Ser social y dominación en El Capital de
Marx
Diego Isaac Álvarez Beltrán
Universidad Nacional de Colombia
Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía
Bogotá, Colombia
2021
II
Ser social y dominación en El Capital de
Marx
Diego Isaac Álvarez Beltrán
Tesis presentada como requisito parcial para optar al título de:
Magíster en Filosofía
Director:
Ph.D Jaime Ramos Arenas
Línea de Investigación:
Estética, Hermenéutica y Filosofía de las Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Colombia
Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Filosofía
Bogotá, Colombia
2021
III
IV
Declaración de obra original
Yo declaro lo siguiente:
He leído el Acuerdo 035 de 2003 del Consejo Académico de la Universidad Nacional. «Reglamento sobre
propiedad intelectual» y la Normatividad Nacional relacionada al respeto de los derechos de autor. Esta
disertación representa mi trabajo original, excepto donde he reconocido las ideas, las palabras, o materiales
de otros autores.
Cuando se han presentado ideas o palabras de otros autores en esta disertación, he realizado su respectivo
reconocimiento aplicando correctamente los esquemas de citas y referencias bibliográficas en el estilo
requerido.
He obtenido el permiso del autor o editor para incluir cualquier material con derechos de autor (por ejemplo,
tablas, figuras, instrumentos de encuesta o grandes porciones de texto).
Por último, he sometido esta disertación a la herramienta de integridad académica, definida por la
universidad.
Nombre: Diego Isaac Álvarez Beltrán
Fecha 26/11/2021
V
VI
Un libro sólo existe gracias al afuera y en el exterior
MIL MESETAS
Este es, sin duda, el más terrible misil que jamás se ha
disparado a la cabeza de la burguesía
KARL MARX
VII
Agradecimientos
Debo expresar sinceros agradecimientos a mi familia por procurar el espacio desde el cual fue posible tejer
lo que acá se presenta, especialmente a mi madre, Ana Mercedes, quien me ayudó a dar el primer paso de
este proceso.
Este escrito expresa algo del tiempo y la alegre dedicación con la cual, durante tantas tardes los viernes, las
personas del Departamento de Filosofía que integramos el grupo de estudio de El Capital nos reunimos a
compartir. Nos debemos al estudio colectivo.
Por último: es alegre recordar que en medio de tantas derivas e incertidumbres conté con la compañía y la
amistad de quienes, a su manera y en distintas circunstancias, presenciaron mis extravíos. Fue gracias a su
escucha y sus palabras que pude reencontrar la determinación de escribir que no pocas veces perdí.
VIII
Resumen
Ser social y dominación en El Capital de Marx
En esta tesis se hace una lectura del primer libro de El Capital de Marx buscando desarrollar dos problemas
filosóficos: el primero, de tipo ontológico, referido al estatus de lo social para Marx; el segundo problema
referido a la dominación social en dos dimensiones: la dominación del proceso de producción sobre los
individuos y la dominación del modo de producción sobre la sociedad.
Palabras clave: Ontología social, Dominación, Marx, Crítica de la economía política, Subsunción
IX
Abstract
Social being and domination in Marx’s Capital
In this dissertation a reading of Marx’s Capital volume one is made in order to develop two philosophical
problems: firstly, an ontological problem related to the status of the social on Marx; secondly a problem linked
to the social dommination in two dimentions: the domnimation of process of producton over the individuals
and the domination of mode of production over the sociey.
Keywords: Social Ontology; Domination; Marx; Critique of political economy; subsumption.
X
Contenido
INTRODUCCIÓN 1
CAPÍTULO I: ONTOLOGÍA SOCIAL Y EL PROBLEMA DEL SER SOCIAL 5
1 La ontología social en Marx 6
1.1 La categoría de modo producción 7
1.2 Categorías trascendentes 9
1.3 Ontología del trabajo 11
1.4 Ontología social inmanente 14
2 El ser social como sustancia social en el primer capítulo de El Capital 17
2.1 Los cuatro momentos del primer capítulo 17
2.2 La sustancia social en El Capital 20
2.2.1 Caracterización de la noción de sustancia en Marx 22
2.2.2 La inmanencia de la sustancia social 26
2.2.3 Relacionalidad, variación y procesualidad de la sustancia social 30
2.3 La forma valor en El Capital 35
2.3.1 Génesis de la forma valor 37
2.3.2 Génesis del Dinero 42
2.4 Forma y contenido, sustancia social y forma valor. 43
3 El fetichismo y el problema de la determinación 47
3.1 Forma dinero y forma mercancía 50
3.2 El fetichismo y la determinación 51
CAPÍTULO II: LA DOMINACIÓN DEL PROCESO DE PRODUCCIÓN SOBRE LOS INDIVIDUOS 56
1 La dominación del capital: roles y proceso total de producción 57
1.1 Intercambio y Circulación 58
1. 2 De la circulación al capital 60
1.3 condiciones de la valorización 63
1.4 La paradoja del capital 66
1.5 El capital como flujo o capital circulante 67
1.6. Perpetuación del dominio del capital o reproducción simple 71
2 La dominación del capital frente a los individuos 74
2.1 Reproducción a escala ampliada y la dominación del capital frente al capitalista. 74
2.2 Salario y dominación del capital frente al trabajador 77
3 Leyes de acumulación y modos de dominación del capital 82
3.1 Ampliación de la dominación del capital 84
3.2 Dominio indirecto del capital sobre los individuos 86
3.3 Modulación de la dominación del capital 87
3.4 Crisis 89
3.5 Resistencia 92
3.6 Los resultados [Constantes] de la dominación del proceso de producción sobre los individuos 96
CAPÍTULO III: LA DOMINACIÓN DEL MODO DE PRODUCCIÓN SOBRE LA SOCIEDAD 100
1 El problema de la sociedad y el modo de producción 100
1.1 Coexistencia y sometimiento 103
2 La teoría y los capítulos históricos 106
XI
3 La noción de subsunción 109
3.1 Proceso de trabajo 109
3.2 Proceso de trabajo y plusvalor 111
3.3 Proceso de trabajo, plusvalor y subsunción 112
3.3.1 Relación entre plusvalor y subsunción 114
3.3.2 La alternancia entre subsunción formal y real 115
3.3.3 La lógica de la subsunción 117
3.3.4 El carácter revolucionario del capitalismo y la imposibilidad de la subsunción real 118
4 Subsunción y dominación del modo de producción 120
4.1 Plustrabajo y subsunción 121
4.2 Dominación del capital bajo límites establecidos 123
4.3 Dominación del capital más allá de los límites establecidos 129
4.3.1 Del obrero individual al obrero colectivo 130
4.3.2 El obrero colectivo como cuerpo con órganos 132
4.3.3 El individuo dividido como cuerpo mutilado 134
4.3.4 El cuerpo mutilado como pieza de la máquina 136
4.4 Los resultados [provisionales] de la dominación del capital sobre la sociedad 140
CONCLUSIONES 145
Sustancia social 145
Dominación de los individuos y subsunción de la sociedad 146
BIBLIOGRAFÍA 149
XII
Lista de abreviaturas de las obras de Marx
C: El Capital, libro primero: El proceso de producción del capital
CIII: El Capital, libro tercero: El proceso global de la producción capitalista
CCI: El Capital, capítulo sexto (Inédito)
DB: El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte
GMAW: Glosas marginales al tratado de economía política de Adolph Wagner
GRI: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse I)
GRII: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse II)
IA: La ideología alemana.
LCF: Las Luchas de clases en Francia de 1848 a 1850
MEF: Manuscritos de economía y filosofía
MF: Miseria de la filosofía
MPC: Manifiesto del Partido Comunista
PCE: Prólogo de la Contribución de la Crítica de la Economía Política
CCE: Contribución de la Crítica de la Economía Política
SF: La sagrada familia
TF: Tesis sobre Feuerbach
XIII
Introducción
Introducción
En este escrito se presenta una lectura filosófica del primer libro de El Capital de Marx.
Buscamos, por lo tanto, abordar conceptualmente dos problemas centrales en la obra
más importante del pensador alemán. Un primer problema es el de la realidad social
como tal, su abordaje supone rastrear el sentido ontológico de lo social en Marx,
cuestión que se encuentra implícita en su análisis crítico de la economía política y el
capitalismo. Un segundo problema que se desprende del primero es que lo social como
tal es indisociable de sus expresiones históricas, es decir, no es posible establecer el
sentido ontológico de lo social en Marx por fuera de los horizontes históricos de una
sociedad específica, la sociedad capitalista. En esa medida, el sentido de la crítica de
Marx es mostrar que la realidad social constituida por las prácticas y las relaciones
sociales que establecen las personas se convierte, en el capitalismo, en algo
autónomo, abstracto y cuyo efecto es la dominación de los individuos y de la sociedad
por procesos independientes que cobran vida propia. Por lo tanto, el segundo problema
que será por nosotros abordado conceptualmente en El Capital es el de la dominación,
problema que, tal y como veremos, tiene dos aspectos complementarios: la dominación
del capitalismo sobre los individuos se erige sobre el trasfondo de la subsunción de la
sociedad a las lógicas del sistema capitalista.
Ahora bien, debemos reconocer que abordar esta obra desde la filosofía no deja de
suponer dificultades debido a que es un libro que contiene dimensiones que desbordan
lo estrictamente filosófico. Aspectos puntuales de este texto han sido retomados por
varias disciplinas, por ejemplo: desde la sociología se han discutido elementos
metodológicos y epistemológicos acerca de la sociedad como objeto de análisis; desde
la historia se ha hecho énfasis en el problema de la génesis histórica de la clase social;
desde la economía se ha profundizado en las denominadas leyes de la acumulación
capitalista, estrechamente ligadas al problema de la caída tendencial de la tasa de
ganancia. En fin, El Capital es un libro susceptible de ser leído desde diversos saberes.
Sin embargo, pese a no ser algo totalmente explícito, las categorías allí formuladas
tienen un sentido filosófico tal y como mostraremos en el curso de nuestra exposición
acerca de los problemas de ontología y dominación arriba planteados.
1
Introducción
Finalmente, antes de presentar el orden de nuestra exposición, es importante señalar
lo siguiente: toda lectura se da sobre un trasfondo social que, de una u otra manera,
determina el énfasis dado a ciertos problemas; nuestra lectura de El Capital no es,
desde luego, la excepción. Varias de las tendencias estructurales expuestas por Marx
en su trabajo continúan vigentes en nuestros días, y son constatables en hechos como
la concentración de la riqueza, las crisis económicas cíclicas, la mercantilización de la
vida y la crisis climática, entre muchos otros1. En términos de nuestra lectura, el hecho
mismo de que estas tendencias estructurales operen y que, sin embargo, ello no
implique el agotamiento del capitalismo explica el énfasis dado al problema de la
dominación en esta tesis. Como veremos más adelante, el dominio del capitalismo no
estriba únicamente en imponerse y operar a las espaldas de los agentes sociales, sino
en ser capaz de producir nuevas formas de dominación acorde a cada una de sus
transformaciones técnicas.
Como mencionamos antes, nuestra lectura de El Capital se centra específicamente en
el primer libro, referido al proceso de producción del capital. En todo caso nuestro
comentario será complementado con referencias a otros trabajos relacionados,
especialmente los Grundrisse, esto además de referencias puntuales a obras de
juventud. La principal razón que orienta tal delimitación está en el carácter sistemático
de la exposición de Marx en el libro primero, siguiendo a Jameson (2011): “[...] Volume
One itself, the only published work whose architectonic Marx himself lovingly projected
and brought to completion” [El volumen uno en sí mismo, el único trabajo publicado
cuya arquitectura Marx esmeradamente proyectó y llevó a cabo] (p.2)2. Arquitectura
sistemática a la cual ceñimos en el desarrollo de esta monografía3.
1 En todo caso debemos advertir que la vigencia de las tendencias descritas por Marx no supone
la simple confirmación de su teoría en la experiencia del capitalismo actual. La teoría del
capitalismo desarrollada por el pensador alemán, pese a seguir teniendo valor explicativo, debe
ser actualizada. Como bien ha sido señalado por intervenciones recientes: los fenómenos
particulares del capitalismo contemporáneo deben ser analizados sin sobreestimar los alcances
de El Capital (Heinrich, 2021) y, así mismo, deben evaluarse los supuestos y callejones sin
salida de la intervención teórica de Marx (Bidet, 2012).
2 La traducción es mía
3En adición a lo anterior, en todos los casos recurriremos a la traducción de El Capital de la
editorial Siglo Veintiuno realizada por Pedro Scaron
2
Introducción
Esta tesis se divide en tres partes: en la primera parte nos ocuparemos del problema
del ser social a partir de la caracterización de la noción de sustancia social en el primer
capítulo de El Capital, esto no sin antes abordar el problema de la ontología social.
Posteriormente, en la segunda parte de esta monografía caracterizaremos una primera
dimensión de la noción de dominación referida a la manera en que los procesos del
capitalismo dominan sobre los individuos, para tal caracterización nos remitiremos
específicamente a las secciones I, II, VI y VII del texto de Marx. Finalmente, en la
tercera parte de nuestro escrito delimitaremos la segunda dimensión de la noción de
dominación referida a la manera en que los procesos del capitalismo se despliegan en
el terreno de la sociedad subsumiéndola o poniéndola en función de las lógicas del
sistema capitalista, en este caso nos remitiremos a las secciones restantes del primer
libro de la obra del pensador alemán, es decir a las secciones III, IV y V4.
4 Como lo señala Heinrich (2021), las ediciones del primer libro de El Capital en alemán e inglés
conservan la división original de ocho (8) partes o secciones (Cf p. 45). En contraste con esto,
las ediciones en español, entre ellas la de Siglo Veintiuno, están divididas en siete (7) secciones.
La única diferencia estriba en que mientras en las ediciones en alemán e inglés la octava sección
corresponde a la llamada acumulación originaria de capital; en las ediciones en español la
acumulación originaria no es una sección independiente (que vendría siendo la octava sección),
sino que, en cambio, es convertida en el último capítulo (XXIV) de la séptima sección. Este
pequeño cambio presente en las ediciones en español, pese a no suponer una modificación
significativa en el orden de la exposición original de Marx, debe en todo caso ser señalado.
3
Capítulo I
Capítulo I: Ontología social y el problema
del ser social
El punto de partida de nuestra lectura del primer libro de El Capital (En adelante: El
Capital) es el problema del ser social en Marx. Dicho problema de carácter ontológico
no es abordado directamente en esta obra, sin embargo, sus términos están contenidos
en la conocida tesis del Prólogo de la Contribución de la Crítica de la Economía Política
(PCE) donde se afirma: “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser,
sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.” (Marx, PCE,
1989, p. 9)5. En la tesis de Marx pueden ubicarse dos dimensiones que serán por
nosotros caracterizadas en este primer capítulo: una primera dimensión referida al ser
social, la cual sostenemos es abordada en El Capital, específicamente en el primer
capítulo en donde Marx se aproxima al ser social a través de la categoría de sustancia
social. La segunda dimensión de la tesis del PCE es la determinación de la conciencia
de los individuos por el ser social, cuestión que para nosotros tiene un pleno desarrollo
en la última sección del primer capítulo de El Capital bajo la noción de fetichismo de la
mercancía.
En resumen, con base en lo anterior, son dos las tesis que desarrollaremos en el
presente capítulo: aquello que en el PCE se designa como ser social puede ser
entendido a través de la categoría de sustancia social introducida en el primer capítulo
de El Capital, y la determinación del ser social sobre la conciencia de los individuos
puede ser caracterizada a través de la noción de fetichismo de la mercancía propuesta
también en el primer capítulo de esta obra. Sin embargo, el abordaje de la cuestión del
ser social requiere que antes se plantee el problema de la ontología en Marx.
5En este caso nos remitimos a la traducción de la editorial progreso realizada Marat Kuznetsov,
dado que expresa con claridad el sentido de la tesis de Marx al traducir gesellschaftliches sein
como “ser social”. Si bien en la traducción de Siglo Veintiuno el sentido de la tesis es el mismo:
“No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, su existencia
social la que determina su conciencia” (Marx, 2008, p. 5). En este caso, sin embargo, se traduce
gesellschaftliches sein como “existencia social” traducción que no es del todo precisa.
5
Capítulo I
1 La ontología social en Marx
Siguiendo a Gould: “[..] la ontología social es el análisis de la naturaleza de la realidad
social por medio de categorías socialmente interpretadas (1983, p. 13). De esta
definición se puede inferir que las categorías de análisis usadas por la ontología social
son ellas mismas expresión de la realidad social (en ese sentido son categorías
socialmente interpretadas). Así, paradójicamente, toda ontología social está
socialmente determinada, dicha determinación social se expresa en sus categorías de
análisis.
La concepción según la cual las categorías están socialmente determinadas es
planteada también por Marx en varios de sus trabajos, especialmente en El Capital y
los Grundrisse. Por ejemplo, al referirse a las categorías económicas afirma: “Se trata
de formas del pensar socialmente válidas, y por tanto objetivas, para las relaciones de
producción que caracterizan ese modo de producción social históricamente
determinado [...]” (Marx, C, 1975, p. 93). A partir de este fragmento podemos señalar
tres aspectos de las categorías económicas: como “formas del pensar” tienen una
dimensión subjetiva, es decir, son pensadas por la conciencia del individuo (1); sin
embargo, al mismo tiempo, son socialmente válidas en dos sentidos: en la medida en
que son independientes de la conciencia del individuo y por tanto objetivas con respecto
a esta (2); y finalmente también son ”socialmente válidas” en la medida en que son
expresión de un contexto social históricamente determinado (modo de producción) al
cual pertenecen, es decir, son inmanentes con respecto a dicho contexto (3).
Centrémonos en el último aspecto arriba señalado. La crítica de las categorías usadas
por la economía política lleva a Marx a proponer un punto de vista según el cual las
categorías son inmanentes con respecto al modo de producción, en este caso con
respecto al modo de producción capitalista. Esto tiene, a nuestro modo de ver, dos
consecuencias: la primera es que las categorías propuestas por la crítica de la
economía política son inmanentes, y la segunda es que la crítica de la economía política
puede entenderse como una crítica del uso trascendente de las categorías económicas.
Con base en lo anterior, desarrollaremos cuatro puntos: partiendo de la categoría de
producción, se mostrará como en la crítica de la economía política las categorías tienen
6
Capítulo I
un carácter inmanente (1). Establecido el carácter inmanente de las categorías de la
crítica de la economía política, se mostrará su diferencia con respecto al carácter
trascendente de las categorías de la economía política criticado por Marx (2). Una vez
clarificada la diferencia entre las categorías sociales inmanentes de la crítica de la
economía política marxiana, frente al carácter trascendente las categorías de la
economía política, se sostendrá que no se puede reducir la categoría de trabajo en
Marx a una categoría social trascendente (3). Finalmente, se propondrá que la crítica
de la economía política puede ser entendida como una ontología social inmanente (4).
1.1 La categoría de modo producción
Evidentemente en El Capital Marx no realizó una investigación filosófica acerca del ser
social o los fundamentos ontológicos de la realidad social en general6, su investigación,
en cambio, se enfocó en el modo de producción capitalista, las relaciones sociales que
lo caracterizan y las leyes o regularidades que dichas relaciones sociales de producción
e intercambio comportan. Se parte del desarrollo histórico particular del capitalismo en
Inglaterra para, desde esta base empírica, determinar los elementos que caracterizan
al capitalismo en general (Cf, Marx, C, 1975, p. 16). En términos muy esquemáticos,
para Marx el modo de producción capitalista está constituido por relaciones sociales de
producción y de intercambio de mercancías entre individuos. No obstante, por ahora,
antes de ocuparnos de las relaciones sociales que corresponden al modo de
producción capitalista y sus respectivos procesos, nos centraremos en la noción de
modo de producción, ya que esta categoría es el punto de partida desde dónde
podremos avanzar en esclarecer los rasgos ontológicos de la crítica a la economía
política.
6 En este punto reconocemos, tal y como lo hace Lukács que “[En Marx] no se encuentra ningún
tratamiento autónomo de problemas ontológicos; una toma de posición para determinar su lugar
en el pensamiento, su delimitación respecto a la gnoseología, a la lógica, etc., nunca ha sido
emprendida por él, ni sistemáticamente ni con la intención de sistematizarla.” (Lukács, 2007, p.
65). No obstante, al aludir al ser social (Cf, Marx, PCE, 2008, p. 4-5) es posible encontrar un
sentido ontológico en sus trabajos, especialmente en los correspondientes a la crítica de la
economía política.
7
Capítulo I
El objeto de investigación de Marx en El Capital es el modo de producción capitalista,
sin embargo, el modo de producción capitalista se diferencia de otros modos de
producción como es el caso del modo de producción feudal. En ambos hay relaciones
sociales de producción entre individuos, sin embargo, la forma de producción, o sea, el
modo en que están configuradas estas relaciones es distinto en cada caso. En lugar de
las relaciones impersonales entre individuos independientes propias del capitalismo,
en el feudalismo: “La dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales en
que tiene lugar la producción material como las otras esferas de la vida estructuradas
sobre dicha producción” (Marx, C, 1975, p. 94). Con base en lo anterior, debe hacerse
énfasis en que el modo de producción es una categoría que señala aquello que es
válido y, al mismo tiempo, aquello que varía o es diferente entre cada momento histórico
específico. El modo de producción es un universal inmanente. Es universal en tanto
denota las relaciones sociales de producción entre individuos, comunes a todas las
épocas o momentos de la historia, pero es inmanente en tanto señala que ese aspecto
universal (la producción social) está inextricablemente ligado a un modo o configuración
social particular en la cual se efectúa, es relativo con respecto a dicho modo social
históricamente determinado. De ahí que, pese a que la producción de la vida material
entre los individuos es una constante en la historia, no puede hablarse de la producción
como categoría simplemente universal, ya que cuando se habla de producción
necesariamente “[...] se está hablando siempre de producción en un estadio
determinado del desarrollo social” (Marx, GRI, 1982, p.5). El carácter bifacético de la
producción o modo de producción, como una categoría con validez universal, pero al
mismo tiempo inmanente a determinado momento histórico particular, permite entrever
que, tal y como es el caso de la producción, para Marx en las categorías más generales
hay una tensión entre su validez universal y el carácter inmanente y determinado de
dicha validez. A este respecto escribe el filósofo de Tréveris:
[...] incluso las categorías más abstractas, a pesar de su validez -
precisamente debida a su naturaleza abstracta-, para todas las épocas,
son, no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, el
producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo para estas
condiciones y dentro de sus límites (GRI, 1982, p. 26).
De este fragmento inferimos que el problema no consiste en determinar si hay
categorías universales que sean válidas para todas las épocas. De hecho, las hay,
categorías como producción, trabajo, individuo o necesidad son válidas para todas las
8
Capítulo I
épocas en tanto los individuos en su determinación material deben trabajar socialmente
para producir y satisfacer sus necesidades El problema no consiste en señalar dicha
validez, sino en determinar dentro de qué límites dichas categorías tienen, en palabras
de Marx, plena validez, es decir, dentro de qué límites se dan como universales
concretos.
Nuestra hipótesis es que, al abstraer las categorías y darles una validez transhistórica,
es decir, independiente de las condiciones históricas o límites dados en cada momento
histórico, la economía política7 hace un uso trascendente de las categorías. En ese
orden de ideas, la crítica de la economía política puede interpretarse como la
problematización de las categorías trascendentes (las de la economía política) a través
de categorías inmanentes.
1.2 Categorías trascendentes
Para Marx el error fundamental de la economía política es la cancelación de los
elementos históricos que están inscritos en las categorías de la realidad social. Por
ejemplo, la categoría de individuo tal y como está formulada en la economía política
hace referencia al individuo configurado a partir del siglo XVI, el individuo autónomo
que persigue intereses privados en el mercado. Sin embargo, tal categoría, en especial
para Adam Smith y David Ricardo, pierde su especificidad histórica y aparece” No como
un resultado histórico sino como el punto de partida de la historia” (GRI, 1982, p.4). Es
decir, se hace de la individualidad surgida en un periodo histórico determinado, una
categoría trascendente que explicaría la esencia del individuo y por lo tanto tendría
validez en cualquier momento histórico. Estas categorías trascendentes no hacen más
que perder de vista y olvidar el hecho de que la generalidad de un concepto no puede
7 Por economía entenderemos, siguiendo a Marx: “[...] toda la economía que, desde William
Petty, ha investigado la conexión interna de las relaciones de producción burguesas, por
oposición a la economía vulgar, que no hace más que deambular estérilmente en torno de la
conexión aparente, preocupándose sólo de ofrecer una explicación obvia de los fenómenos que
podríamos llamar más bastos y rumiando una y otra vez, para el uso doméstico de la burguesía,
el material suministrado hace ya tiempo por la economía científica. Pero, por lo demás, en esa
tarea la economía vulgar se limita a sistematizar de manera pedante las ideas más triviales y
fatuas que se forman los miembros de la burguesía acerca de su propio mundo, el mejor de los
posibles, y a proclamarlas como verdades eternas” (Marx, C, 1975, p 99).
9
Capítulo I
borrar su particularidad histórica, es decir, su diferencia: “En este olvido reside [...] toda
la sabiduría de los economistas modernos que demuestran la eternidad y la armonía
de las condiciones sociales existentes” (GRI, 1982, p. 5). Es de fundamental
importancia señalar que la crítica de la economía política es para el pensador alemán
una crítica a estas categorías cuyo carácter trascendente no hace sino eternizar las
condiciones sociales existentes, cancelando así las diferencias históricas y elevando la
particular forma de la sociedad capitalista a la forma natural de todas las formas de
sociedad pasadas e incluso por venir (Cf, GRI, 1982, p. 26). Ahora bien, de lo anterior
no deriva un relativismo absoluto. Reconoce Marx que las categorías de la economía
política poseen cierto grado de validez para “[...] todas las otras formas de sociedad
[...]” (GRI, 1982, p. 27) sin embargo esto debe ser tomado con cautela. Por ejemplo,
una categoría como la de individuo no es algo particular de la sociedad capitalista, sino
que es común a otros momentos históricos, es por lo tanto universal. Lo esencial será,
sin embargo, poner en primer plano la diferencia que comporta dicha categoría en las
condiciones sociales existentes, es decir, una categoría social general como la de
individuo incluye tanto la particularidad del individuo autónomo del intercambio de
mercancías en la sociedad capitalista, como también la particularidad del individuo del
medioevo atado a relaciones de dependencia personal. El punto es entender que, de
ambas particularidades, es la primera la que cobra plena validez en la sociedad actual
y por lo tanto puede llegar a ser universal únicamente en relación con tal momento
histórico, a tal modo de producción. La operación opuesta, hacer una borradura sobre
la carga histórica de las categorías sociales, como hace la economía política con la
categoría de individuo y con otras como trabajo y producción, es aquello que da pie a
categorías trascendentes y metafísicas8.
8 En MF Marx muestra el carácter metafísico que asemeja la economía política a la teología:
“Los economistas procede de singular manera. Para ellos no hay más que dos clases de
instituciones: unas artificiales y otras naturales. Las instituciones del feudalismo son artificiales
y las de la burguesía son naturales. Aquí los economistas se parecen a los teólogos, que a su
vez establecen dos clases de religiones. Toda religión extraña es pura inversión humana,
mientras que su propia religión es una emanación de Dios. Al decir que las actuales relaciones
— las de la producción burguesa — son naturales, los economistas dan a entender que se trata
precisamente de unas relaciones bajo las cuales se crea la riqueza y se desarrollan las fuerzas
productivas de acuerdo con las leyes de la naturaleza. Por consiguiente, estas relaciones son
en sí leyes naturales, independientes de la influencia del tiempo. Son leyes eternas que deben
regir siempre la sociedad” (MF, 1987, p. 77)
10
Capítulo I
1.3 Ontología del trabajo
El trabajo es la categoría fundamental de El Capital. Como se verá, a partir de una
crítica de esta categoría en Ricardo y Smith, Marx caracteriza en el primer capítulo de
esta obra el trabajo general o trabajo abstracto como el contenido o sustancia social
universal propia del modo de producción capitalista. Ahora bien, es posible sostener
que en El Capital hay definiciones que hacen pensar que para el filósofo alemán el
trabajo es una categoría trascendente y transhistórica, conllevando a que, de alguna
manera, el mismo Marx opere las categorías de la realidad social bajo la trascendencia
categorial inicialmente atribuida a la economía política. Acerca del trabajo se menciona
en El Capital lo siguiente:
Como creador de valores de uso, como trabajo útil, pues, el trabajo es,
independientemente de todas las formaciones sociales, condición de la
existencia humana, necesidad natural y eterna de mediar el metabolismo
que se da entre el hombre y la naturaleza (Marx, C, 1975, p. 53)
En esta definición se señala el carácter universal del trabajo en un sentido preciso.
Todo valor de uso, es decir, toda cosa útil que no es producto espontáneo de la
naturaleza está mediada por la actividad humana. Éste hacer, como trabajo útil,
posibilita al individuo asimilar para sus necesidades particulares los materiales dados
en la naturaleza. Se realiza así la modificación de la materia en función de dichas
necesidades (C, 1975, p. 53). Sin embargo, para Marx el trabajo como condición de la
existencia humana de carácter natural y eterno es únicamente un aspecto de la
categoría de trabajo. Tal y como no se puede hablar de la producción en general, esto
pese a que la producción es algo común o constante a todas las épocas de la historia,
tampoco se puede hablar de trabajo en general. Todo trabajo está dado bajo una forma
social o modo de producción específico. En el modo de producción capitalista el
aspecto universal del trabajo o trabajo útil cobra una forma específica, la de trabajo
abstracto en donde las diferencias entre distintos trabajos útiles desaparecen: “En una
sociedad cuyos productos adoptan en general la forma de mercancía, esto es en una
sociedad de productores de mercancía, esa diferencia cualitativa entre los trabajos
útiles [...] se disuelve [...]” (C, 1975, p. 52). El trabajo en su aspecto universal es trabajo
útil, y en tanto tal es algo dado en todas las épocas históricas o modos de producción.
Sin embargo, el trabajo útil dado bajo un modo de producción específico, es decir, dado
11
Capítulo I
bajo el modo de producción capitalista, revela un aspecto nuevo que lo diferencia con
respecto al trabajo útil desarrollado en otros modos de producción: el de ser trabajo
abstracto según el cual las diferencias cualitativas entre distintos trabajos útiles se
disuelven.
Frente a la categoría de trabajo abstracto se precisa que:
[...] Podría parecer ahora que de este modo se habría encontrado
simplemente la expresión abstracta de la relación más simple y antigua, en
que entran los hombres en tanto productores, cualquiera que sea la forma
de la sociedad. Esto es cierto en un sentido. Pero no en el otro. La
indiferencia frente a un género determinado de trabajo supone una totalidad
muy desarrollada de géneros reales de trabajos, ninguno de los cuales
predomina sobre los demás. Así, las abstracciones más generales surgen
únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un
elemento aparece como lo común a muchos, como común a todos los
elementos. Entonces, deja de poder ser pensado solamente bajo una forma
particular.” (Marx, GRI, 1982 p. 25).
En este fragmento se muestra que el trabajo abstracto es expresión de unas
condiciones sociales específicas bajo las cuales cada trabajo útil puede ser concebido
como una modalidad del trabajo en general. En otros términos: no es únicamente una
abstracción de la relación más básica y antigua en que se encuentran los individuos en
tanto productores en cualquier modo de producción, sino que es una abstracción real
en la medida en que su existencia como categoría abstracta del pensamiento humano
no depende, paradójicamente, del pensar mismo. En tanto abstracción real, la
naturaleza de las categorías (en este caso del trabajo abstracto): “[…] es más bien
social y su origen debe buscarse en la esfera espaciotemporal de las relaciones
humanas” (Sohn-Rethel, 2001, p. 28). Es en las relaciones sociales humanas, en el ser
social, donde se originan las categorías. Únicamente se llega a la categoría de trabajo
abstracto en el marco de un modo de producción específico: el capitalismo. Para que
el trabajo abstracto sea efectivamente una categoría universal deben darse ciertas
relaciones sociales de intercambio de mercancías bajo las cuales el trabajo
12
Capítulo I
efectivamente se universaliza y que pertenecen a la sociedad capitalista9. Nuestro
análisis es congruente con la lectura de Gerry Sathl acerca de la especificidad histórica
de la categoría de trabajo en Marx:
The attempt by Marx’s critics to saddle him with an ontology of labor or
metaphysics of homo faber relies upon ignoring the distinctions among the
ideologically ahistorical, historically general and specifically bourgeois
categories of labor [...] Marx’s general concept of labor is, thereby, a
consequence of the bourgeois society in which he was consciously situated,
not the result of metaphysical dogma or an ontological faith. It would be a
mistake to attribute here to Marx what he criticizes as ideological in others:
the hypostatization of particular or even general categories into ahistorical,
necessarily eternal concepts unrelated to the movement of history [El
intento por parte de los críticos de atribuir a Marx una ontología del trabajo
o metafísica del homo faber depende de ignorar las distinciones entre lo
ideológicamente ahistórico, históricamente general y las específicas
categorías burguesas del trabajo. El concepto de trabajo general de Marx
es, por lo tanto, una consecuencia de la sociedad burguesa en la cual él
estaba conscientemente situado, no el resultado de un dogma metafísico o
una fe ontológica. Sería un error atribuir aquí a Marx aquello que él critica
como ideológico en otros: la hipostatización de categorías particulares,
incluso generales dentro de conceptos a-históricos necesariamente
eternos, no relacionados al movimiento de la historia ] (Stahl, 1975, p. 91-
92)10
De lo formulado hasta este punto podemos concluir dos cosas. Primero, que en Marx
no hay una ontología del trabajo sino una crítica que señala que la categoría de trabajo
abstracto cobra plena validez en el capitalismo. Y segundo, que para el filósofo alemán
las categorías sociales (entre ellas el trabajo) tienen dos aspectos fundamentales. Por
un lado, tienen un aspecto universal bajo el cual parecen ser válidas para todas las
épocas; pero tienen también otro aspecto particular en tanto son inmanentes a una
forma de sociedad dada, en este caso la sociedad capitalista. De ahí que no se pueda
9 Esto será explicado en mayor detalle cuando se aborde en la siguiente sección de este capítulo
la categoría de trabajo abstracto en el primer capítulo de El Capital
10 La traducción es mía
13
Capítulo I
hablar de categorías de la realidad social por fuera de la sociedad desde la cual se dan
dichas categorías. Toda categoría de la realidad social está atada, por decirlo de alguna
manera, al contexto social desde el cual se formula y es por lo tanto inmanente a dicho
contexto. En términos de Sathl, no puede estar desvinculada del movimiento de la
historia.
1.4 Ontología social inmanente
Marx se sitúa explícitamente en el terreno histórico de la sociedad capitalista como el
lugar desde el cual pueden interpretarse las sociedades anteriores:
La sociedad burguesa es la más compleja y desarrollada organización
histórica de la producción. Las categorías que expresan sus condiciones y
la comprensión de su organización permiten al mismo tiempo comprender
la organización y las relaciones de producción de todas las formas de
sociedad pasadas, sobre cuyas ruinas y elementos ella fue edificada y
cuyos vestigios, aún no superados, continúa arrastrando, a la vez que
meros indicios previos han desarrollado en ella su significación plena, etc.
La anatomía del hombre es una clave para la anatomía del mono. Por el
contrario, los indicios de las formas superiores en las especies animales
pueden ser comprendidas sólo cuando se conoce la forma superior. La
economía burguesa suministra así la clave de la economía antigua, etc.
Pero no ciertamente al modo de los economistas, que cancelan todas las
diferencias históricas y ven la forma burguesa en todas las formas de
sociedad (Marx, GRI, 1982, p. 26)
Reproducimos la totalidad de este fragmento ya que en él está expresado el sentido
ontológico contenido en la crítica de la economía política. Las categorías que expresan
las condiciones sociales del capitalismo permiten también entender la estructura de las
sociedades del pasado. De ahí que se insista en que las categorías sociales tienen un
aspecto universal, esto independientemente de que sean relativas o inmanentes a un
estadio determinado del desarrollo histórico. La imagen de la anatomía del hombre
como clave para la anatomía del mono tiene un sentido preciso: señalar que la
comprensión de la estructura de las sociedades del pasado solamente puede ser hecha
sobre la base de la comprensión de la estructura de la sociedad actual y vigente. Toda
14
Capítulo I
ontología social es una ontología que parte de las condiciones sociales actuales a partir
de las cuales es posible comprender las condiciones sociales pasadas (Lo cual no es
lo mismo que cancelar las diferencias entre las condiciones presentes y las pasadas
eternizando aquellas, como hace la economía política). Tal y como los indicios de
formas superiores de especies animales solamente pueden ser comprendidos cuando
ya se han desarrollado efectivamente estas especies; los indicios de la sociedad
burguesa solamente pueden ser conocidos hasta que esta se ha desarrollado
plenamente. Siguiendo el ejemplo del fragmento, la economía burguesa permite
comprender la economía antigua en su diferencia y especificidad con respecto al
presente, pero no es posible, en cambio, entender la economía burguesa a partir de la
economía antigua en la medida en que, pese a haber indicios del desarrollo de la
economía burguesa en la antigüedad, únicamente es hasta que la economía burguesa
está ampliamente desarrollada que dichos indicios adquieren plena significación. En
ese sentido, toda ontología social es retrospectiva y por lo tanto parte del presente
histórico de una forma social vigente, de ahí que Marx declare que la comprensión de
la realidad social siempre se hace después de consumados los hechos: “La reflexión
en torno a las formas de la vida humana, y por consiguiente el análisis científico de las
mismas, toma un camino opuesto al seguido por el desarrollo real. Comienza post
festum [...] disponiendo ya de los resultados últimos” (Marx, C, 1975, p. 92). Puede
comprenderse a partir de esto que el análisis de la realidad social no tiene un carácter
predictivo, y por lo tanto no es evidente en este nivel una teleología de la historia en
tanto el punto de partida será siempre el de los resultados últimos del proceso histórico.
Con base en lo anterior, una ontología social de la cual puedan reconstruirse categorías
válidas para todo contexto social, o sea, independientemente de su contenido histórico,
no es posible. Podemos retomar la objeción de Adorno a lo que según él es la
imposibilidad de categorías ontológicas generales, trascendentes con respecto a lo
óntico o los entes dados: “Que mediante la forma del «en general» el pensamiento
pueda sacudirse lo cosal, la suposición de la forma absoluta, es ilusorio. La experiencia
de contenido de lo cosal es constitutiva de la forma de lo cosal en general.” (Adorno,
2005, p. 133). El anterior pasaje, puesto en términos de nuestro problema, permite
señalar que toda forma general del pensamiento, toda categoría universal, no puede
deshacerse de los contenidos o cargas socio históricas que están en ella inscritas (Lo
cosal, para Adorno). En último término, el contenido histórico de la realidad social o, en
otras palabras, lo óntico como aquello dado en una sociedad determinada, es
constitutivo de las categorías sociales. La crítica de la economía política interpretada
15
Capítulo I
en términos ontológicos implica la imposibilidad de una ontología social que no parta
de la experiencia sociohistórica. Cualquier categoría universal o general de la realidad
social está dada partir de lo óntico propio de la realidad social y por lo tanto expresa en
sí misma determinado momento o época histórica. En contraposición al uso
trascendente de las categorías sociales por parte de la economía política, sostenemos
que las categorías sociales para Marx solamente pueden expresarse a partir de la
experiencia histórica intrínseca a la realidad social. Retomando nuevamente a Adorno:
“Sea lo que sea lo que de experiencia comporta la palabra «ser», sólo es expresable
en configuraciones del ente […]” (2005, p. 137). En otras palabras, el ser solamente se
da en configuraciones específicas de la realidad social e histórica, son estas
configuraciones de lo ente el punto de partida de cualquier ontología. En el caso de
Marx, las configuraciones de lo ente son las de la sociedad capitalista.
En el anterior apartado se señaló como las categorías de la realidad social son para
Marx inmanentes en tanto, pese a tener validez en distintos estadios del desarrollo
histórico, solamente pueden comprenderse dentro de límites históricos determinados.
En el caso del trabajo, pese a ser algo común a estadios históricos previos al
capitalismo, su importancia para el filósofo alemán radica en que es solamente en el
capitalismo donde se convierte en algo plenamente universal como trabajo abstracto.
Habiendo caracterizado la crítica de Marx a las categorías trascendentes de la
economía política, procedemos a abordar la primera tesis propuesta en el presente
capítulo acerca del problema del ser social.
La crítica de las categorías de la economía política tiene un elemento implícito. Pusimos
de manifiesto que las categorías económicas tienen tres aspectos: uno subjetivo, otro
según el cual son formas de pensar socialmente válidas con respecto a un modo de
producción históricamente determinado, y además son socialmente válidas en tanto
son objetivas con respecto a la conciencia del individuo. En tanto son formas del pensar
socialmente válidas: “[...] las categorías expresan [...] formas de ser, determinaciones
de existencia [...]” (Marx, GRI, 1982, p. 27). Este punto es fundamental de cara al
esclarecimiento del problema del ser social, ya que denota que las categorías
económicas expresan formas de ser social. Las implicaciones ontológicas de lo anterior
son señaladas por Karel Kosik: “If economic categories are 'forms of being' or
'existential determinants' of the social subject, then their analysis and dialectical
systematization uncovers social being. It is spiritually reproduced in the dialectical
unfolding of economic categories” [Sí las categorías económicas son 'formas de ser' o
16
Capítulo I
'determinaciones de existencia' del sujeto social, entonces su análisis y sistematización
dialéctica devela el ser social. Este es reproducido espiritualmente en el despliegue de
las categorías económicas] (Kosik, 1976, p. 112)11. Siguiendo lo planteado por Kosik,
nos proponemos analizar la categoría de sustancia social. Esta categoría es central ya
que ella devela aspectos de lo social en Marx, especialmente en su relación con los
conceptos de valor y trabajo abstracto.
2 El ser social como sustancia social en el primer
capítulo de El Capital
A partir de la reconstrucción del primer capítulo de El Capital caracterizaremos la noción
de sustancia social y sus múltiples dimensiones las cuales revelan atributos del ser
social en Marx. Posteriormente clarificaremos también la noción de forma valor. Es a
partir de la delimitación de ambas nociones y sobre todo de su relación necesaria que
podremos plantear el problema de la determinación del ser social sobre la conciencia
de los individuos.
2.1 Los cuatro momentos del primer capítulo
En el primer capítulo de El Capital, titulado Mercancía y dinero (En adelante primer
capítulo) parte Marx de la mercancía, entendida como la forma más simple que adopta
la riqueza en la sociedad actual, es decir, en la sociedad capitalista. La mercancía se
presenta en la experiencia bajo un doble aspecto: como objeto con propiedades
materiales útiles para satisfacer determinadas necesidades, o sea, como valor de uso;
y por otro lado como objeto susceptible de ser intercambiado por otro equivalente, o,
en otros términos, como valor de cambio. El punto de partida de Marx es entonces la
mercancía y sus aspectos prácticos, y no el concepto de valor como tal. Esto es algo
fundamental como veremos posteriormente. No comienza el filósofo alemán su
exposición en referencia al problema conceptual del valor, sino que parte del aspecto
práctico de la mercancía, es decir: del hecho de que esta puede consumirse como valor
de uso, o intercambiarse por otra mercancía como valor de cambio. La primacía de lo
práctico sobre lo conceptual es evidente cuando el pensador de Tréveris se refiere a
11 La traducción es mía
17
Capítulo I
los trabajos de los economistas Johann Karl Rodbertus y Adolph Wagner quienes, a
diferencia de él, parten del concepto de valor y no del elemento práctico concreto que
confluye en la mercancía : “[...] parten del “concepto” de valor y no de la “cosa social”,
de la “mercancía”, dejando que este concepto se divida en dos para luego discutir cuál
de los dos fantasmas es el verdadero Jacob” (Marx, GMAW, 1976, p. 181). A diferencia
de ellos, para Marx el punto de partida es la práctica misma de intercambiar
mercancías, la práctica tiene primacía sobre el concepto y es de ella de dónde deriva
la distinción de valor de uso y valor de cambio12.
