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Ética y Poder en Psiquiatría y Psicoanálisis

Resumen UNLP.

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Ética y Poder en Psiquiatría y Psicoanálisis

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UNIDAD I: PROBLEMAS ÉTICOS, METODOLÓGICOS Y POLĺTICOS

La instancia médica funciona como poder mucho antes de funcionar como saber. La operación terapéutica sólo puede
llevarse a cabo reglada por el poder. Asilo atravesado y ordenado por una instancia disimétrica de poder. Pinel “la
terapéutica de la locura es el arte de subyugar y domesticar al alienado poniéndolo bajo la estricta dependencia de un
hombre que por sus cualidades tenga la capacidad de ejercer sobre él un influjo irresistible y modificar el
encadenamiento vicioso de sus ideas”

El psicoanálisis, a principios del siglo 20, con su etiología sexual contraria a una orgánica o biológica que predominaba en
la psiquiatría, y el descubrimiento de lo inconsciente, viene a subvertir el modo de entender el padecimiento que había
hasta el momento: entendido como déficit. Aquí en cambio, no es que a alguien le falta algo sino que hay algo que está
dividido para todos (psicopatología de la vida cotidiana). No se trata de los locos por un lado y los sanos por el otro. Hay
un malestar inherente al ser humano que vive en sociedad (malestar en la cultura). El tratamiento anímico nace con el
reconocimiento de los médicos de la importancia del estado anímico para la curación, y de la palabra como principal
medio para provocar alteraciones anímicas.
El malestar en la cultura indica que los vínculos con otros seres humanos son inexorablemente una fuente de
sufrimiento. El “ser felices” del principio de placer es irrealizable. El ser humano no es un ser manso, es pulsionalmente
agresivo. El prójimo no es solamente un auxiliar y un objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión.
La existencia de esta inclinación agresiva en todos los seres humanos es el factor que perturba los vínculos con el
prójimo. La cultura debe hacer grandes movilizaciones para sofrenar la agresión por medio de formaciones psíquicas
reactivas. Debido a los sacrificios que impone la cultura a los seres humanos para limitar su agresividad es entendible
que estos no se sientan dichosos dentro de la misma. A su vez, una de las formas en la que la cultura vuelve inocua la
agresión, consiste en que la misma es introyectada, interiorizada, vuelta al yo propio. Es recogida por el superyó y queda
como conciencia moral, y así se ejerce contra el yo la misma agresividad que este habría ejercido contra el mundo
externo. Angustia ante el superyó como angustia social.
En “El malestar en la cultura” Freud da cuenta de tres clases de calmantes diferentes para soportar la vida. Entre ellos,
los llamados quitapenas: sustancias embriagadoras que vuelven al hombre insensible a la miseria.

El DSM o Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, como su nombre lo indica, es un manual
estadístico. Lo cual supone una crucial diferencia con el Psicoanálisis. La estadística supone per se el universo de un
estándar. En oposición, el psicoanálisis adscribe a una clínica del caso por caso, y si bien tiene en cuenta la generalidad
de una estructura, siempre se trata de una histérica, un psicótico, etc. El sujeto nunca esta absorbido en el universal de
un estándar. Allí donde el psicoanálisis parte del sujeto de la palabra, la psiquiatría forcluye al sujeto, lo reduce a una
estadística.
Política del dispositivo farmacológico: En el DSM no se evalúan sujetos, se evalúan trastornos. Muchos expertos son
pagados por laboratorios farmacológicos por lo cual la existencia de los trastornos va de la mano del medicamento que a
veces incluso le preexiste. Por ejemplo categoría de “ataque de pánico” hecho a la medida de la medicación.
Farmacología por encima de la clínica.
Noción de trastorno: Está organizado por la noción central de trastorno mental. Para la psiquiatría es, en primer lugar,
un síndrome clínicamente significativo que se caracteriza por una alteración del estado cognitivo, emocional o del
comportamiento, lo que refleja siempre una disfunción psíquica, biológica, comportamental. En la última edición se ha
elevado significativamente el índice de comorbilidad, por lo cual han bajado los umbrales de los trastornos.
Ideal de adaptación, integración y control del desorden: Síndrome es bio-psico-social, un comportamiento
desadaptado, una disfunción inherente al trastorno: hay algo que corregir, que tiene que volver a funcionar bien. Pensar
al síntoma como algo que hay que erradicar es una perspectiva que no va de la mano de los objetivos del psicoanálisis,
que no se propone reducarlo y fortalecer al yo.
El DSM tiene una perspectiva sincrónica que diagnostica según los síntomas que se presentan en ese momento. El
psicoanálisis difiere: el diagnóstico es de la estructura, no de los síntomas. Tiene una perspectiva diacrónica que nunca
es sin la transferencia. El sujeto aparece cuando se le da la palabra y esa palabra se despliega en la transferencia. No es
un observador de afuera como el psiquiatra del DSM.

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UNIDAD II. CONSTRUCCIÓN DE LA CLĺNICA PSIQUIÁTRICA CLÁSICA

Lanteri Laura ordena la historia de la psiquiatría en función de tres paradigmas: a grandes rasgos un paradigma es un
conjunto de teorías, prácticas, saberes, etc. establecidos por un consenso de la comunidad científica de una
determinada época. Hay un momento en que el paradigma entra en crisis, cae y da lugar a uno nuevo, pero siempre
dejando cierto legado en el paradigma siguiente.

La primera psiquiatría clínica – Paradigma de la Alienación Mental (1793-1854)


La psiquiatría surge a fines del S. XVIII, principios del XIX, con Pinel, quien le da un estatuto de enfermo al loco: se habla
de una afección única, una enfermedad pero diferente de todas las demás enfermedades y que Pinel propuso
denominar Alienación Mental.
Antes de la revolución francesa el discurso jurídico tenia a cargo el ordenamiento de las conductas humanas, es decir, el
juez determinaba que un sujeto se poseía a sí mismo (alienado), o no, por el uso que hacía de sus propiedades y
mercancías: un sujeto de derecho era quien podía responder por el buen uso de sus bienes. Se planteaban juicios de
interdicción para todo aquel que tuviera problemas mentales, o sean delincuentes o criminales. La interdicción implica
que sus derechos civiles están vedados, y busca internarlos.
A partir de la revolución francesa este discurso jurídico es tomado por el discurso medico, la medicina se vale de los
ideales de la revolución: fraternidad, igualdad y libertad. Todos por igual comienzan a ser sujetos de derecho y el médico
sostiene “los locos son asunto nuestro porque están enfermos”. Se le reconoce a Pinel el haber proclamado que los
alienados, en tanto estaban afectados por una enfermedad, no debían ser encerrados ni condenados sino asistidos y
cuidados como enfermos: los sujetos dejaron de llamarse insensatos para calificarlos de alienados, o sea de enfermos.
En este momento, era preciso que la alienación mental se incluya dentro de la medicina para que los alienados
dependan de los médicos.
Para el discurso jurídico la perdida de la libertad es una consecuencia de la locura; en cambio, el discurso medico
sostiene que el loco pierde su libertad a causa de su enfermedad y que ésta puede recuperarse porque siempre hay un
resto de razón.
La alienación mental constituye por sí sola una especialidad autónoma y Pinel distingue en ella 4 aspectos posibles:
● Manía: el delirio es general, concierne a todos los objetos, estando lesionadas muchas de las “funciones del
entendimiento” (percepción, memoria, juicio, afectividad, etc) y se acompaña de viva agitación.
● Melancolía: el delirio está limitado a un objeto o a una serie particular de objetos, las facultades mentales
permanecen intactas y el comportamiento sigue siendo coherente y comprensible, si se tiene en cuenta las ideas
delirantes. El estado afectivo y el tema del delirio pueden ser de naturaleza triste o de naturaleza alegre y exaltada.
● Demencia o abolición del pensamiento: incoherencia en la manifestación de las facultades mentales, el
desorden y la movilidad, la existencia “automática”, la destrucción de la función de síntesis.
● Idiotismo u obliteración de las facultades intelectuales y afectivas: supresión mas o menos completa de la
actividad mental, quedando el sujeto reducido a una existencia vegetativa, con restos esporádicos de actividad
psíquica.
A esta enfermedad única solo le puede corresponder, según Pinel, una única modalidad terapéutica: “tratamiento
moral”, que tenía 3 aspectos fundamentales: era indispensable aislar a los alienados de sus familiares y allegados;
obligarlos a abandonar su domicilio; y retenerlos en un establecimiento especializado en la patología, que plantea al
médico como modelo.
Es decir, en la alienación mental la mente alterada puede ser conducida nuevamente a la razón con ayuda de la
institución curativa. Entonces, es necesario aislar al alienado en una institución especial-asilos- para retirarlo de sus
percepciones habituales (las que engendraron la enfermedad o al menos acompañaron su inicio) y para poder controlar
sus condiciones de vida. El objetivo es subyugar y domar al alienado poniéndolo en estrecha dependencia con un
hombre que, por sus condiciones físicas y morales, sea adecuado para ejercer sobre él un poder irresistible y para
cambiar el círculo vicioso de sus ideas. Para obtener ese resultado es necesario conducirse de una manera que suscite
respeto del alienado y su confianza; no debe emplearse nunca la violencia ni los métodos degradantes sino que la

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dulzura y la compresión bastaran a menudo (los furiosos por ejemplo no serán encadenados sino que se los dejará
divagar por el parque del asilo con chaleco de fuerzas o en el peor de los casos se los encerrará en celdas).
Pinel realizo autopsias que no le mostraron nada constante ni específico y concluye que es probable que en la mayoría
de los casos la locura esté exenta de daño material del cerebro. Esto proporciona a la idea de curabilidad de la locura
una base teórica: el cerebro no está dañado, la mente solamente está alterada en su funcionamiento. Pinel se opone a la
incurabilidad de la locura.
De esta manera, Pinel concibe a la locura como un desarreglo de las facultades cerebrales y propondrá 3 causas:
● Físicas: pueden ser de 2 tipos
o Directamente cerebrales: un golpe violento sufrido en la cabeza
o Simpáticas: alcanzan al cerebro como consecuencia de sus lazos con los otros órganos del cuerpo
● Herencia: antecedentes familiares
● Morales: pasiones intensas y fuertemente contrariadas o prolongadas; excesos de todo tipo
Pinel desconfía del método anatomo-patológico y por eso las principales causas de la alienación mental son las
morales.
Pinel desconfiaba de lo anatomopatologico, las lesiones eran contingentes. Se trataba de una alienación mental sin
inflamación, sin fiebre, sin lesión. Dentro de la etiología, las causas físicas y hereditarias, si bien reconocidas, ocupaban
claramente un segundo plano. Lo que Pinel destacaba eran las causas morales, sin dudas para él las más numerosas:
vicios, pasiones, excesos. Es decir, a causas morales correspondía un tratamiento moral.
La clínica alienista se basa en un enfoque descriptivo, donde se privilegian como síntomas los rasgos más sobresalientes
de la persona, los grandes rasgos conductuales. Al loco se lo reconoce a partir de ellos. El método pineliano parte de la
observación totalmente objetiva: que se registren los hechos tal y como se producen en la naturaleza. Es una mirada
sincrónica: le interesa lo que pasa aquí y ahora, de tal forma que si cambia la presentación del cuadro también cambia la
variante de alienación mental.

Caso Theorigne de Mericourt –Esquirol-: se trata de una prostituta y rebelde. Método: va describiendo paso a paso con
interpretaciones; describe y registra síntomas, hace un inventario. Causa: habla de pasiones. Tratamiento: estaba en un
asilo aislada. Síntoma: descripciones de lo más sobresaliente – inundaba su cama con baldes de agua; no sale de su celda
y si lo hace es desnuda o con camisa-.

Legado del primer paradigma: va a legar la cuestión siempre actual de la unidad de la locura.

Crisis del primer paradigma


El paradigma de la alienación mental entra en crisis por Bayle quien pertenece al primer paradigma pero que produce un
descubrimiento que sienta las bases del segundo paradigma.
Bayle buscando las causas próximas de la alienación mental de Pinel, encontró que había una enfermedad que
evoluciona a lo largo del tiempo con signos físicos y psíquicos invariantes, y que obedece a una causa orgánica:
inflamación crónica de una de las meninges. Esta enfermedad es la parálisis general progresiva, que consistía en un
debilitamiento progresivo de las facultades y una evolución en tres fases –realiza un corte diacrónico ya que la misma
enfermedad se continúa en el tiempo-:
● Fase de delirio monomaníaco con exaltación (debido a la inflamación meníngea): trastornos articulatorios de la
palabra pero el estado general sigue siendo excelente
● Fase de delirio maníaco general con agitación y a veces furor –etapa que puede faltar-: trastornos de la palabra,
algunas dificultades en la marcha y una afectación del estado general
● Demencia con incoherencia y amnesia que conduce a la muerte (debido a la atrofia progresiva de la corteza):
pérdida de la palabra, una imposibilidad para la locomoción y trastornos esfinterianos.
Esto sirve como base para el segundo paradigma, que tiene como fundamente el paralelismo psico-físico.

Clínica de las enfermedades mentales (1854-1926) –paralelismo psicofísico-


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En 1854, y de la mano de Falret, se produce una transformación en la manera de concebir la patología mental, brinda
preceptos metodológicos claros que profundizan y a la vez superan el punto de vista pineliano. Se trata ahora de la
entidad clínico – evolutiva, nuevo modelo de abordaje de la locura, vertebrado por la importancia otorgada al detalle, al
curso de la enfermedad y al paralelismo psicofísico como hipótesis etiológica –a toda causa orgánica le corresponde algo
psíquico-. Este paradigma, nacido en la escuela francesa, alcanza su apogeo más tarde en la escuela alemana, cuando
Kraepelin lo eleva a su máxima expresión imprimiéndole su singular huella.
Farlet trabajó para demostrar que lejos de reducirse a una enfermedad única, opuesta a todas las enfermedades de la
medicina, la patología mental se compone de cierto número de especies mórbidas autónomas, especificas e
irreductibles unas a otras. Tres momentos de su obra:
● Anatomismo militante: Cree que en todos los casos de alienación se puede encontrar lesiones en el cerebro o
sus membranas. Esto cae porque se da cuenta que por importantes que fuesen las lesiones no alcanzan para explicar
los fenómenos psicológicos de la locura.
● Criterios psicológicos: busca en los alienados lesiones de las diferentes facultades mentales
● Clínico: En este momento empieza la evaluación diagnostica para elucidar que enfermedad padece el sujeto. Se
despliega la semiología psiquiátrica para hacer un pronóstico e idear un tratamiento; la clasificación y descripción de
los cuadros se realizaba por observación. Sin embargo, no se trata solo de observar, sino de buscar signos típicos de
diferentes perturbaciones; el síntoma cobra un nuevo valor: signo semiológico.
En esta nueva concepción de la clínica se considera la evolución de cada paciente, no solo se refiere al cuadro que
presenta en el momento de la observación y evolución sino también el pasado, los antecedentes y su forma terminal.

Kraepelin por su parte va a delimitar y clasificar las enfermedades mentales; se pueden observar tres criterios:
● Criterio etiológico: aparece como un organizador de las 13 enfermedades que clasifica K. desde las más
exógenas (se trata de factores que directa o indirectamente atacan al cerebro desde afuera: infecciones, lesiones,
intoxicaciones) a las más endógenas (algo congénito. Una predisposición constitucional del cerebro, algo que trae el
sujeto de nacimiento). La causa última de todas ellas siempre es orgánica –paralelismo psicofísico-.
● Criterio clínico-evolutivo: esta perspectiva se especifica en la división que hizo entre síntomas fundamentales y
síntomas accesorios. Este binomio constituye la tabla de orientación para el clínico quien, a partir de la detección de
ciertos signos presentes desde el comienzo, puede predecir el desenlace típico de la enfermedad, se atiende a la
evolución del cuadro –diacrónico-.
Los fundamentales que son propios y constantes del cuadro mórbido, es decir, permanentes y patognomónicos
son:
o En la esfera afectiva hay una indiferencia afectiva, repliegue afectivo, emociones disminuidas,
sentimiento de apatía.
o En la esfera de la voluntad se ve una falta de voluntad, se debilitan los impulsos volitivos.
o En la esfera del juicio hay una perturbación del curso del pensamiento.
Los accesorios que son transitorios e inespecíficos y matizan las formas clínicas son: alucinaciones, ideas
delirantes, autismos gestuales.
● Criterio psicopatológico descriptivo: se funda en el análisis de los desordenes que se presentan en las diferentes
esferas de la personalidad: la afectividad, el juicio y la voluntad. Atiende a qué facultades están intactas y cuáles no.

4 aspectos que organizan el segundo paradigma:


Método: Anatomo-patologico. Observación clínico activa por parte del médico; a partir de determinados signos se
puede ver cómo va a evolucionar la enfermedad (mirada diacrónica).
Síntoma: Ven el detalle a través de signos semiológicos: la mirada se vuelve más sutil atendiendo a pequeños signos. Los
signos semiológicos nunca se encuentran aislados, nunca vamos a hacer un diagnóstico de una enfermedad mental con
un solo signo; se trata de agrupaciones de signos en una relación de conjunción y disyunción: se da siempre de la misma
manera y con las mismas leyes en un mismo enfermo.
Causa: se habla de un monismo causal, orgánicas.
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Tratamiento: Sigue el moral y medicalización

Legado que deja el segundo paradigma: le debemos el término enfermedad mental y la constitución
del thesaurus semioticus –se ubican signos-

La crisis del segundo paradigma se da por:


● El reconocimiento de la primacía de enfermedad que desencadenó rápidamente la multiplicación de los
nombres de enfermedades y síntomas
● Se empieza a cuestionar el valor de la localización cerebral
● Hay una evolución del pensamiento psicoanalítico

Paradigma de las grandes estructuras psicopatológicas (1926-1977)


La escuela Alemana sienta las bases del tercer paradigma ya que surge como critica a las nociones Kraepelianas, al
paralelismo psicofísico y a la entidad clínico-evolutiva.

Bleuer junto con Jung pertenecen a la escuela de Zúrich que fue la que introdujo las ideas de Freud en el campo de la
psiquiatría (hay una extrapolación de las ideas del psicoanálisis). Esto tiene efectos en la psiquiatría sustentada por el
paralelismo psicofísico ya que para el paradigma anterior la causa era orgánica y las ideas del psicoanálisis hacen que
esto tambalee; hay una modificación en las formas de pensar las causas.
Bleuler tiene una perspectiva dualista sobre la causa. Habla por un lado de una causa orgánica (no la niega)
pero también de una causa psíquica relacionada con elementos psicógenos y reactivos, es decir, el valor de los
conflictos, de los complejos y de las vivencias va a tener un lugar importante y también cómo reacciona el sujeto frente
al conflicto que estas vivencias le genera (a diferencia de lo que pensaba Kraepelin que en definitiva privilegiaba la causa
orgánica). Entonces propone una etiología psicógena. Esto ya implica una crítica al pararelismo psicofísico que entendía
que toda enfermedad mental tenía una causa orgánica de base (más allá de que se pueda comprobar o no la lesión en el
órgano). La concepción psicopatológica que Bleuler hace termina entonces en una concepción esencialmente sincrónica
(el criterio evolutivo pasa a un segundo plano) y psicológica. Es por esto que necesita dividir los síntomas primarios y
secundarios por un lado (según el tipo de causa) de los fundamentales y accesorios por el otro (dependiendo de la
presentación clínica, de cómo se manifiestan).

Jaspers es un autor que se inscribe en la corriente psicodinámica alemana, particularmente en la vertiente


fenomenológica. Se propone realizar una crítica conceptual sistemática del discurso psiquiátrico desde un abordaje
fenomenológico. Intenta reordenar el campo psiquiátrico a partir de una disciplina teórica, la psicopatología, que su
obra inaugura. Considerada como ciencia auxiliar o complementaria de la psiquiatría clínica, es considerada sin embargo
“autónoma” en la medida en que se ocupa de un orden de realidad especifico, el registro del sentido o significación.
La psicopatología tiene como objeto de estudio el acontecer psíquico realmente consiente. Quiere saber qué y cómo
experimentan los seres humanos, conocer la dimensión de las realidades anímicas. Y no sólo el vivenciar del hombre,
sino que también quiere investigar las condiciones y las causas, las relaciones que se dan y sus formas de expresión
objetiva. Sin embargo, no es su objeto todo el acontecer psíquico, sino sólo el patológico.
Jaspers crítica el paralelismo psicofísico que habla de una causa lineal, a cada lesión le corresponde un síntoma. El autor
va a decir que cuerpo y alma son indisolubles y que no se puede hablar de una subordinación de determinados procesos
psíquicos, a determinados procesos corporales. Se trata de una doble causa, física y psíquica, que no es lineal sino que se
trata de una codependencia causal: es necesario pensar en la investigación de las alteraciones corporales, en las causas
psíquicas; y en las investigaciones de los cambios psíquicos, en las causas físicas.
El proceso para captar lo psíquico patológico cuenta con dos operadores metodológicos: comprensión-explicación.
Por un lado, tenemos el recurso de la comprensión: se efectúa en el plano del sentido, hay un encadenamiento del
sentido que se presenta como génesis (psicogénesis: el sentido emerge del sentido). La comprensión tiene un límite y
que puede aparecer algo que escape al sentido, algo incomprensible; se da una ruptura en la continuidad del sentido por
la aparición de algo totalmente nuevo que irrumpe en la vida psíquica, y se apela entonces a un factor extraconciente:
la explicación. Se trata de un terreno de hipótesis teóricas que son siempre construcciones aproximadas, imaginadas y
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nunca comprobadas; es algo que nunca fue experimentado (a diferencia del inconsciente freudiano que ha sido
reprimido).
Entonces, todo hecho psicopatológico comienza por la comprensión estática: remite a la utilización de la fenomenología
y tiene en cuenta la representación de lo vivenciado en cada enfermo tal como se le presenta en su conciencia en un
momento dado. Ver qué hace, qué siente y cómo lo experimenta sin que se ponga en juego la subjetividad
del psicopatólogo.
De esta comprensión estática, algunos hechos pasan por la comprensión genética: consiste en captar intuitivamente el
engendramiento de los hechos psíquicos los unos por los otros; engendramiento de lo psíquico por lo psíquico. Se da en
el plano del sentido y se busca un correlato entre lo que el enfermo dice y la vivencia, poniéndose en su lugar.
Luego, todos los hechos psicopatológicos se explican: la explicación se aplica a todo hecho psicopatológico, no sólo a los
que rompen con el sentido. Intenta buscar las correlaciones causales entre el hecho psíquico y aquello que le dio origen.
Es limitada y se vale de nociones teóricas, imaginadas, construidas, nunca experimentadas por el sujeto.
En función de la aplicación de los operadores comprensión-explicación, Jaspers divide el campo de las psicopatologías
en:
● Procesos: conjunto de perturbaciones que escapan a la comprensión y que son explicables causalmente.
Alteraciones persistentes y duraderas de la vida psíquica, incurables que implica una ruptura en el curso vital de la
misma. Es la aparición de algo nuevo incomprensible, un quiebre en el curso biológico de la vida. Estas
manifestaciones clínicas significan una transformación no restituible. Por ejemplo: esquizofrenia
● Desarrollos: son patológicos, desarrollos anormales de la personalidad. Tiene su causa en variaciones de la
disposición individual, en función de las cuales se elaboran las distintas vivencias pero sin que haya ruptura. Son
variaciones en el temperamento, en la energía psíquica, en el carácter sin que haya ruptura incomprensible. Por lo
tanto son comprensibles.
Dentro de ellos se encuentran:
o Los desarrollos anormales de la personalidad: una disposición individual que va modelando todas las
vivencias del individuo de un modo apartado a la realidad. No hay ruptura incomprensible, sino que las
vivencias llevan la marca de esa disposición. Lo único explicable es esta disposición individual que hace
que el individuo reaccione de tal o cual maner.
o Las reacciones vivenciales legítimas: hay una ruptura pero que es comprensible en tanto esta en relación
de sentido con la vivencia que la determino. Sin la vivencia no hay reacción, el contenido de la reacción
está en relación con la vivencia. Por ejemplo: neurosis de catástrofe, psicosis de los prisioneros, delirio
de reivindicación y de celos también forman parte de las RVL para el autor. Lo explicable en este caso
tiene que ver con la razón por la cual no todos los que pasan por la misma vivencia reaccionan de
manera similar.
La psiquiatría trata las ideas delirantes como ideas inaccesibles a argumentos lógicos y tomados de la realidad; según el
psicoanálisis la idea delirante deja de ser disparatada o incomprensible sino que posee un sentido porque pertenece a la
trama de una vivencia del enfermo.

