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Teorías del conflicto social y su impacto

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Teorías y elementos estructurales del conflicto

El conflicto es un fenómeno natural en toda sociedad, es decir, se trata


de un hecho social consustancial a la vida en sociedad. Así mismo, las
disputas son una constante histórica, puesto que han comparecido en
todas las épocas y sociedades a lo largo de los tiempos. Incluso, el
cambio social que determina toda la dinámica de la vida de los seres
humanos es una consecuencia que debe ser imputada de modo
mayoritario, aun cuando no de manera absoluta, al conflicto.
Teorías sociológicas del conflicto
Entre las teorías sociológicas conflictualistas, es posible encontrar dos
grandes variantes históricas. La primera de ellas, que precedió a la otra
en nacimiento y no sólo en la presentación en este escrito, es la
marxista; mientras que la segunda, que nunca ocultó su inspiración en
la primera, radica en la teoría sociológica liberal sobre el conflicto.
Cabe acotar que la diferenciación entre marxista y liberal de las dos
tendencias obedece, sobre todo, a los distintos enfoques políticos que
poseen. El asunto es relevante porque las teorías sociológicas del
conflicto son, por excelencia, teorías de sociología política, ya que el
tema del poder ocupa un lugar principalísimo entre sus postulados. Por
ende, las mayores diferencias entre las variantes marxista y liberal del
conflicto residen en la forma como enfocan el poder y las disidencias
que comparten en torno a las diversas lecturas políticas que hacen
sobre las contradicciones sociales.
Teoría del Marxismo
El marxismo concibe a la sociedad como cuerpo de organización
integrado y dividido entre distintas clases sociales, con intereses
enfrentados. Históricamente, en los diferentes periodos de la vida en
sociedad, han variado las clases sociales: esclavos y patricios, siervos y
señores feudales, proletarios y burgueses, etc., pero siempre la sociedad
ha estado fraccionada en clases sociales con objetivos contra opuestos.
A su vez, la lucha de clases sociales ha sido el motor de las grandes
transformaciones sociales y el aguijón que ha espoleado el conflicto en
todas las épocas y lugares de la historia de la humanidad. La lucha de
clases en los distintos periodos o fases de la historia aparece motivada
en contradicciones principales y secundarias. Las contradicciones
principales, son aquellas que tienen un carácter antagónico, puesto que
no pueden ser conciliadas y solamente se resuelven por una pugna
entre contrarios que conlleva a un nuevo estado de cosas, o superación
de la contradicción mediante la destrucción dialéctica de los opuestos.
Teoría sociológica liberal
Para el conflictualismo liberal, la sociedad ciertamente se encuentra
estratificada en clases sociales. Incluso se admite que en la clase de
conflictos de los que se ocupó de estudiar Marx en los siglos XVIII y XIX
los conflictos de clase obtuvieron un lugar protagónico. Sin embargo, ya
en el siglo XX, la categoría de clase social resultaba demasiado general
para ser útil en el análisis social. Esto ocurre puesto que muchos
conflictos no tenían como referente una clase social, sino que era otro el
factor que los caracterizaba o que servía para la agrupación de los
actores sociales. Igualmente, no pocos conflictos se presentaban dentro
de una misma clase social, por lo que no podían ser explicados o
entendidos como de una clase contra otra al estilo tradicional del
marxismo.
En el contexto colombiano
Las fuerzas políticas partidarias tradicionales, liberal y conservadora, se
disputaron el poder por décadas y sus pugnas arribaron a varias guerras
civiles, regionales y nacionales, y condujeron a lo que se conoció en la
historia nacional como el periodo de La Violencia (1946-1964), una de
las mayores expresiones de la conflictividad social en el país. Esas
agrupaciones políticas eran dirigidas por personas provenientes de la
misma clase social, luego no puede tomarse la categoría de clases y la
idea de lucha entre clases sociales como el pilar para examinar esos
conflictos. Hace años, cuando un instituto del Estado construía viviendas
para personas pobres, de clase baja, que las iban pagando por cuotas y
aprovechaban subsidios, ocurrieron hechos en los que otros, todavía
más pobres invadieron las casas a medio construir y se apropiaron de
ellas.
Componentes teóricos fundamentales del conflicto
Existen distintas clases de conflicto social, con consecuencias muy
diversas sobre las personas y las naciones. En un extremo podría
colocarse a la guerra, la expresión más cruenta del conflicto, aquella
que suele ocasionar elevados costos en materia de vidas humanas y
sufrimientos.
En el otro polo podría situarse a la competencia, otra expresión típica del
conflicto social, por regla general pacífica. Las confrontaciones bélicas
han producido grandes cambios históricos y han sido, a veces, justas o
necesarias. La competencia suele ser considerada deseable o
conveniente, como en materia económica, donde se le juzga
imprescindible para evitar prácticas monopólicas que deterioran la
calidad de los productos o de los servicios, cuando no generan costos
exagerados para el consumidor o usuario. En medio de estas dos
tipologías de conflicto, se encuentran otras múltiples expresiones del
antagonismo social, lo que representa diferencias de escala y de
naturaleza.
También la conflictividad social cubre muy variados campos. Existen
conflictos políticos, lo que abarca un amplio espectro. Pero también los
hay referidos a las relaciones interpersonales, lo que comprende los
conflictos de familia, de pareja, generacionales o escolares, entre otros.
También se encuentran los conflictos económicos, con manifestaciones
en los ámbitos comercial, sindical, etc. Hay también conflictos
culturales, gestados entre grupos étnicos dispares, de índole religiosa y
de otras muchas clases. Con la anterior relación, bastante incompleta,
no se pretende elaborar un catalogo de especies de confrontaciones o
contradicciones, lo que se quiere indicar es que la conflictividad social
penetra todos los campos de la vida sin excepción y que, alcanza tanto
la dimensión macrosocial como la microsocial de la vida social.

