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EMOCIONAL

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Clase 1 - ¿Qué son las emociones?

2. Validación emocional
¿Cuántas veces escuchamos decir “no llores”, “no es para tanto”, o alguna frase similar? El
uso de estas afirmaciones se encuentra tan arraigado en nuestra sociedad que, desde que
somos niños, entendemos que está “mal” experimentar ciertas emociones.

La invalidación emocional ocurre cuando se minimiza, niega, juzga o reprime cualquier


sentimiento. Tiene un impacto negativo en las personas, haciendo que duden de sí misma,
se sientan incomprendidas o aisladas, o no dispongan de los recursos suficientes para
gestionar lo que sienten. Además, cuando la invalidación se sostiene durante mucho
tiempo, genera graves problemas de confianza y autoestima, aumentando la probabilidad
de sufrir trastornos de ansiedad y depresión.

Aprender a aceptar y reconocer las emociones, sin bloquearlas o criticarlas, es una


habilidad que la mayoría de nosotros necesita fortalecer. En general, es algo que no se
enseña ni en las familias ni en los colegios, porque también ellos fueron invalidados. En
muchos casos, es nuestra propia sociedad la que impone un dominio de la razón sobre las
emociones, considerando a estas últimas como una debilidad.

Por el contrario, el entrenamiento en esta habilidad tiene muchos beneficios en el bienestar


y en la salud mental de las personas. En primer lugar, permite conocer y comprender mejor
quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir. En segundo lugar, facilita
mejores estrategias para afrontar y gestionar nuestros problemas y dificultades. En tercer
lugar, favorece una buena comunicación y la capacidad de tener vínculos sanos con los
demás.

Poder validarnos es esfuerzo doble, porque implica prestar atención tanto hacia el interior
de nosotros mismos, como hacia quienes nos rodean. Porque no es lo mismo validarme
como individuo, en singular, que validar a los demás. A veces, ante un mismo hecho,
podemos ser indulgentes con nosotros y severos con el otro. O, por el contrario, prestamos
excesiva atención a las necesidades de las otras personas, olvidando las cosas que
nosotros queremos y nos hacen sentir bien.

Se pueden trabajar 3 aspectos para aprender a validarnos. Uno de ellos es empezar a


tratarnos con amabilidad, sobre todo cuando experimentamos sensaciones, situaciones o
pensamientos incómodos. Por ejemplo, podemos considerar que no somos perfectos, y
que tenemos el derecho a equivocarnos y a cometer errores (haciéndonos responsables
por los mismos). Es estos casos, se pueden complementar con otras afirmaciones
positivas: tenemos el derecho a ser libres, a elegir donde queremos estar, o a tomar
nuestras propias decisiones.

Otro aspecto que podemos trabajar es permitirnos sentir las emociones a medida que van
surgiendo, sin juzgarlas o castigarnos por ellas. Para eso, es importante tomar un momento
para reflexionar y profundizar sobre lo que experimentamos. Siempre hay una causa para
toda emoción, no surgen de la nada. Sin embargo, tampoco hay que torturarse por sentir.
Si experimentamos emociones intensas o muy desagradables, lo mejor es buscar ayuda
con un terapeuta profesional que acompañe en ese proceso.

Por último, es necesario aprender a poner límites sanos. A diferencia de lo que


normalmente se piensa, los límites no son para las otras personas, si no para uno mismo.
Por ejemplo, en vez de decir “no me grites” podemos afirmar “yo no acepto vincularme con
personas que gritan”. De esta manera, no vamos en contra de la libertad individual de cada
uno de actuar como quiera (o pueda hacerlo), pero marcamos claramente cuáles son las
cosas que permitimos y cuáles no. Con esta estrategia podemos validar y hacer respetar
nuestros límites, sin invalidar a los demás.

Aprender a validar nuestras emociones no significa estar siempre de acuerdo con ellas, o
que debamos que dejarnos llevar sí o sí por sus impulsos. Simplemente es reconocer que
son reales y que estamos dispuestos a trabajar con ellas de manera constructiva.

Porque empezar a validarnos, a nosotros y a los demás, contribuye a que tengamos una
mayor consciencia sobre lo que nos pasa, y así gestionar mejor nuestras dificultades,
comunicar lo que sentimos y desarrollar vínculos más sanos.

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