CAPÍTULO II.
PLAN DE DISCIPLINA
POSITIVA. EL AULA, UN ESPACIO
SEGURO DE APRENDIZAJE.
Margarita de las Nieves Acosta Rubio © |
Capítulo II. Plan de Disciplina Positiva. El aula, un espacio seguro de aprendizaje.
1. ¿Qué es la Disciplina Positiva? .............................................................................. 2
2. U n a nuev a forma de entender la conducta .................................................. 3
Analogía del iceberg y la conducta humana .............................................. 4
Metas equivocadas del comportamiento..................................................... 5
3. Plan de disciplina positiva ..................................................................................... 8
4. El aula un espacio seguro ..................................................................................... 9
5. Bibliografía ............................................................................................................. 12
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Capítulo II. Plan de Disciplina Positiva. El aula, un espacio seguro de aprendizaje.
1. ¿Qué es la disciplina positiva?
La disciplina positiva es un método educativo que tiene sus orígenes en la
teoría de Alfred Adler (1870-1937), psiquiatra contemporáneo de Freud. Años
después, Rudolf Dreikurs (1897-1972), alumno de Adler, llevó este modelo
educativo a Estados Unidos, desarrollando protocolos que lo hicieran más
comprensible y práctico. En los años 80 Jane Nelsen y Lynn Lott lo desarrollaron
y fundaron la Positive Discipline Association y difundieron la disciplina positiva
por toda América, desde donde se han extendido sus principios a todo el
mundo.
Estos principios conforman una filosofía educativa que se basa en el respeto
mutuo entre niños y educadores, cuyo fin es guiar y ayudar a los alumnos en su
desarrollo integral para ser personas felices, promoviendo actitudes positivas,
fomentando habilidades para la vida y buscando soluciones a los conflictos de
forma respetuosa (Nelsen, Lott y Glenn, 2008).
La disciplina positiva es un enfoque basado en la evidencia, un modelo
educativo que permite comprender el comportamiento de los niños y niñas de
forma amable y firme al mismo tiempo.
Según Nelsen (2007), para conseguir todo ello, la disciplina positiva se nutre de
los siguientes fundamentos:
• Conectar con todos los alumnos. Conectar significa entenderlos, validar sus
sentimientos y emociones sean cuales sean, y ayudarlos a manejarlos. Al
conectar con los alumnos dejamos de lado el control —que implica una
lucha de poder en la que el maestro manda y el alumno obedece—, para
tratar al niño como una persona igual de importante que el adulto.
• Respetar las necesidades de los niños, tanto físicas como psicológicas. Cada
niño tiene unas necesidades diferentes y unos ritmos distintos, unos adquieren
más rápido unas competencias y otros otras; por eso no tiene sentido
pretender que todos logren los mismos objetivos, sino ayudar a cada uno a
sacar lo mejor de sí mismo.
• Establecer los límites y normas desde el equilibrio entre amabilidad y firmeza.
• Facilitar la autonomía de los alumnos: que asuman responsabilidades; que
hagan el máximo número posible de cosas ellos solos; que tengan libertad
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para elegir y equivocarse, y así tener la oportunidad de aprender de los
errores en lugar de considerarlos como un fracaso.
• Entender la educación como una inversión a largo plazo. Educar para la
vida real, para aprender a desenvolverse en situaciones cotidianas.
Considerar siempre lo que el niño está pensando, sintiendo, aprendiendo y
decidiendo acerca de él mismo y de su mundo.
• Buscar soluciones conjuntas a los conflictos que puedan surgir y llegar a
acuerdos consensuados, de forma que los alumnos participen activamente
en el proceso y se sientan parte importante del grupo, colaborando en la
toma de decisiones y teniendo en cuenta sus opiniones.
• A diferencia de la educación coercitiva, en la que el maestro representa
una figura de autoridad que se impone al alumno en una relación jerárquica,
la disciplina positiva apuesta por una relación en la que el maestro
acompaña y guía al niño en un proceso de aprendizaje mutuo, basado en
una relación respetuosa de la que se nutren tanto educador como
educando (Aldort, 2009).
