Parte I
Los fundamentos
Capítulo 1
Introducción. ¿Qué es un SIG?
Este capítulo presenta los conceptos fundamentales sobre Sistemas de Información
Geográfica (SIG), definiéndolos y presentando tanto sus capacidades fundamentales como
la forma en que estas pueden ser aprovechadas. Asimismo, se presentan los SIG como
sistemas complejos, y se describe cada uno de sus componentes principales. El capítulo
presenta una visión global del ámbito de los SIG y de la ciencia asociada a los SIG co-
mo disciplina independiente, al tiempo que muestra el contexto en el que el desarrollo y
utilización de estos se produce en la actualidad.
1.1. Introducción
Para justificar la importancia de los Sistemas de Información Geográfica (SIG)
y el papel que estos juegan hoy en día, es habitual en libros como este citar el hecho
de que aproximadamente un 70% de la información que manejamos en cualquier
tipo de disciplina está georreferenciada. Es decir, que se trata de información a
la cual puede asignarse una posición geográfica, y es por tanto información que
viene acompañada de otra información adicional relativa a su localización.
Si bien es probable que este porcentaje no haya variado desde que comenzó a
mencionarse en los libros sobre SIG, la situación es en la actualidad más favorable
que nunca para el desarrollo de herramientas que permitan la utilización de toda
esa información al tiempo que se consideran los datos relativos a su posición en el
espacio. Esto es así no solo porque trabajamos con gran cantidad de información
referenciada geográficamente, sino porque somos cada día más conscientes de
la importancia que esa componente geográfica tiene. La geografía ha pasado de
ser un ámbito particular con cierta relación con otros campos a ser un elemento
fundamental incorporado a la mayor parte de las disciplinas. Y no solo en el terreno
científico, sino en el terreno mismo de la vida diaria, donde toda esta información
desempeña un papel de gran importancia.
La utilización de cartografía ha dado un vuelco radical en el plazo de unas
décadas, permitiendo nuevas posibilidades y acercando la información cartográfica
como herramienta de primer orden a un público amplio y diverso. La elaboración
misma de cartografía ha pasado de ser terreno exclusivo de profesionales del sector
a ser una labor abierta donde las nuevas tecnologías, especialmente las de corte
4 Sistemas de Información Geográfica
colaborativo, han permitido que otro tipo de usuarios desarrollen y compartan
información cartográfica.
En este sentido, los SIG no son solo herramientas dentro de ese contexto de
gran importancia de la información geográfica, sino en gran medida responsables
de que esa situación sea tal, pues su contribución dentro del panorama relativo
a la geografía ha sido vital para impulsar esta y hacerla llegar hasta su lugar
actual. En una sociedad donde la información y la tecnología son dos de los pilares
fundamentales, los SIG son, sin lugar a dudas, la tecnología estandarte para el
manejo de información geográfica, y los elementos básicos que canalizan la gestión
de todo aquello que, de un modo u otro, presente una componente geográfica
susceptible de ser aprovechada.
Así, un SIG es fundamentalmente una herramienta para trabajar con infor-
mación georreferenciada, una definición en la que pueden entrar un gran número
de tecnologías y de otros elementos no tecnológicos, los cuales veremos a lo largo
de este libro.
1.2. Un pequeño ejemplo
Para comenzar a tener una idea correcta de lo que representa e implica un SIG,
veamos un sencillo ejemplo. Supongamos el caso de un organismo o empresa cuyo
trabajo incluye la gestión de una masa forestal. Este trabajo de gestión implicará
algunas actividades como las siguientes, en las cuales se utiliza en mayor o menor
medida información georreferenciada.
Delimitación de las distintas zonas inventariables y unidades dasocráticas
(montes, cantones, rodales, etc.)
Diseño de inventarios
Realización de inventarios y gestión de sus datos para la obtención de
resultados tales como estimaciones de volúmenes maderables.
Gestión de infraestructuras del monte tales como vías de comunicación,
torres de vigilancia contra incendios, etc.
En un contexto en el que no existen medios informáticos para la realización de
estas tareas, gran parte de ellas se desarrollarán con el apoyo de cartografía clásica.
Así, las zonas inventariables se delimitarán sobre un plano, y sobre este mismo
pueden medirse sus superficies con la ayuda de un planímetro. En ese mismo plano
se localizan las parcelas a muestrear en un inventario, y los operarios encargados
de llegar hasta esas parcelas y realizar las mediciones pertinentes se ayudan de
él para localizarlas y desplazarse sobre el terreno.
Los resultados del inventario se almacenan en estadillos, y las operaciones
correspondientes al análisis estadístico de estos se realizan de forma manual, así
como la comparación con inventarios anteriores que permiten estudiar la evolución
del monte.
Introducción. ¿Qué es un SIG? 5
La presencia de medios informáticos facilita estas tareas, mejorando por una
parte la gestión de los datos, y por otra las operaciones que pueden realizarse sobre
estos. Una sencilla hoja de cálculo, por ejemplo, es una herramienta imprescindible
para la gestión de los datos de un inventario, haciendo que todo el trabajo con
ellos resulte más eficiente y adecuado.
En lo relativo a la cartografía, la situación, aunque con un desarrollo (y espe-
cialmente una implantación de usuarios) más reciente, no es muy distinta. Ventajas
similares a las que aporta una hoja de cálculo pueden encontrarse en una aplicación
que permitiera utilizar mapas y planos dentro de un ordenador, con la consecuente
ganancia en productividad, eficiencia y precisión. Esta aplicación destinada al ma-
nejo de cartografía es el concepto básico de un Sistema de Información Geográfica,
y la idea fundamental a partir de la cual comenzó el desarrollo de estos.
Con un SIG, la cartografía de esa masa forestal puede visualizarse y almacenarse
en un ordenador personal, y pueden realizarse sin dificultad y de forma instantánea
cálculos tales como mediciones de cada una de las entidades. La creación de nueva
información cartográfica se lleva a cabo ya en el propio SIG, del mismo modo que la
edición de cartografía ya existente. Modificar el límite de una unidad dasocrática o el
trazado de una vía, o crear la cartografía correspondiente a las parcelas de inventario
son tareas que, en nuestro caso de ejemplo, se realizan hoy en día empleando un SIG.
Las ventajas que esto tiene son muchas, especialmente las relacionadas con
una mejor gestión del conjunto de distintos datos que se manejan, así como las
relativas a la sencillez con que pueden modificarse estos datos1 .
Otras de las labores donde un SIG demuestra su utilidad es en el análisis. Los
datos geográficos pueden ser objeto de gran número de distintos análisis, y la
capacidad de cómputo de un ordenador es necesaria para muchos de ellos. La
herramienta idónea para implementar esos algoritmos y operaciones de análisis
espacial es el SIG, pues ya contiene los elementos necesarios para el manejo de los
datos de partida, es decir, aquellos que contienen la información georreferenciada.
Y, por supuesto, un SIG conectado a un periférico de impresión permite generar
una versión analógica a partir de la información con la que se trabaja, teniendo
la capacidad de crear cartografía en papel cuando así se requiera.
En otras palabras, un SIG es una herramienta que brinda a las labores de uso y
manejo de información geográfica toda la potencia de un ordenador, pues ha sido
diseñada específicamente para trabajar con este tipo particular de información.
No obstante, más allá de todas estas tareas antes mencionadas el concepto de
SIG ha evolucionado hasta convertir actualmente a estos en sistemas complejos
que buscan dar solución a todas las necesidades que se presentan en situaciones
similares a la del ejemplo comentado. Con la tecnología actual, la incorporación
de elementos propios de los SIG puede llegar mucho más allá, y uno de los pilares
1
Veremos con más detalle las ventajas de los datos digitales frente a los datos analógicos en
el capítulo 6
6 Sistemas de Información Geográfica
más sólidos de los SIG en la actualidad es su capacidad de mostrar que existe una
componente espacial susceptible de ser gestionada con la ayuda de un SIG en la
práctica totalidad de contextos posibles.
Como sistema, un SIG puede gestionar la cartografía necesaria para la gestión
integral del monte, y hacerlo además de forma centralizada. De este modo, se
garantiza el rigor y la robustez de los datos base, ya que el SIG es el encargado de
canalizar la utilización de estos por parte de todos los usuarios. Esto es de especial
importancia en caso de que se editen los datos, ya que esta edición también está
centralizada, y un usuario ve reflejarse en su cartografía de forma inmediata los
cambios realizados por otro, teniendo siempre a su disposición la versión más
actual y, por tanto, más adecuada.
A esto puede añadirse la utilización de SIG móviles en dispositivos portátiles,
que permiten que el SIG se incorpore también a las fases de trabajo de campo. Esa
misma cartografía centralizada pueden utilizarla los operarios en campo a través
de sus dispositivos para desarrollar su trabajo, ayudándose además de sistemas
de navegación para la localización de las parcelas de un muestreo o de cualquier
otro punto de interés al que deban desplazarse.
Gracias a la tecnología SIG, la información espacial puede ser aprovechada en
mayor medida, y en muchos casos pasa de ser una información inherente a los datos
pero sin una verdadera aplicación, a ser un elemento sumamente enriquecedor y
clave para muchos análisis.
En nuestro ejemplo de gestión forestal, los propios datos del inventario, que
antes eran fundamentalmente datos sobre las propiedades de los distintos árboles
medidos (altura, diámetro, etc.), ahora ofrecen muchas más posibilidades si se
considera que cada uno de estos árboles ha sido medido en una parcela dada, la
cual lleva asociadas unas coordenadas concretas.
El trabajo que se desarrollaba en la hoja de cálculo con estos datos se puede
incorporar al SIG, el cual además de las funciones de análisis estadístico incluye
funciones de análisis espacial. De este modo, los resultados numéricos que se
obtenían de esos análisis (volúmenes totales estimados, alturas medias, etc.) se
amplían mediante resultados con mayor componente espacial, como puede ser
la creación de nueva cartografía referente a las variables principales (mapas de
densidad media de arbolado, altura dominante media, etc.).
En resumen, el SIG en su concepción actual es una herramienta integradora
que busca abarcar en su ámbito todas las funcionalidades que se requieren para
el trabajo con variables y elementos espacialmente localizados, incorporando para
ello capacidades variadas que serán las que vayamos viendo progresivamente a lo
largo de esta obra.
Introducción. ¿Qué es un SIG? 7
1.3. ¿Qué es un SIG?
Partiendo del ejemplo anterior, podemos dar una definición más precisa y
formal de lo que realmente es un SIG. Básicamente, un SIG ha de permitir la
realización las siguientes operaciones:
Lectura, edición, almacenamiento y, en términos generales, gestión de datos
espaciales.
Análisis de dichos datos. Esto puede incluir desde consultas sencillas a la
elaboración de complejos modelos, y puede llevarse a cabo tanto sobre la
componente espacial de los datos (la localización de cada valor o elemento)
como sobre la componente temática (el valor o el elemento en sí).
Generación de resultados tales como mapas, informes, gráficos, etc.
En función de cual de estos aspectos se valore como más importante, encontra-
mos distintas definiciones formales del concepto de un SIG. Una definición clásica
es la de [1], para quien un SIG es un elemento que permite «analizar, presentar e
interpretar hechos relativos a la superficie terrestre». El mismo autor argumenta,
no obstante, que «esta es una definición muy amplia, y habitualmente se emplea
otra más concreta. En palabras habituales, un SIG es un conjunto de software y
hardware diseñado específicamente para la adquisición, mantenimiento y uso de
datos cartográficos».
En una línea similar, [2] define un SIG como un «sistema de información
diseñado para trabajar con datos referenciados mediante coordenadas espaciales o
geográficas. En otras palabras, un SIG es tanto un sistema de base de datos con capa-
cidades específicas para datos georreferenciados, como un conjunto de operaciones
para trabajar con esos datos. En cierto modo, un SIG es un mapa de orden superior».
Ambas definiciones recogen el concepto fundamental de los SIG en el momento
en que fueron escritas, pero la realidad hoy en día hace necesario recoger otras ideas,
y la definición actual de un SIG debe fundamentarse sobre todo en el concepto
de sistema como elemento integrador que engloba a un conjunto de componentes
interrelacionados.
Como apunta [1], software y hardware son dos elementos primordiales del SIG,
pero no son sin embargo los únicos. En el contexto actual, otros componentes
juegan un papel igual de importante en la ideal global de un SIG.
De igual modo, un SIG puede considerarse como un «mapa de orden superior»
entendiendo que se trata de una forma más potente y avanzada de hacer todo
aquello que, previamente a la aparición de los SIG, se llevaba a cabo mediante el
uso de mapas y cartografía en sentido clásico. Es decir, los SIG representan un paso
más allá de los mapas. No obstante, esta definición resulta en exceso simplista, pues
mapas y SIG no son conceptos equiparables en el contexto actual de estos últimos.
Un mapa es una representación de un conjunto de datos espaciales y, aunque
esta representación resulta de enorme importancia, en el entorno de un SIG no
es sino un elemento más de una serie de componentes (tales como el software y el
8 Sistemas de Información Geográfica
hardware que antes mencionábamos). Más aún, un SIG contiene no solo los datos y la
representación, sino también las operaciones que pueden hacerse sobre el mapa, que
no son ajenas a este sino partes igualmente de todo el sistema conformado por el SIG.
De la misma forma que los textos han pasado del papel al ordenador (antes
leíamos libros, ahora podemos leer libros impresos, libros digitales, páginas Web,
etc.), los mapas también han dado ese salto cualitativo con la aparición de los
SIG. Sin embargo, el SIG es mucho más que una nueva forma de cartografía, y no
invalida en absoluto formas anteriores. De hecho, una función muy importante de
los SIG es ayudar a crear mapas en papel, y estos se siguen utilizando hoy en día
en todos los ámbitos. Y junto con esta funcionalidad, encontramos otras que hacen
que en su conjunto un SIG sea una herramienta integradora y completa para el
trabajo con información georreferenciada.
Debe entenderse, pues, un SIG, como un elemento complejo que engloba una
serie de otros elementos conectados, cada uno de los cuales desempeña una función
particular. Estos elementos son, como iremos viendo más adelante, los datos,
los procesos, la visualización, la tecnología y el factor organizativo. Baste por
el momento citarlos, ya que más adelante, y a lo largo de todo el libro, se irán
describiendo pormenorizadamente todos ellos.
Con lo anterior, una definición más precisa es decir que un SIG es un sistema
que integra tecnología informática, personas e información geográfica[3], y cuya
principal función es capturar, analizar, almacenar, editar y representar datos
georreferenciados [4].
En las siguientes secciones veremos por separado la forma en que un SIG integra
la tecnología informática, las personas y la información geográfica, así como la
forma en que los conceptos fundamentales en los que el propio SIG se sustenta
suponen una integración de distintas disciplinas.
1.3.1. SIG como integrador de información
Si bien un SIG tiene una inherente naturaleza integradora y esta puede enfocarse
desde muchos puntos de vista tal y como vemos en este apartado, el elemento tal vez
más relevante en este sentido es la propia información que un SIG maneja y las carac-
terísticas de esta. Conceptualmente, el verdadero pilar de esa naturaleza integradora
del SIG reside en la información geográfica con la que se trabaja, que provee la amal-
gama adecuada para que un SIG sea un sistema sólido y cohesionado, confiriéndole
a su vez sus propias características y su interés como herramienta polivalente.
Muchas disciplinas trabajan con información de distinta naturaleza. En ellas, no
siempre resulta sencillo buscar elementos en común para poder unir y coordinar toda
esa información bajo un único punto de vista conceptual. En otras ocasiones, discipli-
nas que en la práctica presentan una interacción real (puede decirse que, de un modo
u otro, todas las disciplinas están interrelacionadas) resultan difíciles de integrar des-
de el punto de vista teórico, y no es sencillo ponerlas en un marco común de trabajo.
Introducción. ¿Qué es un SIG? 9
Por ejemplo, información de tipo sociológico como la tasa de analfabetismo
e información de carácter físico o biológico como puede ser la acidez del suelo,
no parecen sencillas de combinar para la realización de algún análisis común. De
existir alguna relación entre ellas (o de no existir, y pretender demostrar que son
variables independientes), es necesario buscar un punto de enlace entre ambas
informaciones para poder estudiar esta. Un nexo que las une es el hecho de que
están asociadas a una localización en el espacio, ya que una serie de datos de tasa
de analfabetismo corresponderán a una serie de lugares, del mismo modo que lo
harán los valores de acidez del suelo.
El hecho de que ambas informaciones tienen a su vez carácter geográfico va
a permitir combinarlas y obtener resultados a partir de un análisis común. Puesto
que, tal y como se mencionó al inicio de este capítulo, aproximadamente un 70%
de toda la información está georreferenciada, esa georreferencia va a representar
en una gran mayoría de los casos un punto común para enmarcar el análisis. El
SIG es, en este contexto, el marco necesario en el que incorporar esa información
georreferenciada y trabajar con ella.
1.3.2. SIG como integrador de tecnologías
Puede pensarse que los SIG son meramente herramientas informáticas y que
la única tecnología que reside tras ellas es la propia tecnología informática. Sin
embargo, el papel integrador de los SIG hace que sean la herramienta elegida para
la gestión de resultados y elementos producidos por otras tecnologías, muchas de
las cuales se encuentran actualmente en pleno desarrollo.
La popularización de los SIG y su mayor presencia en una buena parte de los
ámbitos de trabajo actuales han traído como consecuencia una mayor conciencia
acerca de la importancia de la componente espacial de la información, así como
sobre las posibilidades que la utilización de esta ofrece. Por ello, una gran parte de
las tecnologías que han surgido en los últimos años (y seguramente de las que surjan
en los próximos) se centran en el aprovechamiento de la información espacial, y
están conectadas en mayor o menor medida a un SIG para ampliar su alcance y
sus capacidades. Por su posición central en el conjunto de todas las tecnologías, los
SIG cumplen además un papel de unión entre ellas, conectándolas y permitiendo
una relación fluida alrededor de las funcionalidades y elementos base de un Sistema
de Información Geográfica.
1.3.3. SIG como integrador de personas
Ya sabemos que la información georrefenciada es muy numerosa y variada.
