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Enfermedad Mental. La Creencia en El Diablo Sirvió de Base A Esa Influencia

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Aproximación histórica

de aquellos tiempos se encontraban, en mayor o menor medida, dominados


por la superstición. Una lamentable intransigencia comenzaría a caracterizar
los actos de gobierno, inspirados —y a veces suplantados— por el Tribunal
de la Inquisición. Relata Aguado Diaz cómo esa fe deformada fue invadiendo
todos los aspectos de la cultura de la época, hasta infiltrarse en el criterio
médico, influyendo de manera poderosa sobre los parámetros relativos a la
enfermedad mental. La creencia en el diablo sirvió de base a esa influencia
supersticiosa y las enfermedades pasaron a ser consideradas como prue-
bas o castigos enviados por Dios. Y como las enfermedades mentales se
presentaban con caracteres tan extraordinarios y fantásticos para el pueblo
atemorizado por esa superstición, se le asignaba el significado de una in-
fluencia diabólica.101

De este modo, las personas con discapacidad —más específicamente las


personas con discapacidades psíquicas— dejaron de ser inocentes del Señor
para pasar a ser fruto del pecado y del demonio.102 Ellas eran la prueba
viviente de la existencia de Satanás y de su poder sobre los hombres. Así,
el concepto de pecado y la idea de posesión diabólica se institucionalizaron
y se convirtieron en la ideología dominante. Se puede citar como máximo
exponente de esta ideología al Malleus Maleficarum, el cual establecía que
cuando el paciente no encontrara alivio en los medicamentos, sino que más
bien empeorara con ellos, la enfermedad era producto del demonio. De este
modo, se pensaba que los niñas y niños con discapacidad manifiesta habían
suplantado subrepticiamente a otros al nacer y que eran los sustitutos del
diablo. Esto también se declaraba en el Malleus Maleficarum: esos niños eran
el producto de las prácticas de brujería y hechicería de sus madres.103

101
AGUADO DÍAZ, A., Historia de las deficiencias, op. cit., p. 60.
102
Ídem.
103
Ibídem. Relata el autor que —escrito por los monjes dominicos alemanes Sprenger y
Kraemer en 1487—, El martillo de las brujas es una enciclopedia cruel sobre brujería, sobre
la forma de aprehender a las brujas y los procedimientos para examinarlas por medio de tor-
turas. Identificaba brujería con herejía y también brujería con enfermedad mental, muchos de

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

Debe aclarase que, si bien ningún ser humano física o mentalmente dife-
rente de la norma se escapaba de la acusación de brujería, a las personas
con discapacidad intelectuales y a las denominadas loco no alborotadores se
les permitía vagar en libertad. En este contexto, se consideraba que existía
la buena y la mala locura medieval, por lo que se trataba de personajes
sociales a sanar o a segregar. 104

2) EL MODELO REHABILITADOR

“Ninguno hay tan inválido a quien le falten las fuerzas en


absoluto para hacer algo”
JUAN LUIS VIVES

Las características o presupuestos fundamentales del modelo que se


denominará rehabilitador son dos. En primer lugar, las causas que se ale-
gan para justificar la discapacidad ya no son religiosas, sino que pasan a
ser científicas. En este modelo ya no se habla de dios o diablo, divino o
maligno, sino que se alude a la diversidad funcional en términos de salud
o enfermedad. En segundo lugar, las personas con discapacidad ya no
son consideradas inútiles respecto de las necesidades de la comunidad,
sino que ahora se entiende que pueden tener algo que aportar, aunque
—como se verá— ello en la medida en que sean rehabilitadas o normaliza-
das. Desde la visión prevaleciente en este modelo, entonces, se considera
que la persona con discapacidad puede resultar de algún modo rentable a
la sociedad, pero dicha rentabilidad se encontrará supeditada a la rehabili-
tación o normalización —y, esto significa, en definitiva—, supeditarlo a que

cuyos síntomas la obra describe cuidadosamente. Este compendio fue la autoridad y guía de
la inquisición en su búsqueda de herejías y posesiones diabólicas
104
Ibídem, p. 64.

66
Aproximación histórica

la persona logre asimilare a los demás —válidos y capaces— en la mayor


medida de lo posible.

Ahora bien, siendo las causas que se alegan para explicar el nacimiento
de una persona con discapacidad científicas, ciertas situaciones pasan a ser
consideradas modificables. Y la asunción de la diversidad funcional como
una enfermedad, fruto de causas naturales y biológicas, se traduce en la
posibilidad de mejoramiento de la calidad de vida de las personas afectadas,
como también en el desarrollo de los medios de prevención, tratamientos
de rehabilitación, 105 y —como se verá— de cierta manera de comprensión
del significado de la integración social.

