TEMAS: INFORME BRUNTLAND 1987
LIMITES DEL CRECIMIENTO
INFORME BRUNDTLAND 1987
En Octubre de 1984 se reunió por primera vez la Comisión Mundial
sobre Medio Ambiente y Desarrollo (World Commission on
Environment and Development) atendiendo un urgente llamado
formulado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el
sentido de establecer una agenda global para el cambio (A global
agenda for change). La Comisión partió de la convicción de que es
posible para la humanidad construir un futuro más próspero, más
justo y más seguro.
Con ese enfoque optimista publicó en abril de 1987 su informe
denominado "Nuestro Futuro Común" (Our Common Future). El
informe plantea la posibilidad de obtener un crecimiento económico
basado en políticas de sostenibilidad y expansión de la base de
recursos ambientales. Su esperanza de un futuro mejor, es sin
embargo, condicional. Depende de acciones políticas decididas que
permitan desde ya el adecuado manejo de los recursos ambientales
para garantizar el progreso humano sostenible y la supervivencia
del hombre en el planeta. En palabras de la misma Comisión, el
informe no pretende ser una predicción futurista sino un llamado
urgente en el sentido de que ha llegado el momento de adoptar las
decisiones que permitan asegurar los recursos para sostener a ésta
generación y a las siguientes. Cuando se conformó la Comisión en
1983 como un cuerpo independiente de los Gobiernos y del sistema
mismo de las Naciones Unidas, era ya unánime la convicción de
que resultaba imposible separar los temas del desarrollo y el medio
ambiente.
Objetivos
Satisfacer las necesidades humanas. Llevar a cabo dos
tipos de restricciones:
ecológicas, es decir, la conservación de nuestro planeta
Tierra;
morales: renunciar a los niveles de consumo a los que no
todos los individuos puedan aspirar.
Crecimiento económico en los lugares donde no se
satisfacen las necesidades anteriores, es decir, en los
países pobres.
Control demográfico, referido principalmente a las tasas de
natalidad.
No poner en peligro los sitemas naturales que sostienen la
vida en la Tierra.
La conservación de los ecosistemas debe estar
subordinada al bienestar humano, pues no todos los
ecosistemas pueden ser conservados en su estado virgen.
El uso de los recursos no renovables debe ser lo más
eficiente posible.
El desarrollo sostenible requiere entender que la inacción
traerá consecuencias; se deben cambiar las estructuras
institucionales y fomentar las conductas individuales en
relación a los objetivos anteriormente descritos.
El término desarrollo sostenible, perdurable osustentable se aplica
al desarrollo socio-económico y fue formalizado por primera vez en
el documento conocido como informe brundtland (1987) . Dicha
definición se asumiría en el Principio 3.º de la Declaración de Río
(1992):
Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin
comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus
propias necesidades.
Esquema de los tres pilares del desarrollo sostenible.
El ámbito del desarrollo sostenible puede dividirse conceptualmente
en tres partes: ambiental, económica y social. Se considera el
aspecto social por la relación entre el bienestar social con el medio
ambiente y la bonanza económica.
Deben satisfacerse las necesidades de la sociedad como
alimentación, ropa, vivienda y trabajo, pues si la pobreza es
habitual, el mundo estará encaminado a catástrofes de varios tipos,
incluidas las ecológicas. Asimismo, el desarrollo y el bienestar
social, están limitados por el nivel tecnológico, los recursos del
medio ambiente y la capacidad del medio ambiente para absorber
los efectos de la actividad humana.
Ante esta situación, se plantea la posibilidad de mejorar la
tecnología y la organización social de forma que el medio ambiente
pueda recuperarse al mismo ritmo que es afectado por la actividad
humana.
Tres fueron los mandatos u objetivos impuestos a la Comisión:
1. Examinar los temas críticos de desarrollo y medio ambiente y
formular
Propuestas realistas al respecto.
2. Proponer nuevas formas de cooperación internacional capaces
de influir en la
Formulación de las políticas sobre temas de desarrollo y medio
ambiente con el fin de obtener los cambios requeridos.
3. Promover los niveles de comprensión y compromiso de
individuos,
Organizaciones, empresas, institutos y gobiernos.
