Curso Influenza Silanes
Curso Influenza Silanes
mx/influenza
Curso influenza silanes
Epidemiología y biología del virus de influenza
Introducción
La influenza constituye la causa más frecuente de enfermedad respiratoria aguda que requiere atención
médica, ya que afecta todos los grupos de edad, puede ser causada por diferentes virus de la influenza como
son el virus de la influenza AH1N1, el virus de la influenza AHN3N2 y el virus de la influenza B. Los virus de la
influenza A y B son los causantes de las epidemias de influenza estacional cada año. La infección por
influenza no solo puede causar una enfermedad primaria, sino que también puede conducir a
complicaciones médicas secundarias graves, como son la neumonía viral, la neumonía bacteriana secundaria
y el empeoramiento de condiciones médicas subyacentes.1
La influenza es una de las preocupaciones de salud más notorias, existen registros que fue descrita por
primera vez por Hipócrates en 412 AC. Es una de las patologías más antiguas y comunes en el ser humano,
que afecta gran parte de la población mundial con epidemias estacionales cada año. Existen dos tipos
principales de virus de influenza: A y B. Los virus de influenza A y B que generalmente se trasmiten entre las
personas (virus de influenza humana) causan epidemias de influenza estacional todos los años.
Los virus de la influenza A se pueden dividir en subtipos, según dos proteínas de la superficie del virus: la
hemaglutinina (H) y la neuraminidasa (N). Existen 18 subtipos de hemaglutinina y 11 subtipos de
neuraminidasa diferentes (de H1 a H18 y de N1 a N11, respectivamente). Durante el transcurso de la
temporada de influenza, circulan diferentes tipos (A y B) y subtipos (sólo de la influenza A) de la influenza
que causan la enfermedad. Aunque los síntomas de la influenza son a menudo relativamente leves, cambios
en el virus pueden conducir a pandemias con una letalidad muy alta.
La variación antigénica de un virus es un motivo importante por el que las personas pueden enfermarse de
influenza varias veces a lo largo de sus vidas. Las variaciones antigénicas de los virus también son el motivo
principal por el que la composición de las vacunas contra la influenza que se usan en los hemisferios norte y
sur se analiza todos los años y se actualiza según sea necesario para que las vacunas actúen contra los virus
de la influenza que van evolucionando.
Es recomendable que los médicos se aseguren al consultar la literatura médica sobre influenza que no se
trate de una “gripe o resfriado común” ya que presentan cuadros clínicos diferentes (ver Módulo 2.
Influenza: manifestaciones clínicas y diagnóstico).
La influenza puede ocurrir como pandemias, epidemias, brotes y como casos esporádicos aislados. La
influenza puede clasificarse como estacional o pandémica.
INFLUENZA ESTACIONAL
Dependiendo de las situaciones climáticas y geográficas en las regiones templadas de los hemisferios norte y
sur, la influenza estacional es aquella que se presenta durante parte del otoño y en invierno, siendo una
enfermedad que afecta las vías respiratorias superiores, nariz, garganta y los bronquiolos, pero en los casos
graves puede llegar hasta los pulmones. La estrategia para combatir la influenza estacional incluye el manejo
de los síntomas, el tratamiento antiviral, la prevención y la educación de los pacientes. La mayoría de las
personas se pueden recuperar en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento médico, sin embargo, la
enfermedad puede presentarse en una forma grave en personas con enfermedades crónicas y en aquellas
atendidas en forma tardía, lo que hace importante establecer programas terapéuticos con antivirales y
medidas de prevención como la vacunación.
En México inicia comúnmente en octubre y se extiende hasta marzo del siguiente año, aunque el inicio y la
duración de la temporada pueden variar año con año, alcanzando regularmente su pico máximo en los
meses de enero y febrero. Al igual que otras enfermedades respiratorias comunes en la temporada de frío es
normal percibir un incremento de los casos de influenza. En las zonas tropicales y subtropicales, la influenza
estacional puede ocurrir dos veces al año o durante todo el año.
Desde 1977 circulan estacionalmente en la población humana dos subtipos de virus de influenza A,
conocidos como H1N1 y H3N2, por las proteínas presentes en su superficie, junto con el virus de la influenza
B. La frecuencia de estos tres grupos de virus varía de manera temporal y geográfica.
INFLUENZA PANDÉMICA
La influenza pandémica es un brote global que ocurre raramente y está asociada con la aparición de un
nuevo virus mutado de influenza A que puede infectar a las personas fácilmente y propagarse de persona a
persona de manera eficiente y sostenida en un corto período, y al que la mayoría de la población mundial no
tiene inmunidad.
Las pandemias han surgido con poca frecuencia, pero en repetidas ocasiones durante los últimos 100 años.
La aparición del virus pandémico A(H1N1) de 1918 se produjo como consecuencia de la transmisión de un
virus aviar a los humanos. La última pandemia de influenza ocurrió en 2009 cuando surgió un nuevo virus de
influenza A (H1N1).
El desastre más grave relacionado a una enfermedad infecciosa en el siglo XX fue la pandemia de “Influenza
Española” de 1918. También conocida como la "Gran Influenza" sigue siendo el peor brote de influenza de la
historia ya que mató a más de 40 millones de personas en el mundo. Existe la preocupación de que los virus
de influenza aviar altamente patógenos de los subtipos H5 y H7 puedan evolucionar para causar pandemias
similares. Otras pandemias más recientes fueron la influenza de 1957 y la influenza de 1968.
La pandemia “Asiática” A(H2N2) de 1957 se derivó de un descendiente del virus A(H1N1) de 1918 que había
adquirido los segmentos génicos de la proteína básica 1 (PB1) HA, NA y polimerasa de una fuente de virus
aviar. La pandemia de “Hong Kong” A(H3N2) de 1968 se derivó de manera similar de un virus A(H2N2) que
había adquirido los genes HA y PB1 de un virus aviar. Un virus A(H1N1) similar a los virus que habían
circulado entre humanos a mediados de la década de 1950 reapareció en 1977.
El virus pandémico A(H1N1) de 2009 contenía segmentos de virus aviares, humanos y porcinos que habían
estado circulando en las poblaciones porcinas antes de la aparición del virus en los humanos. En la
actualidad, los descendientes de los virus A(H3N2) de 1968, A(H1N1) de 2009 e influenza B circulan en
humanos y causan una morbilidad y mortalidad considerables.
Una vacuna ideal contra la influenza estacional induciría inmunidad a las cepas estacionales y proporcionaría
cierta inmunidad a los virus pandémicos, pero la diversidad de virus en los reservorios animales hace que
esta sea una propuesta increíblemente difícil y permanente. Para atacar una pandemia, las nuevas vacunas
requieren meses de producción.
¿Qué tan frecuente Anualmente Rara vez (tres veces en el siglo XX)
ocurre?
¿La mayoría de las Por lo general, cierta inmunidad de La mayoría de las personas tienen
personas serán inmunes? exposiciones previas y vacunación poca o ninguna inmunidad.
contra la influenza.
¿Quién está en riesgo de Riesgo relativamente bajo en Las personas sanas también pueden
complicaciones? individuos sanos, pero ciertas personas tener un alto riesgo de
tienen un alto riesgo de complicaciones graves.
complicaciones graves.
¿Habrá una vacuna Vacuna disponible para la temporada Es posible que la vacuna no esté
disponible? anual de influenza. disponible en las primeras etapas de
una pandemia.
¿Habrá antivirales Generalmente se dispone de El suministro de antivirales puede no
disponibles? suministros adecuados de antivirales. ser adecuado para satisfacer la
demanda.
¿Cuántas personas Las tasas de visitas médicas, Las tasas de visitas médicas,
podrían enfermarse y complicaciones, hospitalizaciones y complicaciones, hospitalizaciones y
sufrir complicaciones? muerte pueden variar de bajo a alto- muerte pueden variar de moderadas
moderado. a altas.
¿Qué impacto tendrá en Por lo general, tiene un impacto Puede causar un gran impacto en el
las escuelas y los lugares limitado en el público en general, y la público en general. Posible impacto
de trabajo? economía. severo en la economía.
Casi el 10% de la población mundial se ve afectada por la influenza anualmente. El momento exacto de la
aparición, el pico máximo y el final de la actividad de la influenza varían y no pueden predecirse con
exactitud de una temporada a otra.
Según la OMS, a nivel mundial, cada año se registran alrededor de 3 a 5 mil casos graves de influenza, y
entre 290,000 y 650,000 personas mueren por causas respiratorias asociadas a la influenza (WHO, 2019).
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés;
Centers for Disease Control and Prevention), en la temporada de influenza que inició en octubre de 2018 a
mayo de 2019, se estima que en Estados Unidos hubo más de 40 000,000 de enfermos por influenza, de los
cuales más de 600,000 se hospitalizaron y en promedio 48,000 fallecieron. [WHO influenza (seasonal), 2018].
INFLUENZA Y MORTALIDAD
La mortalidad por influenza varía consistentemente. La Organización Mundial de la Salud ha estimado que
las epidemias anuales de influenza provocan alrededor de 4 millones de casos de infección grave y alrededor
de medio millón de muertes cada año. El gran número total de casos significa que la influenza estacional,
causada principalmente por influenza A y B, generalmente mata a 290,000–650,000 al año en todo el
mundo. Por otro lado, los CDC estiman que anualmente causa más de 100,000 muertes en niños menores de
5 años.
* La enfermedad puede ser leve, grave o incluso mortal. La hospitalización y la muerte son más frecuentes
en grupos de alto riesgo.
