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Crisis y Regeneración en el Reinado de Alfonso XIII

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TEMA 6: Alfonso XIII. Intentos de regeneración del sistema político.

Revolución de 1917 y crisis de la Restauración. (1902-1923).

6. La crisis de la Restauración. Intentos regeneradores y oposición al régimen.

6.1 La crisis del sistema político de la Restauración. Intentos regeneradores.

Alfonso XIII subió al trono al alcanzar su mayoría de edad en 1902, tenía 16 años. Las
principales particularidades de su reinado fueron su intervención constante en política, la
desaparición de Cánovas y Sagasta y el protagonismo del ejército. Tras la pérdida de las
colonias en 1898, se había extendido por España un fuerte impulso regeneracionista que
proponía soluciones para el atraso secular del país, tales como la eliminación de la corrupción
política, la realización de obras públicas, el fomento de la agricultura y la reforma educativa.
Sin embargo, estas expectativas quedaron incumplidas a lo largo del reinado de Alfonso XIII;
de hecho, lo que se va a constar es la imposibilidad de reformar el sistema canovista:

● Crisis del sistema de turno pacífico de partidos. Tras la muerte de Cánovas y Sagasta,
los partidos del turno (Conservador y Liberal) se dividieron en pequeños grupos en torno a
un líder, compitiendo por el poder. La intervención del rey en política fue cada vez mayor,
dando lugar a gobiernos débiles, inestables y cortos.

● Creciente conflictividad social y política. Durante esta época se están produciendo


intensas transformaciones políticas y sociales en España: desarrollo del movimiento obrero;
crítica al caciquismo; ruptura del sistema de elecciones amañadas; auge de los movimientos
nacionalistas; etc.

El sistema fue incapaz de responder a estas transformaciones, con lo que los nuevos
movimientos políticos y sociales quedaron al margen de la vida política, que queda reducida a
las luchas por el poder de facciones conservadoras y liberales.

El reinado de Alfonso XIII se caracterizó por una gran inestabilidad política. En los primeros
10 años, se producen intentos de regenerar el sistema desde los propios partidos del turno.

El conservador Antonio Maura inició reformas sociales orientadas a realizar una “revolución
desde arriba”, con el fin de poder conservar las bases fundamentales del sistema,
protagonizando así un revisionismo conservador para dignificar leyes e instituciones y
erradicar el sistema caciquil. Su programa se basó en un conservadurismo católico de masas;
conectar la monarquía con la realidad social; incorporar otras fuerzas políticas al sistema; y una
política exterior nacionalista y de expansión en Marruecos para olvidar el desastre del 98. Sin
embargo, el gobierno de Maura cayó en 1909 como consecuencia de los graves y crecientes
conflictos sociales.
Este año se produjo una grave derrota en Marruecos, el “Desastre del Barranco del Lobo”,
que hizo que el gobierno movilizase a los reservistas para enviarlos a Marruecos. La medida
fue muy impopular y dio lugar a numerosos motines, siendo el más importante el ocurrido en
Barcelona en 1909, cuando un levantamiento espontáneo de protesta por el embarque de los

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reservistas a Marruecos triunfa y, durante una semana, la ciudad estará en manos de las
masas populares: “Semana Trágica”.
La respuesta del gobierno fue una brutal represión, con detenciones masivas y torturas a los
detenidos: se tomó como “cabeza de turco” a Francisco Ferrer Guardia, pedagogo
anarquista, quien, pese a no tener relación alguna con los sucesos, fue fusilado. El rechazo
popular a las duras medidas represivas del gobierno produjo la caída de Maura.
El segundo intento de reforma del sistema desde su interior, esta vez de corte liberal, fue
José Canalejas, pero sus reformas contra el caciquismo y el fraude electoral se ven frustradas
con su asesinato en 1912 por el anarquista Manuel Pardiñas Serrano. De sus medidas
regeneradoras debemos destacar la Ley del Candado de 1910, que prohibió durante dos años
el establecimiento de nuevas congregaciones religiosas, tratando así de establecer la
aconfesionalidad del estado español y la separación Iglesia-Estado. En su programa también
se contemplaba la intervención del Estado en la economía y la sociedad, lo cual se plasmó en
un incremento de la protección legal a los trabajadores; la aprobación de la Ley de
Reclutamiento (1912), que establecía el servicio militar obligatorio en época bélica sin
exenciones, y la democratización del régimen. Tras su asesinato, el sistema de la
Restauración entró en crisis, los dos partidos sufrían fuertes luchas internas por el liderazgo
y de relación entre ellos, mientras la oposición crecía y se organizaba.