Observó la Comisión que muchos ejemplos de "desarrollo"
conducían a aumentos en términos de pobreza, vulnerabilidad e
incluso degradación del ambiente. Por eso surgió como necesidad
apremiante un nuevo concepto de desarrollo, un desarrollo
protector del progreso humano hacia el futuro, el "desarrollo
sostenible". Muchas acciones actuales supuestamente orientadas
hacia el progreso resultan sencillamente insostenibles, implican una
carga demasiado pesada sobre los ya escasos recursos naturales.
Puede que esas acciones reflejen utilidades en las hojas de balance
de nuestra generación, pero implican que nuestros hijos heredarán
pérdidas. Se trata de pedirle prestados recursos a las siguientes
generaciones a sabiendas de que no se les podrá pagar la deuda.
Por eso la Comisión planteó que la humanidad tiene la capacidad
para lograr un "desarrollo sostenible", al que definió como aquel que
garantiza las necesidades del presente sin comprometer las
posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus
propias necesidades. El concepto de desarrollo sostenible implica
limitaciones. Considera la Comisión que los niveles actuales de
pobreza no son inevitables. Y que el desarrollo sostenible exige
precisamente comenzar por distribuir los recursos de manera más
equitativa en favor de quienes más los necesitan. Esa equidad
requiere del apoyo de los sistemas políticos que garanticen una
más efectiva participación ciudadana en los procesos de decisión,
es decir, más democracia a niveles nacional e internacional. En
últimas el desarrollo sostenible depende de la voluntad política de
cambiar. La Comisión centró su atención en los siguientes temas:
-Población y recursos humanos: La población mundial sigue
creciendo a un ritmo muy acelerado, especialmente si ese
incremento se compara con los recursos disponibles en materia de
vivienda, alimentación, energía y salud. Dos propuestas se formulan
al respecto:
-reducir los niveles de pobreza
-mejorar el nivel de la educación
-Alimentación: El mundo ha logrado volúmenes increíbles de
producción de alimentos. Sin embargo esos alimentos no siempre
se encuentran en los lugares en los que más se necesitan.
-Especies y ecosistemas: recursos para el desarrollo. Muchas
especies del planeta se encuentran en peligro, están
desapareciendo. Este problema debe pasar a convertirse en
preocupación política prioritaria.
-Energía: se sabe que la demanda de energía se encuentra en
rápido aumento, si la satisfacción de la misma se basara en el
consumo de recursos no renovables el ecosistema no sería capaz
de resistirlo. Los problemas de calentamiento y acidificación serían
intolerables. Por eso son urgentes las medidas que permitan hacer
un mejor uso de la energía. La estructura energética del siglo
veintiuno debe basarse en fuentes renovables.
- Industria: El mundo producía ya en 1987 siete veces más
productos de los que fabricaba en 1950. Los países industrializados
han podido comprobar que su tecnología anti polución ha sido
efectiva desde el punto de vista de costos en términos de salud,
propiedad y prevención de daño ambiental y que sus mismas
industrias se han vuelto más rentables al realizar un mejor manejo
de sus recursos.
-El reto urbano: Al comienzo del nuevo siglo prácticamente la mitad
de la humanidad habitará en centros urbanos. Sin embargo pocos
gobiernos de ciudades tercer mundistas cuentan con los recursos,
el poder y el personal para suministrarle a sus poblaciones en
crecimiento la tierra, los servicios y la infraestructura necesarios
para una adecuada forma de vida: agua limpia, sanidad, colegios y
transporte. El adecuado manejo administrativo de las ciudades
exige la descentralización, de fondos, de poder político y de
personal, hacia las autoridades locales.
El informe exhorta a los Gobiernos a asegurar que sus agencias y
divisiones actúen con responsabilidad en el sentido de apoyar un
desarrollo que sea sostenible económica y ecológicamente. Deben
fortalecer también las funciones de sus entidades encargadas del
control ambiental. Finalmente el informe realiza un llamado a la
acción. Recuerda que al comenzar el siglo veinte ni la población ni
la tecnología humana tenían la capacidad de alterar los sistemas
planetarios. Al terminar el siglo si tienen ese poder y más aún
muchos cambios no deseados se han ya producido en la atmósfera,
el suelo, el agua, las plantas, los animales y en las relaciones entre
éstos. Ha llegado pues el momento de romper lo patrones del
pasado. Los intentos por mantener la estabilidad social y ecológica
a través de esquemas anticuados de desarrollo y protección
ambiental aumentarán la inestabilidad. La seguridad debe buscarse
a través del cambio.