CARGA ECONÓMICA
Cada año, los CDC estiman que la carga de la influenza puede variar ampliamente de una temporada a otra y
se ve afectada por una serie de factores que incluyen las características de los virus en circulación, el
momento de la temporada, la inmunidad de la población a los virus en circulación, qué tan bien están
funcionando las vacunas contra la influenza y cuántas personas se han vacunado. Si bien el impacto de la
influenza varía de una temporada a otra, representa una carga sustancial para la salud de las personas cada
año.
En Estados Unidos la carga de la influenza puede variar en gran medida y está determinada por una cantidad
de factores que incluyen las características de los virus en circulación, la época del año, el éxito de la vacuna
para proteger contra la enfermedad y la cantidad de personas que se vacunaron. Aunque los efectos de la
influenza varían, la enfermedad implica una importante carga en la salud de las personas cada año. Los CDC
calculan que en promedio entre el año 2010-2020 la influenza ha provocado de 9 a 41 millones de casos,
140,000 a 710,000 hospitalizaciones y de 12,000 a 52,000 muertes cada año.
De 2007 hasta 2020, se analizaron los costos (directos e indirectos) relacionados con la influenza o datos de
ausentismo que influyeron en la carga económica de la influenza estacional en adultos. Se reportó que
dentro del grupo de edades de 18 a 64 años, cerca del 88% de la carga económica de la influenza era
atribuible a los costos indirectos, y hasta el 75% de los costos directos generales fueron atribuibles a las
hospitalizaciones, además dentro del grupo de 18 a 64 años, los costos relacionados con la influenza
aumentaron con la edad y las afecciones médicas subyacentes.
Se encontró que el costo reportado de las hospitalizaciones relacionadas con la influenza era hasta 2.5 veces
mayor entre las poblaciones de riesgo en comparación con las poblaciones sin riesgo. En los Estados Unidos,
los costos médicos directos anuales totales se han estimado en $3,200 millones USD, mientras que los costos
indirectos ascendieron a $ 8,000 millones USD. Para estos últimos, el 67% fueron generados por el grupo de
edad de 18 a 64 años. En la Unión Europea, los costos de la influenza estacional se estiman entre 6,000 a
14,000 millones EUR al año.
El genoma viral consta de ocho segmentos de RNA de cadena sencilla de polaridad negativa, con tamaños
que van de 890 a 2,350 nucleótidos, con algunas variaciones dependiendo de la cepa de virus. En total, el
genoma tiene aproximadamente 13,600 nucleótidos y codifica para once proteínas virales. Todos los
segmentos codifican por una proteína, con excepción del gen de PB1, que en algunas cepas codifica además
por la proteína PB1-F2; el gen de la proteína de matriz, que codifica por dos proteínas, M1 y M2, y el gen
más pequeño, NS, el cual codifica por las proteínas NS1 y NS2.
Los virus de la influenza A se clasifican en subtipos según las combinaciones de la hemaglutinina (HA) y la
neuraminidasa (NA) que son las principales glicoproteínas de la superficie del virus. Actualmente circulan
entre humanos los subtipos A(H1N1)pdm09 y A(H3N2). El virus A(H1N1)pdm09 causó la pandemia de 2009 y
posteriormente reemplazó el virus de la influenza estacional A(H1N1) que había circulado entre humanos
antes de 2009. El virus A(H3N2) causó la pandemia de 1968 y ha seguido circulando como influenza
estacional.
Los virus de la influenza B no se clasifican en subtipos, pero se pueden subclasificar en dos linajes:
B/Yamagata
B/Victoria
Los virus de la influenza C pueden infectar tanto a humanos como a cerdos y se ha informado que causan
enfermedad esporádica, sobre todo en niños pequeños. Se han informado casos de enfermedad leve a grave
en niños y adultos. Los virus de la influenza C generalmente no son registrados por la vigilancia
epidemiológica de influenza.
Los virus de la influenza D afectan principalmente al ganado y no se sabe que causen enfermedades en los
seres humanos.
Otra forma de aplicar la nomenclatura para los virus de la influenza es la siguiente: primero el tipo de virus,
seguido por el lugar de aislamiento del virus, luego el número de la cepa del virus (suele ser identificado de
la muestra), le sigue el año de aislamiento y finalmente el subtipo de virus. La siguiente figura muestra un
ejemplo.
Los virus del tipo A sufren un cambio antigénico progresivo denominado deriva antigénica (antigenic
drift), que consiste en la acumulación de mutaciones puntuales, dando como resultado cambios de
aminoácidos en determinadas regiones antigénicas de las glucoproteínas de superficie. Si estos cambios se
dan en los genes que codifican para la HA, la NA o ambas, la cepa resultante del reordenamiento tendrá una
ventaja selectiva frente al sistema inmune de la población. Figura 1.
Cuando una persona queda expuesta a un virus de la influenza (ya sea por infección o a través de la
vacunación), su sistema inmunitario produce anticuerpos específicos contra los antígenos de este virus en
particular. El término "propiedades antigénicas" se usa para describir la respuesta inmunitaria
desencadenada por los antígenos de un virus en particular. La "caracterización antigénica" hace referencia al
análisis de las propiedades antigénicas del virus para conocer cuán relacionado está con otro virus. Los
cambios asociados a la variación antigénica ocurren constantemente con el paso del tiempo a medida que el
virus de la influenza se reproduce (es decir, infecta a un organismo hospedero y se replica a sí mismo).
Existe otro tipo de cambio denominado variación antigénica mayor (antigenic shift), La variación antigénica
mayor es un cambio abrupto e importante en los virus de la influenza A, lo cual da como resultado nuevas
proteínas de HA y/o nuevas proteínas de HA y NA en virus de la influenza que producen infecciones en los
seres humanos. Una variación antigénica mayor puede resultar en un nuevo subtipo del virus de la influenza
A, que infectaría a las personas por primera vez. La variación puede darse si un virus de la influenza de una
población animal logra infectar a seres humanos.
Estos virus de origen animal pueden contener HA o combinaciones de HA/NA suficientemente diferentes de
los virus humanos como para que la mayoría de las personas no tengan inmunidad contra el virus nuevo. En
la primavera del 2009 hubo una variación antigénica mayor, cuando apareció el virus H1N1 con genes de
virus de porcinos. Cuando tiene lugar una variación mayor, la mayoría de las personas tiene poca o
prácticamente ninguna inmunidad contra el nuevo virus. Figura 2.
Mecanismo de replicación
La replicación vírica comienza con la interacción de estructuras específicas de ácido siálico presentes en las
glucoproteínas de la superficie celular, las glucoproteínas de la superficie celular y las glucoproteínas HA del
virión. El virus es internalizado en una vesícula recubierta y transferido a un endosoma. Con la acidificación
del endosoma se produce un cambio mayor en la conformación de las proteínas HA adheridas a sus
receptores. La acidificación hace que la HA se doble sobre sí misma y exponga regiones hidrofóbicas de la
proteína favorecedoras de la fusión.
La envoltura vírica se funde con la membrana del endosoma y libera la nucleocápside en el citoplasma. La
nucleocápside viaja hasta el núcleo donde es transcrita en mRNA. La transcriptasa del virus influenza (PA,
PB1, PB2) usa mRNA de la célula huésped como cebadores para la síntesis de mRNA víricos. Al hacerlo roba
la región del extremo metilado del RNA, necesario para su unión eficaz a los ribosomas. Todos los segmentos
del genoma son transcritos en mRNA con extremo 5’ y poliA 3’ para las proteínas individuales, excepto los
segmentos de las proteínas M y NS, que son divididos de forma diferencial para producir dos mRNAs
diferentes.
Los mRNA son traducidos en proteínas dentro del citoplasma. Las glucoproteínas NA y HA son procesadas
por el retículo endoplásmico y el aparato de Golgi y exhibidas en la superficie celular. Las proteínas M se
unen a la porción citoplásmica de las glucoproteínas y tapizan el interior de la membrana. Más tarde se
producen plantillas RNA de sentido positivo para cada segmento, sin extremo ni poliA, y el genoma RNA de
sentido negativo es replicado en el núcleo.
Los segmentos del genoma son transportados hasta el citoplasma y se asocian con la nucleocápside y las
proteínas polimerasas, que interaccionan con la proteína de la matriz (M) que tapiza la membrana
plasmática. Los segmentos genómicos son almacenados de forma aleatoria con aproximadamente 11
segmentos por virión.
Eso produce un pequeño porcentaje de viriones con genoma completo (y un gran número de partículas
defectuosas). Las partículas defectuosas son antigénicas y pueden causar interferencia, lo que limita la
progresión de la infección. El virus sale de la célula por gemación y es liberado alrededor de ocho horas
después de la infección.
Target farmacológico
El desarrollo de vacunas eficaces ha aumentado el interés algo pobre de las industrias farmacéuticas para
desarrollar medicamentos contra la influenza. Esta tendencia en la investigación antiviral ha cambiado
relativamente con la observación de que la tasa de éxito de las vacunas no es tan alta como se esperaba
cada año, debido en parte al alto nivel de mutaciones del virus de la influenza.
Por último, también hay que subrayar que las epidemias de influenza podrían ser desastrosas para la salud
humana si no se abordan adecuadamente. Hay que tener en cuenta dos hechos: por un lado, se suponía que
la epidemia de influenza durante la Primera Guerra Mundial había matado a más soldados que la propia
guerra y, por otro lado, existe el creciente temor a una pandemia de influenza de la que el brote de H1N1 de
2009 fue un presagio, con un alto número de muertos.
La elevada carga viral puede estar asociada a la gravedad de la enfermedad, por lo que el objetivo principal
de la terapia antiviral debe ser suprimir la replicación viral y disminuir la cantidad de carga viral
tempranamente.
