DIACONADO
DIACONADO
PRESENTACIÓN
a. El deseo de enriquecer a la iglesia con las funciones del ministerio diaconal, que, de
otro modo, en muchas regiones, difícilmente hubieran podido ser llevadas a cabo.
b. La intención de reforzar con la gracia de la ordenación diaconal a aquellos que ya
ejercían de hecho, funciones diaconales.
c. La preocupación de aportar ministros sagrados a aquellas regiones que sufrían escasez
de clero.
El Papa San Pablo VI, estableció con la carta apostólica “Sacrum Diaconatus Ordinem” (19
de junio de 1967), las reglas generales para la restauración del diaconado permanente en la
iglesia latina. Con la carta apostólica “Ad Pascendum” (agosto 15 de 1972), precisó las
condiciones para la admisión y la ordenación de los candidatos al diaconado.
1
PRIMERA PARTE
DISCERNIMIENTO VOCACIONAL Y FORMACIÓN INICIAL
1.1. JUSTIFICACIÓN
En comunión con la Iglesia, la dirección del obispo responsable del diaconado permanente,
del departamento de ministerios ordenados de la Conferencia Episcopal de Colombia y los
responsables de esta tarea en las diferentes jurisdicciones, hemos visto conveniente, proponer
mínimo un año de proceso de discernimiento inicial de los aspirantes al diaconado
permanente.
Las personas que acompañan el discernimiento vocacional, bajo la dirección del ordinario
del lugar, serán los responsables del seguimiento y orientación del proceso; este equipo estará
conformado por:
1.4. FUNCIONES
Cuando una persona manifiesta inquietud vocacional por el ministerio del diaconado
permanente, se la debe comunicar al párroco, quien a su vez hará el acompañamiento inicial,
verificando la autenticidad de su vocación, su realidad familiar y la idoneidad para este
servicio.
3
En el proceso se ha de garantizar la vinculación a las acciones pastorales de la parroquia y el
adecuado acompañamiento y motivación para cultivar el desarrollo de dicha vocación.
Si el párroco concluye que la persona reúne las condiciones de madurez humana, cristiana,
intelectual y pastoral suficiente, lo presenta como aspirante al proceso de un año de
discernimiento inicial, el cual debe ser cumplido completamente y que concluirá con la
aceptación o no, para iniciar su proceso de formación inicial.
Todo el proceso ha de estar acompañado por una fuerte vida de oración y de encuentro
con la Palabra, la oración de su comunidad de origen y el acompañamiento del párroco.
Con el informe del responsable del discernimiento inicial, qué es él párroco de origen,
del médico, del psicólogo, la solicitud del aspirante y la carta de la esposa, se debe realizar
un consejo de admisión presidido por el obispo o su delegado.
4
• Estar casado con sacramento del matrimonio y tener un hogar cristiano, sólido y
estable.
• Afectivamente equilibrado en la vida familiar.
• Tener una buena salud física y psíquica (según valoración médica).
• Es de preferencia que el candidato cuente con un trabajo estable para que le dé
seguridad económica a la familia y para responder por su proceso formativo. Es
fundamental que tenga Seguridad Social.
• Disponer de tiempo para la práctica pastoral y su futuro ministerio.
• Tener formación secundaria.
• Tener como mínimo un año de estar vinculado a la acción Pastoral Parroquial.
• En caso de que el estudiante venga de otra escuela, se debe solicitar el informe
respectivo.
Nota: se propone analizar seria y detenidamente a cada escuela diaconal, junto con el
obispo, casos específicos como son: aspirantes ex seminaristas, viudos y solteros.
1.7. DOCUMENTOS
• Partida de bautismo
• Partida de confirmación
• Partida de matrimonio
• Fotocopia de la Cédula de Ciudadanía.
• Carta de presentación del Párroco, de la parroquia donde está vinculado.
• Carta de puño y letra del consentimiento de la esposa.
• Carta de solicitud de ingreso.
• Acta de grado de bachiller y/o fotocopia del diploma.
• Acta de grado de estudios superiores y/o fotocopia del diploma.
• Fotos del candidato (tamaño cédula).
• Fotos de la esposa (tamaño cédula).
• Certificado laboral y/o constancia de ingresos económicos.
• Afiliación a EPS y a fondo obligatorio de pensiones.
• Informe de valoración médica.
• Informe de valoración psicológica y psicodinámica familiar.
• Certificado de antecedentes judiciales, contraloría y procuraduría.
1.8.1. Humanos:
5
• Madurez, adecuado control y conocimiento de su carácter, buen nivel de
autoestima, ánimo estable, capacidad de tomar decisiones, de servicio y lealtad,
amor a la verdad y coherencia de vida. (Sin apasionamientos y fanatismos).
• Estabilidad afectiva y solidez en su vida matrimonial, de relaciones abiertas con
sus hijos; capacidad de conducir y guiar a su familia en paz y mantener relaciones
serenas.
• Con rasgos claros de liderazgo responsable en todos los escenarios de su vida y
con capacidad suficiente de trabajo en equipo; con buena imagen entre los suyos
y con las personas que lo rodean.
• Con capacidad para integrar su opción fundamental de vida matrimonial con el
servicio diaconal.
• Ser hombre de claro testimonio de honestidad en su actividad laboral y en todo lo
que realiza en su vida diaria.
• Gozar de buen estado de salud física y mental.
• Capacidad de escucha y docilidad para dejarse guiar en obediencia.
Nota: Tener en cuenta que se deben indicar algunos criterios si hay aspirantes para el
diaconado permanente que sean viudos o solteros, según criterio del ordinario del lugar. Para
los aspirantes que han sido seminaristas, se debe estudiar el motivo de su retiro del seminario
y confrontar con la lista de los no idóneos del departamento de ministerios ordenados de la
Conferencia Episcopal Colombiana (CEC).
1.8.2. Cristianos
1.8.3. Morales
6
• Capacidad de asumir el sufrimiento, la escasez y los obstáculos de la vida.
1.8.4. Académicos
1.8.5. Pastorales
2.1. JUSTIFICACIÓN
El proceso inicial de discernimiento vocacional, que se realiza con las condiciones descritas
en el capítulo anterior, permite verificar las condiciones humanas, conyugales, laborales,
espirituales, intelectuales y pastorales de quien aspira a este ministerio. Obviar este proceso
inicial conlleva un desgaste en etapas sucesivas de la formación.
Este proceso concluye con una serie de informes, evaluaciones y conceptos, que deben ser
asumidos en el proceso formativo y en el caso de verificar limitaciones o dificultades que se
puedan trabajar, es importante retomarlos para ser trabajados en la etapa inmediatamente
posterior al discernimiento vocacional.
Inicia con la admisión del aspirante, luego de haber realizado un año de discernimiento
vocacional en su parroquia de origen a cargo del párroco.
Este año tiene como finalidad, continuar el discernimiento inicial, revisando y ajustando el
proyecto personal y familiar de vida, asumiendo con recta intención las exigencias hechas de
trabajo en las dimensiones humano conyugal y espiritual, intelectual y pastoral. Además de
ser un tiempo significativo para generar hábitos académicos, también es un tiempo para
asumir en su vida espiritual la importancia de la oración diaria y organizar las nuevas
dinámicas de su hogar, fruto de este nuevo estilo de vida.
I Semestre: encuentros periódicos para realizar una valoración de su vida cristiana. Todo
el proceso ha de estar acompañado por una fuerte vida de oración y de encuentro con la
8
Palabra, la oración en su comunidad de origen y en familia, además del garantizar el
acompañamiento del párroco.
