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Resumenes 2

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NOMBRE DE LA ALUMNA:

KATIA JIMENA ALFARO MANCILLA

NOMBRE DE LA TUTORA:
ANA ROSA MANCILLA CRUZ

NOMBRE DE LOS PADRINOS:


ALEJANDRA MANCILLA CRUZ
ABRAHAM TONATIUH SABAS PEREZ

RESUMENES:
JESÚS NOS INVITA A VIVIR Y A CRECER CON ESPERANZA
LOS SIGNOS DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN, PRESENCIA DE
JESÚS ENTRE NOSOTROS
JESÚS NOS IMPULSA A VIVIR LOS VALORES DE LA VERDAD, LA JUSTICIA
Y EL AMOR
EL ESPÍRITU SANTO NOS ENRIQUECE CON SUS DONES EN LA
CONSTRUCCIÓN DE LA COMUNIDAD
POR LA CONFIRMACIÓN JESÚS NOS DISPONE A SER TESTIGOS DEL
ESPÍRITU DE DIOS
JESÚS NOS PROMETE AL ESPÍRITU SANTO, QUE NOS AYUDE A VIVIR
NUESTRO BAUTISMO
DIOS NOS REGALA SU ESPÍRITU PARA QUE TENGAMOS VIDA EN
ABUNDANCIA
JESÚS NOS INVITA A VIVIR Y A CRECER CON ESPERANZA

LECTURA

La vida, que es regalo maravilloso de Dios para sus hijos, la hemos de vivir
intensamente. "Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la
dignidad de actuar por sí mismas,... de cooperar así en la realización de su designio".
Dios no abandona a su criatura. "No sólo le da el ser y existir, sino que le mantiene a
cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término".

"Del Señor recibirán el reino de la gloria y la corona hermosa, pues los protegerá con
su mano y los amparará con su brazo" (Sab 5, 16).

Nuestra esperanza está fundada en Dios (ver 1 Tim 5, 5), en su amor (ver Rom 5, 2-5; 2
Tes 2, 16), en su fidelidad, (ver Heb 10,23); esta esperanza se apoya en la fe, se muestra
en la caridad.

La vida cristiana es una continua exigencia de superación, sólo así se puede crecer en
esperanza.

Jesús vivió la vida intensamente, nos invita a esforzarnos para conquistar el Reino de
los Cielos (ver Mt 11, 11-14).

Además de Jesús ha habido personas que han sabido valorar su vida y la han vivido con
la esperanza de haber cumplido siempre la voluntad del Padre como Jesús, como el
Beato Miguel Agustín Pro, un sacerdote mexicano, nacido en Zacatecas, Jesuita.
Entendió que la vida vale la pena vivirse y con esperanza. Se entregó a sus fieles en
tiempos de la persecución, con tenacidad, esfuerzo constante y confianza en el apoyo
que Dios le daba; asistió a los pobres y a los enfermos, entregando su vida aún con el
riesgo de que se la quitaran a él, y así fue. Apresado por supuesta complicidad en un
atentado contra el General Álvaro Obregón, murió fusilado junto con su hermano
Humberto, sin proceso judicial, el 26 de noviembre de 1926.

Mateo 11:11-14
11 »Les digo la verdad, de todos los que han vivido, nadie es superior a Juan el Bautista.
Sin embargo, hasta la persona más insignificante en el reino del cielo es superior a
él. 12 Desde los días en que Juan el Bautista comenzó a predicar hasta ahora, el reino
del cielo ha venido avanzando con fuerza,[a] y gente violenta lo está
atacando. 13 Pues, antes de que viniera Juan, todos los profetas y la ley de Moisés
anunciaban este tiempo; 14 y si ustedes están dispuestos a aceptar lo que les digo, él
es Elías, aquel que los profetas dijeron que vendría.

JESÚS NOS IMPULSA A VIVIR LOS VALORES DE LA VERDAD,LA JUSTICIA Y EL AMOR

OBJETIVO

Descubrir los valores que Dios nos ha dado para ponerlos al servicio de los demás.

LECTURA

Todos nosotros tenemos, porque Dios nuestro Padre nos ha dado, muchos valores:
somos capaces de amar, de comprender, de ayudar, de darnos nosotros mismos a los
demás. Jesús nos muestra otros valores muy importantes para vivir felices: la verdad,
la justicia, el amor.

Jesús tuvo que tratar a muchas personas que eran así, tramposas e injustas. Jesús los
trataba con firmeza y los regañaba para que reaccionaran y reconocieran que eran
injustas, para que buscaran la verdad.

Les decía: "Fariseos hipócritas (mentirosos), que se quieren pasar por buenos ante los
demás y todo lo hacen para que los consideren buenos sin serlo, ustedes buscan
engañar a los demás con apariencias y en realidad no tienen verdadero amor ni a Dios
ni a la gente" ( Mt 22,15-18).

En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. El es la "luz del inundo" (Jn 8,


12), la Verdad (Jn 14,6). El discípulo de Jesús permanece en su Palabra para conocer la
verdad que hace libre (Jn 8, 31-32) y que santifica (Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del
"Espíritu de verdad" (Jn l4,17). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional a la
verdad: "Sea nuestro lenguaje sí cuando es sí; no cuando es no" (Mt 5, 37; dc 2466).
El hombre busca naturalmente la verdad. "Todos los hombres conforme a su dignidad,
por ser personas... se ven impulsados por su misma naturaleza a buscar la verdad...".

La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la
verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación
del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental
del hombre y de su palabra con el Señor.