En el acto de intercambiar, es decir, de hacer equivalentes en la práctica dos productos
diferentes (Cambiar un hilado por dos chaquetas, por ejemplo) se hace efectiva una
equivalencia cuantitativa entre dos tipos de cosas cualitativamente distintas entre sí,
igualación que en el fondo es expresión de algo que es común a las dos cantidades de
mercancías particulares intercambiadas, en ese sentido se pregunta Marx acerca de la
equivalencia entre dos productos que se intercambian “¿Qué denota esta ecuación?”
(Marx, C, 1975, p. 46) a lo que responde inmediatamente “Que existe algo común, de
la misma magnitud [igual] en dos cosas distintas [...]” (C, p. 56). Este algo común que
hace posible la identidad entre dos mercancías cualitativamente diferentes es aquello
que denominará Marx valor, diferenciándolo del valor de cambio el cual es un concepto
secundario: “el “valor de cambio” fue dejado de lado por mí ya que no es más que una
forma fenoménica del valor, pero no el “valor”, puesto que para mí el “valor” de una
mercancía no es ni su valor de uso ni su valor de cambio” (Marx, GMAW, 1976, p. 177).
Se establece entonces un problema que parte del valor de cambio, del acto aislado de
intercambio entre dos mercancías, pero que va más allá de lo que este denota cuando
en la práctica se intercambian dos tipos diferentes de mercancías. El valor de cambio
permite entrever que la distinción cuantitativa entre dos mercancías que se
intercambian expresa una identidad cualitativa ¿Cuál es esa identidad cualitativa?
Aquello que Marx designa bajo la noción de valor. Sin embargo, no es posible entender
12 Que el acto de intercambiar sea la cosa social, o sea, la práctica que constituye el concepto
de valor de cambio denota la primacía de la práctica sobre el concepto en Marx, idea que será
retomada posteriormente cuando abordemos el problema de la determinación al final de este
capítulo. Sin embargo, debe señalarse que entendemos por la primacía de la práctica sobre el
concepto aquello que Bourdieu (2001) señala a propósito de la crítica de Marx a la filosofía del
derecho en Hegel: “la fórmula de Marx referida a Hegel que no me canso de citar, "entre las
cosas de la lógica y la lógica de las cosas".” (Cf, p.21). La diferencia entre las cosas de la lógica
y la lógica de las cosas es aquello que, a nuestro modo de ver, debe quedar claro en la noción
de valor de cambio. No se refiere Marx a un concepto (cosa de la lógica) sino a una práctica
que está a la base del concepto (lógica de la cosa)
18
Capítulo I
qué es el valor sin poner en un segundo plano la mercancía en sus aspectos de valor
de uso y valor de cambio:
[...] al hacer el análisis de la mercancía, yo no me detengo en la doble
modalidad bajo la que se presenta, sino que paso inmediatamente a
demostrar que en esta doble modalidad de la mercancía se manifiesta el
doble carácter del trabajo del que aquella es producto, a saber: del trabajo
útil, es decir de las modalidades concretas de los trabajos que se crean
valores de uso, y del trabajo abstracto, del trabajo como inversión de fuerza
de trabajo, cualquiera que sea el modo útil en que se invierta [...] (GMAW,
p.178, énfasis en itálicas añadidos)
En relación con la exposición hecha en El Capital, el tránsito señalado en el anterior
fragmento se da entre la primera (I) y la segunda (II) sección del primer capítulo13. Debe
señalarse entonces que en la sección I, de carácter fenomenológico, “[la mercancía] se
nos puso de manifiesto como algo bifacético, como valor de uso y valor de cambio.”
(Marx, C, 1975, p. 51). Mientras en la sección II, de carácter analítico14, aquella doble
cara de la mercancía expresa el doble carácter del trabajo del cual todas las mercancías
son producto. En el valor de uso de la mercancía se manifiesta el trabajo útil que, como
antes se señaló, es una categoría dada en todos los estadios de la historia y designa
el trabajo particular de un individuo (el trabajo del campesino que cultiva, del sastre que
da puntadas, o del carpintero que talla) y, por otro lado, lo que Marx denomina trabajo
abstracto que aparece solamente en el capitalismo bajo la forma de equivalencia de
todos los trabajos útiles particulares, reducidos a la simple determinación de ser empleo
de fuerza de trabajo humana en sentido fisiológico con respecto a la cual la particular
diferencia entre trabajos útiles se disuelve (Marx, C, p. 57). Es este trabajo abstracto
aquello común que se expresa cuando, en la práctica, se intercambian mercancías
diferentes entre sí ya que estas, pese a ser productos de trabajos útiles distintos (La
silla tallada por el carpintero, las papas cultivadas por el campesino, el traje elaborado
por el sastre, etc.) tienen en común o son iguales en tanto productos del empleo de
13Es decir, entre la sección 1. Los dos factores de la mercancía, valor de uso y valor (sustancia
del valor, magnitud del valor) y la sección 2. Dualidad del trabajo representado en las
mercancías
14Tal cambio de registro, entre el carácter fenomenológico de la sección I, y el carácter analítico
de la sección II y también de la sección III (como se verá), es importante, dado que cuando
abordemos el problema de la determinación en la sección IV el registro en el cual se plantea
este problema será de nuevo fenomenológico.
19
Capítulo I
fuerza de trabajo humana. Toda mercancía es entonces valor en tanto producto del
trabajo humano abstracto.
Ahora bien, las mercancías como valores, es decir, como productos del trabajo
abstracto, tienen una objetividad social que contrasta con su objetividad natural: “[...]
sólo poseen la forma de mercancías, en la medida en que tienen una forma doble: la
forma natural y la forma valor” (Marx, C, p. 58). En la tercera sección del capítulo primer
capítulo (III), la objetividad social de las mercancías será dilucidada por Marx en sus
distintos momentos de desarrollo, de los cuales el dinero es la forma social general más
desarrollada en que estas aparecen como valores. Así, para el pensador: “No hay quien
no sepa, aunque su conocimiento se reduzca a eso, que las mercancías poseen una
forma común de valor que contrasta, de manera superlativa, con las abigarradas formas
naturales de sus valores de uso: la forma de dinero” (Marx, C, p. 59). Las formas
variadas en que se manifiesta el dinero son analizadas en esta sección del primer
capítulo (Forma simple, total, general y dineraria del valor)15. Basta con decir que se
pone de manifiesto que el dinero es una relación social que deviene propiedad natural
de un objeto que sirve de equivalente universal (Un billete, una moneda de oro, etc.).
Finalmente, en la cuarta (IV) y última sección del primer capítulo referida al fetichismo
de la mercancía16, se señala cómo el devenir objeto de la relación social de intercambio
dinerario termina extendiéndose sobre todas las esferas de la sociedad haciendo de la
mercancía un producto que se da independientemente de las relaciones sociales entre
los productores.
A partir de la breve caracterización de las cuatro secciones que componen el primer
capítulo es posible abordar con claridad la noción de sustancia social la cual, como se
verá, es la categoría que devela atributos del ser social.
2.2 La sustancia social en El Capital
Al principio de la sección II del primer capítulo, Marx pone de presente algo que no
debe ser pasado por alto: “He sido el primero en exponer críticamente esa naturaleza
bifacética del trabajo contenido en la mercancía” (Marx, C, 1975 p. 51). Tal
descubrimiento supone una novedad frente a la idea simplificada de que el pensador
alemán propone una teoría de la determinación del valor por el trabajo (la denominada
15 La tercera sección de este primer capítulo se titula 3. La forma valor o valor de cambio
16La cuarta sección de este primer capítulo es 4. El carácter fetichista de la mercancía y su
secreto
20
Capítulo I
teoría del valor-trabajo). Tal atribución es falsa si se tiene en cuenta que el mismo Marx
reconoce que fue Adam Smith quien avanzó en el descubrimiento de la determinación
del valor por el trabajo: “Un inmenso progreso se dio cuando Adam Smith rechazó todo
carácter determinado de la actividad creadora de riqueza considerándola simplemente
como trabajo” (Marx, GRI, 1982, p. 25). Por lo tanto, aquello que descubre el filósofo
de Tréveris va más allá que la simple formulación, atribuida a Smith, de haber
encontrado la determinación del valor en el trabajo, entendido como actividad creadora
de riqueza. Un examen simple podría concluir que tanto en Smith como en Marx hay
una teoría del valor trabajo, sin embargo: ¿En qué radica aquello que diferencia la teoría
del valor trabajo de Smith con respecto a la formulación de Marx? Siguiendo a Heinrich
(2012): “Adam Smith had “proven” the determination of a commodity’s value through
labor with the argument that labor entails effort and that we therefore estimate the value
of something according to how much effort is involved in producing it. [Adam Smith
había “demostrado” la determinación del valor de una mercancía a través del trabajo
con el argumento de que el trabajo implica esfuerzo y que nosotros, luego, estimamos
el valor de algo de acuerdo con cuánto esfuerzo está involucrado en producirlo como
tal]” (p. 45)17. La diferencia fundamental entre ambos, como se verá, es que para Marx
el valor no es simple producto del esfuerzo particular en la producción de una
mercancía, sino que el valor se constituye en tanto esfuerzo particular socialmente
determinado en la producción de una mercancía. En otras palabras: el contenido del
valor no es el trabajo individual, sino es el trabajo social. Como señalaremos más
adelante, el carácter social del trabajo es expresión de la sustancia social. Sin embargo:
¿A qué hace alusión esta noción?. En varios pasajes de las dos primeras secciones
del primer capítulo de El Capital, Marx alude a esta noción. Así, al hacer abstracción
del valor de uso, de las formas corpóreas y sensibles que constituyen cualquier
mercancía o producto, tenemos que:
Ese producto ya no es una mesa o casa o hilo o cualquier otra cosa útil.
Todas sus propiedades sensibles se han esfumado. Ya tampoco es
producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero o de cualquier
trabajo productivo determinado” (Marx, C, 1975, p. 47).
Opera entonces una doble abstracción, es decir: se abstrae la utilidad material del
producto y también su determinación como producto del trabajo de un individuo
particular, de modo que queda reducido a trabajo humano indiferenciado, o
17 La traducción es mía
21
Capítulo I
abstractamente humano. Es el trabajo abstractamente humano aquello que es
denominado sustancia social:
Examinemos ahora el residuo de los productos del trabajo. Nada ha
quedado de ellos salvo una misma objetividad espectral, una mera gelatina
de trabajo humano indiferenciado, esto es, de gasto de fuerza de trabajo
humana sin consideración a la forma en que esta se gastó. Esas cosas tan
sólo nos hacen presente que en su producción se empleó fuerza humana
de trabajo, se acumuló trabajo humano. En cuanto cristalizaciones de esa
sustancia social común a ellas, son valores (Marx, C, p.47, énfasis en
itálicas añadido)
Las mercancías mismas son cristalizaciones de esta sustancia social y en esa medida
son valores. La reducción de todo producto particular y concreto a trabajo abstracto es
representada con la metáfora de la espectralidad o mera gelatina de trabajo
indiferenciado. Esta imagen es clave. Representar la sustancia social común como una
objetividad espectral implica que la sustancia social no tiene una forma definida (Cf,
Ruschig, 2017, p. 49). Sin embargo, antes de caracterizar en detalle los atributos de la
sustancia social, debemos someter a evaluación la noción misma de sustancia en Marx
para develar a partir de allí el sentido que tiene la sustancia social en El Capital.
2.2.1 Caracterización de la noción de sustancia en Marx
El uso que hace Marx de la categoría de sustancia social en El Capital es contradictorio
si se tiene en cuenta la crítica hecha a la categoría de sustancia en obras previas,
específicamente en La Sagrada Familia (SF) y la Ideología Alemana (IA). En estos dos
trabajos se señala el carácter metafísico de la noción de sustancia en la filosofía
especulativa posterior a Hegel. Allí, la sustancia aparece como el fundamento abstracto
de los objetos reales. En lo que sigue se aludirá a la crítica de la noción de sustancia
hecha por Marx en estas dos obras. Cabe aclarar que las posibles lecturas del problema
de la sustancia en Marx en relación con otros pensadores, tales como Aristóteles,
Spinoza o Hegel, se dejarán de lado. No hay un concepto explícito de sustancia en
Marx, tal y como sí es posible encontrarlo en los trabajos de otros filósofos como los
antes mencionados. Partiendo de tal supuesto, nos centramos en establecer la manera
en que la noción de sustancia debe entenderse a la luz de trabajos mencionados, a
partir de los cuales es posible dilucidar el sentido de la categoría de sustancia social en
El Capital.
22
Capítulo I
En SF establecen Marx y Engels un debate con la filosofía idealista, especialmente en
la obra de Bruno Bauer retomando en muchos puntos la intervención materialista de
Feuerbach. Sin entrar a detallar el debate con Bauer y la adopción del materialismo de
Feuerbach, encontramos en el capítulo V de este trabajo una alusión a la interpretación
hecha por el filósofo hegeliano Franz Sziga de la novela Los misterios de París de
Eugène Sue. Para los autores, la interpretación hecha por Sziga de la novela sirve de
punto de partida a partir del cual se procede a “[...] liquidar de una vez por todas con
los elementos caducos de la filosofía hegeliana, con su "construcción especulativa".”
(Marx & Engels, SF, 1971, p. 70). Parecen aludir directamente a la lógica especulativa
adoptada por Sziga para interpretar la novela de Sue: “El misterio de la exposición
crítica de los Misterios de París, es el misterio de la construcción especulativa de Hegel”
(SF, p. 72). Según Marx y Engels, la lógica especulativa hegeliana opera a través de
abstracciones conceptuales. Se parte de la experiencia sensible de diferentes objetos
particulares:
Cuando, operando con realidades, manzanas, peras, fresas, almendras, yo
me formo la noción general fruta; cuando, yendo más lejos, me imagino que
mi noción abstracta, sacada de las frutas reales, es decir, la fruta, es una
entidad que existe fuera de mí y constituye hasta la verdadera entidad de
la manzana, de la pera, yo declaro, en lenguaje especulativo, que la fruta
es la substancia de la pera, de la manzana, de la almendra, etc. Digo, pues,
que lo que hay de esencial en la pera o en la manzana, no es el ser pera o
manzana. Lo que les es esencial, no es su ser real, concreto, que cae bajo
los sentidos, sino la entidad abstracta que he deducido y que les he
substituido, la entidad de mi representación: la fruta. (SF, p.72- 73, énfasis
en itálicas añadidos).
De este fragmento debemos distinguir dos momentos. En el primero, hay un acto
intelectivo en el cual, a partir de la experiencia sensible de objetos dados (manzanas,
peras, fresas, almendras, etc.), se llega a una noción general de fruta. Esta noción es
de carácter meramente subjetivo. En el segundo momento, la noción general del primer
momento pasa a ser una entidad que existe fuera de aquel que la piensa y, en tanto
sustancia, adopta un carácter objetivo. En este segundo momento, desde la
perspectiva de la razón especulativa, las diferencias sensibles son, paradójicamente,
totalmente indiferenciadas. Con respecto a la sustancia o la fruta, como entidad
abstracta, los objetos concretos son simples manifestaciones o modos de existencia de
ésta. Se opera un movimiento en el cual una noción subjetiva de carácter general
23
Capítulo I
termina, como sustancia, sustituyendo los elementos particulares dados en la
experiencia con una categoría objetiva y universal.
En relación con los anteriores dos momentos, la crítica de Marx consiste en señalar
que es imposible producir frutas reales a partir de la sustancia, es decir, a partir de la
fruta. Desde la lógica especulativa, a la pregunta acerca de la diversidad de las
diferentes frutas concretas se responde lo siguiente: “Las diversas frutas "profanas" son
diferentes manifestaciones de la fruta única; son cristalizaciones que forman la fruta
misma.” (p. 74). En este caso se presupone la categoría de la fruta, se hace borradura
de su origen subjetivo, y por lo tanto se hace énfasis en la manera en que, la objetividad
de la fruta como sustancia, se expresa a través de las frutas particulares. Concluye
Marx que la especulación es capaz de “[...] encontrar en ella a todas las frutas reales,
pero sólo como frutas, teniendo un valor místico superior, surgidas del éter de vuestro
cerebro y no de la tierra material, encarnaciones de la fruta, del sujeto absoluto”. (p.
75). En últimas, la noción de sustancia de la lógica especulativa no deja de ser una
abstracción surgida de la mente -del éter del cerebro-. Este punto es fundamental dado
que, tal y como se verá, en El Capital la sustancia es todo menos una simple
abstracción de la mente. En vez de eso, la sustancia surge de lo que en el anterior
pasaje se denomina tierra material.
Pero: ¿A qué se refiere Marx con aquello que efectivamente surge de la tierra material
en contraposición a lo meramente pensado, producto del éter del cerebro? En este
punto es de suma importancia remontarnos a IA. En la sección segunda del primer
capítulo de esta obra dedicada a Feuerbach, Marx se refiere a lo que denomina la
producción de la conciencia. Se parte del supuesto de “[...] que la verdadera riqueza
espiritual del individuo depende totalmente de la riqueza de sus relaciones reales.”
(Marx & Engels, IA 2014, p. 30). De esto se desprende entonces que lo espiritual,
entendido como aquello pensado por la conciencia, no es solamente producto
inmediato de un acto intelectivo. De ahí que “[...] todas las formas y todos los productos
de la conciencia no brotan por obra de la crítica espiritual, mediante la reducción a la
«autoconciencia» o la transformación en «fantasmas» «espectros», «visiones» etc.”
(Marx & Engels, IA, p. 31). El pensamiento no es algo dado únicamente por la crítica
espiritual, entendida como acto intelectivo de la conciencia individual; aquello que es
pensado por los individuos depende de las relaciones sociales en que se encuentran
inscritos. La primacía de las relaciones sociales es aquello a lo que alude la metáfora
de la tierra material. La conciencia individual y los conceptos mismos que esta produce
24
Capítulo I
son elementos producidos en el marco de las relaciones sociales materiales en las que
se sitúan los individuos:
Esta suma de fuerzas de producción, capitales y formas de intercambio
social con que cada individuo y cada generación se encuentran como con
algo dado es el fundamento real de lo que los filósofos se representan como
la «sustancia» y la «esencia del hombre», elevándolo a apoteosis y
combatiéndolo; un fundamento real que no se ve menoscabado en lo más
mínimo en cuanto a su acción y a sus influencias sobre el desarrollo de los
hombres por el hecho de que estos filósofos se rebelen contra él como
«autoconciencia» y como el «único». [...] (IA, p. 32)
Las representaciones conceptuales descansan sobre un fundamento de carácter
social, el cual es el supuesto desde el que lo pensado puede ser pensado como tal. En
otros términos: los individuos que se representan determinados conceptos lo hacen
desde unas relaciones sociales que los preceden y en las que están desde siempre
inscritos. De esta manera, la abstracción mental de algún fenómeno o cosa se
corresponde con las relaciones sociales que posibilitan que dicho fenómeno o cosa sea
susceptible de ser abstraído. La conciencia individual produce abstracciones, pero ella
misma es simultáneamente producida, es producto de las relaciones sociales. Ahora
bien, aceptando que aquello que es susceptible de ser abstraído o pensado es aquello
que tiene una realidad efectiva en las relaciones reales entre los individuos, y en la
manera en que dichas relaciones producen la conciencia, se llega a una conclusión
general enunciada por Marx al final de esta sección de IA:
Una vez que las ideas dominantes se desglosan [...] de las relaciones que
brotan de una fase dada del modo de producción, lo que da como resultado
el que el factor dominante en la historia son siempre las ideas, resulta ya
muy fácil abstraer de estas diferentes ideas «la idea» por antonomasia, el
principio, etc., como lo que impera en la historia, concibiendo así todos
estos conceptos e ideas concretos como «autodeterminaciones» del
principio que se desarrolla por sí mismo en la historia. Así consideradas las
cosas, es perfectamente natural también que todas las relaciones
existentes entre los hombres se deriven del concepto del hombre, del
hombre imaginario, de la esencia del hombre, del hombre por antonomasia.
Así lo ha hecho, en efecto, la filosofía especulativa (IA, p. 41).
25
Capítulo I
Las ideas desglosadas del conjunto de relaciones sociales dadas en un momento
histórico, y por lo tanto abstraídas de la tierra material, son análogas al ejemplo aludido
en SF sobre la sustancia independiente -La fruta- de los objetos particulares a partir de
los cuales es abstraída -pera, manzana y almendra- y de la conciencia subjetiva que la
piensa. Para ejemplificar lo anterior, se enfatiza en que a través de la lógica
especulativa incluso el concepto de hombre es aquello de lo que emanan las relaciones
reales de los hombres. En pocas palabras: lo real como un simple producto de lo
conceptual, y lo conceptual como un pensamiento independiente de lo real.
Ahora bien. ¿En qué consiste la atribución de Marx a la filosofía especulativa de
suplantar lo real con lo conceptual?. Son dos los aspectos de la suplantación de lo real
por lo conceptual. En el aspecto subjetivo, la especulación: “[…] en vez de los hombres
reales y de su conciencia real, toma la simple frase abstracta: la autoconciencia [...]
independiente de sus relaciones sociales y enfrentada a ellas, y, en vez de la
producción real, la actividad sustantiva de esta autoconciencia” (IA, p. 77). Con
respecto al aspecto objetivo: “[...] sustituye la naturaleza real y las relaciones sociales
realmente existentes por el compendio filosófico de todas las categorías o nombres
filosóficos de estas relaciones en la frase «la sustancia» [...]” (IA, p.77). La crítica a la
sustitución de las relaciones sociales por las categorías abstractas de la filosofía,
específicamente en las nociones de autoconciencia y de sustancia, permite entrever
que para Marx dichas categorías no son adecuadas para dar cuenta de la realidad
social. Si esto es cierto subsiste el problema del sentido de la noción de sustancia social
usada por Marx en El Capital. A este respecto podemos plantear que las nociones
tomadas por Marx del hegelianismo apuntan, sin embargo, a una problemática distinta
a la del idealismo. En un sentido similar destaca Balibar que la noción de esencia
introducida por Marx en las Tesis Feuerbach (TF) es una noción que, paradójicamente,
tiene un sentido antiesencialista al estar constituida por relaciones sociales (Cf, 2020,
p. 143). En analogía con el postulado de Balibar, la noción de sustancia social en Marx
no sería algo trascendente a las relaciones sociales, sino todo lo contrario.
2.2.2 La inmanencia de la sustancia social
Es posible argumentar que el sentido que tiene la noción de sustancia en El Capital es
distinto al que tiene este concepto para la filosofía especulativa tal y como se
caracterizó en la crítica hecha por Marx en IA y SF. Es decir, con sustancia social no
se alude a un concepto abstracto y universal que sería independiente de las relaciones
sociales; sino que, en cambio, se alude a un concepto que es dependiente de las
relaciones que producen a la conciencia que lo piensa. Desde esta perspectiva el
26
Capítulo I
pensamiento es inmanente a la realidad social, parafraseando la conocida tesis del
PCE18 los individuos siempre se plantean aquellas ideas o conceptos que pueden ser
efectivamente pensadas, pues considerándolo más profundamente, siempre
hallaremos que los pensamientos o ideas del individuo sólo surgen cuando las
condiciones materiales para ser pensados ya existen, o cuando, menos, se hallan en
proceso de devenir. Este punto es fundamental, dado que la categoría de sustancia
social no es algo trascendente, sino que está dada en la realidad social misma y solo
puede ser pensado desde esa realidad.
A la luz del anterior planteamiento, es preciso retomar nuevamente la noción de
sustancia social antes aludida en el primer capítulo. En cuanto cristalizaciones de esta
sustancia, las mercancías son valores. Ahora bien, la sustancia social común se
expresa a través de la relación de intercambio entre mercancías. Por ejemplo, la
relación de cambio entre dos mercancías, cualquiera que estas sean: 2 chaquetas
equivalen a 3 barras de paño. En esta relación cuantitativa entre dos mercancías
cualitativamente distintas subsiste algo en común, de ahí que a la pregunta: “¿Qué
supone la distinción puramente cuantitativa de los objetos?” (Marx, GRI, 1982, p. 101)
responda Marx: “[...] su identidad cualitativa [...] la medida cuantitativa de los trabajos
presupone su igualdad cualitativa, la identidad de su cualidad” (GRI, p. 101). La
identidad cualitativa de los trabajos es aquello que está dado por la sustancia social, es
decir, por el trabajo humano indiferenciado o trabajo abstracto. (Cf, Marx, C, 1975, p.
45).
Dada la caracterización hecha por Marx de la lógica especulativa, de entrada, la
abstracción del trabajo humano como sustancia social común a varias mercancías
heterogéneas no se diferencia en lo absoluto de la operación especulativa de
abstracción de un universal abstracto común a varios elementos heterogéneos. El
hecho de que varias mercancías (una silla, un libro y una chaqueta, etc.) puedan ser
reducidas a cristalizaciones de una sustancia social común, es análogo a la que ocurre
en el ejemplo antes mencionado en SF de las diversas frutas heterogéneas abstraídas
en el concepto de la fruta. Ambas, la sustancia social común y la fruta respectivamente
son universales abstraídos en el pensamiento a partir de elementos concretos. No
obstante, la analogía se interrumpe en este punto.
18Cita original PCE: “[...] la humanidad siempre se plantee sólo tareas que puede resolver, pues
considerándolo más profundamente siempre hallaremos que la propia tarea sólo surge cuando
las condiciones materiales para su resolución ya existen o, cuando menos, se hallan en proceso
de devenir” (Marx, PCE, 2008, p, 5)
27
Capítulo I
En el caso de la abstracción especulativa, el concepto universal o sustancia es
eminentemente subjetivo, y sin embargo se proyecta como independiente del sujeto
que lo conceptualiza y de las condiciones dentro de las cuales emerge como concepto.
En contraste, la sustancia social existe efectivamente en las relaciones sociales
materiales que constituyen la sociedad y en las que se inscribe la conciencia del
individuo que la piensa como tal. Esta diferencia entre la abstracción especulativa y lo
que podríamos denominar la sustancia social puede ser clarificada remitiéndonos al
epílogo a la segunda edición de El Capital en donde se establece un paralelo con Hegel:
“Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte incluso, bajo el nombre de la idea,
en un sujo autónomo, es el demiurgo de lo real; lo real no es más que su manifestación
externa. Para mí, a la inversa, lo ideal no es sino lo material traspuesto y traducido en
la mente humana” (Marx, C, p. 20). A partir de este fragmento puede plantearse que la
abstracción especulativa es producto del proceso del pensar autonomizado de lo real.
En el caso de la sustancia social, esta sería lo real mismo, dado independientemente
del pensar, así, conceptos universales como el de trabajo abstracto no serían más que
la materialidad de las relaciones sociales traducida en la mente humana como
concepto.
Teniendo en cuenta lo anterior, la configuración de las relaciones sociales en un
momento de la historia determinado posibilita que sea posible pensar la categoría de
valor. El modo en que se configuran las relaciones sociales (el modo de producción)
supone un límite a lo pensable. Es en tal sentido que puede retomarse la referencia
hecha a Aristóteles por Marx cuando explica las razones que le llevaron a no avanzar
en sus investigaciones sobre la forma valor o valor de cambio. Establece Aristóteles
una equivalencia entre dos ecuaciones: 5 lechos= una casa no difiere de 5 lechos=tanto
o cuánto dinero. Obviando el descubrimiento atribuido por el pensador alemán a
Aristóteles, el de haber establecido que la forma dineraria no difiere de la forma simple
de valor (es decir que es lo mismo una relación simple entre dos mercancías y una
relación entre una mercancía y una cantidad de dinero, hecho que no es claro para la
economía política clásica como veremos más adelante), es clara la razón por la cual
Aristóteles no es capaz de dilucidar que está detrás de la igualdad y por lo tanto
conmensurabilidad de estas mercancías:
El propio Aristóteles nos dice, pues, por falta de qué se malogra su análisis
ulterior: por carecer del concepto de valor ¿Qué es lo igual, es decir, cuál
es la sustancia común que la casa representa para el lecho, en la expresión
del valor de éste? (Marx, C, 1975, p.73).
28
Capítulo I
Para Aristóteles esta sustancia no puede ser concebida, la razón es simple.
Contrapuesta al lecho, la casa representa algo igual. En otros términos: a través de la
casa se expresa algo que es igual al lecho, el trabajo humano indiferenciado. La
sustancia social común que la casa representa para el lecho, sin embargo, no es
susceptible de ser pensada o abstraída con independencia de las relaciones sociales
que dan origen a la sustancia social como tal, es decir, no es algo que Aristóteles
pudiera alcanzar dado que las relaciones sociales que producían su conciencia como
tal eran las de la sociedad griega, cuya base era la desigualdad de los trabajos de los
individuos y sus fuerzas de trabajo (Cf, C, p. 73). En esa medida, el concepto de valor:
[...] sólo podía ser descifrado cuando el concepto de la igualdad humana
poseyera ya una firmeza de prejuicio popular. Más esto sólo es posible en
una sociedad donde la forma mercancía es la forma general que adopta el
producto del trabajo, y donde, por consiguiente, la relación entre unos y
otros hombres como poseedores de mercancías se ha convertido,
asimismo, en la relación social dominante (C, p.74).
Los límites históricos señalados por Marx en la investigación de Aristóteles permiten
entrever que la posibilidad de abstraer la sustancia común a dos mercancías, el pensar
conceptual como tal, está ligado condiciones sociales en las que la sustancia social
aparece como la estructura fundamental realidad social en la cual está inscrita la
conciencia que realiza la operación intelectiva. Solamente en sociedades en donde
domina el modo capitalista de producción es posible llegar a un concepto de valor ya
que la sustancia social común de valor o trabajo abstractamente humano es inmanente
a la dominancia de la relación social entre poseedores de mercancías. En último
término, conceptualizar la categoría de valor es inseparable de la existencia efectiva
de la denominada sustancia social común, en otras palabras, conceptualizar la
categoría de valor depende de una experiencia histórica particular : “Se requiere una
producción de mercancías desarrollada de manera plena antes que brote, a partir de la
experiencia misma, la comprensión científica de que los trabajos privados [...] son
reducidos en todo momento a su media de proporción social [...]” (C, p. 92). El trabajo
abstracto como sustancia social se da desde el interior de la sociedad en la cual los
trabajos privados se expresan de manera social general en el intercambio de
mercancías. La conciencia que piensa la categoría de valor no está separada de la
realidad social que produce como tal su objeto y que posibilita que pueda acceder a su
estructura. Puede concluirse con Marx que la categoría de valor no es solamente una
abstracción de la mente, sino que se corresponde con el desarrollo concreto del trabajo
29
Capítulo I
como sustancia social común, es decir, con la existencia efectiva de una sociedad
donde es posible pensar el trabajo abstracto. En esa medida, la sustancia generadora
de valor es inmanente ya que está inscrita en la realidad social capitalista donde tiene
un desarrollo concreto como estructura universal. Agrega el filósofo alemán:
[...] esta abstracción del trabajo en general no es solamente el resultado
intelectual de una totalidad concreta de trabajos. La indiferencia por un
trabajo particular corresponde a una forma de sociedad en la cual los
individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el
género determinado de trabajo se ha convertido entonces, no sólo en
cuanto categoría, sino también en la realidad, en el medio para crear
riqueza en general y, como determinación, ha dejado de adherirse al
individuo como una particularidad suya (Marx, GRI, p. 25,).
En conclusión, la sustancia social en Marx es inmanente. Al estar inscrita en las
relaciones sociales que constituyen el modo de producción capitalista, la posibilidad de
abstraer su concepto (el valor) descansa sobre la existencia efectiva del capitalismo
como tal. Ahora bien, habiendo dilucidado el carácter inmanente de la sustancia social
procederemos a caracterizar los que, a nuestro modo de ver, son tres de sus atributos:
2.2.3 Relacionalidad, variación y procesualidad de la sustancia social
Tal y como señalamos antes, la categoría de sustancia social en su relación con los
conceptos de valor y trabajo abstracto devela atributos de lo social o ser social que no
están explícitamente definidos por Marx: el de estar compuesto por relaciones sociales
entre partes individuales, el de tener variaciones en la capacidad de producción de cada
una de estas partes individuales y, finalmente, el de ser procesual.
[Link] relacionalidad
Para Marx la sustancia social está constituida por partes que la conforman como un
todo interrelacionado. En conjunto, la sustancia social es una misma fuerza de trabajo,
compuesta por varios elementos o fuerzas de trabajo individuales:
[...] El trabajo que genera la sustancia de los valores es trabajo humano
indiferenciado, gasto de la misma fuerza humana de trabajo. El conjunto de
la fuerza de trabajo de la sociedad, [...] hace las veces aquí de una y la
misma fuerza humana de trabajo, por más que se componga de
innumerables fuerzas de trabajo individuales. Cada una de esas fuerzas de
30
Capítulo I
trabajo individuales es la misma fuerza de trabajo humana que las demás,
en cuanto posee el carácter de fuerza de trabajo social media y opera como
tal fuerza de trabajo social media, es decir, en cuanto en la producción de
una mercancía, sólo utiliza el tiempo de trabajo promedialmente necesario
o tiempo de trabajo socialmente necesario (Marx, C, 1975, p.48).
Tal y como se mencionó antes, la sustancia social es aquello común a distintos tipos
de mercancías, en tanto son productos del trabajo humano. Ahora bien, en sí misma,
la sustancia es una única fuerza humana de trabajo, por más que se componga de
innumerables elementos individuales o fuerzas de trabajo individuales. Es decir, cada
fuerza de trabajo individual está relacionada con la totalidad de las fuerzas de trabajo
humano que constituyen la sustancia social como una única fuerza de trabajo. En
últimas, el carácter social de las fuerzas de trabajo individuales que la componen
permiten caracterizarla como algo relacional.
Con base en lo anterior, si cada fuerza de trabajo individual no tuviese una existencia
social, es decir, si la fuerza de trabajo individual no estuviese en relación con todas las
demás fuerzas de trabajo individuales, entre mayor fuese la duración del empleo de
fuerza de trabajo individual para producir cualquier mercancía, más valor tendría ésta
(C, p. 48). En tal caso, el valor se determinaría por la libre voluntad del individuo quien
decidiría arbitrariamente la duración de su trabajo y por lo tanto su valor. Sin embargo,
las relaciones sociales entre las partes de la sustancia social, entendidas como fuerzas
de trabajo individuales, configuran una urdimbre de esfuerzos con duraciones
temporales particulares que, en su interdependencia19, tienden a un límite común: “[...]
requerido para producir un valor de uso cualquiera, en las condiciones normales de
producción vigentes en una sociedad […]” (C, p. 48). Es decir, la duración del empleo
de fuerza de trabajo particular para producir determinada mercancía tiende a un tiempo
de trabajo socialmente necesario. En último término, este conjunto de relaciones
sociales entre fuerzas de trabajo individuales y la duración media de sus trabajos
determina la magnitud de valor. Al establecerse un límite social común como trabajo
socialmente necesario, indudablemente la producción de valor está socialmente
determinada, en esto consiste el hecho de que el contenido del valor no sea meramente
19 La interdependencia entre las fuerzas de trabajo individuales debe entenderse como su
situación social:” [Los individuos] están determinados por su situación social, la cual depende a
su vez de la organización social en su conjunto (…) el obrero que compra papas y la concubina
que compra encajes, se atienen a su opinión respectiva. Pero la diversidad de sus opiniones se
explica por la diferencia de la posición que ocupan en el mundo, y esta diferencia de posición
es producto de la organización social” (Marx, MF, 1987, p. 11-12).
31
Capítulo I
producto del esfuerzo individual como se señaló previamente a propósito de la teoría
del valor de Adam Smith, sino más bien sea producto social de un todo relacional entre
fuerzas de trabajo individuales que operan bajo los límites temporales socialmente
establecidos.
[Link] variación
Además de su carácter relacional, podemos argumentar que la sustancia social está
estructurada por variaciones en la capacidad productora de valor de cada una de las
fuerzas de trabajo individuales que la componen. Estas variaciones se expresan como
cambios en la magnitud de valor. Al respecto plantea Marx: “¿Cómo medir, entonces,
la magnitud de valor? Por la cantidad de “sustancia generadora de valor” [...] contenida
en ese valor de uso [mercancía]” (Marx, C, 1975, p. 47-48). La magnitud de valor, sin
embargo, no es algo fijo. El tiempo de trabajo socialmente necesario es modificado
constantemente a consecuencia de transformaciones en la fuerza productiva del
trabajo, es decir, en la capacidad de producir más en menos tiempo, dicha variación
está determinada:
[...] por múltiples circunstancias, entre otras por el nivel medio de destreza
del obrero, el estadio de desarrollo en que se hallan la ciencia y sus
aplicaciones tecnológicas, la coordinación social del proceso de
producción, la escala y la eficacia de los medios de producción, las
condiciones naturales (C, p. 49)
De lo anterior deriva que la sustancia social, además de estar constituida por relaciones
sociales entre sus fuerzas de trabajo individuales que tienden a un límite común o
trabajo socialmente necesario, también es móvil, varía en función de circunstancias
técnicas que determinan la capacidad productiva de cada fuerza de trabajo individual y
que por lo tanto desplazan continuamente el límite común del trabajo socialmente
necesario.
[Link] Procesualidad
Aceptando el carácter relacional y variable de la sustancia social, debemos insistir que
ella no se reduce únicamente a la cristalización de determinada cantidad de valor en
una mercancía. La sustancia social no es una propiedad objetual según la cual una
mercancía, además de su materialidad o valor de uso, encarnaría también un éter de
sustancia de valor de determinadas proporciones (Según esta concepción una cosa útil
cualquiera, un libro, por ejemplo, además de su materialidad como cosa estaría también
32
Capítulo I
impregnado de la sustancia de valor concebida como un éter). En varios pasajes de El
Capital, Marx insinúa que el valor no es una propiedad objetual. Por ejemplo, en el
capítulo X se menciona lo siguiente:
“El valor real de una mercancía, sin embargo, no es su valor individual, sino
su valor social, esto es, no se mide por el tiempo de trabajo que insume
efectivamente al producto en cada caso individual, sino por el tiempo de
trabajo requerido socialmente para su producción” (Marx, C, p. 385)
En este fragmento se insinúa que el valor real de una mercancía no reside en su valor
individual, el cual es entendido como determinado tiempo de trabajo invertido en su
producción. Por el contrario, su valor real sería una propiedad social independiente de
la mercancía individual y su objetualidad. En esa medida, y en oposición a una
interpretación objetual del valor (Cf, Heinrich, 2012), éste debe concebirse, más bien,
como un espacio o campo. La mercancía tiene valor en tanto está inscrita en un campo
estructurado de relaciones sociales móviles. Siguiendo a Rancière, cuando se
establece la equivalencia entre dos valores de uso diferentes:
“They are neither equal as mere things, nor even as items of the same
substance; they are equal in determinate formal conditions imposed by the
structure in which this relation is achieved. […] The forms in which the things
are related with one another by the dimension of value are forms determined
by the structure of a certain space. The properties they take on in the
equation must be determined by the properties of the space in which the
representation, the Darstellung, is achieved [Ellos no son equivalentes en
tanto meras cosas, tampoco incluso en tanto elementos de la misma
substancia; ellos son equivalentes en determinadas condiciones formales
impuestas por la estructura en la cual esta relación es realizada […] Las
formas en las cuales las cosas están relacionadas unas con otras por la
dimensión del valor son formas determinadas por la estructura de cierto
espacio. Las propiedades que ellas adquieren en la ecuación deben ser
determinadas por las propiedades del espacio en el cual la representación,
la Darstellung, es realizada]” (Rancière, 2016, p. 106)20
20 La traducción es mía
33
Capítulo I
Aquel espacio estructurado que posibilita la equivalencia entre dos valores de uso es
aquello que nosotros denominamos sustancia social (esto pese a que Rancière
establece una tajante diferencia entre dicho espacio y la categoría de sustancia)21.
Ahora bien, si aceptamos que el valor no es algo dado en las mercancías individuales,
sino una estructura relacional y dinámica que posibilita que se establezca entre ellas
una identidad común, surge una paradoja. Escribe Marx: “En su calidad de valores, la
chaqueta y el lienzo son cosas de igual sustancia, expresiones objetivas del mismo tipo
de trabajo” (Marx, C, p. 53). Aquella sustancia de la cual las cosas con valor son
expresiones objetivas no es ella misma un objeto o una cosa. Remitiéndonos
nuevamente a lo ya señalado podemos decir, parafraseando al pensador alemán, en
cuanto valores de uso, las mercancías son cosas que tienen cualidades que son dadas
a los sentidos: “Ahora bien, si ponemos a un lado el valor de uso del cuerpo de las
mercancías, únicamente les restará una propiedad: la de ser productos del trabajo”
(Marx, C, p. 46). Esta propiedad, sin embargo, no se manifiesta en la materialidad de
las cosas mismas. Si se toma un objeto en su aspecto de ser producto del trabajo
haciendo abstracción de cualquier otra cualidad: “Ese producto ya no es una mesa o
casa o hilo o cualquier otra cosa útil. Todas sus propiedades sensibles se han
esfumado” (Marx, C, p. 47). En eso radica el carácter fantasmagórico de la sustancia
social, ella es una estructura que se hace presente en sus efectos, es decir, que se
manifiesta en los valores de uso sin ser ella dada a los sentidos como una propiedad
intrínseca del valor de uso como tal. Ahora bien, que la sustancia social solo se
manifieste a través de los valores de uso sin ser ella misma una propiedad objetual de
los valores de uso, permite entender mejor su aspecto procesual el cual es señalado
de la siguiente manera:
El proceso se extingue en el producto. Su producto [el producto de las
fuerzas de trabajo que componen la sustancia social] es un valor de uso,
un material de la naturaleza adaptado a las necesidades humanas
mediante el cambio de forma. El trabajo se ha amalgamado su objeto. Se
ha objetivado, y el objeto ha sido elaborado. Lo que en el trabajador
aparecía bajo la forma de movimiento, aparece ahora en el producto como
atributo en reposo, bajo la forma del ser (Marx, C, 219).
21Con respecto a este punto baste con reiterar que nuestra caracterización de la noción de
sustancia social en Marx apunta a una sustancia social de un tipo muy particular, es decir, Marx
se vale de la noción de sustancia, pero con ella señala aspectos del ser social que se diferencian
de acepciones metafísicas, como es el caso de la anteriormente mencionada abstracción
especulativa.
34
Capítulo I
Lo anterior quiere decir que cualquier valor de uso es expresión objetual de la sustancia
social y, por lo tanto, producto o resultado parcial de un proceso. Siguiendo un
planteamiento análogo del filósofo de Tréveris: “[La mercancía] no es tiempo de trabajo
en cuanto tiempo de trabajo, sino tiempo de trabajo materializado, tiempo de trabajo no
en forma de movimiento, sino de reposo, no en forma de proceso, sino de resultado”
(Marx, GRI, 1982, p. 68). Estos dos anteriores planteamientos son centrales, dado que
señalan el carácter procesual de la sustancia creadora de valor. Ésta se da bajo dos
aspectos simultáneos: como proceso, y al mismo tiempo como algo estático, como
resultado o cristalización de valor en determinadas mercancías.
