Enfermedad de Amor en la Edad Media
Enfermedad de Amor en la Edad Media
Resumen
En este trabajo se estudia el tema de la enfermedad de amor, aegritudo amoris,
o amor hereos, y su especial relevancia en la literatura peninsular medieval.
Primero se señalan los orígenes de dicha enfermedad en la medicina y
su intersección con las concepciones platónicas y aristotélicas del amor.
Seguidamente, el autor se detiene en la descripción de las causas, síntomas
y curas que los médicos medievales proponen para dicha enfermedad.
Palabras clave: enfermedad de amor, aegritudo amoris, amor hereos, sexualidad,
historia de la medicina
Résumé
Ce travail étudie le thème de la maladie d’amour, aegritudo amoris ou amor hereos,
et sa fortune dans la littérature médiévale de la péninsule Ibérique. On commence par
évoquer les origines de cette maladie selon les médecins et ses liens avec les conceptions
platoniciennes et aristotéliciennes de l’amour. Puis, l’auteur s’arrête sur la description
des causes, des symptômes et de la thérapeutique préconisée par les médecins médiévaux
pour cette maladie.
Mots clés : maladie d’amour, aegritudo amoris, amor hereos, sexualité, histoire
de la médecine
1. John L. Lowes, «The Loveres Maladye of Hereos», Modern Philology, 11, 1913-1914,
p. 491-546.
Nardi2. En 1964, Otis Green trató en su libro Spain and the Western Tra-
dition Spain el amor hereos3. En 1971, Keith Whinnom señaló brevemente
las descripciones médicas de la locura de amor, que incluye en la intro-
ducción a su edición de Cárcel de amor, en el capítulo titulado «El mundo
sentimental de Diego de San Pedro», y al año siguiente, en 1972, tam-
bién June Hall Martin McCash señala la enfermedad de amor en su libro
Love’s Fools: Aucassin, Troilus, Calisto, and the Parody of the Courtly Lover4. En
1976, Massimo Ciavolella publicó su enjundioso libro, «La malattia d’amore»
dall’Antichità al Medio Evo, y en 1990 junto con Donald Beecher tradujeron
y editaron el magnífico tratado del médico francés Jacques Ferrand, A Love
Treatise on Lovesickness, que se había publicado por primera vez en 1610. En
ese mismo año, se publica también el espléndido libro de Mary Frances
Wack, Lovesickness in the Middle Age 5.
En publicaciones recientes sobre el amor se señala la gran repercusión
del tema de la aegritudo amoris en la literatura peninsular6. Comenzaré por
señalar brevemente los orígenes de la enfermedad de amor en la medi-
cina y su intersección con las concepciones platónicas y aristotélicas del
amor, para después detenerme en la descripción de las causas, síntomas
y curas que los médicos medievales proponen.
En primer lugar, hay que considerar que en la medicina el deseo amoroso
correspondido no es causa de ninguna «pasión» o «morbo». Únicamente la
aegrituo amoris, es decir, el amor no correspondido, se considera patológica.
Como sabemos, la salud para la medicina hipocrática dependía del equili-
brio de los cuatro humores básicos: sangre (cálida y húmeda), flema (fría y
húmeda), bilis amarilla (cálida y seca), y bilis negra (fría y seca), de cuya com-
2. Bruno Nardi, «L’amore e i medici medievali», in: Studi in onori di Angelo Monteverdi, Módena:
Società Tipografica Editrice Modenense, 1959, t. 2, p. 517-542.
3. Otis Green, Spain and the Western tradition: The Castilian mind in literature from El Cid to Cal-
derón, Madison-Milwaukee: The University of Wisconsin Press, 1964. Considera el amor hereos
una aflicción propia de la aristocracia. En su libro alude exclusivamente a fuentes literarias
(en particular, a La Celestina, p. 72-122 y, especialmente, p. 114-119) y no utiliza ninguna fuente
médica. La única mención que hace a un texto científico es la ya tardía Censura de la locura
(1598) de Jerónimo de Mondragón.
4. Keith Whinnom (ed.), Diego de San Pedro, Cárcel de amor, Obras Completas, Madrid: Cas-
talia, t. 2, 1971, p. 13-15. June Hall Martin McCash también analiza La Celestina desde la pers-
pectiva de la enfermedad de amor en su libro Love’s Fools: Aucassin, Troilus, Calisto, and the Parody
of the Courtly Love, Londres: Tamesis, 1972, p. 71-134.