LOS LÍMITES DEL CRECIMIENTO
En1972, Universe Books, de Nueva York, publicaba el libro Los
límites del crecimiento, informe al Club de Roma, realizado por
Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers y
William W. Behrems. Estaba dedicado “al Dr. Aurelio Peccei, cuyo
profundo compromiso con la humanidad nos ha inspirado, al igual
que a otros muchos, a reflexionar acerca de los problemas del
mundo a largo plazo”. Fue en abril de 1968 cuando se reunieron en
la Academia Dei Lincei de Roma una treintena de personas
científicos, educadores, economistas, humanistas, industriales y
funcionarios nacionales e internacionales procedentes de 10
países. Los había convocado Peccei, “un hombre de visión”, para
discutir sobre un tema de especial relieve: el presente y el futuro de
la especie humana. Se trataba de abordar las cuestiones que
preocupan a todos los seres humanos con independencia de su
procedencia: pobreza en medio de la abundancia, degradación del
medio ambiente, descrédito de las instituciones, urbanización
descontrolada, inseguridad en el empleo, alineación juvenil, rechazo
de los valores tradicionales, inflación y otras anomalías monetarias
y económicas… En su conjunto, analizar, en terminología del Club
de Roma, la “problemática” mundial y aportar soluciones.
Un equipo del MIT (Massachussets Institute of Technology), dirigido
por el profesor Dennis Meadows, estudió los cinco factores básicos
que determinan, y en último término limitan, el crecimiento en el
planeta Tierra: población, producción agrícola, recursos naturales,
producción industrial y contaminación. Las conclusiones del informe
llaman la atención de quienes, en virtud de los sistemas
económicos y de gobernación vigente, “deterioran la calidad y
dirección de nuestra vida”, proporcionándoles nuevos enfoques e
ideas. Se pretende inducir a los lectores dicen en la introducción
introducción a pensar en las consecuencias del crecimiento“ y a
considerar la necesidad de una acción concertada si realmente
queremos preservar la habitabilidad de la Tierra para nosotros y
nuestros hijos”.
Las principales conclusiones son:
1) Si las presentes tendencias de crecimiento en la población
mundial, industrialización, contaminación, producción de alimentos y
utilización de recursos naturales no se modifican, los límites del
crecimiento del planeta se alcanzarían dentro de los próximos 100
años.
2) Es posible modificar estas tendencias de crecimiento y establecer
condiciones de estabilidad ecológica y económica de tal modo que
se prolongue de forma sostenible en el futuro. Podría diseñarse una
situación de equilibrio global que permitiera la satisfacción de las
necesidades materiales básicas de cada persona en la Tierra y
todas tendrían igual oportunidad de desarrollar su potencial humano
individual. En resumen, tenemos que prepararnos para un período
de gran transición: la transición desde el crecimiento al equilibrio
global. Algunos datos importantes:
• Crecimiento exponencial de la población: desde 1.000 millones de
habitantes de la Tierra en el año 1800 a 2.600 en 1950 y 6.000 en
el año 2000 (como previsión). Incremento de la longevidad.
• Producción de alimentos: se incrementará, con un crecimiento
exponencial con mayor productividad en espacios mejor
aprovechados.
• Consumo excesivo de reservas minerales.
• Consumo de energía per cápita y ¡ya en 1972! se alertaba sobre el
crecimiento de la concentración de anhídrido carbónico en la
atmósfera.
• El incremento de la población puede alcanzar el límite de la
“capacidad de alojamiento de la Tierra”
• Incremento de la productividad alimenticia.
• Necesidad imperiosa de regulación demográfica, mediante el
adecuado control de la natalidad.
• Nocivos efectos colaterales de la tecnología si no se toman las
medidas de protección adecuadas.
Por cuanto antecede, es necesaria la “elección de límites”: “La
relación entre los límites de la Tierra y las actividades humanas está
cambiando”: las curvas de crecimiento exponencial añaden millones
de personas y miles de millones de toneladas de contaminantes al
ecosistema cada año. Incluso el océano, que aparecía como
virtualmente inalterable, está perdiendo especies y capacidad
nutritiva.