Según los CDC, se recomienda la terapia antiviral dentro de las primeras 48 horas de inicio de los síntomas
para pacientes sanos, o mayor de 48 horas en pacientes de alto riesgo.
Con esto en mente, el desarrollo de los inhibidores de la neuraminidasa que actúan en la última parte del
ciclo viral, es decir, en la liberación y más recientemente los inhibidores de la endonucleasa cap-
dependiente, los cuales actúan en la tercera parte del ciclo viral, es decir, en la de replicación del virus, son
un ejemplo de los nuevos medicamentos contra la influenza.
Manifestaciones clínicas y diagnóstico
Objetivos e Introducción
La influenza es una enfermedad respiratoria aguda, contagiosa, provocada por los virus de la influenza que
infectan principalmente las vías aéreas superiores y en algunos casos las vías respiratorias inferiores. La
mayoría de las veces la enfermedad será leve pero puede evolucionar a formas más severas e incluso
provocar la muerte. En ocasiones, los síntomas de la influenza suelen aparecer repentinamente y pueden
estar presentes algunos o todos al mismo tiempo.
Al momento de realizar el diagnóstico es importante tomar en cuenta que también otros virus pueden
ocasionar enfermedades respiratorias similares a la influenza. Además de la clínica y pruebas de laboratorio
en el contexto actual de la pandemia por COVID-19 será necesario tomar en consideración los lineamientos
estandarizados para la vigilancia epidemiológica y por laboratorio de la enfermedad respiratoria viral (ERV)
emitidos por la Secretaría de Salud de México en marzo de 2023.
Manifestaciones clínicas
Manifestaciones clínicas
La influenza puede causar desde una enfermedad leve con sólo algunos síntomas y, en ocasiones, hasta una
enfermedad grave. La influenza estacional sin complicaciones se caracteriza por la aparición repentina de
tos, cefalea, mialgias y artralgias, malestar severo, odinofagia y secreción nasal, con o sin fiebre.
De acuerdo con Grohskopf (2014) los signos y síntomas de la influenza pueden presentarse como se indica
en el Cuadro 1.
Algunos autores recomiendan que se haga una división de las manifestaciones clínicas de acuerdo con los
grupos etarios. Tanto en los niños como en los adultos la fiebre y la tos tienen un valor predictivo para hacer
el diagnóstico probable de influenza (niños 83% y adultos 79%). Es importante aclarar que no todas las
personas con influenza tendrán fiebre.
Adultos Parotiditis
Bronquitis
Sinusitis
Enfermedad reactiva de las vías respiratorias
Diagnósticos diferenciales
Diagnósticos diferenciales de otras infecciones respiratorias
COVID-19, resfriado común, virus sincicial respiratorio (VRS)
Ambos virus pueden circular al mismo tiempo por lo que una persona se puede infectar por ambos virus
COVID-19 e influenza, aunque esto no es muy frecuente. Las personas que tienen una infección simultánea
por influenza y COVID-19 pueden presentar sintomatología más severa. Además, algunas personas con
COVID-19 también pueden sufrir afecciones posteriores al COVID-19 (también llamadas afecciones
persistentes al COVID-19).
Los síntomas más comunes tanto del COVID-19 como de la influenza incluyen: fiebre/calosfríos, tos, disnea
fatiga, odinofagia, constipación nasal, mialgias, cefalea, náuseas, vómito, diarrea, disgeusia, anosmia,
hiposmia, aunque estos últimos son más característicos de COVID 19. En cuanto a la aparición de los
síntomas, cabe destacar que la instauración del cuadro es más súbita en la infección por el virus de la
influenza, en el COVID-19 los síntomas pueden tardar más en aparecer (entre 2 a 14 días) (Tabla 1).
Las personas resfriadas tienen mayores probabilidades de tener rinorrea o congestión nasal que las personas
con influenza. En adición, el resfriado común no suele provocar problemas graves de salud como neumonía,
infecciones bacterianas u hospitalizaciones. La influenza puede tener graves complicaciones asociadas.
Cefalea +++ ++ +
Fatiga +++ ++ +
Hiposmia/anosmia + Repentina ++
¿Cuál es la diferencia entre la influenza y la infección por virus sincicial respiratorio?
El virus sincicial respiratorio (VSR) tiene una población que es la más susceptible, por lo que se presenta en
los extremos de la vida: lactantes menores de seis meses y adultos mayores, mientras que, en el caso de la
influenza, la población es mucho más heterogénea. En cuanto a los síntomas, ambos cuadros virales tienen
manifestaciones y grupos de riesgo diferentes. El VSR afecta predominantemente a la población infantil
siendo el coriza y los síntomas obstructivos respiratorios lo más característico; si bien los pacientes pueden
tener fiebre asociada, no es lo más frecuente del cuadro.
En cambio, en la influenza lo que predomina es la fiebre alta, cefalea y mialgias; si bien puede afectar a los
niños, es más frecuente en pacientes adultos. La duración de la sintomatología de VSR es de 7 a 10 días, la
sintomatología del virus de la influenza dura aproximadamente entre 48 y 72 horas.
Particularmente, el ciclo de infección de la influenza puede ir de 5 a 8 días, inicia con la exposición conocida
como periodo latente (1 a 4 días), le sigue el periodo donde el individuo infectado se vuelve infeccioso (1
día), después se inician los síntomas, que en ocasiones pueden ser abruptos, donde dependiendo del pico de
las partículas virales será altamente infeccioso (infección sintomática) (5 a 7 días) con la posibilidad de
desarrollar potenciales complicaciones. Después viene la etapa de recuperación.
FIGURA 2: Curso clínico de la influenza.
La mayoría de las personas se recuperan de la fiebre y de otros síntomas en una semana, sin necesidad de
atención médica, pero hay otras personas en las que la influenza puede causar enfermedades graves como
sepsis, neumonía grave, dificultad respiratoria aguda [SDRA], falla multiorgánica, exacerbación de
condiciones médicas crónicas o la muerte, especialmente en personas con alto riesgo de complicaciones por
la infección.
Grupos en riesgo
Cualquier persona puede sufrir complicaciones graves por influenza, pero existen grupos de riesgo que los
hace más susceptibles. Dentro de los factores de riesgo se identifican la edad mayor a 60 años y menor a 5
años y situaciones atípicas en el grupo de adultos jóvenes, enfermedad crónica o debilitante (síndrome
metabólico, cardiopatía, enfermedad respiratoria crónica, diabetes mellitus, cáncer, trastornos
inmunológicos), embarazo, exposición laboral (personal de salud) y personas que viajan a las zonas
endémicas.
Se recomienda identificar a los grupos de mayor riesgo y clasificarlos de acuerdo con los signos y síntomas
para tomar las medidas preventivas, y así evitar contraer y propagar la infección. Los virus de la influenza
pueden detectarse en la mayoría de las personas infectadas desde el día uno antes de presentar síntomas y
hasta cinco a siete días después de enfermarse. Las personas con influenza son más contagiosas durante los
primeros tres o cuatro días después de la aparición de la enfermedad. Sin embargo, los bebés y las personas
con el sistema inmunitario debilitado que están infectadas por el virus de la influenza pueden ser
contagiosas por más de siete días.
Datos de alarma
La infección por influenza habitualmente se autolimita; sin embargo, lo primero es reconocer a los pacientes
con datos de alarma, ya sea para iniciar el tratamiento de manera ambulatoria o referirlos al hospital. En la
siguiente tabla se muestran los datos de alarma que se deberán observar tanto en niños como en adultos, y
así tomar decisiones adecuadas al momento de referir a un paciente.
TABLA 1: Personas con signos de alarma que deben recibir atención médica inmediata.
Niños Adultos
Se debe indicar hospitalización a todo paciente con sospecha de influenza o enfermedad confirmada y que
presente alguno de los siguientes criterios de gravedad: hipoxemia: saturación de O 2 <93% respirando aire
ambiental, deshidratación o rechazo alimentario (en lactantes), dificultad respiratoria o aumento del trabajo
respiratorio, compromiso hemodinámico, consulta repetida por deterioro clínico.
Se recomienda separar las áreas de atención de pacientes desde su ingreso. El personal de salud deberá usar
las precauciones estándar recomendadas por la OMS cuando atienda a los pacientes con influenza. Los
pacientes con comorbilidades deberán ser considerados como graves y en caso necesario valorar su ingreso
a la UCI.
Abordaje diagnóstico
Diagnóstico clínico
La sospecha diagnóstica de influenza se establece en toda persona con síntomas o enfermedad respiratoria
viral (ERV) con aparición brusca de los siguientes signos y síntomas: fiebre ≥38.5ºC (axilar) y tos, asociados a
uno o más de los siguientes síntomas: mialgias, odinofagia y cefalea, además del antecedente de contacto
con un caso de ERV en un período de circulación viral alta (Tabla 1). En el caso de los menores de 2 años la
definición de caso de ERV se define como fiebre ≥38.5°C (axilar) más tos o rinorrea, y ausencia de
obstrucción bronquial u otra causa que lo explique.
Es importante considerar que, en períodos de circulación viral baja, disminuye la sensibilidad de la definición
de caso de ERV. En toda persona que se hospitaliza por infección respiratoria aguda grave (IRAG) o
neumonía sin causa etiológica conocida se debe sospechar de influenza como posibilidad diagnóstica.