Esto significa que son muchos los tipos de personas que pueden emplearla y, por
tanto, que pueden emplear un SIG para el trabajo con ella. La presencia del
SIG como puerta de acceso a esa información es un punto común a todas esas
10 Sistemas de Información Geográfica
distintas personas, y un Sistema de Información Geográfica es también un elemento
integrador a nivel humano y profesional.
Dentro incluso de un mismo campo de aplicación, son varios los grupos de
personas que van a estar implicados en el desarrollo de una tarea dada con la ayuda
de un SIG. Desde la creación del dato geográfico hasta la obtención de un resultado
final son muchas las operaciones que se llevan a cabo, y estas las desarrollan profe-
sionales de distinta especialización y con herramientas particularmente adaptadas
a dichas operaciones. En nuestro ejemplo, y en la etapa previa a la aparición de
los SIG, las herramientas que emplea el cartógrafo para generar un mapa son muy
diferentes de las que emplea el gestor para analizar dicho mapa, y estas a su vez
distintas a las que pueden emplearse para la elaboración de resultados.
Con la aparición de los SIG, todos los profesionales dentro de esa cadena que
va desde el creación del dato hasta las operaciones finales que se realizan sobre
estos tienen una herramienta común de trabajo, pues un SIG puede utilizarse para
desarrollar parcial o totalmente las tareas correspondientes a cada uno de ellos.
El SIG es empleado para crear cartografía, para almacenar, gestionar y consultar
esta, así como para realizar análisis más complejos en base a ella y crear resultados.
Las funciones básicas que un SIG ha de cumplir, que ya vimos en el momento
de dar una definición de estos, cubren en realidad un rango amplio de trabajo, y
engloban las necesidades de usuarios que con anterioridad no tenían entre sí un
marco de trabajo común tan definido. Esto tiene como consecuencia que existe
una mejor coordinación entre ellos, pues es la propia herramienta quien establece
las características de la relaciones existentes, y estas no dependen ya únicamente
del propio ámbito de aplicación. No obstante, aparece una mayor necesidad de
organización, y como veremos más adelante, esta organización es una de las partes
básicas del sistema SIG y un elemento necesario para su buen funcionamiento.
1.3.4. SIG como integrador de teorías y fundamentos. La Ciencia
de la Información Geográfica
La evolución conceptual que se ha producido en el ámbito de los SIG, pasando
como ya hemos visto de ser considerados simples programas informáticos a sistemas
completos con múltiples componentes, ha tenido lugar también en la ciencia que los
rodea. Los SIG no solo han contribuido al desarrollo de las ciencias afines, sino que
en muchos casos han modificado estas o han contribuido a la formación de nuevas
ramas. Conceptos básicos y hasta ese momento sólidos, como por ejemplo la idea
de lo que es y lo que significa un mapa (una idea fundamental para el trabajo en
muchas disciplinas), han sido literalmente redefinidas desde la aparición de los SIG.
Desde un punto de vista muy simple, podemos entender un SIG como la unión
de dos ciencias: la geografía y la informática. Visto así, un SIG es una herramienta
informática para ayudar al trabajo en el ámbito geográfico. Esta concepción tan
Introducción. ¿Qué es un SIG? 11
simple dista, no obstante, mucho del concepto real de un SIG, pues este incorpora
elementos de muchas ciencias distintas como pueden ser las siguientes[5]:
Disciplinas relacionadas con la tecnología y el manejo de información. Se
incluyen aquí las ciencias de la información, la informática, el diseño de
bases de datos o el tratamiento digital de imágenes, entre otras. Muchas de
estas, a su vez, derivan de otras o toman importantes elementos de ellas. La
estadística o la matemática son algunas de esas ciencias fundamentales.
Disciplinas dedicadas al estudio de la Tierra desde un punto de vista físico. La
geología, la geología, la oceanografía, la ecología, así como todo el conjunto
de ciencias medioambientales, forman parte de este grupo.
Disciplinas dedicadas al estudio de la Tierra desde un punto de vista social
y humano. En este grupo se incluyen la antropología, la geografía o la so-
ciología, entre otras. Las ciencias de este grupo, así como las del anterior,
son todas ellas potenciales usuarias de los SIG.
Disciplinas dedicadas al estudio del entendimiento humano, en particular en
lo concerniente a la interacción con máquinas. Las ciencias del conocimiento,
la psicología en general o las ramas que estudian y desarrollan la Inteligencia
Artificial también juegan su papel en el contexto actual de los SIG.
Disciplinas que tradicionalmente han realizando una integración de cono-
cimientos de otros ámbitos distintos. La geografía como tal es la principal
representante de este grupo.
En el contexto presente, podemos entender la Ciencia de la Información Geo-
gráfica2 como todo el conjunto de disciplinas y conocimientos que residen tras los
SIG, tanto en su desarrollo y creación como en su utilización y aspectos prácticos.
Esta ciencia se enmarcaría a su vez dentro de ese último grupo de disciplinas
integradoras, llevando más allá la idea de la geografía como área de conocimiento
que engloba elementos de muchos otros ámbitos.
El término geomática, formado a partir de los vocablos geografía e informática, se
emplea con frecuencia para hacer mención a todo ese grupo de ciencias relacionadas
con los SIG. No obstante, y como ya se ha comentado, no se refiere exclusivamente
a esas dos disciplinas, sino que simplemente toma nombre de los dos bloques princi-
pales de conocimiento a partir de los cuales se ha desarrollado la ciencia de los SIG.
Si los SIG deben ser entendidos a día de hoy como un sistema, la ciencia que
los define y en la que se fundamentan debe no solo describir y servir de soporte a
su elementos, sino también atender a una de las características fundamentales de
todo sistema: las interrelaciones existentes entre dichos elementos. Por esta razón,
disciplinas tales como las ciencias del conocimiento juegan un papel importante
en el ámbito de los SIG, pues son fundamentales para estudiar las relaciones entre
dos de sus componentes como son la tecnología y el factor organizativo.
2
Geographic Information Science en inglés, abreviado como GIScience o simplemente con
el propio acrónimo GIS
12 Sistemas de Información Geográfica
En este libro desarrollaremos elementos provenientes de distintas disciplinas,
centrándonos en aquellas ramas que tengan mayor relevancia desde el punto de
vista del usuario de SIG, y con independencia de cuál sea la funcionalidad que
este pueda buscar. Dejaremos de lado algunos aspectos sin duda importantes pero
que atañen a otros enfoques distintos (como pueden ser, por ejemplo, el desarrollo
de aplicaciones SIG o el diseño de entornos SIG corporativos), aunque no debe
perderse de vista el hecho de que estos contenidos son también importantes dentro
del sistema global de un SIG.
1.4. ¿Qué no es un SIG?
Es obvio que, pese a que su propia denominación indica específicamente que
los SIG desarrollan su actividad con información geográfica y esta es necesaria
para el trabajo con ellos, existen otras tecnologías que también pueden hacer uso
directo de esa información y explotarla de formas alternativas. A medida que se
ha ido redefiniendo el concepto de SIG, muchos elementos han ido entrando en el
amplio paraguas actual del SIG, así como distintas disciplinas, según hemos visto
y veremos más adelante. No obstante, esas propias disciplinas no han desaparecido
como tales, y siguen existiendo de forma autónoma. Y cada una de ellas dispone de
sus propias herramientas, las cuales pueden incluir también tecnologías o sistemas
más complejos similares a los SIG pero con un enfoque distinto.
La distinción entre estas y los SIG es notable, máxime a día de hoy, y es
fácil localizar sin confusión las parcelas conceptuales y prácticas que cada una
ocupa o las áreas en las que existe un cierto solape. Por esta razón, igual que es
necesario definir qué es un SIG, resulta obligado presentar aquellas tecnologías que
comparten caracteres comunes con el SIG (siendo el principal de ellos la utilización
de información georreferenciada), y que han seguido una evolución paralela hasta
el punto de diferenciación actual. Ahora que ya sabemos lo que es un SIG, veamos
qué otras herramientas similares, pese a compartir elementos comunes, no entran
en la definición de SIG que hemos dado.
Dos son las principales soluciones que deben conocerse por su relación directa
con el ámbito SIG: Diseño Asistido por Ordenador (CAD3 ) y AM/FM.
Las aplicaciones CAD (Figura 1.1) permiten el diseño informatizado de ele-
mentos muy diversos, que pueden ir desde una pieza industrial o la carrocería de un
automóvil (tareas con poca relación con los SIG) a un edificio (con mayor relación
con los SIG). El uso de herramientas CAD en disciplinas como la arquitectura
para la creación de planos tiene cierta similitud con el uso de un SIG, y ambas
herramientas se han nutrido la una de la otra en cuanto a sus funcionalidades.
No obstante, siguen existiendo grandes diferencias que hacen que cada aplicación
3
Computer–Aided Design
Introducción. ¿Qué es un SIG? 13
responda a unas necesidades concretas pese a la existencia de características
comunes. De entre estas diferencias cabe destacar las siguientes [6][7]
SIG y CAD han sido diseñados para propósitos diferentes. El del SIG es
reflejar la realidad, mientras que el del CAD es diseñar algo que no existe
todavía. La creación es el elemento fundamental en el CAD, mientras que
el estudio de una realidad ya creada constituye la base del SIG.
El almacenamiento de datos es diferente debido al distinto enfoque. En los
SIG se da mayor peso a la gestión de los datos, mientras que en el CAD la
parte visual es preponderante, y el almacenamiento así lo refleja. Un dato
SIG se almacena como un un dato geográfico complejo, mientras que en un
CAD se almacena básicamente como un «dibujo», pues es ese el enfoque
fundamental de trabajo.
El volumen de datos en un SIG es ordenes de magnitud mayor, y ello implica
una gestión de datos distinta y unas necesidades más elevadas en ese sentido.
La escala de trabajo también alcanza dimensiones mayores, ya que, mientras
que con ambas herramientas puede trabajarse en una extensión limitada,
un CAD no esta pensado para gestionar datos de una superficie como la de
un país, un continente o el planeta entero.
No todos los tipos de datos de un SIG se pueden incorporar en un CAD.
Los datos procedentes de la teledetección, por ejemplo, no forman parte del
abanico de datos que un CAD puede manejar.
Figura 1.1: Entorno de trabajo de una aplicación CAD.
El CAD puede resultar suficiente para desarrollar algunas tareas propias de los
14 Sistemas de Información Geográfica
SIG, en particular las relacionadas con el diseño cartográfico. No obstante, algunas
circunstancias ponen de manifiesto las carencias de una herramienta CAD para
sustituir completamente a un SIG, al tener requerimientos para los que esta no
puede ofrecer una solución. Entre estos requerimientos cabe citar los siguientes:
Análisis, modelización, y gestión avanzada de datos espaciales.
Trabajo con datos que cubren una gran superficie geográfica. Necesidad de
utilizar diversos sistemas de proyección.
Edición de datos por usuarios de distinto perfil y de modo concurrente.
Por su parte, las siglas AM/FM(Automated Mapping/Facilities Management)4
de uso poco habitual en nuestro idioma, hacen referencia a aplicaciones diseñadas
para la gestión de infraestructuras generalmente de carácter público, tales como
redes de alcantarillado, conducciones de gas o vías de circulación, entre otras.
Las aplicaciones empleadas para estas tareas tienen dos bloques básicos: un
bloque gráfico de visualización y otro de gestión de datos. Este último almacena
los atributos asociados a los elementos gráficos, que son principalmente de tipo
lineal (tuberías, redes de alumbrado, etc.). Otro tipo de elementos, tales como
elementos poligonales, son difíciles de manejar en estos sistemas, ya que su diseño
obedece a las necesidades existentes en su ámbito de utilización, y estas se sitúan
mayoritariamente alrededor de las infraestructuras lineales. Sin embargo, incluso
con este tipo de elementos las capacidades de una aplicación AM/FM no igualan
a las de un SIG, ya que no incorporan otro tipo de información como la relativa
a la topología (que describiremos con detalle en el capítulo 5). Esto es así debido a
que el subsistema de análisis, fundamental en un SIG, no tiene presencia en estas
herramientas, y por tanto sus características no incluyen aquellos componentes
que sean necesarios exclusivamente para procesos de tipo analítico.
Puede decirse, por tanto, que este tipo de aplicaciones representa un subcon-
junto de los SIG, pues sus funcionalidades principales son más reducidas que las
de estos, y su ámbito de aplicación es menos generalista. En cierta medida, las
aplicaciones AM/FM se asemejan también a las aplicaciones CAD, poniendo un
énfasis especial en la componente gráfica, aunque con una mayor adaptación a la
naturaleza geográfica de la información con la que se trabaja.
Al contrario sin embargo de lo que sucede con las aplicaciones CAD, en la
actualidad las labores propias asociadas a los productos AM/FM se pueden llevar
a cabo en un SIG genérico, o bien en una adaptación de este que tenga en consi-
deración las características particulares del ámbito de trabajo. En este sentido,
la gestión de servicios no es una aplicación más específica que otras a la hora
de emplear un SIG, y este en la actualidad engloba de forma casi completa las
funcionalidades de una herramienta AM/FM.
4
Cartografía Automatizada/Gestión de Servicios
Introducción. ¿Qué es un SIG? 15
1.5. Componentes de un SIG
Como ya hemos visto, en su concepción actual los SIG son sistemas complejos
que integran una serie de distintos elementos interrelacionados. El estudio de
todos y cada uno de estos elementos es el fundamento para el estudio global de
los Sistemas de Información Geográfica, y de ese modo se aborda a lo largo de
este libro, mostrando las propias características de cada elemento y los conceptos
necesarios para entender las relaciones entre ellos.
Una forma de entender el sistema SIG es como formado por una serie de
subsistemas, cada uno de ellos encargado de una serie de funciones particulares.
Es habitual citar tres subsistemas fundamentales:
Subsistema de datos. Se encarga de las operaciones de entrada y salida de
datos, y la gestión de estos dentro del SIG. Permite a los otros subsistemas
tener acceso a los datos y realizar sus funciones en base a ellos.
Subsistema de visualización y creación cartográfica. Crea representacio-
nes a partir de los datos (mapas, leyendas, etc.), permitiendo así la interacción
con ellos. Entre otras, incorpora también las funcionalidades de edición.
Subsistema de análisis. Contiene métodos y procesos para el análisis de los
datos geográficos.
Para que un SIG pueda considerarse una herramienta útil y válida con carácter
general, debe incorporar estos tres subsistemas en cierta medida[8].
Otra forma distinta de ver el sistema SIG es atendiendo a los elementos bá-
sicos que lo componen. Cinco son los elementos principales que se contemplan
tradicionalmente en este aspecto (Figura 1.2):
Datos. Los datos son la materia prima necesaria para el trabajo en un SIG,
y los que contienen la información geográfica vital para la propia existencia
de los SIG.
Métodos. Un conjunto de formulaciones y metodologías a aplicar sobre los
datos.
Software. Es necesaria una aplicación informática que pueda trabajar con
los datos e implemente los métodos anteriores.
Hardware. El equipo necesario para ejecutar el software.
Personas. Las personas son las encargadas de diseñar y utilizar el software,
siendo el motor del sistema SIG.
Para el enfoque de esta obra, cada uno de los elementos anteriores tiene unas
características propias que deben estudiarse. No obstante, el hardware no es un
elemento especialmente particular en el caso de un SIG, y las aplicaciones SIG
que encontramos actualmente en el mercado en todas sus variedades (que son las
que el lector de este libro va a utilizar habitualmente) se ejecutan en su mayoría
sobre ordenadores personales sin requerimientos altamente específicos. Más aún,
la expansión de las tecnologías SIG ha alcanzado hoy en día otros ámbitos como las
plataformas móviles, haciendo de estas unas tecnologías poco específicas en lo que
16 Sistemas de Información Geográfica
Figura 1.2: Elementos que forman el sistema SIG
a hardware se refiere. Por esta razón, no es necesario tratar en detalle esta pieza del
sistema SIG, siendo más adecuado tratar el resto de elementos, más característicos
e importantes para el aprendizaje de los conceptos SIG y la descripción de estos.
Por su parte, las personas tienen importancia tanto de forma individual como
en su conjunto, siendo diferentes las necesidades que plantean como usuarios y
beneficiarios de un SIG. En la sociedad actual, las tecnologías y planteamientos
colaborativos han calado hondo en el ámbito SIG, y la información geográfica es,
por su propia naturaleza, propensa a ser compartida y utilizada por diferentes
personas con fines muy distintos. Es por ello que el aspecto de mayor relevancia
respecto a las personas como partes del sistema SIG es el de sus relaciones y su
organización, siendo además en este campo donde se han producido en mayor
medida los últimos avances, y donde ha tenido lugar un cambio más profundo, no
ya solo dentro de los SIG, sino también en otras tecnologías de similar índole.
Puede entenderse esto como un nuevo subsistema: el subsistema de gestión,
que es responsable de gestionar la interacción de los restantes y definir y controlar
el marco en que esta tiene lugar.
Las personas a su vez dan forma a los distintos ámbitos de trabajo, definiendo
estos en función de sus necesidades. Puede tratarse el conjunto de campos de
especialización como un nuevo elemento del sistema SIG, en lugar de incorporarlo
dentro de otro.
Algunos autores proponen modificar el esquema clásico de cinco elementos
para reflejar más correctamente la nueva realidad de los SIG. Por ejemplo, [9]
propone un esquema como el mostrado en la figura 1.3.
La incorporación de la visualización es una diferencia notable con respecto al
Introducción. ¿Qué es un SIG? 17
Visualización
Procesos y métodos
Campos de aplicación
Datos
Tecnología
Conceptos
geográficos
básicos
Figura 1.3: Una división distinta del sistema SIG (según [9])
esquema clásico. En realidad, y si volvemos a ese enfoque basado en subsistemas,
el subsistema de visualización resulta de enorme importancia en un SIG, siendo
pese a ello habitual que no sea tratado con la suficiente profundidad en textos
dedicados a los SIG desde un punto de vista genérico. Precisamente por no ser
considerado un elemento independiente, no se le concede la necesaria atención
como parte que debe estudiarse al tratar la disciplina de los SIG.