Jesús ama la verdad, EL ES LA VERDAD. El no puede soportar a la gente tramposa, a la


que aparenta ser buena y en su corazón hay maldad.

Hemos tocado la justicia como uno de los valores del cristiano, es una virtud moral que
consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.
El hombre justo ...se distingue por la rectitud habitual en sus pensamientos y de su
conducta para con el prójimo.

Es pues urgente, que desde ahora el adolescente se sensibilice a la justicia cristiana y


adquiera ese dinamismo que imprime en el hombre movido por el Evangelio, el hambre
y sed de justicia. Ser justo es parecerse a Dios que ama a todos... sólo es justo el que
ama a los demás y se preocupa por ellos.

La originalidad del mensaje cristiano no consiste tanto en la afirmación de la


necesidad de un cambio de estructuras, cuanto en la insistencia que debemos hacer
en la conversión del hombre. No tendremos un continente nuevo sin nuevas y
renovadas estructuras; pero sobre todo, no habrá continente nuevo sin hombres
nuevos, que a la luz del Evangelio, sepan ser verdaderamente libres y responsables.

"La caridad, amor de Dios sobre todas las cosas, exige y da origen a un amor electivo
al hombre, y es el camino más excelente que determina la modalidad propia del
compromiso del cristiano con el mundo. La caridad consiste en amar a los hombres
nuestros hermanos, como Cristo los ha amado hasta la muerte" (El compromiso
cristiano ante las opciones sociales y la política No. 170; Conferencia del Episcopado
Mexicano 1973).
LOS SIGNOS DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN, PRESENCIA DE JESÚS ENTRE
NOSOTROS.

"Dios habla al hombre a través de la creación visible... La luz y la noche, el viento y el


luego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su
grandeza y su proximidad".

En la vida humana, los signos ocupan un lugar importante. Siendo seres a la vez
corporales y espirituales, expresamos y percibimos las realidades espirituales a través
de signos materiales.

"La celebración litúrgica comprende signos y símbolos que se refieren a la creación


(luz, agua, fuego), a la vida humana (lavar, ungir, partir el pan) y a la historia de la
salvación (los ritos de la Pascua). Insertos en el mundo de la fe y asumidos por la fuerza
del Espíritu Santo, estos elementos cósmicos, estos ritos humanos, estos gestos del
recuerdo de Dios se hacen portadores de la acción salvífica y santificadora de Cristo".

Durante la celebración del sacramento de la Confirmación se entretejen varios signos:

La comunidad cristiana

El primer signo de toda celebración litúrgica es la comunidad cristiana que se retine


para que, como testigos de Cristo, manifestar su fe (ver CIC 752, 1140, 832). En la
celebración de la Confirmación la comunidad reunida es, sobre todo, de adolescentes
y jóvenes dispuestos a renovar su propia vocación y misión como bautizados; los
acompañan sus papás, familiares, padrinos, vecinos y responsables de la comunidad
cristiana.

Presidida por el Obispo

"Los obispos son los sucesores de los apóstoles y han recibido la plenitud del
sacramento del Orden... La administración de este sacramento por ellos mismos pone
de relieve que la Confirmación tiene como efecto unir a los que la reciben más
estrechamente a la Iglesia, a sus orígenes apostólicos y a su misión de dar testimonio
de Cristo... Aunque el obispo puede, por razones graves, conceder a presbíteros la
facultad de administrar el sacramento de la Confirmación" (CTC 1313; ver CIC 1290;
CDC 882,884.2).
La renovación Bautismal

"La liturgia del sacramento comienza con la renovación de las promesas del Bautismo
y la profesión de fe de los confirmados" (CIC 1298). Este signo es muy especial, pues
el único sacramento en que se renueva explícitamente el Bautismo es en el
sacramento de la Confirmación, lo que nos indica que éste se encuentra en
prolongación del primero. La renovación bautismal tiene dos momentos muy
significativos:

Una renuncia en que rechazamos: al demonio, a sus obras que quitan y debilitan la
vida, y a los poderes que en el mundo hacen alianza con las fuerzas de la muerte.

Una profesión en la que confesamos:

Creer en Dios Padre y Creador, en Dios Hijo hecho Hombre para nuestra redención, en
Dios Espíritu Santo Señor y Dador de Vida, y, en la Iglesia a la que reconocemos como
el gran signo que manifiesta a Cristo en el mundo continuando su misión
evangelizadora.

Imposición de manos invocando al Padre la efusión del Espíritu Santo

"El obispo extiende las manos sobre todos los confirmados, gesto que, desde el tiempo
de los apóstoles, es el signo del don del Espíritu" (CIC 1299). Esta imposición de manos
y la invocación a Dios expresan que el don que van a recibir quienes se confirman, viene
de Dios. Es la mejor de las bendiciones, porque se cumple la gran promesa anhelada
desde el Antiguo Testamento (ver Jr 3 1, 31-34; Ez 36, 22-32). Estos adolescentes y
jóvenes, serán hombres y mujeres que vivan la plenitud de la vida según el Espíritu.

Unción con imposición de la mano

"El sacramento de la Confirmación es conferido por la unción del santo crisma en la


frente, hecha imponiendo la mano, y con estas palabras: Recibe por esta señal el don
del Espíritu Santo".

