Tipos y Conceptos de Memoria Neuropsicológica
Tipos y Conceptos de Memoria Neuropsicológica
Tema
4
Memoria
Autor:
Jesús
Martínez
Esquema
del
tema:
1) Concepto
de
memoria
2) Tipos
de
memoria
a) Memoria
sensorial
b) Memoria
a
corto
plazo
(o
memoria
inmediata)
i) De
la
memoria
a
corto
plazo
a
la
memoria
a
la
de
trabajo
ii) Implicaciones
educativas
de
la
memoria
de
trabajo
iii) Correlatos
anatómicos
de
la
memoria
de
trabajo
c) Memoria
a
largo
plazo
d) Subtipos
de
memoria
a
largo
plazo
i) Memoria
reciente
y
remota
ii) Memoria
declarativa
y
memoria
no-‐declarativa
(1) Memorias
declarativas:
episódica
y
semántica
(2) Memorias
no
declarativas:
procedimental,
priming
y
condicionamiento
clásico
iii) Procesos
implicados
en
la
memoria
a
largo
plazo
(1) Registro
de
la
información
(a) Nivel
de
atención
dispensada:
atención
compartida
(b) Nivel
de
procesamiento
(2) Retención
de
la
información
(a) Consolidación
de
la
información
(b)
Reorganización
de
la
información
(3) Recuperación
de
la
información
(a) Profundidad
del
registro
y
recuperación
(b) El
contexto
del
registro
y
de
la
recuperación
(c) Interferencias
durante
la
fase
de
recuperación
(d) El
efecto
de
la
evaluación
iv) Problemas
o
trastornos
de
la
memoria
(a
largo
plazo)
(1) Síndrome
amnésico
“Hay
que
haber
empezado
a
perder
la
memoria,
aunque
sea
sólo
a
retazos,
para
darse
cuenta
de
que
esta
memoria
es
lo
que
constituye
toda
nuestra
vida.
Una
vida
sin
memoria
no
sería
vida...
Nuestra
memoria
es
nuestra
coherencia,
nuestra
razón,
nuestra
acción,
nuestro
sentimiento.
Sin
ella,
no
somos
nada...
(Viene
por
fin
la
amnesia
retrógrada,
que
puede
borrar
toda
una
vida,
como
le
sucedió
a
mi
madre...
)
LUIS
BUÑUEL
Este
fragmento
conmovedor
y
aterrador
de
las
memorias
de
Buñuel
plantea
interrogantes
fundamentales...
clínicos,
prácticos,
existenciales,
filosóficos:
¿qué
género
de
vida
(si
es
que
alguno),
qué
clase
de
mundo,
qué
clase
de
yo
se
puede
preservar
en
el
individuo
que
ha
perdido
la
mayor
parte
de
la
memoria
y,
con
ello,
su
pasado
y
sus
anclajes
en
el
tiempo?
Estas
palabras
de
Buñuel
me
hicieron
pensar
en
un
paciente
mío
en
el
que
se
ejemplifican
concretamente
esos
interrogantes
[…]”
[Sacks
(1987)
Pág.
44,
en
el
capítulo
titulado
“El
marinero
perdido”]
1)
CONCEPTO
DE
MEMORIA
Cuando
hablamos
de
memoria
nos
referimos
a
la
capacidad
para
registrar,
almacenar
y
recuperar
información.
Sin
memoria,
no
sería
posible
el
aprendizaje
y
viviríamos
atrapados
en
un
presente
continuo.
Cada
vez
que
despertáramos
experimentaríamos
un
sobresalto,
pues
no
reconoceríamos
ni
los
lugares,
ni
1
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
las
personas
de
nuestro
entorno,
ni
dispondríamos
de
experiencia
personal
para
hacer
frente
a
las
demandas
del
ambiente.
El
estudio
científico
de
la
memoria
se
inicia
en
la
segunda
mitad
del
siglo
XIX
con
los
trabajos
del
psicólogo
alemán
Ebbinghaus.
También
a
finales
de
este
mismo
siglo,
pero
en
los
Estados
Unidos,
otro
psicólogo
William
James,
diferencia
entre
la
memoria
primaria
y
la
memoria
secundaria,
refiriéndose
justamente
a
lo
que
años
después
se
llamarían
memoria
a
corto
y
largo
plazo.
Pero
fue
a
mediados
del
siglo
XX
cuando
se
produjo
una
auténtica
revolución
en
este
terreno.
La
revolución
en
nuestra
concepción
de
la
memoria
vino
con
el
trabajo
de
Brenda
Milner1,
una
psicóloga
británica
que
emigra
a
Canadá
y
que
en
los
años
50
(del
siglo
XX)
tiene
la
oportunidad
de
estudiar
a
un
paciente
que
había
sido
sometido
a
una
operación
de
neurocirugía.
El
paciente
en
cuestión
responde
a
las
iniciales
de
H.M.
y
es
internacionalmente
conocido.
Este
paciente
sufría
múltiples
crisis
epilépticas
parciales
cada
día
y
una
crisis
generalizada
a
la
semana,
a
pesar
de
la
medicación
anticonvulsiva
que
recibía.
La
electroencefalografía
había
revelado
que
el
origen
(el
foco)
de
la
epilepsia
residía
en
la
profundidad
de
ambos
lóbulos
temporales.
Concretamente,
en
una
estructura
denominada
hipocampo.
En
ese
momento
ya
se
habían
practicado
con
éxito
operaciones
de
extirpación
unilateral
del
hipocampo
para
tratar
este
tipo
de
epilepsia.
La
novedad
residió
en
que
la
operación
de
H.M.
implicó
extirpar
el
hipocampo
en
ambos
lóbulos
temporales.
La
operación
fue
exitosa
en
relación
con
las
crisis,
que
se
controlaron
casi
por
completo,
pero
tras
ella
apareció
un
trastorno
severo
de
la
memoria
que
hoy
conocemos
como
amnesia
o
síndrome
amnésico.
El
resto
de
las
funciones
cognitivas
del
paciente
no
se
afectaron.
Su
percepción,
su
lenguaje
e
incluso
su
cociente
intelectual
(CI)
no
se
vieron
afectados
por
la
operación.
Solo
su
memoria,
o
mejor,
algunos
aspectos
de
su
memoria.
La
tarea
de
Milner
fue
desentrañar
el
puzzle,
separar
los
aspectos
de
la
memoria
que
se
habían
afectado
y
los
que
permanecieron
intactos
y,
a
partir
de
ahí,
tratar
de
entender
cómo
está
organizada
la
memoria
en
nuestro
cerebro.
Buena
parte
de
los
subtipos
de
memoria
que
vamos
a
presentar
ahora,
derivan
del
intento
de
explicar
las
capacidades
de
memoria
preservadas
y
alteradas
en
este
paciente
y
en
otros
que,
por
otras
razones
(esta
operación
nunca
más
se
llevó
a
cabo),
experimentaron
el
mismo
síndrome
amnésico.
2)
TIPOS
DE
MEMORIA
A
finales
de
los
años
60
Atkinson
y
Shiffrin
presentan
un
modelo
de
memoria
basado
en
tres
subtipos
o
tres
almacenes
conectados
en
serie
entre
sí
(Atkinson
y
Shiffrin,
1968)
(ver
Fig.
1).
El
primero
de
ellos
es
la
memoria
sensorial,
el
segundo
es
la
memoria
a
corto
plazo
y
el
tercero
la
memoria
a
largo
plazo.
En
las
páginas
siguientes
vamos
a
presentar
los
aspectos
que
consideramos
más
interesantes
de
cada
uno
de
ellos.
a)
Memoria
Sensorial
La
memoria
sensorial
es
el
almacén
que
recibe
la
información
de
los
sistemas
sensoriales
y
es
capaz
de
retenerla
durante
un
breve
espacio
de
tiempo.
A
parecer,
disponemos
de
una
memoria
sensorial
en
cada
uno
de
los
sentidos,
si
bien
las
más
estudiadas
son
la
memoria
sensorial
visual
(o
memoria
icónica)
y
la
sensorial
auditiva
(o
memoria
ecoica).
En
estos
dispositivos
se
retiene
la
información
aún
sin
procesar
semánticamente,
y
manteniendo
las
características
físicas
del
estímulo.
En
el
caso
de
la
memoria
icónica
la
información
perdura
menos
de
un
segundo
y
en
el
caso
de
la
ecoica,
menos
de
cuatro
segundos.
Si
la
información,
que
recibe
alguno
de
estos
almacenes,
es
objeto
de
nuestra
atención
consciente,
entonces
el
contenido
de
dicha
memoria
pasa
a
la
memoria
a
corto
plazo.
Si
no
es
así,
su
contenido
se
pierde.
Figura
1.
Modelo
de
que
relaciona
los
tres
principales
subtipos
de
memoria.
[A
partir
de
Atkinson
y
Shiffrin
(1968)].
2
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
b)
Memoria
a
corto
plazo
(o
memoria
inmediata)
El
segundo
de
los
almacenes
del
modelo
de
Atkinson
y
Shiffrin
(1968)
es
el
de
la
memoria
a
corto
plazo.
Para
justificar
la
inclusión
de
este
tipo
de
memoria,
estos
autores
recurren
a
las
evidencias
procedentes
de
pacientes
con
lesiones
cerebrales.
En
concreto,
citan
la
preservación
de
este
tipo
de
memoria
en
H.M.,
el
paciente
descrito
por
Milner
unos
años
antes.
La
prueba
clásica
para
evaluar
este
tipo
de
memoria
es
la
prueba
de
Dígitos
que,
como
es
sabido,
consiste
en
repetir
una
serie
de
números
que
se
presentan
oralmente
a
ritmo
de
uno
por
segundo2.
La
mayoría
de
los
autores
al
referirse
a
esta
memoria
a
corto
plazo
subrayan
la
idea
de
que
la
información
contenida
en
ella
está
accesible
a
la
conciencia
de
un
modo
inmediato,
sin
un
esfuerzo
especial.
De
ahí
el
sinónimo
utilizado
a
veces
de
memoria
inmediata
para
referirse
a
esta
memoria
a
corto
plazo.
En
realidad,
cuando
hablamos
de
esta
memoria,
estamos
hablando
de
información
que
no
ha
abandonado
la
conciencia.
En
los
años
50,
George
Miller
puso
de
relieve
que
este
almacén
tiene
una
capacidad
limitada.
En
concreto
esta
memoria
es
la
que
nos
permite
retener
y
repetir,
por
término
medio,
7
±
2
dígitos
o
unidades
de
información
inconexas.
Él
lo
llamó
el
mágico
número
7.
Además
de
tener
una
capacidad
limitada,
este
almacén
dispone
de
un
límite
temporal
breve.
En
concreto
la
información
en
él
contenida
puede
mantenerse
durante
15
o
20
segundos
en
condiciones
ideales.
Es
decir,
si
no
hay
interferencias.
Es
el
tiempo
que
dura
un
número
de
teléfono,
si
no
nos
despistan,
ni
nos
hacen
hablar
y
si
no
hacemos
nada
por
repetirlo
en
alto
o
subvocalmente
(estrategias
de
repaso).
La
estrategia
de
repetir
la
información
una
y
otra
vez
(por
ej.,
el
número
de
teléfono)
no
solo
logra
que
se
mantenga
durante
más
tiempo
en
la
memoria
a
corto
plazo,
sino
que
también
posibilita
que
pueda
codificarse
y
pasar
a
un
almacén
más
estable,
la
memoria
a
largo
plazo.
Pero
antes
de
hablar
de
la
memoria
a
largo
plazo
vamos
a
hablar
de
la
memoria
de
trabajo.
i)
De
la
memoria
a
corto
plazo
a
la
memoria
de
trabajo
La
memoria
de
trabajo
es
un
concepto
que
fue
introducido
en
la
década
siguiente
(1970)
por
Baddeley
y
colaboradores
con
el
fin
de
dar
cuenta
de
algunos
hechos
que
no
podían
ser
explicados
por
el
modelo
de
Atkinson
y
Shiffrin
sobre
la
memoria
a
corto
plazo.
Entre
estos
hechos
destacan
dos
que
describimos
a
continuación.
En
primer
lugar,
el
modelo
de
Atkinson
y
Shiffrin
es
un
modelo
de
conexión
en
serie
(ver
Figura
1),
en
el
que
la
memoria
a
corto
plazo
es
la
puerta
de
entrada
necesaria
para
acceder
a
la
memoria
a
largo
plazo.
Este
tipo
de
acceso
o
conexión
en
serie
no
explica
el
hecho
de
que
existan
pacientes
con
afectaciones
severas
de
la
memoria
a
corto
plazo,
que
sigan
almacenando
contenidos
con
normalidad
en
la
largo
plazo.
En
segundo
lugar,
el
concepto
de
almacén
único
de
la
memoria
a
corto
plazo,
no
explica
algunos
datos
experimentales
obtenidos
de
sujetos
neurológicamente
normales
que
sugieren
que
podemos
retener
información
en
dicho
almacén
(por
ej.,
una
serie
de
6
a
8
dígitos
que
debieran
de
saturar
la
memoria)
y
todavía
ser
capaz
de
llevar
a
cabo
simultáneamente
otro
tipo
de
operaciones
mentales
como
razonar
o
calcular.
Por
ejemplo,
determinar
si
la
“letra
A
va
detrás
de
la
letra
B”,
sin
olvidar
la
secuencia
de
6
u
8
números
de
la
serie
previamente
presentada.
Si
se
tratara
de
un
único
almacén
y
este
estuviera
ya
lleno,
ocupado
de
retener
el
máximo
de
dígitos
que
puede
albergar
(los
6
u
8
números),
no
sería
aún
capaz
de
realizar
nuevas
operaciones
mentales
y
no
olvidar
los
números.
Lo
que
proponen
Baddeley
y
Hitch
(1974),
para
solucionar
estos
hechos
no
explicados,
es
transformar
el
concepto
pasivo
de
memoria
a
corto
plazo
por
otro
más
dinámico
donde
se
pueden
llevar
a
cabo
operaciones,
además
de
retener
información
durante
un
breve
espacio
de
tiempo.
Este
almacén
es
la
memoria
de
trabajo.
Esta
memoria
consiste
en
un
dispositivo
que
nos
permite
no
solo
retener
información
y
devolverla
un
instante
después,
sino
que
nos
permite
operar
o
realizar
procesos
en
ella.
La
memoria
de
trabajo
es
el
espacio
en
el
cual
llevamos
a
cabo
operaciones
o
cálculos
mentales.
Piensa
en
la
siguiente
tarea.
“Te
voy
a
dar
tres
números.
Tendrás
que
sumar
los
dos
primeros
y
multiplicar
el
resultado
por
el
tercero.
Los
números
son
4,
5,
3”.
Lógicamente
esta
operación
efectúa
sin
lápiz
ni
papel.
El
soporte
en
el
que
se
almacenan
los
números,
las
operaciones
a
realizar
y
los
resultados
de
las
mismas,
y
el
control
de
la
propia
tarea
depende
de
los
distintos
componentes
de
la
memoria
de
trabajo.
Para
llevar
a
cabo
los
cálculos,
recurrirás
con
toda
probabilidad
a
la
memoria
a
largo
plazo
de
donde
recuperarás
hechos
almacenados
y
consolidados
con
la
práctica.
Por
ej.,
“5
+
4
=
9”,
“9
x
3
=
27”.
Tal
como
se
desprende
de
este
ejemplo
y
se
muestra
en
la
Figura
2,
esta
memoria
de
trabajo
es
un
sistema
un
poco
más
complejo
que
el
concepto
de
memoria
a
corto
plazo
y
consta
de
tres
elementos:
un
gestor
o
Administrador
Central
y
dos
almacenes
subsidiarios,
uno
Fonológico
y
otro
Visoespacial.
3
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
2.
Modelo
de
Baddeley
y
Hitch
(1974)
sobre
la
memoria
de
trabajo.
[A
partir
de
Baddeley
(1992)]3
El
almacén
fonológico,
también
conocido
como
bucle
fonológico,
es
un
almacén
que
nos
permite
retener
información
verbal
durante
un
breve
espacio
de
tiempo.
Se
corresponde
básicamente
con
lo
que
hemos
descrito
antes
como
memoria
a
corto
plazo
en
el
modelo
de
Atkinson
y
Shiffrin.
Tal
como
hemos
señalado
antes,
tiene
una
capacidad
de
almacenamiento
limitada
(en
torno
a
7
unidades
de
información
fonológica
inconexas)
y
puede
mantener
la
información
durante
un
tiempo
también
limitado
(en
torno
a
15-‐20
segundos)
si
no
hay
interferencias
de
nueva
información
fonológica
entrante.
Para
superar
el
límite
de
capacidad
usamos
estrategias
de
agrupamiento
o
de
formación
de
paquetes
o
chunks.
Todos
tenemos
la
experiencia
de
ser
capaces
de
repetir
una
frase
(que
acabamos
de
leer
o
nos
dice
otra
persona)
de
más
de
siete
o
nueve
palabras
sin
ninguna
dificultad.
Prueba
con
esta
que
es
especialmente
larga.
Presta
atención.
Léela
una
sola
vez
y
trata
de
repetirla:
“Si
no
hacemos
nada
por
evitarlo,
los
gases
de
efecto
invernadero
acabarán
con
muchas
especies
de
nuestro
planeta”.
Sin
embargo,
si
colocamos
esas
mismas
palabras
al
azar,
la
tarea
se
complica
y
las
posibilidades
de
retener
(repetir)
más
de
8
o
9
palabras
en
el
orden
correcto
disminuyen
drásticamente.
Prueba
con
esta
lista
de
palabras:
“no
efecto
nuestro
de
los
hacemos
invernadero
gases
con
Si
muchas
acabarán
por
especies
nada
evitarlo
de
planeta”.
Nuestra
capacidad
para
efectuar
este
tipo
de
agrupamientos
significativos
depende
directamente
de
nuestra
familiaridad
con
ese
tipo
de
información
o
material.
Si
probamos
a
repetir
una
frase
de
más
de
9
palabras
en
una
segunda
lengua
que
no
dominemos
del
todo,
veremos
las
consecuencias
de
las
dificultades
para
formar
chunks
o
unidades
significativas.
Este
hecho
pone
de
relieve
la
relación
directa
que
existe
entre
nuestra
memoria
a
largo
plazo
(donde
reside
nuestro
conocimiento
de
la
lengua)
y
nuestra
memoria
de
trabajo.
Una
variable
adicional
que
modula
la
cantidad
de
elementos
que
somos
capaces
de
retener
en
este
almacén
es
la
longitud
de
los
estímulos.
A
mayor
longitud
de
los
estímulos,
menos
estímulos
somos
capaces
de
retener.
No
es
lo
mismo
repetir
la
secuencia
“mesa,
cabo,
lobo,
jefe,
pipa”
que
repetir
“alcantarilla,
electricidad,
adolescencia,
espectáculo,
renacimiento”.
Al
parecer
la
variable
clave
no
es
el
número
de
letras
o
de
sílabas
de
la
palabra,
sino
el
tiempo
que
tardamos
en
articularla.
En
nuestra
lengua
esta
variable
está
muy
relacionada
con
el
número
de
letras,
pero
esto
no
es
así
en
todas
las
lenguas.
Una
variable
adicional
que
modula
la
eficiencia
del
funcionamiento
de
este
almacén
fonológico
es
el
grado
de
similitud
o
disparidad
fonológica
entre
los
estímulos.
Aunque
los
estímulos
se
presenten
por
escrito,
las
listas
fonológicamente
más
cercanas
son
más
difíciles
de
retener
que
las
visualmente
más
cercanas.
Así,
resulta
más
fácil
recordar
la
secuencia
“dar,
sol,
mis,
tul,
ves”
que
la
secuencia
“pan,
mar,
dan
van,
san”.
Prueba
a
recordarlas
con
una
sola
lectura.
Además,
cuando
se
producen
errores
en
este
tipo
de
tarea,
estos
tienden
a
afectar
a
estímulos
con
fonemas
cercanos
(/ma/-‐/pa/),
no
a
estímulos
cuyas
letras
son
similares
visualmente
(ha
-‐
na;
TA
-‐
FA).
Es
importante
señalar
que
aunque
los
estímulos
sean
palabras,
el
significado
tiene
aquí
un
papel
escaso
o
nulo
cuando
las
palabras
se
presentan
al
azar.
Sin
embargo,
esta
misma
variable
se
torna
esencial
para
efectuar
chunks
o
paquetes
significativos
y
para
pasar
la
información
a
la
memoria
a
largo
plazo.
Para
superar
el
límite
temporal
de
los
15-‐20
segundos,
usamos
la
repetición
subvocal,
de
modo
consciente
y
explícito
de
la
información.
Si
no
hemos
usado
esta
estrategia
de
repaso
de
modo
explícito
y
aparece
nueva
información
fonológica
que
ocupa
ese
almacén,
entonces
las
posibilidades
de
olvidar
la
información
anterior
se
disparan.
Sabemos
que
este
almacén
fonológico
es
muy
sensible
a
las
interferencias
generadas
por
nueva
información
fonológica
entrante.