La depredación humana, en conclusión, está traspasando los
límites que debería saber imponerse. Pero para ello es
imprescindible la existencia de instituciones internacionales que
vigilen y en su caso castiguen a los transgresores.
adoptando un comportamiento cotidiano consciente de lo que está
en juego, de tal manera que se consiga estabilizar el crecimiento
poblacional; evitar que se reduzcan en exceso las reservas de
recursos finitos; ampliar a todos los seres humanos las condiciones
de vida digna; eliminar los contaminantes, teniendo en cuenta las
generaciones venideras; fomentar el uso de energías renovables.
“La transición de crecimiento a equilibrio global es posible”,
concluyen los autores de este importantísimo informe. Se trata,
dicen al final, de tener en cuenta los valores humanos esenciales y,
de esta manera, decidir si tenemos que “proporcionar más alimento
a los pobres o más servicios a los ricos”. En 1992, el mismo equipo
alertó del incumplimiento de los “limites”, publicando Más allá de los
límites. Estaba claro que no se habían respetado las
recomendaciones del informe aparecido en 1972 y que el mundo se
precipitaba hacia el colapso.
Si las presentes tendencias de crecimiento en la población mundial,
industrialización, contaminación, producción de alimentos y
utilización de recursos naturales no se modifican, los límites del
crecimiento del Planeta se alcanzarán dentro de los próximos cien
años.
Sería mejor, desde luego, vivir en el marco de los límites impuestos
libremente, con rigor científico,
que tener que hacer frente después a las graves consecuencias de
no haber observado estas pautas de “sabia contención”.
Estas medidas pueden conducir a situaciones especialmente
graves en los fenómenos potencialmente irreversibles. En efecto,
pueden alcanzarse puntos de no retorno, lo que advierte
severamente sobre la responsabilidad de los gobernantes, en las
distintas escalas, para no aplazar la adopción de decisiones que
pueden prevenir a tiempo situaciones ya insolubles. Me gusta
repetir que se trata de la “ética del tiempo”, que hace especialmente
importante la acción de anticipación, una de las cualidades
distintivas de la humanidad, la prevención. Saber para prever,
prever para prevenir. Hoy más que nunca es necesario tener en
cuenta también esta función de la comunidad científica y
académica, al lado, nunca sometida, de los decisores. Las
consecuencias físicas y sociales de traspasar los límites deben, por
tanto, ser evitadas mediante las acciones a escala local y global
que sean apropiadas. El multilateralismo es la única forma que
permite fijar pautas de acción a escala planetaria y conseguir que
se observen. Frente al crecimiento desordenado, la “restricción
deliberada”, tomando en mano las riendas del destino, el peligro
aumenta. La urgencia de adoptar medidas también. El sumario de
este nuevo informe comienza así: “Las señales se hallan en todas
partes alrededor nuestro:
• El nivel del mar ha crecido entre 10 y 20 centímetros desde 1900.
La mayoría de los glaciares (no polares) se están reduciendo y la
extensión y espesor del hielo del polo Ártico decrece notoriamente,
especialmente en verano.
• En 1998 más del 45% de los habitantes de la Tierra han tenido
que vivir con ingresos que se sitúan alrededor de los 2 dólares
diarios como máximo. Entretanto, el 20% de la población ‘rica’ del
mundo posee el 85% del PIB global. Y la fosa entre ricos y pobres
no deja de ampliarse.
• En el año 2000, la FAO anunció que el 75% de la pesca en el
océano estaba sobrepasando los límites que podrían garantizar su
conservación.
• Lo mismo sucede con el suelo, que presenta una extraordinaria
degradación de la tierra utilizada para explotación agrícola”.
Está claro que son síntomas de un mundo explotado en exceso, del
cual extraemos recursos más rápidamente de lo que pueden
restablecerse, y liberamos productos de deshecho y contaminantes
en mayor cantidad de la capacidad de la Tierra para absorberlos o
hacerlos inocuos.
