0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas26 páginas

Dejong Ratto Jujuy Sobre Frontera Bonaerense

historia

Cargado por

arielsaravia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas26 páginas

Dejong Ratto Jujuy Sobre Frontera Bonaerense

historia

Cargado por

arielsaravia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Jornadas de Estudios Indígenas y Coloniales

Centro de Estudios Indígenas y Coloniales (CEIC)


Unidad de Investigación
Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales- Universidad Nacional de Jujuy

26, 27 y 28 de noviembre del 2009. S. S. de Jujuy, Jujuy, Argentina

“Políticas oficiales y territorialidad indígena en la frontera sur bonaerense


durante el siglo XIX. El caso de Villa Fidelidad (1856-2009)”

Ingrid de Jong (CONICET/UBA, Argentina), [email protected]


Sol Lanteri (CONICET/UBA, Argentina), [email protected]
Victoria Pedrotta (CONICET/UNCPBA, Argentina), [email protected]
Silvia Ratto (CONICET/UNQ, Argentina), [email protected]

1.- Introducción

Este trabajo constituye una primera aproximación a una reciente investigación colectiva
que intenta reconstruir la territorialidad indígena de los grupos catrieleros en la frontera
sur de Buenos Aires (actuales partidos de Azul, Tapalqué y Olavarría) desde su
asentamiento inicial hasta la actualidad, en interacción con las políticas estatales y con
el accionar de otros agentes fronterizos. Se parte de un enfoque interdisciplinario que
recoge los aportes de la historia, la arqueología y la antropología social.
En este marco, el objetivo de la presente ponencia es abordar el singular caso del
emplazamiento urbano de “Villa Fidelidad”, que constituye el primer ejemplo de
entrega de solares a grupos nativos que vivían en la región desde la década de 1830.
Este espacio, originado en 1856 sobre la margen occidental del arroyo Azul -que
atraviesa el pueblo homónimo- constituye al presente un barrio periférico que continúa
ocupado, en parte, por pobladores que actualmente se reconocen descendientes de los
originarios “pampas”. Dichos pobladores atravesaron momentos de “invisibilidad” y
“visibilidad” en sintonía con el devenir de los gobiernos liberales y positivistas de fines
de la centuria y los conservadores, neoliberales y dictatoriales del siglo XX.
En esta primera aproximación al tema se plantean, en primer lugar, las medidas
oficiales sobre cesiones de tierras públicas (rurales y urbanas) en la región desde los
inicios de la colonización oficial, así como sus formas de apropiación por diferentes
sectores de la sociedad vernácula, contemplando las rupturas y continuidades de las

1
distintas coyunturas, hasta la década de 1860 inclusive. En segundo lugar y apuntando a
contextualizar el sentido de dichas medidas en el marco de la administración fronteriza
local, se reconstruyen los rasgos que caracterizaron las prácticas de los agentes estatales
hacia los “indios amigos” -entre los que se encontraban los grupos asentados en “Villa
Fidelidad”- durante el período. Finalmente, se describe la conformación de dicho
asentamiento y se esbozan los ejes de indagación, así como los lineamientos heurísticos
y metodológicos estimados para continuar la pesquisa grupal en curso.

2.- Los inicios del poblamiento regional en la etapa rosista

A partir de 1820, el flamante estado de Buenos Aires comenzó una expansión


oficial sobre la frontera sur en pleno proceso de “expansión ganadera”, mediante la
fundación de pueblos y sedes de poder institucional, la extensión de la ciudadanía
política, la cesión de tierras fiscales, entre otras medidas (Halperín Donghi, 1963; Barral
y Fradkin, 2005; Cansanello, 2003). En este contexto, la colonización de Azul presentó
características distintivas porque, si bien con asentamientos previos, fue impulsada por
el gobierno de Rosas (1829-32 y 1835-52) mediante una serie de donaciones de “suertes
de estancia” –terrenos de 2.025 hectáreas (has.) cada uno- que se efectivizaron a partir
de 1832 (Infesta, 1994), cuyos beneficiarios fueron especialmente pequeños y medianos
productores-propietarios. Estas donaciones fueron “condicionadas” porque la obtención
de los títulos legales estaba sujeta al cumplimiento del poblamiento efectivo, la puesta
en producción agraria y la defensa local a partir del servicio miliciano según los
decretos de 1829 y 1832.1
Las tierras cedidas fueron rápidamente ocupadas y puestas en producción por
distintos tipos de productores/propietarios rurales, que en algunos casos también estaban
dedicados a actividades comerciales, fomentando la migración y el establecimiento de
pobladores criollos en la región (Banzato y Lanteri, 2007). Los datos demográficos
indican una población “blanca” en constante crecimiento, aunque el más pronunciado se
produjo entre 1830-1850, coherente con el proceso de ocupación de las suertes. La tasa
de crecimiento porcentual anual indica un 4,1% entre 1838 y 1854, con escasa variación

1
Registro Oficial del Gobierno de Buenos Aires, decreto del 19 de septiembre de 1829 y del 9 de junio
de 1832, Buenos Aires, Imprenta del Estado, pp. 17-21.

2
del espacio ocupado en ese período.2 Para la etapa 1854-1869 el guarismo disminuye a
1,33%, lo que refiere que el mayor porcentaje de población se estableció en Azul
durante el período rosista.3 La ocupación del espacio se produjo a un ritmo acelerado a
partir de 1830, resultado además de la campaña militar de 1833-34. Mediante las
donaciones de suertes y las concesiones enfitéuticas 4, la extensión en principio ocupada
por el estado provincial en esta zona no sólo se vio afianzada sino ampliada con creces,
pasando de 169.506 has. en el decenio de 1820 a 757.088,1 has. en el de 1830, cifra que
se incrementó en la década siguiente y tuvo una disminución importante en la de 1850,
conforme el retroceso de la frontera oficial luego de la caída de Rosas (Lanteri, 2007).
Las suertes se establecieron sobre el área antiguamente ocupada por las
superficies enfiteúticas de la década de 1820 y coexistieron coyunturalmente con
las tolderías del cacique Venancio, quien poco después migró hacia Bahía Blanca.
Al mismo tiempo, las tribus de Juan Catriel y Juan Manuel Cachul (que se
encontraban en el establecimiento “Los Cerrillos” de Rosas en Monte) se
establecieron en Tapalqué cuando el gobierno impulsó las donaciones y estableció
el fuerte de Azul sobre el territorio anteriormente ocupado por Venancio, según los
acuerdos entablados en el “negocio pacífico de indios” (Ratto, 1994a y b). Éste
consistió en una contraprestación de bienes y servicios entre el gobierno y algunos
grupos nativos, mediante la cual los segundos recibían entregas periódicas de ganado
(equino y vacuno), vestimenta y artículos de consumo denominados “vicios de
costumbre” (yerba, azúcar, aguardiente, tabaco, sal, etc.) y debían formar contingentes
auxiliares en las milicias provinciales, así como cumplir otras tareas (chasques, trabajo
rural, etc.). Los “indios amigos” que aceptaron estas condiciones se establecieron dentro
de la zona de frontera cercana a los fuertes o pueblos, como los grupos ya mencionados
de los caciques Venancio, Catriel y Cachul, que estuvieron asentados en Azul y
Tapalqué. Durante el período rosista, ese asentamiento no implicó ni la permanencia
estable de los grupos ni la transferencia de terrenos a éstos (Ratto, 2003a; Lanteri y
2
Los cambios territoriales más significativos fueron encontrados a inicios del decenio de 1830 y luego
de la caída del rosismo (Lanteri, 2005 y 2007).
3
De hecho, la tasa registrada durante 1869-1895, en una coyuntura bien diferente signada por la entrada
masiva del flujo inmigratorio internacional, fue del 4,6% anual, bastante similar a la de la primera mitad
del siglo.
4
Modalidad empleada por el estado provincial desde el gobierno de Martín Rodríguez, con
reformulaciones durante el rosismo, que otorgaba el usufructo de amplias extensiones de tierras públicas a
particulares a cambio de un canon bajo (Infesta, 1993).