En este periodo formativo se desarrolla un programa de trabajo con las esposas de los
candidatos y los hijos para que comprendan el futuro ministerio del aspirante al diaconado
permanente.
Terminado el primer semestre, se realiza un primer informe en el que se constatan los avances
y se le ayuda al aspirante a crecer en las dimensiones de la formación. El segundo informe,
se realiza al finalizar el año formativo, en él se debe garantizar que el candidato haya asumido
e integrado en su vida, el proceso formativo propuesto por la diócesis.
La finalidad de esta etapa, es integrar en cada una de las dimensiones de la formación, las
disposiciones descritas en las “Orientaciones para el Diaconado Permanente en Colombia”
emanadas de la Conferencia Episcopal y las orientaciones que el Obispo diocesano determine
en comunión con el “Directorio para el Ministerio y la Vida de los Diáconos Permanentes”
de la Congregación para el Clero.
El período formativo irá acompañado de la admisión como candidato a la Orden Sagrada del
Diaconado Permanente y la recepción de los ministerios laicales del Lectorado y del
Acolitado; estos ministerios acercarán al candidato al ministerio diaconal, además, requieren
de una sólida preparación y ejercicio del mismo. Así, el candidato se irá preparando al
ministerio de la palabra y del altar. El Obispo determinará los tiempos prudentes para la
recepción de estos ministerios.
9
En especial se deben integrar las opciones pastorales de la diócesis y el conocimiento de las
distintas dimensiones pastorales que la Iglesia particular desarrolla, en cuanto a la misión
profética, litúrgica y social en la que ha de desempeñar su ministerio.
El director diocesano para el diaconado permanente debe estar atento para que, durante todo
el tiempo de formación, cada candidato sea fiel a su compromiso de dirección espiritual, con
el propio director espiritual aprobado por el equipo responsable del diaconado permanente
en la diócesis.
Tiene por finalidad lograr una síntesis a nivel bíblico, teológico, litúrgico, humano, espiritual
y pastoral del proceso formativo realizado, en el que se garantice que el candidato ha
adquirido las notas de un fiel discípulo del Señor Jesús y ha integrado en su vida familiar y
en la comunidad, las características de Cristo Siervo.
Durante dos años de pastoral y práctica de sus ministerios en la parroquia de origen y un año
en una pastoral de la diócesis dispuesta por el Obispo. En éste tiempo formativo se le ofrece
al candidato un espacio especial de preparación para la recepción del orden sagrado de los
diáconos. El Obispo, luego de escuchar el informe de los responsables del diaconado
permanente, verificado el proceso realizado por el candidato, lo llama al orden de los
diáconos. Se formaliza esta decisión con una carta de puño y letra del candidato, en la que
solicita ser admitido al orden sagrado de los diáconos, junto con el consentimiento escrito de
la esposa.
El candidato, antes de ser ordenado, hará personalmente, ante el Obispo del lugar o su
delegado, la profesión de fe y el juramento de fidelidad a la Iglesia; después de realizar los
ejercicios espirituales correspondientes, recibirá el orden del diaconado.
Recibida la ordenación, el Obispo asigna el destino pastoral del candidato, se integra a la vida
pastoral de la vicaría o arciprestazgo y asume el programa de formación permanente, descrito
en el Capítulo I de la segunda parte de este documento.
10
3. LA FORMACIÓN INICIAL
Los aportes aquí referidos son el mínimo que se debe desarrollar en la escuela ministerial y
diaconal San Lorenzo. Este texto servirá para ajustar los planes formativos de las diócesis,
sin detrimento de las normas y prácticas que el Obispo disponga como propias, de acuerdo
con la realidad y circunstancias en las que se instaura el diaconado permanente.
La escuela ministerial y diaconal San Lorenzo debe ofrecer a la luz de estas orientaciones,
programas serios y bien diseñados, que mantengan la unidad con la Iglesia Universal y en
Colombia y permitan que quienes aspiran a este ministerio en la Iglesia, reciban una adecuada
formación.
3.1.1. Justificación
En I Tim.3. leemos: “El que presida la comunidad debe ser un hombre irreprochable, sobrio,
equilibrado, ordenado, y apto para la enseñanza. Que sepa gobernar su casa para poder
cuidar la Casa de Dios. También es necesario que goce de buena fama entre los no creyentes
para no exponerse a la maledicencia y las redes del demonio. Los diáconos deben ser
hombres respetables, que conserven el misterio de la fe con una conciencia pura”.
Estas notas del Nuevo Testamento, sugieren que, en la formación humana de los diáconos
permanentes, se debe buscar que adquieran y perfeccionen una serie de cualidades que les
permitan ser hombres maduros: afectiva, espiritual, moral, doctrinal y socialmente, de forma
que, logren ganarse la credibilidad y el amor de su comunidad, de tal manera que ejerzan su
ministerio con seguridad y con elementos que faciliten el encuentro y el diálogo con los
demás.
11
La carta encíclica Humanae Vitae, de San Pablo VI en el numeral 8, expresa con profundidad
el sentido del amor conyugal: “La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal, se
revelan cuando éste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor ´el Padre de
quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra´ " 1 . El hogar del candidato al
diaconado permanente, en su respuesta a este llamado, ha profundizado y vive una especial
relación con Dios, como fuente del amor conyugal, de tal manera que, toda la vida familiar
se ve impregnada de las características del amor humano vivido en fidelidad, totalidad,
exclusividad y fecundidad.
La familia que comprende esta realidad sobrenatural de la gracia del sacramento del
matrimonio y de la llamada de Dios a complementar y perfeccionar su proyecto de vida
familiar con el sacramento del orden, realiza mediante su donación y compromiso, un camino
de santificación y de perfeccionamiento personal y comunitario.
La familia del candidato al diaconado permanente expresa con mayor decisión y testimonio
el fundamento del sacramento del matrimonio y la llamada al servicio a la Iglesia: La bella
imagen de Cristo siervo, esposo de la Iglesia.
“Los diáconos casados pueden ser de gran ayuda al proponer la buena nueva sobre el amor
conyugal, las virtudes que lo tutelan en el ejercicio de una paternidad cristiana y
humanamente responsable” 2. Como consecuencia de testimoniar la gracia recibida en el
sacramento del matrimonio y el servicio en el orden de los diáconos, está el anuncio de la
Buena Nueva, en el amor, el respeto, la práctica de las virtudes cristianas, el servicio a los
más necesitados, la predicación del Evangelio y el amor a la Iglesia.
Desde lo personal es importante incentivar las virtudes humanas necesarias para la entrega y
el servicio, pilar fundamental del quehacer diaconal. Por ello la lealtad, el don del servicio,
la justicia, la amabilidad en el trato, la fidelidad a la palabra dada, la discreción y la caridad,
harán de los candidatos un reflejo vivo de la humanidad de Jesús y un puente vivo que una a
los hombres con Dios.
1
PABLO VI, Encíclica Humanae Vitae, (1968) n. 8. (En adelante HV)
2
CONGREGACIÓN PARA EL CLERO. Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos
permanentes, (1998) n. 33. (En adelante DMVDP)
12
3.1.3.1. Objetivos
3.1.3.2. Medios
Los medios necesarios en Colombia para alcanzar el perfil propuesto deben ser:
a. Etapa propedéutica
b. Etapa de profundización
14
c. Etapa de síntesis
3.2.1. Justificación
La Iglesia del siglo XXI requiere el testimonio de hombres comprometidos con el servicio;
el diácono permanente encarna este sentir mediante la configuración con Cristo Siervo,
haciendo un camino de santidad personal y familiar, viviendo una intensa vida de oración y
buscando la eficacia de su ministerio en la caridad, la Palabra y la liturgia.