“Todo ello nos está conduciendo a un colapso medioambiental y
económico, aunque existen todavía posibilidades de tratar estos
desafíos y reducir su impacto”. Conste, dicen, que ya se alertó a
tiempo: hace más de 30 años que advertimos de los límites del
crecimiento. y al cumplirse en 1992 los 20 años de la publicación
del primer informe, de nuevo subrayamos en Más allá de los límites
que no se estaban adoptando las medidas adecuadas y que el
sistema económico desembocaría, si
no se reconducía radicalmente, a gravísimas crisis. Es cierto que en
los últimos 30 años –se reconoce en el informe de 2004– ha habido
ciertos progresos representados por nuevas instituciones,
tecnologías y, sobre todo, la toma de consciencia a escala mundial
sobre los problemas medioambientales… a pesar de lo cual “la
visión de la situación en 2004 es más pesimista que la de hace 12
años”.
Así, por ejemplo, la distancia entre los pobres y ricos se ha
incrementado durante las décadas pasadas, en lugar de reducirse
como se proclamaba en la “globalización”. Y se destaca que, con el
sistema actual, el crecimiento económico tiene lugar, sobre todo, en
los países que ya son ricos y, dentro de los mismos, también
favorece más a los ricos que a las capas de población menos
favorecidas.
La nueva economía deberá basarse en reducir el gasto en
armamento y en atender la producción de alimentos (agricultura,
acuicultura, biotecnología), porque la calidad de vida depende de la
nutrición, el agua, la salud, las fuentes energéticas, el respeto al
medio ambiente, la educación, el transporte y la paz.
Los límites del crecimiento incluyen tanto los materiales como la
energía que se extraen de la Tierra y la capacidad del planeta para
absorber los contaminantes que se generan cuando estos
materiales o fuentes energéticas se utilizan. Lo recursos pueden ser
renovables, como sucede en suelo agrícola, o no renovables, como
en las fuentes energéticas fósiles. Pero ambos tienen sus límites. El
más claro y relevante límite para la producción de alimentos es la
tierra. Es el suelo agrícola.
Desde 1990 al año 2000 la FAO ha estimado que más de 370
millones de acres de bosques –un área del tamaño de México– se
han destinado a otros usos. Más del 80% de la energía comercial
utilizada en el año 2000 procedía de fuentes fósiles no renovables
de energía: petróleo, gas natural y carbón. Y aunque se hallen
nuevos yacimientos, no cabe duda de que, en conjunto, se están
perdiendo para siempre unos materiales preciosos para la
humanidad. Se están quemando “joyas” muy necesarias para la
sostenibilidad productiva del futuro. Lo mismo sucede con los
minerales y otras materias de importantes recursos naturales finitos.
Y la población de la Tierra debe disfrutar, en su conjunto, de
vivienda, servicio de salud, educación, transporte, refrigeradores,
televisores. Se necesitará progresivamente mayor cantidad de
acero, cobre, cemento, aluminio. Aparte de lo que ésto implica
desde un punto de vista de utilización de recursos no renovables,
tiene que tenerse en cuenta la capacidad del planeta para absorber
los deshechos de este “acceso a los bienes materiales” de todos los
seres humanos y no sólo de unos cuantos privilegiados. Entre los
deshechos, los más peligrosos son los de las centrales nucleares y
los de química orgánica, ya que exigen sistemas de conservación
muy especiales, en los que no debería ahorrarse nada para la
protección y, sobre todo, para procurar que dejen de utilizarse
instalaciones y procesos que comprometen enormemente la calidad
de la habitabilidad en el futuro. Las actuales concentraciones
atmosféricas de anhídrido carbónico y de metano son muy
superiores a las que se calcula que han existido en los últimos 160
mil años. Las consecuencias pueden ser un grave cambio climático
con deshielo, elevación del nivel del mar, cambio de corrientes
marinas, fuertes tormentas, modificación de los períodos de lluvia,
así como cambios sustanciales en los hábitos migratorios de aves,
etc. “Debemos reconocer que el sistema socioeconómico actual ha
sobrepasado todos los límites y nos ha conducido hacia una
situación enormemente crítica”. Será necesario, por tanto, modificar
sustancialmente las presentes estructuras.