3
Pedrotta, 2009).
La región de Azul, Tapalqué e Independencia es destacada como el centro de los
intercambios con los indígenas dentro de la política del “negocio pacífico” bonaerense.
Según datos basados en censos indígenas realizados por los comandantes militares y en
cálculos estimados a partir de la cantidad de reses entregadas para el abastecimiento,
Tapalqué presentaba la reveladora suma de 2.638 aborígenes asentados en 1832 (899
indios de pelea, 970 mujeres y 769 niños); 2.650 en 1836 y 1.833 hacia 1840 (655
indios de pelea, 658 mujeres y 520 niños), luego de malones previos que habían
diezmado a la población de “indios amigos”.5 Sin embargo, Tapalqué manifestó la
mayor cantidad de indígenas para todas las fechas, por sobre los fuertes de Federación,
Mayo, Independencia y Bahía Blanca (Ratto, 2003b:210), constituyendo una fuerza
militar nada desdeñable que estaba acompañada además de significativas estructuras
familiares. Según el censo provincial efectuado en 1854, Tapalqué albergaba la cifra de
“6.000 indios” frente a una población criolla mucho más reducida (515 habitantes),
mientras el partido colindante de Azul presentaba 5.912 personas. 6 Tanto los indios
“amigos” como los pequeños-medianos propietarios participaron activamente en la
legitimación y defensa del territorio fronterizo y de la federación rosista, a través del
servicio de armas y de su intervención en las elecciones anuales para representantes de
la Sala provincial (Ratto, 2003b; Lanteri, 2008).
Por su parte, estudios arqueológicos refieren a la importancia del asentamiento
de las tribus de “indios amigos” en la zona de estudio, inclusive hasta el tercer tercio de
la centuria. Las principales evidencias proceden de dos sitios arqueológicos localizados
a la vera del arroyo de Nievas, en cuyas tierras fueron establecidos los grupos indígenas
a partir de 1856, cuando se resignificaron las paces que habían concluido luego de la
caída de Rosas con la reestructuración del “negocio pacífico” por el estado de Buenos
Aires. La información aportada por el registro arqueológico, los análisis del material

5
Para 1832 se cuenta además con datos sobre la distribución por caciques de 2.626 personas sobre esas
2.638. Catriel encabezaba a 1.734 individuos (519 hombres de pelea, 672 mujeres y 543 niños); Cachul
comandaba a 433 (149 hombres de pelea, 158 mujeres y 126 niños); mientras Francaman nucleaba a 188,
Reylef a 140, Cayupan a 58, Quiñigual a 67 y los caciquillos Painen y Llanqueman sólo a 6 personas,
(Ratto, 2003b:129).
6
Primer Censo de la República Argentina, Verificado en los días 15, 16 17 de Setiembre de 1869. Bajo
la dirección de Diego de la Fuente, Superintendente del Censo, Buenos Aires, Imprenta del Porvenir,
1872, pp. 18. En los padrones de la campaña de 1836 y 1838 Tapalqué sólo registra información para el
primer año, contando sólo con 7 cabezas de unidad censal con 31 personas, algunos de aquéllos con
unidades en Azul. Archivo General de la Nación (en adelante AGN), X, 25-2-4 y 25-6-2.

4
lítico, vítreo y óseo, los estudios edafológicos, así como la existencia de diversas
estructuras de piedra, indican la permanencia estable de estas parcialidades, el
desarrollo de actividades productivas y comerciales diversas, su inclusión en redes
complejas de intercambio mercantil locales, regionales y extra-regionales, patrones de
asentamiento sedentarios en sitios con estructuras habitacionales domésticas, corrales,
puestos de vigilia y defensa territorial, etc. (Pedrotta, 2005; Ferrer y Pedrotta, 2006).

3.- La década de 1850

Las tierras públicas y privadas en el estado de Buenos Aires


A partir de la sanción de la ley de arrendamientos rurales y las ventas públicas
durante 1857-1876 se comenzó a revisar y organizar la situación jurídica de los
tenedores precarios de tierras fiscales, así como aquellas diligencias que había dejado
irresuelta la legislación rosista y la etapa inmediatamente posterior. Esta cuestión era de
central importancia, pues no sólo se vinculaba con el control del espacio austral y los
recursos para articular al ciclo del ovino en marcha orientado al eje atlántico, sino
también con el propio modelo de sociedad que los liberales porteños querían construir,
basado en la ocupación y puesta en producción efectiva de los usufructuantes por sobre
el pago de cánones al gobierno y en la propiedad privada plena al estilo norteamericano
(Valencia, 2005). Los arrendamientos rurales y también mayormente las ventas
públicas, lejos de fomentar la concentración territorial como en el caso de la enfiteusis,
ampliaron la ocupación productiva criolla en la provincia durante la segunda mitad del
siglo, quedando aquélla dividida en dos partes a través de la línea de frontera
establecida en 1858, con normativas diferentes para los campos situados al interior y al
exterior, presentando éstos últimos precios menores debido a la “amenaza indígena” -
según estipularon los legisladores coetáneos-.
En lo referido propiamente al área de estudio, es dable señalar que Tapalqué
registró más operaciones de tierras fiscales que Azul durante el segundo tramo de la
centuria, tanto en cantidad de transferencias como en el volumen implicado en los
arrendamientos y las ventas (Valencia, 2005), en el marco de la abundante presencia
aborigen desde sus inicios y de un proceso de apropiación particular más tardío. En
Azul los terrenos en usufructo durante el período 1820-1860 fueron transferidos

5
fundamentalmente mediante el régimen enfiteútico, en tanto los campos arrendados
representaron un volumen de 43.497 has. cedidas mediante tres traspasos durante 1857-
1860 (Lanteri, 2005). No obstante, esta modalidad comprendió un monto superior en
1857-1876, de 185.749 has., que fueron otorgadas mediante 16 operaciones; es decir, el
4,1% de un total de 4.566.678 has. asignado para la región sur de la provincia, donde las
áreas que presentaron el mayor índice fueron Tres Arroyos, Necochea y 9 de Julio, al
exterior de la línea de fronteras de 1858 (Valencia, 2005).
El impacto de la pequeña y mediana propiedad rural desde el inicio del proceso
colonizador regional se mantuvo inclusive durante 1850-1860, cuando el territorio
criollo presentó una disminución general de aproximadamente 168.000 has. por los
malones indígenas de 1853-1855, que ocasionaron el despoblamiento de algunas suertes
y también por la ocupación de parte de los terrenos por la tribu catrielera según el
acuerdo de 1856, como se verá a continuación.7 En este decenio, el 87,5% de los
tenedores de Azul poseía el 53,3% de las tierras en el segmento 0-2.699 has., mientras el
1,4% concentraba el 19,2% en superficies mayores a las 29.700 has., creciendo el
número de los medianos propietarios, especialmente en la franja 2.700-8.099 has.,
debido a la fragmentación de las grandes propiedades consolidadas en 1830´s (Lanteri,
2007).

La política indígena pos Caseros


En febrero de 1852 la batalla de Caseros puso fin al gobierno de Rosas. El gran
vencedor, Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos, intentó llevar adelante el
proyecto de organización nacional pero los porteños no apoyaron la idea de una futura
Confederación con predominio entrerriano (Sáenz Quesada, 1979). En lo que respecta a
la política indígena, se intentó mantener la estructura de racionamiento de los “indios
amigos” establecida por Rosas y a las principales figuras vinculadas al trato pacífico. El
general Pedro Rosas y Belgrano siguió a cargo del juzgado y comandancia de Azul,
Manuel Leyba continuó como comandante interino de Bahía Blanca y las divisiones de
milicias indígenas de Mulitas y Federación bajo las órdenes de Baldebenito y Eugenio

7
Con todo, la mayoría de las suertes estaban pobladas hacia 1859 (194), habiendo 108 “taperas” debido a
las razones expuestas, embargos rosistas, etc. Cornell, Juan, “Informe dirigido al Sor Ministro de
Gobierno en el que se da cuenta haber desempeñado Don Juan Cornell la comisión de que fue encargado
para el Partido Arroyo Azul”, 1859, Archivo Histórico de la Dirección de Geodesia y Catastro de la
Provincia de Buenos Aires (en adelante DGYC).

6
Bustos. El único cambio significativo a nivel local se dio en Carmen de Patagones,
donde se reemplazó al comandante Hernández y al juez de paz Nicolás García ambos
fuertemente vinculados al régimen rosista- por Francisco Fourmantin y Manuel Álvarez,
respectivamente. A nivel provincial se nombró al coronel Hilario Lagos –ex oficial
rosista que había actuado en la frontera norte- comandante general del Departamento
Sur y dentro de sus funciones se le ordenó mantener el sistema de provisión de
yeguarizos a los “indios amigos”, para lo cual los juzgados de paz debían enviar
mensualmente 2.500 yeguas a Azul.
La revolución del 11 de septiembre, que llevó a la separación de Buenos Aires
del resto de la Confederación en rechazo a la política urquicista, no produjo cambios en
el elenco de las principales autoridades de frontera y las relaciones interétnicas en la
campaña mantuvieron la calma del período anterior. Poco después, el 1 de diciembre, un
movimiento de base rural dirigido por el coronel Lagos desafió a las nuevas autoridades
porteñas por su proyecto separatista. El movimiento mantuvo sitiada a la ciudad de
Buenos Aires por seis meses y durante su transcurso se movilizaron a los grupos
indígenas asentados en la campaña de acuerdo a los contactos personales ya existentes.
Así, las divisiones de “indios amigos” de Mulitas y Federación siguieron respondiendo
a Eugenio Bustos y, con éste, apoyaron el movimiento de Lagos. Los indios asentados
en Azul-Tapalqué se mantuvieron leales a Pedro Rosas y Belgrano, formando parte
mayoritaria de la fuerza que logró convocar el juez de paz. El 21 de enero las fuerzas
opositoras se encontraron en la batalla de San Gregorio, donde fueron derrotadas las
tropas porteñas y Rosas y Belgrano fue apresado.
En junio de 1853 finalizó el sitio de Buenos Aires. Rosas y Belgrano fue
liberado y regresó a Azul como juez de paz. Su llegada al fuerte fue saludada por los
“indios amigos” quienes, al día siguiente de su llegada, se presentaron con el cacique
mayor Catriel a la cabeza “alegrándose del triunfo ultimo por las legítimas autoridades
de la provincia”.8 La campaña sur se encontraba en calma según los informes de los
comandantes de los fuertes. En octubre, Rosas y Belgrano informaba que “todos los
caciques amigos de Tapalqué y Salinas han mandado a este punto a saludar al
infrascripto manifestando su contento por la paz que goza la provincia”.
Pero esta paz duraría poco. En el quiebre de la relación interétnica no fue un

