Memorias de un Arquitecto en los 60
Memorias de un Arquitecto en los 60
E NT R E V I STA - D É CA D A 6 0
MIGUEL BAUDIZZONE
Entrevista realizada en Buenos Aires, el 23 de agosto de 2004
Por Juan Molina y Vedia
Yo entré diciembre del 59 comienzos del 60. Hicimos el curso de ingreso del verano 59-60. Yo venía de
un colegio secundario que para mi fue difícil en el sentido de muy difícil insertarme, porque lo hice en el
Nacional Sarmiento; que era una extraña mezcla entre un colegio “nido de nazis” y fascistas; y por otro lado
tipos progresistas. Era un colegio dividido en dos mundos, con algunos profesores posibles, pero en general
con una gran mediocridad, y con una gran tensión que me costó mucho recorrer… Empecé entonces La
Universidad y fue como una situación muy rara, porque entre otras cosas por sorteo, empecé a ir a la noche.
Y entré muy chico a La Facultad, tenía dieciséis años, por eso ahora puedo tener cuarenta años de profesión.
Yo había dado grados libres porque mi familia no quería que yo estuviera en la escuela primaria peronista,
que había que escribir tantas veces “la razón de mi vida”. Mi primer impacto fue ir a La Facultad de noche y
descubrir el mundo de la actividad nocturna, no de la diversión nocturna, y yo creo que eso fue un impacto
muy grande, con algunos tipos interesantes. El curso estaba a cargo de Pando y de varios tipos interesantes
como Ottonello.
Es que fue un personaje, gracias a él creo que toda nuestra generación supo cosmografía, es una
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Ah eso no lo sabía…
La arquitectura tiene un orden clarísimo que no pasa por las reglas del neoclacisismo, pasa porque si
no hacés primero las bases y las columnas, el edificio se cae. Hay un orden físico. Creo que ese fue un
impacto fascinante, y dentro de esa pluralidad, creo que había elementos, como sigue habiendo hoy, como
ha habido siempre absolutamente negativos. Yo tuve un ayudante, que después fue profesor de esta alta
casa de estudios…, que por ejemplo me escribió con “flowmaster”:“vayase a ingeniería” en el primer
cuatrimestre, y me puso 1 ó 2. Y creo que ahí vino un segundo ingrediente que a mi me afloró en ese
momento y creo que es común a todo un grupo nuestro, que es cierta terquedad. Y creo que los arquitectos
tenemos que ser tercos. Si querés llamalo perseverantes, más delicado. Pero si no era perseverante
Clorindo, cómo terminaba la Biblioteca Nacional veinticinco años después.
Entonces yo pienso que, poder sobreponerme al “hijoputismo” de este tipo, que además realmente era un
mediocre total, y que ascendió gracias al proceso.
Y lo dramático del caso es que a mi eso me dejó muy marcado, y lo que me impresiona es cómo hay
docentes de mi cátedra, y de toda la facultad, que siguen diciendo cosas así. Aunque parezca increíble, más
grosero o más delicado. Pero el mensaje así, de creerse que podés dictaminar sobre el futuro de una
persona, es terrible, pero es mucho más frecuente de lo que uno supone.
Bueno yo creo que esa fue una segunda marca importante, mezclado con la incomprensión. Yo no entendía
por qué teníamos, que durante el primer cuatrimestre, primero dibujar un árbol, después dos árboles,
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después tres árboles, y descubrir que los tres árboles determinaban un espacio.
Había unos cursos de Introducción a la Arquitectura, que les hacían dibujar un tornillo con un 6B, y
después de quince días que el tipo no podía, decían bueno con el 6B no, hay que elegir un 3H. Creían que
para enseñarle algo a alguien, ese era un procedimiento.
o pensaban en el espacio…
Bueno ese primer año, fue un año de incertidumbre y de supervivencia, yo creo que por otro lado servía
para mostrar este tema de multioferta de la facultad. Y por otro lado ibas empezando a descubrir gente en
común, empezabas a cruzarte en los colectivos, empezabas a cruzarte en los pasillos, etc., en una facultad
chica como era aquella, allá en Independencia cursábamos. Composición 1, que antes se llamaba
Introducción a la Arquitectura, y después Composición 1, también era horizontal, fue un curso que también
tenía algunos elementos en común con eso hasta entrar al taller. Yo creo que allí es en realidad cuando
empieza la facultad de toda nuestra generación, como que lo otro fue una especie de gran curso
introductorio, muy útil, muy proveedor de cosas.
La cuestión es que empezamos el taller; Manolo acababa de llegar de Rosario. Y los tres adjuntos eran Leiro,
Soto y Solsona, con lo cual era un equipo de primera; y éramos cien, ciento cincuenta alumnos. Y yo creo
que todo el proceso de formación del taller estuvo signado por varias cosas. Primero la personalidad de
Manolo y su discurso, y segundo la creación de equipos entre los compañeros; en definitiva yo pienso que
muchos que los que después como estudio seguimos perdurando nos formamos allí.
Nuestra generación tuvo una oportunidad, por un lado por el hecho de los concursos. En el gobierno de Ilía
de los sesenta y tantos se hicieron muchísimos, y todos hacíamos concursos. Y ese espíritu, que yo creo que
había un momento de mucha confianza en el ejercicio de la profesión. Yo nunca dudé que iba a trabajar
como arquitecto, yo nunca dudé que iba a comer de mi trabajo de arquitecto.
Era otro momento. Pero además era otro momento no sólo en el sentido de la economía del país. Sino
que era otro momento en la formación individual. Tenías muchas más certezas, y tenías muchas menos
opciones.
Ahora los chicos pueden elegir entre quinientas opciones Nosotros teníamos menos, era médico, abogado,
contador, arquitecto, ingeniero, dentista y bioquímico. Ahora hay infinitos matices, pensá solamente las
carreras que te ofrece esta facultad. Y en ese sentido era un mundo de muchas más certezas interiores. Que
te iba a ir bien, que para sacar una buena nota tenías que hacer un esfuerzo grande, que era que lo que
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esperaba la familia, que había que hacerlo y chau. Y en definitiva todo esto no es lo mismo. Y yo creo por eso
nuestra generación, todo ese grupo, yo diría, todos tuvimos trabajo. De ese grupo, en definitiva los que
habrán pasado por acá o no, fueran de la mañana, fueran alumnos de Casares, fueran alumnos de Elis,
fueran alumnos de Odilia, fueran alumnos de Manolo, fueran alumnos de quién fuera, todos tuvimos laburo.
Más, menos, se fueron, se quedaron.
En la estadística está, en la década del cincuenta se graduaron mil, y en la década del sesenta son dos
mil. Pero cuando hicimos la lista para invitar a todos, descubrimos que esta generación de la que estamos
hablando ahora tiene un peso relativo enormemente superior a cualquier otra de antes y de después. Hay
un tema para desarrollar acerca del momento en que la arquitectura moderna entra en la facultad con pie
firme, por que en la época de Álvarez o de Testa, tenían que buscarla afuera de la facultad. La facultad
seguía siendo como en 1915..
