, una exposición sincera y rotunda de los
esquemas básicos del esoterismo, y como muy bien lo señalan los tres iniciados, no
se proponen erigir un nuevo templo de la sabiduría, sino poner manos del
investigador la llave que abrirá las numerosas puertas internas que conducen hacia el
Templo del Misterio. Y, en rigor de la verdad, las muchas reediciones de esta obra, su
constante renovación, a través de los distintos círculos herméticos del mundo en sus
reflexiones, pláticas, conferencias y clases, son ratificación elocuentísima de las
bondades de una doctrina que ilumina a la humanidad desde hace siglos.
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