UNIDAD III. LA SUBVERSIÓN DE LA CLĺNICAPSICOANALĺTICA

ANTES DEL 20
Freud propone una concepción diferente: una clínica de la escucha, a diferencia de una clínica de la mirada. El
psicoanálisis es una modalidad de tratamiento médico de pacientes neuróticos; se trata de un tratamiento costoso, largo
y sin un tiempo predeterminado, se sufre y no se sabe si el paciente se va a mejorar. Freud sostiene que en la medicina
se les enseña mostrándoles; en cambio, el psicoanálisis consiste en un intercambio de palabras entre el analizado y el
analista que no soporta terceros oyentes. Se necesita establecer un lazo afectivo con el analista y el paciente callaría si
notara la presencia de alguien que le es indiferente ya que habla de lo más íntimo de su vida, todo lo que oculta a los
otros y no quiere confesarse a sí mismo.
Freud, a diferencia de la psiquiatría que considera el síntoma como un déficit, sostiene que los síntomas tienen un
sentido y están en estrecha relación con el vivenciar del paciente. Es una formación del inconsciente, al igual que los

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sueños y las operaciones fallidas, que obedece a las leyes de elaboración del inconsciente y su sentido está determinado
y puede ser descifrado en el marco de una relación transferencial mediante la interpretación.
Es resultado de un conflicto entre dos instancias: satisfacción pulsional que pugna por salir y, por otro lado, el yo que
impone una resistencia para que esa pulsión sexual no se haga consciente. A partir de esto es que Freud plantea la idea
de defensa: ante el yo del enfermo aparece una representación inconciliable que lleva a una fuerza de repulsión que
tiene como fin la defensa ante ésta; quedando fuera de la consciencia y del recuerdo. La moción pulsional reprimida
perdura en el inconsciente y se las arregla para enviar dentro de la consciencia una formación sustitutiva, desfigurada,
de lo reprimido: el síntoma.
El tratamiento consiste en hacer consciente eso inconsciente. Se trata de un saber que no lo tiene el analista sino que lo
tiene el paciente: para buscar lo reprimido es necesario que el enfermo ponga a disposición del analista un número
suficiente de ocurrencias libres. Sin embargo, muchas veces se atasca y no se le ocurre nada, para que eso no sucede
hay que decirle que deje de lado la crítica y diga todo lo que se le cruce por la cabeza, aunque le parezca incorrecto,
disparatado o desagradable. El paciente debe decir lo primero que le ocurra y a partir de eso se llegará a lo reprimido; el
recuerdo insólito que aparece es un eslabón que conduce a otro eslabón y otro hasta llegar al recuerdo reprimido; van
formando una cadena asociativa.
Se habla del síntoma como incompleto porque el sujeto no sabe por qué siente el padecer (hay algo reservado que es
inconsciente), sin embargo, a medida que empieza a hablar del padecimiento se va formando el síntoma analítico. Eso
solo puede suceder por el lazo transferencial, una vez que el sujeto llega al consultorio y presenta su padecer, el analista
en silencio, dejando que el sujeto hable y forme asociaciones, lo completa.
El síntoma conlleva una satisfacción; en este primer momento plantea:
o Un beneficio primario: se constituye en la conformación del síntoma (intrínseco); el síntoma es el sustituto de
una actividad sexual. Está ligado al compromiso entre dos fuerzas: una represora (el yo) y por otro la reprimida
(moción sexual). Entonces, mientras se está formando el síntoma se está satisfaciendo sexualmente.
o Un beneficio secundario: Aparece una vez que el síntoma está constituido. Se trata de una ganancia extrínseca
de la enfermedad; frente al síntoma como cuerpo extraño, el yo hace un esfuerzo por incorporarlo a sí mismo para
sacarle alguna ventaja.

DESPUES DEL 20
A partir de 1920, Freud empieza a tener consideración de otros hechos clínicos; cae la teoría de que todo inconsciente
puede ser consciente y sostiene que no todo puede ser descifrable; hay algo que se resiste.
En “el yo y el ello” podemos ver que Freud ya no va hablar de cc-prcc-icc sino que las instancias que constituyen el
aparato psíquico son: el ello el yo y el superyó. Al principio somos puro ello (reservorio pulsional); puras pulsiones que
exigen una determinada satisfacción que solo puede ser saciada por el mundo exterior. En un segundo momento, por
contacto con lo externo, se produce una modificación en el aparato para que surja algo que encamine esas pulsiones por
la vida del razonamiento; a esta instancia la llamamos yo. El yo se produce por identificación; al resignar un objeto y
cobrar los rasgos de él se impone al ello como objeto de amor. El superyó por su parte es el heredero del complejo de
Edipo, de niño es el padre quién vigila y dice lo que se puede y no hacer; una vez pasado el complejo ese lugar del padre
se hace interno y si hago algo mal hay algo interno que me dice que está mal.
El superyó al ser engendrado por la caída del complejo lleva la marca de la renuncia y luego reclama más renuncias.
Cuanto más el sujeto cumple con las exigencias del superyó, mas exige y más severo se pone. Esto sucede porque al
reprimirse las pulsiones se produce una desmezcla entre las pulsiones de vida y de muerte, donde éstas últimas son
tomadas por el SY y vueltas hacia el yo. Al no poder ir hacia afuera la pulsión de muerte queda en el aparato y vuelve
hacia el yo, es así que éste se siente culpable. Entonces, la agresión es recogida por el SY y actuando como conciencia
moral ejerce contra el yo la misma severidad agresiva que el yo hubiera ejercido en otros. El SY se convierte en sadista, y
el yo queda en un lugar masoquista porque se somete al castigo y obtiene una satisfacción con ese maltrato: al ser
castigado se aliviana la culpa.
Esto se puede observar en la reacción terapéutica negativa: existen personas que llegan por un padecimiento para
mejorarlo, y en la marcha del tratamiento empeoran. Es decir, cuando se les muestra que empiezan a mejorar se
muestran insatisfechos y su enfermedad se intensifica. Freud sostiene que se trata de un factor moral, de un
sentimiento de culpa (inconsciente) que encuentra satisfacción en la enfermedad y no quiere renunciar al castigo del

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padecer. Ese sentimiento de culpa es mudo para el enfermo; él no se siente culpable sino enfermo. Solo se exterioriza
en una resistencia a la curación, difícil de reducir.
El sentimiento de culpa normal, consciente, no ofrece dificultades a la interpretación; descansa en la tensión entre el yo
y el ideal del yo, es la expresión de una condena del yo por su instancia critica.
En la neurosis obsesiva, el sentimiento de culpa está expreso pero no puede justificarse ante el yo. El análisis muestra
que el superyó está influido por procesos de los cuales el yo no se percató; pueden descubrirse los impulsos reprimidos
que son el fundamento del sentimiento de culpa. En este caso, el superyó sabe más que el yo acerca del ello
inconsciente (no sabido).
En el caso de la melancolía es aún más fuerte la impresión que el superyó arrastró hacia sí a la conciencia. Pero acá el yo
no interpone ningún veto, se confiesa culpable y se somete al castigo. En la neurosis obsesiva se trataba de mociones
repelentes que permanecían fuera del yo; en la melancolía, en cambio, el objeto, a quien se dirige la cólera del superyó,
ha sido acogido en el yo por identificación.
En la histeria el yo se defiende de la percepción penosa con que lo amenaza la crítica del superyó de la misma manera
con que se defendería de una investidura de objeto insoportable: mediante un acto de represión. Se debe al yo que el
sentimiento de culpa permanezca inconsciente. En la histeria el yo sólo consigue mantener lejos el material al que se
refiere el sentimiento de culpa.

Con respecto a la causa se pueden ver tres momentos causales en la obra de Freud:

PRIMER MOMENTO: TEORIA DE LA SEDUCCION (1895-1900)


"nuevas puntualizaciones sobre neuropsicosis de defensa”
Primera nosografía Freudiana
En las psiconeurosis de defensa (histeria, neurosis obsesiva y paranoia):
o Se trata de un mecanismo psíquico de defensa; el yo se defiende de una representación inconciliable ligada a lo
traumático.
o La etiología sexual es una vivencia sexual en la infancia
o Se habla de dos tiempos: vivencia sexual de la infancia y el recuerdo de dicha vivencia luego de la pubertad. Un
recuerdo produce un desprendimiento más intenso de afecto que la vivencia correspondiente, de ahí deriva su
carácter traumático: “un avasallamiento del yo a partir de una elevación de tensión a raíz de la vivencia
displacentera primaria”.
o El síntoma es el retorno de lo reprimido.

Freud creía que los síntomas en la histeria se volvían claros cuando se los reconducía a vivencias traumáticas y que esos
traumas referían a la vida sexual; ahora agrega que los traumas sexuales corresponden a la niñez (anterior a la pubertad)
y que su contenido consiste en un susto sexual, una situación de seducción por parte de un adulto vivenciado de modo
pasivo.
No es la vivencia misma lo traumático sino su reanimación como recuerdo después que el individuo ha ingresado en la
madurez sexual. En la histeria el modo de volver inocua la representación inconciliable es trasponer a lo corporal la
suma de excitación, para lo cual Freud llama conversión
En las neurosis obsesivas las representaciones obsesivas son siempre reproches mudados que retornan de la represión y
están referidos a una acción de la infancia realizada con placer -ya no se trata de una pasividad sexual-.
Para defenderse de una representación inconciliable se desprende el divorcio entre ella y el afecto. La representación
ahora debilitada queda separada de toda asociación dentro de la conciencia, pero su afecto, liberado, se adhiere a otras
representaciones, en si no inconciliables, que en virtud de enlace falso devienen representaciones obsesivas: sustitución.
Con respecto a la paranoia, Freud considera que proviene de la represión de recuerdos penosos -al igual que las dos
anteriores- y sus síntomas son determinados en su forma por el contenido de lo reprimido. Tanto en la paranoia como
en la neurosis obsesiva lo reprimido es una vivencia sexual infantil. En la NO el reproche inicial fue reprimido por la
formación del síntoma defensivo primario; en la paranoia el reproche es reprimido por un camino que se puede designar
como proyección, ya que erige el síntoma defensivo de la desconfianza hacia otros; con ello se le quita reconocimiento
al reproche, y como consecuencia de esto retorna dentro de las ideas delirantes. La alucinación mnémica, es decir el

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retorno de lo reprimido en imágenes visuales, experimenta una desfiguración, una imagen moderna análoga que
reemplaza a la reprimida.

En las neurosis actuales (neurosis de angustia, hipocondría y neurastenia):


o Etiología sexual actual y directa: trasposición directa en síntomas sin intervenir la defensa
o Al no intervenir la defensa no son tratables en psicoanálisis
o Trasposición de libido en angustia; la neurastenia y la neurosis de angustia dan lugar a una insuficiente descarga
de lo libidinal que genera angustia.

Fantasía: en este primer momento sirve como defensa contra el recuerdo de la vivencia sexual infantil traumática
generadora de síntomas

SEGUNDO MOMENTO: SEXUALIDAD INFANTIL Y FANTASIA (1900-1920)


En el texto “Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de la neurosis” Freud sostiene que en el primer
momento causal se creía que los factores etiológicos de las neurosis actuales era una etiología sexual actual; mientras
que en las psiconeurosis debía buscarse en las vivencias sexuales de un tiempo anterior. La teoría culmino en la
siguiente tesis: dada una vida sexual normal, la neurosis es imposible.
Diez años después va a sostener que no sabía distinguir con certeza entre los espejismos anémicos de los enfermos
acerca de su infancia y las huellas mnémicas de los hechos reales. Desde entonces considera que existieron muchas
fantasías de seducción como intentos de defenderse del recuerdo de la propia práctica sexual (masturbación infantil). Al
darse cuenta de estas fantasías mnémicas Freud abandona el elemento traumático en las experiencias infantiles y
sostiene que la práctica sexual infantil, sea espontanea o provocada, marca la dirección que seguirá la vida sexual tras la
madurez. Esto altera la concepción del mecanismo de los síntomas; ya no aparecen mas como retoños directos de
vivencias infantiles sino que entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalaban las fantasías (invenciones de
recuerdo) de los enfermos, casi siempre producidas en los años de pubertad. Tras esto los traumas sexuales infantiles
fueron sustituidos por el infantilismo de la sexualidad (espontánea, perverso polimorfa, endógena, parcial, ligada al
ejercicio del placer del órgano, fragmento corporal -zonas erógenas-).
Averiguaciones posteriores de personas que habían permanecidos normales mostraron que sus historias sexuales
infantiles no se distinguían de la de los neuróticos, entonces lo importante no eran las excitaciones sexuales que un
individuo experimentaba en su infancia sino su reacción frente a esas vivencias y el haber respondido o no con la
represión (cambia defensa por represión). Así el neurótico adulto traía consigo una cuota de represión sexual, por haber
reprimido la masturbación.
Freud va a destacar que en sus concepciones sobre la etiología de la neurosis hubo dos puntos de vista que nunca
abandona pese a las modificaciones: la importancia atribuida a la sexualidad y el infantilismo. En lugar de los influjos
accidentales postula factores constitucionales, y la defensa fue reemplazada por la represión sexual orgánica. Los
síntomas figuran ahora como la práctica sexual de los enfermos.

Fantasía: se forma por combinación y desfiguración, similar al sueño. Son elementos oídosque hacen a la historia
familiar en combinación con vivencias propias del sujeto. Predomina lo oído mientras que en el sueño predomina lo
visto y hay progresión (desde el inconsciente hacia el preconsiente) en oposición a la regresión del sueño.
La meta del análisis es alcanzar las escenas primordiales, el analista en este camino se encuentra con las fantasías. Estas
sirven de parapetos edificados para bloquear el acceso a los recuerdos, los deforma, los refina o sublima para que sea
difícil llegar a ellos. Sirve como defensa contra el recuerdo de la seducción.

Estatuto de la fantasía: tiene estatuto CAUSAL en la producción del síntoma, pensado como el retorno de lo reprimido
en asociación con una satisfacción abandonada y prohibida.
La fantasía es el eslabón intermedio entre la sexualidad y los síntomas neuróticos. Tiene estructura de un producto
mixto, satisfacción en una zona erógena y representación del deseo. La función es de borrar, falsear la propia actividad
infantil (autoerótica). El síntoma escenifica las fantasías por caminos indirectos y consigue por esta vía la meta de todo
proceso patológico: la satisfacción sexual antes primaria.

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La función libidinal recorre un camino de desarrollo en donde se puede encontrar con dos peligros: fijación y regresión.
La fijación es la demora de las aspiraciones libidinales en determinados objetos o etapas por la viscosidad de la libido. La
regresión es un movimiento de retroceso de la libido hacia una etapa anterior del desarrollo. Hay a su vez, dos clases de
regresión: a los primeros objetos (incestuosos) y a estadios anteriores de la satisfacción sexual (fase).
Para la producción de la neurosis aparecen tres factores:
-Conflicto entre las aspiraciones libidinales y el yo: La libido insatisfecha rechazada por la represión (frustración externa)
emprende la regresión y aspira a satisfacerse dentro de una organización ya superada o por objetos anteriores. El
conflicto queda planteado si el yo no presta su acuerdo a estas regresiones (frustración interna). La libido queda como
atajada y debe escapar a algún lado según lo exige el principio de placer y tal escapatoria se lo permiten las fijaciones
dejadas en la vía de su desarrollo que recorre en sentido regresivo.
-Represión: de carácter individual (opera sobre cada retorno) y móvil (gasto de fuerza constante). La represión primaria
se trata de que a la agencia representante de la pulsión se le deniega la admisión a la conciencia. Y la represión
propiamente dicha consiste en rechazar algo de la conciencia y lo mantiene alejado de ella. Le quita el afecto a una
representación.
-Factor cuantitativo: se debe propasar un determinado limite de éxtasis libidinal para que se de el conflicto.

TERCER MOMENTO: ANGUSTIA Y CASTRACIÓN (1920-1939)


REFORMULACION DE LA TEORIA DE LA ANGUSTIA
Freud en un primer momento sostiene que la angustia se creaba por la represión y plantea una distinción entre:
● Angustia realista, que se trata de una reacción ante un peligro externo.

● Angustia neurótica, que es enteramente enigmática, a lo que se tiene miedo es a la propia libido. Se observa
bajo tres clases de constelaciones:
o como un estado de angustia libremente flotante, pronto a enlazarse de manera pasajera con cada nueva
posibilidad que emerja (angustia expectante);
o ligada de manera firme a determinados contenidos de representación en las fobias;
o y la angustia en la histeria y otras formas de neurosis grave, que acompaña a síntomas o emerge de
manera independiente como ataque o como estado prolongado.
Ahora bien, cuando aparece la segunda tópica entre un sy, un yo y un ello se redefine la teoría de la angustia. Se
rechaza la concepción anterior según la cual la energía de investidura de la moción pulsional se mudaba
automáticamente en angustia y se plantea que el yo es el único almacigo de la angustia, es decir que solo él puede
producirla y sentirla; las tres variedades de angustia son referidas a los tres vasallajes del yo: respecto del mundo
exterior, del superyó, y del ello. Con esta nueva concepción pasa también a primer plano la función de la angustia señal
para indicar una situación de peligro.

No es la represión la que crea la angustia sino que la angustia está ahí primero, es la angustia la que crea la represión. Se
trata de una angustia frente a un peligro externo, una angustia realista; el varoncito siente angustia ante una exigencia
de su libido, ante el amor de su madre, pero ese enamoramiento le parece como un peligro interno (angustia neurótica)
del que debe sustraerse mediante la renuncia de ese objeto, porque provoca un peligro externo; ese peligro real -
externo- es la amenaza de castración, la pérdida de su miembro. No interesa que la castración se ejecute; lo decisivo es
que el peligro amenace de afuera y el niño crea en él. La sexualidad no es peligrosa en si misma sino que lo es la
consecuencia que conlleva, esto es la castración, cuyo agente es el padre. Freud establece que la angustia frente a la
castración es uno de los motores mas intensos de la represión, y con esto, de la formación de la neurosis. Sin embargo,
dicha no es el único motivo de represión; en la mujer, la angustia es a la pérdida de amor. CASTRACION COMO
OPERADOR RESPONDE A LA PREGUNTA DE PORQUE LA SEXUALIDAD ES REPRIMIDA.

Con respecto al vínculo entre angustia y represión Freud sostiene que se averiguo dos cosas nuevas: la primera, que la
angustia crea la represión, y no a la inversa; y la segunda, que una situación pulsional temida se remonta, en el fondo, a

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una situación de peligro exterior. Entonces, la angustia neurótica se mudó en angustia realista, en angustia ante
determinadas situaciones externas de peligro.

Lo esencial en cualquier situación de peligro es que provoque en el vivenciar anímico un estado de excitación de elevada
tensión que sea sentido como displacer y uno no pueda descargar. Freud llama factor traumático a un estado así, en que
fracasan los empeños del principio de placer; entonces, lo temido es en cada caso la emergencia de un factor traumático
que no puede ser tramitado según el principio de placer. Ese displacer genera una señal de angustia para reprimir la
moción pulsión; ante una represión fracasada la moción pulsional encuentra un sustituto y si dicho llega a consumarse
cobra el carácter de compulsión de repetición; se repite con el intento de ligar aquello que no pudo ser ligado.

La primera teoría de la angustia (que la represión causa angustia y la libido que no pudo ser satisfecha se descarga como
angustia) no se abandona completamente, sino que se mantiene para ciertos casos:

-Neurosis traumáticas

-Neurosis actuales

-Cuando se le impide al obsesivo realizar su síntoma

NO se mantiene para las psiconeurosis, que se rigen por la segunda teoría (angustia causa represión) pero la segunda
teoría no es que invalide completamente a la primera.

Tres factores que establece Freud en la causación de la neurosis (ISA):

-Un factor biológico: el largo periodo de desamparo tras el nacimiento, de invalidez y dependencia de los adultos de la
criatura humana, que establece sus primeras situaciones peligrosas y le crea la necesidad de ser amado, que ya no le
abandonara jamás.

-Un factor filogenético: Tiene que ver con la compulsión a la repetición y con la sexualidad en dos tiempos. Las nuevas
mociones de pubertad son atraídas, por compulsión, a los arquetipos infantiles y tratadas como peligros al igual que
ellos. Las posteriores mociones pulsionales sexuales de la pubertad que deberán ser acordes con el yo, corren el riesgo
de sucumbir a la atracción de los arquetipos infantiles y seguirlos a la represión. Este factor esta ligado al desarrollo de la
libido, hay una paradoja en el desarrollo, ya que este implica continuidad, y lo filogenético implica una paradoja porque
para Freud el desarrollo de la sexualidad es interrumpida en la fase fálica por la angustia de castración.

-Un factor psicológico: se encuentra una imperfección de nuestro aparato anímico, relacionada conla diferenciación
entre un yo y un ello. El yo trata de protegerse de ciertas pulsiones igual que de los peligros externos, y lo único que
consigue así es restringir su propia organización y formar síntomas sustitutivos que quedan fuera de su dominio.

EL RETORNO A FREUD DE LACAN

En el ’53 diferencia 3 registros de la experiencia psicoanalítica, que intervienen en la constitución del sujeto y en la
formación de síntomas. Estos son:
- Imaginario: alude a la imagen (reformula el narcisismo de Freud). La base del mismo es la formación del yo en el
estadio del espejo. Lo imaginario es solo descifrable si se lo traduce a los símbolos.
- Simbólico: lenguaje, palabras, la ley. Se caracteriza por la ausencia de cualquier relación fija entre significante y
significado, la única característica del significante es que esté inscripto en un sistema en el que adquiere valor
exclusivamente en virtud de su diferencia con los otros elementos del sistema. Por eso nunca puede tener un
sentido fijo, el mismo varía de acuerdo por la posición que ocupa en la estructura.
- Real: lo que no habla, lo que vuelve siempre al mismo lugar.
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El estadio del espejo
Lacan propone un retorno a Freud en lo que considera son desviaciones en la práctica del psicoanálisis. Vuelve a Freud
con una crítica de la psicología del yo norteamericana.
En este texto arte de experiencias de la psicología comparada, en donde le llama la atención la diferencia de reacción
entre un chimpancé (mamífero superior) y un bebe frente al espejo. Lo que llama su atención, es que el niño de entre 6
y 18 meses se reconoce en la imagen especular, que le devuelve el espejo, es decir, hay una asunción jubilosa de la
imagen, a pesar de la insuficiencia motriz que presenta (incoordinación). Esa imagen es total, unificada, lo cual contrasta
con la realidad del cuerpo de ese bebé que está fragmentado.
Lacan ubica en esta asunción de la imagen la matriz de constitución del yo. El bebé se identifica con una imagen total,
desconociendo la su realidad (función de desconocimiento). Se aliena de lo que realmente es y en esa enajenación se
constituye una unidad total (el Yo). Entonces para que el yo pueda constituirse, es necesario que el niño se identifique
con este imago (identificación imaginaria). El reconocimiento en la imagen total permite que se anticipe un yo.
Constituye la matriz simbólica en la que el yo se precipita.
A partir de esto va a definir a la identificación como la transformación que se produce en el sujeto cuando se asume una
imagen. Es una identificación imaginaria, sostenida desde un otro que ve en el niño una totalidad. El yo entonces tiene
un ESTATUTO IMAGINARIO.
Lo imaginario entonces permite dar cierta permanencia, cierta unidad, pero a esto de una enajenación, de una totalidad
que oculta la fragmentación y desunión que existe en la realidad.
El bebé que asume esta imagen como propia lo hace mediatizado por la mirada del Otro, por ese otro que le dice “ese
sos vos” que mira a él y a la imagen en el espejo como si fueran uno. Ya que lo propio del ser humano es el querer ser
reconocido por otro.
El yo entonces es una función de desconocimiento: justamente lo que se desconoce es esa insuficiencia que se tiene en
la realidad. Supone el dominio de algo que todavía no se tiene. En lo real se está lejos de esa totalidad organizada.
La relación entre el yo y el otro imaginario (a-a’) es una relación especular. El yo es una construcción imaginaria que
tiene una función de desconocimiento ¿Qué desconoce? Desconoce la falta.

Seminario 2
Postula el esquema Z para ilustrar los problemas ocasionados por el yo y el otro, el lenguaje y la palabra. Sostiene que
no hay forma de aprehender cosa alguna de la dialéctica analítica si no se plantea que el yo es una construcción
imaginaria. Nada le quita al yo que sea imaginario, si no lo fuese, no seriamos hombres; lo cual no significa que basta con
que tengamos ese yo imaginario para ser hombres. También podemos ser esa cosa intermedia llamada loco; un loco es
aquel que se adhiere a ese imaginario.

Esquema Z:

a(yo)-a’(otro): eje imaginario, en el que se condensan todas las relaciones


del yo con el semejante, del yo con el otro en minúscula, del yo con su
imagen especular, a partir de la que se constituye como tal y por lo que es
designado con la misma letra: a minúscula.

Resistencia ante una palabra que quiere hacerse oír; hay una barra que
resiste a que surja la palabra plena, el muro del lenguaje.

A(Otro)-S: es el eje simbólico, donde puede ubicarse la insistencia


palabrera del inconsciente. Esa palabra que desde el Otro con mayúscula,
se dirige al sujeto, convocándolo desde lapsus, el síntoma o el sueño.

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Palabra plena que viene del Otro, que se hace oír quebrando la cháchara de la palabra vacía del eje imaginario, con la
irrupción de alguna formación del inconsciente.