Según Navarro (2015), los gritos y castigos son una solución a corto plazo, es
decir, producen efectos inmediatos, pero por miedo al maestro o al castigo
impuesto, no porque verdaderamente haya aprendido que lo que ha hecho
está mal. Solo suprimen el comportamiento temporalmente, pero, como
veremos más adelante, el comportamiento es la expresión de un problema
(falta de atención, carencias afectivas, miedos, etc.). El castigo no interviene
en el foco de la cuestión, con lo cual es una solución superficial que actúa en
el comportamiento puntual en ese momento, pero no soluciona el origen del
problema.
Se ha avanzado mucho desde los años 60 y 70 desde la «modificación de
conducta», donde el docente era el responsable de enseñar y controlar las
conductas para «portarse bien» a través de premios y castigos, economía de
fichas, tiempo fuera o retirada de atención, estrategias que sí funcionan a corto
plazo, pero que, a la larga, tienen consecuencias negativas.
2. U na n ue va forma de entender la conducta
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Según la disciplina positiva, el objetivo primordial de toda conducta humana es
desarrollar un sentimiento de comunidad. Este sentimiento lleva implícitos dos
factores. En primer lugar, el sentido de pertenencia; necesitamos sentirnos parte
de una comunidad: familia, grupo, clase, amigos. En segundo lugar, el
sentimiento de importancia; necesitamos experimentar la escucha, que
nuestras ideas sean tenidas en cuenta, poder contribuir de forma productiva,
útil y responsable a la comunidad a la que pertenecemos.
Para esto necesitamos competencias socioemocionales y habilidades básicas
que nos permitan enfrentarnos con éxito a las dificultades.
Analogía del iceberg y la conducta humana
La «analogía del iceberg» nos ayuda a entender de una manera clara lo que
sucede con la conducta de niños y adultos. La conducta inadecuada o «mala
conducta» está representada por la punta del iceberg, que es lo primero que
vemos.
Pero debajo del mar yace oculta la
gran masa de hielo que representa la
necesidad de conexión y
pertenencia que todas las personas
tenemos. Por lo tanto, cuando un
padre o maestro quiere corregir una
conducta inadecuada, lo primero
que debe hacer es satisfacer la
necesidad escondida que motiva el
mal comportamiento.
Muchos planes y programas abordan
solo la punta del iceberg,
normalmente con premios y castigos. Rudolf Dreikurs afirma que los niños que se
portan mal son niños que sienten que no pertenecen, y por eso eligen una forma
equivocada para encontrar la pertenencia y la importancia. Si tratamos solo el
comportamiento, la parte que vemos, no atendemos «la creencia que hay
detrás de él».
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Los niños toman constantemente decisiones inconscientes basadas en las
percepciones que tienen de ellos mismos —«¿soy bueno o malo?»—, de los
demás —«¿me ayudan o me fastidian?»— y del mundo «—¿el mundo es
seguro?»—.
Cuando los niños sienten pertenencia a su aula y seguridad, la cuidan, la
respetan y la protegen (nadie ataca lo que es suyo), y se crea un buen
ambiente. Cuando los niños no pertenecen y no son importantes, sobreviven
eligiendo una de estas cuatro metas equivocadas:
Atención excesiva.
Poder mal dirigido.
Venganza.
Incapacidad asumida.
Metas equivocadas del comportamiento
La forma de percibir y comprender el comportamiento de nuestros alumnos está
directamente relacionada con nuestra reacción. Veamos algunos ejemplos:
Jaime levanta la mano y salta en su silla gritando: «¡Maestro, yo, maestro, yo!,
¡Maestro, yo, maestro, yo!». ¿Qué haces? ¿Le pides que se calle, le relatas o le
das una lección de su biografía? «Jaime, ¿cuántas veces te he dicho que
esperes tu turno, cien, doscientas? Te lo habré dicho miles de veces. Baja la
mano y espera a que te nombre».
Puedes repetir esto otras mil veces y Jaime seguirá con este comportamiento.
¿Por qué? Porque él piensa que solo es importante cuando tiene la atención
exclusiva.
