Prefrontal y Funciones Ejecutivas
Prefrontal y Funciones Ejecutivas
Tema
6
Prefrontal:
Funciones
ejecutivas
Autor:
Jesús
Martínez
Esquema
del
tema:
1. Introducción
2. Anatomía
y
divisiones
3. Filogenia
4. Ontogenia
5. Conexiones
6. Funciones
del
prefrontal
6.1. Región
prefrontal
lateral
6.2. Región
prefrontal
frontopolar
o
prefrontal
rostral
6.3. Región
prefrontal
orbital
o
región
prefrontal
ventral
6.4. Región
prefrontal
medial
6.4.1. Región
prefrontal
ventromedial
6.4.2. Región
prefrontal
dorsomedial
y
cíngulo
medio-‐anterior
1
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
1.
Introducción
Imagina
una
gran
empresa
actual
que
produce
bienes
de
consumo,
calzado
por
ejemplo.
Imagina
que
por
alguna
razón
el
director
ejecutivo
o
director
general
se
ausenta
temporalmente
o
se
muere.
La
empresa
sigue
funcionando
aparentemente
con
normalidad.
Cada
sección
y
cada
operario
conoce
perfectamente
su
cometido
y
es
capaz
de
seguir
ejecutándolo
sin
la
supervisión
del
director.
Ahora
bien,
si
esa
empresa
tiene
que
tomar
decisiones
importantes
para
resolver
problemas
no
rutinarios,
estará
en
un
problema
serio.
Tampoco
será
capaz
de
efectuar
los
cambios
necesarios
en
las
líneas
de
producción
para
dar
respuestas
eficientes
con
sus
productos
a
las
tendencias
del
mercado
o
de
la
moda.
Las
lesiones
en
el
prefrontal
(PF)
(la
parte
más
anterior
del
lóbulo
frontal)
no
generan
trastornos
motores,
ni
sensitivos
elementales.
Tampoco
generan
agnosias,
ni
trastornos
del
lenguaje,
ni
del
habla.
La
actuación
de
los
pacientes
con
este
tipo
de
lesiones
en
las
pruebas
de
inteligencia
no
se
resiente.
Aparentemente,
a
estas
personas
no
les
pasa
nada,
sin
embargo,
son
incapaces
de
gestionar
su
vida
como
lo
hacían
antes,
son
incapaces
de
hacer
planes
sobre
su
futuro
y
tienen
serios
problemas
para
dar
respuestas
nuevas
ante
situaciones
nuevas.
Pierden
la
flexibilidad
en
su
repertorio
conductual.
Esta
flexibilidad
es
la
que
diferencia
nuestras
conductas
de
las
de
otras
especies
menos
evolucionadas.
Con
frecuencia
estas
personas
tienen,
además,
problemas
de
memoria
de
trabajo,
problemas
atencionales
y
un
escaso
control
de
sus
impulsos
(desinhibición).
Durante
años
se
consideró
que
esta
parte
del
cerebro
no
tenía
una
función
cognitiva
concreta,
porque
podía
extirparse
sin
que
se
apreciaran
grandes
cambios
en
la
persona.
De
ahí
la
“alegría”
con
la
que
se
llevaron
a
cabo
lobototomías
frontales1
durante
la
primera
mitad
del
siglo
XX.
Incluso
hoy,
las
funciones
del
prefrontal
son
difíciles
de
definir
y,
por
el
mismo
motivo,
difíciles
de
evaluar
(Banich,
2004).
En
este
capítulo
trataremos
de
presentar
algunas
de
estas
funciones,
así
como
algunos
de
los
síntomas
que
sabemos
se
asocian
a
esta
parte
de
nuestro
cerebro
y
que,
tradicionalmente,
se
aglutinaron
bajo
la
denominación
de
síndrome
frontal.
Como
comprobaremos
a
lo
largo
de
este
capítulo,
esta
es
la
parte
del
cerebro
más
escurridiza
para
ser
estudiada
y
comprendida
y
es,
probablemente
también,
la
que
mejor
nos
define
como
especie
(Stuss
y
Levine,
2002).
Comenzaremos
presentando
unos
datos
sobre
su
anatomía
y
las
conexiones
más
importantes
que
mantiene
con
otras
regiones
del
cerebro;
abordaremos
después
el
desarrollo
filogenético
y
ontogenético
del
prefrontal,
presentaremos
después
las
funciones
de
las
distintas
partes
o
regiones
del
prefrontal.
2.
Anatomía
y
divisiones
El
lóbulo
frontal
se
corresponde
anatómicamente
con
la
parte
del
cerebro
situada
delante
de
la
cisura
de
Rolando
(o
surco
central)
y
por
encima
de
la
cisura
de
Silvio
(surco
lateral).
Inmediatamente
por
delante
del
surco
central
se
encuentra
el
área
motora
primaria
[área
4
de
Brodmann
(BA)].
Delante
de
ésta
se
hallan
las
regiones
premotoras,
los
campos
oculares
frontales2
(área
6
BA)
y
área
motora
suplementaria3
(área
8
BA
en
la
cara
medial)
y
el
área
de
Broca
(área
44
y
quizás
45
BA).
Nótese
que
varias
de
estas
áreas
se
continúan
en
la
cara
medial.
(Ver
Figura
1).
Entre
las
regiones
premotoras
también
se
incluye
la
parte
posterior
del
cíngulo
(Gazzaniga
et
al.
2002).
Cuando
hablamos
del
prefrontal,
habitualmente
nos
referimos
a
un
conjunto
de
regiones
telencefálicas
que
comprenden
porciones
laterales,
mediales
y
basales
(u
orbitales
o
ventrales)
del
lóbulo
frontal
(Figura
1).
Recordemos
que
el
lóbulo
frontal
es
la
región
situada
delante
del
surco
central
o
de
Rolando
y
encima
de
la
parte
anterior
del
surco
lateral
o
cisura
de
Silvio.
Entre
las
regiones
mediales
se
incluye
habitualmente
la
parte
anterior
del
cíngulo
(área
24
BA).
Aunque
estrictamente
hablando
no
forma
parte
del
prefrontal,
funcionalmente
está
unido
a
él.
2
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Figura
1.
Partes
o
divisiones
fundamentales
de
la
corteza
prefrontal
y
áreas
de
Brodmann
correspondientes.
En
fucsia
y
sin
recuadro
las
regiones
prefrontales,
en
marrón
con
etiqueta
punteada
las
premotoras
y
en
rojo
y
etiqueta
con
línea
continua
las
motoras.
[A
partir
de
Fuster
(2002)
y
Ramnani
y
Owen
(2004)]
Cuando
llega
el
momento
de
hablar
de
subdivisiones
o
clasificaciones
dentro
del
prefrontal
comienza
a
reflejarse
la
complejidad
del
asunto.
Anatómicamente
no
sería
difícil
llegar
a
un
acuerdo,
pero
dado
que
las
distintas
clasificaciones
intentan
reflejar
no
tanto
la
anatomía
del
prefrontal
sino
las
regiones
del
mismo
con
funciones
comunes
o
afines,
la
tarea
se
complica
considerablemente.
PREFRONTAL (PF)
PF ROSTRAL
PF LATERAL PF ORBITAL o VENTRAL PF MEDIAL o MESIAL
O POLAR
PF Lateral
Cingular anterior
[partes laterales de 9 y PF Orbitofrontal Gazzaniga
PF Ventromedial [24, 25, 32]
12; 45, 46 y parte lateral et al. (2002)
superior de 47]
PF
Frontopolar o
PF Dorso- medio-
PF anterior o Ramnani y
lateral Ventro- Orbitofrontal
PF rostral Owen (2004)
[9, 46] lateral
[10]
[47]
Orbitofrontal Orbitofrontal PF Mesial PF Mesial
PF Dorsolateral Frontopolar Gómez
ventrolateral ventromedial inferior superior
[9, 46] [10] (2007)
[47] [11, 12] [25, 32, 14] [24, 6]
PF Medial
PF PF PF Medial
inferior o Szczepanski y
Dorso- Ventro- Orbitofrontal PF Rostral superior o
PF ventromedial Knight
lateral lateral [10, 11, 12, 47] [10] PF dorsomedial
[10, 12, 14, 25, (2014)
[9, 46] [44, 45, 47] [8, 9, 10, 24, 32]
24, 32]
Tabla
1.
Algunas
divisiones
empleadas
para
el
estudio
de
las
distintas
regiones
del
prefrontal.
Los
números
corresponden
a
las
áreas
de
Brodmann
(ver
conjuntamente
con
la
Figura
1).
Nota:
Cuando
un
número
aparece
en
varias
divisiones
a
la
vez
dentro
de
la
misma
clasificación
(ej.
área
10
en
Szczepanski
y
Knight
,
2014),
habitualmente
es
porque
distintas
porciones
de
esa
región
están
incluidas
en
las
respectivas
categorías
(orbital,
rostral
y
medial,
en
el
ej.).
Ver,
no
obstante,
explicación
del
texto.
La
Tabla
1
presenta
algunas
de
las
denominaciones
usadas
por
distintos
autores
que
da
una
idea
de
la
variedad
terminológica
y
de
que
las
regiones
aludidas
no
siempre
se
corresponden
exactamente.
La
razón
fundamental
es
que
con
el
paso
del
tiempo
lo
que
comenzó
subdividiéndose
en
tres
categorías
(lateral,
orbital
y
medial),
ha
acabado
dividido
en
seis.
Pero
el
problema
se
agrava,
porque
las
denominaciones
de
unas
y
otras
coinciden
para
referirse
a
regiones
distintas.
Así
por
ej.,
la
división
PF
ventromedial
de
Gazzaniga
et
al.
(2002)
coincide
la
usada
por
Szczepanski
y
Knight
(2014)
para
la
primera
categoría
de
la
región
medial
o
mesial.
De
hecho,
la
subdivisión
de
Gazzaniga
et
al.
incluye
las
regiones
descritas
en
Szczepanski
y
Knight
en
la
categoría
del
mismo
nombre
(PF
ventromedial
de
la
región
medial
o
mesial)
en
la
región
orbital4.
Es
decir,
incluyen
la
porción
inferior
de
la
región
medial
en
la
región
orbital.
La
región
medial
en
la
clasificación
de
Gazzaniga
et
al.
queda
reducida
prácticamente
a
la
parte
anterior
de
cíngulo.
En
el
apartado
de
la
sintomatología
volveremos
sobre
este
asunto
de
las
subdivisiones
y
veremos
que
esta
3
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
agrupación
de
Gazzaniga
et
al.,
la
llevan
a
cabo
otros
autores.
La
razón
tiene
que
ver
no
solo
con
la
vecindad
anatómica,
sino
también
con
la
afinidad
funcional
de
estas
dos
regiones
(la
orbital
y
la
región
inferior
de
la
cara
medial).
El
problema,
al
menos
para
el
que
se
inicia
en
este
terreno,
reside
no
tanto
en
agrupar
funcionalmente
determinadas
regiones
anatómicas,
sino
usar
la
misma
denominación
para
referirse
a
ellas.
Como
punto
de
partida
podemos
considerar
tres
grandes
divisiones:
PF
lateral,
PF
orbital
y
PF
medial.
La
primera
y
la
última,
que
se
corresponden
con
regiones
corticales
de
disposición
más
o
menos
vertical
en
la
cara
externa
e
interna,
respectivamente
de
los
hemisferios,
y
la
segunda
(PF
orbital)
tiene
una
disposición
más
o
menos
horizontal.
Las
de
disposición
vertical
se
subdividen
en
regiones
dorsal
(superior)
y
ventral
(inferior),
mientras
que
la
de
disposición
horizontal
se
subdivide
en
una
región
medial
y
otra
lateral.
Más
recientemente
se
ha
segregado
de
la
región
lateral
y
medial
el
área
10,
la
zona
más
anterior
con
la
denominación
de
región
PF
rostral
o
fronto-‐polar.
3.
Filogenia
La
parte
anterior
del
lóbulo
frontal
es
filogenéticamente
la
región
más
reciente.
En
nuestra
especie,
es
también
la
región
de
mayor
extensión,
si
comparamos
su
tamaño
relativo
frente
al
resto
del
cerebro
en
las
distintas
especies
de
simios.
Sin
embargo,
el
tamaño
relativo
del
lóbulo
frontal
completo
no
es
muy
distinto
del
de
los
primates
más
cercanos
(Semendeferi
et
al.
2002).
Las
áreas
motoras
y
premotoras5
son,
de
hecho,
más
pequeñas
en
nuestra
especie,
luego
el
resto
del
lóbulo
frontal
(el
prefrontal,
básicamente)
tiene
que
ser
más
grande
(Fuster,
2002;
Schoenemann
et
al.
2005).
De
acuerdo
con
Brodmann
(1909)
la
superficie
de
la
corteza
prefrontal
constituye
el
3,5%
del
total
de
la
corteza
en
el
gato,
el
12,5%
en
el
perro,
el
17%
en
el
chimpancé
y
el
29%
en
el
hombre.
Si
en
lugar
de
centrarnos
en
la
superficie
de
la
corteza
nos
centramos
en
el
volumen
de
la
estructura
en
sí
(sustancia
gris
y
sustancia
blanca)
podemos
apreciar
que
el
volumen
relativo
del
prefrontal,
en
relación
con
el
volumen
total
del
cerebro,
es
efectivamente
mayor
en
nuestra
especie
que
el
de
nuestros
parientes
más
cercanos
entre
los
simios
(ver
barras
azules
en
la
Figura
2).
Sin
embargo,
el
volumen
relativo
de
la
sustancia
gris
no
es
tan
diferente.
Las
barras
rojas
están
todas
en
torno
al
14%.
Particularmente
llamativas
son
las
diferencias
en
el
volumen
de
la
sustancia
blanca
(barras
verdes).
Si
miramos
atentamente,
las
diferencias
entre
estos
porcentajes
de
volúmenes
relativos
de
cada
especie
en
relación
con
el
hombre,
apreciamos
que
las
barras
verdes
son
las
que
ostentan
las
diferencias
más
notables.
Esto
indica
que
las
diferencias
mayores
entre
cada
una
de
estas
especies
y
la
nuestra,
corresponden
al
volumen
de
la
sustancia
blanca.
Figura
2.
Volumen
relativo
del
prefrontal
en
el
hombre
y
otras
tres
especies
de
simios
evolutivamente
cercanos.
Los
porcentajes
expresan
la
proporción
entre
el
volumen
del
prefrontal
y
el
volumen
total
del
cerebro.
PF:
volumen
del
prefrontal.
Tot
C:
volumen
total
del
cerebro.
Gris
PF:
volumen
de
la
sustancia
gris
prefrontal.
Blanca
PF:
volumen
de
la
sustancia
blanca
prefrontal.
[A
partir
de
Schoenemann
et
al.
2005]
4.
Ontogenia
Es
importante
comenzar
señalando
que
ritmo
de
maduración
de
las
distintas
regiones
cerebrales
no
es
uniforme,
sino
que
unas
áreas
maduran
antes
que
otras.
Este
ritmo
está
en
consonancia
con
el
desarrollo
4
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
de
las
funciones
en
las
que
dicha
región
participa.
Así
mismo,
conviene
recordar
que
la
maduración
del
cerebro
pasa
una
serie
de
fases
que
se
inician
en
el
útero
(ver
por
ej.,
Rosenzweig
y
Leiman,
1992).
En
el
recién
nacido
ya
ha
concluido
la
fase
de
migración
celular
y
prácticamente
también
la
neurogénesis6.
En
los
primeros
años
del
neonato
se
produce
un
aumento
inicial
extraordinario
del
número
de
sinapsis,
pero
esta
explosión
de
conexiones
no
tiene
lugar
en
toda
la
corteza
a
la
vez
(ver
Figura
3).
Sabemos
que
el
punto
de
máxima
densidad
de
sinapsis
en
la
corteza
prefrontal
se
produce
varios
años
después
del
punto
de
máxima
densidad
sináptica
en
la
corteza
visual
primaria
(Huttenlocher
y
Dabholkar,
1997).
A
partir
de
ese
momento
de
máxima
densidad,
el
número
de
sinapsis
disminuye
progresivamente,
al
ponerse
en
marcha
la
poda
o
eliminación
competitiva
de
estas
sinapsis.