Como resultado de la utilización de los avances científicos y tratamientos


médicos, gran parte de los niños y niñas con diversidades funcionales so-
breviven o tienen una mayor probabilidad de supervivencia. En este modelo
se busca la recuperación de la persona — dentro de la medida de lo po-
sible—, y la educación especial se convierte en una herramienta ineludible
en dicho camino de recuperación o rehabilitación. Asimismo, dentro de las
prácticas habituales, aparece plasmado un fenómeno que lo caracteriza: la
institucionalización. Por otro lado, la mirada se encuentra centrada hacia la
diversidad funcional —a las actividades que la persona no puede realizar—
por lo que se produce una enorme subestimación con relación a las apti-
tudes de las personas con discapacidad. En consecuencia, las respuestas
sociales se basan en una actitud paternalista, centrada en los déficit de las
personas que —se considera— tienen menos valor que el resto —las váli-
das o capaces—. En lo relativo a los modos de subsistencia, la apelación
a la seguridad social y al empleo protegido son casi los medios obligados
para las personas con discapacidad. De este modo, la asistencia social

105
Vid. AGUADO DÍAZ, A., Historia de las deficiencias, op. cit., p. 71. El autor —refiriéndose
a la salud mental— considera que se produce una revolución a finales del siglo XVI, que se
traduce en un cambio importante: el paso de una concepción demonológica a otra de corte
naturalista, es decir el paso de la idea de pecado a la de enfermedad.

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

pasa a ser el principal medio de manutención, siendo ello en ciertos casos


consecuencia de la imposibilidad de realizar ningún tipo de tarea, pero en
otros muchos debido a que la subestimación de la que son objeto genera
la exclusión del mercado laboral de muchas personas con discapacidad,
plenamente capaces de trabajar. Por ello, también aparece la modalidad de
empleo protegido en casos donde no haría falta si no fuera por la actitud
de discriminación prevaleciente hacia este colectivo. No obstante —como
se verá— perduran asimismo resabios del modelo anterior: el ser objeto de
burla continúa siendo la única opción a los fines de ganarse la vida para
muchas personas con discapacidad.

Como podrá observarse a lo largo del desarrollo de este punto, los pri-
meros síntomas del modelo rehabilitador datan de los inicios del Mundo
Moderno. Sin embargo, la consolidación del modelo mismo —sobre todo
en el ámbito legislativo—, puede ser situada en los inicios del Siglo XX.
En cuanto a las causas que dieron origen a dicha plasmación, podrían
ser definidas muy sucintamente: “la guerra” y “los accidentes laborales”.106
Si bien existen ciertos antecedentes ineludibles que datan de varios siglos
atrás en la historia, es a partir de los inicios del siglo XX cuando nace una
nueva manera de abordar la discapacidad, tanto desde la perspectiva social
como cultural.

Ello fue así debido a que, al finalizar la Primera Guerra Mundial, muchos
hombres resultaron heridos de por vida, siendo denominados mutilados de
guerra, a fin de distinguirlos de aquellos discapacitados por accidentes labo-
rales. El mutilado era una persona a quien le faltaba algo, ya fuera un órgano,
un sentido o una función. De este modo, la primera imagen presentada por

106
En el año 1884 se sancionó en Alemania la primera Ley de accidentes de trabajo, la
que fue reproducida en la mayor parte de los países occidentales. Así, en España se publicó
en 1900 la Ley de accidentes de Trabajo: la primera ley española de protección a inválidos del
trabajo. Entre sus medidas incluye el seguro voluntario, la definición de accidente de trabajo,
la graduación de las incapacidades y el pago de pensiones o indemnizaciones. (Publicada en
la Gaceta de Madrid el 31 de enero de 1900).

68
Aproximación histórica

este cambio en la terminología fue la de daño, la de perjuicio. La sensación


era que la guerra se había llevado algo que se debía reemplazar. Fue así
como en este momento las personas con discapacidad comenzaron a ser
relacionada con los heridos de guerra —quienes tomaron el lugar de las
primeras— y la discapacidad comenzó a ser vista como una insuficiencia,
una deficiencia a ser erradicada.107

Destaca Jacques Stiker que a esta característica, debe sumársele la


opinión y los sentimientos de las personas hacia la misma guerra y hacia los
heridos. Todo ello era una catástrofe: un evento terrible, abrupto. Sin embargo,
se comienza a advertir que las catástrofes podían ser objeto de reparación,
por lo que se tenía una deuda con aquellos soldados, maridos y padres de
familia —las heridas podían ser cicatrizadas.108 En consecuencia, la guerra,
al igual que el empleo mismo, podían ser causas de destrucción y debili-
tamiento, pero la restauración, incorporación e inserción eran necesarias y
posibles. Nacía de este modo un nuevo objetivo, que consistía básicamente
en reintegrar, recuperar, volver las cosas a una situación anterior.109