El obispo unge con el santo crisma a cada uno de los que se confirman. Es la forma
con que Dios ha señalado a los que El ha elegido para que sean sacerdotes, profetas,
reyes y mártires de su pueblo. Este gesto nos habla de la dignidad del confirmando,
pero, sobre todo, nos habla de la misión que él recibe en el momento de ser ungido con
el crisma. Estamos ante otro Cristo que recibe del Señor la misión de anunciar buenas
nuevas a los pobres, liberar a los cautivos, abrir los ojos al ciego y anunciar el tiempo
de gracia que Jesús ha inaugurado, en fin, la misión de que toda su vida desprenda "el
buen olor de Cristo".

El confirmando es marcado en su frente con la cruz de Cristo. "Por medio de esta


unción, el confirmando recibe ´la marca´, el sello del Espíritu Santo". "Este sello del
Espíritu Santo, marca la pertenencia total a Cristo". El adolescente o joven está
llamado a tomar su cruz para seguir a Jesús y recibe la fuerza del Espíritu Santo para
poder asumir el dolor, el sufrimiento y la misma muerte de su prójimo, para salir
vencedor de las pruebas, como Cristo de la cruz.

Mientras el obispo unge la frente con la Cruz del Señor, tiene puesta la palma de su
mano sobre la cabeza del confirmando. Señal de que la unción se da para una misión.
Es el gesto reservado desde los apóstoles para los envíos. Así, el enviado recibe la
misión y la autoridad de quien envía. Quien lo recibe es para la Iglesia un misionero del
Señor, un miembro pleno del Cuerpo de Cristo, llamado a transformar la historia de su
tiempo.

El beso de paz

El rito sacramental llega a su fin con un signo cálido y hermoso, de amor paterno, de
confianza, de comunión. El obispo besa la mejilla del nuevo confirmado dándole la paz
del Señor. Es un signo que "manifiesta la comunión eclesial con el obispo y con todos
los fieles". Signo, además, de la relación personal con Cristo, y su Vicario el obispo, en
el desempeño de la misión.

La celebración ha terminado. La misión ha comenzado. La Iglesia se llena de alegría


porque cuenta con nuevos apóstoles y testigos del Señor. Y, en el mundo, se renueva
la esperanza: "el Reino está cerca". Sólo hay que dejarse convertir y adherir al evangelio
de Cristo Jesús.

Cirio es la luz que ilumina la obscuridad en que vivimos. El aceite reconforta nuestras
lesiones, nos devuelve la fuerza y aromatiza nuestra vida.
EL ESPÍRITU SANTO NOS ENRIQUECE CON SUS DONES EN LA CONSTRUCCIÓN DE
LA COMUNIDAD

OBJETIVO

Fomentar una actitud de docilidad a los impulsos del Espíritu Santo en orden a la
construcción de la Iglesia por medio de sus dones

LECTURA

Los siete dones del Espíritu Santo son:

Sabiduría

La efusión del Espíritu Santo concede como gracia la sabiduría que nos asiste y nos
afianza en el camino de la vida. El Espíritu de Dios es el maestro interior que hace sabio
el corazón de los sencillos y lo abre para acoger la palabra de Jesucristo, Sabiduría del
Padre (ver Sab 7, 7-16).

Inteligencia

Es el don del Espíritu Santo que revela a nuestras mentes la voluntad de Dios y nos
concede la inteligencia espiritual para descubrir los signos de su presencia en la
historia (ver 1 Co 2, 10-16).

Consejo

El don del consejo, que podemos relacionar con los términos bíblicos de luz y de la
guía espiritual (ver Jn 16, 13; Sal 73, 23-24; 16, 7), se nos comunica a través de la fuente
inagotable de la Palabra de Dios, para que aprendamos a seguir en la vida por senderos
de justicia y paz.

Fortaleza

Es un don divino que nos hace firmes en la fe, nos robustece para resistir el mal, nos
infunde valor para dar testimonio de Cristo, Crucificado y Resucitado, con palabras y
obras (ver 2 Co 12, 7-10; Sal 18,2-3.31-40).

Ciencia

Con este don, el Espíritu nos introduce en el conocimiento de los misterios del
Reino de Dios. No se trata de un conocimiento de tipo intelectual, sino de experiencia
de Dios, en Jesucristo (ver 1 Co 1, 26.5). El Espíritu nos enseña las palabras de Jesús,
las escribe en el corazón de los fieles, las recuerda a los distraídos y nos educa para
vivir cristianamente en el mundo (ver Jn 14, 15-26).

Piedad

El don espiritual de la piedad expresa la actitud que guía las intenciones y obras, en lo
que a Dios y al prójimo se refiere, según el pensamiento de Dios (ver 1 Tim 6, 3-5.11-16;
Mt 18,23-34).

Temor de Dios

El "santo temor" o "temor de Dios" es una actitud espiritual que no se puede reducir al
miedo del hombre ante la Trascendencia y Santidad divinas. Al contrario, expresa la
convicción de quien, sintiéndose amado y tocado por Dios, no puede vivir fuera de la
lógica y de las exigencias de la "Alianza" (ver Dt 6, 1 3). Vivir en el santo temor es
reconocer que Dios ha colocado su tienda entre nosotros, a pesar de ser él totalmente
distinto de nosotros: sólo Dios es Dios; nosotros somos criaturas definidas por el
Creador, de quien depende nuestra felicidad (ver Sir 1, 11-30).

"Los siete dones del Espíritu Santo... Pertenecen en plenitud a Cristo... Completan y
llevan a su perfección las virtudes de quienes los reciben. Hacen a los fieles dóciles
para obedecer con prontitud a las inspiraciones divinas" (CIC
1831).