En último término, a partir de la reconstrucción de la crítica de la noción de sustancia
hecha por Marx en IA y SF, llegamos a la conclusión de que el sentido de esta categoría
en El Capital es el de una sustancia social inmanente al capitalismo. Entre sus atributos
se encuentra el de estar compuesta de partes individuales interrelacionadas; también
se concluye que la capacidad productiva de las partes constitutivas de la sustancia
social varía en su magnitud y, finalmente, se muestra que la sustancia tiene un aspecto
procesual del cual los valores de uso son expresiones objetuales parciales. Habiendo
clarificado la noción de sustancia social en Marx y sus aspectos, procedemos a
introducir la noción de forma valor.
2.3 La forma valor en El Capital
Para Marx, el trabajo abstracto entendido como sustancia social del valor no es algo
independiente de una forma determinada. El desarrollo de la forma en que se expresa
el contenido social del valor es lo que el pensador alemán denomina forma valor.
Acerca de ella escribe:
Una de las fallas fundamentales de la economía política clásica es que
nunca logró desentrañar, partiendo del análisis de la mercancía y más
específicamente del valor de la misma, la forma del valor, la forma misma
que hace de él un valor de cambio. Precisamente en el caso de sus mejores
expositores, como Adam Smith y Ricardo, trata la forma del valor como una
cosa completamente indiferente, o incluso exterior a la naturaleza de las
mercancías (Marx, C, p.98).
Para Marx, la comprensión de la forma valor supone caracterizarla en sí misma, en su
desarrollo o génesis histórica. Solamente así es posible entender la manera en que
ésta no es, como en la economía clásica, algo exterior al contenido o sustancia social
35
Capítulo I
de valor. La sustancia social, tal y como fue caracterizada en la sección anterior, es un
contenido que ha sido tomado con independencia de su forma. Tal independencia del
contenido con respecto a la forma se basa en la exposición hecha en las secciones I y
II del primer capítulo de El Capital centradas en caracterizar la sustancia y magnitud de
valor (Marx, C, p.5). Allí señala Marx que el valor: “[...] se ha de considerar
independientemente de esta forma” (Marx, C, p. 47.) es decir de la forma valor. El
abordaje directo de la forma como tal se hará en la sección III del primer capítulo,
acerca del cual menciona: “Exceptuando el apartado referente a la forma de valor a
esta obra no se la podrá acusar de ser difícilmente comprensible” (C, p.6). La dificultad
que entraña el abordaje de esta sección se debe, a nuestro parecer, a lo paradójico
que resulta que Marx, luego de haber desechado la categoría de valor de cambio en la
sección I, vuelva a retomarla posteriormente en la sección III:
Habíamos partido, en realidad, del valor de cambio o de la relación de
intercambio entre las mercancías, para descubrir el valor de las mismas,
oculto en esa relación. Es menester, ahora, que volvamos a esa forma en
que se manifiesta el valor (C, p. 58-59).
La manera en que se manifiesta el valor es de gran importancia. Tal y como se verá, la
relación entre el contenido o sustancia social, y su forma no debe entenderse bajo el
dualismo de lo esencial frente a lo aparente. La forma valor no es simple apariencia
que oculta el contenido real del valor, es decir, la sustancia social. Paradójicamente,
como se verá, la forma valor es aquello que oculta pero al mismo tiempo expresa la
sustancia social.
Desde el prólogo a la primera edición de El Capital, Marx anuncia lo superlativo del
problema de la forma valor en sí misma, es decir con independencia de su contenido:
“La forma valor, cuya figura acabada es la forma de dinero, es sumamente simple y
desprovista de contenido. No obstante, hace más de dos mil años que la inteligencia
humana procura en vano desentrañar su secreto [...] ¿Por qué?” (C, p.6). La respuesta
a esta pregunta radica en mostrar la especificidad de la forma valor en sí misma. Hemos
insistido en que el descubrimiento de que el valor está dado por el trabajo humano es
algo que el pensador alemán retoma de la economía política clásica, especialmente de
Smith y Ricardo. No obstante, en su crítica a estas teorías de valor trabajo, además de
señalar la dimensión social de trabajo como creador de valor, se realiza también una
crítica a la manera en que estas teorías dejan de lado el problema de la forma en la
que se expresa la sustancia social de valor. En ese sentido, frente a la acusación de
Adolph Wagner hacia Marx, a quien señala de ser un simple continuador de la teoría
36
Capítulo I
ricardiana, este responde claramente que la diferencia que hay entre él y Ricardo es
que “[...] aquél [Ricardo] sólo se ocupó del trabajo en tanto que medida de la magnitud
de valor, sin por tanto encontrar el nexo entre su teoría del valor y la naturaleza del
dinero” (Marx, GMAW, 1976 p. 172). ¿Qué significa para Marx encontrar el nexo entre
la teoría del valor y la naturaleza del dinero? Significa, siguiendo lo planteado en El
Capital: “[...] llevar a cabo una tarea que la economía burguesa ni siquiera intentó, a
saber, la de dilucidar la génesis de esa forma dineraria [...]” (p. 59). Dicha génesis es
realizada en la sección III del primer capítulo de El Capital la cual procederemos a
exponer en detalle.
2.3.1 Génesis de la forma valor
Se parte de la forma singular de valor, la cual es la expresión de valor más simple dada
entre dos cantidades de mercancías diferentes: [x mercancía A vale y mercancía B].
Esta expresión es comparada con la forma general del valor o forma dinero, la cual es
la expresión de valor dada entre determinada cantidad de mercancía A y determinada
cantidad de dinero: [x mercancía A vale y dinero] (Marx, C, 1975, p. 59). En términos
estrictamente formales distingue Marx dos polos de cualquier expresión de valor (sea
esta singular o general): la forma relativa y la forma equivalente. En la primera, una
mercancía A expresa su valor en el cuerpo de otra mercancía B siendo su propio valor
relativo a dicha mercancía; en la segunda forma, en una mercancía B se encarna el
valor de la mercancía A, asumiendo B la forma equivalente. Ambas formas son polos
opuestos, siendo la primera absolutamente activa dado que es la que expresa su valor,
y la segunda absolutamente pasiva en tanto que encarna el valor de otra mercancía.
La forma valor se desarrolla en cuatro momentos específicos:
En un primer momento, en la ecuación [x mercancía A = y mercancía B], ambas
mercancías pueden asumir la forma relativa o la forma equivalente alternativamente;
luego, en un segundo momento, una única mercancía asume el rol de valor relativo y
expresa su valor en el resto de las mercancías que únicamente se le contraponen como
equivalentes [z mercancía A= x mercancía B, o = v mercancía C, o = w mercancía D, o
= x Mercancía E]. En este caso el polo está del lado de la forma relativa. En un tercer
momento, una única mercancía -el lienzo, digamos- asume el rol de equivalente, es
decir, con respecto a ella todas las demás mercancías son valores relativos: [x
Mercancía A= 2 varas de lienzo; y Mercancía B= 2 varas de lienzo; z mercancía C= 2
varas de lienzo]. El polo en este caso está del lado de la forma equivalente. Finalmente,
la cuarta forma no difiere de la tercera sino por el hecho de que la mercancía que ocupa
37
Capítulo I
el lugar de equivalente es el oro, el cual reemplaza al lienzo y hace las veces de dinero:
“Si el oro se enfrenta a las otras mercancías sólo como dinero, ello se debe a que
anteriormente se contraponía a ellas como mercancía” (C, p. 86). Es decir, el oro pasa
a desempeñar el papel de equivalente universal.
Ahora bien, los cuatro momentos de desarrollo de la forma valor son momentos
determinados del desarrollo histórico: con respecto al primero momento: “[...] esta
forma, en la práctica, sólo se da en los más tempranos comienzos, cuando los
productos del trabajo se convierten en mercancías a través de un intercambio fortuito
y ocasional” (C, p. 80). Es decir, puede darse el caso de que una mercancía asuma en
la contingencia de las relaciones de intercambio fortuitas el rol de forma relativa o
equivalente sin que sea esto algo fijo, en este caso Marx se estaría refiriendo al trueque:
[...] El trueque en el que cambia accidentalmente el excedente de la propia
producción con el excedente de la producción ajena, es sólo la primera
aparición del producto bajo la forma valor de cambio en general, y está
determinado por necesidades y goces accidentales” (Marx, GRI, 1982, p.
140)
En ese mismo sentido, con respecto al segundo momento: “ La forma desplegada de
valor ocurre de manera efectiva, por primera vez, cuando un producto del trabajo, por
ejemplo las reses, ya no se intercambia excepcionalmente, sino de modo habitual, por
otras mercancías diversas” (Marx, C, 1975, p. 81), En este caso, la división del trabajo
en un desarrollo específico hace que la producción local, las reses siguiendo el ejemplo
de Marx, sea susceptible de ser intercambiada por todo tipo de mercancías
regularmente: “apenas el trueque es regularizado, apenas se torna continuo y contiene
en sí mismo las condiciones recíprocas de su reiteración” (Marx, GRI, 1982 p. 140)
llevando a que el productor particular se encuentre con multitud de mercancías distintas
a la propia, las cuales son valores relativos a su propia mercancía. Finalmente, la forma
general o forma dinero, corresponde al momento en que la división del trabajo y el
intercambio se ha generalizado a tal punto que surge un equivalente universal con
respecto al cual todas las mercancías se intercambian.
En los anteriores momentos se da, a nuestro parecer, un movimiento que va desde los
intercambios singulares y fortuitos, pasando por los intercambios particulares en donde
un tipo de producción particular es relativo a otras producciones particulares; y
finalmente, un momento en dónde la producción universalmente desarrollada, en su
interdependencia, fija una mercancía que hace las veces equivalente universal por
38
Capítulo I
excelencia. Al señalar la relación entre las expresiones formales de la forma valor y su
existencia socio histórica nos ceñimos a lo planteado por Backhaus: “El análisis de la
estructura lógica de la forma de valor no debe ser separado del análisis de su contenido
sociohistórico.” (Backhaus, 1978, p. 20). Tal contenido sociohistórico señalado por
Marx en su exposición, tal y como mostramos, alude a la forma valor y sus momentos
no como algo meramente lógico, sino como algo desarrollado a lo largo de la historia a
través de la práctica de intercambio.22
Los momentos formales como la forma general o dineraria del valor hacen referencia a
una configuración, a un modo específico en que se expresa el valor, y no a un cálculo
cuantitativo, es decir, a la determinación de la magnitud de la sustancia social en
términos de dinero. A este respecto señala Marx:
La concepción superficial de [...] que en la ecuación de valor la equivalente
revista siempre, únicamente, la forma de una cantidad simple de una cosa,
de un valor de uso, ha inducido a Bailey, así como a muchos de sus
precursores y continuadores, a ver en la expresión de valor una relación
puramente cuantitativa. La forma de equivalente de una mercancía, por el
contrario, no contiene ninguna determinación cuantitativa del valor (Marx,
C, 1975, p. 69)
Este punto importante, las ecuaciones planteadas por Marx no tienen como objetivo
formalizar relaciones de magnitud de valor dadas entre cantidades de mercancías o
entre mercancías y dinero. De ahí que se recalque el carácter histórico de la exposición
de la sección III, allí se realiza una génesis histórica de la forma valor, del dinero en sí
mismo, y no una formalización de las relaciones cuantitativas entre mercancía y dinero.
22 En congruencia con nuestra exposición, en esta sección abordamos la forma valor como
forma en sí misma, es decir, independiente de su contenido de valor o sustancia social. En ese
sentido, es preciso señalar que en este caso la expresión citada de Backhaus acerca del
“contenido socio histórico” de la forma valor alude a las prácticas mismas que la constituyen
como tal, y no a su contenido de valor. El desarrollo de la forma valor en sus momentos singular,
particular y universal es algo dado en la práctica. Resulta pues esclarecedora la alusión hecha
por Marx al dinero como práctica: “[los poseedores de mercancía] piensan como Fausto. En el
principio era la acción. De ahí que hayan actuado antes de haber pensado. Las leyes de la
naturaleza inherente a las mercancías se confirman en el instinto natural de sus poseedores.
Sólo pueden relacionar entre sí sus mercancías en cuanto valores, y por tanto sólo en cuanto
mercancías, al relacionarlas antitéticamente con otra mercancía cualquiera que haga las veces
de equivalente general. Este es el resultado que se alcanzó en el análisis de la mercancía
[Sección 3 del capítulo I]. Pero sólo un acto social puede convertir a una mercancía determinada
en equivalente general” (C, 1975 p. 105-106).
39
Capítulo I
Hay otras buenas razones para sostener que el problema planteado en la sección III
no es el de determinar la magnitud de la sustancia social, es decir de tiempo de trabajo,
en términos de mercancías, dinero, etc. Al respecto podemos retomar la también por
Marx señalada importancia del problema del dinero en sí mismo por sobre la medición
de magnitudes de valor:
[...] en economistas que coinciden por entero en cuanto a medir la magnitud
del valor por el tiempo de trabajo, se encuentran las ideas más abigarradas
y contradictorias acerca del dinero [...] de la figura consumada que reviste
el equivalente general. Esto por ejemplo se pone de relieve, de manera
contundente, en los análisis sobre la banca, donde ya no se puede salir del
paso con definiciones del dinero compuestas de lugares comunes (C, p.
99, énfasis en itálicas añadidos).
Que la magnitud de valor esté dada por el tiempo de trabajo es algo secundario frente
al problema del dinero. En ese sentido, no se salda la discusión reduciendo la forma
valor o dinero a un simple reflejo en el cual se expresa la esencia del valor trabajo. La
forma valor, y en especial la ecuación de la forma general antes referida, no es
planteada por Marx con el propósito de demostrar la equivalencia entre dos
magnitudes: la de tiempo de trabajo y la de dinero: “De aquí lo absurdo de aquellos que
convierten en dinero al tiempo de trabajo como tal” (Marx, GRI, 1982, p.143). Antes
bien, el problema del dinero es el de la configuración de una forma, la forma general,
en la cual aparece la sustancia social de valor. Demostrar que en esta forma se refleja
exactamente determinada cantidad de sustancia social valor trabajo no es lo que
pretende el pensador alemán en esta sección.
En este orden de ideas es importante remitirnos al análisis sobre la banca previamente
aludidos en donde se hace clara la imprecisión en la comprensión del dinero. Los
análisis sobre la banca, a nuestro modo de ver, se refieren a la polémica de Marx con
los socialistas franceses, especialmente con Alfred Darimon, seguidor de Proudhon,
quien a partir del análisis la banca francesa propone la emisión de bonos horarios que
sustituyan el precio dinerario con el precio real en tiempo de trabajo a través de bonos23.
La problemática que se deriva de esta propuesta es la pretensión de expresar en el
dinero el valor real de los productos del trabajo, es decir, el tiempo de trabajo
socialmente necesario (Cf, Marx, GRI, p. 61). A propósito de lo cual comenta Marx: “La
23Tal polémica está contenida en el capítulo II de los Grundrisse (Cf Marx, GRI, 1982, p. 35-
175)
40
Capítulo I
sustitución del dinero metálico [...] por dinero-trabajo, que recibiría su denominación,
equipararía por lo tanto el valor real [...] de las mercancías y su valor nominal, su precio,
su valor monetario [...] Pero a esto se llegaría solamente si se presupone que valor y
precio son distintos sólo nominalmente” (GRI, p. 61). En ese sentido, la equiparación
entre el dinero como valor nominal y el tiempo de trabajo solo es posible bajo un
supuesto falso, el de que la diferencia entre valor y precio es meramente nominal. No
obstante: “El valor de las mercancías determinado mediante el tiempo de trabajo es
sólo su valor medio” (GRI, p. 61). Por lo tanto, continúa Marx:
El valor de mercado de las mercancías es siempre distinto de este valor
medio y es siempre inferior o superior a él. El valor de mercado se nivela
con el valor real a través de sus oscilaciones constantes: nunca a través de
una ecuación con el valor real como tercer elemento, sino a través de una
continua diferenciación [...] (GRI, p. 62)
Lo anterior es congruente con nuestro análisis de la sustancia social. Ella, como tiempo
de trabajo socialmente necesario, siempre es un promedio dado que su variabilidad es
constante, es decir que: “[...] el valor real [...] se niega a su vez a sí mismo y pone el
valor real de las mercancías en contradicción constante con la propia determinación,
depreciando o haciendo subir el valor real de las mercancías existentes” (p. 62). Así,
dado que el tiempo de trabajo socialmente necesario está en constante variación, no
es posible hallar una equivalencia entre una magnitud fija de tiempo de trabajo y cierta
cantidad de dinero, esto debido al carácter parcial de cualquier correlación entre
ambas, especialmente por la naturaleza variable del primer término de la relación (el
tiempo de trabajo socialmente necesario). No tiene sentido entonces, como bien señala
Marx, establecer una equivalencia o ecuación entre la sustancia social como tercer
elemento frente a determinada igualdad entre x cantidad de dinero y z cantidad de
mercancía. Si lo anterior es cierto, la problemática de la forma valor se desplaza. Es
decir, deja de estar referida al análisis de las correlaciones entre tiempo de trabajo y
magnitudes dinerarias (precios). Pasa a ser, en cambio, una problemática concerniente
al dinero como forma, o sea, su desarrollo histórico, su sentido ontológico y también
político como veremos24.
24 Nuestra caracterización de la problemática del dinero es análoga al planteamiento de Diane
Elson para quien el problema del dinero en Marx no se centra en explicar los precios a partir del
tiempo de trabajo: “[…] the object of Marx’s theory of value was labor. It is no a matter of seeking
an explanation of why prices are what they are and finding it in labor. But rather of seeking an
inderstanding of why labor takes the forms it does, and what the political consequences are”
(Elson, 1979, P. 123)
41
Capítulo I
Parte de la problemática del desarrollo histórico del dinero ya fue anteriormente
esbozada con los cuatro momentos de la ecuación de la forma valor de los cuales su
forma más desarrollada es la forma general o forma dinero. Sin embargo, el dinero tiene
sus particularidades específicas si se explora su génesis histórica.
2.3.2 Génesis del Dinero
A propósito de la configuración de la forma dinero, dice Marx: “El dinero puede existir y
existió históricamente antes de que existiera el capital, antes de que existieran los
bancos, antes que existiera el trabajo asalariado” (GRI, 1982, p. 23). La existencia del
dinero es algo previo al capitalismo, hecho que se constata en los tres estadios previos
de la forma valor antes mencionados. Ahora bien, su desarrollo pleno como equivalente
general o dinero propiamente dicho solo es posible a través del intercambio
generalizado entre comunidades, de lo cual son buenos ejemplos Grecia y Roma en su
periodo de disolución: “[...] hasta en la antigüedad más culta, entre ellos griegos y los
romanos, sólo en el periodo de su disolución alcanza el dinero su pleno desarrollo, el
cual en la moderna sociedad burguesa constituye un presupuesto” (GRI, p. 24). El
pleno desarrollo del dinero dado en la disolución de las comunidades históricas de la
antigüedad es, sin embargo, limitado en su extensión: “[...] allí, el sistema monetario
propiamente dicho solo se había desarrollado completamente en el ejército. Jamás
llegó a dominar en la totalidad de la esfera del trabajo” (GRI, p. 24). Puede decirse
entonces que el dinero se da antes del surgimiento del capitalismo, pero es en el
capitalismo donde se propaga a todo el cuerpo social, dejando de darse únicamente en
entornos locales como el ejército en el caso de Roma.
Esta diferencia entre el dinero como forma plenamente desarrollada (Equivalente
general o dinero propiamente dicho) y el dinero como forma plenamente desarrollada
que, además, se propaga sobre todo el cuerpo social, no es otra cosa que la diferencia
entre la categoría de forma general del valor o dinero y aquello que en la sección IV del
primer capítulo de El Capital se define como fetichismo de la mercancía, algo propio de
la sociedad capitalista25. Antes de pasar a determinar la configuración propia del dinero
25 El problema que supone la tercera sección en su articulación con las dos secciones previas,
pero especialmente en su continuidad con la cuarta sección del primer capítulo es señalado por
Backhaus: “[...] la ruptura entre las dos primeras partes del primer capítulo respecto de la tercera
no hace sólo problemática la estructura metodológica de la teoría del valor, sino que, sobre todo,
dificulta la comprensión de lo que Marx desarrolla con este "título un tanto enigmático": [...] El
carácter fetichista de la mercancía y su secreto. Se sabe que tal es el título de la cuarta parte
42
Capítulo I
en la sociedad capitalista, procederemos a concluir nuestro análisis señalando la
relación entre sustancia social y forma valor.
2.4 Forma y contenido, sustancia social y forma valor.
En el trasfondo de la caracterización de la sustancia social y la forma valor están los
debates de Marx con las diferentes perspectivas desarrolladas por la economía política.
Una primera es aquella de la teoría del valor trabajo, donde el trabajo social es reducido
a esfuerzo individual, haciendo de la sustancia social del valor el producto del trabajo
de individuos aislados26. De igual manera, una segunda perspectiva es aquella para la
cual la sustancia social del valor es el trabajo como a un contenido dado en distintas
magnitudes y cuya forma es totalmente externa, tal y como se encuentra implícito en
las pretensiones de instaurar el tiempo de trabajo como dinero27. Y finalmente, una
tercera perspectiva según la cual la forma es totalmente desvinculada de la sustancia
de valor: “[No ve en] el valor más que la forma social o, más bien, su mera apariencia,
huera de sustancia” (Marx, C, 1975, p. 99)28. Se pueden señalar a partir de estas tres
del primer capítulo. Es preciso hablar de una articulación no sistemática de las primeras partes,
lo que obstaculiza la comprensión de la teoría del carácter fetiche, ya que este "secreto" no
aguarda a la cuarta parte para aparecer, sino que ya se manifiesta desde la tercera, y debe ser
descifrado en la exposición de las tres particularizaciones que asume la forma equivalente de
valor.” (1978, p. 13). A nuestro modo de ver, sin embargo, el lazo entre la tercera sección (III) y
la cuarta sección (IV) puede ser reconstruido como el paso del dinero o forma general en su
pleno desarrollo y la propagación de dicha forma plenamente desarrollada en la especificidad
histórica de la sociedad capitalista.
26 Esta perspectiva es la que Marx atribuye a las formulaciones de Adam Smith quien “[…]
confunde […] la determinación del valor por la cantidad de trabajo gastada en la producción de
la mercancía, con la determinación de los valores mercantiles por el valor del trabajo, y por eso
procura demostrar que cantidades iguales de trabajo tienen siempre el mismo valor” (Marx, C,
p. 57)
27 Esta perspectiva es atribuida por Marx a Ricardo y en general a economía política clásica:
“Las insuficiencias en el análisis que de la magnitud del valor efectúa Ricardo —y el suyo es el
mejor— las hemos de ver en los libros tercero y cuarto de esta obra. En lo que refiere al valor
en general, la economía política clásica en ningún lugar distingue explícitamente y con clara
conciencia entre el trabajo, tal y como se representa en el valor, y ese mismo trabajo, tal como
se representa en el valor de uso de su producto. En realidad, utiliza esa distinción de manera
natural, ya que en un momento dado considera el trabajo desde el punto de vista cuantitativo,
en otro cualitativamente. Pero no tiene idea de que la simple diferencia cuantitativa de los
trabajos presupone su unidad o igualdad cualitativa, y por tanto su reducción a trabajo
abstractamente humano.” (Marx, C, p. 97)
28 Para Marx tal punto de vista es propio del mercantilismo: “Los mercantilistas otorgan el papel
decisivo al aspecto cualitativo de la expresión del valor, y por ende a la forma de equivalente
adoptada por la mercancía, forma que alcanza en el dinero su figura consumada […] no existe
el valor ni la magnitud del valor de la mercancía si no es en la expresión que adopta en la
relación de intercambio, o sea: solamente en el boletín diario de la lista de precios” (Marx, C, p.
75)
43
Capítulo I
perspectivas dos posiciones opuestas: aquella que toma la sustancia social con
independencia de su forma; y otra que toma la forma valor con independencia de su
sustancia social. Ambas posiciones están presas del dualismo entre contenido y forma,
más exactamente entre sustancia social y forma valor.
Ahora bien, con base en las secciones I y II del primer capítulo caracterizamos la
sustancia social independientemente de su forma, señalando como ella, en sí misma,
es un proceso variable, relacional e inmanente al capitalismo. Por otro lado, siguiendo
la exposición de Marx en la sección III del primer capítulo, señalamos que la forma en
la cual aparece el trabajo, en sí misma como forma valor, tiene un desarrollo histórico
pleno en la forma dinero, la cual es previa al capitalismo, pero, no obstante, es en la
sociedad capitalista donde se propaga a todas las esferas de la vida social. Esta
propagación del dinero en el cuerpo social corresponde a la sección IV del primer
capítulo sobre el fetichismo de la mercancía. Sin embargo, antes de pasar a este punto
es preciso señalar que, si bien la caracterización de la sustancia social y la forma valor
se hizo de manera independiente, la sustancia social y la forma valor son inseparables.
No es posible concebir la forma valor como una simple apariencia externa con respecto
a la sustancia social. Esta forma, después de todo es la: “forma necesaria de
manifestación del valor” (Marx, C p. 47). Por lo tanto, la sustancia como contenido de
valor no puede manifestarse inmediatamente, sino que su manifestación está
necesariamente mediada por la forma de valor.
Para Marx la sustancia social del valor es una objetividad espectral. Como proceso es
algo suprasensible y por lo tanto, para quien lo experimenta, algo inmaterial; pero, en
contraste, no ya como proceso sino como resultado, se expresa materialmente en las
mercancías y por lo tanto podemos captarlo con los sentidos. Ahora bien, es a partir de
este último aspecto que la sustancia se expresa necesariamente bajo una forma, bien
sea esta forma la de una mercancía que hace las veces de equivalente de otra
mercancía en el trueque (forma singular del valor), o el dinero como equivalente
universal de las mercancías en general en los poros de las sociedades antiguas (forma
general del valor). Ambos aspectos denotan lo que, a nuestro modo de ver, es la
relación interna entre contenido y forma. Sustancia social y forma valor no están
simplemente yuxtapuestas una sobre la otra: “El tiempo de trabajo no puede él mismo
ser inmediatamente el dinero (postulado que, en otras palabras, coincide con el de que
toda mercancía es inmediatamente dinero en sí misma) [....]” (GRI, p. 96). Puesto en
otros términos: el tiempo de trabajo como sustancia social no puede él mismo ser dinero
en tanto precisa de una mediación para expresarse; esto coincide con el hecho de que
44
Capítulo I
toda mercancía, entendida como representación de tiempo de trabajo, es en sí misma
dinero. El dinero es pues la forma que media la sustancia social, pero sin embargo el
dinero no es algo distinto de la sustancia social, él mismo es mercancía, cristalización
de la sustancia social. En este punto nos remitimos a Hegel:
Precisamente por expresarse la forma como igual a la esencia constituye
una equivocación creer que el conocimiento puede contentarse con el en-
sí o la esencia y prescindir de la forma [...] Precisamente porque la forma
es tan esencial para la esencia como ésta lo es para sí misma, no se la
puede conceptualizar y expresar simplemente como esencia, es decir,
como sustancia inmediata [...] sino también, y en la misma medida, en
cuanto forma y en toda la riqueza de la forma desarrollada; es así y
solamente así como se la concibe y expresa en cuanto algo efectivamente
real […] (Hegel, 2017, p. 14-15)
A nuestro modo de ver, en este pasaje Hegel señala la relación interna dada entre
forma y contenido. Dado que forma y contenido son dos aspectos de lo mismo, el
conocimiento del contenido no puede prescindir de la forma. Si se entiende el contenido
unilateralmente, se lo concibe como algo inmediato. Esto anterior, en términos de
nuestra lectura del problema en Marx, no es posible. El contenido, como sustancia
social, está mediado por la forma, es decir la forma general del valor (el dinero) la cual
es su forma necesaria de expresión. La forma general del valor de una mercancía no
difiere de la sustancia social en tanto toda mercancía, incluso el dinero, es cristalización
de trabajo abstracto (como oro, como lienzo, etc.).
En esa misma dirección, la intrínseca relación entre contenido y forma es evidente en
la caracterización hecha por Marx del desarrollo histórico de la producción y el
intercambio de mercancías. El trabajo útil deviene trabajo general o sustancia social de
valor, a la par que la mercancía, en cuanto equivalente singular de intercambios
fortuitos entre comunidades, deviene dinero o equivalente general. En palabras del
pensador alemán:
En la misma medida en que el intercambio de mercancías hace saltar sus
trabas meramente locales y que el valor de las mercancías, por ende, se
expande hasta convertirse en la concreción material del trabajo humano en
general, la forma de dinero recae en mercancías adecuadas por su
naturaleza para desempeñar la función social de equivalente general [...]
(Marx, C, 1972, p. 109).
45
Capítulo I
La generalización del trabajo como sustancia social está intrínsecamente relacionada
al desarrollo de un equivalente general. El proceso de intercambio hace que el valor se
expanda hasta convertirse en expresión del trabajo humano en general, y
simultáneamente “[...] confiere a la mercancía que él transforma en dinero, no el valor,
sino la forma específica de valor que la caracteriza” (Marx, C, p.110). El intercambio
dota a una mercancía, que es como tal producto del proceso general del trabajo social,
de la forma específica de dinero. De esto se desprende que el dinero no es un signo o
forma exterior a la producción general de valor, a la sustancia social. El dinero es forma
de expresión y también cristalización de la sustancia social
A la luz de lo anterior, para Marx no es posible sostener una concepción dualista según
la cual forma valor y sustancia social son dos elementos separados. En dicho punto de
vista estaría: “[...] implícita la vislumbre de que la forma del dinero es exterior a la cosa
misma, y por tanto mera forma de manifestación de las relaciones ocultas detrás de
ella” (C, p. 111). Si la forma de manifestación fuese algo independiente al contenido
social, es decir, si la forma dinero fuese una simple apariencia externa que oculta el
contenido social real, todo el problema se reduciría a la reflexión, es decir, a la
separación intelectiva de lo real que está oculto detrás de lo aparente, la diferencia
entre falsa conciencia y conocimiento científico, etc. Tal postura, sin embargo, es
ingenua:
[...] cuando se sostiene que las características sociales que adoptan las
cosas, o las características de cosas que asumen las determinaciones
sociales del trabajo sobre la base de determinado modo de producción, son
meros signos, se afirma a la vez que son producto arbitrario de la reflexión
humana (C, p. 111-112).
Plegarse sobre una postura que concibe el dinero como mero signo, es reducirlo a una
simple distorsión ideológica de la realidad dada por la falsa conciencia de los individuos.
El dinero sería producto arbitrario de la conciencia humana y por lo tanto, tal y como
los socialistas franceses pensaban con respecto al problema de la banca, todo se
46
Capítulo I
reduciría a reemplazar el signo inexacto por uno exacto que representase, él mismo, el
tiempo de trabajo29.
En esta sección se mostró la relación interna entre el contenido de valor (el trabajo
abstracto como sustancia social) por un lado; y la forma valor como dinero (es decir
como mercancía), por el otro. El ser social en Marx, además de tener los atributos de
inmanencia, relacionalidad, variabilidad y procesualidad, no se da inmediatamente. Lo
social tiene una forma necesaria de expresión que, sin embargo, no es externa o
aparente en relación con su contenido. No obstante, tal y como se anunció al principio
de la sección anterior, queda por abordarse la sección IV del primer capítulo, en dónde
pasaremos a caracterizar en detalle la relación interna entre dinero y sustancia social
en el capitalismo, cuestión a la que alude el filósofo de Tréveris con una pregunta de
gran importancia: “[...] la economía política ha analizado, aunque de manera
incompleta, el valor y la magnitud de valor y descubierto el contenido oculto en esas
formas. Sólo que nunca llegó siquiera a plantearse la pregunta de por qué ese
contenido adopta dicha forma [...]” (C, p. 97-98). Explicar por qué el trabajo abstracto
adopta necesariamente la forma de dinero en el capitalismo nos permitirá caracterizar
el problema de la determinación el cual está ligado al denominado fetichismo de la
mercancía.
3 El fetichismo y el problema de la determinación
Tal y como ocurre en la sección I, la sección IV del primer capítulo está dada en un
registro experiencial o fenomenológico. Para Marx, la mercancía se da como algo
enigmático. Tal enigma escapa a la inmediatez de la percepción. De ahí la sugestiva
imagen de la silla que, en tanto aparece como mercancía
[...] No solo se mantiene tiesa apoyando sus patas en el suelo, sino que se
pone de cabeza frente a todas las demás mercancías y de su testa de palo
29
Este problema del carácter no exclusivamente subjetivo del dinero es planteado también por
Backhaus en los siguientes términos: “Something which is abstract, or in more common terms,
is thought or subjective, is at the same time an 'entity', or in common parlance, something
objective, something which is not thought” [Algo que no es abstracto o en términos más
comunes, es pensado o subjetivo, es al mismo tiempo una ‘entidad’ o en términos escuetos,
algo objetivo, algo que no es pensamiento ] (Backhaus , 1992, p. 83).
47
Capítulo I
brotan quimeras mucho más caprichosas que si, por libre determinación, se
lanzara a bailar (Marx, C, 1975, p. 87).
A partir de esta imagen puede comprenderse que el misticismo que rodea a las
mercancías, en este caso a la silla, no deriva de su materialidad como objeto que se
mantiene tieso con sus patas apoyadas sobre el suelo. Tampoco del hecho de que sea
producto del trabajo humano, incluso independientemente del tipo de trabajo que en
ella, sensorialmente, pueda distinguirse, que sea una silla rústica, con acabados, etc.
(Cf, C, p. 87). Todos estos aspectos sensibles no tienen nada que ver con su
misticismo. Este solo aparece cuando la silla se pone de cabeza, o en otras palabras,
cuando se la considera no como cosa sensible sino como mercancía.
En este orden de ideas, el carácter enigmático de la mercancía brota según Marx “[...]
de esa forma misma.” (p.88) ¿Qué quiere decir esto? que el problema se ubica en la
forma mercantil que asume cualquier producto del trabajo. De este hecho se desprende
la pregunta anteriormente aludida al final de la anterior sección (2.4) ¿Por qué el
contenido, o sustancia social, asume la forma mercancía?. Es a partir de tal pregunta
se procede a descifrar el enigma.
La expresión del contenido social30 en la forma mercancía se da, para Marx, bajo tres
aspectos: primero en la igualdad de los trabajos que se expresa bajo la forma de la “[...]
igual objetividad de valor de los productos del trabajo” (p. 88). Asimismo, el tiempo de
trabajo o aspecto cuantitativo del contenido social, cobra la forma de magnitud de valor
o precio que tienen las mercancías como algo intrínseco a ellas. Finalmente, las
relaciones que se establecen entre las fuerzas de trabajo individuales se convierten en
relaciones de intercambio entre los productos de dichas fuerzas. (Cf p. 88). En último
término, estos tres aspectos se reducen a que la forma mercantil
[...] refleja ante los hombres el carácter social de su propio trabajo como
caracteres objetivos inherentes a los productos del trabajo, como
propiedades sociales naturales de dichas cosas, y, por ende, en que
también refleja la relación social que media entre los productores y el
30 Entendamos por contenido social lo mismo que entendemos por la noción sustancia social,
tal y como ha sido caracterizada en las secciones anteriores
48
Capítulo I
trabajo global, como una relación social entre objetos, existente al margen
de los productores (C, p. 88).
Se diferencian del anterior fragmento dos dimensiones ligadas entre sí. Por un lado, el
contenido social se muestra como algo intrínseco a la mercancía, es decir, se objetiviza
y se muestra como resultado y no como proceso. Por ejemplo: frente a mis ojos está
un libro como objeto que es resultado o producto, pero en su objetividad como valor de
uso se me escapa el proceso mismo que lo produce como valor: la tala de árboles, la
transformación de la madera en papel, la impresión del papel por la imprenta, la
encuadernación, etc. Por otro lado, y debido a lo anterior, las relaciones sociales dadas
entre la totalidad fuerzas de trabajo que intervienen en la producción de libros se me
muestran no como eso, sino como diversidad de libros que encuentro en un escaparate
para intercambiarlos por dinero. En último término, la forma mercancía es la forma
necesaria de expresión del contenido social en el capitalismo. Tal forma de expresión
necesaria, sin embargo, se da en razón de una configuración específica tal que, en la
experiencia común de cualquier individuo, el contenido social producto de su propio
trabajo, solamente le es dado bajo la forma mercancía. Sin embargo ¿Cuál es la
configuración que propicia tal forma de expresión de la sustancia social?
La respuesta a esta pregunta es para Marx la siguiente:
Si los objetos para el uso se convierten en mercancías, ello se debe
únicamente a que son productos de trabajos privados ejercidos
independientemente los unos de los otros. El complejo de estos trabajos
privados es lo que constituye el trabajo social global. Como los productores
no entran en contacto social hasta que intercambian los productos de su
trabajo, los atributos específicamente sociales de estos trabajos privados
no se manifiestan sino en el marco de dicho intercambio. (C, p. 89).
A partir de este fragmento se infiere que las distintas fuerzas de trabajo
interdependientes que constituyen la totalidad de la sustancia social son
recíprocamente indiferentes, es decir privadas, no entran en contacto entre sí en la
producción (Cf, GRI, 1982, p. 87). En esa medida la única articulación directa entre las
distintas fuerzas de trabajo que constituyen la sustancia social, el único lugar en que
entran en contacto entre sí, se da necesariamente por fuera del proceso de producción
49
Capítulo I
de valor, es decir, en el intercambio de los productos. Continúa Marx: “[...] de hecho,
los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto
sino por medio de las relaciones que el intercambio establece entre los productos del
trabajo y, a través de los mismos, entre los productores.” (C, 1975, p. 89). Que se afirme
que los trabajos privados que constituyen en su totalidad el contenido social no
alcanzan realidad en sí mismos, es decir, en su interdependencia social sino
únicamente por medio de las relaciones sociales de intercambio entre mercancías y
poseedores de mercancías revela la razón por la cual el contenido social no se da en
sí mismo sino que está necesariamente mediado. Esto quiere decir que la mediación
misma, el intercambio, no es externo o aparente con respecto a la producción, es la
producción misma: “[...] el llamado exchange entre dealers y dealers en razón misma
de su organización está completamente determinado por la producción como actividad
que también es productiva” (Marx, GRI, 1982, p. 19). En este sentido, el intercambio es
una actividad productiva31
En lo anterior consiste, además, la paradoja de la forma que adquiere el contenido
social. Ella expresa y al mismo tiempo oculta el contenido de valor de la sustancia
social. Lo oculta en tanto el contenido social de la totalidad de las fuerzas de producción
individuales de la sustancia social productora de valor aparece como producto
mercantil; sin embargo, el intercambio de productos, la práctica misma de intercambiar
mercancías expresa indirectamente dicho contenido social.
3.1 Forma dinero y forma mercancía
De lo hasta el momento expuesto se sigue que, dado que aquello que tiene una realidad
inmediata es el intercambio, solamente allí es constatable el contenido social de los
productos. Además de esto, en su carácter mercantil, los productos del trabajo son
valores de cambio independientes de su utilidad como valores de uso. La separación
operada entre utilidad y valor es de suma importancia, ya que el hecho de que el valor
de un producto pueda separarse de su utilidad es algo que solamente se da plenamente
en la sociedad capitalista dada la extensión del intercambio a todos los ámbitos de la
31 El carácter productivo del intercambio de mercancías, el proceso de circulación de capital
solamente es abordado por Marx en el libro II de El Capital, este punto, sin embargo, se sale de
los límites de este trabajo.
50
Capítulo I
sociedad: “Tal escisión del producto laboral en cosa útil y cosa de valor sólo se
efectiviza, en la práctica, cuando el intercambio ya ha alcanzado la extensión y
relevancia suficientes como para que se produzcan cosas útiles destinadas al
intercambio [...]” (Marx, C, 1975, p. 89- 90). Entre otras cosas, en esto radica la
diferencia entre la forma dinero como equivalente general expuesta por Marx en la
sección III del primer capítulo, por un lado; y la forma dinero o forma mercancía32
desarrollada en la sección IV, por el otro. En esta última sección, además de ser
equivalente general, la forma mercancía termina permeando la totalidad del cuerpo
social dada la extensión del intercambio.
3.2 El fetichismo y la determinación
Ahora bien, la principal consecuencia de que aquello que tiene realidad inmediata sea
el intercambio como forma necesaria de expresión del contenido o sustancia social, es
que el fetichismo de la mercancía no es una representación invertida de la realidad:
[...] A éstos [los productores], por ende, las relaciones sociales entre sus
trabajos privados se les ponen de manifiesto como lo que son, vale decir,
no como relaciones directamente sociales trabadas entre las personas
mismas, en sus trabajos, sino por el contrario como relaciones propias de
cosas entre las personas y relaciones sociales entre las cosas (Marx, C,
1975, p. 89)
Para los agentes las relaciones sociales de producción que ellos mismos entablan de
manera aislada en sus trabajos privados se ponen de manifiesto como lo que son. Es
decir, lo que aparece frente a los ojos de los agentes de la producción no es una
32 En esta sección Marx usa indistintamente las nociones de dinero y mercancía. Esto es
evidente, por ejemplo, cuando alude a la forma mercancía desarrollada en modos de producción
previos al capitalismo. Allí plantea Marx lo mismo que planteó antes acerca de forma dinero en
modos de producción previos al capitalismo. Acerca de la forma mercancía se dice: “En los
modos de producción paleoasíatico, antiguo, etc. la transformación de los productos en
mercancía y por tanto la existencia de los hombres como productores de mercancías,
desempeña un papel subordinado que empero se vuelve tanto más relevante cuanto más entran
las entidades comunitarias en la fase de su decadencia. Verdaderos pueblos mercantiles sólo
existían en los intermundos del orbe antiguo, cual dioses de Epicuro o como los judíos en los
poros de la sociedad polaca.” (Marx, C, p. 96-97) Con base en lo anterior es perfectamente
congruente con nuestra exposición usar indistintamente la noción de dinero y mercancía.
51
Capítulo I
representación falsa de la realidad, todo lo contrario, lo que ven es lo que efectivamente
es: una realidad en la que existen relaciones sociales de intercambio entre mercancías
y por lo tanto entre personas a través de las cuales dichas relaciones mercantiles se
hacen efectivas. El hecho de que las relaciones sociales de producción solamente se
expresen bajo la forma mercantil es algo que no depende de la conciencia de los
agentes, depende más bien de la manera en que el modo de producción dispone la
producción social como un espacio en donde los trabajos privados solamente se
relacionan socialmente en el mercado como mercancías que se intercambian.
La independencia del fetichismo con respecto a la conciencia de los agentes supone
además que éstos actúan sin tener plena conciencia de las relaciones y procesos en
que se encuentran inscritos. Al intercambiar los productos de sus trabajos: “[...]
equiparan recíprocamente sus diversos trabajos como trabajo humano. No lo saben
pero lo hacen” (Marx, C, p. 90). El anterior fragmento es de crucial importancia ya que
alude a que las relaciones sociales de intercambio y las prácticas sociales que
constituyen dichas relaciones no están totalmente dadas a la conciencia de los
agentes33. En último término, las prácticas son algo determinado por procesos
independientes de los agentes y también suponen cierto grado de desconocimiento por
parte de estos34. En términos de la tesis del PCE aludida al principio de este capítulo:
la conciencia de los individuos es determinada por el ser social, o en otros términos, la
conciencia está socialmente determinada en tanto está inscrita en un conjunto de
relaciones sociales dinámicas y procesos externos con respecto a ella misma y sobre
los cuales subsiste cierto grado de desconocimiento.
