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Unidad Familiar Cristiana

Curso Damas
RENOVADA

Lección 9
El regalo de vivir en la verdad.

Introducción
Julia quería hacer todo lo posible por obtener su libertad y era evidente porqué. Con fuerte emoción conto lo difícil que
había sido su vida con un padre alcohólico muy violento, abuso sexual, pornografía, experiencias demoniacas en su
dormitorio, etc. Después de orar pidiendo libertad, comenzó a leer y conocer la verdad de la Palabra. Abrumada con la
verdad de quien es Dios y quien es ella en Cristo, comento ¡Vaya esto es increíble!

La verdad libera:
Nuestro Señor acababa de tomar la última cena con sus discípulos antes de ir a la cruz. Él sabía cuál sería su destino y
estaba a punto de dejar a once de los apóstoles que había escogido, quienes tendrían que enfrentar la oposición del dios
de este mundo y continuar la obra que Cristo había comenzado. Satanás ya había engañado a Judas uno de los discípulos
para que traicionara a Jesús. Jesús se volvió a su Padre y oro “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del
mal” (Jn. 17:15). Su oración revelo como puede alcanzarse esta libertad “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad”
(v.17).

El creer la verdad acerca de Cristo, quien es, porque vino y quienes somos en Él, es la base de esa libertad. El saber la
verdad que está escrita en la Palabra de Dios es la marca de un verdadero discípulo “Si vosotros permaneciereis en mi
palabra, series verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn. 8:31-32). El
conocimiento de la verdad es nuestra primera línea de defensa contra el padre de las mentiras. Reconocemos esa verdad
en lo íntimo de nuestro ser (Sal. 51:6), porque la verdadera fe es más que un consentimiento intelectual o una acumulación
de conocimientos. La verdad de Dios tiene que penetrar en nuestros corazones, el centro de nuestro ser. Solo así su verdad
puede traer libertad y producir cambios eternos en el interior de la persona.

La necesidad de honestidad:
Hemos sido llamados a decir la verdad en amor y caminar en la luz, lo que significa que nuestras vidas deben ser
transparentes delante de Dios y de los demás. Menos que eso es vivir una mentira. El rey David estaba viviendo una farsa
cuando encubrió su pecado con Betsabe, por lo cual sufrió grandemente. Finalmente encontró su libertad cuando
reconoció la verdad y escribió “Bienaventurado es el varón… en cuyo espíritu no hay engaño” (Sal. 32:2).

Las personas esclavizadas al pecado mienten. Los bulímicos mienten acerca de sus comilonas y sus purgas; los alcohólicos
esconden la adicción y la guardan en lugares secretos de su casa; los adictos sexuales pueden ocultar su pecado durante
años. El primer paso en la recuperación es enfrentar la verdad y dejar de negarla. Lo único que el cristiano debe admitir es
la verdad “Si decimos que andamos con Él y andamos en las tinieblas mentimos y no practicamos la verdad; pero si
andamos en la luz, tenemos comunión los unos con los otros y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”
(1ª. Jn. 1:6-7).

La razón principal por la que Julia la joven de nuestra historia encontró tanta resolución, es porque no oculto su pasado.
Ella estuvo dispuesta a caminar en la luz y decir la verdad. Y así encontró perdón, purificación, y libertad. La verdad nunca
es un enemigo, siempre es un amigo libertador. Jesús es la perfecta personificación de la verdad, la luz liberadora, el mejor
amigo que un hombre o una mujer puedan tener. En Él no existen tinieblas, Jesús es la verdad y Él libera a las personas
honestas.
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RENOVADA

Satanás el impostor: Jesús describió a Satanás como padre de mentiras. “Cuando habla mentiras, de lo suyo habla;
porque es un mentiroso y padre de mentira.”(Jn. 8:44). Satanás no puede hablar de la verdad porque no hay verdad en él,
pero si puede distorsionarla, llegando incluso a citar las escrituras como cuando tentó a Jesús. Satanás esclaviza a través
del engaño y cegando el entendimiento de los incrédulos (2ª. Co, 4:4). Su poder esta en la mente y su lucha es por la
mente. Si él logra engañar a un creyente para que crean algo falso lo mantendrá espiritualmente impotente. Como no
puede hacer nada respecto a nuestra identidad y posición en Cristo, si logra hacernos creer que no es cierto, entonces
viviremos con esa falsa creencia.

Cuando las mentiras se ponen al descubierto. Satanás pierde su poder sobre el creyente. Para muchos que han estado
engañados durante años, pedirle al Señor que revele el engaño y expresar las verdades en las declaraciones doctrinales de
la siguiente lección constituyen una experiencia poderosa. Algunos adquieren mayor seguridad cuando declaran la verdad.
La mayoría de los cristianos desean honestamente vivir vidas justas pero tienen un concepto de Dios distorsionado o
ignoran su posición e identidad en Cristo. Cuando usted haga la declaración pública de fe, estará escogiendo la verdad de
Dios acerca de su naturaleza, su carácter y el plan redentor para su vida.