Todos estamos llamados a “ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio
en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o
consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y
ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un
trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los
hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a
seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus
intereses personales”. 3
Este es el camino que la Iglesia propone a quien quiere o desea seguir más de cerca al Señor,
ser santo, entendiendo su vocación de bautizado. La 1 Ts. 4, 3 citada por S.S. Francisco,
(2018, No 19), nos dice que para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la
tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «ésta es la voluntad de Dios: vuestra
santificación».
3
Cfr. FRANCISCO, Exhortación Apostólica Gaudete Et Exsultate, (2018) n.14. (En adelante GE)
15
El sacramento del Orden confiere a los diáconos una nueva consagración a Dios, mediante la
cual han sido consagrados por la unción del Espíritu Santo y enviados por Cristo “al servicio
del Pueblo de Dios, para edificación del cuerpo de Cristo” 4.
De esta llamada a la santidad “brota la espiritualidad diaconal, que tiene su fuente en la que
el Concilio Vaticano II llama ´gracia sacramental del diaconado´” 5 La instauración del
diaconado permanente ha permitido valorar e identificar la importancia de este ministerio en
la Iglesia, en cuanto a su incidencia en la tarea evangelizadora, permitiendo que este
ministerio vaya adquiriendo su propia identidad y espiritualidad.
3.2.3.1 Objetivos
3.2.3.2. Medios
Cada candidato tendrá un director espiritual, que deberá ser aprobado por el obispo5. Además,
la familia participará del acompañamiento espiritual del candidato en su camino formativo,
de acuerdo con el itinerario propuesto por la escuela.
4 5
Cfr. Concilio Vaticano II, Decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros 1965.
Cfr. DMVDP n. 44
5
Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA Normas básicas de la formación de los diáconos
permanentes. Ratio Fundamentalis Institutionis Diaconorum Permanentium n. 23. 1998 (En adelante RFIDP)
16
El director espiritual ayudará al candidato y a su familia a discernir los signos de su vocación,
a estar en una actitud de conversión continua, a vivir la espiritualidad diaconal,
profundizando y viviendo en la sabiduría de los santos y de los clásicos de la espiritualidad
cristiana y a realizar una síntesis armónica entre el estado de vida, la vida profesional y el
ministerio al que se siente llamado. 6 Esta estructura, ayudará a mantener su proceso de
formación permanente.
Como medios adecuados para la formación al diaconado, están los retiros espirituales, la
dirección espiritual y las instrucciones programadas según un plan progresivo y orgánico
propuesto por la escuela.
Cuando un candidato inicia el itinerario de formación diaconal, debe haber tenido una
experiencia de encuentro con Jesucristo. La Eucaristía es el centro de la espiritualidad
diaconal. Esta ha de caracterizar de tal modo la vida del candidato que se ponga de manifiesto
que el ministerio tiene su punto de partida y de llegada en la Eucaristía. El servicio a los
pobres es la prolongación del servicio del altar. Se invitará al candidato a participar
diariamente de la Eucaristía o al menos con frecuencia, según lo permitan sus obligaciones
familiares y profesionales, y se le ayudará a que profundice cada vez más el mysterium fidei.
Dentro de esta espiritualidad eucarística se debe incluir la vivencia del sacramento de la
penitencia.
La devoción filial a la Virgen María, prototipo y figura ejemplar de la Iglesia, esclava fiel del
Señor, modelará en el candidato aquellas cualidades y actitudes propias de quien debe ejercer
dignamente la diaconía.
6
Cfr. Ibid, n. 77
7
RFIDP, n. 74
8
Cfr. ibid, n. 75
17
estimula la generosidad en el ministerio y su inserción en la vida de la Iglesia diocesana. El
candidato debe ser formado en el sentido de pertenencia y vinculación a su diócesis y de
unión al cuerpo de los ministros ordenados para crecer en la comunión y colaboración
fraterna con ellos.9
a. Etapa propedéutica
b. Etapa de profundización
9
Cfr. ibid, n. 76
18
c. Etapa de síntesis
3.3.1. Justificación
En el evangelio podemos constatar, como el Señor Jesús acompañó a sus discípulos, les
enseñó con autoridad (Mt. 7,29) y les abrió el entendimiento para que comprendieran todo lo
que se dijo de él en la Sagrada Escritura (Lc. 24, 27). La Iglesia, continuando con la formación
de sus ministros, ofrece en la formación inicial los contenidos suficientes, con el fin de
preparar a los futuros diáconos, para la predicación del Evangelio e iluminar con la sabiduría
que viene de Dios a todos los hombres (Lc. 21,15).
10
CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN. CATÓLICA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO. Normas Básicas
para la Formación de los Diáconos Permanentes, n. 79. 1998. (En adelante NBFDP) 12 Cfr. RFIS, n. 116
19
cultural que les permita anunciar el mensaje del Evangelio de forma adecuada al mundo de
hoy y sostener con la luz de la razón la verdad de la fe, mostrando su belleza. 11
“La Congregación para la Educación Católica invita a las Conferencias Episcopales a que
elaboren un programa de formación doctrinal para los candidatos al diaconado que tenga
en cuenta las diferentes situaciones personales y eclesiales, y que excluya al mismo tiempo,
absolutamente ´una preparación apresurada o superficial, porque las tareas de los diáconos,
según lo establecido en la Constitución Lumen Gentium (n. 29) son de tal importancia que
exigen una formación sólida y eficiente´” 12.
3.3.3.1. Objetivos
Formar para que el diácono esté en capacidad de dar razón de la fe y adquirir una fuerte
conciencia eclesial.
Profundizar desde la dimensión académica en los deberes específicos de su ministerio.
Adquirir la capacidad para discernir las situaciones y para realizar una adecuada
inculturación del Evangelio.
Conocer técnicas de comunicación y de animación de reuniones, ser capaz de
expresarse en público y de estar en condiciones de guiar y aconsejar 13.
3.3.3.2. Medios
Desde el criterio que definen las Normas para la formación diaconal con respecto a “adquirir
la capacidad para enjuiciar las situaciones y para realizar una adecuada inculturación del
Evangelio”14, cobra vital importancia dentro del proceso formativo, el conocimiento de la
Doctrina Social de la Iglesia. Ella misma nos invita a cumplir la misión de anunciar el
Evangelio “siendo capaces de interpretar la realidad de hoy para buscar caminos apropiados
para la acción”. 15
11
Ibidem
12
NBFDP n. 79b.
13
NBFDP, n.80d
14
Ibid, n.80c
15
CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA (2005). Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, n.7 (En adelante
CDSI)
20
Desde la lectura que han venido realizando los diáconos colombianos de su postura en esa
sociedad en la cual se encuentran inmersos, ellos han descubierto y definido una serie de
retos que deben asumir para dar una respuesta acorde con la misión encomendada, a una
realidad que se vive y desde la cual deben enfrentar el desafío de ser mensajeros de la Palabra
e instauración del Reino de Cristo. Una vez trabajado este tema en el XIV Congreso Nacional
realizado en Medellín (2017), los retos que se encontraron y que influirán a la hora de definir
el tipo de formación que se debe recibir son:
Salir de su zona de confort para lanzarse sin miedo a la misión, debe desacomodarse.