Fiebre Cefalea
Mialgias, artralgias Dolor abdominal
Escalofríos Congestión nasal
Debilidad Vómito
Malestar Rinorrea
Dolor torácico Diarrea
Fatiga Odinofagia/ronquera
Diagnóstico epidemiológico
El diagnóstico epidemiológico se realiza para el estudio de brotes con el propósito de contener la
enfermedad. Todo paciente debe ser evaluado de manera completa por el médico con el fin de descartar
otras causas infecciosas frecuentes con síntomas similares a la influenza. La vigilancia epidemiológica de la
enfermedad respiratoria viral debe enfocarse principalmente en la detección inmediata de casos que
cumplan con la definición operacional de sospechosos, con la finalidad de contener la propagación del virus
en la población.
Para lograr dicho objetivo es necesario establecer un sistema altamente sensible que detecte los casos
sospechosos de enfermedad respiratoria viral que cumplan con la definición operacional en cualquier
unidad de salud (pública o privada), con la finalidad de detonar las acciones de vigilancia epidemiológica y
por laboratorio, atención, prevención y control correspondientes, dirigidas a eliminar los riesgos de
transmisión del padecimiento.
Las definiciones operacionales que tienen como objetivo realizar una medición estandarizada de las
características que deben cumplir los casos ingresados a un sistema, a efecto de unificar los criterios para su
identificación, notificación y seguimiento:
Caso sospechoso de Enfermedad Respiratoria Viral: persona de cualquier edad que en los últimos
10 días haya presentado al menos uno de los siguientes signos y síntomas: tos, disnea, fiebre o
cefalea (en menores de 5 años la irritabilidad puede sustituir a la cefalea) acompañados de al menos
uno de los siguientes signos o síntomas:
o Mialgias
o Artralgias
o Odinofagia
o Escalofríos
o Dolor torácico
o Rinorrea
o Polipnea
o Anosmia
o Disgeusia
o Conjuntivitis
Infección Respiratoria Aguda Grave (IRAG): toda persona que cumpla con la definición de caso
sospechoso de Enfermedad Respiratoria Viral y con presencia de alguno de los siguientes datos de
gravedad: disnea, dolor torácico o desaturación.
Caso confirmado por laboratorio: persona que cumpla con la definición operacional de caso
sospechoso y que cuente con diagnóstico confirmado por laboratorio.
Caso de influenza confirmado por asociación epidemiológica: aquél que cumpla con la definición
operacional de caso sospechoso de influenza y que haya estado en contacto con un caso confirmado
en un periodo de hasta por 7 días posterior al inicio de los síntomas del caso confirmado.
La infección respiratoria aguda grave (IRAG) es la presentación de un cuadro sospechoso de influenza con
evolución más grave de lo habitual y que frecuentemente requiere de hospitalización. Todo caso fallecido en
que se sospeche o se confirme influenza debe ser notificado según el decreto y las circulares
correspondientes a la vigilancia de influenza y de IRAG, mediante el formulario correspondiente. La vigilancia
de las IRAG se inicia en el 2009 en el contexto de la pandemia de influenza.
Pruebas de laboratorio
Existen diversas pruebas diagnósticas para detectar el virus de la influenza en muestras respiratorias. Estas
pruebas, disponibles comercialmente difieren en su sensibilidad y especificidad, tiempo de procesamiento y
habilidad para distinguir diferentes tipos y subtipos del virus. Sin embargo, cualquier prueba diagnóstica es
altamente dependiente de la calidad de la muestra. Una muestra inadecuada o su trasporte incorrecto
afectan de manera directa el resultado.
Se recomienda que las pruebas de laboratorio se realicen en todos los casos sospechosos antes de iniciar el
tratamiento, aunque también se puede iniciar el tratamiento sobre todo en pacientes con sospecha clínica
sin esperar las pruebas de laboratorio.
Las muestras clínicas ideales para la detección del virus de la influenza son:
Cepillado nasofaríngeo (hisopado). El cepillado nasofaríngeo o hisopado es una muestra de
secreciones de la parte superior de la garganta, detrás de la nariz. Se requiere del siguiente material
para su realización: un escobillón o cepillo de fibra sintética (dacrón o poliéster con mango de
plástico o aluminio) que arrastre las células epiteliales con mayor eficacia.
Aspirado endotraqueal. Extracción de secreciones de la tráquea o bronquios a través de una sonda
que se introduce por el tubo endotraqueal o por la estoma traqueal.
Lavado broncoalveolar. El lavado broncoalveolar (LBA) es una técnica que consiste en la introducción
y posterior recuperación de suero salino en el parénquima pulmonar, habitualmente a través del
canal de un broncoscopio flexible. Consiste en lavar uno o varios segmentos del pulmón con solución
salina fisiológica, obteniendo un fluido representativo de los componentes celulares y no celulares
de la superficie epitelial del tracto respiratorio inferior (de uno o varios bronquios).
Las muestras obtenidas por las diferentes técnicas antes descritas se colocan en un medio de trasporte viral
independientemente si serán cultivadas o enviadas a PCR-TR, e inmediatamente trasportadas en hielo al
laboratorio o en su defecto pueden almacenarse a 4°C por un periodo no mayor a 72 horas. Si por alguna
razón las muestras no pueden procesarse y requieren almacenarse por un tiempo mayor a 72 horas, las
muestras deben ser almacenadas a -70°C.
En los pacientes con enfermedad respiratoria severa quienes están intubados o requieren broncoscopia, las
muestras del tracto inferior tienen mejor rendimiento diagnóstico debido a que el virus rápidamente se
disemina al tracto respiratorio inferior. De las muestras debe tenerse especial cuidado en la higiene de
manos antes y después del procedimiento y, de manera particular, utilizar las medidas de protección de
barrera durante el proceso de toma de las muestras.
El aislamiento del virus o la detección del antígeno viral en las secreciones respiratorias se puede obtener
fácilmente en muestras de:
Más del 90% de los cultivos pueden detectarse dentro de los 3 días posteriores a la inoculación y el resto
entre 5 y 7 días.
FIGURA 2: Muestras clínicas para determinación diagnóstica de influenza.
C. Inmunofluorescencia
La técnica de inmunofluorescencia directa (detección de antígeno) utiliza secreción respiratoria para
la detección del virus de la influenza. Se recomienda que se tome en cuanto aparezcan los síntomas
ya que el número de células infectadas presentes disminuye durante el curso de la infección.
Los ensayos de inmunofluorescencia son pruebas de detección de antígenos que por lo general
requieren el uso de un microscopio fluorescente para producir resultados en aproximadamente 2-4
horas con una sensibilidad moderada y una especificidad alta. Tanto los ensayos de tinción
fluorescentes de anticuerpos directos (DFA) como indirectos (IFA) están disponibles para la
detección de antígenos virales de la influenza A y B en especímenes de las vías respiratorias. No es
posible identificar los subtipos de los virus de la influenza A mediante los análisis
inmunofluorescentes.
D. Cultivos celulares
Este método es considerado como el estándar con el cual otros procedimientos son evaluados.
Utiliza muestras del tracto respiratorio superior como hisopado nasal, aspirado nasofaríngeo o
aspirado bronquial. El cultivo puede dar resultados positivos en 24 horas o más después de la
inoculación; sin embargo, se requieren hasta dos semanas para considerar un cultivo negativo. El
cultivo viral no arroja resultados oportunos para informar acerca del manejo clínico.
Los resultados del cultivo celular en tubos de ensayo podrían tardar de 1 a 3 días; mientras que los
resultados del cultivo celular del tejido tradicional podrían tardar de 3 a 10 días. No obstante, el
cultivo viral da lugar a la caracterización antigénica y genética del virus de la influenza. La toma de
algunas muestras respiratorias para el cultivo viral es esencial para la vigilancia y la caracterización
antigénica de las nuevas cepas de virus A y B de influenza estacional que puede ser necesario incluir
en la vacuna contra la influenza en años posteriores. El cultivo viral es importante para los fines de la
salud pública, pero no arroja resultados oportunos para informar acerca del manejo clínico.
E. Pruebas serológicas
No se recomienda la prueba serológica de detección de la influenza para la toma de decisiones
clínicas. Aunque algunos laboratorios clínicos ofrecen pruebas serológicas, es posible que la
interpretación de los resultados de las pruebas serológicas para anticuerpos contra los virus de
influenza A o B en un solo espécimen de suero no sea confiable. La prueba serológica adecuada para
el diagnóstico de la influenza requiere muestras pareadas de suero y convalecientes tomadas con un
intervalo aproximado de 2-3 semanas, con pruebas confiables en un número limitado de
laboratorios de salud pública o de investigación para evaluar un aumento 4 veces mayor o superior
en los anticuerpos específicos de una cepa del virus de la influenza. Por tanto, las pruebas
serológicas para la influenza no arrojan resultados oportunos para ayudar con la toma de decisiones
clínicas y no se recomiendan excepto para investigaciones de salud pública.
S: Alta (>95%)
Ensayo molecular rápido 15-40 minutos
E: Alta (>99%)
S: Alta (>95%)
Ensayo molecular realizado en laboratorio 45-80 minutos*
E: Alta (>99%)
S: Baja (44.4%)
Ensayo de inmunofluorescencia 1-4 horas
E: Alta (99.6%)
S: Alta 100%)
Cultivo de virus 1-10 días
E: Alta 100%)
*Presentaciones atípicas o menos comunes o específicas; por ejemplo, fiebre inexplicable solamente o
afebril con cualquier síntoma respiratorio, especialmente en pacientes inmunocomprometidos o de alto
riesgo; complicaciones de la influenza como neumonía u otras, o exacerbación de afecciones crónicas como
asma, EPOC e insuficiencia cardiaca.
Además, existe evidencia de que estos medicamentos pueden disminuir el riesgo de complicaciones, la
duración de las hospitalizaciones, así como la mortalidad en pacientes hospitalizados. La decisión sobre el
uso de la terapia antiviral no debe retrasarse hasta la confirmación a través de una prueba de laboratorio.