En 1987, la Comisión Mundial sobre Medioambiente y Desarrollo
definió a la “sociedad sostenible” en los siguientes términos: “Es
aquella que aporta y satisface las necesidades del presente sin
comprometer la capacidad de las generaciones futuras para
satisfacer sus propias necesidades”. Para ello, es necesario
establecer, sin más demora, aprovechando precisamente la
reacción a las crisis presentes financiera, alimentaria,
medioambiental, democrática, ética el sistema a escala mundial
que, como en el diseño del grupo de Franklin Delano Roosevelt al
término de la guerra del 39 al 45, permita, por fin, poner las riendas
del futuro de la humanidad en las manos de “los pueblos”, como tan
lúcidamente establece el primer párrafo del Preámbulo de la Carta
de las Naciones Unidas. Es la solución: es la gente la que debe, en
una democracia genuina, tomar las decisiones que permitan “evitar
la guerra”, es decir, construir la paz, “en favor de las generaciones
venideras”. En las Naciones Unidas, los Estados no sólo
sustituyeron a los pueblos, sino que más tarde cedieron buena
parte de sus recursos económicos e incluso responsabilidades a
grandes corporaciones supranacionales que han gozado de la
mayor impunidad, permitiendo tráficos de
drogas, capitales, patentes, armas, personas… y utilizando los
paraísos fiscales, que tanto daño han causado al tejido social a
escala global. También sustituyeron las ayudas por los préstamos,
la cooperación internacional por la explotación, de tal modo que los
flujos económicos pasaron de ser de Norte a Sur a ser de Sur a
Norte, en una de las más incomprensibles maniobras de lamentable
gobernación mundial de las últimas décadas. Porque, por si fuera
poco, al mismo tiempo que se debilitaba el sistema de las Naciones
Unidas y, por tanto, la posibilidad de llevar delante de los tribunales
a los transgresores de toda índole, los grupos plutocráticos de los
G-7, G-8, G-20, sustituían los principios democráticos por los que
tantos habían dado su vida (justicia social, libertad, igualdad,
solidaridad…) por las leyes del mercado. Ha llegado el momento de
la gran transición de súbditos a ciudadanos, de espectadores a
actores, de silenciosos a personas comprometidas e implicadas,
que participan intensamente, robusteciendo la democracia tanto a
escala local como regional y global. Hoy, históricamente, es posible,
gracias al progreso de las tecnologías de la comunicación, que
permite la participación no presencial a través de la telefonía móvil
(SMS) o de Internet. Esta movilización del poder ciudadano debe
ser liderada por la comunidad científica y académica, por los
intelectuales, los artistas, todos aquellos que hasta ahora han
estado como súbditos, sumisos y resignados, resistiendo a lo sumo
los desafíos de un poder que exigía, de manera indiscutible, que se
ofreciera la propia vida a los designios del poder. Ha llegado el
momento, como de forma tan clarividente establece la Constitución
de la UNESCO, de poner en práctica los principios democráticos
basados en la igual dignidad de todos los seres humanos. Es éste
el estandarte que a partir de ahora todos tenemos que defender,
para que, a la mayor brevedad posible, podamos llevar a cabo la
gran transición de una cultura de imposición, violencia y guerra,
basada desde el origen de los tiempos en el perverso adagio de “si
quieres la paz, prepara la guerra”, a una cultura de diálogo,
conciliación y paz. Es la gran transición de la fuerza a la palabra, la
que dará a los Parlamentos del futuro todo el valor de la
representación ciudadana. Hay que establecer los límites de
consumo y los límites del poder mediático, que en estos momentos
procuran la uniformización, la gregarización a escala mundial, en
lugar de favorecer la diversidad cultural, propia de esta riqueza que
representa cada ser humano único y capaz de crear límites a la
discrecionalidad de los Gobiernos y al ejercicio de la oposición para
que sea la democracia la que triunfe y no determinadas posiciones
políticas más atentas a los resultados electorales que al bien
común. Son necesidades de todos y no los deseos insaciables de
unos pocos lo que a partir de ahora tiene que tener en cuenta la
humanidad. Es esta transición que ahora, aprovechando
precisamente la reacción ciudadana ante las crisis, debemos
acelerar. En efecto, se han traspasado todos los límites en los
últimos años, por invasiones militares basadas en la mentira y por la
explotación que todavía sigue incontrolada en tantos países de la
Tierra (el coltán en el Congo, el oro por empresas multinacionales
canadienses en Guatemala, etc.), que ha conducido utilizando las
propias palabras del Presidente Obama– por su “codicia e
irresponsabilidad” a la gravísima situación que padecemos
actualmente y que afecta sobre todo, como siempre, a los más
débiles, a los más vulnerables. Es vergonzoso que hoy consintamos
que se estén gastando 3 mil millones de dólares al día en armas
cuando mueren más de 60 mil personas de hambre, todos los días,
de ellas 35 mil niños de 0 a 5 años. Hemos asistido atónitos al
“rescate” de las instituciones financieras y ahora debemos exigir
que se “rescate” a la gente que está padeciendo desde hace años
las consecuencias de un sistema nacional e internacional
totalmente injusto. No tenemos que dejar pasar mucho tiempo
porque, de otro modo, se desvanecería progresivamente la
irritación, la frustración que ha producido el que no hubiera dinero,
hace tan sólo nueve años, cuando se fijaban los objetivos del
milenio, para eliminar la pobreza extrema y el hambre del mundo, o
el sida, o enfermedades que ya no afectan a los más privilegiados,
“No hay dinero”, nos decían. No había dinero para remediar el
hambre. y, súbitamente, han aparecido centenares de miles de
millones para “rescatar” a los mismos que en buena parte eran
responsables de las crisis actuales.