¿QUÉ ES EL CONFLICTO?

El conflicto no es causa ni condición de ningún hecho social, en el


sentido del positivismo científico, o de conformidad con cualquier otro
enfoque teórico que pretenda, usando un lenguaje distinto, identificar
los factores que motivan la ocurrencia de un fenómeno social. El
conflicto es una consecuencia de un determinado de estado de cosas.
¿De cuál estado? De una situación de divergencia social, es decir, de
una relación contradictoria (disputa) que sostienen personas o grupos
sociales separados al poseer intereses y/o valores diferentes (Silva
García, 1996). En una línea similar (Ferrari, 1989) distingue entre los
conflictos por intereses (competencias) y aquellos que versan sobre
valores (disensos). Mientras, en lo que respecta al conflicto, surgirá
como manifestación, cuando se intente desplazar a otro grupo social de
la posesión o acceso a bienes, recursos, derechos, valores o posiciones
escasas o apreciadas (Dahrendorf, 1993; Vold, 1967).

¿Qué tipo de conflicto es el colombiano?


La realización de una tipología o caracterización del conflicto armado
colombiano es una actividad académica inacaba y sometida a continuas
presiones y revisiones fundamentadas especialmente en argumentos
político-ideológicos, por lo cual, es necesario dejar en claro que no
existe una única teoría que explique o analice la naturaleza y las
características de los distintos conflictos armados bélicas internos, ya
que, debido a la complejidad y longevidad del caso, y a las cambiantes
dinámicas político-militares de sus actores, resulta muy difícil
encuadrarlo en una categoría preestablecida.
Para realizar una caracterización del conflicto armado colombiano, el
primero lo conforman investigaciones que abordan las causas que
originan los levantamientos armados y los factores que condicionan las
acciones bélicas y las causas de éxito o fracaso de las luchas
revolucionarias. Un segundo grupo lo constituyen los enfoques teóricos
utilizados para el análisis de los conflictos intraestatales, post-Guerra
Fría, destacándose en este grupo el enfoque planteado desde la
economía política y la tesis de la guerra global permanente. El tercer
grupo lo conforman los trabajos que tratan el conflicto desde variables
como sus alcances espaciales (nacionales, internacionales y regionales),
número de víctimas, intensidad, carácter y fines de sus actores
(revolucionarios, étnicos, religiosos, etc.). El cuarto y último grupo se
constituye con la definición que de conflicto armado no internacional
hace el Derecho Internacional Humanitario, más específicamente el
Protocolo II adicional a los IV Convenios de Ginebra, suscrito por el
Estado colombiano e incorporado a su legislación a través de la ley Nro.
171 de 1994.