Comenzamos nuestra exposición del primer capítulo de El Capital señalando que el
punto de partida de Marx en la sección (I) es el de la mercancía dada en sus dos
aspectos: el valor de cambio y valor de uso. Tal distinción no es solamente conceptual,
33 Incluso el hecho de que los agentes del proceso sean plenamente conscientes del mismo no
implica que dejen de estar determinados por él: “Un hecho que sólo tiene vigencia para esa
forma particular de producción, para la producción de mercancía -a saber, que el carácter
específicamente social de los trabajos privados independientes consiste en su igualdad en
cuanto trabajo humano y asume la forma del carácter de valor de los productos del trabajo-,
tanto antes como después de aquel descubrimiento se presenta como igualmente definitivo ante
quienes están inmersos en las relaciones de la producción de mercancías, así como la
descomposición del aire en sus elementos, por parte de la ciencia, deja inacabada la forma del
aire en cuanto forma de un cuerpo físico ” (Marx, C, p. 91).
34Tal problema es formulado por Reichelt de la siguiente manera: “¿Cómo ha de concebirse
este factor de desconocimiento en la acción consciente de los implicados?” (Reichelt, 2017, p.
153)
52
Capítulo I
obedece a la cosa misma, es decir, a la práctica del consumo y el intercambio. Con
respecto al intercambio, siguiendo a Adorno:
El intercambio mismo es un proceso de abstracción. Tanto si los seres
humanos lo saben, como si no, cuando participan en una relación de
intercambio y reducen diferentes valores de uso a valor de cambio, realizan
de manera socialmente real una operación conceptual. En esto consiste la
objetividad del concepto en la praxis. [...] Si nos atenemos a los hechos,
entonces nosotros mismos nos topamos con el concepto” (Adorno, 2017, p
420-421).
Suscribiendo lo señalado por Adorno, a diferencia del valor de cambio expuesto en su
aspecto práctico en la sección I del primer capítulo de El Capital, en la sección IV el
intercambio no se da de manera aislada sino que se muestra como una práctica que
está desde siempre inscrita en un proceso de abstracción. El intercambiar como
práctica realiza socialmente una operación conceptual de abstracción en donde se
reducen determinados valores de uso a valores de cambio, y se opera una separación
entre el contenido social y su realización en la forma mercancía. Son los agentes, con
o sin consciencia de lo que hacen, quienes efectúan la abstracción.
Ahora bien, con el fetichismo de la mercancía, tal y como ocurre con la religión, los
productos de la práctica humana se convierten en figuras autónomas dotadas de vida
propia (Cf, Marx, C, p. 89). Sobre esta autonomización comenta Derrida que la
operación crítica de la ontología de Marx consiste en alumbrar el vínculo entre las
representaciones o formas autonomizadas y la realidad social como aquel lugar del
cual provienen:
[…] la creencia en el espectro religioso, por lo tanto, en el fantasma en
general, consiste en autonomizar una representación (Vorstellung) y en
olvidar tanto su génesis como su fundamento real (reale Grundlage). A fin
de disipar la facticia autonomía así engendrada en la historia, habría que
volver a tener en cuenta los modos de producción y de intercambio
tecnoeconómico […] (Derrida, 1998, p. 191).
53
Capítulo I
El olvido de la génesis o fundamento en el cual las representaciones autonomizadas
son producidas es aquello sobre lo cual se dirige la crítica de Marx. Se opera así un
desplazamiento de la problemática hasta ahora planteada en nuestra exposición. El
problema ontológico de la determinación social de los individuos y su conciencia, es
decir, la determinación de la conciencia por el ser social, revela su aspecto político. La
determinación social de la conciencia se da dentro de en un modo de producción
específico en donde las relaciones sociales de producción entre los agentes aparecen
bajo la forma de cosas, es decir, el valor se muestra como un atributo material de las
mercancías y no como una relación social entre agentes sometidos a un régimen de
trabajo asalariado en el que los productos del trabajo social son apropiados de manera
privada. Debemos entonces caracterizar en detalle cómo en el capitalismo se efectúa
la dominación de los agentes por procesos dotados de vida propia.
54
Capítulo II
Capítulo II: La dominación del proceso de
producción sobre los individuos
En la sección IV del primer capítulo de El Capital, Marx se refiere a la forma o las formas
que adopta el contenido de valor en el capitalismo como: “[...] formas que llevan escrita
en la frente su pertenencia a una formación social donde el proceso de producción
domina al hombre, en vez de dominar el hombre a este proceso [...]” (Marx, C, 1975, p.
98-99). La forma mercancía y el fetichismo que le es propio pertenecen a una sociedad
donde el proceso de producción se ha autonomizado hasta un punto tal que domina a
los agentes, en vez de ser estos quienes dominan al proceso. El pensador alemán es
insistente en mostrar que la dominación es absolutamente independiente de los
individuos, a propósito de lo cual sostiene en el prólogo a la primera edición de El
Capital: “[...] aquí solo se trata de personas en la medida en que son la personificación
de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de
clase” (Marx, C, p.8). Por lo tanto, el individuo tiene un papel deslucido con respecto a
las relaciones sociales de las que es portador o ejecutor.
La dominación del proceso de producción sobre los individuos muestra un aspecto de
la realidad social en el cual los procesos sociales son independientes con respecto al
individuo: “Mi punto de vista [el de Marx] menos que ningún otro podría responsabilizar
al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura por
más que subjetivamente pueda elevarse sobre las mismas” (C, p.8). Ahora bien
¿Cuáles son estas relaciones de las que los individuos son portadores y sobre las que
no tienen relevancia alguna? Estas son las relaciones constitutivas del modo de
producción capitalista: relaciones sociales de producción e intercambio de mercancías
sometidas a tendencias o leyes específicas.
Con base en lo anterior, a nuestro modo de ver, el punto de vista según el cual el
proceso de producción domina a los individuos, y de suyo las leyes o tendencias de
esta dominación, puede ser reconstruido a partir de las secciones I, II y VI y VII del
primer libro de El Capital, correspondientes a Mercancía y dinero (I), La transformación
del dinero en capital (II), El salario (VI) y El Proceso de Acumulación de Capital (VII).
En lo que sigue, a partir de los planteamientos de dichas secciones, caracterizaremos
56
Capítulo II
aquello que denominamos la dominación del proceso de producción sobre los
individuos. Sostendremos que la dominación del capital se efectúa en los roles que
asumen los individuos en el proceso total de producción y también se presenta a éstos
bajo formas sociales de carácter objetivo. De igual manera mostraremos como el
desarrollo de las tendencias propias del capital da lugar a momentos de crisis y
resistencia.
1 La dominación del capital: roles y proceso total de
producción
Los términos generales de la dominación del proceso de producción sobre los
individuos en El Capital están dados en la caracterización hecha en el capítulo anterior
acerca del fetichismo de la mercancía, donde los trabajos privados no entran en
contacto antes del intercambio de sus productos como mercancías. El contenido o
sustancia social aparece necesariamente mediado en el intercambio por la forma valor.
Se muestra como una relación social entre mercancías y no como una relación social
entre fuerzas de trabajo individuales. Para Marx, los individuos que efectúan la relación
social entre mercancías simplemente actúan, el que sean o no sean conscientes de
ello es totalmente irrelevante. Sin embargo, no está claro aún en qué consiste aquello
que los domina.
Para esclarecer la cuestión debe señalarse que la dominación de los individuos se hace
efectiva en el hecho de que su existencia se reduce a un rol o función de la cual no
pueden desmarcarse. En la caracterización de la perspectiva en la cual los individuos
son dominados por el proceso de producción, un concepto de suma importancia es el
de poseedor de mercancía. En el segundo capítulo de El Capital, correspondiente a la
sección I, Marx introduce dicho concepto el cual hace alusión a la función o rol que en
las condiciones impuestas por las relaciones sociales del modo de producción
capitalista los individuos deben cumplir necesariamente en el intercambio.
En el capitalismo las relaciones de intercambio son posibles porque son los individuos
quienes llevan las mercancías al mercado para ser intercambiadas (Cf, C, p. 130).
57
Capítulo II
Pese a que es evidente señalarlo, las mercancías por sí mismas no pueden
intercambiarse, el intercambio se efectúa a través de agentes:
“[...] Para vincular esas cosas entre sí como mercancías, los custodios de
las mismas deben relacionarse mutuamente como personas cuya voluntad
reside en dichos objetos, de tal suerte que el uno, sólo con acuerdo de la
voluntad del otro, o sea mediante un acto voluntario común a ambos, va a
apropiarse de la mercancía ajena al enajenar la propia” (C, p 103).
En el anterior fragmento se plantea que los individuos establecen relaciones sociales
entre ellos en tanto se reconocen como custodios o poseedores de mercancías, lo cual
en la práctica se traduce en la capacidad de intercambiar, comprar y vender como
iguales. Ahora bien, para Marx, en el intercambio la existencia misma de los individuos
es reducida a la función o rol que cumplen como poseedores de mercancía: “Aquí, las
personas solo existen unas para otras como representantes de la mercancía y por ende
como poseedores de mercancía” (p. 103- 104). Lo anterior, entre otras cosas, permite
entender con claridad a que se refiere el pensador alemán cuando caracteriza el
fetichismo como una relación social entre cosas. En otras palabras: si las relaciones
sociales entre los individuos solamente se dan en tanto la existencia de estos es
reducida a cumplir un rol que los limita únicamente a ponerse en contacto para
intercambiar mercancías, esto no se diferencia en lo absoluto de la relación entre estas
mercancías al margen de sus poseedores, de ahí que se diga que son relaciones entre
personas propias de cosas (Cf, p.89).
1.1 Intercambio y Circulación
La existencia de los individuos reducida a ser poseedores de mercancía se da en el
intercambio. Al intercambiar su mercancía por otra, un poseedor de mercancía entra
en contacto con otro poseedor. Así, por ejemplo, cuando el individuo A intercambia un
libro a cambio de una cerveza, propiedad del individuo B, se opera una metamorfosis
entre dos valores equivalentes. Sin embargo, tal transformación en el capitalismo debe
ser mediada necesariamente por la forma valor, o sea, el dinero. El individuo A, antes
de intercambiar su libro por cerveza, debe convertir su libro en dinero, para luego poder
comprar la cerveza de B. No hace falta detallar este proceso en el cual cada mercancía
58
Capítulo II
refleja su valor en otra mercancía distinta mediante el dinero como equivalente general,
y que Marx denomina metamorfosis de la mercancía bajo la forma M-D-M, es decir, una
mercancía (M) que se cambia por dinero (D), y posteriormente una cantidad de dinero
que se cambia por mercancía (M) (Cf, Marx, C, 1975, p. 129). Ahora bien, lo central es
que el intercambio entre dos individuos no es algo aislado, sino que es un momento de
un proceso donde las relaciones que establecen son parte de la totalidad de relaciones
sociales de intercambio de mercancías que se dan de manera multilateral:
[...] el intercambio de mercancías arrasa las barreras individuales y locales
del intercambio directo de productos y hace que se desarrolle el
metabolismo del trabajo humano. Por otra parte, se desenvuelve toda una
serie de vinculaciones sociales de índole natural, no sujetas al control de
las personas actuantes. El tejedor puede ceder lienzo solo porque el
agricultor ha vendido trigo; si Hotspur puede vender biblias es porque el
tejedor vendió el lienzo; el destilador puede vender aguardiente porque el
otro ya ha vendido el agua de la vida eterna, etcétera. (C, p 137)
De lo anterior es posible deducir que un aspecto de la existencia de los individuos como
poseedores de mercancías es que las relaciones de las que son portadores no son
aisladas, sino que están necesariamente integradas a un proceso. La autonomía del
proceso, no sujeto al control de los agentes, se efectúa en las relaciones que ellos
establecen sin percatarse y que los envuelven como una red de interdependencias en
dónde cada intercambio particular está sujeto al resto de intercambios particulares que
conforman la totalidad de las operaciones de intercambio realizadas por los agentes35.
Lo anterior permite establecer la diferencia entre intercambio y circulación: “De ahí que
el proceso de circulación no se agote, como ocurría en el intercambio directo de
productos, en el cambio de ubicación, o de manos, a que están sujetos los valores de
uso” (C, p. 137). En todo caso, la circulación, además de proceso que involucra multitud
de intercambios particulares, es proceso incesante e indefinido que no se agota en
intercambios aislados y locales, es como tal un movimiento autónomo: “El ciclo continuo
[...] la fluida rotación de compraventa, se manifiesta en el curso incesante del dinero en
35 En este caso, las vinculaciones sociales (intercambios) no sujetas al control de las personas
actuantes de las que habla Marx guardan cierta similitud con la noción de interdependencia en
Norbert Elias: “El ser humano individual vive, y ha vivido desde pequeño, dentro de una red de
interdependencias que él no puede modificar ni romper a voluntad sino en tanto lo permite la
propia estructura de esa red […]” (1990, p. 29).
59
Capítulo II
su función de perpetuum mobile” (C, p. 159). El flujo de dinero es pues la forma en que
se muestra la circulación como movimiento perpetuo, independientemente de los
intercambios particulares entre individuos poseedores de mercancía.
De lo anteriormente expuesto, es claro el efecto coactivo que determina el único rol que
pueden jugar los agentes en el proceso de circulación. Tal efecto coactivo conforma las
interacciones mismas entre los individuos, entendidas no como hechos aislados sino
como un proceso multilateral de circulación de mercancías cuyo movimiento es
indefinido. Sin embargo, que el proceso de circulación sea un perpetuum mobile del
cual los individuos no tienen control, no explica en sí mismo cuál es aquel fin que se
realiza en el movimiento perpetuo del proceso. Este movimiento con un fin específico
es caracterizado bajo la categoría de capital.
1. 2 De la circulación al capital
En la sección II de El Capital parte Marx de la circulación para explicar la noción de
capital: “La circulación de mercancías es el punto de partida del capital” (Marx, C, 1975,
p 179). La circulación, al margen del contenido material de los valores de uso que se
intercambian, es circulación de dinero. Como punto de partida, sin embargo, el dinero
circulante se considera bajo dos aspectos. Por un lado el de ser mediación en una
operación de compra y venta de mercancía, o en otras palabras, mediar en un
intercambio cualquiera; y por otro lado el aspecto de ser manifestación del capital: “[...]
El dinero es la primera forma de manifestación del capital” (C, 1975, p. 179). Lo que
diferencia el dinero, por decirlo de alguna manera, ‘normal’, del dinero-capital es el
curso o la forma en que circula. De ahí que señale Marx: “El dinero en cuanto dinero y
el dinero en cuanto capital solo se distingue, en un principio, por su distinta forma de
circulación” (1975, p. 180). Hay pues dos formas de circulación del dinero: en el caso
del dinero como dinero, la forma de circulación está orientada al consumo. Se vende
una mercancía que, una vez convertida en dinero, sirve para realizar la compra de otra
mercancía destinada al consumo (Vender para comprar). En el caso del dinero como
capital, se compra con dinero una mercancía que, posteriormente, se vende para
obtener dinero nuevamente (Comprar para vender). En la primera forma el dinero es
mediación para el intercambio de mercancías: M-D-M en dónde se opera, como ya
60
Capítulo II
vimos, una metamorfosis de una mercancía (M) en determinada cantidad dinero (D)
que posteriormente sirve para adquirir otra mercancía que sale de la circulación (M).
En este caso se vende una mercancía para comprar otra que se vuelve a vender. En
contraste con la forma de intercambio del dinero en cuanto dinero, la correspondiente
al dinero como capital es la forma: D-M-D. En este caso el dinero (D) es el punto de
partida que permite adquirir una mercancía (M) que, posteriormente, se vende para
adquirir nuevamente dinero (D). En este caso el dinero es un fin en sí mismo:
La circulación mercantil simple —vender para comprar— sirve, en cualidad
de medio, a un fin último ubicado al margen de la circulación: la apropiación
de valores de uso, la satisfacción de necesidades. La circulación del dinero
como capital es, por el contrario, un fin en sí, pues la valorización del valor
existe únicamente en el marco de este movimiento renovado sin cesar. El
movimiento del capital, por ende, es carente de medida (C, p. 186).
En cualquier caso, la operación de cambiar dinero para obtener otra vez dinero sería
absurda si se volviera a obtener la misma suma, sin embargo, esta operación entraña
una particularidad, en ella se da una valorización, es decir, el dinero inicial difiere
cuantitativamente del dinero final: D-M-D´. Tal incremento (D´) es aquello que Marx
denomina plusvalor: “A dicho incremento, o al excedente por encima del valor
originario, lo denomino yo plusvalor (surplus value)” (C, p. 184). En el caso del dinero
como capital, al comprar para vender, se parte del dinero y se obtiene al final
nuevamente dinero en una cantidad mayor que la inicial. El dinero es fin en sí mismo,
a diferencia de la otra forma de circulación donde el fin es el consumo. Este movimiento
renovado sin cesar (carente de medida) del dinero que engendra más dinero señala el
fin hacia el cual está orientado su dinamismo perpetuo: el plusvalor, es decir, la
valorización.
Surge entonces otro aspecto derivado del movimiento de la valorización del capital. En
su circulación perpetua el capital es motivo impulsor de los agentes, o en otras
palabras, aquello que los individuos no saben pero hacen. Lo anterior es especialmente
claro en la posición del individuo que compra para vender y cuyo papel en la circulación
está orientado al dinero como fin en sí mismo, al dinero como capital:
61
Capítulo II
Su persona, o más precisamente, su bolsillo, es el punto de partida y de
retorno del dinero. El contenido objetivo de esa circulación —la valorización
del valor— es su fin subjetivo, y sólo en la medida en que la creciente
apropiación de la riqueza abstracta es el único motivo impulsor de sus
aspiraciones, funciona él como capitalista, o sea como capital
personificado, dotado de conciencia y voluntad (C, p. 186- 187).
Del capital emerge la figura del capitalista como individuo cuya existencia se reduce al
rol específico de poseedor de mercancía dineraria que realiza la operación de comprar
para vender. En esa medida, él mismo está dominado por la dinámica del capital
orientada a la valorización, la cual es el motivo impulsor de su propio movimiento, de
su actuar. Así, por lo tanto, con respecto a la valorización los individuos son objetos
mientras la valorización del capital es: “Sujeto automático” (C, p. 188) y “[...] sujeto
dominante de tal proceso, en el cual ora adopta la forma dineraria o la forma mercantil
[...]” (C, p. 188). Estas formulaciones son de gran importancia como veremos. Al
referirse al capital como “sujeto dominante” o “sujeto automático”, Marx alude al capital
en cuanto capital, es decir, en cuanto proceso total de producción; y no como hemos
venido mostrando hasta ahora, en cuanto a su manifestación en fenómenos concretos
como el de ser dinero circulante. Por ahora solamente basta decir que el hecho de que
el capital en su movimiento de valorización sea sujeto dominante y no los individuos es
la razón por la cual podemos hablar del capital como lo que domina sobre ellos.
Ahora bien, el capital que se valoriza aparece como cantidad de dinero adicional a la
cantidad inicialmente invertida, es decir como plusvalor. Sin embargo, ¿de dónde
proviene el plusvalor?. Nos dirá Marx, que éste no se crea como tal en la circulación de
dinero como capital:
[....] el plusvalor no puede surgir de la circulación [...] por tanto, al formarse
tiene que ocurrir algo a espaldas de la circulación, algo que no es visible en
ella misma [...] la circulación es el compendio de todas las relaciones
mercantiles que se establecen entre poseedores de mercancía. Fuera de
ella el poseedor de mercancías está en relación unánimemente con su
propia mercancía (C, p. 201).
62
Capítulo II
Con base en lo anterior, los individuos en su rol de poseedores de mercancía son
orientados por el proceso de valorización del capital, es decir, por el incremento
constante del valor del flujo de dinero. No obstante, la circulación del dinero como
capital no muestra el origen del plusvalor. Su origen está dado en el plano de la
producción, el cual no es visible para los agentes del intercambio. De esto surge una
paradoja: “El capital [...] no puede surgir de la circulación y es igualmente imposible que
no surja de la circulación. Tiene que brotar al mismo tiempo en ella y no en ella” (C, p.
202). Es decir: el capital no puede surgir de la circulación dado que en ella las
mercancías únicamente se intercambian según determinada magnitud de trabajo social
cristalizada en ellas, no sale de la circulación más valor que el que entra previamente;
sin embargo, es imposible que el capital no surja en la circulación dado que para que
se efectúe la valorización debe producirse un intercambio de mercancías. En último
término, la valorización se da simultáneamente dentro y fuera de la esfera de la
circulación, su darse fuera de la esfera de la circulación concierne a la esfera de la
producción. Tal paradoja será desarrollada más adelante para mostrar que, más allá
de que el origen del plusvalor este ubicado en la esfera de la producción, el capital y
por lo tanto su dominio no se reducen solamente a la esfera de la producción (la fábrica)
ni tampoco únicamente a de la circulación (el mercado), antes bien, el capital en su
determinación más general es la unidad de ambos procesos denominada por Marx
como proceso total de producción de capital (Cf, Marx, GRII, 1983, p. 130). En cuanto
proceso total el capital es una totalidad que no se agota en los fenómenos en los que
se manifiesta.
1.3 condiciones de la valorización
Siguiendo lo anteriormente planteado, para Marx la fuente del plusvalor es algo invisible
desde la perspectiva de la circulación de mercancías. El plusvalor no se origina en el
intercambio, para que ello sucediese el poseedor de dinero como capital tendría que
realizar algo inexplicable: “[...] tendría que ser tan afortunado como para descubrir
dentro de la esfera de la circulación, en el mercado, una mercancía cuyo valor de uso
proveyera la particular propiedad de ser fuente de valor” (Marx, C, p. 203). Una
mercancía con tales propiedades inexplicables no es un valor de uso cualquiera: “[...]
el poseedor de dinero encuentra en el mercado esa mercancía específica: la capacidad
de trabajo o fuerza de trabajo” (C, p. 203). Sin entrar aún a detallar toda la exposición
hecha en El Capital acerca de la relación que asume la fuerza de trabajo durante el
63
Capítulo II
proceso de trabajo, en dónde es un medio para la producción de plusvalor36, debe
señalarse que la fuerza de trabajo tiene en el capitalismo unas condiciones particulares.
La fuerza de trabajo es “[...] el conjunto de las facultades físicas y mentales que existen
en la corporeidad, en la personalidad viva de un ser humano [...] que él pone en
movimiento cuando produce valores de uso de cualquier índole” (C, p. 203). Ella
aparece como mercancía para un poseedor de dinero solamente bajo dos condiciones.
Una primera condición es que: “[La fuerza de trabajo] sólo puede aparecer en el
mercado en la medida de que su propio poseedor [...] la ofrezca y venda como
mercancía” (C, 203-204). Para ello, sin embargo: “[...] es necesario que pueda disponer
de la misma, y por tanto que sea propietario libre de su capacidad de trabajo, de su
persona” (C, p. 204). El individuo como propietario de sí mismo, o en otras palabras,
como quien se comporta con respecto a su fuerza de trabajo como su propiedad o su
mercancía, es el individuo despojado de todos sus lazos de dependencia, y que por lo
tanto es libre de enajenar su propia existencia en la circulación, en dónde se encuentra
con los demás individuos como sus iguales: “Él y el poseedor de dinero se encuentran
en el mercado y traban relaciones mutuas en calidad de poseedores de mercancías
dotados de los mismos derechos , y que solo se distinguen por ser el uno vendedor y
el otro comprador” (C, p. 204). Sin embargo, este ponerse a sí mismo a disposición de
otro poseedor de mercancías no es algo voluntario37 sino que va aparejado con una
segunda condición esencial. Que el poseedor de fuerza de trabajo: “[...] en vez de poder
vender mercancías en las que se haya objetivado su trabajo, deba, por el contrario,
ofrecer como mercancía su fuerza de trabajo misma, la que sólo existe en la
corporeidad viva que le es inherente” (C, p. 205). El verse empujado a vender la fuerza
de trabajo propia (y no sus productos) tiene como premisa histórica no tener la
capacidad producir mercancías por sí mismo, es decir, no poseer los medios de
producción tales como materias, primas, instrumentos de trabajo, máquinas, entre otras
36 Esta exposición corresponde a las secciones III (Producción de plusvalor absoluto), IV
(Producción de plusvalor relativo) y V (La producción del plusvalor absoluto y relativo) del primer
libro de El Capital que serán abordadas en el último capítulo de esta tesis.
37En este punto de la exposición de Marx, aquello que lleva al individuo a poner en disposición
su existencia como fuerza de trabajo en el mercado es algo totalmente exterior a él mismo. No
obstante, como veremos, la diferencia entre la perspectiva expuesta por Marx en las secciones
de El Capital abordadas en este capítulo (I, II, VI y VII) si se lo compara con el funcionalismo
sociológico, es que los individuos se ponen tiene disposiciones subjetivas que los impelen a
asumir su función de trabajadores. En otros términos: los agentes no son únicamente jalonados
por condiciones externas, sino también por representaciones internas, esto se verá con claridad
más adelante cuando caractericemos la dominación del capital a los ojos de los individuos.
64
Capítulo II
cosas. (Cf, C, p.205). En última instancia, las anteriores dos condiciones son las
condiciones de la transformación del dinero en capital y por lo tanto su valorización:
Para la transformación del dinero en capital el poseedor de dinero, pues,
tiene que encontrar en el mercado de mercancías al obrero libre; libre en el
doble sentido de que por una parte dispone, en cuanto hombre libre, de su
fuerza de trabajo en cuanto mercancía suya, y de que, por otra parte, carece
de otras mercancías para vender, está exento y desprovisto,
desembarazado de todas las cosas necesarias para la puesta en actividad
de su fuerza de trabajo (C, p. 205).
En el anterior fragmento se encuentran expuestas las condiciones mismas bajo las
cuales se efectúa la transformación de dinero en capital. Solamente bajo tales
condiciones el capital domina a los agentes reducidos a ser poseedores de mercancías.
Sus papeles como poseedores de mercancías, sin embargo, se dan de dos modos
distintos: por un lado están los poseedores de mercancías que solamente pueden
vender su propia mercancía en el mercado, es decir, su fuerza de trabajo; y por el otro
aquellos que pueden comprar dicha mercancía. Obreros y capitalistas respectivamente,
que concurren al intercambio de mercancías como poseedores de mercancías, y que
por lo tanto son dominados por un proceso de circulación que actúa automáticamente,
que es sujeto dominante del cual ellos son meros objetos y que está orientado al dinero
como fin en sí mismo, como dinero que se valoriza. En ese sentido el capitalista
solamente es función del capital, tanto como lo es el obrero: “El capitalista sólo funciona
en cuanto capital personificado, es el capital en cuanto persona; del mismo modo el
obrero funciona únicamente como trabajo personificado, que a él le pertenece [...]”
(Marx, CCI, 1971, p.19). Habíamos planteado que el capital domina sobre los individuos
en la medida en que estos son poseedores de mercancías que asumen funciones
orientadas a la valorización, sin embargo que la valorización tenga como origen la
producción implica que la dominación del individuo por el capital ocurre,
simultáneamente, en ambas: en la esfera de la circulación y también en la esfera de
la producción en donde se da el consumo de la fuerza de trabajo que origina el
plusvalor, y dónde también el rol de los individuos como poseedores de mercancía se
transforma. Siguiendo a Marx, abandonamos la esfera de la circulación:
65
Capítulo II
[...] para dirigirnos, junto al poseedor de dinero y al poseedor de fuerza de
trabajo, siguiéndoles los pasos hacia la oculta sede de la producción [...] Al
dejar atrás esa esfera de la circulación simple o del intercambio de
mercancías [...] se transforma en cierta medida según parece, la fisonomía
de nuestras dramatis personae. (C, p. 214).
A partir de lo anterior se entiende que la dominación del capital sobre los individuos
además de reducir su existencia a la de ser poseedores de mercancías, también la
reduce a la de ser capitalistas o trabajadores. El común denominador en todos los
casos es que los agentes están encasillados en papeles o roles de antemano fijados
por el capital mismo. Además, no son modos de existencia separados los que llevan
los individuos: por un lado como poseedores de mercancía en la circulación donde son
iguales, y por el otro como trabajadores o capitalistas en donde aquellos son
subordinados de los últimos. Como veremos, el capital domina simultáneamente todas
las dimensiones de la existencia de los individuos. Si lo anterior es cierto, el capital no
es algo inherente a un lugar específico o, en otras palabras, el capital en sí mismo no
se reduce a uno u otro de los fenómenos en los que se manifiesta. El capital no es
exclusivamente un nivel “infraestructural” dado en la fábrica donde el capitalista se
apropia de la fuerza de trabajo y de su capacidad de crear plusvalor, por un lado;
tampoco es el “Edén de los derechos humanos innatos [...] donde [los individuos]
Celebran su contrato como personas libres, jurídicamente iguales” (C. p.214), como
nivel “superestructural” de las instituciones y relaciones jurídicas. El capital en tanto
capital es la unidad entre la producción y la circulación que, sin embargo, no se agota
en ninguna de las dos como veremos a continuación
1.4 La paradoja del capital
Para Marx el capital se muestra de dos maneras: el capital es el fenómeno de la
producción de valor originada cuando el capitalista explota la fuerza de trabajo del
obrero en la fábrica obteniendo plusvalía; pero al mismo tiempo es dinero como capital,
expresado en la circulación cuando el poseedor de dinero compra en el mercado la
mercancía del poseedor de fuerza de trabajo. Ambos fenómenos, no obstante, son
aspectos complementarios del capital, en palabras del pensador alemán: “El proceso
total de producción del capital incluye, tanto el proceso de la circulación propiamente
66
Capítulo II
dicho como el proceso de producción propiamente dicho. Constituyen los dos grandes
capítulos de su movimiento, que se presenta como totalidad de esos dos procesos”
(Marx, GRII, 1983, p. 130). Que el capital, más allá de sus aspectos de ser proceso de
circulación y proceso de producción, sea una totalidad o proceso total de producción
de capital implica que no se reduce a un fenómeno producido en la fábrica o desplegado
en el mercado. Como proceso total de producción el capital no puede ser reducido a
sus procesos parciales dados en la producción o en la circulación. El capital debe ser
pensado filosóficamente como una totalidad social:
“[...] el “proceso total de producción del capital” o el “proceso total de
circulación del capital” son determinaciones que denominaremos
ontológicas –tocan al ser del capital en toda su extensión y determinan por
ello sus diferencias internas. Son determinaciones del capital como tal (en
su ser: ontológicas o en su unidad anterior a su diferenciación, y como
fundamento y esencia de cada diferencia). (Dussel, 1985, p. 274)
Es el capital en cuanto proceso total de producción aquello que domina a los individuos.
En ese sentido, como previamente se señaló, es el capital sujeto dominante. Su
dominación sobre los individuos no es, sin embargo, unilateral, es decir, no está
ubicada en un punto específico de cuerpo social, sino múltiple en tanto el capital, como
veremos, circula por múltiples puntos del cuerpo social.
1.5 El capital como flujo o capital circulante
Visto como proceso total de producción, el capital es sujeto dominante, es decir: no es
exclusivamente el dinero que circula como capital a través de los poseedores de
mercancía, tampoco es solamente la explotación de fuerza de trabajo en la esfera de
producción. En ese orden de ideas, los individuos, como objetos de la dominación del
capital, existen como poseedores de mercancía, pero también como trabajadores o
como capitalistas según sea el caso. El capital entonces se mueve entre estas distintas
posiciones o roles que asumen los individuos. Para Marx, de manera puntual, el capital
visto como proceso total de producción opera como capital circulante:
67
Capítulo II
“[...] no en el sentido aquí adoptado, como si se encontrara en la fase de la
circulación propiamente dicha, a diferencia de la fase de producción, sino
en el sentido de que, se encuentre en la fase que se encuentre, esa fase
es fluida, es una fase en proceso, que lleva a la otra; en ninguna de ellas
en cuanto tal se encuentra atascado y por lo tanto detenido en su proceso
total” (Marx, GR II, 1983, p. 133)
El capital circulante opera como flujo que no se fija a un nivel o fase determinada (la
producción o la circulación) sino que discurre entre ambos sin reducirse a una u otra.
Así, la relación dada entre la producción y la circulación en el capitalismo no es una
relación entre aquel lugar o fase real en donde se produce el capital y aquel otro lugar
o fase aparente en donde se muestra como dinero. La circulación no es externa con
respecto a la producción en tanto el capital opera como capital circulante, lo cual
implica, a nuestro modo de ver, que la dominación del capital sobre los individuos no
puede ser pensada en términos de estructura y superestructura.
Acerca de lo anterior, una razón general para afirmar que el problema de la dominación
no puede ser abordado a través de estos conceptos es que las nociones de estructura
y superestructura no son usadas de manera sistemática por Marx en El Capital, lo cual
contrasta con otros trabajos previos en dónde estos conceptos aparecen de manera
explícita38. Quizá la única alusión, en todo caso indirecta, a estas nociones la
encontramos en el primer capítulo en donde el pensador alemán responde una objeción
hecha a la Contribución de la Crítica de la Economía Política (CCE), allí se cita
específicamente el prólogo de esta obra (Cf, Marx, C, p.100)39. Sobre este punto
suscribimos la observación de Heinrich quien señala que un abordaje de El Capital
debe evitar hacer uso de conceptos previos de Marx o del marxismo, los cuales podrían
oscurecer la problemática específica planteada por el pensador alemán en esta
fundamental obra. Así, muchas veces ocurre que quienes se acercan a El Capital
“resort to certain terminological grids, such as those involving “essence and
appearance,” “dialectic,” “alienation,” “ideology,” and “the critique of ideology.” Using
these concepts, people sometimes rush to explain what Marx “actually” meant,” or what
he “basically” intended to say [Recurren a ciertas grillas terminológicas, tales como
38Entre ellos La Ideología Alemana (IA); El Dieciocho Brumario (DB) y El Prólogo General a la
Contribución a la Crítica de la Economía Política (PCE)
39Esta alusión al PCE y a las nociones de estructura y superestructura está más precisamente
en la nota 33.
68
Capítulo II
aquellas que involucran “esencia” y “apariencia”, “dialéctica”, “alienación”, “ideología” y
“la crítica de la ideología”. Usando estos conceptos, la gente algunas veces se fuerza
a explicar lo Marx “realmente” quiso decir, o lo que “básicamente” pretendía decir]”.
(2021, p. 25). Es debido a lo anterior que consideramos poco preciso interpretar el
problema de la dominación en términos de la relación estructura-superestructura.
Por otro lado, la relación entre estructura y superestructura excluye la posibilidad de
pensar la dominación del capital en su aspecto multilateral y procesual. Siguiendo la
formulación de Engels en Anti-Dühring:
[...] la estructura económica de la sociedad constituye en cada caso el
fundamento real a partir del cual hay que explicar en última instancia toda
la superestructura de las instituciones jurídicas y políticas, así como los
tipos de representación religiosos, filosóficos y de otra naturaleza de cada
período histórico” (p. 71)
Tal y como lo plantea Engels en el fragmento citado, hay una relación unilateral entre
el fundamento real o estructura económica, por un lado; y lo no fundamental o
superestructural, por el otro. La superestructura es externa con respecto a la estructura
económica y, además, es la causa a partir de la cuál ésta debe explicarse. Tal
planteamiento, en términos de El Capital, implicaría que en la sociedad capitalista la
forma valor o forma mercancía es externa con respecto a las relaciones sociales de
producción que componen la sustancia social. Esto, tal y como planteamos antes, es
una postura ingenua para Marx. Las formas en que se expresan las relaciones sociales
no son externas a dichas relaciones sociales de producción. En otros términos: el
proceso de intercambio de mercancías entre agentes en condición de igualdad jurídica
no es algo externo con respecto al proceso de producción como tal. El mismo Engels,
al final de su vida, reflexiona sobre lo problemático que resulta centrarse únicamente la
estructura económica como un contenido con respecto al cual la forma es indiferente.
En una carta al socialista Franz Mehring escribe:
En lo que [Marx y yo] más insistíamos — y no podíamos por menos de
hacerlo así— era en derivar de los hechos económicos básicos las ideas
políticas, jurídicas, etc., y los actos condicionados por ellas. Y al proceder
69
Capítulo II
de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso
de génesis de estas ideas, etc. ( 1974, p. 523)
Teniendo en cuenta lo anterior, en vez de concebir la dominación del capital sobre los
individuos en términos de estructura y superestructura, podría plantearse que la
dominación del capital es un proceso que se da en las formas en que aparecen las
relaciones de producción y al mismo tiempo en las relaciones de producción que
constituyen el contenido de tales formas. Así, el domino del capital es algo dado en las
relaciones de producción entre obrero y capitalista en la fábrica, por un lado; y en las
relaciones de igualdad jurídica propias del intercambio y la circulación de mercancías,
por el otro. El capital circulante se mueve entre ambas esferas y no se fija a ninguna.
Por lo tanto, el individuo es dominado multilateralmente, es decir, es dominado en tanto
está vinculado a la producción como trabajador o capitalista, y al mismo tiempo es
dominado en la medida en que está vinculado al intercambio en tanto es poseedor de
mercancías. La dominación del capital sobre los individuos no se origina en un punto
privilegiado del cuerpo social, sino que se hace efectiva en los múltiples vínculos que
los individuos asumen con respecto al capital el cual “[…] en cuanto sujeto que recorre
todas las fases, en cuanto la unidad en movimiento, en proceso, de circulación y
producción, es capital circulante [...]” (Marx, GR II, p. 131).
En resumen, abordar el problema de la dominación del proceso de producción sobre
los agentes en El Capital supone abandonar las nociones de estructura y
superestructura. Son dos las razones por nosotros planteadas. Por un lado, dada la
evidente ausencia de estos conceptos en la exposición de Marx. Por otro lado, debido
a que el capital, entendido como proceso total de producción, es capital circulante cuyo
dominio no se agota en ninguna esfera específica. La principal consecuencia derivada
de todo lo anterior es que lo desarrollado por el pensador alemán en El Capital es
incompatible con una topografía marxista de lo social, es decir, con la metáfora según
la cual los procesos propios del modo de producción capitalista pueden ser
representados bajo la imagen espacial de un edificio -estructura y superestructura- (Cf,
Althusser, 2015 p. 89). A propósito de esto comenta Althusser: “Poco importa que la
metáfora del edificio sea una metáfora: no se piensa en la filosofía sino bajo metáforas.”
(Althusser, 1975, p. 54). Pese a esto, el mismo Althusser no renuncia a esta metáfora,
70
Capítulo II
la cual ha servido también de lente a través del cual muchos otros autores (defensores
y críticos de Marx) han interpretado la crítica de la economía política de El Capital40.
De lo anteriormente expuesto podemos concluir que la dominación del proceso de
producción sobre los individuos puede entenderse bajo la categoría de capital como
proceso total de producción que opera como capital circulante cuyo movimiento no se
agota en la circulación o en la producción, y de donde se desprende que los roles o
posiciones en los que se efectúa su dominación como sujeto que recorre todas las
fases son múltiples. Ahora bien, mostraremos, empero, que el capital ejerce su dominio
en la medida en que se perpetúa constantemente.
1.6. Perpetuación del dominio del capital o reproducción
simple
Para Marx “[...] todo proceso social de producción es al propio tiempo proceso de
reproducción” (Marx, C, 1975, p. 695). La identidad entre producción y reproducción
como procesos simultáneos implica que los supuestos históricos de la producción
capitalista previamente expuestos41, es decir, aquellos supuestos del obrero desatado
de los lazos de dependencia y también libre -despojado- de los medios de producción,
son también reproducidos.
40 Dos ejemplos de esta tendencia son Ernesto Laclau (2000) y Gerald Cohen (1986). Por un
lado, Laclau realiza una lectura de la metáfora del edificio en el PCE desde la cual caracteriza
lo que, a su modo de ver, es una lógica del desarrollo histórico fundada en las leyes
infraestructurales del desarrollo de las fuerzas productivas. (Cf, 2000, p. 23). Tal caracterización
es, sin embargo, extrapolada y usada para interpretar varias secciones de El Capital (Cf, p. 21-
44). Por otro lado, Cohen realiza también una lectura del PCE de la cual extrae la distinción
entre lo que el denomina estructura económica compuesta por relaciones de producción, y las
denominadas fuerzas productivas que serían externas con respecto a la estructura económica
(Cf, 1986, p. 30). Tal distinción es usada por Cohen para interpretar El Capital.
41Es decir, los supuestos históricos descritos en la sección II: “En el capítulo IV [Sección II]
vimos que para transformar dinero en capital no era suficiente la preexistencia de la producción
y circulación de mercancías. Era necesario, primero, que se enfrentarán como comprador y
vendedor aquí el poseedor de valor o dinero, allí el poseedor de sustancia creadora de valor; de
un lado el poseedor de los medios de producción y de subsistencia; del otro, el poseedor de
nada más que fuerza de trabajo” (Marx, C, 1975, p. 700)
71
Capítulo II
En la sección VII de El Capital se introduce la noción de reproducción: “[...] la
reproducción no se pone de manifiesto más que como medio de reproducir como capital
el valor adelantado, es decir, como valor que se valoriza” (C, p. 696). La reproducción
es pues la repetición del movimiento (Descrito en la sección II de El Capital) según el
cual una cantidad de dinero adelantada por el poseedor de dinero al poseedor de fuerza
de trabajo se transforma en plusvalor (D-M-D’).
Ahora bien, la reproducción tiene un aspecto peculiar. No solamente es un medio para
la repetición del movimiento de valorización en el que el dinero se convierte en capital:
“El proceso de producción transforma continuamente el dinero en capital, los medios
de producción en medios de valorización. Por otra parte, el obrero sale del proceso de
producción constantemente, tal como entró en él.” (C, p. 701). Este punto es de gran
importancia ya que permite entrever que la reproducción no es exclusivamente la
transformación de dinero en capital, sino que además de eso es la reproducción de la
fuerza de trabajo. La peculiaridad de la reproducción de la fuerza de trabajo estriba en
que al salir una y otra vez de cada ciclo tal y como entró, el obrero hace algo más que
crear plusvalor:
El obrero mismo, por consiguiente, produce constantemente la riqueza
objetiva como capital, como poder que le es ajeno, que lo domina y lo
explota, y el capitalista, asimismo, constantemente produce la fuerza de
trabajo como fuente subjetiva y abstracta de riqueza, separada de sus
propios medios de objetivación y efectivización, existente en la mera
corporeidad del obrero; en una palabra, produce al trabajador como
asalariado. Esta constante reproducción o perpetuación del obrero es la
[conditio] sine qua non de la producción capitalista (C, p 701-702)
Es importante destacar que el obrero no solamente produce el capital en términos, por
decirlo de alguna manera, económicos, como riqueza; sino que la producción misma
del capital tiene un aspecto, si se quiere, político: el de ser poder que domina y explota.