Esto contrasta con el hecho de que, a pesar de que las capacidades de los SIG
son mucho más amplias que las relacionadas con la visualización, muchos usuarios
usan estas por encima de las restantes, desconociendo incluso en muchos casos
gran parte de las otras capacidades que un SIG puede brindarles. Correcto o no,
desde el punto de vista del usuario medio, las capacidades de visualización están
en primera línea del conjunto de funcionalidades de un SIG.
Abordar el estudio de un SIG acudiendo al esquema clásico de cinco elementos
deja de lado la visualización, en cuanto que la engloba como una funcionalidad de-
rivada de dichos elementos en su conjunto pese a que esta tiene unas características
peculiares en el entorno de un SIG y una vital importancia en la concepción actual
de este. Es decir, el esquema de partes de un SIG no resulta el más adecuado para
estructurar el estudio de los SIG, al menos en lo que respecta a la visualización
como parte fundamental de estos.
El objetivo de este libro es tratar con suficiente detalle y rigor todos los aspectos
fundamentales de un SIG, incluyendo, por supuesto, la visualización de datos
geográficos. Para ello, es conveniente tratar también esta desde un punto de vista
teórico, detallando los fundamentos en los que se basa y que, pese a ser de vital
18 Sistemas de Información Geográfica
importancia para el uso de un SIG, son ignorados frecuentemente.
Con todo lo anterior, resulta más conveniente para su estudio práctico adoptar
una evolución del esquema clásico de cinco elementos, y establecer unos nuevos
componentes, cada uno de los cuales actúa como un pilar conceptual sobre es que ha
de sustentarse es estudio de la disciplina de los SIG. Estos componentes son cinco:
Datos.
Análisis. Métodos y procesos enfocados al análisis de los datos.
Visualización. Métodos y fundamentos relacionados con la representación
de los datos.
Tecnología. Software y hardware SIG
Factor organizativo. Engloba los elementos relativos a la coordinación en-
tre personas, datos y tecnología, o la comunicación entre ellos, entre otros
aspectos.
A modo de introducción, se describen a continuación algunas ideas básicas de
cada uno de estos componentes. Posteriormente, cada uno de ellos será tratado
en detalle en una parte completa de este libro.
Aunque no lo consideraremos como una parte del sistema SIG, el conjunto de
ámbitos especializados de aplicación merece también atención separada, pues todo
usuario de SIG deberá situarse en uno de ellos a la hora de llevar a cabo su trabajo.
Por ello, dedicaremos igualmente una parte del libro a tratar las principales áreas
de aplicación de los SIG.
1.5.1. Datos
Los datos son necesarios para hacer que el resto de componentes de un SIG
cobre sentido y puedan ejercer su papel en el sistema. La información geográfica,
la verdadera razón de ser los SIG, reside en los datos, y es por ello que el conoci-
miento exhaustivo de los datos y su naturaleza resulta obligado para una buena
comprensión los propios SIG.
Son muchas las facetas de los datos que deben estudiarse, y todas ellas con
una gran importancia. Por un lado, es necesario conocer las características fun-
damentales del dato geográfico que utilizamos en un SIG, es decir, su forma y
sus propiedades. De ellas dependen, por ejemplo, los procesos que podremos o no
realizar con los datos, y en general todo cuanto podemos esperar de ellos.
Prescindiendo del hecho de que se trata de un dato geográfico, es relevante
conocer cómo los datos se gestionan y almacenan en un entorno digital, aspectos
de corte puramente informático que desarrolla la disciplina de la gestión de bases
de datos. Cuando las ideas fundamentales al respecto se aplican al caso particular
de los datos geográficos, surgen conceptos que resultan básicos para un buen uso
de un SIG, y que además van siendo cada vez más relevantes a medida que los
volúmenes de datos de que se dispone van aumentando.
Al igual que aumenta el volumen de datos, lo hacen los orígenes de estos y las for-
Introducción. ¿Qué es un SIG? 19
mas en que la información geográfica puede recogerse. Un aspecto clave para una uti-
lización correcta de un SIG es saber integrar datos de distinta procedencia, para lo
cual es vital entender cómo esta afecta a las propias características de dichos datos.
Otros elementos tales como la calidad de los datos, la cual cobra cada día
más importancia, serán tratados igualmente junto a los anteriores en una parte
específicamente dedicada a los datos, probablemente una de las más importantes
dentro de este libro.
1.5.2. Análisis
El análisis es una las funcionalidades básicas de los SIG, y una de las razones
fundamentales que llevaron al desarrollo de estos. Un ordenador es una herramienta
con enorme capacidad de cálculo, y esta puede aplicarse a los datos espaciales para
obtener resultados de muy diversa índole.
En mayor o menor medida, un SIG siempre incorpora una serie de formulaciones
que permiten la obtención de resultados y el análisis de los datos espaciales. Estas
formulaciones representan procesos que pueden ser sumamente sencillos o enorme-
mente complejos, y que pueden resultar de aplicación en uno u otro campo, o incluso
con carácter general. Su origen puede ser muy variado, y no derivan necesariamente
del ámbito puro de la geografía, sino que pueden ir desde simples consultas o
mediciones a elaborados modelos que empleen datos de variables muy numerosas
y arrojen resultados complejos. La estadística, entre otras ciencias, puede aportar
al ámbito SIG muchas de sus ideas, y estas, adaptadas al marco de la información
georreferenciada, constituir en el SIG un nuevo conjunto de procesos de análisis.
Las ventajas de la incorporación de todos estos procesos en una única herra-
mienta, el SIG, van desde la automatización de tareas a la aparición de nuevos
procesos que, aprovechando la gran capacidad de cómputo de la plataforma en
la que se ejecuta el SIG, producen resultados que no podrían ser obtenidos de otro
modo. Bien sea por la complejidad propia de los procesos o por el nivel de precisión
al que se trabaja, existen muchos procesos que mediante el uso de cartografía
clásica y sin el apoyo de medios informatizados no pueden realizarse. El SIG abre
un campo de actuación en el que la práctica totalidad de ideas y formulaciones
de análisis pueden plasmarse y aplicarse con carácter práctico.
1.5.3. Visualización
Cualquier tipo de información puede ser representada de forma gráfica, lo cual
habitualmente facilita la interpretación de dicha información o parte de esta. Gran
parte de las características de la información (por ejemplo, la presencia de patrones
sistemáticos), son más fáciles de estudiar cuando se apoyan sobre algún elemento
visual, pues este añade un nuevo punto de vista.
En el caso particular de la información geográfica, la visualización no solo es una
20 Sistemas de Información Geográfica
forma más de trabajar con esa información, sino que resulta la forma principal, no ya
por ser la que en general hace más fácil e intuitivo el tratamiento de esa información,
sino porque es aquella a la que estamos más acostumbrados. La información geo-
gráfica tiene una inherente naturaleza visual, ya que el espacio en sí es entendido de
forma gráfica por el ser humano. Junto a esto, no debemos olvidar que la información
geográfica se ha almacenado de forma tradicional de modo también visual, a través
de mapas. Un mapa es en sí una representación visual de la información geográfica.
Al contrario que un mapa, que de por sí es de naturaleza gráfica, en un SIG
trabajamos con datos de tipo puramente numérico, ya que es así como el ordenador
puede manejarlos, y la información geográfica debe almacenarse de este modo,
como veremos con detalle en el capítulo 5. Para poder presentar una utilidad
similar a la de un mapa en lo que a la presentación de la información respecta, un
SIG debe incluir capacidades que generen representaciones visuales a partir de esos
datos numéricos, aprovechando en la medida de lo posible las propias capacidades
del medio informático en que se trabaja para hacer estas representaciones más
potentes como transmisoras de información.
Es deseable igualmente que el SIG sea capaz de generar cartografía clásica, y
que incorpore métodos para el diseño cartográfico y la creación de mapas impresos,
pues estos no pierden su vigencia pese a la existencia de los SIG.
La visualización de la información geográfica se rige por los mismos conceptos y
principios que se emplean para la confección de cartografía impresa, y estos deben
ser conocidos por el usuario de SIG, ya que una de las tareas de este es el diseño
cartográfico y las preparación de los elementos de visualización para poder realizar
su trabajo sobre las representaciones creadas. A los conceptos tradicionales hay que
sumar algunas ideas nuevas, ya que un SIG es capaz de generar representaciones más
avanzadas (por ejemplo, representaciones tridimensionales). A esto hay que sumar
la presencia de un elemento característico y de gran importancia como es la elevada
interactividad que toda representación gráfica lleva asociada dentro de un SIG, y que
constituye una gran diferencia frente al carácter estático de la cartografía clásica.
Por todo ello, la visualización debe considerarse como un componente fun-
damental del sistema SIG en su concepción actual, y particularmente uno con
especial interés desde el punto de vista del usuario directo de tecnologías SIG.
1.5.4. Tecnología
Incluimos en este elemento tanto el hardware sobre el que se ejecutan las apli-
caciones SIG, como dichas aplicaciones, es decir el software SIG. Ambos forman un
binomio tecnológico en el que encontramos diversas alternativas, y que se enriquece
diariamente con la rápida evolución del mercado tecnológico.
En lo que a hardware respecta, es el elemento físico del sistema SIG, y conforma
la plataforma sobre la que tiene lugar el trabajo con un SIG. La utilización de
un SIG hoy en día se puede llevar a cabo en ordenadores personales o estaciones
Introducción. ¿Qué es un SIG? 21
de trabajo, y ya sea de forma individual o en una arquitectura cliente–servidor
más compleja. Estas últimas han cobrado importancia muy rápidamente en los
últimos tiempos, especialmente en lo que al acceso a datos se refiere. Veremos más
adelante como esto también ha tenido influencia en otros componentes del sistema
SIG, principalmente en el factor organizativo.
Además de la propia plataforma, el hardware incluye una serie de periféricos
para tareas más concretas. De uso habitual en el trabajo con SIG son los periféricos
para entrada de datos geográficos y la creación de cartografía. Las tabletas digita-
lizadoras son la forma más habitual dentro del primer grupo (las veremos con más
detalle en el apartado 6.5.1), mientras que plotters e impresoras son empleados
para la creación cartográfica, requiriéndose generalmente un mayor formato que
para otros usos.
Más recientemente, la aparición de Sistemas de Navegación Global como el
GPS (que pueden a su vez considerarse como otro tipo de periféricos) ha creado
una parcela tecnológica con gran relación con los SIG, convirtiendo a estos en
herramientas ideales para la gestión de los datos de dichos sistemas. Incluso, la
combinación de SIG y GPS sobre un único elemento de hardware ha dado lugar a
herramientas como los navegadores GPS, que han supuesto un hito no solo desde
el punto de vista técnico, sino también desde un enfoque social, pues acercan las
tecnologías SIG a usuarios no expertos.
Por su parte, el software es el encargado de operar y manipular los datos. El
software SIG también ha sufrido una gran evolución, y bajo el paraguas de esa
denominación encontramos desde las aplicaciones clásicas que permiten visualizar,
gestionar y analizar los datos geográficos, hasta herramientas más especializadas
que se centran en alguno de estos campos, o bien componentes que pueden incluso
pasar a formar parte de otras aplicaciones fuera del ámbito SIG, pero que puntual-
mente requieren algunas de sus funcionalidades, especialmente las relacionadas
con la visualización de cartografía digital.
1.5.5. Factor organizativo
El sistema SIG requiere una organización y una correcta coordinación entre
sus distintos elementos. El factor organizativo ha ido progresivamente ganando
importancia dentro del entorno SIG, a medida que la evolución de estos ha ido
produciendo un sistema más complejo y un mayor número de intrarelaciones e
interrelaciones entre los distintos componentes que lo forman.
Especialmente importante es la relación entre las personas que forman parte
del sistema SIG, así como la relación de todos los elementos con los datos, sobre los
cuales actúan de un modo u otro. Ello ha propiciado la aparición de, entre otros,
elementos que pretenden estandarizar los datos y gestionar estos adecuadamente.
Cuando los SIG se encontraban en sus etapas de desarrollo iniciales y eran meras
herramientas para visualizar datos y realizar análisis sobre ellos, cada usuario tenia
22 Sistemas de Información Geográfica
sus propios datos con los cuales trabajaba de forma independiente del resto de
usuarios, incluso si estos llevaban a cabo su trabajo sobre una misma área geográfica
y estudiando las mismas variables. Hoy en día, la información no se concibe como
un elemento privado de cada usuario, sino como un activo que ha de gestionarse,
y del que deriva toda una disciplina completa.La aplicación de esta disciplina
es la base de algunos de los avances más importantes en la actualidad, teniendo
implicaciones no ya solo técnicas sino también sociales en el ámbito de los SIG.
Asimismo, las necesidad de gestión de los datos y la propia complejidad de
un SIG, provocan ambas que no exista un perfil único de persona involucrada en
el sistema SIG, sino varias en función de la actividad que desarrollen. Al usuario
clásico de SIG se unen las personas responsables de gestionar las bases de datos, las
encargadas de diseñar la arquitectura de un SIG cuando este se establece para un
uso conjunto por parte de toda una organización o grupo de mayor entidad. Dentro
de las personas que participan en un SIG, el usuario directo es el eslabón último de
una cadena que incluye igualmente a otros profesionales con roles bien distintos.
Incluso atendiendo únicamente a los usuarios, también entre estos existen
diferentes perfiles, y las comunidades de usuarios no expertos juegan en la actua-
lidad un importante papel en el mundo del SIG. Esta situación, a su vez, requiere
elementos organizativos importantes. Con la popularización y bajo coste de las
unidades GPS y la aparición de la denominada Web 2.0, el SIG ha llegado a
usuarios no especializados, los cuales utilizan estas herramientas para la creación
y uso de su propia cartografía, dentro de lo que se conoce como VGI (Volunteered
Geographic Information 5 ) [10]. El término Neogeografía, de reciente creación, hace
referencia a este uso de los SIG y otras herramientas asociadas por parte de grupos
de usuarios no especializados.
En definitiva, resulta necesario gestionar correctamente la complejidad del
sistema SIG, y esta gestión se ha convertido ya en un elemento fundamental dentro
del entorno SIG actual, por lo que debe ser estudiada igualmente.
1.6. Resumen
En este capítulo hemos presentado los SIG como herramienta para el manejo
general de información geográfica, fundamental para trabajar hoy en día con todo
tipo de información georreferenciada. Un SIG es un sistema compuesto por cinco
piezas fundamentales: datos, tecnología, análisis, visualización y factor organiza-
tivo. Cada una de ellas cumple un papel determinado dentro del sistema SIG, el
cual se caracteriza fundamentalmente por su naturaleza integradora.
Existen otras herramientas y tecnologías que pueden en principio asemejarse
a los SIG, pero que realmente no comparten con estos su capacidad de integrar
5
Información geográfica creada voluntariamente
bajo un marco común una serie completa de elementos y disciplinas, siendo esta
la verdadera propiedad que define a los SIG.
Todo el conjunto de conocimientos sobre los cuales se asientan los SIG confor-
man la denominada Ciencia de la Información Geográfica. Bajo esta denominación
se recogen todos los temas a tratar en esta obra.
24 Sistemas de Información Geográfica
Capítulo 2
Historia de los SIG
Antes de comenzar a estudiar en profundidad los Sistemas de Información Geográfica
y sus elementos constituyentes, así como la ciencia que definen, es conveniente ver cómo
se ha llegado hasta la situación actual a partir de los esfuerzos llevados a cabo en diversas
direcciones. Estudiar la evolución y desarrollo de los SIG es ciertamente importante, en
la medida en que nos encontramos ante una disciplina compleja que se nutre de muchas
fuentes distintas. En este capítulo recorreremos el camino desde los primeros programas
que establecieron las bases para el concepto de SIG, hasta llegar a la concepción moderna
de este. De esta manera, será más sencillo entender más adelante el porqué de cada una
de las partes de un SIG, su funcionalidad y su razón de ser.
2.1. Introducción
El desarrollo sufrido por los SIG desde sus orígenes hasta nuestros días es
enorme. La popularización de las tecnologías y los esfuerzos de desarrollo llevados
a cabo por un amplio abanico de ciencias beneficiarias de los SIG, todos han
contribuido a redefinir la disciplina e incorporar elementos impensables entonces.
No obstante, los componentes principales que identifican el núcleo principal de un
SIG se mantienen a lo largo de todo ese desarrollo, y es su aparición la que define
el momento inicial en el que podemos situar el origen de los SIG.
Este momento surge al inicio de la década de los sesenta como resultado de unos
factores que convergen para dar lugar al desarrollo de los primeros SIG. Estos fac-
tores son principalmente dos: la necesidad creciente de información geográfica y de
una gestión y uso óptimo de la misma, y la aparición de los primeros computadores.
Estos mismos factores son los que desde entonces han seguido impulsando
el avance de los SIG, ya que el interés en el estudio y conservación del medio se
incrementa paulatinamente también hoy en día, y ello crea una situación ideal para
la evolución de las técnicas y herramientas empleadas, muy particularmente los SIG.
2.2. Los orígenes
Las bases para la futura aparición de los SIG las encontramos algunos años an-
tes de esa década de los sesenta, con el desarrollo de nuevos enfoques en cartografía
que parecen predecir las necesidades futuras que un manejo informatizado de esta
26 Sistemas de Información Geográfica
traerá. Los trabajos desarrollados por John K.Wright en la Sociedad Geográfica
Americana, en especial la publicación de su obra Elements of Cartography en 1953,
son particularmente importantes. Obras como esta van ampliando el campo de la
geografía cuantitativa hasta que este alcanza un nivel donde puede plantearse, una
vez que la informática alcanza una cierta madurez, la unión de ambas disciplinas.
La primera experiencia relevante en esta dirección la encontramos en 1959,
cuando Waldo Tobler define los principios de un sistema denominado MIMO (map
in–map out) con la finalidad de aplicar los ordenadores al campo de la cartografía.
En él, establece los principios básicos para la creación de datos geográficos, su
codificación, análisis y representación dentro de un sistema informatizado. Estos
son los elementos principales del software que integra un SIG, y que habrán de
aparecer en todas las aplicaciones desarrolladas desde ese momento.
