Los cuartetos
de Brahms
(Parte I)
Fundación BBVA
Palacio del Marqués de Salamanca 23
Paseo de Recoletos, 10 · Madrid MAR
19:30 horas 2024
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Fundación BBVA
La Fundación BBVA tiene entre sus objetivos prin-
cipales el impulso a la creación de excelencia y su
difusión a la sociedad con especial énfasis en la
música, con una línea de actividad que contem-
pla todo el proceso: desde el apoyo directo a la
composición, hasta la grabación e interpretación.
Desde hace una década, el compromiso de la
Fundación BBVA con creadores e intérpretes se
integra en el programa de Becas Leonardo a tra-
vés de la categoría de Música y Ópera.
En cuanto a la difusión, la Fundación BBVA ha
programado en su sede de Madrid un renovado
programa de Cultura en el que cobra una espe-
cial relevancia la actividad musical. El Palacio del
Marqués de Salamanca acoge propuestas donde
el repertorio clásico y el descubrimiento de la
música contemporánea caben por igual y que
proponen líneas de conexión entre distintos com-
positores y periodos. Todos tienen en común, eso
sí, el dar al público la oportunidad de escuchar en
directo a solistas y grupos, españoles o extranje-
ros, reconocidos internacionalmente.
El programa de Cultura de la Fundación BBVA se
completa con alianzas con el Museo Guggenheim
Bilbao, el Museo Nacional del Prado y la Fundació
Joan Miró de Barcelona, con los que hace posible
exposiciones singulares; con el Gran Teatre del
Liceu, el Teatro Real y ABAO Bilbao Opera, con los
que colabora para presentar montajes de ópera
en coproducción con los principales coliseos del
mundo, y con la Orquesta Sinfónica de Madrid, de
cuya temporada la Fundación BBVA es patrocina-
dora principal.
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Intérpretes
Mandelring Quartett
Sebastian Schmidt, violín
Nanette Schmidt, violín
Andreas Willwohl, viola
Bernhard Schmidt, violonchelo
Programa
Johannes Brahms (1833-1897)
Cuarteto de cuerda n.º 1 en do menor,
op. 51 n.º 1 (34’)
1. Allegro
2. Romanze: Poco adagio
3. Allegretto molto moderato e comodo
4. Allegro
Cuarteto de cuerda n.º 2 en la menor,
op. 51 n.º 2 (35’)
1. Allegro non troppo
2. Andante moderato
3. Quasi minuetto, moderato
4. Finale: Allegro non assai
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Notas al programa
Theodor Billroth fue uno de los mejores amigos de
Brahms. El compositor de Hamburgo y el ilustre cirujano,
también un alemán del norte como Brahms, se conocieron
en 1862 en una sala de conciertos de Zúrich y pronto en-
tablaron una amistad sustentada por la pasión de ambos
por la música. Billroth fue un competente violinista, vio-
lista y pianista, además de prolífico escritor sobre temas
musicales, y cuando se mudó de Zúrich a Viena mantuvo
una relación muy cercana con el compositor, también a
través de cartas en las que Brahms se abrió a su amigo en
torno a temas muy diversos y que son una de las fuentes
más valiosas para conocer sus ideas filosóficas y políticas.
Billroth fue también el dedicatario de sus dos primeros
cuartetos de cuerda, ya que había sido él, junto con Clara
Schumann y Joseph Joachim, quien más le había ani-
mado a abordar este género que se le venía resistiendo
al compositor desde hacía veinte años. Es sabido que
había escrito un cuarteto de cuerda cuando conoció a
los Schumann en 1853, y que fue probablemente dicha
partitura la que llevó a Robert Schumann a presentarlo
al mundo como el sucesor de Beethoven en el famoso
artículo Nuevos derroteros del número del 28 de octubre
de la revista Neue Zeitschrift für Musik. Brahms, sin em-
bargo, terminaría destruyendo el manuscrito de aquella
obra y también los de unos cuantos cuartetos más en
años venideros.
