Los casos latinos: restos sintácticos y sustitutos
en español
§ l. La simplificación de la flex ión nominal latina con des-
uso de la distinción casual constituye uno de los procesos más
trascendentales para la formación de las lenguas románicas. Ve-
nía gestándose desde los orígenes mismos del latín: al salir éste de
su época preliteraria ya empleaba abundantes preposiciones para
especificar el tipo de relación representado por la desinencia pro-
pia de cada caso. Tal especificación era imprescindible. La flexión
desinencia! diferenciaba muy imperfectamente sus categorías: en
latÍn clásico, sin salir del singular, rO S a y p ate r valían para
nominativo y vocativo, ro s a e para genitivo y dativo, el omin o
para dativo y ablativo, igual que en plural el o mini s, vi r tu -
t i b u s ; los neutros tenían una sola forma para nominativo,
acusativo y vocaÚvo, etc. Más grave era el hecho de que, frente
a la infinita variedad ele posibles relaciones, la declinación sólo
ofrecía seis categorías casuales, y algunas de ellas englobaban ti-
pos muy heterogéneos ele relación. Cuando la cargazón era mayor,
como ocurría en el acusativo y el ablativo, fue necesario echar
mano de diferentes preposiciones que puntualizasen cuál era la re-
lación que se quería expresar. Ahora bien, ya desde la literatura
arcaica construcciones con preposición + acusativo y con prepo-
sición+ ablativo minaban respectivamente el terreno del dativo
y del ablativo sin preposición y el genitivo. El empleo ele preposi-
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
óones, que empezó siendo procedimiento auxiliar ele la declina-
ción, se convirtió en sustituto suyo, pues la mayor precisión que
las preposiciones aportaban hizo inútil en muchas ocasiones la
distinción ele los casos. Es cierto que había tipos ele relación y
funciones, como las ele sujeto y objeto, por ejemplo, qué sólo se
expresaban mediante desinencias; y éstas, además, servían para
manifestar, gracias a la concordancia, la relación sintagmática
existente entre términos que la libertad en el orden ele palabras
permitía separar. Se ha citado como excelsa muestra del aprove-
chamiento estético ele semejante libertad el comienzo de la oda
horaciana ( r) :
111
rebus - - - - - - - 7 arcluis
memento -------~ servare
Aequam ~ mentem.
donde los términos ele los sintagmas escindidos se distribuyen con
igual simetría que las esculturas en el frontón ele un templo dórico.
Los poetas podían elaborar, como aquí, refinados juegos ele refe-
rencias; pero las exigencias prácticas del discurso común reque-
rían un orden menos libre y unas fórmulas inconfundibles para
indicar las relaciones. Es muy significativo lo que Suetonio dice
respecto a las preferencias lingüísticas ele Augusto : el emperador
gustaba ele la expresión elegante, pero no rebuscada, y ponía el
mayor empeño en que fuese fácilmente inteligible e inequívoca; por
eso no dudaba en añadir preposiciones ante los nombres de ciu-
dades, ni en repetir conjunciones; la ausencia ele ellas acarreaba
imprecisión, aunque acrecentaba la gracia: "detractae afferunt
a liquicl obscuritatis, etsi gratiam augent" (2). Aparente o sincero
dignificador ele la sencillez, Augusto sacrificaba la éstetica a la
dariclad. Lo mismo hicieron después las masas de Roma y ele la
Europa romanizada, sobre todo durante el Bajo Imperio y la épo-
ca ele las invasiones. El hipérbaton se redujo progresivamente y
el empleo de preposiciones se hizo cada vez más intenso. Los dos
(r) Cf. E. LERCH, Histor-isch.e franzosisch.e Syntwr, III, I934, § 367.
(2) Vita Divi Au.g1osti, § LXXXVI; M. BRÉAL, Essai de Séman6q11e,
1924, pág. I7.
-
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SIN'f ÁCTICOS Y SUSTITUTOS 59
fenómenos contribuían a que las desinencias casuales fuesen cada
vez menos necesarias. Por eso las nuevas confusiones ele unas con
otras a causa de la evolución fonética vulgar no encontraron su-
ficiente resistencia: las desinencias que se inutilizaron por coin-
cidir con otras no se reemplazaron mediante forja de desinencias
nuevas, y algunas que permanecían libres de confusión fueron
a bandonadas. Salvo en Galorromania y Dacia, cada sustantivo
quedó con una forma única, sin valor casual, para cada número.
En español, como en catalán y portugués, fue la· del acusativo. Los
restos fonéticos ele nominativos, genitivos y algún vocativo latinos
(Dios, M arcos, drago, prefacio,· Millán, viernes, Sahagún; "d0111,-
ne Dios", Berceo, Milag. 103 d) no están ligados a su función
casual originaria: son formas únicas del sustantivo, válidas para
c ualquier empleo (3). Y cuando no ocurre así, están fosilizados en
·compuestos sin recuerdo de SU valor primigenio ( C a S t r U m
S i g e r i e i > Castrogeriz, f i 1 i u e e e 1 e s i a e > feligrés,
F o r u m J u el i e u m > Fuero Juzgo); o estan adverbializa-
dos ( 1 a x u s > lefos, in vi tus > ant. mnidos), como los
a blativos ele que proceden hoga.¡1o, a,gom, essora, luego, todavía,
'..111,ente (4).
La forma única que el sustantivo español tiene para cada nú-
mero puede hacer los papeles de sujeto, régimen directo y término
preposiCÍ!onal, o emplearse en la llamada. Pero a veces se encuen-
tra sin preposición en usos que corresponden a los de un acusa-
tivo adverbial, un ablativo y, muy raramente, un genitivo latinos.
C uando la continuidad es segura o presumible, los consideraremos
.r estos sintácticos ele los casos. Los estudiaremos a continuación
juntamente con los procedimientos más generales que han servido
para sustituir cada caso de la flexión desinencia!, y juntamente
también con otras particularidades.
(3) Aunque domne coexistía con don, ambas formas se usaban como
títulos cualquiera que fuese la función del nombre a que acompañaban;
domne sólo se encuentra antepuesto a Dios.
(4) Véase R. MENÉNDEZ PIDAL, Mm11u.al de Gra.tn.át·ica histór·ica espa-
ñ ola, § 74·
6o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
§ 2. S~tjeto o predicado nominal con preposición.-El nomi-
nativo latino podía usarse con las preposiciones p r a e t e r o
acl en giros como "Ni! praeter salices cassaque
e a n na fuit" (Oviclio, Fastos, 6, 406) o " a el mi 11 e t re -
e en ti Carthaginiensium caesi sunt" (T. Livio, 23, 37, 6). En
las estructuras correspondientes el sujeto o predicado nominal
podían ir precedidos por fuera o fueras en español antiguo, y en
todas las épocas del idioma, por fasta o hasta: "Non es esto
fuera grand vanidat" (Berceo, Milag., 556 e) ; "Diéronse todas
las cibclades et toda la tierra de España a Ponpeyo, fueras ende
dos cibdades" (Prim. Crón. Gen., 56 a-b); "serían fasta 6oo
peones" (Gonzalo de Ayora, Keniston, pág. 586) (S bis). Con has-
ta no sólo se indica, como en este ejemplo o en latín con a el, el
límite cuantitativo, sino también el carácter notable o sorpren-
dente de aquello que se dice del sujeto: "Y aun hasta los mis-
1110S cabreros y pastores conocieron" (Cervantes, Quijote, I ,
13) Cs) .
Aunque i n t e r y s e e u n el u m exigían acusativo en latín,
entre y según se construyen en español con formas pronomina-
les propias del sujeto: "Entre tú y yo lo haremos", "según tú,
vamos por mal camino". Como en italiano, provenzal antiguo y
francés antiguo, la construcción recíproca latina in te r s e ,
i n t e r n o s , i n t e r i p s o s se ha extendido en español con
nombres y pronombres para otros usos. Unas veces indica inte-
gración de partes en un todo, que puede ser complemento o su-
jeto del verbo: "Entre oro e plata fallaron tres mil! marcos"
(Cid, 1737); "Entre moros e cristianos gentes se le allegan gran-
des" (Id., 968); ambas posibilidades siguen vigentes hoy. Otras
veces entre precede al sujeto mismo, plural o compuesto, con idea
de mutuo acuerdo, cooperación o simple coincidencia: "Entre
Rachel e Vidas aparte yxieron amos" (Cid, 191); "Más se mara-
villan entre Diago e F en-ando" (Id., 2348); "Entre Minaya e
los buenos que ·i ha J acordados foron quando vino la man"
(Id., 3058); "Entre el corregidor 31 don Diego de Carriazo y don
(S) MEYER-LÜBK E, Grammaire des langues I'Omanes, III, § 36.
(5 bis) H. KENISTON , The Syntax of Castilian P1·ose. T,hc Si.1:teenth
Ce11 fu ry, Chicago, 1937.
LOS CASOS LATI NOS: RESTOS SI N'fÁC'fiCOS Y SUSTITUTOS 61
Juan de AuendaFío se concertaron en que don Tomás se casasse
con Costan<_;a" (Cervantes, Ilustre fregona, 351); "Entre seys de -
ltas trayan unas andas" (Id., Quijote, I, 13). La lengua moderna
ha desechado esta construcción para expresar la coincidencia, pero
la mantiene viva como signo de la acción conjunta de varios su-
jetos (6) .
§ 3. Restos sintácticos del genitivo latino o del "caso obli-
.cuo" sm preposición (7).-En textos españoles pertenecientes a
la época de orígenes se encuentran construcciones análogas a las
del francés antiguo "pro deo amur", " le rei gunfanuner", "En-
fauces V ivien", aunque siempre con uso más restringido : "Cum
-consenso marito meo Gegino" (año 890, Cartul. S. Vicente de
Oviedo, pág. 6); "Privigna: filia sua muliere" (Glosas Silenses,
219); "Oro Tota, uxor Lop Exemenons", "Dona, filia Gabdel-
geziz", etc. en documentos aragoneses y mozárabes toledanos del
s iglo xn. En épocas posteriores es raro encontrar "Senhora, por
awwr Días, ./ aued algún duelo de mí" en una cantiga amorosa de
Alfonso X, y "día Sant I ohan" en un texto no dialectal como el
Fuero de Béjar, § 802; pero un inventario aragonés ele 1493 ofrece
« la carrera las penyas", "al sendero Juan Just" y otros ejemplos
más (BRAE, IX, 264-5). De agrupaciones como "per kabu
monte", "per caput campo", que abundan en el siglo xr, arranca
el empleo ele cabo, cabe como preposición ("cabo el fuego", "cab
el cora-;;ón", "cabe la casa") (8) . Del "caso oblicuo" procede tam-
bién el uso del nombre paterno sin sufijo patronímico en "Urraca
H ernando", "lVIunio Alfonso", "Arias Gonzalo" y tantos más,
así· como los compuestos del tipo Aguilafuente, Pinos Puente, ca-
sa.puerta y quizá bocacalle, b0ca11ianga, M ohernando, Cardefiaji-
·m eno. mientras en otros como pezuña < pe el i S U 11 gula,
(6) Ibíd. § 217; MENÉNDEZ PIDAL, Cantar, I, pág. 390; CuERVo,
nota 123 a la G1·amática de Bello.
(7) MEYER-LÜBKE, Grammaire, III, §§ 37 y 42-43; Li:iFSTEDT, Syn-
tactica, I, 1942, págs. 209-224; DíAz Y DÍAZ, Encic l. Ling. Hisp., I,
págs. r89-90, etc.
(8) MENÉNDEZ PIDAL, Orígeneso, §§ 77" y 78,; Cantar, I, págs. 388-89;
HANSSEN. Gmmática, § 464. La cantiga alfonsí figura en el Cancioneiro da
Bibliót. Nac. de Lisboa, ed. Paxeco Machado-Machado, II, pág. 327.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Tormor < Turre M a u r i es evidente el entronque er: el
genitivo latino (9).
§ 4. El genitivo partitivo latino, eliminado por construccio-
nes con de.-Desde la literatura latina arcaica hasta los siglos de
las invasiones y estados bárbaros el genitivo contendió en muchas
construcciones partitivas con el ablativo introducido por la prepo-
sición de. Así "dimidium anima e m e a e", "pauci mi 1 i -
t u m " , " e e t e r o r u m B r i t a n n o r u m fugacissimi ", "ali-
quid p r i s ti ni robo r i s", "meminisse ami e i ti a e "
alternaban con "dimidium de p raed a" , "pauci de no s-
tri s", " de ser vis su i s fidelissimus", "aliquid de 1 u -
mine " , " de pe r i e u 1 o meminisse". En textos vulgares o
tardíos el ablativo con d e aparece donde antes se usaban el ge-
nitivo y el ablativo sin preposición o sólo el genitivo : " d e 1 e g e
unum apicem", "fimbriam· de v e s t e martyrum." , "vas erat
positum de a e e t o plenum"; y en ocasiones de acompaña a
un acusativo: "quidam de he res i m phariseorum" (ro). En
español el uso único ha sido la determinación con de: "Diez
de sus parientes", "seys astas de lan~as" (Cid, r86o, 3609); "El
más complido de los 0111-nes" (D.JManuel, Lucanor, 326); " ¡O
vida de congoxas llena!" (Celestina, XXI, 296); "Acordársete
debría / de aquel tiempo ya pasado" (Romancero, Primav. 37°),
"falto de recursos", "rico de ideas", etc.
Con cuantitativos en función sustantiva la determinación con
de es la habitual sustituta del genitivo latino "paulum m o r á e " ,
"pusillum loci" , "aliquid pristini roboris": "En un
poco de lagar" (Cid, 6os); "A tanto dixieron de palabras piadosas"
(Yu~uf, 12 a); "¡Qué dezía él de cosas!" (Lope de Vega, Dorotea,
II, vr, r86, l. 17). "Cuánto de afán" (Espronceda, Diablo Mun-
do, v. 2622). Pero la preposición se contagió a construcciones en
que los cuantitativos se hallaban en función adjetiva o adverbial:
"Pocas de gentes", "Atantos mata de moros", "Tanto son de
traspuestas que nada dezir non puoden" (Cid, 462, 1,723, 2784);
(9) MENÉNDEZ PIDAL, Mawual, § 88 2.
(ro) KÜHNER-STEGMANN, Ausfiirliche Gm11111nat1:k der lateinicher Spra-
che §§ 8r 7 , 84, 85, 86 y 9I; ERNOUT-THOMAS, S ·y ntaxe latine, §§ 6o-6s;
H. RoENSCH, !tala WJU} V1blgata, r.875, págs. 39Ó, 4IO, 523.
LOS CASOS LATI NOS: RESTOS SINTÁCTI COS Y SUS'l'I'f U'fOS 63
" ¡Cuánto del hidalgo moro!, ¡cuánta de la yegua baya! / ¡Cuán-
ta de la lanza en puño !, ¡cuánta de la adarga blanca! 1 ¡Cuánta de
marlota verde !, ¡cuánta aljuba de escarlata!" (Romancero, Pri...,
mav. 72"); "Comen<;Ó a sacudir con las manos vnas pocas de
migajas" (Lazarillo, f. 24 V 0
" Tantas de cosas", "muchas de
);
cortesías" (Cervantes, Quijote, I, 32; II, 72). La lengua moderna
ha eliminado este de; sólo se conserva en el uso popular de Espa-
ña y de América "una poca de agua", " una poca de caridad", "una
poquita de alegría " (II).
§ 5. Construcciones partitivas indejinidas.-Aunque tuvie-
ran precedentes en el latín arcaico y clásico, fue en los últimos
siglos del Imperio cuando se propagaron el genitivo partitivo y
más aun el ablativo con de, sin nombre o pronombre que indicase
la parte ni verbo que implicase participación; esto es, en la que
se ha llamado construcción partitiva indefinida: "admiscere m e 1 -
1i s " , "sumere t h u r i s " , "adicere s a 1 i s " , "afferte d e
pis e i bu s , quos prendidistis nunc"; " dederunt no bis ... eulo-
gias, id est de p o mis, quae in ipso monte nascuntur" (r2).
Las construcciones partitivas indefinidas tuvieron mucho uso en
· español .medieval y clásico, hasta principios del siglo XVII. La
preposición de aparece con gran frecuencia cuando la parte implí-
cita es obj eto directo del verbo: "Con un sombrero que tiene
Félez Muñoz 1 ... cogió del agua" (Cid, z8oo) ; "Bevió mucho del
vin·o " (Berceo, Milag., 463); "Buscaua de todas yeruas para hazer
ensalada" (Cervantes, Quijote, I , 41). También se encuentra de
cuando la parte inexpresa tendría papel ele sujeto o predicado
nominal: "De los sepulcros viejos ele antiguas sazones 1 ... abrié-
ronse por sí, sin otros azadones" (Berceo, Duelo, r r6 a); "Los
que nos saltearon son de vnos galeotes que dizen que libertó "
(Cervantes, Q uijote, I, 29). E incluso se interpone entre otra
(II) MENÉNDEZ PmAL, Cantar, I, 382; KENISTON, págs. I38·I40; BELLO,.