Por
ejemplo,
el
mero
hecho
de
escuchar
de
fondo
un
material
verbal
irrelevante
(y
supuestamente
no
atendido),
como
por
ej.,
una
conversación
o
las
noticias
de
la
radio,
altera
significativamente
nuestra
capacidad
para
retener
información
en
este
almacén.
Este
fenómeno,
que
se
denomina
efecto
del
habla
no
atendida.
La
interpretación
inicial
de
estos
hechos
era
que
4
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
el
material
verbal
irrelevante
estaba
ocupando,
al
menos
parcialmente,
este
almacén
fonológico
que
estamos
empleando
para
la
otra
tarea.
Ahora
bien,
experimentos
recientes
revelan
que
la
emisión
de
música
o
simples
tonos
podría
también
interferir
con
el
rendimiento
de
este
almacén,
lo
cual
hace
pensar
que
podría
haber
también
un
factor
atencional
por
medio
(Baddeley,
2003;
Weisz
y
Schlittmeier,
2006).
El
almacén
visoespacial
es
el
otro
almacén
de
que
disponemos
en
la
memoria
de
trabajo
para
colocar
información
y,
en
su
caso,
poder
operar
con
ella.
Como
el
propio
nombre
indica
la
información
que
maneja
este
almacén
es
de
tipo
visual
y
espacial.
Este
es
el
almacén
que
empleamos
para
tratar
de
seguir
mentalmente
una
ruta
sin
tener
un
plano
o
un
mapa
delante.
Todos
podemos
evocar
un
entorno
urbano
familiar
y
tratar
de
recorrer
mentalmente
las
calles.
En
este
caso
lo
que
estamos
haciendo
es
traer
de
nuestra
memoria
a
largo
plazo
esta
información
a
nuestra
memoria
de
trabajo
o
almacén
visoespacial.
La
prueba
clásica
que
se
emplea
para
valorar
este
tipo
de
memoria
son
los
Cubos
de
Corsi.
A
diferencia
del
ejemplo
anterior,
en
los
Cubos
de
Corsi
no
está
implicada
la
memoria
a
largo
plazo.
La
tarea
consiste
en
pedir
al
sujeto
que
reproduzca
una
serie
de
toques
que
el
examinador
va
llevando
a
cabo
sobre
unos
cubos
situados
al
azar
sobre
un
tablero
(ver
Figura
3).
Análogamente
a
la
tarea
de
Dígitos
de
la
memoria
a
corto
plazo,
se
empieza
con
series
de
dos
toques
(por
ej.,
4,
2)
y
se
van
incrementado
sucesivamente
los
cubos
tocados
en
cada
ensayo.
Debe
quedar
claro
que
los
números
son
una
guía
para
que
el
examinador
sepa
qué
secuencia
de
toques
debe
realizar.
El
sujeto
no
ve
los
números.
Por
término
medio,
somos
capaces
de
reproducir
un
número
de
toques
que
equivale
a
la
secuencia
más
larga
que
somos
capaces
de
repetir
en
la
prueba
de
Dígitos
menos
dos.
Es
decir,
el
span
o
abanico
visoespacial
suele
ser
igual
al
span
verbal
menos
dos.
Figura
3.
La
prueba
de
Cubos
de
Corsi
permite
valorar
la
capacidad
del
almacén
visoespacial
de
la
memoria
de
trabajo.
Otro
ejemplo
de
actividad
donde
ponemos
en
acción
este
tipo
de
memoria
es
en
el
juego
del
ajedrez.
Recordar
las
posiciones
que
ocupan
las
distintas
piezas
en
el
tablero
y
los
movimientos
de
las
mismas
en
las
distintas
jugadas
o
tratar
de
anticipar
los
movimientos
en
una
partida,
requiere
de
este
tipo
de
memoria.
En
un
experimento
ya
clásico
de
los
años
70
(Chase
y
Simon,
1973),
se
presentaron
a
tres
grupos
de
sujetos,
durante
5
segundos,
una
veintena
de
piezas
colocadas
sobre
el
tablero.
La
tarea
consistía
en
recordar
tantas
piezas
y
posiciones
como
fuera
posible.
Los
tres
grupos
de
sujetos
estaban
integrados
respectivamente
por
maestros,
jugadores
con
nivel
intermedio
y
principiantes.
A
cada
jugador
se
le
presentaban
dos
tableros
(en
dos
momentos
distintos):
un
tablero
tenía
las
veintitantas
piezas
en
posiciones
reales
de
partida
y
el
otro
tenía
las
mismas
piezas
distribuidas
al
azar.
Los
resultados
revelan
que
con
las
piezas
en
posición
de
partida,
los
conocimientos
del
ajedrez
son
esenciales
para
determinar
cuántas
fichas
se
pueden
colocar
sobre
el
tablero.
En
esta
condición,
los
maestros
colocan
16,
los
de
nivel
intermedio
8
y
los
principiantes
4.
¿Cuando
se
enfrenten
al
tablero
con
las
mismas
piezas
repartidas
al
azar,
la
situación
será
igual
o
distinta?
¿Seguirán
teniendo
ventaja
los
maestros?
Trata
de
adivinar
el
resultado,
antes
de
ver
la
nota
4
del
final
de
este
capítulo
y
de
razonar
el
porqué
del
mismo
(ver
Tarea
4.5
al
final
de
este
tema).
El
administrador
central
es
el
auténtico
gestor
del
sistema.
Es
el
componente
más
importante,
pero
el
menos
comprendido
del
sistema.
Es
en
sí
mismo
un
espacio
de
trabajo,
pero
es
también
quién
lleva
a
cabo
las
operaciones
o
manipulaciones
sobre
la
información
almacenada
y
quien
decide
si
se
debe
colocar
parte
de
la
información
en
alguno
de
los
otros
dos
almacenes
y
en
cuál
de
ellos.
Es,
en
definitiva,
quien
lleva
a
cabo
el
trabajo
y
está
muy
cercano
al
concepto
de
sistema
ejecutivo
(ver
Tema
6)
o
de
las
funciones
5
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
atribuidas
a
las
áreas
terciarias
en
el
bloque
III
de
Luria
(ver
Tema
1).
Para
poner
de
manifiesto
su
acción
se
usan
clásicamente
pruebas
en
las
que
el
sujeto
debe
llevar
a
cabo
simultáneamente
dos
tareas,
que
requieren
hacer
uso
de
la
memoria
de
trabajo,
siendo
una
de
naturaleza
audio-‐verbal
y
la
otra
viso-‐
espacial
(ver
Cuadro
de
texto
1
y
Figura
4).
Cuadro
de
texto
1
Retener
una
secuencia
de
órdenes
verbales
y
ser
capaz
de
llevarlas
a
cabo
en
un
entorno
espacial
conocido,
pero
que
también
debe
ser
evocado
de
memoria,
es
un
ejemplo
de
tarea
que
pone
en
juego
el
sistema
de
memoria
de
trabajo
al
completo.
Imagina
que
caminas
por
la
calle
X
del
centro
de
tu
ciudad
o
pueblo
y
que
lo
haces
en
una
dirección
determinada.
Por
ejemplo,
hacia
el
sur.
Las
órdenes
podrían
ser
las
siguientes:
“caminarás
recto
en
dirección
sur,
hasta
la
primera
calle
que
salga
a
tu
derecha.
Luego
cogerás
la
tercera
calle
a
la
izquierda.
Luego
tomarás
la
segunda
calle
a
la
derecha”.
Como
retener
toda
esta
información
verbal
puede
ser
complejo,
comprendida
la
tarea,
la
orden
se
puede
simplificar
a
una
versión
menos
exigente,
desde
el
punto
de
vista
de
la
memoria
verbal.
Por
ej.
“Recto-‐sur.
Primera-‐derecha.
Tercera-‐
izquierda.
Segunda-‐derecha”
o
esta
otra
versión
menos
exigente
para
la
memoria
de
trabajo
“Sur.
1-‐D.
3-‐I.
2D”.
Con
esta
orden
in
mente
(sin
tener
que
leerla
más
veces),
se
ha
de
intentar
seguir
el
itinerario
y
llegar
al
punto
correcto,
sin
disponer
de
más
mapa
que
el
que
puedas
“descargarte”
(evocar)
en
tu
memoria
de
trabajo
visoespacial
desde
tu
memoria
a
largo
plazo.
La
tarea
en
este
caso
implica
seguir
las
instrucciones
y
coordinar
al
mismo
tiempo
la
acción
de
los
almacenes:
el
fonológico
con
las
instrucciones
verbales
y
el
visoespacial
con
el
plano
de
tu
ciudad
para
llevarlas
a
cabo.
Esta
coordinación
o
gestión,
la
lleva
a
cabo
el
administrador
central
de
la
memoria
de
trabajo.
La
complejidad
de
este
tipo
de
tareas
depende
de
la
carga
de
memoria
fonológica
que
haya
que
arrastrar
y
de
la
facilidad
o
dificultad
para
evocar
el
entorno
espacial
desde
la
memoria
a
largo
plazo
visoespacial
hacia
el
almacén
visoespacial
de
la
memoria
de
trabajo.
Una
tarea
más
sencilla
propuesta
por
Baddeley
(2013)
es
intentar
contar
mentalmente
las
ventanas
de
vuestro
domicilio.
En
este
caso
la
carga
de
memoria
fonológica
es
mínima
(requiere
recordar
el
último
dígito
de
la
cuenta).
La
carga
de
memoria
espacial
depende
del
tamaño
y
número
de
ventanas
de
nuestra
casa.
Como
comprobará
el
lector,
llevar
a
cabo
este
tipo
de
tareas
conlleva
hacer
uso
de
una
función
que
no
hemos
mencionado
hasta
ahora,
pero
que
resulta
esencial
en
para
el
buen
desarrollo
de
las
mismas:
la
atención.
Para
que
la
memoria
de
trabajo
alcance
sus
niveles
óptimos
en
cada
persona,
requiere
de
niveles
atencionales
óptimos
también.
Un
ejemplo
típico
de
memoria
de
trabajo
nos
lo
proporciona
el
test
de
la
Figura
4.
Figura
4.
Ejemplo
de
test
que
permite
evaluar
la
memoria
de
trabajo.
Para
poder
evaluar
tu
memoria
de
trabajo
deberás
hacer
una
ventana
rectangular
en
un
papel
de
modo
que
solo
puedas
leer
una
línea.
Explicación
en
el
texto.
[A
partir
de
Smith
y
Kosslyn,
2006]
La
tarea
consiste
en
determinar
si
la
operación
es
correcta
o
no
y,
a
continuación,
leer
la
palabra
de
la
derecha
y
memorizarla.
Hay
que
pasar
con
cierta
rapidez
de
línea
a
línea
y
sin
hacer
trampas.
Cuando
hayas
acabado
todas
las
líneas
deberás
tratar
de
recordar
las
palabras.
El
número
de
palabras
que
logres
recordar
será
una
estimación
de
tu
memoria
de
trabajo.
Lo
habitual
es
recordar
2
o
3.
Muy
pocas
personas
llegan
a
6.
Como
habrás
podido
comprobar,
ejecutar
esta
tarea
sin
estar
en
condiciones
óptimas
desde
el
punto
de
vista
atencional,
conducirá
inexorablemente
a
niveles
más
pobres
de
memoria
de
trabajo
que
en
6
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
condiciones
atencionales
ideales.
No
en
vano,
este
gestor
o
administrador
central
se
considera
también
equivalente
al,
denominado
por
algunos
autores,
Sistema
Atencional
Supervisor.
ii)
Implicaciones
educativas
de
la
memoria
de
trabajo
Hemos
comentado
antes
que
un
adulto
que
pierde,
por
una
lesión
cerebral,
prácticamente
su
memoria
a
corto
plazo
puede
seguir
almacenando
información
a
largo
plazo.
Sabemos
también
que
estas
personas,
no
ven
afectada
seriamente
su
capacidad
para
comprender
el
lenguaje
oral
(salvo
que
las
frases
sean
muy
largas),
ni
su
capacidad
para
comprender
un
texto
escrito.
Tal
es,
por
ejemplo,
el
caso
de
algunos
afásicos
de
conducción
(ver
el
tema
correspondiente
a
las
Afasias
de
este
curso).
El
hecho
de
que
el
lenguaje
sea
muy
redundante
y
de
que
el
paciente
aproveche
las
claves
contextuales,
minimiza
las
repercusiones
en
la
vida
diaria
de
estos
déficit
de
memoria
de
trabajo
sobre
la
comprensión
oral
y
escrita.
Ahora
bien,
una
cosa
es
que
en
un
adulto
con
un
trastorno
adquirido
de
la
memoria
de
trabajo
no
se
anule
por
completo
la
comprensión
oral
o
lectora,
y
otra
que
estas
variables
(memoria
de
trabajo
y
comprensión)
no
tengan
relación
entre
sí
en
su
desarrollo
o
evolución.
A
continuación
vamos
a
presentar
algunos
de
los
datos
sobre
la
relación
entre
la
memoria
de
trabajo
y
la
comprensión
lectora
y
la
adquisición
del
vocabulario
en
la
infancia.
En
relación
con
la
comprensión
lectora
hay
varios
estudios
que
revelan
que
existe
una
correlación
significativa
y
positiva5
en
la
infancia
entre
los
niveles
de
memoria
de
trabajo
y
la
comprensión
lectora
(véase
por
ej.,
Daneman,
1987;
Daneman
y
Merikle,
1996).
Es
decir,
que
los
niños
con
mejores
niveles
de
memoria
de
trabajo
tienen
más
probabilidades
de
disponer
de
buenos
niveles
de
comprensión
lectora.
La
memoria
de
trabajo
constituye,
por
tanto,
un
buen
predictor
de
la
comprensión
lectora
(ver
Cuadro
de
texto
2).
Cuadro
de
texto
2
El
primer
test
de
memoria
de
trabajo
(similar
al
descrito
en
la
Figura
4)
se
lo
debemos
a
Daneman
y
Carpenter
(1980).
Estos
autores
diseñaron
un
test
en
el
que
un
grupo
de
universitarios
debían
leer
unas
frases
a
su
ritmo
y,
al
mismo
tiempo,
tratar
de
recordar
la
palabra
final
de
cada
frase
(palabra
crítica).
Las
frases
tenían
entre
13
y
16
palabras
y
todas
terminaban
en
una
palabra
distinta.
Dos
ejemplos
son
las
frases
siguientes:
-‐
Cuando
por
fin
se
abrieron
sus
ojos,
no
había
destello
de
triunfo,
ni
sombra
de
ira.
-‐
El
taxi
giró
en
la
Avenida
Michigan
donde
tenían
una
espléndida
vista
del
lago.
Lo
interesante
de
esta
investigación
es
que
mostró
que
la
memoria
de
trabajo
fonológica
(el
número
de
palabras
críticas
recordadas
al
leer
este
tipo
de
frases)
correlacionaba
de
modo
significativo
con
el
nivel
de
comprensión
lectora
de
cada
sujeto.
Dicho
de
otro
modo,
permitía
predecir
el
nivel
de
comprensión
lectora.
La
correlación
era
positiva,
lo
que
quiere
decir,
que
las
personas
con
mejor
memoria
de
trabajo
obtenían
mejores
puntuaciones
en
comprensión
lectora.
Esta
correlación
significativa
no
se
halló
entre
la
prueba
de
Dígitos
(descrita
antes
al
hablar
de
la
memoria
a
corto
plazo)
y
la
comprensión
lectora.
Más
interesante
aún,
la
significación
de
la
correlación
también
se
mantenía
cuando
la
estimación
de
la
memoria
de
trabajo
se
hacía
con
frases
que
se
presentaban
oralmente
para
que
el
sujeto
las
repitiera
(sin
tener
que
leerlas).
Se
pone
así
de
manifiesto
que
el
efecto
de
la
memoria
de
trabajo
sobre
la
comprensión
lectora,
no
depende
de
que
se
evalúe
la
memoria
de
trabajo
mediante
una
prueba
de
lectura.
Una
línea
independiente
de
investigaciones
ha
puesto
de
relieve
la
relación
entre
la
memoria
de
trabajo
fonológica
y
la
adquisición
del
vocabulario.
En
este
sentido,
los
datos
parecen
indicar
que
el
nivel
de
actuación
del
bucle
fonológico
(evaluado
mediante
la
capacidad
para
repetir
pseudopalabras)
predice
en
los
niños
la
adquisición
de
nuevos
términos
en
su
lenguaje
oral
(ver
Cuadro
de
texto
3).
La
hipótesis
sostenida
por
algunos
autores
es
que
la
memoria
de
trabajo,
en
particular
el
bucle
fonológico,
habría
evolucionado,
no
tanto
para
asistir
a
la
comprensión
oral
del
lenguaje
familiar,
sino
para
permitirnos
incorporar
nuevo
vocabulario
(Baddely,
2003;
Smith
y
Kosslyn,
2006).
Aunque
esta
hipótesis
sobre
el
7
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
origen
de
la
memoria
de
trabajo
fonológica
fuera
cierta,
eso
no
invalida
en
absoluto
el
que
pueda
participar
en
otras
tareas
distintas
a
esta.
Cuadro
de
texto
3
Baddeley,
Papagno
y
Vallar
(1988)
estudian
a
una
paciente
italiana
(PV)
que
tras
una
lesión
cerebral,
provocada
por
un
accidente
cerebro
vascular,
desarrolla
un
trastorno
severo
del
almacén
fonológico.
Su
capacidad
para
repetir
palabras
o
dígitos
estaba
reducida
a
un
solo
elemento.
En
varios
experimentos
comparan
su
actuación
con
un
grupo
de
sujetos
de
control.
En
uno
de
los
experimentos
(gráfica
izquierda)
se
pone
de
relieve
que
la
capacidad
de
PV
para
asociar
pares
de
palabras
entre
sí
es
estrictamente
normal.
Por
ejemplo,
es
capaz
de
asociar
sin
problemas
manzana
con
petirrojo
(manzana-‐petirrojo),
presentadas
oralmente
en
su
lengua
materna,
el
italiano.
Sin
embargo,
en
un
segundo
experimento
encuentran,
también
con
presentación
auditiva
de
los
estímulos,
que
PV
es
completamente
incapaz
de
asociar
palabras
conocidas
con
pseudopalabras
(por
ej.,
asociar
manzana
con
svieti).
Su
actuación
muestra
que
tras
varios
intentos,
no
logra
aprender
ni
una
sola
pareja
en
esta
segunda
tarea
(línea
continua
en
la
gráfica
derecha,
apenas
perceptible
porque
se
solapa
con
el
eje
de
abscisas).
Cuando
el
experimento
se
repite
con
entrada
visual
(palabras
escritas)
los
resultados
mejoran,
pero
siguen
estando
muy
por
debajo
de
lo
normal
(no
mostrado
en
las
gráficas
anteriores).
Los
autores
concluyen
que
el
almacén
fonológico
de
la
memoria
es
importante
para
aprender
nuevo
material
verbal,
pero
no
es
esencial
para
formar
asociaciones
significativas
entre
palabras
ya
existentes
en
el
vocabulario.
iii)
Correlatos
anatómicos
de
la
memoria
de
trabajo
Los
datos
sobre
la
topología
lesional
de
los
pacientes
con
problemas
en
la
memoria
de
trabajo
ponen
de
relieve
que
existen
regiones
cerebrales
concretas
que
participan
en
cada
uno
de
los
componentes
del
sistema.
Cuando
se
afecta
el
componente
fonológico
las
lesiones
suelen
encontrarse
en
el
hemisferio
izquierdo.
Más
concretamente,
aparecen
implicadas
una
parte
del
área
de
Wernicke
y
la
circunvolución
supra-‐marginal
como
sede
las
redes
de
neuronas
que
soportan
el
almacén
fonológico
(AF
en
la
Figura
5).
Aparecen
también
otras
regiones
vinculadas
al
componente
de
repaso
articulatorio
propio
de
este
almacén
(RA
en
esta
Fig.
5).
La
región
parieto-‐occipital
del
hemisferio
derecho
y
la
región
témporo-‐
occipital
izquierda
aparece
vinculada
con
el
almacén
visoespacial
(AV).
Así
mismo,
aparecen
regiones
de
los
lóbulos
parietal
y
frontal
derechos
relacionadas
con
el
repaso
visoespacial
(RV).
Finalmente,
el
gestor
o
administrador
central
(AC)
se
altera
cuando
hay
lesiones
en
las
regiones
prefrontales
de
ambos
hemisferios.
8
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
5.
Regiones
corticales
que
parecen
participar
en
cada
uno
de
los
componentes
de
la
memoria
de
trabajo.
AF:
Almacén
Fonológico.
RA:
Repaso
Articulatorio.
AV:
Almacén
Visoespacial.
RV:
Repaso
Visoespacial.
AC:
Administrador
Central.
HI:
Hemisferio
Izquierdo.
HD:
Hemisferio
Derecho.
[A
partir
de
Baddeley
(2003)]
En
resumen,
las
áreas
perisilvianas6
del
lenguaje
(en
el
hemisferio
izquierdo)
están
al
servicio
del
almacén
fonológico;
regiones
parietales
y
frontales
derechas
se
hallan
vinculadas
al
almacén
visoespacial
y
regiones
prefrontales
de
ambos
hemisferios
al
administrador
central.
c)
Memoria
a
largo
plazo
Cuadro
de
texto
4
Imaginemos
que
estamos
manteniendo
una
conversación
con
alguien
sobre
un
tema
de
interés
mutuo.
