Neoliberalismo en Argentina: Menem y los 90
Neoliberalismo en Argentina: Menem y los 90
El 8 de julio asumió la presidencia de la Nación Carlos Menem teniendo como compañero de fórmula a
Eduardo Alberto Duhalde (éste renunció a los dos años para ser electo gobernador de la provincia de Buenos
Aires).
Menem sabía que no podría enfrentar la situación económica sin el aval real de las empresas más
poderosas del país, por lo que tomó un rumbo completamente diferente al anunciado antes de las elecciones:
entregó el Ministerio de Economía a los dirigentes de la mayor empresa privada del país, Bunge y Born.
Esta empresa había sido enemiga tradicional del peronismo, ya que Perón le había quitado su
monopolio de comercialización de cereales al exterior, dándole ese rol al Estado (con el IAPI). Además, Perón
promocionaba a la industria otorgándole créditos baratos en base al dinero obtenido por los impuestos a las
exportaciones del agro, hecho que por supuesto le quitaba ganancias a este sector.
Para demostrar que su política iba a ser totalmente diferente a la de los gobiernos peronistas anteriores,
Menem se abrazó en son de “reconciliación” con el mayor antiperonista que tuvo la historia argentina: el
almirante Isaac Rojas, uno de los cabecillas de la “Revolución Libertadora”. Además puso a otro gran
antiperonista, Álvaro Alsogaray, como asesor de su gobierno, y a su hija María Julia en múltiples cargos.
Distanciándose cada vez más de la política económica, social e internacional llevada a cabo por Juan
Domingo Perón, Menem criticó a los disidentes de su propio partido diciendo que se quedaban ideológicamente
“en el 45”, es decir, con los postulados del primer gobierno de Perón. Menem afirmó que lo realmente
característico de Perón no fue una política en particular, sino su adaptación práctica a las distintas circunstancias
mundiales. Por consiguiente, aseveró que él, en definitiva estaba haciendo lo mismo: adecuándose a las
condiciones económicas de la política “de mercado” imperantes en el mundo en este momento.
No todo el peronismo lo siguió en ese pragmatismo: se diferenció el bloque del “ Grupo de los ocho”
donde estaban, entre otros, Germán Abdala, Juan Pablo Cafiero (hijo de Antonio), “Pino” Solanas y Carlos
“Chacho” Álvarez. Ante la corrupción reinante, la dependencia económica y la incoherencia ideológica con los
postulados del peronismo, otros peronistas se separaron del Partido Justicialista (aliándose con otros partidos
minoritarios, como el Socialista), dando origen al “Frente Grande” y luego a una alianza electoral conocida como
el “FREPASO”.
En marzo de 1991 asume en Economía el ministro Domingo Cavallo, que pone en marcha el plan de
“Convertibilidad” que fija la paridad peso-dólar (reemplazando al Austral y quitándole cuatro ceros) y se
compromete a no emitir más sin respaldo.
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Cavallo logró poner en práctica sin sobresaltos el plan económico neoliberal que tantos economistas habían
intentado sin éxito desde 1955. La diferencia es que ahora estaba apoyado por el electorado peronista, que los
dirigentes sindicales y políticos combativos habían desaparecido en la última dictadura; que las fuerzas
gremiales se habían debilitado por tantos años de represión y por la destrucción de la industria nacional, y
finalmente, que la dirigencia política se había encontrado con las manos atadas por los condicionamientos de
una inmensa deuda externa y un país descapitalizado, y no tenía proyectos creíbles por una mayoría para salir
adelante.
Las medidas tomadas fueron las de la “receta clásica”: se liberaron los precios, incluso los de los
combustibles, se quitaron las trabas aduaneras, se eliminó la promoción industrial, se paralizaron las obras
públicas, se recortaron los presupuestos de salud y educación. Se pudo llegar adonde las dictaduras no habían
podido (por la oposición de algunos sectores militares nacionalistas): la privatización de las grandes empresas
de servicios públicos. De este modo se vendieron ENTEL (empresa telefónica nacional), SEGBA (electricidad),
Aerolíneas Argentinas (aviación), OSN (Obras Sanitarias de la Nación), ferrocarriles, empresas siderúrgicas o
petroquímicas; se cedieron bajo concesión rutas viales para su mantenimiento y mejoramiento, autorizando el
cobro de un peaje, etcétera.
Con aumentos en el volumen de las exportaciones, y el incremento en la recaudación de impuestos, más
los fondos aportados por la privatización de las empresas estatales, se comenzaron a equilibrar las cuentas
fiscales, pagando los intereses atrasados de la deuda externa (que de todos modos en 1995 se aproximaba a los
100.000 millones de dólares). Gracias a estas medidas, la inflación bajó increíblemente para la historia
económica argentina, habiendo rubros en los que se registró deflación (es decir, baja de los precios) debida en
realidad a la recesión y a la falta de poder adquisitivo de la población en general.
El sindicalismo
Si durante el gobierno de Alfonsín hubo trece paros generales, durante el primer gobierno de Menem
casi no los hubo. Una de las primeras preocupaciones de Menem al asumir el poder había sido desplazar el
poder del secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini. Para su proyecto, contó con la ayuda de los gremialistas
Jorge Triaca y Luis Barrionuevo. El primer paso se cumplió con la división de la CGT el 11 de octubre de 1989.
Ubaldini (que rechazó los cargos que Menem le ofrecía en el exterior) se quedó con la sede de la calle Azopardo,
sin los principales gremios, y comenzó su declinación con su postulación política para las elecciones de 1991.
Algunos gremios se opusieron a las privatizaciones de empresas del Estado, pero el rechazo no fue
unánime, y terminaron por aceptarse las medidas como hechos irreversibles. Pese a las resistencias, también se
consintió en la eliminación del régimen anterior de jubilaciones y su reemplazo por la privatización de la
seguridad social. Asimismo fueron aisladas las movilizaciones por los despidos masivos en empresas estatales
que cerraban o en la administración pública que reducía sus plantas. La sociedad, globalmente, se había vuelto
individualista, y ya no creía en la lucha colectiva por grandes proyectos que nadie estaba llevando a cabo.
Los ajustes prosiguieron: en 1991 se sancionó la Ley Nacional de Empleo, que facilitó el trabajo
temporario por plazos no mayores de seis meses, y que creó el seguro de desempleo. La ley de accidentes de
trabajo redujo los montos por indemnizaciones. En coincidencia con esta legislación se intensificó la presión
para dictar sucesivas leyes de flexibilidad laboral que liberen a los empresarios de las ataduras constitucionales
para con el trabajador. También el gobierno quiso desregular las obras sociales, que les quitaría poder a los
sindicatos y ampliaría las posibilidades de las empresas privadas de la salud. Ambos temas fueron muy debatidos
entre el gobierno y los sindicalistas.
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El temor a dichas leyes hizo que la central obrera se unifique en 1992, como modo de preservar la ley de
negociaciones colectivas 14.250. Un grupo de sindicatos más combativos (entre ellos ATE –Asociación de
Trabajadores del Estado– y CTERA –Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina–)
se escindió entonces, creando el CTA (Congreso de Trabajadores Argentinos) apoyados ideológicamente por los
peronistas disidentes con la política de Menem.
Después de las elecciones presidenciales de 1995, se conocieron las cifras de la desocupación, que
alcanzó niveles alarmantes: en dos años se destruyeron 843.000 puestos de trabajo, según la investigación
llevada a cabo por el diario Página/12. El porcentaje de desocupados, que era del 4,7% en 1984 pasó
gradualmente al 9,9% en 1993, y aumentó al 18,6% en 1995, además de incrementarse el porcentaje de
subocupación (es decir, gente que trabaja menos de 35 horas semanales por causas involuntarias). Según la
investigación de Susana Torrado, las causas de esto serían las privatizaciones, el cambio tecnológico, la apertura
de los mercados externos y finalmente la recesión. Es decir, todas variables que tienen que ver con el modelo
económico proyectado.
Los indultos
Menem consideraba que la sociedad no estaría “pacificada” mientras hubiera militares condenados por
sus acciones en la última dictadura, ya que ésta había sido la causa principal de los levantamientos de los
“carapintadas” durante el gobierno de Alfonsín. Por ello decidió conceder amplios indultos a los procesados y
condenados por sus responsabilidades en la “guerra sucia” contra la “subversión”, a los inculpados por su
actuación en la guerra de Malvinas, y a los apresados por los motines militares durante el gobierno de Alfonsín.
Estos indultos fueron muy criticados por toda la sociedad (que había aplaudido los juicios que se les habían
hecho a los culpables del genocidio), especialmente por las asociaciones de derechos humanos, pero dejaron
satisfechos a la mayoría de los militares.