Como enfrentar el engaño:


La lucha es por la mente, y satanás tergiversara las escrituras o nos dirá medias verdades para engañarnos, así que debemos
confiar en Dios, a fin de que nos muestre el engaño, recordando que las armas con las que peleamos no son de este mundo.
Por el contrario son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas (2ª. Co. 10:4-6). Usamos la verdad para derribar
argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios y llevando cautivo todo pensamiento a la
obediencia a Cristo (2ª. Co. 10:4-6).

Una mujer que estaba conociendo la verdad, de repente dijo: ¿sabes lo que estoy escuchando ahora? ¡Es tan solo un
pensamiento, tan solo es eso no tengo que creer más esa basura! Ella comprendió cual era la lucha y entonces ésta ya no
tuvo poder sobre ella. Otra señora imprimió una cantidad de tarjetas y comenzó a pasearlas a todo el que las quisiera
recibir, cada una contenia las siguientes preguntas ¿de dónde provino ese pensamiento? ¿de un Dios amoroso? Si las voces,
ruidos o risas parecen abrumarlo, deténgase y ore. Si usted expone las mentiras y la lucha por su mente e ignora las
distracciones mientras continuas con los pasos, podrá mantenerse el control de la situación. La libertad no la obtendremos
cuando espantamos las moscas (demonios), sino cuando sacamos la basura (pecados). La forma como vencemos al padre
de mentira es escogiendo la verdad. No hemos sido llamados a disipar las tinieblas, sino a encender una luz.

La libertad llega progresivamente a medida que resolvemos los conflictos. El ruido en su cabeza es solo un intento del
enemigo de sacarlo del camino que lo llevara a la libertad. Si le parece que no va a poder continuar ore en voz alta:
“Renuncio a este ataque y anuncio que mi cuerpo es el templo del Espíritu Santo y decido continuar en busca de mi
libertad.”

Las escrituras nos enseñan que en los postreros días algunos apostatarán de la fe escuchando a espíritus engañadores (1ª.
Ti. 4:1). Podemos también ser engañados por el mundo, engañarnos a nosotros mismos y defendernos erróneamente.
Necesitamos la ayuda de Dios para poder determinar si ha ocurrido un engaño. Ora para confesar cualquier modo en que
hayas cedido al engaño o en que se haya defendido indebidamente. No puede renovar su mente instantáneamente pero
el proceso nunca empezara a menos que reconozca las fortalezas mentales del enemigo o los mecanismos de defensa a
los cuales a veces se les llama patrones carnales.

Diferentes maneras de ser engañado por el mundo:

• Haciéndole creer que adquirir dinero y cosas le brindara felicidad perdurable (Mt. 13:22; 1ª. Ti. 6:10)
• Haciéndole creer que comer y beber alcohol en exceso puede aliviar su estrés y darle felicidad (Pr. 23:19-21)
• Haciéndole creer que un cuerpo atractivo y una personalidad encantadora conseguirán lo que necesita (Pr. 31:30)
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• Haciéndole creer que el satisfacer la lujuria sexual le traerá satisfacción duradera (Ef. 4:22; 1ª. Pe. 2:11)
• Haciéndole creer que puede pecar sin tener ninguna consecuencia negativa (Heb. 3:12-13)
• Haciéndole creer que necesita más de lo que Dios le ha dado en Cristo (2ª. Co. 11:2-4)
• Haciéndole creer que las personas injustas que no quieren aceptar a Cristo irán de todos modos al cielo (1ª. Co.
6:9)
• Haciéndole creer que puede asociarse con malas compañías sin corromperse (1ª.Co.15:33-34 )

Confiando en la verdad.
Las tácticas equivocadas que hemos empleado para escudarnos del dolor y del rechazo a menudo están profundamente
arraigadas en nuestras vidas. Quizás necesite disciplina o consejería adicional para aprender a dejar que Cristo sea su roca,
su fortaleza, su liberador y su refugio. A medida que aprenda más cuan amoroso, poderoso y protector es Dios, le será más
fácil confiar en Él. A medida que entienda como Él lo acepta totalmente en Cristo le será más fácil ser franco, sincero y (en
una manera sana) vulnerable ante Dios y los demás. El movimiento de la nueva era ha distorsionado el concepto de la fe
al enseñar que si creemos en algo lo convertiremos en realidad. Eso es falso. No podemos crear la verdad con la mente,
solo Dios puede hacer eso. Nuestra responsabilidad es enfrentar la realidad y creer que lo que Dios dice es verdad.