S es el sujeto analítico, no el sujeto en su totalidad sino el sujeto del icc(con la falta). No es ahí donde él se ve, esto no
sucede ni siquiera al final del análisis; se ve en a, y por eso tiene un yo. Puede creer que él es ese yo, todo el mundo se
queda en eso.
El yo ve bajo la forma del otro especular a aquel que por razones estructurales se lo llama su semejante. Esa forma del
otro posee la mayor relación con su yo, y se lo escribe a’. Esto sería el plano del espejo y de él se distingue otro plano, el
muro del lenguaje. En la medida en que el sujeto los pone en relación con su propia imagen, aquellos a quienes les
habla, también son aquellos con quienes se identifica.
A1, A2, son los que no conocemos, verdaderos Otros, verdaderos sujetos; ellos están del otro lado del muro del
lenguaje, allí donde en principio no los alcanzo jamás. A ellos apunto cada vez que pronuncio una verdadera palabra,
pero siempre alcanzo a’, por reflexión; apunto siempre a los verdaderos sujetos, y solo encuentro sombras. El sujeto
está separado de los Otros, los verdaderos, por el muro del lenguaje.
El análisis debe apuntar al paso de una verdadera palabra, que reúna el sujeto con otro sujeto, del otro lado del muro
del lenguaje. Es la relación última del sujeto con otro verdadero, con el Otro que da la respuesta que no se espera, que
define el punto terminal del análisis.
El análisis consiste en hacerle tomar conciencia de sus relaciones, no con el yo del analista, sino con todos los Otros
que son sus verdaderos garantes, y que no ha reconocido. Se trata de que el sujeto descubra de una manera
progresiva a qué Otro se dirige verdaderamente sin saberlo, y de que asuma las relaciones de transferencia en el lugar
en que está, y donde en un principio no sabía que estaba.

Lacan sostiene que es evidente que las cosas de un mundo humano son cosas de un universo estructurado en palabra,
que el lenguaje, que los procesos simbólicos dominan. La DIE SACHE es aquellas cosas que están en el orden lenguaje; el
DAS DING significa por parte aquellas cosas ajenas al lenguaje; aquello que el significante no puede atrapar, aquello que
queda por fuera de lo simbólico. Plantea que lo REAL no puede ser suprimido pero en un tratamiento lo podemos
bordear, no está dentro del lenguaje; lo real no puede ser atrapado por un significante.

Unidad IV. NEUROSIS

HISTERIA

Psiquiatría: El término “histeria” proviene de la Antigüedad (Platón – Hipócrates). Refería a un desorden uterino, propio
de las mujeres, que se manifiesta por paroxismos (grandes crisis). En la Edad Media, fue tomada por el discurso religioso,
los paroxismos eran producto de que las histerias estaban endemoniadas. En el siglo 17, con la medicina, la histeria pasa
por el tamiz de la ciencia. Así cayó en un total descredito. No se la aprecio de un modo adecuado, se las tomaba como
simuladoras, enigmáticas, mentirosas, camaleónicas. Histeria proteiforme (cambia de forma), lo cual era una dificultad
para hacerla entrar en una taxonomía. La capacidad que tenían para generar síntomas de todo tipo era inaprensible al
saber médico, ya que no era posible pensar que semejante variedad de síntomas respondiera a una única causa además
de que no la encontraban en la anatomopatologia.

Sumado a esto, la intensidad en los ataques epilépticos de las histéricas aumentaba por ejemplo cuando el médico se
acercaba. Le suponían a la histérica conciencia sobre el episodio, eso es algo que estaba siendo manipulado, que lo hacía
a propósito. Entonces afirmaban que no se trataba de una verdadera enfermedad sino que eran simuladoras. Sin
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embargo, hubo psiquiatras que afirmaban que no había conciencia del episodio, que no los recordaban. Janet planteo
que en las histéricas se produciría una disociación de la conciencia y el contenido del ataque quedaría en una especie de
segunda conciencia. La histeria quedaría caracterizada por una especial endeblez innata a disociar la conciencia (distinto
de la tesis freudiana del inconsciente).

Con Charcot en Francia (1870) la histeria es arrancada de ese descredito y situada como verdadera enfermedad. Clínica
positiva de la histeria: no más tratadas como mentirosas y simuladoras, histeria como tipo clínico con evolución
particular, los ataques tienen una regularidad en sus fases. Se pensaba que había un hibrido (histeria + epilepsia =
histeroepilepsia). El tratamiento que proponía Charcot era del tipo de los cinturones a presión de los ovarios, para
terminar el ataque. Un ataque epiléptico no se detiene de ninguna manera ante el dolor, los ataques histéricos sí.
Entonces el autor se opone al término y dice que la epilepsia está solo en la forma exterior pero no en el fondo. Llama
“histeria epileptiforme” a estos ataques mixtos.

Otra presentación es la deKraepelin, de locuras histéricas. Trabaja los ataques de sueño. Detecta el componente sexual,
también hay histerismo en los hombres. Para el autor, la aparición y desaparición en forma de ataques, y el hecho de
que sean influidos por agentes externos (por ejemplo figura del médico) constituyen una clara indicación de
“histerismo”. Ubica su origen en el terreno mental, lo adjudica a una cuestión de la personalidad, producto de
representaciones asociadas a poderosas emociones. En cuanto al tratamiento, sostiene que al producirse los trastornos
por sensaciones, se los puede hacer desaparecer por influencias psíquicas. Sin embargo, considera que se debe a una
tendencia morbosa particular que no obedece a causas externas, por lo que podrá operarse sobre sus manifestaciones,
pero el terreno original permanecerá inalterado.

También están las histerias crepusculares deGanser: casos de histerias que se presentan bajo la forma de la confusión,
con un tipo de respuestas que el autor llama “respuestas de lado” (diferentes de las pararespuestas esquizofrénicas).
Estas tienen la particularidad de responder a preguntas sencillas de un modo incorrecto pero dando a entender en la
respuesta misma que se conoce la respuesta. Son casi correctas, no lo son aunque uno sabe que el paciente podría dar la
respuesta correcta. Son fenómenos sutiles, no son una respuesta para-esquizofrénica donde efectivamente se pierde el
nexo de sentido por el sonido, se responde metonímicamente.

Características generales de los ataques:

Lo que caracterizaba era que el episodio podía ser muy espectacular pero la restitución de la personalidad posterior es
“al integrum”, quiere decir que no queda una secuela en la personalidad luego del episodio. Hay una amnesia y es como
si nada hubiese pasado, olvido del episodio. Diferencia de diagnóstico diferencial con la esquizofrenia: hay alucinaciones
gustativas, visuales, rara vez auditivas y menos aún verbales (propias de la esquizofrenia). No presentan trastornos de la
asociación ni trastorno de la afectividad, no es que están abocadas a su mundo interno, no se pierde la relación al otro
en el ataque. Ese espectáculo requiere un espectador. L a dimensión del otro está presente en la escena siempre dirigida
a alguien, pueden producirse en el contexto de lo que se llama un contagio.

Freud en 1905 sostiene que las causaciones de las enfermedades histéricas se encuentran en las intimidades de la vida
psicosexual de los enfermos, y los síntomas histéricos son la expresión de sus más secretos deseos reprimidos.

Discurso: El relato histérico no es algo que fluya, se atasca, es un “rio no navegable”. Si hay olvido y el relato está tan
desarticulado es que hubo represión, ahí está la importancia de la estructura del [Link] entonces un carácter
lagunar, fragmentario del relato. Hay una relación entre esos tipos de relatos y la represión como formadora de
síntomas. Ahí se articula la estructura del relato con el sostén del síntoma.

Fragmento de análisis de un caso de histeria (1905)- Caso Dora


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Cuadro clínico:
El círculo familiar de Dora, de 18 años, incluía a sus padres y a un hermano un año y medio mayor que ella. La persona
dominante era el padre. El padre poseía una gran inteligencia, buena presencia, vivacidad, y posición económica
holgada. La hija estaba apegada a él con particular ternura. Esta ternura se vio acrecentada por las numerosas
enfermedades que el padre sufrió desde que ella cumplió su sexto año de vida. Freud logró diagnosticar al padre
correctamente, su enfermedad venérea; a esto debió que años después le lleve a su hija. Dora veía su modelo en una tía
que había sido diagnosticada de una grave psiconeurosis. La madre, por las comunicaciones de Dora y su padre, era una
mujer de escasa cultura y poca inteligencia, que tras la enfermedad de su marido centró todos sus intereses en las
tareas domésticas (“psicosis del ama de casa”).
La relación madre - hija era desde hacía años muy inamistosa. La hija no hacía caso a su madre, la criticaba duramente, y
se había sustraído de su influencia. Dora había ambicionado parecerse a su hermano, pero en los últimos años, las
relaciones entre ambos se habían vuelto más distantes. El joven trataba de sustraerse lo máximo posible de las disputas
familiares, y cuando tomaba partido lo hacía por la madre.

Motivo que precipita a la consulta:


El que consulta por Dora es el padre, quién F. ya había atendido. Lo que hace que el padre la lleve a Freud es una carta
suicida que encuentra y que aunque no creyera que fuera serio el tema del suicidio se impresionó y decidió consultar. El
padre cuenta que tenían una gran amistad con un matrimonio, la sra.k y el sr.k; la mujer lo había cuidado durante toda
su enfermedad. Lo que el padre espera en el tratamiento es que Dora deje de reclamarle que abandone a la sra.k

Queja de Dora:
Freud quiere escuchar a Dora y se encuentra con una mujer que reprocha, denuncia al padre, quiere que abandone su
relación la sra.k; sostenía que el papá y la sra.k solían arreglárselas para quedarse a solas. Dora denunciaba ser
entregada como objeto de cambio; sostenía que había sido entregada al sr.k como precio de la tolerancia que éste
mostraba hacia las relaciones entre su padre y la sra.k y detrás de la ternura hacia su padre se vería la furia que le
provocaba semejante uso.

Antecedente de la enfermedad:
A los 14 años el sr. K le estampa un beso a Dora, esa situación en una muchacha virgen de esas edad provocaría
excitación sexual, sin embargo, Dora sintió en su momento un violento asco. Esto conlleva diferentes síntomas en Dora
uno de los cuales era que seguía sintiendo la presión de aquel abrazo sobre la parte superior de su cuerpo.
Llama histérica a toda persona, sea o no capaz de producir síntomas somáticos (corporales), en quien una ocasión de
excitación sexual provoca sentimientos de displacer: se produce un trastorno de afecto y además, también, un
desplazamiento de la sensación. En lugar de la sensación genital que en tales circunstancias una muchacha sana no
habría dejado de sentir, le sobreviene la sensación de displacer referida al asco.

Eclosión de la enfermedad:
Se trata de la escena en el lado donde el sr.K le dice a Dora que no le importa nada su mujer y ella da una bofetada en el
rostro y escapa. Freud va a sostener que la bofetada la da no por el atrevimiento del sr K sino por la venganza de celos;
el sr K antes de eso le había dicho a la gobernanta de su casa las mismas palabras que a Dora. A partir de esta escena se
rompe el vínculo amistoso de Dora con los K y con su padre (la queja de Dora no es sobre sus síntomas físicos).
Dora le cuenta a su madre, para que se lo cuente a su vez al padre, que el señor K, durante una caminata por el lago le
había hecho una propuesta [Link] padre de Dora dice que él no duda de que ese hecho es una fantasía que a ella se
le impuso, debido a su enfermedad. Y que a pesar de que ella le pide a su padre que rompa toda amistad con el señor K,
él no puede hacerlo porque tiene una muy buena “amistad” con la señora K. (Lo que el padre de Dora no le dice a Freud
es que ellos son amantes, sino que se lo niega).
Los reproches de Dora hacia su padre estaban envueltos junto con autorreproches del mismo contenido. Dora tenía
razón con que el padre no quería que se aclarase la conducta del sr.k con su hija para no ser molestado en su relación
con la sra.k; pero ella había hecho lo mismo ya que se había vuelto cómplice de esa relación. Sólo con la aventura en el
lago aparecía claridad sobre eso y sus rigurosos reclamos al padre.
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Síntomas:
Los síntomas más persistentes y molestos era la tos y la afonía, estos ya habían sido producidos por la enferma unos
años antes de la escena del lago, sus primeras manifestaciones se remontan a la infancia, más o menos a los 8
añ[Link] hasta 1905 habla de que la finalidad de la enfermedad era para que el padre de Dora se aleje de la señora K,
él estaba seguro de que si el padre le hubiera declarado que sacrificaba su relación con la señora K por la salud de Dora,
ella hubiera sanado inmediatamente. 3 Interpretaciones de los síntomas:
1. Tiene que ver con el amor al sr K: la sra K utilizaba la enfermedad para que el sr K se alejara, mientras que Dora,
a la inversa que la mujer enfermaba cuando él estaba ausente y sabana tras su regreso.
2. Debemos tener en cuenta que estamos en el segundo esquema causal: la libido va a parar a la fantasía por una
frustración en la realidad, cuando entra en conflicto con el yo, se reprime y se convierte en síntoma.
El chupeteo de Dora es una precondición para que se fije la tos. La fantasía sexual de Dora consistía en que
como el padre era impotente, la relación con la sra K era de sexo oral. Justamente esta fantasía que Dora tenía
acerca de su padre y la señora K tienen que ver con aquellas partes de su cuerpo que se encontraban en estado
de irritación (garganta, cavidad bucal).
3. La tos tiene que ver con una identificación con el padre: el catarro era una imitación de su padre que tenía una
afección pulmonar

Freud tiempo después reconoce dos errores que fueron las claves pro las cuales fracasó el tratamiento:
1- No supo dominar la transferencia que lo ubicaba a él en el mismo lugar que al padre de Dora y al señor K, había
entrado en serie con esos hombres a los que hay que abandonar. Por eso Dora se vengó de él abandonando el
tratamiento, como del señor K con la bofetada.
2- La insistencia de Freud en que Dora estaba enamorada del señor K le impidió percatarse de que en realidad Dora
tenía interés en la señora K, es decir que, no vio a tiempo que la “corriente homosexual” hacia la señora K era la
más fuertes de las corrientes inconscientes en la vida anímica de Dora. Tras el itinerario de pensamientos
hipervalentes que le hacían a Dora ocuparse de la relación de su padre con la señora K, se escondía una moción
de celos cuyo objeto era esa mujer, vale decir, una moción que solo podía basarse en una inclinación hacia el
mismo sexo (Freud solo nombra esto, no lo profundiza mucho).

Psicología de las masas y análisis del yo (La identificación)


Freud plantea 3 tipos de identificaciones:
- Identificación primaria: es pre-edípica (previa a la elección de objeto). Es la más temprano exteriorización de
ligazón afectiva con otra persona. Se trata de la configuración del yo a partir del otro tomado como modelo. Es
decir, que es constituyente del aparato psíquico. Y fundamental porque en ella se basan las identificaciones
venideras.
- Identificación al rasgo (interviene en la formación de síntomas): funciona cuando se resigna una investidura
libidinal, el yo conserva un rasgo del objeto resignado por identificación. Se toma un rasgo único y es restringida
y limitada, por eso es parcial. Es regresiva. En estas identificaciones el yo copia a la persona no amada o a la
persona amada (por ejemplo Dora que imitaba la tos de su padre).
- IDENTIFICACION HISTERICA O POR EL SINTOMA: Hay un tercer caso de la identificación, por comunidad afectiva,
que prescinde por completo de la relación de objeto, puede darse entre dos personas que no se conozcan. El
mecanismo es el de la identificación sobre la base de poder o querer ponerse en la misma situación.
Un ejemplo que da Freud es el de las muchachas del pensionado, donde una de ellas recibe una carta de su
amado secreto frente a la cual reacciona con un ataque histérico; el resto de las chicas querrían tener también
una relación secreta y padecen el mismo ataque.
Uno de los yo percibe en el otro una importante analogía en un punto; luego crea una identificación en dicho
punto, e influida por la situación patógena esta identificación se desplaza al síntoma que el primer yo ha
producido. Entonces, la identificación por el síntoma pasa a ser el indicio de un punto de coincidencia entre dos
yo que debe ser reprimido. Este tipo de identificación es total.

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Otro ejemplo es el de una señora que le cuenta un sueño: sueña con que quiere dar una comida, pero no tiene más que
un salmón ahumado, se propone a ir de compras pero recuerda que es domingo por la tarde y todos los almacenes
están cerrados; pretende llamar por teléfono a algunos proveedores pero el teléfono está descompuesto; así, debe
renunciar al deseo de dar una comida. Freud intenta analizar lo sucedido anteriormente, y se encuentra con que:

● A esta señora el marido le había dicho que quería adelgazar y por eso no iba a aceptar ninguna invitación a
comer. Ella planteaba estar muy enamorada de él
● A la mujer le gusta el caviar pero le ruega a su marido que no le traiga aquello que más le gusta porque es caro –
se crea en la vida un deseo insatisfecho
● Comenta también que el día anterior al sueño había ido a visitar a una amiga de quién estaba celosa porque su
marido la alababa demasiado; por suerte, esta amiga era flaca y su marido es amante de las gorditas. Sin
embargo, la amiga habló de su deseo de engordar un poco y le pregunta cuándo la iba a invitar a comer. Su
sueño es la reacción frente a eso.
El deseo de “quiero dar una comida” es en realidad el de su amiga; ella le había pedido que la vuelva a invitar a su casa
porque ahí se comía muy bien. En realidad la paciente no quería invitarla porque de esa forma iba a engordar y por ende
gustarle a su marido. De esta manera en el sueño su deseo de dar la comida no se cumple; entonces su deseo es que a
su amiga no se le cumpla el deseo de engordar pero en lugar de ello sueña que a ella misma no se le cumple un deseo,
que a su vez responde al deseo de ella de crearse un deseo insatisfecho; el caviar aparece como indicativo de deseo.

Como en el sueño la amiga no aparece, sino que está la paciente en lugar de ella estamos ante una identificación
histérica; a ella le gustaría estar en el lugar de la amiga. La identificación no es simple imitación sino apropiación para
expresar una comunidad de deseo. Entonces el deseo inconsciente de la paciente esta relaciona con la preocupación
acerca de qué es lo que tiene de especial su amiga para que su marido la desee; justamente ese deseo fue el motor del
sueño.

Lacan

A partir del esquema Z se ve que en el eje imaginario a-a’ el yo se constituye a partir de la imagen del otro imaginario. El
concepto de sujeto de Lacan se lo puede definir desde la ignorancia (surge por momentos); adviene a través de las
formaciones del inconsciente en el análisis. Se define por la intersubjetividad de la palabra, por una posición en relación
a la verdad. A partir de la palabra plena, reveladora, aparece el sujeto; a diferencia de la palabra vacía (bla, bla) en
donde aparece el yo. El sujeto se define en la experiencia analítica como no siendo, no sabe lo que le pasa, se dirige a
Otro del saber.

En el eje imaginario está el muro del lenguaje que hace de pantalla para que el sujeto no advenga, sin embargo, siempre
hay Otro que escucha y posibilita las verdades del sujeto, cómo se posiciona ante la verdad y va cambiando. Se trata de
un sujeto dividido porque está atravesado por la estructura del lenguaje; en oposición al yo. Entonces, hay un yo
consolidado a partir de la imagen de otro a diferencia de un sujeto dividido, del inconsciente, que solo puede aparecer
con la experiencia analítica.

En el texto intervención sobre la transferencia sostiene que a cada intervención dialéctica (del analista) le sucede un
desarrollo de verdad y a medida que se dialoga se van produciendo transformaciones en la posición del sujeto respecto
a su verdad que facilitan el progreso de la cura. Lacan sostiene que se trata de una verdad cifrada en el síntoma que
puede ser descifrada de acuerdo a las intervenciones del analista. Lacan recorta el historial de Dora y va a decir que:

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o 1er desarrollo de verdad: Dora se presenta quejándose de ser objeto de intercambio, de ser entregada al señor
K para que su padre pueda ser amante de la señora K.
o De esto surge una 1era inversión dialéctica: Freud le pregunta cuál es su parte en el desorden del cual se queja
o Eso da lugar al segundo desarrollo de verdad: Dora pasa de quejarse a ser cómplice de la situación, participe
activa, sostiene que los deja a solas, cuida a los chicos
o Segunda inversión dialéctica: Freud le pregunta cuál es la relación con la sra.k
o Tercer desarrollo de verdad: la atracción fascinada de Dora por la sra K
o Lacan va a sostener que la tercer inversión dialéctica es la que Freud no hizo; tendría que haber orientado a
mostrarle a Dora qué era la sra K para ella; la sra K era un misterio, el misterio de su propia femineidad.

En el seminario 3 Lacan sostiene que el sujeto histérico se formula la pregunta ¿qué es ser una mujer? Se trata de una
pregunta que se encuentra en lo simbólico y de una respuesta que se encuentra en lo imaginario. Las pantonimias son
las respuestas del sujeto imaginarias que en algún momento se desmoronan; cuando el eje imaginario tambalea se
produce la explosión de la neurosis.

Lacan sostiene que el error de Freud se produce porque creía que lo que Dora deseaba es al señor K, pero en realidad,
estaba identificada con él. Confunde elección de objeto con identificación; sostiene que en la escena del lago lo que
sucede es que Dora siente celos porque le había dicho lo mismo a una gobernanta. Lacan sostiene que lo que sucede en
dicha escena es que tambalea la identificación viril de Dora(a) con el sr K(a’) cuando él le dice “mi señora no es nada
para mí”. Dora está identificada al hombre, portador de pene, para saber algo acerca del misterio de la sexualidad
femenina. Entonces, a través del sr K podía aproximarse a lo que es una mujer para un hombre y esto cae con lo que
le dice el señor en el lago.

Lacan sostiene que no hay simbolización del sexo de la mujer en cuanto tal, hay una falta real (pene); femenino
implica una ausencia de vacío, un agujero en contraposición del lado de lo masculino donde hay un significado muy
prevalente. Cuando Dora se pregunta ¿Qué es ser un mujer? Intenta simbolizar el órgano femenino. Su identificación
al hombre, portador del pene, le permite aproximarse a esta definición que se le escapa. El pene le sirve de
instrumento imaginario para aprehender lo que no logra simbolizar.

En el seminario 4 Lacan sostiene que la histérica es alguien cuyo objeto es homosexual, y lo aborda por identificación
con alguien del otro sexo. El yo de Dora ha hecho una identificación con un personaje viril, el señor K. La señora K es
alguien importante, pero no solo porque constituye el objeto de una elección, sino que la señora K encarna el misterio
de la pregunta de Dora.

El padre es quien da simbólicamente el objeto faltante, el falo. En el caso Dora, no lo da, porque no lo tiene, esta
carencia es constitutiva de la posición de Dora ya que al no poder renunciar al falo paterno, porque no lo posee, sigue
muy vinculada a él. Se encuentra en el momento en que ama a su padre, lo ama precisamente por lo que no le da el falo
al que debería haber renunciado.

El padre introduce a la señora K, y lleva a Dora a preguntarse: ¿qué es lo que mi padre ama de la señora K? esta señora
se presenta como algo que el padre puede amar más allá de ella misma. Dora puede admitir que su padre ame en ella, y
a través de ella, algo que está más allá, la señora K, pero para que el señor K resulte tolerable en su posición, ha de
ocupar la función inversa y equilibradora: que Dora sea amada más allá de su mujer, pero en la medida que su mujer es
algo para él. Dora pierde esta posición subjetiva quedando como objeto de intercambio con las palabras del señor k en
el lago ya que no puede tolerar que el señor K se interese solo en ella ya que si es así su padre solo se interesa por la
señora K.

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COMPLEJO DE EDIPO: La niña entra al Complejo de Edipo por medio del complejo de castración: el deseo de poseer
pene, que genera la envidia del pene, F. lo denomina complejo de castración. Resigna a la madre como objeto al
descubrir el genital masculino; culpa a la madre de su falta y al descubrir que ella tmp lo posee tiene el deseo de que el
padre se lo dé. Aca ingresa en el CE en donde ve a su madre como rival y toma al padre como objeto de amor. El deseo
de que el padre le dé un pene se sostiene poco tiempo y la niña reemplaza su pene por el deseo de tener un hijo, que se
lo dará su padre. Permanece en el CE por un tiempo indefinido, llega un momento en que se cansa de esperar y se va a
buscar a otro como sustituto (un hombre).

HISTERIA DE ANGUSTIA Y FOBIA

FREUD

La primera clínica freudiana: bipartición entre las fobias reductibles a las neuropsicosis de defensa y las “fobias
típicas”, pertenecientes a las neurosis de angustia.

Freud abordó formalmente por primera vez el tema de las fobias en 1894, en su texto “Las neuropsicosis de defensa”. Si
bien la referencia a éstas es escueta, observa que, en uno u otro caso, las fobias no constituyen una cuarta
neuropsicosis, sino que aparecen como meros síntomas, sea dentro del ámbito de la obsesión, sea dentro del de la
histeria.

La nosografía se complejiza más cuando Freud contempla la existencia de “fobias típicas” –cuyo paradigma es la
agorafobia-, que no remiten a ningún mecanismo psíquico y en las que no puede hallarse representación reprimida
alguna de la que se hubiera separado el afecto angustia. La angustia de las fobias típicas proviene de la acumulación de
tensión genésica, provocada por la abstinencia o la irritación genésica frustránea. Es esa etiología específica la que
habilita a ubicarlas dentro de un nuevo grupo, perteneciente a las neurosis actuales: la neurosis de angustia.

Freud aclara que si la angustia que está en el fundamento de las fobias típicas no proviene de una representación
reprimidano es posible abordarlas con psicoanálisis. Cabe agregar que Freud contempla además la posibilidad de que se
den neurosis mixtas.

Sintomatología de la neurosis de angustia: diferencias con la histeria de angustia.