6.2 La oposición al régimen: republicanos, nacionalistas, socialistas y anarcosindicalistas.

Tras el fracaso de los intentos regeneradores de Maura y Canalejas, los partidos dinásticos se
fragmentan en numerosas facciones en torno a líderes que competían por el poder. Este
proceso fue favorecido por el propio Alfonso XIII, consiguiendo una mayor intervención en la
política española, ya que –dado el fraude electoral sistemático- la única forma de alcanzar el
poder era ganarse el favor del rey, que era quien nombraba al gobierno; lógicamente, se
trataba de gobiernos muy débiles y de escasa duración. Así, al margen de los partidos
dinásticos, las fuerzas políticas de oposición se fueron reforzando:
- El republicanismo: principal fuerza de oposición, pero fragmentada en diversos grupos;
defendían el progreso y la justicia social.
En el reinado de Alfonso XIII surgen dos nuevos partidos: Partido Republicano Radical (PRR,
1908) fundado por Alejandro Lerroux, anticatalanista, anticlerical y revolucionario; y el Partido
Reformista (1912), fundado por Melquiades Álvarez, que seguía los pasos de Salmerón, y era
más moderado, llegando a admitir la monarquía democrática y social.

- Los nacionalismos.
El más implantado era el catalán, y el partido más arraigado la Lliga Regionalista, muy
conservadora, que gobernó de 1914 a 1923.
En 1906, nace Solidaritat Catalana, agrupación interclasista para defender los derechos de
Cataluña y surgida a raíz de la promulgación de la Ley de Jurisdicciones (1906),
consecuencia de los denominados hechos del ¡Cu-Cut!, que ponía bajo jurisdicción militar las
ofensas a la unidad de la patria, la bandera y el honor del ejército. En 1917 nace el Partit
Republicà Català y en 1922 Acció Català y Estat Català, dirigida por Francesc Macià. El
republicanismo sería derrotado por la Lliga hasta su unión en un solo partido, Esquerra
Republicana de Catalunya (1931).

El nacionalismo vasco se expresaba con el PNV, apoyado en la burguesía bilbaína,


ultraconservadora y recelosa del progreso y la industrialización. Creó su propio sindicato,
Solidaridad de Obreros Vascos.
También creció el nacionalismo gallego (Solidaridad Gallega), junto al regionalismo
valenciano y andaluz.
- Los socialistas. En su rama política (PSOE) y sindical (UGT) continuaban su lento
crecimiento, principalmente en Madrid, País Vasco y Asturias. Sin renunciar a la revolución
social, cada vez participaban más en la vida parlamentaria; así, en 1910 Pablo Iglesias se
convirtió en el primer socialista en acceder a las Cortes.

- Los anarcosindicalistas. En 1910, nace la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT),


que llegó a ser el sindicato mayor de España, con gran crecimiento tras la Primera Guerra
Mundial. Se definía como revolucionaria y defendía la huelga y el boicot, e incluso, la huelga
general revolucionaria.

- Los carlistas, residuales, renunciaron a las armas, pero nunca consiguieron más del 3% de los
votos en las elecciones.

Finalmente, se fue desarrollando una oposición intelectual: muchos pensadores, profesores


universitarios y novelistas eran contrarios a un sistema político que impedía la modernización
del país y la aproximación a la Europa avanzada.

El conjunto de estas fuerzas de oposición al turnismo, en lucha por su espacio político,


cuestionarían seriamente la situación y suponen el origen de los graves conflictos que se
sucedieron en el reinado de Alfonso XIII.

6.3 El impacto de los acontecimientos internacionales: Marruecos, la Primera Guerra


Mundial y la Revolución rusa.

Marruecos.