Eso
provoca
una
curva
de
U
invertida
o
campaniforme
(ver
Figura
3).
Se
cree
que
este
mecanismo
de
poda
permite
afinar
las
conexiones
de
las
distintas
redes
neuronales,
en
función
de
las
demandas
ambientales
(Waites
et
al.,
2005).
Lo
que
es
evidente
es
que
el
proceso
de
poda
comienza
antes
en
las
regiones
primarias
sensoriomotoras
que
en
la
corteza
prefrontal
(Casey
et
al.,
2005).
Otra
variable
fundamental
en
la
maduración
cerebral,
además
de
las
conexiones
o
sinapsis
es
la
mielinización
de
las
fibras
o
tractos
nerviosos.
A
diferencia
de
lo
que
sucede
con
la
densidad
sináptica
(donde
hay
un
retroceso
tras
la
explosión
inicial),
en
la
mielinización
cerebral
el
incremento
es
acumulativo
y
lineal.
Su
inicio
tiene
lugar
antes
del
nacimiento
(sobre
las
semanas
26-‐28),
con
un
desarrollo
intenso
hacia
los
dos
años
y
una
mielinización
progresivamente
más
lenta,
pero
acumulativa
después.
Pero
también
la
mielinización
se
inicia
en
las
distintas
regiones
en
distintos
momentos.
Las
áreas
primarias
(tanto
sensoriales,
como
motoras)
lo
hacen
en
primer
lugar
y
las
áreas
asociativas,
entre
las
que
está
el
prefrontal,
en
último
lugar.
El
espesor
de
la
mielina
en
el
prefrontal
va
incrementándose
a
lo
largo
de
la
infancia
y
del
inicio
de
la
adolescencia
(Fuster,
2002;
Casey
et
al.,
2005).
El
volumen
relativo
de
la
sustancia
blanca
a
nivel
cerebral
no
solo
nos
diferencia
de
los
simios
más
cercanos,
sino
que
también
correlaciona
con
el
grado
de
desarrollo
cognitivo
en
los
primeros
5
años.
Esto
es
lo
que
han
puesto
de
manifiesto
Deoni
y
colaboradores
en
un
estudio
reciente.
Estos
autores
han
llevado
a
cabo
un
trabajo
longitudinal
con
un
grupo
de
niños
entre
3
meses
y
5
años
en
el
que
correlacionan
las
puntuaciones
en
una
escala
de
desarrollo
(que
evalúa
motricidad
gruesa
y
fina,
percepción
visual
y
lenguaje
receptivo
y
expresivo)
con
el
grado
de
mielinización
cerebral
a
partir
de
los
datos
volumétricos
de
la
resonancia
(Deoni
et
al.,
2016).
Figura
3.
Desarrollo
de
las
sinapsis
y
mielinización
en
el
cerebro.
[A
partir
de
Thompson
y
Nelson
(2001)
y
de
Casei
et
al.
(2005)]
El
advenimiento
de
la
resonancia
magnética
estructural
y
funcional
y,
de
un
modo
especial,
la
tractografía
por
difusión7
basada
en
ella,
ha
permitido
llevar
a
cabo
estudios
evolutivos
que
ponen
en
relación
el
volumen
y/o
la
distribución
de
la
mielina
en
distintas
regiones
cerebrales
funciones
cognitivas
concretas.
Así
por
ej.,
Nagy
et
al.
(2006)
llevan
a
cabo
un
estudio
con
resonancia
por
difusión
con
23
niños
de
entre
8
y
18
años
y
encuentran
que
el
grado
de
desarrollo
de
la
memoria
de
trabajo
visual
correlaciona
con
el
grado
de
mielinización
de
los
axones
de
determinadas
regiones
frontales
y
fronto-‐parietales.
Parece,
por
5
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
tanto,
que
la
sustancia
blanca
reclama
su
sitio
dentro
de
las
llamadas
funciones
superiores,
en
otro
momento
denominadas
“funciones
corticales
superiores”,
y
que
el
proceso
de
mielinización
se
prolonga
por
lo
menos
hasta
la
entrada
en
la
edad
adulta.
En
resumen,
tanto
en
los
procesos
de
sinaptogénesis
y
poda,
como
en
los
de
mielinización,
tienen
lugar
en
momentos
distintos
en
las
distintas
regiones
cerebrales.
El
prefrontal
se
encuentra
entre
las
regiones
que
maduran
más
tarde.
5.
Conexiones
Como
acabamos
de
comprobar
en
las
dos
secciones
anteriores,
el
prefrontal
(en
particular
su
sustancia
blanca)
ocupa
mucho
más
espacio
en
nuestra
especie
y,
además,
es
la
última
en
madurar
en
la
infancia.
Con
toda
probabilidad
estos
hechos
tienen
que
ver
con
el
desarrollo
de
las
funciones
de
esta
parte
del
cerebro.
Como
en
el
ejemplo
del
director
ejecutivo
de
la
empresa
con
el
que
empezábamos
el
capítulo,
esta
región
debe
mantener
comunicaciones
abundantes
y
fluidas
con
otras
partes
del
sistema,
para
llevar
a
cabo
sus
funciones,
y
las
comunicaciones
entre
las
distintas
partes
del
cerebro
son
posibles
gracias
a
los
axones
mielinizados,
es
decir,
gracias
a
la
sustancia
blanca.
Figura
4.
Fascículos
interahemisféricos
que
muestran
las
principales
conexiones
corticales
en
las
que
participa
el
l.
En
color
azul
los
que
tienen
origen
y/o
destino
en
el
prefrontal.
[A
partir
de
Kahle
et
al.
(1992)]
El
lóbulo
frontal,
en
general,
y
el
prefrontal
en
particular,
están
extraordinariamente
bien
conectados
con
las
distintas
partes
del
cerebro,
tanto
corticales,
como
subcorticales.
A
nivel
cortical,
el
prefrontal
mantiene
conexiones
bidireccionales
con
las
cortezas
asociativas
del
resto
de
los
lóbulos.
No
así
con
las
áreas
primarias
sensoriomotoras
(Fuster,
2001,
2002).
El
prefrontal
está
estrechamente
conectado
con
las
regiones
asociativas
sensoriales
y
motoras
y
con
el
sistema
límbico,
en
especial
con
el
hipocampo
y
la
amígdala.
La
mayoría
de
estas
conexiones
son
bilaterales
(Gazzaniga
et
al.
2002).
La
Figura
4
nos
permite
apreciar
los
principales
fascículos
intrahemisféricos.
De
los
7
fascículos
mostrados
en
la
ilustración,
5
tienen
su
origen
y/o
destino
en
el
lóbulo
frontal.
El
prefrontal
mantiene
además
conexiones
con
el
núcleo
dorsomediano
del
tálamo,
el
hipotálamo,
los
ganglios
de
la
base
(estriado),
la
amígdala,
el
cerebelo
y
el
tronco
del
encéfalo
(Damasio
y
Anderson,
2003).
Esta
exuberancia
de
conexiones
nos
da
una
idea
de
la
importancia
de
sus
funciones
y
de
su
papel
central
como
organizador
de
la
conducta
en
el
sentido
más
amplio
del
término.
Veamos
cuáles
son
estas
funciones.
6.
Funciones
del
prefrontal
En
la
última
década
se
ha
pasado
de
presentar
conjuntamente
las
funciones
del
prefrontal
a
considerar
la
existencia
de
“síndromes”
o
agrupaciones
de
síntomas,
en
función
de
la
localización
de
la
lesión.
Los
primeros
intentos
describían
tres
subdivisiones
o
“síndromes”:
dorsolateral,
orbital
y
medial.
A
estos
tres
6
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
se
les
ha
sumado
recientemente
un
cuarto,
el
frontopolar,
que
se
ha
desgajado
de
los
anteriores.
Adicionalmente,
algunas
de
las
regiones
principales
se
subdividen
en
dos
para
su
estudio,
en
función
de
su
localización
más
medial
o
lateral
o,
sobre
todo,
más
dorsal
o
ventral
(ver
Tabla
1).
No
obstante,
antes
de
comenzar
a
describir
las
funciones
de
cada
una
de
estas
regiones
conviene
poner
una
nota
de
cautela
cuando
se
trata
de
localizar
funciones
complejas
y
en
especial
en
esta
parte
del
cerebro.
Así
por
ej.,
Gazzaniga
et
al.
(2002)
reconocen
expresamente,
a
propósito
de
las
funciones
de
la
región
orbital,
que
nuestro
conocimiento
sobre
esta
región
es
en
buena
medida
teórico.
Hemos
visto
también
que
tan
importante
como
la
corteza
o
incluso
más
(al
menos
en
términos
volumétricos)
lo
es
la
sustancia
blanca,
es
decir,
sus
conexiones.
Además,
muchas
de
las
conexiones,
como
hemos
visto
en
la
Figura
4,
salen
fuera
del
lóbulo
frontal.
Joaquín
Fuster
se
expresa
de
este
modo
a
propósito
de
esta
cuestión.
Gran
parte
de
la
confusión
existente
en
la
literatura
sobre
el
PFC
[Córtex
Prefrontal]
deriva
de
dos
errores
frecuentes.
El
primero
es
argumentar
sobre
una
función
particular
oponiéndola
u
olvidando
otras
que
la
complementan;
el
segundo
es
localizar
cualquiera
de
ellas
en
una
porción
concreta
del
PFC.
Las
funciones
del
PFC
dependen
estrechamente
de
sus
conexiones
con
una
amplia
gama
de
otras
estructuras
cerebrales.
Ninguna
de
estas
funciones
cognitivas
puede
ser
comprendida
si
se
aísla
de
su
amplio
contexto
de
conexiones.
Cualquier
hipotética
modularidad
del
PFC
carece
funcionalmente
de
sentido
si
se
separa
de
sus
extensas
redes
que
se
extienden
más
allá
de
los
confines
de
cualquier
área
prefrontal
determinada.
8
(Fuster,
2001,
pág.
319).
Una
evidencia
convergente
que
da
más
fuerza,
si
cabe,
a
esta
argumentación
es
que
estas
tres
subdivisiones
clásicas
han
sido
descritas
también
como
consecuencia
de
lesiones
subcorticales
que
implican
a
los
ganglios
de
la
base
(núcleo
caudado
sobre
todo)
y
al
tálamo
(véase
Cummings,
1993).
Estos
datos
subrayan
la
idea
clásica
de
que
una
cosa
es
localizar
el
síntoma
y
otra
localizar
la
función
(Jackson,
1874).
Es
posible
que
determinado
síntoma
tienda
a
aparecer
ante
lesiones
en
determinada
región,
pero
ello
no
supone
necesariamente
que
en
esa
región
esté
localizada
toda
la
maquinaria
que
controla
dicha
función.
Tanto
más
compleja
es
la
función,
tanto
más
amplias
son
las
redes
neuronales
y
regiones
que
participan
en
ella.
Ello
no
impide,
como
señalaba
Luria,
que
cada
una
aporte
su
contribución
específica
a
la
función.
Así
mismo,
conviene
recordar
que
estamos
hablando
de
síndromes
anatómicos,
no
funcionales9
y,
por
tanto,
dependiendo
de
la
localización
concreta
de
la
lesión
podremos
encontrar
unos
síntomas
u
otros
en
cada
paciente.
Es
más,
lo
habitual
es
que
ningún
paciente
presente
todos
los
síntomas
que
vamos
a
describir
a
continuación
como
propios
de
cada
subtipo.
En
esta
misma
línea,
es
interesante
señalar
que
a
pesar
de
los
años
de
estudio
sobre
el
prefrontal
se
han
descrito
escasas
dobles
disociaciones
entre
tareas
o
funciones
relacionadas
con
él
(Badre
y
d’Esposito,
2009).
Finalmente,
hay
algunos
síntomas,
que
tradicionalmente
se
asocian
con
las
lesiones
prefrontales,
que
pueden
asociarse
a
cualquiera
de
los
síndromes
mencionados.
Entre
ellos
se
encuentran
la
anosognosia
o
falta
de
conciencia
o
apreciación
de
sus
problemas
cognitivos
o
sociales,
la
tendencia
a
perseverar
en
la
conducta
previa,
cuando
no
procede,
como
si
quedaran
estancados
en
un
bucle,
y
la
disociación
entre
su
conocimiento
racional
sobre
las
normas
sociales
o
lo
que
deben
hacer
en
determinada
situación
y
lo
que
hacen
en
realidad
cuando
llega
el
caso
(Gómez
y
Tirapu,
2012).
A
esto
añadiríamos
que
lo
habitual
es
que
estos
pacientes
no
presenten
problemas
apreciables
en
los
test
de
inteligencia.
En
resumen,
debe
quedar
claro
que,
a
pesar
de
los
progresos
realizados
en
la
última
década,
el
papel
concreto
de
las
distintas
regiones
prefrontales
en
las
distintas
funciones,
sigue
siendo
una
cuestión
sometida
a
debate.
Estamos
hablando
siempre
de
redes
neuronales
cuya
extensión
y
complejidad
va
paralela
la
complejidad
de
la
función
considerada.
Estas
redes
necesariamente
implican
a
múltiples
regiones
cerebrales
corticales
y
subcorticales,
aunque
eso
sí,
tienen
nodos
o
puntos
críticos
en
ciertas
zonas
del
prefrontal.
6.1.
Región
prefrontal
lateral
La
región
prefrontal
dorsolateral
incluye
las
áreas
9
y
46
de
Brodmann.
En
ocasiones
se
diferencian
en
esta
región
una
porción
dorsal
(PFDL)
[9
y
46
BA]
y
otra
porción
ventral
(PFVL)
[44,
45
y
47].
Esta
región
lateral
del
prefrontal
recibe
conexiones
de
las
cortezas
asociativas
de
los
sistemas
sensoriales
posteriores,
del
hipocampo
y
corteza
adyacente,
así
como
de
la
amígdala
(especialmente
la
región
PFVL)
y
del
cíngulo
anterior.
Esta
región
envía
eferencias
fundamentalmente
hacia
las
regiones
premotoras,
a
los
ganglios
de
la
base
y
al
cerebelo
(Miller
y
Cohen,
2001;
Tanji
y
Hoshi,
2007).
7
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Las
lesiones
situadas
en
torno
a
la
región
prefrontal
dorsolateral
suelen
producir
síntomas
que
tradicionalmente
se
agruparon
bajo
la
denominación
de
síndrome
disejecutivo.
Se
trata
fundamentalmente
de
síntomas
cognitivos
que
tienen
que
ver
con
el
control
cognitivo
que
regula
nuestras
acciones,
así
como
nuestros
pensamientos,
planes
o
intenciones.
Entre
las
funciones
que
habitualmente
participan
estas
regiones
se
encuentran
la
gestión
de
la
memoria
de
trabajo
y
de
la
atención,
la
organización
y
planificación
de
la
conducta
y
algunos
aspectos
de
la
memoria
largo
plazo.
Además
de
síntomas
cognitivos,
esta
región
tradicionalmente
se
asoció
también
a
problemas
del
estado
de
ánimo.
Más
concretamente,
las
lesiones
puede
producir
un
afecto
plano,
falta
de
iniciativa
y
apatía.
Síntomas
que
tradicionalmente
recibieron
la
denominación
de
síndrome
pseudodepresivo
(Blumer
y
Benson,
1975).
De
hecho,
la
estimulación
de
la
región
PFDL
del
lado
izquierdo
mediante
pulsos
magnéticos
de
alta
frecuencia
(EMTCr10)
se
emplea
con
éxito
como
tratamiento
contra
la
depresión.
Esto
es
lo
que
indica
un
meta-‐análisis
llevado
a
cabo
por
Schutter
(2009).
Figura
5.
Regiones
o
subdivisiones
del
frontal
en
una
visión
lateral
Memoria
de
trabajo
En
el
tema
de
la
memoria
hemos
descrito
que
uno
de
los
subtipos
que
se
disocia
del
resto
de
la
memoria
es
la
memoria
de
trabajo.
En
el
modelo
más
aceptado
sobre
ella,
Baddeley
organiza
este
tipo
de
memoria
como
un
sistema
con
tres
componentes:
un
Gestor
o
Administrador
Central
y
dos
almacenes
esclavos
o
subsidiarios,
uno
fonológico
y
otro
visoespacial
(Baddeley,
1992)
[ver
Figura
2
del
tema
4].