5. Massimo Ciavolella, La «malattia d’amore» dall’Antichità al Medio Evo, Roma: Bulzoni, 1976;
Donald Beecher y Massimo Ciavolella (ed. y trad.), A Love Treatise on Lovesickness, Syracuse,
New York: Syracuse University Press, 1990; Mary F. Wack, Lovesickness in the Middle Age. The
Viaticum and its Commentaries, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 1990.
6. Destacan a este respecto, Pedro M. Cátedra, Amor y pedagogía en la Edad Media, Salamanca:
Universidad de Salamanca, 1989, que estudia manifestaciones del amor en varios autores y
textos, tanto universitarios como de ficción, previos a Rojas, y también Guillermo Serés, La
transformación de los amantes. Imágenes del amor de la Antigüedad al Siglo de Oro, Barcelona: Crítica, 1996.
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 31
7. Sobre el corpus hipocrático editado, véase Carlos García Gual et al. (ed.), Tratados hipo-
cráticos, Madrid: Gredos, 1983, 3 vol. Apunto aquí a las llamadas complexiones complejas,
aunque se conocían nueve en total, la equilibrada, cuatro simples y cuatro compuestas, por ser
las que se tratan con mayor frecuencia en la medicina medieval. Para ver esto con más detalle
son muy útiles los manuales médicos de Abû Bakr Muhammad b. Zakarîyâ al-Râzî, Libro de la
introducción al Arte de la Medicina o «Isagoge», ed. bilingüe, trad. y estudio de María de la Concep-
ción Vázquez de Benito, Salamanca: Universidad de Salamanca, Instituto Hispano-Árabe de
Cultura, 1979, y también el de Muhammad b. Abdallâh b. al-Jatib, Libro del cuidado de la salud
durante las estaciones del año o «Libro de Higiene», ed. bilingüe, trad. y estudio de M.ª de la C. Váz-
quez de Benito, Salamanca: Universidad de Salamanca, 1984. También es muy útil Danielle
Jacquart y Claude Thomasset, Sexualidad y saber médico en la Edad Media, Barcelona: Labor, 1989.
8. D. A. Beecher y M. Ciavolella, A Love Treatise…, ed. cit., p. 43. Este mismo conflicto entre
pasión y razón lo podemos observar en numerosas obras castellanas del xv, a través de las dis-
putas de la voluntad y la razón o entendimiento de los enamorados. Así ocurre en Juan Rodrí-
guez del Padrón, Siervo libre de amor (ed. Antonio Prieto, Madrid: Castalia, 1980), en Diego
de San Pedro, Cárcel de Amor (ed. Carmen Parrilla, Barcelona: Crítica, 1995) y en la anónima
Triste deleytaçión (ed. E. Michael Gerli, Washington D.C.: Georgetown University Press, 1982).
9. Para el desarrollo de esta patología desde la Antigüedad hasta la alta Edad Media sigo
fundamentalmente a D. A. Beecher y M. Ciavolella, A Love Treatise…, ed. cit., p. 39-82.
32 Eukene Lacarra Lanz
10. Platón, en el Timeo, clasifica tres tipos de alma: el alma racional o superior, asentada
en la cabeza, el alma irascible, asentada entre en el pecho, encima del diafragma, y el alma
pasional, situada bajo el diafragma, cerca del hígado. Vid. Platón, Obras completas, ed. María
Araujo et al., Madrid: Aguilar, 1991, p. 1162-1164.
11. Platón, Fedro, in: Obras completas, ed. cit., p. 866. Para una relación entre el amor platónico
y la tradición mística cristiana véase G. Serés, La transformación…, ed. cit., p. 15-53.
12. Aristóteles, Acerca del alma, ed. Tomás Calvo Martínez, Madrid: Gredos, 1994, I 408
b 1.15, p. 154-155. La ira tiene también para Aristóteles la misma causa fisiológica del calen-
tamiento sanguíneo cercano al corazón.
13. Por pneuma se entiende el principio vital del organismo, fuente del calor corporal y
que vinculado a la sangre determina la constitución física y mental de la persona. El afecto se
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 33
refiere aquí al amoroso, uno de los affecti que, como la ira, la envidia, etc., se manifiestan como
pasiones del corazón motivadas por los apetitos.