Gmmática, § 853, y CuERVO, nota III; HAN SSEN, Gramát·ica, § 473; GAR-
CÍA DE DIEGO, Gram. h.ist., § 238 ; KANY, Amer.-S p. Syn tax, págs. I47·9.
(1 2) RoENSCH, ! t. wná Vulg., págs. 396, 410 ; BouRC1EZ, Elements de·
ling. rom., § II S; LOFSTEDT, Syntactica, I, 1942, 142-147, y Philologisch.er
Kmnmentar Z1/lr Pereg1·inatio Aeth.eriae, 1911, págs. IOÓ-9; ERNOUT- THo-
MAS, Syntaxe latine, § 6o.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
preposición y el complemento que ésta introduce: "Quiérolas ca-
s ar con de aquestos mis vasallos" (Cid, 1765); "Tomó . .. de
:aquella mirra quanto vna cuchar pequenna, et mezclóla con del
agua en la copa" (Prim. Crón. Gen., 635 a rr) (13) . Se ha dicho
que en español antiguo, como en latín vulgar y francés e italiano
-antiguos, estas construcciones expresaban parte indefinida de un
todo definido, y que, a diferencia del italiano y sobre todo del
francés modernos, no pasaron a expresar también la parte indefi-
nida de un todo indefinido (14). Sin embargo hay ejemplos es-
-pañoles en que el todo no está definido de manera expresa ni
'implícita, sino empleado en .sentido general : en "Conbrás de las
arvejas, mas non salmón nin trucha" (JRuiz, rr64 b) no se trata
de unas arvejas determinadas; son alimento prescrito genérica-
·mente, como el salmón y la trucha quedan genéricamente prohibi-
dos. Aunque la construcción partitiva indefinida nunca fue obliga-
toria en español, estuvo lo bastante difundida para haber podido
originar un artículo partitivo como el del francés ( 1 5) ; pero en
vez de avanzar en tal sentido, el uso español reaccionó contn ella
-a partir del siglo xvn. N o la eliminó por completo: aun hoy
sigue vigente en "probar de unas cosas y no de otras", "de esta
agua no beberé", "tener de todo", "ser de los que triunfan" ,
etcétera (r6); pero ha desaparecido en la mayoría ele los casos don-
ele antes abundaba. O bien se ha preferido representar la parte in-
definida mediante uno, unos, algún, algunos, otros, o bien ha bas-
tado, sin compañía, el sustantivo que indica la materia o clase:
"'Comieron unas uvas", "algunos soldados protestaron", "unas
telas estaban rotas, otras manchadas", "clame agua", "no se
encuentra petróleo" (r7).
(13) MENÉNDEZ PIDAL, Canta~·, I, pág. 282; HANS SEN, Gramática,
-§ 704; KENISTON, pág. 266; L. BEBERFALL, The pa.rtitive indefinite cons-
tnc.ction in the Cid, Hispania, XXXV, 1952, págs. 215-6.
(14) L. BEBERFALL, A histor3• of the partitive indefinite constnc.ction
in the Spanish la.nguage, tesis doctoral, Universidad de Michigan, 1952
(inédita), fols. 142-147.
(r s) MEYER-LÜBKE, Gra.mma.ire, III, pág. 366, subestima la intensi -
-dad del fenómeno en español medieval y del siglo xvr.
(r6) Véase R. J. CuERVO, Dice. de constr. y rég., II, pág. 765.
(17) Por influjo de los giros italianos avere del ga.lantuomo, tene1·e
del rustico, fare del cittadino, etc., nuestros escritores de los siglos XVI
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 6S
§ 6. Eliminación del genitivo en construcciones no partiti-
v as.-El genitivo y el ablativo con de alternaban en el latín li-
terario para introducir complementos de origen y materia o para
indicar el término de referencia de adjetivos y verbos. Coexistían
<:on varia proporción de frecuencia "g e n e r i s G r a e e i est"
y "neque me Argolica de gente negabo", "picis
glebas" y "templum d ~ mar mor e " , " p h y si e a e ratio -
ni s ignari" y "de e a e de Galbae 'gnari", "indignus a u o -
r u m" y "digni de e a e 1 o", "admonebat alium e gesta -
t i s " y "ut Terentiam moneatis d e t e s t a m e n t o " , "accu-
sare a u a r i t i a e " y "accusare d e u i " . En la época imperial
y en el latín patrístico el ablativo con d e invade territorios del
genitivo subjetivo ,("gratuitum de Deo munus", "obstaculum
d e a d v e r s i t a t e " ) y en textos vulgares, del genitivo de
cualidad y hasta del posesivo: " locus . . . de funda m en ti s
m a g ni s " (ítala, Esdras, 4, ro, 27); " de so rore nepus"
(inscripción del año 445), "clerici d e i p s a e e e 1 e si a " (Pe-
r egrinatio, 2 1, 13) (r8). Cualquiera que fuese la pervivencia del
genitivo en el latín escrito de la época visigoda y en el de lo s pri-
meros siglos de la Reconquista, en el habla tuvo que ser reempla-
zado por la construcción con de, generalizada ya en lugar de
aquél desde los textos romances más antiguos: "Cono ajutorio
.de nuestro dueno" (Gl. Emil., 89); "Cum damno pudoris : de la
uergoina" (Gl. Sil., I7I); "Rayo de sol", "rayyo de mañana",
·"face de matrana" (jarchyas mozárabes, Stern, 3 y 36); "De
natura somos de comdes de Can·ión", "Un brial primo de ~:i
clatón", "Por miedo del rey Alfons", "Ca acusado seré de lo que
'V OS he servido", "Comdes de prez e de valor" (Cid, 3296, 3090,
33, 73, 3441), etc. La determinación con de corresponde en ro-
y xvrr emplearon construcciones semejantes, en las cuales no se indica
varticipación en cantidad o número, sino en cualidad: "Pronunciaciones
·que tienen del arávigo" (Valdés, Diál. lengua, 40); "Haziendo aquí del
desesperado , del sandio y del furioso" (Cervantes, Quijote, I, zs) .
(18) KGHNER-STEGMANN, Ausf. Gram., §§ 85, 86, 91; ERNOUT-THo-
MAS, Syntaxe latine, §§ 57, 69-74; RoENSCH, !t. !tnd Vulg., pág. 426;
BouRCIEZ, Éléments, §§ 107, !09; V. Vii.ii.NANEN, La prépos1:tion latine "de"
e t le génitif. Une mise au point, en RLiR, XX, 1956, 1-20.
66 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
manee a empleos del genitivo cuya sustitución por el ablativo con
d e no consta expresamente en época latina; así al genitivo latino-
de cantidad o duración corresponden "Una niña de nuef años"
(Cid, 40); "Seso de un maravedí" (D.JManuel, Lucanor, 210) ;.
"Jornada de quince días" (Romancero, Primav., 173°); al de con-
cepto o rúbrica, "Non quiero far en el monesterio un dinero de·
daíio" (Cid, .252), "Moros e moras, avienlos de ganan~ia"
(Id., 465); al genitivo ponderativo de nombre reiterado, que se·
propagó en el latín cristiano por calco del hebreo, "Enos siéculos.
de lo[ s] siéculos" (GI. Emil., 89); "Flor de las flo1'es" (]Ruiz,
r678), etc.
§ 7. Genitivo, aposición y determinación con de.-La cons-
trucción romance con de corresponde también al genitivo de de-
finición o aposicional latino: " la virtud de la justicia", "el nombre·
de amistad" , son el paralelo español de los ciceronianos ."virtus:
i u s t i t i a e " , "nomen a m i e i t i a e " . Con nombres geo-
gráficos la prosa latina clásica usaba ordinariamente la aposición
"urbs Ro m a" , " G a r u m na flumen", rara vez el genitivo;·
pero entre los poetas y después en el latín tardío cundieron "urbem
Pata u i " , "flumen H i m e 11 a e" (r9). La aposición subsis-
tió en el sintagma Burgos la casa 'la ciudad de Burgos' (Cid, 62),.
Silos la mongía (Berceo, SDom., 407 d), París la ciudad (Roman-
cero, Primav., 176°), grato a la poesía narrativa medieval; y hoy
es norma única en "los montes Pirineos", "el río Tajo". Pero la
construcción con de, sustituta del genitivo latino, se encuentra
desde el primer momento en " la casa de Berlanga" (Cid, 2877),
" la ·<;ibdat de Tiro" (Prim. Crón. Gen., 31 a r6) como solución
habitual del lenguaje corriente. Con menos pujanza,. hasta el siglo
xvn hay ejemplos de "el río de Jordán", "el río de Ebro" (20).
La fórmula con de no encontró oposición en las expresiones ero-
(19) KÜHNER-STEGMANN, A11sf. Gram., I, §· 85 5 ; JuRET, Sy1~t. lat.,.
1926, pág. 283; ERNOUT-'l'HOMAS, Synt. lat., § 56; BASSOLS, Sint. lat., I,.
§ 72; E. AnELAIDE HAHN, Vestiges of Pa·rtitive Apposition in Lat·in
Syntax, 'l'ransactions and Proceedings of the American Philogical Asso-
ciation, LXXXIV, 1953, págs., 97-8; CuERVO, Dice. de const. y rég., II,
791-2.
(20) Véa se CuERVO, Dhc. de constr. y rég ., II, 791 a y 795·-7.
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 67
nológicas "En el mes d'abril, después yantar" (Razón de Amor,
II); "El mes era de mayo, un tiempo glorioso" (Alexandre, O,
I788 a); "En la era de ochocientos et un anno" (Prim. Crón.
Gen., 340 a 26); junto a hoy día, con aposición, es forzoso el día
de hoy cuando el apelativo precede, y el día de nwiiana no tiene
contendiente en la actualidad. Durante siglos se vaciló entre día
domingo, día lunes - herederos de di e s do mini e u s, di es
1 un a e - y día de domingo, día de lunes; y aun ahora no sor-
prendería "año de núl q~tinientos cuarenta" frente a la abruma-
dora difusión de "año m.il quinientos cuarenta" ; pero nadie diría
"esto ocurrirá el año de dos mil", sino "el año dos mil". Se ad-
vierte, pues, en la lengua moderna una tendencia favorable a la
aposición (2I ).
§ 8. Esa tendencia es mucho más patente a costa de la tra-
dicional construcción denominativa con de. Títulos como Instituto
de San Isidro, Teatro del Príncipe, Fonda de San Sebastián, Pla-
tería de Ma~-tínez, ceden terreno frente al empuje ele Instituto
Cajal, Teatro Infamta Isabel, Pensión San Antonio, Almacenes
Rodríguez, fusil M auser, calcetines Goliat. Igual supresión de
nexos se va extendiendo en Paseo Colón, Calle Ausias March, Pla-
za San Jo sé, con mengua de Paseo de Calón, etc., única fórmula
posible antes. Contribuyen a este desarrollo la rapidez propia del
lenguaje comercial y ele la vida moderna; el deseo ele estahlécer
una distinción formal entre la denominación y las relaciones ele
posesión, origen y demás expresadas por de; y el desgaste foné-
tico ele esta preposición en el habla vulgar, que llega frecuente-
mente a suprimirla por completo tanto en la denominación (" la
calle de Gaya" > "la calle 'e Gaya" > "la calle Go)la") como
cuando tiene valor posesivo: " la casa de Juan" > "la casa 'e
Juan" > "la casa Juan" (22).
§ 9. Variedad interesante del gemtlvo aposicional !afino es
la atestiguada desde Planto hasta Cicerón en ejemplos de carác-
(21) Ibíd., 791 a-b; KANY, Ame·rican--Sp. Synt., pág. 24.
(22) V éanse JuLIO CASARES, Int1·orJncdon a la lexicog·ra.fía moderna,
M::adrid, 1950, 173'; SALVADOR FERNÁNDEZ, Gramática, § 74, y mi Historia
de la lengua espaííola, 1959, págs. 301-302 11.
68 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
ter familiar y afectivo como s e e 1 u s v i r i , m o n s t r u m
m u 1 i e r i s , d e 1 i e i a e p u e r i , p e s t e s h o m i n u m ; des-
pués, en el siglo VI, f e r a h o m i n i s . Lo peculiar de este
giro consiste en poner de relieve una cualidad o rasgo presentán-
dolos como esencia de su poseedor. Dada su fuerza expresiva, no
es ele extrañar que construcciones de este tipo hayan perdurado
en las lenguas románicas con la habitual sustitución del genitivo
por de (fr. un amour d' enfant, cette pourriture de fe111111e, it.
quell' asina di comerciante, port. u m disjHwate de calor, etc.). N o
se han recogido testimonios medievales españoles ; pero semejan-
. te falta no debe atribuirse a que no existieran todavía. N ebrija
menciona el asno de Sancho como expresión con cuyo doble senti-
do se solía hacer burla, y en los siglos xvi-xvn hay otras mues-
tras: "Dio me vna gran calabac;ada en el diablo del foro" (Laza-
rillo, fol. v.); "Demonios de hombres ¿dónde vays ?" (Cervantes,
Quijote, II, 29). Pero donde mayor desarrollo alcanzan estas
construcciones es en el lenguaje coloquial moderno, que abunda en
identificaciones ponderativas como una monada de c!úca, ese cas-
tigo de mujer, qué delicia de pueblo, una miseria de sueldo, un
pingajo de hombre, qué dolor de país, una enormidad de gente, et-
cétera. Aunque no faltan grupos en que los dos términos son abs-
tractos ("¡Qué tristeza de olor de jazmín!" Juan Ramón Jimé-
nez; un desastre de situación), el primero puede ser concreto y
expresar figuradamente la cualidad, según hemos visto en el asno
de Sancho y es patente en ese veneno de hombre o "el mendrugo
de jefe que tenéis". El segundo término suele ser concreto y
representar entes sensibles, ora vaya sin artículo ni otro actualiza-
dor, como en la mayoría de los ejemplos citados, ora sea apelativo
actualizado o nombre propio: el zorro del administrador, esa
P1'eciosidad de Juanita, el z oquete de tu primo (23).
Las construcciones del tipo el bueno de Mina'ya (Cid, ro30),
esa pecadora de moza (Comedia Seraphina, 340, 9), el traidor del
cora<;ó~ (Guevara, Menosprecio, 56), el pobre de luan, la fresca
de tu. hermana, con adjetivo sustantivado como primer término,
(23) Remito a los §§ I-3 de nú artículo Sobre las constr-ucciones
"el diablo del toro", "el b·u.eno de Minaya", "¡a·y de mí!", "¡pobre de Juan!",
"por malos de fJecados", próximo a aparecer en "Filología" de Buenos
Aires.
--
LOS CASOS ·LATINOS: RESTOS SI N'I'ÁC'l'ICOS Y SUSTITUTOS Ó5J
se encuentran con distintas variedades en todas las lenguas ro-
mánicas y postulan como origen un sintagma latino ':' i 11 e b o -
n u s P e t r i formado sobre el esquema de se e 1 u s vi r i con
sustantivaciones como i 11 e s a e r i 1 e g u s (Terencio, Adel.,
265) en el primer elemento (24).
§ 10. Genitivo excla111,ativo latino. Exclamaciones roman-
ces con de.-Ciertas exclamaciones latinas llevan a veces en ge-
nitivo el nombre que representa al objeto causante de la emoción,
ya jubilosa, ya de dolor: "Di immortales, m ere i m o ni 1 e -
p i d i ! " '¡ dioses inmortales, qué buena compra!' (Plauto, Mos-
tell., 912); " F o e de r is heu t a e i ti ! " (Propercio, IV, 7,
21); "O mis era e sor ti s ! " (Lucano, 2, 45); "Pro m a 1 a e
trae t a ti o ni s ! " (Tertuliano, Paen., 1 2 , 7), etc. Este uso
continúa vigente en el latín eclesiástico (25), y con él parecen
entroncar, mediante la habitual sustitución del genitivo por de,
algunos tipos ele exclamaciones románicas. En una canción pro-
venzal anónima del siglo xn, "O y Dieus, oy Dieus, de l' alba,
tan tost ve!", de corresponde exactamente al genitivo de los ejem-
plos latinos antes mencionados. Pero en el francés antiguo "Filz
Alexis, de ta dolente 11iedre!" (Alexis, So) de no precede ya a la
mención de lo feliz o lamentable, sino a la del ser a quien afecta.