Actividades:
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La reforma constitucional
En un momento de gran popularidad, Alfonsín había lanzado el proyecto de una reforma constitucional
que le diera la posibilidad de la reelección sucesiva. Al disminuir el aval de la población, se dejó el proyecto de
lado. Menem lo retomó, con vistas a postularse en las elecciones de 1994. El radicalismo, consciente de que
Menem podría imponer por mayoría prácticamente cualquier modificación, y temeroso de que eso sirviera para
aumentar el poder presidencial, decidió acordar varios puntos. El acuerdo se conoció públicamente como el
Pacto de Olivos entre Alfonsín y Menem, y fue repudiado por quienes consideraron que de este modo el
radicalismo se integraba al oficialismo. La pérdida de credibilidad pública del radicalismo, permitió que el
“Frente Grande” pasara a ser el segundo partido en fuerza electoral en las elecciones para convencionales
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constituyentes. La reforma se hizo con varias irregularidades jurídicas, como por ejemplo que el proyecto de
reforma –modificado por el Senado– no volvió a Cámara de Origen para ser vuelto a tratar, porque sino se
retrasaban los tiempos (y Menem no tendría la oportunidad de su reelección); o también que se acotó el poder
de la Convención Nacional Constituyente (que por la Constitución es “soberano”, es decir, que no puede tener
restricciones en tiempo o en artículos a tratar). Se le dio, en cambio, un plazo para hacer las modificaciones y las
limitó a los puntos enunciados en la “ley de necesidad de reforma”, e incluso se debió tratar en bloque un
conjunto de artículos de acuerdo a lo estipulado en el “Pacto de Olivos”. Las principales reformas establecidas
en las ciudades de Santa Fe y Paraná en 1994 (que es donde sesionó la Convención) fueron: la reelección del
presidente por dos períodos consecutivos; el acortamiento de su período a cuatro años y el de los senadores a
seis; el agregado de un senador más por la oposición por cada distrito electoral; la posibilidad de la consulta
popular vinculante (plebiscito y referéndum); la designación de una especie de primer ministro (el jefe de
gabinete de ministros); la inhabilitación a perpetuidad para ocupar cargos públicos para quienes se subleven
contra el orden constitucional; la inclusión de los partidos políticos (cuyos fondos deben ser conocidos
públicamente) en la Constitución; la acción de amparo, Hábeas corpus y Hábeas data como garantía de los
derechos humanos; el derecho de los indígenas; la elección de los magistrados judiciales por medio de un
Consejo de Magistratura; el derecho de los habitantes de Capital Federal a elegir a su propio intendente,
etcétera. Pese a haber pasado los plazos establecidos en la Constitución para que muchos de estos derechos se
hicieran efectivos, se implementaron en fecha los favorables a la clase dirigente (como la reelección presidencial
o la elección del tercer senador) pero no los que hacen a los derechos de los pueblos, que siguen esperando las
leyes reglamentarias.
La reelección de Menem (1995-1999)
El 14 de mayo de 1995 Carlos Saúl Menem, con Carlos Ruckauf como compañero de fórmula, fue
reelecto sin necesidad de segunda vuelta. Con el 48% de los votos, aventajaba ampliamente al recientemente
creado Frepaso, con José O. Bordón (más del 28%), que logró una muy buena elección para la escasa estructura
partidaria que tenía. El radicalismo, que tras el Pacto de Olivos había caído en descrédito total, hizo la peor
elección de su historia: Massaccesi resultó con apenas un 17%. Menem gozaba del consenso de una amplia capa
de población, que lo votó básicamente por la estabilidad económica producto de la aplicación del plan de
“Convertibilidad”. En el momento de votar, pesó más el miedo por el recuerdo de la hiperinflación o el temor a
la inestabilidad que podrían acarrear reformas más profundas.
En octubre el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) dio a conocer el pavoroso índice de
desocupación (18,6%), el más alto que había tenido la Argentina, que traducido a cantidades, entre
desempleados y subempleados había 3.600.000 personas. Menem primero sostuvo que la encuesta estaba mal
hecha, pero luego afirmó que pulverizaría la desocupación. Supuestamente con ese propósito, el ministro de
Economía Domingo Cavallo redujo los aportes patronales, a fin de disminuir el costo laboral y favorecer el
empleo; en realidad, esto significó una importante merma en los recursos del Estado que debían volcarse hacia
los jubilados y la sociedad en general. El modelo económico estaba agotándose: se habían gastado los fondos
de las privatizaciones sin disminuir la deuda externa, y los acreedores externos presionaban constantemente
para la reducción de gastos del Estado y para la aplicación de políticas aún más neoliberales que conducían a
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una concentración pronunciada de la riqueza en las manos de grandes sectores capitalistas. La reducción de los
aportes patronales significó, de acuerdo a esta visión, una transferencia de fondos de los más pobres hacia los
más ricos.
Los conflictos entre Menem y Cavallo determinaron en 1996 su relevamiento por Roque Fernández
(antes presidente del Banco Central). Éste procedió con más de lo mismo: recorte del presupuesto, aumentos en
los combustibles, transportes e IVA, y privatizaciones del Correo, aeropuertos y Banco Hipotecario Nacional. Los
peajes que se cobran en las rutas concesionadas estaban entre los más caros del mundo, cuando gran parte de
la infraestructura ya existía antes de la concesión. Es por eso que los camioneros en 1999 hicieron un paro,
siguiendo el ejemplo de los franceses en contra del modelo neoliberal. Buscando nuevas formas de protesta
como resistencia a las medidas económicas y sociales, tanto los partidos opositores como los gremios
combativos nucleados en la CTA y en el MTA convocaron a la población a un apagón de cinco minutos. Esta
medida fue acatada por el 60% de los hogares, y fue acompañada por bocinazos y repiqueteo de cacerolas.
Recién después de esto la CGT oficialista coincidió en un paro de 36 horas con las otras centrales sindicales. El
paro general, con ollas populares, fue reprimido, pero gracias a la movilización a Plaza de Mayo (a la que
concurrieron unas 70.000 personas) se frenó la ley de flexibilización laboral. CTERA, la central docente, seguía
reclamando por una ley de financiamiento educativo; la protesta se canalizó a través de la instalación de una
Carpa blanca en la plaza frente al Congreso, con distintos grupos de docentes ayunando con dieta líquida, que
servía como referente para que los ciudadanos expresasen su adhesión a la causa (se juntaron más de un millón
de firmas para el proyecto de ley de financiamiento) y para hacer distintos actos. Como no se solucionó el tema
durante el gobierno de Menem (la ley fue parcialmente vetada por el presidente) la carpa permaneció hasta el
gobierno de De la Rúa. Bajo la nueva presidencia se hicieron eco al principio de las demandas, por lo que se
levantó la Carpa; cuando se volvió atrás con las promesas, ya era tarde.
La desocupación creciente producida por las empresas privatizadas que reducían personal y las fábricas que
cerraban, y la falta de respuesta del gobierno ante su situación, llevó a que la gente desesperada optara por
llamar la atención obstaculizando el tránsito con los cortes de rutas. De este modo se popularizó una nueva
forma de protesta y surgieron los piqueteros y fogoneros, reprimidos violentamente por las autoridades
nacionales y/o provinciales. Los episodios más importantes fueron en Cutral-có (Neuquén), donde la represión
policial produjo la muerte de Teresa Rodríguez; en Tartagal (Salta) y en General San Martín (Jujuy). La mediación
de la Iglesia y la distribución de planes Trabajar pusieron –en ese momento– fin al conflicto .
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INTRODUCCIÓN
Los grandes cambios económicos producidos en la Argentina a partir de 1989 como consecuencia
de las políticas neoliberales practicadas por el presidente Menem han profundizado los rasgos de atraso y
dependencia que caracterizan la estructura del país, reforzando tendencias fundamentales en la economía y la
sociedad argentina vigentes desde la implantación de la dictadura militar en 1976.
Al tiempo que se acentuó notablemente la concentración productiva, comercial y financiera, han
desaparecido ramas enteras de la producción nacional, muchas de ellas correspondientes a sectores de
tecnología avanzada y decisivos para un potencial desarrollo independiente de la economía argentina. La
apertura indiscriminada a la importación masiva de artículos que produce la industria nacional ha llevado a la
quiebra a numerosas empresas industriales pequeñas y medianas en ramas tradicionales como la metalúrgica y
la textil. A lo largo de un quinquenio fue prácticamente destruido el capitalismo de Estado y se impuso el
modelo "neoliberal" (Azpiazu, 1998; Muchnik, 1993).
Las consecuencias sociales han sido profundas y graves: la desocupación castiga a una parte sustancial de
la población económicamente activa; las cifras gubernamentales admiten una tasa de desempleo de alrededor
del 17%, pero es bien conocido que en las zonas de mayor concentración obrera como el Gran Buenos Aires y el
área de influencia de las principales ciudades del interior del país (Rosario, Santa Fe, Córdoba) esos índices
superan holgadamente el 20 por ciento (MEOSP, 1997; Mancebo, 1998: p. 186; Rofman, 1996). La llamada
"reforma del estado" expulsó a decenas de miles de empleados estatales, al tiempo que las políticas de
restricción presupuestaria precarizaron aún más la situación ya grave de la educación y la salud pública (CELS,
1998, pp. 325-345).
En el plano laboral, la política vigente se ha dirigido en forma explícita a eliminar o retrogradar
sustancialmente la legislación del trabajo, producto de más de un siglo de luchas obreras. Las nuevas normas y
los nuevos convenios bilaterales entre patronales y sindicatos introdujeron a pleno los métodos laborales
basados en la precarización y "flexibilización" de las condiciones de trabajo y salariales (contratos transitorios,
privatización del sistema jubilatorio, drástica reducción de indemnizaciones por accidente y por despido, etc.)
(Kesselman, 1996, pp. 21-30; Carcar, 1998, pp. 150 y 163-4). Se ha dado paso a una intensificación sin
precedentes de la explotación de los trabajadores, reforzada por la presión que sobre el mercado laboral ejerce
el enorme "ejército de reserva" de desocupados. El hambre, la desnutrición infantil y otros males consiguientes
a este proceso alcanzan niveles inéditos para la Argentina, en particular en las zonas urbanas (Carcar, 1998: p.
140; Mancebo, 1998, pp. 187-88).
Se ha agravado notablemente la penetración del capital extranjero y, con ella, la monopolización de casi
todas las palancas decisivas de la economía argentina en desmedro de la independencia económica del país y de
su soberanía política (CEPAL-CEP, 1997). Consorcios norteamericanos, italianos, franceses, ingleses, rusos,
alemanes y españoles, directamente o en asociación con capitales intermediarios locales, han sido los
principales beneficiarios de la privatización de las empresas estatales de transporte aéreo y ferroviario,
telecomunicaciones, correos, servicios de electricidad, gas, aguas corrientes, etc. En la mayoría de los casos las
concesiones se llevaron a cabo bajo condiciones de privilegio en cuanto a monopolio del mercado, subsidios
estatales, precio y plazos de pago, exenciones impositivas, etc. (Azpiazu, 1998: pp. 47-69).