Supongamos
que
es
una
afición
compartida.
El
almacén
fonológico
y
el
bucle
articulatorio
(AF
y
RA
respectivamente
en
la
Fig.
5)
de
la
memoria
de
trabajo
están
trabajando
a
pleno
rendimiento.
Sobre
este
sistema
de
memoria
vamos
integrando
proposiciones,
valiéndonos
de
nuestra
maquinaria
lingüística
(usando
sobre
todo
nuestros
sistemas
perceptivos
del
lóbulo
temporal
izquierdo).
Vamos
comprendiendo
lo
que
nos
dice
nuestro
interlocutor.
En
este
mismo
sistema
de
memoria
de
trabajo
vamos
elaborando
nuestra
línea
argumental,
valiéndonos
en
este
caso
de
la
maquinaria
productiva
del
lenguaje
(fundamentalmente
el
lóbulo
frontal
izquierdo).
Mientras
escuchamos
a
nuestro
colega,
o
mientras
nosotros
mismos
desarrollamos
una
idea,
el
resto
de
nuestro
sistema
cognitivo
está
también
activo
generando
asociaciones
con
los
contenidos
abordados
y
los
datos
almacenados
en
nuestra
memoria.
Entre
esas
asociaciones
ocasionalmente
surge
un
aspecto
que
nos
parece
interesante
mencionar
en
la
conversación
pero,
por
educación,
esperamos
a
que
nuestro
interlocutor
termine
su
argumento.
O
tal
vez
estábamos
hablando
nosotros,
pero,
por
coherencia
o
claridad
expositiva,
decimos
postergarlo
y
no
mencionarlo
de
inmediato.
La
conversación
continúa.
Ha
transcurrido
escasamente
un
minuto
desde
que
tuvimos
esa
asociación
o
idea
interesante
para
comentar,
pero
ya
la
hemos
olvidado.
Por
un
momento
estuvo
en
nuestra
memoria
de
trabajo
y
podríamos
haberla
desarrollado
sin
problemas
en
ese
instante,
pero
otra
información
entrante
en
el
sistema
nos
hizo
perderla.
Ya
no
está
en
nuestra
memoria
de
trabajo.
Ya
no
está
a
nuestro
alcance.
La
hemos
perdido.
Ahora
tendremos
que
hacer
un
esfuerzo
para
recuperarla.
¿Dónde
hemos
de
ir
a
buscar
esa
información?
¿Dónde
están
almacenados
los
contenidos
de
nuestra
memoria
que
evocaron
la
asociación
con
la
idea
interesante?
Todo
parece
indicar
que
la
respuesta
a
las
dos
preguntas
es
la
misma:
la
memoria
a
largo
plazo.
Este
es
precisamente
el
contenido
de
este
apartado.
Hasta
ahora
hemos
hablado
básicamente
de
la
memoria
de
trabajo.
Esa
memoria
de
capacidad
limitada,
que
está
accesible
a
nuestra
conciencia
sin
necesidad
de
hacer
un
esfuerzo
especial
y
que
puede
mantenerse,
en
condiciones
ideales
de
no
interferencia
durante
unos
15-‐20
segundos.
Ahora
hablaremos
de
la
memoria
a
largo
plazo.
Esta
memoria
es
de
capacidad
virtualmente
ilimitada,
sus
contenidos,
en
la
mayoría
de
los
casos,
requieren
de
un
esfuerzo
consciente
para
ser
evocados
y,
en
principio,
pueden
mantenerse
durante
toda
la
vida
del
individuo
(Tabla
1).
9
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Tabla
1.
Características
fundamentales
de
la
memoria
de
trabajo
y
de
la
memoria
a
largo
plazo.
*
Como
veremos
esta
afirmación
tiene
sus
excepciones.
Una
de
ellas
son
las
asociaciones
espontáneas
de
ideas,
como
la
descrita
en
el
Cuadro
de
texto
4.
Lo
que
acabamos
de
afirmar
está
muy
bien,
como
punto
de
partida,
para
hacernos
una
idea
de
qué
estamos
hablando
al
referirnos
a
la
memoria
a
largo
plazo.
En
la
práctica,
como
iremos
viendo
a
lo
largo
de
este
apartado,
estas
afirmaciones
sobre
la
memoria
a
largo
plazo
son
matizables.
Pero
para
poder
presentar
los
matices
hemos
de
presentar
primero
los
distintos
subtipos
de
memoria
a
largo
plazo
y
los
procesos
implicados
en
su
funcionamiento.
En
relación
con
lo
primero
(los
distintos
subtipos),
hablaremos
básicamente
de
memoria
reciente
–
remota;
declarativa
-‐
no-‐declarativa;
episódica
–
semántica;
explícita
–
implícita7.
En
relación
con
lo
segundo
(los
procesos),
hablaremos
de
las
fases
de
registro,
retención
y
recuperación
de
la
información.
d)
Subtipos
de
memoria
a
largo
plazo
Los
múltiples
subtipos
que
vamos
a
presentar
de
la
memoria
a
largo
plazo
(ya
un
subtipo
en
sí
misma)
podrían
parecer
a
primera
vista
una
muestra
de
erudición
que
tiene
por
objeto
complicar
la
vida
al
estudiante
de
este
tipo
de
materia.
Nada
más
lejos
de
la
realidad.
Los
distintos
subtipos
son
categorizaciones
dicotómicas
que
surgen
para
intentan
explicar
el
complejo
patrón
de
capacidades
preservadas
y
afectadas
en
los
pacientes
que,
como
H.M.,
el
paciente
descrito
al
inicio
de
este
capítulo,
sufren
amnesia.
Por
extensión,
es
pues
un
intento
de
describir
cómo
está
organizada
nuestra
memoria.
El
Cuadro
de
texto
5,
nos
muestra
otro
caso
de
amnesia,
Jimmie,
que
nos
da
una
idea
de
qué
estamos
hablando.
En
este
paciente,
la
amnesia
es
derivada
de
un
cuadro
de
alcoholismo
crónico.
Este
trastorno
recibe
el
nombre
de
síndrome
de
Korsakov.
La
primera
disociación
llamativa,
compartida
con
H.M.
y
con
todos
los
pacientes
con
síndrome
amnésico,
es
que
Jimmie
parece
recordar
sin
problemas
la
información
remota,
pero
no
la
reciente.
Y
esta
es
precisamente
la
primera
subdivisión
dicotómica
que
vamos
a
presentar.
i)
Memoria
reciente
y
remota
Cuando
hablamos
de
memoria
reciente,
nos
estamos
refiriendo
a
un
subtipo
de
memoria
a
largo
plazo,
no
podemos
olvidarlo.
Por
tanto,
estamos
hablando
de
recuerdos
que
ya
están
fuera
del
límite
temporal
máximo
(los
20
segundos
o
el
minuto
como
máximo)
de
la
memoria
de
trabajo,
pero
que
son
relativamente
recientes
en
el
tiempo.
Como
puede
apreciarse
en
el
relato
del
Cuadro
de
texto
5,
estos
recuerdos
están
muy
afectados
en
estos
pacientes.
Por
contraposición,
los
recuerdos
más
lejanos
en
el
tiempo
(los
remotos)
están
habitualmente
preservados.
El
estudio
de
este
tipo
de
pacientes
nos
ha
permitido
inferir
que
ciertas
estructuras
cerebrales
se
encargan
de
mantener8
el
primer
tipo
de
memoria
(la
memoria
reciente),
pero
que
no
son
necesarias
para
evocar
el
segundo
(las
memorias
remotas).
Casos
como
el
de
H.M.
y
Jimmie
nos
han
mostrado
que
la
memoria
reciente
depende
de
un
conjunto
de
estructuras
situadas
en
la
profundidad
de
cada
uno
de
los
hemisferios
cerebrales.
Nos
referiremos
a
ellas
como
circuitos
témporo-‐mediales
o
témporo-‐diencefálicos.
De
estas
estructuras
el
hipocampo
parece
desempeñar
un
papel
esencial.
Las
memorias
lejanas
o
remotas,
por
el
contrario,
están
almacenadas
en
la
corteza
cerebral
y
no
requieren
de
estos
circuitos
témporo-‐mediales
para
ser
evocadas.
El
límite
temporal
que
separa
las
memorias
recientes
de
las
remotas
no
está
claro.
Lo
que
sí
sabemos
es
que
cuanto
más
remoto
es
el
recuerdo
más
probabilidades
tiene
de
ser
evocado.
A
este
fenómeno
por
el
cual
se
recuerda
mejor
lo
remoto
que
lo
reciente
se
le
ha
denominado
también
en
la
literatura
gradiente
temporal
o
Ley
de
Ribbot.
10
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Cuadro de texto 5
“Era una persona simpática, muy dispuesta a hablar y a contestar cualquier pregunta que le hiciesen. Me dijo su nombre, su
fecha de nacimiento y el nombre del pueblecito de Connecticut donde había nacido. Lo describió con amoroso detalle, llegó
incluso a dibujarme un plano. Habló de las casas donde había vivido su familia... aún recordaba sus números de teléfono.
Habló de la escuela y de su época de escolar, de los amigos que había tenido y de su especial afición a las matemáticas y a la
ciencia. Habló con entusiasmo de su época en la Marina, tenía diecisiete años, acababa de terminar el bachiller, cuando lo
reclutaron en 1943. Dado su talento para la ingeniería era un candidato «natural» para la radiofonía y la electrónica, y
después de un curso intensivo en Texas pasó a ocupar el puesto de operador de radio suplente en un submarino. Recordaba
los nombres de varios submarinos en los que había servido, sus misiones, dónde estaban estacionados, los nombres de sus
camaradas de tripulación. Recordaba el código Morse y aún era capaz de manejarlo y de mecanografiar al tacto con
fluidez.
Una primera parte de la vida plena e interesante, recordada con viveza, con detalle, con cariño. Pero sus recuerdos, por alguna
razón, se paraban ahí. Recordaba, y casi revivía, sus tiempos de guerra y de servicio militar, el final de la guerra, y sus
proyectos para el futuro. […]
Se apoderó de mí una sospecha súbita, improbable.
—¿En qué año estamos, señor G.? —pregunté, ocultando mi perplejidad con una actitud despreocupada.
—En cuál vamos a estar, en el cuarenta y cinco. ¿Por qué me lo pregunta? —Luego continuó—: Hemos ganado la guerra,
Roosevelt ha muerto, Truman está al timón. Nos aguarda un gran futuro.
—Y usted, Jimmie ¿qué edad tiene?
Su actitud era extraña, insegura, vaciló un instante. Parecía estar haciendo cálculos.
—Bueno, creo que diecinueve, doctor. Los próximos que cumpla serán veinte.
Al mirar a aquel hombre de pelo canoso que tenía ante mí, tuve un impulso que nunca me he perdonado... era, o habría sido,
el colmo de la crueldad si hubiese habido alguna posibilidad de que Jimmie recordase.
—Mire —dije, y empujé hacia él un espejo—. Mírese al espejo y dígame lo que ve. ¿Es ese que lo mira desde el espejo un
muchacho de diecinueve años?
Palideció de pronto, se aferró a los lados de la silla.
—Dios Santo —cuchicheó. Dios mío, ¿qué es lo que pasa? ¿Qué me ha sucedido? ¿Será una pesadilla? ¿Estoy loco? ¿Es una
broma?
Parecía frenético, aterrado.
—No se preocupe, Jimmie —dije tranquilizándolo—. Es sólo un error.
No hay por qué preocuparse. ¡Venga!
Lo llevé junto a la ventana.
—Verdad que es un maravilloso día de primavera —le dije—. ¿Ve aquellos chicos que hay allí jugando al béisbol?
Recuperó el color y empezó a sonreír y yo me escabullí llevándome aquel espejo odioso.
Volví dos minutos después. Jimmie aún seguía junto a la ventana, mirando muy contento a los chicos que jugaban al béisbol
abajo. Se volvió cuando abrí la puerta y su expresión era alegre.
—¡Hola, doctor! —dijo— ¡Bonita mañana! Quiere usted hablar conmigo... ¿Me siento en esta silla?
No había indicio alguno de reconocimiento en su expresión franca y abierta.
—¿No nos hemos visto antes, señor G.? —pregunté despreocupadamente.
—No, que yo sepa. Menuda barba que tiene. ¡A usted no lo olvidaría, doctor!
—¿Por qué me llama doctor?
—Bueno, lo es usted, ¿no?
—Sí, pero si no nos hemos visto antes, ¿cómo sabe que lo soy?
—Es que usted habla como un médico. Se ve que es un médico.
—Bueno, tiene usted razón, lo soy. Soy el neurólogo de aquí.
—¿Neurólogo? Vaya, ¿tengo algún problema nervioso? Y dice usted «aquí»... ¿dónde estamos? ¿qué es este lugar?
—Precisamente iba a preguntárselo yo... ¿dónde cree usted que está?
—Veo esas camas y esos pacientes por todas partes. A mí me parece que esto es una especie de hospital. Pero, qué demonios,
qué podría estar haciendo yo en un hospital... y con tanta gente mayor, mucho más vieja que yo. Yo me encuentro bien, estoy
fuerte como un toro. A lo mejor trabajo aquí... ¿Trabajo aquí? ¿Cuál es mi trabajo?... No, mueve usted la cabeza, veo en sus
ojos que no trabajo aquí. Si no trabajo aquí me han metido aquí. ¿Soy un paciente y estoy enfermo y no lo sé, doctor? Es una
locura, da miedo... ¿Es una broma en realidad?
—¿No sabe usted lo que pasa? ¿No lo sabe usted de veras? ¿Se acuerda de que me habló de su infancia, de que se crió en
Connecticut, de que trabajó como radiotelegrafista en submarinos? ¿No recuerda que me explicó que su hermano tiene
relaciones con una chica de Oregón?
—Sí, sí, tiene usted razón en lo que dice. Pero eso no se lo conté yo, no le había visto a usted en mi vida. Debe haber leído
cosas de mi en mi ficha.”
Sacks (1987)
11
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
En
el
caso
concreto
de
H.M.,
sabemos
que
la
extirpación
bilateral
del
hipocampo
le
provocó
una
amnesia
total
para
los
últimos
2
años,
pero
que
afectaba
aproximadamente
a
los
11
años
previos
a
la
operación
(Corkin,
1984,
2002).
Es
decir,
su
amnesia
retrógrada
(pérdida
de
recuerdos
desde
el
momento
de
la
lesión
hacia
atrás
en
el
tiempo)
afectaba
a
un
periodo
de
11
años.
En
los
pacientes
en
los
que
como
en
H.M.
se
ha
producido
una
lesión
bilateral
extensa,
que
ha
hecho
desaparecer
el
hipocampo,
existe
siempre
una
amnesia
retrógrada
de
duración
variable
(ver
Spiers
et
al.
2001).
El
modelo
más
extendido
sobre
la
organización
de
la
memoria
a
largo
plazo
sugiere
que
el
hipocampo
sería
clave
para
soportar
y/o
dar
acceso
a
las
memorias
a
largo
plazo
recientes.
Posteriormente,
estos
recuerdos
pasarían
a
depender
solo
de
la
corteza
cerebral
y
podrían
ser
evocados
en
ausencia
del
hipocampo.
Han
dado
el
paso
a
la
memoria
remota.
ii)
Memoria
declarativa
y
memoria
no-‐declarativa
Por
memoria
declarativa
entendemos
aquella
memoria
que
hace
referencia
a
contenidos
que
son
fácilmente
declarables
o
verbalizables.
Se
trata
de
memorias
sobre
hechos
o
acontecimientos
a
los
que
habitualmente
tenemos
un
acceso
consciente
y
explícito.
La
memoria
declarativa
incluye
la
memoria
episódica
y
la
semántica.
Se
da
la
circunstancia
de
que
estas
memorias
dependen
directamente
del
hipocampo
y
sus
circuitos
(circuitos
temporomediales
y
diencefálicos,
en
la
Figura
6).
Dicho
de
otro
modo,
las
lesiones
bilaterales
que
afectan
seriamente
a
estas
estructuras
hacen
desaparecer
el
acceso
a
las
memorias
declarativas
del
periodo
de
amnesia
retrógrada
y
dificultan
seriamente
la
incorporación
de
nuevos
recuerdos
episódicos
o
semánticos
a
partir
del
momento
de
la
lesión
(amnesia
anterógrada).
La
memoria
declarativa
suele
contraponerse
a
la
memoria
no-‐declarativa
que,
a
su
vez,
hace
referencia
a
un
grupo
heterogéneo
de
memorias
que
tienen
en
común
el
hecho
de
que
el
acceso
a
sus
contenidos
no
es
consciente
o
explícito,
sino
implícito.
Como
puede
apreciarse
en
la
Figura
6,
la
memoria
no-‐declarativa
incluye
la
memoria
procedimental,
el
priming
y
el
condicionamiento
clásico.
Dado
que
ninguna
de
estas
memorias
depende
del
hipocampo,
todas
ellas
están
preservadas
en
las
personas
con
síndrome
amnésico.
Figura
6.
Distintos
subtipos
de
la
memoria
a
largo
plazo
y
estructuras
de
la
que
dependen.
[A
partir
de
Squire
(2004)]
(1)
Memorias
declarativas:
episódica
y
semántica
Tal
como
hemos
descrito
antes,
la
memoria
episódica
y
la
memoria
semántica
se
pueden
considerar
dos
formas
de
memoria
declarativa.
Ambas
comparten
el
hecho
de
que
sus
contenidos
son
verbalizables
con
facilidad
y
su
acceso
es
explícito
o
consciente.
Veamos
en
qué
consisten.
12
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Memoria
episódica
La
memoria
episódica
es
una
memoria
de
sucesos
autobiográficos.
En
definitiva,
de
acontecimientos
que
podemos
situar
en
un
eje
o
contexto
espacio-‐temporal.
Sabemos
dónde
sucedió
tal
o
cual
suceso
y
aproximadamente
cuándo
tuvo
lugar.
Todos
tenemos
múltiples
recuerdos
que
forman
parte
de
nuestra
historia
personal
que
son
memorias
episódicas.
Tu
primer
día
de
escuela
o
de
universidad,
qué
hiciste
el
verano
pasado
o
qué
cenaste
anoche
y
con
quién,
son
ejemplos
de
memorias
episódicas.
Memoria
semántica
La
memoria
semántica
es
la
memoria
para
los
hechos
y
para
nuestro
conocimiento
sobre
el
mundo
y
las
cosas.
En
ella
se
incluyen
los
contenidos
académicos,
o
nuestro
conocimientos
sobre
cómo
funcionan
las
cosas.
Pero
se
trata
de
informaciones
o
contenidos
desligados
del
contexto
espacio-‐temporal
en
que
los
adquirimos.
Es
decir,
no
necesariamente,
recordamos
cuándo,
ni
dónde
lo
aprendimos.
Saber
que
una
jirafa
es
un
mamífero
de
la
sabana
africana
o
que
Rabat
es
la
capital
de
Marruecos,
son
dos
contenidos
almacenados
en
la
memoria
semántica,
pero
recordar
la
primera
vez
que
vimos
una
jirafa
o
recordar
el
momento
en
que
estudiamos
por
primera
vez
las
capitales
africanas,
son
dos
memorias
episódicas.
Si
recordara
el
día
en
que
vi
por
primera
vez
una
jirafa,
porque
me
impresionó
su
altura
y
el
día
en
que
estudié
las
capitales
africanas,
porque
sucedió
algo
singular,
entonces
alrededor
de
estos
contenidos
dispondría
tanto
de
una
memoria
semántica
(la
parte
conceptual
del
recuerdo),
como
de
una
memoria
episódica
(la
parte
biográfica).
(2)
Memorias
no-‐declarativas:
procedimiental,
priming
y
condicionamiento
clásico
Memoria
procedimental
La
memoria
procedimental
hace
referencia
a
todos
los
aprendizajes
habitualmente
descritos
también
como
habilidades,
por
su
importante
componente
perceptivo-‐motor.
Tareas
como
montar
en
bici,
nadar,
escribir
a
máquina,
hablar
o
atarnos
los
zapatos,
son
algunos
ejemplos.
Los
aprendizajes
procedimentales
se
caracterizan
porque
para
llevarlos
a
cabo,
no
basta
con
una
explicación
verbal
o
teórica.
Es
esencial
el
componente
práctico
para
poder
dominarlos.
La
conciencia
interviene
de
un
modo
explícito
durante
la
formación
de
estas
memorias,
cuando
todo
es
novedoso,
pero
una
vez
automatizadas
se
llevan
a
cabo
sin
un
acceso
consciente
a
buena
parte
de
nuestras
respuestas
motoras.
De
hecho,
cuanta
menos
consciencia
aplicamos
a
las
distintas
partes
de
la
tarea,
mejor
la
llevamos
a
cabo.
La
maquinaria
cerebral
que
subyace
a
estos
aprendizajes
no
requiere
del
hipocampo.
Incluye
regiones
corticales
motoras
que
sabemos
desarrollan
nuevas
sinapsis
a
medida
que
se
progresa
en
el
dominio
de
la
tarea
(Banich,
2004).