Raúl J. Álvarez, el que hizo la Mecánica de La Armada, es un arquitecto mendocino que fue mi profesor.
Es decir, que el neoclacisismo de Karman y Biraninod, empieza en el año 15 y termina en el año 50. Karman
se retira en el 43 pero siguen y ustedes son…
Y vos pensá, que yo creo que por ejemplo, que una de las crisis de la facultad es la falta de adjuntos. Por
un lado hay un movimiento de adjuntos que viene presionando para que los titulares desde que se jubilan
dejen los talleres. Pero resulta que hay un vacío por múltiples razones. Es reduccionista suponer que esto se
debe únicamente al proceso, es mucho más complejo.
Bueno, la cuestión es que ese taller tuvo una marca importante en nuestra formación y en ese sentido
mucho ya te lo debe haber dicho Lestard, tiene que ser muy reiterativo de lo que yo pueda decir. Yo creo que
por un lado se dio una situación paradojal. Por un lado el discurso de Manolo de la chapa, el ladrillo y la
madera, fue una impronta constructiva que marcó nuestra profesión. Por otro lado una mirada en Stirling y
Archigram, y en el mundo de ideas diferentes que te ponía en colisión con eso. Y al mismo tiempo un
discurso totalmente diferente como el de Leyro hablando de Alvar Aalto. Entonces esa especie de extraña
melange, yo creo que produjo nuestra generación. De la misma manera que, suponete Jorge Silvetti cursaba
con Odilia Suárez. Pero Odilia, que dominó los concursos de los 60 y 70, tenía un adjunto interesante, era
Bucho Baliero. Entonces cuando Bucho daba clases, Silvetti nos avisaba e íbamos a la mañana a
escucharlo. Como escuchábamos mucho las teóricas de Aisemberg que era un tipo fascinante
Yo creo que todas estas contradicciones, la multiplicidad de ideas, de opiniones, tiene varias ventajas.
Una de las cuales es que vos no tenías más remedio que hacerte tu propia opinión. Lo escuchabas a
Solsona, que estaba en período esmóstico, lo escuchabas a Soto hablar de lecorbusionarismo, y lo
escuchabas a Leyro hablar de Aalto, se te retorcía la cabeza. Era interesantísimo para terminar copiándose
de Stirling, que era lo que hacíamos. Pero vale la pena pensar por qué nos copiábamos, y yo pienso que lo
que nos decía Stirling a todos nosotros era esa cosa fascinante de la construcción de un lenguaje, pero
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construcción en un múltiple sentido. Era un tipo que armaba su arquitectura con la luz, con los grandes
espacios, pero básicamente con la tecnología, sobre todo en la primera etapa cuando él hace sus edificios
realmente con acero, vidrio y ladrillo. Con lo cual era una versión totalmente diferente del discurso de
Manolo, pero al mismo tiempo con un cruzamiento de ideas en común. Y era distinto a aquél discurso de
Solsona pero tenía también esas grandes cartas. Y era distinto al de Alvar Aalto, pero tomaba el tema de la
luz como constructor. Entonces yo creo que Stirling tiene ese valor, él hacía sus propios resúmenes.
Nosotros, creo que lo adoptábamos un poco ingenuamente y un poco literalmente. Pero creo que más allá
de la fascinación de un movimiento crítico sobre el CIAM, un movimiento crítico sobre ellecorbusieranismo,
había gente que suministraba texto, digamos a todo eso. Y yo creo que la facultad tuvo ese valor
contradictorio, movilizador, de formación de grupo, etc. Entonces yo pienso que cada grupo tuvo su propio
acomodamiento. Nosotros éramos un grupo muy numeroso. El estudio primero que abrimos en la calle
Perú éramos ocho, donde estaban Erbin y Díaz como más grandes, pero por uno o dos años, que en esa
época era como un abismo, pero también estaban Jorge Silvetti, Rodolfo Machado, Cacho Korn, el Oso
Iturrieta…
Nosotros armamos el Estudio en el año 65, ponele, y ese año habremos alquilado el local de la calle
Belgrano, el estudio que tuvimos durante muchos años. Habremos empezado en el 64 haciendo concursos
en la casa de Jorge Erbin en Campos Salles. En el 66 es cuando Silvetti y Machado. Tony se va a Chile, Silvetti
se va a Berkeley y Rodolfo se va a París. Bueno ahí quedamos en el estudio de Belgrano pero éramos menos.
Cacho Korn se va a trabajar con Pirincho Lopatin, Iturrieta se va a vivir a Misiones. En el 68 nos asociamos
con el Pibe Traine, mayor que nosotros y un maestro en tantas cosas. Toda esa etapa de la facultad, era una
especie de extraña tarea del momento de iniciación. Por un lado porque descubríamos gente muy diferente.
Pensá un tipo como Lestard, nieto de pastor protestante, y él como iempre yo le digo después de cuarenta
años de socios, quinientos años de protestantismo. Tito Varas que venía de otro grupo de militancia política,
de izquierda, totalmente diferente. Iturrieta, misionero, y que pintaba las ventanas para que la luz no lo
perturbase, dibujaba acostado por ejemplo, tenía un tablero igual a la cama para poder dibujar acostado.
Entonces había una melange de grupos sociales, de grupos de historias personales de acercamientos a la
arquitectura, yo creo que a todos nosotros nos impregnó y nos golpeó y nos alentó de una manera
fantástica. Yo que venía de una clase media típica, pero a su vez atípica por ser una familia totalmente
vinculada con todo el mundo intelectual de Buenos Aires, donde eran personajes frecuentes Martínez
Estrada o Cortazar en la cotidiana, en el almuerzo o la cena, a quienes conocía como personas de carne y
hueso. Es decir, cada uno venía con historias tan diferentes, que miraba al otro maravillado y sorprendido.
Un mundo en que la facultad había muy pocas mujeres Teresita nos alegraba la vida con sus escotes.
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Y actuó, no sé si fue la primera vez, y yo lo fui a escuchar en Exactas, al lado en Perú, ¿te acordás? que
salías y entrabas a Exactas que tenía comedor, mientras que nuestro Perú nunca tuvo.
Y bueno, creo que esa multiplicidad de gente, también es fantástica, ¿no? Y por otro lado una sensación
de grupo y de apoyo mutuo, y de sorpresa mutua. Y yo diría que también la perseverancia tenía una mezcla
de soberbia y de autoabastecimiento, en la cual, si bien hoy que miro a los adolescentes que los tenemos o
los tuvimos en casa porque ya han pasado, te ponen nervioso, a veces. La soberbia adolescente, pero por
otro lado es fantástica, es lo que sostiene un camino para un futuro. Yo me acuerdo que en una asamblea de
las muchísimas que hacíamos, haberle dicho a Manolo que nosotros éramos verdaderos autodidactas
porque ellos no nos habían enseñado nada. Y yo creo que si lo miro retrospectivamente por supuesto que
era una pelotudez, por otro lado que suerte, ¿no? Porque era creer, sino no hubiera soportado el letrero
“vayase a estudiar ingeniería”. Además haber podido sobreponerme a los ejercicios de Visión de Méndez
Mosquera, por ejemplo, que nos hacía hacer los cuadraditos de la gama cromática, yo que siempre fui muy
torpe con las manos, pero la témpera se te escapaba por todos lados, ¿vos te acordás lo que era la témpera?