El primer Sistema de Información Geográfica formalmente desarrollado aparece
en Canadá, al auspicio del Departamento Federal de Energía y Recursos. Este
sistema, denominado CGIS (Canadian Geographical Information Systems), fue
desarrollado a principios de los 60 por Roger Tomlinson, quien dio forma a una
herramienta que tenía por objeto el manejo de los datos del inventario geográfico
canadiense y su análisis para la gestión del territorio rural. El desarrollo de Tom-
linson es pionero en este campo, y se considera oficialmente como el nacimiento
del SIG. Es en este momento cuando se acuña el término, y Tomlinson es conocido
popularmente desde entonces como «el padre del SIG».
La aparición de estos programas no solo implica la creación de una herramienta
nueva, sino también el desarrollo de técnicas nuevas que hasta entonces no habían
sido necesarias. La más importante de ellas es la codificación y almacenamiento de
la información geográfica, un problema en absoluto trivial que entonces era clave
para lograr una usabilidad adecuada del software. El trabajo de Guy Morton con
el desarrollo de su Matriz de Morton 1 juega un papel primordial[11], superando
las deficiencias de los equipos de entonces, tales como la carencia de unidades de
almacenamiento con capacidad de acceso aleatorio, que dificultaban notablemente
el manejo y análisis de las bases de datos.
Simultáneamente a los trabajos canadienses, se producen desarrollos en Es-
tados Unidos, en el seno del Harvard Laboratory, y en el Reino Unido dentro
de la Experimental Cartography Unit. Ambos centros se erigen también como
principales desarrolladores de software para la producción, manejo y análisis de
información geográfica durante aquellos años.
En el Harvard Laboratory, ve la luz en 1964 SYMAP, un aplicación que permitía
la entrada de información en forma de puntos, líneas y áreas, lo cual se corresponde
a grandes rasgos con el enfoque que conocemos hoy en día como vectorial. En la
imagen 2.1 puede verse que los resultados cartográficos de este software son aún de
poca calidad. No obstante, el interés que despertaron las novedosas capacidades
1
Veremos con algo más de detalle este concepto en el capítulo 5
Historia de los SIG 27
del programa para la generación de cartografía impulsó el desarrollo posterior y
la evolución hacia sistemas más avanzados.
En 1969, utilizando elementos de una versión anterior de SYMAP, David
Sinton, también en el Harvard Laboratory, desarrolla GRID, un programa en el
que la información es almacenada en forma de cuadrículas. Hasta ese momento,
la estructura de cuadrículas regulares era solo utilizada para las salidas de los
programas, pero no para la entrada y almacenamiento de datos. Son los inicios
de los Sistemas de Información Geográfica ráster 2 .
Figura 2.1: Aspecto de un mapa generado con SYMAP
SYMAP evoluciona y nuevos programas aparecen, tales como SYMVU (Figura
2.2), con capacidad de representación tridimensional, o CALFORM, con nuevas ca-
pacidades de representación y de generación de resultados impresos. GRID da lugar
a IMGRID (Interactive Manipulation GRID), que sentará la base para el trabajo
de Dana Tomlin con su paquete MAP, el cual incluye todos los elementos que hoy
en día son imprescindibles para el análisis ráster (y que veremos en el capítulo 14)
Si la década de los sesenta es la de los pioneros y las primeras implementaciones,
la de los setenta es la de la investigación y el desarrollo. A partir de los SIG
primitivos se va dando forma a un área de conocimiento sin duda con gran futuro,
y se elabora una base sólida de conocimiento y de herramientas aptas para un uso
más genérico. Sin haber entrado aún en la época del uso masivo y generalizado, los
primeros paquetes comienzan a distribuirse y pasan a incorporarse a la comunidad
cartográfica, lejos ya de ser el producto de unos pocos pioneros.
A partir de este punto, el campo de los SIG recorre sucesivas etapas hasta
nuestros días (Figura 2.3), evolucionando muy rápidamente ante la influencia
2
los conceptos de SIG ráster y vectorial se tratan extensamente en el capítulo 5. No te preocupes
si ahora no comprendes completamente qué representa cada uno de ellos y qué los diferencia.
28 Sistemas de Información Geográfica
Figura 2.2: Representación tridimensional creada con SYMVU
de numerosos factores externos. Desde este punto, vamos a estudiar cómo esos
factores han ido a su vez evolucionando y cómo su influencia ha condicionado el
rumbo seguido por los SIG. Distinguiremos los siguientes elementos:
ó95.ddddddddddddddddddó96.ddddddddddddddddddó97.ddddddddddddddddddó98.ddddddddddddddddddó99.ddddddddddddddddddv...
Mainframes PCs PDAs TeludMóviles
Tecnología
Internet Tabletas
SatelitedTIROSdI SPOT SRTM
Datos
GPS IDEs
ElementsdofdCartography
CAD DesigndwithdNature WebdMapping
Técnicas
Tratamientoddedimagenes
Geoestadistica
Erdasd4..
CGIS GRID GRASS
SIG
MIMO SYMAP ESRI ArcInfo
Figura 2.3: Esquema temporal de la evolución de los SIG.
La evolución del SIG como disciplina. Cómo ha cambiado la presencia social
de los SIG y su relación con otras disciplinas científicas, tanto influenciándolas
como siendo influenciado por ellas.
La evolución de la tecnología. Cómo ha variado el software SIG, así como
Historia de los SIG 29
los ordenadores, periféricos y elementos informáticos de los que depende
para su funcionamiento.
La evolución de los datos. Cómo ha cambiado la generación de datos, su alma-
cenamiento, y cómo esto ha condicionado el desarrollo de nuevas soluciones
para su manejo.
La evolución de las técnicas y formulaciones. Desde los elementos básicos
de la cartografía cuantitativa, cómo se han desarrollado nuevos conceptos,
enfoques, teorías o ramas de conocimiento de nueva aparición, que han
dejado su huella en la evolución de los SIG.
2.3. La evolución de los SIG como disciplina
Como hemos visto, los SIG eran en origen una mera combinación de elementos
de cartografía cuantitativa, enlazados con los sistemas informáticos de la época.
Se trataba de un territorio propio de cartógrafos y geógrafos que intentaban
adaptar sus conocimientos y necesidades a las tecnologías que por aquel entonces
comenzaban a surgir. No obstante, desde aquellos orígenes los cambios han sido
muy grandes, y se han incorporado al ámbito de los SIG un gran número de otras
disciplinas cuya aportación e influencia puede ser equivalente o incluso superior
a la de la cartografía o la geografía.
La utilización del término «geográfico» para denominar a estos sistemas de
manejo de información ha hecho que tradicionalmente, y a falta de una parcela de
conocimiento propia bien delimitada, haya recaído en la geografía la tarea docente e
investigadora relacionada con los SIG. No obstante, y dada la multidisciplinaridad
del ámbito y su uso por grupos muy distintos hoy en día, no es necesariamente
este el mejor enfoque [12]. En general, el conjunto de ciencias del medio y ciencias
sociales han sabido todas ellas hacer uso de los SIG y aportar a estos los elementos
propios de su ámbito.
Si bien los orígenes del SIG están íntimamente ligados a la gestión forestal o
la planificación urbanística, son muchas otras las disciplinas que han jugado un
papel importante. Un elemento sin duda clave es la sensibilización medioambiental,
que obliga a un estudio del medio mucho más detallado. Coincidiendo con la
etapa inicial del desarrollo de los SIG, empieza a aparecer una preocupación por
el entorno que tiene consecuencias muy favorables para el desarrollo de todas las
ciencias relacionadas, la gran mayoría de las cuales son o serán usuarias directas
de SIG. El SIG comienza a integrarse paulatinamente en las tareas de gestión del
medio, como un apoyo imprescindible a la hora de analizar este.
Al principio de la década de los setenta, siendo ya claro que los SIG son herra-
mientas con gran futuro, aparecen no solo los esfuerzos de desarrollo y estabilización
de la disciplina, sino todos los restantes que dan entidad propia a la prometedora
ciencia de la información geográfica con base informática.
30 Sistemas de Información Geográfica
Así, a finales de septiembre de 1970, apenas media década después de que
el CGIS fuera desarrollado, tiene lugar en Ottawa, Canada, el primer Simposio
Internacional de Sistemas de Información Geográfica. La celebración de eventos
similares será ya una actividad en constante aumento desde entonces.
Paralelamente, el SIG pasa a formar parte de los curricula universitarios y a
constituirse en una disciplina bien diferenciada, al tiempo que el mercado editorial
comienza a prestar atención a los SIG y aparecen obras clásicas que engloban
toda la base conceptual de las herramientas modernas. Poco después, se crean las
principales revistas especializadas que recogen los avances y tendencias de una
ciencia en muy rápido desarrollo.
En 1987 se empieza a publicar el International Journal Of Geographical Infor-
mation Systems. Un año más tarde se funda en la Universidad Estatal de Nueva
York, en Buffalo, la primera lista de distribución en Internet dedicada a los SIG,
y arranca la publicación mensual GIS World.
Los productos del Harvard Laboratory se habían vendido a precios módicos
a otros investigadores para financiar su propio desarrollo, pero sin gran afán
comercial. La incorporación de los SIG al mercado y la aparición de una industria
basada en ellos aparece poco después del inicio de estos, al final de los años sesenta.
En 1969, Jack Dangermond, un integrante del propio Harvard Laboratory, funda
junto a su esposa la empresa Environmental Systems Research Institute (ESRI),
pionera y líder del sector hasta el día de hoy. La popularización de los SIG y su
conversión en un elemento de consumo es debida también en gran medida a la
labor de ESRI dentro del mercado y a su línea original de productos.
Esta popularización de la herramienta, acompañada de la disponibilidad cre-
ciente de ordenadores personales, hace que los SIG pasen de ser elementos al
alcance de unos pocos a estar disponibles para todos los investigadores en una gran
variedad de ámbitos. La multidisciplinaridad de los SIG como útiles de trabajo para
todas las ciencias del medio se ve reforzada a partir de este momento con continuas
aportaciones por parte de estas y la aceptación del SIG como un elemento más
dentro de innumerables campos de trabajo.
Surgen nuevas empresas en el mercado, y en 1985 aparece el primer SIG libre,
GRASS (Geographic Resources Analysis Support System), siendo aún en la ac-
tualidad el referente dentro de su área. También en la década de los 80, comienzan
a perder sentido los primeros desarrollos con los que comenzó el SIG, y programas
tales como CGIS no se encuentran ya en condiciones de competir en el mercado,
que se desarrolla muy rápidamente y va creando soluciones adaptables.
En este sentido, es reseñable el hecho de que los SIG dejan de ser sistemas
completos y pasan a ser plataformas adaptables sobre las que construir soluciones
particulares. Los SIG se convierten en herramientas base para todo ese gran
conjunto de disciplinas beneficiarias, cada una de las cuales adapta y particulariza
estos a la medida de sus necesidades.
Con el paso del tiempo, los SIG van confluyendo y los diversos enfoques se
Historia de los SIG 31
unen para constituir una base útil sobre la que construir nuevos desarrollos. Los
SIG ráster incluyen cada vez más elementos vectoriales, los SIG vectoriales cada
vez más elementos ráster, y en ambos se van implementando formulaciones que
trabajan con ambos formatos de almacenamiento y los combinan. De forma similar,
los procesos para análisis de imágenes van ganando su espacio dentro de los SIG
generales, aunque no dejan de existir aplicaciones específicas en este terreno.
Por último, respecto a su presencia social, en nuestros días los SIG han pasado
de elementos restringidos para un uso profesional a ser elementos de consumo y
estar presentes en nuestra vida diaria. Un ejemplo de ello es la aparición de servicios
como Google Maps[13] y la multitud de aplicaciones con interfaces Web basadas en
él que permiten acceder a información geográfica de toda clase. De la mano también
de Google, Google Earth[14] es otra aplicación popular que no está restringida al
uso profesional. Estas aplicaciones acercan los SIG a usuarios no especializados,
dándoles la posibilidad de utilizarlos y aprovechar parte de sus capacidades.
La popularización de los navegadores GPS, que incorporan tanto elementos
de representación como de análisis propios de los SIG, son otro buen ejemplo.
2.4. La evolución de la tecnología
La tecnología sobre la que se basan los SIG es clave para entender todo lo
relacionado con ellos, especialmente su evolución a lo largo del tiempo. Desde los
primeros SIG muy lejos del alcance de un usuario medio, hasta las aplicaciones
de escritorio o los elementos derivados de los SIG que son de uso habitual hoy en
día, se ha producido un cambio enorme que, como cabe esperar, es paralelo al que
la propia tecnología ha sufrido.
Tres son los bloques principales del desarrollo informático con una influencia
más marcada en el campo de los Sistemas de Información Geográfica [15]:
Salidas gráficas. Sin las capacidades de representación gráficas de hoy
en día, puede parecernos imposible el uso de un SIG, ya que, aunque los
procesos de análisis son una parte imprescindible y definitoria del mismo
y pueden llevarse a cabo sin necesidad de visualización, esta visualización
es una herramienta fundamental de un SIG. No obstante, tanto los prime-
ros ordenadores como las primeras impresoras dedicadas a la impresión de
mapas carecían de dichas capacidades. Como puede verse en la figura 2.1,
las representaciones en esos tiempos se basaban en el uso de caracteres y no
en gráficos puramente dichos.
La evolución de las capacidades gráficas, intensa desde esos inicios hasta
nuestros días y aún muy activa, ha sido seguida de cerca por los SIG, que
progresivamente van incorporando mejoras tanto en la representación en
pantalla como en la generación de mapas impresos.
Almacenamiento y acceso de datos. Desde el inicio, el almacenamiento
32 Sistemas de Información Geográfica
y acceso de datos ha sido un problema clave en el cual se han producido
grandes avances. Por una parte, los problemas asociados a los grandes vo-
lúmenes de información. Por otra, los relacionados con la lectura de estos,
que ha de realizarse de forma fluida pese a dicho volumen. A medida que
han ido aumentando las capacidades de almacenamiento y lectura, ha ido
aumentando paralelamente el tamaño de los datos manejados, así como los
soportes utilizados para ellos, y esta evolución paralela ha de continuar y
condicionar la forma que adopten los SIG.
Entrada de datos. Los datos geográficos utilizados en los primeros años
de los SIG eran datos en papel que se digitalizaban y almacenaban mecá-
nicamente en tarjetas perforadas en un único proceso mecánico. Hoy en día,
y aunque veremos que las fuentes de datos han sufrido por su parte una gran
evolución, sigue siendo necesaria la digitalización de una gran cantidad de
datos. Desde esos sistemas mecánicos de tarjetas hasta los modernos equipos,
la aparición de scanners de gran precisión y técnicas de digitalización au-
tomáticas, entre otros, ha cambiado completamente el ámbito de la entrada
de datos para su uso en un SIG.
Además del avance de estos factores, la evolución general de los ordenadores
afecta a todos los elementos de software que se ejecutan sobre ellos. De las grandes
computadoras se pasa a los ordenadores personales, y los programas tales como
los SIG realizan también esa transición de una a otra plataforma.
La elaboración y análisis de cartografía se convierte a finales de los años 80 en
una tarea que puede ya llevarse a cabo en equipos personales (PC) de bajo coste,
lejos de las grandes máquinas y equipos dedicados de alto coste.
En 1978, la recientemente creada empresa ERDAS adapta para el PC un
software de análisis de imágenes denominado IMGGRID, y comienza a distribuir
este junto con un hardware relativamente asequible para uso personal. El ERDAS
400 System se convierte así en el primero de su clase con esas características.
Paralelamente, ArcInfo, de la compañía ESRI, se convierte en 1981 en el pri-
mer SIG que alcanza el ámbito de los ordenadores personales. Será también un
producto de esta compañía, ArcView, el que en 1991 pase a popularizar el SIG
como herramienta de escritorio.
A mitad de los 80, ArcInfo y ERDAS comienzan a distribuirse de forma con-
junta en un producto comercial que integra el análisis vectorial con el tratamiento
de imágenes dentro del entorno de un PC.
La evolución de las plataformas no se detiene ahí. Las tendencias actuales
apuntan a llevar los SIG de forma genérica a plataformas móviles tales como
teléfonos o tabletas, especialmente indicadas para la toma de datos en campo. La
combinación de estos últimos con las tecnologías de posicionamiento global como
el GPS se demuestra altamente práctica en este aspecto.
Elementos de SIG se incluyen también en los navegadores GPS cada día más
Historia de los SIG 33
populares, confirmando la tendencia de adaptar los SIG a los dispositivos portátiles,
tanto para el análisis como para la consulta de la información geográfica.
La aparición de Internet es un hecho que ha modificado todos los aspectos de
la sociedad actual, estén relacionados o no con ámbito científico. Los SIG no son,
como cabe esperar, una excepción a esto, e Internet ha jugado un papel decisivo
en redefinir el concepto de SIG que hoy conocemos.
El nacimiento de la World Wide Web (WWW) puede establecerse a finales
de 1989, pero no será hasta 1993 cuando empiece a utilizarse directamente para
actividades relacionadas con los SIG o la distribución de cartografía. En esta
fecha aparece Xerox PARC , el primer servidor de mapas. Mapserver, uno de los
principales servidores de cartografía en la actualidad, aparece a mediados de 1997.
El primer atlas digital en linea es el Atlas Nacional de Canadá, que se encuentra
disponible desde 1994. Otros como MultiMap o MapQuest, que alcanzan gran
popularidad, aparecen en 1996 y establecen la línea a seguir por otros servicios
de Internet relacionados con la información geográfica.
En 2005 aparece Google Maps[13], que además de ofrecer servicios de carto-
grafía permite desarrollar nuevas aplicaciones sobre dichos servicios a través de
una interfaz de programación abierta y documentada. Los conceptos de la Web
2.0 se adaptan así al ámbito de los SIG. El número de ideas y funcionalidades ba-
sados en Google Maps crece exponencialmente desde prácticamente su nacimiento,
extendiendo la tecnología SIG a campos casi insospechados y muy distintos de
los que originalmente constituían el ámbito de uso de los SIG.