La verdadera fe bíblica, por lo tanto, decide creer y obrar basado en la verdad porque Dios dijo que es verdad y Él es la
verdad. La fe es algo que decide hacer, no algo que tiene ganas de hacer. Creer algo no lo convierte en realidad; ya es
verdad, por consiguiente ¡decidimos creerlo! La verdad no está condicionada a que la creamos o no. Todo el mundo vive
por fe. La única diferencia entre la fe cristiana y la fe no cristiana es el objeto de esa fe. Si el objeto de esa fe no es digno
de confianza, no hay fe grande ni pequeña que pueda cambiar las cosas. Por eso nuestra fe debe estar cimentada sobre la
roca solida del carácter perfecto e inmutable de Dios y la verdad de su Palabra.

Durante dos mil años los cristianos han entendido la importancia de declarar la verdad de manera verbal y bíblica. Lea en
voz alta las siguientes declaraciones de la verdad y reflexione con cuidado en lo que está profesando. Quizás le ayude
leerlas en voz alta a diario por varias semanas, lo cual le ayudara a renovar su mente a la verdad.

• Reconozco que solo hay un Dios vivo y verdadero que existe como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Él es digno
de toda honra, alabanza y gloria como el único que hizo todas las cosas y en Él subsiste todo cuanto existe. (Ex.
20:2-3; Col. 1:16-17).
• Reconozco a Jesucristo como el Mesías, el Verbo que se hizo carne y moro entre nosotros. Creo que Él vino para
deshacer las obras del diablo, que despojo a los principados y a las potestades, que los exhibió públicamente y
que triunfo sobre ellos (Jn. 1.1, 14; Col. 2:15; 1ª. Jn. 3:8)
• Creo que Dios demostró su amor hacia mí en que aunque yo era pecador Cristo murió por mí. Creo que Él me ha
libertado del dominio de las tinieblas y me ha trasladado a su reino y que en Él tengo redención, el perdón de
pecados (Ro. 5:8; Col. 1:13-15).
• Creo que ahora soy hijo de Dios y que estoy sentado en los lugares celestiales. Creo que fui salvo por la gracia de
Dios, por medio de la fe y que esto fue un regalo y no el resultado de ninguna obra por mi parte (Ef. 2:6-9; 1ª. Jn
3:1-3)
• Decido ser fuerte en el Señor, y en la fuerza de su poder. No pongo mi confianza en la carne, porque las armas de
nuestra milicia no son carnales, sino divinamente poderosas para la destrucción de fortalezas. Me pongo toda la
armadura de Dios. Decido estar firme en mi fe y resistir al maligno (2ª. Co. 10:4; Ef. 6:10-20; Fil. 3:3)
• Creo que separado de Cristo no puedo hacer nada por eso declaro mi total dependencia en Él. Decido permanecer
en Cristo para llevar mucho fruto y glorificar a mi Padre. Anuncio a satanás que Jesús es mi Señor. Rechazo todas
y cada uno de los dones u obras falsificadas de satanás en mi vida (Jn. 5:8; 1ª Co. 12:3)
• Creo que la verdad me hará libre y que Jesús es la verdad. Si Él me hará libera, seré libre de verdad. Reconozco que
caminar en la luz es la única senda de verdadera comunión con Dios y los hombres. Por lo tanto, me opongo a todo
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engaño de satanás al llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. Declaro que la biblia es la única
norma autorizada de verdad y de vida. (Jn. 8:32; 14:6; 2ª. Co. 10:5)
• Decido presentar mi cuerpo a Dios como sacrificio vivo y santo y los miembros de mi cuerpo como instrumentos
de justicia. Escojo renovar mi mente por la Palabra viva de Dios y así comprobar que la voluntad de Dios es buena,
agradable y perfecta. Me despojo del viejo hombre con sus prácticas malignas y me revisto del nuevo hombre.
Declaro ser una nueva criatura en Cristo (Ro. 6:13; 12:1-2; 2ª. Co.5:17)
• Por fe decido estar lleno del Espíritu para que pueda ser guiado a toda verdad. Resuelvo andar en el Espíritu y no
satisfacer los deseos de la carne (Jn. 16:13; Ga. 5:16; Ef. 5:18)
• Renuncio a todo propósito egoísta y prefiero el designio supremo del amor. Escojo obedecer a los dos
mandamientos más grandes: amar al Señor mi Dios con todo mi corazón, con toda mi alma, con toda mi mente y
con todas mis fuerzas y amar a mi prójimo como a mí mismo (Mt. 22:37-39; 1ª.Ti.1:5).
• Creo que el Señor Jesucristo tiene toda potestad en el cielo como en la tierra y que está sobre todo principado y
potestad. Estoy completo en Él, creo que satanás y sus demonios están sujetos a mi en Cristo, ya que soy miembro
del cuerpo de Cristo. Por tanto, obedezco al mandato de someterme a Dios y resistir al diablo y ordeno a satanás
en el nombre de Jesucristo que se vaya de mi presencia (Mt. 28:18; Ef. 1:9-23; Col. 2:10; Stgo 4:7)

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