Así
mismo,
implica
a
los
núcleos
o
ganglios
de
la
base
y
otros
centros,
considerados
tradicionalmente
estructuras
del
sistema
motor
extrapiramidal9
como
el
estriado10
y
los
núcleos
extrapiramidales
del
tronco
del
encéfalo
y
el
cerebelo.
Trabajos
llevados
a
cabo
con
resonancia
magnética
funcional
revelan
que
las
estructuras
témporo-‐mediales
desempeñan
un
papel
(se
activan)
en
la
primera
parte
del
aprendizaje
de
algunas
tareas
procedimentales,
lo
que
se
supone
refleja
el
intento
por
parte
de
los
sujetos
de
memorizar
la
estructura
de
la
tarea.
A
medida
que
se
progresa
en
el
dominio
de
la
tarea,
esta
activación
disminuye
y
se
incrementa
la
activación
del
neoestriado
(Poldrack
et
al.,
2002).
Priming
El
priming,
es
un
fenómeno
curioso
e
interesante,
que
todos
experimentamos
a
diario,
que
se
pone
de
manifiesto
en
la
ventaja
que
tiene
lugar
al
procesar
un
estímulo,
cuando
previamente
nos
hemos
expuesto
a
dicho
estímulo
o
a
otro
estímulo
semánticamente
relacionado
con
él.
Si
tenemos
que
leer
una
palabra,
denominar
un
objeto
o
la
cara
de
una
persona,
y
medimos
los
milisegundos
que
tardamos
en
hacerlo
desde
que
aparece
el
estímulo
visual,
comprobaremos
que
lo
hacemos
más
rápido
si
antes
hemos
activado
ese
término
en
una
conversación
o
leyendo
o
denominando
el
mismo
estímulo
o
uno
semánticamente
relacionado
con
él.
Sea
por
ejemplo,
el
estímulo
una
foto
del
actor
Sean
Connery.
Activar
previamente
el
nombre
del
actor
(aunque
hayan
pasado
varios
minutos),
hace
que
denominarlo
después
sea
más
rápido.
Pero
el
priming
también
sucede
si,
antes
de
medir
lo
que
tardamos
en
denominar
el
estímulo
crítico
(la
foto
de
Sean
Connery),
hemos
activado
algún
término
semánticamente
relacionado
con
él.
Por
ejemplo,
si
hemos
activado
la
palabra
“Escocia”
o
el
título
de
alguna
película
en
la
que
sabemos
ha
participado.
El
priming
depende
de
la
integridad
de
la
corteza
cerebral
(cortezas
asociativas)
y
no
precisa
del
hipocampo,
ni
de
las
estructuras
témporo-‐mediales
con
él
relacionadas.
Tampoco
requiere
de
nuestra
voluntad,
ni
de
nuestro
esfuerzo
consciente
para
recordar.
Ni
siquiera
es
necesario
que
recordemos
haber
13
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
visto
o
procesado
el
estímulo
inicial
que
actúa
de
activador.
Podemos
haber
presentado
la
palabra
“Escocia”
durante
unos
pocos
milisegundos
y
no
ser
conscientes
de
haberla
visto
siquiera.
Lógicamente,
en
la
corteza
cerebral
debe
estar
la
asociación
entre
Sean
Connery
y
Escocia.
Si
desconocemos
su
procedencia
escocesa,
no
habrá
conexión
posible
que
facilite
el
priming
desde
el
término
“Escocia”
hacia
el
nombre
del
actor11.
Condicionamiento
clásico
Como
es
sabido
el
condicionamiento
clásico,
o
pauloviano,
consiste
en
la
asociación
de
un
estímulo
neutro
que
llamamos
estímulo
condicionado
(un
sonido
o
una
luz,
por
ej.)
con
un
estímulo
incondicionado
que,
en
sí
mismo
(biológicamente),
genera
una
respuesta
refleja,
la
respuesta
incondicionada.
Por
ej.,
el
reflejo
corneal
consiste
en
una
respuesta
refleja
(respuesta
incondicionada)
de
parpadeo
cuando
se
estimula
la
córnea
(la
capa
externa
del
ojo)
con
un
objeto
suave
o
con
un
chorro
súbito
de
aire
(estímulo
incondicionado).
Si
durante
una
serie
de
ensayos
asociamos
el
chorro
de
aire
con
un
estímulo
neutro
como
puede
ser
un
sonido
o
una
luz
(estímulo
condicionado),
finalmente
este
último,
por
sí
solo,
podrá
generar
la
respuesta
de
parpadeo
(respuesta
condicionada).
Estos
aprendizajes
dependiendo
del
reflejo
o
respuesta
biológica
implicados
requieren
de
distintas
conexiones
neuronales.
En
el
caso
del
reflejo
corneal
que
acabamos
de
describir,
sabemos
por
experimentos
llevados
a
cabo
con
conejos
que,
además
del
tronco
del
encéfalo,
podría
implicar
al
cerebelo.
La
mayor
parte
de
estos
aprendizajes
basados
en
el
condicionamiento
clásico
requieren
de
la
asociación
del
estímulo
condicionado
con
el
incondicionado
en
múltiples
ocasiones,
pero
esta
regla
tiene
sus
excepciones.
Cuando
lo
que
está
implicado
es
un
estímulo
que
provoca
miedo
intenso
o
hemos
comido
algo
que
nos
ha
hecho
daño,
con
cierta
frecuencia,
tiene
lugar
un
aprendizaje
por
condicionamiento
en
un
único
ensayo.
Una
sola
exposición
ha
sido
suficiente
para
que
el
estímulo
condicionado
genere
una
respuesta
de
pánico
o
aversión
hacia
esa
situación
o
hacia
el
sabor
de
ese
alimento.
En
este
caso,
es
la
amígdala12
quien
se
encarga
de
mediar
en
estos
aprendizajes
encaminados
a
la
supervivencia
del
individuo.
Este
es
el
mecanismo
por
el
cual
se
desarrollan
los
cuadros
de
estrés
postraumático
ante
situaciones
dramáticas
vividas,
por
ej.,
experiencias
de
guerra,
accidentes
de
tráfico,
violaciones,
etc.
Someternos
de
nuevo
a
cualquier
estímulo
neutro,
que
está
asociado
con
estas
situaciones
traumáticas,
desencadenará
la
respuesta
condicionada
y
las
emociones
y
el
cuadro
de
estrés
consiguiente.
Superarlo
requerirá,
en
la
mayoría
de
los
casos,
de
un
tratamiento
específico
llevado
a
cabo
por
personal
especializado.
iii)
Procesos
implicados
en
la
memoria
a
largo
plazo
Comprender
cómo
está
organizada
nuestra
memoria,
por
qué
en
ocasiones
nos
falla
y
en
otras
es
mucho
más
efectiva,
implica
conocer
no
solo
los
tipos
de
memoria
sino
también
los
procesos
o
mecanismos
que
ponemos
en
marcha
cuando
hacemos
uso
de
ella.
Habitualmente
estos
procesos
se
resumen
en
tres:
el
registro
o
codificación
de
la
información,
la
retención
y
consolidación
de
esta
información
y,
por
último,
la
recuperación
de
la
misma.
(1)
Registro
de
la
información
Parece
lógico
pensar
que
para
retener
y
recuperar
cualquier
tipo
de
información,
previamente
ha
de
haberse
registrado
convenientemente.
Buena
parte
de
las
dificultades
de
memoria
que
experimentamos
a
diario
tienen
que
ver
con
problemas
en
esta
primera
fase,
la
de
registro.
El
registro
de
la
información
está
mediatizado
por
diversas
variables
que
vamos
a
analizar
a
continuación.
Concretamente
vamos
a
hablar
del
papel
de
la
atención
y
del
nivel
de
profundidad
del
procesamiento
de
la
información
a
recordar.
(a)
Nivel
de
atención
dispensada:
atención
compartida
La
primera
de
estas
variables
a
las
que
hacíamos
referencia
es
la
atención.
Una
parte
importante
de
nuestra
actividad
cotidiana
está
integrada
por
tareas
o
actividades
con
un
importante
componente
automático.
Son
tareas
rutinarias,
que
hemos
efectuado
muchas
veces
y
que,
por
tanto,
podemos
llevar
a
cabo
con
una
mínima
atención
o
con
la
atención
centrada
en
otra
parte.
Piensa
por
ejemplo
en
la
situación
que
se
produce
cada
día
cuando
vuelves
a
casa
del
trabajo
o
de
la
universidad.
Habitualmente,
tenemos
un
protocolo
de
acciones
que,
si
lo
seguimos
sin
interrupciones,
nos
permite
ejecutarlo
con
facilidad
y
con
la
14
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
mente
ocupada
en
otras
cuestiones.
Ocasionalmente,
sin
embargo,
tenemos
in
mente
alguna
preocupación
o
problema
que
absorbe
de
modo
especial
nuestros
recursos
atencionales.
Estamos
muy
preocupados
por
ello
y
entramos
en
casa
con
la
rutina
habitual,
pero
absortos
en
nuestro
problema.
Algo
se
cruza
en
nuestra
rutina,
suena
el
teléfono,
por
ej.
y
en
lugar
de
ir
al
salón
a
dejar
las
llaves
o
las
gafas
al
lugar
habitual,
vamos
primero
a
la
cocina
que
está
más
cerca
para
atenderlo.
Ya
tenemos
todos
los
ingredientes
para
olvidar
o
perder
algo.
Tras
atender
la
llamada,
seguimos
dándole
vueltas
a
nuestro
problema
que
tanto
nos
preocupa.
Seguimos
con
nuestra
rutina,
nos
cambiamos
de
ropa
y,
por
alguna
razón,
después
de
un
rato
necesitamos
las
llaves
o
las
gafas,
pero…
¡Misterio!
Han
desaparecido.
Con
suerte,
las
encuentras
a
tiempo
y
tratas
de
pensar
cómo
han
llegado
hasta
ahí.
Realmente
no
eres
consciente
en
absoluto
de
haberlo
hecho
tu.
Pero
has
sido
tu,
porque
estás
solo
en
casa
y
no
puedes
pensar
que
lo
hizo
otra
persona.
Esta
situación,
u
otras
similares
por
las
que
todos
hemos
pasado
alguna
vez,
ilustran
a
la
perfección
el
papel
de
la
atención
en
la
memoria.
No
podemos
decir
que
no
estábamos
allí
cuando
tuvieron
lugar
los
hechos
que
hemos
olvidado,
porque
los
llevamos
a
cabo
nosotros
mismos.
Simplemente,
no
estábamos
atentos
mientras
ejecutábamos
estas
acciones
y,
por
tanto,
no
hemos
registrado
esta
información.
En
ocasiones,
la
situación
no
es
tan
extrema
y
simplemente
sucede
que
la
atención
se
reparte
entre
dos
tareas
distintas
que
compiten
por
ella
(atención
compartida).
En
la
vida
diaria
todos
tenemos
experiencia
de
situaciones
en
las
que
llevamos
a
cabo,
con
más
o
menos
éxito,
dos
tareas
simultáneamente.
Atender
el
teléfono
y
teclear
al
ordenador,
estudiar
y
estar
pendiente
del
móvil.
En
el
laboratorio,
el
experimento
típico
consiste
en
pedir
a
los
sujetos
que
memoricen
una
lista
de
palabras
mientras
tienen
que
llevar
a
cabo
una
tarea
adicional
como,
por
ej.,
responder
presionando
una
o
varias
teclas
lo
más
rápidamente
posible
ante
la
presencia
de
determinados
estímulos
en
la
pantalla
de
un
ordenador.
Los
diversos
experimentos
llevados
a
cabo
con
este
paradigma
ponen
de
relieve
que
cuanto
mayor
es
la
demanda
atencional
de
la
tarea
competidora,
peor
es
el
recuerdo
(Craik
et
al.,
1996;
Dudukovic
et
al.,
2009).
Así
mismo,
disponemos
de
evidencias
experimentales,
obtenidas
mediante
resonancia
magnética
funcional
(fRMN),
que
ponen
de
manifiesto
que
cuando
la
codificación
es
exitosa
y
la
atención
es
plena,
tiene
lugar
una
activación
en
determinadas
regiones
cerebrales
que
no
se
produce
cuando
la
atención
no
es
plena.
Concretamente,
se
activa
la
región
prefrontal
dorsolateral13
y
las
circunvoluciones
del
hipocampo
y
parahipocámpica.
La
activación
en
estas
áreas
durante
la
fase
de
registro,
sobre
todo
en
el
hemisferio
izquierdo,
permitía
predecir
el
éxito
en
el
recuerdo
posterior
de
los
distintos
ítems.
Es
decir,
si
durante
la
fase
de
estudio
de
la
información
se
activaban
estas
regiones
(porque
el
sujeto
les
prestaba
la
atención
adecuada),
aumentaba
significativamente
la
probabilidad
de
que
se
recordara
ese
estímulo
(Kensinger
et
al.,
2003).
(b)
Nivel
de
procesamiento
La
segunda
de
las
variables
que
vamos
a
presentar
en
relación
con
esta
fase
de
adquisición
o
registro
es
el
nivel
de
profundidad
del
procesamiento
de
la
información.
Hace
ya
de
40
años
Craik
y
Tulving
llevaron
a
cabo
una
serie
de
experimentos
que
revolucionaron
el
estudio
de
la
memoria
entonces
y
que
sigue
manteniéndose
como
una
aportación
sólida
hoy
día.
En
esencia,
los
experimentos
consistían
en
presentar
a
un
grupo
de
personas
unas
listas
de
palabras.
A
los
sujetos
se
les
informaba
de
que
se
pretendía
estudiar
la
percepción
y
el
tiempo
de
reacción.
En
cada
lista
de
palabras
se
pedía
a
los
participantes
que
llevaran
a
cabo
una
tarea
distinta.
Por
ej.,
en
uno
de
sus
experimentos
había
tres
niveles
de
procesamiento
que
centraban
la
atención
de
los
sujetos
en
aspectos
superficiales,
intermedios
o
profundos
(ver
Figura
7).
(a)
En
el
primer
nivel,
se
presentaba
una
serie
de
palabras
escritas
y
en
cada
palabra
se
les
planteaba
una
pregunta
que
iba
dirigida
hacia
aspectos
superficiales
de
las
palabras,
como
el
tipo
de
letra
(¿Está
escrita
la
palabra
con
mayúsculas
o
minúsculas?).
(b)
En
el
segundo
nivel,
las
preguntas
de
cada
palabra
iban
dirigidas
hacia
la
fonología
de
la
misma
(¿rima
la
palabra
presentada
con
tren?).
(c)
En
la
tercera
condición,
se
les
pedía
responder
a
preguntas
que
exigían
un
procesamiento
semántico
de
los
estímulos
(por
ej.
¿La
palabra
presentada
era
un
animal?).
Los
resultados
revelan
que
cuanto
más
profundo
es
el
nivel
de
procesamiento
llevado
a
cabo
en
esta
fase
de
adquisición,
mejor
es
el
recuerdo.
El
diagrama
de
barras
de
la
Figura
7,
permite
apreciar
la
mejora
en
el
recuerdo
de
las
palabras
que
recibieron
un
procesamiento
más
profundo
(semántico),
frente
a
las
que
recibieron
un
procesamiento
más
superficial.
Para
las
palabras
en
las
que
la
respuesta
a
la
pregunta
era
afirmativa,
los
niveles
pasaron
desde
un
15%,
para
las
palabras
con
procesamiento
superficial,
hasta
un
81%,
para
las
palabras
con
procesamiento
semántico
o
profundo
(Craik
y
Tulving,
1975).
15
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
7.
Esquema
que
representa
los
distintos
niveles
de
procesamiento
de
uno
de
los
experimentos
de
Craik
y
Tulving
(1975).
[A
partir
de
Ekuni
et
al.,
2011
y
Craik
y
Tulving
,
1975]
Otros
trabajos
posteriores
mostraron
que
la
ventaja
del
procesamiento
semántico
o
profundo
se
mantiene
solo
cuando
la
tarea
para
evaluar
el
recuerdo
se
centra
en
el
significado.
Si
la
tarea
de
evocación
o
evaluación
del
recuerdo
exige
hacer
uso
de
la
fonología,
entonces
la
ventaja
cae
del
lado
del
procesamiento
fonológico
(Morris
et
al.,
1977).
Es
decir,
si
las
preguntas
van
dirigidas
al
contenido
o
a
la
semántica,
la
ventaja
es
para
el
procesamiento
profundo,
pero
si
se
requiere
un
aprendizaje
memorístico
literal,
el
asunto
cambia.
A
las
tareas
descritas
en
experimentos
como
el
que
acabamos
de
presentar
se
las
suele
denominar
aprendizaje
incidental.
Se
denominan
así
porque
los
sujetos
no
sabían
de
antemano
que
se
les
iba
a
evaluar
el
recuerdo
y,
por
tanto,
no
pudieron
hacer
un
esfuerzo
especial
por
memorizar
al
enfrentarse
a
la
tarea.
Recordemos
que
las
tareas
del
paradigma
del
nivel
de
procesamiento
se
planteaban
como
un
estudio
de
la
percepción
y
del
tiempo
de
reacción.
Cuando
la
tarea
se
plantea
específicamente
como
una
tarea
de
memoria
(es
decir,
los
sujetos
saben
que
se
les
evaluará
el
recuerdo),
hablamos
de
aprendizaje
intencional.
Las
tareas
de
atención
compartida
del
apartado
anterior
eran
tareas
de
aprendizaje
intencional.
Cabe
preguntarse
si,
al
igual
que
sucedía
en
relación
con
los
efectos
de
la
variable
atención
en
los
experimentos
de
atención
compartida,
también
aquí
(cuando
cambia
el
nivel
de
profundidad
del
procesamiento)
hay
una
activación
cerebral
distinta.
Los
resultados
de
los
trabajos
que
han
estudiado
este
aspecto
revelan
que
cuando
el
procesamiento
es
profundo
(semántico)
existe
una
activación
en
la
misma
región
prefrontal
que
permitía
predecir
el
recuerdo
desde
la
fase
de
registro
en
los
estudios
de
atención
compartida
(Smith
y
Kossly,
2006).
El
hecho
de
que
la
activación
de
la
misma
región
durante
la
fase
de
registro
o
estudio
resulte
crítica
para
predecir
el
recuerdo
cuando
se
emplean
tareas
de
memoria
incidental
(caso
del
paradigma
de
nivel
de
procesamiento)
y
de
memoria
intencional
(caso
del
paradigma
de
la
atención
compartida)
sugiere
que
el
papel
de
esta
región
podría
estar
relacionado
con
la
organización
o
estructuración
de
la
información.
Si
fuera
esta
una
región
explícitamente
implicada
en
el
proceso
de
memorización
intencional
o
voluntaria,
no
debería
haberse
activado
durante
las
tareas
supuestamente
perceptivas
y
de
tiempo
de
reacción.
Esto
es
precisamente
lo
que
confirma
el
trabajo
de
Fletcher
et
al.
(1998).
En
un
experimento
de
aprendizaje
intencional
se
plantean
tres
condiciones
experimentales
con
distinto
nivel
de
exigencia
en
relación
con
la
organización
de
los
estímulos
a
estudiar.
En
una
primera
condición
los
estímulos
están
ya
organizados
por
categorías
semánticas,
en
la
segunda
condición
están
parcialmente
organizados
y
en
la
tercera
condición
están
sin
organizar.
A
través
de
una
prueba
de
neuroimagen
funcional
(en
este
caso
la
Tomografía
por
Emisión
de
Positrones
o
PET)
los
resultados
revelan
que
cuanto
mayor
es
la
demanda
organizativa
del
material
a
estudiar,
mayor
es
la
activación
de
esta
región
prefrontal.
16
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
En
resumen,
podemos
afirmar
que
cuanto
más
atentos
estemos
en
esta
fase
registro
y
más
elaborado
o
profundo
sea
el
tipo
de
procesamiento
llevado
a
cabo
sobre
el
contenido,
mejor
será
el
recuerdo
(más
efectiva
será
la
recuperación
de
la
información).
Además,
todo
parece
indicar,
que
las
regiones
prefrontales
desempeñan
un
papel
esencial
en
la
organización
de
la
información
como
paso
previo
a
su
eventual
recuerdo.
(2)
Retención
la
información
Al
inicio
de
este
apartado
sobre
los
procesos
implicados
en
la
memoria
a
largo
plazo
presentábamos
tres
procesos
o
fases
en
relación
con
este
tipo
de
memoria.
Acabamos
de
presentar
la
primera
fase,
el
registro
o
codificación
de
la
información.
En
este
apartado
que
ahora
iniciamos
vamos
a
hablar
de
la
retención
de
la
información.
En
algún
momento
se
pensó
que
se
podría
establecer
una
analogía
entre
el
funcionamiento
de
la
memoria
a
largo
plazo
y
el
almacenamiento
de
la
información
en
el
disco
duro
de
un
ordenador.
En
ambos
casos
se
ha
de
registrar,
retener
y
recuperar
información.
Ya
hemos
visto
que
el
proceso
de
registro
está
mediatizado
por
variables
específicamente
humanas
y
ausentes,
al
menos
de
momento,
en
las
máquinas,
como
son
el
nivel
de
atención
y
la
profundidad
del
procesamiento.