En cuanto a la evolución de estas ideas y la Segunda Guerra Mundial,


podría afirmarse que esta última generó cambios importantes en el tema
que nos ocupa. Las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial trajeron
consigo otro tipo de aportaciones; concretamente el nacimiento del movi-
miento médico y de la psicología de la rehabilitación y su expansión a otros
campos.110

Destaca Aguado Díaz que ya durante las hostilidades, se potenciaron los


servicios de rehabilitación para excombatientes y mutilados de guerra. Sin

107
Vid: STIKER, H. J., A History of Disability, op. cit., p. 124. El desarrollo de la prótesis
data de aquellas fechas. Pero, como señala Stiker, la prótesis no es solo la pieza que reem-
plaza la mano o el pie que falta, sino que es también la idea de la posibilidad de reemplazar,
sustituir, reponer.
108
Ídem.
109
Ibídem.
110
AGUADO DÍAZ, A., Historia de las deficiencias, op. cit., p. 161.

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

embargo, la guerra trajo consigo una suerte dispar para las personas con
discapacidades mentales. En el lado alemán, la experiencia nazi practicó
asesinatos de la forma más brutal e indiscriminada con la pretensión de
garantizar la mejora de la raza.111 En aplicación de las políticas más abe-
rrantemente representativas del modelo de prescindencia, los campos de
concentración y las cámaras de gas se convirtieron en el destino de miles de
personas aquejadas de trastornos y diversidades funcionales, considerados
todos ellos improductivos y peligrosos. 112

En el bando de los aliados, más concretamente en Estados Unidos, a las


personas con discapacidad se les requirió para participar activamente en la
contienda, con la pretensión de gozar del privilegio de defender a su país.113
No obstante, a pesar de que en su mayoría, las personas con discapaci-
dades intelectuales cumplieran perfectamente con sus obligaciones en los
diferentes frentes de la guerra, se les volvió a encerrar una vez culminada
la situación de emergencia.114

En lo que respecta al resto de diversidades funcionales —concretamente


las físicas y sensoriales— comenzaron a fijarse ciertos objetivos como la
recuperación físico—somática y funcional. Con el desarrollo de las tareas
rehabilitadoras se fue tomando conciencia de otros aspectos con los que no

111
Vid. sobre este tema: PLATEN-HALLERMUND, A., Exterminio de enfermos mentales en
la Alemania nazi, Claves, Buenos Aires, 2007 (Trad. de Griselda Mársico). La autora analiza
cuáles fueron los presupuestos intelectuales que llevaron al exterminio de más de setenta mil
enfermos mentales en la Alemania nacionalsocialista.
112
Resalta Aguado Diaz que los física y mentalmente insanos, débiles, se convierten en un
amplio abanico de enfermedades y deficiencias incurables y peligrosas. No transcurrirá mucho
tiempo hasta que tales criterios se amplíen aún más y se añadan las convicciones antigermá-
nicas, extendiéndose a gitanos, judíos, etc. Ídem, pp. 164 y ss.
113
No obstante, debe recordarse que en el año 1938, treinta y tres Estados americanos
tenían una ley permitiendo la esterilización forzada de mujeres con deficiencias intelectuales.
Vid. BARNES, C. y MERCER, G., Disability, Polity Press, Cambridge, 2003, p. 32.
114
AGUADO DÍAZ, A., Historia de las deficiencias, op. cit., p. 165. A juicio de este autor,
dichas experiencias ofrecen un testimonio indudable de que la integración de las personas con
discapacidad se encuentra supeditada a las oportunidades que la sociedad (en función de sus
necesidades) les brinda.

70
Aproximación histórica

se contaba inicialmente, y que iban a contribuir a la ampliación del concepto y


del campo de la rehabilitación, a partir de que se constatara que ésta no era
solamente física, sino que también eran fruto de la interacción de variables
psicológicas y sociales. Como resultado de ello, se ampliaron los objetivos
de recuperación somática, se hizo hincapié en los factores psicosociales y
se incorporaron progresivamente nuevos profesionales, procedentes de las
ciencias sociales y de la conducta. Según Aguado Díaz, dichos cambios
influyeron en la acentuación de la rehabilitación profesional, intensificándose
la importancia de la recuperación del empleo.115 Por otro lado —como se
verá— en esta época siguió desarrollándose una tendencia anticipada en
las centurias precedentes: la progresiva asunción de responsabilidad por
parte de los gobiernos en esta problemática. Las medidas legales e institu-
cionales se multiplicaron, e incluso se produjeron desde las instituciones y
organismos internacionales.116