Un instrumento tan difícil.
Yo creo que por suerte cuando yo cursé la facultad no se hacían maquetas porque hubiera quedado sin
dedos, o hubiera abandonado. Logré pasar esos ejercicios de témpera, yo creo por la benevolencia de tu
papá, porque si los hubiera clasificado en serio…Y tenía de ayudante a Alicia Cassaniga, la mujer de Bullrich.
Y en arquitectura tuve de ayudante en el primer año a Sarita Borthagaray, o sea eran ayudantes conyugales,
pero con talento propio. Y la verdad que la facultad cuando uno piensa en sus alumnos no tiene que
olvidarse del sufrimiento que incluyen. Yo creo que la facultad, fue un proceso de lucha que incluía mucho
sufrimiento. Sufrimiento porque el proyecto no te salía…
Vos vas a entenderme si te cuento algo, yo de fútbol no sé nada, se que son once de cada lado y que hay
que patear una pelota redonda y que hay unos rectángulos en donde tiene que entrar la pelota, y todos
gritan gol. Y tengo amigos que son unos fanáticos absolutos, y un cliente mío fue durante años presidente
del Club Nacional del Uruguay, que viste que están Nacional y Peñarol, bue… es un equipo importante en
Uruguay. Y tienen todo en color blanco, con lo cual el color de las computadoras de la obra allá en Carrasco
son blancas, el tipo es presidente del directorio de la obra del Carrasco, porque tenemos una oficina ahí. Y la
empresa nos pidió que pusiéramos imágenes del club, qué se yo, toda esa boludes, y un día, la grúa de las
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plumas de la obra tiene color amarillo y negro, como la mayoría de las plumas que yo conozco, que es el
color de Peñarol, que es el otro equipo. Entonces yo un día le digo: “don Roberto, yo creo que la empresa
tiene una actitud agresiva porque han pintado las grúas del color de su enemigo”; y el viejo se brotó, pero se
brotó mal. Lo tuve que tranquilizar, y decirle: “no, fue una cargada son todas las grúas de ese color”, y se
tranquilizó. Entonces yo para tranquilizar las cosas le digo, la verdad que lo envidio, que alegría poder tener
una descarga a tierra como sentir tanta pasión por el fútbol. Y él me mira y me dice: “pero sabe como se
sufre…” me pareció extraordinario. Yo creo que la facultad fue así, que alegría que fue la facultad y tengo
recuerdos de momentos maravillosos de la vida, de ir a tomar las cervezas hasta la hora del jopo, en
Querandí que a la una nos echaban a patadas, y nos íbamos a la 9 de Julio que quedaba toda la noche
abierta. Un momento realmente extraordinario, pero mucho sufrimiento, no lo digo quejosamente, sino
como para acordarse cuando uno ve a los alumnos tan golpeados, no? Desde que no te salía el proyecto, yo
nunca fui un alumno brillante homogéneo, yo tuve cuatro y diez, diez y cuatro, cuatro, diez, ocho. Además
estabas atravesado por ese desorden que hablábamos al principio, o sea que no he dejado de tener mi
desorden.
Y además pensá, era una Facultad dividida en tres edificios, Alsina, Perú y el anexo de Perú, e
Independencia.
Claro, primer y segundo año lo cursabas en Independencia, todos los demás años en Perú, y algunas
materias de Perú las cursabas en el anexo de enfrente. Y cursé tecnología con Mancasola, los sábados a las
dos de la tarde. Te acordás que el anexo tenía una escalera larguísima.
Yo creo que era el lugar entonces para el castigo. Porque Mancasola a las dos en punto miraba el reloj, y
empezaba a tomar lista, y claro yo con la B larga tenía que ser de los primeros. Yo me acuerdo como subía
esa escalera siempre…Además teníamos clase en la mañana con Cervera en “Siberia”, que eran clases
interesantes de Historia 1, con lo cual se hacían interminables, y terminabas a la una y cuarto, una y media,
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y después si querías ir a comer aunque fuera una pizza, y claro para llegar a las dos… Si llegabas a las dos y
un minuto te ponía ausente, y era inflexible, y con tres ausentes te dejaba libre. Y en tecnología que el titular
era Castagnino. No nos engañemos siguen estudiando lo mismo. Claro El Proceso eternizó a los profesores
de las Técnicas. Es un tema gravísimo, donde siguen estudiando por el mismo manual que usaba yo, que
era una edición del Centro de Estudiantes. Entonces no sólo siguen hablando de cosas que están
totalmente superadas, el caño de cloaca de cerámico, yo no lo puedo creer. Yo te digo la verdad, yo creo que
uno de los puntos por lo cual los Decanatos no han podido salir adelante, es porque no han podido
aniquilar a esa manga de canallas.
Sí pero desde que volvió la democracia se está hablando de lo mismo. Y lo que pasa es que como pesan
en el claustro de profesores, votan y qué se yo. Y además porque nadie se quiere hacer cargo de ese muerto,
cosa que es falsa porque si salís a buscar gente, hay gente interesada. Yo creo que habría que intervenirlos y
echarlos a todos por delincuentes y canallas, es una vergüenza, pero bueno. Salvo alguna honrosa
excepción, lo digo conciente de que me pueden hacer un juicio. Bueno yo creo que en ese momento había
profesores fascinantes también en el área de las Técnicas, era complementario de esa diversidad que
pasaba. Fueron profesores míos de Estructuras, Gallo, Curcio, Pedregal, Danon. De Matemáticas Ottonello, la
doctora Repetto, o sea gente que realmente ayudaban a entender realmente cómo funcionaban las
estructuras, no solo hacer el cálculo, el Teorema de Cross. Aparte de dimensionar, que es una lacra que esta
Facultad ha continuado enseñándote a dimensionar, como si vos en tu perra vida fueras a dimensionar
nada.
Por lo cual no pensaste nada, aplicaste una fórmula. Hace cuarenta años había tipos que tenían una
visión mucho más moderna y mucho más útil.
Nunca se termina. Por ejemplo, no hace tanto me di cuenta que Carpenter Center es un edificio de una
genialidad total y que resume, sintetiza, su carrera íntegra. Porque lo analicé muy bien y es impresionante.
Yo nunca le había dado mayor importancia hasta que un día… en realidad, con una alumna que lo estaba
analizando, lo estudié y de pronto me di cuenta que era una genialidad total ese edificio. Algún día voy a
escribir algún artículo sobre eso. Escribí unas líneas en otro artículo sobre el tema.
Pero hacéme vos preguntas de la facultad, yo voy muy rápido, año por año. Me falta el quinto.
Sí y hacías esos ejercicios formidables de sostener un ladrillo en el aire con tres palitos. Gallo lo hacía,
en Estructuras I.