En 1894 Freud habla de la neurosis de angustia ubicándola dentro de las neurosis actuales cuyas características son:
etiología sexual actual y directa, no intervienen mecanismos psíquicos, se trata de una insuficiente descarga de libido
que genera angustia. Los fenómenos de la neurosis de angustia se producen por una acumulación de excitación sexual
somática desviada de la psique en reacciones no apropiadas (irritabilidad general, ataque de angustia, terror nocturno,
vértigo, perturbaciones de la actividad digestiva, etcétera).
Ahora bien, en 1915, ya en el segundo momento causal, describe el proceso de la represión en la histeria de angustia:
En un primer momento la angustia surge sin que el sujeto sepa ante qué (se puede ver en Juanito cuando experimenta el
sueño de angustia y la primera vez que sale a la calle y tiene que volver por miedo pero no sabe a qué): cabe suponer
que dentro del inconsciente existió una moción de amor que demandaba transponerse al sistema prcc, pero la
investidura volcada a ella desde este sistema se le retiró al modo de un intento de huida, y la investidura libidinal icc de
la representación rechazada fue descargada como angustia
Freud sostiene que la investidura prcc retirada se vuelca a una representación sustitutiva que a su vez está entramada
por la vía asociativa con la reprimida y permite entonces racionalizar el desarrollo de angustia, es decir, se trata de la
localización de la angustia en un objeto pero eso no quiere decir que deje de sentir angustia (en Juanito se puede ver la
angustia al caballo). Esta representación sustitutiva a la que se adhiere la investidura prcc opera entonces
como contrainvestidura para impedir que acceda a la cc la representación reprimida, de esto se trata el segundo
momento.

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En un tercer momento se hace necesario inhibir el desarrollo de angustia que surge del sustituto; se inviste todo el
entorno, llamándolo muralla defensiva, y el mismo hace de contrainvestidura contra la representación sustitutiva. El
sistema CC se defiende ahora contra la activación de la representación sustitutiva mediante la contrainvestidura de su
entorno.
Además describe el procesoen la histeria de conversión y neurosis obsesiva:
En la histeria de conversión, la investidura pulsional de la representación reprimida es traspuesta a la inervación del
síntoma. El papel de la contrainvestidura sale a la luz en la formación del síntoma. Con respecto a la neurosis obsesiva,
la contrainvestidura del sistema Cc sale al primer plano organizada como formación reactiva, es ella la que procura la
primera represión; y en ella se consuma más tarde la irrupción de la representación reprimida. Al predominio de la
contrainvestidura y a la falta de una descarga se debe que la obra de la represión aparezca en la histeria de angustia y en
la neurosis obsesiva mucho menos lograda que en la histeria de conversión.
Freud plantea en el segundo esquema causal la estructura de la fobia esta caracterizada por el mecanismo de la
represión: hacer desaparecer de la conciencia a la representación intolerable; y por otro lado el mecanismo de
formación de sustitutos por desplazamiento: esa representación se adhiere a un sustituto por vía de desplazamiento. En
el tercer esquema causal, Freud plantea que la fobia tiene una carácter de proyección ya que sustituye un peligro
pulsional interior por un peligro de percepción exterior. Los síntomas son creados por el yo para evitar la situación de
angustia, de peligro de castración o algo derivado de ella.
Relación entre histeria, histeria de angustia y fobia.
En la histeria de angustia, en su proceso de formación de síntomas, Freud no deja de observar que la tarea emprendida
por el aparato puede definirse como “radicalmente fracasada”, pues no consigue ahorrar el displacer. Por esa razón, el
trabajo de la neurosis no descansa, y requiere de un segundo tempo: la fobia en sentido estricto, es decir, la serie de
evitaciones y restricciones a la libertad personal que se ponen en juego para huir del objeto fóbico y excluir el
desprendimiento de angustia. La localización de la estructura va de la mano de la posibilidad de cernir la función del
síntoma fóbico, y es por eso que Freud se afana cada vez más en especificar su metapsicología de la fobia. Ejemplo de
ello es el texto “Lo inconsciente”, de 1915, en donde examina el problema a la luz del concepto de “contrainvestidura”.
Allí señala que así como la representación sustitutiva funciona como contracarga para mantener a raya a la
representación reprimida, la contrainvestidura del entorno hace las veces de “muralla protectora” para no encontrarse
con el objeto fóbico.
No sucede así en la histeria de conversión, donde la solución con respecto a la satisfacción se ve mucho más lograda.
Con el enigmático salto de lo anímico a corporal se genera un síntoma del cual no sigue desprendiéndose angustia, lo
que se expresa en “la bella indiferencia” de la histérica.

Las dos teorías de la angustia en Freud.


En primer y segundo esquemas causales Freud sostiene lo que se conoce como su primera teoría de la angustia: la
represión causa la angustia. Ya luego del giro de los años 20 (tercer esquema causal), la exploración de las zoofobias
infantiles refuta su teoría anterior sobre la angustia, y conduce a Freud a invertir las relaciones entre ella y la represión.
En las zoofobias infantiles el yo procede contra una investidura de objeto libidinosa del ello (la del complejo de Edipo),
porque comprendió que ceder a ella traería como consecuencia el peligro de la castración. Tan pronto como discierna el
peligro de castración el yo da la señal de angustia e inhibe el proceso de investidura amenazador en el ello. Al mismo
tiempo se consuma la formación de la fobia, la angustia de castración recibe otro objeto y una expresión desfigurada:
ser mordido por el caballo, en vez de ser castrado por el padre. Freud está hablando entonces de la estructura de la
fobia. Con respecto a la función dice que la formación sustitutiva tiene dos manifiestas ventajas: se resuelve el conflicto
de ambivalencia porque ya no se trata del padre, se trata del caballo, ese padre que ama y odia a la vez queda fuera de
cuestión, y a la vez permite suspender el desarrollo de angustia.
Antes Freud le había adscripto a la fobia el carácter de una proyección: sustituye un peligro pulsional interior por un
peligro de percepción exterior. Esto trae la ventaja de que uno puede protegerse del peligro exterior mediante huida
y evitación de percibirlo (esto no vale para el peligro interior). Su puntualización no era incorrecta, pero se quedaba en
la superficie. La exigencia pulsional no es un peligro en sí misma, lo es solo porque conlleva a un autentico peligro
exterior, el de la castración: en la fobia solo se ha sustituido un peligro exterior por otro. La angustia de las zoofobias es,
entonces, una reacción afectiva del yo frente al peligro; y el peligro frente al cual se emite la señal es el de la

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castración. La única diferencia con la angustia realista q el yo exterioriza en situaciones de peligro es q el contenido de la
angustia permanece inconsciente, y solo deviene consciente en una desfiguración.

Conclusión: la angustia es la reacción frente a la situación de peligro; se le ahorra si el yo hace algo para evitar la
situación o sustraerse de ella. Entonces los síntomas son creados para evitar el desarrollo de angustia, o mejor dicho,
para evitar la situación de peligro q es señalada mediante el desarrollo de angustia. Y ese peligro es el de la castración o
algo derivado de ella.

La cuestión de la agorafobia.
En su primera nosografía, Freud había elevado este cuadro clínico al rango de modelo del grupo de las neurosis de
angustia, perteneciente a las neurosis actuales. Más adelante, ya por 1917, la agorafobia es, pues, extraída del campo de
las neurosis 175 actuales, para pasar al bando de las psiconeurosis y enmarcarse en sus mismas condiciones etiológicas.
Ya luego del giro de los años 20, para Freud, el agorafóbico se impone una limitación para sustraerse de un peligro
pulsional -la tentación a ceder a sus concupiscencias eróticas-, porque éstas convocan, como en la infancia, el peligro de
la castración.

LACAN
Para Lacan, la fobia no es una huida frente a la posibilidad de la castración que el padre podría ejercer sobre el pene del
sujeto (tal como lo plantea Freud en el análisis que hace de Hans), sino un llamado a que la operación simbólica de la
castración se efectivice para poder salir del lugar de falo imaginario de la madre.
La función de la fobia será para Lacan la de suplir la metáfora paterna fallida, es decir, el significante del padre simbólico.
El significante primordial que sustituye la fobia es el Deseo de la Madre por el Nombre del Padre, es decir, la fobia hace a
la metáfora. Se trata de un arreglo simbólico, que viene a suplir la función desfalleciente del padre real. Cumple una
función simbólica que resuelve una encrucijada entre lo real y lo imaginario.
Constituye un soporte, apoyatura, enganche de todo lo que ha comenzado a vacilar a partir de la crisis en la relación
materna, a la vez que se convierte en punto de referencia en el orden simbólico. Señaliza los límites del sujeto y da
forma significante a la angustia; marca un umbral, esta es su función esencial. Es que a partir de la fobia el mundo se le
aparece puntuado por toda una serie de puntos peligrosos, puntos de alarma, que lo reestructuran. La fobia introduce
en el mundo del niño una estructura, sitúa precisamente en primer plano la función de un interior y un exterior. Hasta
ese momento, el niño estaba, en suma, en el interior de su madre, acaba de ser rechazado, o se lo imagina, está
angustiado, y entonces, con ayuda de la fobia, instaura un nuevo orden del interior y del exterior, una

NEUROSIS OBSESIVA

IV. 2. NEUROSIS OBSESIVA

PSIQUIATRÍA

La psiquiatría comenzó a ocuparse de construir la categoría de obsesión unas décadas antes de que lo haga Freud. La
obsesión hace su entrada en las nosografías psiquiátricas en el año 1875 de la mano de Legrand Du [Link] autor
inscribe a las obsesiones bajo el nombre de “locura de la duda con delirio del tacto”. Es la primera vez que el delirio
aparece ligado a la obsesión. Esta entidad clínica es una de las 4 variedades nosológicas de la locura con conciencia. Está
constituida por una suerte de delirio activo, expansivo, sin relación alguna con el delirio de persecución, ni con el delirio
de la melancolía. Se trata de una locura con conciencia o alienación parcial porque en el enfermo tiene conciencia de su
estado mórbido, lo reconoce como una enfermedad. Se queja de ello y se dirige al médico, aunque lo hace tardíamente,
en busca de una cura.

Para este autor es una patología de la inteligencia, aunque aclara que las facultades y el nivel intelectual no están
comprometidos, se refiere más bien a que afecta la esfera del pensamiento.
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Es una enfermedad crónica, que evoluciona por saltos, por accesos y que en general tiene un pronóstico sombrío.

Hay dos signos clínicos predominantes: la interrogación producida por la duda y las llamadas excentricidades del tacto.
La duda es que abre la escena mórbida y las excentricidades del tacto las que la cierran.

Divide a la enfermedad en tres periodos o etapas:

- El primero consiste en la producción espontanea, involuntaria e irresistible de ciertas series de pensamientos sobre
temas indeterminados, sin ilusiones y alucinaciones de los sentidos. Estos sentimientos se traducen por interrogantes
dirigidos a los adentros del enfermo, por un sentimiento a la vez vago y profundo de duda y por una suerte de
deliberación interna sobre las mismas cosas y en algunos casos por la representación mental de ciertas imágenes, así
como preocupaciones fijas habituales y relativas a estas imágenes. Reconoce esos sentimientos e interrogantes como
suyos pero no puede librarse de ellos por medio de un ejercicio de su voluntad. Lleva a cabo una lucha contra esos
pensamientos, que en este primer periodo es una lucha silenciosa

- En una segunda etapa, aparecen los escrúpulos exagerados de la conciencia, aparece fundamentalmente la necesidad
enfermiza de realizar determinados actos, de repetir las mismas cosas siempre de la misma manera con el fin de
tranquilizarse. Aparecen temores a tocar inciertos objetos, instintos anormales de limpieza, lavados repetidos, de ahí el
nombre de “delirio del tacto”.Aparecen también confesiones espontaneas, revelaciones inesperadas a la familia, a los
amigos y al entorno. Hay conservación completa de la inteligencia

- El tercer periodo está caracterizado por un estado enfermizo serio y permanente. La situación se vuelve cada día más
intolerable: toda sociabilidad tiende a desaparecer, muchos actos de la vida diaria son imposibles (Hay miedo a caminar,
sentarse, rozar a alguien, dar la mano y repulsiones por ciertos objetos). Pese a esto, no se llega jamás a la demencia, no
se llega jamás a la demencia, sino más bien la vida se apaga en un estado sumamente vecino a la inmovilidad.

Generalmente, esta afección comienza en la pubertad y su comienzo pasa inadvertido. Las causas de este estado
responden a una predisposición en donde la herencia mórbida desempeña un papel de suma importancia. Puede haber
causas ocasionales también (la minoría de las veces) como trastornos en la salud física, o algunas enfermedades agudas
graves.

Diferencia entre Janet y Freud en cuanto a la Neurosis Obsesiva

Janet describió, con el nombre de psicastenia, una neurosis parecida a la que Freud designa como neurosis obsesiva,
pero centrando su descripción en torno a una concepción etiológica distinta: lo que para Janet es fundamental y
condiciona la misma lucha obsesiva en un estado deficitario, la debilidad de la síntesis mental, una astenia psíquica,
mientras que, para Freud, las dudas e inhibiciones son consecuencias de un conflicto que moviliza y bloquea las energías
del sujeto.

Entonces Janet en la psicastenia privilegia la duda, la indecisión, despersonalización, intrusión, pero en su criterio básico
pone acento en la debilidad, déficit de la utilización de la energía psíquica. Es decir que privilegia la astenia, lo que en
otros términos se denomina inhibición, y al síntoma obsesivo le otorga un papel secundario y subsidiario, como
consecuencia de la liberación de automatismos varios. Y por otro lado, Freud, en ISA, señala que la inhibición es
diferente al síntoma, aunque el síntoma puede comportar una serie de inhibiciones. La inhibición sería algo así como un
"efecto secundario" del síntoma.

El trastorno obsesivo–compulsivo en las clasificaciones actuales.

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La característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es una preocupación por el orden, el
perfeccionismo y el control mental e interpersonal. Los sujetos con este trastorno intentan mantener la sensación de
control mediante una atención exagerada a las reglas, los detalles triviales, los protocolos, los horarios o las
formalidades hasta el punto de perder de vista el objetivo principal de la actividad. Muestran una dedicación exclusiva al
trabajo y a la productividad, con exclusión de las actividades de ocio y las amistades. Se toman las aficiones o las
actividades recreativas como tareas series que exigen una cuidada organización y un duro esfuerzo por hacerlas bien.
Pueden ser demasiados tercos, escrupulosos e inflexibles en temas de moral, ética o valores. Los individuos con este
trastorno pueden ser tacaños o avaros y llevar un nivel de vida inferior al que pueden permitirse debido a su creencia de
que los gastos tienen que controlarse mucho para evitar catástrofes futuras. La toma de decisiones se convierte en un
proceso de larga duración y a menudo doloroso. Tienen tantas dificultades en decidir que puede que nunca empiece a
hacer nada. Suelen expresar afecto de forma muy controlada o muy escrupulosa. Puede haber una asociación entre el
trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad.

El DSM dijimos es un manual estadístico. Esto es crucial para la organización del manual y para pensar las diferencias con
el psicoanálisis. La estadística nos habla de un universo que se representa en una muestra. En oposición, el
psicoanálisis, propone siempre una clínica que es del uno por uno, aunque hablemos de estructuras. Se trata de cada
caso. El sujeto para el psicoanálisis nunca esta reabsorbido por el universo. La psiquiatría forcluye al sujeto, lo hace
desaparecer. Lo reduce a una estadística.

El DSM, en el prólogo, dice que no clasifica individuos, sino trastornos que se hicieron a medida de la medicación. 3
objetivos a la hora de hacer el manual:

● Brindar herramientas para el diagnóstico (meta fundamental);

● Facilitar la comunicación entre los clínicos e investigadores; y

● Servir para la enseñanza de la psicopatología.


El manual se organiza por la noción central de trastorno mental. No es lo mismo que el síntoma para el psicoanálisis. El
trastorno mental es para la psiquiatría en primer lugar un síndrome. Un síndrome clínicamente significativo que se
caracteriza por una alteración del estado cognitivo emocional o del comportamiento. Cualquiera sea la causa siempre es
la expresión de una disfunción comportamental biológica o psicológica. Disfunción en el sentido de una desadaptación
en juego que debería reducirse o corregirse.
Se está ante una clínica de la mirada, como en la época de Pinel. ¿Cómo pensar que la causa no incide en la forma del
fenómeno? ¿Cómo pensar un fenómeno desprendido de su causa? Para el Psicoanálisis las causas son el resorte que le
dan la especificidad al fenómeno.
En los manuales cada trastorno está descripto por una serie de síntomas que deben estar presentes en determinado
momento (sincrónico), con el agregado de que deben causar un deterioro significativo y/o un malestar. También se
presentan criterio de exclusión, porque ese trastorno y no otro. El psiquiatra toma el papel de un evaluador.
No se tienen en cuenta los acontecimientos biográficos, las elecciones del sujeto, su novela familiar. Toda esa dimensión
(la dimensión subjetiva) está aplastada por el DSM. Además hay una proliferación de los trastornos.
A partir del DSM 3 se elimina la categoría de la neurosis y en el 4 desaparece la categoría de psicosis. Aunque se
puede reconocer a la histeria, por ejemplo, en el trastorno psicosomático, o en trastorno límite de la personalidad. A
la N.O en el TOC o en los trastornos de ansiedad, etc.

FREUD

Histeria y obsesión en la clínica psicoanalítica.

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La neurosis obsesiva no es tan popular ni tan estridente como la histeria, se porta más como un asunto privado del
enfermo, renuncia casi por completo a manifestarse en el cuerpo y crea todos sus síntomas en el ámbito del
pensamiento. En la histeria la represión actúa dividiendo el afecto de la representación, lo que hace q el afecto "vaya" al
cuerpo y la representación quede reprimida: lo que da lugar al síntoma conversivo.

En el texto “Análisis de un caso de neurosis obsesiva” Freud establece una diferencia entre neurosis obsesiva e histeria
en relación al recuerdo de los motivos ocasionales de la enfermedad.

En la histeria, los motivos ocasionales de la enfermedad sucumben a la amnesia, al igual que las vivencias infantiles. Es
esa amnesia prueba de la represión sobrevenida. Es por eso que el relato de la histérica se presenta como lacunar,
amnésico. Se relatan de este modo falsos recuerdos, enigmas y contradicciones, responden a una insinceridad y se ven
en la clínica distorsionando el orden de los sucesos. Se trata de un relato lleno de lagunas, de olvidas, en el caso Dora
hay un periodo que no recuerda nada.

Por otro lado, en la neurosis obsesiva, los motivos ocasionales de la enfermedad aparecen conservados en la memoria.
La represión se ha servido de otro mecanismo: en lugar de olvidar el trauma, le ha sustraído la carga de afecto, de
manera que en la conciencia queda un contenido de representación indiferente, considerado inesencial. El neurótico
obsesivo “tiene noticia” de sus traumas y “no tiene noticia” de ellos en la medida en que no los ha olvidado, pero no
discierne su verdadero significado. Por ejemplo el caso del hombre de las ratas cuando cuenta el episodio que ocasiono
su neurosis pero lo menciona al pasar, sin atribuirle ningún tipo de importancia. Aparece el relato de la neurosis
obsesiva como un “telegrama mal redactado” por un desgarro de los nexos causales: se conserva el contenido pero sin
afecto –en el discurso aparece lo traumatico pero mencionado sin importancia-.

A propósito de un caso de neurosis obsesiva (1909)

Se trata de un caso de neurosis obsesiva que puede incluirse entre los de considerable gravedad por su duración, y su
apreciación subjetiva (por el paciente), y cuyo tratamiento, que abarco cerca de un año, alcanzo el restablecimiento
total de la personalidad y la cancelación de sus inhibiciones.

HISTORIAL CLINICO

El hombre de las ratas esun joven de formación universitaria se presenta indicando que padece de representaciones
obsesivas ya desde su infancia, pero con particular intensidad desde hace cuatro años. Contenido principal de su
padecer son –dice- unos temores de que les suceda algo a dos personas a quienes ama mucho: su padre y una dama a
quien admira. Además, dice sentir impulsos obsesivos (por ejemplo, a cortarse el cuello con una navaja de afeitar) y
producir prohibiciones, referidas aun a cosas indiferentes. Manifiesta que la lucha contra esas ideas le ha hecho perder
años, y por eso se ha rezagado en su carrera en la vida (síntoma en sentido práctico).

Muy tempranamente, el sujeto comienza a hablar de su sexualidad infantil, despliega ciertos elementos que le hacen
pensar a Freud que ya en la infancia había una neurosis obsesiva completa: relata experiencias placenteras con
gobernantas a partir de las cuales le había quedado una curiosidad por ver muchachas desnudas; a los seis años padecía
de erecciones y tuvo la idea de que sus padres sabían sus pensamientos-formación delirante-; Freud que sostiene el
deseo de ver mujeres desnudas en sí mismo no es obsesivo sino que a esto se le agrega un temor, la idea de que si ve
muchachas desnudas entonces podría pasar algo terrible, por ejemplo, que su padre se podría morir (aclara que los
pensamientos sobre la muerte del padre lo han ocupado desde temprano); este afecto penoso origina impulsos para
extrañarse de la desgracia -medidas protectoras-.

ECLOSION DE LA NEUROSIS
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En la segunda sesión ya cuenta la razón por la cual acudió a Freud: la historia del capitán cruel. Sostiene que en
maniobras militares él pierde sus quevedos (anteojos) y decide telegrafear a su óptico para que le mande unos nuevos.
Cuando se detienen, él se sienta entre dos oficiales, uno de ellos “amaba lo cruel” dice el hombre de las ratas. Este
capitán cruel contó de un castigo que se utilizaba en oriente: una tortura de ratas que consiste en que el condenado es
atado y sobre su trasero es puesto un tarro dado vuelta introduciéndose las ratas por el ano del sujeto. Freud nota que
en los momentos claves del relato hay una expresión en su rostro muy particular, que sólo se puede leer como el horror
ante un placer ignorado por él mismo (hay un erotismo anal en juego que no es conocido por el sujeto mismo; a
diferencia del capitán cruel que gozada conscientemente de ese suplicio, él goza inconscientemente con eso). El sujeto
prosigue que en ese momento en que escuchó la tortura le apareció la representación de que esto le puede suceder a
una persona él amara (la dama o el padre, ya muerto). El propio sujeto dice que esos pensamientos le resultan ajenos,
hostiles, disparatados, pero no puede hacer nada con ellos más allá de imponer una solución, tiene como fórmula para
defenderse hacer un movimiento con la mano y decir “pero, qué cosas se te ocurren”.

Al día siguiente del cuento de las ratas el capitán cruel le da un paquete conlos quevedos y le dice que debe devolver la
plata al teniente A; en ese momento se le impone que si no devuelve el dinero ocurrirá el castigo de las ratas a su amada
o su padre y, posteriormente, un mandamiento a modo de un juramento “devolverle las 3.80 coronas al teniente A”.
Después de sortear una serie de dificultades para poder pagarle al teniente A, que Freud dice que en apariencia eran
objetivas, finalmente se encuentra con él y cuando le va a dar el dinero este le dice que él no había puesto la plata, que
la había puesto el teniente B, con lo cual quedó muy afectado porque no podía cumplir con su juramento. De esta
manera se inventa este complicado plan para cumplir con este nuevo juramento: él iba a ir a la estafeta postal, le iba a
dar la plata a A, él se la iba a dar a la señorita de la estafeta postal y ella se la iba a dar a B, quedando de esa manera
saldada la deuda.

Tuvo muchas dudas acerca de cumplir o no su plan; esto lo tiene bloqueado durante varios días hasta que va a buscar a
su amigo y finalmente después de tantos disparates no se lo devuelve ni a A ni a B, y se lo devuelve directamente a la
señorita de la estafeta postal. Freud sostiene que si por el llamado a la reflexión de su amigo, no envió la pequeña suma
al teniente A ni B sino directamente a la señorita era fuerza que supiera ya antes que la que había pagado la suma de
dinero era la empleada de la estafeta postal. Surge entonces el saber no sabido (reprimido): él sabía de antemano que
había sido la chica y no el teniente el que había pagado y sin embargo se inventó un mandamiento edificado sobre una
premisa falsa; este delirio de pagar no pagar se convierte en síntoma a partir de que aparece la dimensión del saber no
sabido. Incluso Freud estaba entramado en el delirio porque para que el teniente A le aceptara el dinero había pensado
en acudir a un médico que le haga un certificado que dijera que para curarse necesitaba que el teniente A aceptara las
3.80 coronas.

SIGNIFICANTES DECISIVOS PARA LA CONFORMACION DEL DELIRIO OBSESIVOEn la sesión siguiente introduce la figura del
padre, un padre que había muerto de una enfermedad pulmonar hacía 9 años. Hubo un episodio cuando el padre estaba
agonizando: el hombre se va a dormir pensando que el padre no iba a morir y luego se entera de que el padre se había
muerto y comienza a reprocharse por no haber estado con él en sus últimos momentos. Estos reproches se vuelven
martirizadores, no al comienzo, sino un tiempo más tarde, cuando su tía muere y su tío dice “otros maridos se lo
permiten todo pero yo he vivido sólo para esta mujer”. En la historia familiar hay para el padre dos mujeres en juego y
en las palabras del tío lee una alusión a su propio padre, como si pusiera en sospecha la fidelidad matrimonial del padre.
Es en este momento que los reproches se vuelven martirizadores al punto de tratarse a sí mismo como criminal, Freud
interviene diciéndole que si se siente un criminal es por algo y lo que sucede es que comenzó con una idea que no es la
original, ésta última debía buscarse (enlace falso); con esto orienta a buscar eso inconsciente que es el fundamento de
esos auto reproche y agrega que ese contenido icc pertenece a lo infantil.