En
este
apartado
estudiaremos
algunas
de
la
peculiaridades
de
la
retención
de
la
información
en
nuestro
cerebro
que
también
son
exclusivamente
humanas
y
no
son
aplicables
al
símil
del
ordenador.
Concretamente,
hablaremos
de
la
consolidación
y
reorganización
de
la
información.
Los
recuerdos
no
se
almacenan
en
nuestro
cerebro
de
un
modo
fijo
y
permanente,
como
en
un
disco
duro,
sino
que
están
sujetos
a
procesos
de
consolidación
y
de
reorganización.
Aunque
estos
dos
procesos
están
relacionados
entre
sí,
con
fines
didácticos
los
vamos
a
presentar
por
separado.
Veamos
primero
en
qué
consiste
la
consolidación.
(a)
Consolidación
de
la
información
La
consolidación
es
el
mecanismo
por
el
cual
los
aprendizajes
o
memorias
recién
adquiridas
se
vuelven
más
estables,
es
decir,
menos
vulnerables
al
olvido
producido
por
el
paso
del
tiempo
o
por
las
interferencias
generadas
por
otros
recuerdos.
La
idea
es
intuitiva
y
sencilla
de
comprender.
En
realidad,
como
veremos,
las
cosas
son
un
poco
más
complejas.
En
sus
inicios,
el
concepto
de
consolidación
fue
desarrollado
para
explicar
las
interferencias
retroactivas.
Es
decir,
el
hecho
de
que
los
aprendizajes
recién
efectuados
son
durante
algún
tiempo
vulnerables
a
las
interferencias
producidas
por
aprendizajes
de
nuevo
material
(Squire
y
Alvarez,
1995).
El
concepto
de
consolidación
resulta
esencial
también
para
explicar
la
amnesia
retrógrada
que
experimentan
las
personas
que
han
sufrido
un
traumatismo
cráneo-‐encefálico
cerrado14.
Esta
amnesia
se
ajusta
típicamente
a
un
patrón
denominado
gradiente
temporal
o
Ley
de
Ribot
que
describe
la
existencia
de
una
mayor
afectación
de
los
recuerdos
inmediatamente
anteriores
al
momento
del
accidente
(memoria
reciente)
y
mínima
o
nula
afectación
de
los
recuerdos
remotos
(ver
Cuadro
de
texto
6).
17
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Cuadro
de
texto
6
La
amnesia
retrógrada
que
experimentan
las
personas
que
han
sufrido
un
Traumatismo
Cráneo-‐Encefálico
(TCE)
o
que
se
han
sometido
voluntariamente
a
una
sesión
de
Terapia
Electro-‐Convulsiva
(TEC)
son
un
ejemplo
de
la
existencia
de
un
mecanismo
de
consolidación.
Las
personas
que
sufren
un
TCE
de
cierta
importancia
suelen
olvidar
lo
que
sucedió
justo
antes
del
accidente.
Si
iban
en
bici
y
se
les
cruzó
un
animal
por
el
camino,
no
recordarán
este
incidente.
Es
decir,
sufren
una
amnesia
retrógrada
para
los
eventos
que
tuvieron
lugar
antes
del
traumatismo
(memorias
episódicas
recientes).
Puesto
que
los
sucesos
que
tuvieron
lugar
antes
del
accidente
se
supone
que
se
procesaron
sin
problemas
(aún
no
le
había
sucedido
nada
al
cerebro
del
paciente),
se
entiende
que
el
proceso
de
registro
fue
correcto.
Y
puesto
que
el
resto
de
los
recuerdos
(previos
al
periodo
de
amnesia
retrógrada)
se
evocan
también
sin
dificultad,
se
supone
que
el
mecanismo
de
evocación
está
también
intacto.
La
hipótesis
para
explicar
esta
amnesia
retrógrada
es
que
estos
recuerdos
que
acaban
de
registrarse
están
en
una
fase
vulnerable.
Aún
no
se
han
consolidado
y
el
traumatismo
ha
interferido
con
este
mecanismo
de
consolidación.
El
hecho
de
que
esta
amnesia
retrógrada
sea
gradualmente
menos
severa
a
medida
que
nos
remontamos
en
el
tiempo
(es
decir,
que
exista
un
gradiente
temporal
en
el
que
las
memorias
remotas
no
se
ven
afectadas,
pero
sí
las
recientes),
parece
confirmar
esta
hipótesis
del
fallo
en
la
consolidación
(Squire
y
Alvarez,
1995).
Las
estructuras
témporo-‐mediales,
entre
las
que
se
encuentra
el
hipocampo,
son
especialmente
vulnerables
a
los
traumatismos
craneales
cerrados
y,
sin
duda,
esta
es
la
razón
por
la
cual
se
afecta
en
estos
pacientes
de
un
modo
especial
el
mecanismo
de
consolidación
(Vanderploeg,
2001,
2013)
[ver
Figura
8].
Algo
similar
sucede
con
los
recuerdos
recientes
en
las
personas
que
se
someten
a
un
tipo
de
terapia
que
consiste
en
aplicar
una
descarga
eléctrica
controlada
sobre
el
cráneo
de
una
persona.
Este
tipo
de
tratamiento,
denominado
Terapia
Electro-‐Convulsiva
(TEC),
se
emplea
con
éxito
para
tratar
algunos
trastornos
psíquicos,
como
determinados
tipos
de
depresión
que
no
responden
a
la
medicación.
La
TEC
tiene
como
efecto
secundario
una
amnesia
retrógrada
para
los
recuerdos
inmediatamente
anteriores
al
momento
de
la
descarga
eléctrica.
Como
estas
sesiones
se
aplican
en
un
entorno
controlado,
sabemos
que
se
afectan
tanto
las
memorias
episódicas
como
las
semánticas.
Es
decir,
no
solamente
no
recordarán
lo
que
sucedió
antes
de
iniciar
el
tratamiento,
sino
que
si
se
les
hizo
pasar
por
una
prueba
de
memoria
de
una
serie
de
palabras,
tendrán
problemas
para
recordarlas
después
de
la
TEC
(Polster
et
al.,
2015).
Si
echamos
una
ojeada
a
la
Figura
8
veremos
que
en
ella
se
representan
tres
secuencias
temporales
que
se
corresponden
con
las
fases
y
actividad
de
distintas
estructuras
cerebrales
en
relación
con
la
memorias
declarativas.
En
la
primera
“línea”
se
representa
la
adquisición
de
la
información
que,
como
sabemos,
se
iniciaría
con
los
procesos
sensoriales
(incluida
la
memoria
sensorial)
y
con
la
memoria
de
trabajo.
Como
vimos
antes
en
la
memoria
de
trabajo,
las
regiones
prefrontales
desempeñan
un
papel
esencial,
al
igual
que
lo
desempeñan
también
en
la
organización
de
la
información
que
tiene
lugar
en
el
proceso
de
adquisición.
Figura
8.
Esquema
sobre
funcionamiento
general
de
la
memoria
a
largo
plazo
y
de
los
mecanismos
de
consolidación
en
particular.
La
intensidad
del
sombreado
de
las
barras
intenta
reflejar
la
importancia
de
cada
tipo
de
estructura
en
la
evocación.
La
memoria
de
trabajo
depende
básicamente
del
prefrontal,
la
largo
plazo
reciente
del
hipocampo
y
la
largo
plazo
remota
de
la
neocorteza15.
[A
partir
de
Meeter
y
Murre
(2004)]
18
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
La
segunda
“línea”
de
la
Figura
8
tiene
ya
que
ver
con
la
memorias
a
largo
plazo.
En
un
primer
momento,
estas
memorias
dependerían
especialmente
del
hipocampo.
La
primera
huella
de
la
memoria
que
se
genera
con
la
adquisición
o
registro,
consiste
en
la
formación
de
un
circuito
neuronal,
(no
descrito
en
el
gráfico
de
la
Figura
8).
Este
circuito
se
llevaría
a
cabo
mediante
procesos
bioquímicos,
que
afectarían
a
la
estabilidad
de
las
sinapsis
de
las
neuronas
del
hipocampo.
El
proceso
de
formación
del
circuito
ha
de
ser
rápido,
puesto
que
tiene
que
permitir
aprender
o
incorporar
información
en
segundos
o
unos
pocos
minutos.
Este
es
el
estado
de
los
recuerdos
a
partir
de
los
minutos
siguientes
a
su
adquisición.
A
continuación
se
produciría
la
consolidación
celular
que
se
desarrolla
a
una
escala
temporal
más
amplia
(unas
horas
después
del
aprendizaje)
y
que
implicaría
la
síntesis
de
determinadas
proteínas.
En
el
gráfico
aparece
descrita
como
consolidación
celular
en
la
“línea”
segunda.
La
inyección
en
el
hipocampo
de
determinadas
sustancias
químicas
que
bloquean
la
síntesis
de
estas
proteínas
bloquea
el
recuerdo
hasta
6
horas
después
de
su
adquisición
(Stickgold
y
Walker,
2005).
En
la
tercera
“línea”
podemos
apreciar
la
siguiente
fase
por
la
que
pasarían
los
recuerdos
en
la
memoria
a
largo
plazo.
Ahora
el
papel
esencial
lo
desempeña
la
corteza
cerebral
y
tiene
lugar
aquí
un
nuevo
proceso
de
consolidación
en
una
escala
temporal
más
larga.
Inicialmente
se
pensaba
que
los
recuerdos
se
almacenaban
en
la
memoria
a
largo
plazo
en
un
primer
momento
en
el
hipocampo
(segunda
“línea”
de
la
Figura
8),
para
pasar
después
mediante
este
nuevo
proceso
de
consolidación
a
la
corteza
cerebral.
Hoy
día
la
hipótesis
que
goza
de
más
adeptos
(aunque
no
la
única16)
es
la
de
que
los
recuerdos
a
largo
plazo
están
desde
sus
inicios
en
la
corteza,
pero
antes
de
esta
“segunda
consolidación”
estarían
en
un
estado
“débil”
y
dependiendo
aún
del
hipocampo
para
su
recuperación
o
evocación
(segunda
“línea”
de
la
Figura
8).
Después
de
un
tiempo,
que
no
está
muy
claro
cuál
es
exactamente
(pero
que
sabemos
que
son
meses
o
uno
o
dos
años),
los
recuerdos,
que
estuvieron
desde
el
primer
momento
en
la
corteza,
se
vuelven
más
estables
y
no
precisan
del
hipocampo
para
ser
evocados.
Esto
implica
que
las
personas
que
sufren
lesiones
más
o
menos
importantes
en
el
hipocampo
no
tendrán
problemas
para
acceder
a
estos
recuerdos.
Tal
es
el
caso
de
los
pacientes
que,
como
H.M.,
sufren
síndrome
amnésico
o
los
que
sufren
un
problema
de
memoria
de
menor
envergadura
como
suele
suceder
en
los
traumatismos
cráneo-‐encefálicos
(Cuadro
de
texto
6).
En
el
esquema
que
acabamos
de
exponer,
la
consolidación
“definitiva”
parece
tener
lugar
cuando
los
recuerdos
se
fijan
definitivamente
en
la
corteza.
En
este
momento,
los
recuerdos
no
precisan
ya
del
hipocampo
para
ser
evocados.
Durante
años
se
pensó
que
una
vez
en
esta
fase,
los
recuerdos
entraban
en
un
estado
estable,
por
tiempo
indefinido.
Recientemente
se
ha
descubierto
que
existe
un
proceso
adicional
denominado
reconsolidación
que
afecta
a
estos
recuerdos
de
la
memoria
remota
y
que
permite
que
sean
modificados
cada
vez
que
son
reevocados.
Es
decir,
cada
vez
que
reactivamos
un
recuerdo
se
abre
un
periodo
de
tiempo
en
el
cual
se
vuelve
vulnerable
y
susceptible
de
ser
modificado.
En
esta
ventana
o
intervalo
temporal,
de
unas
6
horas
aproximadamente,
el
recuerdo
es
susceptible
de
incorporar
nueva
información
y
es
sensible
otra
vez
a
las
sustancias
químicas
que
bloquean
la
síntesis
de
proteínas
(Morris
et
al.,
2006;
Schiller
et
al.,
2010).
En
palabras
de
Schiller
et
al.
(2010),
nuestra
memoria
de
un
acontecimiento
se
asemeja
más
a
nuestra
última
evocación
del
mismo,
que
al
suceso
original.
Este
descubrimiento
tiene
implicaciones
terapéuticas
importantes
para
las
personas
que
sufren
de
estrés
postraumático
(EPT)
por
haber
experimentado
una
vivencia
traumatizante.
Este
mecanismo
de
reconsolidación
ofrece
a
estos
pacientes
la
oportunidad
de
transformar
el
sufrimiento
experimentado
cada
vez
que
se
reactiva
el
recuerdo.
El
cuadro
de
texto
7
presenta
un
ejemplo
con
posibles
implicaciones
para
la
rehabilitación
logopédica
de
este
mecanismo
de
reconsolidación
recién
descrito.
¿Por
qué
necesitamos
de
un
mecanismo
tan
complejo
de
consolidación
de
la
información?
Stickgold
y
Walker
(2005)
ofrecen
varias
respuestas,
a
mi
modo
de
ver,
bastante
convincentes.
En
primer
lugar,
estos
autores
afirman
que
necesitamos
que
el
primer
mecanismo
que
soporte
el
aprendizaje
sea
rápido,
porque
aprendemos
o
incorporamos
información
en
segundos
o
unos
pocos
minutos.
En
esta
escala
temporal
no
hay
tiempo
material
para
sintetizar
proteínas
que
sirvan
de
soporte
para
el
aprendizaje.
Al
mismo
tiempo,
señalan
estos
autores,
los
mecanismos
moleculares
que
estabilizan
las
sinapsis
de
los
circuitos
iniciales
no
son
los
más
adecuados
para
almacenar
memorias
a
largo
plazo.
En
segundo
lugar,
el
hecho
de
que
la
consolidación
se
desarrolle
en
distintas
escalas
temporales
deja
abierta
la
posibilidad
de
que
el
cerebro
sea
plástico
y
pueda
cambiar
para
dar
respuesta
a
las
demandas
del
entorno.
19
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Cuadro
de
texto
7
El
hecho
de
que
los
recuerdos
sean
susceptibles
de
modificarse
en
cada
nueva
evocación
es
la
base
de
la
plasticidad
y
tiene
implicaciones
para
la
rehabilitación
de
cualquier
aprendizaje
en
general
y
para
la
logopédica
en
particular.
Veamos
un
ejemplo
que
tiene
que
ver
con
la
rehabilitación
de
la
lectoescritura
en
un
disléxico.
Imaginemos
que
estamos
practicando
la
lectura
de
sílabas
que
contienen
las
letras
“b”
y
“d”
porque
nuestro
niño
las
confunde
con
frecuencia
entre
sí.
Supongamos
que
mediante
la
rehabilitación
hemos
logrado
alcanzar
el
100%
de
aciertos
mediante
algún
tipo
de
ayuda
que
consume
tiempo
(3
segundos
por
sílaba,
por
ej.)
y
recursos
atencionales
(para
acertar
tiene
que
estar
concentrado).
Ahora
nos
interesa
practicar
lo
aprendido
para
automatizar
la
lectura
de
dichas
letras.
Supongamos
que
hemos
progresado
y
ya
lee
correctamente
las
sílabas
con
estas
letras
la
mayoría
de
las
veces
(90%
de
aciertos)
a
un
ritmo
de
1
segundo/sílaba.
Se
entiende
que
en
estos
casos
en
que
acierta
se
reactiva
la
huella
de
la
asociación
entre
cada
letra
y
su
sonido
(“b”
-‐>
/b/
y
“d”
-‐>
/d/).
Ahora
bien,
si
admitimos
un
10%
de
errores
(en
los
que
sistemáticamente
se
lee
la
“b”
como
/d/
y
la
“d”
como
/b/),
es
muy
probable
que
estemos
contribuyendo
a
debilitar
la
consolidación
del
patrón
correcto
de
lectura
y
a
fortalecer
el
incorrecto.
Al
menos
en
teoría
esto
es
posible.
Está
por
ver
si
la
corrección
inmediata
de
estos
errores,
contribuye
a
evitar
la
degradación
del
aprendizaje
correcto
y
a
la
consolidación
del
error.
A
primera
vista,
lo
que
parece
desprenderse
de
lo
que
conocemos
sobre
los
procesos
de
reconsolidación
es
que
es
mejor
recurrir
al
aprendizaje
sin
error,
siempre
que
sea
posible.
Una
evidencia
convergente
con
esta
idea,
que
apunta
en
contra
de
que
la
corrección
inmediata
del
error
evite
el
efecto
pernicioso
sobre
las
huellas
correctas,
surge
de
una
anécdota
que
ocurrió
hace
algunos
años.
En
este
caso,
3
alumnas
de
logopedia,
que
no
tenían
problemas
especiales
con
la
ortografía,
pasaron
un
curso
entero
rehabilitando
a
un
joven
que
cometía
frecuentes
faltas,
incluso
en
palabras
muy
familiares
(vaso
con
“b”,
hospital
sin
“h”,
etc.).
Tras
meses
de
estar
expuestas
a
este
tipo
de
información
(palabras
con
errores
ortográficos)
las
alumnas
que
rehabilitaban
al
joven
comenzaron
a
experimentar
problemas
y
dudas
con
la
ortografía
en
palabras
en
las
que
antes
no
dudaban.
Aunque
los
errores
se
corregían
de
inmediato
en
los
sucesivos
ejercicios,
la
visión
del
patrón
incorrecto
hizo
mella
en
las
representaciones
ortográficas
de
estas
jóvenes
sin
dificultades
especiales
de
escritura.
Es
muy
probable,
por
tanto,
que
este
efecto
sea
aún
más
negativo
sobre
las
personas
que
tienen
problemas
para
elaborar
representaciones
ortográficas
estables.
Es
decir,
sobre
los
disléxicos
que
intentamos
rehabilitar.
Hasta
que
alguien
lo
demuestre
experimentalmente,
de
momento,
esto
es
especulación.
Pero
volviendo
al
problema
de
la
automatización
de
las
reglas
de
correspondencia,
la
prudencia
parece
indicar
que
es
preferible
ir
más
despacio
(otorgar
1,5
segundos
para
la
lectura
de
cada
sílaba
en
lugar
de
1
segundo)
y
lograr
un
100%
de
aciertos
en
cada
tarea,
que
pretender
ganar
tiempo
y
tolerar
niveles
de
aciertos
del
90%.
Son
muchas
las
incógnitas
que
quedan
aún
por
resolver
en
relación
con
estos
procesos
de
consolidación.
Por
ej.,
sabemos
que
las
memorias
procedimentales
tienen
sus
propios
procesos
de
consolidación,
probablemente
independientes
del
hipocampo
y
de
las
estructuras
descritas
en
este
apartado17.
Aunque
aún
no
sabemos
exactamente
cómo
se
llevan
a
cabo
estos
mecanismos
de
consolidación,
existen
evidencias
sólidas
que
sugieren
que,
al
menos
una
parte
importante
de
la
consolidación
tanto
de
las
memorias
declarativas,
como
de
las
procedimentales,
tiene
lugar
durante
el
sueño
que
sucede
a
la
situación
de
aprendizaje
(ver
Cuadro
de
texto
8).
También
sabemos
que,
excepto
en
la
fase
inicial
del
sueño,
en
el
resto
de
las
fases
del
mismo
tiene
lugar
la
consolidación
de
distintos
tipos
de
memorias.
Ahora
bien,
durante
el
sueño
no
se
consolidan
todas
las
memorias
o
aprendizajes
que
han
tenido
lugar
durante
el
día.
Al
parecer,
existe
un
proceso
de
selección
de
qué
memorias
van
a
consolidarse
y
cuáles
van
camino
del
olvido.
No
conocemos
completamente
cómo
se
desarrolla
este
proceso
de
selección,
pero
sí
sabemos
que
la
relevancia
emocional
o
motivacional
de
cada
memoria
o
evento
tiene
un
papel
esencial
(Stickgold
y
Walker,
2013).
Por
ejemplo,
el
mero
hecho
de
saber
que
un
aprendizaje
va
a
ser
evaluado
al
día
siguiente,
hace
que
durante
esa
noche
se
active
para
su
consolidación
durante
el
sueño.
Este
mecanismo
de
selección
tiene
lugar
tanto
con
memorias
declarativas
verbales,
como
declarativas
visoespaciales
y
procedimentales
(Wilhelm
et
al.,
2011).
20
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Cuadro
de
texto
8
Rasch
et
al.
(2007)
llevan
a
cabo
el
siguiente
experimento
sobre
la
consolidación
de
las
memorias
declarativas.
Mientras
un
grupo
de
sujetos
se
enfrenta
a
un
aprendizaje,
que
consiste
en
asociar
15
pares
de
cartas
con
la
posición
que
ocupan
en
un
tablero,
exponen
a
un
subgrupo
de
estas
personas
a
un
perfume
de
rosas.
El
aprendizaje
se
lleva
a
cabo
entre
las
9
y
las
11
de
la
noche.