Ahora te toca dar a ti lo que has recibido. Haz el bien con lo que se te ha dado.
Construye tu comunidad con las buenas obras que el Espíritu Santo te inspire con sus
dones.
POR LA CONFIRMACIÓN JESÚS NOS DISPONE A SER TESTIGOS DEL ESPÍRITU DE
DIOS

OBJETIVO

Impulsar al adolescente a testimoniar la fe en su medio ambiente y desde sus


características peculiares.

LECTURA

Relato breve de la vida de Sansón, recalcando:

Consagrado a Dios desde su nacimiento (Jue 13, 1-5).

Su gran fuerza física, recibida de Dios, le hizo posible vencer a los enemigos de
Israel (Jue 14, 19; 15, 14-19; 16,25-30).

Relato breve de la vida de David, recalcando:

Elegido aun siendo el más pequeño de los hermanos. Al ser "ungido" vino sobre él el
Espíritu de Dios (1 Sam 46, 1-13).

Vencedor de Goliat.

Sansón, David y otros personajes de la historia de Israel poseían el Espíritu de Dios,


quien los ayudó a cumplir con la misión que Él mismo les había encomendado.

A.- EL ESPIRITU SANTO EN LA MISION DE CRISTO

Cristo había sido enviado por el Padre para llevar a cabo la gran obra de la redención
del mundo. Desde el principio de su actividad pública declara su misión: Él viene con
el poder del Espíritu Santo para liberar a los hombres e inaugurar el "Año de Gracia" (Lc
4, 16-22).

El Espíritu que había dado fuerza física a Sansón e inteligencia a David, a Cristo lo llena
tanto de amor, que lo lleva a entregar su vida en el cumplimiento de la voluntad del
Padre.

B.- EL ESPIRITU SANTO EN LA MISION DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS

Cristo quiso tener colaboradores en esa misión y formó un pequeño grupo: los llamó a
vivir con Él, los instruyó y, una vez que murió, resucitó y ascendió a los cielos, les
comunicó su Espíritu, para impulsarlos a entregar, como Él, la vida por los hombres.

Después de Pentecostés (efusión del Espíritu Santo), los apóstoles empezaron a


cumplir su misión predicando con valentía y sabiduría la Palabra de Dios y llegando,
incluso, al martirio.

C.- EL ESPIRITU SANTO EN LA MISION DEL CRISTIANO DE HOY

La misión de establecer el Reino corresponde a todos los cristianos de todos los


tiempos. Nos corresponde, pues, a nosotros.

El Sacramento de la Confirmación nos asocia íntimamente a la misión de Cristo y nos


ayuda a dar testimonio de la fe cristiana. De los dones del Espíritu Santo proviene
aquella "fuerza" particular por la cual el confirmando es llamado a ser "testimonio" de
su fe y a defenderla con las palabras y con el ejemplo.

Testigo: Para serlo es indispensable conocer a la persona o al hecho del cual se da


testimonio. El Espíritu Santo es quien revela a los hombres quién es Jesús; les ayuda a
conocerlo, a comprender su doctrina y su misterio.

Para ser testigo, además, se requiere de una serie de atributos. El Espíritu Santo
enriquece a los hombres con sus dones y de esta manera les capacita para ser buenos
testigos.

Fe: Consiste en creer en Jesucristo, no como un personaje histórico pasado, sino como
un ser vivo que nos ha infundido su Espíritu, el cual actúa en nuestra propia existencia.

Creer en Jesucristo es aceptar su palabra, decidirse por el Evangelio, optar por la forma
de vida de Jesús. Por eso el creyente es reconocido por sus obras; pues toma parte de
la tarea de Jesús, se compromete en la educación del Reino. Y esto no es una
obligación, una norma moral; es el sentido de la vida.

Cada cristiano está llamado a ser testigo del Evangelio con la propia vida, aunque ello
no requiera necesariamente del martirio de sangre, sino el de las dificultades de la vida
cotidiana. El sacerdote, la religiosa, el profesionista, el obrero, el estudiante, todos
pueden ser testigos si se unen a Cristo, se dejan guiar por el Espíritu y viven de acuerdo
al Evangelio.

DIOS NOS REGALA SU ESPÍRITU PARA QUE TENGAMOS VIDA EN ABUNDANCIA

LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN CRISTIANA

OBJETIVO

Tomar conciencia de la íntima relación que existe entre los sacramentos del Bautismo,
la confirmación y la Eucaristía, los cuales forman juntos el camino de la iniciación
cristiana, para saber comprometernos al proceso de maduración de la fe.

LECTURA

La persona pasa por distintas etapas a lo largo de su vida:

Infancia: No tiene conciencia de sí mismo ni de lo que le rodea. Pero poco a poco, con
el paso de los meses y años, va tomando conciencia de su propia identidad y del lugar
que ocupa en su familia.

Adolescencia: No tiene todavía los conocimientos ni la fuerza necesaria para situarse


ante la vida con determinación. Es por esto que cambia continuamente de estado de
ánimo: alegre, dinámico, generoso, cumplido y otras veces callado, indeciso e
irresponsable.

Juventud: Se llega a esta etapa cargado de energía, salud e ideales. Se está en la mejor
disposición de iniciar cualquier empresa.

Adultez: Se alcanza esta etapa cuando la persona va más allá de sí misma y de sus
propios intereses. Cuando descubre las necesidades de los demás y comparte
generosamente lo que tiene: afecto, comprensión, tiempo, bienes, etc.