Además
de
retener
la
información
durante
un
breve
espacio
de
tiempo,
este
dispositivo
nos
permite
operar
con
ella.
Gracias
a
él
podemos
confrontar,
sintetizar
y
distribuir
la
información
procedente
de
otros
procesadores
cerebrales.
En
concreto,
es
el
gestor
o
administrador
central
el
que
se
afectaría
por
las
lesiones
en
esta
región
prefrontal
DL.
Recordemos
que
los
almacenes
fonológico
y
visoespacial
dependían
de
regiones
posteriores
(ver
Figura
5
del
tema
4).
Las
lesiones
en
la
región
dorsolateral
alteran
la
capacidad
de
manipular
el
contenido
de
la
memoria
de
trabajo.
Más
concretamente,
las
lesiones
izquierdas
afectan
a
la
manipulación
de
los
contenidos
verbales
y
las
derechas
a
los
espaciales
(Barbey
et
al.,
2013).
Es
decir,
alteran
el
Administrador
central
del
modelo
de
Baddeley.
Este
constructo
teórico
(el
gestor
central)
está
muy
relacionado
con
el
concepto
de
Sistema
Atencional
Supervisor
planteado
por
Norman
y
Shallice
(1986)
a
propósito
del
control
de
la
conducta,
de
modo
que
no
es
muy
sorprendente
que
estos
pacientes
presenten
también
problemas
en
la
gestión
de
su
atención
y
en
la
toma
de
decisiones
que
determina
sus
conductas.
Esto
es
lo
que
sugieren
los
resultados
de
un
estudio
llevado
a
cabo
con
un
grupo
de
personas
con
adicción
a
sustancias
con
una
tarea
que
implica
efectuar
apuestas
(tomar
decisiones)
sobre
unos
montones
de
cartas
(ver
más
adelante
Iowa
Gambling
Test
en
Cuadro
de
texto
5).
La
actuación
en
la
memoria
de
trabajo
no
depende
de
la
actuación
en
la
toma
decisiones,
pero
la
toma
de
decisiones
en
el
test
de
Iowa
parece
depender
de
la
integridad
de
la
memoria
de
trabajo
(Bechara
y
Martin,
2004).
Atención
Al
hablar
de
la
atención
en
el
tema
3
mencionábamos
que
existían
una
modalidad
exógena
o
bottom-‐up
y
otra
endógena
o
top-‐down
(Desimone
y
Duncan,
1995).
En
la
primera,
la
atención
depende
de
los
estímulos
externos
y,
en
la
segunda,
la
atención
es
regulada
internamente
por
el
sujeto.
Es
esta
última
forma
de
atención,
la
que
depende
de
un
modo
especial
de
esta
región
prefrontal
dorsolateral.
Se
supone
que
esta
región
PFDL
ejerce
su
acción
sobre
los
sistemas
perceptivos
de
la
cortezas
posteriores
optimizando
así
las
condiciones
del
procesamiento.
Dentro
de
la
atención,
tradicionalmente
se
ha
relacionado
la
región
prefrontal
lateral
con
la
atención
y
la
región
orbital
con
la
inhibición
(Miller
y
Cohen,
2001).
No
es
menos
cierto,
sin
embargo,
que
la
atención
es
una
función
suficientemente
compleja
en
la
8
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
que
participan
tanto
sistemas
parietales,
como
redes
prefrontales
laterales,
prefrontales
ventrales
y
cingulares
(ver
capítulo
3
sobre
atención).
Una
evidencia
convergente
con
esta
idea
es
el
hecho
de
que
las
lesiones
prefrontales
ventrolaterales
(44,
45,
47
BA)
y
ocasionalmente
también
las
dorsolaterales
(8,
9,
46)
y
cingulares
(23,
24)
pueden
ocasionar
un
cuadro
de
negligencia
unilateral
(Heilman
et
al.,
2003,
Szczepanski
y
Knight,
2014).
Fuster
(2001)
insiste
en
que
tanto
la
atención,
como
la
memoria
de
trabajo
son
funciones
suficientemente
distribuidas
por
el
prefrontal,
de
modo
que
carece
de
sentido
tratar
de
localizarlas
en
una
región
concreta
del
mismo.
Lo
que
sí
podemos
afirmar
es
que
las
lesiones
de
esta
región
PF
lateral
comprometen
el
control
voluntario,
endógeno
o
top-‐down
de
la
atención
y
aumentando
la
labilidad
atencional
o
distractibilidad.
La
conducta
del
paciente
queda
a
merced
de
los
estímulos
inmediatos.
Cualquier
estímulo
medianamente
llamativo
que
entra
en
escena,
distrae
a
la
persona
de
la
tarea
principal.
La
atención
endógena
dependiente
de
este
sistema
PFDL
es
esencial
también
para
mantenerse
en
el
tiempo
centrado
en
una
tarea
de
acuerdo
un
plan
(atención
sostenida)
aunque
no
haya
estímulos
distractores
y
para
cambiar
el
foco
atencional
de
acuerdo
con
las
necesidades
de
la
misma
(atención
dividida11).
Las
lesiones
en
la
parte
inferior
de
esta
región
lateral
(PF
ventrolateral)
y
en
la
región
orbital
lateral
vecina,
cursan
con
problemas
para
inhibir
estímulos
distractores
y
para
persistir
o
mantener
la
concentración
en
las
tareas
que
se
prolongan
en
el
tiempo
o
que
son
aburridas
o
difíciles.
Estos
pacientes
suelen
presentar
perseveraciones
y
dificultades
para
cambiar
de
punto
de
vista
atencional
(shifting)
(Bechara,
2005).
Un
ejemplo
típico
de
tarea
que
valora
esta
capacidad
para
cambiar
de
marco
atencional
es
el
Test
de
Clasificación
de
Cartas
de
Wisconsin
(ver
Cuadro
de
texto
1).
9
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Cuadro
de
texto
1
Test
de
Clasificación
de
Cartas
de
Wisconsin
En
esta
prueba
se
pide
al
sujeto
que
vaya
colocando
cada
una
de
las
cartas
del
mazo
bajo
una
de
las
cuatro
cartas
de
“muestra”
que
hay
extendidas
en
la
mesa.
Se
indica
al
sujeto
que
la
coloque
junto
a
la
carta
con
la
que
cree
que
casa.
Cada
vez
que
el
sujeto
coloca
una
carta,
el
examinador
le
dice
si
está
bien
o
mal
colocada
(“correcto”
o
“incorrecto”).
Este
feedback
se
administra
de
acuerdo
con
un
criterio
que
no
se
le
revela
al
sujeto
y
que
se
mantiene
constante
durante
un
número
determinado
de
cartas
o
intentos
(en
realidad
hasta
que
logra
9
respuestas
correctas
en
10
intentos
consecutivos).
Imaginemos
que
el
criterio
es
el
primer
criterio
es
el
color.
Las
tres
cartas
colocadas
por
el
sujeto
de
la
ilustración
habrían
recibido
una
respuesta
de
“incorrecto”.
La
carta
siguiente
del
mazo
debería
colocarla
sobre
el
primer
montón,
que
está
bajo
el
triángulo
rojo,
porque
ambas
cartas
comparten
el
color
(a
pesar
de
no
compartir
el
número
ni
la
forma).
Si
la
colocara
bajo
cualquiera
de
las
otras
tres
cartas
de
la
fila
de
muestra,
la
respuesta
sería
“incorrecto”.
Los
pacientes
con
lesiones
prefrontales
pueden
tener
más
o
menos
dificultad
para
identificar
el
primer
criterio
oculto
que
determina
las
respuestas
de
feedback
del
examinador
en
la
primera
tanda.
El
problema
viene
cuando
detectado
el
criterio
por
el
paciente,
y
sin
previo
aviso,
el
examinador
cambia
de
criterio.
Imaginemos
que
cambia
de
color
a
forma.
A
partir
de
ese
momento
empieza
a
decir
“incorrecto”
cuando
el
paciente
clasifica
por
el
color
y
“correcto”
cuando
lo
hace
por
la
forma.
La
conducta
característica
de
los
pacientes
con
lesiones
prefrontales
es
la
imposibilidad
para
cambiar
de
criterio
clasificatorio
de
modo
espontáneo
ante
las
nuevas
demandas
de
la
tarea.
Es
decir,
no
son
capaces
de
inferir
que
en
la
nueva
situación
el
examinador
cambió
de
criterio.
Su
tendencia
a
seguir
con
el
criterio
anterior
les
lleva
a
“perseverar”
y
seguir
clasificando
por
el
color.
Ser
flexibles
en
esta
tarea
implica
ser
capaces
de
inhibir
un
patrón
cognitivo
o
de
conducta
y
ser
capaces
de
activar
otro.
Esta
tarea,
a
priori,
es
sensible
tanto
a
las
dificultades
para
cambiar
de
punto
de
vista
o
marco
cognitivo
(shifting),
típicamente
relacionadas
con
las
lesiones
dorsolaterales
y
rostrales
o
frontopolares,
pero
también
es
sensible
a
los
problemas
para
inhibir
el
patrón
de
respuesta
antes
reforzado
(“correcto”)
y
asumir
uno
nuevo,
es
decir,
con
los
procesos
de
aprendizaje
inverso
(reversal
learning),
relacionados
con
la
región
orbital
y/o
ventromedial.
Organización
y
planificación
de
la
conducta
No
resulta
fácil
separar
el
control
de
la
atención
del
control
u
organización
de
la
conducta
(el
control
ejecutivo).
De
hecho,
el
modelo
de
Shallice
que
vamos
a
exponer
brevemente
en
este
apartado
nació
con
el
propósito
de
explicar
“el
papel
de
la
atención
en
la
acción”
(Norman
y
Shallice,
1986,
Shallice
y
Burgess,
1996).
[ver
Figura
6].
Este
modelo
aborda
la
gestión
de
las
acciones
separando
las
automáticas
de
las
voluntarias.
Las
conductas
o
respuestas
automáticas,
se
llevarían
a
cabo
con
una
mínima
participación
de
la
atención.
Las
entradas
estimulares
procedentes
de
los
Sistemas
Perceptivos
desencadenarían
la
10
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
activación
del
esquema
de
acción
adecuado
dentro
de
un
almacén
de
esquemas
de
conducta
(Unidades
de
control
de
esquemas).
La
conducta
apropiada
se
seleccionaría
porque
recibiría
más
activación
en
sus
conexiones
con
las
entradas
estimulares
que
las
demás.
Para
evitar
el
conflicto
entre
los
distintos
esquemas
se
plantea
además
un
Sistema
de
resolución
de
conflictos
(Contention
Schedule)
que
actúa
aumentando
o
disminuyendo
la
activación
de
los
esquemas
de
conducta
compatibles
o
incompatibles.
Las
conductas
automáticas
o
rutinarias
se
desarrollarían
con
un
mínimo
control
atencional
y
de
un
modo
prácticamente
inconsciente.
Podemos
llevarlas
a
cabo
pensando
(con
la
atención
puesta)
en
otra
cosa.
La
atención
participaría
solo
en
el
inicio
y
el
fin.
Para
las
acciones
no
automáticas,
el
modelo
dispone
de
un
dispositivo
encargado
de
gestionar
nuestra
atención
y
nuestras
acciones.
Este
dispositivo
es
el
llamado
Sistema
Atencional
Supervisor
(SAS).
Las
tareas
no
automáticas
serían
aquellas
que
requieren
planificar
o
tomar
decisiones,
que
son
problemáticas,
que
se
aprendieron
con
errores
o
contienen
secuencias
de
acciones
novedosas,
que
son
peligrosas
o
difíciles
y
que
requieren
superar
una
respuesta
habitual
consolidada
(Norman
y
Shallice,
1986).
El
SAS
es
en
realidad
un
dispositivo
de
planificación
o
programación
de
acciones.
Es
quien
determina
la
secuencia
de
acciones
concretas
que
se
llevarán
a
cabo.
Tanto
más
compleja
es
la
conducta
a
programar,
tanto
más
elaborado
es
el
árbol
con
la
jerarquía
de
submetas
a
llevar
a
cabo.
Figura
6.
Modelo
de
Norman
y
Shallice
sobre
el
control
de
las
acciones
[A
partir
de
Shallice
et
al.
(1989)]
Las
lesiones
en
las
regiones
PFDLs
provocan
una
dificultad
importante
para
secuenciar
acciones
encaminadas
a
un
fin.
Estos
pacientes
pueden
no
tener
ningún
problema
para
llevar
a
cabo
acciones
concretas
aisladas
o
acciones
complejas
altamente
automatizadas,
pero
fracasan
cuando
tienen
que
secuenciarlas
como
parte
de
un
plan
más
complejo
y/o
novedoso
(Fuster,
2001).
Preparar
la
comida
o
elaborar
un
plan
de
trabajo
para
preparar
un
examen,
pueden
ser
dos
ejemplos
de
tareas
complejas.
Poner
una
cazuela
al
fuego
con
agua
o
sentarse
a
estudiar,
serían
dos
ejemplos
de
acciones
concretas
aisladas.
Los
pacientes
con
problemas
en
la
planificación
de
la
conducta
suelen
tener
una
pobre
actuación
en
la
resolución
de
problemas
que
requieren
organización
y
planificación,
como
es
el
caso
de
los
planteados
en
los
test
Torre
de
Hanoi
y
Torre
de
Londres
(ver
Cuadro
de
texto
2).
11
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Cuadro
de
texto
2
Torre
de
Hanoi
En
la
Torre
de
Hanoi
la
tarea
consiste
en
cambiar
los
discos
del
primer
soporte
a
cualquiera
de
los
otros
dos
con
el
menor
número
de
movimientos.
Las
reglas
impiden
colocar
los
discos
fuera
de
los
soportes
y
colocar
un
disco
más
grande
encima
de
uno
más
pequeño.
Torre
de
Londres
En
esta
tarea
el
objetivo
es
reproducir
el
modelo
de
la
parte
superior
con
las
fichas
y
los
contenedores
de
la
parte
inferior.
La
única
restricción
es
mover
una
más
ficha
en
cada
movimiento
y
no
superar
la
capacidad
de
cada
contenedor.
Las
dos
tareas
requieren
planificar
debidamente,
para
evitar
llevar
a
cabo
movimientos
innecesarios.
Las
personas
con
lesiones
prefrontales
laterales
y
prefrontales
rostrales
tienen
problemas
con
estas
tareas
(Ramnani
y
Owen,
2004;
Szcepanski
y
Knight,
2014).
Sin
duda
en
la
organización
y
planificación
de
la
conducta
participan
el
SAS
recogido
en
este
modelo,
pero
no
podemos
caer
en
la
tentación
simplificadora
de
localizar
este
dispositivo
en
la
región
dorsolateral.
Como
veremos,
las
regiones
cingular
anterior,
órbito-‐frontal
y
frontopolar
también
disponen
de
redes
neuronales
que
participan
en
él.
Como
veremos
en
el
apartado
de
la
región
fronto-‐orbital,
las
lesiones
en
esta
región
basal
alteran
la
adecuación
de
la
conducta
del
paciente
a
las
normas
sociales.
Sin
embargo,
podemos
ser
poco
finos
(descorteses)
sin
pretenderlo,
simplemente
porque
nuestro
SAS
está
ocupado
con
alguna
tarea
prioritaria
(por
ej.
peligrosa)
y
nuestra
conducta
queda
a
merced
o
más
dependiente
de
las
respuestas
automáticas
o
guiadas
por
los
estímulos.
Ejemplos
en
este
sentido
son
las
discusiones
cuando
se
va
conduciendo.
En
estas
situaciones
es
más
fácil
perder
parcialmente
las
formas
y
el
tacto
social.
La
explicación
sería
que
el
SAS
está
parcialmente
ocupado
en
una
tarea
prioritaria
que
absorbe
parte
de
sus
recursos
y
el
resto
de
las
conductas
pasan
a
depender
un
poco
más
de
respuestas
menos
elaboradas,
más
primarias.
Memoria
episódica
Existe
un
amplio
consenso
sobre
la
implicación
de
las
regiones
temporales
mediales
y
diencefálicas
en
la
amnesia,
es
decir,
en
la
memoria
a
largo
plazo
verbal
y
espacial.
Sin
embargo,
el
papel
del
prefrontal
en
la
memoria
a
largo
plazo
es
aún
objeto
de
debate
(Chapados
y
Petrides,
2016).