Ser capaz de hacer lectura permanente de la realidad para más efectividad en las
acciones pastorales.
Todos los aspectos discernidos en el Congreso por los diáconos de Colombia, permiten
reafirmar lo ya vislumbrado por el Directorio para el diaconado permanente, de la
Congregación para El Clero, el cual reconoce la necesidad de que este servidor tome
consciencia de la importancia de estar preparado para ser un líder de su comunidad,
desde su capacidad de diálogo, manejo de buenas relaciones interpersonales, señorío
en el trato y su capacidad para discernir la cultura donde desarrolla su misión, de
manera que sea capaz de hacer una correcta inculturación del Evangelio en la misma. 16
16
DMVDP, n. 69
21
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia insiste a su vez en la importancia de
que cada cristiano sea un conocedor y promotor de esta Doctrina, para poder impulsar
el humanismo integral y solidario como parte del anuncio del Evangelio desde la
realidad que vive el pueblo de Dios. “Difundir esta doctrina constituye, por tanto, una
verdadera prioridad pastoral, para que las personas, iluminadas por ella, sean
capaces de interpretar la realidad de hoy y de buscar caminos apropiados para la
acción: la enseñanza y la difusión de esta doctrina social, forma parte de la misión
evangelizadora de la Iglesia». 17
Todo lo anterior hace pensar en que la formación que el diácono ha de recibir, deberá
fortalecer su conocimiento de manera que, le permita enfrentar estos retos que la
realidad social y el mismo discernimiento sobre su misión le plantean.
Teniendo en cuenta los anteriores criterios, los contenidos que nos proponen las
Normas Básicas para la Formación Diaconal deberán tener en consideración cuatro
áreas: la situacional, la diaconía profética, la diaconía cultual y la diaconía caritativa.
17
CDSI, n. 7
22
La doctrina social de la Iglesia: estudios de los documentos magisteriales sobre la
doctrina social de la Iglesia, misión de la Iglesia, estudio de problemas económicos,
sociales y políticos.
Visión panorámica del Concilio Vaticano II
Magisterio latinoamericano
Transición sociocultural y religiosa de las comunidades.
Sectas y grupos religiosos en América Latina
Derecho Canónico
Teología espiritual
Introducción a la Liturgia
Liturgia de la Horas
Liturgia Sacramental
a. Etapa propedéutica
18
NBFDP n. 82
23
Es capaz de reconocer sus capacidades y debilidades, en torno a conocerse y
estructurar bases sólidas para su crecimiento académico.
Desde el reconocimiento de su historia académica, es capaz de reestructurar su
proyecto de vida.
b. Etapa de profundización
Maneja elementos del lenguaje que le permitan expresar ideas claras y con
argumentos concretos en forma oral y escrita.
Muestra capacidad para leer documentos eclesiales apropiándose de ideas
fundamentales, que le permiten formar una conciencia cristiana sólida.
Asume con seguridad y positivismo su desarrollo personal, dentro de un hogar
cristiano y una comunidad con realidades muy propias.
Hace lecturas críticas y argumentativas de las realidades con las que interactúa
en su diario vivir.
Es capaz de integrar nuevas metodologías y tecnologías en el desarrollo de sus
actividades académicas y pastorales.
Utiliza el lenguaje filosófico y el teológico como medio de reflexión que le
permite ir modelando su pensamiento, en consonancia con los aprendizajes que
va adquiriendo y las realidades que se están viviendo.
Actúa desde la convicción de que el ser humano, desde su realidad y capacidad
de pensar es capaz de dar razón de su fe.
Muestra progreso en su sentido crítico y la estructuración de un pensamiento
humano-científico y acorde con los valores del Reino.
Desde la comprensión de la doctrina social de la Iglesia, es capaz de hacer
propuestas que lleven a un mejoramiento de las realidades de las comunidades.
c. Etapa de síntesis
24
Tiene conciencia de la necesidad de continuar con una formación permanente en
la vivencia de su misión diaconal.
3.4.1. Justificación
“En sentido amplio la formación pastoral coincide con la espiritual: es la formación para la
identificación cada vez mayor con la diaconía de Cristo” 19 ; debe tener una dimensión
misionera y ser desarrollada a partir de la práctica pastoral y de su desempeño.
El servicio pastoral que realizan los diáconos permanentes en la Iglesia, hunde sus raíces en
la bella experiencia de Jesús, cuando antes de morir, lava los pies a sus discípulos (Cfr Jn.13,
5) y, en el servicio a la mesa en la comunidad primitiva (Cfr. Hc. 6, 1-7), asumiendo la
diaconía a los más necesitados.
La formación teológica pastoral en este campo, “es una reflexión científica sobre la Iglesia
en su vida diaria con la fuerza del Espíritu a través de la historia; una comprensión de la
Iglesia como “sacramento de salvación”, como signo e instrumento vivo de la salvación de
Jesús en la Palabra, los sacramentos y en el servicio de la caridad”. El fin de esta disciplina
es, pues, el estudio y la puesta en práctica de los principios, criterios y métodos que orientan
la acción apostólico-misionera de la Iglesia en la historia.21
19
Ibid, n. 85
20
FRANCISCO. Exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, n.23 2013 (En adelante EG)
21
NBFDP. n 86
25
3.4.3. Descripción de la formación
3.4.3.1. Objetivos
3.4.3.2. Medios
Para alcanzar los objetivos en la formación pastoral debemos tener en cuenta los siguientes
medios:
a. Plan diocesano de pastoral: como auténticos servidores del Evangelio, los candidatos
al diaconado permanente deben estar formados en el plan pastoral de su diócesis,
conocerlo profundamente, implementarlo y participar del mismo, en la parroquia a la
que pertenece o donde presta sus servicios.
26
e. Comunión eclesial: El estudiante al diaconado debe ser preparado para ejercer su
ministerio no a título personal, sino en comunión con el obispo, su presbiterio y la
comunidad cristiana; debe asumir efectivamente, las opciones pastorales de la diócesis,
como también estar dispuesto a aceptar nuevas misiones.
Estos medios para la formación pastoral de los aspirantes al diaconado se definen en estos
términos: el estudio sistemático de materias pastorales, el entrenamiento pastoral y el
crecimiento en el celo apostólico.
a. Pastoral social: una de las acciones pastorales que evidencian el ejercicio del
ministerio diaconal, es la caridad; de tal manera que su vocación al servicio, ha de tener
como prioridad la atención caritativa de las situaciones humanas más precarias y de
aquellas realidades que van en detrimento de la dignidad de la persona humana; por
esta razón, quien aspira al ministerio diaconal, se debe formar ampliamente en las áreas
de la pastoral social, en el conocimiento de la doctrina social de la Iglesia y en la lectura
permanente de los signos de los tiempos.
b. Pastoral profética: la presencia del diácono en el mundo secular, hace necesario que
su formación impacte los diferentes ambientes en que se desenvuelve, para que sea un
claro agente de la catequesis y la evangelización, mediante la predicación de la Palabra
y la enseñanza de las verdades de la Iglesia.
c. Pastoral litúrgica es esencial a la institución del diaconado el servicio del altar, por
tanto, su formación debe estar enfocada en la comprensión del espíritu y teología de la
liturgia, así como el ars celebrandi.
a. Etapa propedéutica
27
Ha participado en al menos dos actividades pastorales en su parroquia bajo la guía de
su párroco.