Sin perder de vista que la consolidación del modelo se sitúa en la época


mencionada —y a riesgo de perder rigor en los aspectos metodológicos— se
considera necesario destacar que los primeros síntomas de este paradig-
ma —en concreto el intento de rehabilitar a la persona con discapacidad
a través del empleo y la asistencia pública— florecen durante el Rena-
cimiento. Es por ello que se considera oportuno intercalar determinados
ejemplos históricos para hacer alusión a ciertos aspectos del tratamiento

115
Ídem.
116
En este sentido, como se verá en el capitulo IV, en lo que atañe a la recepción en al
ámbito de las políticas legislativas modernas, suelen distinguirse diferentes períodos que se
dieron en el ámbito de las leyes nacionales europeas. Respecto del tema que nos ocupa,
debe decirse que el primer período se sitúa tras la Primera Guerra Mundial, al introducirse la
legislación de servicios sociales para los veteranos de guerra con discapacidad. Estas leyes
de servicios sociales reflejaban la obligación de la sociedad de compensar a los veteranos de
guerra mediante pensiones de invalidez, beneficios de rehabilitación y cuotas laborales. El se-
gundo de los períodos comienza en la década de los años sesenta, extendiendo la legislación
de servicios sociales a todas las personas con discapacidad, con independencia del origen
de las deficiencias. Se verá que los contenidos o herramientas esenciales pasaron a ser la
educación especial, los beneficios de rehabilitación médica y vocacional, las cuotas laborales
y los servicios de asistencia institucionalizados.

71
El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

que se otorgaba a las personas con discapacidad en los inicios del Mundo
Moderno.117 Ello porque este período es un precedente, y aporta elementos
esenciales para el desarrollo posterior del paradigma rehabilitador, además
de ser una época de suma importancia en la formación del concepto de
derechos fundamentales, 118 lo que tendrá una enorme trascendencia en la
evolución posterior del tratamiento a las personas con discapacidad —más
específicamente en el preponderante modelo contemporáneo—.

En los inicios del siglo XV, la supervivencia de las personas que carecían
de recursos dependía exclusivamente de la tradición de la caridad cristiana.
Las personas con diversidades funcionales normalmente eran ingresadas
en alguno de los pequeños hospitales medievales, en los que se reunían
los pobres, los enfermos y los inválidos. No obstante, el espíritu de estos
establecimientos era más que médico, eclesiástico. Al iniciarse el siglo XVI,
la riqueza y el poder de la Iglesia habían disminuido considerablemente, ori-
ginándose asimismo un incremento desmedido de personas que dependían
de la caridad. En este contexto, el proceso de descrédito de la pobreza llevó
a una situación de penosa segregación.119 Durante cada jornada se produ-
cía un continuo roce entre personas ricas y personas necesitadas —en la
Iglesia, en la calle, en la plaza—. Ello generaba consecuencias perjudiciales
en un doble proceso económico, de acumulación de riquezas en unos, y de
incremento de necesidades en otros. Destaca Maravall que, en presencia
cotidiana del diferente, esa conciencia de separación se agravó, provocando
temor a la agresividad y un deseo de protección represiva contra los poten-
ciales asaltantes de sus bienes.120

117
Vid., en este sentido: PUIG DE LA BELLACASA, R., La Discapacidad y la Rehabilitación
en Juan Luis Vives. Homo homini par, Real Patronato de Prevención y de Atención a Personas
con Minusvalía, Madrid, 1993.
118
Vid. PECES-BARBA MARTÍNEZ, G. y FERNÁNDEZ GARCÍA, E. (Dir.), Historia de los
derechos fundamentales, Tomo I: Tránsito a la Modernidad, Dykinson, Madrid, 1998.
119
Vid. MARAVALL, J. A., Pobres y pobreza del medioevo a la primera modernidad, op.
cit., p. 38.
120
Ídem.