Este proceso de la vida natural se va dando paso a paso y nos exige: tiempo, paciencia,
reflexión y ayuda de muchas personas. No se puede improvisar, ni lo podemos realizar
de un día para otro.

Asimismo, desde los inicios de la vida de la Iglesia, para llegar a ser cristiano también
se sigue un proceso, un camino y una iniciación que consta de varias etapas: el
anuncio gozoso del Evangelio; la acogida del Evangelio que nos lleva a la conversión;
la profesión de le; el Bautismo, puerta de entrada a los demás sacramentos; la efusión
del Espíritu Santo en la Confirmación; y la participación en el sacramento de la
Eucaristía (ver CIC 1 229).

Los sacramentos corresponden a todas las etapas y a todos los momentos


importantes de la vida del cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a
la vida de fe de los cristianos. En ellos encontramos una cierta semejanza entre las
etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual.

"Mediante los sacramentos de la iniciación cristiana, el Bautismo, la Confirmación y la


Eucaristía, se ponen los fundamentos de toda vida cristiana".

El sacramento del Bautismo marca el inicio de toda vida sacramental. En el Bautismo


nacemos a una vida nueva (ver Jn 3, 5), somos purificados del pecado (ver He 2, 38),
adquirimos en Cristo la condición de hijos de Dios (ver Rom 8, 15-16; Gá1 4, 5-7),
templos del Espíritu Santo (ver He 2, 38) y miembros vivos de la Iglesia (ver 1 Co 12, 1
3).

Por el sacramento de la Confirmación los bautizados vamos avanzando por el camino


de la iniciación cristiana, quedamos enriquecidos con el don del Espíritu Santo y nos
une más estrechamente a la Iglesia, nos fortalece e impulsa con mayor fuerza a que,
de palabra y obra, seamos testigos de Cristo y propaguen y defiendan la fe.

La Eucaristía es el tercer sacramento de la iniciación cristiana, y su culmen. Es el


memorial del sacrificio de Cristo en la cruz y el banquete sagrado de la comunión en el
Cuerpo y en la Sangre del Señor. La celebración del banquete Eucarístico está
totalmente orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo. Es el pan que nutre
nuestra fe y nos abre a los demás preocupándonos por su bien, estimulándonos a la
fraternidad.

"La participación en la naturaleza divina, que los hombres reciben como don mediante
la gracia de Cristo, tiene cierta analogía con el origen, el crecimiento y el sustento de
la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el
sacramento de la Confirmación y finalmente, son alimentados en la Eucaristía con el
manjar de la vida eterna, y así, por medio de estos sacramentos de la iniciación
cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan
hacia la perfección de la caridad".

Los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación (]unto con el del Orden


Sacerdotal) dan, además de la gracia, un carácter sacramental o "sello" espiritual que
permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva para la gracia, como
promesa y garantía de la protección divina y como vocación al culto divino y al servicio
de la Iglesia. Por eso estos sacramentos se reciben una sola vez en la vida.

De esta manera podemos comprender la íntima relación que existe entre el Bautismo,
la Confirmación y la Eucaristía, y el por qué se les llama sacramentos de iniciación
cristiana.

Efesios 4, 1-6

4 Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, así como también fueron llamados a una sola
esperanza; 5 un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; 6 un solo Dios y Padre de
todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos.

JESÚS NOS PROMETE AL ESPÍRITU SANTO, QUE NOS AYUDE A VIVIR NUESTRO
BAUTISMO

OBJETIVO

Reconocer cómo el Espíritu Santo acompañó toda la vida de Jesús, y después de


prometernos que también nosotros recibiríamos este mismo Espíritu, es ahora quien
se encarga de ayudarnos a vivir nuestro bautismo, para que seamos testigos de que
somos cristianos.
LECTURA

Jesucristo, cuando pasó por este mundo, también nos hizo una promesa a todos los
que creyéramos en él, que recibiríamos al Espíritu Santo (ver Jn. 14,16-17.26; 15,26-27;
16,7-8.12-25).

Hizo esta promesa basado en dos cosas: lo. Que este Espíritu Santo lo había
acompañado a lo largo de toda su vida, desde el momento de su concepción en el seno
de la Virgen María (porque ella quedó embarazada de Jesús gracias al Espíritu Santo),
hasta el momento de su resurrección y ascensión al cielo, ya que fue este Espíritu el
que lo resucitó. Dice San Gregorio Nacianceno que el Espíritu condujo a Jesús a Galilea
para realizar milagros y lo acompaña, y después de subir al cielo, toma el lugar de Jesús
(Discursos XXXI, 29).

Antes de que naciera Jesús, el pueblo de Israel no conoció suficientemente al Espíritu


Santo, aunque esto no quiere decir que no existía. Al contrario, sabemos que era él
quien inspiraba a los profetas, por ejemplo, para que hablaran en nombre de Dios. Pero
es ahora cuando se nos da a conocer.

La primera manifestación pública del Espíritu de Dios la encontramos en el Bautismo


de Jesús, donde se apareció en forma de paloma (ver Lc. 3,21-22). Toda la actividad de
Jesucristo es guiada por la fuerza del Espíritu Santo. Jesús ya tenía un plan específico
qué cumplir, por obediencia a su Padre, que lo podemos llamar PLAN DE SALVACION.
Forma parte de este plan de salvación, el que nos haya prometido al Espíritu Santo (ver
Jn 15, 26) para continuar en el mundo la obra que él había comenzado.

