En el divino arte de sentir
Vi tu cara tan espléndida, confuso porvenir
Sumiso bajo la melancolía del viejo recuerdo
aquel viejo y opacado souvenir
Tus mejillas de galleta
tus ojos de ananá
me besabas con tus dulces labios
que entrelazaban mi lengua
que atravesaban aquellas estruendosas piedras
una cascada de champaña
y nos transformábamos hasta ver el mañana
volando hacia la montaña de nuestra cama
contemplando en el cielo la cometa del amor
las estrellas de la esperanza
el meteorito de la desilusión
sublime ficción
En el divino arte de sentir
Mi corazón se ha de partir en trizas
trizas que fueron congeladas por aquella brusca brisa
en esa desdichada tarde nublada
en la que dormía extrañándote en mi suave frazada
suave almohada
bonita y asombrada.
-Cirici Ignacio