72
Aproximación histórica

Los marginados ya no eran de fiar, cayendo sobre ellos los peores cali-
ficativos, los predicadores los acusaban de faltas, pecados y delitos.121 Des-
de entonces, comenzó a generarse una asimilación entre pobre y criminal,
quedando la santificación de la pobreza absolutamente desplazada ante las
nuevas exigencias burguesas de orden y utilidad.122 Describe Maravall que, a
la visión cristocéntrica del pobre, se opuso una concepción negativa, franca-
mente humanista. La supuesta fealdad del pobre y del enfermo deshonraba
al género humano. Su incapacidad u ociosidad —voluntaria o involuntaria—,
hacía de él un ser inútil.123

Resulta ilustrativo el caso de Inglaterra, donde el temor a las bandas de


tenaces pordioseros generó que los jueces locales exigieran a las autoridades
centrales —la corona— una respuesta apropiada. Para asegurar su lealtad,
los monarcas proveyeron económicamente a aquellos que hasta entonces
venían dependiendo de la Iglesia. Es así como —a partir del Statute of Labor
de Enrique VII en 1531— se sucedieron toda una serie de disposiciones
normativas a favor del reconocimiento de la responsabilidad pública respecto
de los marginados —entre ellos las personas con discapacidad—, de modo
que la caridad privada de los monasterios medievales fue dejando paso a
un nuevo concepto de solidaridad: la asistencia pública.124

Luego de una serie de medidas, esto se unificó a través de la Ley de


Pobres de 1601. En líneas generales el Poor Law se estructuraba en torno

121
Ibídem, p. 14. Apunta Maravall que el concepto de pobre conservaba por aquella época
una acepción amplia, que tuvo su origen la expresión en los textos altomedievales y se conservó
en uso durante los siglos de la modernidad. La noción respondía a una situación de debilidad,
de dependencia, de humillación, caracterizada por la privación de medios para satisfacer ne-
cesidades normales en la existencia de que otros disfrutaran. Podía ser de bienes económicos,
pero también de salud, de influencia, de poder social, o de honor. Y esa falta de medios le
colocaba en una situación de dependencia respecto a la ayuda o dádiva ajenas.
122
De este modo, la mendicidad, ahora objeto de tutela pública, se convertía al propio tiempo
en el nuevo objeto del desprecio y la represión. Ibídem, p. 38.
123
Ibídem.
124
Vid. DABOVE CARAMUTO, M. I., Los derechos de los ancianos, Ciudad Argentina, Buenos
Aires-Madrid, 2002, p. 205 y ss.

73
El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

a dos elementos básicos: la categorización de los pobres y la actuación


estatal a través de las parroquias, jueces de paz condonales e inspectores
de pobres.125 La categorización permitía por un lado determinar pautas de
selección, a fin de ordenar la asistencia y evitar el ejercicio de una nociva
caridad indiscriminada; y por otro encauzaba las respuestas de ayuda pública
según las necesidades concretas de cada indigente. De este modo, la Ley
de Pobres de 1601 representaría entonces el primer reconocimiento oficial
de la necesidad de intervención del Estado en las vidas de las personas
con discapacidad.126

Al disminuir la autoridad del clero con la Reforma, se cerraron muchas


instituciones benéficas y el Estado comenzó a hacerse cargo de competen-
cias que hasta entonces se encontraban en manos de la Iglesia.127 Junto
al despliegue del Renacimiento fueron surgiendo importantes interrogantes
religiosos que darían lugar a los planteos reformistas y contrarreformistas del
siglo XVI. La ruptura de la unidad religiosa de la Edad Media había generado
un amplio espectro de conflictos de índole políticos y sociales, que intenta-
ban resolverse a través de diferentes vías, y, si bien no específicamente con
relación a las personas con discapacidad, el tema de la pobreza invadía el
pensamiento de los humanistas.128

125
Vid. BARNES, C., “Las teorías de la discapacidad y los orígenes de la opresión de las
personas discapacitadas en la sociedad occidental” en la obra Discapacidad y Sociedad, L.
Barton (comp.), Morata S.L., Madrid, 1998, p. 70. Señala este autor que se distinguía, entre otras
categorías, a 1. aptos para trabajar, 2. los desvalidos, 3. los niños a cargo de otra persona.
126
Ídem.
127
Vid. AGUADO DÍAZ, A., Historia de las deficiencias, op. cit., p. 69.
128
Relata Geremek que en el año 1556 el alcalde de Ruán promulgó una ordenanza en
la que se extendía sobre la amenaza que representaban los pobres para el orden público. Se
advertía la prohibición de la mendicidad. Las penas iban desde azotes para la primera vez, y
la horca para el caso de reincidencias. Este tipo de actitudes represivas contra los mendigos
producían contradicción y confusión: la prohibición de mendigar y de ofrecer limosna chocaba
con la necesidad de manifestar sentimientos cristianos, de realizar el postulado de la solidaridad
humana, de ofrecer un donativo de caridad, y de afirmar la propia posición material y social.
Todo esto encontraba su expresión en la dificultad de llevar a la práctica la nueva política, así
como en las disputas ideológicas y en la vasta literatura polémica. GEREMEK, B., La Piedad
y la Horca, op. cit., p. 180.