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Bueno todos nosotros éramos ayudantes en La Plata. Bueno te termino de comentar lo que te decía de
las Técnicas. Teníamos cuatro profesores de Estructuras que me saco el sombrero, pero en las Tecnológicas
el propio Castagnino, un tipo más restringido en el aspecto conceptual, tenía un ordenamiento de la
enseñanza interesantísimo, por lo menos yo lo recibía a través de Mancasola que era el que estaba en
contacto con nosotros.
Nosotros no tanto, pero el ensayo de materiales, la ruptura, todo eso. Y después en las Instalaciones, yo
lo tuve a Alfredo Joselevich, que más que otra cosa era un gran arquitecto, porque Joselevich más que ser
un profesor de aire acondicionado, fijate los edificios que ha hecho Yo creo que fue una Facultad
extraordinaria, y en las Historias había también cosas interesantísimas, también interesantes por la
contradicción, porque la presencia del viejo Buschiazzo todavía era fortísima, con lo cual te pasaba que si en
Historia 2 te tocaba el examen Buschiazzo, como le pasó a Tito Varas, le preguntaba los caminos de
peregrinación a Santiago de Compostela y lo hizo puré. Mientras que a mi me tocó Ramón Echart, y me dijo
dibujá una obra de la época de Miguel Ängel, yo elegí la Biblioteca Laurenciana justamente, pero la dibujé
en planta, corte, y dije qué opinaba de esa escalera, con lo cual podías hablar conceptualmente de lo que
pensabas de una obra de Arquitectura.
Claro que está en Chile. La cuestión es que si vos te ponés a pensar eran un conjunto de profesores
extraordinarios, inclusive aún con la polémica. Yo me acuerdo que yo me recibía con Historia 3 me toca
Felito Iglesias, y me toca por bolillero Archigram, entonces yo planteo mi teoría de Archigram, y me pone 9,
no 8. Yo creía que había dado un examen de 10. Si él no estaba de acuerdo con mi teoría de Archigram, era
problema de él. No me acuerdo si terminó poniéndome 9 o negociamos. La verdad es que fue totalmente
anecdótica la nota, pero lo que sí tiene validez, que yo creo que refleja varias cosas. Primero el
apasionamiento tanto de él como el mío, obviamente, en que podía discutirle a un profesor, mano a mano,
está bien yo estaba a punto de recibirme, pero no importa, discutía mano a mano, qué opinaba sobre un
pensamiento de la Arquitectura, y el examen no era una presentación.
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Cuando vos me dijiste de encontrarnos, a propósito no pensé nada, sino que me dije vamos a ver qué
sale. Y ahora recapitulo sobre lo que hemos estado conversando.
Por un lado una posibilidad de oferta de muchas posiciones, de muchos discursos diferentes, cosa que me
parece que era una de las grandes ventajas que esta Facultad sigue teniendo. Segundo una cuestión de
amor por el oficio, en el sentido de valorar, y en ese sentido el mensaje de Manolo era, digamos, super
estructural pero, encontraba raíces, por algo coincide que había buenos profesores de Técnicas, buenos
profesores de Estructuras, buenos profesores de todo. O sea que no era que había profesores de
Arquitectura y el resto era de cuarta, era homogéneo, y yo creo que todos nosotros teníamos un
desconocimiento del cual hoy sigo sintiendo que hoy todavía nos queda sobre muchas cuestiones de la
tecnología, pero sin embargo un respeto por la constructibilidad y la materialidad de los edificios que creo
que fue lo que distinguió a nuestra generación. Como tercer punto es que como reacción a la pluralidad se
formaban grupos de trabajo, donde se volvía a reproducir la pluralidad, pero por otro lado había grupos de
trabajo numerosos, no solamente el nuestro, muchísimos otros grupos. Una pasión por el aprender, por eso
íbamos todos a la biblioteca todos los días, yo entraba a clase siempre mirando el reloj para ver si tenía
tiempo para escaparme a hemeroteca a ver si habían recibido algo. Yo creo que la aparición de Suma tiene
que ver con esa demanda, no es una cosa que cae extraplanetaria.
Por supuesto, la biblioteca y la hemeroteca. Estaba en Perú, con lo cual era muy cómodo
Además la facultad recibía cosas, y recibía donaciones de libros viejos, pero estaba subscripta a varias
revistas, etc.
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Y toda la editorial Nueva Visión, lo que hizo Nueva Visión con la editorial fue muy importante. Entonces
yo creo que esos son elementos muy importantes que conforman una generación después. Pero hay una
quinta pata de esta mesa, que yo creo que es el vínculo docencia práctica. Yo creo que unas de las cosas que
se produce en el 60, es que el pensamiento teórico es indisoluble del pensamiento práctico. El grupo
Solsona, llamémoslo, y nosotros.
No pero aún antes que eso, cuando Jujo supera el período “esmóstico”, pero aún en el ese período
también está la conciencia que la teoría no era un mundo reservado para los teóricos, y cuando uno tenía
que hacer un proyecto no tenía que hacer lo que quería el cliente, sino todo lo contrario la posibilidad de
transformación a través de la acción profesional. Yo pienso que en ese sentido las torres de Jujo cuando
está todavía con Peani en La Boca, las famosas tres torres rotantes, son en algún sentido emblemáticas de
un cambio de posición que fue muy importante en nuestra generación.
Sí pero muchos los han atacado, por ejemplo Pancho Liernur lo critica mucho a todo eso creyendo que
es una especie de “estar a la moda”, y yo creo que no es estar a la moda, es descubrir la posibilidad entre un
pensamiento teórico y un pensamiento de acción.
Pero no hubiera hecho las mansardas que hacía el propio Manolo, mirá la paradoja. Manolo hacía esas
mansardas de tejas, en Coronel Díaz y Juncal por ejemplo. Yo creo que en ese sentido, no lo digo por
criticarlo, sino como que hay un salto adelante de lo que se llama la Escuela de Buenos Aires, que junta el
pensamiento teórico con la acción proyectual. Y que yo creo que se da por una serie de razones, pero que
termina teniendo como consecuencia que después todos nosotros nos incorporamos a la docencia. Por eso
yo creo que la docencia es indisoluble de esta situación.
Pero por supuesto. Te voy a contar una cosa, Silvetti y Pelli, son Decanos de Harvard y de Yale que son
las dos facultades más prestigiadas, y los dos, cada uno a su escala, porque Pelli por supuesto tiene otra
escala industrial, son tipos que laburan en su profesión. Como contrapartida te cuento una experiencia,
ahora hace menos de veinte días, me nombraron jurado en Rumania, y fui de jurado a Bucarest. Era jurado
de Proyecto de fin de carrera. Me invita este amigo mío Dan Hanganu, el rumano que vive en Canadá, un
loco de la guerra, que vino muchas veces a dar clases a mi Cátedra. Él es “el” arquitecto del Canadá francés,
ha hecho cuanta obra se te ocurra, es un tipo realmente genial, y viene todos los años a Buenos Aires a dar
una clase porque le encanta Buenos Aires. La cuestión que ya hacía como tres años que me invitaba, yo
siempre decía que no porque no te pagan nada. Y ete año me dice: “dejate de joder, tenés que venir”…
bueno finalmente fui. El Jurado éramos diez personas, de los cuales nueve eran tipos muy importantes, y
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después estaba yo. Pero por qué eran muy importantes? Porque estaba el Decano de Delft, el Decano de
Amberes, el Decano de Montreal, el jefe del departamento de arquitectura de La Sapienza de Roma, el
director del departamento de Arquitectura del politécnico de Milano, todos señores, con unos sueldos .