Es cercano y amable con los fieles y los agentes del equipo de pastoral en el lugar donde
presta su servicio.
Mantiene una relación cordial y animada con los empleados de la parroquia (sacristán,
secretaria, agentes de pastoral) que colaboran en la pastoral y en la vida comunitaria.
Comparte las actividades del equipo sin pretender imponer un itinerario o ideario
personal.
Aprende a seguir los lineamientos del párroco en la pastoral asignada conforme a los
objetivos del plan diocesano.
Aprende a mantener una relación cercana y empática con el párroco.
Cultiva y desarrolla su capacidad de escucha y de preocupación por su prójimo.
b. Etapa de profundización
Conoce el plan diocesano de pastoral y los proyectos a los que la Diócesis ha puesto
acentos y prioridades.
Sabe elaborar un plan de acción de pastoral con sus objetivos generales y específicos,
procesos, metas y logros.
Ha participado activa y destacadamente en acciones pastorales que la Diócesis le asignó
en coordinación con la escuela diaconal durante el periodo de su formación: familiar,
rural, urbana, funeraria, social, de la salud, penitenciaria, de la tercera edad, entre otras.
Sabe formar un equipo de oración con participación de laicos.
Favorece la participación de la esposa y su familia en las actividades de pastoral.
Mantiene una relación cercana y empática con los agentes de pastoral y los sacerdotes
coordinadores de pastoral.
Fortalece su relación y cercanía con su párroco.
Es promotor en sus comunidades de la paz, el perdón y la construcción de una sociedad
más justa.
Se apropia de capacidades de verdadero liderazgo, que lo lleven a tener credibilidad y
seguimiento entre el laicado.
c. Etapa de síntesis
28
Consolida una relación cercana y cordial con los sacerdotes encargados de las
pastorales en que participa.
Sobresale su liderazgo en la participación con los agentes de pastoral.
Tiene sentido de disponibilidad a la obediencia y correcciones de sus superiores.
Mantiene una relación armónica y cercana de su actividad pastoral para lograr la
participación de su esposa y su familia.
Es capaz de mantener relaciones apropiadas con su párroco y la comunidad con la cual
trabaja.
Algunos discípulos misioneros del Señor son llamados a servir a la Iglesia como diáconos
permanentes, fortalecidos por la gracia del sacramento del matrimonio y luego el sacramento
del orden, siendo testimonio evangélico e impulso misionero para que sean apóstoles en su
familia, trabajo, comunidades y en las nuevas fronteras de la misión. 22
El Sacramento del matrimonio, comunión de vida y amor, inaugura una nueva manera de ser
persona, para lograr una comunión real que dé frutos auténticos y un amor pleno que se
asemeje al amor de Dios.
La recíproca entrega total, en unidad, implica hacer donación total comprometiéndose a amar
toda la vida y prolongando el amor a la eternidad; el diácono permanente está llamado a la
vocación matrimonial, buscando siempre la plenitud y alegría personal, de pareja y familiar,
pero está comprometido a llegar a ser santo y llevar a su esposa y familia a la santidad en el
diario vivir, manteniendo siempre firme el compromiso expuesto ante Dios mismo.
La gracia del sacramento del matrimonio capacita y otorga a los cónyuges, la fortaleza para
enfrentar la vida en todas las circunstancias. Con el amor de los esposos, expresado en la
ternura, el respeto, la solidaridad y el buen trato, se asume la condición esponsal que, tiene
su fundamento en la relación de Cristo con la Iglesia, otorga la fortaleza para enfrentar la
vida en todas sus circunstancias.
La familia de quien aspira al ministerio del diaconado permanente está llamada a ser formada
y fortalecida por el Evangelio y una auténtica vida sacramental, de tal manera que, pueda
irradiar desde su diario vivir los valores de una sana convivencia, el respeto mutuo y la
solidaridad que sirvan como testimonio para el servicio a los demás.
Durante el proceso formativo el candidato al diaconado permanente debe tener presente que
el sacramento del matrimonio es y será su primera opción vocacional específica a la que
deberá darle la mayor importancia en cuanto al cuidado y sostenimiento de su compromiso
22
Cfr. DOCUMENTO DE APARECIDA, Quinta Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano, (2007) n.208. (En adelante DA)
29
familiar. Algunos, por gracia de Dios y discernimiento de la Iglesia, son llamados a
enriquecer su estilo de vida familiar con una segunda vocación específica en el tercer grado
del ministerio ordenado, el orden de los diáconos.
30
II PARTE
La segunda parte de este documento la hemos dividido en dos capítulos: el primero que tiene
por finalidad describir un posible itinerario de acompañamiento a los diáconos permanentes
en Colombia. Es una primera propuesta de “pastoral diaconal” para ayudar a los delegados
diocesanos y a quienes acompañan este ministerio en la Iglesia, con algunas líneas de acción
que ayuden al bienestar integral de los ministros diáconos, su formación permanente y
comunión con la Iglesia. El segundo capítulo pretende apuntar unos criterios comunes que
propicien la unidad del diaconado permanente en Colombia.
La nueva RFIS insiste que la formación para el ministerio ordenado, se realiza en un único
camino, que se enmarca en la línea del discipulado misionero. En el caso del candidato al
diaconado permanente, el proceso formativo se enfoca en adquirir las notas propias de Cristo
Siervo. La formación comienza a partir del momento en que un aspirante y en el caso de un
hombre, esposo y padre de familia, manifiesta su deseo de servir al Señor y a la Iglesia en el
ministerio del orden de los diáconos, pasando por un periodo formativo humano conyugal,
espiritual, intelectual y pastoral, descrito en la primera parte de este documento, diseñado
para formar a Cristo Siervo en la persona del candidato; terminado este tiempo de formación,
se recibe el orden sagrado del diaconado dando inicio al ejercicio del ministerio recibido.
23
DMVDP. n.74
24
Cfr. Ibid, n. 65
31
fidelidad. Por eso, es de capital importancia que los diáconos puedan elegir un director
espiritual, aprobado por el obispo, con el que puedan tener regulares y frecuentes diálogos 25.
Finalmente, la comunidad diocesana se debe comprometer en la formación de los diáconos y
en particular, el párroco o el sacerdote designado para ello, que debe prestar su ayuda personal
con solicitud fraterna.
Debe tener en cuenta la práctica de las virtudes naturales y sobrenaturales, que lo harán
más semejante a la imagen de Cristo.
Debe practicar, en su ministerio y en su vida diaria, la bondad de corazón, la paciencia,
la amabilidad, la fortaleza de ánimo, el amor por la justicia, el equilibrio, la fidelidad a
la palabra dada, la coherencia con las obligaciones libremente asumidas y el espíritu de
servicio.
También es importante, que el diácono dé ejemplo con su comportamiento social,
reflexione sobre la importancia de la capacidad de diálogo, sobre la corrección en las
distintas formas de relaciones humanas, sobre las aptitudes para el discernimiento de
las culturas, sobre el valor de la amistad y sobre el señorío en el trato.
Debe dar testimonio de vida a través de su relación familiar; de manera especial con la
esposa y los hijos.
25
Cfr. Ibid, n. 66
26
Ibid, n. 68
27
Ibid, n. 70
32
El conocimiento profundo de la Tradición y de los libros litúrgicos, ayudará al diácono
a redescubrir continuamente las riquezas inagotables de los divinos misterios, a fin de
ser digno ministro.
En los ejercicios espirituales, el diácono no olvidará trazar un proyecto concreto de
vida, para examinarlo periódicamente con el propio director espiritual.