8
AGN, X, 18.7.6.

7
dato menor el cambio en el elenco de personas encargadas de los asuntos de frontera. En
octubre de 1853 Rosas y Belgrano renunció al juzgado de paz de Azul, con lo que los
“indios amigos” perdieron a su principal referente. Su reemplazante, Ezequiel Martínez,
en enero de 1854 encabezó una solicitud de los vecinos principales para que el pueblo
de Tapalqué fuera trasladado unas ocho leguas al sudoeste, a las puntas del arroyo
homónimo, sobre un territorio que estaba ocupado por las tolderías indígenas. El
gobierno aceptó el pedido previa confección de planos y autorizó la expropiación de
terrenos para hacer el traslado (Capdevila, 1963:127). La decisión mostraba claramente
que a partir de ahora surgiría la idea de realizar un avance territorial.
Sobre este escenario se agregó un nuevo cambio en el elenco de las personas a
cargo de los asuntos de frontera poco favorable a lograr un entendimiento. En enero de
1855, se nombró Ministro de Guerra a Bartolomé Mitre, quien decidió poner en práctica
el plan que venía elaborando para asegurar la campaña: reorganización del ejército de
línea y fundación de colonias agrícola militares para contener a los indígenas y poblar el
“desierto”. De esa época data el establecimiento de la Colonia Agrícola Militar de la
Legión Italiana en el Sauce Chico, pocas leguas al norte de Bahía Blanca, y el traslado
efectivo del cantón de Tapalqué.
En febrero de 1855 los informes desde Azul mencionaban la existencia de un
“enjambre de indios por las cercanías y terror por parte de los vecinos de que éstos
efectivicen un ataque”. Los rumores que circulaban entre los vecinos señalaban que el
cacique huilliche Calfucurá9 intentaba reunir a los grupos desde Salinas hasta el río
Negro para invadir la campaña y, si bien no se mencionaba a los indios de Tapalqué,
algunas actitudes de éstos hacían presumir que también habían sido convocados. 10 La
anunciada invasión se produjo en la noche del 13 de febrero y avanzó por Azul y Tandil
llevándose 60.000 vacunos y 150 cautivos. 11 En el mes de mayo la tensión alcanzó su
pico de mayor intensidad cuando los indígenas resistieron por la fuerza el intento de
fundar el nuevo pueblo de Tapalqué, apresando al juez de paz de Azul, Ezequiel
Martínez, junto a otros vecinos y matando al policía y al capataz que formaban parte del

9
Procedente de la región de Llaima, el cacique se había instalado a inicios de la década de 1840 en la
región de Salinas Grandes. Diez años después era, sin lugar a dudas, el líder que podía convocar la mayor
cantidad de seguidores para realizar campañas de apropiación de ganado, ver de Jong y Ratto (2008).
10
Archivo Mitre, XV, 196-197.
11
Archivo Mitre, XV, 98.

8
grupo (Lanteri y Pedrotta, 2009).12 A partir de este hecho, se incrementó la ola de
violencia y el gobierno reaccionó movilizando fuerzas hacia el sur. A fines de mayo las
fuerzas provinciales iniciaron una serie de ofensivas militares que culminaron en
derrotas, lo que motivó que el mismo gobernador, Pastor Obligado, se trasladara a la
frontera para organizar una nueva ofensiva militar con la que se esperaba acabar con los
ataques indígenas.13 Empero, este último intento tampoco fue exitoso para el gobierno.

El restablecimiento de las paces con los “indios amigos” y el tratado de 1856


Los ataques sufridos a mediados de la década de 1850 y la imposibilidad de
detenerlos en el plano de las armas hicieron comprender al gobierno porteño la
necesidad de reestablecer una política pacífica con los indígenas. En junio de 1856 el
general Manuel Escalada asumió el mando de la Comandancia de la Frontera Sud e
inició una serie de negociaciones para lograr su pacificación. Estas gestiones incluyeron
tanto mensajes enviados directamente por Escalada y el propio gobernador Obligado,
como el envío de comisiones diplomáticas a las tolderías, que para entonces se habían
trasladado a la zona del arroyo Sauce Grande, en el suroeste bonaerense. Una primera
misión conciliadora estuvo a cargo de Gral. Ignacio Rivas, sumándose luego otras que
fueron canalizadas a través de las autoridades del Fuerte Argentino, con la intervención
del teniente Juan Susviela y el Sgto. Francisco Iturra, entre otros (Levaggi, 2000:294-
297). Cabe resaltar que el reconocimiento de los derechos sobre las tierras a los grupos
catrieleros ocupó un lugar importante entre las condiciones que posibilitaron la
pacificación (Lanteri y Pedrotta, 2009).
En octubre de 1856, al cabo de cuatro meses de negociaciones, el Gral. Escalada
en representación del estado de Buenos Aires, firmó un tratado con los caciques Catriel
y Cachul. De los veintiún puntos que conformaron dicho tratado, se destaca: 1) el mutuo
compromiso para mantener la paz y ayudarse en caso de ataques; 2) el reconocimiento
de un territorio de 20 leguas cuadradas (unas 54.000 has.) situadas al oeste del arroyo
Tapalqué -sus límites debían ser establecidos más adelante- donde las tribus debían vivir
“pacíficamente ejerciendo su industria y cultivando la tierra”; 3) el canje de cautivas; 4)
la reasignación trimestral de raciones comestibles (yeguas, harina, maíz, bebidas
12
Archivo Mitre, XV, 107-108 y 208-209.
13
Archivo Mitre XV, 81.

9
alcohólicas, entre otros productos) y “vicios de costumbre” (yerba, azúcar, tabaco y
papel); 5) el restablecimiento del comercio y de las relaciones laborales y 6) los
nombramientos militares para los indígenas con sus remuneraciones mensuales
respectivas (texto completo del tratado en Levaggi, 2000:298-300).
Sin embargo, el deslinde proyectado nunca se realizó y subsistió un desacuerdo
básico entre las autoridades gubernamentales y los caciques sobre la localización de las
tierras indígenas. En efecto, Bartolomé Mitre pretendía que los campos para “correrías y
boleadas” estuvieran alejados entre veinte y treinta leguas del territorio poblado por los
criollos y que dejaran libre “todo lo que comprende desde los caminos de Tandil a Bahía
Blanca y Patagones hasta la costa del mar”. 14 En contraste, los caciques consideraban
que, mediante el citado tratado, el gobierno les había reconocido la propiedad de las
tierras situadas inmediatamente al oeste de las sierras Bayas (Lanteri y Pedrotta, 2009).
No obstante este desacuerdo sobre la demarcación definitiva del territorio en la zona
rural, a partir de la firma del tratado de 1856 la agrupación catrielera se reinstaló en los
campos de los arroyos Nievas y Tapalqué, incrementándose el dinero y las raciones que
recibía, así como sus actividades comerciales en Azul (Barros, [1872] 1975; Durán,
2002; Ebelot, [1876] 1930). Su retorno a las tierras cercanas a Azul fue acompañado en
los años inmediatos por las tribus “pampas” de Lucio López y su hijo Chipitruz,
Calfuquir, Cholaylaf y Comihuala, que se ubicaron en las tierras de Tapalqué (Hux,
1993). Poco tiempo después, el cacique Catriel concedió finalmente una parte de esos
terrenos para que fuera construido el nuevo fuerte y pueblo de Tapalqué, actual ciudad
de Olavarría (Arena et al., 1967).
De hecho, el nuevo ordenamiento institucional criollo que logró establecerse
unos años después de la caída de Rosas debió contemplar la existencia de determinados
territorios, tanto rurales como en el área urbana de los pueblos, que estaban ocupados
casi exclusivamente por indígenas. A diferencia del período rosista, durante el cual no se
entregaron tierras en propiedad a aquéllos, luego de 1852 hubo efectivamente cesiones
de tierras en propiedad –al menos en el plano formal- a los “indios amigos” en la zona
de estudio, no estando éstos sujetos como otrora a traslados dispuestos por el gobierno
dentro del territorio provincial.
El ofrecimiento de un tratado de paz al cacique Catriel en 1856 marca la

14
Carta de Bartolomé Mitre del 15 de noviembre de 1856, en Levaggi (2000:302).

10
reorientación de la política del estado de Buenos Aires hacia los indígenas luego de la
caída de Rosas, centrada en el avance fronterizo y las expediciones punitivas a las
tolderías de tierra adentro. Los tratados posteriores con Yanquetruz (1857) en Carmen
de Patagones y con el mismo Calfucurá (1861) con las autoridades militares de Azul
marcarán el retorno al “negocio pacífico” con los principales caciques, política que se
consolidará en las décadas subsiguientes como práctica diplomática destinada a
controlar la resistencia indígena al avance territorial del estado (de Jong, 2007).