En catalán subsisten hoy exclamaciones como "De Miquel nos-
tre! Si que l'has feta bona ! ". Así se manifiesta la continuidad
entre las exclamaciones latinas con genitivo y las románicas de
dolor, conmiseración o amenaza como en rumano "Vai de voi,
bogatilor" '¡ay de vosotros, los ricos!', o en español "¡Ay de mí,
con qué cobro tan malo me venistes" (JRuiz, 783 a); "¡Guay de
la tierra do lo tal contes~e!" (Gonzalo Martínez de Medina, Canc.
de Baena, 333°); "¡Ay del triste desaventurado !", "¡Guay de la
que trae por la mañana el saluado !" (Corbacho, ed. Simpson, S
y 28) ; "¡ Guay del que duerine solo !" (Id., ed. Penna, 228 b) ;
"¡Ay del que llega sediento 1 a ver el agua correr ... ! / ¡Ay del
noble peregrino 1 que se para a meditar ... ! (Antonio Machado,
. Poes. 39a). Cuando la exclamación oontiene un adjetivo, éste
puede aplicarse directamente al nombre o pronombre: "¡ E mes-
(24) lbíd., § 4·
(25) lbíd., §§ S y 7.
70 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
quina yo!" (Tristán, r68, r9), ¡Pobre criatura!,· pero es muy
frecuente que se interponga la preposición de: " ¡Ay triste de mí,
que amo e non so amada!" (Corbacho, r32); "¡Tristes de las
mo~as 1 a quien truxo el cielo / por casas agenas 1 a seruir a
dueños!" (Cervantes, La entretenida, 40) ; "¡ Ay infeliz de la
que nace hermosa !" (Quintana, BibAE, XIX, 36 b). Esta inser-
ción, dominante hoy en exclamaciones lamentatorias, no se suele
dar en las de alegría o congratulación: ¡Bienaventurados los
pacíficos!, ¡Felices vosotros! (26).
§ 11. eoncurrencia entre de y otras preposiciones en los
comp lementos nmninales.-Las áreas del genitivo latino y de la
preposición española de no son las mismas: el genitivo tenía em-
pleos donde ha sido reemplazado por otras soluciones; a su vez
de introduce complementos que corresponden a otros casos, sobre
todo al ablativo. Aunque nunca fue único instrumento posible para
enlazar el nombre con sus complementos, los textos medievales y
clásicos la ofrecen a menudo donde hoy se requieren o por lo
menos se admiten otras preposiciones. Con nombres verbales de
movimiento se usaba antes para indicar la dirección o término :
recuérdense la Subida del monte Sión de Fray Bernardino de
Laredo, la Subida del monte Carw~elo de San Juan de la Cruz, La
Introducción del Símbolo de la fe de Fray Luis de Granada o el
Viage del Parnaso de Cervantes, títulos que hoy llevarían a y no
de para evitar la anfibología entre procedencia y destino. Como
también es ambigua la determinación con de en "Por amor de
mio 9id esta cort yo fago" (Cid, 297r) .o en "Desaté la lengua en
tantas maldiciones de Luscinda y de don Fernando" (Cervantes,
Quijote, I, 27), no es de extrañar que cunda aquí igualmente el
uso de a, potestativo en el primer ejemplo, necesario hoy en el
segundo. En general el régimen de los nombres verbales tiende
a igualarse con el de los verbos respectivos: "sumisión a los su-
periores", "dominio por otros", "esperanza en alguien", "el tra-
(26) M.EYER-LÜBKE, Gram. des l. r., III, § 276, no tiene en cuenta la
existencia del genitivo exclamativo latino como antecec;lente del de románico.
Lo mismo CUERVO, Dice. de const. y rég., II, 794-S; su ejemplo cervan-
tino "¡ Jesús, Jesús, de la mala hembra!" se basa en una mala interpre-
tación del texto. 1 •i
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 7I
to con amigos"; junto a "olor de rosas" se extienden "olor a
tierra mojada" (Benavente), "sabor a plomo en la boca" (Con-
cha Espina), etc. (27).
§ 12. Sustitución del dativo nominal latino.- Mientras la
morfología y sintaxis pronominales conservan restos del dativo
]atino, ninguno queda en la flexión ni construcciones del nombre
-español. Al dativo nominal latino corresponden en nuestra lengua
·el uso de las preposiciones a, para, en, por, o la construcción sin
nexo propia del .objeto verbal. Tales sustituciones arrancan de al-
ternancias que existían ya en latín, algunas desde la literatura
.arcaica. Eliminado finalmente en ellas el dativo nominal, las solu-
·CÍones triunfantes lo reemplazaron también en sus demás empleos.
Empezando por las concurrencias más limitadas : el latín clá-
sico decía " hui e p u ero . . . metuit" (Cicerón), "veritus na -
vi bus" (César), junto a "quid pro q u o que timendum ...
.sit" (Cicerón); "metus pro re pub 1 i e a " (Tito Livio ), me-
nos frecuentes; en cambio " impera t o r i su o militare" (Tá-
cito) era más raro que " dimicare pro 1 e g i bus" (Cicerón) o
-el horaciano " pro patria morí" (28). Este ablativo con
pro es el origen ele la construcción española temer por el niño,
miedo por la república, luchar por las leyes, morir por la patria.
Asimismo alternaban en latín el dativo ele dirección -escaso-
y el de finalidad -abundante- con el acusativo con i n : " se re-
cipere castello" e "in oppidum recipere", "venire
a u x i 1 i o " y "venire i n a u x i 1 i u m " , "clare d o n o " e
" in p re mi u m clare" (29). Del acusativo con in provienen
las construcciones españolas entrar en la ciudad, refugiarse en el
.castillo, ir en auxilio, dejar en custodia, hacer algo en venganza o
en castigo, en honor o en memoria de alguien, dar alguna cosa en
don o en premio, etc.
(27) CuERvo, ibíd., 792-3; AcADEMIA, Gram., §§ 224 d y 225, y Dice.
Hist. , fasr , r ,
I9ÓO, pág. r8 b.
(28) T<"üHNER-STEGMANN, Ausf. Gram., 1, págs. 314, 339, 514-5.
(29) [l>íd., págs. 344-6, 564, 566-7; G. LANDGRAF, Der Dativns C01)1,o
·madi 1111d der Dativus finalis, ALL, VIII, r893, págs. 75-6.
72 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
§ 13. Dativo y acusativo con ad.-El mayor rival del dativO>
fue el acusativo con a d , muy frecuente en los complementos,
recién mencionados, de dirección y finalidad: " legiones a d u r-
be m adducere", "a d be 11 u m exire", "castra a d p rae -
da m relinquere" (30) son el antecedente de los españoles "traer
tropas a la ciudad", "marchar a la guerra", "abandonar al pilla--
je", "Casar queremos con ellas a su ondra e a nuestra pro" (Cid,.
r888). El complemento de adjetivos como u ti 1i s, b o n u s,
aptus, accommodatus, necessarius, inutilis-
iba en dativo si designaba personas; pero el acusativo con a d
era preferido en la prosa clásica para designar cosas : "Non
solum a d a g r u m utile, sed etiam a d e i b u m " (Va-
rrón) (3 r) ; en español se ha borrado tal distinción y a sirve para
introducir la mención de personas o cosas como término de rela-
ción de estos y otros adjetivos: "Falsso a todos, e t'1ás al Criador"
(Cid, 3387); "Contrario a los mandamientos de Dios" (Zifar, 30r,
r7); "Era lugar apto a deuoqión" (G. de Santa María, Evang. y
Epíst., 83, ro); "¡Qué benigno a los sub jetos, 1 y a los bravos
y daíiosos 1 un león" (J. Manrique, Coplas, 26 jk). Muchos ver-
bos latinos podían, sin cambio de significación, llevar un comple-
mento en dativo, como objeto indirecto, o un acusativo con a d ~
como término de dirección o intencional: intransitivos como a e -
e e d ere, a des se, as pi r are, e o n su es e ere , transi-
tivos como a e e o m m o d a r e : a d d e r e , a p p 1i e a r e , e x -
p o n e r e , i n t e n d e r e , o f e r r e , e incluso d a r e , d e -
m a n d a r e , r e s t i t u e r e , t r a d e r e , etc. Y a en Plauto se·
encuentran "hunc a el e a r ni f i e e m dabo" (Capt., ror9), " a d
m e magna nuntiauit" (Mil., rr6) (32). La construcción con a d
desplazó por completo al dativo nominal como término indirecto·
ele estos verbos y de todos los demás. E l español, desde sus pri-
meros tiempos, no conoce restos del dativo fuera del pronombre :
"Qui dat a los misquinos" (Gl. Emil., 48); "Uoluptatibus ele-
di ti: a las uoluntades malas" (Gl. Sil. , I9S); "A la puerta se
•Uegaua", "Mucho pesa a los de Teca", "En la su quinta al (iá
(30) KüHNER-STEGMANN, Al~sf. Gram., I, págs. 5I8, 522,
(3 I) fbíd ., págs. 3 I 5-6, 522.
(32) Ibíd., págs. 326-332, 519; RoENSCH, !tala nnd V1tlg ., págs. 426-7-
LOS CASOS LA'l'1NOS: RESTOS SINTÁC'l'1COS Y SUS'l'ITU'I'OS 73
caen cient cauallos", " Vezós mio <::id altas cortes pregonadas",
"Esto lidiaré a tod el más ardido" (Cid, 37, 625, 8os, 3272,
3359 b), etc.
§ 14. E l complemento con a sustituye al dativo latino en
ciertos giros cultos que imitan construcciones latinas· con el verbo
es se (33). No abundan los remedos del es t mi h i 'tengo',
aunque el Marqués de S antillana escribiera "A las ánimas sinies-
tras 1 es tal terror o temor" (Bías, estr. 152). Más fortuna tuvie-
ron las adaptaciones ele es s e 'servir ele', 'ser causa de' : "El
ensennamiento es buen compannero a los que son fuera ele su
tierra" (Flores de Filosofía, So); "Es grande descanso a los afli-
gidos tener con quien puedan sus cuytas llorar " (Celestina, I, 26,
12); "El melancólico vazío 1 A Poliphemo, horror ele aquella
sierra, 1 Bárbara chor;a es, aluergue vmbrío / I redil espacioso"
(Góngora, Polifemo, vv. 43-44) ; "Las madres eran coránicas a
sus hijos para darles que imitar en sus padres" (Quevedo, España
defendida, V, 1945, 369 b). Sin el verbo ser se encuentra com-
plemento ele referencia con a en vocativos o aposiciones a voca-
tivos: "Divino Sueño, gloria de mortales, 1 regalo dulce al mí-
sero afligido " (Herrera, ed. 16 19, I , canc. I , V. 15) A unque el
uso habitual se vale de para, la relativa frecuencia ele a se explica
no sólo por su sabor latinizante, sino por existir ele manera es-
pontánea en español el sintagma "falsso a todos", "benigno a los
subjetos" (cf. § 13}.
§ 15. Dativo, acusativo con acl y ablativo con a o ab.-La
preposición a puede corresponder en ocasiones a la latina a , a b .
La confusión ele éstas con a d es frec uentísima en la Alta Edad
Media: "accepi ad te pretium", "sit separa tus ad corpus et san-
guinewt Domini", "parient tibi ... quantum ad vos fue rit meliora-
tum" , "fuit eclificata eglesia ipsa ad avio nostro domno Aurelio"
(años 887, 948 y 990, Cartul. S. Vicente ele Ovieclo, págs. 5, 11 ,
25 , etc.). Así pues en "espidiensse al rey" (Cid, 1914) hay con-
tinuidad con ex p e d ir e se a b a 1i q u o , aunque por otra
parte exista el dativo pronominal de "se me despidió", " clespedír-
(33) KÜHNER-STEGMANN, Ansf. Gmm., I , págs. 342-5.
74 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
"·
sele". En "pedist las feridas primeras al Cam,peador leal" (Cid,
3317) confluyen dos usos latinos : el clásico pete r e a 1 i quid
.a b a 1 i q u o y el tardío p e t e r e a 1 i q u i d a d a 1 i q u e m ,
variante de p e t e r e a 1 i q u i d a 1 i e u i . Cuando Santillana
escribe "Fortuna non discrepante / a sabia Naturalefa" (NBAE,
XIX, 557 a) no se sabe si piensa en di ser epa re a 1 i e u i o
en d i s e r e p a r e a b a 1 i q u o , existentes los dos en latín. La
posibilidad del doble origen alcanza a otros ejemplos con otros
verbos de separación y ele ruego (34).
Especialmente problemático es el complemento con a que
:acompaña a infinitivos dependientes ele verbos como de.xar, man-
dar, fazer, ver, oír, o a infinitivos encuadrados en .construcciones
ele carácter intermedio entre las reflexivas y las ele pasiva refleja:
·" A los judíos te clexeste prender" (Cid, 347); "A todos sos va-
rones mandó fazer una cárcava "· (Ibícl., 56I); "Non VOS acom-
·pannecles a ladrones nin a fornicadores" (Bocados ele Oro, 91);
"Fizieron se matar ellos mismos a los suyos" (Prim. Crón. Gén.,
98 b, 30); "Uos uecles a Munno Salido assí me desondrar" (Ibícl.,
437 b, 26); "La llaga non se me clexa a mí catar nin ver" (JRuiz, ·
589 a) " Los hombres ... non se pueden ... domeñar a lo que la
razón quiere" (Alfonso ele Valclés, Lactancia, 123, 8); "Oí al
bede.Z de las escuelas echar la fiesta de Panza" (Muñón, Lisandro
y Rloselia, 24, 26}. La interpretación tradicional entendía que el
infinitivo ele estos ejemplos es activo y tiene por suj eto el nombre
o pronombre introducido por a; y que el uso ele la preposición
obedece a co ntagio de las construcciones latinas ele doble acusa-
tivo en que el acusativo ele persona ha pasado a ser objeto indi-
recto (d. §§ r8 y 19). Otras teorías explican el infinitivo como
procedente aquí del infinitivo pasivo latino y heredero ele su ca-
rácter; el complemento con a es para unos continuación del abla-
tivo agente latino con a b o a; según otros resultó ele la susti-
tución normal del dativo agente latino por a d +acusativo. Es
ele notar que el dativo agente ( " M e t e 11 o cognitum erat genus
(34) lbíd., 3I9, 373, 492-3; LoFSTEDT, Syntac tica, I, 2~ ed. , r942, 205-6;
GüNTER REICHENKRON, Das priipositionale AHusativ-Objekt im iiltesten
Spanisch, RF, L XII I, I95 I, 389-9I. Para más ejemplos españoles v. KE-
NISTON, Syn.tax, 2.645, y el Dice. Hist. de la R Academia (rg6o), págs. I9 a
:y 24 a.
LOS CASOS LATINOS: RES1'0 S SINTÁCTICOS Y SUSTI'l'U'l'O~i 75
Numidarum infidum" Salustio, Yugurta, 46, 3) continuó usán-
dose en el latín tardío y perdura cuando el complemento es un
pronombre: "Dexósle prender" (Cid, 3339); "Fa<;ieli el demonio
de<;ir grandes locuras" (Berceo, SMill., 158 a); "Mandóli tomar
órdenes" (Id., StoDom., 42 e). El sentido lingüístico del hablan-
te actual, tanto en español como en las demás lenguas romances
donde existen estas construcciones, ve en ellas un infinitivo activo;
pero es innegable que algunos de los ejemplos medievales se ex-
plican mejor partiendo del infinitivo pasivo. El cambio ha de
relacionarse con el progresivo descenso que, sobre todo en español,
ha experimentado a lo largo de los siglos el uso de la voz pasi-
va (35).
§ 16. Concurrencia latina de dativo y acusativo sin preposi-
ción.- Duplicidades y cambios en la construcción transitiva o
intransitiva de muchos verbos han dado lugar a que el sustituto
español del dativo latino sea con frecuencia un complemento direc-
to que va sin preposición si es ele cosa, y que lleva a si es de per-
sona: a el u 1 a r i > adular, a u s e u 1 t a r e > escuchar, e u -
r a r e > curar, i m i t a r i > imitar, i n v a el e r e > embair,
invadir, m a 1 e el i e' e r e > maldecir y otros verbos más podían
construirse en latín, sin variación ele significado, con dativo como
intransitivos o con acusativo sin preposición como transitivos (36) ;
en español sólo funcionan como transitivos, con a ante complemen-
to de persona en la lengua moderna (adular al poderoso' escuchar
al desdichado, imitar a otros), sin a ante el complemento ele cosa
(adular la vanidad de alguien, escuchar sus palabras, imitar sus
(35) KÜHNER-STEGMANN, Ausf. Gram., I, págs. 99-101, 324-25, 495;
ERNOUT-THOMAS, Synt. la t., §§ 94-5; BASSOLS, Sint. lat., § 100, 131 :
'VIT1LFRED A. BEARDSLEY, Infinitive. Constmct·ions in Old Spanish, New
York, 1921, págs. 55-74; RE1CHENKRON, RF, LXIII, 1951, 392-4. Más
ejemplos españoles en MENÉNDEZ PIDAL, Cantar de Mio Cid, I, pág. 343;
KEN1STON, Syntwr, 2.66-2.685, y· en el Dice. Hist. de la R. Academia
(1960), págs. 20 e y 23 c.