100.000 euros año, 60.000 euros año, porque no le permiten ejercer la profesión… Yo los miraba, y te juro
que no me entraba en la cabeza, pero no porque no hubieran trabajado de arquitectos, porque
perfectamente una persona puede desarrollar un pensamiento técnico interesante, pero era una burocracia
del academicismo. Algunos en sus discursos parecían interesantes en parrafos teóricos, algunos tenían una
cuestión más de formación histórica, les parecía fascinante la experiencia de ir a ver los hoteles neo-
estanislistas de la costa del Mar Negro … yo me fui a Transilvania, porque me parecía mucho más divertido
dormir en la casa de al lado de donde había nacido El Conde Drácula. A mi no me interesa, pero bueno, me
parece posible que alguien se entusiasme por ver el desarrollo del neoestanilismo en la costa de Mar Negro,
reconozco tenían esa pasión. Pero había algunos de ellos, que en general no les interesaba una mierda.
Entonces iban porque claro mi amigo que es el que agarra el teléfono y les dice, como me dijo a mi “tenés
que venir” y cuelga, habían ido.
Bueno pero nuestra experiencia lo que tuvo de fascinante, insisto que no hablo del grupo de cinco
amigos, es que realmente no segmentábamos el mundo, sino que teníamos una visión más compleja, más
rica entonces cuando yo era ayudante, yo en el 65 era ayudante en el Taller Soto-Winograd-Traine, te
acordás que los tres talleres se reunieron en uno solo…
Leiro estaba? No me acuerdo… pero yo digo el año 65 cuando estaban los tres.
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yo te decía de esa Facultad, ese vínculo teoría-práctica y ese vínculo enseñanza-aprendizaje, que yo creo
que fue un paso de nuestra generación.
Y la verdad es que tendrías que conseguir un subsidio, porque debería ser filmado o escaneado según
los casos.
Yo creo que todo esto que venimos charlando engancha con tu segunda pregunta, los instrumentos. Yo
pienso que un estudiante de arquitectura le tiene que gustar dibujar, pero no tiene que saber dibujar. Yo
hace varios años que me divierto haciendo cuadros, exposiciones de pintura. Pero sin embargo en los
primeros años de la Facultad a mi me gustaba dibujar, pero tenía terribles dificultades. Me acuerdo que en
Descriptiva tenía un ayudante, Eduardo Lagos, y un día estaba desesperado porque la intersección entre la
esfera y el cono de revoluciones daba algo absolutamente irresoluble para mí, me acuerdo ese ejemplo
perfecto. Había que dibujar con regla T y escuadra en el Taller. Bueno yo me acuerdo que hice un bollo con
el calco desesperado, y la verdad que el tipo con muy buena onda se acercó, abrió el papel, lo estiró, y me
dijo: no te deprimas esto es muy difícil, intentalo de nuevo. Porque el lápiz se iba para donde él quería, no
para donde vos querías. Y bueno, después cuando ya estábamos en Arquitectura 4 ó 5, en realidad me
ganaba la vida haciendo perspectivas. Me acuerdo una vez le fuimos a llevar un presupuesto con Lestard a
Manolo, y nos sacó cagando aceite porque le queríamos cobrar por centímetro porque era como se medían
las perspectivas, y esa tenía mucho cielo, por lo cuál por qué le queríamos cobrar el centímetro de cielo. Yo
creo que en el tema de los instrumentos, el tiralíneas era un instrumento de tortura medieval que había
perdurado, y cuando aparece el Graphos, que fue el primer gran alivio, después viene e l segundo gran alivio
que es la rapidograph. Y yo al día de hoy sigo dibujando con regla T y escuadra, solo que al final terminé
dejando la regla T en la quinta, que la tengo, la misma que compré en el primer año de la Facultad, y en el
estudio tengo paralela.
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Yo la paralela la compré hace poco, en los últimos estudios, siempre usé la regla T. Bueno yo sigo
dibujando, como lo podés comprobar por este callo ( que lo vea el micrófono), todos los borradores a lápiz,
de todo lo que se hace, dentro de lo que puedo, en el estudio. Y la verdad es que no tengo ningún interés en
aprender autocad, pero no porque no crea que no puedo aprender, sino porque siento que tengo energías
para aplicar en otra cosa. Y eso que por eso de las redes, yo puedo entrar en cualquier plano del estudio de
cualquier máquina, yo puedo entrar, y de hecho lo hago. Y abro y veo qué están haciendo, qué no hicieron.
Cuando llegás a la mañana que están todos los televisores apagados, se prenderlo y se cómo manejarme,
cómo abrir un autocad, cómo tomar un zoom, cómo cambiar de plano. Creo que lo que también nos dio ese
instrumento son dos cosas. Una es una frase que me dijeron que siempre la decía Sacriste y no me consta
pero bueno atribuyámosla, que es que cuando vos le sacas punta al lápiz tenés que separarte del papel, y
eso te permite ver el plano entero. Este que te conté el “falso” rumano que es canadiense, o el falso
canadiense que es rumano. Yo lo llevo siempre que viene a algunos lugares a escuchar tango, y fuimos una
vez a Grisel, y había mujeres por un lado, y hombres por el otro, entonces se levantaban y la música
empezaba pero ellos no empezaban a bailar, había un segundo en que se mantenían en posición, y había
como una inmovilidad, y de después arrancaban, y él decía que lo que valía del espectáculo, lo más
maravilloso, era ese segundo, esa especie de estar en sintonía el hombre y la mujer antes de empezar a
bailar, y que eso era impagable, y cada vez que vuelve a Buenos Aires me dice vayamos a ver “el segundo” .
Bueno la cuestión que yo creo que sacar punta al lápiz, yo sigo usando lápiz de madera, no?, salvo el Shorty
para corregir. Y he hecho un descubrimiento maravilloso, que son esos lápices doble punta: rojo y azul, y
encontré un tipo que los sigue vendiendo. Porque vas dibujando y de pronto se te ocurre una variante, o
querés marcar la estructura, lo das vuelta y lo marcás con el otro color arriba. Bueno yo creo que ese uso del
lápiz, ese tempo del graphos, que era diferente al tiempo que mete la computadora, te permitía parar para
limpiar. Te acordás cuando el hijo de puta del graphos se ensuciaba, y cambiabas la pluma. Yo creo que te
daba un tempo para mirar el plano, que la computadora no te da, y el papel tenía un elemento fundamental
que es la visión de conjunto. Aunque las pantallas vienen cada vez más grandes, son segméntales porque te
obligan a trabajar 1:1. Está bien hay otros sistemas que no son el autocad que te permiten otras cosas, pero
siempre estás muy restringido, y por eso tenés que estar ploteando continuamente. Y como plotear es
carísimo, no ploteas tanto como deberías.