Ahora bien, ¿cuándo recibimos nosotros al Espíritu Santo? En nuestro Bautismo, de


manera semejante al bautismo de Jesús, cuando se dio a conocer visiblemente el
mismo Espíritu (ver CIC 683). Es ahí donde renacimos del agua y del espíritu para poder
entrar en el Reino de Dios (ver Jn 3, 5). Y a partir de ese momento, también podemos
decir que vive en nosotros el Espíritu Santo. Es más, somos llamados "templos del
Espíritu Santo", para subrayar la presencia de la tercera Persona de la Santísima
Trinidad en nuestra vida.

Así como con Jesús, que toda su actividad fue guiada por la fuerza del Santo Espíritu,
así nosotros, que recibimos el Bautismo, somos acompañados en nuestra vida por
este Espíritu.
Pero se necesita nuestra colaboración. De otra forma, el Espíritu del Señor no puede
hacer nada en nosotros, aunque nos hayan bautizado. Por lo tanto, debemos dejarnos
acompañar por el Espíritu Santo en nuestra vida. Sólo así podremos vivir nuestro
Bautismo, es decir, dar testimonio de que somos cristianos, actuar como cristianos,
no como si no hubiéramos sido bautizados.

Necesitamos la presencia del Santo Espíritu en nuestra vida para ser testigos de
nuestras creencias cristianas católicas, y no sólo para eso, sino para poder decir: Jesús
es Señor y para conocerlo.

Cada vez que nosotros nos comportamos como hijos de Dios, es una manifestación
del Espíritu Santo que habita en nosotros, pero también damos testimonio de que
existe este Espíritu. Aunque no lo vemos, debemos dejar que se manifieste a través de
nuestras acciones. Es la mejor forma de cumplir con nuestro compromiso de
bautizados.

JESÚS NOS CUMPLE LA PROMESA DEL ESPÍRITU DIVINO EN PENTECOSTÉS

OBJETIVO

Reflexionar en el cumplimiento de la promesa hecha por Jesús de que sus discípulos


recibirán al Espíritu Santo para que nosotros, con la misma certeza, también seamos
capaces, sin miedo, de dar testimonio de que somos cristianos.

DIOS NOS REGALA SU ESPÍRITU PARA QUE TENGAMOS VIDA EN ABUNDANCIA

JESÚS NOS CUMPLE LA PROMESA DEL ESPÍRITU DIVINO EN PENTECOSTÉS

OBJETIVO

Reflexionar en el cumplimiento de la promesa hecha por Jesús de que sus discípulos


recibirán al Espíritu Santo para que nosotros, con la misma certeza, también seamos
capaces, sin miedo, de dar testimonio de que somos cristianos.
LECTURA

Dios no hizo nada a la ligera y sin pensar. Dios también hizo un plan para el hombre,
con la intención de que fuera un plan de salvación para la humanidad. Estableció una
estrategia que comenzó en el Antiguo Testamento, tuvo su culmen con la encarnación
de Jesucristo, el Hijo de Dios, y es continuada por el Espíritu Santo a partir de
Pentecostés. De esta forma se le llama al día y al acontecimiento en el que el Espíritu
del Señor descendió sobre los discípulos que se encontraban escondidos por miedo a
los judíos. De esta forma se cumplía la promesa que había hecho Jesús (ver Jn 14, 16-
17.26; 15, 26-27; 16, 7-8.12-25).

Ese día se dio a conocer plenamente la Santísima Trinidad. Además, desde ese día,
comprendieron los discípulos y los que los escucharon después, que el Reino
anunciado por Jesús estaba abierto para todos los que creyeran en él y en la presencia
del Espíritu Santo en la historia (ver CIC 731).

Ese día también, comenzaba a existir oficialmente la Iglesia a la que pertenecemos.


Ella existe gracias a la fundación de Jesús y a que la sostiene el Espíritu Santo, lo cual
es garantía de que formamos parte de la Iglesia verdadera. Al mismo tiempo, la Iglesia
se convierte en el lugar donde podemos conocer al Espíritu Santo a través de diferentes
formas:

En la Sagrada Escritura que el mismo Espíritu ha inspirado; En la Tradición, que a lo


largo de los años y desde su fundación, se ha manifestado a través de los que
llamamos Padres de la Iglesia. Estos fueron testigos de que el Espíritu Santo estaba
con ellos; En las enseñanzas de la Iglesia, que son también inspiradas por el Espíritu
de Dios; En las celebraciones litúrgicas, a través de sus palabras y sus símbolos, en
donde el Espíritu nos une a Cristo. En la oración en la cual el Santo Espíritu intercede
por nosotros; En las actividades de apostolado y de misiones; En el ejemplo y
testimonio de los santos, donde el Espíritu manifiesta su santidad y continúa la obra
de la salvación (ver CIC 688).

No podemos, pues, desligar al Espíritu Santo de la Iglesia ni tampoco decir que existe
la Iglesia sin necesidad de este Espíritu (ver CIC 737-738). El Espíritu Santo podría
seguir existiendo sin la Iglesia, pero Jesús quiso que fuera la Iglesia él Jugar donde
conociéramos al Santo Espíritu y que Este se manifestara a través de la Iglesia, de cada
uno de sus miembros, entre los cuales nos contamos nosotros, los que nos
preparamos para recibir el sacramento de la Confirmación.

A partir del cumplimiento de la promesa de la llegada del Espíritu Santo, él forma la


unidad de los hijos de Dios dispersos" (ver Jn 1 ,52). Los cristianos que nos
encontramos descarriados somos motivados, sin saber cómo, por ~ Espíritu del Señor
para que volvamos al redil, que es la Iglesia (ver CTC 706).