¿Cómo te sientes tú como docente en estas situaciones?
Ari empuja a los niños en la fila para entrar la primera. En el patio les quita a los
demás la pelota para quedársela. Te reta constantemente, delante de todos,
con una actitud desafiante y terca.
¿Cuál es tu reacción a este comportamiento (punta del iceberg)? Lo normal es
contraatacar para demostrarle a la niña que ella no es la que manda. Ari cree,
inconscientemente, que siempre tiene que ganar y mandar para pertenecer,
así que luchará para no perder el control hasta las últimas consecuencias.
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¿Cómo te sientes tú como docente en estas situaciones?
Adrián llega al cole con ropas sucias y provocando peleas. A los compis les cae
mal, no quieren sentarse a su lado porque dicen que es cruel y le tienen miedo.
Todos saben que roba cosas de otros niños y ha mentido sobre los rotuladores
nuevos de Marga.
Es fácil reaccionar al comportamiento de Adrián disimulando a duras penas la
indignación, dando una chapa sobre el cumplimiento de las normas. Pero el
comportamiento de Adrián es solo la punta del iceberg. La realidad es que se
siente solo, rechazado y que nadie lo necesita. Así que tiene que vengarse
hiriendo a quien se cruce en su camino.
¿Cómo te sientes tú como docente en estas situaciones?
Luis se rinde antes de empezar cualquier cosa. Aunque lo animes, ni lo intenta.
Hace todo lo posible para parecer invisible, baja la cabeza, se esconde
disimuladamente detrás del compañero del pupitre de delante. Seguro que
termina con un diagnóstico de dificultades de aprendizaje.
Está convencido de que, haga lo que haga, nunca será bueno, que es incapaz
de parecerse a los demás. Entonces, ¿para qué intentarlo?
¿Cómo te sientes tú como docente en estas situaciones?
Jaime, Marta, Luis, Adrián… ¿Tienes en clase algún alumno como ellos? ¿Qué
haces tú para responder a esos comportamientos?
El cuadro siguiente ayuda a entender la parte del iceberg que esconde el agua,
la creencia del niño, el mensaje oculto y cuál sería una respuesta proactiva y
alentadora que podemos ofrecer al niño.
Creencia del niño detrás de Respuesta proactiva y
su comportamiento motivadora
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Tabla 1 Objetivos equivocados de conducta (Adaptación Nelsen 2007)
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Solo importo cuando me Prestarle atención en
miran o tengo atención exclusividad. Ríete con sus
especial. bromas. Habla con él, pídele
ATENCIÓN EXCESIVA
Solo soy importante cuando participación. Organiza la
te mantengo ocupado sesión en actividades cortas,
conmigo. conocidas y variadas.
Pídele opinión, dale
protagonismo, cargos
Solo pertenezco cuando importantes opuestos a su
PODER MAL DIRIGIDO
tengo el control y nadie conducta; p. ej., si empuja
puede mandarme. para ser el primero en la fila,
No puedes obligarme. dale las llaves y que cierre el
aula al final.
Propón que sea el mentor de
otros alumnos.
Di que sientes haber herido
Yo no pertenezco, tú sus sentimientos, valídalos.
tampoco. Acércate a su mundo interior,
VENGANZA
Estoy dolido y tú también vas escúchalo.
a estarlo. Hazle un cumplido,
Nadie me quiere; no quiero agradécele que esté en el
a nadie. colegio.
No puedo pertenecer Permite que ayude a alguien
porque no valgo, no soy y que sea ayudado por otro
INCAPACIDAD ASUMIDA
perfecto, convenceré a los compañero. Dile lo que hace
demás de que no esperen bien, reconoce su esfuerzo.
nada de mí. Soy incapaz y Haz grupos cooperativos.
torpe. Programa con el Diseño
No voy a intentarlo porque Universal para el Aprendizaje.
no me va a salir bien, se
reirán de mí.
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Capítulo II. Plan de Disciplina Positiva. El aula, un espacio seguro de aprendizaje.