14. También se difundió a través de la traducción castellana de la versión de Leonardo
Bruni de la Novela de Seleuco. Véase Lorenzo Bartoli, «La versione castigliana della Novella di
Seleuco», Atalaya, 3, 1992, p. 177-196.
15. Plutarco, «Demetrio», in: Vidas paralelas, Barcelona: Orbis, vol. IV, xxviii, p. 204.
34 Eukene Lacarra Lanz
16. En el acto primero de La Celestina parece haber una referencia a esta historia, como
indican varias ediciones que corrigen el texto de la Comedia de 1499, «Eras y Crato!», por
«Erasístrato». Julio Rodríguez Puértolas (ed.), La Celestina, Madrid: Akal, p. 112, n. 10, y
Eukene Lacarra Lanz [María Eugenia Lacarra] (ed.), Celestina, Madison (Wisconsin): HSMS,
1995, p. 144, n. 27.
17. John Cull y Brian Dutton (ed.), Un manual básico de medicina medieval. Bernardo Gordonio,
Lilio de medicina, ed. crítica de la versión española, Sevilla 1495, Madison (Wisconsin): HSMS,
1991, II, xx, p. 108.
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 35
18. Danielle Jacquart y Françoise Micheau han estudiado bien la transmisión de la medicina
clásica de los médicos árabes al Occidente medieval cristiano en D. Jacquart y F. Micheau,
La médecine arabe et l’Occident médiéval, París: Maisonneuve et Larose, 1996.
36 Eukene Lacarra Lanz
19. El Viaticum era una adaptación del tratado de Khalid Ibn al-Jazzar (m. 979), Kitab Zad
al-musafir wa-qut al-hadir (Provisiones para el viajero y alimentos para el sedentario). En las observaciones
que siguen utilizo el libro de M. F. Wack, Lovesickness…, ed. cit., p. 3-50.
20. De los cuatro temperamentos, los más proclives a la enfermedad de amor por causa
de las superfluidades eran los sanguíneos y los coléricos y, de las edades, la juventud, porque
entonces la producción de semen es más abundante y más necesaria su evacuación a través
del coito. Véase Speculum al foderi, ed. Michael Solomon, Madison (Wisconsin): HSMS, 1986.
21. M. F. Wack, Lovesickness…, ed. cit., p. 40. Véase Paolo Cherchi, Andreas and the Ambi-
guity of Courtly Love, Toronto: University of Toronto Press, 1994, para un análisis detallado de
la crítica de Capellanus a la poesía lírica y su condena a la idealización del amor llevada a
cabo por los poetas.
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 37
22. Guido Ruggiero (The Boundaries of Eros. Sex, Crime and Sexuality in Renaissance Venice, Oxford:
Oxford University Press, 1985) analiza las relaciones eróticas con abundante documentación
procesal. Ruggiero llega a la conclusión de que el amor que a veces alegan las partes no se
acepta nunca como eximente y ni siquiera como atenuante durante la Edad Media, aunque
percibe un ligero cambio en algunos casos posteriores
23. E. Lacarra Lanz, «Changing bounderies of licit and ilicit unions», in: E. Lacarra Lanz
(ed.), Marriage and Sexuality in Medieval and Early Modern Iberia, Routledge: Nueva York y Londres,
2002, p. 158-194, vid. p. 158-160.
24. Loc. cit.
25. María Jesús Lacarra, «Amor, música y melancolía en el Libro de Apolonio», in: Vicente
Beltrán (ed.), Actas del I Congreso de la AHLM. Santiago de Compostela, 1985, Barcelona: PPU,
1988, p. 369-379.
38 Eukene Lacarra Lanz
This social restriction implies that the doctors recognized the influence of social context in
the origin and course of the disease. The manifestations of lovesickness, including idealiza-
tion of the love object, preoccupation, depression, insomnia, erratic moods, and social with-
drawal, are meaningful as symptoms of illness only within a system of shared beliefs and
symbolic conventions. Even bodily symptoms have social meanings26.