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Pese a las privatizaciones -que aportaron alrededor de 30.000 millones de dólares-, y pese a las
reducciones acordadas por el Plan Brady, la deuda externa pública se ha incrementado en forma exponencial,
rondando en 1997 los 100.000 millones de dólares (MEOSP, 1998; Nochteff, 1998, pp. 33-36; Muchnik, 1993, pp.
119-126). El gobierno de Menem ha subordinado casi sin mediación su política a las recomendaciones del Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras instituciones financieras bajo control de las grandes
potencias. La política exterior ha seguido los mismos parámetros mediante lo que el canciller Di Tella denominó
"relaciones carnales" con los Estados Unidos, con las conocidas implicancias en el plano interamericano y
mundial.
La pretendida "modernización" económica que el gobierno menemista reclama haber logrado a lo largo
de casi una década no es progresista sino reaccionaria. Su efecto ha sido la agudización de las deformaciones
estructurales de la economía argentina. El crecimiento del producto bruto nacional ha tenido como
contrapartida necesaria una ingente destrucción de fuerzas productivas, la asfixia de las economías regionales, y
transformaciones profundamente regresivas en el tejido social. La concentración económica, a su vez, ha
conllevado una paralela concentración del poder político que -pese a la vigencia de las instituciones formales de
la democracia- se manifiesta, por un lado, en la enajenación de esas instituciones respecto de la capacidad de
decisión y participación de vastísimos sectores de la población, y por el otro en los crecientes fenómenos de
corrupción económica y política que inficiona y moldea el aparato estatal y el funcionamiento global de la
economía.
1 En la Argentina, el voto en blanco ha constituido históricamente una conducta electoral activa, como expresión popular de rechazo a
las opciones electorales predominantes; así sucedió durante las épocas de proscripción del peronismo por distintos regímenes militares;
el alto nivel de abstencionismo es, también, un rasgo novedoso en la geografía electoral argentina.
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El 16 de diciembre de 1993 se produjo el "Santiagueñazo" 2. Los trabajadores estatales y el pueblo de las
mayores ciudades de la provincia de Santiago del Estero, cansados de un gobierno corrupto y que hacía oídos
sordos a los reclamos populares, tomaron por asalto e incendiaron la Casa de Gobierno provincial, la Legislatura,
los Tribunales -es decir, los tres poderes característicos de la democracia republicana- y, venciendo la resistencia
de las fuerzas represivas, incendiaron también las casas de los políticos peronistas más corruptos y asediaron
durante horas la del principal dirigente local del partido Radical. El gobierno nacional -con el apoyo de la
oposición radical y de la dirigencia nacional del Frente País Solidario (FREPASO)- intervino la provincia, y debió
hacer importantes concesiones a los reclamos de los estatales y de otros sectores de la población santiagueña 3.
Con el "Santiagueñazo" llegó a su fin un período de reflujo del movimiento social, a que dio paso el
abandono y la reversión, por parte de la dirección menemista, del programa de perfil nacional-industrialista,
mercadointernista y tercermundista -perfil característico del peronismo tradicional- que llevó al triunfo la
candidatura de Menem a la cabeza del Frente Justicialista Popular (FREJUPO) en mayo de 1989. El período entre
1990 y 1992 había sido un período de retroceso generalizado en el número, masividad y combatividad de las
luchas y reclamos populares, y de derrota de muchos de ellos; un período en que las clases dominantes
avanzaron a fondo en las políticas antes descriptas (Palermo y Novaro, 1996). Ofensiva reaccionaria que se vio
favorecida por un escenario internacional dominado por la desintegración del ex imperio soviético y el
sinceramiento de la restauración capitalista en ese país y en China, y por el consiguiente apogeo mundial del
llamado "neoliberalismo".
Con el "Santiagueñazo" se abrió en el país un nuevo período de intensificación y ascenso de la
movilización obrera y popular. Allí, y en la verdadera oleada de puebladas 4 y rebeliones provinciales que le
siguió, comenzaron a recuperarse -en nuevas condiciones históricas- algunos de los rasgos que habían
caracterizado en la Argentina el anterior auge de masas de las décadas del '60 y '70.
Pocos días después, el 1º de enero de 1994, se produjo el levantamiento campesino-indígena del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, México, en un marco continental de creciente oposición y
resistencia a las políticas neoliberales.
A comienzos de 1994 se produjeron grandes movilizaciones de trabajadores estatales argentinos en las
provincias de La Rioja, Jujuy, Salta, Chaco, Tucumán y Entre Ríos. Jujuy sería, durante 1994 y 1995, el centro de
importantes luchas de los trabajadores municipales y estatales, con gran apoyo popular y un elevado nivel de
organización para enfrentar la represión policial 5. La lucha del pueblo de Jujuy, que venía desarrollándose desde
2 A partir del gran estallido obrero y popular de la ciudad de Córdoba en mayo de 1969, bautizado "Cordobazo", se aplicó el sufijo "azo" a
casi todos los posteriores levantamientos urbanos y provinciales de similares características (ocupación de la ciudad, enfrentamiento a las
fuerzas represivas, amplia movilización de masas).
3 Clarín y La Nación, segunda quincena de diciembre de 1993. El Liberal (Santiago del Estero), 17/12/93. Ídem: "Las noticias de los
últimos 30 días explican el estallido", 21/12/93, p. 7. Ver también Ducournau y Díaz Gallardo, 1993.
4 Denominación popular de las rebeliones masivas en pueblos y localidades.
5 El movimiento de los empleados públicos en las principales ciudades provinciales se inició, en verdad, en los últimos meses de 1993.
Ver entre otros: Clarín, 13 y 16/11/93; El independiente (La Rioja), 9 al 28/12/93; El liberal (Santiago del Estero), 13/11/93; Pregón (Jujuy),
15/3/94, 21/4/94, y 28/4/94.
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principios de los '90, forzó la renuncia de tres gobernadores (Ogando y Borgogno, 1994; Santillán, 1994). En el
curso de ese movimiento comenzaría a descollar una nueva camada de dirigentes sindicales clasistas y
combativos -encarnada en la figura del municipal jujeño Carlos "el Perro" Santillán-, revitalizando una corriente
sindical de peso en los años ‘60 y ‘70. Simultáneamente, la provincia de Catamarca sería escenario de las
mayores manifestaciones de su historia, exigiendo el esclarecimiento del asesinato de la adolescente María
Soledad Morales en una turbia trama de corrupción que remonta sus hilos hasta los más altos niveles del poder
político y económico provincial (Morandini, 1991, pp. 71-94).
El alza de la combatividad popular contribuyó a la reactivación del movimiento obrero. Las luchas de
mayor repercusión fueron las que llevaron a cabo los metalúrgicos de las plantas fabriles de Tierra del Fuego, en
el extremo sur del continente. Entre 1994 y 1995, su lucha se centró en el reclamo de aumentos salariales y
contra los intentos patronales de "racionalizar" sus inversiones mediante despidos masivos y cierre de plantas.
En una de esas movilizaciones, en abril de 1995, cayó víctima de la represión el obrero de la construcción Víctor
Choque6. Los trabajadores de la mina carbonífera de Río Turbio (en la sureña provincia de Santa Cruz) tomaron
el yacimiento en defensa de su fuente de trabajo, con apoyo del conjunto de la población local 7.
También se reactivó el movimiento agrario. En 1994 se llevó a cabo un paro nacional agrario, con
participación de pequeños y medianos productores -con centro en la región de la Pampa húmeda, que
constituye el corazón cerealero del país-, que se destacó por su masividad y combatividad. En 1995 surgió el
Movimiento de Mujeres en Lucha (MML), que desde su fundación organizó, pueblo por pueblo, principalmente
en la provincia de La Pampa (donde nació), y en las de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, a miles de mujeres del
campo para impedir el remate judicial de sus parcelas por falta de pago de las deudas acumuladas 8.
En esos años tomaron creciente masividad los Encuentros Nacionales de Mujeres; el IXº Encuentro,
realizado en 1994 en la ciudad de Corrientes reunió a alrededor de 7.000 mujeres que adhirieron,
mayoritariamente, a la Marcha Federal a realizarse en el mes de julio. El Xº, en 1995, congregó una cantidad
similar en Jujuy, mientras que fueron 12.000 las que tomaron parte en el XIº Encuentro llevado a cabo en 1996
en Buenos Aires. Los Encuentros Nacionales de Mujeres constituyen una experiencia de avanzada por su grado
de desarrollo y continuidad, constituyendo un movimiento autoconvocado, autónomo y horizontal en el que
participan mujeres de todas las edades y estratos sociales de diversas pertenencias políticas, gremiales, étnicas,
comunitarias y religiosas9.
10 Página 12, 10/5/95, p. 9. El 3/2/97 sectores combativos del movimiento de jubilados ocuparon los Tribunales de Buenos Aires (Clarín,
4/2/97, p. 34). En mayo de 1998 este singular movimiento protagonizó su marcha número 350.
11 Para una crónica de esta Marcha ver Semanario Hoy Nº 519 (6/7/94) y Nº 520 (13/7/94). Una Declaración de la Federación
Universitaria Argentina (13/7/94) reivindicaba la presencia del movimiento estudiantil argentino en el acto de cierre de la Marcha Federal
en la Plaza de Mayo, "por primera vez en la historia" con orador propio junto a organizaciones obreras y populares opositoras al gobierno
menemista como la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), el "Perro" Santillán y la
Federación Agraria Argentina.
12 La Mesa de Enlace se conformó el 24 de marzo de 1995.
13 Clarín, 21/11/94, p. 11.
14 Ver entre otros diarios: Río Negro (Río Negro), 3 al 5/10/95; Pregón (Jujuy), 21/6 y 3/7/96; La voz del Interior (Córdoba), 15 al 23/6/96.