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Ante la intervención de Freud el sujeto lo asocia con un recuerdo de la infancia: él estaba enamorada de una niña que no
era todo lo tierna que él quería y se le ocurre la idea de que ella mostraría más amor si una desgracia le ocurriera, que se
muera su padre. Rechaza enseguida esta idea y se defiende de la posibilidad de haber exteriorizado un deseo. Freud
sostiene que la contracara de ese amor intenso al padre en la conciencia es un odio inconsciente reprimido. Luego el
sujeto trae toda una serie de asociaciones donde estaba presente la idea de la muerte del padre. Además hay un
impulso suicida fuerte en el hombre de las ratas donde se puede ver la secuencia invertida: deseo y luego autocastigo.

OCASIONAMIENTO DE LA ENFERMEDAD

Freud habla de una diferencia entre la neurosis obsesiva y la histeria a partir de cómo funciona en cada una de estas
estructuras la represión: en la histeria es común que los traumas auxiliares y los traumas que ocasionaron la enfermedad
sucumban a la amnesia (la histérica se caracteriza por un discurso lagunar); en cambio, el neurótico obsesivo no olvida
sus traumas sino que la represión opera de un modo diferente, sustrayendo el afecto, de forma que el trauma puede
estar en la conciencia del sujeto pero como le sustrajo el afecto no le puede dar valor al trauma (mediante el
desplazamiento del afecto a otra representación se consigue una ganancia de la enfermedad). Es de esta manera como
se presenta el ocasionamiento del hombre de las ratas, como algo que no ha sido olvidado pero a lo cual el sujeto no
puede otorgar valor: la prehistoria del hombre de las ratas consistía en que su padre se había casado con su madre por
el dinero y había abandonado una muchacha de más bajos recursos (esta cuestión de una mujer que pone el dinero,
está escenificada, de forma desfigurada en el delirio, en la muchacha de la estafeta postal que pone la plata). Luego de
la muerte del padre la madre le propone que cuando se recibiera, ella con sus familiares ricos habían pensando que se
podría casar con una muchacha de una familia rica; es acá donde se enciende el conflicto, quedarse con la chica pobre
pero amada o con la rica. A este conflicto, entre su amor y el continuado de la voluntad del padre, lo solucionó
enfermando: se sustrajo de la tarea de solucionarlo en la realidad objetiva.

Freud le comunica al paciente esta idea, de que había que situar ahí el ocasionamiento de la enfermedad, pero el
paciente lo niega justamente por haberle sustraído el afecto. Sostiene F. que hay unafantasía de transferencia que
corrobora esta hipótesis: resulta que cuando iba a verlo a F, se cruzó con una chica en las escaleras, él supuso que era la
hija de F, supuso también que el analista lo quería como yerno, y en función de esa fantasía eleva la fortuna de F al
punto de creerlo millonario. Luego soñó que él veía ante sí a suhija, pero tenía dos emplastos de excremento en lugar
de sus [Link] interpreta el sueño de la siguiente manera: se casa con mi hija no por sus lindos ojos sino por su
dinero, F ocuparía el lugar de un amigo que da dinero a través de una mujer.

Freud intenta ubicar algún suceso que deje al padre como perturbador del goce sexual y de esa manera el hombre de las
ratas cuenta que su madre le había contado repetidas veces un suceso así de su primera infancia: cuando él era pequeño
hizo algo malo (en un primer momento no se sabe qué, después aparece que mordió aparentemente a alguien) y el
padre le pegó, entonces el niño fue presa de una ira terrible y lo insultó. Todavía bajo los golpes del padre, como no
conocía muchos insultos se le ocurrió insultar con palabras comunes (lámpara, pañuelo, plato); el padre sorprendido
dejó de pegarle y expresó “este chico será un gran hombre o un gran criminal”. El propio paciente dice que por angustia
ante la magnitud de su propia ira se volvió cobarde desde entonces. A través de esta escena el paciente empezó a
aceptar la posible ira contra el padre amado; luego empezó a actuar en la transferencia las representaciones hostiles
contra el padre, lo pone a Freud en el lugar del padre odiado y temido (es clara en la parte que el sujeto se levanta del
diván y se tapaba la cabeza por miedo a que Freud le pegue, o cuando se le ocurren todo tipo de insultos dirigidos a
Freud). Por lo tanto, todo esto va en la línea del complejo paterno (complejo nuclear de la neurosis donde el padre es
tomado como oponente), el odio infantil al padre, el padre como perturbador del goce sexual, y cómo todo eso es
tomado en un segundo momento en la oposición entre la amada y la voluntad del padre.

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ELABORACION SUBJETIVA

El primer enigma es por qué los dichos del Capitán provocaron semejante efecto en el sujeto y Freud sostiene que tocan
puntos sensibles del icc del sujeto. Aparecen dos líneas que remiten a la historia familiar (estos elementos de la historia
familiar originalmente estaban separados y luego aparecen reunidos y desfigurados en el delirio):

● La deuda del juego del padre en el “debes pagar”: el padre (rata de juego) había perdido en el juego una
suma de dinero y le prestó dinero un amigo quedando en deuda con él; el dicho “debes pagar” resuena en esa
escena, resuena en la historia personal del sujeto
● La elección entre mujer rica/ mujer pobre en la figura de la posadera y la chica de la estafeta postal: la chica de
la estafeta postal es la que pone el dinero o sea es la que sustituye a la mujer rica; y la hija del posadero, la
muchacha pobre que se había mostrado muy interesada en el hombre de las ratas al punto de que él había
pensando en ir a la posada a probar suerte con la chica.

El relato del capitán cruel no sólo activa estos elementos de la historia familiar sino que también activa el erotismo anal:
Freud sostiene que la representación del castigo con las ratas había estimulado cierto número de pulsiones, despabiló
sobre todo el erotismo anal (en momentos clave del relato hay una expresión en el rostro del sujeto que Freud la lee
como el horror ante un placer ignorado por él mismo-el erotismo anal-). Las ratas adquirieron una serie de significados
simbólicos:

1) Gusanos lombrices intestinales, porque el castigo de las ratas despabiló el erotismo anal y que en su infancia se
había mantenido durante años por un estímulo debido a los gusanos.
2) Dinero, relacionado con la deuda del padre y su propia deuda por una homofonía entre diferentes palabras.
3) Pene, rata como portadora de peligrosas infecciones y se la empleó como símbolo de la angustia ante la
infección sifilítica.
4) Heces, rata como un animal roñoso que se alimenta de excrementos y vive en las cloacas.
5) HIJOS, vía asociativa entre las ratas que muerden y él mismo, hijo de su padre, que mordía: Él era un tipejo
asqueroso y roñoso (como una rata las cuales son perseguidas por los hombres y aplastadas sin piedad) que en
la ira podía morder a los demás y ser azotado terriblemente por eso. Es en este contexto que el sujeto larga que
su dama amada no podía tener hijos y esa era una de las razones que lo hacían vacilar entre casarse con ella o
con la otra mujer (rica).
Freud va a decir que el capitán al contar sobre el castigo de las ratas se le representó como el padre cruel que lo
castigaba por morder cuando era chico. La idea que le afloró de que podía sucederle algo parecido a alguna persona que
él amaba; esta idea que aparece entonces como un temor, en realidad obedece a un deseo icc contra el padre odiado y
temido. Entonces, el temor obsesivo de que esto le ocurra a una persona amada, tiene este complemento inconciente
que es el odio al padre.

APARATADO SOBRE LA TEORIA

DIFERENCIA SINTOMA OBSESIVO Y DELIRIO OBSESIVO

En 1896 Freud sostiene que el neurótico obsesivo para defenderse de una representación inconciliable desprende el
divorcio entre ella y el afecto, y que esa representación ahora debilitada queda separada de toda asociación dentro
de la cc pero que su afecto liberado se adhiere a otras representaciones que por enlace falto devienen representaciones
obsesivas. Trayectoria típica de la neurosis obsesiva:

● Primero ocurren vivencias de seducción sexual en la niñez que luego posibilitan la represión

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● En el periodo de la maduración sexual, el recuerdo de aquellas acciones placenteras se anuda a un reproche, y el
nexo con la vivencia inicial posibilita reprimir ese reproche y sustituirlo por un síntoma defensivo primario
● Comienza el periodo de la salud aparente con síntomas como vergüenza, desconfianza de uno mismo,
conciencia moral (síntoma defensivo primario que se diferencia de elsintoma en sentido estricto porque no lo
hace sufrir ni genera interferencia, y porque tampoco hay fracaso de la represion ni retorno de lo reprimido). No
hay enfermedad en sentido estricto. A partir del segundo momento causal va a llamarlo formaciones reactivas,
formaciones del carácter.
● El último periodo es el de los síntomas de la enfermedad que se caracteriza por el retorno de los recuerdos
reprimidos, por el fracaso de la defensa [Link] trata de una lucha defensiva secundaria ->aparecen los
síntomas de la defensa secundaria para impedir o luchar contra los síntomas de [Link] entonces las
representaciones obsesivas.

En 1909 rectifica lo que había planteado y propone hablar en vez de representaciones obsesivas en un pensar obsesivo
que tiene muchas variedades (deseos, tentaciones, impulsos, reflexiones, dudas, mandamientos y prohibiciones); se ve
un amplio abanico que tiene el obsesivo en su presentación clínica. Va a plantear en este texto la estructura y función
del delirio obsesivoque se ubica en el terreno del pensar obsesivo:

● Función: obedece a la lucha secundaria para defenderse de los pensamientos obsesivos

● Estructura: se trata de pensamientos de los que se va a valer el sujeto para defenderse del pensar obsesivo.

Va a sostener que estos pensamientos son mixtos entre dos variedades de pensar: tenemos el síntoma obsesivo
(representación reprimida desfigurada) que para detenerlo primero intenta un argumento racional (lo que está
pensando es un disparate, por ejemplo en el hombre de las ratas cuando dice “pero, qué cosas se te ocurren”) pero eso
no basta y opone a la misma una premisa obsesiva (si pienso esto algo le va a pasar a papá, ya muerto); se filtra
entonces en la defensa algo de la moción hostil que él quería combatir.

Si bien el delirio obsesivo responde a la defensa secundaria, no es puramente defensa, algo de lo reprimido logra
filtrarse y satisface (como un nuevo síntoma de compromiso). El hecho de que el delirio obsesivo se vuelva descifrable es
correlativo de que pueda ser abordado en la transferencia.

Se puede ver un paralelismo con el caso Schreber, un contrapunto entre el delirio psicótico y el delirio obsesivo: el
primero no es descifrable de acuerdo a los significantes de la historia del sujeto. A pesar que Freud va a hacer un
esfuerzo en descifrar el delirio de Schreber, se va a encontrar que no es descifrable, porque no hay retorno de lo
reprimido. O sea va de la mano el hecho de que sea retorno de lo reprimido con el hecho de que sea descifrable, y
abordable en la transferencia. En la psicosis además no se habla de síntomas sino de fenómenos elementales los cuales
van desde el delirio hasta las alucinaciones (de voces y auditivas) y construcción de neologismos (construcción de nuevas
palabras). Lo que esencialmente caracteriza al psicótico es que él tiene la certeza de lo que le está pasando y esa certeza
funda el delirio (soy la mujer de Dios y vine a crear nuevos hombres).

Habla de las técnicas de desfiguración de las que se vale el obsesivo para sus pensamientos obsesivos en general:

● Desfiguración por omisión o elipsis: hace que en lugar de aparecer el texto completo, aparece un texto
tijereteado, porque se omite algún término. A través de ella lo reprimido puede acceder a la conciencia. El texto
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del pensar obsesivo omite siempre un término y es, justamente el término a recuperar a partir de la
interpretación.
● La represión no se produce por amnesia (como en la histeria), sino por desgarramiento de nexos causales, a
consecuencia de una sustracción de afecto. El neurótico obsesivo tiene noticia de sus traumas ocasionales porque
no los ha olvidado y los cuenta, pero no discierne que es lo que eso significa para él. Su afecto ha ido a parar a otra
representación como consecuencia del falso enlace.
● Asilamiento: consiste en aislar, separar una hilera de otra, eso en el plano del pensamiento; impedir la
asociación entre una idea y otra.

Esta lucha defensiva secundaria después de los años 20 lo reformula como la capacidad de integración del yo, las dos
caras del yo frente al síntoma en el capitulo 3 de"inhibición, síntoma y angustia". Va lucha defensiva contra la moción
pulsional desagradable se termina tras la formación de síntoma, pero lo más habitual es que a continuación se produzca
una lucha defensiva secundaria contra el síntoma mismo; ésta última muestra dos caras contradictorias:

● Por una parte, el yo es constreñido por su naturaleza a emprender algo que tenemos que apreciar como un
intento de restablecimiento o de reconciliación. El yo es una organización, aspira a la ligazón y a la unificación.
Así se comprende que el yo intente cancelar la ajenidad y el aislamiento del síntoma, aprovechando toda
oportunidad para ligarlo de algún modo a sí e incorporarlo a su organización. Luego el yo se comporta como si
se guiara por esta consideración: el síntoma ya está ahí y no puede ser eliminado; ahora se impone avenirse a
esta situación y sacarle la máxima ventaja posible. Sobreviene una adaptación al síntoma. La ganancia
secundaria de la enfermedad viene a reforzar esto.
● La segunda cara tiene un carácter menos amistoso, prosigue la línea de la represión. El yo está dispuesto a la paz
y quiere incorporarse el síntoma; pero lo que sucede es que en la medida en que síntoma continua
perturbándole –sigue su papel de sustituto y retoño de la moción reprimida, cuya existencia de satisfacción
renueva una y otra vez- el yo se ve forzado a dar de nuevo la señal de displacer y prepararse otra vez para la
defensa. (la represión no opera de una vez y para siempre sino que existe un gasto constante de energía).

TENDENCIA GENERAL EN LA FORMACION DE SÍNTOMAS

Freud sostiene que la neurosis obsesiva se exterioriza del siguiente modo: los enfermos son ocupados por pensamientos
que en verdad no le interesan, sienten en el interior de sí impulsos que le parecen muy extraños y son movidos a realizar
ciertas acciones cuya acción no le depara contento alguno, pero le es imposible omitirlas. Los pensamientos pueden ser
en sí disparatados, o indiferentes para el sujeto. Las ideas que se le imponen son absurdas, siendo el punto de partida de
una intensa actividad intelectual que agota al enfermo, a veces experimenta horror ante ideas e impulsos que se les
ocurren que lo lleva a utilizar medidas de prevención. Además realiza actos obsesivos, ceremoniales generalmente
inocentes e insignificantes que interfieren en sus actividades habituales. Lo que el enfermo ejecuta son las llamadas
acciones obsesivas, repeticiones que se convierten en tareas fastidiosas e insolubles. El enfermo solo puede hacer una
cosa, desplazar, permutar, poner en lugar de una idea estúpida otra de algún modo debilitada, avanzar desde una
prohibición a otra, ejecutar un ceremonial en vez de otro. Puede desplazar la obsesión, pero no suprimirla. Dentro de
esta caracterización descripta, Freud privilegia el rasgo que caracteriza a todos los fenómenos obsesivos: el Zwang, la
coacción, el forzamiento: que es la idea que se impone al enfermo más allá de ello. Entonces Freud se pregunta de
dónde viene la energía en la compulsión, lo cual lo conduce a la indagación de la causa y desde allí al mecanismo de
formación de estos fenómenos obsesivos.

En el primer esquema causal, plantea que el mecanismo que actúa en la neurosis obsesiva es la represión, produciendo
lo que se denomina falso enlace: una vez que la representación se separa del afecto, este inviste por vía asociativa otra
representación sustitutiva. La lucha defensiva contra la moción pulsional desagradable, se termina a veces mediante la
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formación de síntoma. Las representaciones obsesivas son siempre reproches mudados que retornan de la represión
(desalojo) y están referidos siempre a una acción de la infancia, una acción sexual realizada con placer. Esta no cobro
significación sino que es en un segundo momento donde se sitúa la acción como prohibida y reprochable. De esta
manera puede articular el mecanismo de la producción de síntoma con la dimensión etiológica.

En el segundo momento causal, Freud abandona el momento traumático de las experiencias infantiles y se
percata del papel que cumplen las fantasías en los sucesos oníricos. Las mismas poseen realidad psíquica y esto es lo
decisivo en la neurosis.

Conferencia Nº 17: El Sentido de los Síntomas.

Describe la sintomatología de la neurosis obsesiva en donde hay conductas para muchos irracionales y, a diferencia de la
psiquiatría (los denomina “degenerados y no explica las conductas”), plantea que hay un sentido oculto detrás de cada
síntoma. Sostiene que el síntoma es individual y rico en sentido, y este sentido se entrama en la historia del enfermo.

En la histeria de conversión la angustia se aloja en el cuerpo; a diferencia, en la neurosis obsesiva el sufrimiento está en
el alma, caracterizada por pensamientos. No presenta el salto de lo anímico a lo corporal, sino que se exterioriza de la
siguiente manera: los enfermos son ocupados por pensamientos que en verdad no les interesan, sienten en el interior
de si impulsos que les parecen muy extraños, y son movidos a realizar ciertas acciones cuya ejecución no les depara
contento alguno, pero les es enteramente imposible omitirlas. Los pensamientos (representaciones obsesivas) pueden
ser en si disparatados o también sólo indiferentes para el individuo; a menudo son lisa y llanamente necios y, en todos
los casos, son el disparador de una esforzada actividad de pensamiento que deja exhausto al enfermo y a la que se
entrega de muy mala gana. Los impulsos que siente en el interior de sí pueden igualmente hacer una impresión infantil
y disparatada, pero casi siempre tienen el más espantable contenido, como tentaciones a cometer graves crímenes, de
suerte que el enfermo no sólo los desmiente como ajenos, sino que huye de ellos, horrorizado, y se protege de
ejecutarlos mediante prohibiciones, renuncias y restricciones de su libertad. Pero esos impulsos jamás llegan a
ejecutarse; el resultado es siempre el triunfo de la huida y la precaución. Lo que el enfermo en realidad ejecuta, las
llamadas acciones obsesivas, son unas cosas ínfimas, por cierto, harto inofensivas, las más de las veces repeticiones,
floreos ceremoniosos sobre actividades de la vida cotidiana.

No se logra nada dice Freud, exhortando a los enfermos a no ocuparse de esos pensamientos. Ellos quieren hacerlo,
pero no [Link] único que pueden hacer es desplazar, permutar, poner una idea en lugar de otra, avanzar de una
prohibición a otra, ejecutar una u otra acción obsesiva. Puede desplazar la obsesión, pero no suprimirla. La
desplazabilidad de todos los síntomas lejos de su conformación originaria es un carácter principal de la enfermedad.

Junto a la obsesión, se hace valer en el campo intelectual la duda, que poco a poco corre aun aquello de lo que solemos
estar seguros al máximo. El todo desemboca en una creciente indecisión, en una falta cada vez mayor de energía, en una
restricción de la libertad.

Es posible, a través del psicoanálisis, eliminar duraderamente estos extraños síntomas [Link] síntomas
neuróticos tienen su sentido, como las operaciones fallidas y los sueños y, al igual que estos su nexo con la vida de las
personas que los [Link] una idea sin sentido y una acción carente de fin, se debe descubrir aquella situación del
pasado en que la idea estaba justificada y la acción respondía a un fin.

Cap: V en inhibición síntoma y angustia

Freud agrupa los síntomas de las neurosis obsesivas en dos grupos en función de la satisfacción que está en juego:

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● Síntomas negativos: prohibiciones, medidas precautorias, rechazos. Es el más antiguo

● Síntomas positivos: satisfacciones sustitutivas. Cuando la enfermedad se prolonga, prevalecen las satisfacciones,
que burlan toda defensa.

El triunfo de la formación de síntoma es que se logre enlazar la prohibición con la satisfacción, de modo que el mandato
o la prohibición originariamente rechazantes cobren también el significado de una satisfacción; para eso se recurre a
vías de conexión muy artificiosas.

En casos extremos el enfermo consigue que la mayoría de sus síntomas añadan a su significado originario el de su
opuesto directo; papel de la ambivalencia que desempeña un importante papel en la neurosis obsesiva. En el caso más
grosero, el síntoma es de dos tiempos: a la acción que ejecuta cierto precepto le sigue una segunda, que lo cancela o
deshace, si bien todavía no osa ejecutar su contrario. De este panorama se obtiene dos impresiones:

1. Asiste una lucha continuada contra lo reprimido, que se va inclinando cada vez más en un perjuicio de las
fuerzas represoras
2. El yo y el superyó participan muy considerablemente en la formación de síntoma

La situación inicial de la neurosis obsesiva no es otra que la de la histeria: la necesaria defensa contra las exigencias
libidinosas del complejo de Edipo. Y por cierto, toda NO parece tener un estrato inferior de síntomas histéricos,
formados muy temprano. Sin embargo, la configuración posterior, es alterada por un factor constitucional. La
organización genital de la libido demuestra ser endeble y muy poco resistente: cuando el yo da comienzo a sus intentos
defensivos, el primer éxito q se propone como meta es rechazar en todo o en parte la organización genital (de la fase
fálica) hacia el estadio anterior, sádico-anal. Este hecho de la regresión continua siendo determinante para todo lo q
sigue.

EL complejo de castración es el motor de la defensa, la cual recae sobre las aspiraciones del complejo de Edipo. Ahora
estamos, en el comienzo del periodo de latencia que se caracteriza por el sepultamiento del Edipo, la creación o
consolidación del superyó y la erección de las barreras éticas y estéticas en el interior del yo. En la neurosis obsesiva
estos procesos rebasan la medida normal: a la destrucción del complejo de Edipo se agrega la degradación regresiva de
la libido, el superyó se vuelve particularmente severo y el yo desarrolla en obediencia al superyó formaciones reactivas
de la conciencia moral (se producen dentro del yo del NO y son exageraciones de la formación normal del carácter). Con
una severidad despiadada y y por eso mismo no siempre exitosa, se proscribe la tentación a continuar con el onanismo
de la primera infancia, q ahora se apuntala en representaciones regresivas (sádico-anales).

El proceso represivo en la histeria parece limitarse a la represión: el yo se extraña de la moción pulsional desagradable,
la deja liberada a su decurso dentro de lo icc y no participa en sus ulteriores destinos. Esto no es tan correcto así ya que
el síntoma histérico significa al mismo tiempo un cumplimiento de un reclamo punitorio del SY; pero sirve para describir
el carácter universal del comportamiento del yo en la histeria.

En el periodo de latencia, la defensa contra la tentación onanista es la tarea principal. Esta lucha produce una serie de
síntomas q presentan el carácter de un ceremonial y q exhiben los rasgos q en caso de sobrevenir después una
enfermedad grave resaltan como tan nocivos: la colocación de la libido en los desempeños q más tarde están destinados
a ejecutarse automáticamente, como el irse a dormir, lavarse, vestirse, etc. La sublimación de componentes del
erotismo anal desempeña ahí un nítido papel.

La pubertad introduce un corte tajante en el desarrollo de la NO. La organización genital, interrumpida en la infancia, se
reinstala con gran fuerza. Por una parte vuelven a despertar las mociones agresivas iniciales, y por la otra, un sector más
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o menos grande de las nuevas mociones libidinosas se ve precisado a marchar por las vías q prefiguro la regresión, y a
emerger en condición de propósitos agresivos y destructivos. El yo se revuelve, asombrado, contra invitaciones crueles y
violentas q le son enviadas desde el ello a la conciencia y que en verdad están luchando contra unos deseos eróticos; por
su parte, el SY hipersevero se afirma con más energía en la sofocación de la sexualidad. Entonces en la NO el contenido
se refuerza en dos direcciones: lo que defiende ha devenido más intolerante y aquello de lo que se defiende ha
devenido más insoportable; ambas cosas por la regresión libidinal.

Lo que irrumpe en la conciencia no es la moción pulsional agresiva sino un sustituto desfigurado; la represión elimina el
carácter afectivo que la acompañaba. Entonces la agresión no aparece al yo como un impulso sino como un “contenido
de pensamiento” que los deja fríos.

El superyó se comporta como si no se hubiera producido la represión, como si la moción agresiva fuera consiente y
plena de afecto, y trata al yo como se debe a consecuencia de esto. El yo, que se sabe inocente, debe asumir una
responsabilidad un sentimiento de culpa que no puede explicar. El yo por su parte se ahorra de percibir la conciencia de
culpa mediante una nueva serie de síntoma: acciones de penitencia, limitaciones de autopunicion; y estos síntomas son
al mismo tiempo satisfacciones de mociones pulsionales masoquistas que recibieron también un refuerzo desde la
regresión.

Entonces, la tendencia general de la formación de síntoma en la NO consiste en procurar cada vez más espacio para la
satisfacción sustitutiva a expensas de denegación (frustración). Estos síntomas q originariamente significaban
limitaciones del yo, cobran más tarde el carácter de unas satisfacciones. Así, el resultado de este proceso, q se aproxima
cada vez más al total fracaso del afán defensivo inicial, es un yo extremadamente limitado q se ve obligado a buscar sus
satisfacciones en los síntomas. El desplazamiento de la relación de fuerzas a favor de la satisfacción puede llevar a un
temido resultado final: la parálisis de la voluntad del yo, quien, para cada decisión, se encuentra con impulsiones de
pareja intensidad de un lado y del otro. El conflicto hiperintensificado entre el superyó y el ello, q gobierna esta afección,
puede extenderse tanto q ninguno de los desempeños del yo (ya incapaz de mediar) se sustraiga de ser englobado en él.