“Se tapó el cabezal del magenta” (risas generales)… terrible, me tienen repodrido y además cada vez
cuestan más. No porque si ponemos en el ploter “el cartucho alternativo” te lo tapona y la limpieza del
cabezal, el deterioro de la pieza de teflón. Y además engaña, porque parece que un plano está fenómeno y
le preguntás, revisaste las cotas? Y te dicen, no, si las puso la computadora. Claro si vos te equivocaste en
dónde poner el origen están todas mal en vez de una mal. Entonces hay mucho error oculto atrás de una
aparente buena grafia.
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Pero además eso de “las bibliotecas”. Corregí el otro día a una chica en cuatro, que viene de tres Talleres
diferentes cada año cambiando, cada año con 6. Los tres Talleres en los que cursó, son muy buenos Talleres.
Y tenía dibujado un inodoro en un baño, el baño entero era olvidable, pero bueno. Tenía el inodoro con una
pared y la puerta dibujada con su arco por encima del inodoro… entonces yo no podía ver lo que estaba
viendo, y le digo: y esto?
Qué representa el cuarto de círculo? Y me mirá como pensando, este pobre senil no entiende nada, el
alzheimer lo golpeó duro, y me dice es la representación de la puerta, es un grafismo que se ha inventado.
Entonces yo le dije, bueno mirá tenés que volver a Arquitectura 1 porque esto es un grafismo por supuesto,
lo que representa es lo que bate la puerta, entonces la puerta al batir te va a llevar al inodoro por delante. Yo
creo que siguió pensando que yo era tarado. Yo no podía creer que alguien pudiera llegar a dibujar una cosa
así, en Arquitectura 4.
Pero además está otro tema, cuánto mide la puerta. El problema es que no entendía el vínculo entre los
grafismos, y lo que los grafismos representaban. Era gravísimo. Lo que más me impresionó es cómo había
logrado sorteando los distintos cursos hasta llegar a Arquitectura 4. Y después hizo una entrega más o
menos posible, con lo cual seguro que alguien “le hizo” una entrega más o menos posible, pero bueno, andá
a demostrar eso….
Entonces yo creo que para nosotros el instrumento tuvo también un valor seminal, digamos, en el sentido
de generatriz de pensamiento y generatriz de esfuerzo, porque yo creo que todo esto que hemos venido
charlando, tanto desde el punto de vista del maldito tiralíneas que se tapaba, y los planos de obras
sanitarias que tenías que dibujarlos en témpera con colores, y todas las maldades que uno sufría, te
obligaban a un esfuerzo físico por un lado, pero por otro te daban una distancia, un tempo…el tempo de la
lentitud, que creo que era un tiempo interesante.
Claro, pero vos sabés que paradójicamente, la aceleración que han dado las herramientas no han
venido acompañadas por una conciencia. Inclusive las metáforas que son casi analogías porque son
reproducciones demasiado literales sobre la rapidez del paso del tiempo y la fragmentación del tiempo
contemporáneo, en una arquitectura como la Saha Hadid, por ejemplo. Esa especie de espasmo, de todo lo
que yo digo, los espásticos que se diferencian de los esmósticos, digamos,Thom Mayne, Morphosis, Saha
Hadid, el propio Miralles, yo creo que dentro de cinco años nadie se va a acordar de ellos. Pero esta especie
de representación literal de la fragmentación del mundo contemporáneo, Frank Gehry, el más malvado de
todos ellos.
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Sí seguro. Ahora por otro lado, hay una frase que no me acuerdo de quién es, pero es linda, en un libro
que se llama La Sombra del Viento, y tenía un reloj el personaje en su casa que decía: “si me miras muchas
veces se que estás perdiendo el tiempo”. Yo creo que esta especie de exaltación del movimiento, exaltación
de la velocidad, creo que en el fondo también está oculto un cierto espíritu del consumo en todo eso, y un
espíritu de la aceleración. Había cierta mecánica de la tinta que te daba otro tiempo. Hay dos anécdotas de
Jorge Lestard que no creo que haya contado, en una entrega de un concurso él se acerca a alguien que
estaba dibujando con una taza de café, como siempre que se le caen muchas cosas, se le cae la taza de café,
entonces él para evitar que caiga, como buen jugador de fútbol, no como yo que vos me elegiste mal en
aquél célebre equipo, Jorge hizo un levante amoroso, hizo un levante futbolístico. Cae la taza de café,
Lestard la ataja con el pie, y la tira para arriba, con lo cual se estrella con el cielorraso, y a partir de eso
decidimos pintar el cielorraso de negro, que nos dejó el estudio hecho una tumba durante no sé cuánto
tiempo. Y por qué esa desesperación, porque se te caía algo sobre el plano, decíme las clásicas cagadas que
vos también habrás hecho… Sobre el fútbol, pisaban vos y Jorge Erbin en los bosques de Palermo, gana
Erbin la pisada, mira alrededor, y yo era un tipo buen mozo, alto deportivo, y me elige. Empieza el partido,
yo que había por acompañar a la barra, veo que viene la pelota y yo estaba cerca del rectángulo ese, cómo
se llama…arco, venía la pelota, entonces yo la paré, no había dejar que entrara, y todos me empezaron a
gritar cosas horrorosas.. mi mamá pobrecita, dijeron penal, penal y no sé qué más. Y claro ahí descubrió
Jorge su error.
Bueno entonces la cuestión, es que yo creo que este tema de tiempo, es un tema clave en nuestra
generación, que actualmente el pasaje del tiralíneas al grafo, y del grafos al rapidograf, iba impregnado por
el otro que venía que era siempre el tiempo en lápiz, fuera el lápiz de madera o fuera el automático, el Caran
d´ache. Había un tiempo con vínculo de la producción, que por un lado exigía un esfuerzo agotador...
La mancha de tinta, que en realidad era un papel que vos ponías arriba, y el otro venía y se quería morir.