15 La voz del Interior (Córdoba), 14/1/97, tapa y p. 7.
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"recomendaciones" del Banco Mundial. Coincidentemente, los docentes de numerosas provincias (Río Negro,
San Juan, Neuquén, Buenos Aires) iniciaron un proceso de movilizaciones por salarios dignos y en reclamo de
una Ley de Financiamiento Educativo, que culminaría el 2 de abril de 1997 con la instalación de la llamada
"Carpa Blanca" frente al Parlamento nacional16, que aún se mantiene y que se convirtió desde entonces en
centro de convocatoria de numerosas iniciativas opositoras en el plano educativo, cultural y de derechos
humanos contra las políticas liberales del gobierno. En 1996, la oposición a la Reforma Educativa motivó un gran
movimiento de los estudiantes secundarios, que marcharon en numerosas ciudades del país.
Todo este proceso no se manifestó en forma lineal. La reelección de Menem en mayo del '95 (cuya
factibilidad constitucional se abrió paso a raíz del previo "pacto de Olivos" entre el ex presidente Alfonsín y
Carlos Menem), significó un baldazo de agua fría sobre la combatividad popular. Esta, sin embargo, volvió a
cobrar fuerza transcurridas apenas algunas semanas.
Las “puebladas”
A mediados de 1996, la oleada de luchas populares contra el "modelo" -que seguía agravando las
condiciones de desocupación, miseria y desesperanza de las mayorías populares- tuvo un punto culminante en
el histórico levantamiento de los pobladores de Cutral Co y Plaza Huincul, dos ciudades próximas enclavadas en
el corazón petrolero de la provincia patagónica de Neuquén. Más de 20.000 personas en total tomaron parte en
las barricadas y cortes de ruta, en "piquetes" y en distintas formas de autodefensa de masas 17. Estos "piquetes"
se constituyeron en dirección efectiva de la mayoría de la población, y ejercieron esa conducción -y el poder de
hecho que impuso la pueblada- a través de delegados o representantes revocables, electos y basados en
asambleas populares. Este poder paralelo dejó al margen durante seis días a los intendentes, concejales y demás
autoridades propias de la democracia burguesa tradicional. Obligó a las autoridades provinciales a negociar con
él, y a que se le reconociera la potestad de controlar el cumplimiento de los acuerdos a que se llegó con el
gobierno neuquino18. Todo este proceso tuvo marcada repercusión nacional, especialmente a través de su
difusión por los distintos medios de comunicación (Stein y Stein, 1996).
La "pueblada" de Cutral Co/Plaza Huincul confluyó con el crecimiento de la lucha sindical. Superando la
difícil situación generada por los despidos masivos y la hegemonía de las jerarquías gremiales propatronales y
oficialistas, el 8 de agosto se llevó a cabo una jornada de paro con movilizaciones a lo largo y ancho del país en el
que, por primera vez en la presente etapa, jugó un papel relevante la clase obrera industrial de las grandes
plantas fabriles de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.
19 Clarín, 28/9/96: "La huelga tuvo altos grados de adhesión" (p. 2); "Masivo acatamiento en el interior" (p. 4); "La fuerza del paro se
hizo sentir en los sitios más previsibles: el cordón bonaerense y las provincias más industrializadas como Córdoba, Tucumán y Santa Fe"
(p. 5).
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El reclamo docente pasó a formar parte de un conjunto mayor de reivindicaciones, y el núcleo combativo
se engrosó con estudiantes secundarios, universitarios y padres de alumnos. En la madrugada del sábado 12 de
abril, el avance de 400 efectivos de Gendarmería sobre la ruta ocupada se topó con una verdadera lluvia de
piedras y bombas "molotov"; a medida que la fuerza represiva avanzaba, se constituían nuevos "piquetes" a sus
espaldas. Cuando la represión se volcó sobre los barrios aledaños, varios miles de pobladores detuvieron e
hicieron retroceder a pedradas a los gendarmes. Los refuerzos de la policía provincial respondieron con palos,
gases, balas de goma y de plomo. Allí cayó asesinada la joven trabajadora Teresa Rodríguez. La noticia de su
muerte se difundió en pleno combate de la población con las fuerzas represivas, y de inmediato se convirtió en
síntesis y bandera de la lucha.
Hacia las 10 de la mañana, los enfrentamientos se habían generalizado en Cutral Co y Plaza Huincul: la
población enfrentaba a los gendarmes, se dispersaba y volvía a reagruparse dispuesta al enfrentamiento. La
gente se nucleaba en la ruta, y desde allí se volcaba hacia el descampado. Las granadas lacrimógenas que caían
eran inmediatamente cubiertas con tierra. Vecinos en motocicleta auxiliaban con bidones de agua a quienes, en
la primera línea, padecían el efecto de los gases.
Por la tarde, una asamblea de 300 pobladores decidió persistir con los piquetes hasta obtener soluciones;
allí se debatió y aprobó un petitorio de 8 puntos que incluía el reclamo docente y la derogación de la Ley Federal
de Educación. La asamblea designó una comisión negociadora compuesta por padres de estudiantes, algunos
referentes políticos locales y tres "fogoneros". Ante la masividad del movimiento, los intendentes de ambas
localidades y concejales y diputados opositores optaron por sumarse a la comisión.
Las negociaciones directas con el gobernador provincial, y las gestiones personales de éste ante el
gobierno nacional desembocaron, el día 17 de abril, en la obtención de 1.800 contratos de trabajo temporales
(por 4 meses) correspondientes a distintos programas gubernamentales de empleo. Al día siguiente, diversos
sectores políticos presionaron en favor del levantamiento del corte de ruta, y algunos diputados y concejales
firmaron un acta-acuerdo con las autoridades provinciales. En una nueva asamblea, pese al notorio descontento
de un sector de los "fogoneros" por la insuficiencia del compromiso oficial, se resuelve aceptar lo propuesto, al
tiempo que se establecen plazos de cumplimiento y se constituye una Comisión de control de los acuerdos.
En mayo, el profundo descontento popular estalló en la norteña provincia de Salta. Los centros fueron
Tartagal y General Mosconi, dos poblaciones del departamento General San Martín, zona petrolera y gasífera
que al igual que su similar de Neuquén, se convirtió en población "fantasma" como consecuencia de la
privatización de la empresa estatal YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) (Rofman, 1996). Allí la desocupación
ronda el 80%22.
Al igual que el "Cutralcazo", la pueblada de Tartagal/General Mosconi reveló la existencia de un notorio
nivel de organización previa al estallido, que también aparecería reflejado en la conjunción de un heterogéneo
espectro de sectores populares detrás del programa de la pueblada; un programa que, centrado en la exigencia
de subsidios y trabajo para los desocupados, recogió las principales reivindicaciones de diferentes grupos
22 "Los retirados [tras la privatización de la petrolera YPF en 1990] eran en 1992 más de 3.000 personas [sobre un total de 4.000]... Muy
pocos lograron insertarse en actividades nuevas: la inactividad laboral y la pobreza comenzaron, entonces, a ser los denominadores
comunes". El Tribuno (Salta), 9/5/97, p. 24.
14
sociales (desempleados, comerciantes, industriales madereros). El alto grado de unidad se manifestó también en
la organización de los "piquetes" para el corte de ruta y para su sostenimiento a través de "ollas populares", y en
la autodefensa de los piquetes, en la que se consideró la preparación para la eventualidad de un enfrentamiento
violento a la represión de la Gendarmería. Estas características -basadas en la masividad de la protesta-
estuvieron en el trasfondo del retroceso y de las concesiones otorgadas por los gobiernos nacional y provincial 23.
El año anterior, desocupados de Gral. Mosconi habían ocupado la Legislatura local, medida suspendida
luego ante las promesas de creación de fuentes de trabajo. Un "sindicato" de desocupados cuenta con un
padrón de 5.000 trabajadores sin empleo. El 7 de mayo tuvo lugar un "tractorazo" de productores rurales contra
la deuda exigida por el Banco de la Nación. Por la noche, una asamblea de 4.000 vecinos aprobó la propuesta de
cortar la ruta, a ejemplo de lo sucedido en Cutral Co; el reclamo central es: trabajo. De viva voz se formula un
pliego reivindicativo, y se repudia y desconoce a los políticos locales. La asamblea se autoasigna atributos de
poder soberano (Ramírez, 1997).
Los cortes que se llevan a cabo son dos, uno a la altura de Tartagal y otro en Gral. Mosconi. El 8 de mayo
las actividades económicas y comerciales, así como las escuelas, están paralizadas. Al día siguiente, las personas
nucleadas sobre la ruta llegan a 12.000. Se verifican asambleas y cortes de ruta de adhesión en la capital
provincial y en la ciudad de Orán. Una nueva asamblea el sábado 10 elige a los integrantes de una Comisión de
Diálogo, representando a sectores tan variados como docentes, la vecina localidad de Aguaray, pequeños y
medianos productores, la Cámara de Industria de Gral. Mosconi, el sindicato de desocupados, trabajadores de
salud, madereros, aborígenes, juventud (incluyendo estudiantes), deudores del Banco Hipotecario, vecinos y
piqueteros. Se resuelve que las negociaciones con los funcionarios se harán sobre la ruta: los representantes no
podrán tomar decisión alguna sin previa consulta a la asamblea. Una asamblea de 3.000 personas por la tarde
rechaza los raquíticos ofrecimientos del gobernador Romero.
"¿Y si viene la Gendarmería? -interroga un medio de prensa a un militante del Justicialismo. "Y bueno -es
la respuesta-, mi decisión personal es que voy a estar hasta las últimas consecuencias. Yo voy a estar hasta la
muerte (...) Creo que si tenemos que morir vamos a morir por querer justicia, por las reivindicaciones sociales y
para que nunca más un político nos ponga la cabeza en el suelo y nos pise como gusanos. Queremos la muerte
antes que eso"24.