Por ello debe aprovecharse esta situación de disentimiento radical
para el gran cambio de rumbo de la humanidad que es apremiante.
Tenemos que pasar de una economía de guerra, de concentración
de consumo en el 20% de la humanidad, a una economía de
desarrollo global sostenible en la que se atiendan las necesidades
básicas de todos los habitantes de la Tierra, todos iguales en
dignidad, y al mismo tiempo se amplíe el número de “clientes”. La
calidad de vida depende de: la nutrición, el agua, la salud, las
fuentes energéticas, el respeto al medio ambiente, educación,
transporte, paz.
La nueva economía deberá basarse, por tanto, en reducir el gasto
en armamentos –armamentos que por otra parte deben ser los
apropiados a la actual estrategia bélica y no vender artefactos
propios de guerras pretéritas– y atender la producción de alimentos
(agricultura, acuicultura, biotecnología); almacenamiento, reciclaje,
conducción y producción, por desalinización del agua que sea
necesaria; atención a los problemas de salud en todo el mundo,
especialmente a través de vacunaciones
y de investigación en las neurociencias, por la longevidad de la
población mundial; grandes inversiones en energías renovables
(eólicas, termo solar, fotovoltaica, temo marina, hidrógeno.),
transporte eléctrico; vivienda ecológica. Decía la profesora María
Novo hace poco que uno de los grandes problemas que tiene en
estos momentos la humanidad es la frecuente incapacidad para
discernir los límites. Tenemos que procurar que sea la sociedad civil
la que deliberadamente actúe en este sentido. Para establecerlos
correctamente necesitamos conocimiento. No hay peor enemigo
que la ignorancia. Por ello, quiero destacar que unos años después
de Los límites del crecimiento, se presentó al Club de Roma un
informe titulado No hay límites al aprendizaje. Esto es lo que
tenemos que tener en cuenta, si queremos realmente hacer frente a
los grandes desafíos que hoy tenemos planteados. Lo importante
es conocer, es inventar, es utilizar esta capacidad, que es nuestra
esperanza, que distingue a la especie humana: la de pensar,
imaginar, inventar, crear. “Toda ignorancia es una limitación. Todo
conocimiento es una liberación”, escribió el Premio Nobel Jean
Dausset. Podemos. Esta convicción, expresada por el Presidente
Obama tan reiteradamente en su campaña electoral, es la que debe
ahora adoptar como consigna la sociedad civil. Ya no seremos
testigos impasibles. Actuaremos. Como, por cierto, ha hecho el
Presidente Obama, al anunciar y confirmar el liderazgo de los
Estados Unidos en el desarme nuclear y en el cambio de estrategia
relativo al material bélico y naturaleza de las actuales
confrontaciones; al tender la mano hacia las distintas culturas, la
musulmana incluida, en lugar de declararla “eje del mal”; el regreso
al multilateralismo, en lugar de favorecer a pequeños grupos de
países ricos conducidos por inhábiles capitanes, en los últimos
años, de gobernación “globalizada”. Es tiempo de acción. “Es
tiempo de alzarse”, utilizando una vez más el verso de José Ángel
Valente. Y es tiempo de una “deliberada” adopción de límites.