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Educación para la Ciudadanía Democrática

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Módulo 5. Experiencia educativa multidimensional.

Unidad 1. Campo plural de discursos y prácticas.

Actividad 3. Educar en y para la democracia.

María Itzel Rodríguez Sotero.

Introducción

Ser ciudadano en la sociedad actual no es una tarea sencilla, sino que representa
una serie de exigencias, pues nadie nace ciudadano, sino que tiene que hacerse,
ir formándose a lo largo de la vida. La experiencia democrática implica una
identidad ética en el contexto de la diversidad, pues como ninguna otra
experiencia social y política, la democracia implica el conflicto como evento
cotidiano en el trámite de la singularidad y la comunalidad, es decir la ciudadanía y
la democracia.

La educación para el ejercicio del oficio de ciudadano comienza, entonces,


con el acceso a la escritura, el lenguaje y diálogo. La lucha contra la exclusión
implica, sin duda, el refuerzo de conocimientos base y una formación cultural que
permita al ciudadano analizar, pensar y criticar las propuestas sociales y políticas.
Se trata de sumar esfuerzos para dar respuestas favorables, conscientes de que
la educación para la convivencia democrática y la ciudadanía, para la igualdad
entre hombres y mujeres, la educación para una cultura de paz, son retos que la
escuela no puede obviar si quiere encontrar alternativas, positivas y constructivas,
a los problemas escolares y sociales del siglo XXI.

La educación y la escuela, como escenarios de la socialización política del


ciudadano se encuentran estrechamente ligadas con la cultura política. La escuela
por lo tanto es un espacio institucionalizado en el cual se escogen selectivamente
ciertos contenidos y se ponen en práctica determinados rituales con el fin de
transmitir una visión particular sobre lo político y el poder.

La educación, según Bárcena (1997) se convierte en el proceso esencial


que nos permite identificarnos “emocionalmente” con un conjunto de valores,
actitudes, patrones de conducta y normas, y a partir del cual accedemos al
conocimiento de lo que es “humanamente” valioso y digno. Pero en términos de la
vida diaria de las dinámicas en las aulas de clase, de las interacciones entre
jóvenes y adultos, ¿esto que significa, y que implica? Esta pregunta, basada en el
reconocimiento de la escuela como un territorio cultural, pedagógico y político nos
lleva a pensar el tema de la formación democrática y nos propone el reto de
promover procesos de socialización política que posibiliten la formación de
ciudadanía en el conjunto de los actores de las comunidades educativas.

En las sociedades complejas, los problemas se resuelven sobre todo desde


la comunicación social global, a diferencia de lo que ocurría en las sociedades
tradicionales más simples. Bárcena (1997).

El desarrollo de la competencia social y ciudadana supone para el alumno la


adquisición de un saber hacer práctico que permite que la persona poseedora de
esta competencia sepa comportarse individualmente de modo que sea posible
convivir en una sociedad cada vez más plural, participar con plenitud en la vida
cívica y comprender la realidad social del mundo en el que vive. En razón con la
investigación, Fernando Bárcena propone considerar la noción de ciudadanía
como un concepto contestable; como tal, posee tres características: es un
concepto apreciativo o evaluativo que no se limita a describir, sino que indica una
norma; es un concepto abierto lo cual es consonante con la concepción de
ciudadanía como una práctica interpretativa; y es un concepto que describe un
núcleo intrínsecamente complejo de prácticas de compromiso.

Referencia:

Bárcena, Fernando (1997). El Oficio de la Ciudadanía. Introducción a la


educación política, Madrid: Paidós, en sus apartados:
• La política y la fragilidad de la democracia.
• Educación y el oficio de la ciudadanía.

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