Cuando
definíamos
la
memoria
episódica
en
el
tema
4
mencionábamos
que
se
trataba
de
memorias
sobre
sucesos
que
se
podían
situar
en
el
eje
espacio-‐temporal.
Uno
sabe
cuándo
y
dónde
sucedió
el
hecho
en
cuestión.
Pues
bien,
las
12
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
lesiones
prefrontales
dorsolaterales
no
producen
un
síndrome
amnésico,
como
el
descrito
en
los
pacientes
con
lesiones
temporales
o
diencefálicas,
pero
afectan
de
un
modo
especial
al
contexto
espaciotemporal
o
personal
en
el
que
se
produjo
el
evento
(memoria
de
contexto)[Stuss
y
Levine,
2002].
Tradicionalmente
se
ha
considerado
que
las
lesiones
prefrontales
afectan
a
los
procesos
estratégicos
implicados
en
la
organización
(codificación)
de
los
recuerdos.
Por
este
motivo
se
afectaría
más
la
evocación
espontánea
que
el
reconocimiento.
Este
último
sería
menos
dependiente
de
los
procesos
estratégicos
de
organización
de
la
información.
Moscovitch
y
Winocur
(1995)
plantean
que
no
se
trata
tanto
de
un
problema
de
memoria
cuanto
un
problema
para
“trabajar
con
la
memoria”,
para
hacer
inferencias
desde
ella,
para
aprovechar
el
orden
temporal
de
los
acontecimientos
o
el
contexto
en
el
que
se
produjeron,
para
utilizar
estrategias
de
codificación
y
recuperación
adecuadas.
Stuss
y
Alexander
(2007)
subrayan
esta
idea
de
que
los
lóbulos
frontales
no
están
implicados
en
los
procesos
representacionales
de
la
memoria,
pero
desempeñan
un
papel
esencial
en
los
procesos
de
control
estratégico
de
la
memoria.
Así
mismo,
presentan
datos
que
sugieren
que
para
poder
avanzar
en
este
campo
de
estudio,
se
ha
de
mejorar
en
dos
direcciones.
Por
un
lado,
siendo
más
específico
en
la
selección
de
los
pacientes
y
en
el
diseño
de
los
experimentos
o
estudios
a
llevar
a
cabo.
Es
decir,
se
han
de
seleccionar
grupos
de
pacientes
más
homogéneos
en
relación
con
la
localización
(región
del
prefrontal)
y
lateralización
(hemisferio
izquierdo,
derecho
o
bilateral)
de
las
lesiones.
Por
otro
lado,
se
ha
de
afinar
también
más
en
los
procesos
específicos
de
memoria
que
están
poniendo
en
juego
en
cada
tarea.
Por
ej.,
se
han
de
separar
los
problemas
de
registro
de
los
de
recuperación
y,
dentro
de
estos
últimos,
se
ha
de
separar
la
actuación
en
el
recuerdo
mediante
evocación
espontánea
y
el
recuerdo
en
tareas
de
reconocimiento.
La
mayoría
de
los
trabajos
recientes
en
esta
controvertida
y
activa
área
de
investigación
están
tratando
de
especificar
aún
más
cuáles
de
estos
procesos
estratégicos
o
específicos
de
la
memoria
y
si
se
pueden
disociar
y
asignarse
a
distintas
regiones
del
prefrontal.
Sin
embargo,
los
resultados
distan
de
ser
todo
lo
concluyentes
que
uno
desearía.
La
Caja
de
texto
3
presenta
un
estudio
reciente
en
este
sentido
que
trata
de
ser
más
específico
tanto
en
los
procesos
como
en
la
selección
de
los
pacientes.
Los
resultados
sugieren
que
los
pacientes
con
lesiones
frontales
podrían
tener,
como
grupo,
problemas
para
el
recuerdo
de
la
información
en
contextos
inestables
o
cambiantes.
Cuando
se
especifica
la
localización
y
lateralización
de
la
lesión
encuentran
que
las
lesiones
PFVL
derechas
afectan
especialmente
al
recuerdo
mediante
evocación
en
contextos
inestables,
mientras
que
las
PF
dorsomediales
izquierdas
comprometen
a
la
evocación
en
contextos
estables.
13
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Los
resultados
revelan
que
solo
los
pacientes
con
lesiones
temporales
tienen
una
actuación
significativamente
peor
en
las
medidas
de
reconocimiento
(imagen
de
la
izquierda).
El
grupo
de
pacientes
frontales,
no
se
diferencia
de
los
controles
sanos
en
esta
variable.
Sin
embargo,
los
pacientes
con
lesiones
frontales
son
los
únicos
que
obtienen
puntuaciones
significativamente
peores
que
los
controles
en
la
variable
recuperación
en
contexto
inestable.
Es
decir,
se
produce
una
disociación
entre
la
actuación
de
los
lesionados
frontales
y
los
temporales
en
la
condición
de
reconocimiento.
En
la
condición
de
evocación
del
contexto
inestable,
solo
los
pacientes
frontales
obtienen
puntuaciones
significativamente
peores
que
los
controles.
Cuando
se
dividen
los
pacientes
frontales
en
grupos
en
función
de
la
localización
de
la
lesión
(imagen
de
la
derecha)
se
encuentran
dos
resultados
interesantes.
Por
un
lado,
solo
los
lesionados
frontales
en
la
región
ventrolateral
derecha
(PFVL
dch)
se
diferencian
significativamente
de
los
controles
en
el
recuerdo
con
contexto
inestable.
Por
otro
lado,
solo
los
pacientes
con
lesiones
frontales
dorsomediales
(PFDM
izq)
izquierdas
difieren
de
los
controles
en
la
evocación
de
los
contextos
estables.
[A
partir
de
Chapados
y
Petrides,
2016]
6.2.
Región
frontopolar
(FP)
o
prefrontal
rostral
(PFR)
La
corteza
frontopolar,
que
se
corresponde
aproximadamente
con
el
área
10
BA,
ocupa
como
su
propio
nombre
indica,
la
posición
más
anterior
dentro
del
lóbulo
frontal.
Esta
región,
que
dispone
tanto
de
un
14
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
componente
lateral
como
medial
(ver
Figura
1),
ha
sido
objeto
de
múltiples
investigaciones
en
los
últimos
años.
Sus
funciones
parecen,
a
primera
vista,
más
ligadas
a
las
funciones
que
tradicionalmente
se
han
asignado
a
la
región
lateral
o
dorsolateral
que
hemos
descrito
en
la
sección
anterior.
La
región
PFR
es
significativamente
más
extensa
en
nuestra
especie
que
en
los
primates
no-‐humanos
más
cercanos
(Semendeferi
et
al.,
2001).
Esta
corteza
dispone,
además,
de
unas
características
microscópicas
que
la
hacen
única,
con
respecto
a
otras
cortezas
supramodales
prefrontales.
Dispone
de
una
mayor
densidad
de
espinas
dendríticas
por
célula,
una
menor
densidad
de
neuronas
y
una
menor
estratificación
o
diferenciación
de
las
distintas
capas
(Badre
y
d’Esposito,
2009).
Además
mantiene
unas
conexiones
especiales
con
las
regiones
supramodales
del
resto
del
prefrontal,
el
temporal
y
el
cíngulo
pero,
a
diferencia
de
otras
regiones
prefrontales,
no
está
conectada
con
las
regiones
premotoras12
(Ramnani
y
Owen,
2004).
Algunos
modelos
teóricos
recientes
sobre
el
prefrontal
asumen
una
organización
jerárquica
del
mismo
con
una
distribución
rostro-‐caudal,
de
modo
que
las
regiones
más
anteriores
o
rostrales
se
ocuparían
de
los
niveles
más
abstractos
y
las
más
posteriores
o
caudales
de
los
más
concretos
(Figura
7).
Al
mismo
tiempo,
las
regiones
anteriores
se
ocuparían
de
las
decisiones
que
afectarían
a
conductas
más
alejadas
en
el
tiempo,
mientras
que
las
más
caudales
regularían
las
acciones
más
inmediatas
y
más
relacionadas
con
las
respuestas
motoras
concretas
(Badre
y
D’Esposito,
2009).
Koechlin
et
al.
(2003)
proponen
una
organización
secuencial
y
jerárquica
en
las
que
los
niveles
superiores
(más
rostrales)
ejercen
su
acción
sobre
los
inferiores,
pero
no
a
la
inversa.
Este
modelo
recuerda
al
descrito
por
Luria
a
propósito
del
tercer
bloque
funcional
(ver
capítulo
1).
Existen
evidencias
experimentales
obtenidas
a
partir
de
neuroimagen
funcional
con
controles
sanos
(Christoff
et
al.,
2009)
y
de
estudios
con
lesionados
frontales
(Badre
et
al.,
2009)
que
respaldan
esta
idea
y
sitúan
a
la
región
frontopolar
en
el
punto
más
alto
de
la
pirámide
de
control
cognitivo
y
conductual.
Figura
7.
Modelo
jerárquico
sobre
el
control
cognitivo.
CPFL:
córtex
prefrontal
lateral.
[A
partir
de
Koechlin
et
al.
(2003)
y
Koechlin
y
Summerfield
(2007)]
Los
estudios
de
neuroimagen
funcional
con
personas
sanas
y
los
de
pacientes
con
lesiones
en
la
región
más
rostral,
la
frontopolar,
convergen
en
considerarla
como
un
nodo
crucial
en
las
redes
neuronales
que
controlan
funciones
de
alto
nivel,
como
por
ejemplo
las
relacionadas
con
la
memoria
prospectiva,
el
control
cognitivo
(shifting
y
branching)
y
la
mentalización
(Koechlin
et
al.,
1999;
Szczepanski
y
Knight,
2014).
Se
discute,
sin
embargo,
si
se
trata
de
una
región
funcionalmente
homogénea
o
si
puede
subdividirse
en
subregiones
con
funciones
distintas
(Gilbert
et
al.,
2006).
Veamos
brevemente
cada
una
de
estas
funciones,
el
tiempo
dirá
si
realmente
son
disociables
entre
sí.
15
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Memoria
prospectiva
Hasta
ahora,
cuando
nos
hemos
referido
a
la
memoria
a
largo
plazo,
lo
hemos
hecho
para
describir
procesos
que
implican
recuperar
hechos
o
información
almacenada
en
el
pasado.
Es
decir,
hemos
hablado
de
la
memoria
retrospectiva.
Cuando
hablamos
de
memoria
prospectiva
nos
estamos
refiriendo
a
la
capacidad
para
recordar
que
en
el
futuro
debemos
llevar
a
cabo
alguna
acción
y,
mientras
tanto,
estamos
inmersos
en
algún
tipo
de
actividad,
que
suele
denominarse
concurrente.
La
vida
diaria
alberga
con
frecuencia
situaciones
en
las
que
debemos
recordar
hacer
algo.
Recoger
ese
encargo
que
nos
hicieron
ayer,
llamar
a
alguien
para
felicitarle
por
su
cumpleaños,
renovar
el
carné
cuando
está
caducado
o
tomar
el
antibiótico
de
las
8.
En
todos
los
casos
existe
un
componente
de
memoria
retrospectiva,
recordar
la
intención
de
hacer
algo
(recordar
por
ej.,
que
me
avisaron
por
mail
de
que
el
carné
se
va
a
caducar
y
que
tomé
la
decisión
de
renovarlo)
y
otro
de
memoria
prospectiva,
acordarse
de
hacerlo
cuando
llegue
el
momento
de
llevar
a
cabo
la
acción.
Y
entre
ambos
hay
un
plazo
de
tiempo
que
excede
los
límites
de
la
memoria
de
trabajo.
Es
decir,
pueden
pasar
minutos,
horas
o
días,
según
el
tipo
de
tarea
a
recordar.
En
los
experimentos
de
memoria
prospectiva
se
suelen
diferenciar
dos
tipos
o
modalidades:
una
basada
en
claves
ambientales
(event-‐based)
y
otra
basada
exclusivamente
en
el
tiempo
(time-‐based)[Gonen-‐
Yaacovi
y
Burgess,
2012].
En
la
primera,
determinado
estímulo
del
entorno
puede
llevarnos
a
recordar
el
hecho
a
realizar.
En
los
experimentos,
en
la
fase
de
estudio
se
introduce
algún
tipo
de
estímulo
que
se
presenta
después
durante
la
ejecución
de
la
tarea
concurrente.
En
la
vida
diaria,
por
ej.,
encontrarnos
con
una
agente
de
policía
nos
lleva
a
evocar
que
habíamos
decidido
renovar
el
carné.
En
la
segunda,
la
basada
en
el
tiempo,
no
existen
claves
externas
adicionales
(al
menos,
no
en
los
experimentos)
y
es
el
propio
sujeto
quien,
con
el
paso
del
tiempo,
debe
recordar
llevar
a
cabo
la
acción.
Una
de
las
teorías
sobre
cómo
se
produce
el
recuerdo
en
este
tipo
de
memoria,
cuando
solo
hay
claves
temporales,
plantea
que
se
genera
un
estado
interior
de
preparación
que
consume
recursos
cognitivos
(atencionales
y
de
memoria
de
trabajo).
El
recuerdo
ulterior
depende
de
que
se
mantenga
activo
este
estado
preparatorio.
La
posibilidad
de
recordar
lo
que
hemos
de
hacer
en
el
futuro
depende,
además,
del
tiempo
transcurrido
entre
la
intención
y
el
momento
de
llevar
a
cabo
la
acción,
de
la
importancia
o
relevancia
motivacional
de
la
acción
a
realizar
y
del
grado
de
implicación
atencional
y
cognitiva
en
las
tareas
concurrentes,
que
ocupan
el
periodo
de
latencia
(Gonen-‐Yaacovi
y
Burgess,
2012).
Los
pacientes
con
lesiones
en
esta
región
PF
rostral,
o
frontopolar,
en
el
hemisferio
derecho
tienen
especiales
problemas
con
este
tipo
de
tareas
de
memoria
prospectiva
(basada
en
el
tiempo)
y
parecen
tenerlos
también
en
la
apreciación
del
paso
del
tiempo
(Volle
et
al.,
2011).
Aunque
la
capacidad
para
recordar
prospectivamente
y
la
estimación
del
tiempo
son
dos
capacidades
distintas,
los
Volle
et
al.,
no
descartan
que
los
problemas
en
sus
pacientes
con
la
primera
(la
memoria
prospectiva
basada
en
claves
temporales)
puedan
estar
relacionados
con
sus
problemas
con
la
estimación
del
tiempo.
Otros
estudios
recientes,
llevados
a
cabo
también
con
pacientes
con
lesiones
frontales,
encuentran
que
estas
tareas
de
memoria
prospectiva
podrían
implicar,
además
de
a
la
región
ventromedial
derecha
(que
incluiría
al
área
10
como
en
el
estudio
anterior),
a
las
regiones
dorsolaterales
tanto
del
hemisferio
derecho
como
del
izquierdo
(Umeda
et
al.,
2011).
Gestión
de
la
atención,
control
cognitivo
y
conductual:
Control
de
la
derivación
(branching)
y
del
cambio
(Shifting)
Todos
hemos
pasado
alguna
vez
por
la
incómoda
situación
en
la
que
hablando
sobre
un
tema,
nos
detenemos
en
una
digresión
con
una
anécdota
o
sobre
un
aspecto
concreto
del
mismo
y
cuando
queremos
volver
al
tema
principal,
lo
hemos
olvidado.
Pues
bien,
esta
capacidad
para
retener
en
la
memoria
de
trabajo
la
idea
o
plan
principal
(con
la
finalidad
de
regresar
a
ella
después),
mientras
recorremos
otra
rama
del
árbol,
activa
de
modo
especial
las
regiones
frontopolares
de
ambos
hemisferios.
Al
menos
esto
es
lo
que
sugieren
los
resultados
de
los
experimentos
llevados
a
cabo
con
pruebas
de
neuroimagen
funcional.
Esta
activación
es
independiente
de
la
generada
al
mantener
información
en
la
memoria
de
trabajo
y
de
la
capacidad
para
cambiar
la
atención
de
una
tarea
a
otra
recibe
el
nombre
de
branching
y
forma
parte
de
las
habilidades
de
control
cognitivo,
en
ocasiones
denominadas
ejecutivas
(Koechlin
et
al.,
1999;
Badre
y
d’Esposito,
2009).