Diferencia ente NO e Histeria respecto al funcionamiento del Superyó

En El Yo y el Ello Freud dará luz al funcionamiento de las diferentes instancias que componen la segunda tópica: yo, ello,
superyó. Lo cierto es que a partir de allí considera entidades tales como la histeria y la NO y su relación con estas
instancias. Así, se distinguirá que en algunas NO el superyó será hiperintenso y estará en relación a un sentimiento de
culpa conciente mientras que en la histeria el sentimiento de culpa será siempre inconciente.

En la NO el ideal del yo es muy severo y que se dirige sobre el superyó. En la NO, en algunas formas de ella, el
sentimiento de culpa es hiperexpreso pero no se justifica ante el yo porque después de la desmezcla pulsional la pulsión
de muerte va a parar al superyó. Está en relación a la fijación típica de la NO, la sádico-anal, el hecho de que el superyó
sea tan cruel. El yo del enfermo se resuelve contra la imputación de culpabilidad y le demanda al médico que le ratifique
esto. Lo que sucede es que el superyó es influido por procesos que el yo no se percata, por impulsos reprimidos que son
el fundamento del sentimiento de culpa. Así, el superyó se despliega con una dureza y severidad extraordinaria, este ha
sabido más que el yo sobre el ello inconciente y por ende, las mociones quedan fuera del yo, se las repele.

Freud considera que generalmente es por orden del superyó que se reprime pero en la histeria y en los estados
histéricos, el yo se valerá por sí mismo al reprimir las percepciones penosas que vienen del superyó al igual que lo haría
ante investiduras de objetos insoportables.

El problema de carácter

En la neurosis obsesiva tanto el síntoma como el carácter responden al erotismo anal, entonces la diferencia entre
ambos radica en los mecanismos: la sublimación y la formación reactiva funcionan como formación del carácter, y la
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represión y el retorno de lo reprimido en la formación de síntoma. Se trata de una distinción clínica y metapsicológica
que hace Freud, Lacan luego la borra, ya que ciertos rasgos de carácter van a ser tomados por el como síntomas.
Freud constata como hecho factico que en su infancia han tenido una relación particular con una zona erógena y función
de su cuerpo: con el orificio anal y con los excrementos. El erotismo anal proveniente de la sexualidad infantil está a la
base del carácter obsesivo. Esas mociones de la infancia aparecen alteradas en el carácter, no llegan a la conciencia sin
alteración, sino que se transforman en rasgos de carácter a través de dos mecanismos: sublimación (desviar a la moción
de su meta original a fines superiores). Y también por formaciones reactivas, como diques que se instalan en la latencia:
asco, vergüenza, escrupulosidad. Así se sustituye la moción por su opuesto, que aparece reforzado.

El carácter obsesivo tiene tres rasgos clínicos principales que aparecen regularme unidos:
● Orden: incluye el aseo corporal como la escrupulosidad en el cumplimiento de pequeñas obligaciones y la
formalidad.
● Ahorro: este carácter puede aparecer extremado hasta la avaricia. Tiene una relación particular con el dinero y
los dones.
● Pertinacia: son testarudos, tan testarudos que pueden llegar hasta la manía de ira y de venganza.
Estos tres rasgos aparecen asociados, muchas veces acompañando a los síntomas. La fuente pulsional que está a la base
del carácter es la misma que la de los síntomas, no radica allí la diferencia, sino del lado de los mecanismos –el
tratamiento que se le da a la pulsión es distinto. En el carácter falta lo que es peculiar en la formación de síntoma: el
fracaso de la represión y el retorno de lo reprimido. Eso no está presente en el carácter, no hay conflicto y la represión
actúa tersamente. Las sublimaciones y formaciones reactivas están más del lado del éxito de la represión o al menos de
una que funciona sin conflicto, tersamente. Si no supone retorno de lo reprimido no hay nada que descifrar, por lo que
no son asequibles al análisis, como consecuencia terapéutica no se aborda al carácter en el dispositivo.
En “La represión” distingue formación sustitutiva de formación de síntoma. Todo síntoma es una formación sustitutiva
pero no todas las formaciones sustitutivas son síntomas. Es el caso de la formación reactiva: no hace sufrir y no es un
obstáculo, sino que es egosintonica, va en consonancia con el yo.

Problema: hay veces que el rasgo de carácter se sintomatiza, o muchas veces los síntomas se pueden caracteropatizar
cuando el yo los incluye en su organización.

LACAN

El mito individual del neurótico(1953)

Lacan sostiene que en una relación de palabra emerge la verdad del sujeto por momentos y que en la medida que
habla esa verdad va a ir cambiando. Lo que sucede en la experiencia analítica es que aparece algo del orden de la
verdad, que se diferencia de la verdad fáctica, en que no puede ser dicha toda sino sólo bajo la forma de ficción,
entonces la verdad tiene estructura de ficción, aquí toma la forma de un mito.
El mito es una forma discursiva de decir la verdad y tiene la estructura de una ficción, es una alegoría, este se hace
presente en la neurosis. Lacan toma el caso del Hombre de las Ratas para ver las versiones del mito como constelaciones
originales que anteceden al sujeto –su destino y su prehistoria-, que decantan en la versión que el sujeto agrega.

Lacan sitúa dos momentos míticos:

El primer momento mítico se caracteriza por la prehistoria del sujeto, las relaciones familiares fundamentales que
estructuran la unión de sus padres: hay dos rasgos que la caracterizan en el hombre de las ratas y que tienen que ver
con rasgos del padre. El padre tenía que elegir entre una mujer pobre de quien estaba enamorado y una mujer rica; elige
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por ésta última quien le otorga dinero y prestigio pero a quien también quería. Entonces el primer momento es la
elección entre una mujer rica/mujer pobre; el segundo momento es la deuda, cuando el padre estaba a cargo de los
fondos del regimiento militar y los había perdido jugando, un amigo suyo le presta dinero y nunca quedó claro si se lo
devolvió (queda como la deuda del padre con el amigo). Falta y deuda se dicen del mismo modo en francés se dice que
se trata de dos faltas del padre que muestran cómo el padre del neurótico es un padre castrado (el padre de uno
siempre está un poco en falta, afectado por la castración). En el caso schreber el padre no está afectado por la
castración y es un padre que se toma por ley.

Lo que va a señalar Lacan, siguiendo a Freud, es cómo hay una relación de correspondencia entre este mito original y el
trance obsesivo (teniente A-señorita de la estafeta postal- teniente B). Lo que sucede es que se reúne en un mismo
plano lo que en la situación original está en dos: en la situación inicial tenemos al padre que había elegido a la mujer rica
dejando a la pobre y también tenía una deuda de juego con el amigo, en cambio, en el trance obsesivo busca unir amor
y dinero. En ese intento, fallido, de unir en un plano lo que en la situación original estaba en dos reside todo el drama
obsesivo–devolver las 3,80 coronas sino el suplicio de las ratas se aplica al padre y a la dama-. Este intento de unión
entre el dinero y el amor aparece desfigurado también en su relación transferencial con Freud (sueño de transferencia).
El sujeto se vale de esos significantes para dar su respuesta sintomática particular y así solucionar el problema de la
angustia que se abre con el relato del capitán cruel.

Lacan sostiene que es bajo esta forma de desdoblamiento narcisistico donde yace el drama del neurótico, en relación a
la cual adquieran todo su valor las diferentes formaciones míticas; porque es precisamente en esas formaciones donde
va a intentar unificar eso que está desdoblado. Lacan sostiene que es un error pensar que el complejo de Edipo está
conformado por tres términos: padre, madre y sujeto, siempre hay cuatro. Eso es así porque la función del padre se
bifurca, se desdobla en dos, por una lado una función simbólica que el padre debe cumplir (de prohibición en relación a
la madre) pero por otro lado hay un elemento imaginario, o narcisistico (esto tiene que ver con que la figura del padre
juega de rival y es para con la cual el yo del sujeto mantiene una relación mortífera –se imagina la muerte-).

El psicoanálisis y su enseñanza (1957)

En este texto Lacan organiza lo simbólico, lo imaginario y la muerte a la luz del esquema z. Este esquema permite pensar
la neurosis estructurada como la respuesta (eje imaginario) a una pregunta (eje simbólico; une al sujeto con el Otro). Es
solo en la medida en que el sujeto está alojado en el lugar del Otro, en el lugar de lo simbólico, que el sujeto dispone de
los significantes, que puede plantearse una pregunta, pregunta para lo cual, paradójicamente, esos significantes no
alcanzan para responder. Se trata de una pregunta que está amordazada, obstaculizada por este espejo que es el eje
imaginario.

En la histeria estaba la pregunta por la feminidad y del lado de la respuesta estaba la identificación viril; aplicando este
mismo esquema a la neurosis obsesiva en el eje simbólico está la pregunta por la existencia (estoy vivo o estoy muerto)
y del lado de la respuesta, imaginaria, la hazaña o proeza a la que le va a dar el estatuto de una pantomima, una lucha a
muerte con un rival donde en realidad no se corre ningún riesgo. La pantomima es esa estrategia que tiene el sujeto
para extrañarse de su deseo, desprendérselo a él y cedérselo a otro. Un ejemplo de hazaña en el hombre de las ratas es
las maniobras militares.

Seminario 4 El obsesivo y su deseo (1957)

La demanda tiene como paradigma la relación madre-hijo, el niño reclama al otro materno la satisfacción de una
necesidad; esta demanda necesita pasar por el Otro porque es ese Otro quien le va a satisfacer la necesidad y quien le
va a dar los significantes con los cuales va a poder formular la demanda (no hay demanda sin Otro). Ahora bien, el sujeto
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depende del Otro para que ciertas necesidades que reclama sean satisfechas, en ese sentido las cartas las tiene el Otro,
que da o no da (frustra o satisface), por eso el sujeto además de solicitar la satisfacción de la necesidad, solicita el amor
del Otro (su presencia). La demanda entonces desdobla al Otro: le pide satisfacción de una necesidad pero le pide que
esté, que le dé su amor. Es en ese intervalo entre la satisfacción de la necesidad y la demanda de amor que aparece algo
del orden del deseo, es decir, la demanda precede al deseo porque algo del deseo va a emerger a partir de la respuesta
que el otro dé a la demanda. Se puede ver que el deseo es de ambos, del sujeto y del Otro, porque la respuesta del Otro
a la demanda del sujeto es también lo que el Otro quiere de él (ese deseo del Otro es fundamental para la propia
inserción del sujeto en su propio deseo). El deseo es problemático tanto para la histeria como para la neurosis obsesiva.

En la histeria el deseo se presenta como un deseo insatisfecho, trata de cautivar el punto del deseo del otro para
retirarse. La histérica no desea un objeto, desea un deseo y se identifica con un objeto, que supone que es la causa de su
deseo. Si el deseo del otro no se sostiene, muere como objeto del deseo del sujeto. La histérica recurre a la demanda
del otro para preservar ese lugar vacío en el otro y que no se reduzca el deseo a la demanda. En el caso Dora, en la
escena del lago, ella tiene una confesión del Sr. K: “mi mujer no es nada para mi”: aquí el deseo histérico se ha reducido
a la demanda porque al decir que su mujer no es nada para él, el Sr. K cayó como soporte identificatorio. El más allá de
Dora que era la Sra. K, dejó de ser lo que era, o sea, la mujer que causaba el deseo del hombre y Dora entonces pasa a
ser un mero objeto de demanda amorosa. Hay en la estructura histérica una necesidad de buscar la insatisfacción, para
preservar al deseo. La histérica necesita al compañero, la otra mujer, otros personajes ya que socializa ese deseo,
recurre a los otros.

El obsesivo, en cambio tiende a reducir el deseo a la demanda. La particularidad de la demanda obsesiva es que tienen
un modo de presentación particular y que es de una exigencia absoluta: sostiene Lacan que probablemente no pidan
nada demasiado importante pero el tema es el modo en que lo piden (insistencia) y esa modalidad destruye al Otro
porque el obsesivo no da posibilidad a responder otra cosa que no sea la que él quiere, no da posibilidad a que aparezca
el deseo del Otro. Es por eso que es rasgo estructural de deseo en la neurosis obsesiva es la evanescencia. Esto es un
problema para el obsesivo porque un deseo totalmente anulado hace imposible que sobreviva el sujeto y por eso tiene
que solucionar ese problema:

● El obsesivo está siempre pidiendo permiso, y esa es una forma ya de la solución, inventa Otro bien consistente,
un amo a quien obedecer que le prohíba o le autorice porque un deseo prohibido es un deseo al fin, no es
lo mismo que un deseo extinguido; transforma de esta manera el deseo evanescente en un deseo prohibido por
el Otro.
● El obsesivo también da lo que cree que el Otro quiere, se trata de taponar con objetos la emergencia de deseo
del Otro (pide permiso, da regalos).
● Entre las formas de solución al problema de su deseo se encuentra la pantomima que en la neurosis obsesiva es
la hazaña (lo que trata de obtener en la hazaña el obsesivo es lo que llamábamos el permiso del Otro). Sostiene
en este texto que para que haya hazaña deben ser tres: nunca se va a llevar a cabo una hazaña solo, siempre
deben haber dos para que haya una competencia, y luego hace falta alguien que registre la escena. Importa el
Otro que legisla porque se trata de Otro completo; el obsesivo busca mantener al Otro completo en tanto que
no se evidencien los signos de su deseo. Todo el tiempo es un Otro completo que le dice que si o que no, a quien
se le pueden dar cosas pero que no puede desear. La hazaña del obsesivo es ficción pero lo realmente peligroso
es la muerte; en este momento la muerte no reside en el adversario a quien él desafía y con quien se bate a
duelo sino que está precisamente en aquel testigo visible, aquel Otro que está como espectador

UNIDAD V. PSICOSIS
FENÓMENOS PRIMARIOS O ELEMENTALES

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Debates sobre la naturaleza y función de las alucinaciones.

El primero en dar una definición de la alucinación es Esquirol con su famosa frase “la alucinación es una percepción sin
objeto”. Hay dos rasgos fundamentales que la distinguen para el autor: la convicción intima o certeza inquebrantable del
sujeto alucinado y el otro es su ubicación en el registro de la percepción.

Se originan dos corrientes que piensan los mecanismos y la génesis de la alucinación de distinta manera: la de Esquirol; y
la de un grupo de psiquiatras que considera que el origen de la alucinación está en el entendimiento, donde están
comprometidos la inteligencia y la memoria

Seglas plantea que en el caso de la alucinación están perturbadas las funciones del lenguaje, se trata de un problema de
trastornos del lenguaje (esto es lo que le va a reconocer Lacan: haber ubicado por primera vez la alucinación en el
campo del lenguaje). Este autor va a decir que todos los sentidos pueden producir alucinaciones; de las alucinaciones del
oído va a ubicar:

● Las elementales: aquellas que no se asocian a un objeto como escuchar un zumbido continuo que no
corta
● Las comunes: escuchar un sonido de un objeto (una campana, la música sacra de Schreber por ejemplo).

● Las verbales: involucran palabras y son las más frecuentes en la esquizofrenia (“escucho voces”).

Tomando las alucinaciones psíquicas establece a su vez una subdivisión:

● Por un lado las alucinaciones verbales motrices donde mientras dicen que escuchan voces ellos mismos las estan
articulando "usan mi boca para hablar", sienten que sus organos fonatorios son manipuados por otros y no
quieren decir lo que le obligan a decir. Lacan elogia mucho a Seglas por reconocer esto.
● Por el otro lado están las alucinaciones verbales o pseudoalucinaciones (en tanto se toma como paradigma la
alucinación de Esquirol) en las que el lenguaje interno se independiza del sujeto y adquiere un carácter objetivo,
se automatiza y esto también lo va a retomar Lacan. Es recién con el psicoanálisis de la mano de Lacan que la
alucinación verbal principalmente adquiere un valor fundamental como signo de la estructura de la psicosis.

Lacan retoma la alucinación como trastorno del lenguaje pero considerando el lenguaje de distinta manera, lo piensa en
términos de estructura y en cambio Seglas lo relaciona con distintos centros corticales, sensoriales y motrices,
localizaciones funcionales del lenguaje en el cerebro. Reemplaza la causa neurológica por una causalidad significante.

Lacan en el Seminario III va a hablar de fenómenos elementales, como signos de estructura que dan cuenta de una
perturbación en el circuito de la comunicación donde el Otro esta forcluido, por lo que los significantes aparecen
sueltos. Delirio, alucinación, automatismo mental, son todos fenómenos elementales que comparten la misma fuerza
estructurante: ha habido un rechazo, una Verwerfung. Lo rechazado en lo simbólico retorna en lo real. El paradigma de
estos fenómenos es la alucinación verbal que las divide en: fenómenos de código que son los neologismos y fenómenos
de mensaje que son las frases interrumpidas que Dios le dictaba para que él las termine.

Estos fenómenos elementales tienen ciertas características: son anideicos, es decir que no vienen de una cadena
significante, tienen sentimiento de realidad ya que aparecen en un registro que no es el de lo simbólico, sino el de lo
real, tienen una certeza de concernimiento personal, son irreductibles e indialectizables. La característica que define a
los fenómenos de la psicosis es justamente lo que se opone a la dialéctica: la certeza. Esta certeza se presenta en la
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psicosis acompañada de un enigma, porque la certeza es un segundo tiempo con respecto a lo inicial, a eso que se
presenta como enigmático, anideíco, atemático, y el primero que registra eso es el propio paciente que no sabe bien por
qué, pero sabe que las cosas pasan y pasan a propósito.

Estructura del lenguaje y psicosis: la alucinación verbal.


Lacan ya desde muy temprano (aún antes de estar en el psicoanálisis) critica las teorías que intentan dar cuenta de la
alucinación a partir de un trastorno perceptivo. No hay que desviarse del campo del sentido.
Estas referencias psiquiátricas sostenían un sujeto percipiente, activo, agente del acto de la percepción y
constituyente de la unidad de lo percibido. El acento entonces recaía en el percipiens y también allí los errores de la
percepción. Es decir, las percepciones patológicas (entre ellas la alucinación verbal) responderían a un accidente del que
es responsable el agente de la percepción. Lacan dice: invirtamos la dirección de la causa, quizás hay algo del orden de lo
percibido que no deja una interpretación unívoca y determina la posición equívoca. Entonces subvierte estas nociones,
la atención no recae sobre el percipiens sino que pone atención en el perceptum. Más allá de la cualidad sensorial de lo
percibido, su rasgo esencial es que tiene estructura de lenguaje y el percipiens pasa a ser un sujeto pasivo que padece
los efectos del lenguaje, dividido por el lenguaje. El sujeto que percibe es efecto de la cadena y no es responsable, en
principio, de las propiedades que tiene. El sujeto en general es consecuencia de la estructura del lenguaje: el lenguaje da
origen al sujeto y determina las condiciones de la experiencia subjetiva.¿Cómo se reconoce un sujeto como tal? No es
sin pasar por el lenguaje, recibe del otro su propio mensaje en forma inadvertida. En la psicosis el otro está excluido. El
sujeto es hablado por otro, por su semejante, no reconoce haber producido esa palabra. De esta forma va a criticar que
la alucinación es una percepción sin objeto porque eso sería suponer un yo que está viendo cosas que no hay, lo cual
supone también que alguien ve las cosas como son, que hay alguien que es una suerte de medida de la realidad. La
psicosis no debe ser entendida como la relación del sujeto con una realidad que está perdida. Para Lacan la alucinación
es un hecho del lenguaje, como respuesta en lo real que surge por una perturbación que afecta el circuito simbólico. Es
un fenómeno de cadena rota, un significante que se escucha en lo real.
En el Seminario III la alucinación verbal adquiere un peso específico, un papel central en la estructura de la psicosis. La
alucinación se presenta como un fenómeno de cadena rota. En estos fenómenos el significante esta suelto, fuera de lo
simbólico, suelto en lo real. Divide a las alucinaciones en fenómenos de código y fenómenos de mensaje. Los fenómenos
de código son los neologismos, los fenómenos de mensaje las frases interrumpidas que Dios le dictaba para que el las
termine. Se asemejan en que se produce una alteración al nivel de la significación como efecto de la aparición del
significante suelto en lo real, no encadenado.
Dentro de este seminario, Lacan va a conceptualizar la alucinación como significante en lo real, y después de la mitad del
seminario, la alucinación como trastorno del lenguaje. ¿Cómo entender la alucinación? Se pregunta Lacan: ¿debemos
conformarnos con decir que se trata de un mecanismo de proyección? (dice esto en relación a Freud, que tomaba a la
proyección como mecanismo de la alucinación) Nada de eso, acá no se trata de un mecanismo de proyección. Se trata
del propio mensaje del sujeto, y no del mensaje recibido en forma invertida, o sea aquí el sujeto no puede apropiarse de
ese mensaje porque está excluido de lo simbólico, ese mensaje suyo se escucha en lo real, lo que le concierne al sujeto
es dicho en lo real por el pequeño otro.

Lacan distingue tres trastornos del lenguaje:


-Trastornos formales del significante: neologismos
-Trastornos de significación enigmática
-Trastornos de las relaciones enunciado-enunciación: alucinación verbal

Jaspers -> Lacan le critica a Jaspers el binomio metodológico. El tema de la comprensión, cuando uno comprende, dice
Lacan, lo que hace es introducir una cadena de sentido que es propia. Pero destaca del binomio clínico los procesos, en
tanto Jaspers dice que son alteraciones permanentes de la vida psíquica que responden a una serie de criterios
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biográficos, que marcan una ruptura en la vida del individuo, en esa ruptura aparece en un tiempo corto y localizable
algo nuevo. Lacan toma esta idea de ruptura para el desencadenamiento de la psicosis. Comparte la perspectiva
rupturista con Jaspers y en eso se diferencian ambos de Kraepelin (desarrollo insidioso, patología en continuidad con la
personalidad).
También retoma de Jaspers su concepto de vivencia delirante primaria, como la irrupción de una nueva significación en
las percepciones, las representaciones y/o las cogniciones. Consisten en que en un momento dado, el sujeto comienza a
experimentar sentimientos, sensaciones, cogniciones oscuras en cuanto al significado, al contenido, pero atravesadas
por una certeza inquebrantable de irrupción de significación.

PSICOSIS BASADAS EN EL AUTOMATISMO

Las psicosis basadas en el automatismo recubren un campo heterogéneo donde entran las formas alucinatorias crónicas
como la esquizofrenia, ciertas psicosis tóxicas y otros cuadros como las alucinosis, que se caracterizan por la producción
de alucinaciones sin desarrollo delirante. Estas son un grupo de psicosis que tienen como punto de partida un
fenómeno: el automatismo mental, manifestación clínica que no desaparece en el transcurso.

Es Cleraumbault quien propone en 1909 el automatismo mental no como un hecho psíquico sino como una forma de
expresión de lo orgánico que repercute en lo psíquico, como secuela de una lesión cerebral autotóxica y en el sistema
nervioso (paralelismo psicofísico). Por eso privilegia el carácter de irrupciones parasitarias ajenas a las ideas del sujeto,
se trata de un pensamiento que está en la mente del enfermo pero que no es de él. Se produce de modo automático por
fuera de la voluntad del enfermo, que no lo reconoce como propio, no hay atribución subjetiva. Se pueden distinguir dos
grandes momentos en la teoría de Clerambault con respecto al automatismo mental:

Hasta 1924, fecha en que da a conocer su definición más acabada del automatismo mental, donde lo describe según sus
rasgos formales:

-Asensorial: no tiene cualidad sonora ni de ninguno de los sentidos sino que se presenta en el plano mismo del
pensamiento.

-Neutro: no tiene connotación afectiva particular

-Atemático: no tiene un tema particular (ni hostil, ni erotómano, ni megalómano, o puede tener cualquiera pero no
especialmente uno)

-Anideíco: no tiene génesis ideica, no surge de otra idea. Es, desde Jaspers, incomprensible.

En este momento De Clerambault nos dice que entiende por automatismo mental a los fenómenos clásicos:
pensamiento anticipado, enunciación de los actos, impulsiones verbales, tendencia a los fenómenos psicomotrices,
siendo el paradigma o el mejor ejemplo el eco del pensamiento. Los opone a las alucinaciones auditivas, es decir a las
voces a la vez objetivas, individualizadas y temáticas. Tanto las alucinaciones como el delirio son siempre secundarios a
este fenómeno que tiene rol inicial.
El automatismo es definido así como un proceso autónomo, que no comporta en sí mismo delirio alguno, aunque si un
delirio puede agregarse a él tiempo después. Hasta acá decía que el automatismo mental es el fenómeno inicial y el
delirio es un sobre agregado contingente (puede o no estar) que constituye una reacción de la personalidad para
intentar explicar los fenómenos iniciales. Utiliza la metáfora del pedestal y la estatua: el fenómeno elemental
(automatismo) está en la base, hace de las veces de un pedestal, el delirio, secundario se le pone encima.
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Junto con el automatismo mental está el motor y el sensitivo, que tiene las mismas características pero afectan a la
kinestesia, la sensibilidad corporal. Aparecen sensaciones o movimiento automáticos por fuera del cuerpo del sujeto -se
da un triple automatismo cuando están conjugados-.