Jorge Erbin que se quedaba dormido con el rapidograf en la mano en un punto y se despertaba y seguía la
línea, pero no dormía un segundo, de pronto diez minutos. Yo creo que había un vínculo entre el esfuerzo
físico, que es diferente al esfuerzo físico que hacen los chicos ahora, que se comen la misma cantidad de
horas, pero sentados y con la mirada inmóvil, con lo cual su distancia con la pantalla es siempre la misma, y
por lo tanto su distancia con el proyecto es siempre el mismo. Y además la discusión con el otro es muy
diferente, porque tenés que ir a ver. Está bien, por red yo puedo traer lo que hace el otro, permanentemente
cuando se está haciendo una documentación en red, cinco tipos tienen todas las láminas al mismo tiempo,
eso es fascinante desde el punto de vista que no te pase lo que me pasó a mi con Eduardo Kaplan. Con
Eduardo Kaplan éramos compañeros para hacer una escuela en Composición 3, Leiro adjunto. Proyecto
bien alvarartiano porque era la línea de Leiro, viste. Entonces no me acuerdo cómo era el proyecto, venía el
pasillo de la escuela en mi aula, y como el pasillo no entraba en una sola lámina, la otra mitad la hizo
Eduardo Kaplan. Cuando juntamos las láminas su pasillo y el mío no coincidían ni por puta, ni en espesor ni
en nada. Eso no te pasa con las computadoras, porque obviamente trabajás en red, y la fachada el corte,
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todo sale junto. Pero creo que había un tiempo y una exigencia de elaboración, que nosotros en la Cátedra
tratamos de hacer, no sólo la artesanía de la producción arquitectónica, sino el pensamiento, digamos. Hoy
dio una teórica muy linda Nora Quiñones sobre, entre otras cosas, habló sobre el vínculo entre
razonabilidad e intuición para generar pensamiento. Y la verdad es que nosotros no somos artesanos, ni
somos mecánicos, somos ejercitantes de un pensamiento, que es el pensamiento arquitectónico, lo
expreses a través de la producción de proyectos, lo expreses a través de la formulación de un estudio
histórico, a través de la formación de historia, de tecnología, de lo que quieras. Entonces yo pienso que en
nuestra formación como generación todo eso está muy presente, de una manera disgregada que te
obligaba a vos a hacer la síntesis…
Bueno por otro lado, la velocidad de las computadoras, tiene aspectos fascinantes cuando vos querés
ver una alternativa. Realmente te sentás…. Como yo le digo a Jorge, que él lo mata con el aliento en la
espalda a los pobres chicos, porque se le sienta atrás, y bueno yo hago lo mismo. Ahora estamos haciendo
una casa, te sentás atrás y de pronto se te ocurre cómo cambiar el baño, y le decís hacete un “copy” y hacé
el baño… y no es que lo ves así nomás. Lo ves con todas sus medidas, con el inodoro, con la puerta, con la
bañadera, todo en dos minutos, eso es fascinante.
Entonces está un tempo de pensamiento y un tempo que está vinculado con la presión de los clientes y
todo, yo creo que antes la presión…, el honorario. , viste? Le hice una casa en Bariloche a mi hermano, todo
bien. Empezó la obra, en una semana ya hicieron toda la excavación, todas las bases, todos los
encadenados, y están con muros hasta un metro de altura, no lo puedo creer, es un tipo que fue contratista
nuestro hace muchos años, un yugoslavo de una eficiencia, ha metido a diez monos a trabajar, una casa de
150 metros, nada gigantesco. Bueno fantástico, entonces cuando mi hermano fue ahora este fin de semana,
me encontré anoche para que me contara qué había visto, porque es médico y no sabe nada de nada de
arquitectura, y me dice, cuando vos te hiciste la casa en Maswitsch, yo hice una casa en Maswitsch hace
veinte años, la hicimos con dos planos. Y esta vez yo vi que tienen montones de planos hay unos dibujos
rarísimos, que me dijeron que eran los detalles de calefacción, los detalles de carpintería, y los detalles de
electricidad; cuando hiciste la casa no hiciste nada de todo esto. Yo creo que la presencia de la tecnología
se ha hecho cada vez más demandante, en parte porque antes cuando yo hice la casa de Maswitsch, el tano
que la hizo sabía que si vos le marcabas la llave de luz, sabía más, y era una miniempresita, ahora es todo
más complejo. Pero por otro lado, yo creo que la demanda del cliente se ha puesto cada vez más exigente,
cada vez te piden más alternativas, y te dicen, bueno y cuánto cuesta esto y cuánto cuesta aquello, y te paga
menos. Y te dice pero si tenés menos gente, y con la computadora me hacés unos dibujitos y sale. Y es
mentira, porque está lo que vos dijiste antes, que eso te cuesta mucho más. Pero más allá del aspecto
empresarial, digamos, yo creo que lo interesante es escarbar en la producción de la arquitectura, creo que
es un tema que pocas veces uno lo trata de sistematizar, porque te encontrás con tres arquitectos, y
empieza el tema “puta digo che, no hay guita que alcance, cuánto cuesta los impuestos, cuánto cuestan las
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computadoras”, uno lo tiene presente, no es que sea ciego al tema. Pero darse cuenta realmente cómo se
produce arquitectura, qué se requiere para trabajar en equipo, cómo trabajás con tus asesores, cómo es esa
formulación. Yo creo que nuestra generación un aprendizaje un poco a los ponchazos con esa escuela
heterodoxa que era la Facultad, y con una escuela simultánea que eran los concursos, que no se pueden
desligar de la facultad Porque todos nosotros éramos compañeros en La Facultad o alumnos de
docentes…, algunos concursos los hice con Leiro, y tengo recuerdos maravillosos. Yo era alumno de él en
Composición 3, y después íbamos a hacer los concursos. Lo que pasaba es que ahí viene el tema de la
soberbia. Suponete Leiro se iba, como yo me voy hoy de un concurso a las dos de la mañana, muerto, y
nosotros quedábamos toda la noche. Pero le borrábamos con gillette todo y cambiábamos lo que a
nosotros no nos parecía, te das cuenta, entonces esas historias. Yo en ese sentido tengo hacia Leiro una
gratitud infinita porque fue mi único patrón. Yo la única vez que trabajé en relación de dependencia fue en el
estudio de Leiro en la calle Santa Fe. Y yo entro, y era único dibujante, secretario, cadete, de todo. Y estaba
haciendo la casa de Pinki, ahí enfrente del Botánico, y a mí los muebles no me gustaban nada. Y entonces
cuando Nando se iba a ver un cliente, que esto que aquello, yo le cambiaba los diseños. Y a los quince días
me dijo: este romance no va más andate, pero me pagó, una generosidad sin límites, me tendría que haber
roto un palo en la cabeza. Todo este tema, insisto, de un esfuerzo inmenso, porque nosotros éramos
ayudantes en La Plata a la mañana, y volvíamos en el tren al mediodía. Y yo a la tarde trabajaba en el
estudio de Rotzait, porque, viste el edificio del Fondo de Cultura Económico que está en la calle Suipacha,.
Entonces como yo me acababa de recibir me lo habían ofrecido, pero como yo no tenía experiencia,
terminó cayendo en el estudio de Rotzait. Y yo trabajaba en eso como asociado joven, digamos, y aprendí
muchísimo también. Y pienso en todo este tema, y estábamos sobreexigidos todos. Teníamos docencia a la
mañana, estudiábamos a la noche, trabajábamos en distintos lugares a la tarde y después hacíamos
concursos. Y además yo hice una casa en Pinamar al mismo tiempo, con lo cual viajaba a la noche, estaba
todo el día dirigiendo la obra y volvía a la noche siguiente. Cómo nos daba el cuero?, la verdad es que no sé.
Sin embargo había un tiempo de debate y un tiempo de discusión, que me parece es una de las diferencias
importantes con este tiempo actual, me parece, no estoy del todo seguro. Yo creo que también lo que ha
cambiado es el tipo de intereses, con lo cual los chicos de pronto tienen otros tiempos y otros intereses. Me
acuerdo que charlé con Baliero, y me decía: “no, porque en todas las carreras del mundo hay un 10% de
alumnos brillantes, y después del resto hay de todo, y podés catalogarlo como quieras”. Y es cierto, hay de
todo. Tipos que de pronto están más aplastados por coyunturas personales, que a lo mejor pueden
sobresalir mañana.