En este contexto, tribus o fracciones de tribus de caciques “amigos” instalados


en la línea de frontera durante la etapa rosista (como Ancalao, Rondeau y Collinao), que
se habían sumado a las fuerzas de Calfucurá, regresaron a sus asentamientos y durante
la década de 1860 se agregaron nuevos contingentes que gestionaron en forma
independiente sus tratados con el gobierno nacional.15 En los años siguientes, otros
caciques negociaron el asentamiento de sus tribus en los sectores sur y costa sur de la
frontera. Entre ellos, Millacurá (1858) en Azul, Manuel Grande y Quentriel (1866) en la
zona de Tapalqué, así como Cañumil, Guayquil e Ignacio (1865), en las cercanías de
Bahía Blanca. En Carmen de Patagones se fortaleció el lugar de Chingoleo (1859),
sucesor de Yanquetruz, y luego Miguel Linares (1865) como cabeza referente de los
“indios amigos” de Patagones. Las trayectorias de estos grupos de “indios amigos”
fueron diferentes, ya que su situación evolucionó en función de la ubicación geopolítica
de las jurisdicciones fronterizas, las relaciones comerciales y diplomáticas de sus
autoridades con distintos sectores del mapa político indígena, así como las alianzas
entre los caciques “amigos” y los grupos de “tierra adentro”. Estos factores imprimieron
una dinámica muy distinta a la participación de las tribus “amigas” en los vínculos
diplomáticos y de confrontación bélica que se alternaron a lo largo de estas décadas,
diferenciando también la forma en que se insertaron en la administración fronteriza.
En este sentido, la distancia política que mantuvo el cacique Ignacio Coliqueo
respecto de los salineros de Calfucurá -en parte como resultado de antiguas oposiciones
políticas16- y el apoyo de sus lanceros a las fuerzas de la frontera oeste acompañaron

15
En el sector oeste de la frontera, para 1862 se instaló, en los campos cercanos a Bragado y 9 de Julio,
la tribu del cacique borogano Coliqueo, principal referente indígena entre los “indios amigos” del área.
16
La llegada de Calfucurá a Salinas Grandes, a mediados de la década de 1830, se asentó en la derrota de
los grupos boroganos de Rondeau y Melín, entre los que se encontraba Coliqueo. Esta confrontación pudo
encontrar continuidad, a su vez, con líneas de competencia política previas de estas agrupaciones en el

11
durante este período sus solicitudes de tierras en propiedad así como la acción religiosa
y educativa entre los miembros de su tribu. El gobierno nacional, interesado en
disminuir las alianzas de quien hasta hacía pocos años había dirigido la Confederación
Indígena, apoyó probablemente con mayor énfasis la concesión de tierras a las tribus de
Coliqueo y a las de otros caciques emparentados con éste, asentados desde la etapa
rosista en el oeste bonaerense. De este modo, en la década de 1860, una vez unificado el
estado, el congreso nacional otorgó tierras en propiedad a Ancalao en Bahía Blanca, a
Raylef y Melinao en Bragado, a Coliqueo en 9 de Julio, a los hermanos Rondeau en 25
de Mayo y a Raninqueo en los alrededores de Bolívar (de Jong, 2007:57).
Pero no tuvieron igual éxito las solicitudes de tierras efectuadas por los caciques
Chipitruz y Manuel Grande, asentados en Tapalqué, y de Quentriel, en las cercanías de
Blanca Grande, a pesar de reiteradas solicitudes al gobierno durante la década de 1860. 17
Esta distribución de terrenos fue así marcadamente diferente según la zona de la
provincia, pues mientras que en el centro-norte bonaerense se entregaron títulos
formales, no sucedió lo mismo en el área de estudio, ya que el reconocimiento de las
veinte leguas cuadradas de tierra a las tribus catrieleras fue dejado sin efecto
posteriormente (Ebelot, [1876] 1930; Levaggi, 2000:294-309; Sarramone, 1993:179-
183; más detalles en Lanteri y Pedrotta, 2009).
En relación con lo anterior, es posible que cada jurisdicción fronteriza
representara un contexto diferente tanto en lo que concierne a la cantidad de población
indígena en las fronteras y sus vínculos potenciales con los sectores indígenas de “tierra
adentro”, como en las prácticas locales y márgenes de poder de los funcionarios
militares de frontera. Ambos aspectos revistieron en la zona de Azul, durante este
período, aristas bastante complejas.
En principio, la instalación de nuevos “indios amigos” provenientes de Salinas
Grandes en las jurisdicciones de Azul y Bahía Blanca, donde se realizaba a su vez el
abastecimiento de raciones de Calfucurá, contribuía a generar una trama fluida y
potencial de alianzas políticas, que sin embargo se contradecía con el rol formal de

territorio chileno, fomentadas por la participación en bandos opuestos de estos grupos en las guerras
independentistas de Chile (más detalles en Ratto, 1996).
17
En 1866, según un informe del Teniente Coronel a cargo de las comisiones de indios, Juan Cornell, los
caciques se quejaban de que “desde Bragado a Bahía Blanca dan en concesión tierras en arrendamiento o
compra sobre las mismas extensiones de campos que ellos ocupan desde hace tantos años, y las han
solicitado en propiedad. Piden que se suspendan dichas concesiones” (AEM 9085: 17/4/66, en Hux
1993:152).

12
aliados políticos de los “indios amigos” que el orden estatal intentaba favorecer. Los
“indios amigos” de Azul se encontraban así en un lugar ambiguo y fluctuante como
eslabones de tramas de alianzas indígenas y de la administración estatal en las fronteras,
en un marco en el que ambos sectores mantenían, aunque bajo la forma del “negocio
pacífico”, relaciones de fuerza y oposición. Por otra parte, y como había sido práctica
habitual y lo seguiría siendo en adelante, no son pocas las referencias de la época en la
que se acusaba a la presidencia de Mitre de innumerables fraudes y favoritismos
destinados a ampliar el marco de sus aliados políticos (Sarmiento, 1948, en Peña, 1975;
Ebelot, [1876-1880] 1968; Barros, [1872] 1975). Gran parte de los generales y
coroneles nombrados durante esta gestión eran partidarios personales o mantenían lazos
de parentesco más o menos próximos con Mitre. Así, la frontera bonaerense comenzó a
ser comandada por integrantes del ejército ligados al partido liberal o bien por
personajes locales adherentes a Mitre, que encontraban en estos espacios un margen
para consolidar su poder personal. Las situaciones locales de cada jurisdicción
fronteriza, por tanto, pueden entenderse como espacios de creación de redes clientelares
que no se hallaban desconectadas de las pujas por control del estado entre los sectores
políticos dominantes. Pero, a su vez, se alimentaban del marco de manipulaciones
políticas y económicas que los contextos de frontera y la administración de la guerra
defensiva posibilitaban (de Jong, 2009). 18
Las modalidades por las que los “indios amigos” de Azul se integraban a la
administración militar nos son en gran medida desconocidas. Sabemos que para 1865
los indígenas racionados en Azul y Tapalqué eran considerados como pertenecientes a la
tribu de Catriel e incluían a seis caciques segundos (Cachul, Chipitruz, Calfuquir,
Manuel Grande, Millacurá y Guiliner) y 34 capitanejos -muchos de ellos provenientes
de las tolderías de Salinas Grandes-, que se hallaban asentados en la zona. Para ese año
los montos de las raciones reflejan las jerarquías, en tanto el cacique mayor recibía 200
animales cada trimestre, algunos capitanejos sólo 5 o 10 cabezas de ganado.19
La mayor parte de estos grupos, siguiendo una tradición de la época rosista,

18
En efecto, esta estructura de poder no constituía una novedad ya que durante el periodo rosista, los
principales colaboradores del gobernador en la frontera tenían vínculos personales con él y eso les
permitió gozar de un amplio margen de discrecionalidad en el ejercicio del poder (Ratto 1996). De igual
manera, en el período presidencial de Sarmiento se produjo un recambio de autoridades que mantenían
fuertes relaciones personales con el Ministro de Guerra, Martín de Gainza reproduciendo las prácticas de
ejercicio personalizado del poder (Ratto 2009)
19
SHE, Caja 17, nº 882.