En 1925 va a decir que el automatismo mental es nuclear y ya no basal y que al menos una parte del delirio es tan
automática como los fenómenos del comienzo. Hay entonces una continuidad entre el automatismo mental y una parte
del delirio, aunque admite que hay otra parte del deliro que es propia del sujeto. Por esta razón es que la denominación
de pequeño automatismo mental le parece insuficiente y él va a preferir hablar de síndrome de pasividad que abarca
tanto el automatismo mental del comienzo como la parte automática del delirio, tienen la característica de que el sujeto
padece pasivamente.
Lacan va a recuperar la idea del segundo momento de Clerambault, que el automatismo mental y el delirio estarían
hechos de lo mismo. Va a decir que tienen la misma estructura, idéntica fuerza estructurante, dependen del mismo
mecanismo, del mismo accidente del lenguaje (forclusión del Nombre del Padre).

¿Cómo diferenciar un fenómeno de automatismo mental de un pensamiento obsesivo? El rasgo formal que permite
hacer la diferencia es la falta de atribución subjetiva ya que el obsesivo reconoce que es un pensamiento suyo

PARANOIA

La paranoia es un cuadro clínico que fue construido progresivamente a lo largo de la historia de la psiquiatría y que ha
desaparecido de los manuales de la psiquiatría actual (DSM). Hay razones para ello, pero el hecho de que desapareció de
la nomenclatura actual no quiere decir que la paranoia no exista, que no haya paranoicos. El psicoanálisis no se dejó de
interesar por la paranoia y hay un aporte importante del psicoanálisis al campo de la paranoia, este radica en la idea
principal del que el delirio paranoico tiene una función curativa, autocurativa.

La psiquiatría hizo un gran recorrido para delimitar la paranoia y el punto de anclaje se sitúa en la obra de Kraepelin
quien da la siguiente definición de paranoia: se trata del desarrollo insidioso de un sistema delirante crónico de
evolución continua imposible de romper, que depende de causas internas y que se desarrolla con conservación del
orden del pensamiento, la voluntad y la acción. Habla de un desarrollo insidioso en tanto el delirio va surgiendo de un
modo paulatino, sin que el enfermo pierda su aparente salud exterior, lo que hace que sea difícil diagnosticarlo en sus
comienzos. (Idea criticada por Lacan, que no piensa nunca a la psicosis como en continuidad con la personalidad previa
sino que se alinea con Jaspers en tanto rupturista). El termino delirio proviene del latín delirare, cuyo significado es
salirse del surco, se trata entonces de un desvío del punto de vista del enfermo sobre el mundo, no hay perturbación de
la personalidad pero si una debilidad en el pensamiento. El delirio así entendido, está basado en lo que el autor llama
dos mecanismos, pero que en realidad refiere más bien a sus rasgos fundamentales:

1. Significación personal, también llamada delirio de referencia: los hechos reales son vividos como si tuvieran una
relación personal y directa con el enfermo. El enfermo cree que los hechos algo le dicen y sobre esto tiene
certeza absoluta. Los acontecimientos cotidianos cobran entonces un significado especial, de manera que nada
de lo que acontece es casual, sino que está dirigido a él. En la medida que el delirio avanza estas ideas van
cobrando una tonalidad hostil.
2. Falsificación de recuerdos o ilusiones de la memoria: los recuerdos cobran una significación que antes no
tenían. Se da una interpretación delirante retrospectivamente.

El delirio para Kraepelin hace sistema. Un delirio se sistematiza cuando el enfermo lleva a cabo un proceso de
elaboración para dar coherencia a sus ideas, para ubicar un perseguidor, para ubicar los motivos de eso que lo perturba,
etc. Todo este trabajo culmina, según Kraepelin, en una visión descentralizada de la realidad. Los temas del delirio son
variados, el más común es el delirio de persecución, pero también está el de celos, el megalómano y el de reivindicación
(en la escuela alemanda llamado querulancia). (Lacan también va a ser crítico con esto)
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Kreapelin diferencia la paranoia de las formas paranoides de la demencia precoz porque en estas últimas las ideas
cuando aparecen afectan al nucleo mismo de la persona, a su personalidad y/o a su cuerpo (alguien me manda veneno
por las venas), fuerzas extrañas actúan sobre el cuerpo y la personalidad, transformándolos, lo que se denomina
síndrome de influencia. Esto no está presente en la paranoia verdadera, en estas el delirio transforma la visión del
mundo y no del cuerpo o la personalidad, lo que está mal es el mundo. Además en la formas paranoides de la demencia
precoz el delirio no se sistematiza, no se coordinan una con las otras las ideas.

Delirio de querulancia para Kraepelin


En el año 1899, en la sexta edición del tratado, el delirio de querulancia se encuentra dentro del marco de la paranoia.
Este delirio, se da en sector y consiste en una idea fija que implica un daño reversible, es un delirio pasional que tiene
desde el comienzo una finalidad precisa donde se pone en juego la voluntad del sujeto. Se trata de un daño que
efectivamente se ha realizado. Fue en la octava edición (1913) a partir de las críticas de algunos autores, que realiza
modificaciones en un intento de conciliación con los autores que los criticaron. Una de ellas se basó en la creación del
grupo de las enfermedades psicógenas, las cuales son desencadenadas por un acontecimiento externo traumatizante
ante el cual el sujeto reacciona. Es en este momento donde el delirio de querulancia le plantea un problema y por lo
tanto abandona el marco de la paranoia, ya que el querulante encuentra la causa no de manera interna sino en la
realidad. El querulante es quien ha sido objeto de un daño real, y en base a ese daño real construye toda su elaboración
delirante. No es que el daño no haya acontecido, el daño sucedió, pero en torno a él se arma toda la elaboración
delirante. Por lo tanto Kraepelin separa al delirio querulante del gran campo de la paranoia.

Críticas a Kraepelin
Bleuler critica la etiología que propone Kreapelin, que propone una causa interna. En 1906 B plantea que la paranoia es
la reacción de una personalidad predispuesta ante sucesos que implican dificultades frente a las que los enfermos son
incapaces de resolver y más aun de aceptar, situaciones conflictivas externas e internas que hacen aparecer al delirio.
Entonces para Bleuler el delirio se activa a través de un conflicto interno asociado a una circunstancia externa mientras
que K pone el énfasis en la influencia que ejerce una constitución determinada para el desarrollo de la enfermedad.
Debido a esta crítica, Kraepelin en su octava edición (1913) crea el grupo de las enfermedades psicógenas que son
desencadenadas por un acontecimiento externo traumatizante ante el cual el sujeto reacciona. Si bien la paranoia no es
incluida dentro de esta categoría, si aloja allí al delirio de querulancia.

Otra de las críticas al concepto de paranoia fue de parte de los autores franceses Gaupp y Fridman: le critican a
Kraepelin la idea de cronicidad, es decir la idea de sistematización del delirio, ya que suponen que la paranoia no
siempre termina en sistematización. Plantean en contrapunto la existencia de paranoias abortivas que no terminan en
una sistematización rígida.

Delirio de interpretación vs delirio de reivindicación en escuela francesa

Los que llevan a Francia las ideas de Kraepelin son serieux y capgras. Para ellos la paranoia se trata de una psicosis
constitucional pero que no encamina al deterioro de la personalidad. Dentro de ella los autores distinguen dos tipos de
delirios, ambos con causas constitucionales pero diferenciados por sus rasgos formales (sintomatología) y por su
evolución:

Delirio de interpretación:

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Se trata de una afección basada casi exclusivamente en la existencia de interpretaciones delirantes que consisten en un
razonamiento falso que tiene como punto de partida un hecho real o exacto que toma una significación personal
haciendo que el enfermo sea empujado a relacionar todo consigo mismo, siempre son centradas en el enfermo.

No se deben encontrar generalmente alucinaciones activas, ni excitación, ni depresión, ni confusión, ni amnesia, ni


perdida de los sentimientos afectivos, nada del negativismo. A excepción de su novela delirante, el individuo no
manifiesta ningún trastorno mórbido. Se presenta entonces conservación de la integración de la personalidad, de la
lucidez mental y de la actividad psíquica general (por eso locuras RAZONANTES, pero razonamiento al servicio de la
interpretación delirante).

Se trata de un delirio en red, cada vez se expande más; las interpretaciones se fijan, se vuelven constantes y se irradian y
terminan en una visión absolutamente deformada de la realidad. Este delirio es exclusivo de la paranoia, a diferencia de
las interpretaciones delirantes que pueden estar en otras psicosis.

Curso de la enfermedad: Al principio, en el periodo de incubación, todo lo que sucede alrededor del enfermo adquiere
una importancia, pero no se sabe cuál es su sentido; ya está la certeza de significación, pero no se sabe que quiere decir,
por eso es el momento de mayor perplejidad. El significado viene en un segundo momento, entonces la interpretación
adquiere una orientación hostil o megalómana casi siempre. A partir de ahí el delirio se sistematiza, se organiza en torno
a una concepción dominante. Esto culmina con una trasformación del mundo que adquiere una connotación delirante,
una concepción desviada del mundo. Cuando en el curso de su evolución no muestra tendencia hacia la curación ni
hacia el debilitamiento intelectual se trata de un delirio de interpretación.

Delirio de reivindicación: En la escuela alemana se lo llamaba delirio de querulancia.

Se caracteriza por el dominio exclusivo de una idea fija “obsesiva” que se impone a la mente del enfermo de un modo
tenaz, que orienta toda su actividad y moviliza su conducta acompañado de una gran exaltación. El contenido de la idea
siempre es un perjuicio (real o imaginario) que empuja al enfermo a luchar por esos derechos perturbados. Se genera
una lucha para que sus derechos sean reconocidos (reivindicador egoísta) o para que una política sea reconocida
(reivindicación altruista). Los reivindicadores tienen una gran posibilidad de pasaje al acto, ya que la idea delirante
moviliza la conducta y los lleva a actuar. Toda resistencia exterior determina una lucha y la necesidad de disputa es uno
de los móviles de su acto. El reivindicador se multiplica por todos lados, aborda mil empresas, escribe a personajes,
consulta a abogados, demanda audiencias. La menor discusión lo irrita.

Este delirio tiene una evolución diferente al deliro de interpretación ya que el reivindicador no interpreta en red, sino
que siempre lo hace en función de la idea, el delirio es en sector. La idea esta al comienzo y todas las interpretaciones
tienen que ver con esa idea.

En cuanto a los pronósticos, el delirio de reivindicación tiene mayor posibilidad de mejoría ya que sólo se delira con la
idea obsesiva y no hay total transformación del mundo; en cambio, el delirio de interpretación es incurable ya que se
modifica concepción entera del mundo.

Kretschmer y el delirio de relacion de los sensitivos

Se inscribe en la denominada corriente psicodinámica alemana, la cual da gran importancia a los afectos y la vivencia en
la determinación de los síntomas. Describe el delirio de relación de los sensitivos: tiene una disposición particular, rasgos

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de timidez, vulnerabilidad, inseguridad pero que ante determinadas circunstancias desencadena un delirio polarizado
(en torno a esas experiencias detonadoras del delirio). Estas manifestaciones son curables.

Plantea factores etiológicos y patogénicos, respecto a los primeros plantea una triada -carácter, experiencia vivida y
medio social; y respecto a los segundos no tiene en cuenta lo sexual, lo piensa de un modo similar a la neurosis obsesiva.
La energía vivida por la experiencia que impacta al sujeto y lo hace reaccionar se adhiere representaciones que se fijan
en la conciencia (del monto de energía); hay un paso llamado inversión en el que esas representaciones como especie
de espejo son proyectadas en el otro (las autoacusaciones, críticas, insultos los pone en el otro). Se invierte al contrario
de la neurosis obsesiva. Plantea que se puede rastrear las ideas en la conciencia.

Él introduce en las causas el factor psicogenético: plantea la psicogénesis de los síntomas paranoicos.

El complejo sintomático paranoide en Jaspers.

Jaspers en su “Psicopatología general”, agrupa la sintomatología de la esquizofrenia bajo el nombre de “Complejo


sintomático de la vida psíquica loca”. Distingue dentro de este el “Complejo sintomático paranoide” y el “Complejo
sintomático catatónico”. A su vez, dentro del Complejo sintomático paranoide, distingue tres tipos de fenómenos:

- Delirio: El fenómeno más elemental del delirioes la vivencia delirante primaria. Es la irrupción de una nueva
significación en las percepciones, las representaciones y/o las cogniciones. Estas vivencias delirantes primarias irrumpen
sin ningún motivo en la vida psíquica, es decir, no se derivan de otras vivencias en el marco de un desarrollo vivencial, no
son comprensibles, sino que son referidas mediante el recurso de la explicación causal. Consisten en que en un
momento dado, el sujeto comienza a experimentar sentimientos, sensaciones, cogniciones oscuras en cuanto al
significado, al contenido, pero atravesadas por una certeza de irrupción de significación. Conforman así la célula
elemental del delirio, ya que sobre su base tienen lugar las ideas delirantes verdaderas. Estas vienen a dar contenido a la
vivencia delirante primaria y son para Jaspers juicios patológicamente falseados que se fundan en vivencias originarias
alteradas o vivencias delirantes primarias, cuyos rasgos formales son: la convicción con la que se afirma (certeza), la
condición de no influibles por la experiencia y la imposibilidad de contenido, es decir su irreductibilidad al sentido.
Implica una ruptura, un quiebre en la personalidad anterior, es algo incomprensible que rompe con el sentido pero que
encuentra en el delirio cierta explicación. Jaspers las opone a las ideas deliroides: las mismas no son verdaderos delirios
por su origen, no tienen a la base una vivencia delirante primaria sino que son fundadas en ideas sobrevaloradas, ideas
previas que sirven como motivo, es un estado afectivo muy fuerte que da lugar a las formaciones delirantes que pueden
desaparecer y carecen de certeza absoluta de quien lo padece, surgen de motivos y no de procesos, son patológicos
pero comprensibles por el estado emocional en el que surgen. No alcanzan la sistematización.

-La vivencia de lo hecho o lo fabricado: experiencia irreductible de no pertenencia y de imposición de los actos o
pensamientos. Certeza de que no es uno quien hace las cosas- Enfermo no se siente dueño de sí mismo sino como una
marioneta de otro.

-Sensaciones corporales anormales: aparecen trastornos corporales, experiencias a nivel del cuerpo extrañas, bizarras,
inefables. Para describirlas suelen utilizar neologismos.

Por otro lado el Complejo sintomático catatónico se corresponde con los síntomas que Kraepelin le atribuía a la
catatonía: estupor (ausencia de reacción motriz y verbal ante un estímulo), excitaciones motrices: negativismo y
obediencia automática.

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CLERAMBAULT
Va a sacar del terreno de la paranoia al grupo de las psicosis pasionales - delirio de reivindicación, de celos y la
erotomanía- quedando reducida al delirio de interpretación. Rasgos clínicos diferenciales entre psicosis pasionales y
paranoia:

● Paranoia delirio en red (regula o domina toda la concepción del mundo) – Psicosis pasionales delirio en sector (el
yo no se transforma más que en el área en el cual delira)
● Paranoia estado de expectativa (hay estado de espera, tiene tiempo, por eso busca interpretaciones en los
hechos del pasado) – Psicosis pasionales estado de esfuerzo (siempre tiende hacia el futuro y a lograr su
objetivo)
● Paranoia no hay una idea madre que organice de entrada el delirio, ideas parten de todos los puntos – Psicosis
pasionales postulado basado en complejo ideo-afectivo que hace de embrión lógico a partir del cual se
desarrolla el delirio en su conjunto.

El autor presenta el grupo de las psicosis pasionales basadas como su nombre lo indica no tanto en el mecanismo
interpretativo sino en la exaltación hipertímica de ideas prevalentes, se destaca el elemento pasional en juego. La
erotomanía es elegida como paradigma de esta psicosis.

Lo que la caracteriza clínicamente es fundamentalmente la existencia de una certeza, a la que nombra postulado,
núcleo ideo-afectivo inicial: “es el otro el que ha comenzado y el que más ama, incluso el único que ama”. Certeza
inquebrantable de que el otro lo ama, de que la iniciativa viene del otro. El sujeto es objeto de amor de otro,
generalmente más elevado socialmente, económicamente, culturalmente, etc. Es sobre el postulado que se erige la
erotomanía, aquel nunca varia a lo largo del delirio, y solo a partir de este embrión lógico se realizan las deducciones y
las interpretaciones que constituirán el síndrome (diferencia con el delirante interpretativo cuyas ideas carecen de un
elemento rector). El delirio se caracteriza por ser polarizado, en sector, es decir, acotado en su tema al objeto que ama
(en oposición al delirio en red de los interpretativos). A partir de ahí se desarrolla el delirio con evolución precisa de tres
fases, todas relativas al postulado inicial: esperanza, donde al unísono aparecen ideas de persecución que tienen como
mira la separación del objeto e incluso surgen del objeto mismo, despecho, y rencor, donde el sujeto puede volverse
reivindicador. Siempre se conserva la esperanza de entrar en comunión amorosa con el objeto. La actitud del objeto
puede variar, pero siempre se dirige al enfermo con una intención de amor, enfermo se cree más amado de lo que él
ama.
El autor establece para la erotomanía una perspectiva psicógena en el sentido de un determinismo psicógeno del núcleo
generador del delirio. Lo que entiende Clerambault por psicógeno es que lo que desencadena el delirio pasional es un
choque emocional, un estímulo proveniente del exterior que impacta sobre el psiquismo del sujeto. El postulado surge
así en estrecha relación con un acontecimiento vivido por el sujeto donde la emoción juega un papel importante. Ahora
bien, para explicar el delirio en su rasgo de perdurabilidad recurre invariablemente a la nocion de constitución. En 1923
sostiene que son las bases fisiológicas las que dan estabilidad al núcleo ideo-afectivo. Parece ser, entonces, que para el
autor, hay un determinismo psíquico solo en cuanto al surgimiento y naturaleza del núcleo generador del delirio
(emoción desencadenante en juego, idea delirante unida a un afecto) pero que este, finalmente, es sostenido por bases
fisiológicas profundas que lo hacen estable y que a su vez marcan la diferencia con la pasión llamada normal.

DEMENCIA PRECOZ-ESQUIZOFRENIA

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En su quinta edición, en 1896, clasifica las enfermedades mentales en exógenas –adquiridas- y endógenas –congénitas- y
clasifica dentro de la psicosis a la paranoia, la locura maniaco-depresiva, y la demencia precoz.

Kraepelin, en la sexta edición (1899) ubica la demencia precoz entre dos causas exógenas, autotóxicas y lesionales, y la
define como una serie de cuadros clínicos cuya característica común es una evolución signada por debilidades
peculiares. La enfermedad evoluciona hacia un deterioro de la personalidad en sus tres esferas: juicio, voluntad y
afectividad mientras que la inteligencia, la memoria y la orientacion estan intactas. La personalidad se hace cada vez
más deficitaria y luego se produce una pérdida completa de la unidad interior. En ella no hay sistematización delirante.
Se llama demencia por el deterioro de las facultades y precoz porque se produce tempranamente en el curso del
proceso mórbido.

Para su diagnóstico clínico Kraepelin tiene en cuenta dos grandes grupos de síntomas, los fundamentales y los
accesorios.

Los síntomas fundamentales son permanentes, en todo el curso de la enfermedad, específicos, patognomónicos:

● En el área de la afectividad hay una reducción e incluso anulación de todo lo que tiene que ver con los
sentimientos o emociones, es la indiferencia afectiva o apatía. Colapsan los resortes que sostienen la vida
emocional del enfermo, entonces se extinguen los afectos. No sienten pena ni alegría, todo es lo mismo

También puede aparecer una ataxia de los sentimientos, que tiene que ver con una discordancia ente la
expresión del afecto y la situación.

● En el área volitiva se da abulia, que un debilitamiento de la voluntad, el enfermo abandona sus ocupaciones.
Cuando llega a un extremo aparece la catatonia, que tiene dos expresiones: la flexibilidad cérea, donde el
enfermo obedece automáticamente a todo lo que se le pide; y el negativismo, el enfermo no hace nada. En los
casos más graves este puede llegar al estupor: paciente mudo y quieto.
● En la esfera del juicio, las alteraciones se dan en el curso del pensamiento (incoherencia: el sujeto pierde la
capacidad de agrupar, jerarquizar, ordenar a partir de leyes); y en el contenido (estereotipia: siempre las mismas
ideas). Y hay también un debilitamiento del juicio, el enfermo ya no reflexiona, no puede extraer conclusiones

Los síntomas accesorios son transitorios, pueden estar o no, se comparten con otras enfermedades, colorean la forma
clínica: alucinaciones, ideas delirantes, autismos gestuales

Distingue tres formas clínicas dentro de la demencia precoz, donde en cada una predomina el deterioro de una esfera,
pero siempre permanece la triada:

1. La hebefrenia tiene una aparición temprano en la vida del enfermo (post-puberal) y es la que mejor muestra el
deterioro de la personalidad hacia la desintegración (rápida). Se caracteriza por tener la esfera afectiva más
perturbada que las otras dos. Comienza con una fase causidepresiva, más bien de repliegue afectivo: el adolescente
interrumpe bruscamente sus actividades. Y a medida que evoluciona el cuadro el comportamiento se vuelve bizarro,
incoherente, aparecen neologismos (palabras inventadas por fuera del sentido compartido y palabras de uso común
usadas en otro sentido, no compartido), giros extraños, preguntas sin sentido, desórdenes en la construcción de las
frases, pérdida del hilo, juego de palabras, prosodia alterada. Estas mismas alteraciones, que son del lenguaje oral
también aparecen en la escritura.

Los síntomas accesorios que presenta son: alucinaciones de todo tipo, ideas delirantes de todo tipo, siempre
deshilvanadas y sueltas., autoagresiones, perturbaciones en el lenguaje y la escritura.

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1. Catatonia: cuando llega a un extremo se le llama negativismo catatónico y su contracara es la obediencia
automática. Todo esto depende de que se ha perdido el dominio de la voluntad. También se da una agitación
catatónica, en la que se producen movimientos estereotipados o acciones impulsivas inconexas y sin sentido, que no
están dirigidas a ningún motivo. Y una verbigeración, discurso que no tiene interlocutor, formado por frases
inconexas con palabras comunes o neológicas continuamente repetidas y desprovistas de sentido. En esta forma
clínica predomina la sintomatología psicomotora.
2. En las formas paranoides, predomina la actividad alucinatoria y delirante. Hay dos tipos:
● Demencia paranoide: presencia de ideas delirantes de diversos contenidos, que suelen ser de carácter
hipocondriaco con la particularidad de presentarse bajo la modalidad de influencia: certeza inamovible que tiene el
enfermo de que fuerzas externas, ajenas a él, actúan sobre su cuerpo o su pensamiento. Son experiencias de un
malestar a nivel del cuerpo proveniente de afuera. No se idealizan en un delirio sistematizado.
● Paranoias fantásticas: consisten en un delirio de contenido fantástico al que se le suman alucinaciones,
esto evoluciona de forma coherente internamente. El delirio se organiza, por ejemplo en un delirio de persecución
física, por lo que se ubica un agente perseguidor.

Críticas y delimitación de las parafrenias: características y formas clínicas.


En la octava edición, producto de las críticas recibidas por los franceses -sobre la inclusión de los delirios alucinatorios
crónicos en la demencia precoz ya que creían que no todos conducían a la demencia-, Kraepelin crea la parafrenia, como
un conjunto de cuadros clínicos en donde predomina la perturbación a nivel del juicio, pero en donde la personalidad en
su conjunto está más bien conservada, no hay una evolución hacia la demencia.

En la demencia precoz, la desintegración de la personalidad se cumple de modo tal que los desórdenes de la afectividad
y la voluntad dominan el cuadro mórbido. En oposición a esto, en las parafrenias, a pesar de sus numerosos y variados
puntos comunes con los fenómenos de la demencia precoz, se asiste a un desarrollo mucho más restringido de las
perturbaciones de la afectividad y la voluntad. Hasta los últimos períodos de la enfermedad no se asiste a esa apatía y
esa indiferencia que forman tan frecuentemente los primeros síntomas de la demencia precoz.

El grupo de las parafrenias comprendía cuatro formas clínicas:

1. En primer lugar, la parafrenia sistemática: desarrollo lento pero continuo de una mezcla de ideas delirantes de
persecución y de grandeza (Caso Schreber)
2. En segundo lugar, la parafrenia expansiva: desarrollo de un delirio de grandeza exuberante con un humor
exaltado predominante y una ligera excitación, acompañado por alucinaciones sobre todo visuales y con
importante presencia de interpretaciones, ilusiones de la memoria y experiencias visionarias
3. En tercer lugar, la parafrenia confabulatoria: juegan un papel dominante las ilusiones del recuerdo, por el relato
de experiencias extraordinarias, el humor sereno y la casi total ausencia de alucinaciones; por último,
la parafrenia fantástica: desarrollo lujurioso de ideas delirantes muy extraordinarias, deshilvanadas y móviles, la
importancia de las alucinaciones auditivas, cenestésicas y sexuales, el síndrome de influencia y las ideas de
posesión, aunque también las megalomaníacas, siendo importantes las ilusiones de la memoria y las
fabulaciones y estando el humor a menudo excitado.