(36) KüHNER-STEGMANN, Ausf. Gram., I, págs. 257-60, 3o8-313, 332-
34; O. RIEMANN, Syntaxe latine, 7" ed. revue par A. ERNOUT, 1935, § 43;
BASSOLS, Sintaxis histó·rica de la l. lat., I, 1945, §§ 137-8.
BOLETÍN DE LA R EAL ACADEMIA ESPAÑOLA
virt'udes), etc. (37). Igualmente admitían las dos construcciones
verbos como a d j u t a r e , a s s i s t e r e y s e r v i r e , cuyos
descendientes españoles ayudar, asistir y servir tienen usos tran-
sitivos y pueden ir en pasiva (38); pero en voz activa llevan a
incluso ante complemento ele cosa: "Los árboles y el viento J al
sueño ayudan con su movimiento " (Garcilaso, Égl. II, 76), asis-
tir a las necesidades de los pobres, servir a una causa justa. Obe-
dece1' y resistir, continuación ele los intransitivos o b o e di re y
res i s t e .re , se emplean también en acepciones transitivas, pero
vacilan entre obedecer las órdenes y a las órdenes, resistir las
amenazas y a las amenazas. Con responder, asimismo transitivo
y procedente del intransítivo re s pon d ere (39), domina res-
ponder a las preguntas, aunque no dej en ele encontrarse ejemplos
sin preposición.
§ 17. El objeto directo de persona con a.-El español y el
rumano han clesrrollaclo más que ninguna otra lengua románica la
distinción entre el objeto directo personal y el no personal, ante-
poniendo al primero una preposición que en rumano es p( r) e
(< p e r o s u p e r ) y en español a ( < a el ) . El uso de a ante
objeto directo personal se da también en el Centro y Mediodía de
Italia, en Sicilia y Cerdeña, en retorromano, triestino, algunos
dialectos provenzales, en el francés ele Friburgo y Bruselas y ,
sobre todo en portugués y catalán ; pero mucho más restringido
que en español (40). No todo objeto directo ele persona lleva a
(37) A ñádanse sustitu ciones como las de i n vid ere y s tu d e r e,
intransi tivo s, por envidiar., estudiar, transitivos.
(38) "Con aquestas mis dueñas, de qttien só yo servida" (Cid, 270) ;
"En aquell os principios don Juan era poco ayudado de la e.rpe1•iencia" (Hur-
tado de Mendoza, apud Cuervo, D ice. const. y 1·ég., I, 821 b) . E l latín.
se rvi r e además del dativo y el acusativo sin preposición (KÜHNER-
STEGMANN, At~sf. Gram., I, 312) , rigió tardíam ente acusativo con a d :
"Ad mit,ts imperúmt caelum, terra, maria serviebant" (S . J erónimo). Para
el esp. servi·r a, v. ANNA G. HATCHER, MLN, LVII, 1942, 424 n. 6.
(39) Llevaba acusativo sin preposición en la expresión técnica ius
respondere, KÜHNER-STEGMANN, Attsf. Gmm., I, 278.
(40) Véanse H ARR1 MEIER, Sobre as origens do acusativo preposi-
cional 11as línguas t•omiin.icas, en Ensaios de Filología Romfmica, Lisboa,
1948, págs. 11 5-1 64, y G. RoHLFS, H istorische Gm11VJnati.k der Italien-
ischen Spmche u.nd ih1·er M11ndarte1~, II, 1~q9, § 632.
LOS CASOS LA'I'INOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTI 'rU'I'OS 77
en español, sino sólo el que designa un ente personal o grupo de
personas vistos en su individualidad concreta o como suma de
individualidades concretas. Por eso no llevan a giros como ganar
am.igos, busca?' criado, en que el nombre no se refiere a individuos
determinados sino a nociones categóricas equivalentes a 'amista-
des' o 'servicio', y en cambio es necesaria la preposición en " bus-
co a un criado", donde se trata de una persona concreta. N o hay
límites tajantes para el uso u omisión de la a: los decide una
sutil casuística según los matices significativos del verbo, el grado
o carácter de la determinación del nombre y factores psicológicos
diversos. Así puede haber contrastes como el de "tiene a su mu-
jer enferma" frente a "tiene una m.ujer muy inteligente". Por
otra parte el sentido categórico en que está empleado el nombre
no impide la presencia de a en "lo quería como a padre", donde
a. precisa el tipo de relación y evita equívocos: " lo quería como
padre" podría entenderse refiriendo padre al sujeto o interpretan-
do 'por padre', 'en concepto o funciones de padre'. La preposición
se encuentra a veces ante objeto ele cosa, bien por tratarse de
nombres propios o personalizados (" gañó a Colada", Cid, roro;
"Commo a la mi alma yo tanto vos quería", 279; "Non pueden
úesmentir a la astrología", JRuiz, 125 d) , bien para evitar an-
fibologías ("El deso ~ence al miedo", Alemán, Guzmán, I, 183, 2);
Juan de Valdés censura a quienes "aviendo de dezir el varón pru-
dente ama a la justicia, clizen ama la justicia, la qua! manera de
hablar puede tener dos entendimientos" (Diál. lengua, r 52, 25).
El uso de a ante el objeto directo personal se ha extendidoy
-consolidado con el transcurso del tiempo: el español medieval y
clásico lo ofrecían con regularidad mucho menor que el moderno.
En el Cantar de Mio Cid alternan "recibe a Minaya" (488) y
" recebir las dueñas" (r583), "veré a la mugier" (228) y "vere-
mos vuestra m.ugier" (210), "a quatro matava" (2397) y "mata-
ras el moro" (3325), "a mis fijas bien las casaré yo" (2834) y
"casastes sus fijas" (2939) y abundan "prendo don Elvira"
(2097), "los otros espanta" (3274), "consseió los yfantes" (2999),
etcétera. También son numerosos eli. Juan Ruiz "vinieron ver su
seiior" (82 b ), "Dios, quando formó el om.ne " ( rog a); "ella otro
amará" (689 b), etc. En los siglos xvr y xvrr es grande el pre-
dominio de a, pero todavía es frecuente la omisión: "La desdicha-
BOLETÍN DE LA REAL AC.ADEMIA ESPAÑOLA
da Tisbe ... fue despedazada esperando el su, querido Pyramo"
(Muñón, Lisandro y Roselia, I82, I5); "Para mi casa llevan este
muerto" (Lazarillo, f. 3I V0 ) ; "Por qué maltratáis ansí la mo-
chacha?" (Lope de Rueda, 238, I7); "¿Veré mi hijo?" (Lope de
Vega, E l cordobés valeroso, v. I66); "Acusaron los escribas y
fariseos la mujer adúltera" (Quevedo, Política de Dios, II, capí-
tulo VII); "Mató vuestro hermano" (Rojas, Cada cual lo que le
toca, v. 783); "Voy a matar esos borrachos" (Moreto, Travesu-
ras ele Paritoja, 396 e) (4I). Desde el siglo XVIII la ausencia ele a
es rara fuera de la compleja casuística aún hoy vigente. Sin em-
bargo el P . Isla escribe "agua de socorro con que bautizar los
párvulos" (Fray Gerundio, I885, V, II6); Cadalso, "recoge un
español cautivo entre los salvajes", "deseo tratar un sabio afri-
cano" (Cartas marruecas, Clás. Cast., CXII, 92, I7ü) ; y aun en
el siglo XIX se encuentran ejemplos de Hartzenbusch y Adelardo
López de Ayala (42).
Mucho se ha escrito sobre el origen y sentido primero del uso
ele a ante el objeto directo ele persona. Diez, Brauns y H ills (43)
lo entendieron como un procedimiento para impedir confusiones,
ya que la libertad en el orden ele las palabras da lugar a anfibolo-
gías si no se distinguen formalmente el sujeto y el objeto personal.
Meyer-Dübke lo interpretó como una sustitución con a el del
dativo ele interés latino : el español separa gramaticalmente las
categorías de seres animados e inanimados, corlSideranclo a los
primeros interesados en la acción del verbo y a los segundos sólo
alcanzados por ella (44). Th . .Kalepky vio un uso locativo ele di-
rección, algo com·o 'hacia', tanto en el rum. p(r)e cuanto en el
(41) V éanse MENÉNDEZ PIDAL, Can.ta1' de Mio Cid, I, págs. 339-340;
KEN1STON, Syntax, 2.151 y sigs., en especial 2.242, 2.246, 2.251 y 2.261 ;
A. CASTRO, Teatro Antiguo Es1paiíol, II, 1917, pág. 204, y J. F. MoNTE-
SINOS, Id., VII, pág. 228.
(42) Véase R. ACAD. EsP., Dice. Histórico, pág. 21 c.
(43) F. Dmz, Gra.mmatill der Ro111 . Sprachen, fünfte Aufl., r882,
págs. 835-6; J uuus BRAUNS, Ober den p·riipositionalen. Acwsativ ím Spa-
nischen 111it gelegen·tl·ich B eriicksichtigu.ng auderer Sprachen, Hambttrg,
1909; E. C. H1LLS, The accusative "a", Hispania, III, 1920, págs. 216-222.
(44) Gmmmaire dej l. r., III, § 350.
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SI NTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 79
español a (45). L. Spitzer entiende que el objeto personal se dife-
rencia del de cosa en poseer una esfera de aubonomía, y que el uso
de a o de p( r) e ha surgido para indicar la ruptura de esa auto-
nomía por una agresión, pues cree que los ejemplos españoles más
antiguos de a d o a son con verbos que expresan acción violen-
ta (46). Por el contrario, Anna G. Hatcher encuentra que el uso
de a en el Cantar de Mio Cid responde a un sentido de respeto
más que de agresión (47). Mientras todas estas teorías tratan de
explicar el uso de a como consecuencia de haberse creado una.
categoría especial para el objeto de persona, Harri Meier (48) y
Günter Reichenkron (49)· sostienen que la construcción sintáctica
surgió bajo la acción de otros factores y sólo más tarde adquirió.
la función de oponer el objeto personal al que no lo es. Para
Meier el punto de partida está en los pronombres átonos de pri-
mera y segunda personas, que en casi toda la Romanía tienen una
sola forma (en esp., 11ie, te) para el dativo y el acusativo; tai
indiferenciación pasó a los pronombres tónicos, que habían toma-
do a < a d como sustitución del dativo latino (a él, a ella, a
otro, a alguno) o por contagio (a mí, a ti), y que la llevaron tam-
bién cuando hacían de objeto directo. Después se propagó la a a
los nombres propios y a los apelativos de persona en función de
objeto directo. Según Meier la penetración con los apelativos se
hizo por determinadas vías : paralelismo de construcción cuando
un pronombre [o nombre propio] y un apelativo estaban coor-
dinados ("Reciben a Mincvya / e a las dueiías e a las ni1"ías e a las
otras compaFías", Cid, IS68-g); comparaciones en que a puntua-
liza si el término de comparación ha de entenderse como suj eto o
como objeto ("Dos cavalleros que! aguardan cuma sefior", 2930);
inserción, también aclaratoria, de a cuando el obj eto directo prece-
(45) "P·riipositionale Pass1:vobjekte" im. · Spanúchen, Portltgiesischm
und Rmniinischen, ZRPh, XXXVII, 1913, págs. 358-364.
(46) R um. p(r)e, span, a vor pe¡·sonlichem Akkusativobjekt, ZRPh,
X L VIII, 1928, págs. 423 y sigs.
(47) The use of a as a designation of the personal accusative in Spa-
nish, MLN, LYII, 1942, págs. 421-429.
(48) Sobre as origens. V. nota 40.
(49) Das priipositionale Ak!wsativ-Objekt 1m iiltesten Spa1visch, RF.
LXIII, 1951, págs. 342-397.
8o BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
<:le al verbo ("El león premió la cabe<;a, a mio Cid esperó", 3338);
vacilación de algunos verbos entre la construcción originariamen-
te intransitiva, con a sustituta del dativo latino, y la construc-
ción transitiva. Así se llegó a un uso, potestativo o no, de la
preposición ante apelativos de persona en ciertas condiciones. En
este grado se han detenido el portugués y el catalán ; el retorro-
mano y los dialectos provenzales y franceses que hoy usan a ante
objeto personal no lo rebasan tampoco. Meier deduce que en la-
tín vulgar hubo de existir un acusativo de persona con a d limi-
tado a estas primeras etapas, irradiado probablemente desde Italia
y reemplazado en la Dacia, a causa de los especiales usos que allí
tomaron el dativo y su sustitución con a d , por un acusativo de
persona con p e r . El español y el rumano han alcanzado una
tercera etapa de generalización, con creciente relieve para la ca-
tegoría lingüística de lo personal. Meier ejemplifica su teoría con
textos modernos, en su mayor parte portugueses (50), pero reco-
noce la necesidad de un estudio comprobatorio sobre los documen-
tos latinos del período de transición. En apoyo de su tesis po-
dríamos aducir que en las jarchyas la única muestra segura de a
con objeto directo personal es "a wtibi tú no queres" y las demás
posibles son también con pronombre (5 r) ; en el Cantar de Mio
Cid el uso de a no tiene excepción ante pronombres tónicos con
papel de objeto directo y domina ante nombres propios en igual
caso, mientras que ante apelativos es grande la vacilación. N o
obstante, los documentos latinos de Castilla y León ofrecen ad
a nte algunos apelativos de persona desde el siglo x (52). Rei-
chenkron ciñe su estudio al Cantar de Mio Cid y otros textos
a rcaicos españoles; en su opinión, el empleo ele a ante el objeto
(so) Las anteriores citas del Cantar de Mio Cid se han añadido aquí
para facilitar la exposición.
(SI) Jarchya 17 de Stern, L es chansons mozarabes, I9S3, pág. 17.
Los ejemplos discutibles por inseguridad del tex to son "k'a otr-i amas",
en la misma jarchya, que puede leerse también k'autri o ke otri; y "Si
q ueres como bon a mib" (31 de Stern), que García Gómez (Al-Andalus,
XVII, 1952, pág. 95) interpreta "Si queres como bono 'I'IJÍb." En la 41
de Stern, García Gómez (Ibíd ., X I X, 1954, 389-390) lee "K'aclamay filiolo
a li eno/ ecl él a mibi".
(52) CuERVO, Dic e. de const. y rég., I, pág. 26 b.
LOS CASOS LATINOS: RES'l'OS SIN'l'ÁC'l'ICOS Y SUSTI'l'U'l'OS 8I
-directo de persona obedeció en un principio a motivaciones rít-
micas. Cuando el verbo y su objeto directo formaban una repre-
sentación unitaria, el apelativo-objeto no llevaba artículo ("Para
.arrancar moros del campo e seer segudador", Cid, 3519) (53);
_pero sí cuando la representación era bimembre ("Que mataras el
moro e que fizieras barnax", 3325). El artículo que manifestaba
la independencia del apelativo era rítmicamente una sílaba átona
·que lo separaba de la palabra acentuada que precedía. Como los
nombres propios y los pronombres sustantivos tónicos no llevaban
.artículo, a vino a cumplir ante ellos la misma función rítmica que
-el artículo ante apelativos ("Mató a Bucar ... e ganó a Tizón",
2425-6; "Quando prisa Cabra e a vos por la barba", 3288).
Pero al usarse ante nombres propios y pronombres adquirió un
-valor nuevo que le permitió extenderse ante apelativos con artícu-
lo o determinativo cuando designaban "individuos portadores de
nombre propio ("V eré a la mugie1' a todo mio solaz", 228 b;
"Dios salve a nuestros amigos", 3038). Reichenkron advierte re-
sistencia a la inserción de a cuando el nombre va precedido por
adjetivo, pronombre adjetivo o numeral. La partícula a se propa-
gó también ante objeto de persona a través de construcciones en
que el doble acusativo latino fue sustituido por un objeto directo
y otro indirecto (v. § r8) y en. aposiciones, contagiada de un
término a otro ("Verán a sus esposas, a don Elvira e a doña
Sol", 2r8r). A los usos de a procedentes de a d se sumaron
otros que arrancan ele a b , en los cuales un ablativo agente ori-
ginario acabó siendo• interpretado como objeto directo ("Uos
uedes a Munno Salido assí me clesonclrar", V. § rs). Todo ello
·concurrió, según Reichenkron, a que variando las circunstancias
en que se desarrollaba, la construcción con a perdiera su función
rítmica, rebasara las antiguas limitaciones y asumiera su valor
actual.
La presencia de a ante nombres propios geográficos ("mandó
.a J'vfont Mayor", "a Sarago(a metucla · la en paria", "gañó a
Valen(ia", Cid, 738, 914, 1212) encuentra en el estudio de Rei-
chenkron la misma explicación que el empleo ele a ante los demás
(53) Selecciono ejemplos entre los citados por Reichenkron a lo largo
-de su estudio.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
nombres propios, sin necesidad de suponer que los geográficos.
estuviesen personalizados (54). Podría <.ñadirse que en época mo-
derna, precisamente cuando la a es signo claro de personalización,
ha cundido una reacción contra su uso con nombres geográficos.