Tipologías tradicionales de los conflictos armados


Conflictos armados en Colombia1
Una primera tipología señala al conflicto armado colombiano como un
conflicto interno, diferenciándolo de los conflictos internacionales, en los
cuales se enfrentan dos o más Estados. Para Michel Brown (1996), un
conflicto armado interno es “una confrontación violenta cuyos orígenes
echan raíces esencialmente en factores domésticos más que en factores
ligados al sistema internacional, y en el cual la violencia armada
transcurre esencialmente en los límites de un solo Estado”.

1
Sobre la categorización del conflicto armado colombiano como guerra civil, véase Ramírez Tobón (2002),
Posada Carbó (2001) y Pizarro Leongómez (2002).
Una segunda tipología se enmarca dentro de la globalización, en cuyo
contexto las amenazas a la seguridad estatal adquieren una connotación
transnacional, por lo que los conflictos armados difícilmente pueden ser
considerados como internos. Bajo este prisma el conflicto colombiano
puede ser denominado como “conflicto regional complejo” (Buzan,
1999), o como “conflicto armado con significativo envolvimiento
externo” (Lincoln y Leiss, 1990). La presencia activa de estructuras
guerrilleras, de cultivos ilícitos y la ausencia del Estado en las zonas de
frontera, configuran este escenario.
Una tercera tipología clasifica a los conflictos según los niveles de
intensidad militar, el tipo de armamento y las tácticas con las que
luchan los combatientes en el marco de la confrontación armada.
Teniendo en cuenta estos criterios, los conflictos se dividen en
convencionales y no convencionales. En el caso colombiano, en el que
la insurgencia utiliza la guerra de guerrillas como principal táctica
operativa y no se presentan grandes batallas a campo abierto en las que
participen divisiones de artillería o mecanizadas, se estaría frente a un
conflicto armado “no convencional”.
Podría afirmarse que la guerra en Colombia tiene como columna central
la disputa por la legitimidad política, es decir, la lucha por el derecho
moral de gobernar a la sociedad, de ahí que muchas de las acciones
militares que se ejecutan son maximizadas o minimizadas a través de
los medios de comunicación con que cuenta cada actor armado, con el
fin de captar la mayor cantidad de “mentes y corazones” para cada
proyecto (o, por lo menos, restárselos al contrario). No es casual que
una organización guerrillera como las Farc-EP sostengan una cantidad
importante de sitios web9, agencias de prensa y publicaciones escritas
alrededor del mundo. Estos canales de comunicación les permiten
difundir e intercambiar ideas y juegan un papel decisivo en su esquema
político-ideológico, en palabras del general (R) Montgomery Meigs,
citado por Garay y Gil (2004), el espacio comunicacional en este tipo de
conflictos es otro campo de batalla, que se hace fundamental porque
“para los actores no estatales y terroristas, la amplia disponibilidad de la
tecnología comercial permite una combinación muy poderosa de lo tribal
y lo tecnológico”
El conflicto armado colombiano nace dentro del contexto de la Guerra
Fría (Revolución Cubana, Doctrina de la Seguridad Nacional, ruptura
chino-soviética) pero con una serie de particularidades propias que lo
excluyen de la clasificación simple de los conflictos generados por el
enfrentamiento entre el Este y el Oeste. Para Sánchez y Aguilera (2001),
dentro de las características que le otorgan ciertos rasgos de
autenticidad pueden enunciarse: una cultura política autoritaria
refractaria a los comportamientos democráticos, tendencia histórica a
utilizar la violencia para obtener objetivos políticos, y permanencia de
las estructuras de exclusión o inclusión perversa.
Si bien dentro del conflicto armado colombiano han venido apareciendo
una serie de variables tales como la utilización de la producción y
distribución de narcóticos, especialmente la cocaína y la heroína, por
parte de los actores armados como medio de financiación, la
consolidación de grupos paramilitares con capacidad de controlar
política, social y militarmente grandes regiones del país 2, entre otras, y
aunque estas variables han producido cambios importantes en su forma
y naturaleza, existen características de fondo que se mantienen.