En este proyecto, no podrá faltar el tiempo dedicado cada día a la fervorosa adoración
eucarística, a la filial piedad mariana y a las prácticas de ascética habituales, además de
la oración litúrgica y la meditación personal.
“El centro unificador de este itinerario espiritual es la Eucaristía”.28
28
Ibidem
29
Ibid, n. 72
33
4.2.4. Dimensión pastoral
Con base en las indicaciones para la formación permanente de los diáconos, que presenta el
directorio para el diaconado permanente de la Congregación para el Clero, a continuación,
ofrecemos las orientaciones para la formación permanente de los diáconos en Colombia.
Este texto ha sido enriquecido teniendo en cuenta las etapas del desarrollo humano, con los
aportes de la Conferencia Episcopal de Chile en el documento “itinerario de
acompañamiento diaconal” 30, los aportes de los directores de las escuelas diaconales de
Colombia y de la Comisión Episcopal para los Ministerios Ordenados.
Atendiendo a la solicitud del Magisterio universal “se debe elaborar, con la aprobación del
obispo, un plan de formación permanente realista y realizable, según las disposiciones
presentes, que tenga en cuenta la edad y las situaciones específicas de los diáconos, junto
con las exigencias de su ministerio pastoral”33.
El diácono vive el aquí y el ahora. Adulto maduro. Los cinco primeros años de
ministerio diaconal
4.4.1.1. Descripción
En esta etapa, se le da más importancia al tiempo presente que al futuro. Durante este periodo
de la vida, los diáconos están concluyendo la etapa de la formación inicial, reciben la
ordenación y empieza el ejercicio de su ministerio.
Durante este tiempo, se asimila en forma vivencial y gradual el ministerio del diácono
permanente, asumiendo responsabilidades concretas ante el pueblo de Dios, sin descuidar la
vida matrimonial y familiar.
Durante los primeros años de ministerio, se ponen las bases del servicio diaconal y del nuevo
modo de ser familia.
30
El texto “itinerario de acompañamiento diaconal” ha sido citado en este documento, con la
debida autorización de la Conferencia Episcopal Chilena 33 Ibid n. 79
35
La vida matrimonial se fortalece y enriquece con la oración familiar, con el ejercicio
ministerial, con la participación en las comunidades de vida diaconal, con una adecuada y
progresiva inserción en el servicio pastoral en comunión con el obispo, los presbíteros y los
laicos con los que se relaciona. Esto exige un constante acompañamiento espiritual.
4.4.1.2. Características
Este es un tiempo muy activo en las dimensiones espiritual y pastoral, debido al entusiasmo
e impulso que ha dejado la formación inicial y el deseo de poner en práctica aquello para lo
cual fue preparado.
Manifiesta una gran disponibilidad y generosidad en el servicio para el que fue designado. El
ambiente familiar se ve notablemente afectado, puesto que el tiempo que antes se destinaba
a la familia, ahora es compartido con el ejercicio del ministerio.
Durante esta etapa se debe estar atento ante amenazas tales como:
La disponibilidad absoluta al servicio de la comunidad frente al deterioro de la vida
familiar.
Caer en el clericalismo, sentirse superior al interior de la comunidad en la que sirve,
con el riesgo de faltar a la humildad y el servicio para el que fue llamado.
La autosuficiencia y falta de disposición para dejarse ayudar en el acompañamiento
espiritual y en la corrección fraterna.
La sobrecarga de múltiples funciones en el pro de obediencia y agrado para con el
sacerdote y el Obispo.
36
Organiza su servicio pastoral con el párroco, garantizando tiempo para dedicarlo a su
familia.
Fortalece la vocación al servicio y su vida matrimonial, de modo que proyecte en la
comunidad su doble sacramentalidad, aunque muchas veces se encuentre solo
realizando el ministerio.
Mantiene una constante vida de oración al interior de su familia, compartiendo en
algunas instancias la Liturgia de las Horas, rezando en los momentos importantes de la
vida familiar.
Participa junto con su esposa en retiros para matrimonios, encuentros conyugales, para
crecer y fortalecer el matrimonio.
Mantiene un sano y adecuado equilibrio entre el tiempo dedicado al matrimonio, la
familia, lo laboral y el ministerio diaconal.
Cultiva una sana relación de cercanía y amistad de su familia con el párroco.
Reconoce la importancia de ejercer su ministerio en el ámbito laboral donde se
desempeña.
Considerar el correspondiente sigilo en los temas de consejería, delimitando el tipo de
consejería y que ésta no involucre sentimentalmente al diácono.
b. Dimensión espiritual
c. Dimensión intelectual
El diácono consolida su ministerio. Madurez en el servicio. De los cinco a los diez años
de ordenado
4.4.2.1. Descripción
En esta etapa el ejercicio diaconal está más asumido y maduro, permitiendo una vivencia más
plena de su servicio pastoral, teniendo mayor claridad de cuáles son sus aportes a la
comunidad y por dónde van sus carismas y servicios más específicos.
4.4.2.2. Características
Luego de los primeros años, caracterizados por un gran ímpetu espiritual y pastoral, comienza
a presentarse en el ejercicio de la vida ministerial un decaimiento en el ámbito de la vida
espiritual, se va cayendo en la rutina, con detrimento en un flujo nuevo y fresco de gracia,
ánimo, alegría y servicio, actitudes fundamentales para la vida familiar, laboral, comunitaria
y de servicio pastoral.
Durante esta etapa se debe estar atento ante amenazas tales como:
38
La rutinización de la vida espiritual.
El decaimiento en el celo y trabajo pastoral.
Los conflictos que se pueden presentar en la relación con los presbíteros,
especialmente con los párrocos donde presta su servicio.
La tendencia a sentirse superior a otros, con sus pares, y especialmente con los
agentes pastorales laicos.
La indiferencia o falta de conciencia a la necesidad de participar en las reuniones del
cuerpo diaconal.
Favorece el desarrollo y consolidación del sano equilibrio entre los tiempos destinados
a la familia y al ministerio.
Mantiene una sana y entusiasta vida conyugal y familiar.
Genera espacios para el esparcimiento y recreación familiar.
Participa viva y alegremente de las reuniones y actividades de la comunidad diaconal
a la que pertenece.
Mantiene y profundiza en su vida de oración, preferentemente junto a su esposa.
Participa de los encuentros, talleres, charlas, para profundizar y apoyar el proceso del
“nido vacio” y descubrir pistas que permitan dar nuevo sentido a la nueva situación en
que se encuentra como familia.
Procura que en esta etapa se realice chequeos médicos periódicos.
Motiva el desarrollo de una vida saludable, promoviendo la práctica de deportes,
hobbies, etc.
Participa de los programas de formación permanente propuestos por la delegación
diocesana para el diaconado permanente.
Favorece el apoyo psicológico y pastoral para enfrentar de mejor modo, aquellos temas
que pueden impedirle tener una sana relación y ejecución de su servicio, por ejemplo,
los conflictos con la autoridad, cómo enfrentar el desencanto de las expectativas
personales y las tensiones producidas en lo laboral.
b. Dimensión espiritual
39
Revisa y actualiza el proyecto personal de vida familiar y ministerial.
Fortalece su vida de oración con la liturgia de las horas y la Lectio Divina, que puedan
ser practicadas junto con su esposa.
Favorece en las reuniones en las que participa o preside, el ejercicio de la Lectio
Divina.