74
Aproximación histórica

Seducidos por una cultura lejana en el tiempo, los humanistas se ocu-


paron con vigor de exaltar los antiguos valores griegos. El fantasma de la
perfección y la belleza plena arrancó a los clásicos del letargo medieval, e
impulsó un nuevo paradigma vital.129 En este contexto, no podía llegar a asu-
mirse cabalmente el contexto de la diversidad funcional como parte integrante
de la realidad humana, sino que se la ignoraba o ridiculizaba. A mediados
del siglo XVI, comenzó a debatirse en torno a dos líneas ideológicas. Por
un lado, se afirmaba que la obligación del pobre y del desvalido era aceptar
voluntaria y alegremente su indigencia y sus dolorosas privaciones, para dar
ejemplo al rico hasta el punto de lograr que éste renunciara voluntariamente
y con satisfacción a las riquezas que poseía. Desde la segunda línea de
pensamiento, la pobreza se consideraba antisocial, peligrosa y reprochable,
y por lo tanto existía obligación de eliminarla, o al menos de reducirla a sus
mínimas proporciones.130

Dentro de este contexto, resulta pertinente hacer una breve alusión a la


obra de Juan Luis Vives, quien, como es sabido, se sitúa dentro del movi-
miento humanista de los Países Bajos, en la primera mitad del Siglo XVI.
Como se ha venido expresando, en los tiempos de Vives a las personas
con discapacidad se las consideraba comprendidas dentro de la categoría
de los pobres, a quienes se miraba con temor —ya sea rechazándoles por
considerarles delincuentes potenciales o enfermos contagiosos— o bien se
les protegía —siempre que se demostrara que sus menoscabos fueran au-
ténticos.131 En este último caso, junto con la Iglesia y la iniciativa privada,
existían por aquel entonces las instituciones públicas, promovidas por las
ciudades y por el Estado. Municipios y Príncipes se encargaban de una
especie de asistencia a los pobres y necesitados.

129
DABOVE CARAMUTO, M. I., Los derechos de los ancianos, op. cit., p. 204..
130
MARAVALL, J. A., Pobres y pobreza del medioevo a la primera modernidad, op. cit.
p. 7.
131
Vid. PUIG DE LA BELLACASA, R., La deficiencia y la rehabilitación en Juan Luis Vives,
Real Patronato de Prevención y Atención a Personas con Minusvalía, Madrid, 1993.

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

“Doy el nombre de hospitales a aquellas instituciones donde los en-


fermos son mantenidos y curados, donde se sustenta un cierto número
de necesitados, donde se educan a los niños y las niñas, donde se crían
a los hijos de nadie, donde se encierran los locos y donde los ciegos
pasan la vida”.132

Destaca Luis Fraile Delgado que la obra de Vives se apoya en dos


pilares esenciales: la veneración por la cultura clásica y sus fuentes, y la
espiritualidad cristiana, derivada de la Biblia y la tradición de la Iglesia, cuya
defensa y difusión toma como misión fundamental, hasta convertirse en una
personalidad típica del Renacimiento cristiano, apologista y apóstol laico. 133
Vives se esforzará por armonizar la razón y la fe —aunque destaca este
autor que con un catálogo de artículos de fe bastante mas reducido que el
del dogma católico—. No obstante, relata Matheeussen que Vives no quería
simplemente limitarse a ser un erudito ajeno a la sociedad, sino que deseaba
salir al encuentro de los problemas del mundo y de sus habitantes. Fue así
como se comprometió en todas las cuestiones candentes de la Europa de su
época, escribiendo y aconsejando a las autoridades, planteando estrategias
de reforma de la política, de los estudios y de la asistencia, la educación y
de las prácticas sociales.134

En El socorro de los pobres, publicado en 1526 en Brujas, propuso un


ingenioso método para eliminar la mendicidad, que se basaba en recomen-
dar a las autoridades un rígido control sobre los hospitales y fundaciones.135

132
VIVES, J. L., El socorro de los pobres, estudio preliminar, traducción y notas de Luis
Frayle Delgado, Tecnos, Madrid, 1997, p. 82.
133
Ibídem, Estudio preliminar de Luis Frayle Delgado.
134
MATHEEUSSEN, C., “El humanismo de los Países Bajos y Juan Luis Vives”, en La
deficiencia y la rehabilitación..., op. cit., p. 34.
135
Ídem. Señala Matheeussen que en esta obra Vives intenta elaborar un programa político
para las autoridades, a fin de combatir la pobreza en la ciudad de Brujas. La obra tiene une
estilo muy directo, donde se refleja la voluntad de llegar a los lectores, de influir en el cambio
de la sociedad de su tiempo. La segunda parte del libro es un ejemplo de concisión y siste-
matización sobre medidas concretas, sin olvidar la forma de aproximar medios para ponerlas
en práctica.