La resistencia a los inhibidores del canal iónico M2 se ha extendido por lo que actualmente estos
medicamentos no se recomiendan para el tratamiento de la influenza. Por otro lado, aunque los inhibidores
de la neuraminidasa suelen ser efectivos también se ha observado resistencia.
Esto ha derivado en la generación de nuevos antivirales contra la influenza con innovadores mecanismos de
acción, entre los que se encuentran los inhibidores de la endonucleasa donde baloxavir marboxil es el primer
fármaco de esta clase aprobado por la FDA (Food and Drug Administration por sus siglas en inglés). (Shiley,
FDA)
A. Adamantanos
Los adamantanos son medicamentos antivirales dirigidos a la proteína del canal iónico M2 de los
virus de la influenza A. Por consiguiente, estos medicamentos actúan contra los virus de influenza A,
pero no contra los virus de influenza B. Los adamantanos incluyen:
-Amantadina
-Rimantadina
Al igual que en las últimas temporadas, se siguen registrando altos niveles de resistencia (>99%) a
adamantanos entre los virus de la influenza A - A(H3N2) y la influenza A(H1N1)pdm09 ("H1N1 2009")
en circulación. Por tanto, la amantadina y la rimantadina no son recomendados para el tratamiento
antiviral o la quimioprofilaxis de los virus de la influenza actualmente en circulación.
B. Inhibidores de la neuraminidasa
Los inhibidores de la neuraminidasa son otros antivirales aprobados por la FDA químicamente
relacionados que inhiben la enzima neuraminidasa viral y actúan contra los virus de influenza A y B.
Los inhibidores de la neuraminidasa incluyen:
-Oseltamivir. Está aprobado para el tratamiento temprano de la influenza sin complicaciones
en personas a partir de las dos semanas de vida en adelante y para la quimioprofilaxis de la
influenza en persona de un año de edad en adelante. Si el niño tiene menos de 3 meses, no
se recomienda el uso de oseltamivir para la quimioprofilaxis a menos que se considere que la
situación es crítica, debido a los datos limitados que existen para este grupo de edad.
-Zanamivir. Está aprobado para administración por inhalación oral para el tratamiento
temprano de casos de influenza sin complicaciones en personas de 7 años en adelante y para
prevenir la enfermedad en personas de 5 años de edad en adelante. No se recomienda para
usarse en personas con enfermedad respiratoria subyacente, incluidas las personas con
asma.
-Peramivir. Está aprobado para administración intravenosa para el tratamiento temprano de
casos de influenza sin complicaciones en pacientes a partir de los 6 meses de edad.
Una revisión sistemática de 15 estudios en el 2011, reportó que la incidencia de resistencia al
oseltamivir fue de 2.6% (IC 95%, 0.7 a 5.5). La incidencia de resistencia para el zanamivir y el
peramivir fue de 0% en ambos. En EUA, durante el periodo 2013 a 2014, 59 (1.2%) de 4,968 virus
pdm09 analizados de influenza A (H1N1) presentaron la sustitución H275Y con la subsecuente
resistencia a oseltamivir H275Y. La resistencia a zanamivir se ha reportado raramente.
Cronología de antivirales
La amantadina fue uno de los primeros antivirales aprobados por la FDA para el tratamiento de la influenza
tipo A en niños mayores de un año. Más de 20 años después se aprobó la rimantadina con el mismo
propósito.
En las últimas décadas se sintetizaron otros antivirales de la familia de los inhibidores de la neuraminidasa en
el siguiente orden: oseltamivir, zanamivir y peramivir. En el año 2018 se desarrolló un innovador inhibidor de
la endonucleasa cap-dependiente, el baloxavir marboxil, siendo el último medicamento antiviral con
efectividad farmacológica y quimioprofiláctica contra la influenza.
La amantadina bloquea el canal de H+ formado por la proteína M2, evitando así la acidificación en
el interior de la partícula viral e inhibiendo la escisión del complejo proteico M1-NP. Con esto se
impide la migración de la nucleocápside desde el citoplasma celular hasta el núcleo de la célula
hospedera y la transcripción del material genético (ARN) del virus de la influenza A (Figura 1).
La resistencia a este fármaco es producto de una mutación genética en el segmento del ARN que
codifica la proteína M2 (segmento 7). Los primeros virus resistentes aparecen en el paciente tratado
con amantadina en un lapso de dos a tres días después de haber comenzado el tratamiento con este
medicamento.
A nivel molecular, la transcripción del ARNm viral se inicia a través de un mecanismo de "cap-snatching”
donde otra subunidad de la ARN polimerasa, proteína básica de la polimerasa 2 (PB2), se une a un ARN
cubierto (cap) creado por la ARN polimerasa II del huésped. La endonucleasa de la proteína PA genera un
“primer” o cebador al escindir el RNA en la región 5'. Este “primer” luego se utiliza para la síntesis de ARNm
viral por la ARN polimerasa.
Se debe de iniciar el tratamiento antiviral tan pronto como sea posible, tanto en adultos como en niños, con
sospecha o confirmación de influenza, independientemente del antecedente de aplicación de la vacuna
contra influenza, si cumplen los siguientes criterios:
Pacientes de cualquier edad, hospitalizados por influenza, independientemente de la duración del
padecimiento previo a la hospitalización.
Pacientes ambulatorios de cualquier edad con enfermedad grave o progresiva, independientemente
de la duración del padecimiento.
Pacientes ambulatorios con alto riesgo de complicaciones por influenza, incluyendo aquellos con
patología crónica o inmunocomprometidos.
Niños menores de dos años de edad y adultos de 65 años o más.
Mujeres embarazadas y hasta dos semanas después del parto
Considerar el tratamiento antiviral en adultos y niños que no están en alto riesgo de complicaciones, con
sospecha o diagnóstico de influenza, independientemente del antecedente de vacunación, si cumplen con
los siguientes criterios:
Pacientes ambulatorios con inicio de síntomas igual o menor a dos días previos a la consulta.
Pacientes ambulatorios sintomáticos que estén en contacto cercano con personas con alto riesgo de
desarrollar complicaciones por influenza, en particular aquellos con inmunocompromiso grave.
Personal de salud sintomático, que habitualmente está a cargo de pacientes con alto riesgo de
desarrollar complicaciones por influenza, en particular aquellos con inmunocompromiso grave.
Oseltamivir
Niños de 1 año o más de edad ≤15 kg 30 mg dos veces al día durante 5 días
Lactantes de 9 a 11 meses de edad 3.5 mg/kg por dosis por día durante 5 días
Infantes a término de 0 a 8 meses de edad 3 mg/kg por dosis por día durante 5 días
Zanamivir
Baloxavir
≥12 años de edad, 40 mg vía oral, dosis única
40-79 kg (2 tabletas de 20 mg)
Se aconseja dejar antipiréticos según necesidad y evitar la sobremedicación y la terapia horaria fija, ya que
podrían encubrir alguna complicación. Así mismo, no está indicado el uso de antibióticos profilácticos por
persistencia de la fiebre, salvo evidencia de sobreinfección bacteriana. La tos puede ser muy molesta debido
a la traqueobronquitis que produce, su manejo es sintomático y puede llegar a durar al menos dos semanas
cuando el epitelio respiratorio se ha recuperado.
La transcripción de los ARN mensajeros virales depende de un mecanismo único denominado “cap-
snatching” (de arrebatar). La proteína PB2 se une al extremo cap del ARN premensajero de la célula huésped
para ser posteriormente escindida por una endonucleasa cap-dependiente (ECD) en la proteína PA que se
encarga de producir un fragmento de 9-13 bases del extremo 3´-cap que actúa como iniciador de la ARN-
polimerasa viral.
Este proceso es esencial para el inicio de la replicación viral y por ello una posible diana farmacológica.
Baloxavir marboxil es un profármaco que por la acción de una enzima es hidrolizado a baloxavir (forma
activa) en el intestino delgado, sangre e hígado. Baloxavir actúa sobre la endonucleasa cap-dependiente,
una enzima específica del virus de la influenza en la subunidad de la proteína ácida (PA) del complejo de la
ARN polimerasa viral y, en consecuencia, inhibe la transcripción de los genomas del virus de la influenza,
con la consiguiente inhibición de la replicación del virus. Esta actividad se presenta tanto en los virus de
influenza A como B, así como con virus de otras especies animales.
Propiedades farmacológicas
El baloxavir marboxil pertenece al grupo farmacoterapéutico de los antivirales de uso sistémico. Está
disponible en México en presentación de tabletas que contienen baloxavir marboxil equivalente a 20 mg o
40 mg.
Propiedades farmacocinéticas: Este fármaco presenta una farmacocinética lineal de acuerdo con el rango de
dosis estudiada (6-80 mg) y una vida media de eliminación de entre 80-100 horas tras una sola
administración oral.
Absorción: Baloxavir marboxil es un profármaco que administrado por vía oral, rápidamente es hidrolizado a
baloxavir (forma activa) por la enzima arilacetamida desacetilasa en el intestino delgado, sangre e hígado. El
fármaco es bien tolerado y tiene pocos efectos adversos leves, ninguno grave, para todos los sujetos y todas
las dosis.
Concentración máxima: La concentración máxima se alcanza a las 4 horas. El pico máximo de concentración
se obtuvo a las 3.5 horas de su administración y la vida media de eliminación se situó entre las 49 y 91 horas.
La concentración plasmática bajo la curva disminuyó con la ingesta de comida hasta en un 40%, aunque la
concentración obtenida está dentro del rango terapéutico.