Si nos queremos considerar como hijos de Dios, necesitamos la presencia del Espíritu
en nuestra vidas, sobre todo para dar fruto, ¿cuál fruto?. El fruto que el mundo necesita
y que espera que nosotros se lo demos gracias al Espíritu Santo, y que podemos
expresarlo como caridad, paz, alegría, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad,
mansedumbre, templanza (ver Gál 5, 22-23; dc 736). (Algunos de los conceptos
anteriores necesitan explicación sobre en qué consisten, acompañados de ejemplos
que puedan ilustrar mejor lo que se quiere decir)

LOS NOMBRES Y SÍMBOLOS DEL ESPÍRITU SANTO

OBJETIVO

Conocer, descubrir y valorar los nombres, signos y símbolos con los que se reconoce y
representa al Espíritu Santo como medios por los cuales Dios nos habla y transmite su
gracia para una acción más eficaz de la misma gracia de Dios en nosotros.

LECTURA

Hermosos son los nombres con que la tradición de la Iglesia designa al Espíritu Santo:
«Padre de los pobres... Consolador óptimo. Dulce huésped del alma.». Con ellos
expresan la experiencia de su presencia recatada, escondida, siempre actual, siempre
vigente.

Del Espíritu Santo tenemos nombres, símbolos, y la constancia de su acción, pero no


tenemos representaciones como las de Jesucristo. Esto, a veces nos pesa,
quisiéramos conocerlo mejor, relacionarnos con El... Pero conviene que así sea porque
nos mantiene siempre abiertos a sus manifestaciones.

El nombre propio del Espíritu Santo


«Espíritu Santo», tal es el nombre propio de Aquel que adoramos y glorificamos con el
Padre y el Hijo.

Los apelativos del Espíritu Santo

Jesús, cuando anuncia y promete la venida del Espíritu Santo, le llama el «Paráclito» es
decir, «aquel que es llamado junto a uno» (Jn 14, 16.26; 15,26; 1 6, 7). «Paráclito» se
traduce por «consolador», siendo Jesús el primer consolador. El mismo Señor llama al
Espíritu Santo «Espíritu de Verdad» (ver Jn. 16,13).

Además de su nombre propio, que es el más empleado en el libro de los Hechos de los
Apóstoles y en las cartas de los apóstoles, en 5. Pablo es llamado: el Espíritu de la
promesa, el Espíritu de adopción, el Espíritu de Cristo (Rom 8, II), el Espíritu del Señor
(2 Co 3, 17), el Espíritu de Dios (Rom 8, 9. 14; 15, 19; 1 Co 6, 11; 7, 40), y San Pedro lo
llama el Espíritu de gloria (1 P 4, 14).

La multiforme acción del Espíritu Santo, se nos expresa a través de un buen número de
imágenes y símbolos. Consideramos ahora algunos:

Agua

El agua significa la acción del Espíritu Santo en el Bautismo; así, el agua bautismal
significa realmente que nuestro nacimiento a la vida divina se nos da en el Espíritu
Santo.

El Espíritu fecundaba las aguas propiciando la vida. La tierra caótica iba adquiriendo
figura por la acción fecundante del Espíritu. Donde hay caos, vacío, confusión y
muerte, el Espíritu vivifica.

La vida primera nace desde las aguas por obra del Espíritu

Las torrenciales aguas del diluvio sumergen el pecado de la humanidad y salvan a un


hombre justo y su familia, la tierra es renovada para siempre.
El pecado y la maldad han sido sumergidos en el agua. La humanidad revive y se recrea
nuevamente.

Las aguas del Mar Rojo, por la acción del Espíritu, salvaron a Israel de la esclavitud.

La promesa de Dios es un agua purificadora y un Espíritu renovador. El agua es


condición para la vida, hace crecer y desarrollarse, refresca y purifica, es alegre y
transparente, el agua sirve de cuna al hombre nueve meses. No podríamos vivir sin ella.
Renueva la tierra. Alimenta las plantas, comunica la vida, nos sostiene y nos limpia el
alma.

El Espíritu es el agua que quita la sed para siempre. El Espíritu es el dador de la vida.

Un día también por el Agua y el Espíritu nosotros renacimos para Dios. Llevamos el
sello maravillosos de su paso por nosotros.

Unción

El aceite derramado sobre una persona es un signo de elección. Es el ungido, el


llamado, el elegido y el consagrado.

Asume una misión, una tarea, una responsabilidad.

Su vida queda marcada para siempre por su Dios.

Así sucedió con los reyes de Israel. Eran ungidos como servidores de su pueblo. David,
por ejemplo, fue ungido por Samuel; Aarón fue ungido por Moisés, al igual que el altar
del Templo.

Los profetas eran ungidos por el Espíritu para proclamar con valor las palabras y la
voluntad de Dios. El ungido es un servidor. El ungido está señalado para el testimonio.
El ungido es el protegido de Dios. Pertenece a El. A El obedece. A El sirve. Para El vive.
Y en su nombre habla o actúa.
Cristo" quiere decir «ungido». Jesús es el Ungido por excelencia. El servidor de Dios. El
profeta de la verdad.

Jesús es el Ungido por el Espíritu «para proclamar el Evangelio a los pobres, y la


liberación a los oprimidos» (Lc 4, 1 8).

La unción es un gesto que consagra a quien la recibe.