13
estaban sujetos a prestaciones militares (Ratto 2003). Así, para el año 1857 se
encontraban piquetes de indios militarizados incorporados a cuerpos del ejército en las
guarniciones de Junín, Fuerte Argentino y 25 de Mayo y otros formaban parte del
Regimiento de Blandengues y del Regimiento 11 de Guardias Nacionales que prestaba
servicios en la frontera sur.20 Aunque dispersos, son elementos que reflejan la
inestabilidad y ambigüedad de la inserción de estos “indios amigos” en la sociedad de
fronteras, resultado de una política estatal que se basó justamente en la manipulación de
las compensaciones y en prácticas cambiantes de alianzas y confrontación con los
distintos caciques y grupos. La intervención de los comandantes de frontera,
especialmente Ignacio Rivas y Francisco de Elía, en las relaciones entre las tribus
catrieleras y tapalqueneras durante la década de 1860 ejemplifica el éxito progresivo de
esta forma de control militar sobre las alianzas entre éstas (de Jong, 2009).

Entregas de tierras a “indios amigos” en la década de 1860


Como se mencionó, fueron varios los caciques “amigos” que en nombre de sus
tribus solicitaron al gobierno nacional las tierras en las que se hallaban asentados. Los
que tuvieron más éxito fueron grupos boroganos asentados en la frontera desde el
período rosista, además de Coliqueo, emparentado con los primeros.
Los documentos disponibles21 muestran que las solicitudes de tierra de Melinao
y Coliqueo fueron tratadas por las cámaras legislativas de la provincia de Buenos Aires.
Por ley 392 del 4 de septiembre de 1863 se sancionó la concesión “al Cacique Melinao
y su Tribu la propiedad de las dos leguas cuadradas de Tierra que ocupan en el Partido
de Bragado”.22 En diciembre de 1863, Coliqueo solicitó también las dos leguas de tierra
ocupadas por su tribu, que obtuvieron finalmente en septiembre de 1866, mediante una
ley que estipulaba que “ni el citado Cacique, ni su tribu, podrán enajenar ni el todo ni la
parte de dichas tierras hasta después de transcurridos diez años de la promulgación de la
presente ley”.23 En octubre de 1868 se sancionó la ley 552, por la cual se acordaron a
20
AGN,III, 40.5.15. La institución de las Guardias Nacionales fue creada en Buenos Aires en el año 1852
para reemplazar a las milicias provinciales y dos años después se extendió su reclutamiento a la
Confederación Argentina. Este cuerpo del ejército respondía a la imagen republicana del “ciudadano en
armas” por lo cual, la incorporación de indígenas como cuerpos auxiliares dentro de esta institución no es
un tema menor y representa una decisión política significativa que esta siendo analizada (Ratto 2009)
21
Informe de la Comisión Investigadora de las Tierras de Coliqueo, 1940:410-426.
22
Muchos años después, por ley 1942 de 1887, se exoneró al Cacique Melinao y su tribu del pago de la
contribución directa e impuestos atrasados por esas tierras (Informe… 1940:416).
23
Coliqueo debió resistir la contrapropuesta del gobierno provincial de concederle el doble de tierras

14
Coliqueo y su tribu cuatro leguas más, adyacentes a las dos primeras.24
Por ley del 12 de octubre de 1866 de la Cámara de Diputados de la provincia de
Buenos Aires le fueron concedidas a Ancalao 2.200 has. cercanas a Punta Alta, en Bahía
Blanca.25 El cacique habría solicitado posteriormente cuatro leguas más, que la Cámara
de Diputados consideró en 1872, sin haber llegado a una resolución favorable (Hux,
1993). Martín, Manuel y Francisco Rondeau solicitaron en 1864 cuatro leguas
cuadradas, que les fueron concedidas finalmente en 1867 en el actual partido de 25 de
Mayo. Ese mismo año Francisco Rondeau adquirió 337 has. bajo propiedad individual
(Hux, 1992: 30). En octubre de 1869 se sancionó la ley 611, de concesión de seis leguas
cuadradas al cacique Raninqueo en “La Verde”, en la frontera oeste de la provincia y en
las inmediaciones del arroyo Vallimanca, con la misma restricción para enajenar estas
tierras antes de pasados diez años de dicha concesión.26
Estas concesiones no se hicieron sin confrontaciones y debates en las cámaras
legislativas, donde las propuestas de concesión encontraron la oposición de legisladores
que sostenían que los “indios amigos” eran los principales causantes de los robos en la
frontera.27 Estos debates se referían además a la futura subdivisión de las tierras
concedidas a los caciques con sus tribus, confrontándose opiniones a favor y en contra
de este punto. Incorporar la obligación de subdividir las tierras en propiedad individual

“siete u ocho leguas más afuera” del punto solicitado, alegando que ya había construido y sembrado en
estas tierras, invirtiendo e incrementando sustancialmente su valor. En una carta al Juez de Paz de
Bragado, el cacique explicaba su negativa: “En primer lugar, hemos hecho grandes sacrificios para llevar
a cabo la Construcción de un gran número de casas, que hoy existen en este lugar: amás; casi todos los
indios han construido potreros, quintas, chacras la que le cuestan no solo el sudor de su frente, sino
también cantidades pecuniarias que atendida nuestra pobreza son exorbitantes: del mismo modo, casi la
totalidad de la tribu y yo el primero hemos sembrado trigo, maíz y otros cereales que se perderían con el
abandono de nuestra actual posesión. […] También varios comerciantes han edificado en este sitio con mi
previo permiso, y a ellos como a mí se nos seguirían graves perjuicios de abandonar este terreno”
(Coliqueo a D. Agustín Rodríguez, Tapera de Díaz, Junio 2 de 1864. Informe …1940: 412-413).
24
La escritura de esos campos, ratificando el espíritu de las leyes nº 474 y 552, fue firmada por el
entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires en junio de 1869 (Fischman y Hernández 1990:28).
25
DGYC, Bahía Blanca Nº 27, La Plata, en Hux (1993:58).
26
Esta adjudicación de tierras obedece, según Fishman y Hernández (1990:27), a quejas elevadas por
Raninqueo, que en 1868 era segundo cacique de Ignacio Coliqueo, sobre la forma en que éste subdividía
la tierra concedida entre los integrantes de su tribu. Pero el coronel Boerr, para entonces Comandante de
la frontera oeste, sostiene que decidió separar a las tribus de Raninqueo y Coliqueo “pues estas dos tribus,
poderosas en número, eran un peligro para la frontera y los dividí, colocando a Raninqueo en los campos
de la Verde, donde solicité terrenos del Gobierno de la Provincia para darles posesión. Allí mismo les
establecí escuela con edificio de material, ayudado por el Gobierno de la Provincia y a una y otra tribu
les hice prestar servicio por destacamentos mensuales en los fortines”, (Memoria de Fojas de Servicio de
Juan Boerr, 7 de noviembre de 1890, Archivo del Ejército, Legajo Nº 1927).
27
Debate en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires de la Ley nº 611 de concesión de
tierras a Raninqueo y su Tribu (Informe… 1940:420-423).

15
a las leyes de concesión, según algunos diputados, era la única manera de incorporar a
los indígenas a las costumbres “civilizadas”. Pero para otros, ello implicaba “introducir
una legislación que no conocen ni aceptarían”, provocando la resistencia indígena de las
pautas políticas de las tribus -que mantenían una jerarquía interna que se reflejaba en el
acceso a distintas porciones de tierras que eran distribuidas por el mismo cacique-
aumentando a su vez el riesgo de que la posesión individual favoreciera la rápida
reventa de las tierras adjudicadas, revirtiendo el proceso de asentamiento aborigen y
conformando una nueva fuente de conflictos.28

4.- La fundación de “Villa Fidelidad”

En forma paralela a las negociaciones ya mencionadas que condujeron a la firma


del tratado de paz con los caciques Catriel y Cachul en octubre de 1856, en Azul se
llevaron a cabo gestiones que culminaron con el otorgamiento de terrenos a los
indígenas en la zona urbana. Así, el general Escalada, también en representación del
gobierno de Buenos Aires, compró a la corporación municipal de Azul una extensión de
tierra en la traza del pueblo, situada al oeste del arroyo homónimo –en consonancia con
la ubicación geográfica de las tolderías-, que fue distribuida entre los “indios amigos”
locales que quisieran instalarse allí de forma permanente. Esta extensión de terreno, que
recibió el nombre de “Villa Fidelidad”, fue dividida en cien solares de 50 varas de frente
por 50 de fondo, los cuales se organizaron siguiendo un trazado en damero, alrededor de
una plaza central cuadrada de 100 varas de lado. 29 De esos 100 solares, 48 fueron
adjudicados por el propio Escalada principalmente a los integrantes de la parcialidad de
Maycá, aunque también a otros que respondían a Catriel, Cachul y Manuel Grande. Los
adjudicatarios iniciales de dichos solares fueron 30: Juan Medina (1), Roque Maicá (2),
Juan José Sañico (3), Calixto Vidal (4), Tomás (5), Mariano Catrimilla (6), Manuel
Torres (7), Andrés Tomás (8), Juan Peña (9), Luciano Maicá (10), Manuel Antonio (11),
José María Medina (12), Nazario Martínez (13), José Chico (14), Manuel Upuares (¿?)