2.5. La evolución de los datos
Los datos son el elemento principal del trabajo dentro de un SIG. Sin ellos, no
tiene sentido un Sistema de Información Geográfica. Esta relación entre los datos
y los elementos de software y hardware empleados en su manejo ha ejercido una
notable influencia en el desarrollo de las tecnologías SIG y, recíprocamente, estas
han definido el marco de trabajo para los avances en los tipos de datos.
En los orígenes, los primeros SIGs dieron solución al problema de la codifica-
ción de datos, e intentaron adaptar la cartografía disponible. Los primeros datos
geográficos con los que se trabajaba provenían de la digitalización de cartografía
impresa. La primeras bases de datos geográficas contenían mapas escaneados y
elementos digitalizados en base a estos.
A partir de este punto, no obstante, van apareciendo nuevas fuentes de datos
cuya estructura es más adecuada para su tratamiento informatizado, y al tiem-
po que los SIG se adaptan a estas, surge una relación bidireccional que resulta
beneficiosa para ambos.
Un avance primordial en este sentido lo constituye el lanzamiento de los pri-
meros satélites de observación terrestre. Las técnicas existentes para la toma de
34 Sistemas de Información Geográfica
fotografías aéreas, desarrolladas principalmente con fines militares durante la
Primera Guerra Mundial, pasan a ser aplicadas a escala global con la aparición
de satélites destinados a estos efectos.
El 1960, el primer satélite de observación meteorológico, el TIROS I , es lanzado
al espacio. Dos años después, Rusia lanza su satélite Kosmos, y en 1974 el primer
prototipo del satélite SMS–1 es puesto en órbita.
Otros hitos importantes son los lanzamientos de los satélites LANDSAT 2 y 7
en 1975 y 1999 respectivamente, cuyos productos son ambos de uso muy extendido
(como veremos en el capítulo 6).
El 1980 se funda SPOT, la primera compañía mundial en ofrecer con carácter
comercial imágenes procedentes de satélite para toda la superficie terrestre. A este
hecho le seguiría el lanzamiento de un buen número de nuevos satélites con o sin
fines comerciales. Los productos de la teledetección pasan a constituir una fuente de
negocio, al tiempo que se incorporan como elementos básicos del análisis geográfico.
Las tecnologías de posicionamiento y localización son otra fuente de datos de
primer orden. En 1981, el sistema GPS pasa a ser plenamente operativo, y en 2000 se
amplía la precisión de este para uso civil. Este último hecho aumenta la penetración
de la tecnología, pudiendo ya ser empleado el sistema para el desarrollo de elementos
como navegadores GPS u otros productos derivados, hoy en día de uso común.
Al igual que las aplicaciones, los distintos tipos de datos geográficos digitales
se van asentando y popularizando, recibiendo progresivamente más atención y me-
dios. El Servicio Geográfico Estadounidense (USGS) publica en 1976 los primeros
Modelos Digitales de Elevaciones (MDE), en respuesta a la gran importancia que
este tipo de dato tiene dentro del nuevo contexto del análisis geográfico.
La evolución de los datos de elevación a nivel global llega a un punto histórico en
el año 2000 con la Shuttle Radar Topographic Mission (SRTM). La SRTM es un pro-
yecto conjunto dirigido entre la NASA y la National Imagery and Mapping Agency
(NIMA), cuyo objetivo es ofrecer información altitudinal de un 80% de la superficie
terrestre a una resolucion de un segundo de arco (aproximadamente, 30 metros).
La aparición de nuevas técnicas tales como el LiDAR (ver 6.4.2) abre nuevos
caminos en cuanto a la precisión que puede obtenerse en la caracterización del
terreno, posibilitando nuevos usos y análisis antes no planteados.
La evolución de los datos no es solo una evolución técnica, sino también de
carácter social y organizativo. En la denominada era de la información, el papel
de los datos es tenido cada vez más en cuenta, y los esfuerzos para coordinar
la enorme cantidad de datos espaciales y sus numerosas procedencias se hacen
cada vez más relevantes. Se empieza a entender que resulta necesario formular
estrategias adecuadas para la gestión de los datos espaciales. Estas estrategias
pasan por la creación de las denominadas Infraestructuras de Datos Espaciales
(IDE), a las cuales se dedica una capítulo completo de este libro.
El ejemplo más destacado de estas es la IDE Nacional de los Estados Unidos
(NSDI)[16], surgida a raíz de la Orden Ejecutiva 12096, que fue promulgada en 1994
Historia de los SIG 35
y tuvo una vital importancia en este ámbito. En Europa, la directiva INSPIRE[17],
con fecha 14 de marzo de 2007, pretende la creación de una infraestructura similar.
Muchos de estos desarrollos y actividades se adhieren a las especificaciones
establecidas por el Open GIS Consortium (OGC), un consorcio internacional
fundado en 1994 para homogeneizar el empleo y difusión de los datos geográficos.
2.6. La evolución de las técnicas y formulaciones
Los problemas iniciales de los pioneros del SIG eran el desarrollo de los primeros
programas — esto es, la mera implementación — y los relativos al almacenamiento
y codificación de datos, como ya vimos. Las formulaciones de estos inicios eran las
de la cartografía cuantitativa del momento, aún no muy desarrollada. Una vez que
se implementan los primeros SIG y se suplen las necesidades de análisis y gestión
de datos espaciales que motivaron su aparición, comienza el proceso de desarrollar
nuevas técnicas y planteamientos que permiten ir más allá en dicho análisis.
La cartografía cuantitativa sufre desde entonces un avance muy notable, arras-
trada por las necesidades de los SIG en su propia evolución, y muchas disciplinas
científicas desarrollan nuevas formulaciones que comienzan a tener como base los
Sistemas de Información Geográfica. Algunas de ellas resultan especialmente rele-
vantes y pasan a formar parte del conjunto habitual de herramientas y elementos
de un SIG genérico.
Como indica [18] la mayoría de los avances de cierta importancia dentro del
mundo de los SIG han venido motivadas por las necesidad de una utilización
concreta o por la tecnología en sí, y pocas veces por el desarrollo puro de una
teoría. No obstante, e independientemente de las razones que lo motiven, los SIG
han servido como contexto ideal para dar cuerpo a estas teorías, y su historia debe
considerarse de forma pareja.
Antes de que aparecieran los primeros SIG, los trabajos de algunos pioneros
establecen bases que más tarde serán de gran importancia para otros avances.
Junto con el ya citado Elements of Cartography de John K.Wright, los trabajos
de Ian McHarg anticipan una forma de operar con los datos geográficos que más
adelante va a convertirse en una constante del trabajo con estos dentro de un SIG.
En su libro Design with Nature (1969), McHarg define los elementos básicos de la
superposición y combinación de mapas, que, como veremos más adelante, son los
que se aplican tanto en el análisis como en la visualización de las distintas capas
de datos geográficos en un SIG.
Aplicaciones de esta índole, en las cuales se combinan diversos mapas temáticos,
ya se habían llevado a cabo con anterioridad. McHarg, sin embargo, es el encargado
de generalizarlas como metodologías de estudio y análisis geográfico, asentando
así los fundamentos que luego se introducirán dentro de los SIG.
El trabajo de McHarg tiene, además, un fuerte componente medioambiental,
36 Sistemas de Información Geográfica
elemento que, como ya se ha dicho, es una de las razones que impulsan al desarrollo
de los SIG como herramientas para una mejor gestión del medio.
Antes de McHarg, ya se habían empezado a realizar análisis cartográficos,
arrancando la línea que llega hasta los procedimientos que actualmente empleamos
en un SIG. Más de cien años antes, John Snow (1813–1858) realizó la que puede
considerarse como una de las primeras experiencias cartográficas analíticas, al
utilizar mapas de puntos para efectuar sus deducciones y localizar en Inglaterra
la fuente de un brote de cólera.
Junto con la componente analítica, otros elementos de la práctica cartográfica
evolucionan similarmente. En 1819, Pierre Charles Dupin crea el primer mapa
de coropletas para mostrar la distribución del analfabetismo en Francia, dando
un gran salto cualitativo en el diseño cartográfico, particularmente en un tipo de
mapas de muy habitual creación dentro de un SIG.
Una vez que los SIG ya han hecho su aparición, entre los elementos que más
han impulsado el desarrollo de estos cabe destacar el gran avance en el estudio del
relieve, de notable importancia por ser un elemento base para muchos otros análisis
en un amplio abanico de ciencias afines. La orografía clásica, con un enfoque
tradicionalmente sustentado en la geología y el análisis geomorfológico, va dando
lugar a una ciencia cada vez más cuantitativa centrada en el análisis morfométrico
del relieve. Trabajos como los de [19] sientan las bases para este tipo de análisis,
que necesitan de un SIG para ser aplicados de forma efectiva.
De igual modo sucede con la geoestadística, una rama de la estadística que
aparece de la mano del francés Georges Matheron a principio de los años sesenta.
Las formulaciones geoestadísticas, hoy parte característica de los SIG, son desarro-
lladas en esa época desde el punto de vista teórico, aunque no son aplicables para un
uso real si no es con el uso de ordenadores, y pierden gran parte de su valor práctico
si no se realiza esta tarea con el concurso de Sistemas de Información Geográfica.
En general, el desarrollo de la estadística encaminado a la adaptación de teorías
y metodologías al ámbito espacial ha tenido un fuerte crecimiento en las últimas
décadas, un hecho muy ligado a la aparición y evolución de los SIG. Uno de los hitos
de este proceso es el desarrollo de [20], que extiende los modelos autoregresivos, de
importancia clave para el análisis de la variación de series temporales, a los datos
espaciales [21].
El desarrollo de otras ramas de conocimiento ha sido igualmente clave para
el enriquecimiento de la ciencia del análisis geográfico. Muchas de ellas, por de-
pender también en gran medida de la componente informática, ha evolucionado
paralelamente a los SIG, pues el desarrollo de las tecnologías ha jugado un papel
similar en ellas.
Otro hecho importante es la aparición de los primeros programa de diseño
asistido por ordenador (CAD) , que coincide con la de los SIG, allá por el final de los
años sesenta. Originalmente pensados para el diseño industrial, pronto pasan a ser
utilizados para el diseño arquitectónico y la delineación de elementos geográficos,
y sus conceptos son incorporados paulatinamente a los SIG. Hoy en día, y cada
vez con más frecuencia, los SIG incorporan capacidades similares a los sistemas
CAD, que permiten tanto la digitalización de cartografía con las herramientas
propias del CAD como la creación de nuevos elementos geográficos. Asimismo, los
formatos habituales de las aplicaciones CAD son soportados por gran número de
SIG, existiendo una cierta interoperabilidad, no obstante muy mejorable. Firmas
como Autodesk tienen presencia en el mercado tanto del SIG como del CAD,
compaginando ambas y compartiendo parcialmente soluciones y elementos.
El avance en el desarrollo de las aplicaciones CAD, y en general de las representa-
ciones gráficas por ordenador, impulsó igualmente la aparición y evolución posterior
de una nueva disciplina: la geometría computacional. Esta denominación se emplea
por primera vez en 1975 [22], siendo hoy el nombre de una rama de la ciencia consoli-
dada y en constante avance. Los algoritmos que componen la geometría computacio-
nal son la base sobre la que se fundamenta el análisis vectorial dentro de un SIG.
2.7. Resumen
A principios de los años sesenta, el creciente interés por la información geográfi-
ca y el estudio del medio, así como el nacimiento de la era informática, propiciaron
la aparición de los primeros SIG.
Desde ese punto hasta nuestros días, los SIG han ido definiéndose en base a
la evolución de la informática, la aparición de nuevas fuentes de datos susceptibles
de ser utilizadas en el análisis geográfico — muy especialmente las derivadas de
satélites —, y del desarrollo de disciplinas relacionadas que han contribuido a
impulsar el desarrollo propio de los SIG.
Siendo en su origen aplicaciones muy específicas, en nuestros días los SIG son
aplicaciones genéricas formadas por diversos elementos, cuya tendencia actual es
a la convergencia en productos más versátiles y amplios.
38 Sistemas de Información Geográfica
Capítulo 3
Fundamentos cartográficos y geodésicos
Trabajar con información georreferenciada requiere conocer una serie de conceptos pre-
vios necesarios para poder realizar correctamente todo tipo de operaciones. Estos conceptos
no son exclusivos del ámbito de los SIG, sino que derivan de otras disciplinas que tradicio-
nalmente han trabajado con este tipo de información, como por el ejemplo la cartografía.
Los datos georreferenciados tienen además una peculiaridad como datos espaciales,
pues son datos que se sitúan sobre la superficie de la Tierra. Por ello, es necesario tener
un conocimiento preciso de la forma de esta, para así tratar con exactitud y rigor la
información con que se trabaja en un SIG. La geodesia es la ciencia que se encarga del
estudio de la forma de la Tierra, y sus fundamentos se encuentran entre los conceptos base
de todo SIG, siendo por tanto necesario conocerlos para poder hacer uso de estos.
En este capítulo veremos algunas ideas esenciales sobre cartografía y geodesia, que
serán de aplicación constante y fundamental en el uso de cualquier SIG.
3.1. Introducción
La característica principal de la información georreferenciada es que tiene una
localización en el espacio, particularmente en el espacio terrestre. Esta localización
se ha de dar por medio de unas coordenadas que la definan de forma adecuada, lo
cual implica la necesidad de establecer un sistema en base al cual expresar dichas
coordenadas.
Si medimos un dato de temperatura necesitamos un sistema de medición
conocido, sin el cual el dato de temperatura en sí carece de valor y significado. Así, no
es lo mismo decir que una temperatura es de 25 grados Celsius o que es de 25 grados
Fahrenheit. Del mismo modo, si a esa temperatura le queremos asociar algún tipo de
información espacial (por ejemplo, el punto exacto en el que fue medida), debemos
establecer un sistema que permita dar sentido a las mediciones que realicemos,
y que posteriormente nos sirva para interpretar los valores de las coordenadas y
poder saber con exactitud dónde está el punto al que estas hacen referencia.
El establecimiento de un sistema de referencia en el que expresar la situación
de un punto dado no es en absoluto una tarea sencilla, y requiere el conocimiento
de abundantes conceptos previos que van desde ideas físicas hasta complejos desa-
rrollos matemáticos y geométricos. Los avances en este campo han sido constantes
desde la antigüedad, y esta evolución es la que ha permitido que en la actualidad
se puedan obtener resultados altamente precisos en el trabajo con información
40 Sistemas de Información Geográfica
georreferenciada. Gran parte de lo que podemos hacer en un SIG carecería de sen-
tido si no se dispusiera de metodologías bien desarrolladas para el establecimiento
de sistemas de referencia.
La geodesia es la ciencia encargada de proveer el marco teórico en el que funda-
mentar todo lo anterior, y es una disciplina compleja con diversas ramas de estudio.
Todas ellas responden al objetivo básico de estudiar la forma de la Tierra, ya que de-
bemos saber cómo es la Tierra para poder localizar puntos sobre su superficie. La de-
terminación de la forma y dimensiones de la Tierra es tarea de la denominada geode-
sia esferoidal, cuyo cometido coincide con el del concepto clásico de geodesia, esto es,
la definición de la figura terrestre. No obstante, en la actualidad encontramos otras
ramas como la geodesia física, encargada de analizar el campo gravitatorio terrestre
y sus variaciones, o la astronomía geodésica, que utiliza métodos astronómicos para
la determinación de ciertos elementos geodésicos muy importantes que veremos
más adelante. En conjunto, todas estas ramas dan forma a una serie de métodos
y conceptos que son los que van a permitir la utilización rigurosa de coordenadas.
La necesidad del estudio geodésico surge por el hecho de que la Tierra no
es plana, y cuando el territorio que pretendemos estudiar es lo suficientemente
extenso, la curvatura de la Tierra no puede ser ignorada. Este es el caso que vamos a
encontrar cuando trabajemos con un SIG, y es por ello que los SIG implementan los
elementos necesarios para poder efectuar un manejo de la información geográfica
riguroso y acorde con los conceptos de la geodesia.
Vimos en el primer capítulo de esta parte que existen otras aplicaciones que
trabajan con información georreferenciada, entre las cuales estaban los programas
de diseño asistido por ordenador (CAD). Decíamos entonces que una de las prin-
cipales limitaciones de estos era su mala disposición al trabajo con zonas extensas,
ya que han sido diseñados para operar con zonas de unas dimensiones reducidas.
Cuando un arquitecto diseña el plano de una casa con una aplicación CAD, no
necesita emplear los conceptos de la geodesia, puesto que a esa escala la forma de la
Tierra no tiene relevancia, y prescindiendo de ella puede expresar las coordenadas
de los distintos elementos (un muro, un pilar, etc.) con la suficiente precisión y
corrección como para que luego pueda construirse esa casa. Sin embargo, cuando un
usuario de SIG estudia la cuenca vertiente de un río o la distribución de población
en las comunidades autónomas de un país, o bien analiza las rutas migratorias de
un ave entre dos continentes, los conceptos de la geodesia resultan fundamentales.
En la actualidad, los SIG han hecho que la información geográfica tenga en
muchos casos carácter global y cubra grandes extensiones o incluso la totalidad
del planeta. Esto obliga más que nunca a hacer hincapié en los fundamentos
geodésicos que resultan básicos para que toda esa información pueda manejarse
correctamente, siendo de interés para cualquier usuario de SIG, con independencia
de su escala de trabajo.
Otro aspecto básico a la hora de trabajar en un SIG son las denominadas
proyecciones cartográficas. Estas permiten transformar las coordenadas sobre la
Fundamentos cartográficos y geodésicos 41
superficie curva de la Tierra en coordenadas sobre una superficie plana. Esto es
necesario para poder representarlas en un soporte plano tal como puede ser un mapa
o la pantalla del ordenador, así como para poder analizarlas de forma más simple.
Con los elementos de la geodesia y las proyecciones cartográficas ya podemos
elaborar cartografía y estamos en condiciones de trabajar con la información
georreferenciada. No obstante, existen ciertos conceptos relativos a esa cartografía
que resultan de suma importancia y deben conocerse antes de abordar esas tareas.