La nueva asamblea, a las 18 hs., es multitudinaria: congrega a 20.000 personas de múltiples sectores. Se
decide continuar con el corte de rutas y exigir la presencia del gobernador Romero y del ministro de Interior del
gobierno nacional Carlos Corach. El día 12, los sitios de "corte" reciben a una caravana de 2.500 personas
proveniente de Tartagal, organizada por los trabajadores madereros. Al día siguiente el gobierno hace llegar una
propuesta que contempla parte de las demandas, en particular las del sector empresarial, generando un
comienzo de división entre la gente sobre el que operan agentes del gobierno y la amenaza de desalojo de la
ruta por tropas de Gendarmería. Pero la insuficiencia de los puestos de trabajo ofrecidos lleva a los dirigentes
del sindicato de desocupados a insistir en la continuidad de los cortes de ruta: esa noche permanece en los
25 Id., ibíd.
26 La crónica, documentos y declaraciones relativas al "Jujeñazo" de mayo de 1997 se han recopilado como resultado de entrevistas
realizadas al licenciado Carlos Aramayo, asesor del Frente de Gremios Estatales de la provincia. Ver también Clarín, segunda quincena de
mayo de 1997.
16
la ruta". Nancy, por su parte, mostró las heridas de balas de goma: "Yo salí a la ruta no a pedir cosas injustas
sino un trabajo". La noche se pasa en vela. Operadores del gobierno "sugieren" a los piqueteros de Libertador y
San Pedro "repartirse" entre ambas localidades todo el "paquete" ofrecido, a cambio del levantamiento del
corte de rutas: la respuesta es no. En la mañana del 31 de mayo se anuncia el acta-acuerdo aceptada por la
gobernación: los puestos de trabajo comprometidos suman ahora 12.579. El acta compromete un multifacético
cuerpo de garantías, así como esbozos de medidas de gobierno en favor de los sectores populares, reflejo del
amplísimo carácter multisectorial de los reclamos: integridad física de los "piqueteros" e indemnización a los
afectados por la represión; incentivos fiscales a la radicación de industrias en la provincia; efectivización del Plan
Quinquenal de Obras y Servicios Públicos; entrega en 30 días y sin discriminaciones políticas de las viviendas
construidas y aún no asignadas; asignación de 1.000 becas para estudiantes de la Quebrada y Puna; control de la
distribución de las cajas de ayuda social por la Iglesia y la Comisión de Desocupados; adhesión a las propuestas
del Frente de Gremios Estatales sobre Emergencia Impositiva; adhesión al documento del Equipo de Pastoral
Social sobre tierras públicas y privadas ociosas; elevación de los subsidios por desempleo, con prioridad para las
mujeres; etc.
La algarabía es incontenible, pero los piqueteros exigen que las cámaras de televisión registren la firma
del gobernador, que se retira precipitadamente entre insultos y empujones.
El programa-petitorio levantado por la Coordinadora de Piqueteros de toda la provincia fue el núcleo de
una convergencia multisectorial que bocetó, en los hechos, un "doble poder" a nivel provincial, al establecerse
una comisión negociadora en la que, además del gobierno, los partidos opositores, y representantes del
empresariado, de la Iglesia y del Frente de Gremios Estatales, se integraron un delegado y dos acompañantes
por piquete.
En este sentido tuvo gran trascendencia la propuesta que el Frente de Gremios Estatales -a través de su
asesor Carlos Aramayo- elevó a consideración de las asambleas populares, acerca del camino a seguir para
conseguir fondos para abordar la cuestión del desempleo y reactivar la producción (Aramayo, 1994, p. 4). En
breve síntesis, el programa postulaba:
1) Ley de Emergencia Impositiva, de carácter progresivo, determinado en base al impuesto a los ingresos
brutos y al impuesto inmobiliario, con centro en las empresas privatizadas (telefónicas, gas, energía eléctrica,
aerolíneas) y en las compañías azucareras -en especial los grandes terratenientes de la provincia-, y sin afectar a
la actividad comercial minorista, a los pequeños y medianos productores agropecuarios, industriales o mineros,
ni a los trabajadores. Este impuesto conduciría prácticamente a la duplicación de la recaudación fiscal de la
provincia, con destino al fondo de desempleo (50%) y a un fondo de recuperación de la actividad económica
productiva (50%).
2) Acta de la asamblea dirigida al gobierno nacional para que éste se haga cargo de la amortización de
Bonos del Tesoro a partir del 1º de julio. Por esta vía el gobierno provincial dejaría de transferirle al poder
federal el equivalente a 2,5 millones de dólares mensuales, con el mismo destino enunciado en el punto
anterior.
17
3) Petición de la asamblea al Ministerio de Economía de la Nación, solicitando la exención a partir del mes
de julio del aporte, por la provincia de Jujuy, del 15% de su presupuesto que se le exige en virtud del llamado
"Pacto Fiscal" (equivalente a aproximadamente 4 millones de dólares mensuales).
El alzamiento de Libertador volvió a destacar características comunes a las puebladas anteriores: un
severo y generalizado cuestionamiento a las instituciones formales del poder político (concejos municipales,
intendentes, legislaturas y gobiernos provinciales) y, al mismo tiempo, una profunda desconfianza en las
promesas de la dirigencia política tradicional, tanto oficialista como de la oposición parlamentaria. Este
cuestionamiento no se atuvo a los límites de la crítica verbal; se encarriló más bien a través de la práctica de una
democracia directa, basada en el protagonismo masivo en la adopción de formulaciones programáticas, en las
decisiones de acción, y en la elección de representantes o delegados de piquetes con mandatos explícitamente
conferidos en asamblea y revocables en cualquier momento.
La configuración de un "poder paralelo" dejó de ser una perspectiva puramente teórica, pergeñada desde
fuera del movimiento social concreto, y adquirió la contundencia de una creación fáctica de las masas que,
abonada por la experiencia histórica, constituye la base material de toda verdadera elaboración de teoría social
vinculada al cambio social. La población jujeña adquirió conciencia de haber puesto "en jaque" a los gobiernos
provincial y nacional, combatiendo y haciendo retroceder a la Gendarmería, constituyéndose
circunstancialmente en un poder real, capaz de imponer negociaciones al poder político-legal y de sostenerlas y
extenderlas hasta obtener satisfacciones mínimas, así como de constituirse -a través de la Coordinadora de
Piqueteros y Desocupados- en fiscalía del cumplimiento de los compromisos impuestos al gobierno.
El 28 de mayo, convocada por la Federación Universitaria Argentina (FUA) y la Confederación Nacional de
Docentes Universitarios (CONADU) y con la adhesión activa de las tres corrientes opositoras del movimiento
obrero, tuvo lugar una gran Marcha Educativa, que congregó a 25.000 personas frente a la sede del gobierno
nacional en rechazo a la reforma educacional oficial. El 20 de junio, la Plaza de Mayo volvió a atestiguar el vasto
descontento que impera en el gremio docente27.
Ambos acontecimientos constituyeron un escalón político y organizativo que se sumó al impacto de las
grandes "puebladas" para la realización de la segunda Marcha Federal, ahora bajo la denominación "Marcha por
Trabajo para Todos", entre el 8 y el 11 de julio de 1997. Desde los cuatro puntos cardinales del país, con
enormes sacrificios, 70.000 personas -entre las que se destacaban los grupos de "piqueteros" provenientes de
los alejados focos de lucha del interior del país (Jujuy, Cutral Co, Tierra del Fuego) y el componente obrero de los
gremios metalúrgico, petrolero, petroquímico, papelero, rurales, de astilleros, etc.- se movilizaron hacia la
Capital Federal, convergiendo el día 11 en el principal escenario político del país 28. En la efectivización de la
nueva Marcha tuvo importancia decisiva la convocatoria unitaria desde la Mesa de Enlace que coordina a las
corrientes del sindicalismo opositor y al movimiento estudiantil organizado, así como la participación de un
sector de la dirigencia obrera que vacila entre las posiciones del nucleamiento gremial oficialista y las de la
oposición combativa, y la adhesión de importantes sectores políticos de la oposición al menemismo. Así, el acto
tuvo gran repercusión nacional, por la magnitud de su concurrencia, por la amplitud del arco de unidad
29 Clarín, 15/8/97.
30 "Tractorazo": modalidad de lucha de los pequeños y medianos productores agrarios, en las que se concentran, marchan masivamente
y ocupan rutas con sus tractores.
19
nacionales, con la consiguiente asfixia del federalismo y reducción de los gobiernos locales a la condición de
apéndices del poder central y de sus planes de ajuste.
En esas provincias, además, es más débil el aparato estatal y represivo, así como las estructuras
jerárquicas del sindicalismo oficialista. En la provincia de Buenos Aires, donde se halla lo principal del aparato
industrial y de la población del país, en cambio, se concentra también la fuerza del poder estatal y se han venido
aplicando políticas asistencialistas dirigidas a la prevención de "estallidos" sociales.
Las "puebladas" no han emergido en forma súbita y puramente espontánea. En todos los casos estuvieron
prologadas por movilizaciones y reclamos protagonizados -a lo largo de muchos meses- sobre todo por
empleados estatales y municipales, docentes, etc. Esto fue así incluso en el "Santiagueñazo" de diciembre de
1993, que inauguró la serie. En los casos de Cutral Co y Gral. Mosconi, los obreros petroleros habían
desarrollado huelgas y movilizaciones contra la privatización de la empresa petrolera estatal y sus efectos. Estos
estallidos populares han influido sucesivamente unos sobre otros, en un proceso de aprendizaje social
multifacético.
Por otra parte, las prácticas desplegadas y las representaciones sociales de sus protagonistas recuperan
tradiciones y formas de lucha históricas del movimiento popular argentino, y particularmente del movimiento
obrero. Desde la "Semana Trágica" de 1919, en que los trabajadores de Buenos Aires mantuvieron ocupadas,
desbordando la represión policial, zonas enteras de la ciudad hasta la intervención del Ejército, hasta el
"Cordobazo" de mayo de 1969, protagonizado por los obreros industriales -particularmente del automotor-, los
estudiantes y amplios sectores populares de la ciudad mediterránea, y otras rebeliones urbanas de fines de los
años '60 y principios de los '70, la forma más elevada del conflicto social se ha expresado en la Argentina bajo la
forma de masivas rebeliones urbanas, de carácter amplio y con fuerte peso de la clase obrera industrial. Incluso
la huelga -forma típica de la lucha obrera- ha sido adoptada como vía de expresión de reclamos por otros
sectores populares, como los pequeños y medianos productores del campo y de la ciudad (Bilsky, 1984; Villar,
1971; Fierro, 1998).