28
“Sanción y debate de las leyes de 1866 y 1868”, Informe de la Comisión Investigadora de las Tierras
de Coliqueo, 1940:89-110.
29
Plano de Villa Fidelidad, 1856, Museo y Archivo Histórico “Enrique Squirru” de Azul, reproducido en
Ronco (1930) y Durán (2002:201). Ver también Ronco (1946).
30
Se indica entre paréntesis el número de solar que corresponde a cada individuo. En cuatro casos el
nombre era ilegible dado el mal estado de conservación del plano.

16
(15), Antonio Nouqué (16), Juancho Pallaquir (17), Ramón Millagüer (18), Federico
(19), Jose María Posada (20), José María López (21), Santos Cabran (¿?) (22), Maciel
Rojas (23), Manuel Cabral (24), Juan Rufino (25), José Rojas (26), Rufino Albornoz
(27), Rondan Chico (28), Martín (29), José Carrizo (30), Mariano Sirico (31), Pedro
Torres (32), José Mármol (33), Luciano Ponce (34), Antonio Manuel (¿?) (37),
Francisco (38), Carlos (41), María (42), Manuela Maicá (43), Rosa Maicá (44), Juana
(45), Carmel (46), Manuela Rosas (48), Paulino (48), entre otros. Así también, el
cacique Mariano Maicá recibió un lote de terreno que estaba significativamente ubicado
del otro lado del arroyo Azul, contiguo a otro lote que la corporación municipal de Azul
había regalado a Juan Catriel en marzo de 1857.31
Es pertinente comentar aquí algunos antecedentes referidos al grupo liderado por
el cacique Maicá, principal beneficiario del reparto inicial de los solares de “Villa
Fidelidad”. En primer lugar, se destaca su colaboración con el gobierno en la mayor
parte de las campañas y enfrentamientos que tuvieron lugar en la conflictiva década de
1850, en muchos casos contra los propios Catriel y Cachul. De este modo, lanceros de
Maicá integraron las fuerzas indígenas que participaron de sendas expediciones
punitivas al mando del Gral. B. Mitre en 1855 (batalla de Sierra Chica) y del gral. M.
Hornos en 1856 (combate de San Jacinto), entre otras acciones bélicas (Hux, 1993:130).
Pero sus vínculos con la sociedad criolla no se reducían a la ayuda militar; según
Sarramone (1997:61), hacia el momento de la fundación de “Villa Fidelidad”, algunos
integrantes de esta parcialidad se encontraban empleados en Azul, en el molino Riviére
y en el transporte de harina y granos, habiéndose radicado en un sector contiguo al
pueblo (donde se localiza en la actualidad el tiro federal).
Las primeras adjudicaciones de los solares en “Villa Fidelidad” se hicieron por
escrito, mediante un boleto firmado por el general Escalada con la expresa prohibición
de su venta. El dinero para los gastos devengados por la mensura y la escrituración de
los lotes estaban previstos en la operación concretada con la corporación municipal,
hecho significativo dado su oneroso costo, que en este caso no sería afrontado por los
indígenas. A continuación se transcribe uno de dichos boletos:
“Donación de un solar a favor del capitán de los indios amigos Mariano Catrimilla.
El General en Jefe de la Frontera del Sud General Don Manuel Escalada hace

31
Expedientes de Tierras y Libro de Actas del Juzgado de Paz de Azul, Archivo Histórico de Azul,
ambos citados por Sarramone (1993:178-180).

17
donación al capitán de los indios amigos Mariano Catrimilla, sus herederos y
sucesores, de un solar de cincuenta varas de frente y cincuenta varas de fondo, que
ha comprado a la Municipalidad del Pueblo de Azul, al Oeste del Arroyo de este
nombre, la cual le pondrá en posesión haciéndole extender a su favor la
correspondiente escritura en forma, siendo condición expresa de esta donación que
no podrá ser vendido ni enajenado jamás dicho solar bajo ningún título ni causa
debiendo así constar en la escritura como cláusula fundamental, haciéndolo así
saber al interesado para su aceptación y conformidad según es de derecho. Cuartel
General en San Benito. Octubre 31/1856. M. Escalada”.32

“Villa Fidelidad” es actualmente un barrio populoso de la ciudad de Azul, cuyos


límites son al Este el arroyo Azul, al Oeste la calle Gral. M. Escalada, al Norte la Av.
Mitre y al Sur la calle Güemes. Pese a lo estipulado en las donaciones originarias, tanto
el núcleo inicial de pobladores como las familias -indígenas y no indígenas- que fueron
sumándose después, no pudieron concretar la escrituración de sus lotes y fueron objeto
de sucesivos despojos y abusos de autoridad por parte de las autoridades durante buena
parte del siglo XX, con el fin de impedir que lograran regularizar su situación de
dominio mediante la posesión treintañal (ver González, 1967). Entre otros factores, esto
ha ocasionado que en la actualidad los habitantes se encuentren en una situación muy
precaria en lo que hace a la propiedad formal de sus inmuebles, los cuales carecen
además de todo registro catastral.
La información posterior al Acta de Fundación (1856) es escasa y por cierto
fragmentaria, aunque permite una aproximación general a la dinámica de crecimiento
del asentamiento. Cada uno de los solares disponía de un terreno para hacer huerta y
para construir las viviendas, que inicialmente fueron toldos y ranchos. Al momento de
efectuar el padre Salvaire su misión evangelizadora entre los “indios amigos” de Azul
(1874-1875), la población de “Villa Fidelidad” se estimaba en unos “300 indios con sus
familias, la mayoría catrieleros, más transculturados en sus costumbres, formando una
comunidad barrial, en extendido rancherío de paredes de adobe o chorizo y techo de
paja, por lo general en estado deplorable” (Durán, 2002:267). Allí desarrollaron por un
breve lapso los misioneros lazaristas sus actividades religiosas, que incluyeron la
fundación de una escuela destinada exclusivamente a los niños y niñas de las familias
indígenas, muchos de los cuales procedían de “Villa Fidelidad”, así como otras
iniciativas asociadas a la beneficencia. Las consecuencias de los enfrentamientos

32
En Ronco (1930:153) y González (1967:51).

18
fratricidas derivados de la revolución mitrista y la subsiguiente política de avance
militar de la frontera, que ocasionó el éxodo del grueso de los “indios amigos” de la
zona, llevaron a los habitantes de “Villa Fidelidad” a un estado de gran penuria
económica. En palabras del propio Salvaire: “en ningún punto como en este partido de
Azul se han hecho y se hacen sentir estas consecuencias dolorosas; y de todos los que
tienen que sufrirlas … ningunos hay seguramente más desgraciados y más dignos de
compasión como los indios que viven en este pueblo, … compuestos en su mayor parte
de viudas, de huérfanos, de pobres criaturas”.33
La siguiente información disponible data de principios del siglo XX y sugiere
que la mayor parte de los toldos había sido reemplazada por ranchos de barro y paja. En
este sentido podemos ubicar el relato de Ronco, quien recorrió “Villa Fidelidad” en
1902, describiéndola como “una simple toldería suburbana, transplantada de la
inmensidad de la llanura al arrabal de un pueblo, tan miserable y salvaje como todas sus
congéneres” (1930:20). En segundo término, también se encuentra la crónica de un
periodista de la revista Caras y Caretas, que conoció y fotografió el barrio en 1909.34
Otro punto notable es la importancia de las actividades textiles que llevaban a
cabo muchas de las mujeres del asentamiento, convirtiéndose en un centro de tejeduría
“pampa” cuyo intercambio y/o comercialización constituía un ingreso significativo para
sus pobladores. Allí se elaboraban matras, ponchos, cintos, fajas y mantas, entre muchos
otros productos textiles, manteniendo los saberes y las hábiles técnicas de confección
tradicionales. El mismo Ronco reconoció la magnitud del movimiento comercial que
representó la producción textil indígena durante las primeras décadas de existencia del
asentamiento. De hecho, promediando el siglo XX, la actividad de distintas tejedoras de
“Villa Fidelidad” fue objeto de estudio por parte de folkloristas y antropólogos, quienes
registraron sus técnicas de confección y muchos de los diseños empleados (Dellepiane
Calcena, 1960; Millán de Palavecino, 1961). Debe destacarse que la textilería indígena
subsiste allí incluso hasta la actualidad, como el caso de las artesanas Ercilia y Verónica
Cestac, habiendo sido la primera recientemente declarada patrimonio cultural provincial
(Lanteri, Pedrotta y Ratto, 2008; Lapenta, comunicación personal). Por último, existe un
profundo estudio histórico y antropológico sobre la tribu catrielera efectuado en la
33
Carta del P. J. Salvaire a la presidenta de la Asociación San José, Azul, 4 de marzo de 1875 (en Durán
2002:325).
34
Revista Caras y Caretas, 21 de abril de 1909. Agradecemos a la Lic. Ana Laura Lanteri (CONICET-
UNMdP) por facilitarnos este material.