Durante
una
fase
concreta
del
sueño
de
esa
misma
noche
(fase
de
ondas
lentas
o
sueño
profundo),
se
expone
de
nuevo
al
mismo
perfume
al
subgrupo
que
estuvo
expuesto
a
él
durante
la
fase
de
aprendizaje.
A
la
mañana
siguiente
se
evalúa
cómo
es
su
recuerdo
en
este
grupo,
frente
al
grupo
de
control
que
no
recibió
la
estimulación
olorosa
durante
el
sueño.
Los
resultados
revelan
que
el
grupo
que
recibió
el
olor
durante
el
sueño
nocturno,
al
día
siguiente
recuerda
casi
a
la
perfección
la
ubicación
de
las
cartas
(97,2
frente
al
85,8%
en
el
grupo
control).
La
hipótesis
explicativa
de
estos
resultados
sugiere
que
la
presentación
del
olor
durante
la
fase
de
sueño
de
ondas
lentas
reactiva
el
hipocampo
y
favorece
la
consolidación
de
los
recuerdos
generados
por
la
tarea
de
aprendizaje.
Al
parecer
es
en
esta
fase
del
sueño
donde
se
produce
la
reactivación
de
este
tipo
de
memorias.
Si
el
olor
se
presenta
la
fase
REM
del
sueño
(MOR
en
español
o
fase
de
movimientos
oculares
rápidos)
–la
marcada
en
la
gráfica
con
las
líneas
negras
gruesas
horizontales–
no
tiene
lugar
la
reactivación
y
no
mejoran
los
resultados.
Para
afianzar
aún
más
su
interpretación,
los
autores,
someten
a
los
sujetos
a
una
fRMN
(resonancia
magnética
funcional)
en
la
fase
del
sueño
de
ondas
lentas
con
el
fin
de
valorar
si
realmente
existe
una
activación
especial
en
alguna
estructura
al
servicio
de
la
memoria
a
largo
plazo.
Con
esta
técnica
comprueban
que
efectivamente,
el
olor
usado
en
la
fase
de
aprendizaje
es
capaz
de
activar
el
hipocampo
al
presentarse
durante
el
sueño.
Siguiendo
este
mismo
paradigma,
Hu
et
al.
(2015)
lograron
modificar
los
sesgos
racistas
o
sexistas
arraigados
en
un
grupo
de
participantes
sometiéndoles
a
la
siguiente
situación
experimental.
La
tarea
consistía
en
asociar
imágenes
positivas
(es
decir,
no
sexistas
o
racistas)
con
un
sonido
durante
la
fase
de
“estudio”.
Este
sonido
se
presentaba
después
durante
la
fase
de
sueño
de
ondas
lentas,
mientras
los
participantes
dormían
la
siesta.
El
procedimiento
genera
cambios
favorables
(no
discriminativos)
en
las
actitudes
de
las
personas
que
participaron
en
el
experimento.
Estos
cambios
se
mantuvieron
al
menos
durante
una
semana.
El
procedimiento
mediante
el
que
se
valora
el
sesgo
racista
o
sexista,
se
denomina
Test
de
Asociación
Implícita
(IAT)
y
es
en
sí
mismo
interesante,
pero
queda
fuera
del
alcance
de
este
tema.
Los
interesados
pueden
consultar
las
siguientes
páginas:
[Link]
[Link]
(b)
Reorganización
de
la
información
Además
de
consolidarse
y
reconsolidarse,
los
recuerdos
se
reorganizan
al
integrarse
con
otros
ya
existentes,
con
los
que
guardan
algún
tipo
de
relación.
Esto
hace
que
los
recuerdos
pasados
sean
susceptibles
de
incorporar
(sin
nosotros
ser
conscientes
de
ello)
elementos
de
recuerdos
más
recientes
(ver
Cuadro
de
texto
9).
En
otros
casos,
consideramos
situaciones
que
nos
han
contado
o
que
hemos
soñado
como
situaciones
que
hemos
vivido
en
primera
persona.
En
definitiva,
pueden
llegar
a
generarse
falsas
memorias
de
las
que,
en
ocasiones,
no
tenemos
la
más
mínima
sombra
de
duda
sobre
su
autenticidad.
Es
decir,
podríamos
jurar
que
no
son
sueños
ni
narraciones,
sino
que
son
experiencias
que
hemos
vivido
personalmente.
21
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
La
integración
de
la
información
nueva
con
la
anterior,
no
solo
tiene
inconvenientes,
tiene
también
ventajas
innegables.
La
primera
y
más
importante
es
que
contribuye
a
la
formación
de
una
red
amplia
de
asociaciones
que
facilita
la
recuperación
futura
de
la
información
a
partir
de
cualquiera
de
los
extremos
de
la
red.
Para
algunos
autores
esta
integración
es
la
que
posibilita
que
las
memorias
se
independicen
del
hipocampo
y
puedan
ser
recuperadas
sin
su
contribución
(Stickgold
y
Walker,
2005).
Esta
integración
de
la
información
a
la
que
nos
estamos
refiriendo
aquí
no
es
una
integración
que
se
lleve
a
cabo
de
un
modo
consciente
y
voluntario,
como
la
descrita
en
la
fase
de
registro
a
propósito
de
los
experimentos
sobre
el
nivel
de
procesamiento
de
Craik
y
Tulving
(1975)
(Figura
7).
Aquí
nos
referimos
a
una
integración
de
la
información
que
tiene
lugar
sin
nuestra
participación
activa
y,
en
particular,
durante
el
sueño.
Una
noche
de
sueño
logra,
por
ejemplo,
que
hallemos
la
solución
a
problemas
que
teníamos
sin
resolver
el
día
anterior.
Cai
et
al.
(2009)
presentaron
a
un
grupo
de
sujetos
un
conjunto
de
tripletas
de
palabras,
que
guardaban
alguna
relación
entre
sí,
para
que
buscaran
un
nuevo
término
que
explicitara
esa
relación
entre
los
términos
de
la
tripleta.
Por
ej.,
sea
la
tripleta
abeto,
nieve,
turrón.
La
palabra
a
buscar
sería
navidad.
A
los
sujetos
se
les
evalúa
en
dos
momentos
distintos
(a
primera
hora
de
la
mañana
y
a
media
tarde),
con
el
fin
de
ver
la
mejoría
en
los
ítems
no
resueltos
en
la
sesión
inicial,
y
se
les
divide
en
tres
grupos.
Un
grupo
permanece
despierto
descansando
y
el
resto
duerme
una
siesta
entre
las
dos
evaluaciones.
Este
segundo
grupo
se
subdivide
en
dos,
en
función
de
que
el
trazado
electroencefalográfico
indique
que
hayan
pasado
o
no
por
la
fase
del
sueño
REM
(fase
de
movimientos
oculares
rápidos).
Los
resultados
(ver
Figura
9)
revelan
que
solo
mejoran
significativamente
en
la
evaluación
de
la
tarde
las
personas
que
durmieron
siesta
y
que
durante
el
sueño
pasaron
por
la
fase
REM.
Este
grupo
lograba
mejorías
de
un
40%
en
la
segunda
evaluación.
No
se
produce
ninguna
mejora
en
las
personas
que
estuvieron
despiertas
descansando,
ni
en
las
que
durmieron,
pero
no
pasaron
por
la
fase
REM
del
sueño.
Los
autores
interpretan
los
resultados
como
una
prueba
de
que
durante
esta
fase
del
sueño
tiene
lugar
la
integración
de
la
información
que
permite
resolver
un
problema
creativo.
Concretamente,
apoyan
la
hipótesis
de
que
durante
el
sueño
el
cerebro
lleva
a
cabo
procesos
inconscientes
que
implican
la
reorganización
de
los
nodos
previamente
activados.
Figura
9.
Porcentaje
de
mejoría
experimentado
por
tres
grupos
de
personas
en
un
Test
de
Asociación
Remota
que
implica
buscar
la
palabra
que
semánticamente
se
relaciona
con
otras
tres.
Explicación
en
el
texto.
[A
partir
de
Cai
et
al.
(2009)]
Sin
duda
esta
es
la
explicación
de
por
qué
el
pensamiento
creativo
se
beneficia
particularmente
de
una
noche
de
sueño.
Más
concretamente
Cai
et
al.
(2009)
plantean
que
la
solución
creativa
de
problemas
pasaría
por
cuatro
fases:
(1)
la
fase
de
intensos
e
infructuosos
intentos
de
resolver
el
problema;
(2)
la
decisión
de
dejar
el
problema
a
un
lado
durante
un
tiempo;
(3)
un
periodo
de
tiempo
sin
trabajar
conscientemente
sobre
él
y
(4)
el
flash
con
la
solución
súbita
o
insight.
Todo
parece
indicar
que
en
esta
fase
2,
dormir
es
esencial.
Huelga
decir
que
sin
la
fase
1,
el
sueño
y
el
resto
de
las
fases
tienen
poco
que
aportar
a
la
solución
del
problema.
Por
si
este
experimento
resulta
increíble,
puede
consultarse
Stickgold
y
Walker
(2013)
para
ver
una
lista
numerosas
de
trabajos
en
este
mismo
sentido.
Por
otro
lado,
la
historia
está
llena
de
descubrimientos
en
los
que
los
protagonistas
describen
que
la
solución
al
problema
(el
paso
de
la
fase
3
a
la
4)
surgió
como
22
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
por
arte
de
magia
después
de
dormir.
El
descubrimiento
de
la
tabla
periódica
por
el
químico
ruso
Mendeleiev,
la
transmisión
de
señales
por
los
nervios
del
médico
alemán
Otto
Loewi,
la
estructura
hexagonal
del
benceno
por
el
químico
alemán
Friedrich
August
Kekulé,
la
estructura
del
átomo
por
Niels
Bohr,
el
descubrimiento
de
la
insulina
por
el
médico
canadiense
Frederick
Grant
Banting,
son
algunos
de
ellos.
(3)
Recuperación
de
la
información
La
información
se
registra
y
se
retiene
con
el
objetivo
final
de
poder
ser
recuperada
en
algún
momento
o
de
guiar
nuestra
conducta
mediante
un
acceso
implícito18.
Aquí
vamos
a
hablar
de
la
evocación
o
recuperación
de
la
información.
La
recuperación
de
la
información
es
el
mecanismo
mediante
el
cual
traemos
a
la
conciencia
(a
la
memoria
de
trabajo)
los
recuerdos
almacenados
a
largo
plazo.
Todos
hemos
pasado
alguna
vez
por
la
situación
de
no
ser
capaces
de
recuperar
alguna
información
que
estamos
convencidos
que
tenemos
en
nuestra
memoria.
Prueba
de
ello
es
que,
en
muchos
casos,
un
momento
después
espontáneamente
lo
recordamos.
En
estas
situaciones,
lo
que
se
supone
ha
fallado,
ha
sido
precisamente
este
mecanismo
encargado
de
recuperar
la
información.
Cuando
hablábamos
de
la
consolidación
de
la
información
(ver
Figura
8)
señalábamos
que
aproximadamente
durante
el
primer
año,
los
recuerdos
precisaban
del
hipocampo
para
consolidarse
(segunda
“línea”
de
la
Figura
8).
Esta
estructura,
el
hipocampo,
es
igualmente
imprescindible
para
la
evocación
de
los
recuerdos
almacenados
en
el
último
año.
La
situación
cambia
cuando
los
recuerdos
han
pasado
ya
a
independizarse
del
hipocampo
(tercera
“línea”
de
la
Figura
8).
En
estos
casos
pueden
ser
recuperados
sin
su
contribución.
El
paciente
H.M.,
del
que
hemos
hablado
en
varias
ocasiones
podía
recuperar
este
tipo
de
información
a
pesar
de
no
tener
hipocampo
en
ninguno
de
los
dos
hemisferios.
A
continuación
vamos
a
pasar
revista
a
algunas
de
las
variables
que
modulan
o
condicionan
esta
fase
final
de
recuperación
de
la
información.
En
concreto,
hablaremos
de
cómo
afectan
a
la
recuperación
el
nivel
de
procesamiento
efectuado
durante
el
registro,
el
contexto
en
el
que
se
llevó
a
cabo
el
registro,
la
presencia
de
interferencias
generadas
por
estímulos
distractores
durante
el
recuerdo
y
del
papel
de
la
evaluación
de
lo
recordado.
(a)
Profundidad
del
registro
y
recuperación
Evocar
no
es
otra
cosa
que
activar,
a
partir
de
un
indicio,
un
circuito
generado
en
el
pasado.
Cuanto
más
denso
y
rico
sea
ese
circuito
(cuando
más
elaborada
y
profunda
sea
la
red
de
conexiones
creada
durante
la
fase
de
registro
y
más
atención
dedicamos
a
esta
fase)
más
fácil
será
dar
con
alguna
pista
o
indicio
que
nos
permita
activar
el
circuito
completo
(recordar).
Pongamos
un
ejemplo.
Supongamos
que
estamos
tratando
de
encontrar
el
nombre
del
personaje
de
la
imagen
de
la
Figura
10.
Damos
por
hecho
que
lo
conocemos
y
que
la
cara
nos
resulta
familiar.
Supongamos
que,
además
de
resultarnos
familiar,
sabemos
cosas
de
él.
Es
decir,
hemos
llegado
a
activar
los
nodos
de
identidad
personal
del
modelo
de
Bruce
y
Young
(ver
Figura
13
del
tema
de
la
percepción
y
agnosias).
Pero
no
podemos
activar
(recuperar
de
la
memoria)
su
nombre.
Si
pasamos
revista
mentalmente
a
todo
lo
que
sabemos
de
esta
persona,
y
si
esa
red
semántica
está
muy
poblada
de
nodos
(datos),
incrementaremos
notablemente
las
posibilidades
de
que
el
nombre
aparezca.
23
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
10.
La
recuperación
de
la
información
de
la
memoria
se
facilita
cuando
disponemos
de
una
amplia
red
de
datos
semánticos
incorporados
al
recuerdo.
Activar
algunos
de
ellos,
ayuda
a
activar
los
demás
y,
por
tanto,
el
recuerdo
entero,
incluyendo
el
nombre.19
Para
las
personas
a
las
que
les
resulta
familiar
la
cara
y
no
hayan
dado
con
el
personaje,
harían
bien
en
evocar
que
interpretó
a
James
Bond,
que
fue
el
protagonista
de
El
Nombre
de
la
Rosa,
etc.
Cuantos
más
datos
evoquemos
en
relación
con
él,
más
probabilidades
de
recuperar
el
nombre
tendremos.
A
estas
alturas
todo
el
mundo
ya
sabe
quien
es.
Sobre
todo
porque,
aunque
no
he
mencionado
intencionalmente
que
es
de
origen
escocés,
si
leíste
el
resto
del
capítulo
habrás
experimentado
el
efecto
del
priming
generado
por
la
aparición
de
ese
mismo
nombre
un
poco
antes.
Da
igual
que
lo
estudiaras
o
leyeras
hace
unos
días.
El
priming
será
un
poco
menos
intenso,
pero
ejercerá
igualmente
su
efecto.
De
no
haber
aparecido
el
nombre
de
Sean
Connery
antes,
la
tarea
habría
sido,
sin
duda,
más
difícil.
La
conclusión
es
clara,
cuanto
más
densa
es
la
red
semántica
tejida
en
torno
a
un
recuerdo
o
aprendizaje
(más
profundo
el
nivel
de
procesamiento),
más
fácil
es
la
evocación
del
recuerdo
en
el
futuro.
Además,
una
huella
de
memoria
que
acaba
de
refrescarse,
es
mucho
más
fácil
de
ser
reevocada
de
nuevo
que
si
no
hubiera
pasado
por
el
efecto
del
priming.
Además
de
disponer
de
una
huella
de
memoria
rica
en
conexiones,
hay
otras
variables
que
favorecen
la
recuperación
de
la
información.
En
concreto,
vamos
a
hablar
del
papel
de
contexto
que
rodea
las
fases
de
registro
y
recuperación
de
la
información.
(b)
El
contexto
del
registro
y
de
la
recuperación
Hace
ya
más
40
años
Godden
y
Baddeley
plantearon
a
un
grupo
de
buzos
una
tarea
que
consistía
en
aprender
unas
listas
de
palabras.
Los
estímulos
se
presentaban
a
través
de
una
grabación
de
audio.
La
mitad
de
los
sujetos
recibía
los
estímulos
mientras
estaban
bajo
el
agua
y
la
otra
mitad
fuera
del
agua.
Los
resultados
revelan
que
las
palabras
aprendidas
bajo
el
agua,
se
recuerdan
mejor
bajo
el
agua
y
las
aprendidas
fuera,
se
recuerdan
mejor
fuera.
Los
autores
concluyen
que
el
recuerdo
es
mejor
si
se
lleva
a
cabo
en
el
contexto
en
el
que
se
efectuó
el
aprendizaje
(Godden
y
Baddeley,
1975).
Una
situación
más
cotidiana
que
ilustra
de
algún
modo
este
experimento
y
que,
sin
duda,
nos
resultará
familiar
es
la
de
una
persona
cocinando
que
va
a
la
despensa
a
buscar
algo.
Por
el
camino
se
cruza
algo
o
alguien
que
lo
distrae
y
hace
desaparecer
de
su
memoria
de
trabajo
el
motivo
de
la
visita
a
la
despensa.
Si
el
recuerdo
puede
sobrevivir
a
la
interferencia
es,
probablemente,
porque
el
hipocampo
(la
memoria
a
largo
plazo
reciente)
se
hizo
cargo
ya
de
él.
Si
cuando
esta
persona
llega
a
la
despensa
pronuncia
la
frase
de
todos
conocida,
“¿a
qué
venía
yo?”,
es
que
no
fue
así.
La
huella
de
esta
memoria
episódica
no
fue
suficientemente
intensa
como
para
permitirnos
recuperar
el
recuerdo,
después
de
perderlo
de
la
memoria
de
trabajo.
La
magia
se
produce
al
volver
a
la
cocina.
El
simple
hecho
de
regresar
al
contexto
original,
automáticamente
hace
reaparecer
el
recuerdo.
La
anécdota
de
la
despensa
quizás
nos
hizo
recordar
a
nuestra
madre
o
a
nuestra
abuela
o,
a
o
lo
peor,
si
ya
vamos
entrando
en
años,
a
nosotros
mismos.
Y
es
que,
aunque
a
cualquier
edad
somos
sensibles
a
las
interferencias
generadas
por
los
estímulos
distractores
durante
el
proceso
de
recuperación,
con
el
paso
del
tiempo,
los
efectos
se
vuelven
más
acentuados.
Esto
es
lo
que
demostraron
Wais
y
colaboradores
en
una
serie
de
experimentos
que
comentaremos
a
continuación.
(c)
Interferencias
durante
la
fase
de
recuperación
Wais
et
al.
(2010)
piden
a
un
grupo
de
sujetos
que
estudien
más
de
un
centenar
de
láminas
de
imágenes
de
objetos
cotidianos.
En
cada
lámina
podía
haber
entre
una
y
cuatro
copias
de
la
misma
imagen
de
un
objeto.
Luego,
en
la
fase
de
recuperación,
les
presentan
oralmente
uno
a
uno
los
nombres
de
dichos
objetos
y,
a
medida
que
los
van
escuchando,
les
piden
que
evoquen
cuántas
copias
había
de
cada
objeto
en
la
lámina
en
la
que
apareció.
Esta
fase
de
recuperación
de
la
información
se
podía
llevar
a
cabo
en
una
de
las
siguientes
condiciones:
con
los
ojos
cerrados,
mirando
a
una
pantalla
gris
o
mirando
a
una
serie
de
imágenes
distractoras
(ver
Figura
11).
24
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
11.
Diseño
del
experimento
de
Wais
et
al.
(2010).
Explicación
en
el
texto.
Los
resultados
revelan
que
no
hay
diferencias
significativas
entre
las
dos
primeras
condiciones
(ojos
cerrados
y
pantalla
gris),
pero
sí
entre
cada
una
de
ellas
y
la
tercera
condición
(evocación
con
imágenes
distractoras)
[ver
Figura
12A].
Figura
12.
Resultados
de
los
trabajos
de
Wais
y
colaboradores.
A.
Muestra
los
resultados
del
trabajo
de
Wais
et
al.
(2010)
con
distractores
visuales.
[OC:
ojos
cerrados;
PG:
pantalla
gris;
DV:
distractor
visual].
B.
Muestra
los
resultados
con
distracción
auditiva
(Wais
y
Gazzaley,
2011).
[RB:
ruido
blanco,
DA:
distractor
auditivo]
C.
Muestra
el
empeoramiento
con
la
edad
cuando
se
comparan
a
universitarios
con
personas
de
68
años
(Wais
et
al.,
2012).
Los
asteriscos
indican
las
comparaciones
en
las
que
hay
significación
en
las
diferencias
entre
los
grupos:
∗
p
<
0.05,
y
∗∗
p
<
0.001.
En
un
experimento
similar
Wais
y
Gazzaley
(2011)
muestran
que
sucede
exactamente
lo
mismo
cuando
los
distractores
son
de
tipo
auditivo
(ver
Figura
12B).