3. Plan de Disciplina Positiva
La escuela tiene potencial suficiente para llevar a cabo un Plan de Disciplina
Positiva (PDP) para ayudar a los alumnos a reducir los conflictos en intensidad y
frecuencia, así como para entrenar conductas proactivas que mejoren la
relación consigo mismo y con los demás.
El aula puede «marcar la diferencia» en la vida de un alumno con problemas
graves de conducta. Esto sucede cuando el docente comprende que el
comportamiento disruptivo del alumno se debe a las carencias personales que
tiene, carencias que le impiden manejarse con éxito en las relaciones y no a
una falta de respeto, desprecio, prepotencia, etcétera.
El aula podría ser como un puzle y cada alumno una pieza diferente con sus
colores, sus formas y sus matices. Las piezas aparentemente están inconexas
entre sí, solas no tienen ningún significado, pero unidas forman un todo. Pensad
por un momento… si algún día faltara una pieza en el puzle de la clase ya no
sería un puzle completo, ¿verdad? Para cada alumno, sentir que está rodeado
de otros niños es esencial, pero sentir que cada cual es imprescindible para
armar ese puzle es ya ¡impresionante!
¡Todos los alumnos tienen un valor y una aportación que dar a los demás! Como
en los deportes de equipo, en los que todas las individualidades aportan valor,
pero para lograr la victoria es necesario el esfuerzo colectivo. La creación de un
sentimiento de pertenencia e importancia dentro del aula es el mejor propósito
del Plan de Disciplina Positiva.
Este Plan, como veíamos en el capítulo anterior, pretende organizar una
respuesta educativa que contemple, por un lado, una atención educativa
ordinaria a través de la creación de un aula como un espacio seguro; y por otro,
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una atención educativa distinta a la ordinaria que permita manejar los episodios
graves de conducta de manera eficaz y respetuosa.
Dos respuestas complementarias, una indirecta y otra directa, como las dos vías
de un tren, alineadas en la misma y única dirección: mejorar la calidad de vida
del alumnado con problemas de conducta a través de su autorregulación
emocional. La vía indirecta consiste en crear un «espacio seguro» para prevenir
y cubrir las necesidades del alumnado, mientras que la vía directa es una
«respuesta a los episodios graves de conducta», garantizando su seguridad y la
de los que están a su alrededor.
La respuesta a los episodios graves de conducta incluye la recopilación
sistemática de información de la conducta pertinente, la realización de una
evaluación funcional de la conducta, el diseño, la implementación y la propia
evaluación del Plan.
También incluye la respuesta inmediata para el tratamiento de los episodios
graves de la conducta, con la creencia de que la mejor intervención
conductual hay que hacerla antes de que ocurran las crisis fuertes.
El PDP pretende disminuir las conductas disruptivas y, además, mejorar la
calidad de vida del alumno en general, no solo lo relacionado con esa
conducta.
4. El aula, un espacio seguro
La seguridad comienza en el aula. Sin seguridad y sin vinculación no hay
pertenencia. En el ámbito educativo, necesitamos impulsar conocimientos
sobre la teoría del apego que apoyen las relaciones entre el docente y los niños.
La teoría del apego, planteada inicialmente por el psicólogo John Bowlby
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(1988), se refiere al vínculo emocional positivo que se crea entre un niño y un
individuo particular y especial.
Aunque gran parte de las investigaciones sobre el apego se han centrado en
padres e hijos, los maestros —como figura de autoridad y como una fuente
central de educación y de evaluación— promovemos la configuración de los
esquemas de apego a través de nuestras interacciones dentro y fuera del aula.
Bowlby destacó la importancia de un entorno sostenido creado por un lugar
seguro. Un entorno sostenido es una relación lo suficientemente segura para
permitir el miedo, la confusión y el error, al tiempo que apoya y fomenta el
crecimiento.
Un aula se considera un espacio seguro cuando todos sus alumnos se sienten
mirados y tenidos en cuenta, donde todos pueden funcionar con eficacia
emocional y cognitiva, y donde el docente muestra una actitud de Calma,
Aceptación, Regulación y Empatía, actitud CARE.