El ungido (el cristiano), es un elegido de Dios. El le confía una misión. Lo fortalece en la


dificultad. Lo sana de sus enfermedades. Lo llena del Espíritu Santo. El ungido recibe
el Espíritu para dar testimonio. Está marcado para siempre. Está sellado por el mismo
Dios. Camina con el perfume de la fe. El Espíritu nos consagra para siempre. Nos hace
testigos, discípulos, enviados, misioneros de Jesucristo en el mundo.

Estamos marcados con su sello. Y por eso vivimos (ver Lc 7, 36-50; Jn 19, 38-42).

Fuego

Mientras que el agua significaba el nacimiento y la fecundidad de la vida dada en el


Espíritu Santo, el fuego simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu
Santo.

El fuego calienta la casa, prepara la comida, funde los metales e ilumina la oscuridad.

El fuego invita a reunión, a intimidad, a confidencia, a diálogo y a fiesta.

Hay también fuego que quema y que hiere. Hay fuegos de agresiones y armamentos. Y
hay fuegos destructivos como bombas.

Pero existe sobre todo el fuego intenso y sostenido del amor. Es el fuego que arde en
cada hombre que siente, que lucha y que ama. Es un fuego permanente, activo y en
movimiento.

Es el fuego que no cansa, que no reposa, que no se apaga. Es el amor. El fuego de la


vida.

El Dios del amor por el dolor de sus hijos. Mientras caminaban por el desierto el amor
de Dios los protegía. El fuego y la nube: el Espíritu de Dios.

El Espíritu es un fuego que arde sin consumirse. Necesitamos el fuego de Dios. Cada
día es Pentecostés. Cada día nos levantamos valientemente y salimos a proclamar
nuestra fe por las calles

La nube y la luz

Estos dos símbolos son inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. La
Nube, unas veces oscura, otras luminosa, revela al Dios vivo y salvador, tendiendo así
un velo sobre la trascendencia de su gloria.

Las nubes, por su situación etérea, su movilidad, por ser portadoras de la lluvia
benéfica o de la tempestad devastadora, han dado pie a muchos simbolismos;
acompañan las manifestaciones de Dios, lo enmarcan, son su trono, lo manifiestan.

"Entonces la nube cubrió la tienda de la reunión... (ver Ex 40, 34-38).


En la dedicación del templo de Salomón (1 Rom 8, lo-II; Lc 1, 34-35). Y en la
Transfiguración (Mt 17, 5).

Sello

El sello es un símbolo cercano al de la unción. En efecto, es Cristo a quien "Dios ha


marcado con su sello" (Jn 6, 27) y el Padre nos marca también en El con su sello. Como
la imagen del sello indica el carácter indeleble de la Unción del Espíritu Santo en los
sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden, esta imagen se ha utilizado
para expresar el "carácter" imborrable impreso por estos tres sacramentos, los cuales
no pueden recibirse de nuevo.

Para nosotros, hoy, el sello es un relieve en goma que, entintado, deja una marca en un
documento y lo legaliza, lo autentifica.
"En él también ustedes, después de haber oído la palabra de la verdad, el evangelio de
su salvación, en él también, después de haber creído, fueron sellados con el Espíritu
Santo..." (Ef 1, 13). "Y no disgusten al Espíritu Santo de Dios, en el cual fueron sellados
para el día de la redención" (Ef 4, 30).

El dedo

Para expresar antropomorfitamente la fuerza de Dios se usa referirse a su brazo (Dt 4,


34), a su mano (Ez 20, 33) a los dedos: los cielos son su obra (Sal 8, 4).

Por el dedo de Dios expulso yo (Jesús) los demonios" (Lc II ,20). Si la Ley de Dios ha sido
escrita en tablas de piedra "por el dedo de Dios" (Ex 31,18), la "carta de Cristo"
entregada a los apóstoles "está escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo;
no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón" (2 Co 3,3).

La mano

Imponiendo las manos Jesús cura a los enfermos y bendice a los niños. Mediante la
imposición de manos de los apóstoles el Espíritu Santo nos es dado. En la Carta a los
Hebreos, la imposición de las manos figura en el número de los "artículos
fundamentales", es decir, de las verdades importantes de su enseñanza. Este signo de
la efusión todopoderosa del Espíritu Santo, la Iglesia lo ha conservado en sus ritos
sacramentales.

Viento

Es otro nombre simbólico de la tercera persona de la Trinidad.

Los antiguos tenían la experiencia del viento, brisa apacible o vendaval destructivo,
una realidad inmaterial, no se le veía. No se le puede agarrar, pero es acción realísima,
elemento misterioso, indispensable para la vida; el hombre no lo puede domar.

"Entonces Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en sus narices aliento de
vida y fue el hombre ser viviente" (Gén 2, 7). "Cuando llegó la noche de aquel mismo
día (el día de la resurrección)... les dijo por segunda vez: La paz esté con ustedes. Como
el Padre me ha enviado, así también los envío yo. Y dicho esto sopló y les dijo: Reciban
el Espíritu Santo..." (Jn 19, 20.22).

La Paloma

Es la representación simbólica más gráfica y conocida del Espíritu Santo. Al final del
diluvio, la paloma soltada por Noé vuelve con una rama tierna de olivo en el pico, signo
de que la tierra es habitable de nuevo. Cuando Cristo sale del agua en su bautismo, el
Espíritu Santo, en forma de paloma, baja y se posa sobre él. El Espíritu desciende y
reposa en el corazón purificado de los bautizados. El símbolo de la paloma para sugerir
al Espíritu Santo es tradicional en la iconografía cristiana.

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