Efecto de los alimentos: En un estudio sobre el efecto de los alimentos en el que se administró baloxavir
marboxil a voluntarios sanos en ayunas y con una comida (aproximadamente 400 a 500 kcal, con 150 kcal
procedentes de las grasas), la Cmáx y el AUC de baloxavir disminuyeron un 48% y un 36%, respectivamente,
en condiciones posprandiales. La Tmáx no varió en presencia de alimentos. No hubo diferencias clínicamente
relevantes en la eficacia, cuando se tomó baloxavir con o sin alimentos.
Excreción: Es excretado por las heces en cerca de 80%. También se excreta por la orina.
Indicaciones
Tratamiento de la influenza aguda no complicada en pacientes sin comorbilidades de 12 años o
mayores que han presentado síntomas por no más de 48 horas.
Tratamiento de la influenza aguda no complicada en pacientes de 12 años o mayores que han
presentado síntomas por no más de 48 horas y tienen un alto riesgo de desarrollar complicaciones
relacionadas con la influenza.
Indicado para la profilaxis posterior a la exposición de la influenza en personas de 12 años o mayores
después del contacto cercano con una persona que tiene influenza.
Poblaciones especiales
Edad avanzada: No se requiere ajuste de dosis. La seguridad y eficacia de baloxavir marboxil, en
sujetos de 65 años y mayores ha sido establecida y es soportada por un estudio aleatorizado, doble
ciego, controlado.
Insuficiencia hepática: No se requiere ningún ajuste de dosis en los pacientes con insuficiencia
hepática leve a moderada (clase A o B de Child-Pugh). No se ha establecido la seguridad y eficacia de
baloxavir marboxil en pacientes con insuficiencia hepática grave (clase C de Child-Pugh)
Insuficiencia renal: No se requiere ningún ajuste de dosis en los pacientes con insuficiencia renal. Sin
embargo, los pacientes con aclaramiento de creatinina (CrCl) inferior a 50 ml / min, no se ha
establecido la seguridad y la eficacia.
Población pediátrica: Después de analizar los resultados de los estudios de fase 3 miniSTONE-2 y
BLOCKSTONE en donde se comparó baloxavir contra con oseltamivir en niños sanos de 5 a 11 años
que presentaron síntomas de influenza en los primeros 2 días con síntomas de influenza la FDA
aprobó en 2022 el uso de baloxavir marboxil para tratar a los pacientes de este grupo de edad. Por el
momento en México solo está indicado en pacientes mayores de 12 años.
Estudio CAPSTONE-1
Es un estudio de fase 3 aleatorizado, donde se comparó la eficacia de baloxavir contra placebo y
oseltamivir.
El estudio incluyó a pacientes de 12 a 64 años con enfermedad tipo influenza.
Se realizó en Estados Unidos y Japón desde diciembre 2016 hasta marzo de 2017.
FIGURA 2: Tiempo transcurrido hasta el alivio de los síntomas de influenza con baloxavir vs. placebo.
Estudio CAPSTONE-2
Es un estudio de fase 3 aleatorizado, donde se comparó la eficacia de baloxavir contra placebo y
oseltamivir.
El estudio incluyó pacientes mayores de 12 años con enfermedad tipo influenza no complicada con
alto riesgo de complicaciones relacionadas con la enfermedad.
Se realizó en 17 regiones/países incluyendo: Asia, Europa, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda
y Sudáfrica desde enero de 2017 hasta marzo de 2018.
FIGURA 1: Aleatorización y seguimiento de los pacientes en el ensayo CAPSTONE-2. *Confirmación por RT-
PCR
Población incluida Sana +12 años Con condiciones subyacentes +12 años
Objetivo primario del Tiempo hasta el alivio de los Tiempo hasta la mejoría de los síntomas
estudio síntomas Diferencia vs. placebo 29.1 horas
Diferencia vs. placebo 26.5 Diferencia vs. oseltamivir 7.7 horas
horas
Carga viral Mayor reducción con baloxavir Mayor reducción con baloxavir
Perfiles de seguridad
Baloxavir a la dosis recomendada fue bien tolerado en ensayos clínicos en pacientes con mayores a 12 años
con influenza aguda no complicada. En CAPSTONE-1 (en pacientes sanos) y CAPSTONE-2 (en pacientes con
alto riesgo de complicaciones por influenza), los efectos adversos se notificaron eventos en el 20.7 y el 25.1%
de los sujetos que recibieron de baloxavir, en comparación con 24.6 y 29,7% de los receptores de placebo y
24.8 y 28.0% de los pacientes del grupo placebo.
En ambos estudios, los eventos adversos reportados con mayor frecuencia fueron diarrea, bronquitis,
náuseas y sinusitis (Tabla 1). No se reportaron defunciones entre los pacientes que recibieron baloxavir o
placebo de los estudios CAPSTONE-1 o CAPSTONE-2. Un sujeto en el grupo de oseltamivir (CAPSTONE-2)
murió el día 38 secundario a neumonía.
Estudio MIniSTONE-2
El baloxavir marboxil ha demostrado su eficacia en el tratamiento de la influenza en adultos y adolescentes.
Sin embargo, se llevó a cabo un estudio para evaluar la seguridad y la eficacia de baloxavir en niños con
influenza aguda: MiniSTONE-2. Un estudio controlado activamente, aleatorizado, de doble ciego, que incluyó
a niños de 1 a 12 años de edad con diagnóstico clínico de influenza. Los niños fueron aleatorizados 2:1 para
recibir una dosis única de baloxavir oral u oseltamivir oral dos veces al día durante 5 días. Los principales
objetivos fueron la seguridad, incidencia, gravedad y la manifestación de los eventos adversos (EA); la
eficacia fue un objetivo secundario.
El estudio concluyó que el baloxavir, en una sola dosis oral, fue bien tolerado y resultó eficaz para aliviar los
signos y síntomas en niños con influenza aguda, dando como resultado una rápida eliminación del virus.
Estudio FLAGSTONE
Por otro lado, para evaluar si la combinación de inhibidores de la neuraminidasa (INA) con baloxavir daría
mejores resultados clínicos en comparación con la monoterapia en pacientes hospitalizados con influenza
grave, se realizó el estudio FLAGSTONE. Ensayo aleatorizado, de grupos paralelos, doble ciego, controlado
con placebo. Se incluyeron pacientes de 12 años o más que fueron hospitalizados por influenza confirmada
por laboratorio (mediante RT-PCR o una prueba rápida) y tenían un Puntaje Nacional de Alerta Temprana 2
(NEWS2 por sus siglas en inglés, National Early Warning Score 2) de 4 o más.
Los pacientes fueron asignados al azar (2:1) para recibir baloxavir más inhibidor de neuraminidasa o
monoterapia con INA. El objetivo primario fue el tiempo hasta la mejoría clínica, resultando en 97.5 horas en
el grupo que recibió baloxavir versus 100.2 horas en el grupo control. Baloxavir más INA fue bien tolerado y
no se observaron nuevos datos de seguridad. Los hallazgos sugirieron que los antivirales combinados no
estarían indicados de forma rutinaria en la práctica clínica para pacientes hospitalizados con influenza grave.
Este Módulo contempla las medidas de prevención relacionadas a prevención primaria, secundaria y
terciaria, lo cual abarca las diferentes vacunas, estrategias de vacunación, técnicas y dosis a emplearse. Del
mismo modo se identifican los grupos de riesgo para presentaciones graves de la infección por virus de
influenza, con la finalidad de adelantarse a las complicaciones, secuelas y la muerte como desenlace. Al
identificar los potenciales escenarios se podrán brindar oportunamente y de acuerdo con la evidencia
científica actual las medidas preventivas, terapéuticas y adyuvantes pertinentes en cada caso.
Medidas de prevención
Grupos en riesgo
En la pasada temporada de influenza 2021-2022, según lo reportado en Estados Unidos, la tasa de
hospitalización acumulada de influenza fue de 17.3/100,000 casos y dicha cifra se elevó a 21.8/100,000 casos
en pacientes de 0 a 4 años. Alrededor del 65% de los pacientes que requirieron ser hospitalizados tuvieron
alguna condición médica subyacente, de entre estas morbilidades la que se identificó con mayor frecuencia
fue el asma.
En un estudio transversal con datos de 14 sitios de la Red de Vigilancia de Hospitalizaciones por Influenza de
Estados Unidos, 13,235 niños fueron hospitalizados, 20% de ellos ameritaron ingreso en una Unidad de
Cuidados Intensivos como parte de su manejo, 17% presentaron neumonía, el 5% debieron usar apoyo
mecánico ventilatorio como parte de su manejo integral y el 0.5% de ellos fallecieron.
La enfermedad grave por influenza va a ser, por definición, la que amerita de hospitalización para su manejo
integral; en este contexto se identifican los siguientes síndromes clínicos:
1. Neumonía grave, síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA).
2. Sepsis, falla orgánica múltiple, choque.
3. Exacerbación de enfermedad crónica ya conocida o complicaciones asociadas con dicha patología
(síndrome metabólico, diabetes mellitus, asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica,
insuficiencia cardiaca, insuficiencia renal).
Existen grupos de riesgo diferentes de acuerdo con la edad y condiciones de base de los individuos
afectados. Por ejemplo, el 80% de los individuos mayores a 6 meses de edad cuyo desenlace de la influenza
fue fatal, no estaban vacunados y más del 50% de los pacientes con influenza grave eran portadores de
alguna enfermedad crónica.