El más importante de ellos es la escala, es decir, la relación entre el tamaño real
de aquello que representamos y su tamaño en la representación, la cual constituye
un factor básico de toda información cartográfica.
La escala condiciona a su vez la aparición de otra serie de ideas y de procesos
asociados, como por ejemplo la generalización cartográfica. Esta engloba los procedi-
mientos que permiten que a cada escala se represente la información de la forma más
adecuada posible, maximizando el valor de dichas representaciones. Aunque tanto
la escala como la generalización cartográfica son conceptos muy vinculados a las pro-
pias representaciones visuales de la información geográfica, y este libro contiene una
parte dedicada específicamente a la visualización, se trata de conceptos cartográfi-
cos fundamentales y por ello se incluyen en este capítulo, ya que resultan necesarios
incluso si se trabaja con datos georreferenciados sin visualización alguna de estos.
3.2. Conceptos geodésicos básicos
A la hora de definir la forma y dimensiones de la Tierra, la geodesia plantea
modelos que puedan recoger la complejidad natural de la superficie terrestre y
expresarla de una forma más simple y fácil de manejar.
Con estos modelos, uno de los objetivos principales de la geodesia es establecer
un sistema de referencia y definir un conjunto de puntos (conocidos como vértices
geodésicos) cuyas coordenadas en dicho sistema sean conocidas con una precisión
elevada. Posteriormente, y en base a esos puntos, los cuales forman una red geo-
désica, se pueden calcular las coordenadas de cualquier punto en el sistema de
referencia definido.
Los vértices geodésicos se establecen por triangulación a partir de un punto
único determinado por métodos astronómicos. En función de la longitud de los
lados de los triángulos empleados en dicha triangulación, tenemos redes de mayor
o menor precisión.
Veamos ahora cómo establecer los elementos necesarios para establecer ese
sistema de referencia base y definir esos modelos de partida citados. A la hora
de buscar un modelo al que asimilar la forma de la Tierra, existen dos conceptos
básicos: el elipsoide de referencia y el geoide.
42 Sistemas de Información Geográfica
3.2.1. Elipsoide de referencia y geoide
El intento más básico de establecer un modelo de la forma de la Tierra es asimilar
esta a una figura geométrica simple, la cual pueda expresarse mediante una ecuación
matemática. Además de ser más sencilla de manejar, disponer de esta ecuación ma-
temática permite la aplicación de conceptos geométricos, estableciendo así una base
práctica para el trabajo con coordenadas y la definición de sistemas de referencia.
Desde la antigüedad, se han formulado numerosas hipótesis sobre la forma que
la Tierra tenía, las cuales van desde suponer la Tierra plana a admitir la evidencia de
que esta ha de tener forma esférica (o similar) si se atiende a diversos hechos como,
por ejemplo, el movimiento circular de las estrellas o la existencia de horizonte.
En realidad, la Tierra no es una esfera perfecta, ya que su propia rotación ha
modificado esa forma y ha provocado un achatamiento en los polos. Esta hipótesis
fue ya planteada por Newton, y corroborada posteriormente con numerosas expe-
riencias. No obstante, podemos seguir tratando de asimilar la forma de la Tierra
a la de una superficie teórica, aunque no ya la de una esfera sino la de lo que se
denomina un elipsoide. Sobre un elipsoide, el radio de la Tierra ya no es constante,
sino que depende del emplazamiento.
Suponer que la Tierra es una esfera no es una aproximación tan mala como
puede parecer (las representaciones gráficas a las que estamos acostumbrados
exageran habitualmente mucho el achatamiento del planeta), aunque el elipsoide es
más preciso y necesario a la hora de elaborar cartografía de zonas no muy extensas.
A gran escala, sin embargo, y para determinadas tareas, es habitual suponer la
Tierra con una forma perfectamente esférica.
Como se muestra en la figura 3.1, un elipsoide viene definido por dos parámetros:
el semieje mayor y el semieje menor. En el caso de la Tierra estos se corresponderían
con el radio ecuatorial y el radio polar respectivamente. La relación existente entre
estas dos medidas define el grado de achatamiento del elipsoide. En particular, se
establece un factor de achatamiento según
r1 −r2
f= (3.2.1)
r1
siendo r1 el semieje mayor y r2 el semieje menor.
El elipsoide es la forma geométrica que mejor se adapta a la forma real de la
Tierra, y por tanto la que mejor permite idealizar esta, logrando un mayor ajuste.
Una vez que se dispone de una expresión teórica para la forma de la Tierra, el
siguiente paso es la determinación de los parámetros que definen esta. En el caso de
utilizar la esfera, hay que calcular su radio. En el caso de asumir el elipsoide como
forma de referencia, deben determinarse las medidas de los semiejes menor y mayor.
Debido a la evolución histórica de la idea de elipsoide de referencia, las medidas
de los semiejes que lo definen no son únicas. Es decir, no en todos lugares y en todas
las circunstancias se emplea un mismo elipsoide caracterizado por unos valores r1 y
Fundamentos cartográficos y geodésicos 43
Figura 3.1: Parámetros que definen el elipsoide
r2 idénticos. Esto es debido principalmente al hecho de que un determinado elipsoide
no se adapta de modo igualmente preciso a todas las regiones terrestres, y el elipsoide
que proporciona un mejor ajuste para un área dada (por ejemplo, un continente
o país) puede no ser el mejor en otra zona de la Tierra alejada de la primera.
A esto debe sumarse que los esfuerzos iniciales por determinar la forma de la
Tierra y los parámetros del elipsoide de referencia fueron realizados en tiempos en
los que la comunicación entre distintos puntos de la superficie terrestre no era la
misma que hoy en día. Por ejemplo, los geodestas europeos de entonces realizaban
un trabajo similar a sus colegas americanos, pero los datos con los que contaban
eran bien distintos, pues las mediciones de cada grupo eran relativas a sus zonas
de trabajo, ya que no resultaba sencillo desplazarse a otras partes del planeta a
realizar una labor similar.
De este modo, los geodestas de Europa tomaban sus datos y ajustaban a estos
sus elipsoides, mientras que los de América hacían un trabajo similar y obtenían
sus propios elipsoides. A la hora de establecer un elipsoide de referencia oficial,
en cada zona (ya sea administrativa o geográfica) se tomaba el más idóneo, que
no era el mismo en todas ellas.
Si añadimos las diferencias tecnológicas y metodológicas que también existían en
el proceso de recogida y procesado de datos, es fácil comprender que tengamos una
larga serie de elipsoides, cada uno de los cuales ha sido empleado de forma regular
en un país o grupo de países, o incluso a escala continental, pero no a nivel global.
La tabla 3.1 muestra algunos de los elipsoides de uso más extendido en diversas
partes del mundo, con sus correspondientes parámetros.
La necesidad de trabajar con un elipsoide global para todo el planeta es más
reciente, pero ya desde hace casi un siglo se hace patente que debe realizarse un
esfuerzo por homogeneizar el uso de elipsoides, de tal modo que pueda trabajarse
con una referencia internacional que facilite el uso de cartografía en las distintas
zonas del planeta. Como consecuencia de esto, surgen los primeros elipsoides
generales (en contraste con los elipsoides locales), los cuales, además de buscar un
44 Sistemas de Información Geográfica
1
Elipsoide Semieje mayor Semieje menor f
Australian National 6378160.000 6356774.719 298.250000
Bessel 1841 6377397.155 6356078.963 299.152813
Clarke 1866 6378206.400 6356583.800 294.978698
Clarke 1880 6378249.145 6356514.870 293.465000
Everest 1956 6377301.243 6356100.228 300.801700
Fischer 1968 6378150.000 6356768.337 298.300000
GRS 1980 6378137.000 6356752.314 298.257222
International 1924 (Hayford) 6378388.000 6356911.946 297.000000
SGS 85 6378136.000 6356751.302 298.257000
South American 1969 6378160.000 6356774.719 298.250000
WGS 72 6378135.000 6356750.520 298.260000
WGS 84 6378137.000 6356752.314 298.257224
Cuadro 3.1: Algunos elipsoides y sus parámetros característicos
ajuste óptimo, han de cumplir las siguientes características:
El centro de gravedad terrestre y el del elipsoide deben coincidir.
El plano ecuatorial terrestre y el del elipsoide deben coincidir.
El elipsoide WGS–84 es muy empleado en la actualidad, pues es el utilizado
por el sistema GPS (apartado 6.6).
El geoide es la otra superficie de referencia, definida como la superficie tri-
dimensional en cuyos puntos la atracción gravitatoria es constante. Se trata de
una superficie equipotencial que resulta de suponer los océanos en reposo y a un
nivel medio (el nivel es en realidad variable como consecuencia de las mareas,
corrientes y otros fenómenos) y prolongar estos por debajo de la superficie terrestre.
La particularidad del geoide reside en que en todos sus puntos la dirección de la
gravedad es perpendicular a su superficie.
El geoide no es, sin embargo, una superficie regular como el elipsoide, y presenta
protuberancias y depresiones que lo diferencian, como puede observarse en la figura
3.2. La densidad de la Tierra no es constante en todos sus puntos, y ello da lugar
a que el geoide sea una superficie irregular como consecuencia de las anomalías
gravimétricas que dichas variaciones de densidad ocasionan.
Lógicamente, el elipsoide, por su naturaleza más simple, no puede recoger toda
la variabilidad del geoide, por lo que estas dos superficies presentan diferencias,
cuyo máximo es generalmente del orden de ±100 metros. Estas diferencias se
conocen como alturas geoidales.
Al igual que en el caso de los elipsoides, existen diversos geoides de referencia,
y estos no son constantes en el tiempo sino que evolucionan para adaptarse a las
modificaciones que tienen lugar sobre la superficie terrestre.
Fundamentos cartográficos y geodésicos 45
Figura 3.2: Representación gráfica del geoide (Fuente: Misión GRACE (NASA)).
Figura 3.3: Tres superficies fundamentales: superficie real de la Tierra, geoide y elipsoide
(Adaptado de Wikipedia).
La figura 3.3 muestra una comparación esquemática entre las tres superficies:
superficie real de la Tierra, geoide y elipsoide.
3.2.2. El datum geodésico
Cuando se trabaja con un elipsoide general, este, como se ha dicho, se sitúa de
tal modo que tanto la posición de su centro de gravedad como su plano ecuatorial
coincidan con los terrestres. Por el contrario, cuando el elipsoide es local, estas
propiedades no han de cumplirse necesariamente, y el elipsoide a solas resulta
insuficiente ya que carecemos de información sobre su posicionamiento con respecto
a la superficie terrestre.
Surge así el concepto de datum, que es el conjunto formado por una superficie
de referencia (el elipsoide) y un punto en el que «enlazar» este al geoide. Este
punto se denomina punto astronómico fundamental (para su cálculo se emplean
métodos astronómicos), o simplemente punto fundamental, y en él el elipsoide es
46 Sistemas de Información Geográfica
tangente al geoide. La altura geoidal en este punto es, como cabe esperar, igual
a cero. La vertical al geoide y al elipsoide son idénticas en el punto fundamental.
Para un mismo elipsoide pueden utilizarse distintos puntos fundamentales, que
darán lugar a distintos datum y a distintas coordenadas para un mismo punto.
3.3. Sistemas de coordenadas
Disponiendo de un modelo preciso para definir la forma de la Tierra, podemos
establecer ya un sistema de codificar cada una de las posiciones sobre su superficie
y asignar a estas las correspondientes coordenadas. Puesto que la superficie de
referencia que consideramos es un elipsoide, lo más lógico es recurrir a los elementos
de la geometría esférica y utilizar estos para definir el sistema de referencia. De
ellos derivan los conceptos de latitud y longitud, empleados para establecer las
coordenadas geográficas de un punto.
No obstante, la geometría plana resulta mucho más intuitiva y práctica que
la geometría esférica para realizar ciertas tareas, y a raíz de esto surgen las pro-
yecciones cartográficas, que tratan de situar los elementos de la superficie del
elipsoide sobre una superficie plana, y que son los que se emplean para la creación
de cartografía. Al aplicar una proyección cartográfica, las coordenadas resultantes
son ya coordenadas cartesianas.
Ambas formas de expresar la posición de un punto son utilizadas en la actua-
lidad, y las veremos con detalle en esta sección.
3.3.1. Coordenadas geográficas
El sistema de coordenadas geográficas es un sistema de coordenadas esféricas
mediante el cual un punto se localiza con dos valores angulares:
la latitud φ es el ángulo entre la línea que une el centro de la esfera con un
punto de su superficie y el plano ecuatorial. Las lineas formadas por puntos
de la misma latitud se denominan paralelos y forman círculos concéntricos pa-
ralelos al ecuador. Por definición la latitud es de 0◦ en el ecuador, que divide el
globo en los hemisferios norte y sur. La latitud puede expresarse especificando
si el punto se sitúa al norte o al sur, por ejemplo 24◦ , 21’ 11” N, o bien utilizan-
do un signo, en cuyo caso los puntos al Sur del ecuador tienen signo negativo.
la longitud λ es el angulo formado entre dos de los planos que contienen
a la linea de los Polos. El primero es un plano arbitrario que se toma como
referencia y el segundo es el que, ademas de contener a la linea de los po-
los, contiene al punto en cuestión. Las líneas formadas por puntos de igual
longitud se denominan meridianos y convergen en los polos.
Como meridiano de referencia internacional se toma aquel que pasa por
el observatorio de Greenwich, en el Reino Unido. Este divide a su vez el
globo en dos hemisferios: el Este y el Oeste. La longitud puede expresarse
Fundamentos cartográficos y geodésicos 47
Latitud
Longitud
Meridianos 60º
30º
0º
Ecuador
Paralelos
Figura 3.4: Esquema de los elementos del sistema de coordenadas geográficas.
especificando si el punto se sitúa al Este o al Oeste, por ejemplo 32◦ , 12’ 43”
E, o bien utilizando un signo, en cuyo caso los puntos al Oeste del meridiano
de referencia tienen signo negativo.
En la figura 3.4 puede verse un esquema de los conceptos anteriores.
La tabla 3.2 recoge las coordenadas geográficas de algunas ciudades importan-
tes, a modo de ejemplo.
Las coordenadas geográficas resultan de gran utilidad, especialmente cuando
se trabaja con grandes regiones. No obstante, no se trata de un sistema cartesiano,
y tareas como la medición de áreas o distancias es mucho más complicada. Si bien
la distancia entre dos paralelos es prácticamente constante (es decir, un grado
de latitud equivale más o menos a una misma distancia en todos los puntos), la
distancia entre dos meridianos no lo es, y varía entre unos 11,3 kilómetros en el
Ecuador hasta los cero kilómetros en los polos, donde los meridianos convergen.
3.3.2. Proyecciones cartográficas
A pesar de su innegable utilidad y la potencia que nos brindan para la locali-
zación de cualquier punto sobre la superficie terrestre, un sistema de coordenadas
esféricas tiene inconvenientes que no pueden obviarse. Por una parte, estamos más
acostumbrados a la utilización de sistemas cartesianos en los cuales la posición
48 Sistemas de Información Geográfica
Ciudad Latitud Longitud
Badajoz 38.53 N 6.58 O
Barcelona 41.23 N 2.11 E
Cadiz 36.32 N 6.18 O
Girona 41.59 N 2.49 E
Granada 37.11 N 3.35 O
Madrid 40.24 N 3.41 O
Segovia 40.57 N 4.07 O
Valencia 39.28 N 0.22 O
Zaragoza 41.39 N 0.52 O
Cuadro 3.2: Coordenadas geográficas de algunas ciudades
de un punto se define mediante un par de medidas de distancia x e y. Esta forma
es mucho más sencilla e intuitiva, y permite una mayor facilidad de operaciones.
Por otro lado, si necesitamos crear una representación visual de la información
cartográfica, lo habitual es hacerlo en una superficie plana, ya sea a la manera
clásica en un pliego de papel o, usando las tecnologías actuales, en un dispositivo
tal como una pantalla.
Por todo ello, se deduce que existe una necesidad de poder trasladar la infor-
mación geográfica (incluyendo, por supuesto, la referente a su localización) a un
plano, con objeto de poder crear cartografía y simplificar gran número de opera-
ciones posteriores. El proceso de asignar una coordenada plana a cada punto de
la superficie de la Tierra (que no es plana) se conoce como proyección cartográfica.
Más exactamente, una proyección cartográfica es la correspondencia matemá-
tica biunívoca entre los puntos de una esfera o elipsoide y sus transformados en un
plano [23]. Es decir, una aplicación f que a cada par de coordenadas geográficas
(φ,λ) le hace corresponder un par de coordenadas cartesianas (x,y), según
x = f (φ,λ) ; y = f (φ,λ) (3.3.1)
De igual modo, las coordenadas geográficas puede obtenerse a partir de las
cartesianas según
φ = g(x,y) ; λ = g(x,y) (3.3.2)
Se puede pensar que podemos obtener una representación plana de la superficie
de una esfera o un elipsoide si tomamos esta y la extendemos hasta dejarla plana.
Esto, sin embargo, no resulta posible, ya que dicha superficie no puede desarrollarse
y quedar plana. Por ello, hay que buscar una forma distinta de relacionar los puntos
en la superficie tridimensional con nuevos puntos en un plano.
Fundamentos cartográficos y geodésicos 49
Figura 3.5: Esquema del concepto de proyección. A los puntos A,B y C sobre la superficie
del elipsoide les asocian equivalentes a,b y c sobre un plano.
La figura 3.5 muestra un esquema del concepto de proyección, esbozando la idea
de cómo puede establecerse la correspondencia entre puntos de la esfera y del plano.
En ella vemos cómo el concepto de proyección se asemeja a la generación de som-
bras, ya que a partir de un foco se trazan las trayectorias de una serie de rayos que
unen dicho foco con los puntos a proyectar, y después se determina el punto de con-
tacto de esos rayos con la superficie plana. Aunque no todas las proyecciones siguen
necesariamente este esquema, una parte de ellas sí que se fundamentan en un razo-
namiento similar a este, y el esquema mostrado sirve bien para entender el concepto
y el paso de coordenadas de una superficie tridimensional a una bidimensional.
