ACTIVIDAD PRÁCTICA 4
DERECHO PROCESAL III
MAESTRÍA EN DERECHO PROCESAL
(DOC. CASTELLANOS - GULLI)
NÚMERO DE GRUPO:CAT B - EDH - Grupo Nro. 4
INTEGRANTES:
Barrionuevo, Gabriela Alejandra DNI 41264454
Bigot, Cecilia DNI 29447759
De Souza Sarmento Sobrinho, Franco DNI 37949258
Ibáñez, Paula Sofia DNI 35909572
Recalde Martí, Milagros DNI 36604547
NORMATIVA ESCOGIDA:
Ley 24.660, Ley nacional de ejecución de la pena privativa de la libertad Dec. regl. 18/97 (que
regula el capítulo IV de disciplina de la ley 24660) Código Procesal Penal de la Nación
Año 2024
1. ¿Corresponde admitir el recurso de casación como vía para el control de la resolución
impugnada? ¿Por qué? En caso afirmativo, ¿cuál sería el motivo? ¿Sustancial, formal?
Sí, corresponde admitir el recurso de casación porque conforme el criterio sentado por la
CSJN a partir del fallo “Romero Cacharane” (Fallos: 327:388), el interno puede interponer recurso
de casación ante la CFCP contra la resolución del juez de ejecución. Por motivos sustanciales, por
cuanto los argumentos del juez residen principalmente en el informe disciplinario elaborado por la
autoridad penitenciaria, pero no se observa de la lectura del caso, que el juez competente hubiere
efectuado un análisis legal de los antecedentes del caso.
La sentencia del juez de ejecución deviene arbitraria por fundamentación aparente y parcial
puesto que solo valoró los antecedentes negativos del interno, sin hacer mención a los aspectos
positivos que había logrado.
2. Si fuesen tribunal de alzada, ¿cómo resolverían el caso y bajo qué argumentos?
Haríamos lugar a la libertad condicional porque no se debe perder de vista que el artículo 1
de la ley de ejecución establece que su finalidad es lograr que la persona sometida a ella adquiera la
capacidad de comprender y respetar la ley procurando su adecuada reinserción social. Es decir, la
ley adopta como fin de la ejecución de la pena -y no de la pena- el “ideal resocializador” (Salt,
Marcos G.: Comentarios a la nueva ley de ejecución de la pena privativa de libertad en Nueva
Doctrina Penal 1996/B, Editores del Puerto, Buenos Aires, 1996, p.611 y ss.); criterio que además
se mantuvo con la modificación de la ley 27.375, aunque paradójicamente la norma luego veda el
acceso a los institutos que hacen a la plena vigencia del art. 1.
Entonces, la ley establece la progresividad del régimen penitenciario, cuya finalidad está
dada por la atenuación cualitativa de la forma en la que se cumple la pena, permitiendo que el
condenado vaya recuperando el ejercicio de los derechos que le fueron limitados por la sentencia
condenatoria. De esta forma, el contacto progresivo con el medio libre favorecerá ese ideal, que en
algún momento de la pena debe ser definitivo. De ahí que la ley prevea egresos transitorios y
permanentes evitando a ultranza que la persona agote su pena sin transitar un tiempo en libertad.
De esta manera, la interpretación del sistema progresivo debe hacerse desde un punto de
vista integral, que no se limite únicamente a las fases y períodos enunciados en el art. 12 de la ley
24.660 sino que incluya a todos aquellos institutos que impliquen una morigeración del encierro
(salidas transitorias, semilibertad, libertad condicional y libertad asistida).
Al respecto resulta oportuno recordar que la ejecución de la pena privativa de la libertad se
rige principalmente por un sistema progresivo que es la materialización del principio constitucional
de reintegración social consagrado en los Tratados Internacionales de Derechos Humanos (art. 10.3
PIDCyP y el art. 5.6 de la CADH).
De modo que, tanto la legislación como la función carcelaria y judicial deben tener en miras
la reintegración social, lo que significa que cualquier decisión o norma que sea restrictiva de este
postulado será contraria al fin de la ejecución de la pena.
Por lo que, limitar en esta instancia la libertad condicional atenta contra la progresividad del
régimen consagrado constitucional (arts. 18, 75 inc. 22, 5.6, CADH, 10.3 PIDCyP) y legalmente
(artículos 6, 12, 7, 8, 14, 28, ley 24.660), en tanto importa una restricción para acceder a institutos
liberatorios que hacen a la naturaleza resocializadora del modelo.
3. En el caso original hubo un voto en disidencia, ¿qué argumentos brindarían en sentido
contrario a los considerandos para responder a la pregunta previa?
Si se emitiera un voto en disidencia respecto a la concesión de la libertad condicional, se
podría argumentar que la concesión de la libertad condicional no es procedente si no se acredita de
manera fehaciente que el condenado está preparado para reintegrarse a la sociedad sin riesgos.
Además, las decisiones en esta etapa deben reflejar un equilibrio entre los derechos del
condenado y la protección del interés general, siendo este último de mayor jerarquía en casos de
duda razonable.
También se podría decir que el interno no presenta la idoneidad suficiente para su
reintegración social. Aunque la progresividad del régimen penitenciario es fundamental, debe
demostrarse que el interno reúne las condiciones necesarias para reintegrarse de manera efectiva a
la sociedad. Si el informe disciplinario refleja faltas recientes o comportamientos que evidencian
una inadecuada evolución, sería prematuro conceder la libertad condicional.
Se presenta un incumplimiento de requisitos legales, dado que la Ley 24.660 y sus
modificaciones exigen el cumplimiento de parámetros objetivos para la concesión de la libertad
condicional. Si no se ha completado el tiempo mínimo exigido, o si existen observaciones negativas
sobre la conducta del interno, se justificaría la negativa.
En este punto se presenta el riesgo de reincidencia, en virtud esta posibilidad, ante la
aplicación de la libertad condicional, es necesario realizar una evaluación rigurosa del riesgo de
reincidencia. En casos donde el condenado no haya demostrado un cambio sostenido y positivo en
su comportamiento, sería incompatible con el objetivo de proteger a la sociedad.
Además del objetivo resocializador, la pena también cumple una función retributiva, que no
debe ser desvirtuada por la aplicación excesivamente flexible de los institutos liberatorios. La
libertad condicional, si se otorga de manera anticipada o sin un análisis exhaustivo, podría ser
percibida como un incumplimiento de la justicia.
Se debe asegurar la protección de la seguridad pública, conforme al artículo 28 de la Ley
24.660, el juez debe evaluar el impacto de la libertad condicional en la comunidad. Si existen
factores que indiquen que el condenado podría poner en riesgo la seguridad pública, prevalece la
necesidad de garantizar el bienestar colectivo.
Principio de prudencia judicial, el tribunal tiene el deber de actuar con máxima cautela al
conceder beneficios que impliquen una mayor libertad del condenado. En casos donde la evaluación
de las pruebas no es concluyente respecto a la rehabilitación del interno, es preferible priorizar la
seguridad jurídica y social.