Esto fue debido a la enorme autocrítica a la que Brahms
sometía sus propias creaciones, pero también a que, a
mediados del siglo XIX, y aunque no tuviera aún el peso
que ostenta en la actualidad, ya existía un canon de com-
positores clásicos que dominaban la escena musical.
Brahms se sentía especialmente intimidado, justamente,
por la figura del genio de quien le habían proclamado
sucesor: Beethoven. «No tienes idea de cómo nos sen-
timos las personas como nosotros cuando escuchamos
los pasos de un gigante como él a nuestra espalda»,
le confesó al director Hermann Levi. Y los dos géneros
que más tardó en abordar fueron los que estaban aso-
ciados en mayor medida con Beethoven: las sinfonías y
los cuartetos de cuerda. No hay que olvidar que el pro-
pio Beethoven tardó bastante en dominar el arte del
cuarteto y que sus obras maestras en este género no
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llegaron hasta sus últimos años de vida; si Brahms sin-
tió la sombra de Beethoven, este sintió a su vez las de
Mozart y Haydn, su maestro, cuya influencia es innegable
en los primeros cuartetos beethovenianos del op. 18. Pero
Brahms, además de los tres compositores citados, tuvo
otra referencia fundamental: los cuartetos de Schubert,
cuya obra había ayudado a editar y conocía muy bien.
Otra posible razón para la inseguridad de Brahms con
el género del cuarteto es que, a diferencia de Mozart,
Haydn, Beethoven y Schubert, que habían aprendido
el violín desde niños y tocaban en cuartetos de cuerda
con frecuencia, Brahms fue pianista y no dominaba en
la práctica ningún instrumento de cuerda. Según Eric
Bromberger, Brahms debía de sentirse un «forastero»:
«Nunca había tocado cuartetos y por eso no había ex-
perimentado como intérprete algunos de los elemen-
tos que hacen que sea una forma tan fértil y flexible: la
igualdad entre las cuatro voces, el toma y daca entre los
intérpretes, el emparejamiento y contraste de diferentes
instrumentos, los diferentes tipos de sonoridades posi-
bles de un cuarteto… No es necesario ser un intérprete
de cuerdas para escribir grandes cuartetos (como nos
han demostrado Debussy, Ravel, Bartók y Shostakóvich),
pero hay momentos en los cuartetos de Brahms en los
que sentimos que, en primer lugar, está escribiendo
música increíblemente poderosa y concentrada, y solo
en segundo lugar, música para ser interpretada por un
cuarteto de cuerdas».
Tras aquel primer cuarteto juvenil del que tenemos noti-
cia, el que mostró a Robert y Clara Schumann, tuvieron
que pasar veinte años hasta que Brahms se decidió por
fin a terminar, y presentar, dos de ellos. Los completó
durante el verano de 1873 en Tutzing, cerca de Múnich, y
se interpretaron en privado en casa de Billroth antes de
su estreno oficial, tras el que siguió perfeccionándolos
para su posterior publicación. Son los dos cuartetos que
escucharemos esta tarde en los atriles del Mandelring
Quartett, publicados juntos bajo el mismo número de
opus, el 51.
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Cuarteto de cuerda n.º 1 en do menor,
op. 51 n.º 1
Tras diez años de bocetos preliminares, el Cuarteto en do
menor alcanzó su forma definitiva durante el verano de
1873 en el Hotel Seerose de Tutzing, a orillas del lago de
Starnberg, y fue interpretado por primera vez en Viena
ese mismo otoño por el Hellmesberger Quartet, formado
por músicos con los que Brahms trabajaba a menudo. El
cuarteto bebe abiertamente del modelo beethoveniano,
particularmente de los Cuartetos Razumovsky, y es una
obra tersa y concentrada, en la tonalidad que Beethoven
reservaba para sus obras más dramáticas. Es particu-
larmente interesante observar cómo Brahms deriva
casi todo el material del cuarteto del mismo motivo que
escuchamos en los primeros compases de la partitura,
y que regresará bajo diversas apariencias a lo largo de
los tres movimientos posteriores.