Tanto en las Guías de Práctica Clínica de la IDSA 2018 sobre el diagnóstico, tratamiento, quimioprofilaxis y
manejo de brotes institucionales de influenza estacional, como en las Guías para el manejo clínico de la
enfermedad grave por infección viral de influenza de la OMS 2022, se describen, con similitud, la descripción
de los diferentes grupos de individuos con alto riesgo de cursar con complicaciones en la evolución de una
infección grave por influenza.
Las personas con mayor riesgo de presentar complicaciones graves por la influenza son los niños pequeños,
los adultos de 65 años o más, las personas embarazadas y las personas con ciertas afecciones como asma,
diabetes y enfermedades cardiacas. En la siguiente figura se muestran algunas condiciones clínicas que
pueden constituir factores de riesgo para influenza.
Aunado al listado anterior se han identificado algunos grupos poblacionales o etnias que tienen, con mayor
frecuencia, evoluciones insidiosas o desenlaces fatales como los nativos americanos, los nativos de Alaska y
los residentes de asilos. En la etapa adulta merece la mención el grupo poblacional con obesidad, dado que
se ha reportado que en los casos de infección por influenza A (H1N1)pdm09 cursan con tasas mucho más
elevadas de ameritar ingreso a unidades de cuidado intensivo, requerimiento de apoyo ventilatorio, SDRA,
choque séptico y muerte.
La enorme relevancia de conocer estos grupos poblacionales de alto riesgo radica en que idealmente,
posterior a la confirmación del virus influenza como agente causal, a través de pruebas de diagnóstico
molecular en pacientes del entorno hospitalario, se inicie de forma precoz el tratamiento específico, en
ocasiones inclusive sin confirmación diagnóstica, pero con alta sospecha clínica y/o evolución severa. La
exactitud de las pruebas depende de la toma, transporte, resguardo y técnica diagnóstica específica.
El tratamiento de la influenza grave plantea varios retos, pero en todos los casos es deseable el inicio
temprano del tratamiento específico, actualmente se encuentran aprobadas varias opciones de antivirales
En consecuencia, la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y las comorbilidades asociadas se han
establecido como factores de riesgo para infecciones graves por virus de influenza y coronavirus. La
obesidad es una de las principales causas del síndrome metabólico y puede conducir al desarrollo de
diabetes mellitus tipo 2, evento vascular cerebral, enfermedades cardiovasculares e hipertensión.
Durante la pandemia de influenza H1N1 de 2009, los estudios epidemiológicos identificaron la obesidad
como un factor de alto riesgo para desarrollar infecciones graves por el virus de la influenza, así como un
aumento de las muertes relacionadas con esta. La obesidad también puede tener un impacto sobre la
transmisión del virus de la influenza. Estudios sugieren que la dispersión viral prolongada asociada con la
obesidad aumenta la liberación de aerosoles infecciosos y facilita la transmisión aérea de los virus de la
influenza.
Un estudio reciente encontró que el deterioro inducido al interferón por la obesidad promovió la aparición
de variantes virales más patogénicas. Durante la infección por el virus de la influenza, la obesidad aumenta
tanto la duración de la estancia en la unidad de cuidados intensivos (UCI) como la necesidad de ventilación
mecánica invasiva.
La vacunación es la estrategia más eficaz para la protección contra diversas cepas del virus de la influenza.
Sin embargo, estudios sugieren que la obesidad afecta la respuesta inducida por la vacunación contra esta
enfermedad. Aun cuando los adultos obesos que recibieron la vacuna contra la influenza estacional
generaron títulos sólidos de anticuerpos, la obesidad duplicó el riesgo de desarrollar una infección por el
virus de la influenza y una enfermedad similar a esta a pesar de la vacunación.
Por otro lado, los pacientes con diabetes mellitus tipo 2 (DM2) tienen un mayor riesgo de desarrollar
esteatohepatitis no alcohólica y enfermedad de hígado graso no alcohólica, que conducen a la deposición
excesiva de grasa en el hígado y una disfunción metabólica a largo plazo. Estudios epidemiológicos sugieren
que los pacientes con DM2 tienen más probabilidades que aquellos sin la enfermedad de sufrir una muerte
relacionada con la influenza. Durante la pandemia de influenza H1N1 de 2009, en los pacientes con DM2 se
triplicó el riesgo de hospitalización relacionada con la influenza y se cuadruplicó la probabilidad de ingreso
en la UCI.
Finalmente, aunque las diferencias de sexo no son el foco de esta sección, se debe señalar que se necesita
más investigación para comprender cómo el sexo biológico y el síndrome metabólico impactarán en la
susceptibilidad al virus de la influenza.
La Figura 1 muestra cómo la obesidad y la DM2 deterioran la inmunidad del huésped y aumentan la
gravedad de la infección por el virus de la influenza.
Durante la infección por el virus de influenza A en huéspedes sanos, la proteína surfactante D (SP-D) se une a
las glucoproteínas de superficie del virus para inhibir la unión de este a los receptores de ácido siálico en la
superficie del epitelio pulmonar. Además, las partículas virales que llegan a la superficie de las células
epiteliales bronquiales quedan atrapadas en el moco y son transportadas fuera del tracto respiratorio a
través del movimiento rítmico de los cilios.
Las células T CD4 y CD8 circulantes pueden migrar de los vasos sanguíneos al tejido pulmonar para dirigirse
al virus de la influenza A y prevenir daños en la barrera epitelial-endotelial pulmonar. Por el contrario, el
exceso de glucosa en los pacientes obesos y con DM2 se une a la SP-D y restringe la neutralización del virus.
La infección también conduce a la pérdida de cilios en las células epiteliales bronquiales de individuos obesos
y, por tanto, promueve la unión viral a los receptores de ácido siálico.
Además, el eflujo glucolítico provoca intolerancia a la glucosa y resistencia a la insulina, lo que altera el
entorno de las citoquinas y contribuye a un estado crónico de metainflamación. A medida que avanza la
infección aumentan significativamente las citocinas proinflamatorias, como IL-6 e IFN-, que potencian la
inflamación y dañan aún más la capa epitelial. La obesidad también se asocia con la extravasación al alza de
neutrófilos durante la infección, por lo que los neutrófilos se adhieren a los vasos sanguíneos, migran a la
capa de células epiteliales y liberan especies reactivas de oxígeno (ROS) que inducen daño alveolar.
El daño a los neumocitos tipo 2 da como resultado una infección grave por el virus de la influenza, un
aumento de la permeabilidad de la barrera y el desarrollo de una lesión pulmonar aguda, que puede
provocar una neumonía viral. Además, la obesidad puede dar como resultado una síntesis de lípidos
regulada al alza, que pueden ser aprovechadas para la entrada viral, la replicación y la liberación de viriones.
La glucólisis acelerada aumenta las fuentes de ATP que se utilizan para ensamblar la V-ATPasa y para
transportar protones al endosoma. Esto da como resultado la acidificación de los endosomas y la regulación
al alza de la actividad del virus de la influenza A, que colectivamente promueven el desprendimiento y la
liberación de material genómico viral para facilitar la replicación.
Antes de que un paciente con influenza presente complicaciones es importante identificar, como ya se
mencionó anteriomente, los posibles factores de riesgo, por lo que siempre se deberá poner atención en las
personas que presenten sígnos que puedan advertir una complicación e iniciar la atención médica inmediata.
La siguiente figura muestra las complicaciones asociadas a la infección por influenza:
A continuación, se ilustra con una tabla de las Guías de práctica Clínica de la IDSA 2018, las complicaciones
más frecuentes de acuerdo con grupos etarios, poblaciones específicas como mujeres embarazadas o en el
puerperio, pacientes inmunosuprimidos, entre otros. Y se identifican las complicaciones más ominosas que
se han identifican en las diferentes edades, como son: falla ventilatoria, síndrome de dificultad respiratoria
aguda (SDRA), falla orgánica múltiple, sepsis e inflamación hepática.
Se han identificado factores de mal pronóstico y evolución fatal en varios artículos originales, en uno de ellos
publicado en Taiwán y que analizó resultados de 2009 a 2012 se describen: la edad avanzada (≥ 50 años), el
género masculino asociado a comorbilidades y el retraso en el inicio de tratamiento específico. Más
recientemente y en el entorno del paciente pediátrico, en Shanghai se realizó un estudio de casos y
controles identificándose 118 casos que cumplieron criterios de influenza grave. Los síntomas clínicos como
fiebre, tos, síntomas gastrointestinales, epilepsia y coma, fueron más frecuentes en este grupo comparados
con el grupo de influenza leve. Complicaciones como la neumonía, falla respiratoria, hemorragia pulmonar,
falla cardiaca, choque séptico, insuficiencia renal aguda y encefalitis asociada a influenza fueron más
frecuentes en el grupo de influenza grave.
La neumonía constituye la complicación más grave de la influenza y se debe sospechar en casos con
persistencia de síntomas como fiebre alta o ante el empeoramiento de los mismos, a los que se agregan
polipnea, disnea, cianosis o cambios en la radiografía de tórax, que sugieren síndrome de insuficiencia
respiratoria aguda (SIRA) grave (Tabla 2).
Las sobreinfecciones bacterianas también son una complicación frecuente del entorno hospitalario en
pacientes con influenza grave y un médico debe sospecharlas cuando se presenta fiebre o dificultad
respiratoria nuevamente posterior a cierta mejoría identificada. La influenza no complicada cursa con fiebre
durante unas 72 horas, en presencia de una sobreinfección, lejos de evolucionar a la resolución esperada
posterior a 10-14 días, pueden empeorar, o bien tener una evolución insidiosa y nunca haber presentado
mejoría, en este punto el médico debe considerar complicaciones o diagnósticos alternativos.