Esta tendencia se ha verificado aún en localidades vinculadas a la actividad agropecuaria. En la Argentina,
el 80 por ciento de la población vive en ciudades, grandes o pequeñas, característica estructural que constituye
la base fundamental de esta tradición histórica (Torrado, 1992).
La proyección de las "puebladas" no ha quedado confinada a regiones con las características descriptas,
constituyendo "bolsones" aislados. Por el contrario, muy rápidamente, han influido de modo determinante
sobre todo el movimiento sindical y político a escala nacional, contribuyendo a la convergencia en la acción de
muy amplios sectores sociales y fuerzas sindicales y políticas contra la política oficial: el primer "Cutralcazo", en
1996, fue el prólogo inmediato de una gran concentración obrera frente a la Casa de Gobierno en el mes de
mayo, de la crisis política que desembocó en la renuncia del ministro de Economía Domingo Cavallo, del
fortalecimiento de las corrientes sindicales opositoras y combativas y de los paros nacionales de agosto y
setiembre, en los que irrumpieron masivamente en la escena política los obreros del cordón industrial de las
grandes ciudades. Lo mismo ocurrió en ocasión de las "puebladas" de 1997, que se articularían con la realización
de una segunda Marcha Federal y con el paro nacional con cortes de ruta llevado a cabo en agosto. La protesta
emergente en las "puebladas" impregna asimismo el crecimiento del activismo sindical en las grandes plantas
20
industriales y nuevas oleadas de luchas salariales y contra los despidos, así como el desarrollo de nuevas formas
de lucha de los desocupados y organizaciones barriales y de jubilados.
En las "puebladas" se manifestó crecientemente la convergencia de la lucha de los tres sectores del
movimiento obrero (activos, desempleados y jubilados). La confección de censos de desocupados desempeñó
un papel de relevancia en la organización de los cortes de ruta. Se hizo visible que los protagonistas de las
múltiples puebladas producidas en el país, en su inmensa mayoría, no fueron "marginales" (categoría que
muchas veces pretende tipificar lo que comúnmente se conoce como "desclasados" o "lúmpenes"), sino obreros
petroleros, ferroviarios, azucareros, de la construcción, etc., despedidos por el ajuste menemista. Además, en
esas "puebladas" se perfiló un conjunto de sectores sociales cuyos reclamos programáticos y cuyos métodos
trascendieron la oposición al llamado "modelo" y sus efectos "excluyentes", para atacar las bases mismas del
"sistema".
Por eso, las "puebladas" no pueden ser explicados en base a la lógica de "excluidos"/"incluidos"
correspondiente a teorías hoy en boga, que conciben la llamada "marginalidad" como origen de los nuevos
sujetos y movimientos sociales del presente. La práctica y formas de conciencia de sus protagonistas, y la base
material de la cual emergen, resultan convergentes con el conjunto del movimiento social. Si en el último
período se había verificado un mermado protagonismo del proletariado industrial respecto de otros sectores de
trabajadores -desocupados, estatales, jubilados-, ello no se debió a una pretendida "desaparición" o "extinción"
de la clase obrera y del trabajo en general (o incluso a la "integración" de dicha clase al "sistema") sino a la doble
tenaza impuesta por la amenaza del desempleo y el compromiso de la cúpula de la dirigencia sindical -en su
mayoría de origen peronista- con las políticas neoliberales del menemismo (Laufer, 1998; Mateu, 1998).
21
sumaron a los piquetes amplios sectores populares: trabajadores municipales, docentes, pequeños
comerciantes y productores, columnas de los barrios y organizaciones vecinales, centros de jubilados,
estudiantes, profesionales, familias enteras.
También se esbozó una incipiente participación de obreros rurales y campesinos, con particularidades
según los lugares. En Tartagal-Mosconi se sumaron en caravana columnas de siete comunidades aborígenes
demandantes de tierras y fuentes de trabajo. La posible proyección del estallido a la zona rural, selvática, y el
importante grado de organización alcanzado por los desocupados petroleros y obreros de la construcción y su
ubicación junto a plantas de empresas petroleras y gasíferas y a un importante gasoducto pueden haber
operado para que la gendarmería se abstuviera de reprimir allí. La incipiente articulación con la población rural
es significativa en un país de características predominantemente urbanas, pero con gran peso del latifundio
(Basualdo y Khavisse, 1993). En algunas regiones tienen un peso significativo los campesinos pobres,
especialmente en el Noroeste y el Noreste, donde ha habido recientemente algunas experiencias de
ocupaciones de tierras y movimientos aborígenes de reivindicación de las mismas; se trata, además, de regiones
muy conectadas con los países vecinos (Brasil, Paraguay, Bolivia) y en las que existe un influjo concreto de las
experiencias de las grandes ocupaciones de Brasil y Paraguay.
Los piquetes eligieron representantes con mandato y revocables que operaron como dirección en la lucha
y como voceros, estableciendo instancias más generales de coordinación y para las negociaciones con los
gobiernos (Coordinadora de representantes de los cortes de ruta de Jujuy). Se reprodujo así, una y otra vez, una
forma de organización para la lucha y de democracia directa que ha caracterizado al movimiento obrero
argentino durante décadas (cuerpos de delegados de sección o subunidad de trabajo) como organización de
base de la estructura sindical, y jugado un papel destacado en el proceso anterior a 1976, impregnando como
modalidad a otros sectores populares: movimiento estudiantil secundario y universitario, organizaciones
barriales, etc.31 .
Finalmente, y en base a esta forma de organización y decisión, operaban fuerzas organizadas (sindicato de
desocupados, representantes de gremios, militantes políticos). Radios "abiertas" a la vera de la ruta, radios FM y
la televisión local jugaron un papel importante en la información del conflicto, e incluso, en ciertos casos, de
coordinación y convocatoria a las asambleas, abriendo sus micrófonos a piqueteros y representantes.
Los piquetes llegaron a desarrollar grados importantes de organización: grupos de enlace y de reserva,
puestos sanitarios y de prensa y difusión, organización de cuadernos de inscripción de desocupados, puestos de
donaciones y solidaridad, carpas. La instalación de “ollas populares” hacía posible un amplio nucleamiento de la
31 “Toda la noche los tipos ahí parados. Ese muchacho que estaba ahí toda la noche porque estaba convencido en su cerebro... era el que
se convertía en líder natural por la presencia... ese pibe de barrio... te daba confianza, te decía: bueno, andá vos, vos me representás, era
como que te autorizaba, porque él era la autoridad moral del piquete”. Daniel, vecino de Cutral Co (Tribuna Abierta, 15/7/1996). “Se daba
en la gente un compromiso moral, porque todos expresábamos lo que sentíamos, todo el mundo hablaba, opinaban y se respetaban las
opiniones. Y en mi caso, como mujer, a veces no pensaba como ellos, no tenía la firmeza que tenían ellos, pero salía y como representante
tenía que decir lo que ellos decían. Esa confianza que te tenían... más allá de lo que pensaras personalmente, ellos sabían que se iba a
respetar a la mayoría”. Laura, de Cutral Co (ibídem).
22
gente más pauperizada y alimentar a los piqueteros sin que tuvieran que abandonar la ruta. Su funcionamiento
se aseguraba por las donaciones de los comerciantes, productores agrarios y capas medias de la localidad, y con
el trabajo de cocina de jubilados y amas de casa.
Las rutas fueron cortadas en lugares que afectaban decisivamente la actividad económica provincial y
nacional, y aseguraban la rápida difusión en los medios de prensa y TV. A la vez estaban a la vera de barriadas
populares, lo que permitió el repliegue ante los embates de las fuerzas represivas. Cuando éstas entraron en los
barrios, en Libertador y en el segundo Cutral Co, donde la confrontación violenta se desarrolló en el más alto
grado, ello provocó gran indignación y la respuesta masiva de decenas de miles de habitantes que en ambos
casos obligó a la retirada de la gendarmería luego de días de enfrentamiento.
A escala local y provincial, las fuerzas represivas movilizaron entre 300 y 2.000 efectivos. Actuaron
escuadrones de gendarmería enviados por el estado nacional -fuerza militar originariamente destinada al
cuidado de las fronteras-, y cuerpos especiales de la policía federal y provinciales. Operaron con camiones
hidrantes, gases lacrimógenos y vomitivos, armas con balas de goma. La autodefensa de los cortes se realizó con
la masiva utilización de piedras y hondas con proyectiles de piedra y metal. Los pobladores utilizaron pañuelos
con limón, baldes con agua para neutralizar los gases, y elementos para volverlos a arrojar contra las fuerzas
represivas. Se construyeron barricadas "escalonadas" a lo largo de la ruta y se utilizaron parcialmente bombas
molotov. Los habitantes de Libertador (Jujuy), luego de la derrota de la gendarmería celebraron el 25 de mayo,
día de la revolución de 1810 que dio origen a la lucha emancipadora en Argentina, con un desfile popular en el
que homenajearon a contingentes de “piedreros”, “honderos” y “balderos” (niños y mujeres que con baldes de
agua neutralizaban los gases) organizados en el curso de los enfrentamientos.