La actitud CARE ayuda al alumno a confiar en el maestro, a graduar sus
frustraciones y a integrar experiencias de logro y satisfacción. La Calma permite
mantener un poco de coherencia en medio de la tensión y el caos que generan
los problemas de conducta. La Aceptación proporciona el respeto
incondicional hacia el niño. La Regulación permite encontrar un camino de
salida al estado de frustración. Y la Empatía enseña a comprender la
perspectiva del niño. Una actitud CARE aporta reparación, contención y éxito.
Un aula segura estará formada por alumnos y alumnas unidos por el tiempo
compartido, por la confianza, por el afecto y por un propósito común: aprender.
Es un organismo con entidad propia, lo que significa que todos los alumnos que
forman parte de ella tienen más posibilidades de aprender juntos que por
separado. Significa también que el apoyo al aula supera las necesidades
individuales, lo que permite un aprendizaje de servicio, sentirse cuidado y
fomentar la colaboración y cooperación.
Cada aula está integrada en un colegio y este en una comunidad que se
conecta con un montón de familias a través de sus hijos. La fuerza de estas
conexiones depende de la colaboración y del compromiso de todas las partes.
Cozolino (2020) hace propuestas para convertir tu aula en un espacio seguro:
• Mantener las aulas tan pequeñas como sea posible.
• Dar entidad propia al aula, ponerle nombre, usar un símbolo, ritos, etc.
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• Tener tiempo suficiente para establecer vínculos: horarios de reunión a lo
largo de la semana, almuerzos largos para intercambiar experiencias...
• Separar a los alumnos en grupos más pequeños, formados de manera
concienzuda, para trabajar juntos en la resolución de problemas.
• Fomentar los servicios a la comunidad. No hay nadie que, por mucho que
esté sufriendo, no pueda recibir ayuda al ayudar a los demás. La
compasión hacia los demás crea un objetivo común para nuestros
alumnos que facilita el establecimiento de vínculos y evita relaciones
tóxicas, así como el acoso escolar.
• Plantear desafíos dignos y trabajo significativo. No protejas a los niños del
mundo real, enséñales a aceptar la frustración.
• Involucra e incluye en la programación a los padres, abuelos, tíos y otros
cuidadores —tanto como sea posible en la vida del aula— para difundir
los conocimientos adquiridos y para mejorar las relaciones. Este Plan
entiende la colaboración con las familias o representantes legales de
nuestro alumnado como una relación de respeto recíproco que permita
al maestro, desde el primer momento en el que se detecten los
problemas de conducta, responder de manera individual y competente
a cada familia, huyendo de juicios de valor sobre el modelo educativo
que lleven a cabo con sus hijos, ofreciendo orientaciones, apoyo y
escucha. Del mismo modo, debemos estar pendientes si la familia
responde adecuadamente a las necesidades de seguridad y afecto que
el niño requiere para lograr un desarrollo sano y equilibrado.
• Permitir las decisiones democráticas y redactar un contrato de aula
donde queden reflejados:
o Compromiso del profesor con sus alumnos.
o Compromiso de los alumnos con la clase.
o Compromiso de los padres con la clase.
o Las expectativas de la clase.
El aula es un espacio seguro cuando se acentúa lo positivo de cada miembro
que lo constituye, y cuando se establecen alianzas entre compañeros y
docentes. Este espacio seguro se lidera siempre por docentes capaces de
generar vínculos afectivos con todos los alumnos, con formación en estrategias
específicas de gestión emocional, que comprenden que justo no significa igual
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(sería estupendo que todos tus alumnos tuvieran un nivel de lectura excelente,
pero no todos lo consiguen; estaría muy bien si todos tus alumnos pudieran
manejar su frustración de manera adecuada, pero no todos lo consiguen).
A continuación, en el Capítulo III, se presentan una serie de recomendaciones
que, una vez puestas en práctica, fomentan apego seguro en el aula y mejoran
la conducta del alumnado. Se trata de treinta y dos desafíos para convertirse
en un buen docente, en una figura de referencia para todo el alumnado.
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