Las
condiciones
en
este
estudio
consistían
en
evocar
la
información
visual
en
silencio,
evocar
escuchando
un
ruido
blanco20
o
evocar
escuchando
los
sonidos
grabados
en
un
café
bullicioso.
La
conclusión
es
evidente,
el
proceso
de
recuperación
de
información
de
la
memoria
a
largo
plazo
(en
este
caso,
memorias
episódicas
recientes)
se
ve
influenciado
negativamente
por
la
presencia
de
estímulos
irrelevantes
distractores,
tanto
visuales
como
auditivos.
En
el
estudio
de
2010
hicieron
pasar
a
un
grupo
de
participantes
por
un
aparato
de
resonancia
magnética
funcional
mientras
llevaban
a
cabo
la
tarea.
Los
resultados
revelaron
que
el
descenso
en
el
recuerdo
o
evocación
de
la
información
iba
asociado
a
un
patrón
de
activación
atípico
en
una
red
neuronal
en
el
hemisferio
izquierdo
que
implicaba
la
circunvolución
frontal
inferior,
el
hipocampo
y
la
corteza
visual
asociativa.
En
su
interpretación,
Wais
et
al.
afirman
que
las
influencias
bottom-‐up
ejercidas
por
el
procesamiento
de
los
estímulos
visuales
irrelevantes,
interfiere
con
los
procesos
top-‐down
de
selección
de
las
memorias
episódicas
adecuadas.
Resumiendo:
los
estudios
de
estos
autores
revelan
que
durante
el
proceso
de
recuperación
de
la
información
de
la
memoria,
los
estímulos
irrelevantes,
tanto
auditivos
como
visuales,
empeoran
25
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
significativamente
nuestra
capacidad
de
obtener
información
episódica.
Esta
interferencia
se
vuelve
más
acusada
con
la
edad
(Wais
et
al.,
2012)
[ver
Figura
12C].
Estos
estudios
subrayan
además
el
papel
del
hipocampo
y
del
lóbulo
frontal
durante
la
fase
de
recuperación
de
la
información.
(d)
El
efecto
de
la
evaluación
En
el
apartado
de
la
consolidación
de
la
información
comentábamos
que
algunos
de
estos
procesos,
que
vuelven
más
estables
los
recuerdos,
se
desarrollan
de
modo
automático
y
sin
intervención
explícita
de
la
voluntad,
ni
de
la
consciencia.
De
hecho,
algunos
tienen
lugar
durante
el
sueño.
Existen
también
otros
mecanismos
voluntarios
y
conscientes
que,
potencialmente
al
menos,
hacen
más
sólidos
nuestros
recuerdos
y
que
habitualmente
no
se
incluyen
dentro
del
concepto
de
consolidación
(Stickgold
y
Walker,
2005).
Nos
referimos
al
estudio
sucesivo
de
los
contenidos
y
a
la
evaluación
de
los
mismos.
De
ellos,
especialmente
del
último,
nos
ocuparemos
en
este
apartado.
Karpike
y
Roediger
(2008)
plantean
a
un
grupo
de
estudiantes
universitarios
una
tarea
de
aprendizaje
de
vocabulario
de
una
lengua
extrajera.
Los
estímulos
son
40
pares
de
palabras
inglés-‐swahili.
Por
ej.,
una
pareja
era
“mashua-‐boat”.
Tras
un
periodo
de
estudio,
se
les
evalúa
en
la
lista
entera.
La
primera
vez
que
se
acertaba
a
asociar
una
pareja
(se
le
presentaba
el
estímulo
swahili
y
se
respondía
con
el
término
en
inglés),
dicha
pareja
podía
pasar
a
una
de
las
cuatro
condiciones
de
aprendizaje
siguientes:
1) Estudios
y
Tests
[ET].
La
pareja
se
estudiaba
y
evaluaba
en
múltiples
ocasiones.
2) No-‐estudio
y
Tests
[ENT].
La
pareja
no
se
estudiaba
más
pero
se
seguía
evaluando
en
múltiples
ocasiones.
3) Estudios
y
No-‐Test
[E
TN].
La
pareja
se
estudiaba
en
múltiples
ocasiones
pero
no
se
evaluaba
más
hasta
la
prueba
final
una
semana
después.
4) No-‐estudio
y
No-‐Test
[ENTN].
La
pareja
no
se
estudiaba
más,
ni
se
evaluaba
más
hasta
la
prueba
final
una
semana
después.
Figura
13.
Resultados
del
estudio
de
Karpike
y
Roediger
(2008)
de
aprendizaje
de
pares
de
palabras
inglés-‐swahili.
Las
barras
oscuras
señalan
los
grupos
en
los
que
hubo
múltiples
periodos
de
estudio.
Las
claras,
los
grupos
en
los
que
una
vez
aprendida
la
pareja
no
se
estudiaba
más.
Al
finalizar
el
proceso
de
aprendizaje,
se
pide
a
los
sujetos
que
efectúen
una
estimación
y
traten
de
predecir
cuántas
de
las
40
parejas
serán
capaces
de
acertar.
Una
semana
después,
todos
pasan
por
la
evaluación
final.
Los
resultados
del
trabajo
revelan
que
las
condiciones
con
múltiples
periodos
de
evaluación
(las
dos
primeras
barras
de
la
Figura
13)
generaban
resultados
significativamente
mejores
(por
encima
del
150%)
que
las
condiciones
de
una
única
evaluación.
Por
el
contrario,
la
variable
número
periodos
de
estudio
(o
repasos)
una
vez
aprendida
la
pareja
no
supuso
ninguna
mejoría
(contrastes
barras
claras
vs.
oscuras).
26
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
En
relación
con
la
pregunta
sobre
el
número
de
parejas
que
cada
estudiante
consideraba
que
acertaría,
los
resultados
indican
que
no
correlacionan
en
absoluto
con
el
número
real
de
aciertos
logrado.
Los
estudiantes
estimaron
que
recordarían
un
50%
de
las
palabras
(unas
20-‐22
palabras),
sin
diferencias
en
las
cuatro
condiciones.
Este
dato
se
interpreta
como
un
desconocimiento
por
parte
de
los
estudiantes
del
auténtico
efecto
que
tiene
la
evaluación
y
el
estudio
en
el
recuerdo
posterior.
Resumiendo:
En
contra
de
la
intuición
más
generalizada,
evaluar
lo
aprendido
no
es
un
evento
neutro
en
relación
con
el
aprendizaje,
sino
que
es
mucho
más
efectivo
que
estudiar
una
y
otra
vez
los
mismos
contenidos.
Los
autores
concluyen
que
el
resultado
del
aprendizaje
(en
este
caso
del
vocabulario
de
una
lengua
extrajera)
no
depende
tanto
de
la
rapidez
para
aprender
los
contenidos,
como
del
hecho
de
que
la
práctica
posterior
suponga
evocar
esos
contenidos
una
y
otra
vez.
Este
trabajo
genera
de
inmediato
varias
preguntas
con
importantes
implicaciones
educativas
y
reeducativas.
Por
ej.,
¿qué
tipo
de
evaluación
es
la
más
idónea?
¿cuántas
veces
se
ha
de
reevaluar
un
recuerdo
para
optimizar
el
aprendizaje?
¿Qué
espacio
de
tiempo
debe
existir
entre
las
evaluaciones?
¿Por
qué
funciona
la
reevaluación
mejor
que
el
re-‐estudio?
La
mayoría
de
estas
preguntas
fueron
abordadas
por
el
estudio
de
Pyc
y
Rawson
que
resumimos
a
continuación.
La
hipótesis
de
partida
de
este
trabajo
es
la
denominada
hipótesis
del
esfuerzo
en
la
recuperación
que
afirma
que
“las
evocaciones
difíciles
pero
exitosas
son
mejores
para
la
memoria
que
las
exitosas
y
fáciles”
(Pyc
y
Rawson,
2009).
Para
poner
a
prueba
esta
hipótesis
recurren
a
una
tarea
de
aprendizaje
de
vocabulario
con
pares
de
ítems
swahili-‐inglés,
como
en
el
experimento
anterior.
Para
regular
el
nivel
de
esfuerzo
implicado
en
la
recuperación,
juegan
con
el
tiempo
que
transcurre
desde
cada
evocación
correcta
hasta
la
siguiente
(variable
“intervalo
entre
recuperaciones”).
Se
entiende
que
cuanto
más
largo
sea
el
intervalo
entre
cada
evocación
y
la
siguiente,
más
difícil
será
acertar
en
la
siguiente
evocación.
Figura
14.
Resultados
del
estudio
de
Pyc
y
Rawson
(2009)
de
aprendizaje
de
pares
de
palabras
swahili-‐inglés.
La
“variable
criterio”
corresponde
al
número
de
veces
que
se
acierta
consecutivamente
cada
ítem
en
la
fase
de
entrenamiento,
antes
de
parar
el
entrenamiento
definitivamente
con
él.
La
“variable
intervalo
de
retención”
es
el
tiempo
que
transcurre
desde
que
finaliza
la
práctica
hasta
la
evaluación
final.
La
variable
“intervalo
entre
recuperaciones”
controla
el
tiempo
que
pasa
desde
cada
evocación
de
la
fase
de
entrenamiento
hasta
la
siguiente.
En
la
gráfica
se
representa
en
rojo
el
intervalo
largo
(6
minutos)
y
en
azul
el
intervalo
corto
(1
minuto).
Los
resultados
confirman
la
hipótesis
de
partida.
Es
decir,
cuando
los
intervalos
entre
las
evocaciones
de
la
fase
de
entrenamiento
son
largos
(de
6
minutos),
los
resultados
son
significativamente
mejores
que
cuando
estos
intervalos
son
más
cortos
(de
1
minuto).
Las
líneas
rojas
de
la
Figura
14
corresponden
a
entrenamientos
con
intervalos
largos.
Las
azules
corresponden
a
los
entrenamientos
con
intervalos
entre
evocaciones
correctas
más
cortos.
Para
cada
valor
de
la
variable
intervalo
de
retención
(25
minutos
o
una
semana
hasta
el
test
final),
las
líneas
rojas
arrojan
mejores
resultados
que
las
azules.
Es
decir,
más
esfuerzo
recuperando
significa
mejor
recuerdo
a
la
larga.
Llama
la
atención
el
hecho
de
que
con
intervalos
27
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
de
tiempo
entre
evocaciones
exitosas
de
1
minuto
(línea
inferior
de
triángulos
azules)
la
variable
práctica
no
supuso
ningún
beneficio
o
mejora
a
1
semana
vista.
En
el
resto
de
los
casos,
la
variable
práctica
(variable
criterio
en
la
Fig.
14)
sí
generó
diferencias
significativas
que
indican
que
a
más
práctica,
le
corresponden
mejores
resultados,
aunque
con
una
cierta
tendencia
a
estabilizarse
a
partir
de
siete
evocaciones
correctas
consecutivas.
Aunque
otros
estudios
revelan
que
los
resultados
concretos
que
arrojan
estas
tres
variables
pueden
variar
en
función
del
paradigma
o
situación
de
aprendizaje
y
del
tipo
de
material
(véase
Roediger
y
Butler,
2011),
en
esencia,
este
experimento
afianza
la
idea
de
que
evaluar
los
contenidos
ya
aprendidos
es
importante
y
que
el
esfuerzo
implicado
en
la
propia
recuperación,
si
esta
es
exitosa,
desempeña
un
papel
esencial.
Con
respecto
al
intervalo
de
tiempo
entre
evaluaciones
hace
ya
muchos
años
Landauer
y
Bjork
comprendieron
que
cuanto
mayor
era
el
tiempo
que
pasaba
desde
el
aprendizaje
a
su
reevaluación
menor
era
la
probabilidad
de
acertar,
pero
mayor
la
probabilidad
de
recordar
en
el
futuro.
Por
ello
sugerían
el
intervalo
creciente.
Es
decir,
se
debería
comenzar
con
un
intervalo
que
asegure
el
éxito
en
la
tarea,
para
ir
haciéndolo
aumentar
progresivamente
entre
evaluación
y
evaluación
si
perder
efectividad
(Landauer
y
Bjork,
1978).
Myers
(2010)
lo
expresa
en
estos
términos
en
una
cita
atribuida
a
Landauer:
“Repasar
el
nombre
o
número
que
tratas
de
memorizar,
esperar
unos
segundos
y
repasar
de
nuevo,
luego
esperar
un
poco
más
y
volver
a
repasar.
A
continuación,
esperar
un
periodo
más
largo
de
tiempo
y
volver
a
repasar.
Las
pausas
deberían
ser
tan
largas
como
fuera
posible,
sin
perder
información.”
(Landauer,
2001.
Pág.
364)
Esta
es
una
fórmula
muy
interesante
que
es
bueno
tener
presente,
sobre
todo
si
uno
se
dedica
a
la
educación,
la
rehabilitación
o
simplemente
si
uno
mismo
está
tratando
de
aprender
algo
y
no
quiere
olvidarlo.
Antes
de
concluir
este
apartado
nos
queda
abordar
la
espinosa
cuestión
de
por
qué
la
reevaluación
genera
esta
ventaja.
En
opinión
de
algunos
autores
(Roediger
y
Butler,
2011),
la
explicación
tiene
que
ver
con
el
proceso
de
reconsolidación
que
hemos
descrito
antes.
Cada
vez
que
se
reevoca
un
recuerdo,
éste
entra
en
un
periodo
de
inestabilidad
del
cual
puede
salir
debilitado
o
reforzado.
Reevocar
una
y
otra
vez
con
éxito
un
recuerdo
lo
hace
más
sólido
y
lo
integra
con
el
resto
de
la
información
del
mismo
tipo
(como
vimos
en
el
apartado
de
reorganización
de
la
información),
generando
así
nuevos
caminos
que
posibilitan
su
recuperación
futura.
Las
evidencias
indirectas
que
sostienen
que
realmente
esta
es
la
razón
de
la
ventaja,
derivan
de
al
menos
dos
fuentes.
En
primer
lugar,
del
hecho
de
que
con
la
reevaluación
no
solo
mejora
el
recuerdo
de
los
contenidos
evaluados
directamente,
sino
que
se
produce
una
mejora
sobre
ítems
no
reevaluados,
pero
que
se
habían
estudiado
previamente
y
que
guardan
algún
tipo
de
relación
con
los
reevaluados21
(véase
Roediger
y
Butler,
2011
y
Pastötter
y
Baüml,
2014
para
una
revisión
de
estos
trabajos).
Este
efecto
solo
es
posible
si
ha
tenido
lugar
una
reorganización
y/o
reconstrucción
de
la
información
en
la
memoria
de
ese
recuerdo
reevaluado
y
de
los
afines.
En
segundo
lugar,
hay
estudios
que
demuestran
que
si
durante
la
reevaluación
el
sujeto
está
poco
atento
(porque
tiene
que
dividir
su
atención
con
otra
tarea
que
ha
de
desarrollar
simultáneamente),
no
solo
se
resiente
el
recuerdo
en
la
evaluación
actual
afectada
por
la
falta
de
atención,
sino
que
se
resiente
también
el
recuerdo
futuras
evaluaciones
(Dudukovic
et
al.
2009).
28
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
29
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
30
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
el
trauma
emocional
o
el
estrés
afectan
negativamente
a
las
estructuras
témporo-‐mediales
o
a
la
corteza
prefrontal
(Kopelman,
2002,
2004).
Cuando
la
causa
es
orgánica,
el
resultado
puede
ser
un
trastorno
permanente
o
transitorio
de
la
memoria.
Tanto
en
los
transitorios,
como
en
los
permanentes
suele
existir
un
componente
retrógrado
y
otro
anterógrado.
La
diferencia
reside
en
que
en
los
transitorios
el
problema
de
fijación
de
nuevos
recuerdos
se
resuelve
en
un
momento
determinado,
acotando
así
la
duración
de
la
amnesia
anterógrada.
Entre
las
causas
más
frecuentes
de
amnesia
transitoria
se
hallan
los
traumatismos
cráneo-‐encefálicos22
(ver
Cuadro
de
texto
11),
la
amnesia
transitoria
de
origen
epileptógeno
y
la
amnesia
global
transitoria.
Entre
las
amnesias
orgánicas
permanentes
algunas
son
de
naturaleza
progresiva,
porque
la
causa
que
las
origina
es
degenerativa
(por
ej.,
un
tumor)
y
otras
son
estables
porque
la
lesión
permanece
estable
(por
ej.,
un
ictus).
Entre
las
amnesias
estables
podemos
incluir
las
que
afectan
a
un
tipo
concreto
de
material,
por
ej.,
afectación
selectiva
de
las
memorias
de
tipo
verbal
o
visoespacial,
y
las
globales.
Finalmente,
los
problemas
de
memoria
pueden
tener
su
origen
en
una
lesión
prefrontal
o
en
las
estructuras
témporo-‐mediales.
Aunque
las
características
de
la
amnesia
frontal
no
están
bien
definidas,
es
sabido
que
ciertas
regiones
prefrontales
desempeñan
un
importante
papel
en
la
memoria
de
trabajo,
así
como
en
la
organización
de
la
información
durante
la
fase
de
adquisición
o
registro
en
la
memoria
a
largo
plazo.
Suele
afirmarse
que
en
estos
casos
el
problema
de
memoria
es
menos
severo
que
en
la
amnesia
témporo-‐medial,
que
se
afecta
más
a
la
integración
de
la
información
con
el
contexto
y
que
mejora
más
en
las
tareas
de
reconocimiento
que
la
amnesia
témporo-‐
medial.
Cuando
el
cuadro
de
amnesia
es
global
y
deriva
de
una
lesión
estable
en
estas
estructuras
témporo-‐mediales
o
témporo-‐diencefálicas,
hablamos
de
síndrome
amnésico.
Veamos
cuáles
son
sus
características
principales.
Figura
15.
Clasificación
de
los
distintos
tipos
de
amnesia
[A
partir
de
Parkin
y
Leng
(1993)]
(1)
Síndrome
amnésico
El
síndrome
amnésico
se
caracteriza
por
presentar
un
trastorno
global
y
permanente
de
la
memoria
a
largo
plazo,
en
el
contexto
de
una
memoria
de
trabajo
preservada
y
una
afectación
escasa
o
nula
del
resto
de
funciones
superiores
(FFSS).
Es
decir,
estas
personas
no
tienen
problemas
para
retener
información
durante
el
breve
intervalo
de
tiempo
que
es
capaz
de
albergarla
la
memoria
de
trabajo,
ni
tampoco
para
llevar
a
cabo
operaciones
en
este
tipo
de
memoria.
Tampoco
tienen
especiales
dificultades
con
el
lenguaje,
no
son
afásicos
(ver
Cuadro
de
texto
5),
ni
agnósicos,
ni
apráxicos
(FFSS
preservadas).
El
problema
se
circunscribe
a
la
memoria
a
largo
plazo
y,
más
concretamente,
a
la
memoria
declarativa.
Su
déficit
de
memoria
se
califica
de
global,
en
el
sentido
de
que
afecta
a
todo
tipo
de
estímulos
(verbales
y
no
verbales),
cualquiera
sea
la
modalidad
sensorial
mediante
la
cual
se
presenten
al
sujeto
estos
estímulos
(visión,
audición,
tacto,
etc.)
y
cualquiera
sea
la
forma
de
evaluar
el
recuerdo23
(recuerdo
o
evocación
libre,
reconocimiento
entre
alternativas,
etc.).
En
su
forma
habitual,
se
presenta
con
una
amnesia
retrógrada
de
duración
variable
y
una
amnesia
anterógrada
severa
(O’Connor
y
Verfaellie,
2004).
Esto
es,
suelen
tener
problemas
para
recordar
lo
que
sucedió
durante
algún
tiempo
antes
de
la
lesión
(amnesia
retrógrada).
En
los
casos
más
severos,
como
el
de
H.M.,
esta
amnesia
retrógrada
era
total
para
los
últimos
dos
años
y
parcial
para
la
década
previa
a
la
operación.
No
recordaba
nada
de
los
últimos
dos
años
previos
31
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
a
la
lesión,
y
tenía
problemas
parciales
con
los
recuerdos
de
los
9
años
anteriores.
La
amnesia
anterógrada,
típicamente
no
se
resuelve
nunca
y
por
eso
se
dice
que
la
amnesia
es
permanente.
Es
decir,
el
paciente
no
es
capaz
de
almacenar
nuevos
recuerdos
nunca
más
y,
a
medida
que
pasan
los
años
y
la
persona
envejece,
va
creciendo
este
periodo
de
amnesia
anterógrada.
Figura
16.
Cara
medial
del
hemisferio
derecho
en
la
que
se
muestra
la
localización
de
las
estructuras
témporo-‐
mediales
implicadas
en
la
memoria
declarativa.
La
imagen
del
hipocampo
y
la
de
la
amígdala
se
han
extraído
del
lóbulo
temporal
con
fines
didácticos,
pero
lógicamente
no
se
apreciarían
en
esta
imagen.
Este
síndrome
aparece
como
consecuencia
de
lesiones
habitualmente
bilaterales
en
el
hipocampo
y/o
estructuras
témporo-‐mediales
relacionadas
con
él.
Básicamente
el
fórnix,
los
núcleos
talámicos
anterior
y
dorsomediano
y
cuerpos
mamilares
(ver
Figura
16).