Ahora bien, debemos ser enfáticos en el siguiente punto: el obrero es productor y al
mismo tiempo es producido. Es decir, en la medida en que el obrero es productor de
“riqueza objetiva” es, de manera simultánea, producido como fuerza de trabajo
separada de sus propios medios de producción, es decir, es producido como
asalariado. La operación económica del obrero que produce riqueza (plusvalor) es
72
Capítulo II
indisociable y simultánea a la operación política de ser producido como asalariado. En
último término: la dominación no es algo adicional (externo o superestructural) al
proceso de producción, todo lo contrario, la dominación es inherente a la producción.
Ahora bien, el obrero es producido multilateralmente como antes mencionamos. Todo
lo que éste puede hacer, incluso en términos que podrían considerarse como ‘al
margen del proceso de producción’ termina siendo puesto en función de la producción
capital. Lo anterior es claro cuando muestra Marx un contraste entre dos maneras de
interpretar el consumo: la interpretación del consumo como acto individual y su
interpretación como acto social: “[En el consumo individual el obrero] se pertenece a sí
mismo y ejecuta actos vitales individuales al margen del proceso de producción” (C,p.
702). Sin embargo, pese a poder actuar al margen del proceso de producción, es decir:
pese a poder tener cierto espacio de autodeterminación donde se ‘posee a sí mismo’,
desde una escala social no deja de ser un apéndice del capital:
Pero si no se examina el proceso aislado de producción de la mercancía
sino el proceso capitalista de producción en su fluencia interconexa y en su
escala social, el consumo individual del obrero sigue siendo también un
elemento de la producción y reproducción del capital, ya se efectúe dentro
o fuera del taller, de la fábrica, etc., dentro o fuera del proceso laboral [...]
El hecho de que el obrero efectúe ese consumo en provecho de sí mismo
y no para complacer al capitalista, no cambia la naturaleza del asunto (C,
p. 703-704)
En el anterior fragmento se reitera que la dominación del capital es algo multilateral, es
decir, en su “fluencia interconexa” atraviesa y ejerce su dominio sobre los distintos
ámbitos en los que el individuo cumple sus funciones y está vinculado al capital: bien
sea como agente del intercambio, consumidor, trabajador, capitalista etc.42
42 Lo anterior es más claro con la distinción hecha por Marx entre trabajo productivo e
improductivo. Los trabajos improductivos son aquellos que, pese a no estar directamente
puestos en función del proceso de producción y reproducción del capital y por lo tanto de la
creación de plusvalor, terminan en algún punto siendo puestos en función del capital lo cual
denota que su dominación atraviesa distintos roles del individuo: “Milton, pongamos por caso,
que escribió El paraíso perdido (…) era un trabajador improductivo. Al contrario, el escritor que
proporciona trabajo como de fábrica a su librero, es un trabajador productivo. Milton produjo El
paraíso perdido tal como un gusano produce seda, como manifestación de su naturaleza. Más
adelante vendió el producto por 5$ y de esta suerte se convirtió en comerciante. Pero el literato
proletario de Liepzig, que produce libros (…) por encargo de su librero, está cerca de ser
73
Capítulo II
Retomando el contraste entre la interpretación individual y social del consumo, podría
pensarse el consumo individual del trabajador como análogo al de la bestia de carga:
“[El] consumo de la bestia de carga no deja de ser un elemento necesario del proceso
de producción porque el animal disfrute lo que come” (C, p. 704). El hecho de que el
individuo sea un simple instrumento del capital no cambia si este disfruta de su
consumo individual al margen del proceso de producción, ya que en últimas ello no
cambia su condición de dominado. No obstante, en este punto es preciso entrar a
evaluar el problema que supone el hecho de que el capital se le presente a los
individuos bajo ciertas formas sociales las cuales, como veremos, no son secundarias.
2 La dominación del capital frente a los individuos
El dominio del capital es independiente del individuo y su conciencia, pero en todo caso
ésta juega un papel. Después de todo para Marx los individuos son instrumentos de
producción autoconscientes (Cf, p. 706). La autoconsciencia de los individuos supone
que estos experimentan la dominación de alguna forma. En ese orden de ideas,
mostraremos que la dominación del capital se presenta bajo formas sociales objetivas
dadas a la conciencia de los individuos. La especificidad de dichas formas es
desarrollada con las nociones de rédito y salario. Estas nociones permiten, para
expresarlo de alguna manera, mostrar que pese a que la dominación del capital es
independiente de los individuos, la forma en que se presenta la dominación a la
experiencia no es accesoria.
2.1 Reproducción a escala ampliada y la dominación del
capital frente al capitalista.
Como mencionamos en la sección anterior, para Marx la reproducción además del
aspecto político en el que el individuo es producido como asalariado, en términos
estrictamente económicos es el proceso cuyo punto de partida es una cantidad de
trabajador productivo, por cuanto su producción está subsumida en el capital y no se lleva a
cabo sino para valorizarlo” (Marx, CCI, 2009, p. 84). En este caso, el literato proletario de Liepzig
que produce libros por encargo está dominado por el capital pese a que su trabajo no está
directamente relacionado con el proceso de producción, tal y como si lo está el del obrero fabril.
74
Capítulo II
dinero que se transforma en capital a través de la explotación o compra de fuerza de
trabajo: “Originariamente, el proceso capitalista de producción se limitaba a transformar
en capital, y por tanto en fuente de plusvalor, una suma de valor que pertenecía —no
sabemos por qué motivos— al poseedor de dinero” (Marx, C, 1975, p. 719). El proceso
continuo en el cual se repite una y otra vez el ciclo de transformación del dinero en
capital constituye la reproducción de capital. Lo anterior se diferencia de la denominada
reproducción ampliada, que ocurre cuando a partir del ciclo de transformación de dinero
en capital emerge un segundo ciclo, cuyo punto de partida es una parte del plusvalor
generado inicialmente por primer ciclo de transformación de dinero en capital, en esa
medida en lo que respecta al segundo ciclo: “El dinero mismo [...] es el producto del
proceso que succiona el trabajo ajeno impago [es producto de un primer ciclo]. El capital
ha producido capital” (C, p. 720). Lo anterior, en términos del problema de la
dominación del capital se traduce en que la reproducción es de carácter intensivo en
tanto perpetúa el dominio del capital; mientras la reproducción ampliada es extensiva
en tanto lo expande: “Así como la reproducción simple reproduce continuamente la
relación capitalista misma -capitalistas por un lado, asalariados por la otra-, la
reproducción en escala ampliada, o sea la acumulación, reproduce la relación
capitalista en escala ampliada [...]” (C, p. 761). Lo anterior conlleva también a
considerar el papel del capitalista en la reproducción a escala ampliada. El capital que
engendra capital y que extiende su dominio es operado por el capitalista, es decir,
interviene en la reproducción ampliada un elemento autoconsciente en tanto crear
capital a partir de la transformación de dinero en capital supone invertir una parte del
plusvalor del primer ciclo en un segundo ciclo, es decir, supone dividir el plusvalor en
dos partes: por un lado, el rédito o consumo privado; mientras, por otro lado, el plusvalor
que perpetúa el proceso de conversión de dinero en capital o incluso sirve de base para
la creación de otro nuevo ciclo de capital.
En pocas palabras: el capitalista conscientemente opera una división del plusvalor
obtenido en dos partes. Una parte destinada al consumo individual y otra destinada a
la inversión. La parte invertida bien puede estar destinada exclusivamente a la
reproducción de su capital actual (por ejemplo, mantener su fábrica de cerveza), o bien
pude estar destinada a la reproducción de su capital actual y, además, a la creación de
un nuevo capital (por ejemplo, mantener su fábrica de cerveza y además invertir parte
del plusvalor allí obtenido para crear en una fábrica de automóviles).
75
Capítulo II
En ese orden de ideas, para Marx, una de las dimensiones del capitalista a tener en
cuenta es que “[El capitalista] consume como rédito una parte del plusvalor, y emplea
o acumula otra parte como capital” (C, p. 730). La proporción en que divide el plusvalor
entre rédito (consumo personal), por un lado; y capital (dinero que produce plusvalor o,
en ciertos casos, da paso a un nuevo capital), por el otro, varía según factores que no
vienen al caso (Cf, C, p. 730). De todas maneras, el plusvalor apropiado aparece
[...] a los ojos del capitalista, cual fructificación periódica de su capital o,
dicho de otra manera, puesto que el producto de trabajo ajeno que él
adquiere sin cambio por equivalente de ningún tipo se le presenta como
incremento periódico de su patrimonio privado, resulta también natural que
la división de este plusvalor o plusproducto en capital suplementario y fondo
de consumo esté mediada por un acto voluntario ejecutado por el capitalista
(C, p. 730-731)
Así, lo importante acerca de la reproducción a escala ampliada es que ésta es un
proceso independiente de la voluntad del capitalista individual pero que, de todos
modos, aparece frente a sus ojos de cierta forma e implica también un acto voluntario:
el acto de invertir o incluso el acto de consumir parte del plusvalor como rédito. En esa
medida, la dominación implica la voluntad y la conciencia de los dominados. Por otro
lado, los actos voluntarios del capitalista tienen un aspecto ético: “[...] en la medida en
que sus acciones son únicamente una función del capital que en él está dotado de
voluntad y conciencia, su propio consumo privado se le presenta como un robo
perpetrado contra la acumulación de su capital” (C, p.731- 732). El capital domina al
capitalista individual en tanto solamente puede, como poseedor de dinero, valorizar el
capital. No obstante, este poder independiente de él se le presenta a sí mismo como
abstinencia y ascetismo, cualquier consumo privado supone una afrenta a sus valores
los cuales son un medio a través del cual se efectúa la valorización, así, por ejemplo,
el afán de enriquecerse “[...] es en el capitalista efecto del mecanismo social, en el que
dicho capitalista no es más que una rueda del engranaje” (C, p. 731). A medida que se
desarrolla el modo de producción capitalista, dice irónicamente Marx: “[...] el capitalista
deja de ser la mera encarnación del capital. Siente un “estremecimiento humano” por
su propio Adán y se civiliza hasta el punto de ridiculizar como prejuicio del atesorador
arcaico la pasión por el ascetismo” (C, p. 733). Así, los valores que guían al capitalista
(mientras sin saberlo es movido y dominado por el capital) se modifican históricamente:
“Mientras que el capitalista clásico estigmatizar el consumo individual como pecado
76
Capítulo II
contra su función y como un “abstenerse” [...] el capitalista modernizado está ya en
condiciones de concebir la acumulación como “renunciamiento” a su afán de disfrute”
(C, p. 733). Posteriormente se da incluso el caso de que, una vez alcanzado un mayor
nivel de desarrollo del capitalismo: “[...] el “desgraciado” capitalista debe practicar
incluso, como necesidad de negocio, cierto grado convencional de despilfarro [..]” (C,
p. 733). Bien sea que hablemos del capitalista que practica el ascetismo, de aquel que
concibe la acumulación como renunciamiento o inclusive de aquel que se ve obligado
al despilfarro, en todos los casos, dirá Max, lo uno no perjudica lo otro (Cf, p. 734). La
manera en que se les aparece el proceso no cambia el hecho de que los capitalistas
son dominados y ejecutan el movimiento del capital, pero, en cualquier caso, la
dominación debe expresarse bajo alguna una forma y debe tener algún sentido para
los dominados. En últimas la dominación del capital sobre el capitalista es inseparable
de la forma que esta adopta, es decir, de la manera en que él, como instrumento
autoconsciente del capital, percibe y da sentido a su propia dominación. Ahora bien,
algo similar ocurre con el obrero. Marx desarrolla el elemento autoconsciente de la
dominación del capital en el caso el obrero a través de la noción de salario o forma
salario. Esta noción es expuesta en la sección VI del primer libro de El Capital tal y
como veremos a continuación.
2.2 Salario y dominación del capital frente al trabajador
La dominación del capital se le presenta al obrero bajo la forma salario. En la sección
VI de El Capital dedicada a la noción de salario se plantea que: “[...] el salario del obrero
se pone de manifiesto como precio del trabajo [...]” (Marx, C, 1975, p. 651). El salario
entendido como precio del trabajo, en tanto categoría, es expresión objetiva de la
realidad social43. Así, la noción de precio del trabajo no es exclusiva de la economía
política, es usada también por los agentes en la vida cotidiana, en especial por el
trabajador quien se refiere al salario como precio de su propio trabajo durante el
proceso de producción.
43 Hemos sido enfáticos en que para Marx las categorías de la realidad social no son conceptos
surgidos de la reflexión, sino que son expresión de prácticas reales en el mundo social: son
socialmente validas y objetivas para las relaciones de producción del capitalismo. No ocurre
diferente con la categoría de precio del trabajo: “La economía política clásica tomó prestada de
la vida cotidiana la categoría de “precio de trabajo”, sin someterla a crítica [...]” (Marx, C, 1975,
p. 654)
77
Capítulo II
Marx parte de esta categoría y formula una crítica. Tal y como habíamos visto, al estar
despojado de los medios de producción el trabajador vende su fuerza de trabajo y no
su trabajo como tal ya que: “Para que [...] se pudiera vender en el mercado como
mercancía, el trabajo [...] tendría que existir antes de ser vendido. Pero si el trabajador
pudiera darle al trabajo una existencia autónoma, lo que vendería sería una mercancía,
y no trabajo” (C. p. 652). En otras palabras: si el trabajo existe antes de ser vendido es
porque fue producido previamente por el trabajador, quien por lo tanto no se vio en la
necesidad de vender su fuerza de trabajo, lo cual a todas luces es contrario a los
supuestos históricos del capitalismo. En el capitalismo, lo que se paga como salario no
es el trabajo o el “precio del trabajo” sino el valor de la fuerza del trabajo que es
explotada durante determinada cantidad de tiempo o jornada laboral:
El valor de uso de la fuerza de trabajo, el trabajo mismo, le pertenece tan
poco a su vendedor como al comerciante en aceites el valor de uso del
aceite vendido. El poseedor de dinero ha pagado el valor de una jornada
de fuerza de trabajo; le pertenece, por consiguiente, su uso durante la
jornada, el trabajo de una jornada (Marx, C. p 235).
Pero, el valor producido durante una jornada de trabajo no es igual al valor de la fuerza
de trabajo44 empleada durante una jornada de trabajo. El punto fundamental es el
siguiente: si el valor de una jornada de fuerza de trabajo fuese equivalente al valor
producto de dicha fuerza de trabajo durante esa misma jornada, no habría plusvalor ya
que el total del valor producido sería propiedad del obrero, tampoco habría valorización
y por lo tanto no habría capitalismo45. En ese orden de ideas, reitera Marx: “Lo que la
economía política denomina valor del trabajo [...] en realidad es el valor de la fuerza de
trabajo que existen en la personalidad del obrero y que es tan diferente de su función,
del trabajo, como una máquina es de sus operaciones” (Marx, C, p 655). En últimas,
44 Debemos aclarar que el valor de la fuerza de trabajo en este caso corresponde a los valores
de uso que precisa el trabajador para renovar sus condiciones de existencia luego de cada
jornada: alimentación, alojamiento, vestimenta, etc)
45 Sobre este punto propone Marx el siguiente ejemplo: “Supongamos, por ejemplo, que la
jornada laboral de 12 horas se representa en un valor dinerario de 6 chelines. O bien se
intercambian equivalentes, y entonces el obrero percibe 6 chelines por el trabajo de 12 horas.
El precio de su trabajo sería igual al de su producto. En este caso no se produciría plusvalor
alguno para el comprador de su trabajo, los 6 chelines no se convertirían en capital, el
fundamento de la producción capitalista se desvanecerá” (Marx, C, 1975, p. 652).
78
Capítulo II
puede decirse que el trabajo como tal no tiene valor, es decir, siguiendo con el ejemplo
de la máquina: lo que tiene valor es la máquina como producto del trabajo, así como
también sus productos, pero sus operaciones en sí no tienen valor. De igual manera
sucede con el trabajador, lo que tiene valor es su fuerza de trabajo como materialidad
corporal, y también tienen valor los productos que surgen del empleo de su fuerza de
trabajo, pero el empleo de la fuerza de trabajo, el trabajo mismo, no tiene valor (Cf, C,
p. 653).
En conclusión, el valor del trabajo o salario “[...] siempre tiene que ser necesariamente
menor que el producto del valor, puesto que el capitalista siempre hace funcionar a la
fuerza de trabajo durante más tiempo que el necesario para que se reproduzca el valor
de la misma” (C, p. 656). Este tiempo adicional al estrictamente necesario para la
reproducción de la fuerza de trabajo es el plusvalor. El problema, sin embargo, subsiste.
Si bien, a la luz de la crítica anteriormente expuesta, la categoría de valor del trabajo
es irracional con respecto al modo de producción capitalista, en todo caso ella está
inscrita en la realidad social, tiene una existencia real, lo cual es evidente cuando se
tiene en cuenta, como ya se mencionó, que para el obrero el valor de su fuerza de
trabajo es el precio de su trabajo como tal. De la misma manera en que ocurre con el
capitalista, en el caso del obrero la forma en que se le manifiesta su propia dominación
no es del todo indiferente para Marx. Pese a ser un simple instrumento de valorización
del capital, el obrero percibe desde su punto de vista un intercambio en el cual le
retribuyen el precio de su propio trabajo como salario:
Si nos situamos en el punto de vista del obrero que a cambio de 12 horas
de trabajo percibe, por ejemplo, el producto de valor de 6 horas de trabajo,
digamos 3 chelines, veremos que para él, de hecho, su trabajo de 12 horas
es el medio que le permite comprar los 3 chelines (C, p. 658).
Que al obrero se le presenten las cosas de esta manera implica que la dominación del
capital sobre él le hace imposible percibir diferencia alguna entre la parte del producto
equivalente a su salario y la parte del producto correspondiente al trabajo no pago. La
manera en que se dispone el producto del trabajo a la percepción varía dependiendo
del modo de producción:
79
Capítulo II
En la prestación personal servil el trabajo del siervo para sí mismo y su
trabajo forzado para el señor se distinguen, de manera palmariamente
sensible, tanto en el espacio como en el tiempo. En el trabajo esclavo,
incluso la parte de la jornada laboral en la cual el esclavo no hace más que
suplir el valor de sus propios medios de subsistencia, en el cual, pues, en
realidad trabajo para sí mismo, aparece como trabajo para su amo. Todo
su trabajo toma la apariencia de trabajo impago. En el caso del trabajador
asalariado, por el contrario, incluso el plustrabajo o trabajo impago aparece
como pago (C. p. 657).
Es preciso poner de relieve en el fragmento anteriormente citado tres maneras en que
se disponen los productos del trabajo a ojos del individuo.
Una primera, propia de la prestación personal servil, en la que se distingue “de manera
palmariamente sensible” es decir, en la que el individuo percibe la diferencia entre el
trabajo para sí mismo y el trabajo forzado. Para el siervo, el producto que siembra en
su propia tierra con sus medios de producción es trabajo para sí mismo, el cual se
diferencia del trabajo que debe hacer en la finca del señor por obligación. En este caso,
el espacio y el tiempo en el que se produce el producto para sí mismo evidentemente
difiere del espacio y el tiempo en el que se produce el producto que es apropiado por
el señor feudal. El producto para sí mismo, su salario digamos, es producido en su
propia tierra; el tributo, el trabajo no pago, es producido en la tierra del señor feudal en
un momento distinto.
Una segunda manera es la relativa al trabajo esclavo, allí la diferencia entre el trabajo
que el esclavo realiza para para su propia subsistencia y el trabajo que realiza para su
amo no existe, por lo tanto, todo aparece como trabajo para su amo.
Finalmente, en el caso del capitalismo, la diferencia entre trabajo pago y no pago es
imperceptible para el trabajador asalariado ya que los productos de su trabajo se
disponen de una manera distinta. La producción de su salario (el valor de su fuerza de
trabajo) no difiere en el tiempo ni en el espacio de la producción del plusvalor apropiado
por el capitalista. Además de ello, la parte del producto de su trabajo está mediada por
el salario y por lo tanto por cierta cantidad de dinero. Así, por ejemplo, el producto de
su trabajo en la fábrica automotriz no se le presenta al obrero de manera
80
Capítulo II
“palmariamente sensible” como cierta proporción del total de carros que le
corresponden a él por un lado, y al capitalista por el otro. En esa medida, la diferencia
entre el trabajo para sí mismo y el trabajo forzado es imperceptible dada la forma salario
y por lo tanto el trabajo no pago aparece para él como trabajo pago, como salario o
“precio del trabajo”.
Acerca de la disposición del producto del trabajo del obrero bajo la forma salario afirma
Marx: “[...] esta forma de manifestación [el salario] vuelve invisible la relación efectiva y
precisamente muestra lo opuesto de dicha relación” (C, p, 657). La forma salario hace
invisible (imperceptible) la relación social en la cual parte del trabajo del obrero es
apropiado por el capitalista, y muestra lo opuesto a esa relación. En otros términos: el
efecto de la forma salario es que la relación social entre individuos no aparece como
tal, todo lo contrario, aparece como “lo opuesto”, como una cosa, es decir: aparece
como dinero.
Las relaciones sociales como cosas son “lo opuesto” a las relaciones sociales
propiamente dichas. Esto es de suma importancia, ya que al ser la forma salario algo
objetivo que existe en el mundo, independientemente de la conciencia del individuo, y
cuyo efecto es hacer invisible la relación de explotación, no podemos hablar en este
caso de falsa conciencia por parte del obrero. Independientemente de la conciencia de
los agentes sobre el proceso —en este caso los obreros — la forma salario es la forma
de expresión necesaria en el capitalismo de la apropiación del producto del trabajo de
los individuos. Siguiendo a Deleuze y Guattari (1985), la percepción de la conciencia
frente al proceso de producción no es falsa conciencia, al contrario: [...] la falsa
conciencia es verdadera conciencia de un falso movimiento, verdadera percepción de
un movimiento objetivo aparente, verdadera percepción del movimiento que se
produce. (p. 19). La manera en que se presenta el proceso de producción al trabajador
como “lo opuesto” no se explica en que este tenga una falsa conciencia o falsa
representación de la realidad, el problema no es la conciencia sino la realidad misma
que se presenta a la conciencia del obrero quien tiene siempre una verdadera
conciencia o percepción de un movimiento abstracto, o en términos de Deleuze y
Guattari, “objeto aparente”, el cual como objeto de su percepción (dinero) no “hace
palmariamente sensible” la relación de producción que lo domina y explota46.
46Nuestra conclusión acerca de la forma en que la dominación se presenta al obrero como algo
imperceptible en las condiciones dispuestas por el capital, es hasta cierto punto similar a la
siguiente observación de Lukács (1970) sobre la forma salario: “Por tanto, la «falsedad», la
81
Capítulo II
En esta sección caracterizamos la forma salario como aquella en que se muestra el
capital a los ojos sobre el obrero, en esa medida, el salario hace totalmente
imperceptible para el obrero la diferencia entre el trabajo pagó y no pago durante la
jornada laboral; por otro lado, en el caso del capitalista mostramos cómo el rédito
supone una forma social por la que su condición de ser instrumento del capital es
percibida por éste como un acto voluntario de renunciamiento, ascetismo o incluso
despilfarro. En todo caso, bien se trate del capitalista o del obrero, el rédito y el salario
son formas sociales, si se quiere, estructuras objetivas, en las que se presenta el capital
a los ojos de los individuos y que constituyen una dimensión del dominio que ejerce el
capital sobre estos en su condición de agentes. En este caso, debemos ser enfáticos
en que la dominación no es una falsa conciencia del proceso, sino que radica en las
formas sociales que son percibidas por los agentes. Estos tienen una verdadera
conciencia de formas sociales abstractas.
3 Leyes de acumulación y modos de dominación del
capital
Hemos caracterizado la dominación del proceso de producción sobre los individuos a
través de una interpretación de la categoría de capital como proceso total de
producción, en donde su movimiento como capital circulante no se fija a ningún punto
particular, bien se trate del mercado o de la fábrica, es decir, de la circulación o la
producción. En esa medida, la dominación del capital sobre los individuos es múltiple
en tanto estos son instrumentos del capital no solamente en el espacio de la producción
en donde asumen el rol de trabajadores o capitalistas, sino también en otros espacios
en donde son poseedores de fuerza de trabajo, poseedores de dinero, consumidores
«ilusión», contenidas en tal situación de hecho, no son algo arbitrario, sino, por el contrario, la
expresión mental de la estructura económica objetiva. Así por ejemplo, «el valor o el precio de
la fuerza de trabajo toma la apariencia de precio o valor del trabajo mismo» y «se crea la ilusión
de que la totalidad es trabajo pagado” (p.82). En todo caso, pese a admitir que la falsedad es
una expresión mental de la realidad social capitalista la cual hace invisible o abstracta la
explotación, Lukács pone este problema términos de falsa conciencia, lo cual a nuestro modo
de ver no es del todo preciso. Esto debido a que, pese a que Lukács no entiende la falsa
conciencia como algo psicológico-individual sino más bien como una construcción social, el
termino como tal no permite hacer énfasis en que las estructuras sociales son independientes
de la conciencia de los agentes.
82
Capítulo II
individuales y hasta trabajadores improductivos. De igual manera, hemos caracterizado
las formas sociales de carácter objetivo que se presentan a los ojos de los dominados.
Ahora bien, en esta sección caracterizaremos las tendencias propias de la dominación
capitalista sobre los individuos, tendencias que en su conjunto constituyen aquello que
Marx denomina ley general de la acumulación capitalista.
La ley general concierne al proceso de acumulación de capital, con el término
acumulación se hace referencia a la transformación de dinero en capital que en su
constante reiteración como ciclo, o en otras palabras, como reproducción simple de
capital, implica también la acumulación a escala ampliada, o sea, al punto donde,
además de crear plusvalor de manera indefinida, el capital en cuestión engendra un
nuevo proceso de acumulación, esta nueva inversión se convierte a su vez en una
nueva fuente de plusvalor, en un nuevo capital. En pocas palabras, el proceso de
acumulación capitalista es el proceso incesante de creación de plusvalía y a partir de
la inversión de parte de dicha plusvalía de nuevo capital, y por lo tanto, de múltiples
fuentes de plusvalía (Cf Marx, C, 1975, p. 760). Ahora bien, para Marx la acumulación
de capital ejerce una influencia directa sobre la totalidad de los individuos que
componen la clase obrera, es decir, la totalidad de los individuos que se ven en
obligación de vender su fuerza de trabajo a cambio de salario. Al caracterizar lo que
denomina la ley general de la acumulación capitalista Marx aborda puntualmente: [...]
la influencia que ejerce el acrecentamiento del capital sobre la suerte de la clase obrera.
El factor más importante en este examen es la composición del capital y los cambios
que experimenta la misma en el transcurso del proceso de acumulación” (p. 759). El
acrecentamiento del capital, su reproducción ampliada, no es un proceso lineal, está
ligado a aquello que el pensador alemán denomina composición del capital, es decir la
proporción del plusvalor que se divide en medios de producción o capital constante
(Máquinas, insumos, mejoras tecnológicas) y por otro lado en fuerza de trabajo o capital
variable (la suma global de los salarios pagados a los obreros). A nuestro modo de ver,
al señalar la influencia de la composición del capital y de suyo de la acumulación sobre
la clase obrera, Marx no está únicamente describiendo una ley económica, sino que
está mostrando que la clase, al verse sujeta a los cambios en el proceso de
acumulación, es el escenario de modulaciones en la manera en que el capital ejerce su
dominio sobre ella, dichas modulaciones revelan tensiones a su interior y denotan su
carácter heterogéneo. En últimas, con la caracterización de la ley general de la
acumulación capitalista queremos mostrar en esta sección que las variaciones en los
83
Capítulo II
ciclos de acumulación descritos en dicha ley suponen momentos de ampliación, crisis
y resistencia a la dominación del capital sobre los individuos.
3.1 Ampliación de la dominación del capital
La primera tendencia de la acumulación de capital es aquella en donde la composición
del capital no varía en lo absoluto, es decir: “[...] que para poner en movimiento
determinada masa de medios de producción o capital constante se requiere siempre la
misma masa de fuerza de trabajo [...] (Marx, C, 1975, p. 759). En este caso el
crecimiento de la escala de acumulación o reproducción ampliada conllevan el
acrecentamiento de la fuerza de trabajo empleada llevando a que “[...] la demanda de
obreros supere su oferta, a raíz de lo cual los salarios pueden aumentar” (C, p. 760).
Esta tendencia de la acumulación de capital tiene como consecuencia mejores
condiciones para los trabajadores, pero no modifica en lo absoluto su condición de
instrumentos del capital. Por más que aumente la demanda de obreros e incluso los
salarios, estos siguen estando a merced del capital en tanto su subsistencia depende
de la venta de su propia fuerza de trabajo. En las circunstancias descritas
anteriormente:
“[...] su relación de dependencia con respecto al capital reviste formas
tolerables [...] en vez de volver más intensa a medida que se acrecienta el
capital esa relación de dependencia sólo aumenta en extensión; es decir,
la esfera de la explotación y dominación del capital se limita a expandirse
junto a las dimensiones de éste y el número de sus súbditos” (C, p. 765-
766)
Por lo tanto se da la tendencia según la cual a medida que se amplía la escala de
acumulación, es decir, a medida que el capital crea mayor cantidad de plusvalor y lo
invierte en otros sectores creando nuevos capitales, más obreros individuales entran a
vender su fuerza de trabajo y hay una progresiva extensión de la dominación del capital
sobre un mayor número de individuos. En últimas, a mayor escala de acumulación
mayor es el número de obreros que entran al proceso de producción del capital y que,
por lo tanto, entran en la órbita de su dominio. Así, la tendencia en la cual se amplía la
escala de acumulación sin una variación en la composición del capital corresponde a
84
Capítulo II
una forma de dominación que como tal reviste la cualidad de ser tolerable para los
dominados: “[...] pueden ampliar el círculo de sus disfrutes, dotar mejor su fondo de
consumo de vestimenta, mobiliario, etc., y formar un pequeño fondo de reserva de
dinero” (C, p. 767). En este caso, la presión que ejerce el capital sobre los individuos
es menor, pero insiste Marx que no por ello cambia su condición: “El aumento en el
precio del trabajo[...] solo denota, en realidad, que el volumen y el peso de las cadenas
de oro que el asalariado se ha forjado ya para sí mismo permiten tenerlas menos
tirantes” (C, p. 767). En últimas, el aumento del precio de la fuerza laboral no implica
que el uso que el capital le da a esta se altere, la función de obrero en todo caso es
siempre la de ser fuente de plusvalor: “[...] Por consiguiente, las condiciones de su
venta, sean más favorables o menos para los obreros, implican la necesidad de que se
la vende siempre de nuevo y la reproducción continuamente ampliada de la riqueza
como capital” (C, p. 767). Por más que aumenten los salarios, su aumento “[...] nunca
puede alcanzar el punto en el que pondría en peligro seriamente el carácter capitalista
del proceso de producción y la reproducción de sus propias condiciones” (C, p. 768) es
decir, el de la separación entre la fuerza de trabajo como mercancía, por un lado; y los
medios de producción como capital por el otro.
Sin embargo, la tendencia a un aumento de los salarios tiene un límite: “[...] la
acumulación se enlentece tras el acrecentamiento del precio del trabajo, porque se
embota el aguijón de la ganancia. La acumulación decrece” (C, p. 769). Tal
decrecimiento de la acumulación conlleva a que “[...] el precio del trabajo descienda de
nuevo a un nivel compatible con las necesidades de valorización del capital” (C, p. 769).
No obstante, la manera en que esto se muestra a los ojos de los economistas y los
capitalistas es como una caída en el precio de los salarios debido a la sobrepoblación
de obreros, lo cual para Marx no tiene sentido en tanto el capital no depende de las
variaciones de fuerza de trabajo disponible, sino, al contrario, la fuerza de trabajo
disponible está a merced de las necesidades del capital: “No pueden ocurrir las cosas
de otra manera en un modo de producción donde el trabajador existe para las
necesidades de la valorización [...] en vez de existir la riqueza objetiva para las
necesidades de desarrollo del trabajador” (C, p. 770-771). En conclusión, bajo el
supuesto de una no variación de la composición del capital, la dominación que el capital
ejerce sobre los obreros es de carácter extensivo en tanto el capital absorbe la cantidad
de trabajo disponible e incluso aumenta los salarios por lo cual su dominio adopta una
forma tolerable para el conjunto de los individuos empleados. Pero en todo caso, tal
85
Capítulo II
tendencia tiene una contratendencia, aquel límite luego del cual decrece la acumulación
y el capital cambia su composición, dejando de demandar tanto trabajo como antes.
3.2 Dominio indirecto del capital sobre los individuos
La segunda tendencia de la llamada ley general de la acumulación de capital es
opuesta en la anterior, en este caso la composición del capital varía: “[...] al progresar
la acumulación se opera una gran revolución en la relación que existe entre la masa de
los medios de producción y masas de la fuerza de trabajo que los mueve” (C, p. 771).
Tal revolución técnica tiene como consecuencia que la productividad del trabajo
aumenta. El aumento de la productividad del trabajo: “[...] se expresa en el volumen de
la magnitud relativa de los medios de producción que un obrero durante un tiempo dado
y con la misma tensión de la fuerza de trabajo, transforma en producto” (C, p. 772). Es
decir, el aumento de la cantidad de trabajo movido por cada obrero con una mayor
masa de medios de producción supone que la productividad del trabajo en general
aumenta conllevando a “[...] la reducción de la masa de trabajo con respecto a la masa
de medios de producción movidos por ella[...]” (Cp. 773). En pocas palabras, la
acumulación implica constantes revoluciones tecnológicas que suponen el aumento de
la masa de medios de trabajo operados por cada individuo, y por lo tanto el aumento
de la productividad del trabajo y la constante disminución del empleo de individuos por
el capital. Hay, por lo demás, una consecuencia de este proceso de aumento de
productividad del trabajo que no concierne a la masa de obreros sino a los capitalistas
y que debe ser mencionada. El aumento de la masa de medios de producción da pie a
la competencia entre capitalistas: “[...] mediante el abaratamiento de las mercancías [el
cual depende] de la productividad del trabajo, pero ésta a su vez de la escala de la
producción” (C, p. 778). Es decir, una mayor productividad del trabajo implica
necesariamente el aumento de la escala de acumulación del capital, de lo cual se
desprende que los capitales mayores se imponen a los menores, y por lo tanto se
produce la concentración del capital, es decir: la anexión de capitales pequeños que no
pueden competir con capitales de mayor escala. Entre las causas de la concentración
está también que “[...] aumenta el volumen mínimo del capital individual que se requiere
para explotar un negocio bajo las condiciones imperantes en el ramo” (C, p 778-779)
empujando esto a los capitalistas pequeños a los ramos o sectores en donde el
volumen de capital necesario para crear plusvalor es menor, es decir a aquellos en
donde no se ha desarrollado plenamente la productividad del trabajo con una mayor
86
Capítulo II
masa de medios de producción. La consecuencia última de esta concentración es [...]
la ruina de muchos capitalistas pequeños [...] con el paso de sus capitales a manos del
vencedor” (C, p. 779). Otro aspecto de la concentración de capitales es que tiene como
efecto indirecto un aumento de la velocidad acumulación: “[...] Abrevia y acelera la
transformación de procesos de producción hasta ahora dispersos, en procesos
combinados socialmente y ejecutados a gran escala” (C, p. 781).
En relación al dominio del capital sobre los individuos, el aumento de la escala de
acumulación, producto de los cambios en la composición del capital trae consigo, como
ya se mencionó, una disminución en el empleo de obreros: “Al aumentar el volumen,
concentración y eficacia técnica de los medios de producción, se reduce
progresivamente el grado en que estos son medios de ocupación para los obreros” (C,
p. 781). En este caso, el hecho de que el capital no emplee tantos obreros como antes
no significa que su dominio sobre estos aminore, sino que se expresa con mayor
intensidad la dependencia de la fuerza de trabajo con respecto al capital y por lo tanto
la competencia entre obreros ocupados y desocupados aumenta. La competencia entre
obreros es de esta manera un mecanismo de dominación indirecto del capital.
3.3 Modulación de la dominación del capital
Las dos tendencias antes esbozadas se relacionan de una manera particular: “Al
incrementarse el capital global, en efecto, aumenta también su parte constitutiva
variable, o sea la fuerza de trabajo que se incorpora, pero en proporción
constantemente decreciente” (C, p. 783). En otras palabras, el aumento de la parte
constitutiva variable siempre se da sobre una composición dada, la cual, después de
un determinado lapso cambia, disminuyendo tendencialmente la parte variable. Según
Marx: “Los tiempos en los que la acumulación opera como mero ensanchamiento de la
producción sobre una base técnica dada, se acortan” (C, p. 783). En esa medida, los
cambios acelerados en la capacidad del capital de reproducirse amplidamenente con
una base técnica dada, y posteriormente la transformación de esa base técnica, se
traducen en que alternativamente se emplean obreros que luego serán repelidos
cuando se alcance el máximo de acumulación. El problema central es que, al ser la
composición del capital siempre tendiente a disminuir su parte variable, la cantidad de
obreros que se emplean en cada ciclo es siempre menor que la cantidad empleada en
el ciclo anterior.
87
Capítulo II
En términos de nuestro problema, el ciclo de ensanchamiento y encogimiento de la
parte variable del capital empleado se traduce entonces en una modulación en las
formas de dominación. Por un lado, están los periodos en los que predomina la forma
de dominación en la que puede darse una mejora de las condiciones de vida sobre una
composición inalterada de capital; y posteriormente periodos donde prevalece aquella
forma de dominación en la que desmejoran las condiciones de vida y baja el número
de obreros empleados. En cualquier caso, la constante frente a las modulaciones
cíclicas en sus formas de dominación sobre los individuos es que el capital siempre
encuentra una población de obreros que es objeto de sus necesidades de explotación,
en términos de Marx tal población: “Constituye un ejército industrial de reserva a
disposición del capital, que le pertenece a este tan absolutamente como lo hubiera
criado a sus expensas. [...] material humano explotable siempre disponible,
independiente de los límites del aumento real expresado por la población” (C, p. 786).
Al estar a disposición del capital, la composición misma del ejército industrial de reserva
varía en función de los cambios de la acumulación:
El curso vital característico de la industria moderna, la forma de un ciclo
decenal [...] de períodos de animación media, producción a toda marcha,
crisis y estancamiento, se fundan sobre la formación constante, sobre la
absorción mayor o menor y la constitución, del ejército industrial de reserva
o sobrepoblación (C, p. 787)
Este punto es importante. Pese a que a la ley general de la acumulación se funda sobre
una población desocupada o ejército industrial de reserva en función de los ciclos de
acumulación determinados por cambios en composición del capital, dichos cambios
entrañan no solamente la mencionada modulación de las formas de dominación
(Tolerables o de gran rigor sobre los sectores desocupados) sino también momentos
de crisis, o puntos límite luego de los cuales se restablece nuevamente el ciclo de
acumulación: “[...] ciclos renacientes cuyas fases sucesivas abarcan años enteros y
que desembocan siempre en una crisis general término de un ciclo y punto de partida
de otro ” (C, p 788). En las rupturas en dónde termina un ciclo y empieza otro se advierte
que la dominación del capital sobre los agentes, en este caso entendidos como un
ejército industrial a disposición de las necesidades del capital, entra también en crisis
cíclicas.
88
Capítulo II
3.4 Crisis
Para Marx, tal y como los ciclos de acumulación, las crisis son periódicas. Sobre este
punto plantea que solamente a partir de la época en que se dan las condiciones
históricas para el desarrollo generalizado del capitalismo:
“[…] solamente a partir de esa época, se inician los ciclos renacientes cuyas
fases sucesivas abarcan años enteros y que desembocan siempre en una
crisis general, término de un ciclo y punto de partida de otro. Hasta el
presente la duración periódica de esos ciclos es de diez u once años, pero
no existe razón alguna para considerar constante ese guarismo. Por el
contrario, de las leyes de la producción capitalista, tal como las acabamos
de analizar, se debe inferir que ese guarismo es variable y que el periodo
de los ciclos se acortará gradualmente
Ahora bien, más allá de plantear la posibilidad de ciclos de acumulación más cortos, o
en otras palabras, de crisis más seguidas, no se desprende de este planteamiento
antes citado una necesaria resolución de las crisis en términos del colapso del
capitalismo. Sin embargo, en otras formulaciones de este mismo problema, como las
que pueden encontrarse en los Grundrisse, la manera en que Marx concibe el papel de
las crisis varía llegando incluso a ser ambiguo.
En una primera formulación de la crisis en los Grundrisse plantea el pensador alemán
lo siguiente:
Estas contradicciones, of course, tienen como resultado estallidos, crisis,
en los que la anulación momentánea de todo trabajo y la destrucción de
gran parte del capital lo hacen volver violentamente al punto en el cual está
en condiciones de emplear a cabalidad sus fuerzas productivas sin
suicidarse por ello. Con todo, estas catástrofes regularmente recurrentes
tienen como resultado su repetición en mayor escala, y por último el
derrocamiento violento del capital” (Marx, GRII, 1983, p.284)
En esta primera formulación el proceso de desarrollo del capital, pese a sus crisis,
puede emplear su desarrollo técnico sin que ello signifique “suicidarse”. No obstante, a
89
Capítulo II
diferencia de lo formulado en El Capital, se insiste que la repetición de las crisis conlleva
al derrocamiento violento del capital. Empero, subsiste una ambigüedad de Marx con
relación a este punto ya que en la misma sección de los Grundrisse es posible encontrar
una segunda formulación evidentemente diferente de la anterior:
Estas contradicciones derivan en estallidos, cataclismos, crisis en las
cuales, mediante la suspensión momentánea del trabajo y la aniquilación
de una gran parte del capital, se reduce violentamente a este último al punto
desde donde pueda proseguir su marcha (Marx, GRII, p. 283)
En esta segunda formulación, más afín a al fragmento inicialmente citado de El Capital
a propósito de las crisis periódicas, señala Marx que las crisis conducen no a la
abolición violenta del capital sino todo lo opuesto, al punto donde este puede proseguir
su marcha. La poca claridad acerca del desenlace de las crisis derivadas del cambio
en la composición del capital (o en otras palabras el desarrollo de las fuerzas
productivas) y por lo tanto de la acumulación ha sido igualmente señalada por Tossel
(2000) quien insiste en que la formulación expuesta en El Capital tiene dos
implicaciones: por un lado, supone que el desarrollo de la ley general de la acumulación
no es de carácter teleológico y por lo tanto no conlleva irremediablemente a la
superación del capitalismo: “Marx que supo descubrir que el capital hace de la
incorporación de las ciencias el resorte de su búsqueda infinita de productividad. Pero
ésta no culmina en una Aufhebung asegurando la coincidencia de la liberación del
trabajo” (Tossel, 2000, p. 10). En vez de una superación, los cambios en la composición
del capital y las crisis periódicas desembocaron en lo que Tossel denomina producción
del hombre superfluo (200, p.10), o en términos de Marx, el ejército industrial de
reserva. La segunda implicación señalada por Tossel es política en la medida en que
la superfluidad de trabajadores tiene un potencial revolucionario.