El
concepto
de
branching,
no
solo
se
aplica
a
los
razonamientos
o
conductas
verbales,
también
se
aplica
a
las
conductas
complejas
o
a
la
resolución
de
problemas
que
implican
retener
en
mente
el
objetivo
principal,
mientras
nos
ocupamos
de
lograr
metas
secundarias
o
submetas
necesarias
para
dicho
plan.
En
16
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
este
sentido
recuerda
a
las
funciones
del
Sistema
atencional
supervisor
(SAS)
de
Shallice.
Cuando
hablábamos
del
SAS
a
propósito
de
la
región
PF
dorsolateral
decíamos
que
la
capacidad
para
gestionar
la
atención
voluntaria
probablemente
no
dependía
de
una
única
región
del
prefrontal.
De
hecho,
la
idea
que
se
desprende
de
los
modelos
jerárquicos
como
los
descritos
anteriormente
(ver
Fig.
7)
es
que
cuanto
más
abstracto
es
el
contenido,
tanto
más
probable
es
que
el
cambio
atencional
esté
controlado
por
regiones
más
anteriores
o
rostrales.
Así
por
ej.,
pasar
o
cambiar
de
una
tarea
a
otra
(tarea
dual)
es
un
cambio
que,
además
de
implicar
regiones
parietales
(área
40
BA),
puede
ser
gestionado
por
regiones
prefrontales
dorsolaterales
más
posteriores
(incluidas
las
áreas
premotoras),
sin
necesidad
de
recurrir
a
las
más
rostrales.
Esto
sería
lo
que
en
inglés
se
denomina
shifting.
Es
decir,
la
capacidad
para
cambiar
o
alternar
la
atención
entre
dos
tareas
que
se
desarrollan
en
paralelo
y
que
no
exigen
retener
información
en
la
memoria
de
trabajo
de
una
de
ellas
mientras
se
ejecuta
la
otra.
Sin
embargo,
cuando
se
trata
de
algo
más
complejo
y
abstracto,
como
mantener
una
meta
en
la
memoria
mientras
exploramos
o
ejecutamos
alguna
submeta
o
subproceso
(Koechlin
et
al.,
1999),
o
cuando
la
multitarea
implica
pasar
de
atender
a
estímulos
externos
a
atender
a
representaciones
internas,
como
las
mantenidas
en
la
memoria
de
trabajo,
se
activan
redes
prefrontales
frontopolares
(Burgess
et
al.,
2007;
Gilbert
et
al.,
2006;
Medeiros-‐Ward
et
al.,
2014).
Mentalización
Se
entiende
por
mentalización
la
capacidad
para
atribuir
estados
mentales
a
las
personas.
A
veces
denominada
teoría
de
la
mente,
esta
es
una
capacidad
que
implica
tanto
componentes
cognitivos,
como
emocionales
(Dvash
y
Shamay-‐Tsoory,
2014).
Unos
y
otros
son
esenciales
en
las
relaciones
sociales
y
constituyen
un
aspecto
nuclear
en
patologías
como
el
autismo.
El
componente
cognitivo
de
la
mentalización
es
el
que
nos
permite
inferir
que
el
otro
tiene
un
punto
de
vista
distinto
del
mío
sobre
un
acontecimiento,
(en
función
de
que
conozca
o
no
determinada
información),
y
yo
puedo
adoptar
provisionalmente
ese
punto
de
vista
en
mi
memoria
de
trabajo
para
compararlo
con
el
mío.
El
componente
emocional
de
la
mentalización,
nos
permite
también
ponernos
emocionalmente
en
el
lugar
de
la
persona
que
ha
sufrido
una
desgracia.
Esta
es
la
base
de
la
empatía
(ver
Cuadro
de
texto
4).
En
uno
de
los
experimentos
clásicos
sobre
mentalización
(o
teoría
de
la
mente)
se
cuenta
una
historia
en
la
que
un
niño
(Pepe)
guarda
un
trozo
de
chocolate
en
un
armario
de
la
cocina
y
se
va
a
jugar.
Mientras
el
niño
está
fuera,
su
madre
descubre
el
chocolate
y
lo
coloca
en
el
frigorífico.
La
historieta
finaliza
con
una
pregunta:
¿Cuando
Pepe
vuelva
a
dónde
irá
a
buscar
el
chocolate?
Pepe
tiene
una
idea
falsa
sobre
la
ubicación
real
del
chocolate,
pues
aún
cree
que
está
en
el
armario.
La
persona
que
está
escuchando
la
historia
para
responder
correctamente
a
la
pregunta
tiene
que
adoptar
el
punto
de
vista
de
Pepe,
ponerse
mentalmente
en
su
lugar.
La
cuestión
se
puede
complicar
aún
más
si
la
historia
incluyera
un
pasaje
que
dijera
que
mientras
su
madre
ponía
el
chocolate
en
el
frigorífico
el
niño,
sin
que
la
madre
lo
supiera,
la
estaba
viendo
desde
la
ventana.
En
este
caso,
ante
la
pregunta
de
dónde
pensaría
la
madre
que
irá
Juan
a
buscar
el
chocolate
cuando
vuelva,
la
madre
tendría
una
falsa
creencia
de
segundo
orden.
La
madre
cree
erróneamente
que
Juan
cree
que
el
chocolate
está
en
el
armario
(Amodio
y
Frith,
2006).
Este
mismo
proceso
de
mentalización
se
puede
valorar
mediante
viñetas
sin
palabras,
para
evitar
el
componente
verbal
o
narrativo.
En
uno
y
otro
caso,
en
las
pruebas
de
neuroimagen
funcional
se
activa
esta
misma
región
frontopolar
en
la
cara
medial
de
modo
diferencial,
frente
a
la
activación
generada
por
viñetas
perceptivamente
similares
(mismos
personajes,
entorno,
colores,
etc.),
pero
que
no
representan
una
historia
mentalista.
Podemos
considerar
estas
tareas
de
mentalización
como
un
proceso
cognitivo
de
shifting
de
alto
nivel.
Se
trataría
de
un
cambio
de
punto
de
vista
a
nivel
abstracto:
“lo
que
yo
creo
sobre
lo
que
otro
cree”.
Recordemos
que
el
cambio
entre
tareas
paralelas
(duales)
no
requería
activación
prefrontal
tan
anterior
(bastaba
con
la
activación
PF
dorsal
y/o
premotora).
Cambiar
de
criterio
clasificatorio
en
el
Test
de
Cartas
de
Wisconsin
(ver
Cuadro
de
texto
1)
o
llevar
a
cabo
otras
tareas
ejecutivas
clásicas
puede
se
efectuado
con
éxito
por
regiones
PFDL
y
aún
fracasar
en
tareas
de
teoría
de
la
mente
(Lough
et
al.,
2001).
Estas
disociaciones
confirman
las
tesis
sostenidas
por
Badre
y
D’Esposito
(2009)
y
Koechlin
et
al.
(2003)
entre
otros,
sobre
el
gradiente
de
abstracción-‐concreción
en
eje
rostro-‐caudal
comentado
anteriormente.
17
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Los
pacientes
con
lesiones
en
la
región
fronto-‐polar
en
su
vertiente
lateral
o
medial
no
solo
tienen
problemas
con
la
multitarea,
sino
que
los
tienen
también
cuando
tienen
que
inferir
los
pensamientos
o
sentimientos
de
otras
personas
(Gilbert
et
al.,
2006;
Roca
et
al.,
2011)13.
Cuadro
de
texto
4
Dvash
y
Shamay-‐Tsoory
(2014)
plantean
que
la
empatía
dependería
de
dos
pilares
o
componentes.
Un
componente
cognitivo,
[la
teoría
de
la
mente
(TM)]
y
otro
emocional.
El
primero,
el
cognitivo
es
el
que
tiene
que
ver
con
los
procesos
de
mentalización,
con
la
capacidad
de
ponernos
en
el
punto
de
vista
(cognitivo
o
emocional)
del
otro.
El
componente
cognitivo,
dependería
de
estructuras
prefrontales
rostrales
(aunque
la
red
neuronal
integra
a
otras
estructuras,
las
prefrontales
serían
las
nucleares).
Este
componente
cognitivo
se
desdoblaría
probablemente
en
dos
subsistemas
independientes,
aunque
interactivos:
TM
cognitivo
y
TM
afectivo.
En
nuestra
opinión
este
sería
más
un
componente
reflexivo
o
top-‐down.
Por
esta
razón,
en
el
gráfico
siguiente,
se
ha
modificado
la
dirección
de
las
flechas
de
esta
parte
de
la
gráfica
en
relación
al
esquema
original
(flechas
descendentes).
Por
el
contrario,
el
componente
emocional
de
la
empatía
dependería
de
la
amígdala
y
sistema
límbico
y,
sería
por
ello,
un
componente
más
primitivo,
menos
voluntario,
más
bottom-‐up
e
implícito
(flechas
ascendentes).
[Modificado
de
Dvash
y
Shamay-‐Tsoory,
2014]
CPFdm:
corteza
prefrontal
dorso
medial.
STS:
Surco
temporal
superior.
CTP.
Corteza
témporo-‐parietal.
CPFvm:
corteza
prefrontal
ventromedial.
CCA:
corteza
cingular
anterior.
Existen
diversas
teorías
sobre
cómo
se
desarrollaría
la
TM
y
la
empatía
(véase
Mahya
et
al.,
2014).
La
teoría
de
la
Simulación
es
una
de
ellas
y
plantea
que
para
poder
empatizar
con
los
demás,
necesitamos
activar
de
modo
implícito
en
nuestra
memoria
episódica
o
autobiográfica
una
experiencia
similar.
Este
es
el
hecho
al
que
se
refiere
el
popular
refrán
inglés
de
que
“antes
de
criticar
al
otro,
hay
que
caminar
una
milla
en
sus
zapatos”.
Por
ello
empatizamos
mejor
con
las
personas
que
pasan
por
situaciones
que
hemos
vivido
en
primera
persona
y
empatizamos
mejor
con
personas
que
se
parecen
más
a
nosotros.
En
esta
teoría
de
la
simulación
probablemente
desempeñen
un
papel
importante
las
neuronas
espejo
(Shamay-‐Tsoory
et
al.,
2008).
Las
neuronas
espejo
Descubiertas
originalmente
en
primates,
son
neuronas
situadas
en
determinadas
regiones
corticales
(como
el
parietal
y
en
el
frontal
inferiores)
que
se
activan
cuando
llevamos
a
cabo
acciones
o
cuando
vemos
a
otro
ejecutarlas.
Su
localización
más
posterior
en
el
prefrontal
encajaría
con
su
papel
más
primario
dentro
de
esta
red
neuronal
y
con
la
hipótesis
del
eje
rostro
caudal
de
las
funciones
del
prefrontal.
Existen
conexiones
entre
la
ínsula
y
el
parietal
y
frontal
posteriores,
además
de
datos
de
neuroimagen
funcional
que
ponen
de
manifiesto
la
activación
de
la
ínsula
durante
la
imitación
y
observación
de
expresiones
faciales
emocionales
(Carr
et
al.,
2003).
Tanto
la
TM
(por
ej.,
Lombardo
et
al.,
2010)
como
las
neuronas
espejo
(por
ej.,
Oberman
et
al.,
2005;
Dapretto
et
al.,
2006)
han
sido
objeto
de
numerosas
investigaciones
que
las
han
vinculado
de
un
modo
u
otro
con
el
origen
del
autismo.
Sin
embargo,
la
cuestión
dista
de
estar
resuelta,
porque
ni
todos
los
autistas
tienen
problemas
con
la
TM
(ver
por
ej.,
Gernsbacher
y
Frymiare,
2005),
ni
todos
los
autistas
tienen
problemas
de
imitación
imputables
a
un
sistema
de
neuronas
espejo
ausente
o
disfuncional
(ver
por
ej.,
Hickok,
2009).
No
obstante,
al
margen
de
su
posible
papel
en
el
autismo,
lo
que
parece
claro
es
tanto
las
neuronas
espejo,
como
la
TM
o
mentalización
podrían
formar
parte
de
una
red
más
compleja
al
servicio
de
la
empatía.
18
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
6.3.
Región
prefrontal
orbital
(PFO)
o
región
prefrontal
ventral
(PFV)
El
prefrontal
orbital,
también
denominado
en
ocasiones
prefrontal
ventral.
Se
denomina
orbital
por
su
localización
sobre
las
órbitas
de
los
ojos
y
se
denomina
ventral,
por
constituir
la
parte
inferior
del
lóbulo
frontal.
Anatómicamente
suele
incluir
las
áreas
11,
12,
13
y
14
y
partes
ventrales
de
áreas
10
y
47
(Wallis,
2012
y
Szczepanski
y
Knight,
2014)
y
suele
subdividirse
para
su
estudio
en
dos
porciones:
una
medial
(orbitofrontal
ventromedial
o
prefrontal
ventromedial)
y
otra
lateral
(orbitofrontal
lateral
u
orbitofrontal
ventrolateral)
[ver
Figura
8].
La
primera
de
estas
subdivisiones
(la
medial)
se
prolonga
más
allá
de
la
base
del
lóbulo
(más
allá
de
la
parte
horizontal)
para
incluir
la
parte
inferior
de
la
cara
medial
(parte
vertical)
(ver
parte
orbital
en
Figura
5).
La
segunda
subdivisión,
la
lateral,
también
asciende
ligeramente
por
el
territorio
lateral
(ver
región
ventromedial
en
Figura
10).
La
corteza
prefrontal
orbital
dispone
de
excepcionales
conexiones
con
las
regiones
sensoriales
corticales,
(contiene
además
las
cortezas
asociativas
del
gusto
y
del
olfato),
pero
tiene
escasas
conexiones
con
los
sistemas
motores.
Es
la
única
región
del
prefrontal
que
conecta
con
el
sistema
vegetativo
o
autónomo
y
mantiene,
además,
conexiones
bidireccionales
con
el
hipocampo
y
la
amígdala
(Damasio,
1996).
Se
encuentra
en
una
situación
intermedia
entre
las
redes
asociativas
multimodales
posteriores
y
los
circuitos
que
implicados
en
las
emociones
y
la
memoria
(Wallis,
2012).
Figura
8.
Región
orbital
del
prefrontal.
Ver
también
las
regiones
del
mismo
color
en
las
figuras
5
y
10.
Las
lesiones
de
esta
región
prefrontal
tradicionalmente
se
han
relacionado
con
la
desinhibición
y
la
falta
de
tacto
en
las
interacciones
sociales.
En
una
publicación
ya
clásica
Lhermitte
(1983)
presenta
cinco
pacientes
con
lesiones
frontales
y
acuña
la
expresión
conducta
de
utilización,
a
veces
denominada
también,
síndrome
de
dependencia
del
medio.
Estos
pacientes
experimentan
una
tendencia
a
coger
y
usar
los
objetos
que
se
ponen
a
su
alcance.
Para
este
autor,
son
las
lesiones
fronto-‐orbitales
las
responsables
de
que
se
pierda
la
función
inhibitoria
de
este
lóbulo
ejerce
y
deja
al
individuo
a
merced
de
los
programas
de
acción
del
parietal
suscitados
por
los
estímulos
del
exterior.
Aunque
este
cuadro
particular
no
siempre
está
presente
en
las
lesiones
fronto-‐orbitales,
datos
recientes
relacionan
las
lesiones
en
esta
región
con
la
ausencia
de
valoración
de
las
consecuencias
de
las
acciones,
la
falta
de
tacto
social,
si
no
despreocupación
total
con
las
normas
sociales,
el
desinterés
por
su
propia
vida
y
por
su
futuro
(Gazzaniga
et
al.,
2002).
En
definitiva,
estas
personas
experimentan
un
marcado
cambio
de
personalidad
hacia
la
desinhibición,
llegando
ocasionalmente
a
la
agresión
y
a
lo
que
se
ha
dado
en
denominar
síndrome
pseudopsicopático
(Blumer
y
Benson,
1975)
o
más
recientemente
sociopatía
adquirida
(Damasio,
2006).