76
Aproximación histórica

A esos fines, los comisarios designados deberían inspeccionar a todos los


tipos de pobres: los acogidos en los hospitales y en los hospicios, enfermos
e impedidos, mendigos públicos y vagabundos, los que vivían su pobreza
en las casas, etc.. En este contexto, merece ser destacado que Vives no
solo consideraba pobres a quienes carecieran de dinero, sino también a los
menesterosos de ayuda, a los privados de fuerzas, de ingenio o de juicio; y
a quienes presentasen alguna diversidad funcional humana.
“No solamente son pobres los que carecen de dinero, sino cuale quiera
que estén privados de fuerza, de salud, de ingenio, de juicio”136 (…) “En
conclusión: todo el que es menesteroso de ayuda ajena es pobre y ha de
menester misericordia, que en griego equivale a limona, la cual no consiste
exclusivamente en la sola distribución de dinero, como piensa el vulgo, sino
en toda obra con que se alivia la insuficiencia humana.”137

Conforme a su proyecto, una vez identificados los pobres, habría que


esforzarse por encontrar una ocupación a los mendigos aptos para el trabajo,
recordando el precepto de la ley de Dios: había que comer el pan ganado
con el propio trabajo y con el propio esfuerzo personal. A dichos fines,
Vives consideraba conveniente enseñarles un oficio —de muchas ciudades
de Flandes llegaban quejas por la falta de trabajadores en la artesanía— y
debía realizarse todo lo posible a fin de que en los establecimientos no fal-
taran brazos para trabajar. Por ello resultaba ser una buena solución ofrecer
a los desafortunados la posibilidad de colocarse en dichos establecimientos.
Los tramposos y viciosos serian enviados a realizar los trabajos más duros y
peor pagos, con el fin de dar un ejemplo corrector. Las limosnas solo debían
servir de ayuda para quienes aún no hubieran logrado encontrar un trabajo
fijo, pero también en estos casos había que procurarles pequeños trabajos
para evitar que descubrieran el placer del ocio.138

136
VIVES, J. L., El socorro de los pobres, op. cit., p. 111.
137
Ibídem, p. 184.
138
Cfr. GEREMEK, B., La Piedad y la Horca, op. cit., p. 180 y ss.

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

“se les ha de preguntar si saben algún oficio. Los que no saben nin-
guno, si tuvieren edad proporcionada, se les ha de instruir en aquél para
el cual sintieren mayor propensión, siempre que sea posible.”139

En los hospitales y en los hospicios —de los que debería alejarse a las
personas sanas— también se podrían introducir ciertos trabajos poco ago-
tadores según el tipo de diversidad funcional o mutilación.
“La pereza y la holgazanería, y no el defecto físico, es lo que les hace
decir que no pueden hacer nada... Ninguno hay tan inválido a quien le falten
las fuerzas en absoluto para hacer algo”.140
Por otro lado, afirma Matheeussen que Vives era perfectamente conciente
del riesgo que la proliferación de los pobres acarreaba en el funcionamiento
de la sociedad. Afirmaba expresamente que los vagabundos y los mendigos
eran peligrosos, que constituían una amenaza para la salud pública, que su
desesperación y frecuentes desvaríos les marginaba y empujaba a la revuelta
y al desorden. Sin embargo, Vives no criminalizaba la mendicidad. Destaca
Puig de la Bellacasa que este es quizás el aspecto más moderno de su enfo-
que: la ayuda a los indigentes era para él un problema social y no un aspecto
de la política criminal.141 Consiguientemente, la solución propuesta por Vives
a los problemas de la mendicidad y el vagabundeo reposaba especialmente
sobre dos pilares: preventivo —a través de una enseñanza apropiada—, y
curativo —a través de una política de empleo conciente—.142

139
VIVES, J. L., El socorro de los pobres, op. cit., p. 85.
140
Ídem, p. 85 Según Vives todos, incluso los de ingenio demasiado tardo, podían aprender
algo. Los ciegos también debían estar activos. Pues “son muchas las faenas en que pueden
ejercitarse. Los hay que son aptos para las letras si tienen quien les lea;... Otros tienen aptitud
para la música...”.
141
Cfr. PUIG DE LA BELLACASA, R., La deficiencia y la rehabilitación, op. cit., p. 42. Esto
representa un gran avance y tendrá amplias repercusiones en el desarrollo posterior de la idea
de igualdad y dignidad. En este sentido, destaca Peces Barba que la obra de Vives dedicó gran
parte de su pensamiento al tema de la dignidad humana. “Esta condición de hombre centro del
mundo y dotado de razón (...) será para Vives el fundamento de la lucha contra la pobreza y
de la cooperación para ayudar a los que no tienen satisfechas sus necesidades...“. Vid. PECES-
BARBA MARTÍNEZ, G., La dignidad de la persona, op. cit., p. 36 y ss.
142
Ídem.