26. Andrés el Capellán, De amore. Tratado sobre el amor, ed. Inés Creixell Vidal-Quadras,
Barcelona: El Festín de Esopo, 1985. Véase P. Cherchi, Andreas…, ed. cit., p. 3-41 para las crí-
ticas de la literatura cortesana y Domenico Polloni, «Amour e Clercie». Un percorso testuale da Andrea
Cappellano all’Arcipreste de Hita, Bolonia: Pâtron, 1995, p. 35-66, para las influencias médicas del
tratado. Alfred Karnein, «De amore» in volkssprachlicher Literatur: Untersuchungen zur Andreas-Capel-
lanus-Rezeption in Mittelalter und Renaissance, Heildelberg: Carl Winter, 1985, p. 93-100, apunta
que Capellanus convierte algunos signos procedentes del De amicitia de Cicerón en síntomas
del enamorado.
27. E. Lacarra Lanz [M. E. Lacarra], «Representaciones femeninas en la poesía corte-
sana y en la narrativa sentimental del siglo xv», in: Iris Zavala (coord.), Breve historia feminista de
la literatura española (en lengua castellana). II. La mujer en la literatura española, Barcelona: Anthropos,
1995, p. 160-168.
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 39
alienación o locura, que decían los médicos, exigida por poetas y prosistas.
El amor se presentaba en cada caso como el amor perfecto y digno de ala-
banza. Naturalmente el registro lingüístico era elevado y el decoro no per-
mitía el léxico soez. Para ello estaban las burlas manifiestas y la procacidad
propia de las obras jocosas coetáneas, en las que no se ahorraban menciones
obscenas a la actividad sexual de los amantes. A la hipérbole sacro-profana
que caracteriza la representación literaria de la agritudo amoris se contrapone
la hipérbole de la potencia sexual o del denuesto difamador. Recordemos
aquí la famosa composición jocosa de Guilhem de Peitieu, «Farai un vers, pos
mi sonelh», donde el poeta se jacta de haber «follado» (fotei) ciento ochenta y
ocho veces en ocho días a las hermanas Agnes y Ermessen:
Ueit jorn ez ancar mais estei az aquel torn
tant las fotei com auzirets: cent et quatre-vinz et ueit vetz,
que a pauc no.i rompei mos corretz e mos arnes;
e [Link] puesc dir los malavegz, tan gran m’en pres (v. 78-84).
Las interrelaciones entre medicina y literatura con ocasión del amor hereos
son muy abundantes a partir del siglo xiii. Uno de sus exponentes más
brillantes será Gerard du Berry, estudiante y luego profesor de medicina
en la Universidad de Montpellier, donde enseñó también Arnau de Vila-
nova, a fines del siglo y, poco después, Bernardo Gordonio. La importancia
de Du Berry en lo tocante al discurso sobre el amor se manifiesta en el
gran número de manuscritos que sobrevivieron de sus glosas al Viaticum y
a la frecuencia con que le citan otros médicos. A las razones de carácter
anímico que provocan el amor o ishk, que Ibn al-Jazzar relaciona con los
conceptos de afinidad que hacían al varón desear una forma perfecta y
enloquecer por la obsesión de satisfacer su irresistible deseo de poseerla,
Gerard de Berry añade una base material. En efecto, la enfermedad se
llama hereos porque se dice que sufren más de ella los nobles por la vida
rica y regalada que llevan, ya que el descanso y el mucho dormir facilita
la acumulación de los restos de la digestión y esto aumenta la bilis negra
que causa la melancolía. De ahí que los que sufren melancolía sean libidi-
nosos, porque el deseo sexual surge de la ventosidad de la bilis negra, y que
la vida noble pueda generar una libido excesiva y patológica. Los pobres
no tenían esta disposición, y según el Thesaurus pauperum, que se atribuye a
Pedro Hispano, no padecían de amor hereos sino de nimis amor, dolencia que
se atribuía a los pobres y que con frecuencia se causaba por maleficios28.
28. M. F. Wack, «From Mental Faculties to Magical Philters: The Entry of Magic into
Academic Medical Writing on Lovesickness, 13th-17th Centuries», in: Donald A. Beecher
y Massimo Ciavolella (ed.), Eros and Anteros: The Medical Traditions of Love in the Renaissance,
Toronto-Ottawa: University of Toronto (Italian Studies, 9)-Dovehouse Editions, 1992, p. 12-13.
Señala que esta bifurcación social de las causas según las clases sociales aparece también en un
40 Eukene Lacarra Lanz
diálogo latino del siglo xv, Dialogue between a Rustic and a Nobleman –en su traducción inglesa–,
donde el rústico atribuye la enfermedad del exceso de amor a la infección de las artes secretas
de las mujeres, mientras el noble la atribuye a la enfermedad natural del amor hereos.