EL CONFLICTO ARMADO COLOMBIANO Y LA RELACIÓN CON EL


DERECHO INTERNACIONAL HUMANITARIO
En el caso colombiano, dicha definición se encuentra contenida en el
Derecho Internacional Humanitario, más específicamente en el Protocolo
II adicional a los IV Convenios de Ginebra 3, suscrito por el Estado co-

2
Sobre el desarrollo político y militar de los grupos paramilitares en Colombia, puede consultarse Duncan
(2005), Revista Arcanos (2007) y Romero (2007).
3
El Derecho Internacional Humanitario se erige sobre dos principios fundamentales: el Principio de
Limitación, que establece que “la fuerza usada debe ser la estrictamente necesaria para obtener la ventaja
sobre el adversario, y debe examinarse previamente la relación existente entre la ventaja del ataque y los
efectos negativos que produzca en las personas y sus bienes”. Conforme a este principio, el único objetivo
legítimo durante la guerra es debilitar las fuerzas militares del enemigo, es decir, poner fuera de combate
(asesinar, herir, capturar y rendir) al mayor número de hombres del bando contrario; el Principio de
Distinción, que impone diferenciar entre quienes son y quienes no son combatientes, y entre los bienes que
pueden y no pueden ser utilizados en un conflicto armado. Con este principio se pretende evitar que las
operaciones militares afecten a la población que no participa de las hostilidades o a los bienes que le sirven
de sustento o que son considerados patrimonio histórico o cultural. En este punto se debe tener en cuenta
que las infracciones al Derecho Internacional Humanitario, dentro del conflicto armado colombiano, están
constituidas por todas aquellas acciones u omisiones contrarias al artículo 3 común a los convenios de
Ginebra y al Protocolo II adicional a los cuatro convenios de Ginebra. Se considera que el artículo 3 común a
los cuatro convenios de Ginebra es una especie de convenio en miniatura. Incluso añadiéndole las
disposiciones del Protocolo II, las normas por las que se rige un conflicto armado internacional son menos
elaboradas que las normas por las que se rige el conflicto armado no internacional. La dificultad con la que
se tropieza para mejorar el régimen de protección de los conflictos armados no internacionales es el
obstáculo que supone el principio de la soberanía del Estado. Cabe destacar que las normas del artículo 3
tienen valor de derecho consuetudinario y son un mínimo que los actores del conflicto armado deben
respetar. El Derecho Internacional humanitario está destinado, en este caso, a regular las relaciones entre
las fuerzas armadas regulares o no, que participan en el conflicto, y protege a toda persona, o categoría de
personas, que no participan directamente, o que han dejado de participar en las hostilidades, por ejemplo:
combatientes heridos o enfermos, personas privadas de la libertad a causa del conflicto, población civil,
personal sanitario y religioso. La obligatoriedad de aplicar y respetar el Protocolo II adicional a los cuatro
convenios de Ginebra por parte de todos los actores del conflicto armado no puede estar sujeta a la
lombiano e incorporado a su legislación a través de la ley n° 171 de
1994.
En treinta y uno de los treinta y dos departamentos en los que se
encuentra dividida administrativamente Colombia, hay algún tipo de
presencia directa o indirecta de actores armados irregulares. La
presencia indirecta se realiza por medio de estructuras sanitarias,
económicas, de propaganda y logísticas, que operan principalmente en
las cabeceras municipales. En la misma línea, dentro del conflicto
colombiano se distinguen claramente dos tipos de actores armados: los
legales o regulares y los ilegales o irregulares.