Se ha tachado de galicismo (SS) la tendencia a omitirla, pero res-
ponde al sentir de que la acción del verbo y su manera de afectar
al objeto no son las mismas en conquistó (a) Sevilla, visitaremos
(a) Barcelona que en conquistar a una mujer, visitaremos a tus
primos.
A pesar de los valiosos estudios citados no puede decirse que
hayan recibido aclaración definitiva los caminos por los cuales se
propagó el uso de a ante el objeto directo personal en españoL
Hay sin embargo tres hechos que parecen indudables: uno es el
entronque principal de esta construcción con la latina de a d +
acusativo, competidora y heredera del dativo latino; otro es que
la aplicación de un sintagma heredero del dativo al acusativo per-
sonal se sitúa en igual línea que la confusión de dativo y acusati-
vo en los pronombres átonos de tercera persona mediante ei
leísmo y el laísmo, fenómeno peculiarmente castellano; y por
último, que la distinción entre persona y cosa, fijada progresiva-
mente en cuanto al objeto directo, responde a una categoría de la
"forma interior" del español, manifiesta asimismo en la existen-
cia de los neutros lo y ello y en diferencias en la colocación res-
pectiva de sujeto y verbo según se trate de acción personal o de
acaecimiento (56).
§ 18. Construcciones latinas de doble acusativo.-Mientras
verbos latinos como d o e e r e , e e 1 a r e , p o s e e r e , r o g a -
re regían doble acusativo de persona y cosa, los correspondien-
tes verbos romances llevan objeto directo de cosa e indirecto de
(54) Art. cit., págs. 37r-38o, 388-9.
(SS) CuERVO, Dice. de constr. y rég., I, pág. I2 b; REAL AcAD. EsP.,
Gramática, ed. I9I7, pág. r88; ed. I93I, pág. 192.
(56) MEIER, En..saios, págs. 142-3, y Personenhandlwng rtnd Geschehen
in Cervante's Gitandlla, R.F, LI, I937; ANNA G. HATCHER, Theme and
Undedying Q11.estion, Vwo Studies of Spanish Word Order, Supplement
to Word, XII, Monograph no. 3, 1956.
LOS CASOS LATINOS: R:ESTOf SlNTÁC'l'ICOS Y SU;,TITUTOS 83
persona (57). La transición de una construcción a otra está ates-
tiguada dentro del latín mistT.o, según han demostrado los estu-
dios de Lüfstedt: ejemplos f ueítos de i u be re + dativo en el
latín clásico se enlazan con c. rros abundantes de la edad argéntea.
y del latín tardío; un ejemp o aislado de impedir e + dativp
en Varró~ anuncia los que: después aparecen en versiones bíbli-
cas; el btín cristiano usa " d o e e r e . a 1 i e u i aliquid " repeti-
das ·veces; y con 'verbos de ruego, exigencia y pregunta se des-
arrolla en los últimos tiempos de la antigüedad y comienzos de la
Edad Media el dativo de persona, -sustituido en ocasiones por el
acusativo con a d : " i psi interroges: qui est salvator ?", "ve-
niam l egentibus precor", "gratiam ad ... Johannem
expeti1 ' ', "quod quaeris a d do mi n u m" (58). El proceso no
se haoía consumado todavía en el español del siglo x n, pero es-
taba ya muy avanzado: en el Cantar ele Mio Cíd rogar lleva acu-
sativo pronominal de persona aun habiendo objeto directo de cosa
(" ruégalos de cora¡;on / que prendan ele sus averes", 3497); pero
cuando los dos complementos son pronombres, el de persona va
en dativo ("rogar gelo emos", r9QS); y ante el nombre de persona
se encuentra siempre la preposición a ("ruego a San Pedro que
me ayude" 363), con fijeza que en los usos del siglo xn era más
propia del objeto indirecto que del directo. Igual en Berceo:
"Mostrar el Pater Noster a uuestras creaturas" (Sto. Domingo,
470 a).
Cuando el verbo regía además del objeto directo un predicado
de éste, la construcción latina era de doble acusativo; así ocurría
con e 1i g e r e , n o m i n a r e , v o e a r e , a e s t i m a r e , i u -
di e are, fa e ere, haber e, etc. (59). En español se encuen-
tra desde muy pronto la preposición a ante el objeto si es un
nombre de persona: "Seth ... ouo filio ad Enós" (Cronicón Villa-
rense, 194); "Sacaron granel hueste e fizieron cabdiello della
(57) BASSOLS, Sintaxis latina, I, . § 45, 3), etc. ; DIEz, Gra~n., III,
pág. 849; MEYER-LÜBKE, Gram1naire des l. r., III, § 373.
(58) Philologischer Komm. zzw Peregr. Aeth., págs. 151-152; Syn-
tactica, I, 1942, págs. 200-208.
(59) Véanse BASSOLS, Sin taxis latina, I, § 45, 4); DIEz, Gram., pagi-
nas 849-50; MEYER-LÜBKE, Gmmfl'naire des l. r., III, § 398; K.EN1STON,
Syntax, 2.741; REAL AcAD. EsP., Dice. Hist., pág. 21 a.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
a Galba" (Prim. Crón. Gen., 127 a, 20); el pronombre átono de
tercera persona es de acusativo ("Hyo las he fijas", Cid, 3303;
"Que la fi,c;iesse Dios fablante e uidient", Berceo, StoDom.,
. 565 d), con las habituales infracciones leístas ("A la buelta de
Tyfaratona le halló muerto", Guevara, Menosprecio, 156, 1). Sm
embargo, con los verbos decir, llamar el doble régimen directo
alterna desde antiguo cqn la construcción en que el predicado
latino pasa a ser objeto directo y el objeto directo latino está re-
presentado por un objeto indirecto. Con objeto de persona es
indudable el régimen directo en ejemplos como "uno que· dizién
mio <;;:id" (Cid, 628); pero puede ser directo o indirecto cuando
hay preposición a: "a essos dezía fijos el nuestro Salvador"
(Berceo, Sacrif. 216); y ya en textos viejos la persona aparece
representada por el pronombre de dativo le: "Estrangilo le di-
zen" (Apolonio, 8oc); "A la tal mensajera nunca le digas ma<§a"
(JRuiz, 924 a). El régimen indirecto es seguro también cuand~ la
preposición a precede a nombre de cosa: "Libra dizen en latín
a este signo" (Alfonso X, Ochava Espera, 73); "al buen callar
llaman Sancho". En el siglo XI alternaban las dos construcciones:
en el manuscrito príncipe de la Guerra de Granada. de Hurtado
de Mendoza se da "la llamó Garbnata" junto a "le decimos Gra-
nada", y "a la suprema congregación llaman Consejo real y a las
demás, Chancillerías" al lado de "alguazil dicen ellos el oficio pri-
mero después de rey" (6o). A principios del xvn Lope de Vega
emplea sistemáticamente a ante objetos directos de persona y de
cosa en un pasaje célebre: -"¿Damas, Frondoso, nos llamas? 1
-Andar al uso queremos: 1 al bachiller, licenciado; 1 al ciego,
tuerto; al bisojo, 1 bizco; resentido, al cojo, 1 y buen hombre al
desdichado. 1 ... Gravedad, al descontento; 1 a la calva, autori-
dad; 1 donaire, a la necedad; 1 y al pie grande, buen cimiento."
(Fuenteovejuna, I, ese. IV.) En la lengua moderna es imprescin-
dibl~ ante nombres de persona y domina ante los de cosa; en los
pronombres hay gran vacilación entre dativo y acusativo para el
masculino, menor para el femenino y neutro, en los cuales pre·
(6o) Ed. de D. Manuel Gómez Moreno, 1948, págs. 6, 7, 12 y 38.
Para mit~ ejemplos, KENISTON, Syntax, 2.621 y 2.741.
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁC'l'ICOS Y SUSTITUTOS 8$
pondera el acusativo : "A las hidalgas ·/ las llaman doñas" (Mo-
ratín, El Barón, BibAE, II, 386a) (6r).
§ 19. El sufeto del infinitivo subordinado.-Los verbos de
mandato, consentimiento, prohibición y causativos en gerÍeral, así
como los de percepción, pueden regir en español, según uso here-
dado del latín, una oración subordinada con verbo en infinitivo
aunque el sujeto de ella no sea el mismo del verbo principal. En
latín el sujeto de una oración subordinada de infinitivo iba en
dativo o en acusativo conforme el régimen peculiar de cada verbo
principal : i m p e r a r e , p e r m i t te r e , e o n e e d e r e y
otros regían dativo, pero i u b e r e , s i n e r e , ve t a r e , fa-
e ere, vi de re, a u di re, etc., exigían acusativo. En el latín
imperial y tardío se encuentra el dativo con i u b e r e , s i n e r e
y otros verbos regentes que antes requerían acusativo (62). En
español, si el suj eto del infinitivo subordinado es cosa, aparece
ordinariamente como objeto directo sin preposición o como pro-
nombre átono de acusativo: "Fazen los corac;ones de los omnes
rauiar de duelo" (Prim. Crón. Gen., 41 b, 36); "Iremos a La Gran-
ja para ver correr las fuentes"; "Oíamos crujir las maderas del
suelo". Se dan, no obstante, ejemplos de a: "Verán a las estre-
llas caer de su logar" (Berceo, Signos, 19 e) . Para el sujeto subor-
dinado personal o animado el uso español antiguo (63) dependía
de que el infinitivo tuviese o no objeto directo propio: si no lo
tenía, el sujeto del infinitivo era objeto directo del verbo principal
e iba sin a o, si se trataba de un pronombre átono de tercera per-
sona, en acusativo: "Aquí veríedes quexarse ifante·s de Ca;rrión"
(Cid, 3207); "Por nulla ionglería no lo farién reyir" (Berceo,
StoDom., 89 e); "Otras tenién el punto, errar no las dexavan"
(Id., Milag., 8 b); "Ovieron ele veer / las rranas con su miedo so
el agua meter" (JRuiz, 1446 el) . Si el infinitivo tenía objeto direc-
to, su sujeto era objeto indirecto del verbo principal, y así iba
(6r) Véanse KENISTON, Sp. Syntax List, 2.62r y 2.74I, y SALVADOR
FERNÁ NDEZ, G1·am., I, págs. 200, nota S, y 214, nota 3.
(62) LoFSTEDT, S:yntactica, II, 1942, págs. 200-208.
(63) Véase WrLFRED A. BEARDSLEY, lnfimtive C01~structions tn Old
Spanish, New York, I92I, págs. 55-74·
86 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
introducido por a (64) o estaba representado por un pronombre
de dativo: "Tu muert oí conssejar a ifantes de Canión" (Cid,
2670); "Fazieles la gran cueyta el miedo oluidar" (Alexandre, P,
2138 a); "Mandávale dexallo", "A muchos omnes non dexa su
propósito fazer", "Commo quier que por fuer<;a, dízenlo con ver-
goña, j quien ge lo dezir feziere, pechar deue caloña" (JRuiz,
321 b, 692 e, 1517 el). La regla, sin embargo, es transgredida fre-
cuentemente en uno y otro sentido; por una parte se ven sujetos
sin a con infinitivos que llevan objeto directo: "Quiere fer los
christianos a Christo denegar" (Berceo, SLaur., 29 b); "Yo veo
otras muchas creer a ti, parlera" (JRuiz, 8r b); de otro lado la
preposición a o el pronombre de dativo se encuentran con infiniti-
vos sin objeto directo : "Vicio venir a Diago e aFerrando", "Vié-
dales exir e viédales entrar" (Cid, 2440, 1205); "Fizieron les
syn grado en las naues entrar" (Alexandre, P 6r8 b) (65). A
veces un sujeto subordinado con a es repetido por un pronombre
de acusatiVlO: "A todos, los sos estar los mandó" (Cid, 2017).
En el siglo XVI domina ya la preposición ante sujeto subordinado
nominal de persona: todavía se dan ejemplos sin a como "no
puede ver llorar muchachos" (Guevara, Menosprecio, 43, 13), pero
lo normal es "en ello he oído hablar a muchos" (Alfonso de
Valdés, Lactancia, 83, 17), "hizo llorar a toda la gente" (Laza-
rillo, fo 40). Cuando el sujeto del infinitivo era un pronombre de
tercera persona contendían las formas de dativo y acusativo :
"Jamás hombre le oyó preguntar qué nuevas havía en Roma"
(Guevara, Menosprecio, 3, 13); "Que no la mandasse quitar su
antifaz" (Cervantes, Quijote, I, 26). La contienda prosigue
hoy (66).
(64) Sobre la procedencia latina de esta a (< a d o a b, a) véanse
§§ IS y 17.
(65) Igual tratamiento recibe el sujeto subordinado cuando en lugar
del infinitivo hay un verbo en forma personal o un pronombre neutro:
"Exir queríen a batalla, / mas el que en buen ora nasco firme ge lo
vedava" (Cid, 663) ; "Mando/e que preguntase" (Apol., 504 d); "Conseje
le que non sea mucho acaloñador" (Aya! a, Rimado, ms. N z8o b; el ms.
E z8rb da "Conseje lo").
(66) KENISTON, Syntax, y Sp. Synta:r List, 2.66 a 2.685.
LOS CASOS LATINOS : RESTOS SINTÁCTICOS Y SUS'l'ITUTOS 87
§ 20. El llamado " acusativo griego".- Bajo este nombre se
s uelen agrupar dos tipos diferentes de construcción que conviene
.distinguir, como ha hecho .Dámaso Alonso (67) . Uno es el acusa-
tivo de relación o parte, que, normal en griego, fue imitado por
los poetas latinos desde la época de Augusto y por algunos pro-
s istas a partir de la Edad de Plata (" nuda gen u " , Virgilio,
E neida, I, 320; "flava e o ma s frugum mitissima mater", Ovi-
.dio, Metam., VI, rr8; " feminae nudae b r ae eh i a et 1 a e e r -
tos " , Tácito, Germanía, 17). Este giro se considera como un
a rtificio sabio que no tuvo en latín raigambre popular (68) . Igual
carácter literario docto ofrecen sus imitaciones de la poesía italia-
na y española del Renacimiento. Por influjo clásico y petrarquista
e ntra en nuestras letras como complemento sin preposic'ión con
Garcilaso ("Sin sen tillo muere, 1 las venas dulcemente desatado ",
E legía, II, 144; " Los alemanes, 1 el fiero cuello atados", Canc.,
· V, 19), continúa en Herrera ("Rebuelto en oro la encrespada
frente", Clás. Cast., 1655) y es fórmula estilística predilecta de
G óngora (Desnuda el brazo, el pecho descubierta", "Vagas el pie,
sacrílegas el cuerno", "Lasciva el movimiento, 1 mas los ojos ho-
nesta", etc.). Ahora bien, junto al uso artificial importado del
griego parece haber habido en latín una tendencia espontánea a la
creación de un acusativo de relación o parte a través de construc-
ciones de doble acusativo como "ut t e ... Venus eradicet e a -
p u t " (Plauto, Rudens, 1346), "defricabis e u m manibus, t o -
tu m e o r pus " (Mulomed. Chir., 386), especialmente abun-
<iantes en el latín de los siglos VI al vnr ("Si quis . . . s e r v u m
. . . b rae h i u m aut e o x a transforaverit"). En esa tendencia
parecen tener su origen compuestos románico·s cuyo primer ele-
mento es un sustantivo que indica la parte del cuerpo o del ves-
tido a que se refiere un participio o adjetivo, como el it. corno-
mozzo, el fr. ant. poilchenu, los prov. cap ras, coma tondutz, pe
pelutz, boca durs, los cat. capbuit, carallarg, bocamoll~ los port.
fa.¡;alvo, bico-grossudo, pernalteiro y los esp. tiest herido, tocane-
grada (Berceo, Milag., IOI a, 872 d), color mudado (Tristán, 94,
(67) L a lengua poética de Góngora, 1935, págs. 162-167.
(68) KüHNER-STEGMANN, r, § 72; DAG NoRBERG, B eitri.ig e zur spiitla-
teinische Syntax, 1944 págs. 1-3.