Por otro lado también debemos considerar que la propia infección por influenza incrementa la
susceptibilidad del individuo para presentar neumonía piógena, clásicamente se ha descrito este fenómeno
una semana después de la infección viral, agentes causales frecuentemente identificados son Streptococcus
pneumoniae y Sthapylococcus aureus, en pacientes pediátricos menores de 5 años se ha identificado una
cifra de 22% de frecuencia de tal complicación, misma que puede asociarse a falla ventilatoria y muerte.
Vacunación en influenza
La vacunación contra la influenza es una estrategia a nivel internacional, establecida con la finalidad de
disminuir la morbilidad y la mortalidad. En las campañas de vacunación se recomienda aplicar la
inmunización contra la influenza de manera anual, debido a la pérdida de inmunidad y las variaciones que
sufren los virus de una estación a otra. Por tanto, las vacunas cambian en su composición, tratando de que
sean muy similares a los antígenos virales de la temporada venidera. Es por esto que la efectividad de la
vacunación contra la influenza debe ser medida de manera anual. La vacunación es la estrategia más efectiva
para prevenir la influenza, dado que en la población en general se reduce de 40 a 60% el riesgo de presentar
la enfermedad.
Embarazadas
Se pueden vacunar con cualquier IIV autorizada, recomendada y apropiada para la edad durante cualquier
trimestre de gestación y posparto. La experiencia con el uso de RIV4 en personas embarazadas es limitada.
La LAIV está contraindicada durante el embarazo. Los datos sobre la seguridad de la vacunación contra la
influenza en cualquier momento durante el embarazo continúan respaldando la seguridad de la
inmunización contra la influenza. La vacunación durante el embarazo, incluso durante el primer trimestre, no
se asocia con un riesgo de aborto espontáneo en la mayoría de los estudios.
Población adulta
Se recomienda aplicar la vacuna contra la influenza al 100% de los adultos de 60 años o más y a los adultos
que aunque no tengan 60 años cumplidos que tengan factores de riesgo como enfermedad cardiaca o
pulmonar congénita, crónica, consumo de salicilatos en forma prolongada, diabetes mellitus en descrontrol,
obesidad mórbida (IMC>40), EPOC, asma, enfermedad cardiovascular (exepto hipertensión arterial
escencial), insuficiencia renal, inmunosupresión adquirida por enfermedad o por tratamiento, cáncer,
personas con VIH/SIDA.
La vacunación de rutina es un servicio de atención preventiva escencial para niños, adolescentes y adultos
con factores de riesgo (incluidas las mujeres embarazadas) que no debe demorarse debido a la pandemia de
COVID-19.
La vacunación debe posponerse para las personas con COVID-19 sospechado o confirmado,
independientemente de si tiene síntomas, hasta que se cumplan con los criterios para interrumpir su
aislamiento. La vacuna podrá aplicarse al menos 14 días después de la recuperación.
Las personas recuperadas de COVID-19 del grupo objetivo y de los que tienen factores de riesgo que
presenten algún tipo de secuelas, deberán ser evaluados de forma individual, para ver si son candidatos a
recibir la vacuna.
El esquema inicial de vacunación consta de dos dosis con intervalo de 4 semanas entre ellas, posteriormente
se requiere una dosis en cada periodo invernal. De acuerdo con los lineamientos de vacunación para la
temporada de influenza estacional, las campañas de vacunación normamente inician en octubre y terminan
en marzo del año siguiente.
TABLA 1: Esquemas de vacunación para influenza estacional por grupo objetivo de la intervención.
Aplicación de la vacuna
La vacuna se aplica de forma intramuscular en todos los grupos de edad. Para los menores de 18 meses, se
aplica en el tercio medio de la cara anterolateral externa del muslo izquierdo y a partir de los 18 meses de
edad se aplica en la región deltoidea del brazo izquierdo.
Profilaxis farmacológica
Tratamiento farmacológico: profilaxis
Es posible que ocurra una pandemia de influenza cuando un virus de la influenza adquiere la capacidad de
ser transmitido entre las personas de forma eficiente y sostenida, y luego lo hace a nivel global. Los virus de
la influenza que tienen la capacidad de provocar una pandemia se conocen como "virus de la influenza con
potencial pandémico". En general, la tasa de trasmisión para la influenza estacional es de 1.3 pacientes por
contacto, mientras que para la influenza AH1N1, puede ir desde 1.4 hasta 2.6 pacientes por contacto.
Un estudio de los CDC del 2018 que se publicó en Clinical Infectious Diseases, analizó mediante dos
metodologías diferentes el porcentaje de la población de los Estados Unidos que se enfermó de influenza y
comparó los hallazgos. Los hallazgos con ambos métodos fueron similares, lo que sugirió que, en promedio,
aproximadamente el 8% de la población estadounidense se enferma de influenza todos los años, con un
rango de entre 3-11%, según la temporada.
En el mismo estudio quedó de manifiesto que los niños tienen mayor riesgo de enfermarse de influenza y
que las personas de 65 años de edad o más son las que tienen el menor riesgo. Los valores de incidencia
promedio (o índice de ataque) por grupo etario fueron del 9.3% para niños de 0-17 años, 8.8% para adultos
de 18-64 años y 3.9% para adultos de 65 años de edad en adelante. Esto significa que los niños menores de
18 años tienen el doble de riesgo de tener una infección sintomática por el virus de la influenza que los
adultos de 65 años o más.
Se han establecido 3 grupos de riesgo que pueden ser contagiados:
a) Grupos de exposición con riesgo más alto.
Miembros de la familia o contactos cercanos del hogar con contacto cercano prolongado sin protección
con un caso confirmado o probable.
b) Grupos con riesgo moderado de exposición.
Personal de atención médica con contacto cercano sin protección con un caso confirmado o probable o
personas no pertenecientes al hogar con contacto cercano prolongado sin protección con un caso
confirmado o probable fuera de un establecimiento de atención médica.
c) Grupos con riesgo bajo de exposición.
Otras personas que han tenido contacto social por un tiempo breve con un caso confirmado o probable
en un entorno no hospitalario (p. ej., en un entorno comunitario o laboral)
Para iniciar la profilaxis farmacológica se deberá tener en cuenta en primera instancia la definición de
“contacto cercano” que se define como las personas que se encuentran a 2 metros de distancia o dentro de
una habitación o área de atención de un caso confirmado de influenza, durante un periodo prolongado o
que han estado en contacto directo con secreciones de un paciente en periodo de contagio.
El inicio de la quimioprofilaxis debe realizarse lo antes posible, dentro de las 48 horas posteriores a la
exposición, por lo general esta debía prolongarse durante 10 días, pero con los actuales tratamientos puede
ser suficiente con una sola dosis. Debe considerarse el inicio en personas asintomáticas con alto riesgo de
desarrollar complicaciones y para aquellas en las que la vacunación contra influenza está contraindicada, o
no está disponible, o se espera que tenga baja eficacia.
Puede considerarse también quimioprofilaxis posterior a la exposición para las personas que no están
vacunadas y son contactos intradomiciliarios de un paciente con un riesgo muy alto de complicaciones. La
quimioprofilaxis no debe considerarse un sustituto de la vacunación. La vacuna contra la influenza siempre
debe ofrecerse antes y durante la temporada de influenza cuando no esté contraindicada. Los
medicamentos antivirales son complementos importantes de la vacunación contra la influenza para el
control y la prevención de la enfermedad de la influenza.
En la siguiente tabla se muestran los medicamentos que se pueden indicar para profilaxis.
Oseltamivir
Lactantes de 9 a 11 meses de edad 3.5 mg/kg por dosis, una vez al día por 5 días
Infantes a término de 0 a 8 meses de edad 3 mg/kg por dosis, una vez al día por 5 días para
lactantes de 3 a 8 meses; No se recomienda para
bebés de <3 meses de edad debido a los datos
limitados de seguridad y eficacia en este grupo de
edad
Zanamivir
Niños, ≥5 años para quimioprofilaxis 10 mg (dos inhalaciones de 5 mg), una vez al día
durante 10 días
Baloxavir
Personas ≥12 años que pesan >40 kg 40-80 kg: una dosis de 40 mg, por vía oral
≥80 kg: una dosis de 80 mg, por vía oral
a
La dosificación basada en peso para recién nacidos pretérmino es más baja que la de recién nacidos a término ya
que pueden tener una depuración más baja de oseltamivir por inmadurez en su función renal, pudiendo resultar en
concentraciones altas del medicamento para este grupo de edad. A través de información del Instituto Nacional de
Alergias y Enfermedades infecciosas, el Grupo de Estudio Colaborativo en Antivirales diseñó las bases para la
dosificación en infantes pretérmino utilizando su edad posmenstrual (edad gestacional + edad cronológica) 1.0 mg/kg
por dosis oral, dos veces al día, para <38 semanas de edad posmenstrual, 1.5 mg/kg por dosis oral dos veces al día
para 38 a 40 semanas de edad posmentrual, 3.0 mg/kg por dosis oral, dos veces al día para >40 semanas de edad
posmenstrual. En infantes prematuros extremos (<28 semanas) consulte al infectólogo pediatra.
Los participantes que tenían ≥12 años se autoevaluaron para siete síntomas asociados con la influenza
(Cuadro 1) en una escala de calificación de 4 puntos (0, ausente; 1, leve; 2, moderado y 3, grave).
Para los participantes menores de 12 años, el tutor del participante evaluó dos síntomas (tos y secreción
nasal o congestión) utilizando la misma escala de calificación de 4 puntos.
*Sujetos con RT-PCR negativa al inicio del estudio con paciente índice RT-PCR positiva..
FIGURA 2: Porcentaje acumulado de participantes con influenza clínica.