29. Esta alteración procede de la bilis negra que invadía el cerebro y afectaba a todo el
cuerpo y especialmente al corazón, produciendo estados mentales patológicos de depresión o
locura con síntomas somáticos como palpitaciones, vista nublada, temblores, pérdida del habla
o tartamudeo. Para el desarrollo de esta patología desde la Antigüedad hasta la alta Edad Media
sigo fundamentalmente a D. A. Beecher y M. Ciavolella, A Love Treatise…, ed. cit., p. 39-82.
30. Tras afirmar la concupiscencia y lujuria de la mujer Isidoro de Sevilla concluye que el
amor libidinoso es femenino: «Unde nimius amor apud antiquos femineus vocabatur», XI.2.24.
31. Plauto, El Anfitrión, ed. Adolfo de Castro, en Curiosidades bibliográficas. Colección escogida
de obras raras de amenidad y erudición, Madrid: Rivadeneyra (BAE, 36), 1855, p. 488.
EL «AMOR QUE DICEN HEREOS» O AEGRITUDO AMORIS 41
Ovidio propuso como uno de los remedios contra el amor recordar los
defectos de la amada y exagerarlos, aunque no llega a recomendar el vitu-
perio32. Gordonio aconseja esta cura a los enamorados, incitándoles a que
se busquen viejas para que «disfamen y deshonesten» a la amada. Boc-
caccio en su Corbaccio también señala el vituperio contra todas las mujeres
y contra la amada, y Metge no va a la zaga en Lo somni, poniéndolo en
boca de Tiresias33. En la literatura española se menciona también esta
cura, como vemos en Cárcel de amor. Tefeo intenta curar a Leriano en el
lecho de muerte al darse cuenta de la etiología de su enfermedad34. Gor-
donio también menciona otra cura sorprendente que, como la anterior,
pretende quitar de la imaginación del enfermo la figura de su amada:
«nómbrenle cosas mucho tristes, porque la mayor tristeza faze olvidar la
menor tristeza»35.
Resumiendo, las causas del amor hereos son dos: el mal funcionamiento de
la imaginativa o de la estimativa y la retención del esperma. Los síntomas
más característicos son la depresión, la pérdida del apetito, el insomnio,
la incapacidad de concentración, la ansiedad, el malestar general, todo
ello acompañado de problemas cardiorrespiratorios, fiebre, arritmia y
pulso desordenado. Los enamorados se reconocen fácilmente por la idea-
lización del objeto amado, por su tendencia al retiro y la soledad, por los
cambios bruscos de humor, la palidez y el hundimiento de los ojos. Las
curas más salientes son las distracciones, el coito terapéutico, la música,
el vino, los baños.
La interpretación social y psicológica de la enfermedad de amor cons-
tituyó una forma de conducta en la cultura medieval tardía, de modo que
lo que se documenta en el siglo xii como una fantasía literaria del amor
se hace una realidad social. La continua atención a este mal sugiere que
su estudio respondía a necesidades intelectuales y sociales que pueden ser
reconstruidas. Desde luego los textos médicos tienen una visión teórica y
pragmática del tema no exenta de cierto determinismo materialista. Su
recomendación de la cura a través del coito terapéutico diverge de la visión
oficial de la Iglesia, que es sin duda moralista. Esto no significa que los
32. Ovidio, Remedios contra el amor, ed. Enrique Montero Cartelle, Madrid: Akal Clá-
sica, 1987, p. 153-154.
33. Giovanni Boccaccio, Il Corbaccio, ed. Giula Natali, Milán: Mursia, 1992. Bernat Metge,
Lo somni, ed. Marta Jordà, prólogo de Giuseppe Tavani, Barcelona: Edicions 62, 1980. Bernardo
Gordonio, Lilio de medicina, ed. cit., p. 108. La cura también se puede obtener si se le nombran
«cosas mucho altas y alegres», porque también la alegría y las honras cambian las costumbres.
34. B. Gordonio, Lilio de medicina, ed. cit., II, xx, p. 109, afirma que aunque «es propia pas-
sión del celebro [...] los testículos pueden ser causa quanto a causa conjunta, pero el fígado
quanto a causa antecedente». Esto tiene gran interés, puesto que el hígado era, como se ha
mencionado arriba, el asiento de la concupiscencia.
35. Ibid., p. 108.
42 Eukene Lacarra Lanz
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