88 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
24), cuelloalbo, barbapuniente, picoabierta, cabeztuerto, testaru-
do, etc.; el sustantivo inicial tenía en un principio la forma des-
cendiente del acusativo, pues la i de boquirrubio, patitieso no se
impuso hasta el siglo xv (69). Aparte de los compuestos, vestigios
del acusativo popular de relación o parte quedan en ejemplos me-
dievales de las diversas lenguas romances: "Chascuns fu lies d'un
líen 1 les 1'nains et les pes forment"; "Gittate un quatrinello a me
poverino, tutto storpiato le gambe" (70); "De caveros con él
gran [ d] compaña levava, 1 todos armas C1'uzados com a él seme-
iava" (Fernán González, 561); "Ome que está en pie uesticlo,.
pero descalr;o las piernas et los pies" (Saber ele Astronomia, I ,
92) . Neprija da un precioso testimonio: "Puéclese aiuntar el nom-
bre a el j ectivo con accus [a] tivo del nombre sustantivo no propria,
mas figurada mente, como clizienclo: 'io compré un negro crespo
los cabellos, blanco los dientes, hinchado los ber;os'. Esta figura
los grammaticos llaman sinecloche"; ¡ , Synechcloche es cuando lo
que es de la parte se da al todo, como cliziendo: 'el guineo, blanco
los dientes, se enfría los pies"' (Gramática, IV, caps. 4 y 7). El
hecho ele que N ebrija registre la construcción como figurada in-
vitaría a interpretar sus ejemplos como un puente humanístico·
entre el uso popular ele la Edad Media y el latinizante ele la poe-
sía renacentista. Sin embargo, en las polémicas sobre la poesía
gongorina el acusativo de relación o parte se consideró novedad
inaugurada en España por Garcilaso, sin más precedentes que los
griegos, latinos e italianos.
El otro llamado "acusativo griego" parece ser autóctono en
latín, aunque se viera después favorecido por influjo helenizan-
te (71); es el ele 'c¿sa vestida', proviniente del uso ele verbos como
cingere, induere, vestire, exuere, despolia -
r e en construcciones de voz media: "Non ego te in el u tu m
foras exire vidi p a 11 a m" (Planto, Men., 512); " 1 o r i e a m
(69) N ORBERG, B eitriige, págs. 3-20; LEo SP1TZER, El awsativo griego-
en espaiíol, RFH, II, 1940, págs. 35-45; MEYER-LÜBKE, Gram. des l. r.,
II, § 543; MENÉNDEZ PIDAL, Manual, § 88 2 •
(70) MEYER-LÜBKE, Gram. des l. r., III, § 424; NoRBERG, Beitriige,
págs. 10-12.
(7r) KÜHNER-STEGMANN, I, § 72; D AG NORBERG, SyntaHische For-
schtmgen., 1943, págs. II9-121, y Beitrage, págs. 6-7.
LOS CASOS LATINOS : RESTOS SIN'I'ÁCTIC08 Y SUS'I'ITUTOS 89'
induitur" (Virgilio, Eneida, VII, 640 ). En las traducciones bíbli-
cas y el latín tardío se encuentra además la voz activa con doble
acusativo ("Vestivit e u m tu ni e a m et praecinxit e u m z o-
na m " , !tala, Levít., 8, 7), sintagma cuyos restos aparecen al-
guna vez en español antiguo: "Vistieron lo muy bien paños de
gran valía" (JRuiz, 53 a, ms. S; el ms. G usa el dativo, "vestie-
ron le"); "E an a uestir al rey caualleros espadas cintos e no
otras personas" (Libro de las Coronaciones de Pedro IV, ms. Es-
cur., & -iii- 3, fol 35r 0 ). E l giro con los participios vestido o
calzado cundió por latinismo gracias a la iniciativa de Góngora,
en cuya poesía abundan los ejemplos: "De un blanco armiño el
·esplendor vestida", "La primavera, 1 vestida abriles y calzada
mayos", etc.
§ 21. El acusativo interno latino.-La construcción latina de
verbos con acusativo de la misma raíz o de significado próximo
subsiste en español con sustantivos regidos sin preposición. Es
frecuente que el sustantivo esté especificado por un adjetivo o
equivalente de adjetivo: a los latinos "mirum ... so m n 1 a u 1
so m ni u m " , "fortunatam vi t a m vi x i t " , etc. (72), co-
rresponden a los españoles "valen grant valor" (Cid, 2550) ;
"Peccariemos en ello peccado criminal" (Berceo, StoDomingo,
137 d); "Visco con ssu muger vida dulr;e e sabrida" (Apolonio,
650 b); ~'Pero ovo en cabo mala muerte a 1noryr" (Alexandre, P ,
887 d); "Mandó fazer escalera de torno enxerida 1 de navajas
agudas, porque a la sabida 1 que sob·iese V ergilio acabase su vida".
"A ducho bueno adugo" (JRuiz, 267 cd, r 5I I e) ; "Ensoñado había
un suáío, un sueño de gran pesar" (Romancero, Primav., 184°) ;
"Las malas bu1'la.s1 que el ciego burlaua de mí" (Lazarillo, f<> I2) ;
"Es como uno que está con la candela en la mano, que le falta
poco para morir muerte que· la desea" (Sta Teresa, Vida, capítu-
lo XVI) ; "Antes tendrás que llorar con tino, si no lágrimas de los
ojos, lágrimas de sangre del cora(_;Ón" (Cervantes, Quijote, I, 33) ;
v ivir su vida, dormir el sueño de los justos, etc. (73). Las fór-
(72) KüHNER-STEGMANN, I, § 71; BASSOLS, Sintaxis latina, I, § 45, 4-
(73) Más ejemplos en MENÉNDEZ PIDAL, Cantar de Mio Cid, I, pá-
gina 340; KEN1STON, Syntax, 3.31, y S pan. Synt. List, 3.31-3.313; REAL
AcAD. EsP., Grall'n., § 274 b, etc.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
mulas latinas vi a m ir e, red ir e vi a m perduran en el
~sp. antiguo ir su vía: "Pensemos de ir nuestra vía, esto sea de
vagar" (Cid, 38o); "Dixo el buen confessor: -Amigo, ve tu vía"
(Berceo, StoDom., 663 a). Del mismo tipo son "yendo camino el
conde de U reña " (Valdés, Diál. lengua, r SS) ; "Cómo nuestro
capitán Cortés fue una entrada" (Berna! Díaz, cap. 144, 304 a);
" Cuando van los viajes del rey" (Zapata, Miscelánea, 8, 3);
"Yuan el mismo wwtino " (Cervantes, Quijote, I, 8).
§ 22. Acusativo y ablativo de extensión y cantidad.-En el
a cusativo interno latino entran también complementos de distan-
cia, medida, peso y precio, dependientes por lo general de verbos
y adjetivos a los cuales añaden una-precisión cuantitativa: "1 i-
b r a m pondo as va 1 e b a t" (Varrón); "ab alio loco paucorum
<lierum i t e r abesse" (César) ; "campestris locus alte d u o s
pe el es e t semis se m infodiendus est" (Columela); "[mul-
1um] quattuor pondo et se 1 i b r a m fuisse aiebat" (Séneca);
"codicem . . . valentem so 1 i do s decem et octo" (Vitae Pa-
trum) (74). Junto al acusativo se usó también el ablativo: es muy
frecuente en expresiones comparativas, sobre todo con neutros
( " m u 1 t o praestare", " p a u 1 o proceclere"); en complemen-
tos ele distancia (" 1 o n g o s patio distare", "non magno
in ter va 11 o consistere", "viginti s t a el i i s distantem") cre-
ce durante la época imperial, aunque ya se daba en la cl~sica; y
e n el latín tardío surge alguna vez en complementos de dimensión
y precio (7S). Como resto ele tales acusativos o ablativos hay com-
plementos sin preposición en las diversas lenguas romances (76);
d español de todos los tiempos los ha empleado y emplea: "Quan-
to clexo no lo prec;io un figo" (Cid, 77); "Darlis an sendas saias
de un áspero sayal, ·/ que cada una clellas pesará un quintal"
{Berceo, Signos, 37 el); "Non costauan dinero manteles nin for-
teras" 'no costaban un dinero, sino mucho más' (Apolonio, 64 el);
(74) KüHNER-STEGMANN, I, § 7r, 3; DAG NoRBERG, Syntaktische
Forschnn.gen, I943, pág. ros.
(7S) KüHNER-STEGMANN, r, § 8r, I7 a) y e); BASSOLS, Sintaxis latina,
I, §§ 37-38; LOFSTEDT, Syn.tactica., rr, pág. r6r, nota; NoRBERG, Syntak-
t ische Forschungen, pág. ros.
(76) MEYER-LÜBKE, Gmm. des l. r., III, §§ 37-8 y · 421.
LOS CASOS LATINOS; RESTOS SI NTÁCTICOS Y SUSTI'l'U1'0S 91
" Un trecho de vallesta es en alto el muro" (Alexandre, P, 1504 a);
" Ell otro diluuio ... puiara ... quinze cobdos sobrel más alto monte
d el mundo" (Gener. Est., I, 4-2 b, 27); "Unas gentes ... que an
dos cobdos de grande" (Semeianc;a del mundo, 58, r2); "Sin
osarse apartar dél un dedo" (Cervantes, Quijote, I, 20); distar
v einte leguas. pesar ochenta kilos, valer una millonada, crecer un
palmo, encoger diez centímetros, subir tres pisos, etc. (77). La
lengua medieval y clásica empleaba igual construcción con verbos
que hoy requerirían a: "Cerca es de la Cogolla de parte de
orient, 1 dos leguas sobre Nágera, al pie de Sant Lorent, 1 el
barrio de Berceo" (Berceo, SMill., 3 b); "No estauan los Duques
dos dedos de parecer tontos" (Cervantes, Quijote, II, 70). La
construcción con adjetivo (" Arbores crassas p e des duo s,
a ltas pe des se x " , Catón) no parece haber dejado en espa-
ñol más restos que en comparaciones como "una torre diez metros
más alta", "un libro tres duros más caro".
El sustantivo cosa se emplea frecuent.emente en complementos
de cantidad indeterminada cuya función está cercana a la de un
pronombre o adverbio indefinido: "Fiera cosa les pesa desto que
1es cuntió" (Cid, 2310); "Con muchas naues fiera cosa" "hueste
mui grand fiera cosa" (Biblia Escur. 6) (78) . "Holgara cosa es-
traña de oiros" (Alfonso de Valdés, Lactancia, 223); hoy "no se
ha molestado gran cosa por atendernos", "eso vale poca cosa" .
Recuérdese el mo de cosa con indefinidos adjetiv<Os y como equi-
valente de 'nada'.
§ 23. Complementos temporales sin preposición.- Como el
acusativo latino de extensión, el de duración era una variedad del
a cusativo interno y contendia con el ablativo. Al lado de la
construcción "sollicitari no e tes que di es que" (Ennio, Ann.,
334), " a n nos iam triginta in forum versaris" (Cicerón, Pro
Flacco, 70) cundió la representada por "cum esset ... pugnatum
mntinenter h o r i s quinque" (César, Bel. Civ., r, 4, r). El
a blativo, raro en Cicerón y César, se hace más frecuente en Tito
(77) Más ejemplos en K.ENISTON, Syntax, 3.71 y 3.74, y C!i:JADOR,
L a lengua de Cervantes, I, § rg6.
(78) MENÉNDEZ PIDAL, Canta1·, I, 295 .
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Livio y en la época imperial (79). Procedentes de acusativo o
ablativo abundan en las lenguas romances los complementos sin
preposición (8o). E jemplos españoles: "Esta noch yagamos e
vayámosnos al matino" ; "Andidieron todo' l día, que vagar non
se dan" ; "Que rueguen por mí las noches e los días"; "¡Ya Albar
Fáñez, bivades muchos días"; "En ganar aquellas villas mio <;;id
duró tres a?'íos" (Cid, 72, 650, 824, 934, I 169); "Quatro aiios
andido pastor con el ganado" (Berceo, StoDom., 32 a); "Quanto
contarié omne poccos de pipiones, / en tanto fo tornado cenisa e
carbones" (Id., Milag., 372 a); "Anduve por la ciudad pelean-
do ... bien cinco horas" (Hernán Cortés, Cartas, 74, 3); "Vale
más que cuanto había hecho toda la vida" (S Juan de la Cruz,
Llama, 389, 22); "De quien él un tie111.po anduuo enamorado"
(Cervantes, Quijote, I , I); hoy día "reinó treinta aFíos", "estuvo
en la cárcel mucho tiempo", " tardó cua.tro horas en llegar", "toda
su vida fue un iluso", "!rabajaré toda la maíiana", etc.
Aunque el latín popular prefería el ablativo con in para in-
dicar cuándo había ocurrido, ocurría o había de ocurrir la acción
del verbo, el ablativo sin preposición siguió vigente en expresio-
nes como e o t e m p o r e , i 11 a t e m p e s t a t e , p u n e t o ,
momento , die, nocte, prima luce , hieme, aes -
tate, vere, ludí s, Saturnalibus, feriis, La-
ti ni s (81). Continuación de ellas son muchos complementos
románicos sin preposición (82) ; en español, aparte de fósiles C'omo
los adverbios agora < h a e h o r á , hogaFío < h 6 e a n n 6
y ant. essora 'entonces' < i p s a h ora (83), abundan en todas
las épocas: "Todos los días a mio <;;id aguardavan" (Cid 839) ;
"Passando vna maiíanct el puerto de Malagosto", "Lunes antes
(79) KÜHNER - STEG~IANN, 1, §§ 71, 3 b) y 79, 3 b) y nota 12, pagt-
nas 356 y 360-61 ; RIEMANN, Synfa:t.·e latine, §§ 39 y 71 ; BASSOLS, Sin.taxis
lathw, 1, §§ 39-40 Y 134.
(8o) MEYER-LÜBim, G-ramm. des l. r., II1, § :>7; KEN1STON, Synta.'>,
3.73; CEJADOR, La lengua de Cervantes, 1, § 196.
(81) KÜHNER-STEGMANN, 1, § 79, 3 a) y notas 7-9, págs. 355-9;
BASSOLS, Sinta.'>Ís /at·ina, 1, §§ 133-4. ·
(82) MEYER-LÜBKE, Gramm. des l. 1'., 1II, §§ 46, 421; KEN1STON, Syn -
tax, 3.72; CEJADOR, La lengua de Cervantes, 1, § 196.
(83) Otrora es adverbio reciente, tomado del portugués o·ntrora.
-
LOS CASOS LATINOS: RES'l'OS SINTÁCTICOS Y SUS'l'I'l'UTOS 93
del alua comenc;é mi camino", "Nfiércoles a ten;ia el cuerpo de
Christo / Judea lo aprec;ia (JRuiz, 959 a, 993 a, !049 a); "La
mañana de Sant loan, 1 al tiempo que alboreaba, 1 gran fiesta
hacen los moros 1 por la vega de Granada" (Romancero, Primav.,
75'0 ) ; "El día que tú naciste/ grandes señales había" (Ibíd., 78 a);
"Tornemos a hablar en lo que comencé a deziros esta mañana"
(J. de Valdés, Diál. lengua, I, 4); "Salpicón las más noches, due-
los y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino
de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su ha-
zienda" (Cervantes, Quijote, 1, I); en la lengua actual, "he Yisto
a Pedro el lunes", "esta tarde resolveremos el asunto", "aquel
año llovió mucho", "esa vez todo nos salió bien", "ayer tarde",
"ayer noche", etc. La construcción se mantiene con mucha vida,
pero el español medieval y clásico la usaban en numerosas oca-
.siones donde ahora la preposición domina ya o es absolutamente
necesaria: "Otro día maftana pienssan de cavalgar" (Cid, 4I3,
'al día siguiente por la mañana') ; "Non auie essi tiem.po uso la
clerecía./ Dezir ningunas oras a ti, Virgo María" (Berceo, Milag.,
332 b); "Los que mala nazieron, falssos e traidores" (Ibíd., 4I9 a,
' los que en mala hora nacieron'); "Uinié a su escuela el infant
grand mafíana (Id., StoDom., 37 a, 'muy de mañana'); "Aquella
sazón avié él consigo un sabio" (Prim. Crón. Gen., I25 a 39);
"Pártese el moro Alicante 1 víspera de Sant Cebrián" (Romance-
ro, Primav., 24"); "Trairé la montera 1 que me dio la Pascua j
mi señora abuela ", "Las dos plumas negras 1 del rabo del gallo/
que acullá en la huerta ./ anaranjeamos 1 las Carnestolendas"
(Góngora, I, 8 y 9). Los esquemas latinos "viginti a n n i s ante",
" p a u 1o post mediam noctem" son el origen de los españoles
veinte a.ños antes, poco después de media.noche y similares, cuyos
correspondientes son en francés quelques jours avant, cinquante
.ans apres y en italiano due ore prima, due ore dopo (84).
Para las construcciones temporales absolutas véase § 26.