Retomando la segunda implicación propuesta por Tossel, podemos plantear que la
noción de crisis periódica de la acumulación esbozada por Marx no supone, desde
cierta perspectiva, una teleología histórica en el cual habría un desarrollo que conlleva
al derrumbe violento del capitalismo, sino simplemente a crisis recurrentes a lo largo
del tiempo. En su recurrencia estas crisis tienen un sentido político claro que no es
desarrollado en El Capital, pero que si tiene cabal desarrollo en textos como El
Dieciocho Brumario (DB) y Las Luchas de Clases en Francia (LCF). En estos textos se
90
Capítulo II
señala de manera enfática la relación interna entre las crisis cíclicas y los
levantamientos revolucionarios de carácter igualmente cíclico. A propósito de LCF
escribe Engels que fue Marx quien estableció esta correlación entre crisis y revolución:
“[...] los hechos mismos le revelaron [A Marx] con completa claridad lo que
hasta entonces había deducido, de un modo semi apriorístico, de
materiales llenos de lagunas, a saber que la crisis del comercio mundial
producida en 1847 había sido la verdadera madre de las revoluciones de
Febrero y Marzo, y que la prosperidad industrial, que había vuelto a
producirse paulatinamente desde mediados de 1848 y que en 1849 y 1850
llegaba a su pleno apogeo, fue la fuerza motriz que dio nuevos bríos a la
reacción europea otra vez fortalecida. Y esto fue decisivo[...]” (Marx &
Engels, LCF, 2015, p. 19)47
La trabazón entre los ciclos de crisis económica y revolución señalados por Marx en
LCF y DB permiten establecer una línea de continuidad con lo expuesto en El Capital
a propósito de la ley de la acumulación y las crisis periódicas que le son propias. De
cierta manera, las crisis de acumulación, tal y como están allí caracterizadas, señalan
puntos límite de la dominación del capital, y estos límites, en su aspecto político, son
espacios o coyunturas en los que intervienen los individuos. Así, la conocida afirmación
de que: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo
circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se
encuentran directamente” (Marx, DB, 2003, p 13) señala que tales circunstancias no
elegidas por ellos son las crisis: “éstos [Los individuos] aparentan dedicarse
precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en
estas épocas de crisis revolucionaria [...]” (DB, p. 13). Las épocas de crisis
revolucionaria son, a nuestro modo de ver, el reverso de las crisis periódicas señaladas
por la ley general de la acumulación. Ahora bien, el papel otorgado a los individuos en
las crisis revolucionarias como quienes “hacen su propia historia” no está del todo en
oposición con lo planteado en El Capital en la medida de que, pese ser objetos del
dominio del capital, los individuos son irreductibles a sus roles o funciones dentro del
47Sin entrar en detalles de tipo histórico, las revoluciones de febrero y marzo de 1848 en Francia
hacen referencia a la deposición de la monarquía de Luis Felipe de Orleans y la proclamación
de la Segunda República de carácter socialista, revoluciones que sin embargo culminan con la
restauración monárquica en cabeza de Luis Bonaparte en alianza con partidos republicanos
burgueses. El punto a señalar es para Marx y Engels las crisis económicas cíclicas las coinciden
con estos levantamientos
91
Capítulo II
proceso de producción total48. En ese sentido, baste con citar en este punto un
fragmento de los Grundrisse en donde se señala el carácter ambivalente de la
individualidad: “Es igualmente cierto que los individuos no pueden dominar sus propias
relaciones sociales antes de haberlas creado. Pero es también absurdo concebir ese
nexo puramente material como creado naturalmente, inseparable de la naturaleza de
la individualidad e inmanente a ella” (Marx, GRI, 1982 p. 89). Por lo tanto, que los
individuos no puedan dominar sus relaciones sociales antes de haberlas creado supone
que son ellos quienes crean dichas relaciones sociales, y que éstas son incluso
susceptibles de ser dominadas por ellos mismos; sin embargo, es igualmente cierto
que el nexo material propio de las relaciones sociales no puede ser reducido a algo
inseparable o intrínseco a individualidad. Se esboza en este fragmento una tensión
análoga a aquella referida en DB a propósito de los individuos que hacen la historia,
pero no siendo este “hacer” un acto de libre arbitrio, intrínseco a su individualidad. No
se reduce la acción únicamente al individuo sino a las situaciones con que estos se
encuentran, en este caso las crisis. En últimas, en clara analogía con el carácter cíclico
de las crisis de la acumulación del capital, las revoluciones son igualmente cíclicas:
“«Una nueva revolución sólo es posible como consecuencia de una nueva crisis. Pero
es tan segura como está»” (Marx & Engels, LCF, 2015, p. 10).
3.5 Resistencia
Retomando la caracterización de las tendencias de la ley general de la acumulación,
en momentos de poca demanda de fuerza de trabajo por el capital, la presión que este
ejerce sobre los pocos obreros ocupados se traduce en menores salarios:
El trabajo excesivo de la parte ocupada de la clase obrera engruesa las filas
de su reserva, y, a la inversa, la presión redoblada que esta última, con su
competencia, ejerce sobre el sector ocupado de la clase obrera, obliga a
48 Este punto es igualmente señalado por Adorno quien plantea que Marx propone una teoría
de la historia que no hace abstracción total de los individuos, pero de la cual no saca las
consecuencias filosóficas: “[...] la ley del movimiento de la sociedad ha hecho abstracción de
sus sujetos individuales. De igual modo los ha rebajado realmente a meros ejecutores, a mero
partícipes en la riqueza social y en la lucha social, lo mismo que, de manera no menos real, sin
ellos y su espontaneidad no sería nada. Este aspecto [...] Marx lo resaltó una y otra vez, sin por
supuesto concederle consecuencia filosófica” (Adorno, 2005, p. 281).
92
Capítulo II
éste a trabajo excesivamente y someterse a los dictados del capital
(Marx,C, 1975, p. 792)
Debe resaltarse que aquello que Marx denomina presión de los desocupados sobre los
ocupados es una forma de dominio indirecto del capital que conlleva a los obreros
ocupados someterse a peores condiciones (bajos salarios). Por otro lado, los cambios
en la proporción entre ocupados y desocupados develan que la clase obrera no es
homogénea, sus tensiones internas y su composición cambian a lo largo del tiempo y
en función de los ciclos de acumulación. En todo caso, la dominación que se ejerce
indirectamente a través de los obreros mismos conlleva no solamente a mayor
explotación sino también al establecimiento de un límite a sus propias exigencias
políticas: “[...] el ejército industrial de reserva [...] ejerce presión sobre el ejército obrero
activo, y pone coto a sus exigencias durante los períodos de sobreproducción y
paroxismo” (Marx, C, p. 795). No obstante, la dominación indirecta del capital sobre los
obreros que compiten tiene una contrapartida en la posibilidad de que estos ejerzan
resistencia:
“No bien los obreros descifran por tanto, el misterio de cómo en la misma
medida en que trabajan más producen más riquezas ajena, de cómo la
fuerza productiva de su trabajo aumenta mientras que su función como
medios de valorización del capital se vuelve cada vez más precaria para
ellos; no bien descubren que el grado de intensidad alcanzado por la
competencia entre ellos mismos depende enteramente de la presión
ejercida por la sobrepoblación relativa; no bien, por tanto, procuran
organizar, mediante trades’ unions, etc, una cooperación planificada entre
ocupados y los desocupados para anular o paliar las consecuencias
ruinosas que esa ley natural de la producción capitalista trae aparejadas
para su clase [...] Toda solidaridad entre los desocupados y los
desocupados perturba, en efecto, el “libre” juego de esa ley [...] el capital
[...] se declara en rebeldía contra la “sagrada” ley de la oferta y la demanda
y procura encauzarla con ayuda de mecanismos coercitivos” (C, p. 797)
El anterior fragmento es crucial, en tanto en él está descrita una tensión inherente a la
dominación del capitalismo. Hemos insistido a lo largo de esta sección que el dominio
del capital se expresa en los múltiples roles necesarios que asumen los individuos en
93
Capítulo II
función de la acumulación, no obstante en los momentos de crisis se abren
posibilidades de acción política donde los individuos adoptan un papel activo frente a
las relaciones sociales que los dominan Ahora bien, además de la crisis es en la
resistencia misma, expresada en que la competencia entre trabajadores ocupados y
desocupados se transforme en solidaridad, donde se produce también una respuesta
a la dominación del capital. La cooperación entre ocupados y desocupados para Marx
anula o palea los efectos de la ley de acumulación y por lo tanto la dominación del
capital sobre los individuos. Podemos plantear que en este caso, no son los
productores aislados los que están sujetos al dominio del capital, sino que es la
articulación entre ocupados y desocupados la cual se opone al principio de
individualizción según el cual cada agente en el rol poseedor de fuerza de trabajo como
mercancía, compite con los demás. En este caso podríamos sostener que la solidaridad
entre explotados, siguiendo a Balibar, es una forma de transindividualidad49 la cual:
“[...] en efecto, es en principio la reciprocidad que se instaura entre el
individuo y el colectivo en el movimiento de la insurrección liberadora e
igualitaria. El mínimo irreductible de individualidad y socialidad que Marx
describe en relación con la explotación capitalista es un hecho de
resistencia a la dominación sobre el que quiso mostrar que no había que
inventarlo o suscitarlo, porque ya estaba siempre presente” (Balibar, 2000,
p. 133-134).
El planteamiento según el cual habría en Marx un mínimo irreductible de individualidad
y socialidad supone que, de alguna manera, la dominación del capital no es absoluta.
Si bien los individuos solamente son apéndices de las relaciones sociales, dejan de
serlo cuando rompen con su propia individualidad a través no de una resistencia
meramente individual, sino necesariamente transindividual.
Hasta este punto hemos mostrado la manera en que operan las tendencias de la ley
general de la acumulación capitalista. Dichas tendencias denotan formas diferenciadas
de dominación del capital sobre los individuos. Dependiendo de si el capital absorbe o
repele fuerza de trabajo, la dominación puede adoptar un aspecto tolerable o mostrarse
en todo su rigor. Los ciclos del capital implican modulaciones de la dominación, y
49 Con transindividualidad se hace referencia a: “[...] un concepto de lo individual que incluye
siempre-ya sus relaciones –o dependencias—con otros individuos [...]” (Balibar, 2016, p. 201)
94
Capítulo II
tensiones desarrolladas entre ocupados y desocupados. De igual manera, la
acumulación, sus crisis periódicas y constantes restablecimientos conllevan a puntos
límite de la dominación del capital donde se abre la posibilidad de acción política. Por
otro lado, los ciclos mismos implican también que la clase obrera está en constante
proceso de recomposición y es el escenario de tensiones entre el sector ocupado y
desocupado del denominado ejército industrial de reserva lo cual denota, a nuestro
modo de ver, que la clase obrera no es únicamente una estructura fija sobre la que
opera la acumulación del capital, se muestra en cambio que ella misma es también un
proceso que se desarrolla a la par del proceso de acumulación. Por ejemplo, para
Balibar la acumulación sería la simple confirmación de que la clase obrera es una
estructura, es decir, un elemento funcional de la relación de producción capitalista:
La relación económica de producción aparece, por lo tanto, como una
relación entre tres términos definidos funcionalmente: clase propietaria/
medios de producción/ clase de los productores explotados. La
confirmación en particular se encontrará en los análisis del libro I, 7° sección
(“La acumulación del capital”) en los que Marx muestra cómo el mecanismo
de producción capitalista, consumiendo productivamente los Medios de
producción y la Fuerza de trabajo obrera, produce la pertenencia del
trabajador al capital y hace del capitalista el instrumente de la acumulación,
el funcionario del capital (Althusser & Balibar, 1974, p. 255)
En términos generales, es cierto que la clase se define como uno de los términos de la
relación de producción correspondiente a los productores explotados, sin embargo, al
ser entendida únicamente bajo su aspecto estructural-funcional se omite el hecho de
que la acumulación de capital no es únicamente un proceso externo o independiente
con respecto a la clase obrera, sino que los ciclos de acumulación muestra el carácter
procesual de la clase como tal en tanto esta se recompone y es escenario de múltiples
tensiones internas entre ocupados y desocupados a lo largo del tiempo. Por lo anterior,
podemos concebir que la clase obrera tiene un aspecto procesual. Además de estar
fijada por unas relaciones de producción que son condición de posibilidad del capital y
hacen de ella una estructura funcional, es igualmente el escenario sobre el que operan
las modulaciones de la dominación del capital derivadas de los ciclos de acumulación.
En últimas podríamos señalar dos aspectos de la clase social a la luz de la denominada
ley general. Por un lado, el elemento absoluto e invariante de la separación entre
capitalistas y obreros que no se altera a lo largo del tiempo; y por otro lado, el elemento
95
Capítulo II
variable referido a los denominados ciclos de acumulación, en donde la clase no se
muestra solamente como un resultado o estructura fijada, sino como un proceso en el
que las fronteras entre explotados y desocupados están en constante redefinición a
través de relaciones indirectas de dominación pero también de solidaridad.
3.6 Los resultados [Constantes] de la dominación del proceso
de producción sobre los individuos
A lo largo de este capítulo nos ocupamos de caracterizar la dominación del proceso de
producción de capital sobre los individuos. La dominación del capital se hace efectiva
en la individualización de los agentes en función de un proceso social que es autónomo
con respecto a ellos. El capital, entendido como proceso total de producción, opera
como capital circulante, es decir: no se reduce a ninguna esfera sino que discurre
simultáneamente entre la producción y la circulación. De esto se desprende que su
dominación sobre los agentes no puede ser entendida en términos de estructura y
superestructura lo cual es evidente en la manera en que la dominación del capital se
reproduce o perpetua: el individuo al trabajar no solamente produce riqueza sino que
es producido como asalariado, o sea, la dominación no es algo adicional o externo
(superestructural) al proceso de producción sino que es inherente a la producción como
tal.
Con respecto a los agentes, al ser estos caracterizados por Marx como instrumentos
autoconscientes del capital, la manera en que se les presenta la dominación no es
irrelevante. En esa medida, a partir de los conceptos de rédito y salario, analizamos las
formas objetivas en que se expresa el dominio del capital a ojos de los capitalistas y
también de los obreros. Con relación a la ley de la acumulación capitalista mostramos
como los distintos momentos de esta ley suponen distintos tipos de dominación
(Ampliada e indirecta); por otro lado, señalamos que las crisis inherentes a los ciclos
de acumulación están intrínsecamente ligadas a las crisis revolucionarias y abren
espacios de acción política; finalmente explicamos como la resistencia a los efectos de
la ley de la acumulación capitalista es posible en la medida en que los lazos de
individuación del capital pueden transformarse y devenir en una transindividualidad, es
decir, una situación en dónde los agentes establecen lazos de solidaridad (solidaridad
entre ocupados y desocupados, por ejemplo). En ese sentido el dominio del capital
sobre los individuos no es absoluto en tanto estos pueden, según ciertas
96
Capítulo II
circunstancias, modificar los vínculos que los convierten en individuos puestos en
función del proceso de producción.
En conclusión: los resultados de la dominación del proceso de producción sobre los
individuos, pese a las posibilidades de crisis y resistencia, no son otros que los del
capital autonomizado como sujeto dominante que en su constante movimiento produce
plusvalor valiéndose de los individuos (tanto de capitalistas como trabajadores). La
dominación de los agentes es, por lo tanto, el resultado constantemente repetido en los
ciclos que constituyen el movimiento del capital según la ley de acumulación. Ahora
bien, pese a que la constante del capital es el movimiento de acumulación y la
dominación autonomizada con respecto a los agentes, este movimiento constante se
encuentra siempre en tensión con un entorno específico el cuál nunca termina de ser
totalmente integrado o puesto en la órbita del movimiento cíclico de la acumulación
capitalista. En este sentido, Habermas señala que en El Capital se pueden distinguir
dos registros: un registro sistémico referido al proceso de producción y su movimiento
de acumulación, y otro registro del mundo de la vida referido al entramado social e
histórico sobre el cual el movimiento de acumulación se despliega:
Sólo sobre el trasfondo, iluminado históricamente, de la destrucción del
mundo de la vida de los productores explotados puede quedar en primer
plano la verdad de ese sistema de procesos de intercambio que se despega
de los horizontes del mundo de la vida. Sólo en las huellas, de las que
hemos de asegurarnos históricamente, de la destrucción que el sistema
económico capitalista autonomizado deja tras de sí en un mundo de la vida
sometido a sus imperativos revela el capital su misterio. (Habermas, 1992,
p. 478)
Aquel terreno sobre el cual el capital se despliega, dejando tras su movimiento huellas
y marcas trazadas una y otra vez con cada ciclo, constituye una dimensión que aún
debe ser caracterizada en nuestra exposición. Por lo tanto, la dominación del proceso
de producción autonomizado sobre los individuos es solamente un aspecto de la
dominación del capital. En un sentido similar al planteamiento de Habermas, Foucault
propone dos posibles formas de entender el capitalismo:
97
Capítulo II
En el primer tipo de análisis, referido en su totalidad a la lógica del capital y
su acumulación, un solo capitalismo […] En la otra posibilidad, tenemos la
singularidad histórica de una figura económico institucional frente a la cual,
por ende, se abre, al menos si se tiene cierta perspectiva histórica y un poco
de imaginación económica política e institucional, un campo de
posibilidades. (Foucault, , 2007, p.197)
En este caso, para Foucault el capitalismo no se agota en su lógica de acumulación.
Una posible alternativa al análisis del capitalismo centrado en sus generalidades es un
análisis del capitalismo centrado en su despliegue en un terreno social e histórico
singular. En esa medida, no habría un único capitalismo con una lógica general, sino
múltiples capitalismos que se despliegan en cada caso en circunstancias específicas y
diferentes.
A nuestro modo de ver, estos dos autores aluden a puntos distintos. Habermas enfatiza
sobre un concepto de capitalismo dado en las dos dimensiones por él propuestas
(Sistema-mundo de vida), mientras Foucault critica la categoría general de capitalismo
que pierde de vista la singularidad de su despliegue concreto. No obstante, hay un
punto común señalado implícitamente por ambos: la existencia de una tensión entre el
proceso de acumulación (Sistema económico autonomizado en términos de Habermas
y lógica del capital y su acumulación en términos de Foucault) y un terreno sobre el
cual este proceso de acumulación se despliega. Teniendo en cuenta estos
planteamientos, buscaremos mostrar en el siguiente capítulo que en El Capital aquello
sobre lo que se despliega la acumulación capitalista y que constituye el terreno sobre
el cual se alza la anteriormente caracterizada dominación del proceso de producción
sobre los individuos es entendido por Marx bajo la noción de sociedad o formación
social.
98
Capítulo III
Capítulo III: La dominación del modo de
producción sobre la sociedad
1 El problema de la sociedad y el modo de producción
Tomando como punto de partida la exposición de Marx en el capítulo I de El Capital, el
primer capítulo de esta tesis se ocupó de caracterizar el ser social a través de la
categoría de sustancia social, señalando los aspectos de inmanencia, relacionalidad,
variación y procesualidad que son propios de lo social para Marx. Además, se señaló
que lo social es inseparable de su forma de expresión. El trabajo abstracto o valor en
tanto es sustancia social se expresa necesariamente bajo la forma de valor. La relación
entre contenido y forma social de expresión de dicho contenido supone un problema
político abordado en el segundo capítulo de esta tesis: que el contenido social o trabajo
abstracto se exprese en forma mercantil (forma valor) implica una relación de
dominación, ya que la mercancía como forma social pertenece a una sociedad donde
el proceso de producción domina sobre el individuo. A través de la exposición detallada
de las secciones I, II, VI y VII de El Capital fue caracterizada, en el segundo capítulo de
esta tesis, la dominación del proceso de producción sobre los individuos. No obstante,
el problema de la dominación en El Capital tiene un aspecto hasta ahora pasado por
alto.
Iniciando el primer capítulo de El Capital Marx escribe: “La riqueza de las sociedades
en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un enorme
cúmulo de mercancías [...] “(C p. 43)50. Además de señalar la mercancía como forma
en que aparece la riqueza en las sociedades capitalistas, Marx indica también que hay
sociedades donde el modo de producción capitalista domina. A nuestro modo de ver,
esto puede entenderse como un aspecto de la dominación complementario al
anteriormente expuesto. No es en este caso la dominación del proceso de producción
50 Énfasis en itálicas añadidos
100
Capítulo III
sobre los individuos tal y como la caracterizamos en el capítulo anterior, sino la
dominación del modo de producción sobre la sociedad. Sin embargo, ¿A qué se refiere
Marx cuando habla de las sociedades como lugar o terreno donde domina el modo de
producción capitalista? A este respecto, Balibar comenta lo siguiente:
[...] el término de “formación social”, empleado por Marx, puede ser o bien
un concepto -que designa el objeto de un análisis concreto, es decir, una
existencia: la Inglaterra de 1860, la Francia de 1870, la Rusia de 1917, etc.,
o bien un concepto abstracto, que reemplaza la noción ideológica de
“sociedad” y designa el objeto de la ciencia de la historia en tanto que es
una totalidad de instancias articuladas sobre la base de un modo de
producción determinado- ” (Althusser & Balibar, 1974, p. 225).
Siguiendo el planteamiento de Balibar, la formación social no sería exclusivamente un
concepto referido a un objeto empírico (determinada sociedad histórica), sino que
podría ser también concepto análogo a la noción de sociedad con la diferencia de que
ésta (la formación social) es entendida como una totalidad articulada sobre la base de
un modo de producción determinado. El punto de Balibar es que, a la base de la
formación social (sociedad), está el modo de producción. En ese orden de ideas una
formación social se articula a un modo de producción específico. Ahora bien, de este
planteamiento se desprende un problema que es similar al problema señalado por
nosotros en el fragmento del capítulo I acerca de las sociedades como el terreno o lugar
donde domina el modo de producción capitalista. Continua Balibar:
[...] en El capital, donde se expone la teoría abstracta del modo de
producción capitalista, no se abordó el análisis de formaciones sociales
concretas que generalmente conllevan varios modos de producción
diferentes, cuyas leyes de coexistencia y jerarquía deben, entonces, ser
estudiadas. (1974, p. 25)
Es importante señalar entonces que la ausencia de un análisis de las formaciones
sociales concretas no es únicamente un problema empírico, es decir, no es algo que
se solvente a través de un objeto de análisis que bien podría ser un conjunto de
formaciones sociales concretas y la manera en que cada una contiene modos de
producción diferentes y relaciones entre cada uno de estos modos de producción. Hay
101
Capítulo III
otro aspecto que es independiente del objeto empírico y es el referido a las leyes de
coexistencia y jerarquía de los modos de producción. Dichas “leyes” señaladas por
Balibar como algo que debe ser estudiado son, a nuestro modo de ver, desarrolladas
conceptualmente por Marx con la noción de subsunción la cuál designaría la manera
en que el modo de producción capitalista coexiste en una formación social con otros
modos de producción y tiende a jerarquizarlos.
Sin embargo, antes de proseguir con el concepto de subsunción, debemos anotar
finalmente que para Balibar la única referencia hecha en El Capital acerca del problema
de la coexistencia y jerarquía de modos de producción en una formación social se
encuentra en el tomo III, donde se analiza la génesis de la renta capitalista de la tierra51.
Sin entrar en detalles acerca de los planteamientos de este capítulo, debemos señalar
que efectivamente hay una mención implícita a dicho problema. Para Marx:
[...] el que la compra y venta del suelo, la circulación de la tierra como una
mercancía se desarrolle [...] es prácticamente consecuencia del desarrollo
del modo capitalista de producción, en la medida en que en él la mercancía
se convierte en la forma general de todo producto y de todos los
instrumentos de producción. (Marx, 2017, C III, p. 921-922)
Además de que el desarrollo del modo capitalista de producción haga posible que la
tierra circule como mercancía, señala Marx que esto se da de manera simultánea a la
subsistencia de la propiedad parcelaria:
[...] este desenvolvimiento solo acontece allí donde el modo capitalista de
producción no se desarrolla más que en forma restringida, sin desplegar
todas sus particularidades; precisamente porque se basa en el hecho de
que la agricultura ya no está sometida - o aun no lo está- al modo capitalista
de producción, sino a un modo de producción proveniente de formas
sociales caducas” (Marx, CIII, p. 922)
51 Capítulo XLVII del tomo III de El Capital: Génesis de la renta capitalista de la tierra
102
Capítulo III
En último término, son dos los aspectos que debemos resaltar en estos fragmentos:
por un lado, que la tierra circula como mercancía gracias al desarrollo del modo de
producción capitalista; pero, por otro lado, que pese a existir circulación mercantil de
tierras, la agricultura no está aún sometida al modo capitalista de producción sino a otro
modo de producción propio de formas sociales caducas. En pocas palabras: el modo
de producción capitalista coexiste junto a los denominados modos de producción
precapitalistas y aun no los ha sometido.
A nuestro parecer, pese a que el problema de la coexistencia y jerarquización entre
modos de producción está contenido de manera implícita en el capítulo sobre la génesis
de la renta capitalista de la tierra del tomo III de El Capital tal y como lo indica Balibar,
no es allí, sin embargo, donde se ponen claramente los términos del problema.
1.1 Coexistencia y sometimiento
El problema de la coexistencia de los modos de producción en una formación social no
fue desarrollado por Marx de manera sistemática en El Capital, pero es posible
reconstruirlo remitiéndonos a varios fragmentos de los Grundrisse y a la célebre
correspondencia entre el pensador alemán y Vera Sazúlich acerca del porvenir de la
comuna campesina rusa.
Con respecto a lo último, la especificidad del desarrollo del modo de producción
capitalista en la sociedad rusa conlleva un abordaje de la cuestión del campesinado y
del modo de producción en el que éste pervive. En una serie de cartas y borradores
Marx es enfático en señalar que, el hecho de que en Rusia perdure una comuna
campesina de extensión nacional y basada en un uso comunitario de la tierra, implica
que existe una contemporaneidad entre el modo de producción precapitalista
campesino que domina en la sociedad rusa, por un lado; y el modo de producción
propiamente capitalista desarrollado en otras sociedades europeas, por el otro. De esta
contemporaneidad de modos de producción se desprenden dos posibles tendencias
según Marx: una en la que el modo de producción capitalista somete al modo de
producción precapitalista (la comuna campesina) disolviéndolo; otra posible tendencia
en la que la comuna campesina asimila todos los desarrollos técnicos del capitalismo
sin someterse a sus relaciones sociales de producción (Cf, Marx, 2015a, p. 470).
103
Capítulo III
Cualquiera sea el caso, es de resaltar que para Marx el desarrollo del modo de
producción capitalista no es algo homogéneo, sino que siempre hay coexistencias con
otros modos de producción previos. Para expresar esto el pensador alemán usa una
interesante imagen:
La formación arcaica o primaria de nuestro globo contiene una serie de
capas de las diversas épocas, superpuestas una a otra; de igual manera,
la formación arcaica de la sociedad nos revela una serie de puntos
diferentes {que forman entre ellos una serie ascendente} que marcan
épocas progresivas. La comuna rural rusa pertenece al tipo más reciente
de esta cadena. (Max, 2015a, p. 479-480)
Tomando la imagen de las capas geológicas del planeta tierra, Marx hace una analogía
con la historia de las sociedades. No solamente se muestra que las distintas épocas, o
puntos diferentes, tienen desarrollos particulares, sino que cada punto-época en su
desarrollo coexiste con otros puntos o épocas. En esa medida, la comuna rural rusa
pertenece al tipo más reciente de la serie de desarrollos de los modos de producción
precapitalistas, serie que es contemporánea al desarrollo del modo de producción
capitalista. A nuestro modo de ver, la anterior imagen muestra a la sociedad o formación
social como un espacio en el que se entrecruzan diferentes temporalidades históricas
o puntos que se dan de manera simultánea en un mismo plano.
En la misma vía de lo esbozado en la correspondencia con Sazúlich, en los Grundrisse
se insiste en que incluso luego del proceso histórico de acumulación originaria, en
donde se produce la separación de las condiciones de producción autonomizadas con
respecto a los trabajadores, el modo de producción capitalista aun coexiste con otras
formas de producción que tiende a someter:
Si, como hemos visto, la transformación del dinero en capital supone un
proceso histórico, que ha separado las condiciones objetivas del trabajo,
que las ha autonomizado contra los trabajadores, por otra parte, el efecto
del capital, una vez que él ya ha surgido, y su proceso consiste en someter
a toda la producción y en desarrollar y extender por todas partes la
separación entre trabajo y propiedad, entre trabajo y las condiciones
104
Capítulo III
objetivas del trabajo. Se verá en el desarrollo posterior como el capital
aniquila al trabajo artesanal, la pequeña propiedad de la tierra […] y a sí
mismo en aquellas formas en que no aparece en oposición al trabajo, en el
pequeño capital y en las especies intermedias hibridas situadas entre los
modos de producción antiguos (o las formas que éstos asuman como
resultado de su renovación sobre la base del capital) y el modo de
producción clásico, adecuado, del capital mismo (Marx, GRI, p. 475)
En esa medida, la coexistencia o contemporaneidad del capitalismo con otros modos
de producción en una misma sociedad o formación social va acompañada también de
una tendencia a extender por todas partes la separación entre las condiciones objetivas
de trabajo y el trabajo, es decir, el capitalismo tiende a someter y dominar los modos
de producción antiguos. El siguiente fragmento de los Grundrisse resulta mucho más
esclarecedor al respecto:
Dentro de una misma sociedad, como la inglesa, el modo de producción del
capital se desarrolla en una rama industrial, mientras que en otra, por
ejemplo la agricultura, prevalece en mayor o menor grado el modo de
producción precedente al capital. Con todo […] su tendencia necesaria es
la de someter en todos los puntos el modo de producción, la de colocarlo
bajo la dominación del capital.” (Marx, GRII, 1983, p. 257-258)
De lo anterior queda claro que con la sociedad o sociedades Marx se refiere a las
sociedades históricamente dadas, es decir, la sociedad es una sociedad nacional
determinada. Dentro de una sociedad nacional determinada, como la inglesa siguiendo
el ejemplo de Marx, el modo de producción capitalista se desarrolla en un entorno
específico, o sea, un sector (el ramo industrial en este caso). Sin embargo, en otro
entorno o sector puede prevalecer un modo de producción precedente al capitalista.
De ello se desprende, además de la coexistencia entre diversos modos de producción,
una tendencia necesaria de someter “el modo de producción”, con eso el pensador
alemán se estaría refiriendo al otro modo de producción que coexiste en una sociedad
dada, el cual tiende ser colocado bajo la dominación del modo de producción
capitalista. La tendencia del modo de producción capitalista de someter bajo su dominio
otros entornos o sectores en los que prevalecen otros modos de producción previos y
que no están en su dominio es aquello que interpretamos como dominación del modo
105
Capítulo III
de producción sobre la sociedad. En el presente capítulo sostendremos que esta
dimensión de la dominación del modo de producción capitalista es esbozada en los
denominados capítulos históricos de El Capital, es decir, nos referimos a los capítulos
correspondientes a las secciones III (Producción del plusvalor absoluto), IV (Producción
del plusvalor relativo) y V (Producción del plusvalor absoluto y relativo) los cuales
hemos dejado de lado hasta este momento en nuestra exposición. En ese orden de
ideas, en las sociedades donde domina el modo de producción capitalista, su dominio
como tal se puede caracterizar como una tendencia a someter otros modos de
producción que allí coexisten, tendencia cuyo concepto es el de subsunción.
2 La teoría y los capítulos históricos
En el epílogo a la segunda edición de El Capital, Marx distingue entre el modo de
exposición y el modo de investigación: “La investigación debe apropiarse
pormenorizadamente de un objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear
su nexo interno [...] Tan solo después de consumada esa labor, puede exponerse
adecuadamente el movimiento real” (Marx, C, 1975, p. 19). De esto se desprende que
el modo de producción capitalista, como objeto, ha sido previamente investigado en
sus distintos aspectos. Obras preparatorias como los Grundrisse revelan los múltiples
aspectos del capital en el curso de la investigación del pensador alemán. La diferencia
está entonces en que la exposición toma y organiza los distintos aspectos descubiertos
previamente en la investigación de manera tal que se dé cuenta del objeto y sus
aspectos de manera deductiva, de ahí que llegue Marx a advertir que: “Si esto se logra
y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto, es posible que al observador le
parezca estar ante una construcción apriorística” (C, p. 19). El análisis de la mercancía,
como la forma elemental del modo de producción, es para Marx el punto de partida del
cual pueden deducirse otras determinaciones del objeto-modo producción, sin
embargo, tal y como lo señala Heinrich (2021), no hay una justificación clara de por qué
empezar por el análisis de la mercancía52. Sin embargo, pese a que no son claras
52“The word “therefore” in the second sentence in the opening paragraph [The wealth of societies
in which the capitalist mode of production prevails appears as an “immense collection of
commodities”; the individual commodity appears as its elementary form. Our investigation
therefore begins with the analysis of the commodity ] suggests that Marx’s decision to begin his
analysis with the commodity follows from what precedes: his observation that wealth in capitalist
106
Capítulo III
dichas razones, es posible establecer una línea de continuidad entre el análisis de la
mercancía en el capítulo I y el desarrollo posterior de la exposición de las secciones I
y II de El Capital: así, en la sección I la mercancía se analiza como forma valor (Capítulo
I) que después se intercambia por medio de los poseedores de mercancía (Capítulo II)
y posteriormente, con el despliegue de intercambio, encuentra en el dinero un medio
de circulación (Capítulo III). Más adelante, en la sección II, la circulación de mercancías
y dinero se presenta como la primera forma de manifestación del capital caracterizado
como un tipo de circulación de dinero y mercancías orientado a la valorización (Capítulo
IV). En último término, en los capítulos que componen las secciones I y II es posible
establecer una progresión entre el análisis de la mercancía y sus múltiples aspectos
contenidos en las nociones de intercambio, circulación y la noción de capital como
forma específica de circulación de mercancías y dinero. No obstante, a partir de la
sección III se opera un cambio de registro que no es consistente con el orden de
exposición previo. Sobre este punto comenta Althusser:
Estos capítulos [Althusser se refiere a los capítulos sobre la jornada de
trabajo, el proceso de trabajo, la manufactura, la gran industria y la
acumulación originaria] están fuera del «orden de exposición» y han
planteado un serio problema a los intérpretes: ¿por qué saltar de ese modo
de la teoría a la historia, de la abstracción a lo concreto, y ello sin ninguna
justificación? […] (Althusser, 2003, p. 56-57)
Pese a que, tal y como lo señala Althusser, no hay una justificación detrás de tal cambio
de registro, a nuestro modo de ver es posible establecer, por lo menos en lo
concerniente a las secciones III, IV y V, cierta continuidad. Los capítulos que hacen
parte de dichas secciones, incluso pese a estar referidos en su mayoría al desarrollo
histórico de la producción capitalista en distintos estadios históricos (instauración de la
jornada laboral, surgimiento de la manufactura y surgimiento de la maquinaria y la
industria), no constituyen su conjunto una historia de la producción capitalista en
Inglaterra, esto en la medida en que su sentido es conceptual, es decir, los datos
históricos en estas secciones tienen una función teórica.
societies appears as a collection of commodities and the commodity is its elementary form.
However, this second sentence at best expresses a motivation, not a strict justification, for
beginning with the commodity. For even if the first sentence is valid, it doesn’t explain why we
should begin with the commodity and not, for example, with money” (Heinrich, 2021, p.49).
107
Capítulo III
En este punto nos remitimos nuevamente a Althusser para quien la distinción entre la
teoría y la historia concreta (y su mutua relación) no es válida para entender el cambio
de registro que se opera en la exposición de Marx en los capítulos aludidos. Para
Althusser los denominados capítulos históricos tienen un sentido eminentemente
teórico:
“[...] la historia figura en El capital como objeto de la teoría y no como objeto
real, como objeto “abstracto” (conceptual), y no como objeto concreto-real
[...] los capítulos donde Marx aplica el primer grado de un tratamiento
histórico, sea de las luchas por la reducción de la jornada de trabajo, sea la
acumulación capitalista primitiva, remiten a la teoría de la historia , a la
construcción del concepto de historia y de sus “formas desarrolladas”,
siendo la teoría económica del modo de producción capitalista una región
determinada de ella” (Althusser & Balibar, 1974 p. 128).
Estamos parcialmente de acuerdo con el planteamiento de Althusser. Por un lado,
coincidimos en que la historia en El Capital tiene un sentido conceptual y no es
simplemente historia concreta, no obstante, diferimos del concepto al cual está referida
la historia en estos capítulos, esto por una razón: a excepción del capítulo de la
acumulación originaria, los capítulos históricos que Althusser menciona hacen parte de
tres secciones (III, IV y V) cuyo común denominador son los conceptos de plusvalor y
subsunción. En esa medida, los capítulos históricos de estas secciones no están
referidos a un concepto de historia (El cual no aparece explícitamente en El Capital,
pero puede reconstruirse desde nuestra perspectiva a partir del capítulo de la
acumulación originaria53) sino más bien al concepto de plusvalor y por consiguiente al
concepto de subsunción.
53 El abordaje del capítulo XXIV de la sección VII sobre la llamada acumulación originaria (el
cual constituye la sección VIII en las ediciones de El Capital en alemán e inglés) se sale de los
alcances de este trabajo dado que su sentido conceptual no es el de la dominación o
subsunción, sino el del concepto de historia en Marx entendido como la constitución del modo
de producción capitalista en el marco de la disolución del modo de producción feudal. No son
pocos los trabajos que se han ocupado de este problema desde la teoría feminista (Federici,
2010) o desde el posestructuralismo (Althusser, 2002; Deleuze & Guattari, 1985).
108
Capítulo III
Ahora bien, es legítimo suponer que la dificultad para encontrar el sentido conceptual
por nosotros aludido se debe a que, cuando se abordan las secciones III y IV (y sus
correspondientes “capítulos históricos” sobre la jornada laboral, la manufactura y la
maquinaria y gran industria), no es en principio clara la relación entre historia y teoría,
solamente hasta la sección V se muestra en retrospectiva y con claridad tal relación
entre los conceptos de plusvalor y subsunción, por un lado; y los diferentes momentos
históricos caracterizados en los capítulos en cuestión de las secciones anteriores, por
el otro. En esa medida, el punto de partida de nuestra lectura conceptual de dichas
secciones será el inverso del orden de exposición planteado por Marx en El Capital.
Para entender el sentido teórico de los capítulos históricos de las secciones III y IV de
El Capital, es preciso empezar por los conceptos de plusvalor y subsunción en la
sección V.
3 La noción de subsunción
Para Marx, la noción de subsunción está intrínsecamente relacionada con la noción de
plusvalor. En los capítulos históricos de las secciones III y IV, pese a ser explícita la
noción de plusvalor en sus dos formas (absoluta y relativa)54, no hay una mención
explícita de la noción de subsunción en sus dos formas correspondientes (formal y
real). Salvo algunas menciones implícitas en algunos fragmentos de los capítulos
históricos55, es solamente hasta el primer capítulo de la sección V56 en dónde Marx
define de manera expresa la noción de subsunción en sus dos formas y su relación con
el concepto de plusvalor57. Este será, entonces, el punto de partida de nuestra
caracterización de este concepto.
3.1 Proceso de trabajo
54 Especialmente en el capítulo X de la sección IV en dónde se definen los conceptos de
plusvalor absoluto, relativo y su diferencia (Cf Marx, C, 1975, p. 383)
55Estas definiciones implícitas se encuentran tanto en el capítulo VIII de la sección III (Cf, Marx,
C, 1975, p. 298) en el caso de la subsunción formal; y en el capítulo XI de la sección IV, en el
caso de la subsunción real (Cf, Marx, C, 1975, p. 407)
56 Nos referimos al capítulo XIV
57 En miras de complementar aquello planteado por Marx en El Capital también nos remitimos
al capítulo inédito (CCI) en dónde se desarrolla a profundidad el problema de la subsunción.
109
Capítulo III
Al comienzo de la sección V de El Capital plantea Marx: “En un principio examinamos
el proceso de trabajo [...] de manera abstracta, independientemente de sus formas
históricas, como un proceso entre el hombre y la naturaleza” (Marx, C, 1975, p. 615).
En su aspecto más general, el proceso de trabajo es un proceso entre el hombre y la
naturaleza que tiene como resultado la producción de valores de uso: “La producción
de valores de uso [...] no modifica su naturaleza general por el hecho de efectuarse
para el capitalista y bajo su fiscalización. De ahí que [...] debamos investigar el proceso
de trabajo prescindiendo de la forma social determinada que asuma” (C. p. 215). Se
hace entonces abstracción de que sea un proceso de trabajo dado en una relación de
producción determinada, que se efectúe para el capitalista o para el señor feudal, etc.
En su aspecto universal, el trabajo como creador de valores de uso, es un proceso
cuyos elementos constitutivos pueden ser estudiados prescindiendo de la forma
particular en que se articulan en cada momento histórico, sin embargo, el proceso de
trabajo siempre está dado bajo determinadas condiciones sociales e históricas
particulares. En lo concerniente a sus elementos constitutivos, el proceso de trabajo es
la actividad del individuo quien, a través del medio de trabajo, modifica un objeto de
trabajo previamente determinado en su consciencia (Cf, C, p. 219). Son tres los
elementos que están en juego: el medio de trabajo (una herramienta, por ejemplo), el
objeto de trabajo (una materia prima como la madera o un producto de un trabajo
anterior como el papel) y finalmente la intencionalidad del trabajador (una modificación
entendida como acción orientada a un fin subjetivo). En su articulación los anteriores
tres factores constituyen la base de todo proceso de trabajo. 58
Ahora bien, como dijimos, el proceso de trabajo siempre se inscribe en un modo de
producción y sus correspondientes relaciones sociales de producción: “Del mismo
modo que por el sabor del trigo no sabemos quién lo ha cultivado, ese proceso no nos
revela bajo qué condiciones transcurre, si bajo el látigo brutal del capataz de esclavos
o bajo la mirada ansiosa del capitalista” (C, p. 223). Las condiciones del proceso de
trabajo solamente se muestran en tanto éste es puesto a la luz de determinadas
relaciones sociales de producción, y, por lo tanto, de determinado modo de producción.
En el caso del capitalismo, las relaciones sociales de producción en las que se inscribe
el proceso de trabajo son relaciones orientadas a la producción de plusvalor.
58 Como bien observa Althusser: el trabajo se puede abstraer con independencia de su forma
social, pero siempre está dado bajo determinadas condiciones sociales: “Esta determinación del
proceso de trabajo por estas condiciones materiales impide toda concepción “humanista” del
trabajo humano como pura creación” (Althusser & Balibar, 1974, p. 184)
110
Capítulo III
3.2 Proceso de trabajo y plusvalor
En la caracterización hecha en el segundo capítulo de esta tesis acerca de la
dominación del proceso de producción sobre los individuos, se señaló que el capital
puede entenderse como sujeto dominante que moviliza a los individuos quienes, en
tanto asumen un rol preestablecido, actúan en función de la producción incesante de
valor, es decir, de la valorización. En la caracterización de la tendencia incesante del
capital a valorizarse se definió el plusvalor como un incremento o excedente por encima
del valor originario (Cf, Marx, C, 1975, p. 184)59. El incremento o excedente por encima
del valor originario en su constante reiteración constituye el fin de la producción
capitalista: “La producción de plusvalía [...] se presenta, así como el fin determinante,
el interés impulsor y el resultado final de proceso de producción capitalista [...]” (Marx,
CCI, 1971, p.5). Es decir, la producción de plusvalía es el telos del proceso de
producción capitalista, el interés impulsor de los individuos implicados y también el
resultado constante, el cual produce siempre mayor cantidad de valor de cambio que
la inicialmente desembolsada.