Veremos en los siguientes puntos las diferentes modificaciones que pueden
introducirse sobre la forma anterior de proyectar, y que dan lugar a tipos distintos
de proyecciones.
Puede apreciarse igualmente en la figura que se producen distorsiones al realizar
la proyección. Es decir, que ciertas propiedades no se reproducen con fidelidad al
pasar puntos desde la superficie curva al plano. Por ejemplo, la distancia entre los
puntos A y B no es igual a la existente entre los puntos a y b. Con independencia
de las características propias de la proyección, siempre existen distorsiones. Esto
es así debido a que la esfera, como se ha dicho, no es desarrollable, mientras que el
plano sí lo es, y por ello en el paso de coordenadas de uno a otra han de aparecen
inevitablemente alteraciones.
Tipos de proyecciones
Las proyecciones se clasifican según la superficie sobre la que se proyectan
los puntos. En el esquema de la figura 3.5, el plano de proyección es ya de por sí
50 Sistemas de Información Geográfica
Figura 3.6: Esquema de una proyección cilíndrica (tomado de Wikipedia)
bidimensional. No obstante, puede realizarse la proyección sobre una superficie
tridimensional, siempre que esta, a diferencia de la esfera, sí sea desarrollable.
Es decir, que pueda «desenrollarse» y convertirse en un plano sin necesidad de
doblarse o cortarse. Estas otras superficies pueden emplearse también para definir
una proyección, de la misma forma que se hace con un plano.
Las superficies más habituales son el cono y el cilindro (junto con, por supuesto,
el plano), las cuales, situadas en una posición dada en relación al objeto a proyectar
(esto es, la Tierra), definen un tipo dado de proyección. Distinguimos así los
siguiente tipos de proyecciones:
Cónicas. La superficie desarrollable es un cono (Figura 3.7), que se sitúa
generalmente tangente o secante en dos paralelos a la superficie del elipsoide.
En este último caso, la distorsión se minimiza en las áreas entre dichos
paralelos, haciéndola útil para representar franjas que no abarquen una gran
distancia en latitud, pero poco adecuada para representación de grandes áreas.
Algunas de las proyecciones más conocidas de este grupo son la proyección
cónica equiárea de Albers y la proyección conforme cónica de Lambert.
Cilíndricas. La superficie desarrollable es un cilindro (Figura 3.6). Al pro-
yectar, los meridianos se convierten en lineas paralelas, así como los paralelos,
aunque la distancia entre estos últimos no es constante.
En su concepción más simple, el cilindro se sitúa de forma tangente al ecuador
(proyección normal o simple), aunque puede situarse secante y hacerlo a los
meridianos (proyección transversa) o a otros puntos (proyección oblicua).
La proyección de Mercator, la transversa de Mercator, la cilíndrica de Miller
o la cilíndrica equiárea de Lambert son ejemplos relativamente comunes de
este tipo de proyecciones.
Planas o azimutales. La superficie desarrollable es directamente un plano.
Según el esquema de la figura 3.5, tenemos distintos tipos en función de la
posición del punto de fuga.
Fundamentos cartográficos y geodésicos 51
Figura 3.7: Esquema de una proyección cónica (tomado de Wikipedia)
• Gnómica o central. El punto de fuga se sitúa en el centro del elipsoide.
• Estereográfica. El plano es tangente y el punto de fuga se sitúa en las
antípodas del punto de tangencia. La proyección polar estereográfica
es empleada habitualmente para cartografiar las regiones polares.
• Ortográfica. El punto de fuga se sitúa en el infinito.
Existen proyecciones azimutales que no son de tipo perspectivo, es decir,
que no se basan en el esquema de la figura 3.5. La proyección de Airy, por
ejemplo, es una de ellas.
Algunas proyecciones no se ajustan exactamente al esquema plantea-
do, y no utilizan una superficie desarrollable como tal sino modificaciones a
esta idea. Por ejemplo, las proyecciones policónicas utilizan la misma filosofía
que las cónicas, empleando conos, pero en lugar de ser este único, se usan
varios conos, cada uno de los cuales se aplica a una franja concreta de la zona
proyectada. La unión de todas esas franjas, cada una de ellas proyectada
de forma distinta (aunque siempre con una proyección cónica), forma el
resultado de la proyección.
Del mismo modo, encontramos proyecciones como la proyección sinusoidal,
una proyección de tipo pseudocilíndrico, o la proyección de Werner, cuya
superficie desarrollable tiene forma de corazón. Estas proyecciones son, no
obstante, de uso menos habitual, y surgen en algunos casos como respuesta
a una necesidad cartográfica concreta.
Otra forma distinta de clasificar las proyecciones es según las propiedades
métricas que conserven. Toda proyección implica alguna distorsión (denominada
anamorfosis), y según cómo sea esta y a qué propiedad métrica afecte o no, podemos
definir los siguientes tipos de proyecciones:
Equiárea. En este tipo de proyecciones se mantiene una escala constan-
te. Es decir, la relación entre un área terrestre y el área proyectada es la
misma independientemente de la localización, con lo que la representación
52 Sistemas de Información Geográfica
proyectada puede emplearse para comparar superficies.
Conformes. Estas proyecciones mantienen la forma de los objetos, ya que
no provocan distorsión de los ángulos. Los meridianos y los paralelos se
cortan en la proyección en ángulo recto, igual que sucede en la realidad. Su
principal desventaja es que introducen una gran distorsión en el tamaño, y
objetos que aparecen proyectados con un tamaño mucho mayor que otros
pueden ser en la realidad mucho menores que estos.
Equidistantes. En estas proyecciones se mantienen las distancias.
En los ejemplos de proyecciones que se han citado para los distintos tipos de
proyecciones (cónicas, cilíndricas, etc.) puede verse cómo resulta común especi-
ficar el tipo en función de la propiedad métrica preservada, para así caracterizar
completamente la proyección.
La elección de una u otra proyección es función de las necesidades particulares.
Como ya se ha dicho, la proyección polar estereográfica es empleada cuando se
trabaja las regiones polares, ya que en este caso es la más adecuada. Proyecciones
como la de Mercator, empleadas habitualmente, no resultan tan adecuadas en
esas zonas. Asimismo, hay proyecciones que no pueden recoger todo el globo, sino
solo una parte de este, por lo que no son de aplicación para grandes escalas. La
existencia de un gran número de distintas proyecciones es precisamente fruto de
las diferentes necesidades que aparecen a la hora de trabajar con cartografía.
3.3.3. El sistema UTM
De entre los cientos proyecciones de existen actualmente, algunas tienen un
uso más extendido, bien sea por su adopción de forma estandarizada o sus propias
características. Estas proyecciones, que se emplean con más frecuencia para la
creación de cartografía, son también las que más habitualmente vamos a encontrar
en los datos que empleemos con un SIG, y es por tanto de interés conocerlas un
poco más en detalle.
En la actualidad, una de las proyecciones más extendidas en todos los ámbitos es
la proyección universal transversa de Mercator, la cual da lugar al sistema de coorde-
nadas UTM. Este sistema, desarrollado por el ejército de los Estados Unidos, no es
simplemente una proyección, sino que se trata de un sistema completo para cartogra-
fiar la practica totalidad de la Tierra. Para ello, esta se divide en una serie de zonas
rectangulares mediante una cuadricula y se aplica una proyección y unos parámetros
geodésicos concretos a cada una de dichas zonas. Aunque en la actualidad se emplea
un único elipsoide (WGS–84), originalmente este no era único para todas las zonas.
Con el sistema UTM, las coordenadas de un punto no se expresan como coorde-
nadas terrestres absolutas, sino mediante la zona correspondiente y las coordenadas
relativas a la zona UTM en la que nos encontremos.
La cuadricula UTM tiene un total de 60 husos numerados entre 1 y 60, cada
Fundamentos cartográficos y geodésicos 53
Figura 3.8: Representación parcial de la cuadrícula UTM en Europa (tomado de
Wikipedia)
uno de los cuales abarca una amplitud de 6◦ de longitud. El huso 1 se sitúa entre
los 180◦ y 174◦ O, y la numeración avanza hacia el Este.
En latitud, cada huso se divide en 20 zonas, que van desde los 80◦ S hasta los
84◦ N. Estas se codifican con letras desde la C a la X, no utilizándose las letras I
y O por su similitud con los dígitos 1 y 0. Cada zona abarca 8 grados de longitud,
excepto la X que se prolonga unos 4 grados adicionales.
La figura 3.8 muestra un esquema de la cuadrícula UTM.
Una zona UTM se localiza, por tanto, con un número y una letra, y es en
función de la zona como posteriormente se dan las coordenadas que localizan un
punto. Estas coordenadas se expresan en metros y expresan la distancia entre el
punto y el origen de la zona UTM en concreto. El origen de la zona se sitúa en
el punto de corte entre el meridiano central de la zona y el ecuador. Por ejemplo,
para las zonas UTM en el huso 31, el cual va desde los 0◦ hasta los 6◦ , el origen
se sitúa en el punto de corte entre el ecuador y el meridiano de 3◦ (Figura 3.9).
Para evitar la aparición de números negativos, se considera que el origen no
tiene una coordenada X de 0 metros, sino de 500000. Con ello se evita que las
zonas al Este del meridiano central tengan coordenadas negativas, ya que ninguna
zona tiene un ancho mayor de 1000000 metros (el ancho es máximo en las zonas
cerca del ecuador, siendo de alrededor de 668 kilómetros).
De igual modo, cuando se trabaja en el hemisferio sur (donde las coordenadas
Y serían siempre negativas), se considera que el origen tiene una coordenada Y de
10000000 metros, lo cual hace que todas las coordenadas referidas a él sean positivas.
Para las zonas polares no resulta adecuado emplear el sistema UTM, ya que las
54 Sistemas de Información Geográfica
Figura 3.9: Determinación del origen de una zona UTM
distorsiones que produce son demasiado grandes. En su lugar, se utiliza el sistema
UPS (Universal Polar Stereographic).
3.3.4. Transformación y conversión de coordenadas
Una situación muy habitual en el trabajo con un SIG es disponer de cartografía
en varios sistemas de coordenadas en un mismo sistema pero con parámetros
diferentes (por ejemplo, diferente datum). Para poder emplear toda esa cartografía
de forma conjunta, resulta necesario trabajar en un sistema único y bien definido,
lo cual hace necesario convertir al menos una parte de ella.
Este cambio de coordenadas puede ser obligatorio a cualquier escala de trabajo,
ya que las diferencias en el sistema escogido pueden aparecer por circunstancias
muy diversas, incluso si todos los datos tienen un origen común. Así, al reunir
información de varios países para crear en un SIG un mapa de todo un continente,
es probable que los datos de cada país estén referidos a un sistema distinto, pero
incluso trabajando en un área más reducida podemos encontrar una situación
similar. En España, por ejemplo, podemos encontrar cartografía de algunas Co-
munidades Autónomas en dos husos UTM distintos, ya que la frontera entre estos
cruza y divide dichas Comunidades.
Distinguimos dos tipos de operaciones a realizar con coordenadas:
Conversión de coordenadas. Los sistemas de origen y destino comparten
el mismo datum. Es una transformación exacta y se basa en la aplicación
de formulas establecidas que relacionan ambos sistemas.
Transformación de coordenadas. El datum es distinto en los sistemas
de origen y destino.
Las proyecciones cartográficas, vistas en un punto anterior, son una forma
particular de conversión de coordenadas.
Un SIG ha de estar preparado para trabajar con cartografía en cualquiera de
Fundamentos cartográficos y geodésicos 55
los sistemas de referencia más habituales y, más aún, para facilitar al usuario la
utilización de todo tipo de información geográfica con independencia del sistema
de coordenadas que se emplee. Para ello, los SIG incorporan los procesos necesarios
para efectuar cambios de coordenadas, de forma que para unos datos de partida
se genera un nuevo conjunto de datos con la misma información pero expresada
en un sistema de coordenadas distinto.
Otra forma en la que los SIG pueden implementar estas operaciones es mediante
capacidades de transformación y conversión «al vuelo», es decir, en tiempo real.
De este modo, pueden introducirse en un SIG datos en sistemas de coordenadas
variados, y el SIG se encarga de cambiar estos a un sistema de referencia base
fijado de antemano. Este proceso tiene lugar de forma transparente para el usuario,
que tiene la sensación de que todos los datos estaban originalmente en el sistema
de trabajo escogido.
Esto exige, lógicamente, que todo dato geográfico se acompañe de información
acerca del sistema de coordenadas que se ha utilizado para crearlo, algo que no
siempre sucede. Veremos más acerca de la importancia de este tipo de información
adicional en el capítulo 31.
3.3.5. Codificación de sistemas de referencia
Debido al elevado número de distintos sistemas de referencia existentes, resulta
fácil perderse en ellos a la hora de tener que trabajar con cartografía en distintos
sistemas. Si bien es cierto que existe un esfuerzo integrador para tratar de homo-
geneizar el uso de sistemas de referencia, también existen esfuerzos para intentar
facilitar la gestión de estos y que no resulte tan complejo combinar cartografía
producida utilizando sistemas de coordenadas diferentes.
Uno de los intentos más exitosos en este sentido es el desarrollado por el con-
sorcio petrolífero European Petroleum Survey Group (EPSG), el cual, consciente
de la necesidad de disponer de información acerca de los distintos sistemas de
coordenadas y de que esta información fuera de fácil acceso y manejo, ha elaborado
un esquema de codificación específico.
Este esquema asocia a cada sistema de coordenadas un código (conocido co-
mo código EPSG) que la identifica. Paralelamente, se han documentado en un
formato común las características principales de todos estos sistemas, así como
las formulaciones que permiten transformar coordenadas entre ellos.
Esta información constituye el EPSG geodetic parameter dataset [24], un
repositorio de los parámetros necesarios para
identificar coordenadas de tal modo que estas describan la posición de un
punto de forma inequívoca y no ambigua.
definir transformaciones y conversiones que permitan pasar de un sistema
de referencia a otro.
Información detallada sobre los códigos EPSG puede encontrarse en [24].
56 Sistemas de Información Geográfica
3.4. Escala
El concepto de escala es fundamental a la hora de trabajar con cartografía, y
es uno de los valores básicos que definen toda representación cartográfica. Esta
representación ha de tener un tamaño final manejable, con objeto de que pueda
resultar de utilidad y permitir un uso práctico, pero el objeto que se cartografía
(un país, un continente o bien la Tierra al completo) es un objeto de gran tamaño.
Esto hace necesario que, para crear un mapa, se deba reducir o bien el objeto
original o bien el objeto ya proyectado, dando lugar a una versión «reducida» que
ya cumple con los requisitos de tamaño adecuado.
Es decir, imaginemos que aplicamos una proyección cónica sobre el elipsoide,
empleando para ello un cono que cubra dicho elipsoide, el cual tendrá que ser,
lógicamente de gran tamaño (¡hay que cubrir toda la Tierra!). Al desarrollarlo,
el plano que obtenemos tiene miles de kilómetros de lado. Debemos fabricar una
versión «a escala» de este, que será la que ya podamos utilizar.
En este contexto, la escala no es sino la relación de tamaño existente entre
ese gran mapa que se obtiene al desarrollar nuestro cono de proyección y el que
finalmente manejamos, de tamaño más reducido. Conociendo esta relación po-
demos ya conocer las verdaderas magnitudes de los elementos que vemos en el
mapa, ya que podemos convertir las medidas hechas sobre el mapa en medidas
reales. Es importante recordar que esas medidas no son tan «reales», puesto que
la propia proyección las ha distorsionado —lo cual no debe olvidarse—, pero sí
que son medidas en la escala original del objeto cartografiado.
La escala se expresa habitualmente como un denominador que relaciona una
distancia medida en un mapa y la distancia que esta medida representa en la
realidad. Por ejemplo, una escala 1:50000 quiere decir que 1 centímetro en un mapa
equivale a 50000 centímetros en la realidad, es decir a 500 metros. Conociendo este
valor de la escala podemos aplicar sencillas reglas de tres para calcular la distancia
entre dos puntos o la longitud de un elemento dado, sin más que medirlo sobre
el mapa y después convertir el resultado obtenido en una medida real.
Una vez más es preciso insistir que lo anterior es posible siempre bajo las limi-
taciones que la propia proyección empleada para crear el mapa tenga al respecto,
y que dependerán del tipo de proyección que sea en función de las propiedades
métricas que conserva.
De hecho, e independientemente del tipo de proyección, la escala es comple-
tamente cierta únicamente en determinadas partes del mapa. Cuando decimos
que un mapa tiene una escala 1:50000, este valor, denominado Escala Numérica,
se cumple con exactitud tan solo en algunos puntos o líneas. En otros puntos la
escala varía. La relación entre la escala en esos puntos y la Escala Numérica se
conoce como Factor de Escala.
A pesar de que la escala es imprescindible para darle un uso práctico a todo
mapa, y cualquier usuario de este debe conocer y aplicar el concepto de escala de
Fundamentos cartográficos y geodésicos 57
forma precisa, los SIG pueden resultar engañosos al respecto. Aunque la escala
como idea sigue siendo igual de fundamental cuando trabajamos con información
geográfica en un SIG, las propias características de este y la forma en la que dicha
información se incorpora en el SIG pueden hacer que no se perciba la escala como
un concepto tan relevante a la hora de desarrollar actividad con él.
Esto es debido principalmente a que la escala tiene una relación directa con
la visualización, ya que se establece entre la realidad y una representación visual
particular, esto es, el mapa. Como ya se ha mencionado en el capítulo 1, los datos en
un SIG tienen carácter numérico y no visual, y la representación de estos se encarga
de realizarla el subsistema correspondiente a partir de dichos datos numéricos. Es
decir, que en cierta medida en un SIG no es estrictamente necesaria la visualización
de los datos, y cuando esta se lleva a cabo no tiene unas características fijas, ya
que, como veremos, el usuario puede elegir el tamaño con el que estos datos se
representan en la pantalla.
Un mapa impreso puede ampliarse o reducirse mediante medios fotomecánicos.
Sin embargo, no es esta una operación «natural», y está claro que desde el punto
de vista del rigor cartográfico no es correcta si lo que se hace es aumentar el tamaño
del mapa. En un SIG, sin embargo, es una operación más el elegir la escala a la que
se representan los datos y modificar el tamaño de representación, y esta resulta
por completo natural e incluso trivial[25].