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Aproximación histórica

En esta línea, Vives alegaba como fundamentos de su propuesta —para


quienes se negaran a estos cambios— la necesidad de condiciones higié-
nicas a fin de prevenir el contagio de las enfermedades. En este sentido,
resulta notoria la capacidad que tuvo Vives para detectar las motivaciones
profundas del temor que genera la diversidad funcional en los demás.143
Esto puede verse representado cuando, en De Anima et Vita, al desarrollar
el capítulo VII sobre la compasión y la simpatía Vives relata:
“Preguntándole a un filósofo, en son de burla, un desconocido por qué
motivo los ricos reparten sus dádivas a los ciegos, sordos y cojos más
presto que a los filósofos indigentes y se compadecen de aquéllos con
más facilidad que de los filósofos, aquél respondió con gracia y agudeza:
«Porque los ricos consideran que más fácilmente pueden convertirse en
sordos o ciegos que en filósofos»”.144

En definitiva y más allá de la ironía relatada, puede observarse que en


la obra de Luis Vives se encuentran presentes los cimientos de algunas
ideas del modelo rehabilitador, entre la que destaca una, que puede verse
reflejada en la afirmación del humanista respecto de que nadie es tan in-
válido que no le queden fuerzas para hacer algo. No se ignora en absoluto
que los fines planteados por Vives, más que partir desde las necesidades o
consideración de las personas con discapacidad, surgieron de la necesidad
social de controlar y amoldar a estas personas, que tenían ciertas capaci-
dades residuales que podían ser aprovechadas. De este modo, la capaci-
tación y el trabajo protegido serían herramientas esenciales a los fines de
una supuesta integración social. No obstante, debe remarcarse que entre
los objetivos planteados por Vives se encontraba presente el que el hombre

143
Ibídem.
144
VIVES, J. L., De Anima et Vita, “El Alma y la Vida”, Colección J. L. Vives, Director de la
colección: Ismael Roca Meliá, Introducción, traducción y notas: Ismael Roca, Ayuntamiento de
Valencia, España, 1992, p. 291. En este sentido, recalca Puig de la Bellacasa que la limosna
tenía entonces una función supersticiosa, que protegía quien daba desde su mala conciencia
y temor y sobre la que Vives ironizaba. Cfr. PUIG DE LA BELLACASA, R., La deficiencia y la
rehabilitación, op. cit., p. 94.

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El modelo social de discapacidad: orígenes, caracterización y plasmación en la
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad

recuperase la plenitud de su propia condición, ello conduciéndoles a una


“vida más digna, más pura, más sabia, con ganancia tan grande de tantos
hombres inútiles y perdidos”. 145

Ahora bien, aunque —como se ha destacado—, el modelo rehabilita-


dor no termina de desarrollarse hasta la finalización de la Primera Guerra
Mundial, los antecedentes que se destacan suponen un gran impulso del
mismo. Consecuentemente, y sobre la base de los cuatro ámbitos propuestos
como metodología analítica en presente trabajo, procederé a analizar las
respuestas sociales dispensadas a las personas con discapacidad, desde
la asunción del presente modelo.

2.1) Concepto de persona con discapacidad

A diferencia de lo que ocurre con el modelos descripto anteriormente,


para buscar pistas que nos ayuden a conceptualizar a las personas con
discapacidad desde la perspectiva del modelo rehabilitador no es necesa-
rio ir demasiado lejos en el tiempo ni en el espacio. Si analizamos la, aún
vigente LISMI (Ley de Integración social de los Minusválidos de 1982), del
Derecho español, encontramos una definición de personas con discapacidad
[Minusválido según la terminología de la ley] que resulta muy ilustrativa:
“A los efectos de la presente Ley se entenderá por minusválido toda
persona cuyas posibilidades de integración educativa, laboral o social se
hallen disminuidas como consecuencia de una deficiencia, previsiblemen-
te permanente, de carácter congénito o no, en sus capacidades físicas,
psíquicas o sensoriales.” 146

Según esta definición, las posibilidades de integración se encuentran


disminuidas como consecuencia de la diversidad funcional; sin reparar en

145
VIVES, J. L., El socorro de los pobres, op. cit.
146
Cfr. Artículo 7.1, Ley 13/1982, de 7 de abril, de Integración Social de los Minusválidos.
B.O.E. núm. 103, 30 de abril de 1982.

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