§ 24. Restos del ablativo de lugar y causa (sin preposi-
. ción) .-Frente a la abundancia y variedad que ofrecen los comple-
(84) KÜHNER-STEGMANN, I, § 81, 17 b); MEYER-LÜBKE, Gram. des
l. r., III, § 208; KENISTON, Syntax, 3·73·
94 BOLETfN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
mentos sin preposición procedentes del ablativo temporal latino,
los del ablativo local se limitan a dos tipos de estructura muy
precisa: uno es el de sustantivos como e.xida, camino, ribera, ori-
lla seguidos de una determinación con de (rara vez con a) y ge-
neralmente desprovistos de artículo : "Et fuit isto firmado et otor-
gado de ille imperatore ante comdes et potestades e.xida del uado
de Húmara" (Fuero de Madrid, § 67); "Uedía me en suennos en
un fiero lugar, / oriella de un flumen tan fiero como mar" (Berceo,
StoDom., 229 b); "Ssenbré avena loca ribera de Henares" (JRuiz,
170 b); "Encontré moc;a loc;ana 1 poco más acá de Añón, 1 ribe-
ras de una fontana" (Santillana, serranilla .2a); "Entrando por el
estrecho . .. , camino al poniente" (Pero Mexía, Diálogos, 97); Pa-
saban el río Xenil la vu.elta de la sierra" (Hurtado de Mendoza,
Guerra de Granada, 33); "Camino de Navafría 1 sube alegre la se-
rrana", "Caminito del aloor J bordea el puro regato" (Enrique de
Mesa, Cancionero castellano, 73, 75) . El otro tipo consta de un sus-
tantivo común o propio seguido de adverbios como arriba, abajo, an-
tiguo ayuso, adelante, afuera, adentro, etc.: "Vansse Penares arri-
ba", "la Foz ayuso va" (Cid, 479, 551); "Tornaron a correr el rrío
aba:.xo" (Corbacho, r66); "Subió la loma arriba" Cervantes, Quijo-
te, II, 27); camino adelante, puertas afuera, escaleras abajo, cuesta
arriba, etc. (85).
De un ablativo de causa desciende la fórmula fe que devedes,
muy usada en la Edad Media para encarecer ruegos o mandatos.
Alguna vez se encuentra con la preposición por: "Varones, seyet
firmes, por la fe que deuedes" (Alexandre, P, 717 e); pero lo ha-
bitual es que vaya sin preposición ni artículo: "Mas de mi amor
pensat, fe que devedes" (Razón de Amor, 141); "Díxol el omne
bueno: Duenna, fe que devedes, 1 ... quiero saber quí sodes"
(Berceo, Milag., 486 a); "Gentes, fe e que debedes, 1 matat a mí
primero que a Christo matedes" (Id., Duelo, 56 a); "Don Rodrigo,
fe q·ue devedes, que arremetades agora esse cavallo" (Crón. Veinte
Reyes, Menéndez Pida!, Cantar III, pág. I I s6). También en fran-
cés y provenzal antiguos existen foi que voz devez para reforzar la
(85) MEN.ÉNDEZ PIDAL, Cantar, I, pág. 417; MEYER-LÜBKE, Gram.
des l. r., III, § 208; KENISTON, Syntax, 41.53; CEJADOR, La lengua de
Ce1·vantes, I, § 196; REAL ACAD. EsP., Dice. Hist., 196o, pág. 34 c.
jliii>
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SIN'fÁCTICOS Y SUSTI'l'UTOS 95
petición, y foi que doi saint Piere, foi que doi Diu, fe que dei vós
para corroborar asertos propios (86). Otro ablativo de causa ori-
ginario explica la fórmula de lamentación malo nuestro pecado,
mal pecado 'por desgracia', muy frecuente en la Edad Media :
"En todos omnes es asentado, 1 malo nuestro pecado" (Sta. Ma-
ría Egipc., 44) ; "Así fue, mal pecado, que mi vieja es muerta"
(JRuiz, ISI 9 a); "Aquesta lan~a syn falla 1 ¡ay coytado! / non
me la dieron del muro 1 nin la .pryse yo en vatalla, 1 ¡mal peca-
do!" (Macías, Canc. Baena, 307°); alguna vez aparece también
con por: "Iamás por mal pecado, 1 Non deu[íe] de mí padre seyer
clamado" (Apolonio, I I b).
§ 25. R estos del ablativo latino de circunstancia concomitan-
te, sin preposición.-Como es bien sabido, los adverbios modales
románicos en -mente proceden de ablativos que en un principio
indicaban el temple, ánimo o propósito con que el sujeto realizaba
la acción (87). La conciencia de su composición, muy viva en
todo tiempo, se manifestaba en español antiguo mediante muy
repetida separación gráfica del adjetivo y mente, mientre o mient,
ment. N ebrija, que considera perifrásticos o "por rodeo" estos
"adverbios de calidad", escribe siempre justa nwnte, sabia mente,
necia mente (Gramática, cap. XV). En el siglo xvi los dos ele-
mentos podían estar escindidos por una pausa final de verso, como
en el pasaje de Fray Luis de León "Y mientras miserable 1 men-
te se están los otros abrasando ... " ; 10 como en algunos textos
menos conocidos : "i de tierno ligustro cop'iosa 1 mente cubrieron
la pequeña cuna" (Diego Girón, Anotaciones de Herrera a las
Obras de Garcilaso, IS8o, 6oi); "Y las ovejas sordas 1 volved ya
voluntaria 1 mente del verde pasto descuidadas" (Malón de Chai-
de, Conversión Magdalena, Clás. Cast., CIV, 129). El sentido de
duplicidad verbal influye para evitar la reiteración de -mente en las
series ele adverbios coordinados, donde el uso clásico y moderno la
.deja sólo con el último adjetivo: "Muy entera y cumplidamente",
(86) MEYER-L ÜBKE, Gra11~. des l. r., III, § 38.
(87) VosSLER, Espíritto y culttwa en el lengttaje, Madrid, 1959, pági-
nas I oo- I 02.
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
"'abundantíssima o infinitamente", "esterior ni interiormente" (88),
lisa y llanamente, etc. En la Edad Media, sobre todo en textos
.aragoneses, .no es raro que aparezca mente en el primer término
-de la serie y se omita en el segundo : "Falsamente et malvada",
"lealmente e complida" (89); "más familiarmente e doméstica an-
tes de agora auía platicado el tractaclo aqueste" (Nuño de Guzmán,
.apud Schiff, Biblioth. Santillana, 454). Igual construcción que las
formaciones con -mente tuvieron en español antiguo algunas con
-el germanismo guisa: "Ca avie · otra guisa so corso ordenado"
(Berceo, SMill., 44) (90).
La intervención ele un agente o circunstancia favorables a la
.acción del verbo se indica con fórmulas como gracias a (antes
grado a), merced a + nombre o pronombre: "Grado a Dios, lo
nuestro fo adelant" (Cid, r n8); "Resuscitó Estevan grado a
J esu Cristo" (Berceo, Milag., 264); "Gracias a Dios y a la dili-
gencia que puse en ladearme" (Cervantes, Quijote, I, zo); "Ya
no tengo ningún libro, merced a la malina de malos y embidiosos
-encantadores" (Ibíd., I, 24). Es probable que en su origen estas
·expresiones fuesen exclamaciones de agradecimiento y que sólo
-después hayan servido para otras funciones, comunes a las dis-
tintas lenguas románicas. Arranquen o no de ablativos latinos
vulgares, han venido a expresar también, sin ayuda de preposi-
·ción, circunstancia concomitante. Para indicar que la acción
-ocurre contra el gusto o la voluntad ele alguien se usó mal grado :
"' Los falssos con enbidia mandaron la matar, J mas mal grado a
-ellos houo a escapar" (Apolonio, 6o2); "Un rato se levanta mi
-esperanza ; J Tan cansada de haberse levantado 1 Torna a caer,
-que deja, mal11'Li grado, 1 Libre el lugar a la desconfianza" (Gar-
cilaso, son. IV) . Este mal grado no ha tet1iclo en español tanta
fortuna como el francés maugré, malgré, prov. y cat. mal grat,
que han llegado a convertirse en preposiciones o locuciones pre-
posicionales (91 ) . .
El ablativo latino ele circunstancia concomitante ( n u el o
(88) Ejemp1os del siglo xvr citados por KENISTON, Syntax, 39.!2.
(89) HANSSEN, Gmm. hist., § 629.
(go) l bíd.; MnrftNDEZ PIDAL, Manual, § r28, 3.
(gr) Véanse MENÉNDEZ PIDAL, Cantar, II, 7IO; MEYER-LÜBKE, Gram.
des l. r., III, § 38.
LOS CASOS LATINOS : RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 97
c orpore, capillo raso, celeri pede, hilari vul -
t u) y el de cualidad ("illam uirginem .. . adunco naso", "mulier
.eximia pulchritudine") son el probable origen de construcciones
·románicas en que un sustantivo, acompañado por un adjetivo,
participio, complemento o adverbio, indica la actitud, ademán, si-
tuación, vestido, etc., del sujeto u objeto verbal al efectuarse la
acción o disponerse a realizarla. Aunque se empleen con fre-
·Cuencia las preposiciones con o de ("estar con el agua al cuello"
·" ir de punta en blanco"), es abundantísimo el uso sin ellas, tanto
si el verbo es de significación concreta cuanto si expresa ideas
generales de estado o movimiento: "Cavalgó Minaya el espada en
la mano" (Cid, 756); "Recibiólo el <;id abiertos amos los brar;os"
{Id., 203); "Movierop. pora ellos todos a denodadas, / todos
señas alr;adas, todos azes paradas" (Alexandre, O, 474 a b); "Por
lo perdido non estés mano en me.xilla" (JRuiz, 179 d); "Siempre
·en su casa stá hecho un San Juan Evangelista, la péñola en la
·m ano" (Juan de Valdés, Diál. lengua, 16); "Querer tú andar
los pies descalzos por encima de las brasas" (Comedia Seraphina,
310, 15); "Un escudero que yva por la calle, ... su passo y com-
pás en orden" (Lazarillo, fol. 22 V 0 ) ; "Los ojos parleros, las
bocas callando, se hablaron" (Alemán, Guzmán, I, 76); "Venía
algo brumadas las costillas" (Cervantes, Quijote, I, 16); "Sus
pies la primavera 1 calzados, la ribera 1 de perlas siembra" (Gón-
gora, I, 383); "Las ropas desceñidas, 1 desnudas las espadas, 1
e n el dintel de oro de la puerta 1 dos ángeles velaban" (Bécquer,
Rimas, 74a). Cuando se acumulan en series descriptivas, la de-
pendencia de estas construcciones respecto del verbo se débilita no-
toriamente: "¡ O si viesses, hermano, cómo estó, plazer haurías!
A medio lado, abiertas las piernas, el pie ysquierdo adelante
puesto en huyda, las faldas en la cinta, la adarga arrollada e so el
sobaco ... " (Celestina, XII, 214); "Figurósele que yua desnudo,
la barba negra y espessa, los cabellos muchos y rebultados, los
pies descalr;os y las piernas sin cosa alguna" (Cervantes, Quijote,
I, 23). Con el verbo ser al principio o fin de la enumeración la
-dependencia viene a ser nula y la construcción coincide con las
absolutas estudiadas en el § 26; como tales las suelen considerar
casi todos los tratadistas españoles : "Blanca era e bermeia, 1
cabeZos cortos sobr'ell oreia, 1 fruente blanca e lor;ana, 1 cara
BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
fresca como man<;ana, 1 naryz egual e dereyta" (Razón de amor,
58-62); "Poco más que mediana de estatura, 1 como el trigo el
color, rubios cabellos, 1 vivos los ojos, y las ni1ias dellos 1 de-
verde y rojo con igual dulzura; 1 las ce-jas, de color negra y no
obscura ... : 1 Esta es María, sin llegar al centro" (Lope de Vega,
E l Nombre de Jesús, BibAE, CLVII, 165 b); "El Vate Larra-
ñaga era un joven flaco, lampiño, macilento, guedeja romántica,
chalina flotante, anillos en las manos enlutadas" (Valle-Inclán,
Tirano Banderas, II, I, VI). Igual aflojamiento se produce cuan~
do el complemento no se refiere a la actitud, situación o aparien-
cia del sujeto u objeto verbales, sino a circunstancias externas a
ellos; así en nuestro "ir viénto en popa" o en los siguientes
ejemplos clásicos: "Un gran león ... andaba acá y allá por el
patio, las pue·rtas cenadas ... y el leonero puesto en salvo" (Za-
pata, Miscelánea, IO, 7); "¡Ay de aquél que navega, el ciela
escuro~ 1 por mar no usaclio y peligrosa vía!" (Quijote, I, 34).
Otro pasaje cervantino muestra la facilidad con que se asocian
sintácticamente la circunstancia exterior y las personales: "Yendo,
pues, de esta manera, la noche escura, el escudero hambriento y
el amo con gana de comer, vieron que :··" (Quijote, I, 19) (92).
En la poesía gongorina es frecuente que en vez de un sustan-
tivo + adjetivo, participio o complemento, se encuentren dos
sustantivos, con identificación resultante de hipérboles o metáfo-
ras condensadas: "Mas, cristalinos pámpanos sus brazos, 1 Amor
la implica, si el temor la anuda 1 al infelice olmo" (Polifemo,
estr. 45 a-e); "Era del año la estación florida 1 en que el mentido
robador ele Europa 1 -1nedia luna las armas de su frente 1 y
el sol todos los rayos de su pelo- 1 ... en campos ele zafiro pace
estrellas" (Soledad I, I-6); "Estas cabras ... , 1 redil las ondas y
pastor el viento, 1 libres discurren" (Soledad II, 3o8-12) (93).
§ 26. El ablativo absoluto latino.-Las construcciones ele
(92) K.ÜHNER-STEGMANN, I, págs. 410-412; ERNOUT-THOMAS, Syntaxe
lat., §§ 1 II-II2; BASSOLS, Sintaxis latina, I, §§ u6 y II9; MÉYER-LÜBKt,.
Gram. de~ l. r., III, §§ 424-425; KEN1STON, Syntax, 25.392-97; CEJADOR~
La len.g1ta de Cervantes, I, § 196.
(93) DÁMASO ALoNSO, La lengua poética de Góngora, 1935, pág i-
nas I7:J-4.
r
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 99
ablativo ·absoluto latino perviven en agrupaciones romances de
sustantivo con participio pasivo o adjetivo equivalente, las cuales
no expresan circunstancias concomitantes de la acción principal,
sino previas a ella. Como frases temporales de anterioridad abun-
dan de manera espontánea desde los primeros textos del idioma:
"Estas palabras dichas, la tienda es cogida", "La missa dicha,
penssemos de cavalgar" (Cid, ZI3, 320); "Visto este convento,
esta sancta mesnada, / fue a otra comarca esta freyra levada"
(Berceo, StaOria, 63 ab) ; "Libmdas todas aq·uellas cosas que
contado auemos ... , el muy noble rey ... ouo sabor de tornarse pora
ueer su tierra" (Primera Crón. Gen., 546 a 40); "Cerca de Ta-
blada, / la sieTra passada, / falléme con A lelara 1 a la madruga-
da" (JRuiz, !02,2 b). De la idea de anterioridad se pasa fácilmente
a ·la de condición : "Todos vuestTos bienes puestos en un peso, 1
más pesan los míos maguer son movientes" (Francisco Imperial,
Canc. Baena, 226°, 44 gh); hqy, bien mirado 'si bien se mira'. El
gusto latinizante del siglo xv muestra predilección por las cons-
trucciones absolutas: "Desque sentida la su proporción / de vma-
na forma non ser discrepante, 1 el miedo pospuesto, prosigo
adelante" (Mena, Laberinto, 22 a-e); "Por solicitud del pungido
Calisto vencido el casto propósito della -entreuiniendo Celesti-
na ... con dos siruientes ... tornados desleales, presa s~~ fidelidad
con anzuelo de codicia ... - , vinieron los amantes ... en ... desas-
trado fin" (Celestina, Argumento). La poesía gongorina las prodi-
ga también en su afán de complicar la marcha del período con
abundantes incisos: "Vulgo lascivo erraba j -al voto del 11tJ.an-
cebo / el yugo de ambos sexos sacudido- 1 al tiempo · que -de
flores impedido 1 el que ya serenaba. 1 !.a región de su.fTente myo
nuevo- 1 purpúrea terneruela ... 1 entre al bogues se ofrece"
(Soledad I, 288-96). Sin preferencia tan marcada, la restante li-
teratura de los siglos de oro, así como la moderna, cuentan estas
estructuras entre sus recursos habituales. El refranero prueba
que tampoco son extrañas a los dichos populares: "Hecha la ley,
hecha la trampa"; "Comida hecha, compañía deshecha". En cuan-
to al orden respectivo de los dos elementos agrupados, la lengua
antigua admitía frecuente anteposición del sustantivo, sólo posible
después en poesía y en algunas fórmulas consagradas; la prosa
clásica y moderna prefieren colocar en primer lugar el participio
lOO BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
o adjetivo: "Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión zelada,
puesto nombre a su rozín, ... se dio a entender que no le faltaba
otra cosa" (Cervantes, Quijote, I, I); "Ternúnadas las homs ca-
nónicas, el Magistral salió" (Clarín, La Regenta, II, 257); "Pre-
sentado don A lvaro, se le deshizo la mohína a don Daniel" (Miró,
(Nuestro Padre San Daniel, III, I).