Prioriza el acompañamiento espiritual y el cuidado de su vida interior.
Participa de los retiros espirituales propuestos.
Genera experiencias de retiros espirituales con las personas que acompaña.
Impulsa la lectura espiritual buscando y manteniendo textos.
c. Dimensión intelectual
Realiza una jornada de renovación intelectual que le permita refrescar y actualizar los
contenidos teológicos y pastorales.
Favorece con sana madurez, la formación permanente y la necesidad de estar
actualizado en los temas propios de su servicio pastoral en la Iglesia.
Participa en seminarios, diplomados, cursos, charlas, reflexiones de diversa índole,
que se realizan en la diócesis o desde el Departamento de Ministerios Ordenados de
la Conferencia Episcopal de Colombia.
d. Dimensión pastoral
40
4.4.3.1. Descripción
Durante esta etapa, el diácono experimenta una mengua pronunciada en sus capacidades
físicas, biológicas y psicológicas y a la vez una especial sabiduría, fruto de un proyecto de
vida elaborado y trabajado con dedicación y sensatez. Podríamos decir esta es la etapa de la
madurez en el ministerio, en la que el diácono desarrolla su misión con absoluta libertad y
responsabilidad, además de proyectar su serena y justa jubilación.
4.4.3.2. Características
En lo familiar se vive la experiencia de ser abuelos, es una oportunidad para seguir edificando
y armonizando la vida familiar. En el servicio pastoral hay una mayor madurez, ya que se es
más consciente de lo que puede y no puede realizar, además de contar con una vasta
experiencia. En lo laboral ha entrado a la etapa de la pensión, hay un cambio en los horarios
y actividades que habitualmente realiza. La jubilación laboral le permite contar con mayor
tiempo para desarrollar su vida familiar y pastoral, favoreciendo una nueva relación de mayor
cercanía con sus seres queridos, especialmente su esposa, y también para asumir más
compromisos en su ministerio. Durante este periodo cumple los 75 años, entrando así a la
emeritud en el servicio ministerial.
Durante esta etapa debe estar atento ante amenazas tales como:
b. Dimensión espiritual
c. Dimensión intelectual
d. Dimensión pastoral
42
4.4.4. Cuarta etapa
4.4.4.1. Descripción
Es el tiempo de lograr la integridad, a fin de mirar los años vividos con gratitud, recogiendo
y ofreciendo a los demás la sabiduría lograda en la vida.
4.4.4.2. Características
Es un momento oportuno para dar gracias a Dios Padre por la vida y servicio que han
realizado estos hermanos en la Iglesia diocesana, reconociéndole personal y públicamente el
gran bien que han hecho. En esta etapa, es importante resaltar la experiencia de vida, de
familia, de ministerio de estos diáconos y sus esposas.
Durante esta etapa se debe estar atento ante amenazas tales como:
El aislamiento.
El deterioro de la salud física y mental.
La desesperanza.
El ir quedando solo.
El querer perpetuarse en cargos y servicios en la comunidad.
Se debe fortalecer durante estos años:
43
4.4.4.3. Indicadores en las dimensiones de la formación
b. Dimensión espiritual
Acentúa la experiencia de encuentro con Cristo, con una oración más prolongada y
gratuita.
Favorece una preparación espiritual que le permite ir alegremente al encuentro del
Padre.
Mantiene el acompañamiento espiritual y la vida sacramental.
Realiza un servicio orante junto a su esposa, por la Iglesia y las necesidades del
mundo.
c. Dimensión intelectual
44
d. Dimensión pastoral
Promueve una sana transición hacia el ministerio más libre, sin tantas actividades y
con menos compromisos establecidos.
Abre espacios donde pueda compartir su experiencia con diáconos más jóvenes o en
las escuelas diaconales.
Valora efectiva y cordialmente el aporte que ha realizado a la Iglesia.
Participa en la medida de sus posibilidades en las reuniones del colegio diaconal.
Colabora en el acompañamiento de las nuevas Comunidades de Vida Diaconal.
Con este capítulo buscamos delinear algunos aspectos generales, de orden práctico y jurídico,
que se deben tener en cuenta a la hora de elaborar el proyecto diocesano para el diaconado
permanente. Estas notas solo recogen algunas de las directrices de la Iglesia universal y del
directorio para el diaconado permanente en Colombia. Los Señores Obispos, legislarán lo
pertinente a este ministerio en la Iglesia, de acuerdo a la realidad y circunstancias de sus
diócesis.
Es importante recordar que la instauración del diaconado permanente, exige crear las
estructuras necesarias para la formación y el acompañamiento de la experiencia, el
nombramiento del delegado diocesano para este servicio y, si la diócesis cuenta con escuela
diaconal, el nombramiento de director junto con un equipo idóneo para impartir la formación.
45
El equipo nombrado para este servicio pastoral, debe elaborar un proyecto formativo para el
diaconado permanente, teniendo en cuenta las orientaciones formativas, emanadas por la
Conferencia Episcopal de Colombia. Para tal fin, se deben tener presente las distintas etapas
que debe realizar un hombre, casado, esposo y padre que aspira al ministerio diaconal: el
discernimiento inicial (pastoral vocacional) la formación inicial (vivida en tres etapas con un
mínimo de cinco años) y la formación permanente (o el ejercicio del ministerio diaconal,
desarrollada en cuatro etapas), descritas en las orientaciones para el diaconado permanente
en Colombia.
El diácono permanente hace parte del clero, en el tercer grado del ministerio del orden, se
integra en la vida diocesana en el orden de los diáconos y con sus compañeros en el ministerio
forma el colegio diaconal en el que se colaboran entre sí, en el ejercicio de su ministerio y en
espíritu de comunión.
Para admitir a un candidato se han de tener en cuenta los signos de una sólida espiritualidad
conyugal que les permita integrar: vida familiar, compromiso apostólico, armonía en el hogar
y testimonio evangelizador para la comunidad. 31
“Antes de que el candidato sea promovido al ministerio diaconal, es necesario que haya
recibido y ejercido durante un tiempo conveniente, los ministerios del lectorado y acolitado,
para preparase mejor a las futuras funciones de la Palabra y del Altar. Estos ministerios exigen
la debida preparación doctrinal, correspondiente a lo que significa la diaconía profética y
cultual”.35
31 35
Cfr. Normas y directorio para el diaconado permanente en Colombia, n. 82. 2003 (En adelante NDDPC)
Cfr. Ibid, n. 86-87
46
en la que manifieste su deseo libre y voluntario, además del conocimiento cierto de las
implicaciones del ministerio que va a ejercer en nombre de la Iglesia. 32
5.1.4. Incardination
El Obispo diocesano al designar al diácono en un oficio pastoral, otorga las debidas licencias
ministeriales para ejercer dicho servicio. Estas se garantizan con el documento firmado por
el Obispo, en el que se determina el lugar, el oficio y el tiempo prudente para hacer la
renovación de las licencias ministeriales.
Es importante recordar:
“El estatuto del diácono comporta un conjunto de obligaciones y derechos específicos, a tenor
de los cánones 273-283 del código de derecho canónico con las peculiaridades allí previstas
para los diáconos”,34 entre otros:
El estilo de vida sobrio y simple: “El diácono es invitado a vivir un estilo de vida
sobrio que se abra a la cultura del dar y favorecer una generosa caridad fraterna”. 39
Sobre el hábito eclesiástico: “los diáconos no están obligados a llevar el hábito
eclesiástico. Es el ordinario del lugar quien decide si lo lleva o no”.35
32
Cfr. Ibid, n. 86
33
Cfr. Código de derecho canónico, C. 266 (En adelante CIC)
34 39
NDDPC, n. 128
Ibid n. 135.