En 1906, en la Conferencia de Algeciras, las potencias europeas acordaron que Marruecos


se convirtiera en un protectorado, controlado por Francia (la mayoría del territorio) y por
España la franja norte: El Rif. Era una zona pobre y montañosa, habitada por una población
independiente, los rifeños, que no aceptaban el dominio español, por lo que se procedió a la
conquista militar del territorio para garantizar sus intereses en la zona: el ferrocarril y la minería.

La Guerra de Marruecos (1909-1926) fue muy criticada por las clases populares y la oposición
política, pero era apoyada por el rey, la oligarquía que controlaba las minas del Rif y militares
“africanistas”, que la aprovecharon para recuperar el prestigio perdido tras el 98 y obtener
fáciles ascensos y rápidas carreras (Franco, Mola, Sanjurjo…), por lo que se contrapuso una
corriente antimilitarista con una corriente centrada en devolver a España su poder colonial e
influencia en Europa.

En esta política africanista tuvo también peso la tradición histórica española en el Norte de
África y la rivalidad colonial (se tenía miedo a que Francia se quedase con todo el territorio). No
obstante, se realiza una guerra de baja intensidad, tomando lentamente el territorio a partir de
Ceuta y Melilla mediante una ocupación pactista y pacífica, que fracasó por el nacionalismo
revolucionario de las cabilas rifeñas insumisas.
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Pese a la debilidad del enemigo, España sufrió algunas graves derrotas: el Desastre del
Barranco del Lobo en 1909 (que originó la “Semana Trágica”) y, sobre todo, el Desastre de
Annual (1921), consecuencia del rápido avance del ejército al mando del general Silvestre
para conquistar Alhucemas, centro de la resistencia rifeña, fue una acción arriesgada y a
iniciativa propia, pues los reclutas eran forzados, estaban mal pertrechados y poco entrenados
y, además, se desconocía el terreno.

Esto produjo un levantamiento general de los rifeños dirigidos por Abd-el-Krim -y el cambio de
bando de los nativos aliados- que en Annual derrotó completamente a las tropas
españolas, las cuales se desbandaron, causando unos 14.000 muertos, más de la mitad
ejecutados tras rendirse, y la pérdida de todo el territorio conquistado hasta Melilla, pues
los rifeños toman casi todo el protectorado y destruyen las posiciones españolas.

Además, Annual tuvo un gran impacto en la política española: la oposición pidió la


investigación de responsabilidades en el desastre (Expediente Picasso que puso de
manifiesto la corrupción generalizada, desorganización, incompetencia, etc.) y trajo el
descrédito de las Juntas Militares, llegando a implicar al propio Alfonso XIII. El golpe de
estado de Primo de Rivera en 1923 puso fin al tema de las responsabilidades por el desastre.

Primera Guerra Mundial

En 1914 estalló la I Guerra Mundial, España se mantuvo neutral dividiendo a la clase política
y a la opinión pública entre aliadófilos (burguesía e izquierda) y germanófilos (la derecha).

Tanto Eduardo Dato (Partido Conservador) como Alfonso XIII estaban convencidos de que
España no podía hacer frente a un conflicto bélico entre potencias industriales, una guerra
moderna y tecnológica, por lo que se impulsó un Decreto de neutralidad y no intervención.

La guerra y, sobre todo, la postura neutral, produjo un gran desarrollo económico y una
profunda trasformación social, ya que España aumentó sus exportaciones, suministrando a
ambos contendientes alimentos, carbón, tejidos y productos manufacturados.

Esta súbita prosperidad tuvo consecuencias positivas (desapareció el déficit comercial, se


fortaleció la peseta…) y otras negativas, pues se produjo una fuerte inflación, que perjudicó
a los obreros (aunque obtuvieron subidas de sueldos, quedaron reducidas por las subidas de
precios) y a las clases medias, que vivían de sus sueldos fijos (funcionarios, militares, etc.).

Se generó un intenso malestar social que estalló en 1917 con diversas protestas, motines,
disturbios y huelgas organizadas por UGT y CNT: los negocios de la neutralidad
enriquecieron mucho a unos pocos y hundieron en la miseria a la mayoría, pues frente a
la euforia burguesa, aumentaron la carestía de vida, las diferencias de clase y la radicalización.
El descontento se expresó en tres problemas que se desarrollan simultáneamente: el
conflicto militar, la Asamblea de Parlamentarios de Cataluña y la huelga general
revolucionaria de los sindicatos obreros.