El proceso de producción capitalista impone su fin, la producción de plusvalor, sobre el
proceso de trabajo y lo convierte en medio para su consecución: “En el proceso
capitalista de producción el proceso de trabajo sólo se presenta como medio, el proceso
de valorización o la producción de plusvalía como fin” (Marx, CCI, 1971, p. 33). La
instrumentalización del proceso de trabajo por parte del proceso capitalista de
producción implica que el proceso de trabajo es puesto en función de las relaciones de
producción propias del modo de producción capitalista, no obstante, dada la
coexistencia de distintos modos de producción en una formación social, no todos los
procesos de trabajo están puestos en función del modo de producción capitalista y por
lo tanto del proceso de producción orientado al plusvalor. En esa medida, el modo de
producción capitalista tiende constantemente a someter estos otros modos de
producción presentes en una formación social dada. Podría decirse que la tendencia
interna y esencial del modo de producción capitalista, en donde el proceso de
producción está en función de la producción de plusvalía, es simultánea a una
tendencia externa: la de someter bajo su dominio otros modos de producción
59 Ver sección 1.2 del capítulo II de este trabajo
111
Capítulo III
diferentes, sus relaciones de producción y sus correspondientes procesos de trabajo,
los cuales, no están de antemano integrados a las relaciones sociales de producción
del capitalismo, o lo están sólo formalmente tal y como veremos. Esta tendencia es la
que Marx caracteriza bajo el concepto de subsunción.
3.3 Proceso de trabajo, plusvalor y subsunción
La integración del proceso de trabajo dentro del proceso de producción capitalista
orientado a la producción de plusvalor consiste en que “[…] el proceso de trabajo se
convierte en el instrumento del proceso de valorización, del proceso de la
autovalorización del capital: de la creación de plusvalía. El proceso de trabajo se
subsume en el capital [...]” (Marx, CCI, 1971, p. 54). La noción general de subsunción
no es definida de manera totalmente clara por Marx, sin embargo, puede entenderse
como la inclusión [Subsumtion]60 en la lógica de la creación de plusvalor de relaciones
sociales que antes no estaban incluidas, de ahí que pueda inferirse que el proceso de
trabajo se convierte en instrumento o medio del proceso de creación de plusvalor
cuando se subsume en el capital, o sea, cuando entra a ser parte del proceso de
producción capitalista. Plusvalor y subsunción están entonces mutuamente
relacionados en la medida en que la producción de plusvalor supone siempre la
subordinación o inclusión del proceso de trabajo en la lógica interna del modo de
producción capitalista: la producción de plusvalor. Ahora bien, la producción de
plusvalor se da bajo dos modalidades para Marx: plusvalor absoluto y plusvalor relativo
y las correspondientes formas de subsunción: subsunción formal y subsunción real.
Marx caracteriza el plusvalor absoluto como aquel que se da a través de “[...] la
prolongación de la jornada laboral, más allá de los límites del tiempo de trabajo
necesario para la subsistencia del propio obrero [...]” (Marx, C, 1975, p. 617). En lo
60 Acerca del sentido del concepto de subsunción advierte Scaron: “La traducción de
Subsumtion, subsumiere - sustantivo y verbo de origen latino que paradójicamente existen como
términos técnicos en alemán e inglés, pero no en las lenguas romances- plantea dificultades por
tener una acepción doble: Subsumtion es por una parte subordinación ( Marx en algunos casos,
en lugar de Subsumtion habla de Unterordnung -subordinación- del trabajo en o bajo el capital).,
pero por otra parte tiene el mismo sentido que en lógica el término castellano inclusión [...] Para
mantener en castellano la polisemia del original no hemos encontrado otra solución que utilizar
los neologismo subsunción, subsumir (Naturalmente, traducimos subordinación en los casos,
poco frecuentes, en que Marx emplea con el mismo sentido la palabra Unterordnung)” (Scaron,
1971, p. XV-XVI).
112
Capítulo III
concerniente al plusvalor relativo éste consiste en “[..] el acrecentamiento del plusvalor
por medio de la reducción del tiempo de trabajo necesario, independientemente de los
límites de la jornada laboral” (C, p. 617). Podríamos decir entonces que, desde la
perspectiva del proceso de trabajo, en la producción de plusvalor absoluto la
importancia de la duración del proceso de trabajo o jornada laboral es mayor que las
condiciones del proceso de trabajo como tal, mientras en la producción de plusvalor
relativo son las condiciones sociales del proceso de trabajo las que cobran una mayor
importancia con respecto a su duración. Cada tipo de plusvalía (relativa o absoluta)
corresponde con formas de subsunción del trabajo en el capital.
El plusvalor absoluto se corresponde con la subsunción formal en donde la extracción
de plusvalía “[...] ocurre sobre la base de modos de explotación que se conservan
históricamente sin la intervención del capital. No se opera entonces más que una
metamorfosis formal [...]” (C, p. 617). Es decir, en este caso el proceso de trabajo propio
de un modo de producción precapitalista es incluido en el modo de producción
capitalista sin modificarse como tal: “En el modo de producción mismo no se verifica
aún ninguna diferencia [...] El proceso laboral, desde el punto de vista tecnológico, se
efectúa exactamente como antes sólo que ahora como proceso laboral subordinado al
capital” (Marx, CCI, 1971 p. 61). Por otro lado, en la subsunción real se opera una
transformación en el modo de producción, el cual pasa a ser un modo de producción
específicamente capitalista:
La producción del plusvalor relativo, pues, supone un modo de producción
específicamente capitalista, que con sus métodos, medios y condiciones
solo surge y se desenvuelve, de manera espontánea, sobre el fundamento
de la subsunción formal del trabajo en el capital. En lugar de la subsunción
formal, hace su entrada en escena la subsunción real del trabajo en el
capital (Cf, Marx, C, 1975, p. 618)
En la subsunción real del trabajo al capital, el proceso de trabajo no solamente es
incluido en la lógica de producción de plusvalor, sino que, además, es modificado y
deja de ser un proceso dado sobre la base de modos de producción precapitalistas. En
este caso, se da paso a un modo de producción específicamente capitalista:
113
Capítulo III
“[...] se llega a la aplicación de la ciencia y la maquinaria a la producción
que ahora se estructura como un modo de producción sui generis, origina
una forma modificada de la producción material. Por otra parte, esa
modificación de la forma material constituye la base para el desarrollo de la
relación capitalista, cuya forma adecuada corresponde, en consecuencia, a
determinado grado de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas del
trabajo” (Marx, CCI, 1971, p. 73)
El modo de producción capitalista, en su especificidad, supone un desarrollo tal de la
fuerza productiva del trabajo que hace posible obtener plusvalor sin el aumento de la
jornada laboral.
3.3.1 Relación entre plusvalor y subsunción
La correspondencia entre las dos formas de plusvalor y las dos formas de subsunción
antes caracterizadas no permite entender, sin embargo, el carácter específico de la
relación entre plusvalor y subsunción. Sobre este punto comenta Marx:
Del mismo modo que se puede considerar la producción de la plusvalía
absoluta como la expresión material de la subsunción formal del trabajo en
el capital, la producción de la plusvalía relativa puédese estimar como la
de la subsunción real del trabajo al capital” (Marx, CCI, p. 60)
En la medida en que el plusvalor es expresión material de la subsunción, la subsunción
misma puede concebirse como una configuración o forma específica del modo de
producción capitalista. Esta configuración puede ser de dos tipos: una primera en
donde el modo de producción y sus procesos de trabajo se conservan bajo ciertos
límites establecidos y por lo tanto el plusvalor (absoluto) depende exclusivamente del
aumento de la jornada laboral. Otra segunda configuración donde el modo de
producción capitalista y sus procesos de trabajo antes conservados son trastocados
más allá de sus límites establecidos, en cuyo caso el plusvalor (relativo) puede ser
independiente de la duración de la jornada laboral61. Simplificando el esquema, en un
61La relación entre límite y modo de producción será clarificada posteriormente cuando se
caracterice en detalle la subsunción como dominación del modo de producción sobre la
sociedad
114
Capítulo III
caso el plusvalor es expresión material (producto) de una configuración del modo de
producción capitalista tal que sus relaciones de producción limitan el desarrollo de las
fuerzas productivas; en el otro caso el plusvalor es expresión material (producto) de
una configuración del modo de producción capitalista tal que sus relaciones de
producción son modificadas o trastocadas por el desarrollo de las fuerzas productivas62.
3.3.2 La alternancia entre subsunción formal y real
Ahora bien, los dos tipos de subsunción entendidos como configuraciones o formas
específicas del modo de producción que están a la base de la producción de plusvalor
absoluto y relativo no hacen referencia a periodos históricos determinados. Como
mencionamos antes, los capítulos históricos de las secciones III y IV tienen un sentido
conceptual, es por esta razón que afirma Marx en la sección V: “En un primer momento,
la producción de plusvalor absoluto y la producción de plusvalor relativo se nos
presentaban como dos tipos de producción diferentes, pertenecientes a diferentes
épocas de desarrollo del capital” (C, 1975, p.617). Es decir, como un tipo de producción
perteneciente a la época de instauración de la jornada laboral y la lucha por la fijación
de su duración entre los siglos XIV y XIX (Cf, C, p. 361) en el caso de la plusvalía
absoluta; y por otro lado, la producción de plusvalor relativo como perteneciente al
surgimiento de la manufactura, la maquinaria y la gran industria entre el siglo XVI (Cf,
C, p. 409) y el siglo XVIII (Cf, C, p. 452). Pese a que se muestran en principio en la
exposición de Marx como tipos de producción atados a determinadas épocas del
desarrollo histórico del capital en Inglaterra, en términos conceptuales cada una es una
forma o configuración del modo de producción capitalista, independientemente del
periodo histórico en que se presente. En otras palabras: en vez de ser periodos
históricos del capitalismo, la producción de plusvalor relativo y absoluto (y por lo tanto
la subsunción real y formal, entendidas como configuraciones específicas del modo de
62 Debemos insistir en que el uso de la metáfora de estructura y superestructura en donde las
fuerzas productivas entran en ‘contradicción’ con las relaciones de producción siempre implicará
cierto grado de simplificación. Es posible sostener que además de su uso en PCE en dónde
Marx esboza el problema de la revolución como algo que se reduce a una contradicción entre
relaciones sociales y fuerzas de producción (Cf, PCE, 2008, p.5), las nociones mismas de
fuerzas productivas y relaciones de producción son en general poco precisas y nunca son
desarrolladas cabalmente por Marx (Cf, Nicolaus, 1968, p. 202) de manera que si recurrimos a
ellas es únicamente para clarificar esquemáticamente el problema de la relación entre plusvalor
y subsunción.
115
Capítulo III
producción que están a la base de la producción de plusvalor) se dan alternativamente
sobre cualquiera que sea el estadio histórico en que se desarrolle el capital:
Sean como fuere, las dos formas de la plusvalía, la absoluta y la relativa
[...] corresponden a dos formas separadas de la subsunción del trabajo en
el capital, a dos formas de la producción capitalista separadas, de las cuales
la primera [Subsunción formal] es siempre precursora de la segunda
[Subsunción real], aunque la más desarrollada, la segunda, puede constituir
la base para la introducción de la primera en nuevas ramas de la
producción-” (Marx, CI, 1971, p 60.)
La subsunción formal y la subsunción real son para Marx dos formas de la producción
capitalista separadas (en nuestros términos, dos configuraciones del modo de
producción). Pese a ser dos configuraciones separadas del modo de producción, en su
desarrollo se suceden alternativamente una a la otra. La subsunción formal es
precursora de la subsunción real y, a su vez, la subsunción real es siempre susceptible
de devenir subsunción formal. Un ejemplo claro de la alternancia entre estas dos
configuraciones del modo de producción capitalista es lo que ocurre es el tránsito entre
el taller artesanal y la gran industria:
Si para la producción de plusvalor absoluto era suficiente la subsunción
meramente formal del trabajo en el capital - por ejemplo que artesanos que
antes trabajaban para sí mismos o también, como oficiales, a las órdenes
de un maestro gremial, quedarán ahora sometidos al control directo de
capitalista en calidad de obreros asalariados-, por otra parte hemos visto
que los métodos para la producción del plusvalor relativo son, al propio
tiempo métodos para la producción del plusvalor absoluto. Es más, la
prolongación desmesurada de la jornada laboral se presenta como el
producto más genuino de la gran industria. (Marx, C, 1975, p.619)
Dada la subsunción formal en dónde el modo de producción capitalista se desarrolla
bajo ciertos límites en coexistencia con otros modos de producción, se alza la
subsunción real como el trastocamiento de dichos límites anteriormente establecidos.
Siguiendo el ejemplo del fragmento anterior, los artesanos cuyo modo de producción
está formalmente subsumido al capital son trabajadores asalariados que, no obstante,
116
Capítulo III
desarrollan su proceso de trabajo bajo el modo de producción tradicional, en el taller,
tal y como lo hacían antes de ser asalariados. La producción de plusvalor en este caso
tiene su origen en la duración de la jornada laboral, la cual tiende a aumentar dada la
lógica interna del proceso de producción capitalista orientada a la generación de
plusvalor. Con el desarrollo de la industria maquinizada, los asalariados pasan a ser
parte del proceso de trabajo de manera distinta a como lo hacían tradicionalmente,
desaparece el taller y sobre sus ruinas se levanta la fábrica, así, con la subsunción real
el proceso de trabajo específicamente capitalista posibilita el aumento del plusvalor
independientemente de la duración de la jornada de trabajo (la cual puede mantenerse
o incluso disminuir). Sin embargo, en cierto punto, aquellos límites trastocados por el
modo de producción capitalista con el surgimiento de la fábrica dan paso a nuevos
límites establecidos (la industria se generaliza en todo el cuerpo social y la fábrica se
convierte en el nuevo límite establecido) lo cual supone que el plusvalor nuevamente
pasa a depender de la duración de la jornada laboral. De ahí que los métodos de
producción de plusvalor relativo devengan métodos de producción absoluto. Las
transformaciones del modo de producción que debieran disminuir la duración del
trabajo, de manera paradójica, conllevan al aumento de las jornadas laborales.
3.3.3 La lógica de la subsunción
Que los métodos de producción de plusvalor relativo sean a su vez métodos de
plusvalor absoluto implica que la subsunción real, dada sobre el supuesto de la
subsunción formal, se convierte ella misma en la base de nuevas formas de
subsunción63:
En general, no bien se apodera totalmente de un ramo de la producción, y
aún más cuando se ha adueñado de todos los ramos de producción
decisivos, el modo de producción específicamente capitalista deja de ser
63 Marx no es claro en este punto, sin embargo, es lícito suponer que el hecho de que la
subsunción real sea la base para nuevas formas de subsunción puede implicar dos
posibilidades: que la subsunción real conlleve a la subsunción formal sobre ramas de la
producción que no estaban subsumidas al capital: “la segunda [subsunción real], puede
constituir la base para la introducción de la primera [subsunción formal] en nuevas ramas de la
producción-” (Marx, CCI, 1971, p 60.). O bien la subsunción real puede ser la base para la
modificación de ramas de la producción que estaban subsumidas formalmente, tal y como
veremos a continuación.
117
Capítulo III
un simple medio para la producción del plusvalor relativo. Se convierte
ahora en la forma general, socialmente dominante del proceso de
producción. Como método particular para la producción de plusvalor
relativo únicamente opera: primero, en tanto se apodera de industrias hasta
entonces estaban subordinadas formalmente al capital, en su propagación;
segundo, en tanto los cambios de los métodos de producción evolucionan
continuamente las industrias que ya había caído en su órbita” (Marx,
C,1975, p. 619)
El modo de producción específicamente capitalista hace algo más que producir
plusvalor relativo. Al subsumir todos los ramos decisivos de la producción, o sea, al
dominar dentro de una sociedad o formación social, se generaliza. Señala Marx dos
momentos que constituyen, a nuestro parecer, la lógica de la subsunción o dominación
del modo de producción sobre la sociedad: por un lado, se propaga apoderándose de
modos de producción tradicionales que, estando formalmente subsumidos, coexisten
junto con el modo de producción específicamente capitalista en una formación social
dada. Por otro lado, sigue revolucionando las industrias que ya han caído en su órbita,
es decir, sigue desplazando, como modo de producción específicamente capitalista,
sus propios límites establecidos. En tanto el capitalismo no cesa de recomponerse,
siempre habrá una relación constante entre un centro en dónde el capital se ha
desarrollado plenamente, y una periferia en dónde coexiste con otros modos de
producción. Subsunción formal y real en su articulación son parte de un mismo
movimiento: el del capital que no cesa de revolucionarse.
3.3.4 El carácter revolucionario del capitalismo y la imposibilidad de la
subsunción real
Tal y como la hemos caracterizado, la subsunción en sus dos formas es un proceso
cíclico en el que se suceden alternativamente distintas configuraciones del modo de
producción capitalista. No es un proceso lineal entre distintos grados de desarrollo del
capitalismo cuya culminación es el modo de producción específicamente capitalista. La
producción de plusvalor absoluto erigida sobre la subsunción formal y la producción de
118
Capítulo III
plusvalor relativo sustentada en la subsunción real no son periodos históricos en donde
se pasa de un desarrollo parcial del capitalismo a un desarrollo pleno. En un sentido
teórico, subsunción formal y real pueden interpretarse, a nuestro parecer, como
configuraciones que se suceden cíclicamente. Así, tal y como mostramos, sobre la base
de la subsunción formal se da paso a la subsunción real (paso del taller a la fábrica),
sin embargo, la subsunción real constituye la base de nuevas formas de subsunción
formal sobre relaciones sociales aun no incluidas en el modo de producción
específicamente capitalista, o también de subsunción real sobre relaciones propias de
otros modos de producción formalmente subsumidos que coexisten con el capitalismo
y son transformados en términos capitalistas.
Tal carácter cíclico se explica en el hecho de que, para Marx, la subsunción real tiene
una característica adicional: “Con la subsunción real del trabajo en el capital se efectúa
una revolución total (que prosigue y se repite continuamente) [...]” (Marx, CCI, 1971 p
72). Esta revolución permanente del capitalismo no permite pues prefigurar una forma
definitiva del modo de producción. El capitalismo, en sus sucesivas transformaciones,
conlleva nuevas formas de subsunción real y por lo tanto también nuevas formas de
subsunción formal, en otras palabras: toda revolución del modo de producción
capitalista supone que su dominio sobre la sociedad se transforma, y al mismo tiempo
se propaga a puntos del cuerpo social, los cuales se integran total o parcialmente a su
dinámica interna la cual siempre tiende a un centro, a un fin que permanece inalterado
y es motivo impulsor del capital: la producción incesante de plusvalor.
Con todo, la industria moderna como expresión más acabada del modo de producción
específicamente capitalista (subsunción real), no es, sin embargo, su culminación
absoluta: “La industria moderna nunca considera ni trata como definitiva la forma
existente de un proceso de producción. Su base técnica, por consiguiente, es
revolucionaria, mientras que todos los modos de producción anteriores eran
esencialmente conservadores” (Marx, C, p. 592). Al caracterizar la naturaleza
revolucionaria del modo de producción capitalista, el cual no encuentra en la industria
moderna una forma definitiva, se remite Marx a un fragmento del Manifiesto del Partido
Comunista:
“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar
incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las
119
Capítulo III
relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La
conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la
primera condición de existencia de todas las clases. Una revolución
continua en la producción, una incesante conmoción de todas las
condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen
la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas
y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante
siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a
osificarse. Todo lo estamental y estancado se esfuma; todo lo sagrado es
profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente
sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas” (Marx & Engels,
MPC, 1976, p. 114)
La revolución incesantemente repetida por el modo de producción capitalista es la
condición de su propia existencia. El capitalismo en su constante transformación tiende
a incluir bajo su lógica otras relaciones sociales de modos de producción previos y, al
mismo tiempo, a transformar sus propias relaciones sociales específicamente
capitalistas en todos los niveles (tanto en lo referido a los instrumentos de producción,
las relaciones de producción y todas las relaciones sociales en general). En esa
medida, si la subsunción real del trabajo al capital fuese realmente la fase definitiva y
culminante del desarrollo del modo de producción capitalista, esto estaría
paradójicamente en oposición a la esencia o telos del capitalismo: la revolución
incesante del modo de producción orientada a la creación incesante de plusvalor
4 Subsunción y dominación del modo de producción
En las secciones anteriores nos ocupamos de caracterizar el problema de la
dominación del modo de producción sobre la sociedad. Para Marx, en la sociedad
entendida bajo la noción de formación social se articulan diversos modos de
producción. En el caso específico que nos ocupa, el modo de producción capitalista
coexiste junto con otros modos de producción en una sociedad dada y tiende a
someterlos bajo su dominio. A partir de la delimitación de este problema,
120
Capítulo III
argumentamos que la dominación del modo de producción capitalista sobre otros
modos de producción en una sociedad puede entenderse bajo el concepto de
subsunción. La subsunción en sus dos formas sigue, a nuestro parecer, una lógica
según la cual se incluyen procesos de trabajo dados sobre la base de modos de
producción precapitalistas dentro de la dinámica interna del capital (subsunción formal)
y también en cierto punto son transformados (Subsunción real). Toda transformación,
sin embargo, es parcial. Al ser la subsunción real un proceso indefinido (y no un periodo
histórico), con cada revolución el modo de producción capitalista debe perpetuar su
dominio bien sea incluyendo nuevos procesos de trabajo, bien sea transformando los
que ya estaban incluidos dentro de su lógica.
Con todo, la lógica de la subsunción caracterizada a partir de nuestra lectura de la
sección V de El Capital debe ser detallada remitiéndonos a las secciones III y IV. Si
bien se puso de presente que el modo de producción capitalista tiende a dominar sobre
una formación social y los modos de producción previos que allí perduran, la manera
en que dicha dominación opera sobre las relaciones sociales debe ser caracterizada
en mayor detalle.
4.1 Plustrabajo y subsunción
Algo que no puede pasar desapercibido en el abordaje de las secciones III y IV de El
Capital es la distinción entre plusvalor y plustrabajo. Desde el punto de vista del proceso
de trabajo que es subsumido, convirtiéndose en medio para la producción de plusvalor,
éste [el plusvalor] se revela como plustrabajo. Es decir: no aparece como un simple
aumento cuantitativo con respecto a la cantidad de dinero desembolsada para comprar
la fuerza de trabajo (D-M-D') sino como una parte de la jornada laboral que se extiende
más allá de los límites del trabajo necesario para reproducir la existencia del trabajador,
y que por lo tanto representa trabajo no pago (Cf, Marx, C, 1975, p. 261).
Que una parte de la jornada laboral sea trabajo no pago implica que el excedente o
plustrabajo producido es despojado de alguna forma. Con respecto a este punto Marx
plantea lo siguiente:
121
Capítulo III
Sólo después que los hombres se han levantado, a fuerza de trabajo, de su
primitivo estado animal, sólo cuando su trabajo, pues, se ha socializado
hasta cierto punto [...] entonces, y sólo entonces, se producen condiciones
bajo las cuales el plustrabajo del uno puede convertirse en fuente de la vida
para el otro, y ello nunca ocurre sin la ayuda de la fuerza que somete el uno
al otro (Marx, C, p. 621)64
Sobre este fragmento debemos señalar dos cosas de suma importancia: por un lado,
solamente puede haber plustrabajo cuando se dan ciertas condiciones sociales que
permiten producir más allá de lo estrictamente necesario, es decir cuando hay un
excedente. Esto es algo que aplica tanto para el capitalismo como para todos los modos
de producción precedentes65. Sin embargo, que estén dadas estas condiciones
sociales no conlleva a que el excedente, producto del trabajo de un individuo, sea
apropiado por otro individuo. La apropiación nunca ocurre, siguiendo a Marx, sin la
ayuda de la fuerza que somete el uno al otro66
El planteamiento anterior es congruente con lo indicado por Balibar: “[...] in Marx’s work,
the analysis of exploitation and that of power relationships go together, or even that
domination and exploitation are two sides of the same phenomenon [ en la obra de
Marx, el análisis de la explotación y el de las relaciones de poder van de la mano, o
incluso dominación y explotación son dos caras del mismo fenómeno].” (2011, p. 21)67.
Si la producción de un excedente implica una fuerza que somete un individuo a otro, es
lícito entonces referirnos a tal fuerza como un conjunto de relaciones de poder en las
cuales el trabajo excedentario de un individuo es apropiado por otro. Ahora bien, dichas
relaciones mediante las cuales el plustrabajo es apropiado difieren dependiendo del
modo de producción que domine en determinada formación social: “Es sólo la forma en
64En esta cita se toma la modificación presente en la edición francesa de El Capital y señalada
por el traductor en la nota a. (Cf, Marx, C, p. 621).
65 En este sentido, afirma Marx: “Cierto elevado nivel de la productividad del trabajo, pues, es
en general una condición para la existencia de la producción capitalista, así como de todos los
modos de producción anteriores en los que una parte de la sociedad no trabaja solamente para
sí misma, sino también para los demás” (Marx, C, p. 620)
66 De cierta manera el problema de la apropiación del excedente por un otro está contenido en
los manuscritos económico-filosóficos: “Si el producto del trabajo no pertenece al trabajador, si
es frente a él un poder extraño, esto sólo es posible porque pertenece a otro hombre que no es
el trabajador. Si su actividad es para él dolor, ha de ser goce y alegría vital de otro.” (Marx, MEF,
2001, p.115).
67 La traducción es mía
122
Capítulo III
que se expolia plustrabajo al productor directo, al trabajador, lo que distingue las
formaciones económico-sociales, por ejemplo, a sociedad esclavista de la que se funda
en el trabajo asalariado” (Marx, C, 1975, p. 261). Al ser la forma o método de despojo
de plustrabajo aquello que diferencia al modo de producción capitalista de los
precedentes, lo importante no es simplemente señalar que en el capitalismo hay
explotación dadas unas condiciones de separación entre trabajadores y medios de
producción, sino también caracterizar las relaciones de poder que constituyen la forma
en que la explotación se efectúa.
Las relaciones de poder son, siguiendo a Foucault, inherentes a la producción y
además constituyen la manera en que la explotación se efectúa: “Para que los hombres
sean efectivamente colocados en el trabajo y ligados a él es necesaria una operación
o una serie de operaciones complejas por las que los hombres se encuentran
realmente[...] vinculados al aparato de producción para el que trabajan (1996, p.138).
La vinculación del trabajo al aparato de producción es, en términos de nuestro
problema, el operar mismo de la subsunción del capital sobre las relaciones sociales.68.
4.2 Dominación del capital bajo límites establecidos
Como señalamos antes, la subsunción del trabajo al capital se da sobre la base de las
relaciones sociales preexistentes en una formación social dada. La subsunción bien
puede emerger de dicha formación social o ser introducida69. Cualquiera sea el caso,
[...] el capitalista debe tomar la fuerza de trabajo como la encuentra, preexistente en el
mercado, y por tanto también su trabajo tal y como se efectuaba en un periodo en el
que aún no había capitalistas (Marx, C, 1975, p. 224). Al tomar la fuerza de trabajo y
su “trabajo” tal y como se efectuaba en un periodo precapitalista, el capital subsume el
68 Autores como Antonio Negri (2017) y Jacques Bidet (2016) han escrito acerca de las
relaciones y diferencias entre la noción de subsunción en Marx, y la de biopolítica en Foucault.
No es nuestro interés en esta tesis adentrarnos en esta discusión. Si retomamos lo señalado
por Foucault acerca de las operaciones que vinculan a los individuos al “aparato de producción”
lo hacemos con la intención de alumbrar un aspecto implícito de la subsunción del trabajo al
capital, el de las relaciones de poder bajo las cuales se opera dicha subsunción.
69“Denomino subsunción formal del trabajo en el capital a la forma que se funda en el plusvalor
absoluto, puesto que solo se diferencia formalmente de los modos de producción anteriores
sobre cuya base surge (o es introducida) directamente” (Marx, CCI, 1971, p. 60-61)
123
Capítulo III
trabajo de una manera muy particular: conservando la base técnica del modo de
producción tradicional70. Esta última entra a hacer parte del capital sin modificarse.
Sobre este punto podemos retomar a Deleuze quien plantea que en determinadas
formaciones sociales “[...] incluso en el caso de que la relación de producción es el
capital, el modo de producción no es forzosamente capitalista” (2017, p. 362). A partir
de esto tiene sentido plantear que modos de producción precapitalistas, subsumidos al
modo de producción capitalista (en dónde la relación de producción es el capital), no
son necesariamente modos de producción específicamente capitalistas. Son puestos
en función de la producción capitalista, pero coexisten junto a ella, tal es el caso de
muchas regiones de Latinoamérica, por ejemplo.
Ahora bien, la subsunción de un modo de producción precapitalista en el capital, incluso
pese a darse bajo límites previamente establecidos que no son trastocados, conlleva a
que se introduzcan nuevas relaciones de poder o, en otros términos, de coerción: “La
coerción que se ejerce, […] el método por el cual se expolia plustrabajo es de otra
índole […]” (Marx, CCI, 1971, p. 61). Sobre estos nuevos métodos de expoliación de
plustrabajo propios del capital, un primer elemento señalado por Marx es que la
coerción se ejerce de manera cada vez más abstracta. Al mediar una relación
monetaria entre el que se apropia del plustrabajo y quien lo produce, la apropiación
como tal “[…] deriva del contenido determinado de la venta [intercambio monetario], no
de una subordinación, precedente a la misma, […]” (p. 61). Las relaciones de
subordinación entre los individuos se fundan cada vez menos en una la tradición y más
en el hecho de que existe una relación salarial entre el capital y el trabajador. Volviendo
al ejemplo del taller que cae en la órbita del capital, las relaciones personales
tradicionales entre el maestro artesano y los aprendices se disuelven sin que, por ello,
el trabajo se haga de una manera distinta a como se hacía antes de la subsunción del
proceso de trabajo en el capital. La relación monetaria elimina de la relación de
explotación “[…] todas las excrecencias patriarcales y políticas o incluso religiosas” (p.
62). Se pasa de una subordinación fundada en la tradición a una fundada en el
intercambio de mercancías y dinero.
Un segundo elemento, derivado del anterior, es que la coerción tiene un efecto sobre
la intensidad del proceso de trabajo: “[la] coerción […] recibe únicamente una forma
distinta de la que tenía en modos de producción anteriores, pero una forma que
70 Con modo de producción tradicional aludimos a los modos de producción precapitalistas.
124
Capítulo III
acrecienta la continuidad e intensidad del trabajo” (p. 62). Es en es el acrecentamiento
de la continuidad e intensidad del trabajo en dónde se revelan los efectos de las
relaciones de poder que vinculan a los individuos al proceso de producción.
Recapitulando, hasta este punto hemos podido caracterizar dos efectos contrapuestos
de la subsunción del capital sobre las relaciones sociales que encuentra prexistentes
en una formación social dada: por un lado, al ser incluidos en la órbita del capital, los
modos de producción tradicionales se conservan sobre sus límites establecidos, es
decir, su base técnica se conserva y simplemente se articulan como un elemento más
puesto en función del capital. Sin embargo, al mismo tiempo que el capital conserva el
modo de producción, se opera una descomposición de las relaciones sociales y
tradiciones que median entre los individuos, las cuales se hacen abstractas con la
introducción de la relación dineraria entre los productores y quienes se apropian del
plustrabajo. Pude verse de esta manera que la subsunción del trabajo en la capital
conserva los modos de producción tradicionales en sus elementos técnicos, pero al
mismo tiempo descompone las relaciones sociales de tipo tradicional, político y
religioso que les son propias
El arriba mencionado acrecentamiento de la intensidad del trabajo, producto de la
coerción del capital, es algo central en el capítulo sobre la jornada laboral71 de la
sección III. Esta tendencia de aumentar y hacer más intensa la jornada laboral choca
con los límites inherentes al modo de producción conservado, pero especialmente con
los límites físicos y sociales de la fuerza de trabajo
Aparte ese límite puramente físico, la prolongación de la jornada laboral
tropieza con barreras morales. El hombre necesita tiempo para la
satisfacción de necesidades espirituales y sociales, cuya amplitud y número
dependen del nivel alcanzado en general por la civilización. La variación de
la jornada laboral oscila pues dentro de límites físicos y sociales. Unos y
otros son, sin embargo, de una naturaleza muy elástica y permiten la
libertad de movimientos (p. 279)
71 Capítulo VII: La jornada laboral.
125
Capítulo III
Dada la conservación del modo de producción tradicional propia de la subsunción
formal, el capital no tiene otra opción que valerse de la naturaleza elástica de la fuerza
de trabajo para introducir el horror civilizado del exceso de trabajo y realizar su
incesante movimiento de valorización (Cf, Marx, C, p. 283). Sin embargo, los efectos
del exceso de trabajo solamente son constatables en una faceta de la fuerza de trabajo
dejada de lado hasta ahora en nuestra exposición de El Capital y la cual solamente se
muestra explícitamente en los capítulos históricos de las secciones III y IV.
En la sección II de El Capital, el obrero como poseedor de la mercancía fuerza de
trabajo acuerda un intercambio con el capitalista poseedor de dinero, quien, al comprar
la fuerza de trabajo de obrero, dispone de ella como valor de uso durante un periodo
de tiempo previamente acordado. Desde esta perspectiva es totalmente indiferente el
uso que, como tal, el capitalista haga a la fuerza de trabajo. Para él ésta, como
mercancía, equivale a otras mercancías que en su conjunto son las que reproducen su
existencia material, ese es su valor. Ahora, si bien es cierto que el valor de la fuerza de
trabajo es reductible al conjunto de mercancías necesarias para reproducir su
existencia material, la fuerza de trabajo no es como el resto de las mercancías.
En contraste con la sección II ( y también con la sección VII en dónde la fuerza de
trabajo aparece, bien como valor de uso creador de valor para el capitalista, o bien
como capital variable en la composición orgánica del capital) en las secciones III y IV
la fuerza de trabajo es trabajo vivo, es decir, cuerpo orgánico que además tiene voz.
Por así decirlo, pasamos del hipotético “si las mercancías pudieran hablar” (Cf Marx,
C, 1975, p, 101) a la mercancía que habla propiamente:
El capitalista, pues, se remite a la ley del intercambio mercantil. Al igual
que cualquier otro comprador, procura extraer la mayor utilidad posible del
valor de uso que tiene su mercancía. Pero súbitamente se alza la voz del
obrero, que en el estrépito y agitación del proceso de producción había
enmudecido” (p. 280)
El silencio del obrero, cuya condición de poseedor de mercancía es indiferente al
proceso de producción que lo domina y del cual es una simple función o rol, tal y como
vimos en el capítulo anterior de esta tesis, se rompe. No es desde la perspectiva de la
126
Capítulo III
dominación del proceso de producción sobre los individuos, sino desde la dominación
del modo de producción sobre la sociedad en dónde se hacen manifiestos los límites
físicos y sociales del capital encarnados en el cuerpo del trabajador quien alza una voz
de protesta. Habla la fuerza de trabajo:
Lo que desde tu punto de vista aparece como valorización de capital, es
desde el mío gasto excedentario de fuerza de trabajo [...] Te pertenece, por
tanto, el uso de mi fuerza de trabajo diaria. Pero por intermedio de su precio
diario de venta yo debo reproducirla diariamente y, por tanto, poder
venderla de nuevo [...] constantemente me predicas el evangelio del
“ahorro” y la “abstinencia”. ¡De acuerdo! Quiero economizar la fuerza de
trabajo, a la manera de un administrador racional y ahorrativo de mi único
patrimonio y abstenerme de todo derroche insensato de la misma (Marx, C,
p. 280).
El trabajo vivo es un límite aparentemente absoluto para el capital ya que la jornada
laboral no puede extenderse más allá del límite necesario para la reproducción de la
vida del trabajador72. Además, frente a la tendencia de aumentar la duración de la
jornada de trabajo el trabajador ejerce resistencia. Se da entonces un antagonismo
entre, por un lado, el derecho del capital de disponer de la fuerza de trabajo que
adquirió, y por otro el derecho del vendedor de fuerza de trabajo que procura reducir la
jornada laboral a una magnitud normal (Cf, C, p. 282) Se muestra entonces que:
“[…] en la historia de la producción capitalista la reglamentación de la
jornada laboral se presenta como lucha en torno a los límites de dicha
jornada, una lucha entre el capitalista colectivo, esto es, la clase de los
capitalistas, y el obrero colectivo, sea la clase obrera” (C, p. 282)
Además de los límites físicos de la fuerza de trabajo, los límites sociales
(específicamente las leyes estatales que regulan la duración de la jornada laboral)
72 “[…] la subrogación del número de obreros o de la magnitud de capital variable por tasa
acrecentada del plusvalor o prolongación de la jornada laboral, presenta límites infranqueables.
Sea cual fuere el valor de la fuerza de trabajo, ascienda a 2 ó a 10 horas de tiempo de trabajo
necesario para la conservación del obrero, el valor total que el obrero puede producir día tras
días será siempre menor que el valor en el que se objetivan 24 horas de trabajo […]” Marx, C,
1975, p. 370
127
Capítulo III
ponen coto a la necesidad del capital de aumentar la duración de la explotación y con
ello la cantidad de plustrabajo apropiado. Sumado a lo anterior, la lucha también tiene
efectos en el trabajador mismo.
Desde la perspectiva de la dominación del proceso de producción sobre el individuo
este sale del proceso “tal y como entró en él”73, otra cosa sucede desde la perspectiva
de la lucha por el establecimiento de los límites frente a la explotación capitalista:
Es preciso reconocer que nuestro obrero sale del proceso de producción
distinto de como entró […] para “protegerse” contra la serpiente de sus
tormentos, los obreros tienen que […] imponer como clase una ley estatal,
una barrera social infranqueable que les impida a ellos mismos venderse
junto a su descendencia, por medio de un contrato libre con el capital, para
la muerte y la esclavitud (Marx, C, p. 364)
La coacción operada por la subsunción del trabajo al capital encuentra resistencia por
parte de los trabajadores quienes, a la fuerza y en claro antagonismo de clase con el
capital, imponen barreras sociales. En último término, los limites sociales que impiden
la prolongación de la jornada de trabajo y también los límites físicos inherentes al
cuerpo del obrero constituyen obstáculos con los que se enfrenta el modo de
producción capitalista que subsume bajo su dominio determinadas relaciones sociales
sin, por ello, transformarlas profundamente. Sobre esto comenta Marx:
El capital comienza por subordinar al trabajo bajo las condiciones en que,
históricamente, lo encuentra. No cambia inmediatamente, pues, el modo de
producción. La producción de plusvalor en la forma considerada hasta aquí,
mediante la simple prolongación de la jornada laboral, se presenta por ende
como independientemente de todo cambio en el modo de producción
mismo (Marx, C, p. 376)
73Este punto fue desarrollado en el segundo capítulo de esta tesis en la caracterización de la
dominación del modo de producción sobre la sociedad. Allí señalamos siguiendo a Marx que
“[…] el obrero sale del proceso de producción constantemente, tal como entró en él.” (C, p. 701)”
128
Capítulo III
Bien sea que la prolongación de la jornada laboral se diese en el taller que entra en la
órbita de la producción capitalista o en la industria. En otros términos: bien sea que
emerja sobre unas relaciones sociales preexistentes o sea introducida en un nuevo
sector industrial ya desarrollado, la transformación del modo de producción como tal no
juega acá un papel central. No obstante, llegado cierto punto la subsunción debe pasar
a otro momento en el cual los límites establecidos por la base técnica vigente bajo la
cual se realiza el proceso de trabajo deben ser rebasados, y con ellos incluso los límites
físicos y sociales inherentes a la corporalidad del trabajador.
4.3 Dominación del capital más allá de los límites establecidos
Al verse limitado en su capacidad para extraer plustrabajo a través del aumento de la
duración de la jornada laboral, el capital trastoca la base técnica sobre la cual se daba
la producción, y con ello transforma el modo de producción más allá de los límites
previamente establecidos. La consecuencia general de ello es que la extracción de
plustrabajo pasa a ser independiente de la duración de la jornada de trabajo y a
depender esencialmente de las condiciones en las cuales el proceso de trabajo se
desarrolla.
En ese orden de ideas, mientras en la producción de plusvalor absoluto el valor de la
fuerza de trabajo era algo constante, en este caso, con la transformación de la base
técnica del modo de producción, el valor de la fuerza de trabajo puede reducirse, lo
cual implica que el trabajo necesario para la reproducción de la existencia material del
trabajador será cada vez una porción menor de la jornada laboral y, en consecuencia,
el plustrabajo o plusvalor será tendencialmente mayor, esto incluso en caso de que la
duración de la jornada de trabajo permanezca inalterada o incluso sea reducida.
Por ejemplo: si en una jornada laboral de 12 horas, 6 horas correspondían al trabajo
socialmente necesario para perpetuar la existencia del obrero y las otras 6 horas eran
plustrabajo o trabajo no pago, con la modificación del modo de producción y la
reducción del valor de la fuerza de trabajo, puede cambiarse esta proporción. Así, en
esa misma jornada laboral de 12 horas, 3 horas corresponderían al trabajo socialmente
129
Capítulo III
necesario mientras las 9 horas restantes serían plustrabajo. En este caso, se aumenta
la cantidad de plustrabajo sin aumentar la jornada de trabajo.
Ahora bien, para que el valor de la fuerza de trabajo se modifique debe suceder que,
una misma masa de medios de subsistencia que antes tenían determinado valor, pase
a valer menos, es decir, que se produzca determinada masa de medios de subsistencia
en menos tiempo que antes: “Ello es imposible, sin embargo, si no se opera un aumento
de la fuerza productiva del trabajo” (Marx, C, 1975, p. 382). Tiene que efectuarse una
revolución en las condiciones de producción, en el modo de producción como tal, que
conlleve un aumento de la fuerza productiva del trabajo. Este punto es clave para
nuestra caracterización de la dominación del modo de producción capitalista más allá
de los limites previamente establecidos. Como vimos en la sección anterior, el capital
toma el proceso de trabajo tal y como lo encuentra, pero llegado a un punto el capital
transforma el modo de producción:
“[…] mientras en el caso de la producción de plusvalor bajo la forma
considerada hasta aquí habíamos supuesto que el modo de producción
estaba dado, ahora, para la producción de plusvalor mediante la
transformación de trabajo necesario en plustrabajo, de ningún modo basta
que el capital se apodere del proceso de trabajo en su figura históricamente
tradicional o establecida y se limite a prolongar su duración. Para aumentar
la fuerza productiva del trabajo y abreviar así la parte de la jornada laboral
necesaria para la reproducción de dicho valor, el capital tiene que
revolucionar las condiciones técnicas y sociales del proceso de trabajo, y
por tanto del modo de producción mismo” (C, 1975, p. 382-383)
El capitalismo domina sobre la sociedad no solamente conservado determinadas base
técnica y social, sino a través de un constante trastocamiento de los límites del proceso
de trabajo y especialmente de la fuerza de trabajo, tal y como veremos.
4.3.1 Del obrero individual al obrero colectivo
El trabajo vivo, entendido como el cuerpo del trabajador, contiene límites para la
extracción de plustrabajo, esto es especialmente evidente en la imposibilidad del capital
130
Capítulo III
de extender indefinidamente la duración de la jornada de trabajo. Una forma de
solventar este límite propio de la fuerza de trabajo individual consiste en la disposición
de múltiples fuerzas de trabajo individuales en función de una ejecución coordinada del
proceso de trabajo, la denominada cooperación: “La forma del trabajo de muchos que,
en el mismo lugar y en equipo, trabajan planificadamente en el mismo proceso de
producción o en procesos de producción distintos pero conexos […]” (Marx, C, p. 395.