Hace un par de años me pasó una cosa emocionante que yo creo que es el resumen de la cosa más
linda que te puede pasar en la docencia. Me llamó Leiro que tiene ese Postgrado de gestión... no se cómo se
llama… es un Posgrado de cómo manejar El Proyecto. Me pide que de unas charlas. Como a Leiro lo quiero
muchísimo, me enseñó y me ayudó muchísimo. Voy, termina la clase, y veo a un tipo que había estado
parado atrás, viste en esas típicas aulas chiquitas en donde se dan los Postgrados, y había veinte o treinta
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personas, y había uno atrás con un bebe en brazos, con anteojos negros… que raro anteojos negros, una
teórica a la noche, con un bebe… bueno en La Facultad te acostumbrás a todo… (risas generales); entre el
pelo verde y anteojos negros qué diferencia hay. Entonces salgo, y se me acerca este chico, se saca los
anteojos negros, un muchacho de unos treinta años. Y me dice, se acuerda de mi? Entonces me cuenta, ese
chico fue alumno mío cuando en la época de Alfonsin, te acordás que hubo un intento de golpe en el
Regimiento Patricios, y un grupo de oficiales trató de entrar para conseguir que se rindieran los rebeldes,
digamos, los tipos que estaban contra el orden institucional, y matan a un oficial que estaba intimando la
rendición de los rebeldes, un oficial Pita de apellido, y este chico era hijo de ese oficial. Y yo la verdad es que
no sabía si ese oficial había estado en la época del Proceso, pero que en ese momento había tomado una
actitud sana porque había ido a defender el orden constitucional, y lo habían asesinado, sencillamente los
tipos del golpe, una de las tantas cosas que hicieron lo que quisieron porque nunca se los enjuició, que
mataron a los que entraron a intimar la rendición, que además eran sus colegas. Eso demuestra el sadismo
y el hijoputismo de estos tipos, … y lo mataron. Y este chico era alumno mío de Arquitectura 1. Yo no sé qué
hice, pero algo habré hecho por lo cual este chico viene a decirme que él había tenido este bebe, y que él
quería presentarme a su bebe porque yo lo había ayudado tanto en un momento tan terrible para él como
había sido la muerte del padre. Yo habré hecho lo que cualquier persona, profesor, compañero de trabajo.
Pero me emocionó muchísimo porque yo creo que en el fondo la docencia incluye cosas que no tienen
nada que ver con la arquitectura, como es eso; y si uno no incluye “eso”, en realidad, no estás enseñando un
carajo. Porque vos enseñás una manera de ser, no solamente que la puerta tiene que tener un tamaño para
un baño. Y yo creo que el otro punto que nuestra generación tuvo, cuando digo nuestra generación no digo
que las otras no lo hayan tenido, sino que lo que se que nuestra generación tuvo es una responsabilidad. Un
Médico, está lleno de errores de médicos, todos conocemos o hemos sufrido en carne propia errores de
médicos. Pero un médico cuando agarra el bisturí y hace “así” y te abre la panza, no se puede equivocar
porque si se equivoca te morís, supongo yo, no sé, le tendría que preguntar a mi hermano que es médico,
pero es psicoanalista y no va a saber qué responderme.
Pero yo creo que cuando uno pone el lápiz tiene que tener la conciencia de que tiene que ser tan grave
como cuando ponés el bisturí. Porque entonces, si nuestra matrícula tuviera conciencia de la importancia
de nuestro trabajo, ni te dejarías basurear con los honorarios, ni sacarían las leyes como de pronto en La
Legislatura de pronto la ordenanza de los discapacitados que pueden llegar a todos lados.. No saben nada,
pero tienen la impunidad de hablar de arquitectura como si hablaran de fútbol, y para hablar de fútbol
podés hablar entre gente que se divierta hablando de fútbol, pero si yo soy director técnico, soy director
técnico, no le vas a decir a Bianchi qué tiene que hacer. Y esta manga de degenerados lanzan una ley por lo
cual todas las puertas de los baños tienen que tener una cierta medida, como si la Argentina fuera un país
lleno de rengos. Los países que han salido de la guerra…es demencial. Y de esas cincuenta mil por
supuesto, el manejo del espacio público. O un colega nuestro, cuando Fito Rossi dice hagamos en las
Bodegas Giol una laguna, se puso a pensar un minuto en lo que significa cómo hacés?, por lo que sé el
problema hidráulico es de una complejidad inmensa, que el problema de las contaminaciones con las
aguas es de una complejidad inmensa, que hacer un espejo de agua de esa dimensión es un problema
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En ese sentido el movimiento de los adjuntos, los tipos que ahora tienen cuarenta, digamos.
Yo creo que lo que además hay dos cosas, una ausencia ente la generación de ellos y la nuestra.
Y la generación de los cuarenta tiene que pasar a ocupar ese lugar, ese vacío, y tienen una actitud
ambivalente en la cual por un lado les interesa mucho La Facultad, y por otro lado, yo siento como que
nuestra generación no les ha dejado ocupar un lugar, pero ellos no han luchado por ocuparlo. Nuestra
generación para ocupar un lugar se abrió lugar a codazos, trompadas, piñas, mordiscones y patadas.
Porque si hubo un personaje que no quiso que creciéramos fue Odilia por ejemplo.
Todavía sigue diciendo lo mismo que decía hace cincuenta años, así que imaginate. Y fue el jurado de
todos los concursos habidos y por haber, sin haber hecho ella prácticamente ninguno, y con la
imposibilidad de hablar, vos te acordás las reuniones de Consejo cuando estaba ella? Era imposible
hablar…
Bueno lo que creo es que estos adjuntos cuando hicieron la exposición el año pasado en el museo,
pegaron un paso adelante importante. En el sentido de decir somos un grupo, estamos, tenemos cosas para
decir.
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Pero era una presencia, más allá…Yo puedo coincidir seguramente con muchas críticas, pero era una
presencia.
No, no el tiempo uno se lo hace. Que me doy cuenta que en alguno de mis divorcios, que he tenido más
de uno, he perdido mi pasado como alumno. No tengo un solo dibujo de cuando era alumno de la facultad.
Te contó Teresita que cuando para entrar a la Facultad vino a verme? Porque la tía de ella era mi
dentista, y yo estaba en tercer año o segundo, y ella vino a verme. Y yo a su vez para entrar a La Facultad fui a
ver, porque yo no entendía nada, no conocía a nadie, fui a verla a la hija del Almirante Rojas, mirá vos, y
sabés a quién?
Sí pero no me acuerdo si fui a lo de ella o lo de Monique Albarenque, que es arquitecta, que era la hija
de unos amigos de mis viejos. Y era la persona que yo remotamente conocía que estaba en la facultad
Supongo que conseguiré. Sí, yo voy a armar igual los tres paneles, me encanta, como no, tendré que
hacer… bueno ya veré.
MIGUEL BAUDIZZONE
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