Entre los actores ilegales o actores irregulares se encuentran las
organizaciones guerrilleras, conformadas actualmente por las siguientes:
Farc-EP, Ejército de Liberación Nacional (ELN), Ejército Popular de
Liberación (EPL) y las organizaciones paramilitares o nuevas bandas
criminales “bajo la dirección de un mando responsable” (Cicr, 2008: 2).
A continuación se revisarán la estructura interna y el organigrama de las
Farc-EP.
Las Farc-EP cuentan, desde 1996, con un estatuto que define su
estructura organizativa, el que se ha ido adaptando con el tiempo. Su
máxima instancia de decisión es la Conferencia Nacional de Guerrilleros,
que se debe reunir cada cuatro años y cuyos representantes son
elegidos por todos los miembros de la organización. Esta designa el
Estado Mayor Central, el organismo superior de dirección y mando, que
hoy está conformado por treinta y un miembros. Este nombra, a su vez,
al Secretariado del Estado Mayor Central. El Secretariado hace las veces
de órgano ejecutivo y toma las decisiones mientras no se reúnan las
demás instancias. Según un informe de la Fundación Ideas para La Paz
(2006), la estructura interna de las Farc-EP está compuesta por:
escuadras (doce hombres, incluidos sus mandos); guerrillas (dos es-
cuadras y sus mandos, es decir, veintiséis hombres); compañías (dos
guerrillas y sus mandos, es decir, cincuenta y cuatro hombres);
columnas (dos compañías o más y sus mandos, es decir, ciento diez
hombres), frentes (una o más columnas); el estado mayor del frente
reciprocidad de las partes, sino al hecho de que, en cuanto las partes tienen pretensiones político-militares,
automáticamente se responsabilizan por la violación de dicho protocolo. Además las normas humanitarias
son obligatorias para todas las partes en conflicto, por cuanto la imperatividad de esta normativa no deriva
del consentimiento de las partes sino de su carácter consuetudinario. La finalidad del Derecho Internacional
Humanitario es limitar los sufrimientos provocados por la guerra, garantizando, tanto como sea posible, la
protección y la asistencia a las victimas. De esta manera se aborda la realidad de un conflicto sin entrar en
consideraciones relativas a los motivos o a la legalidad del recurso de la fuerza. Únicamente se regulan los
aspectos que tienen un alcance humanitario, a esto es lo que se denomina Ius in bello (Derecho en la
Guerra). Sus disposiciones se aplican, asimismo, a todos los actores del conflicto sin importar los motivos
que le dieron nacimiento y de la justicia de la causa defendida por una u otra parte (Trejos, 2011).
tiene cinco miembros principales y cuatro suplentes); bloques de frentes
(cinco o más frentes con su respectivo estado mayor ); comandos
conjuntos (cuando no están dadas las condiciones para crear un bloque
de frentes). Además, cuentan con las Milicias Bolivarianas y las Milicias
Populares, que no hacen parte de su estructura militar ya que están
articuladas a los frentes. Las Farc-EP en este momento están
compuestas por cinco bloques, un bloque móvil, dos comandos con-
juntos, sesenta y nueve frentes, veintiséis columnas móviles, veintiocho
compañías móviles y cuatro frentes urbanos (Bogota, Medellín, Cali y
Barranquilla). Cada una de estas estructuras tiene su comandante y su
reemplazante.
Al igual que las Farc-EP, el ELN también cuenta con un organigrama y
una estructura organizacional en lo nacional y lo regional. Lo mismo
sucede, aunque en menor medida, con los grupos paramilitares, ya que
estos no obedecen a un poder central unificado, por lo cual cada grupo
regional cuenta con independencia y autonomía en cuanto a su
organización interna.
En el caso de las Farc-EP, al analizar su comportamiento con la