La construcción del cuarteto es clásica, comenzando
con un tradicional allegro de sonata. Su primer tema está
construido por el motivo generador que impregnará toda
la partitura, mientras que el segundo es una melodía me-
lancólica que sirve de contraste con el anterior, y hay aún
espacio para un tercer tema que Brahms emplea para
aligerar el peso dramático de los dos anteriores con des-
tellos transitorios de una modalidad mayor. El desarrollo,
compuesto en torno a los dos primeros temas, nos da
una muestra de la habilidad de Brahms para construir
todo tipo de modulaciones y juegos rítmicos empleando
materiales muy delimitados.
Tras este primer movimiento de aliento casi sinfónico,
los dos movimientos interiores son moderados e ínti-
mos. El segundo, una Romanza, alterna dos estados de
ánimo muy definidos: el primero es dulce y noble, y lo
escuchamos al principio sobre el motivo procedente del
primer movimiento; la segunda idea, por su parte, está
marcada por el sutil uso de los silencios, que le aportan
cierta timidez encantadora.
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El comienzo del tercer movimiento, Allegro molto moderato,
es peculiar porque en el primer compás nos presenta
directamente dos temas a la vez, superpuestos; es uno
de los ejemplos más claros de la concentración que llega a
alcanzar Brahms en este cuarteto. Con un refinado trabajo
contrapuntístico, que fluye sobre un ritmo estable de cor-
cheas y ocasionalmente síncopas, el movimiento desem-
boca en su sección central, el trío, que es probablemente
el fragmento más optimista de toda la obra, asemejando el
ritmo de un vals y empleando algunos originales efectos de
cuerdas al aire que le otorgan un aire rústico.
El Allegro final retorna al espíritu sinfónico del primer
movimiento, pero aunque es breve y de un carácter
osado, compositivamente es particularmente complejo
tanto por la riqueza de su escritura polifónica como por
la audacia de modulaciones tonales y superposiciones
rítmicas que despliega en apenas seis minutos. En su es-
pectacular coda, y cerrando la lógica circular de la obra,
vuelve a aparecer una variación de uno de los motivos
que escuchamos al principio del primer movimiento.
Cuarteto de cuerda n.º 2 en la menor,
op. 51 n.º 2
Al igual que hizo con sus dos primeras sinfonías, comple-
tamente diferentes entre sí en cuanto a carácter, con los
Cuartetos op. 51 Brahms siguió una fórmula similar: si el
primero, en do menor (como su Sinfonía n.º 1), es oscuro y
denso, el segundo cuarteto, en la menor, está teñido por la
ternura y la melancolía y es, en apariencia pero no en el fon-
do, mucho más ligero que el anterior. Brahms planteó este
cuarteto pensando en su buen amigo, el virtuoso del violín
Joseph Joachim, e incorporó el lema personal de este,
Frei aber einsam (Libre pero solitario), en las notas F-A-E
(fa-la-mi) que dan forma al tema de apertura y que jugará
nuevamente un papel unificador, con diversas apariciones
en el resto de movimientos. A este tema, de una cualidad
intensa, le sigue un segundo tema mucho más brillante,
casi música de salón, que comienza a modo de dúo entre
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los dos violines y se va luego desarrollando y mezclando
de ingeniosas maneras con el tema de Joachim.
En el segundo movimiento, Andante moderato, sentimos
la sombra de Schubert, ya que está planteado como un
Lied instrumental de forma tripartita, con una parte central
abrupta por su cromatismo, variabilidad dramática y pode-
rosos acentos en marcato. El lugar del tradicional scherzo
del tercer movimiento lo ocupa un híbrido que Brahms
bautiza como Quasi minuetto, que comienza con un lirismo
delicado y elegíaco digno, efectivamente, de un minueto,
pero que repentinamente cobra vida en el allegretto vivace
central, por el que van desfilando un número de variaciones
en compás de 2/4 en vez del tradicional compás ternario.