El conflicto militar: los militares, se ven fuertemente afectados por la inflación y las escasas
oportunidades de ascenso profesional (debido al elevadísimo número de oficiales), excepto
para los “africanistas” que conseguían rápidos ascensos por “méritos de guerra”. Los militares
peninsulares crearon Juntas de Defensa, asociaciones corporativas para obtener mejoras
profesionales: incremento salarial, oposición al ascenso por méritos de guerra, mayor respeto
del pueblo… El gobierno las declaró ilegales lo que supuso la ruptura entre ejército y gobierno.
No obstante, en 1918 el Gobierno admitiría sus peticiones y promulgó la Ley del Ejército que
volvió a ser el pilar de la monarquía y del Gobierno frente al problema social.

Asamblea de Parlamentarios de Cataluña. El Parlamento de la Restauración apenas se


reunía unos meses al año. Desde principios de siglo, había aparecido una minoría muy
combativa de diputados de oposición: nacionalistas, republicanos y socialistas que solicitan
que no se suspendan las sesiones durante el verano, la mayoría de los diputados se opuso.
Francesc Cambó, diputado de la Lliga Regionalista, convocó una Asamblea de
Parlamentarios en Barcelona, a la que acude toda la oposición. En esta asamblea se planteó
la reforma total del sistema mediante la convocatoria de elecciones libres para Cortes
Constituyentes y el reconocimiento de la autonomía de Cataluña.
El gobierno declaró inconstitucional la asamblea y el movimiento fue disuelto.

Revolución rusa

El ejemplo de la Revolución Rusa estimula el crecimiento del movimiento obrero y el malestar


de las clases más desfavorecidas desemboca en la huelga general indefinida de 1917,
dirigida por la UGT y con un comité de huelga liderado por los socialistas Francisco Largo
Caballero y Julián Besteiro. La huelga triunfó en los principales centros industriales y en las
grandes ciudades (Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia, etc.) poniendo el país al borde de la
revolución. El gobierno detuvo al comité de huelga y sacó las tropas a las calles; a finales
de agosto, la huelga estaba acabada, con un saldo de 70 muertos y 2.000 detenidos.

Paradójicamente, el estallido de la huelga condujo a la salida de la crisis de 1917, pues el


temor ante su triunfo hizo que el gobierno y los militares llegaran a un acuerdo: el ejército
consiguió sus reivindicaciones y desencadenó una dura represión contra los huelguistas.
Los partidos del sistema (conservadores y liberales) olvidaron sus diferencias y construyeron
gobiernos de concentración nacional, de los que formó parte Cambó, cuyo descrédito
significó la disolución completa de la Asamblea de Parlamentarios. Además, el rey sustituyó a
Eduardo Dato por Manuel García Prieto.

El turnismo estaba agotado y ya no era posible la manipulación electoral, los gobiernos se


limitaron a tratar de mantenerse en el poder y desde 1918 a 1923 la crisis es total
produciéndose la desintegración del sistema: inestabilidad política, auge del movimiento
obrero y la lucha sindical, fracasos coloniales en Marruecos, reivindicación catalana de un
estatuto de autonomía... La conflictividad social fue muy intensa en 1919, año de las grandes
huelgas generales, destacando la Huelga de La Canadiense que deja sin luz durante una
semana a Barcelona y terminó con grandes éxitos: mejoras salariales, readmisión de los
obreros despedidos y jornada laboral de 8 horas.

Son también los años del pistolerismo en Barcelona, los patronos contrataban pistoleros
que se enfrentaban con los dirigentes sindicales, sobre todo anarquistas (terrorismo blanco).
En 1918 se produjo la epidemia de gripe, una crisis económica generalizada tras el final
de la I GM y el “trienio bolchevique” (1918-20/21), intensa fase de actividad
revolucionaria con una enorme crispación en el campo y la industria provocada por la
miseria de los jornaleros, la carestía de vida, la influencia de la Revolución Rusa (en 1921
se funda el PCE) y las derrotas en la guerra de Marruecos (desastre de Annual, 1921).
Finalmente, en 1923, el general Primo de Rivera da un golpe de estado que pone fin al
sistema político de la Restauración.

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