En este caso se opera una transformación en las condiciones del proceso de trabajo
tal que el cuerpo individual del trabajador con sus límites biológicos intrínsecos deviene
un cuerpo colectivo: “Puesto que el obrero combinado u obrero colectivo tiene ojos y
manos por delante y por tras goza, hasta cierto punto, el don de la ubicuidad” (Marx, C,
p. 396). La ubicuidad del obrero colectivo contrasta con el obrero individual, la jornada
laboral combinada de multitud de obreros produce una mayor cantidad de valores de
uso y por consiguiente reduce el tiempo de trabajo necesario para la producción de
determinada mercancía, así: “En la cooperación planificada con otro, el obrero se
despoja de sus trabas individuales y desarrolla su capacidad en cuanto parte de un
género” (C, p. 400). El trastocamiento de los límites propios de la fuerza de trabajo
supone la ruptura de arraigos. Siguiendo a Benjamin, con el pleno desarrollo del capital:
“El ámbito en que vive se contrapone por primera vez para el hombre al lugar de trabajo”
(Benjamin, 1972, p. 182). Esta contraposición es también señalada de alguna manera
por Marx:
[La cooperación] brinda la posibilidad de restringir en lo espacial, conforme
a la escla de la producción, el territorio en que la misma se desarrolla. Esta
reducción del ambioto espacial del trabajo […] deriva de la aglomeración
de los obrerios, de la aproximación de diversos procesos laborales y de la
concentración de los medios de producción” (Marx, C, 1975, p. 399).
La aglomeración descrita en este fragmento permite entrever que la dominación del
capital sobre el proceso de trabajo tiene efectos en ambitos que desbordan el proceso
de trabajo, como la vida familia y el territorio. Es patente que la cooperación opera tanto
a nivel del proceso de trabajo en su centralización ( y de suyo, todos los efectos que de
esa se desprenden) como también opera en relación a la individualidad misma del
trabajo vivo, el cual pasa a constituir un cuerpo colectivo que rompe las barreras fisicas
que le son intrinsecas a cada una de sus partes individuales constitutivas.
131
Capítulo III
4.3.2 El obrero colectivo como cuerpo con órganos
La caracterización de la transformación del obrero individual en un cuerpo colectivo
(denominado por Marx obrero colectivo) es desarrollada tomando como base el
surgimiento de la manufactura. Ésta, como forma específica que adopta el modo
capitalista de producción, recompone de manera nueva las relaciones de producción
dadas sobre la base técnica previa:
[…] el modo en que se origina la manufactura, su formación a partir del
artesanado presenta un carácter dual. Surge aquella, por una parte, de la
combinación de oficios artesanales autónomos, de índole diversa, que
pierden su autonomía y se vuelven unilaterales hasta el punto de no
constituir más que operaciones parciales, mutuamente complementarias,
en el proceso de producción de una y la misma mercancía. La manufactura
se inicia, por otro lado, a partir de la cooperación de artesanos del mismo
oficio, desagrega el mismo oficio individual en sus diversas operaciones
particulares y las aísla y autonomiza hasta el punto en que cada una de las
mismas se vuelve función exclusiva del obrero particular. De una parte,
pues, la manufactura introduce la división del trabajo en un proceso de
producción o la desarrolla aún más; de otra parte, combina oficios antaño
separados. Pero cualquiera que sea su punto particular de arranque, su
figura final es la misma: un mecanismo de producción cuyos órganos son
hombres” (Marx, C, 1975, p. 411-412)
En el anterior fragmento se hace patente que la génesis histórica, en este caso la
génesis de la manufactura tiene un sentido teórico tal y como mencionamos antes. Bien
sea que la manufactura surja históricamente de la cooperación entre artesanos de
oficios distintos o de la cooperación entre artesanos que ejercen el mismo oficio, el
punto de Marx es que en cualquier caso se produce una transformación en los límites
del cuerpo individual. Independientemente del carácter dual del origen de la
manufactura, su efecto es el mismo: la constitución de un cuerpo colectivo en el cual el
trabajador individual se convierte en órgano, es decir, asume una función especializada
en el proceso de producción.
132
Capítulo III
Dicha especialización se traduce en un conjunto de disposiciones que transforman la
fuerza de trabajo en un órgano puesto en función de una tarea exclusiva, tarea para la
cual se crean incluso herramientas especializadas, las cuales son diferentes de las
herramientas dispuestas para otras labores. Sin embargo, incluso asumiendo una
función unilateral en el mecanismo de producción: “[…] la destreza artesanal continúa
siendo la base del proceso de producción, cada obrero queda ligado exclusivamente a
una función parcial y su fuerza de trabajo se transforma en órgano vitalicio de dicha
función” (Marx, C, p. 412). La destreza incorporada en la fuerza de trabajo es producto
de la experiencia práctica, del saber hacer. Al ser la fuerza de trabajo un órgano vitalicio
sigue siendo aun, en sí misma, un límite para el capital en la medida en que la
producción de plustrabajo depende aun de la virtud del obrero individual. En todo caso,
en contraste con el obrero colectivo en la cooperación, en el caso de la manufactura se
opera una transformación en la individualidad misma del trabajo vivo:
Mientras que la cooperación simple, en términos generales, deja inalterado
el modo de trabajo del individuo, la manufactura lo revoluciona desde los
cimientos y hace presa en las raíces mismas de la fuerza individual de
trabajo. Mutila al trabajador, lo convierte en una aberración al fomentar su
habilidad parcializada […] No sólo se distribuye los diversos trabajos
parciales entre distintos individuos, sino que el individuo mismo es dividido,
transformado en mecanismo automático impulsor de un trabajo parcial […]
(Marx, C, p.438-439, énfasis en itálicas añadido)
La alteración de las raíces de la fuerza de trabajo individual es producto, por un lado,
de la transformación operada por la subsunción sobre los límites establecidos del modo
de producción y también, por otro lado, sobre los límites intrínsecos de la fuerza de
trabajo. No solamente las condiciones técnicas del proceso de trabajo son modificadas,
sino que, con ellas, el individuo como límite para la producción de plusvalor es
trastocado, tal trastocamiento se hace manifiesto corporalmente. Al hablar de
mutilación Marx se refiere al desarrollo unilateral de ciertas capacidades en detrimento
de otras. De esta manera, el individuo, que en virtud de su experiencia únicamente
sabe hacer uso una herramienta especializada para realizar determinada función
específica, está mutilado en la medida en que no puede ocupar otra función. Su
individualidad como trabajador se ha convertido hasta tal punto tan unilateral que
simplemente no posee las destrezas para cumplir una función diferente a la que
siempre se ha visto obligado despeñar. Con la imagen de la mutilación del individuo se
133
Capítulo III
señala, paradójicamente, su divisibilidad. El individuo no es para Marx un átomo, algo
acabado y dado al margen de las relaciones sociales que lo componen, todo lo
contrario, el individuo puede ser dividido. Siguiendo la sexta tesis sobre Feuerbach es
lícito sostener que el individuo no es indivisible y, por lo tanto, puede ser dividido porque
su individualidad no es más que el conjunto de las relaciones sociales74. Dichas
relaciones que lo constituyen, como se muestra con la subsunción operada en la
manufactura, son constantemente recompuestas en función de la producción de
plusvalor. Ahora bien, no es solamente en la subsunción en donde se opera el
trastocamiento del individuo, el proceso de desarrollo del modo de producción
capitalista, en sí mismo, supone la mutilación del individuo la cual se expresa en su
corporalidad.
4.3.3 El individuo dividido como cuerpo mutilado
En la caracterización del denominado modo de producción asiático, es decir, del modo
de producción fundado en la propiedad colectiva de la tierra y que constituye la base
de toda formación social75, Marx desarrolla la dimensión corporal de la individualidad.
En su unidad con la tierra, el individuo se comporta con ella como con su propio cuerpo,
en este caso las condiciones objetivas (la tierra) no se diferencian de las condiciones
subjetivas (el trabajo del individuo), en esa medida: “El individuo se comporta con las
condiciones objetivas del trabajo simplemente como con algo suyo, se comporta con
ellas tratándolas como naturaleza inorgánica de su subjetividad […]” (Marx, GR,1982,
p. 444). La noción de naturaleza inorgánica de la subjetividad es algo que, de entrada,
no resulta claro. No obstante, el siguiente fragmento de El Capital clarifica aquello a lo
que hace alusión: “[...] lo natural mismo se convierte en órgano de la actividad, en
órgano que el obrero añade a sus propios órganos corporales, prolongando así, a
despecho de la Biblia, su estatura natural” (Marx, C, 1975, p. 217.) De lo anterior se
74 “[…] la esencia humana no es algo abstracto inherente a cada individuo. Es, en su realidad,
el conjunto de las relaciones sociales […]” (Marx, TF, 2015b, p 109)
75 Sobre el modo de producción fundado en la propiedad comunal de la tierra como la base de
toda formación social nos remitimos a Tőkei quien puntualiza: “[…] we are free to use the term
Asiatic mode of production quite broadly, summing up with it all the forms of development based
on the communal ownership of land in all five continents, on the other hand, it is a handy way of
stressing the "Bronze Age" and "ancient Oriental" development of Asia (and North Africa) which
directly preceded historical Europe and, during the Antiquity and the Middle Ages, was its
contemporary” (1982, p. 302)
134
Capítulo III
sigue que la naturaleza inorgánica puede concebirse como un conjunto de órganos
corporales externos que el individuo agrega a sus propios órganos corporales76. La
indiferenciación entre individuo y naturaleza (la tierra, en este caso) en donde esta
constituye, tal y como su piel o sus manos, un órgano externo de su cuerpo es algo
que, con la disolución de los modos de producción fundados en la propiedad colectiva
de la tierra, da paso a una progresiva separación. Al diferenciarse de la tierra el
individuo es mutilado en su cuerpo inorgánico.
Con base en lo anterior, tiene sentido afirmar que las relaciones sociales que
constituyen al individuo tienen un carácter material. Pueden ser concebidas como
fuerzas que actúan sobre su corporalidad. Tal y como la disolución del modo de
producción asiático y sus correspondientes relaciones sociales de producción tiene
como efecto material la separación del individuo y la tierra, la cual deja de ser su
naturaleza inorgánica; en el caso de la subsunción real, la transformación del modo de
producción y sus relaciones sociales de producción tiene efectos sobre la
individualidad. En el caso de la manufactura se opera una unilateralización de la fuerza
de trabajo la cual es mutilada en tanto se especializa en una única función. En este
caso es legítimo sostener nuevamente que el individuo como trabajo vivo o cuerpo
viviente es, en términos de Marx, dividido en función de las necesidades de la
producción de plusvalor.
En último término, hay cierta similitud entre la noción de individuo en Marx y la crítica
de Nietzsche al atomismo. Para Nietzsche, el atomismo es entendido como la creencia,
propia del platonismo y el cristianismo, que concibe el alma como algo indestructible,
eterno, indivisible, como una mónada o un átomo (Cf, 2018, p. 50). Frente a tal creencia
“[…] conceptos como el «alma mortal», el «alma como multiplicidad del sujeto» o el
«alma como estructura social de las pulsiones y afectos» quieren poseer a partir de
ahora derechos de ciudadanía en las ciencias” (2018, p. 50). De cierta manera, los
76 Nuestra interpretación de naturaleza inorgánica es afín a la de Butler. Según la autora,
influenciado por Hegel, Marx concibe la naturaleza inorgánica en los manuscritos como algo
externo al individuo pero que, sin embargo, es parte de su propio cuerpo. La naturaleza es
inorgánica en la medida en que es una extensión externa del cuerpo individual: “[…] ¿En qué
sentido la madera, por ejemplo, es inorgánica? ¿O bajo qué condiciones la madera se vuelve
inorgánica en el sentido postulado por Marx? Entiendo que, en primer lugar, la naturaleza
orgánica está animada, mientras que la naturaleza inorgánica permanece inanimada o no-
animada, y, en segundo lugar, que un árbol se concibe como orgánico hasta que se transforma
en madera utilizable y, por lo tanto, se convierte en "inorgánico" en los términos de Marx” (Butler,
2020, p. 498)
135
Capítulo III
conceptos enunciados por Nietzsche ponen de manifiesto una crítica al alma la cual
tendría un carácter perecedero como el cuerpo, sería algo no unificado y,
especialmente, sería una estructura social constituida por pasiones. Podríamos
establecer un paralelo entre la crítica nietzscheana del atomisno y la concepción
marxiana del individuo el cual, al igual que el alma en Nierzsche, sería algo corporeo ,
múltiple (poseedor de mercancía, trabajador, consumidor, etc) y por sobre todo una
estructura social.
4.3.4 El cuerpo mutilado como pieza de la máquina
Como mencionamos antes, el obrero unilateral que se especializa en una única función
dentro de la manufactura supone aun un obstáculo para el capital: “Aunque la
manufactura […] además de la gradación jerárquica de los obreros establece una
separación simple entre obreros calificados y no calificados, la influencia preponderante
de los primeros hace que el número de los últimos se mantenga muy restringido” (Marx,
C, p. 447). Para determinados trabajos sigue siendo imprescindible un prolongado
periodo de aprendizaje y la correspondiente experiencia del saber hacer que convierte
al obrero diestro, en ciertos casos, en un factor imprescindible. Frente a ello, de las
mismas entrañas de la manufactura, emergen las maquinas:
[…] estas eliminan la actividad artesanal en cuanto principio regulador de
la producción social. Se suprime así, por una gran parte, en fundamento
técnico de la anexión vitalicia al obrero a una función parcial. Y caen, por
otra parte, las barreras que ese mismo principio oponía aun a la dominación
del capital (C, p. 449)
A causa de la máquina se acaba la anexión vitalicia del obrero unilateral a su función
en la manufactura. La experiencia incorporada en su cuerpo, su virtud de saber manejar
determinadas herramientas que nadie más maneja, deja de ser importante. Así, el
individuo deviene una pieza más en el funcionamiento de la maquinaria y con ello la
dominación del capital termina de rebasar todos los límites que, tanto subjetiva como
objetivamente, se le enfrentan. Sin embargo, es preciso entender en qué consiste la
136
Capítulo III
máquina y como la industria convierte el cuerpo mutilado del obrero en una pieza más
de su funcionamiento.
En el capítulo acerca de la maquinaria y la gran industria Marx escribe: “En la
manufactura, la revolución que tiene lugar en el modo de producción toma como punto
de partida la fuerza de trabajo; en la gran industria, el medio de trabajo” (C, p. 451). Es
crucial entonces resaltar el hecho de que es gracias a la revolución en el medio de
trabajo que el individuo se hace prescindible en el proceso de producción. El medio de
producción por excelencia en la manufactura es la herramienta especializada, esta es
reemplazada por la máquina, sin embargo, no es claro aquello que diferencia a la
máquina de la herramienta. Por ejemplo, plantea Marx, se cree encontrar esta
diferencia en el hecho de que en la herramienta la fuerza motriz es humana y en el
caso de la maquina la fuerza motriz es de origen natural (el agua, el viento, un animal,
etc.). Tal distinción no es precisa ya que, por ejemplo, al ser el empleo de la fuerza
animal uno de los más antiguos métodos de producción (en el arado, por ejemplo) la
producción basada en máquinas sería previa incluso a la producción artesanal, lo cual
no tiene mucho sentido (Cf, C, p 452). En esa medida, la especificidad de la máquina
no radica en su fuerza motriz, sino en su capacidad de poner en movimiento
herramientas de manera simultánea, así: “Toda maquinaria desarrollada se compone
de tres partes esencialmente diferentes: el mecanismo motor, el mecanismo de
transmisión, y finalmente la máquina-herramienta o máquina de trabajo” (C, p. 453). El
mecanismo motor que transmite energía y pone en movimiento herramientas supone
una transformación de las condiciones en que se realiza el proceso de trabajo, en “[…]
la máquina-herramienta […] reaparecen, en líneas generales aunque en forma muy
modificada, los aparatos y herramientas con los que trabajan el artesano y el obrero
manufacturero, pero ya no como herramientas del hombre sino como un mecanismo,
como herramientas mecánicas” (p. 454). Al dejar de ser herramientas manejadas por
individuos y convertirse en mecánicas, la escala en que se emplean es mayor, así: “El
número de herramientas con que opera simultáneamente una máquina herramienta, se
ha liberado desde un principio de las barreras orgánicas que restringen la herramienta
la obrero” (C, p. 455).
Ahora bien, esta mayor escala en el empleo de herramientas mecánicas solamente es
posible con una revolución técnica, en el caso de la investigación de Marx, el
trastocamiento de la base técnica del modo de producción se debe a la aparición de la
máquina de vapor: “El gran genio de Watt se pone de manifiesto en la especificación
137
Capítulo III
de la patente que obtuvo en abril de 1783, y en la cual no describe su máquina de vapor
como invento para fines especiales, sino como agente general de la gran industria” (C,
p. 459). Es decir, la máquina de vapor constituye la fuerza motriz sobre la que se
movilizan diferentes tipos de máquinas-herramientas, la revolución industrial operada
con la máquina de vapor en este caso trastoca los límites de la herramienta como
extensión del cuerpo humano convirtiéndola en una extensión de la fuerza mecánica
de la máquina de vapor y de esa manera volviendo a la relación individuo-herramienta
secundaria: “Sólo después de que las herramientas se transformaron de instrumentos
del organismo humano en herramientas pertenecientes a un aparato mecánico, a la
máquina-herramienta, también la maquina motriz revistió una forma autónoma,
completamente emancipada de las barreras inherentes a la fuerza humana” (C, p. 460).
El rebasamiento de las barreras inherentes a la fuerza de trabajo humana es, en este
caso, diferente del operado en la manufactura; allí el obrero parcial, incorporado en el
organismo, hace uso de su herramienta, sin embargo: “Si bien el obrero ha quedado
incorporado al proceso, también es cierto que previamente el proceso ha tenido que
adaptarse al obrero” (C, p. 463). Esta adaptación del proceso al individuo en su calidad
de usuario de una herramienta contrasta con lo que ocurre en la industria en dónde
opera un sistema de máquinas-herramientas: “En la producción fundada en la máquina
queda suprimido este principio subjetivo de la división del trabajo” (Marx, C, p. 464). La
supresión del principio subjetivo consiste en que el sistema de máquinas, en su
conjunto, está dispuesto de manera tal que las habilidades del obrero son irrelevantes:
“La capacidad de manejar una herramienta parcial se convierte en la especialidad
vitalicia de servir a una maquina parcial. Se utiliza abusivamente la maquinaria para
transformar al obrero, desde su infancia, en parte de una maquina parcial” (Marx, C, p.
515). Al convertirse en una parte de una maquina específica, el obrero se encuentra en
una posición de desventaja frente al capital en la medida en que, a diferencia de la
manufactura, el manejo de la herramienta y la experiencia incorporada en su cuerpo es
algo irrelevante. Marx utiliza la imagen del autómata para referirse a la máquina. Se da
un tránsito entre el obrero colectivo como el cuerpo con órganos humanos de la
manufactura, al autómata de la fábrica: “En la manufactura los obreros son miembros
de un mecanismo vivo. En la fábrica existe un mecanismo inanimado independiente de
ellos, al que son incorporados como apéndices vivientes” (C, p. 515). Es en la
independencia del mecanismo en relación con sus apéndices vivientes, los cuales bien
pueden ser reemplazados como piezas defectuosas, que se constata el operar de la
subsunción.
138
Capítulo III
Al no ser necesarios obreros calificados en el manejo de determinadas herramientas,
el trabajo fabril se vale de todo tipo de mano de obra no calificada. Esta transformación
del modo de producción más allá de los límites establecidos muestra que el operar de
las relaciones de coerción tiene efectos, tanto el individuo como en sus condiciones las
cuales son dispuestas de manera tal que el capital ejerce su dominio con total
independencia: “Mediante su transformación en autómata, el medio de trabajo se
enfrenta al obrero, durante el proceso mismo de trabajo, como capital, como trabajo
inanimado que domina y succiona la fuerza de trabajo viva” (C, p. 516). Es en último
término, el trabajo vivo entendido como la corporeidad del obrero es aquello que pone
en movimiento los medios de producción, esto incluso si los medios de producción se
le enfrentan como algo que lo domina y con respecto a lo cual este no es más que una
pieza intercambiable.
En la exposición precedente podemos identificar dos momentos: un primer momento
correspondiente al obrero colectivo constituido como un cuerpo cuyos órganos, pese a
ser individuos mutilados, siguen siendo sujetos o usuarios de herramientas. Luego, un
segundo momento, correspondiente al autómata compuesto por un sistema de
máquinas en dónde los individuos pasan a ser auxiliares de máquinas-herramientas y
son, por tanto, reducidos a piezas de las cuales se extrae plustrabajo. Estos dos
momentos pueden ser interpretados bajo las nociones de sujeción social y esclavitud
maquínica:
Hay esclavitud cuando los hombres son piezas constituyentes de una
máquina, que componen entre sí y con otras cosas (animales,
herramientas) bajo el control y la dirección de una unidad superior. Y hay
sujeción cuando la unidad superior constituye al hombre como un sujeto
que remite a un objeto que ha devenido exterior, tanto si ese objeto es un
animal, una herramienta o incluso una maquina: en ese caso el hombre ya
no es un componente de la máquina, sino obrero, usuario, está sujeto a la
máquina, y ya no esclavizado por la maquina (Deleuze & Guattari, 2020, p.
586)
La distinción entre esclavitud maquinica y sujeción social es clave ya que en ella se
señala cómo las transformaciones técnicas van acompañadas de formas particulares
139
Capítulo III
de dominación. Estas formas bien pueden dar cierto margen de acción al individuo,
como es el caso de la subsunción en dónde se conserva cierta base técnica dada
previamente, o incluso en aquella en dónde se producen cambios en el modo de
porducción los cuales se operan sobre la relación del individuo con los medios de
producción. No obstante, cuando la transformación está dada en el modo de porducción
mismo y se avanza hasta cierto grado de atomatización de los medios de producción,
la relación entre individuo y medio de producción deja de ser una relación de sujeción
para devenir relación de esclavitud maquinica: el individuo deviene pieza de la
maquina. Más allá de su especificidad, ambas formas coexisten. Siempre hay sectores
del cuerpo social en donde la subsunción del modo de porducción se da sobre ciertos
limites dando lugar a formas de dominación basadas en la sujeción social ; y otros en
donde su base técnica es trastocada dando lugar progresivamente a la esclavitud
maquinica. Cualquiera sea el caso, la base tecnica sobre la que se da la subsunción
del modo de producción capitalista está siempre atravesada por relaciones de poder
específicas sobre los individuos y sus cuerpos, las cuales posibilitan la extracción de
plsutrabajo. Siguiendo a Foucault: “[…] las mutaciones tecnológicas del aparato de
producción, la división del trabajo y la elaboración de los procedimientos disciplinarios
han mantenido un conjunto de relaciones muy estrechas” ( 2003, p. 224). Es en el
operar de estos procedimientos de poder donde se efectúa la subsunción y, por lo tanto,
la dominación del capitalismo sobre la sociedad.
4.4 Los resultados [provisionales] de la dominación del capital
sobre la sociedad
A partir de una lectura de las secciones III, IV y V de El Capital, a lo largo de este
capítulo nos hemos ocupado de caracterizar la tendencia del modo de producción
capitalista a someter modos de producción precapitalistas que le son contemporáneos
y con los cuales coexiste. Dicha tendencia, entendida bajo la noción de subsunción,
nos llevó a establecer dos momentos (subsunción formal y subsunción real) que en su
articulación constituyen una lógica en donde, en un primer momento, el capitalismo
somete otros modos de producción conservando los límites técnicos previamente
dados, en otras palabras, toma esos otros modos de producción tradicionales tal y
como los encuentra históricamente desarrollados; y, en un segundo momento, trastoca
las barreras técnicas de esos modos de producción, e incluso sus propios límites
140
Capítulo III
técnicos como modo de producción específicamente capitalista. El capitalismo se
recompone constantemente dado su carácter revolucionario y por lo tanto debe
subsumir constantemente bajo su dominio relaciones sociales que operan bajo
diferentes bases técnicas.
Además de lo anterior, mostramos también que la subsunción, en su movimiento o
lógica de conservación y trastocamiento de límites técnicos, opera a través de
relaciones de poder y coerción que buscan ligar a los individuos a determinados
entramados o aparatos técnicos de producción. Los efectos de las relaciones de poder
y coerción son constatables sobre el cuerpo de la fuerza de trabajo, el trabajo vivo, el
cual pese a ser convertido en pieza del engranaje del capital, supone un límite que es
constantemente desplazado por la necesidad de apropiación de plustrabajo. En este
constante ejercicio de sometimiento de la fuerza de trabajo se constata la manera en
que el capitalismo siempre desplaza las barreras que el mismo crea: “La producción
capitalista tiende constantemente a superar esos límites que le son inmanentes, pero
solo lo consigue en virtud de medios que vuelven a alzar ante ella esos mismos límites
en escala aún más formidable” (Marx, CIII, 2020, p. 288). Las barreras técnicas,
consustanciales a los límites propios de la fuerza de trabajo humana, son superadas,
pero, en cierto punto, vuelven a erigirse como obstáculos a superar: a cada revolución
técnica del capitalismo impulsada por la necesidad irrefrenable de creación de plusvalor
le corresponde la producción de nuevas formas de dominación y control sobre la
sociedad. Los resultados de la dominación del modo de producción sobre la sociedad
siempre son resultados provisionales.
Con todo, no pretendemos desconocer el hecho bien señalado por Marx de que el
capitalismo tiene unas tendencias contradictorias. Como vimos en el capítulo anterior
de esta tesis, las crisis producidas por los ciclos de acumulación tienen su origen en
tendencias contradictorias en la composición orgánica del capital, es decir, en el hecho
de que hay un progresivo aumento del capital constante en detrimento del capital
variable77. El efecto de dichas crisis es la constitución de un ejército industrial de
reserva o población superflua que no puede ser absorbida directamente por el capital.
Sin embargo, las crisis, como expresiones de tendencias contradictorias del capital, no
conducen necesariamente al derrumbe del capitalismo como bien señalamos. Desde
el punto de vista por nosotros esbozado en este capítulo acerca de la subsunción, cada
77 Ver sección 3 del capítulo II de este trabajo
141
Capítulo III
crisis, producto del cambio en la composición técnica del capital, va aparejada de
nuevas formas de dominación. En esa medida, las contradicciones inherentes al capital
siempre tendrán contrapesos en las nuevas relaciones de poder a través de las que se
hace efectiva la subsunción. Nuestro punto de vista sobre esta cuestión en Marx es
similar al planteado por Gramsci quien, refiriéndose a las tendencias contradictorias del
capitalismo, menciona que:
Las fuerzas que contrarrestan la ley tendencial y que se resumen en la
producción de una plusvalía relativa creciente tienen su limites, dados, por
ejemplo, técnicamente por la extensión y la resistencia elástica de la
materia, y socialmente por la medida soportable de paro en una
determinada sociedad. O sea: la contradicción económica se convierte en
contradicción política y se resuelva políticamente en una inversión de la
práctica” (Gramsci, 1970, p. 445)
Que toda contradicción económica se resuelva políticamente implica, en términos de
nuestro problema, que pese a ser contradictorio, para Marx el capital despliega formas
de dominación política acorde a cada una de sus revoluciones técnicas. La subsunción
es entonces la manera en que el capital logra sortear los límites inherentes a la fuerza
de trabajo y los medios de producción, logrando siempre producir nuevas relaciones
de poder que ligan ambos: individuos y aparato productivo. En todo caso, nos
distanciamos de Gramsci en un punto, y es que, pese a reconocer el aspecto político
en el cual se resuelven las contradicciones economicas del capitalismo, existe en su
planteamiento la certeza acerca de un desarrollo pleno y último del capitalismo a partir
del cual sus contradicciones dejan de ser contrarrestadas:
¿Cuándo se puede imaginar que la contradicción llegará a un nudo
gordiano, irresoluble normalmente y necesitado de la intervención de una
espada de Alejandro? Cuando toda la economía mundial sea capitalista y
haya conseguido cierto grado de desarrollo; o sea, cuando la «frontera
movil » del mundo economico capitalista haya alcanzado sus columnas de
Hércules. (1970, p. 445)
Este planteamiento supone un ímite exterior al capitalismo: el de su total desarrollo en
la economía mundial. Pero, tal y como hemos visto, incluso con un amplio desarrollo,
142
Capítulo III
el capitalismo siempre es suceptible de modificar su base técnica y recomponerse
subsumiendo relaciones de producción dadas bajo diferentes tipos de bases técnicas
previamente desarrolladas. Así que, siguiendo la hipótesis de Gramsci, incluso cuando
toda la economía mundial sea capitalista, el modo de producción especificamente
capitalista no tendrá una forma definitiva, tendrá una tendencia a revolucionarse
continuamente. En oposición a Gramsci y con Guattari podemos decir:
A partir del momento en que el capitalismo ha invadido el conjunto de las
superficies económicamente explotables, deja de ser capaz de mantener el
impulso expansionista que lo caracterizaba durante sus fases coloniales e
imperialistas. De este modo, su campo de acción queda cercado y esto le
obliga a recomponerse constantemente sobre sí mismo, sobre los mismos
espacios, profundizando sus modos de control y de sometimiento de las
sociedades humanas (Guattari, 2004, p. 60-61)
Esta recomposición del capital sobre si mismo no es otra cosa que la imposibilidad (por
nostros planteada) de la subsunción real y por lo tanto el carácter siempre provisional
de toda forma de dominación del capital sobre la sociedad. Podriamos concluir diciendo
que tal vez lo realmente imporante del capital no son tanto sus contradicicones
estructurales, lo realmente importante es que el capital es capaz de subsumir o incluir
dentro de sí dichas cotradicciones a través de las relaciones de poder que siempre
acompañan sus sucesivas transformaciones técnicas.
143
Conclusiones
Conclusiones
La principal meta de este escrito consistió en abordar el problema ontológico del ser
social y la cuestión de la dominación. Ambos problemas se rastrearon a lo largo de la
exposición sistemática y casi arquitectónica del primer libro de El Capital. En última
instancia se procuró mostrar como esta obra puede ser leída en relación con tres
conceptos puntuales: sustancia social, dominación sobre los individuos, y subsunción
de la sociedad.
Sustancia social
Muchas veces en la teoría social, nociones generales como la sociedad o lo social
resultan bastante vagas. Abordar el ser social como categoría ontológica a través de
del concepto de sustancia social fue un intento por señalar atributos generales de lo
social que, de manera implícita, están presentes en la caracterización de trabajo
abstracto y valor en el primer capítulo de El Capital. Por lo tanto, aquello que Marx
denomina sustancia social puede entenderse como un todo compuesto de partes
individuales mutuamente relacionadas y variables; asimismo, lo social está dado por
procesos y es inmanente a determinados momentos históricos o modos de producción.
Por otro lado, el carácter inmanente de las categorías en Marx, y la manera en que
ellas expresan ciertos estados de cosas en la realidad social, supone entender que los
conceptos no son simples productos aislados de la reflexión, sino que es están en
tensión con el todo social del cual hacen parte. En ese orden de ideas, cualquier
generalización o uso trascendente de las categorías sociales deriva en un olvido de la
diferencia y especificidad de lo social en determinado estadio de la historia. Finalmente,
y en conexión con lo anterior, el hecho de que en Marx la noción de valor parta de la
cosa social misma, es decir, de la práctica concreta de intercambiar mercancías,
permite señalar que desde una perspectiva marxiana, los conceptos no están
145
Conclusiones
desvinculados de las prácticas. Esto es algo que puede entrar a dialogar con otras
perspectivas que en la filosofía y la ciencia social han resaltado algo similar78
Dominación de los individuos y subsunción de la sociedad
De cierta manera, aquello implícito en la segunda parte de esta monografía es que el
capital domina en la medida en que individualiza. Tal individualización, sin embargo, no
se da por relaciones o estructuras fijas, sino por procesos. Al ser el capital un proceso
total de producción que circula por el cuerpo social vincula a los individuos bajo
múltiples posiciones: poseedores de mercancías, trabajadores, capitalistas,
consumidores, etc. De ahí que la dominación del capital no pueda ser entendida bajo
la metáfora de la estructura y la superestructura. Por otro lado, la manera en que
aparece la dominación a la conciencia de los individuos depende de las formas sociales
objetivas (salario y redito), y no tanto de la falsa conciencia de los agentes sobre la
realidad. Estas formas sociales disponen aquello que puede ser visto y no visto (de
cierta manera podría existir una analogía entre estas formas sociales y la noción de
dispositivo). En adición a esto, la manera en que las leyes económicas propias del
capitalismo se efectúan permite concebir la dominación como algo cíclico cuyo
movimiento se da entre momentos de consenso (mantenimiento de la composición
orgánica del capital) y represión (cambio de la composición orgánica del capital). Ahora
bien, las leyes económicas del capitalismo son efectivas en tanto movilizan a los
agentes que por ellas son dominados, no obstante en su lógica propia tales leyes
inmanentes dan cabida a la resistencia donde se rompe la individualización del capital,
y también a momentos de crisis en donde lo surgen coyunturas políticas. Es en las
crisis en dónde se observa un entronque entre el movimiento de la acumulación
capitalista y la intervención de los individuos en la historia.
78 Por ejemplo, Foucault (2007) al igual que Marx se refiere a lo problemático que resulta el uso
de categorías universales que además estén desvinculadas de lo concreto de las prácticas: […]
en vez de partir de los universales para deducir de ellos unos fenómenos concretos, o en lugar
de partir de esos universales como grilla de inteligibilidad obligatoria para una serie de prácticas
concretas, me gustaría comenzar por estas últimas y, de algún modo, pasar los universales por
la grilla de esas prácticas (p.18). La similitud con respecto a la cuestión de las categorías en
Marx y Foucault es algo que podría profundizarse en posteriores reflexiones.
146
Conclusiones
La tercera y última parte de esta tesis buscó mostrar que la dominación previamente
caracterizada en la segunda parte de nuestro texto se da sobre un trasfondo. Es sobre
el terreno de la sociedad donde se levanta la dominación del capital sobre los
individuos. La perpetuación constante de la dominación del capital sobre los agentes
requiere la integración de la sociedad a las dinámicas sistémicas del proceso de
producción. Al coexistir con otros modos de producción que constituyen la sociedad
como tal, el capital busca integrar a la sociedad subsumiéndola en su lógica. Tal
subsunción no es en todo caso un periodo histórico específico, sino una lógica en donde
el capital constantemente incorpora a su movimiento procesos de trabajo (bien sea
transformando o conservando sus límites técnicos, pero en todo caso poniéndolos en
función de la creación de plusvalor). En esta dimensión, la subsunción opera y se hace
efectiva en relaciones de poder sobre los individuos y sus cuerpos. Los cuerpos son
transformados al ser ligados a los procesos de trabajo de un modo de producción que
está siempre en constante transformación técnica.
Finalmente, podríamos pensar que los individuos distribuidos sobre el cuerpo social
están siempre en la órbita de ese movimiento circular e incesante de la acumulación
capitalista que tiende a un centro invariable: la valorización y la creación de plusvalor.
Al mismo tiempo, y como complemento necesario de esta fuerza centrípeta propia de
la valorización, el capital tiene una fuerza centrífuga, la cual podría entenderse como
aquella tendencia a subsumir constantemente la sociedad a través de relaciones de
poder siempre provisionales, y que por lo tanto deben ser reconfiguradas y
recompuestas en función de cada revolución técnica. El juego de estas dos fuerzas
bien podría representar aquello que denominamos dominación de los individuos y
subsunción de la sociedad.
147
Bibliografía
Bibliografía
Adorno, T. (2005). Dialéctica Negativa. Akal.
Adorno, T. (2017). Sobre Marx y los conceptos fundamentales de la teoría
sociológica. Constelaciones, revista de Teoría Crítca, 8-9, 419-430.
Althusser, L. (1975). Elementos de autorcítica. Editorial Laia.
Althusser, L. (2002). Para un materialismo aleatorio. Arena libros.
Althusser, L. (2003). Marx dentro de sus límites. Akal.
Althusser, L. (2015). Sobre la reproducción. Akal.
Althusser, L., & Balibar, É. (1974). Para leer El Capital. Siglo Veintiuno Editores.
Backhaus, H.-G. (Enero de 1978). Dialéctica de la forma valor. Dialéctica, 4, 9-34.
Backhaus, H.-G. (1992). Between Philosophy and Science: Marxian Social Economy
as Critical Theory. En W. Bonefield, R. Gunn, & K. Psychopedis, Open
Marxism. Volume I: Dialectics and History (págs. 54-92). Pluto Press.
Balibar, É. (2000). La filosofía de Marx. Ediciones Nueva Visión.
Balibar, É. (2011). Marx's "two discoveries". Actuel Marx, 50, 44.
Balibar, É. (Mayo de 2016). De la antropología filosófica a la ontología social y
viceversa: ¿Qué hacer con la sexta tesis sobre Feuerbach? Revista
Demarcaciones, 4, 185-207.
Balibar, É. (2020). Spinoza, the transindividual. Edinburgh University Press.
Benjamin, W. (1972). Paris, capital del siglo XIX. En Iluminaciones II. Baudelaire, un
poeta en el esplendor del capitalismo. Taurus.
Bidet, J. (2012). Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos El
capital. Sobre por qué hay que transformarlo y cómo hacerlo. En F. F.
(Coord)., Marx. Releer El capital. Akal.
Bidet, J. (2016). Foucault with Marx. Zed Books.
Bourdieu, P. (2001). Las Estructuras Sociales de la Economía. Ediciones Manantial.
Butler, J. (2020). El cuerpo inorgánico en el joven Marx. Un concepto-limite del
antropocentrismo. Revista Latinoamericana de Estudios Críticos Animales, I,
477-506.
149
Bibliografía
Cohen, G. (1986). La teoría de la historia de Karl Marx. Una defensa. Siglo Veintiuno
Editores.
Deleuze, G. (2017). Derrames II: Aparatos de estado y axiomática capitalista (1 ed.).
Cactus.
Deleuze, G., & Guattari, F. (1985). El Anti Edipo, capitalismo y esquizofrenia. Paidós.
Deleuze, G., & Guattari, F. (2020). Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia (2 ed.).
Pre-Textos.
Derrida, J. (1998). Espectros de Marx. El estado de la deuda, el estado de duelo y la
nueva internacional. Editorial Trotta.
Dussel, E. (1985). Circulación como la totalidad del proceso del capital. En La
producción teórica de Marx : un comentario a los grundrisse. Siglo Veintiuno
Editores.
Elias, N. (1990). La sociedad de los individuos. En N. Elias, La sociedad de los
individuos. Ediciones Península.
Elson, D. (1979). The value theory of labour. En D. Elson, Value. The representation
of labour in capitalism. CSE Books.
Engels, F. (1974). F. Engels A Franz Mehring. En K. Marx, & F. Engels, Obras
escogidas. Tomo III. Editorial progreso.
Engels, F. (2014). Anti-Dühring. La revolución de la ciencia por el señor Eugen
Dühring. Fundación Federico Engels.
Federici, S. (2010). Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria.
Traficantes de sueños.
Foucault, M. (1996). La verdad y las formas jurídicas. Editorial Gedisa.
Foucault, M. (2003). Vigilar y castigar. Siglo Veintiuno.
Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica.
Gould, C. (1983). Ontología social de Marx. Individualidad y comunidad en la teoría
marxista de la realidad social. Fondo de Cultura Económica.
Gramsci, A. (1970). Antologia. Siglo Veintiuno.
Guattari, F. (2004). Plan sobre el planeta. Capitalismo mundial integrado y
revoluciones moleculares. Traficantes de sueños.
Habermas, J. (1992). Teoría de la acción comunicativa II. Taurus Ediciones.
Hegel, G. (2017). Fenomenología del espiritu (2 ed.). Fondo de Cultura Económica.
150
Bibliografía
Heinrich, M. (2012). An Introduction to the Three Volumes of Karl Marx's Capital.
Monthly Review Press.
Heinrich, M. (2021). How to read marx’s capital. Monthly Review Press.
Jameson, F. (2011). Representing Capital. A commentary on volume one.
Kosík, K. (1976). Dialectics of the concrete. D Reidel Publishing Company.
Laclau, E. (2000). Nuevas Reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo.
Ediciones Nueva Visión.
Lukács, G. (1970). Historia y conciencia de clase. Editorial de ciencias sociales.
Lukács, G. (2007). Marx, ontología del ser social. Akal.
Marx, K. (1971). Libro I, Capítulo IV(Inédito) Resultados del proceso inmediato de
producción. Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K. (1975). El Capital (Tomo I). Ciudad de Mexico: Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K. (1976). Glosas Marginales al "Tratado de economía política" de Adolph
Wagner. En Estudios sobre El Capital (págs. 171-183). Siglo Veintiuno
Editores.
Marx, K. (1982). Elementos Fundamentales para la Crítica de la Economía Política
(Grundrisse) 1857-1858 (Vol. 1). Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K. (1983). Elementos Fundamentales para la Cítica de la Economía Política
(Grundrisse) 1857-1858 2 (Vol. 2). Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K. (1987). Miseria de la Filosofía (10 ed.). Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K. (1989). Contribución a la crítica de la economía política. Editorial Progreso.
Marx, K. (2001). Manuscritos de economía y filosofía. Alianza Editorial.
Marx, K. (2003). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Fundación Federico
Engels.
Marx, K. (2008). Contribución a la Crítica de la Economía Política. Siglo Veintiuno
Editores.
Marx, K. (2015a). El porvenir de la comuna rural rusa. En K. Marx, Antología. Siglo
Veintiuno.
Marx, K. (2015b). Tesis sobre Feuerbach. En K. Marx, Antología. Siglo Veintiuno.
Marx, K. (2017). El Capital (Tomo III). Siglo Veintiuno Editores.
Marx, K., & Engels, F. (1971). La Sagrada Familia o Crítica de la crítica crítica (2 ed.).
Editorial Claridad.
151
Bibliografía
Marx, K., & Engels, F. (1976). Obras Escogidas. Tomo I. Editorial Progreso, Moscú.
Marx, K., & Engels, F. (2014). La Ideología Alemana. Akal.
Marx, K., & Friedrich, E. (2015). Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850.
Fundación Federico Engels.
Negri, A. (2017). Marx and Foucault. Polity Press.
Nicolaus, M. (Julio-Agosto de 1968). El Marx Desconocido. Pensamiento Crítico, 18-
19, 185-213.
Nietzsche, F. (2018). Más allá del bien y del mal. Tecnos.
Rancière, J. (2016). The Concept of Critique and the Critique of Political Economy:
From the 1844 Manuscripts to Capital. En Reading Capital, the complete
edition. Verso.
Reichelt, H. (2017). La Teoría Crítica como programa de una nueva lectura de Marx
(Vols. 8-9). Constelaciones: Revista de Teoría Crítica.
Ruschig, U. (2017). Der Begriff der Substanz bei Marx. De Gruyter, 4, 49-85.
Scaron, P. (1971). Advertencia del traductor. En K. Marx, El Capital, libro I, capítuo VI
(inédito). Resultados del proceso inmediato de producción (págs. XIII-XVI).
Sohn-Rethel, A. (2001). Trabajo intelectual y trabajo manual. Crítica de la
epistemología. El viejo topo.
Stahl, G. (1975). Marx & Heidegger. Gerry Sathl.
Tőkei, F. (1982). Some Contentious Issues in the Interpretation of the Asiatic Mode of
Production. Contemporany Asia, 294-303.
Tossel, A. (Octubre de 2000). Centralidad y no centralidad del trabajo o la pasión de
los hombres superfluos. Herramienta, 14. Obtenido de
[Link]
[Link]
152