La nota de anterioridad encerrada en el participio se refuerza
a menudo con adverbios y locuciones temporales como desque
(véase arriba el ejemplo de Mena), ya, apenas, una vez, después
de, etc.: "Después de sentados, Sabino ... comen<;Ó a dezir assí"
(Fray Luis de León, Nombres, I, 22, 3); "¿Apenas salido el sol, 1
después de haber almorzado, 1 queréis comer?" (Guillén de Cas-
tro, Mocedades del Cid, Obras, II, I97 b); "perdida ya toda es-
peranza, tuvieron que rendirse", "una vez acabada la fiesta, mar-
chó cada cual a su casa" (94). Fósiles de participios o adjetivos
en construcción absoluta son los empleos de incluso, e-t:cepto,
salvo como adverbios o preposiciones; en los siglos XVI y xvn
se encuentran concordancias como "salvos estos ynconuinientes,
hi<;iéralo" (Diego de Hermosilla, Diál. pajes, I20, 24); "Todas
las ciudades déstos fueron arrasadas . .. e.xceptas tres" (Márquez,
Gobernador cristiano, II, 8I); y todavía en el X IX se encuentra
"inclusas mil seiscientas sesenta y cuatro 111,ujeres" (95).
§ 27. La construcción absoluta del participio de presente apa-
rece en textos medievales como frase temporal de coincidencia :
"Un sábado esient, domingo amanezient, / ui una grant visión
en mio leio dormient" (Disputa del alma y el cuerpo); "Entrante
de la eglesia enna somera grada, 1 cometiólo de cabo la tercera
vegada" (Berceo, Milag., 473 a); "Era de mili e trezientos en [e]l
a:[ ñ] o primero, 1 rregnante nuestro Señor el león mazillero"
(JRuiz, 326 b). Los escritores del siglo xv, tan dados al latinismo,
la emplean también en indicaciones modales o de circunstancia
(94) BELLO, Gramática, § II73-II8o; MARÍA RosA LIDA DE MALKIEL,
Juan de Mena, México r950, págs. rg6-7; KENISTON, Syntax, 38.54-57;
CEJADOR, La lengua de Cervantes, I, § 245-6; DÁMASO ALONso, La lengua
poética de Góngora, I935, págs. r67-r74; KENISTON, Syntax List, 38.54-57.
(95) BELLo-CuERVO, Gramática, §§ rr84-88 y nota I43 ; KENISTON,
Syntax, 4r.32, pág. 6sr.
LOS CASOS LATINOS: RESTOS SINTÁC'l'ICOS Y SUSTITUTOS IOI
accesoria : "Fortuna non discrepante 1 a sabia Naturaleza, 1 tales
dos vuestro semblante 1 fabricaron sin per~a" (Santillana,
NBibAE, XIX, 557 a). Así se introdujeron las frases absolutas
con durante, mediante, no obstante, no embargante, que antaño,
como auténticos participios, concordaban con los sustantivos (" du-
ran tes las guerras" "mediantes los ruegos", "no obstantes cua-
lesquier leyes", "non embargantes cualesquier mercedes") (96);
hoy son invariables en estas estructuras, donde funcionan las más
veces como preposiciones o locuciones conexivas, aunque en al-
guna ocasión (v. gr.: en "Dios mediante") conserven todavía su
valor originario.
§ 28. Preposiciones sustitutas del ablativo latino.-Salvo las
excepciones estudiadas en los párrafos anteriores, la sintaxis es-
pañola no ofrece restos del ablativo latino sin preposición. En
el latín vulgar o en el tránsito al romance se hizo obligatoria la
preposición tanto donde el latín literario vacilaba entre usarla o
no, como donde tenía por norma omitirla. Al desaparecer la fle-
xión desinencia! indicadora de los casos, estas preposiciones, au-
xiliares antes, se convirtieron en el único signo de la relación
correspondiente. Así, el ablativo de comparación, que no llevaba
preposieión en latín (" Candidior e y e n i s , h e d e r a formosior
a 1 b a" Virgilio), fue sustituido por de + sustantivo o pronom-
bre, construcción de amplio uso en Berceo y mantenida hoy en
ciertas condiciones; así también fueron eliminadas las construc-
cione~ " R o m a fugere", " I o v e nata", "parietes e a 1 e e
facere", que en latín competían con a b, de o ex + ablativo:
los complementos de procedencia, origen y materia llevan de en
español, y desde los que indican el punto de partida. Si de asumió
usos de a b y ex , en por confluyeron los de p r o y p e r ,
sin absorbió los de s i n e y a b s q u e , etc. La gran renovación
que en el paso del latín al romance se operó en el sistema de las
preposiciones trajo como consecuencia que muchas veces las usa-
das en castellano no desciendan de las que el latín admitía o re-
quería para el empleo correspondiente.
(96) CuERVO, nota 143 a Bello.
·J02 BOLETÍN DE LA REAL ACADEMIA ·ESPAÑOLA
§ 29. El agente de la pasiva (97).-En latín la indicación
del sujeto agente se hacía de ordinario mediante el ablativo solo si
era cosa y acompañado de a o ab si era persona. Generalizada la
preposición, la habitual sustitución románica de a o a b por de
se cumplió también aquí sin más excepciones que las discutidas en
el § IS. E l español medieval ofrece normalmente de, que todavía
predomina en el siglo XVI y principios del XVII: "Del rey só
ayrado", "de mí seades servida", "daxadas seredes de nos"
(Cid, IS6, z84, 27I6}; "De Dios seré reptado" (Berceo, StoDom.,
52); "Fue del rey García la yglesia bien lidiada" (FGonzález,
590); "Ven~ido del sueño" (Santillana, serr. VI); "La qua! será
de muchos leída y de pocos entendida" (Guevara, Menosprecio, 7,
22); "Propuso de hazerse armar cauallero del primero que to-
passe" (Cervantes, Quijote, I, 2); "Se vieron maltratar de aque-
llos dos hombres" (Ibíd., I, IS). La lengua· moderna ha ido res-
tringiendo el uso de de a la pasiva de verbos de conocimiento,
afecto, compañía, estimación y otras acciones generalmente inma-
teriales (sabido, conocido, ignorado, deseado, esperado~ temido,
amado, querido, odiado, aborrecido, llorado, celebrado, seguido,
acompañado, estimado, preferido, desdeñado, despre(iado, etc.),
siempre en alternancia con por, hoy más espontáneo. El origen
de la construcción con por está en las latinas de per +acusa-
tivo que expresaban el agente como instrumento o interme-
diario ("hac re pe r ex p 1 ora t ores cognita", César), pero
que con cierta frecuencia pasaron a indicarlo sin tal connotación
(" Quis potest aut deserta pe r s e patria aut ·oppresa beatus
es se?", Cicerón). En castellano por se encuentra desde muy anti-
guo ; a veces puede pensarse que designa el agente como instru-
mento o mediador: "Entiendo e conosco que por ti so guarida"
(Berceo, SnoDom., 3I a); "Aquéllos que fueron librados del di-
luuio por ell arca" (General Estoria, I, 43 b, I7). Aparece en ejem-
plos de pasiva refleja donde el papel del sujeto no es meramente
receptivo, pues supone, cuando menos, permisión o abandono: "El
(97) KÜHNER-STEGMANN, I, págs. 377-8; BASSOLS, r, !44-6 y 248 '
MEYER-LÜBKE, Gram. des l. r., rrr, §§ 462 y 465; MENÉNDEZ PIDAL, Can-
ta?', I, pág. 379; K.ENISTON, Syntax, 35.24-27; CEJADOR, La leng1ta de
Cervm~tes, págs. 321-22; AcADEMIA, Gram., § 460 d; Gru GAYA, Cm· so Sup.
de Sintaxis Española, §§ 190, 6° y 193, 2°.
LOS CASOS LATINOS : RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTITUTOS 103
engannado es aquél que se enganna por este sieglo" 'se deja enga-
ñar' (Buenos Proverbios, 56): "El que non se predica a sí non se
castigará por ningún predicador" (Bocados de Oro, 381); "Re-
solutos a no mandarse por él" (Hurtado de Mendoza, Guerra de
Granada, 64) (98). Pero también se da donde es inequívoca la
pura expresión del agente: "E que los almotacenes, que tengan
un peso en la pla<;a, en el mercado, que fue puesto por Juan
Martínez e Diego Juan cerca de la tienda de Esteuan Alfanje"
(1379, Ordenanzas de Guadalajara, Layna, Hist. Guad., II, 499);
"Non aquí mora nin es aposentado, '/ como por los hombres se
suele escriuir" (FPérez de Guzmán, NBAE, XIX, 588 a); "La
[lengua] toscana stá ilustrada ... por un Bocacio y un Petrarca"
(J. de Valdés, Diál. lengua, 8); "Fue por el sei"ior mi amo visto
el daño" (Lazarillo, fol. 19). En el siglo XVI el uso de por era to-
davía minoritario: Keniston cuenta solo 6o ejemplos frente a 129
con de. Posteriormente se ha impuesto en la pasiva de casi todos
los verbos de acción . material y muchos de acción inmaterial, y
compite ventajosamente con de en la pasiva de los restantes (99).
RAFAEL LAPESA.
(98) Compárense ejemplos donde por introduce el complemento ins-
trumental : "la infante, veyendo que por el infante Robo(J!m avía el su regno
bien asosegado" (Zifar, 427, 15); o de pasiva refleja de consentimiento, con
verbo en segunda persona: "Non te ayudes por el qu:e corronpió su fe",
Bocados de Oro, 391.
(99) Ediciones utilizadas cuya mención puede ser necesaria para en-
contrar los pasajes que se citan:
Alas, Leopoldo, La Regenta, 1908.
Alemán, Mateo, Gnzmán de Alfarache, Clas. Cast. 73, 83, 90, 93 y II4,
1926-36.
Alexandre: El Libro de Ale:randre, ed. R. S. Willis, 1934.
Alfon so X, General Estaría, I, ed. A. G. Solalinde, 1930.
Ochava E spera, ed. Rico y Sinobas, Libros del Sabe1· de Astronomía,
I , 1863. '
P rim era C1·ónica General de España, ed. R. Menéndez Pida!, NBAE,
V, 1906.
Apol(onio): Lib1•o de Apolowio, ed. C. C. Marden, 1917.
Ayala, Rimado: Pero López de Ayala, Poesías, ed. A. F. Kuersteiner,
Bibl. Hi,pánica, XXI-XII; 1920.
BibAE: Biblioteca de Autores Españoles.
104 BOLETÍN DE 'LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
Bocados de Oro, ed. H. Knust, Mittheihvngen aus dem Esluwial, 1879.
Buenos Proverbios, íd. de íd.
Cadalso, Cartas Marntecas, Clás. Cast., 112, 1935.
Cancionero de Baena, ed. Pidal-Ochoa, 185r.
Cm·tttlario de San Vicente de Oviedo, ed. L. Serrano, 1929.
Castro, Guillán de, Obras, ed. Academia, 1925-1927.
Celestina: Tragicomedia de Calixto y Melibea, ed. M. Criado de Val y
G. D. Trotter, 1958.
Cervantes, Obras completas, ed. R. Schevill y A. Bonilla, 1914-1941.
Cid: Cantar de Mio Cid, ed. R. Menéndez Pida!, 1908-1911.
"Clarín", v. Alas, Leopoldo.
Comedia Seraphina, Colecc. de libros esp. raros o curiosos, V, 1874.
Corbacho : El Arcipreste de Talavera, o sea el Corbacho de Alfonso Martí-
nez de Toledo, ed. L. B. Simpson, 1939; ed. M. Penna, Torino, s. a.
Cortés, Hernán, Cartas y relaciones, París, 1866.
Cronicón Villarense o Libe·r Regum, ed. M. Serrano y Sanz, Bol. R. Acad..
Esp., VI, 1919.
Disp1tta del Alma y el Cuerpo, ed. R. Menéndez Pida!, Rev. de Archivos,
1900.
DJManuel, v. Manuel, don Juan.
Espronceda, Diablo M1tndo, Clás. Cast., so, 1923.
FGonzález: Po ema de Fernán González, ed. R. Menéndez Pida!, Reliqttias
de la poesía épica española, 1951.
Flores de Filosofía, ed. H. Knust, Dos obras didácticas y dos leyendas,
Bibliófilos Españoles, 1878.
Fuero de Béjar, ed. A. Martín Lázaro, 1926.
Fnero de Madrid, ed. Ayuntamiento de Madrid, Archivo d~ Villa, 1963.
G. de Santa María: Gonzalo García de Santa María, Evangelios e Epísto-
las, ed. E. Staaff, 1908.
Gen( eral) Est( oria), v. Alfonso X.
Gl. Emil.: Glosas Emilianmses, ed. R. Menéndez Pida!, Orígenes del es-
pañol, 1926.
Gl. Sil. : Glosas Silenses, íd. de · íd.
Góngora, Obras poéticas,- ed. R. Fouché-Delbosc, Bibl. Hispanjca, 1921.
Guevara, Fray Antonio de, Menosprecio de corte y alanbanza de aldea, Clás.
Cast., 29, 1952.
Hermosilla, Diego de, Diálogo de la vida de los pajes de palacio, ed. D.
Mackenzie, 1916.
Hurtado de Mendoza, Diego, Guerra de Grmwda, ed. M. Gómez Moreno,
Memorial Histór. Español, XLIX, 1948.
Tsla, P. ]. F. de, Fray Gemndio de Campazas, ed. E. Lidforss, r885.
JRuiz, v. Ruiz, Juan.
Lr¡zarillo de Tormes, ed. Alcalá, 1554, según ed. facsímil de Cieza, 1959.
León, Fray Luis de, De los Nombres de Cristo, Clás. Cast., 28, 33 y 41,
1914, 1917 Y I92I.
LOS CASOS LA'I'INOS: RESTOS SINTÁCTICOS Y SUSTI'rUTOS 105
Liber Regum, v. Cronicón Villarense.
Machado, Antonio, Poesías completas, 1928.
Malón de Chaide, La Conversión de la Magdalena, Ciás. Cast., 104, 105 y
130, 1930 y 1947·
Manuel, don Juan, El Conde Lucanor, ed. E. Juliá, 1933.
Martínez de Toledo, Alfonso, v. Corbacho.
Mesa, Enrique de, Cancionero castellano, 1917.
Mexía, Pe(d)ro, Diálogos o coloquios, 1930.
Moratín: Obras de D. Nicolás y D. Leandro Fernández de Moratin, Bi!AE,
II.
Mareta, Agustín, Travesuras de Pantoja, BibAE, XXXIX.
Muñón Sanoho de, Tragicomedia de Lisandro y Roselia, Coiecc. de .libros
esp. raros o curiosos, III, 1872.
NBAE: Nueva Biblioteca de Autores Españoles.
Prim. Cró1~. Gen., V. Alfonso X.
Quevedo, España defendida, Obras completas, ed. L. Astrana Marín, 1945.
Política de Dios, BibAE, XXIII.
Razón de Amor, ed. R. Menéndez Pida!, Revue Hispanique, XIII, 1905.
Rojas, Francisco de, Cada qual lo q1te le toca, ed. A. Castro, Teatro
Antiguo Español, II, 1917.
Romancero, Primav.: F. Wolf y C. Hofmann, Primavera y Flor. de Ro-
mances, en la Antología de poetas lí1·icos castellanos de Menéndez Pelayo.
Rueda, Lope de, Teatro, Clás. Cast., 59, 1949.
Ruiz, Juan, Arcipreste de Hita, Libro de Buen Amor, ed. ]. Ducamin, 1901.
S(an) Juan de la Cruz, Llama de amor viva, Obras, II, 1912.
Semeianr;a del mundo, ed. W. E. Buli y H. F. Williams, 1959.
Sta. María Egipc.: La Vida de Santa María Egipciaca, ed. M. S. de
Andrés Castellanos, 1964.
Sta. Teresa, Vida: Obras de Santa Teresa de Jesús, ed. P. Silverio de
Santa Teresa, Bibl. Mística Carmelitana, I, 1915.
Stern: Les chansons nwzarabes, ed. S M. Stern, Palermo, 1953.
Tristán de Leonís (El cu,ento de), ed. G. T. Northup, Chicago, 1928.
Vega, Lope de, El cordobés valeroso Pedro Carbonero, ed. J. F. Monte-
sinos, Teatro Antiguo Español, VII, 1929.
El Nombre de Jesús, BibAE, CLVII.
Fuenteovejuna, Obras, ed. R. Acad. Esp., X.
La Dorotea, ed. E. S. Morby, 1958.
Valdés, Alfonso de, Lactando: A. de V., Diálogo de las cosas ocurridas
en Roma, ed. J. F . Montesinos, Clás. Cast. 89, 1928.
Valdés, Juan, Diálogo de la leng1ta, ed. J. F. Montesinos, Clás. Cast. 86,
1928.
Yúr;uf.-R. Menéndez Pida!, Poema de Y úr;1~f, materiales para su est1tdiv,
Univ. de Granada, 1952.
Zapata, Luis, Miscelánea, Memorial Histór. Español, XI, 1859.
Zifar: El Libro del Cauallero Zifar, ed. Ch. Ph. Wagner 1929.