El contexto histórico del caso Watergate se sitúa en la década de 1970
en Estados Unidos, una época marcada por la Guerra Fría, la agitación
social y política, y el final de la era de posguerra. Durante este período,
Estados Unidos estaba inmerso en la guerra de Vietnam, lo que
generaba fuertes divisiones en la sociedad y desafíos para la
administración de Nixon. Además, había una creciente desconfianza
hacia el gobierno y las instituciones, alimentada por eventos como la
Guerra de Vietnam y el movimiento por los derechos civiles. En este
contexto, el escándalo de Watergate se convirtió en un símbolo de abuso
de poder y corrupción gubernamental. Reveló prácticas ilegales y
antiéticas dentro de la administración de Nixon, incluido el espionaje
político, el soborno y el encubrimiento. El caso Watergate llevó a un
aumento en la vigilancia pública sobre el gobierno y a reformas en la
legislación relacionada con la transparencia y la rendición de cuentas del
gobierno. También tuvo un impacto duradero en la política
estadounidense, erosionando la confianza en las instituciones y
fomentando un mayor escrutinio sobre el poder ejecutivo
A 50 años del escándalo del Watergate
que sacudió a Estados Unidos
Fue un extraordinario episodio que le costó el gobierno al
presidente Richard Nixon pero que cambio para siempre las
relaciones del periodismo con el poder
Fue el 8 de agosto de 1974. Washington se estremecía con una noticia de
alcance planetario. Desde la Casa Blanca, templo de poder de Occidente,
el republicano Richard Nixon, entonces 37mo presidente de los Estados
Unidos, miraría fijamente las cámaras de televisión y cuando tuvo la luz
verde diría aquello de “nunca he sido un cobarde ni un desertor”.
Más allá de esa retórica, mostraría las cartas de un juego que llegaba a su
fin. Las verdaderas: “He llegado a la conclusión de que, debido a la
materia Watergate, podría no contar con el apoyo del Congreso… Por lo
tanto, voy a renunciar a la presidencia efectiva mañana al
mediodía…”
Fue más que un discurso y un paso al costado. Nixon daba con ese
sobrecogedor mensaje las primeras paladas con las cuales sepultaría para
siempre su dilatada carrera política y a la vez daría comienzo a un triste
registro de la Historia. El de ser el primer presidente de su país, y único
hasta ahora, en renunciar al mando de la nación más poderosa del mundo
en la era moderna
La historia en el cine
Tres películas permiten entender esas claves y las razones profundas que llevaron al
escándalo. La primera es “Todos los hombres del Presidente” (1976), de Alan J. Pakula,
con Robert Redford y Dustin Hoffman, muestra el caso desde la investigación en el
diario The Washington Post y explica también la aparición de una fuente secreta,
llamada “Garganta profunda”. La segunda es “Nixon” (1995), de Oliver Stone, con
Anthony Hopkins, detalla la infancia y la extensa vida del político y explica sus
temores. También cuenta cómo se habían colocado micrófonos en la misma Casa
Blanca, donde el desconfiado Nixon grababa sus reuniones con sus propios
colaboradores. La tercera película es “Frost-Nixon” (2008), de Ron Howard, con Frank
Langella y Michael Sheen, abarca la entrevista que le hizo el periodista David Frost a
un abatido Nixon tras su renuncia, y lo forzó a confesar que había abusado del poder y
había mentido al país.
Intrusos vinculados al poder
Las características de los cinco ladrones detenidos en el edificio Watergate generaron
curiosidad. En la audiencia en la justicia por su detención, cuatro se describieron como
“anticomunistas” y uno como asesor de la CIA. Estaban llenos de dinero (uno tenía 800
dólares en la billetera) y entre sus papeles había un teléfono con las iniciales de
Howard Hunt, asesor de la casa Blanca. Eso disparó la investigación periodística, que
fue acercándose al Comité de Reelección Presidencial, en el que se manejó dinero
“negro” para pagar una campaña “sucia” contra dirigentes de la oposición. Las más
conocidas fueron la “Carta Cannuck” (una carta falsa enviada a un diario que relataba
mentiras del precandidato demócrata Edmund Muskie, y que determinó que renunciara
a su candidatura) y el incidente de Chappaquiddick (un accidente en el que estuvo
involucrado el senador Ted Kennedy). Pese a que todas las encuestas daban como
ganador a Nixon (fue reelecto ese año) la tarea de espionaje se llevó a cabo sin pausa
e involucró al gabinete presidencial y a las agencias de seguridad de EEUU. En 1973
comenzó una investigación del Congreso y se reveló que Nixon grababa sus reuniones
en la casa Blanca. Y cuando la Corte Suprema intimó al Presidente a entregar copias de
las grabaciones, este renunció.