19
década de 1960 por M. H. González, muchos de cuyos informantes residían in situ y se
reconocían a sí mismos como “indios”, destacando inclusive su propia parcialidad de
pertenencia: catrieleros, de Maicá y de Manuel Grande.

5.- A modo de conclusión y perspectivas futuras

En el marco de una reciente investigación grupal en curso, tendiente a indagar el


caso de “Villa Fidelidad” dentro del estudio de las políticas estatales y la territorialidad
indígena en la frontera sur de Buenos Aires durante el siglo XIX, se ha intentado reunir
la información más inmediata y relevante acerca del contexto económico y político en el
cual se tejieron diversos tipos de acuerdos y relaciones con grupos de “indios amigos”
en diferentes zonas de la provincia desde mediados de la centuria. En base a lo expuesto
hasta el momento, distinguimos el tratado realizado con el cacique Catriel en 1856
como un punto de inflexión, en tanto marca el retorno hacia la política de tratos
pacíficos por parte del estado de Buenos Aires, luego prolongada por el estado
nacional, como práctica política hacia la población indígena de Pampa y
Patagonia, que será paralela a los intentos puntuales de avance fronterizo sobre las
tierras indígenas. En este sentido, los tratados de paz, y entre ellos los realizados con
los “indios amigos” que retornarán o se instalarán por primera vez en la frontera a partir
de la década de 1860, buscarán intervenir y controlar las alianzas reales y potenciales
que tales caciques mantenían entre sí, y que habían expresado su capacidad punitiva
bajo el liderazgo de Calfucurá en los años centrales de la década de 1850. Quizás por
ello fueron los caciques y grupos “amigos” que se distanciaron en mayor medida de
Calfucurá quienes obtuvieron mayor éxito en sus pedidos de concesiones de tierras en la
provincia de Buenos Aires.
Las concesiones de tierra de la década de 1860 tuvieron características similares:
abarcaron terrenos de entre dos y seis leguas en áreas rurales de las secciones oeste y sur
(Bahía Blanca) de la frontera y fueron realizadas “al cacique y su tribu”, desestimándose
la posibilidad de incluir en el texto de las leyes de concesión de tierras la subdivisión
individual de las mismas entre las familias de las tribus, por considerarse impracticable
y lejano a los criterios de organización de estos grupos.
En la descripción de este panorama, la experiencia seguida por la parcialidad del

20
cacique “pampa” Maycá contrasta en varios aspectos con las trayectorias de estos otros
grupos de “indios amigos” del oeste y sur bonaerense, adquiriendo rasgos particulares:
su tribu recibió cien solares en el pueblo de Azul en 1856, de forma simultánea a la
realización del tratado de paz con Catriel y varios años antes a las concesiones
realizadas a las tribus del oeste bonaerense. Pero, a diferencia del reconocimiento de su
asentamiento en las tierras del Arroyo de Nievas logrado por Catriel, y en contraste con
las concesiones realizadas por el congreso provincial en años posteriores a otras tribus
“amigas”, el acuerdo con Maycá significó la entrega de solares en propiedad individual
a las distintas familias de su tribu. Su caso parece constituir una excepción también en
que la entrega de predios fue realizada en terrenos adyacentes al pueblo de Azul, y por
lo tanto clasificables como zona urbana. ¿Cómo y por qué fue posible que un grupo
indígena accediera a solares bajo propiedad individual en una fecha tan temprana
como 1856, cuando las siguientes experiencias de otorgamientos de tierras a grupos
indígenas muestran que la subdivisión de las mismas se consideraba un aspecto
conflictivo y hasta impracticable?
Es posible que estos rasgos que convierten a la experiencia de Maycá y los suyos
en un caso particular y contrastante con otros, se vinculen con la experiencia previa de
este grupo en la etapa rosista y en la posición asumida por el mismo al desarrollarse la
conflictiva década de 1850. Caracterizamos previamente este espacio de frontera –al
menos en las décadas centrales del siglo XIX- como un ámbito políticamente ambiguo y
móvil, en el que los “indios amigos” liderados por caciques con capacidad de negociar
ante las autoridades del estado, disponían de un margen amplio para cambiar sus
adscripciones políticas según cómo se presentaban las coyunturas. En el decenio de
1850, una vez caído el gobierno de Rosas y fortalecida la alianza entre los principales
líderes indígenas y la Confederación Argentina, muchos de los grupos “amigos”
incorporados al “negocio pacífico de indios” se sumaron a las fuerzas de la
Confederación Indígena de Calfucurá. En el sur bonaerense, este movimiento fue
protagonizado por las tribus catrieleras instaladas en Azul, aumentando la desprotección
de los pobladores frente a la virulencia de los malones. Este contexto pudo haber
incidido, probablemente, en la disposición de los pobladores de la localidad a ofrecer
acuerdos a aquellos caciques que garantizaran la protección de los habitantes ante los
ataques indígenas.

21
A modo de hipótesis, planteamos que la entrega de predios al cacique
Maycá, presentada en tal contexto como la fundación de una villa urbana
denominada con el significativo nombre de “Villa Fidelidad”, estuvo vinculada
tanto a las relaciones previas mantenidas por este grupo en la sociedad de
fronteras durante el período rosista, como a la coyuntura creada por los ataques de
la Confederación Indígena a la frontera bonaerense en 1854 y 1855. Entonces las
fuerzas de Maycá colaboraron militarmente con el gobierno porteño, aún en
contra de los caciques principales Catriel y Cachul. Sin embargo, la modalidad
empleada y aceptada por este grupo para la adjudicación de los solares refiere a
procesos de mestizaje cultural y de incorporación de grupos indígenas a las pautas
organizativas estatales que venían operando al menos desde el “negocio pacífico de
indios” en la etapa rosista (Quijada, 2002; Ratto, 2003a).
Entender la territorialidad de los grupos que fueron beneficiarios de los lotes de
Villa Fidelidad, especialmente los de Maycá requerirá, entre otras medidas, remontarse
al período rosista y reconstruir las formas probables de inserción de estos grupos. Esta
reconstrucción debería atender no sólo a los vínculos creados por este cacique con las
autoridades de frontera y con el mismo Rosas, sino también a su lugar en el contexto de
la población indígena presente en el área, especialmente con las tribus aliadas y
comandadas por Catriel. Conocer mejor el desempeño de Maycá y sus lanceros en el
campo de alianzas intra e interétnicas en los años que precedieron a la fundación de
“Villa Fidelidad” colaboraría a comprender tanto los motivos del ofrecimiento de
terrenos por parte de las autoridades y pobladores de Azul a este grupo como a las
razones por la que Maycá y su tribu aceptaron y permanecieron en los siguientes años
en solares lindantes al pueblo y separados territorialmente del asentamiento de Catriel.
Por otra parte, sería necesario conocer con mayor profundidad algunos aspectos
de esta entrega de predios al cacique Maycá. Hasta el momento, las fuentes permiten
saber que fue el general Escalada quien manejó gran parte del proceso, aunque no
sabemos si la erogación para el pago de los solares que fueron distribuidos entre estos
pobladores indígenas fue cubierta por el gobierno provincial, la corporación municipal
de Azul o el propio Escalada. Lo que es cierto es que en los libros mayores de la
Tesorería General de la provincia de Buenos Aires no se registra un gasto por compra y
cesión de tierras a los indígenas en el año 1856 –ni en el año siguiente, suponiendo que

22
la erogación pudo haber sido realizada por particulares y que el estado devolvió la suma
con retraso-.
Tampoco conocemos aún si los terrenos destinados a la fundación de la villa
habían sido ocupados o adjudicados previamente a colonos criollos, y de qué forma se
salvó este obstáculo para su entrega a la tribu indígena. Lo es cierto es que, los
habitantes de “Villa Fidelidad” no dispusieron mayormente desde su fundación –y aún
hoy- de las escrituras de sus solares, por más que sus descendientes y otros pobladores
del lugar sigan siendo ocupantes “de hecho” desde hace más de un siglo y medio. En
realidad, el proceso seguido por esta población en su ocupación y apropiación legal de
estos predios nos es aún en gran medida desconocido, situación que intentaremos
revertir a partir de ahora, junto al resto de los interrogantes planteados, mediante dos
ejes centrales de indagación interdisciplinarias: el trabajo de archivo (en repositorios
locales, provinciales y nacionales) y entrevistas orales a los descendientes indígenas de
los primeros habitantes del lugar.

6.- Bibliografía
Arena, José, Julio Cortés y Alberto Valverde (1967). Ensayo histórico del Partido de
Olavarría. Olavarría, Municipalidad de Olavarría.