35
Ibid, n. 135
47
En cuanto a sus funciones litúrgicas, debe utilizar los ornamentos propios de la
dignidad de su ministerio, de modo pulcro y austero, evitando la ostentación y la falta
de sencillez.
Derecho a asociarse: “la Iglesia reconoce el derecho a los diáconos de asociarse, con
el fin de favorecer su vida espiritual, la formación permanente, las obras de caridad
y piedad”.36
Participación en asociaciones y agrupaciones: “a los diáconos, como a los otros
clérigos, no les está permitida la fundación, la adhesión y la participación en
asociaciones o agrupaciones de cualquier género, incluso civiles, incompatibles con
el estado clerical o que obstaculicen el diligente cumplimiento de su ministerio o que
vayan en detrimento de la plena comunión con la jerarquía de la iglesia o que
acarreen daños a la identidad de los diáconos y al cumplimiento de sus deberes. 37
El poder civil: “el diácono no está obligado a privarse de aceptar cargos públicos
que conllevan una participación en el ejercicio de la potestad civil, que, si bien no
deben ser buscadas, dadas las condiciones propias de nuestra sociedad, requiere un
cuidadoso discernimiento para cada caso, permaneciendo el diácono sujeto a las
disposiciones de su Obispo”.38
Alejarse de la diócesis: “el diácono, por norma, para alejarse de la diócesis por un
tiempo mayor de tres meses deberá tener autorización del propio Obispo”.40
El proceso formativo inicial tiene su principio unificador en la vida espiritual del diácono
permanente; tanto a nivel personal como familiar y durante toda su vida, debe mantener vivo
el espíritu de la oración, que se expresa en: la participación diaria en la Eucaristía, el rezo de
la Liturgia de las Horas, la práctica diaria de la oración personal, la frecuencia en el
sacramento de la penitencia, la participación de los retiros espirituales, la devoción a la Virgen
36
Ibid, n. 136
37
Cfr, Ibid, n. 137
38
Ibid, n. 139
39
Ibid, n 141
40
Ibid, n.142
48
y otros medios de santificación. Así mismo, el diácono permanente debe contar con su
director espiritual.
Las obligaciones del diácono permanente, de fidelidad y obediencia al Obispo, también están
debidas al pueblo santo de Dios, al que sirve en santidad y fidelidad al querer del Señor.
El diácono, prometiendo obediencia al Obispo, asume como modelo a Jesús, obediente por
excelencia (cf. Fil 2, 5-11), sobre cuyo ejemplo caracterizará la propia obediencia en la
escucha cf. Heb. 10, 5ss; Jn 4, 34) y en la radical disponibilidad (cf. Lc 9, 54ss; 10, 1ss).
“La mayoría de los diáconos vivirán ordinariamente de su propio trabajo civil. Sin embargo,
cuando sean invitados a limitar la actividad de su profesión civil para dedicarse al ministerio
a tiempo parcial, sin recibir de otra fuente retribución económica, el Obispo proveerá a su
economía familiar en la medida en que fuese necesario. Pero quienes por ejercer o haber
ejercido una profesión civil, ya reciben una remuneración, deben proveer a sus propias
necesidades y a las de su familia con las rentas provenientes de tal remuneración”.48
Para la ordenación diaconal, se debe verificar que el candidato tenga seguridad social y el
bienestar económico necesario para sostener su vida y la de su familia. Los párrocos, dentro
del espíritu de fraternidad sacramental y de acuerdo a las circunstancias propias, asistan a las
necesidades de los diáconos, que con ellos cooperan en el ministerio pastoral. 43
41
Ibid, n. 129
42 48
Cfr. Ibid, n. 132
Ibid, n. 143
43
Cfr, Ibid, n. 144
49
5.2.6. El apoyo económico a la labor pastoral del diácono
El ejercicio del ministerio pastoral del diácono, exige en la mayoría de los casos unos gastos
relacionados con su movilización, compra de materiales, gastos propios en sectores
parroquiales o pastorales especializadas; estos recursos deben ser proveídos por la parroquia
y justificados contablemente por el diácono en el ejercicio de su ministerio.
La fuerza del testimonio evangeliza y trasmite vivamente los valores propios del evangelio.
El diácono está llamado a transparentar en su vida tanto personal, familiar y comunitaria el
valor de la oración, la entrega a Dios, el seguimiento a Cristo, la sabiduría adquirida por la
meditación y predicación de la Palabra, la caridad viva y operante mediante las obras de
misericordia, su participación sencilla y asertiva en la liturgia de la Iglesia.
Cuando el diácono predica, le corresponde observar que ejerce una de las funciones más
enriquecidas del ministerio, y por lo tanto debe hacerlo con total entrega, denotando una
conducta irreprochable, que lo identifique con el compromiso adquirido en la ordenación.
Para tal efecto, debe prepararse ante todo con el estudio cuidadoso de la Sagrada Escritura,
de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia, de la liturgia y de las costumbres de la Iglesia.
Su compromiso es invitar a todos los fieles a la conversión, a la comprensión del Evangelio
y a la búsqueda de la santidad.
Durante el proceso formativo inicial, debe asumir con gran responsabilidad el estudio del
directorio homilético, la preparación de sus predicaciones y de la catequesis. En el ejercicio
de su ministerio debe evitar cualquier tipo de improvisación, al contario orar la Palabra y
preparar cuidadosamente la predicación, especialmente la del domingo.
En común acuerdo con el párroco, determinará los tiempos y lugares para ejercer el ministerio
de la predicación, sin olvidar que este ministerio es mucho más amplio, pues la difusión de
50
la Palabra de Dios, está presente en todas las acciones pastorales que realiza el diácono
permanente.44
El diácono debe observar las normas propias de los santos misterios con tal devoción que
lleve a los fieles a una consciente participación, que fortalezca su fe, de culto a Dios y
santificación de la Iglesia.
Al diácono compete ayudar al Obispo y a los presbíteros en las celebraciones litúrgicas, por
eso45:
El diácono recibe el sacramento del orden, para servir en calidad de ministro de la caridad en
función de la santificación de la comunidad cristiana a la que sirve, en comunión con el
Obispo y el presbiterio diocesano.
En el ministerio de la caridad, los diáconos deben configurarse con Cristo Servidor, al cual
representan.
44
Cfr. Ibid, n. 148
45
Cfr. Ibid, n. 149-156
46
Cfr. Ibid, n. 157-159
51
En la oración de ordenación, el Obispo pide para ellos a Dios Padre: “Estén llenos de toda
virtud: sinceros en la caridad, premurosos hacia los pobres y los débiles, humildes en su
servicio... sean imagen de tu Hijo, que no vino para ser servido sino para servir”.
Los diáconos con su ejemplo y predicación, hacen que todos los fieles se unan a Cristo, para
ponerse al servicio de todos los hermanos en la solidaridad y la ayuda a los más necesitados.
La caridad siempre tiene un sujeto que la práctica y un sujeto que la recibe. Así como el hecho
de que la caridad no es solamente entregar elementos físicos, para cubrir las necesidades
físicas de un ser humano; la caridad, también se realiza cuando imploras por las necesidades
del mundo, cuando nos unimos en oración por las necesidades de la Iglesia universal, el
diácono es garante de esta plegaria sentida de la Iglesia.
52