Aunque
los
pacientes
con
lesiones
PF
orbitales
rara
vez
son
agresivos
(Damasio,
2006),
se
han
descrito
coincidencias
entre
los
pacientes
con
lesiones
orbitales
y
personas
con
diagnóstico
de
psicopatía
(extraídos
de
la
prisión).
Ambos
grupos,
mostraron
dificultades
en
tareas
de
teoría
de
la
mente
afectivas,
pero
no
en
las
de
tipo
cognitivo
(Shamay-‐Tsoorya
et
al.,
2010).
Toma
de
decisiones
e
inhibición
conductual
Una
de
las
diferencias
más
notables
entre
nuestra
especie
y
los
animales
inferiores
es
nuestra
capacidad
para
tomar
decisiones
de
un
modo
flexible
para
adaptarnos
al
medio
en
el
que
vivimos.
Nuestra
conducta
está
mediatizada
por
factores
instintivos,
por
factores
culturales
y
por
la
historia
personal
de
refuerzos
y
19
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
castigos
de
cada
uno.
Estos
refuerzos
y
castigos,
obviamente,
no
son
solo
físicos,
sino
también
sociales,
emocionales
o
espirituales.
Cuando
tomamos
decisiones
valoramos
o
sopesamos
en
cada
momento,
en
mayor
o
menor
medida,
estos
aspectos.
Este
mecanismo
de
toma
de
decisiones
es
adaptativo
porque
mediante
él
aprendemos
de
los
errores
y
aciertos
del
pasado
pero,
sobre
todo,
porque
se
actualiza
con
el
paso
del
tiempo,
porque
es
flexible.
Es
decir,
lo
que
hoy
es
un
estímulo
o
situación
asociada
a
una
recompensa,
mañana
puede
asociarse
a
un
castigo
o
viceversa
y
nuestras
decisiones
se
tomarán
en
consecuencia.
Esto
es
lo
que
ha
dado
en
llamar
aprendizaje
inverso
(reversal
learning).
Las
personas
con
lesiones
en
la
región
prefrontal
ventromedial,
cuando
tienen
que
emitir
juicios
de
valor
sobre
una
persona,
no
actualizan
su
opinión
ante
la
nueva
información
que
se
les
presenta
de
dicha
persona,
aunque
cambie
drásticamente
su
perfil
en
términos
de
escala
de
valores
para
el
resto
de
la
gente
(Croft
et
al.,
2010).
Un
fenómeno
similar
ha
sido
descrito
en
ratas
con
lesiones
en
esta
región
como
consecuencia
de
la
neurotoxicidad
generada
por
la
adicción
al
alcohol
(ver
Figura
9).
Las
ratas
una
vez
tratadas
y
sobrias
son
capaces
de
aprender
a
resolver
el
laberinto
de
agua.
Es
decir,
pueden
aprender
a
encontrar
dónde
se
encuentra
la
plataforma
oculta
bajo
el
agua
que
les
permite
evitar
tener
que
nadar
y
estar
a
remojo.
Ahora
bien,
una
vez
aprendida
la
posición
de
la
plataforma,
el
reaprendizaje
al
cambiar
la
plataforma
de
lugar,
les
lleva
a
cometer
muchos
más
errores
de
perseveración
que
las
ratas
de
control
(respuestas
antes
correctas,
ahora
inapropiadas)
ante
la
nueva
situación
(Crews
y
Boettiger,
2009).
Figura
9.
Trayectorias
del
primer
ensayo
tras
el
tratamiento
y
abstinencia
en
las
ratas
adictas
al
alcohol
y
en
las
ratas
de
control.
La
rata
tratada
de
alcoholismo
no
es
capaz
de
encontrar
la
plataforma
que
ha
cambiado
de
lugar
en
el
tiempo
asignado
para
ello
y
una
y
otra
vez
insiste
en
buscar
la
plataforma
en
el
lugar
donde
estaba
antes.
[A
partir
de
Crews
y
Boettiger,
2009]
Las
personas
adictas
al
alcohol
presentan
alteraciones
estructurales
en
la
región
PFO
y
una
actividad
reducida
en
esta
zona
que
correlaciona
con
su
incapacidad
para
demorar
recompensas
en
la
toma
de
decisiones.
Es
más,
cuando
se
les
trata
con
un
antagonista
opioide
(naltrexona),
aumenta
la
actividad
en
esta
región
durante
la
toma
de
decisiones
y
mejora
su
capacidad
para
inhibir
las
respuestas
impulsivas
y
elegir
recompensas
mayores
a
largo
plazo
(Crews
y
Boettiger,
2009).
La
falta
de
flexibilidad
(shifting)
en
la
toma
de
decisiones,
las
perseveraciones
y
la
impulsividad
son
algunas
de
las
manifestaciones
de
las
lesiones
orbitofrontales
en
la
toma
de
decisiones.
La
no
anticipación
de
las
consecuencias
de
las
acciones
es
otra
de
las
claves
que
explica
las
conductas
desadaptativas
propias
de
este
tipo
de
lesiones.
De
esto
precisamente
se
ocupa
el
concepto
de
marcadores
somáticos
de
la
siguiente
sección.
Los
marcadores
somáticos
La
idea
de
la
región
PF
orbital
implicada
en
la
apreciación
de
la
valencia
emocional
de
las
situaciones
ha
sido
desarrollada
por
Antonio
Damasio
a
través
del
concepto
de
marcadores
somáticos
(Damasio,
1996,
2006).
Para
este
autor
la
toma
de
decisiones,
no
se
basa
exclusivamente
en
factores
lógicos
o
racionales,
sino
que
en
muchas
situaciones
nos
dejamos
influir
de
modo
explícito
o
implícito
por
factores
emocionales.
Estos
factores
están
relacionados
con
la
valencia
emocional
(positiva
o
negativa)
de
experiencias
similares
vividas
en
el
pasado.
Cuando
nos
enfrentamos
a
una
de
esta
situaciones
se
generan
de
modo
automático
una
serie
de
respuestas
corporales
vegetativas
y
esqueléticas
que
de
modo
consciente
o
implícito
condicionan
nuestras
decisiones.
20
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Esta
hipótesis
o
concepto
de
marcadores
somáticos
surge
como
una
explicación
a
la
conducta
de
los
pacientes
con
lesiones
prefrontales
ventromediales.
Ventromedial
refiriéndose
a
al
región
fronto-‐orbitaria
medial
y
a
la
región
medial
o
mesial
inferior.
En
el
sentido
usado
por
Gazzaniga
et
al.
(2002)
en
la
clasificación
de
la
Tabla
1.
Estos
pacientes
no
tienen
problemas
intelectuales
(su
CI
es
normal),
no
sufren
parálisis,
ni
apraxia,
ni
trastorno
alguno
del
lenguaje.
Su
atención,
su
memoria
de
trabajo
y
su
memoria
episódica
son
también
normales.
Sin
embargo,
presentan
serios
problemas
a
la
hora
de
tomar
decisiones
en
el
ámbito
personal
y
social.
Estos
pacientes
tienen
también
problemas
para
experimentar
y
expresar
emociones.
Las
lesiones
de
estos
pacientes
no
les
impedirían
experimentar
las
emociones
asociadas
a
situaciones
menos
elaboradas
como
las
suscitadas
por
los
estímulos
incondicionados.
Por
ej.,
la
respuesta
de
miedo
ante
un
ruido
inesperado
o
ante
la
visión
de
un
peligro
inminente
que
acecha.
Estas
situaciones
están
controladas
de
modo
reflejo
por
circuitos
más
primarios.
Sin
embargo,
cuando
tienen
que
tomar
una
decisión
que
no
está
ligada
de
modo
reflejo
a
la
supervivencia,
como
es
el
caso
de
la
mayoría
de
las
decisiones
cotidianas,
su
elección
parece
absolutamente
azarosa.
No
es
que
estas
personas
tengan
un
problema
de
memoria
episódica
y
hayan
perdido
el
recuerdo
de
las
situaciones
similares
vividas,
sino
que
la
valencia
emocional
de
las
mismas
no
entra
a
formar
parte
de
la
ecuación
de
la
toma
de
decisiones.
Esto
no
plantea
un
problema
en
las
situaciones
donde
la
toma
de
decisiones
donde
no
se
precisa
de
este
componente
emocional,
pero
tiene
efectos
catastróficos
en
las
situaciones
donde
este
componente
resulta
esencial.
En
uno
de
los
experimentos
llevados
a
cabo
por
Damasio
y
colaboradores
se
estudia
la
respuesta
galvánica
de
la
piel
(o
respuesta
electrodérmica)14
de
personas
sanas,
pacientes
con
lesiones
prefrontales
ventromediales
y
pacientes
con
lesiones
en
otras
partes
del
cerebro
fuera
de
los
lóbulos
frontales.
Todos
ellos
mostraron
las
respuestas
esperadas
ante
los
estímulos
incondicionados
(ruidos
intensos
e
inesperados),
pero
solo
los
pacientes
con
lesiones
ventromediales
dejaron
de
mostrar
esta
respuesta
ante
estímulos
con
alta
carga
emocional
(por
ej.,
una
foto
muy
explícita
de
alguien
que
ha
sufrido
un
accidente).
Otro
tanto
sucede
cuando
estas
personas
tienen
que
tomar
decisiones
arriesgadas.
Sus
marcadores
somáticos
están
presentes
ante
los
premios
y
los
castigos,
pero
a
diferencia
de
los
controles,
carecen
de
ellos
en
los
segundos
previos
a
la
toma
de
decisiones
(Bechara
et
al.,
1996)
[ver
Cuadro
de
texto
5].
Para
Grabenhorst
y
Rolls
(2011)
la
toma
de
decisiones
constaría
de
tres
fases.
La
primera,
fase
del
“qué”,
consiste
en
valorar
la
situación.
La
segunda
fase
consiste
en
la
valoración
o
apreciación
de
las
recompensas
o
castigos
asociados
a
esta
situación.
La
tercera
fase
es
la
decisión
misma
que
se
materializará
eventualmente
en
una
conducta
o
acción.
De
la
primera
fase
se
encargan
los
sistemas
perceptivos
que
nos
informan
de
cuáles
son
las
condiciones
estimulares
o
parámetros
relevantes
a
tener
en
cuenta
en
esa
situación.
De
la
segunda
fase
se
encarga
precisamente
esta
región
orbitofrontal15.
Sus
conexiones
con
las
redes
implicadas
en
la
memoria
episódica
y
las
emociones
les
permiten
anticipar
las
consecuencias
a
partir
de
los
resultados
de
las
acciones
realizadas
en
situaciones
similares:
la
historia
personal
de
refuerzos
y
castigos
asociados
a
esta
situación,
su
valencia
emocional.
De
la
tercera
fase,
es
decir
de
la
toma
de
decisiones,
se
encargaría
lo
que
tradicionalmente
se
ha
considerado
el
sistema
ejecutivo.
Este
dispositivo,
como
vimos
antes,
dependería
de
redes
neuronales
prefrontales
dorsolaterales
para
acciones
concretas
que
pueden
ser
relativamente
complejas,
pero
que
no
exigen
ni
shifting
ni
branching
de
alto
nivel.
Cuando
hay
que
valorar
situaciones
a
largo
plazo,
con
un
nivel
de
abstracción
más
elevado
(o
que
requieren
shifting
o
branching
de
alto
nivel),
se
pone
en
marcha
el
nodo
o
parte
nuclear
de
la
red
ejecutiva
ubicado
en
la
región
rostral
o
frontopolar,
que
hemos
expuesto
en
la
sección
anterior.
Recordemos
que
son
redes
capaces
de
cambiar
(shifting)
de
llevar
a
la
memoria
de
trabajo
y
adoptar
varios
puntos
de
vista.
Solo
de
este
modo
se
puede
realizar
el
análisis
coste/beneficio
que
permite
sopesar
las
ventajas
e
inconvenientes
de
cada
situación.
21
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Los
resultados
revelan
que
tanto
los
controles
sanos
como
los
pacientes
con
lesiones
fuera
del
lóbulo
frontal
gradualmente
acaban
seleccionando
cartas
de
los
montones
C
y
D
(imagen
izquierda).
Los
pacientes
con
lesiones
ventromediales,
por
el
contrario,
continúan
apostando
por
los
montones
A
y
D,
con
ganancias
aparentemente
más
cuantiosas,
pero
con
pérdidas
más
voluminosas
también,
y
acaban
sin
dinero
(imagen
derecha).
Se
ha
de
insistir
en
que
estos
pacientes
mantienen
unas
capacidades
de
razonamiento
perfectamente
normales
y,
sin
embargo,
se
comportan
de
un
modo
poco
adaptativo.
Bechara
et
al.,
(1996)
llevan
a
cabo
un
experimento
similar
con
otro
grupo
de
pacientes
con
lesiones
ventromediales
y
controles
sanos,
pero
esta
vez
se
monitorizan
las
respuestas
vegetativas,
a
través
de
la
respuesta
galvánica
de
la
piel.
Tal
como
puede
apreciarse
en
los
bloques
de
la
figura
anterior
denominados
“RGP
Recompensa”
y
“RGP
Castigo”
tanto
los
pacientes
como
los
controles
presentan
respuestas
vegetativas
ante
las
recompensas
y
castigos.
Aunque
la
magnitud
de
estas
respuestas
es
mayor
en
los
controles,
las
diferencias
no
son
significativas.
Sin
embargo,
a
medida
que
progresa
la
prueba,
solo
el
grupo
control
muestra
una
respuesta
anticipatoria
(bloques
de
la
izquierda
denominados
“RGP
anticipatoria”
en
la
figura).
Unos
4
segundos
antes
de
elegir,
sobre
todo
los
montones
de
alto
riesgo
(A
y
B),
su
cerebro
genera
una
respuesta
anticipatoria
que
de
un
modo
explícito
o
implícito
(el
sujeto
puede
ser
o
no
consciente
de
esta
respuesta
o
marcador
somática)
acaba
condicionando
su
decisión
de
huir
de
ciertos
montones.
La
respuesta
anticipatoria
de
los
pacientes
lesionados
en
esta
región
ventromedial
es
inapreciable
y
por
ese
motivo
no
pueden
beneficiarse
de
este
componte
somático
en
sus
decisiones.
No
es
extraño,
por
tanto,
que
en
la
vida
real,
estas
personas
muestren
conductas
impulsivas
o
se
embarquen
en
decisiones
y
conductas
de
alto
riesgo
económico
y/o
personal.
22
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
6.4.
Región
prefrontal
medial
[PFM]
La
región
medial
del
prefrontal,
como
puede
apreciarse
en
la
Tabla
1,
suele
incluir
para
su
estudio
las
porciones
anterior
y
media
de
la
circunvolución
del
cíngulo
(área
24
BA).
Desde
un
punto
de
vista
funcional
esta
región
medial
(cíngulo
anterior
incluido)
puede
dividirse
en
dos
partes:
la
región
ventromedial
(PFVM)(10,
12,
14,
25
y
porciones
ventrales
de
la
24
y
32
BA)
y
la
región
dorsomedial
(PFDM)(partes
de
las
áreas
8,
9,
10
y
las
porciones
ventrales,
24,
y
dorsales,
32,
del
cíngulo
anterior)
[Szczepanski
y
Knight,
2014].
La
corteza
prefrontal
medial,
a
diferencia,
de
la
región
lateral
(PFDL
y
PFVL)
y
de
la
región
orbital,
recibe
escasas
conexiones
directas
de
las
regiones
sensoriales
asociativas.
La
mayor
parte
de
sus
aferencias
proceden
de
la
corteza
PFDL,
del
polo
temporal,
corteza
parieto-‐temporal
y
cíngulo
posterior
(Amodio
y
Frith,
2006).
El
cíngulo
anterior,
por
su
parte,
mantiene
importantes
conexiones
con
la
región
lateral
del
prefrontal.
Tiene
también
conexiones
con
las
áreas
que
controlan
el
sistema
vegetativo
o
autónomo,
la
corteza
motora,
el
tálamo
y
los
núcleos
del
tronco
implicados
en
la
activación
o
arousal.
La
parte
más
ventral
del
cíngulo
(la
región
situada
bajo
el
pico
del
cuerpo
calloso)
tiene
conexiones
con
la
corteza
órbito-‐frontal
y
con
la
parte
medial
del
lóbulo
temporal
(Mansouri
et
al.,
2009).