En el Allegro non assai final no podemos dejar de ver un
guiño a Haydn, por el uso que hace Brahms de la sínco-
pa all’ungarese que tanto gustaba al que fuera padre del
cuarteto de cuerdas. Esta bravura va adquiriendo diver-
sos caracteres, desde la ingenuidad hasta la humorada, a
través de las diversas variaciones que adoptan una forma
semejante a un rondó, que nos lleva por episodios muy
diversos aunque manteniendo siempre la contención en el
uso del material temático. La coda final, più vivace, retoma
el espíritu húngaro —probablemente un guiño al origen
familiar de Joachim— para coronar el cuarteto con una
pátina festiva.
Aunque se completó casi a la vez que el Cuarteto n.º 1,
en el verano de 1873, el Cuarteto n.º 2 no fue estrenado
públicamente hasta diciembre, cuando lo interpretó en
Viena el Cuarteto Hellmesberger. Esta obra, sin embargo,
provocó un pequeño cisma entre Brahms y su dedicata-
rio, Billroth, que no tuvo mejor idea que recortar el primer
pentagrama del manuscrito para enmarcarlo y colgarlo
de una de las paredes de su casa. Billroth lo hizo con la
mejor de las intenciones, pero a Brahms le sentó tan mal
la mutilación de su partitura que la amistad entre ambos
se enfrió durante varios años.
Mikel Chamizo
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Mandelring Quartett
© Guido Werner
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El Cuarteto Mandelring destaca por su expresividad,
un sonido extraordinario, homogéneo y transparen-
te, y por su firme voluntad de búsqueda de la esencia
de la música. La prestigiosa publicación Fono Forum
lo considera como uno de los seis mejores cuartetos
de cuerda del mundo. Fundado en el año 1983, ganó
primeros premios en importantes concursos de músi-
ca como el Internationaler Musikwettbewerb der ARD
München (Alemania), Concours International de Quatuor
à Cordes d’Évian (Francia) y el Concorso Internazionale
per Quartetto d’Archi “Premio Paolo Borciani” de Reggio
Emilia (Italia).
Desde entonces, actúa habitualmente en los principales
centros musicales como Viena, París, Londres, Madrid,
Nueva York, Los Ángeles y Vancouver, y realiza giras por
Centroamérica y Sudamérica, Oriente Próximo y Asia.
En España, en 2023 actuó, entre otros, en el Palacio Real
de Madrid, Palau de la Música Catalana de Barcelona,
Musika-Música de Bilbao y en el Festival Internacional
de Música y Danza de Granada. Sus conciertos en impor-
tantes festivales como los de Lockenhaus, Montpellier,
Schleswig-Holstein, Rheingau, Schubertiade de
Schwarzenberg, George Enescu Festival de Bucarest y
Salzburger Festspiele, dejan profundas huellas musi-
cales: «Una experiencia memorable, difícil de repetir»,
escribió la prensa tras su interpretación del ciclo de cuar-
tetos de Shostakóvich en el Festival de Salzburgo.
Numerosos discos y premios demuestran la excepcional
calidad y el amplio repertorio del conjunto. La grabación
integral de los cuartetos de Shostakóvich, considerada
como referencia por reconocidos críticos, y las de la obra
completa de cámara para cuerdas de Mendelssohn y
Brahms, han gozado de una gran repercusión interna-
cional. Su publicación discográfica más reciente son dos
CD de repertorio francés con obras de Claude Debussy,
Maurice Ravel, Fernand de La Tombelle y Jean Rivier,
que han recibido nominaciones al Preis der deutschen
Schallplattenkritik y a los International Classical Music
Awards, entre otros.
El Cuarteto Mandelring fundó y dirige el festival
Hambacher Musikfest en su ciudad de origen, Neustadt
an der Weinstraße, que desde 1997 reúne cada año a
amantes de la música de cámara de todo el mundo.
Además, desde 2010 tiene su propio ciclo de conciertos
en la Philharmonie Berlin.
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