población civil y el modelo de orden social que imponen en las áreas en
las que hacen presencia activa se entiende mejor esta última afirmación.
El control territorial que las Farc-EP ejercen en sus áreas de influencia,
especialmente en el sur de Colombia, está estrechamente vinculado a su
historia agraria y campesina, es por esto que regulan las actividades
económicas y la producción y comercialización de los cultivos ilicitos
(coca), llegando en algunos casos a ser parte integral de la economía
local. La relación de las Farc con los cultivadores de coca y los
narcotraficantes ha sido evolutiva y dinámica, especialmente en los
departamentos de Meta, Putumayo y Caqueta. De su inicial oposición a
su siembra en 1977, pasan a su aceptación y regulación en 1979; en
1982 inician el cobro de impuestos a los comerciantes de pasta, a los
laboratorios de producción de cocaina y a los vuelos de carga; en 1992
regulan policivamente el comportamiento de los narcotraficantes y
miembros de las cocinas; en 1996 organizan las primeras marchas
cocaleras contra la fumigación del aérea; en 1999 restringen el ingreso
de compradores de pasta de coca por temor a la filtración paramilitar y
se inicia la competencia por la compra de parte de los paramilitares; y
en el año 2000 se inicia la comercialización directa de la pasta de coca
por parte de las Farc.
Es un conflicto financiado por el narcotráfico. Una de las características
más importantes y particulares del conflicto armado colombiano ha sido
el involucramiento cada vez más directo de los grupos armados ilegales
en todas las etapas de producción y distribución de narcóticos,
especialmente la cocaína y la heroína.
El economista Paul Collier (2004) entrega el siguiente diagnóstico:
“Como lo demuestran claramente datos recabados en América
Latina, la guerra civil y la producción de drogas están
estrechamente relacionadas. En 1995, Colombia daba cuenta de
80.931 toneladas métricas de producción de opio y coca, mientras
que Perú, devastado por la guerra, en ese entonces producía
183.600 toneladas métricas de estas drogas duras. Durante los
años siguientes terminó la guerra civil en Perú, mientras el
conflicto se intensificaba en Colombia. En consecuencia, la
producción de opio y coca cayó a 46.258 toneladas métricas en
Perú, mientras aumentaba vertiginosamente a 266.161 toneladas
métricas en Colombia”.
Como se ve, este tipo de conflictos armados facilitan la proliferación de
cultivos porque crea territorios ajenos al control del Estado, lo que
ofrece a los productores de drogas (narcotraficantes, guerrilla y
paramilitares) vastas extensiones de tierras en las cuales sembrar.
Asimismo, crea un entorno en el cual muchas personas pueden
dedicarse a una vida estrechamente relacionada con los cultivos ilícitos
y actividades ilegales, debido a que quienes monopolizan las armas y el
poder económico lo permiten e incentivan. Sumado a esto, el conflicto
armado reduce dramáticamente las oportunidades económicas
tradicionales (agricultura, ganadería, etc.), obligando a la gente a
aprovechar la única alternativa de trabajo que se les presenta (Collier,
2004:4).
Del anterior análisis teórico, es posible afirmar que en Colombia se desa-
rrolla un conflicto armado interno, no convencional y de baja intensidad,
que adquirió dimensiones regionales complejas o intermésticas, cuyos
orígenes se encuentran en controversias político-ideológicas y en
problemas agrarios aún no resueltos. Sus actores irregulares tienen en
el narcotráfico a su principal fuente de financiación. Todo lo anterior
lleva a establecer que se ha producido una grave crisis humanitaria.

¿Cuándo inicio el conflicto armado en Colombia?


[Link]

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