Aunque
el
síndrome
se
puede
presentar
por
lesiones
unilaterales,
lo
habitual
es
que,
cuando
se
afectan
estas
estructuras
en
uno
de
los
hemisferios,
no
aparezca
el
cuadro
completo
de
amnesia
que
acabamos
de
describir
y
se
afecten
especialmente
las
memorias
verbales
o
no
verbales,
según
que
la
lesión
sea
izquierda
o
derecha,
respectivamente.
Así
mismo,
es
interesante
señalar
que
existen
amnesias
transitorias
en
las
que
este
problema
de
no-‐fijación
de
recuerdos
nuevos
se
resuelve
y
se
cierra
así
(se
termina)
el
periodo
amnesia
anterógrada.
Como
veremos,
en
estos
casos
queda
una
laguna
mnésica
residual
compuesta
por
la
suma
de
los
periodos
de
amnesia
retrógrada
y
anterógrada.
Fuera
de
ella,
los
recuerdos
son
normales.
Además
de
las
formas
adquiridas
en
adultos,
existen
formas
adquiridas
en
la
infancia,
provocadas
por
lesiones
cerebrales
en
estas
mismas
estructuras,
tras
un
periodo
de
desarrollo
normal,
y
amnesias
congénitas
o
evolutivas
por
lesiones
en
estas
mismas
estructuras
en
el
útero
(habitualmente
por
problemas
vasculares)
o
complicaciones
en
el
momento
del
parto
(anoxia)
(Temple,
1997
y
2004).
Dado
que
las
dificultades
de
estos
pacientes
con
síndrome
amnésico
se
circunscriben
a
la
memoria
declarativa,
característicamente
tienen
intactas
sus
memorias
procedimentales.
Es
decir,
si
sabían
escribir
a
máquina
o
montar
en
bici
antes
de
la
lesión,
siguen
haciéndolo
con
similar
destreza
después
de
la
misma.
Es
más,
son
capaces
de
incorporar
nuevas
habilidades
o
memorias
procedimentales
durante
el
periodo
de
amnesia,
aunque
al
no
fijar
nuevos
recuerdos
en
su
memoria
episódica,
no
recordarán
haberlas
aprendido.
La
primera
evidencia
en
este
sentido
nos
proporcionó
H.M.
en
un
experimento
llevado
a
cabo
por
Brenda
Milner.
Esta
autora
presentó
al
paciente
una
estrella
con
un
contorno
formado
por
una
doble
línea
paralela
y
le
pidió
que
intentara
dibujar
el
contorno
de
la
estrella
entre
las
dos
paralelas
tratando
de
no
tocar
con
el
lápiz
ninguna
de
las
dos
líneas
perimetrales
(ver
Figura
17A).
La
dificultad
de
la
tarea
residía
en
que
H.M.
no
podía
ver
directamente
su
propia
mano
directamente
mientras
ejecutaba
la
tarea.
El
feedback
visual
lo
recibía
a
través
de
un
espejo.
El
número
de
errores
y
la
progresión
del
aprendizaje
de
H.M.
en
esta
tarea
perceptivo-‐motora
es
indiferenciable
de
la
de
las
personas
sin
amnesia
(ver
Figura
17B).
32
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Figura
17.
La
actuación
de
los
pacientes
con
síndrome
amnésico
en
tareas
perceptivo-‐motoras
(memoria
procedimental)
durante
la
fase
de
amnesia
sigue
el
mismo
ritmo
de
aprendizaje
que
en
el
resto
de
las
personas
no
amnésicas.
[A
partir
de
Kolb
y
Whishaw
(2006)]
Algo
similar
sucede
con
el
priming.
En
uno
de
los
experimentos
se
pidió
a
H.M.
que
leyera
en
alto
una
serie
de
palabras.
Un
minuto
después
se
le
mostraba
una
pista
(tres
letras)
para
que
con
ella
evocara
la
primera
palabra
que
le
viniera
a
la
mente24.
La
mitad
de
las
pistas
correspondían
a
las
tres
letras
iniciales
de
palabras
de
la
lista
de
estudio
y
la
otra
mitad
de
palabras
ajenas
a
la
lista.
El
efecto
del
priming
se
evaluaba
restando
del
total
de
palabras
evocadas
de
la
lista,
las
evocadas
de
fuera
de
la
lista.
Tal
como
hemos
señalado
ya
en
varias
ocasiones,
el
priming
depende
directamente
de
la
neocorteza
cerebral
y
no
precisa
del
hipocampo,
de
modo
que
H.M.
mostró
efecto
de
priming.
Sin
embargo,
cuando
este
mismo
experimento
se
llevaba
a
cabo
con
palabras
que
habían
aparecido
por
primera
vez
en
la
lengua
durante
el
periodo
de
amnesia
(por
ej.,
fractal),
el
efecto
de
priming
desaparecía,
dado
que
no
había
huella
en
la
neocorteza
que
activar.
En
estos
pacientes,
la
afectación
de
la
memoria
declarativa
compromete
tanto
a
la
memoria
episódica
como
a
la
semántica.
Es
decir,
el
paciente
no
solo
no
recordará
los
sucesos
que
acaecieron
dentro
del
periodo
de
amnesia,
sino
que
tampoco
incorporará
nuevas
memorias
semánticas
de
dicho
periodo.
H.M.,
por
ej.,
no
incorporó
nuevas
palabras
a
su
vocabulario
que
surgieron
durante
el
largo
periodo
de
amnesia
anterógrada.
Hay
que
reconocer,
sin
embargo,
que
algunas
memorias
episódicas
y
semánticas
que
eran
muy,
muy
repetitivas
acababa
incorporándolas
en
alguna
medida.
Por
ej.,
H.M.
fue
capaz
de
dibujar
un
plano
bastante
ajustado
de
la
casa
en
la
que
vivió
durante
años.
O
fue
capaz
de
denominar
sin
ayuda
la
cara
de
John
F.
Kennedy
y
de
Ronald
Reagan,
que
fueron
presidentes
durante
su
periodo
de
amnesia
(Corkin,
2002).
En
este
mismo
sentido,
Bayley
y
Squire
(2002)
presentan
un
paciente
(E.P.)
que
sufrió
daño
masivo
en
las
estructuras
témporo-‐mediales
como
consecuencia
de
una
encefalitis
vírica.
A
pesar
de
su
severa
amnesia,
sin
embargo,
mostró
cierta
capacidad
para
aprender
nueva
información
(frases
nuevas
de
tres
palabras
presentadas
durante
24
sesiones
a
lo
largo
de
12
semanas).
Aunque
su
rendimiento
fue
más
pobre
y
más
lento
que
los
controles
y
no
iba
acompañado
de
conocimiento
consciente
sobre
cuál
era
la
respuesta
correcta
(se
le
evaluaba
mediante
elección
múltiple
o
recuerdo
con
pistas),
indudablemente
se
trata
de
un
conocimiento
declarativo.
Los
autores
interpretan,
sin
embargo,
que
dicho
conocimiento
no-‐
consciente
tiene
las
características
de
un
conocimiento
no-‐declarativo
que
habría
podido
incorporarse
(mediante
este
procedimiento
repetitivo)
directamente
en
el
neocórtex
sin
la
participación
del
hipocampo.
33
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
[A
partir
de
Barbizet
(1977)]
Los
problemas
de
memoria
suelen
tener
un
patrón
característico
que
fue
descrito
magistralmente
por
Barbizet
(1977).
Si
el
traumatismo
es
severo,
lo
habitual
es
que
curse
con
coma
profundo
y
prolongado.
La
severidad
del
traumatismo
suele
correlacionar
con
la
duración
y
profundidad
del
coma.
En
el
ejemplo
presentado
por
este
autor
el
paciente
sufre
un
coma
de
7
semanas.
El
momento
de
la
lesión
está
marcado
con
una
flecha
grande.
El
momento
de
la
exploración
por
una
flecha
pequeña.
En
el
gráfico
se
ilustran
tres
exploraciones
en
tres
momentos
distintos.
En
la
primera
(5
meses
después
de
la
lesión)
[recuadro
A]
el
paciente
muestra
una
amnesia
retrógrada
(AR)
completa
de
2
años,
con
importantes
alteraciones
para
los
años
anteriores.
Su
amnesia
anterógrada
(AA)
es
total
hasta
ese
momento.
Si
el
paciente
no
fijara
nuevos
recuerdos
y
quedara
anclado
en
esta
situación
su
amnesia
no
sería
transitoria,
sino
permanente.
Tendría
un
síndrome
amnésico
similar
al
caso
de
H.M.
En
la
segunda
exploración
(8
meses
después
del
TCE)
[recuadro
B]
la
AR
empieza
a
reducirse
y
ya
solo
es
completa
en
el
último
año.
La
AA,
por
su
parte
comienza
a
dar
muestras
de
que
empieza
a
cerrarse,
puesto
que
ya
puede
registrar
algunos
recuerdos.
En
la
tercera
exploración
(16
meses
después
del
TCE)
[recuadro
C]
la
AR
se
ha
reducido
a
dos
semanas
y
la
AA
se
ha
cerrado
por
completo
en
3,5
meses.
La
amnesia
final
resultante
(la
amnesia
postraumática)
será
la
suma
de
las
AR
y
AA.
En
este
caso
23
semanas,
de
las
cuales
2
son
de
AR
y
el
resto
son
de
AA.
34
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Conceptos
claves
del
tema
-‐ Concepto
de
memoria
-‐ Memoria
episódica
–
semántica
-‐ Subtipos
de
memoria:
sensorial,
corto
plazo,
-‐ Memoria
explícita
–
implícita
largo
plazo
-‐ Procesos
implicados
en
la
memoria
-‐ Memoria
de
trabajo:
Administrador
central,
-‐ Papel
de
la
atención
en
el
registro
almacén
fonológico
y
almacén
visoespacial
-‐ Nivel
de
procesamiento
y
registro:
-‐ Estrategias
de
agrupamiento
para
formar
superficial
-‐
profundo
paquetes
o
chunks
en
el
bucle
fonológico
-‐ Consolidación
y
reconsolidación
-‐ Efecto
de
la
longitud
de
los
estímulos
en
el
-‐ Ley
de
Ribot
o
gradiente
temporal
bucle
fonológico
-‐ Papel
del
sueño
en
la
consolidación
-‐ Memoria
de
trabajo
y
comprensión
lectora
-‐ Reorganización
-‐ Memoria
de
trabajo
y
adquisición
de
-‐ Recuperación
de
la
información
vocabulario
-‐ Variables
que
afectan
a
la
recuperación
-‐ Redes
neuronales
al
servicio
de
la
memoria
-‐ Cómo
mejorar
la
memoria
de
trabajo
-‐ Síndrome
amnésico:
características
-‐ Memoria
a
largo
plazo
fundamentales
-‐ Memoria
reciente
–
remota
-‐ Memoria
declarativa
–
no-‐declarativa
-‐ Memoria
procedimental
-‐ Priming
-‐ Condicionamiento
clásico
35
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Tareas
y
preguntas
para
la
reflexión
Tarea
4.1
Una
tarea
interesante
a
efectuar
es
tratar
de
determinar
qué
tipo
de
memoria
(si
la
de
trabajo
o
la
memoria
a
largo
plazo)
interviene
mientras
vemos
una
película
o
cuando
leemos
un
libro.
¿Depende
la
comprensión
lectora
de
la
memoria?
¿De
cuál
de
ellas?
¿Qué
esperamos
que
suceda
si
un
niño
o
adulto
con
problemas
en
la
memoria
de
trabajo
lee
un
libro?
¿Qué
sucederá
si
quien
lo
lee
es
un
niño
o
adulto
con
problemas
en
la
memoria
a
largo
plazo?
Tarea
4.2
¿Si
acabaras
de
aprender
a
notar
en
bici,
esquiar,
patinar
escribir
a
máquina,
etc.,
sería
más
o
menos
fácil
darle
instrucciones
a
una
persona
que
no
sabe
y
tiene
intención
de
aprender
que
si
hubieras
aprendido
de
niño?
¿Qué
tipo
(y
subtipo)
de
memoria
te
va
a
asistir
para
darle
instrucciones
si
tú
acabas
de
aprender?
¿Será
más
fácil
o
más
difícil
transmitir
esa
experiencia
a
otra
persona
cuando
acabas
de
aprender
o
cuando
ha
pasado
cierto
tiempo
y
has
automatizado
esas
habilidades?
Tarea
4.3
Recientemente
apareció
en
las
noticias
el
caso
del
director
de
una
residencia
de
ancianos
que
olvidó
bajar
de
la
furgoneta
a
dos
ancianos
con
demencia
que
fallecieron
en
el
coche.
¿Por
qué
pueden
suceder
estos
problemas
de
memoria?
¿Te
parece
que
a
ti
no
te
hubiera
podido
suceder
semejante
olvido?
Tarea
4.4
Ver
el
vídeo
del
siguiente
enlace
y
trata
de
responder
a
las
siguientes
preguntas:
4.4.1.
¿Por
qué
crees
que
se
produce
ese
efecto
de
tanta
dificultad
para
aprender
si
cada
sujeto
sabe
de
antemano
qué
manipulación
se
ha
hecho
sobre
la
bici?
4.4.2.
¿De
qué
tipos
de
memoria
estamos
hablando
cuando
sabemos
que
se
ha
manipulado
la
bici
en
el
manillar
y
cuando
montamos
para
probarla?
4.4.3.
¿Qué
implicaciones
tiene
este
pequeño
“experimento”
para
la
rehabilitación
de
errores
en
niños
y
adultos
muy
consolidados.
Por
ej.,
errores
articulatorios.
[Link]
Tarea
4.5
En
el
apartado
del
Almacén
visoespacial
del
capítulo
sobre
memoria
se
plantea
el
experimento
de
Chase
y
Simon
(1973)
sobre
el
ajedrez.
¿Cuál
es
la
razón
por
la
cual
los
maestros
lo
hacen
mejor
con
el
tablero
real?
¿Cuál
es
la
razón
por
la
cual
lo
hacen
igual
con
el
tablero
con
las
piezas
repartidas
al
azar?
36
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Bibliografía
Atkinson, R.C. y Shiffrin, R.M. (1968). Human memory: A proposed system and its control processes. En K.W.
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Memoria
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38
Tema
4:
Memoria
/
Neuropsicología
Notas
del
texto
1
En
el
documento
con
los
vídeos
que
tenéis
en
la
plataforma
disponéis
de
un
enlace
sobre
Brenda
Milner.
2
Aunque
Atkinson
y
Shiffrin
(1968)
presentan
ya
la
memoria
a
corto
plazo
como
un
espacio
de
trabajo,
esta
idea
será
subrayada
por
Baddeley
y
Hitch
(1974)
en
su
modelo
sobre
la
memoria
de
trabajo.
3
En
realidad
A.
Baddeley
ha
elaborado
recientemente
una
versión
más
reciente
de
su
modelo
con
un
nuevo
almacén
(el
buffer
o
retén
episódico),
pero
para
los
propósitos
de
este
curso
no
lo
incluiremos
(ver
por
ej.,
Baddeley,
2000,
2003).
4
En
el
experimento
de
Chase
y
Simon
(1973)
cuando
los
tres
grupos
de
sujetos
(maestros,
nivel
intermedio
y
principiantes)
se
enfrentan
a
los
tableros
con
las
piezas
colocadas
a
azar,
los
tres
grupos
colocan
por
término
medio
el
mismo
número
de
piezas:
4.
5
El
que
la
correlación
sea
positiva
indica
que
a
puntuaciones
altas
en
una
variable,
le
corresponden
puntuaciones
altas
en
la
otra;
a
puntuaciones
medias
en
una,
medias
en
otra,
y
a
puntuaciones
bajas
en
una
le
corresponden
bajas
en
la
otra.
En
los
estudios
que
nos
ocupan,
los
valores
de
la
correlación
entre
la
memoria
de
trabajo
fonológica
y
la
comprensión
lectora
oscilan
entre
0,42
y
0,90
(Daneman,
1987).
6
Perisilvianas
son
las
regiones
corticales
que
hay
alrededor
de
la
cisura
de
Silvio.
En
estas
regiones,
en
el
hemisferio
dominante
para
el
lenguaje
(habitualmente
el
izquierdo)
se
encuentra
buena
parte
de
la
maquinaria
del
lenguaje.
7
Al
contrario
de
lo
expresado
en
la
Tabla
1,
la
memoria
implícita,
y
la
no-‐declarativa
en
general,
no
requieren
un
esfuerzo
consciente.
8
En
realidad
no
sabemos
con
seguridad
si
las
memorias
recientes
se
almacenan
propiamente
en
estos
circuitos
témporo-‐mediales
o
si
residen
en
otra
parte,
pero
requieren
de
estos
circuitos
para
ser
evocadas.
9
Sistema
motor
extrapiramidal.
Conjunto
de
estructuras
encargadas
del
control
del
tono
muscular,
el
mantenimiento
y
el
noestriado.
El
paleo
estriado
incluye
al
pálido
y
el
neoestriado
al
caudado
y
al
putamen.
11
Quizás
el
lector
se
haya
percatado
ya
de
que
la
clasificación
de
los
distintos
tipos
de
memoria
a
largo
plazo
expuesta
en
la
Figura
6
no
es
perfecta,
porque
los
distintos
subtipos
se
pueden
clasificar
atendiendo
a
múltiples
criterios.
Cuando
hablamos
de
priming,
efectivamente,
estamos
refiriéndonos
a
una
memoria
implícita,
pero
que
versa
sobre
contenidos
de
otros
tipos
de
memoria,
habitualmente
contenidos
de
la
memoria
semántica
o
episódica.
12
La
amígdala
es
una
estructura
con
forma
de
almendra
localizada
en
la
profundidad
de
la
parte
anterior
y
medial
del
lóbulo
temporal
que
desempeña
un
papel
esencial
en
las
respuestas
de
miedo
y
estrés.
13
Ver
Figura
6
del
Tutorial
del
Tema
6.
14
Los
traumatismos
cráneo-‐encefálicos
cerrados
son
los
producidos
habitualmente
en
los
accidentes
de
tráfico,
donde
con
frecuencia
no
hay
rotura
de
cráneo,
pero
sí
un
patrón
de
daño
cerebral
bastante
predecible
generado
por
el
choque
y
rebote
del
cerebro
contra
la
cara
interna
del
cráneo
(ver
Caja
de
texto
11).
15
La
neocorteza
es
la
corteza
cerebral
más
reciente
en
la
escala
de
la
filogenia.
16
Para
una
hipótesis
alternativa,
véase
Nadel
et
al.,
(2007).
17
Véase
en
este
sentido
Pascual
Leone
et
al.
(2005).
18
Entre
las
situaciones
en
que
un
conocimiento
declarativo
afecta
a
nuestra
conducta
de
un
modo
no
consciente
o
implícito
están
las
guiadas
por
los
prejuicios.
Muchos
de
nosotros
no
somos
conscientes
de
tener
un
sesgo
racista
o
sexista,
pero
la
realidad
es
que
ese
poso
transmitido
por
la
educación
y
la
cultura
ha
calado
más
dentro
de
lo
que
uno
desearía.
Ver
en
este
sentido
Greenwald
et
al.
(1998)
y
las
direcciones
de
internet
del
Cuadro
de
texto
8
sobre
el
Test
de
Asociación
Implícita.
Implícita
es
también
la
influencia
que
ejercen
las
emociones,
asociadas
a
las
experiencias
previas,
sobre
nuestro
proceso
de
toma
de
decisiones.
Este
efecto
descrito
por
el
neurocientífico
portugués
Antonio
Damasio
aparece
descrito
en
el
capítulo
sobre
el
lóbulo
frontal
y
sistema
ejecutivo.
19
Aunque
esta
afirmación
es
rigurosamente
cierta,
hay
un
tipo
especial
de
contenido,
los
nombres
propios,
que
con
el
paso
de
los
años,
que
se
vuelven
especialmente
difíciles
de
evocar.
Se
evoca
el
campo
semántico
completo
de
la
persona
sin
problemas,
pero
el
nombre
se
resiste.
Cuando
este
problema
tiene
suficiente
entidad
se
denomina
anomia
categorial
específica
(ver
Tema
de
Afasias).
20
Un
ruido
blanco
es
un
sonido
compuesto
por
múltiples
frecuencias.
Es
similar
al
ruido
que
generaba
un
televisor
que
se
han
estudiado,
pero
que
no
han
formado
parte
de
las
fases
de
reevaluación.
22
Los
traumatismos
cráneo-‐encefálicos,
si
son
suficientemente
severos,
también
puede
ser
causa
de
amnesias
permanentes.
23
Hablamos
lógicamente
del
recuerdo
explícito,
no
del
implícito.
24
Repárese
en
que
si
se
le
hubiera
pedido
al
paciente
que
evocara,
con
la
pista
de
las
tres
primeras
letras
o
sin
ella,
las
palabras
de
la
lista
su
rendimiento
habría
sido
considerablemente
peor
que
el
de
cualquier
persona
de
su
edad
y
nivel
de
formación.
De
hecho,
habría
dicho
que
no
recordaba
ninguna
lista,
ni
por
tanto,
ninguna
palabra.
39