Al respecto, es interesante destacar cómo se reflejaron los acontecimientos en las representaciones
sociales. Los protagonistas los vincularon no sólo con la experiencia de luchas obreras y populares de años o
décadas anteriores, sino incluso con el proceso de la emancipación americana en el siglo pasado. Así lo
mostraron diversos hechos: los festejos señalados, en una región (el Noroeste) donde aquel proceso tuvo el más
elevado grado de participación popular y perdura en la memoria histórica como componente de las tradiciones
populares, más allá de las celebraciones oficiales; la identificación de las asambleas populares con las
deliberaciones del congreso de 1816 que declaró la independencia de la Argentina; la apropiación simbólica de
la bandera nacional en la confrontación con el poder estatal; la utilización de pasamontañas y pañuelos por los
piqueteros, tanto para protección frente a los gases lacrimógenos como para preservación del anonimato y
clandestinidad frente a las fuerzas represivas, que evocaban la difundida imagen de los Zapatistas; también la
realización posterior, en escuelas de Cutral Co, de trabajos de docentes y alumnos sobre los hechos expuestos al
público, donde “el bueno y el malo de la historia han cambiado de lugar: los héroes son los piqueteros y los
villanos son los gendarmes” (Sánchez, 1997, p. 37).
Los cortes de ruta -desencadenante, lugar de confrontación e instrumento organizador en las puebladas-
se articularon en diversos modos con huelgas generales o parciales que contribuyeron a generalizar el conflicto:
en Tartagal-Mosconi, esa generalización -pese a los movimientos solidarios en otros puntos- se vio
obstaculizada al circunscribirse la huelga a ese solo departamento. En Libertador, en cambio, la extensión del
movimiento a decenas de cortes de ruta en otros puntos de Jujuy se vio favorecida por las huelgas de obreros y
23
empleados municipales y estatales de la provincia. La segunda pueblada de Cutral Co emergió articulándose con
el paro docente provincial y las movilizaciones populares solidarias con el mismo.
La extensión de las puebladas desde los cortes de ruta a sectores populares más amplios se sostuvo y
materializó en nuevas formas organizativas de participación de las mayorías. En la mayor parte de los procesos
de movilización y protesta popular de los últimos años fueron surgiendo en muchas localidades y provincias las
llamadas “multisectoriales”, formas de coordinación en las que intervienen desde organizaciones sindicales
opositoras, campesinas y estudiantiles hasta cámaras de comerciantes y asociaciones de pequeños y medianos
empresarios de las provincias, personalidades eclesiásticas, organismos de derechos humanos, partidos políticos
de izquierda y alas de los partidos tradicionales. El protagonismo adquirido por las "multisectoriales" reflejó la
incapacidad de las instituciones legislativas y de los representantes parlamentarios para expresar políticamente
al movimiento social; tendieron a convertirse en organismos de acción unitaria y en instrumento de consecución
de las demandas populares en el transcurso de los procesos de lucha. También fueron escenario de agudas
disputas políticas entre quienes buscaban profundizar la confrontación hasta arrancar triunfos y aislar a los
gobernantes y aquéllos que ponían el acento en la conciliación y la pacificación una vez logradas ciertas
reivindicaciones sectoriales.
Las puebladas, también, generalizaron las asambleas populares, gestadas en torno a los cortes de ruta.
Convocadas hasta varias veces por día en el curso de la lucha, participaban en ellas desde miles hasta decenas
de miles de pobladores en los momentos culminantes. Se convirtieron en instancia de deliberación y de toma de
decisiones (programáticas, sobre resistir o no la represión y la forma de hacerlo, sobre el curso y los resultados
de las negociaciones, etc.)32. En las asambleas se unificaban los programas o listas de reivindicaciones del
conjunto de sectores populares y fueron fundamentales para el respaldo de las mismas en la negociación con las
autoridades, frente a los intentos de manipulación y a las propuestas más conciliadoras. Al respecto, fue intensa
en su seno la discusión y disputa en torno a dos posiciones: sostener su carácter soberano, o por el contrario
delegar las decisiones en representantes de determinados organismos, en elementos ligados al poder local o en
personalidades políticas o religiosas en función de mediadoras. Las asambleas elegían representantes o voceros
con mandato imperativo, responsables ante ellas y revocables por las mismas, que planteaban las exigencias a
las autoridades formales. Frente a la norma constitucional argentina según la cual "el pueblo no delibera ni
gobierna sino por medio de sus representantes", las asambleas se erigieron en un embrión de poder paralelo
que desbordó, neutralizó o enfrentó a las autoridades y, en el transcurso de la lucha, hizo efectivas sus propias
decisiones.
Las puebladas estallaron a partir de urgencias reivindicativas; no se propusieron derrocar a los
intendentes o gobernadores ni tomar el poder. Sin embargo en los hechos se produjo una verdadera situación
de "acefalía" y, durante días, frente al poder de las autoridades y de las fuerzas represivas, las asambleas
32 “En las asambleas lo menos que había eran 2.000 personas, era impresionante”...cuenta Ernesto, piquetero de Cutral Co. “Se hacían
hasta tres o cuatro asambleas en el mismo lugar de la torre... Opinaban todos. Estaba bien”... (Sánchez, 1997, p.19). “Un piquetero se
acercaba a Radio Victoria o a Radio Encuentro y decía: va a haber una asamblea, y allí se mandaba la gente. Hoy parece extraño, pero
había 5.000 y decidían. Había algo común que ya estaba, como si lo tuviéramos en la cabeza antes de juntarnos”. Participante del piquete
de Añelo -Cutral Co- (Tribuna Abierta, 15/7/96).
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populares y sus representantes fueron el centro de decisión y único poder reconocido por la población que lo
avaló en asambleas multitudinarias y lo respaldó frente a la represión (en Cutral Co, hasta 35.000 pobladores
sobre una totalidad de 58.000 habitantes)33.
Estos esbozos de un centro de decisión y poder paralelo y contrapuesto a las autoridades formales,
constituyeron un fenómeno reiterado, percibido por autoridades y comentaristas. La jueza federal que concurrió
con la gendarmería a desalojar la ruta en la primera pueblada de Neuquén debió negociar con una asamblea de
decenas de miles sin la presencia de las fuerzas represivas; la funcionaria formuló así el argumento jurídico para
convalidar su retiro ante la evidente disposición a resistir y superioridad de fuerzas de la población
movilizada: “...Yo pensé: ‘Acá no es un grupo, no es una fracción de un partido político, no es un gremio, acá hay
un pueblo’... Yo les preguntaba: ‘¿Dónde hay un concejal?’, y me respondían: ‘No queremos ningún político,
ningún funcionario; al único que queremos aquí es al gobernador Sapag” -que se negaba a concurrir desde la
capital a negociar con ‘delincuentes’-. “...Entonces pensé: ‘No tienen representantes, están actuando por
aquéllos que eligieron, por ellos mismos’. Me acordé de... una figura penal que está dentro del título de sedición,
que es el motín, y que habla de la asamblea de los pueblos, aquél que se constituye en asamblea sin reconocer a
sus representantes y pide o actúa por él. Y ahí fue cuando pensé que estaba ante una figura penal mayor -que la
de la obstrucción de la libre circulación de la ruta nacional- “... Era incompetente y me retiré”34. Un periodista
escribió sobre los mismos sucesos: “Esto ya parece la Comuna de París, dijo uno de los más lúcidos
representantes intelectuales del ‘gabinete en la sombra' que tiene Felipe Sapag... Como en aquella rebelión
parisina... surgieron en Cutral Co ‘representantes’ directos del pueblo, fuera de las instituciones que lo
representan según la Constitución y la ley. Estos ‘representantes’, los piqueteros, tienen por ahora el poder de
contralor sobre las acciones del gobierno”35.
33 En la Argentina de comienzos de los '70, la rebelión popular contra la dictadura militar de Lanusse sentó un precedente histórico de
conformación de un poder popular "de hecho". El 4 de julio de 1972, la "Comisión Provisoria de Gobierno" de la ciudad de General Roca
(en la sureña provincia de Río Negro), constituida por las "fuerzas vivas" locales tras un gran levantamiento popular contra la represión
desatada en el lugar por los personeros del poder nacional, emitía su Decreto Nº 1. La Asamblea Popular Provincial reunida allí había
resuelto desconocer al gobierno provincial y "reasumir la soberanía": se ocupó la Municipalidad, se destituyó a las autoridades, y se
designó la mencionada Comisión Provisoria de Gobierno, es decir, un gobierno popular. El Decreto repudiaba al interventor federal en la
provincia y pedía al gobierno nacional su relevo y la realización de elecciones directas en la ciudad "en las condiciones y reglamentaciones
que la Comisión dispondrá al efecto". La Opinión (Buenos Aires), 5 al 11/7/1972.
De este modo, en la lucha contra las fuerzas represivas, el pueblo de Gral. Roca protagonizó un verdadero ensayo insurreccional,
en el que tuvo importante incidencia la juventud obrera, principalmente los trabajadores de la manzana. Se produjeron divisiones en las
fuerzas políticas tradicionales locales -el peronismo y el radicalismo- y en las propias fuerzas policiales. La pueblada desembocó así en un
verdadero esbozo de poder paralelo que, en las condiciones de entonces -principalmente la debilidad política y organizativa de las
organizaciones obreras y populares- fue hegemonizado por la burguesía zonal.
34 Reportaje a la Jueza M. de Arguelles (La Mañana del Sur, 28/6/1996).
35 La Mañana del Sur, 30/6/96, artículo de R. Boggi.
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Las autoridades provinciales calificaron a la situación como fuera de control, tildándola de “caos y
anarquía” provocados por “un asambleísmo sin orden ni lógica”; y apelaron al envío de las fuerzas de represión
del gobierno federal, hasta verse obligadas finalmente a aceptar el inicio de negociaciones con los pobladores y
sus representantes (Ramírez, 1997, pp. 15-16).
También los protagonistas expresaron su percepción sobre el propio poder de decisión, así como la
deslegitimación de las autoridades y dirigencias políticas formales: “Si venía uno que era autoridad, ¡chau,
fuiste! [expresión coloquial]”, graficaba un piquetero en Cutral Co. Todos eran escuchados, con una sola
excepción: “Te dabas cuenta cuando alguien quería mandonear o versear: lo echabas”. “...no tenemos
instituciones, y las tenemos que crear nosotros. Asumir otro rol, otra responsabilidad... Ahora cada noche hay
que pensar como si cada uno fuera intendente, cada uno fuera concejal...” (Sánchez, 1997, p.19 y 37).