Tanto
la
región
cingular
anterior
como
el
resto
de
la
corteza
medial
(24,
25
y
32
BA)
reciben
aferencias
de
la
amígdala
(Amodio
y
Frith,
2006).
Figura
10.
Región
medial
del
prefrontal.
AMS:
área
motora
suplementaria.
PM:
región
premotora.
CS:
cingular
subcallosa
Repárese
en
que
la
región
dorsomedial
incluye
en
la
imagen
la
cara
medial
del
área
10
(PF
rostral),
susceptible
de
incluirse
en
una
categoría
independiente,
tal
como
se
ha
hecho
en
al
texto.
Así
mismo,
la
región
cingular
subcallosa
(25
BA)
se
incluye
con
frecuencia
dentro
de
la
región
ventromedial.
6.4.1.
Región
prefrontal
ventromedial
(PFVM)
La
región
ventromedial
participa
de
las
funciones
de
la
región
orbital
(Amodio
y
Frith
2006;
Grabenhorst
y
Rolls,
2011).
Es
decir,
está
relacionada
con
las
consecuencias
emocionales
de
las
acciones
sobre
la
toma
decisiones
y
con
la
adaptación
social
(ver
apartado
anterior
sobre
PF
orbital).
De
ahí
el
que
se
incluya
con
frecuencia
con
esta
región
para
su
estudio
y
la
confusión
terminológica
consiguiente.
El
motivo,
lógicamente,
reside
en
que
sus
funciones
son
similares.
La
región
PF
ventromedial
se
ha
relacionado
(al
igual
que
la
órbito-‐frontal)
con
los
aspectos
emocionales
de
la
toma
de
decisiones
y
con
la
demora
de
las
recompensas.
Bechara
(2005)
sugiere
que
dentro
de
esta
región
PF
ventromedial,
las
regiones
más
posteriores
(incluyendo
el
núcleo
accumbens16,
cíngulo
anterior
y
prosencéfalo
basal)
estarían
más
ligadas
a
las
señales
emocionales
que
median
en
la
toma
de
decisiones
con
recompensas
inmediatas,
mientras
que
las
regiones
más
anteriores
(área
10
BA)
participarían
en
las
decisiones
más
a
largo
plazo,
más
dependientes
de
la
fuerza
de
voluntad.
De
algún
modo
se
confirma
el
gradiente
rostro-‐caudal
descrito
por
Koechlin
y
colaboradores
a
propósito
de
la
región
lateral
(ver
Figura
7).
En
este
sentido,
Cho
et
al.
(2014)
ponen
de
manifiesto
que
la
estimulación
magnética
transcraneal
repetida
(EMTr)
de
la
región
PF
medial
(10
BA)
es
capaz
de
incrementar
la
capacidad
de
los
sujetos
de
demorar
las
recompensas
en
la
toma
de
decisiones.
Para
Bechara
(2005)
existe
un
paralelismo
entre
la
incapacidad
para
demorar
recompensas
(o
elegir
beneficios
a
largo
plazo)
en
los
pacientes
con
lesiones
PF
ventromediales
y
las
personas
con
adicciones
a
drogas.
Este
autor
propone
que
la
toma
de
decisiones
(y
la
fuerza
de
voluntad)
dependería
del
equilibrio
23
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
entre
un
conjunto
de
circuitos
organizados
en
torno
a
dos
grandes
sistemas:
un
sistema
o
componente
impulsivo,
dependiente
sobre
todo
de
la
amígdala,
y
de
un
componente
reflexivo,
dependiente
del
prefrontal.
De
un
modo
especial
de
la
región
PF
ventromedial.
Región
que
incluiría
tanto
regiones
propiamente
mediales,
como
orbitales17.
En
su
opinión
las
adicciones
son
condiciones
en
las
cuales
los
mecanismos
neurales
encargados
de
elegir
las
recompensas
a
largo
plazo
están
debilitados
y
se
pierde
la
fuerza
de
voluntad
para
resistir
a
las
drogas.
La
región
PF
ventromedial
desempeña
un
papel
relevante
en
los
procesos
top-‐down
de
control
del
estrés.
Desde
hace
ya
algunos
años
se
sabe
que
el
estrés
continuado
puede
producir
situaciones
de
indefensión
aprendida.
Una
situación
en
la
cual
el
sujeto
parece
aprender
que
no
puede
hacer
nada
para
evitar
la
situación
estrés
y
entra
en
la
fase
de
agotamiento,
queda
abatido,
y
no
intenta
nuevas
soluciones.
Sabemos
también
que
en
estas
situaciones
tener
la
percepción
de
que
se
tiene
el
control
del
origen
del
estrés
aminora
las
consecuencias
fisiológicas
del
mismo
(Rodin,
1986;
Sapolsky,
2004).
Pues
bien,
en
experimentos
con
ratas,
Amat
et
al.
(2006)
han
puesto
de
manifiesto
que
para
que
esta
situación
de
control
del
estrés
tenga
lugar
es
imprescindible
la
acción
de
la
corteza
PF
ventromedial.
Al
parecer
de
esta
región
parten
las
señales
que
bloquean
las
neuronas
serotoninérgicas
del
tronco
(núcleos
del
Rafe)
que
participan
en
la
génesis
de
la
respuesta
de
estrés.
Esta
región
PF
ventromedial
ejerce
también
un
efecto
regulador
(top-‐down)
sobre
las
respuestas
de
miedo
generadas
por
la
amígdala
(Arnsten,
2009)
(ver
Cuadro
de
texto
6).
Adicionalmente,
esta
región
PFVM
ha
sido
relacionada
con
el
componente
afectivo
de
la
teoría
de
la
mente.
Las
lesiones
en
esta
región
comprometen
el
componente
afectivo
de
la
teoría
de
la
mente,
que
en
el
modelo
de
Dvash
y
Shamay-‐Tsoory
(2014)
(ver
Cuadro
de
texto
4)
es
un
componente
esencial
de
la
empatía.
24
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Los
altos
niveles
de
estos
neurotransmisores
(dopamina
y
noradrenalina)
y
de
corticoides
potencian
el
papel
de
la
amígdala.
Al
parecer
la
amígdala
juega
un
papel
crucial
en
estas
reacciones
ante
el
estrés,
reforzando
la
acción
de
la
dopamina
y
noradrenalina
sobre
el
PF
y
el
hipotálamo.
De
este
modo
el
control
de
la
conducta
deja
de
estar
bajo
la
acción
del
prefrontal
y
pasa
a
estar
bajo
la
acción
de
la
amígdala
y
otras
estructuras
subcorticales
más
primitivas,
cuya
función
evolutiva
ha
sido
clave
para
la
supervivencia
de
la
especie.
Si
los
sistemas
sensoriales
determinan
que
no
hay
peligro,
el
prefrontal
toma
el
mando
de
la
situación
(imagen
A)
y
se
encarga
de
apaciguar
a
la
amígdala.
Se
supone
que
es
la
región
PF
ventromedial
quien
se
encarga
de
esta
función.
En
situaciones
de
sosiego,
cuando
no
hay
estrés
y
descienden
los
niveles
de
activación,
el
prefrontal
puede
llevar
a
cabo
con
normalidad
sus
funciones.
Este
es
el
mecanismo
de
control
top-‐down
de
la
atención
y
de
la
conducta
(imagen
B).
Como
todos
sabemos,
hay
situaciones
o
periodos
en
que
el
estrés
pasa
de
ser
puntual
a
hacerse
permanente.
Pasa
de
agudo
a
crónico.
El
estrés
crónico
tiene
unas
consecuencias
mucho
más
nocivas
para
nuestro
cerebro
(y
nuestro
cuerpo).
El
estrés
crónico
genera
alteraciones
estructurales
en
las
dendritas
prefrontales
(menos
espinas
y
menos
ramificaciones)
que
correlacionan
con
los
problemas
en
la
memoria
de
trabajo
y
en
el
shifting
o
control
atencional.
Así
mismo,
el
estrés
crónico
altera
las
relaciones
entre
la
corteza
PF
y
el
hipocampo
que
contribuyen
a
la
consolidación
de
las
memorias
a
largo
plazo.
A
parecer,
los
cambios
en
las
dendritas
PF,
son
especialmente
rápidos,
a
diferencia
de
los
que
tienen
lugar
en
el
hipocampo.
Si
los
cambios
sobre
las
dendritas
y
el
volumen
del
hipocampo
requieren
varias
semanas,
los
de
la
corteza
PF
tienen
lugar
en
menos
de
una
semana
(al
menos
en
las
ratas).
Las
dendritas
de
las
neuronas
de
la
amígdala,
por
el
contrario,
se
expanden.
La
buena
noticia
es
que
estos
cambios
son
reversibles.
Las
ramificaciones
dendríticas
recobran
sus
morfología
habitual,
cuando
el
cuadro
de
estrés
crónico
desaparece.
[A
partir
de
Arnsten
(2009)
y
Gazzaniga
(2002)]
25
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
De
esta
región
PFVM,
destacaremos
sin
embargo
la
región
cingular
subcallosa
(25
y
partes
de
24
y
32
BA)
porque
tiene
funciones
claramente
distintas
del
resto
del
cíngulo
anterior
(ver
Fig.
10).
Estudios
de
neuroimagen
funcional,
así
como
de
estimulación
cerebral,
revelan
que
esta
región
desempeña
un
papel
importante
en
el
estado
de
ánimo.
Más
concretamente,
esta
porción
subcallosa
del
cíngulo
se
ha
relacionado
con
la
depresión.
Las
personas
con
depresión
tienen
una
menor
activación
en
esta
región
en
las
pruebas
de
neuroimagen
funcional
y
esta
activación
retorna
con
la
acción
de
los
fármacos
antidepresivos
(Hamani
et
al.,
2011).
Desde
hace
unos
años,
además,
viene
utilizando
con
éxito
la
estimulación
eléctrica,
mediante
electrodos
implantados
en
diversos
puntos
de
esta
zona,
como
tratamiento
contra
la
depresión18
(Lozano
et
al.,
2008;
Holtzheimer
et
al.,
2012).
6.4.2.
Región
prefrontal
dorsomedial
(PFDM)
y
cíngulo
medio-‐anterior
Si
la
región
PF
ventromedial,
que
acabamos
de
abordar,
está
relacionada
con
el
estado
de
ánimo
y
las
consecuencias
emocionales
de
las
acciones
y
el
componente
afectivo
de
la
teoría
de
la
mente,
la
región
PF
dorsomedial
tiene
un
papel
más
cognitivo
(Amodio
y
Frith,
2006).
La
región
dorsomedial
del
prefrontal,
se
ha
relacionado
con
el
componente
cognitivo
de
la
teoría
de
la
mente
(Dvash
y
Shamay-‐Tsoory,
2014)(ver
Cuadro
de
texto
4).
Enticott
et
al.
(2014)
han
estimulado
con
relativo
éxito
esta
región
bilateralmente
mediante
EMTCr
en
un
grupo
de
adultos
con
trastorno
del
espectro
autista
para
tratar
de
mejorar
los
síntomas
de
relación
social.
El
cíngulo
anterior,
por
su
parte,
parece
desempeñar
un
papel
especial
en
el
control
(monitorización)
de
nuestras
acciones,
en
la
resolución
de
conflictos,
y
participa
también
en
el
control
atencional
y
en
el
arousal
o
energización
de
la
conducta.
De
hecho
las
lesiones
en
esta
región
se
relacionan
con
cuadros
de
mutismo
aquinético.
Cíngulo
anterior
y
control
ejecutivo
de
la
atención
en
situaciones
de
conflicto
La
región
PF
dorsomedial
(incluyendo
la
porción
cingular
adyacente)
se
ha
relacionado
con
la
monitorización
de
las
acciones
o
tareas
en
situaciones
de
conflicto.
Por
ej.,
en
tareas
donde
el
conflicto
reside
en
inhibir
una
respuesta
más
potente
y
activar
otra
más
débil
e
incompatible
con
la
anterior,
como
sucede
en
el
test
de
Stroop.
En
la
forma
habitual
de
esta
tarea
el
sujeto
debe
inhibir
la
respuesta
generada
por
los
sistemas
de
lectura,
muy
automatizados
por
la
práctica,
para
dar
paso
a
la
respuesta,
incompatible
con
la
anterior,
generada
por
los
sistemas
implicados
en
la
denominación
del
color
(ver
Figura
1
tema
3
sobre
Atención).
Barch
et
al.
(2001)
plantean
a
un
grupo
de
sujetos
una
variante
del
test
de
Stroop
mediante
dos
tareas.
En
una
de
ellas,
atención
a
la
localización,
se
pide
a
los
sujetos
que
indiquen
el
lado
en
el
que
aparece
un
estímulo
escrito
en
la
pantalla
(derecha
o
izquierda)
en
función
de
su
localización
con
respecto
al
centro
de
la
misma.
El
conflicto
se
genera
entre
la
dirección
que
señalan
las
palabras
escritas
(“derecha”
e
“izquierda”)
y
la
localización
en
la
que
aparecen
en
la
pantalla
(a
la
derecha
o
a
la
izquierda
del
punto
central).
En
la
otra
tarea,
atención
al
contenido,
se
pide
a
los
sujetos
que
ignoren
la
posición
del
estímulo
en
la
pantalla
y
que
respondan
al
contenido
de
la
palabra
escrita.
Se
emplean
dos
modalidades
de
respuestas:
vocales
y
manuales.
En
cada
tarea
hay
ensayos
congruentes,
incongruentes
y
neutros.
En
los
ensayos
congruentes
la
posición
de
la
palabra
y
el
contenido
de
la
misma
indican
el
mismo
lado.
En
los
incongruentes
o
conflictivos
para
la
tarea
atención
a
la
localización
el
significado
de
la
palabra
que
aparece
en
uno
de
los
lados,
indica
lo
contrario
(la
palabra
“derecha”
aparece
a
la
izquierda,
o
la
palabra
“izquierda”
aparece
a
la
derecha).
En
la
condición
atención
al
contenido,
los
ensayos
incongruentes
se
elaboran
de
modo
similar.
En
los
ensayos
neutros
para
la
condición
atención
al
contenido,
las
palabras
“izquierda”
o
“derecha”
aparecen
en
el
centro.
En
la
condición
atención
a
la
localización,
los
ensayos
neutros
se
elaboran
presentado
las
palabras
“hogar”
y
“grande”
hacia
la
izquierda
o
derecha
del
punto
medio.
26
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Figura
11.
Regiones
del
cíngulo
anterior
con
una
mayor
activación
en
respuesta
a
los
ensayos
incongruentes,
frente
a
los
neutros
en
la
variante
del
test
de
Stroop
descrita
en
el
texto.
[A
partir
de
Barch
et
al.
(2001)]
Mientras
se
lleva
a
cabo
la
tarea
se
monitoriza
la
activación
cerebral
mediante
una
resonancia
magnética
funcional.
Los
resultados
revelan
una
activación
en
el
cíngulo
medio
anterior
tanto
con
la
tarea
que
implica
atender
a
la
dimensión
espacial
de
los
estímulos
(posición),
como
en
la
modalidad
de
atención
al
contenido
verbal
de
la
palabra.
El
hecho
de
responder
indicando
la
dirección
con
la
mano
o
verbalmente,
no
generaba
diferencias
significativas
(ver
Figura
11).
En
esta
misma
región
cingular
se
ha
detectado
actividad
mediante
potenciales
evocados
endógenos
cuando
el
sujeto
comete
un
error
en
tareas
cognitivas.
En
estos
casos
se
produce
un
potencial
negativo
de
error
(ERN,
error-‐related
negativity).
Por
ej.,
en
una
tarea
en
la
que
se
pide
a
los
sujetos
que
evoquen
un
verbo
ante
la
presentación
de
un
sustantivo
(decir
“comer”
ante
la
presentación
de
“pan”).
Cuando
el
sujeto
se
equivoca,
por
ej.,
evocando
un
adjetivo,
en
lugar
de
un
verbo,
se
genera
un
potencial
negativo
(Gazzaniga
et
al.,
2002).
Se
cree
que
este
potencial
forma
parte
el
proceso
de
monitorización
en
el
que
participaría
el
cíngulo
anterior.
En
este
mismo
sentido,
Gehring
y
Fencsik
(2001)
llevan
a
cabo
un
experimento
con
el
test
de
Stroop
con
respuestas
motoras,
una
para
cada
color
de
la
tinta.