Banzato, Guillermo y Sol Lanteri (2007), “Forjando la frontera. Políticas públicas y


estrategias privadas en el Río de la Plata, 1780-1860”, Historia Agraria. Revista de
agricultura e historia rural, Nº 43, SEHA, Murcia, España, pp. 435-458.

Barral, María Elena y Raúl Fradkin (2005), “Los pueblos y la construcción de las
estructuras de poder institucional en la campaña bonaerense (1785-1836)”, Boletín del
Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”, Nº 27, Buenos
Aires, UBA, pp. 7-48.

Barros, Álvaro (1975) [1ª edición 1872]. Fronteras y territorios federales de las pampas
del sur. Buenos Aires, Hachette.

Cansanello, Carlos (2003), De súbditos a ciudadanos. Ensayo sobre las libertades en


los orígenes republicanos. Buenos Aires, 1810-1852, Buenos Aires, Imago Mundi.

Capdevila, Ramón (1963), Tapalqué en la historia. 1era parte. Tapalqué.

de Jong, Ingrid (2007), “Acuerdos y desacuerdos: política estatal e indígena en la


frontera bonaerense (1856-1866)”, en Raúl Mandrini, Antonio Escobar Ohmstede y
Sara Ortelli, Pueblos indígenas en América Latina, siglo XIX: sociedades en
movimiento, Anuario del IEHS, Suplemento 1, Tandil Instituto de Estudios Histórico

23
Sociales, FCH/ UNCPA, pp. 47-62.

de Jong, Ingrid (2009), “Funcionarios de dos mundos en un espacio liminal: los ‘indios
amigos’ en la frontera de Buenos Aires (1856-1866)”, Cultura-Hombre-Sociedad
(CUHSO) Nº 15 Universidad Católica de Temuco(en prensa).

de Jong, Ingrid y Silvia Ratto (2008), “Redes políticas en el área arauco-pampeana: la


confederación indígena de Calfucurá (1830-1870), en Intersecciones en Anropología 9,
Olavarría.

Dellepiane Cálcena, Carlos (1960), Consideraciones sobre la tejeduría de una


comunidad de origen Araucano. Azul (Provincia de Buenos Aires)”, Cuadernos del
Instituto Nacional de Investigaciones Folklóricas No 1.

Durán, Juan Guillermo (2002). En los toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del
Padre Jorge María Salvaire en Azul y Bragado, 1874-1876. Buenos Aires, Facultad de
Teología-UCA.

Ébélot, Alfred (1968) [1876-1880] Relatos de la frontera. Buenos Aires, Solar/


Hachette.

Ebelot, Alfred (1930) [original de 1876]. Una invasión de Catriel. Azul. Revista de
Ciencias y Letras 3, 171-206.

Ferrer, Eduardo y Victoria Pedrotta (2006), Los corrales de piedra. Comercio y


asentamientos aborígenes en las sierras de Tandil, Azul y Olavarría, Tandil, Crecer
Ediciones.

Fischman, Gustavo e Isabel Hernández (1990), La ley y la Tierra. Historia de un


despojo en la tribu mapuche de Los Toldos, Buenos Aires, CEAL.

González, Miguel Hángel (1967), Catrie mapu. Monografía sobre los Catriel.
Olavarría, Museo Etnográfico Municipal D. Arce.

Halperín Donghi, Tulio (1963), “La expansión ganadera en la campaña de Buenos Aires
(1810-1852)”, Desarrollo Económico, Vol. 3, Buenos Aires, IDES, abril-septiembre, pp.
57-110.

Hernández, Isabel et al. (1993), La Identidad Enmascarada. Los mapuche de Los


Toldos. Buenos Aires, Eudeba.

Hux, Meinrado (1993) Caciques puelches pampas y serranos. Buenos Aires, Marymar.
Infesta, María Elena (1993), “La enfiteusis en Buenos Aires. 1820-1850”, en Bonaudo,
Marta y Alfredo Pucciarelli (Comps.), Alfredo Pucciarelli (Comps.), La problemática
agraria. Nuevas aproximaciones, Buenos Aires, CEAL, pp. 93-120.

Infesta, María Elena (1994), “Propiedad rural en la frontera. Azul, 1839”, en Barba,
Enrique M., In Memoriam. Estudios de Historia, Buenos Aires, Academia Nacional de

24
la Historia- Fundación Banco Municipal de La Plata, pp. 269-286.

Lanteri, Sol (2002), “Pobladores y donatarios en una zona de la frontera sur durante el
rosismo. El arroyo Azul durante la primera mitad del siglo XIX”, Quinto Sol, Año 6, Nº
6, Santa Rosa, IESH, UNLPam, pp. 11-42.

Lanteri, Sol (2005), “Estado, tierra y poblamiento en la campaña sur de Buenos Aires
durante la época de Rosas. La frontera del arroyo Azul”, Anuario de Estudios
Americanos, Nº 62, Vol. 2, Sevilla, EEHA, CSIC, julio-diciembre, pp. 251-283.

Lanteri, Sol (2007), “Una verdadera `isla en el nuevo sur´. Las donaciones
condicionadas en el arroyo Azul durante el rosismo”, Mundo Agrario. Revista de
estudios rurales, Nº 14, 1º semestre, La Plata, CEHR-UNLP, (revista electrónica).
www.mundoagrario.unlp.edu.ar

Lanteri, Sol (2008), “¿Una frontera bárbara y sin instituciones? Elecciones y


clientelismo en la formación del Estado provincial durante el gobierno de Rosas”,
Prohistoria, Año XII, N° 12, Rosario, pp. 15-40.

Lanteri, Sol y Victoria Pedrotta (2009), “Mojones de piedra y sangre en la pampa


bonaerense. Estado, sociedad y territorio en la frontera sur durante la segunda mitad del
siglo XIX”, Estudios Trasandinos, Asociación Chileno-Argentina de Estudios
Históricos e Integración Cultural, Santiago de Chile, en prensa.

Levaggi, Abelardo (2000), Paz en la frontera. Historia de las relaciones diplomáticas


con las comunidades indígenas en la Argentina (Siglos XVI-XIX), Buenos Aires,
Universidad del Museo Social Argentino.

Millán de Palavecino, M. D. (1963), “Area de expansión del tejido araucano” Primer


Congreso del Area Araucana, To 2, pp.411-448. Buenos Aires.

Pedrotta, Victoria (2005), “Las sociedades indígenas del centro de la provincia de


Buenos Aires entre los siglos XVI y XIX”, Tesis Doctoral, Facultad de Ciencias
Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata.

Peña, Milcíades (1975), La Era de Mitre. De Caseros a la Guerra de la Triple Infamia.


Ediciones Fichas, Buenos Aires.

Quijada, Mónica (2002), “Repensando la frontera sur argentina: concepto, contenido,


continuidades y discontinuidades de una realidad espacial y étnica (siglos XVIII-XIX)”,
Revista de Indias LXII, Nº 224, 2002:103-142.
Ratto, Silvia (1994a), “El `negocio pacífico de indios´: La frontera bonaerense durante
el gobierno de Rosas”, Siglo XIX, Nº 15, Monterrey, enero-junio, pp. 25-47.

Ratto, Silvia (1994b), “Indios amigos e indios aliados. Orígenes del `Negocio Pacífico´
en la Provincia de Buenos Aires (1829-1832)”, Cuadernos del Instituto Ravignani, Nº 5,
Buenos Aires, UBA, pp. 5-34.

25
Ratto, Silvia (1996), “Conflictos y armonías en la frontera bonaerense, 1834-1840”.
Entrepasados, N° 11, Buenos Aires, pp. 21-34.

Ratto, Silvia (2003a), “Una experiencia fronteriza exitosa: el `negocio pacífico´ de


indios en la provincia de Buenos Aires (1829-1852)”, Revista de Indias, Vol. LXIII,
Madrid, CSIC, pp. 191-222.

Ratto, Silvia (2003b), “Soldados, milicianos e indios de “lanza y bola”. La defensa de la


frontera bonaerense a mediados de la década de 1830”, Anuario IEHS, Nº 18, Tandil,
UNCPBA, pp.123-152.

Ratto, Silvia (2009) “La ofensiva militar que no fue. Los proyectos estatales de avance
territorial entre 1869 y 1872. Mimeo

Ronco, Bartolomé (1930), “Villa Fidelidad”, Revista Azul 1(3):153-154.

Ronco, Bartolomé (1946), “El Gral. Manuel Escalada y la fundación de Villa


Fidelidad”, Cuadernos de Azul No 1.

Saenz Quesada, María (1979), La república dividida, 1852-1855. Buenos Aires, Ed La


Bastilla.

Sarramone, Alberto (1993), Catriel y los indios pampas de Buenos Aires, Azul, Ed.
Biblos Azul.

Sarramone, Alberto (1997), Historia del antiguo pago del Azul, Azul, Ed. Biblos Azul.

Valencia, Marta (2005), Tierras públicas, tierras privadas. Buenos Aires, 1852-1876, La
Plata, UNLP.

26

También podría gustarte