Pese a ello, los datos tienen una escala inherente, ya que esta no está en función
de la representación, sino del detalle con que han sido tomados los datos, y esta
escala debe igualmente conocerse para dar un uso adecuado a dichos datos. En
este sentido es más conveniente entender la escala como un elemento relacionado
con la resolución de los datos, es decir, con el tamaño mínimo cartografiado.
Esta concepción no es en absoluto propia de los SIG, ya que deriva de las
representaciones clásicas y los mapas impresos. Se sabe que el tamaño mínimo que
el ojo humano es capaz de diferenciar es del orden de 0,2 mm. Aplicando a este
valor la escala a la que queremos crear un mapa, tendremos la mínima distancia
sobre el terreno que debe medirse. Por ejemplo, para el caso de un mapa 1:50000,
tenemos que la mínima distancia es de 10 metros
Si medimos puntos a una distancia menor que la anterior y después los repre-
sentamos en un mapa a escala 1:50000, esos puntos no serán distinguibles para
el usuario de ese mapa, y la información recogida se perderá. Estos razonamientos
sirven para calcular la intensidad del trabajo que ha de realizarse para tomar los
datos con los que después elaborar una determinada cartografía.
En realidad, el concepto de escala no es único, sino que tiene múltiples facetas.
Por una parte la escala cartográfica, que es la mera relación entre el tamaño en
el mapa y la realidad. Por otra, la escala de análisis u operacional[26], que es la
que define la utilidad de los datos y lo que podemos hacer con ellos, ya que indica
las limitaciones de estos. Cuando en un SIG aumentamos el tamaño en pantalla
de una cierta información geográfica, estamos variando la escala cartográfica, pero
58 Sistemas de Información Geográfica
no estamos modificando la escala de análisis. Por ello, por mucho que ampliemos
no vamos a ver más detalles, ya que para ello sería necesario tomar más datos.
Veremos más ideas sobre la escala de análisis y algunas implicaciones al respecto
en el capítulo 9, al inicio de la parte dedicada a los procesos, ya que estos conceptos
son fundamentales para realizar correctamente análisis y operaciones como las
descritas en esa parte del libro.
Un tipo de datos espaciales particulares con los que se trabaja en un SIG, los
datos ráster, tienen a su vez un parámetro de resolución, con una clara relación
con el concepto de escala. Veremos más al respecto en el capítulo 5.
3.5. Generalización cartográfica
Muy relacionado con el concepto de escala encontramos la denominada gene-
ralización cartográfica. Generalizar implicar expresar alguna idea o información de
forma más resumida, de tal modo que esta sea comprensible y pueda aprovecharse
de la mejor manera posible. Cuando hablamos de cartografía, la generalización
implica representar un dato geográfico a una escala menor (es decir, un tamaño
mayor) del que le corresponde si se atiende al detalle que este posee.
Si resulta incorrecto como hemos visto ampliar el tamaño un mapa sin in-
corporar más datos (esto es, sin variar consecuentemente la escala de análisis),
puede resultar igualmente erróneo «encoger» ese mapa y mostrar la información
geográfica a una escala muy distinta de la que corresponde a esos datos. Si la
diferencia de escala es pequeña, no existe dificultad, pero si esta diferencia es
grande, la representación resultante puede no ser adecuada y confusa. No solo
habrá información que no se perciba, sino que parte de la información que quede
patente puede no estarlo en la forma idónea y más intuitiva.
Para ver un ejemplo de lo anterior, y poniendo un ejemplo un tanto extremo,
pensemos en un mapa del mundo en el que se representen todas las calles y caminos
existentes. Esta información tiene una escala adecuada para ser mostrada en un
callejero local cuya escala nominal suele ser del orden de 1:5000, pero a la escala
1:1000000, adecuada para un mapa mundial, representar todo su detalle resulta
innecesario. La representación resultante va a tener una densidad excesiva, y
muchos de sus elementos no podrán distinguirse debido a su cercanía.
En caso de que esta representación no se haga sobre papel sino sobre una pantalla
y trabajando con un SIG, la situación es similar y resulta incluso más necesario
aplicar alguna forma de generalización. A las limitaciones de la visión humana han
de sumarse las limitaciones de resolución que el propio dispositivo presenta. En la
situación del ejemplo anterior, muchos elementos del mapa (calles, edificios, etc.),
ocuparían por su tamaño un mismo y único punto en la pantalla (veremos más
adelante que cada uno de estos puntos se conoce como píxel), por lo que resultaría
imposible distinguirlos o detallarlos más allá de ese nivel de resolución.
Fundamentos cartográficos y geodésicos 59
A lo anterior debemos añadir el hecho de que producir esa representación,
aunque sea sobre un solo píxel, puede requerir gran cantidad de procesos y ope-
raciones, ya que el conjunto de calles que se contienen en él pueden presentar gran
complejidad, tanto mayor cuanto mayor sea el nivel de detalle con que han sido
recogidas en los datos. Es decir, que en el trabajo con un SIG la generalización
no tiene importancia únicamente para la visualización en sí, sino también para
el rendimiento del propio SIG a la hora de producir dicha visualización.
Aunque en las situaciones anteriores la generalización puede llevarse a cabo
eligiendo qué elementos representar y cuáles no, esta selección no recoge en sí toda
la complejidad de la generalización, ya que esta es un conjunto más complejo de
procesos y transformaciones gráficas [27].
En ocasiones, el proceso de generalización es necesario por razones distintas
a lo visto en el ejemplo anterior, y requiere diferentes operaciones. Por ejemplo,
podemos crear un mapa del mundo que contenga vías de comunicación, pero no
todas, sino solo las principales autopistas de cada país. En este caso, no vamos
a encontrar problemas con distintas carreteras que se solapan en la representación,
ni tampoco un volumen excesivo de datos, pero debemos igualmente «adaptar»
la representación a la escala, es decir, efectuar algún tipo de generalización.
Si en ese mapa representamos una carretera con un ancho de 20 metros a escala
1:1000000, el tamaño que tendrá en el mapa será de tan solo 0,02 milímetros. Este
ancho es prácticamente nulo y no tiene sentido representar esa carretera de esta
forma, sino darle un ancho mayor. Aunque no se esté dibujando con exactitud
la magnitud real de ese elemento, el resultado es mucho mejor desde todos los
puntos de vista. Esta es otra forma de generalización que busca también mejorar
la calidad de la representación y la transmisión de la información que contiene.
La generalización, por tanto, es un proceso que tiene como objetivo la pro-
ducción de una imagen cartográfica legible y expresiva, reduciendo el contenido
del mapa a aquello que sea posible y necesario representar. Para ello, se enfatiza
aquello que resulta de importancia y se suprime lo que carece de ella [28].
3.5.1. Operaciones de generalización
Existen diversas operaciones que se emplean en el proceso de generalización.
Algunas de las más relevantes son las siguientes [29]:
Simplificación. Se trata de crear elementos más sencillos que sean más
fáciles y rápidos de representar. Los elementos originales se sustituyen por
estos más sencillos, de tal modo que se mantienen las características visuales
principales pero las operaciones con los datos se optimizan.
Suavizado. Se sustituyen formas angulosas por otras más suaves y de menor
complejidad.
Agregación. Un conjunto de varios objetos se sustituye por uno nuevo con un
menor número. Por ejemplo, al representar una ciudad, no dibujar cada una
60 Sistemas de Información Geográfica
Figura 3.10: Un ejemplo de generalización por agregación. Dos carreteras prácticamente
paralelas y unidas se representan como dos elementos en el mapa, pero en el localizador
de la parte superior izquierda, a escala de menor detalle, se generalizan como una única
(Tomado de Yahoo Maps).
de las casas, sino solo el contorno de cada manzana. La figura 3.10 muestra un
ejemplo de esta técnica aplicado a elementos lineales, en particular carreteras.
Exageración. En ocasiones, mantener el objeto a la escala que le corres-
ponde haría que no se pudieran apreciar las características de este. En este
caso, se exagera su tamaño para que pueda interpretarse con mayor facilidad
y no perder información en la representación.
Desplazamiento. Un objeto se representa en una posición distinta a la que
le corresponde, con el fin de garantizar su visibilidad y obtener un resultado
más claro.
Combinando operaciones como las anteriores de forma adecuada, se obtiene
una cartografía mucho más útil, en la cual la información que contiene resulta más
accesible y práctica, con un mayor potencial desde todos los puntos de vista. En
el caso de trabajar en un SIG, algunas de estas operaciones, como pueden ser la
simplificación o la agregación, tiene también un efecto beneficioso sobre el propio
manejo de los datos dentro del SIG.
Estas operaciones se enumeran aquí como ideas a aplicar para efectuar la
generalización de un documento geográfico, como corresponde a este capítulo
de fundamentos y conceptos cartográficos básicos. No obstante, estas mismas
operaciones también las veremos en otras partes del libro, ya que no son exclusivas
de esta parte. Por su importante papel en la representación visual de los datos,
veremos más al respecto en la parte dedicada a visualización. Algunos algoritmos
para la simplificación y suavizado de líneas los estudiaremos en la parte dedicada
a procesos, particularmente en el apartado 18.7.
Fundamentos cartográficos y geodésicos 61
3.5.2. Generalización en el contexto de un SIG
La generalización es importante en un SIG debido a la variedad de escalas
posibles que puede tener la información con que se trabaja, así como por la variedad
de escalas de representación que pueden definirse gracias a la flexibilidad que el
propio SIG presenta en sus capacidades de visualización. Existen diversas formas
de enfocar inicialmente el problema de obtener un juego de datos óptimo para ser
representado en cada caso y una representación óptima de este.
La mayor problemática se encuentra en el manejo de datos con gran preci-
sión y gran volumen —como, por ejemplo, esos datos de calles y vías de todo el
mundo— al representarlos a una escala de menor detalle, aunque el proceso de
generalización no es necesario exclusivamente en este caso, sino en muchos otros
con independencia del volumen y la escala original.
Una aproximación básica puede ser trabajar con todo el conjunto de datos y
generalizarlo a medida que sea necesario en función de la escala de trabajo en cada
momento. Es decir, si el usuario decide visualizar todo un continente, el SIG no
traza todas las calles de ese continente, sino que se seleccionan de forma automática
los objetos a ser visualizados y después se crea la representación. Las operaciones de
generalización se llevan a cabo en el momento mismo en que el usuario lo necesita.
Este tipo de generalización «al vuelo» no resulta, sin embargo, óptimo, y en
la mayoría de los casos es inviable o no proporciona los resultados esperados. Esto
es así debido a que se ha de trabajar con el gran volumen de datos original, y
generalizar estos es una tarea suficientemente compleja como para que los algo-
ritmos encargados de hacerlo no lo hagan de forma fluida. No ha de olvidarse
que, mientras que la razón fundamental de la generalización en el contexto de la
cartografía clásica es la mera visualización y la transmisión de la información, en
el entorno de un SIG también existen razones relacionadas con la eficiencia de los
procesos, como ya se ha mencionado. Aplicando esta metodología, la generalización
no es ventajosa en términos de cómputo, sino que, por el contrario, puede incluso
suponer una carga adicional al proceso de visualización.
Aun en el caso de que el volumen de datos no fuera grande y no existieran
problemas de rendimiento, una generalización por completo automatizada no
garantiza un resultado óptimo. Aun existiendo algoritmos y formulaciones mate-
máticas que permiten generalizar de forma relativamente adecuada (algunos de los
cuales los veremos más adelante en este libro), el proceso global de generalización
combina varios procedimientos distintos, y en conjunto conforma un proceso no
exento de subjetividad. La labor tradicional del cartógrafo no puede automatizarse
de forma total, y se hace necesario cierto trabajo manual para obtener un resultado
de calidad o evaluar el generado por un procedimiento automático.
Por todo lo anterior, la forma de incorporar la generalización dentro de un SIG
suele basarse en un enfoque multi–escalar, en el cual se maneja información de una
misma zona de estudio a diferentes escalas, y se usa en cada momento aquella que
62 Sistemas de Información Geográfica
resulte más conveniente. Si trabajara con cartografía en papel, sería equivalente
a tener varios mapas de una zona a diferentes escalas.
Por ejemplo, en un mapa con núcleos de población a escala 1:25000 se almacena-
rá cada ciudad como un polígono que delimite su contorno. Esa misma información
a escala 1:1000000 se almacenará como un único punto cada ciudad, ya que el
tamaño de esta es demasiado pequeño en la representación, y no tiene sentido
el empleo de tanto detalle. Para convertir un mapa en otro se ha producido un
proceso de simplificación, convirtiendo polígonos en puntos.
Si incorporamos ambos mapas dentro de un SIG, podemos utilizar el que
corresponda en función de la escala requerida. De este modo, la generalización
no es una tarea que el propio SIG desarrolle, sino que cuando esta es necesaria
puede recurrir a una información ya generalizada de antemano. El rendimiento
del proceso es mayor, y además el dato generalizado puede haber sido elaborado
de la forma más conveniente.
El concepto de capa, que veremos en el capítulo 4 y que es vital para la idea actual
de un SIG, permite este manejo simultáneo de información a distintas escalas.
En la figura 3.11 puede verse un esquema de lo anterior. A medida que variamos
la escala de representación, la información que vemos representada tiene una escala
distinta y podría también tener un distinto origen. Incluso el tipo de información
que vemos varía, ya que las representaciones más globales son de tipo gráfico,
creadas a partir de los propios datos almacenados como objetos (calles, carreteras,
etc.), mientras que la de mayor detalle es una fotografía aérea.
En el caso de imágenes tales como esa fotografía aérea, existen además en
un SIG una serie de procesos que también pueden considerarse como parte de la
generalización, y que atañen más al rendimiento que a la representación. Para
entenderse esto piénsese que las imágenes se componen de elementos denominados
píxeles, que son pequeños puntos, cada uno de los cuales tendrá un color asociado
(esto lo veremos con mucho más detalle en el capítulo 5). El numero de estos píxeles
en una imagen grande es muy superior al de una pantalla (una pantalla también
se divide en puntos, si te acercas a una lo podrás ver claramente).
El proceso de representación de la imagen en la pantalla consiste en calcular qué
color asignar a cada píxel de la pantalla en función de los de la imagen, pero este
proceso, si se utiliza la imagen completa, es muy costoso en términos de cómputo,
ya que implica procesar toda la información de la imagen, que puede ser del orden
de centenares de millones de píxeles. Si representamos una porción de esa imagen
(una porción del territorio que cubre), podemos solo trabajar con los píxeles en
esa zona, pero la representación de toda la imagen hace necesario procesar todos
los valores que contiene.
Este proceso en realidad puede verse como un tipo de generalización «al vue-
lo». Ya dijimos que este tenía principalmente dos problemas: el rendimiento y la
imposibilidad de obtener resultados óptimos de forma automatizada. En el caso de
imágenes, existe el problema del rendimiento, pero es posible automatizar la crea-
Fundamentos cartográficos y geodésicos 63
Figura 3.11: En un SIG es habitual manejar información a diferentes escalas. En función
de la escala de representación, la información visualizada será una u otra.
Figura 3.12: Pirámides de representación con imágenes preparadas a distintas escalas
(Fuente: OSGeo).
ción de datos a diferente escala de trabajo. Esto es así debido a que la representación
de elementos tales como carreteras o lagos se hace mediante una interpretación de
esos objetos, y este proceso es en cierta medida subjetivo, como vimos. En el caso
de imágenes no hay que interpretar objeto alguno, ya que esos objetos ya «están»
representados en la imagen, y únicamente es necesario disminuir la escala.
Los algoritmos para llevar a cabo este proceso se conocen como de remuestreo,
y los veremos con detalle en el capítulo 14. Algunos SIG utilizan estos algoritmos
para hacer más fluido el manejo de grandes imágenes mediante la creación de las
denominadas pirámides. Cuando el usuario introduce en el SIG una imagen de gran
tamaño, este prepara varias versiones de esa imagen a distintas escalas de detalle,
de forma que posteriormente pueda recurrir a la que sea más conveniente en cada
caso en función de la escala de representación. Es decir, el SIG realiza la «gene-
ralización» de esa imagen de forma automática, siendo necesario proporcionarle
únicamente la imagen de mayor detalle. La figura 3.12 ilustra gráficamente esto.
3.6. Resumen
La cartografía y la geodesia son ciencias que aportan un importante conjunto
de conocimientos y elementos al mundo de los SIG, y su estudio es fundamental
para cualquier trabajo con un SIG.
La geodesia se encarga de estudiar la forma de la Tierra, con objeto de posterior-
mente poder localizar de forma precisa los puntos sobre esta mediante un sistema
de coordenadas. Dos conceptos básicos en geodesia son el geoide y el elipsoide,
superficies de referencia que modelizan la forma de la Tierra. El primero es la
superficie formada por los puntos en los que el campo gravitatorio tiene una misma
intensidad, y se obtiene prolongando la superficie de los océanos en reposo bajo
la superficie terrestre. El segundo es un objeto definido por una ecuación y una
serie de parámetros, que permite asimilar la Tierra a una superficie matemática.
El conjunto de un elipsoide y un punto de tangencia con la superficie terrestre
(Punto Fundamental), forma un datum.
Para asignar coordenadas a un punto en función de los elementos anteriores
es necesario definir un sistema de referencia. Las coordenadas geográficas han sido
utilizadas tradicionalmente, y son de utilidad para grandes zonas. Otro tipo de
coordenadas más intuitivas son las cartesianas, y para su obtención se requiere
el concurso de una proyección cartográfica que convierta coordenadas espaciales
en coordenadas planas. Hay muchos tipos de proyecciones, siendo el sistema UTM
uno de los más extendidos.
En el ámbito de la cartografía, hemos visto en este capítulo la importancia del
concepto de escala, que no pierde su papel fundamental al trabajar en un SIG en
lugar de hacerlo con cartografía impresa. Estrechamente relacionada con la escala
encontramos la generalización, que comprende una serie de procesos encaminados
a la obtención de una representación lo más clara posible de una serie de datos
a una escala dada.