Como
en
la
versión
estándar
debía
ignorarse
el
color.
Las
respuestas
se
emitían
pulsando
con
el
dedo
índice
de
cada
mano
una
tecla
(una
distinta
para
cada
índice),
y
sendos
pedales,
uno
para
cada
pie.
Cada
tecla
o
pedal
se
usaba
para
responder
a
un
color.
Como
puede
apreciarse
en
la
Figura
13
aparece
un
potencial
negativo
aproximadamente
entre
los
80
y
los
250
ms
(con
el
pico
en
torno
a
los
155-‐165
ms)
después
de
las
respuestas
motoras
incorrectas
(ver
Figura
12).
Para
medir
con
precisión
el
momento
de
aparición
del
potencial,
se
registra
a
través
del
electromiograma
el
momento
en
el
que
se
genera
la
respuesta
motora
en
el
músculo
correspondiente
para
oprimir
la
tecla
o
el
pedal.
Figura
12.
Potencial
negativo
de
error
(Error-‐related
negativity,
ERN)
que
aparece
a
los
165
ms
de
cometer
el
error.
El
foco
de
origen
del
potencial
tiene
su
origen
en
el
cíngulo
anterior.
[A
partir
de
Gehring
y
Fencsik
(2001)].
Finalmente,
se
ha
detectado
una
activación
especial
de
esta
región
cingular
anterior,
y
de
la
parte
posterior
de
la
región
frontopolar,
en
la
neuroimagen
funcional
en
personas
que
son
especialmente
buenas
o
eficientes
en
lo
que
se
ha
dado
en
llamar
la
multitarea.
Es
decir,
en
la
capacidad
para
llevar
a
cabo
tareas
duales
cognitivamente
muy
exigentes
(Medeiros-‐Ward
et
al.,
2014).
27
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
En
resumen,
el
cíngulo
anterior
parece
desempeñar
un
papel
de
puente
entre
las
redes
al
servicio
del
cómputo
del
valor
de
las
recompensas
(regiones
PF
orbital
y
ventromedial)
y
las
redes
que
se
encargan
del
control
ejecutivo
(región
PF
dorsolateral
y
fronto-‐polar).
Por
este
motivo,
es
esencial
en
la
toma
de
decisiones
y
en
control
y
regulación
cognitivo
y
conductual
(Botvinick
y
Braver
2015).
Energización
y
mutismo
aquinético
Esta
idea
de
la
energización
de
la
conducta
es
desarrollada
por
Stuss
y
Alexander
(2007).
Estos
autores
sugieren
que
esta
región
superior
o
dorsal
estaría
implicada
en
la
energización
de
la
conducta.
Energización
sería
el
proceso
por
el
cual
somos
capaces
de
iniciar
conductas
y
de
mantenerlas.
Estos
autores
plantean
que
existe
una
tendencia
interna
de
cualquier
actividad
neural
a
atenuarse
o
desaparecer
en
ausencia
de
input.
En
ausencia
de
factores
exteriores
desencadenantes
o
de
factores
motivaciones,
los
procesos
motores
o
perceptivos
necesitan
ser
energizados.
Sin
esta
energización
no
pueden
mantenerse
en
el
tiempo
determinadas
conductas
o
acciones.
Las
lesiones
bilaterales
en
esta
zona,
y
probablemente
las
unilaterales
derechas,
generarían
este
tipo
de
problemas.
Las
lesiones
en
esta
región
PF
dorsomedial
(en
opinión
de
Stuss
y
Alexander,
en
la
región
más
posterior
de
esta
región,
incluyendo
cíngulo
medio-‐anterior
y
área
motora
suplementaria)
han
sido
relacionadas
con
el
mutismo
aquinético.
Se
trata
de
un
trastorno
en
el
cual
el
paciente
muestra
una
falta
de
conductas
espontáneas,
con
una
apatía
extrema
(abulia).
Estas
personas
se
mueven
escasamente
y
responden,
cuando
lo
hacen,
con
palabras
aisladas.
No
tienen
control
de
esfínteres
y
solo
se
alimentan
si
se
les
da
de
comer.
No
se
inmutan
ante
situaciones
emocionales,
ni
siquiera
ante
el
dolor
(Cummings,
1993).
Damasio
(2006)
señala
que
la
lesión
en
esta
región
no
solo
produce
una
reducción
del
movimiento,
la
emoción
y
la
atención,
sino
que
causa
también
una
virtual
suspensión
de
la
animación
de
la
acción
y
del
proceso
de
pensamiento,
de
manera
que
la
razón
se
bloquea.
Lo
explica
de
este
modo
a
propósito
de
una
paciente
suya,
la
señora
T.
“Meses
después,
a
medida
que
salía
gradualmente
de
este
estado
de
mutismo
y
aquinesia
(falta
de
movimiento)
y
empezaba
a
contestar
las
preguntas,
clarificó
el
misterio
de
su
estado
mental.
Contrariamente
a
lo
que
se
podía
haber
pensado,
su
mente
no
había
estado
prisionera
en
la
cárcel
de
su
inmovilidad.
Pero,
en
cambio,
parecía
que
no
había
habido
mucha
mente,
ni
mucho
pensamiento
ni
razonamiento
real.
La
pasividad
de
su
cara
y
su
cuerpo
era
reflejo
apropiado
de
su
falta
de
activación
mental.
En
esta
fecha
posterior
estaba
seguro
de
que
no
se
había
sentido
angustiada
por
la
ausencia
de
comunicación.
Nada
le
había
forzado
a
no
decir
lo
que
pensaba.
Más
bien,
como
ella
misma
recordaba
«realmente
no
tenía
nada
que
decir».
[…]
En
resumen,
había
un
deterioro
neural
del
impulso
con
el
que
pueden
generarse
imágenes
y
movimientos
mentales
y
de
los
medios
por
los
que
pueden
intensificarse.
La
falta
de
este
impulso
se
traducía
externamente
en
una
expresión
facial
neutra,
mutismo
y
aquinesia.
Parece
que
en
la
señora
T
no
había
habido
pensamiento
ni
razonamiento
normalmente
diferenciados
y,
naturalmente,
no
se
tomaron
decisiones
y
mucho
menos
se
pusieron
en
práctica.”
(Damasio,
2006,
págs.
96
y
97)
28
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Conceptos
claves
del
tema
-‐ Divisiones
fundamentales
del
prefrontal
-‐ Desarrollo
filogenético
y
ontogenético
tardío
-‐ Conexiones
privilegiadas
con
el
resto
del
cerebro:
papel
de
la
sustancia
blanca
-‐ Funciones
del
prefrontal:
síntomas
comunes
o
presentes
en
la
mayoría
de
los
pacientes
-‐ Síntomas
o
funciones
de
la
región
lateral:
síndrome
disejecutivo,
problemas
del
estado
de
ánimo,
memoria
de
trabajo,
gestión
de
la
atención
y
de
las
acciones,
capacidad
para
cambiar
de
punto
de
vista
o
marco
conceptual
(shifting);
memoria
de
contexto.
-‐ Síntomas
o
funciones
de
la
región
PF
frontopolar
o
PF
rostral:
gradiente
rostro-‐caudal,
grado
de
abstracción
y
proyección
hacia
el
futuro
de
las
acciones;
shifting
y
branching
de
alto
nivel;
memoria
prospectiva;
mentalización.
-‐ Síntomas
o
funciones
de
la
región
PF
orbital:
desinhibición,
conductas
de
utilización
o
dependencia
del
medio,
síndrome
pseudopsicopático
(sociopatía
adquirida).
Concepto
de
marcadores
somáticos
y
repercusiones
en
la
conducta
o
toma
de
decisiones.
Aprendizaje
inverso
(reversal
learning).
-‐ Síntomas
o
funciones
de
la
región
PF
medial.
(a)
Región
PF
ventromedial:
funciones
similares
a
las
de
la
región
orbital.
Papel
clave
en
la
fuerza
de
voluntad
para
resistir
a
los
impulsos
de
los
circuitos
de
las
recompensas
inmediatas.
Papel
importante
también
en
el
control
voluntario
(top-‐down)
del
estrés.
(b)
Región
PF
dorsomedial
y
cíngulo
anterior:
control
ejecutivo
en
situaciones
de
conflicto
y/o
errores.
Papel
en
la
energización
de
la
conducta
y
mutismo
aquinético.
29
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Tareas
y
preguntas
para
la
reflexión
Tarea
6.1
¿Qué
patología-‐s
evolutiva-‐s
presenta-‐n
déficits
imputables
a
funciones
propias
del
prefrontal?
Tarea
6.2
¿Qué
patologías
o
trastornos
psiquiátricos
tienen
relación
con
el
prefrontal
y
con
qué
regiones
del
mismo?
Tarea
6.3
¿A
qué
región
del
prefrontal
se
asocia
el
síndrome
disejecutivo?
Tarea
6.4
¿Qué
región
o
regiones
del
prefrontal
tienen
relación
con
la
toma
de
decisiones?
Tarea
6.5
¿Dentro
del
prefrontal,
el
eje
rostro-‐caudal
guarda
relación
con
qué
dicotomía
funcional?
Tarea
6.6
¿Dentro
del
prefrontal,
el
eje
dorsal-‐ventral
guarda
relación
con
qué
dicotomía
funcional?
30
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
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31
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
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6:
Prefrontal.
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34
Tema
6:
Prefrontal.
Funciones
Ejecutivas/
Neuropsicología
Notas
del
texto
1
La
lobotomía
frontal
consistía
en
seccionar
las
fibras
del
prefrontal
con
la
finalidad
de
tratar
determinados
trastornos
psiquiátricos.
2
Los
campos
oculares
frontales
son
una
región
asociativa
que
se
encarga
de
los
movimientos
oculares
voluntarios.
3
El
área
motora
suplementaria
es
una
región
premotora
situada
en
la
cara
medial,
justo
delante
de
la
zona
de
la
pierna
de
la
región
motora
primaria.
Se
sabe
que
esta
región
participa
en
la
iniciación
de
los
movimientos
voluntarios
y
que
desempeña
un
papel
importante
en
el
lenguaje
expresivo
(sus
lesiones
se
asocian
a
la
afasia
transcortical
motora)
y
podría
relacionarse
también
con
la
apatía
extrema
(abulia)
y
el
mutismo
aquinético.
4
De
hecho,
Gazzaniga
et
al.
(2002)
incluyen
en
la
región
medial
o
mesial
prácticamente
solo
el
cíngulo.
5
Las
regiones
motoras
y
premotoras
se
corresponden
con
las
áreas
primarias
y
secundarias,
respectivamente,
del
tercer
bloque
funcional
de
Luria.
Ver
Figura
6
del
tema
1.
6
Es
sabido
que
uno
de
los
lugares
donde
sigue
existiendo
neurogénesis
(formación
de
nuevas
neuronas)
en
el
adulto
es
el
hipocampo.
7
Denominada
también
Resonancia
de
Difusión,
es
una
técnica
relativamente
novedosa
basada
en
la
resonancia
magnética,
que
permite
visualizar
las
fibras
nerviosas
(los
axones)
en
tres
dimensiones
mediante
el
seguimiento
de
los
movimientos
del
agua
por
su
interior.
Es
más,
el
grado
de
mielinización
(el
espesor
de
la
vaina
de
mielina)
puede
ser
estimado
a
partir
de
esta
técnica.
8
“Much
of
the
prevalent
confusion
in
the
PFC
literature
derives
from
two
common
errors.
The
first
is
to
argue
for
one
particular
prefrontal
function
while
opposing
or
neglecting
others
that
complement
it;
the
second
is
to
localize
any
of
them
within
a
discrete
portion
of
PFC.
The
functions
of
the
PFC
rely
closely
on
its
connections
with
a
vast
array
of
other
cerebral
structures.
None
of
its
cognitive
functions
can
be
understood
if
taken
out
of
a
broad
connectionist
context.
Any
hypothetical
modularity
of
the
PFC
is
functionally
meaningless
if
taken
out
of
wide-‐ranging
networks
that
extend
far
beyond
the
confines
of
any
given
prefrontal
area.”
9
Véase
tema
1
a
propósito
de
estos
conceptos.
10
La
estimulación
magnética
transcraneal
(EMTC)
es
una
forma
no
invasiva
de
estimulación
de
la
corteza
cerebral
que
se
lleva
a
cabo
mediante
una
bobina
de
cobre
por
la
que
se
hace
pasar
una
corriente
eléctrica.
La
EMTC
constituye
una
de
las
herramientas
de
reciente
incorporación
a
las
neurociencias,
tanto
para
propósitos
de
estudio
e
investigación,
como
terapéuticos,
para
el
tratamiento
de
diversos
padecimientos
y
trastornos
neuropsiquiátricos
como
la
depresión.
Los
campos
magnéticos
generados
por
la
bobina
provocan
la
despolarización
selectiva
de
aquellas
neuronas
de
la
corteza
cerebral,
ubicadas
entre
1,5
y
2
cm
por
debajo
del
cráneo.
Se
suelen
emplear
pulsos
magnéticos
de
intensidades
específicas,
únicos,
por
pares
o
repetidos.
Las
tres
modalidades
se
usan
en
investigación,
pero
solo
esta
última
modalidad,
Estimulación
Magnética
Transcraneal
Repetitiva
o
EMTr,
es
la
que
suele
emplearse
con
fines
terapéuticos
(Oberman
et
al.,
2016).
11
En
la
atención
dividida,
teóricamente
atendemos
a
dos
estímulos
o
tareas
a
la
vez.
En
la
práctica,
se
convierte
en
una
situación
en
la
que
la
atención
se
alterna
(cambia
de
foco)
entre
dos
tareas
de
un
modo
más
o
menos
rápido.
12
Ver,
no
obstante,
Badre
y
d’Esposito
(2009).
Estos
autores
sugieren
que
esta
región
mantendría
conexiones
descendentes
tanto
con
las
regiones
prefrontales
dorsolaterales
(9
y
46
de
Brodmann)
como
con
las
premotoras
(6).
13
Ver,
no
obstante,
Bird
et
al.,
(2004).
Este
paciente
no
presenta
dificultades
en
las
tareas
de
teoría
de
la
mente,
a
pesar
de
sufrir
una
lesión
extensa
bilateral
en
la
región
medial
prefrontal
anterior.
Los
autores
sugieren
que
se
han
de
interpretar
con
cautela
los
datos
procedentes
de
estudios
de
neuroimagen
funcional
al
respecto.
14
Se
trata
de
una
respuesta
del
sistema
nervioso
vegetativo
simpático
ante
situaciones
de
estrés
o
de
emociones
intensas
que
van
acompañadas
de
estrés.
En
este
caso
se
produce
una
microsudoración
que
altera
la
conductividad
(la
resistencia
al
paso
de
la
corriente)
de
la
piel
y
que
puede
medirse
mediante
un
aparato.
Por
supuesto,
en
determinadas
personas
o
en
situaciones
extremas,
no
se
trata
de
microsudoración,
sino
de
sudoración
con
mayúsculas.
15
En
estas
funciones
también
participa
una
zona
cortical
vecina:
la
parte
más
inferior
o
ventral
de
la
región
medial
(PF
ventromedial).
Como
ya
se
ha
mencionado,
algunos
autores
las
consideran
conjuntamente
para
su
estudio
(Bechara
et
al.,
1996;
Gazzaniga
et
al.,
2003;
Amodio
y
Frith,
2006).
16
El
núcleo
accumbens
es
una
región
de
sustancia
gris
situada
que
une
la
cabeza
del
caudado
con
el
putamen.
Forma
parte,
por
tanto,
de
los
ganglios
de
la
base.
Se
sabe
que
esta
región
se
activa
ante
las
recompensas
producidas
por
las
situaciones
de
placer
y
las
adicciones.
17
Exactamente
dice
lo
siguiente:
“For
the
purposes
of
this
piece,
VMPC
is
defined
as
the
ventral
medial
prefrontal
cortex
and
the
medial
sector
of
the
orbitofrontal
cortex,
thus
encompassing
Brodmann’s
areas
(BA)
25,
lower
24,
32
and
medial
aspect
of
11,
12
and
10.”
18
Se
trata
de
pacientes
en
los
que
el
tratamiento
con
otros
medios,
como
el
farmacológico,
el
psicoterapéutico
e
35