Un final abierto
El ejercicio de la soberanía popular alternativo al poder oficial evidenció y profundizó la “crisis de
credibilidad” de las autoridades y de las dirigencias tradicionales, expresada en los hechos y formulaciones de
repudio a “los políticos”. Se fue revelando una escisión profunda entre las necesidades y caminos del
movimiento popular y lo que habitualmente se considera la esfera de “la política”.
Tal escisión remite a dos fenómenos. Por un lado, la subordinación absoluta de las instituciones
republicanas respecto de un poder económico y político extremadamente concentrado, que impone márgenes
programáticos y mecanismos de acción política cada vez más contradictorios con las demandas populares
(Mancebo, 1998, pp. 191-201). Por el otro, el modelo económico impuesto por ese poder y defendido a
rajatabla por el gobierno no es cuestionado en sus fundamentos por la Alianza opositora, que ha coincidido en
sostener la “gobernabilidad” hasta las elecciones presidenciales de 1999, prometiendo mantener los “logros”
del “modelo”. A esto se suman los recurrentes planes de perpetuación anticonstitucional del menemismo y de
“fujimorización”. Todo ello configura perspectivas crecientemente contradictorias con las necesidades de
cambios económicos y sociales profundos que los reclamos del movimiento social evidencian. Esa contradicción
constituye el terreno de la creciente desconfianza en el camino electoral como medio para satisfacer aquellas
necesidades.
La separación entre la esfera de la acción electoral-parlamentaria y los movimientos populares expresados
en las puebladas, está lejos de expresar una presunta “apoliticidad” de éstos. La actividad y la lucha política han
atravesado desde el principio hasta el fin todos los procesos descriptos. La mayor parte de los estallidos sociales
surgieron facilitados o alentados por la disputa política entre diversos sectores del poder municipal o nacional, o
a partir de la búsqueda de rédito electoral por parte de fuerzas opositoras. El movimiento popular desbordó por
completo esos objetivos, y fuerzas y exponentes que inicialmente habían avalado el desencadenamiento de los
conflictos, se ubicaron luego en oposición activa al desarrollo de las puebladas y a sus potenciales proyecciones.
En segundo lugar, como ya hemos señalado, en el propio seno de los movimientos se reflejaron agudas
confrontaciones entre quienes propugnaban su profundización y generalización, y los partidarios de
subordinarlos a estrategias futuras de confrontación electoral con el gobierno. Por último, estos movimientos
contribuyeron decisivamente al aislamiento político del gobierno y a su derrota en las elecciones. A la vez el
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plano electoral no ha operado como aglutinador de los sectores sociales y políticos protagonistas de esos
procesos de protesta popular; por el contrario, ha tendido más bien a fragmentarlos. Inversamente, esos
movimientos de protesta tuvieron una proyección política inmediata y de gran envergadura, favoreciendo
decisivamente el aglutinamiento social y político opositor -expresado en las diversas instancias de coordinación
de corrientes sindicales, organizaciones sociales y partidos políticos-, y en las marchas federales y paros, que se
convirtieron en iniciativas convocantes de un amplísimo y heterogéneo espectro de sectores sociales y
corrientes políticas de oposición.
Las perspectivas del proceso socio-político argentino dependerán de los caminos que se recorran para
resolver las contradicciones económicas y sociales que la política menemista ha agudizado al extremo, a lo que
se suma un horizonte de crisis económica y aguda “vulnerabilidad” externa. La generalización nacional de la
protesta popular será determinante en la gestación de caminos alternativos para abrir paso a cambios
profundos. Contribuyen a esa búsqueda de nuevos caminos las nuevas experiencias de movilización social y
política en América del Sur, desde los movimientos de campesinos sin tierra en Brasil y Paraguay hasta las
gigantescas movilizaciones del pueblo ecuatoriano contra el plan neoliberal de ajuste estructural y
privatizaciones. Contradiciendo el carácter de ineluctable que un pretendido “pensamiento único” atribuye a
esas políticas, el proceso ecuatoriano ha sido el primero que logró frenar su aplicación -provisional pero
exitosamente- al imponer con su lucha la destitución del propio presidente Bucaram, electo pocos meses antes.
Ante la acrecentada brecha entre las necesidades sociales y las políticas y caminos ofrecidos como los
únicos posibles, las puebladas argentinas desde 1993 a la fecha reflejan la creciente disposición popular a
convertir en posible lo que es cada vez más imperiosamente necesario.
ACTIVIDAD: El movimiento piquetero.
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Privatizaciones de las radios y la tv en los años 90.
Consolidación de la concentración multimediática. (1990-1994). Yamila Herman.
Menem asume el 8 de julio de 1989 y durante los diez años y cinco meses que ejerce como presidente
de la República lleva a cabo una política de privatización que incluye a la telefónica ENTEL, Aerolíneas
Argentinas, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), los ferrocarriles, gas del Estado, además de los medios de
comunicación. Las políticas neoliberales que habían comenzado durante la dictadura militar se profundizan; se
pretende eliminar áreas “ineficientes”, se promueve la concentración monopólica y oligopólica. Como afirman
Mastrini y Mestman (1995) el Estado establece reglas de juego acorde con los intereses de los grupos
oligopólicos; los autores redefinen este concepto como regulación a favor del sector privado, en oposición a la
idea de “desregulación”.
En agosto de 1989 se sanciona la Ley 23.696 de Reforma del Estado, que permite flexibilizar la Ley de
Radiodifusión vigente y la Ley 24.192 del año 1992 aprueba la presencia de capitales extranjeros.
Entre las modificaciones que se producen, se declaran sujetas a privatizaciones las emisoras de
televisión abierta y de televisión en la prensa autoriza la creación de los multimedios; esta situación se
profundizada al permitir la presencia de capitales extranjeros. “Los principales grupos editoriales Clarín (socio
mayoritario de Artear) y Atlántida (integrante junto a otros accionistas del grupo Telefé) resultaron
adjudicatarios de los canales 13 y 11 respectivamente, ingresando de esta forma al negocio de la televisión”
(Albornoz y otros: 2000: 140).
Cabe destacar que el Estado se hace cargo de las deudas de los canales, 20 millones de dólares por Canal
13 y 27 millones por Canal 11, aproximadamente. A continuación sintetizamos los principales cambios que
promueve la ley:
a) Se eliminó la restricción del art. 43 inc. c) que disponía un límite de 3 licencias de televisión o radio a una
misma persona física o jurídica en distintas áreas de cobertura.
b) Se eliminó la restricción del art. 45 inc. e) que establecía que no podía presentarse a concurso de una nueva
licencia un propietario o socio de diferentes sociedades de radiodifusión.
c) Se eliminó la restricción del art. 45 inc. e) que impedía la presentación al concurso de una persona física o
jurídica vinculada con empresas periodísticas (medios gráficos).
d) Se eliminó la disposición del art. 46 inc. a) que establecía que el objeto social de la licenciatura sería
exclusivamente la presentación y explotación del servicio de radiodifusión (...).
e) Se eliminó la disposición del art. 46 inc. c) que establecía que los socios de las licenciaturas serían personas
físicas y no excederían el número de veinte (...) (Rossi: 2006: 238).
El Grupo Clarín es uno de los mayores beneficiarios de las modificaciones legales; en efecto, en esta
década se consolida como el principal grupo mediático del país. En el libro Periodistas y Magnates. Estructura y
concentración de las industrias culturales en América Latina (2006) Mastrini y Becerra ofrecen una gran cantidad
de datos sores las propiedades y porcentajes de participación en el mercado info-comunicacional del Grupo
Clarín, uno de los más importantes en términos de su presencia diversificada en el mercado, así como por el
volumen de su facturación. (…)
Otro de los oligopolios consolidados en este período es el Grupo Multimedios América de Eduardo
Eurnekián, autodefinido como “el más moderno complejo multimedios de comunicación”, conformado por dos
diarios (El Cronista Comercial y Extra), tres radios (América, Aspen 105, y 98.5 FM Sport), Cablevisión y Canal 2.
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Este multimedio es el primero en promocionarse públicamente de dicha manera, el Grupo Clarín recién lo hace a
partir de 1995.
En este período se acentúa el rol del mercado como regulador de la cultura, acompañado de un
proceso de predominio de la hegemonía videocultural (Landi: 1992, Sarlo:1994). A mediados de 1993, la
empresa IPSA estima que la televisión es el medio de mayor penetración en Capital Federal y partidos
suburbanos; de hecho afecta al 97% de la población (Getino: 1995: 170.) Es, efectivamente, en este período
cuando se produce una profunda modificación en la crítica de televisión que como mencionan los críticos de
televisión Ulanovksy y Sirvén (1999), comienza a ganar en espacio en los suplementos y a perder en perspectiva
crítica.
En la televisión de los ‘90 se consolida definitivamente el pasaje de la paleo a la neo televisión (Eco: 1986). Para
que esto ocurra se conjugan una serie de aspectos: modificaciones en lo que respecta a las nuevas tecnologías -
video filmadoras portátiles, video casetera, mayor cantidad de televisores por hogar-; en la estructura de medios
–flexibilización de las pautas publicitarias a favor del mercado, privatización de los canales y resurgimiento de la
competencia, conformación legal de los multimedios, y expansión del cable-; así como también modificaciones a
nivel de contenido y estético. (…)
Podemos afirmar que a partir de los ‘90, comienza una nueva etapa de la televisión que permite que ella
hable de sí misma, dando cuenta así de la “madurez” del medio. La metatelevisión propone una nueva estética
discursiva, aunque en parte mantiene y profundiza la construcción estereotipada de la realidad social. La
tensión entre innovación / reproducción se resuelve a favor de esta última por la preponderancia del show
como estética, micro ideología televisiva y forma dominante de la circulación de la información.
FUENTE: HERMAN, Yamila. La crítica de la televisión en la prensa durante la formación de los multimedios. Facultad de Ciencias Sociales.
UBA. Año 2018.
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