Por último, las formas clínicas de la demencia precoz fueron multiplicadas de las tres originales en nueve, a saber: 1) La
demencia simple 2) La hebefrenia o demencia necia 3) La demencia depresiva simple o estuporosa 4) La demencia
depresiva delirante, 5) Las demencias agitadas, 6) La catatonía 7) La demencia paranoide grave 8) La demencia
paranoide ligera, 9) La demencia con confusión del lenguaje o esquizofasia.

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Bleuler y el concepto de esquizofrenia

Bleuler cuestiona y critica el nombre “demencia precoz” ya que solo designaba a la enfermedad y no al enfermo. Los
casos de demencia y precocidad eran aplicables a todos los casos que se tenían a mano; el autor va a sostener que no
siempre es precoz y no siempre termina en demencia. Hay que darle un nuevo nombre y decide llamarla esquizofrenia
porque el desdoblamiento de las distintas funciones psíquicas es una de sus características más importantes. Con el
término esquizofrenia designa a un grupo de psicosis cuyo curso es a veces crónico, y a veces está marcado por
ataques, y que puede detenerse o retroceder en cualquier etapa, pero que no permite una restitución de la
personalidad de modo que vuelva a su integridad. El criterio clínico-evolutivo deja de ser un diagnostico para el autor
porque no hay un curso predeterminado de la enfermedad.

Divide la esquizofrenia en 4 subgrupos: conserva las tres formas propuestas por Kraepelin y le suma una:

● Paranoide: Las alucinaciones o ideas delirantes ocupan continuamente el primer plano del cuadro
clínico.
● Catatonia: Los síntomas catatónicos dominan continuamente, o durante períodos muy largos.

● Hebefrenia: Aparecen síntomas accesorios, pero no dominan el cuadro.

● Esquizofrenia simple: A través de todo el curso solo pueden verse los síntomas básicos simples.

Bleuler conserva la división kraepeliana de los síntomas (fundamentales y accesorios) y esto es lo que le permite hacer el
diagnóstico. La sintomatología fundamental se divide en positivos:

● Trastornos de la asociación, se cortan los hilos asociativos que guían el pensamiento volviéndolo
confuso, extravagante, incorrecto, quebrado.
● Trastorno de la afectividad: indiferencia afectiva y discordancia entre la expresión de afecto y la
situación.
● Ambivalencia: se les otorgan a los diferentes actos psíquicos valores opuestos (quiere hacer algo y no
quiere, por ejemplo). Esto se puede presentar en las tres esferas, en la afectiva en la del pensamiento y en la volitiva
● Autismo: se rompe la relación con el mundo externo y también se da una preponderancia patógena del
mundo interno, lleno de anhelos y temores. Los esquizofrénicos viven en su mundo propio, se separan del mundo
exterior.

Y por otro lado negativos:

● Ausencia de trastornos de la percepción, de la orientación espacio temporal, en la memoria y en la


conciencia.

Junto a esto está la sintomatología accesoria (ideas delirantes, tendencia a las alucinaciones, variaciones del humor, un
cotejo de síntomas físicos).

La novedad planteada por Bleuler proviene del plano de la explicación causal, en donde propone una segunda división
de los síntomas en:

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● Síntomas primarios: son aquellos fenómenos efecto directo de una causa que el supone que es orgánica,
los cuales pueden ser tanto físicos (perturbación pupilar, temblores, fiebre, pérdida de peso) como psíquicos
(oscilaciones afectivas, los estados agudos de incoherencia y confusión, tendencias a las alucinaciones y a las
estereotipias, y también la perturbación primaria generadora: la spaltung o escisión). Son fenómenos parciales
puesto que necesitan de los secundarios para completar el cuadro.

En la esquizofrenia la perturbación primaria generadora es el unico sintoma primario. Se trata de la pérdida del
poder regulador de la síntesis de la conciencia y de la instancia directriz de la personalidad. La jerarquía y la
organización de ideas se ve perturbada así como la cadena asociativa del pensamiento lógico. Entonces la Spaltung es
la perturbación primaria generadora, es efecto directo de la causa orgánica del cerebro. Este proceso mórbido
orgánico produce a nivel del psiquismo un rebajamiento o debilitamiento.

● Síntomas secundarios: pueden estar ausentes, al menos potencialmente o pueden cambiar sin que
cambie al mismo tiempo el proceso patológico. Son la mayor parte de signos fundamentales para el diagnóstico. Ej.
alteración de la afectividad, autismo, alteración del pensamiento.

A partir de la perturbación primaria generadora, la psique queda liberada a la acción de los complejos, liberada a la
asociación libre, y se generan los síntomas secundarios, que son efecto indirecto de la causa orgánica. Son aquellos
que comienzan a operar cuando la psique enferma reacciona. La casi totalidad de la sintomatología de la
esquizofrenia es secundaria, por eso la enfermedad puede existir durante mucho tiempo sin
síntomas fundamentales.

En síntesis, Lo novedoso, en Bleuler no está en el plano de la descripción clínica del fenómeno sino de lo causal, de la
explicación de las causas. La causa última para él es siempre orgánica, pero sí propone que a partir de esta causa
orgánica que produce síntomas tanto físicos como psíquicos, la psique reacciona y aparecen las causas psicógenas.

Críticas a Bleuler: hiato clínico- etiológico según H. Ey.

Henri Ey habla sobre un hiato clínico-etiológico: hay una distancia entre la causa y el síntoma. Entonces las
enfermedades ya no son efecto directo de la causa orgánica, sino objeto indirecto porque se incluye algo del orden
psicológico. El autor divide las enfermedades mentales, que las plantea como una desestructuración del ser psíquico,
en:

1. Psicopatología del campo de la conciencia (psicosis aguda): crisis maníaco depresivas, brotes delirantes y
alucinatorios, estados oniroides, psicosis confusa onírica. Se asemejan al sueño y al ensueño en que como estos
estados, se excluyen de la existencia o como puestos entre paréntesis; son reversibles y constituyen episodios
transitorios.
2. Patología de la personalidad (psicosis y neurosis crónicas): desequilibrio, neurosis, delirios crónicos y
esquizofrenia, demencia. Se caracterizan por una organización duradera de trastornos integrados en el sistema
permanente de la personalidad

El autor distingue tres teorías de los delirios:

● Teoría mecanicista: el origen sensorial de la idea delirante está fundado en la producción del delirio a favor de
las alucinaciones, consideradas como resultado de una excitación mecánica de las vías o centros sensoriales.

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● Teoría psicogenetista: recurre a factores afectivos del error y distingue factores afectivos consientes y las que
hacen depender al delirio de factores inconscientes. El delirio es engendrado por la situación vital o la emoción
que ésta lleva consigo. El acontecimiento aparece como determinante.
● Teoría organodinamista: supone que el mecanismo fundamental es la regresión y se interesan en el estudio de
la misma. Se refiere a la analogía entre el sueño y el pensamiento delirante.

Perspectivas fenomenológicas: Minkowski, el trastorno fundamental y las modalidades de compensación.

Minkowski, introduce en Francia, a fines del siglo XX, la esquizofrenia de Bleuler. ¿Cuál es para M el trastorno
fundamental generador de todos los demás síntomas? Le critica a B que para él sea el trastorno de la asociación, y
además que no le haya dado un lugar privilegiado al autismo. Entonces para M, el trastorno fundamental y generador es
la pérdida del contacto vital con la realidad. Este contacto permite el intercambio con el mundo, el desarrollo y las
potencialidades del psiquismo. La esquizofrenia se trata de un déficit pragmático que tiene que ver con la vida de
relación, con la alteración de la relación con el medio que perjudica todo el aspecto instintivo del sujeto.

Lo que está en déficit es el rasgo esencial de la personalidad humana, que es el impulso vital. El sujeto tiene la sensación
de ser una carcasa vacía, que no puede hacer contacto con las cosas. Sabe quién es, pero desde el punto vital no
experimenta que es él.

El esquizofrénico, privado de su impulso vital, tiende a construir sus comportamientos en base a criterios de la lógica y la
matemática, es decir la inteligencia pura intenta subsanar el déficit del instinto. Es en este sentido que destaca en su
estudio de los esquizofrénicos, el pensamiento espacial que los caracteriza: el racionalismo y el geometrismo mórbido –
mecanismos de compensación-:

● Racionalismo mórbido: el sujeto racionaliza hasta el límite extremo (gasta tiempo y energía) para no ser
estorbado en su pensamiento y se priva de un auxilio del cual nadie podría permitir del contacto con la realidad.
La riqueza y la realidad desaparecen y tenemos en su lugar una fórmula abstracta que determina una actividad.
Sus pensamientos y su obrar no tiene en cuenta ni las ideas ajenas ni las contingencias externas.

También se puede observar una actitud antitética ya que toda fuerza extraña que venga desde afuera y quiera
ejercer su confluencia sobre el individuo es registrado por éste como ataque a su personalidad, se siente
arrastrado y en ello se ve una catástrofe. El dominio o el arrastramiento parecen ser los únicos rótulos bajo los
cuales puede registrar las influencias que le vienen de afuera.

● Geometrismo mórbido: es la generalización abusiva de nociones de orden espacial. El sujeto se encuentra


sometido en su pensamiento y conducta por las matemáticas y llega a determinar el valor de los objetos y los
acontecimientos. Estos adquieren sentido de acuerdo a sus características geométricas

También se pueden observar actitudes interrogativas ya que se caracterizan por la constante formulación de
preguntas que no están movidas por ninguna curiosidad.

¿Cuál sería la ganancia de estas compensaciones? Se trata de establecer al menos un contacto, aunque sea superficial y
aberrante, contacto al fin. Le dan al sujeto algún aspecto humano y le permiten establecer algún tipo de relación.

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Además de estas compensaciones fenomenológicas plantea dos tipos más: la mecánica que son fabulaciones que se dan
en las demencias por la perturbación de la memoria que intenta cubrir el déficit, lo que falta; y afectivas que son
complejos afectivos, el refugio en lo imaginario, ensoñaciones.

MANĺA Y MELANCOLĺA

La melancolía junto con la Paranoia y la Esquizofrenia completan el campo de la Psicosis. Es un cuadro clínico
abundantemente abordado por autores clásicos de la psiquiatría, y por Freud, quien hizo su aporte metapsicológico. Se
principal contribución no reside tanto en la descripción de las manifestaciones, sino en su esfuerzo por encontrar los
resortes causales que permitan explicarlas y a su vez diferenciarlas del duelo normal y el patológico. La descripción de la
melancolía se encuentra dentro del paradigma de las enfermedades mentales, y se la relaciona con el humor triste.
Desde la escuela francesa tenemos a Jules Seglas, al quien se le debe la estabilización del concepto melancolía. El autor
trata de ordenar un conjunto de signos clínicos que tienen un desarrollo particular. Habla de una melancolía simple (sin
delirio) y una melancolía delirante. Y, también, a Jules Cotard, que va a caracterizar una variante de la melancolía
ansiosa con delirio a la que llama delirio de las negaciones, construido en contraposición con el delirio de persecución
paranoico.

Semiología de la melancolía sin delirio y la melancolía delirante (Seglas).


Seglas, hace suyas las enseñanzas de Falret e intenta recortar un cuadro con un conjunto de signos semiológicos con una
evolución determinada. En función del criterio clínico evolutivo describe la melancolía simple que se organiza en función
de 3 rasgos fundamentales, entre los cuales hay una especie de eslabonamiento patogénico (unos son causas de los
otros):
1. Estado cenestésico penoso: el enfermo se queja de cansancio general, de una debilidad en las piernas, de
cefalea, un vacío en la cabeza, latidos en las sienes, palpitaciones, funciones digestivas trastornadas. Todos estos
síntomas dan como resultado un sentimiento corporal doloroso. Una vez que se produce por una causa orgánica
este estado de desequilibrio corporal afecta el intelecto, y se produce entonces el segundo síntoma, las
modificaciones en las operaciones intelectuales.
2. Modificaciones en las operaciones intelectuales : El desorden corporal se traduce en lo psíquico –paralelismo
psicofísico-, aparece entonces la lentitud para responder a los estímulos, le lleva esfuerzo hablar, caminar, por eso
descuida sus tareas, se recubre cada vez más en sí mismo, se vuelve cada vez más abúlico, tiene dificultades para
recordar, para mantener la atención, la percepción misma se lentifica. Hasta aquí es una alteración formal, no de
contenido.
3. Dolor moral (psíquico): es una consecuencia de los otros dos que se reduce a una depresión dolorosa, a un
sentimiento de impotencia, el sujeto se encuentra abatido, apenado. Esto va integrando toda la conciencia hasta
que no queda otra cosa que esa idea-dolor, todo se ve negro, todo se vuelve negativo.
Al comienzo de toda melancolía se observa un vago sentimiento de abatimiento o tristeza, de inquietud, incluso
de ansiedad, que el enfermo expresa espontáneamente cuando dice sentirse deprimido, incapaz de actuar, triste.
A la vez este dolor repercute sobre los otros dos síntomas, el malestar físico se vuelve mayor y las funciones
decaen; hay una retroalimentación. El dolor moral actúa nuevamente para aumentarlos, sobre los diversos
factores que le han dado nacimiento, determinando así del lado de lo físico la aminostenia o la tensión muscular,
los temblores, etc. mientras que del lado de lo intelectual todo esfuerzo se volverá imposible, como paralizado
(abulia, inhibición) o bien la atención se fijará como convulsivamente sobre un objeto. Así se establece un círculo
vicioso alrededor del cual gira el melancólico durante la duración de su enfermedad.
No hay acá alucinaciones ni delirios, aunque muchas veces da lugar a una melancolía delirante. Si bien es curable en
muchos casos, las recaídas son frecuentes y es una enfermedad que evoluciona intermitentemente. Es de difícil
diagnóstico porque está hecha solo de fenómenos elementales.
La melancolía delirante es un agregado secundario de a le melancolía simple, porque podría no estar, porque le sucede,
y porque el delirio tiene su fuente en los síntomas fundamentales de la misma.
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Consiste en un trastorno en el contenido de las ideas, que se particulariza en las concepciones delirantes y en las
alucinaciones. Las características de esas ideas delirantes y de las alucinaciones dependen muchas veces de las
características del sujeto, pero la mayoría de las veces se trata de una ideación de ruina, de culpablidad, de condena, de
negación (no es nadie, no tiene cuerpo), puede ser variado el contenido de las ideas pero tiene un rasgo común: el
rebajamiento de sí, que lleva al sujeto al autoreproche. Acá no se trata de una deducción o razonamiento consiente,
sino que el delirio es automático. Seglas dice que el diagnostico no se hace por el contenido de las ideas, sino por la
agrupación de una serie de características formales de ese delirio:
● Es secundario al dolor moral: surge como un intento de explicar el dolor moral.

● Es siempre penoso: todas las impresiones tienen este sello de lo desagradable, de lo negativo. Entonces
el enfermo siente que es incapaz, que es “una larva”, que no hay crímenes de los que no sea culpable.
● Es fijo y monótono: siempre gira en torno a la misma idea. El delirio es de escasos alcances en lo que
hace a la función restitutiva.
● También es pasivo, de inferioridad, de resignación, divergente o centrifugo (parte del sujeto y se irradia
hacia los demás. El enfermo teme ser una cargar para los demás, teme que por sus pecados paguen los otros, cree
que él es perjudicial para los demás), retrospectivo (el enfermo suele buscar en el pasado las causas de sus penurias).
El sujeto está en una posición de pasividad y resignación, ya no lucha. Espera el castigo sobre el cual tiene la certeza
absoluta de que se lo merece. Por eso se muestran abatidos, sometidos a un poder invencible, no pueden luchar, su
sentimiento de indignidad se los prohíbe.
● Es también entonces un delirio de espera: se espera que dios lo condene, se espera el
castigo. Seglas dice que por esto hay menos posibilidad de suicidio, aunque no siempre es así en la realidad.
● Predominan las alucinaciones visuales y olfativas.

Además, el delirio reviste una apariencia general de monotonía y al mismo tiempo de fijeza en relación con la detención
psíquica, bien diferente a la sistematización progresiva de otros delirios (paranoia). El melancólico gira siempre
alrededor del mismo círculo de lamentaciones monótonas, limitándose a algunas concepciones delirantes que lo
obsesionan de algún modo y que repite incesantemente. Otro carácter es la pasividad y la resignación del delirio de los
melancólicos. Se encuentran abatidos, sometidos a un poder invencible. El sujeto está en posición de pasividad y
resignación ante lo que le pasa. Su delirio es de espera y retrospectivo. Las características principales que diferencian al
delirio melancólico de otro tipo de delirios son: la génesis secundaria, la pena moral, la fijeza y la monotonía.

El “delirio de las negaciones” de Jules Cotard.

Cotard propone describir un tipo particular de melancolía que tiene por característica principal una tendencia a la
negación. Este delirio de las negaciones tiene un doble origen: la melancolía con depresión o estupor y la melancolía
agitada o ansiosa. La tendencia a la negación se expresa en tres planos:
● Plano del humor: el estado de ánimo se vuelve penoso, se ve todo negativo.

● Plano de las ideas: aparece la tendencia a negar su nombre, su edad, su filiación, la existencia de su propio
cuerpo. O por el contrario afirma que el mundo ha muerto y solo queda él. Tiene la certeza que no tiene
órganos.
● Plano de los actos: se da la oposición a hacer todo lo que se les pide, se resisten, al punto de llegar a un estado
de estupor, no quieren hablar, no quieren caminar, no quieren comer.
Lo interesante es que el autor construye el cuadro en oposición al delirio de persecución (paranoia):

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● En el delirio de las negaciones hay una hipocondría moral al comienzo, certeza de que son incapaces, y después
aparece la hipocondría física: no tienen más cerebro, ni estómago, ni corazón, están muertos. En el delirio de
persecución es al revés, la hipocondría física esta al comienzo y es seguida por una hipocondría moral
consecutiva. El enfermo acusa al mundo exterior, no se acusa a sí mismo, él es siempre inocente.
● En el delirio de persecución los enfermos tienen el orgullo muy alto, son más desconfiados con los demás que
con ellos mismos. En cambio, en el delirio de negaciones el enfermo se auto acusa, es indigno, culpable, merece
todas las penas, no poseen nada y no valen nada. Por eso el suicido es más frecuente y el homicidio más raro
que en un delirio de persecución.
● El autor también plantea diferencias con respecto a las alucinaciones. En los perseguidos hay más alucinaciones
auditivas y ellos discuten con esas voces. En la melancolía hay más alucinaciones visuales u olfativas y cuando
aparecen las auditivas es más bien un monologo, no se oponen a las voces, en todo caso las repiten.
● En cuanto a los delirios, por un lado hay de persecución y grandeza, y por el otro, de negación y de aniquilación.
Los enfermos niegan todo, no tienen padres, ni familia, nada existe ya.
● Las evoluciones de los cuadros difieren notablemente: en el delirio de persecución hay un comienzo temprano
que se desarrolla de manera lenta y progresiva durante toda la vida, a diferencia del delirio de negación donde
la enfermedad aparece bruscamente (idea de ruptura) y si se cura, la cura es brusca también.

Tellenbach, es un autor más actual, de los años 60 y suscribe a la fenomenología. El caracteriza los rasgos tipológicos
esenciales de la melancolía por fuera de los accesos, describe no el acceso sino lo que se llama periodo intercrítico, los
rasgos de esos periodos entre accesos. Esta tipología que describe se va a llamar thipus melancholicus y es de etiología
endógena ya que se desestabiliza ante ciertas coyunturas vivenciales que hacen que aparezca la crisis.
¿En qué consiste ese thipus? Son rasgos de carácter. En primer lugar, el afán de orden, el melancólico se somete a
normas y reglas. Es estrictamente prolijo, escrupuloso. El rango de anormalidad se lo da el hecho de que esto esté
exacerbado. Por esto es que Freud articula la melancolía al superyó: adhesión a las reglas y autoexigencia, querer hacer
todo de la mejor manera, sin descanso. Cuando el afán de orden y la autoexigencia actúan en su
conjunto, Tellenbach dice que todo parece compensando. Es un parecer y no un ser. Una mínima cosa que se desordene
va a crear un acceso porque algo no se pudo, no salió como quería.

La psicosis maníaco-depresiva en KRAEPELIN: clínica diferencial con la demencia precoz.

Kraepelin describe los aspectos maniacos que no habían sido tenidos en cuenta por los autores franceses. Va a
establecer una entidad mórbida de carácter endógeno, a la cual denomina psicosis maniaco-depresiva. Reúne bajo ese
nombre un grupo heterogéneo de estados patológicos principalmente porque no conducen al deterioro (demencia
precoz) ni a la consolidación de un delirio crónico (paranoia). Además, comparten una serie de rasgos fundamentales
que consisten en perturbaciones en las esfera intelectual, esfera afectiva y esfera volitiva. Estas perturbaciones
permiten que se separe dentro del cuadro un polo maníaco y un polo depresivo, que evolucionan cíclicamente por
accesos o fases, que a menudo presentan entre si una oposición completa. Luego, hay un intervalo lucido donde la
personalidad se encuentra totalmente restituida, se trata de un periodo libre de síntomas que aparece para luego volver
a recomenzar. Debido a esta evolución cíclica, crónica, otros autores la han llamado “locura circular”. Es en este punto
donde puede marcarse una diferencia con la esquizofrenia que evoluciona por brotes: luego del brote que tiene siempre
un comienzo agudo, la personalidad no se reintegra ad integrum.
Por regla general, en los deprimidos se encuentra una clara conciencia del carácter patológico de su estado, en las
formas más leves, pero cuando el delirio es más acusado, hay una perdida completa de la conciencia de la enfermedad,
rechazan la idea de padecer una enfermedad mental.

Características de la fase maníaca:


Esfera intelectual: fuga de ideas. El curso del pensamiento se acelera, el tiempo de producción de las ideas se vuelve un

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torbellino, los pensamientos aparecen uno detrás de otro con una rapidez que vuelve imposible que se fijen en la
conciencia. Imposibilidad de concentrarse, saltan sin cesar de una idea a otra. En cuanto al contenido: ideas de
grandeza, megalómanas. En un extremo o en el otro la productividad mental está seriamente afectada.
Esfera volitiva: excitación psicomotriz. Necesidad imperiosa de actuar, los enfermos se sienten en condiciones de
emprender todo tipo de planes. Si la excitación es muy alta se produce una manía aguda y los impulsos volitivos se
suceden unos a otros y la actividad termina siendo incoherente. El enfermo n siente cansancio, no se da cuenta. En el
plano del lenguaje aparece la logorrea que es como una verborragia.
Esfera afectiva: exaltación del humor. El humor se vuelve exuberante, excitado, alegre, eufórico. Sus impulsos sexuales
se ven reforzados. A veces esto lleva a la cólera, pasa de la alegría a la excitación colérica, entonces los enfermos se
vuelven violentos, insultan, tiran cosas.

Características de la fase depresiva:


Esfera intelectual: lentificación ideica. Hay una gran dificultad para pensar, el curso del pensamiento se lentifica y puede
llegar al punto de inhibirse [Link] los enfermos logran expresarse verbalmente apenas puede hablar, y
por lo general lo que dicen es de contenido triste. En cuanto al contenido del pensamiento: ideas de ruina, de
rebajamiento de sí y de autoacusación.
Esfera volitiva: inhibición psicomotriz. Voluntad paralizada, no tienen energía, no pueden tomar una decision y si la
toman no pueden llevarla a cabo. A veces es más la idea, el sentimiento de incapacidad: todo se les vuelve imposible.
Esto se traduce hasta el orden del lenguaje y aparece un lenguaje inhibido: no hablan, monosílabos, tono monótono.
Esfera afectiva: depresión del humor. Tristes, apesadumbrados, desesperanzados, sombríos. Absoluto abatimiento y
desencanto de la vida que puede llegar a que quieran ponerle un fin. En muchos casos y sobre todo cuando se pasa de
un estado a otro, predomina la ansiedad, una gran agitación interior que a veces lleva a la violencia. Muchas veces en
ese momento de pasaje es donde atentan contra su vida.

El problema de los accesos mixtos


En realidad puede haber accesos “mixtos” o “unipolares” (en realidad no son unipolares sino que un polo es tan sutil
que así lo parecen):

− Hipomanía –leve excitación maniaca-, manía aguda -incoherencia en el discurso e inestabilidad de la inteligencia
y pensamiento-, manía confusa -trastornos de la conciencia-.
− Melancolía simple: inhibición psíquica simple, sin trastornos sensoriales y sin ideas delirantes.

− Melancolía grave: trastornos sensoriales e ideas delirantes

− Melancolía paranoide: ideas de persecución y alucinaciones auditivas agudas- se siente observado, seguido-.

− Melancolía fantástica: trastornos sensoriales como ver espíritus, muerte, cabezas de animales. Justo con estos
también se dan interpretaciones delirantes de hechos reales, con contenido extravagante: cometió pecados
mortales, ideas delirantes hipocondriacas como que el interior del cuerpo está muerto. La conciencia esta
trastornada la mayor parte del tiempo.
− Melancolía confusa: caracterizada por trastornos profundos de la conciencia que recuerdan a los del sueño.
También hay numerosos trastornos sensoriales de carácter terrible, multiforme, e ideas delirantes confusas.
Sienten su mente aturdida, se sienten perplejos, no pueden reunir sus pensamientos.

CLĺNICA PSICOANALĺTICA DE LAS PSICOSIS

FREUD

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Diferencia entre neurosis y psicosis, los dos tiempos de cada una

En la situación inicial de la neurosis el yo, al servicio de la realidad, emprende la represión de la moción pulsional y se
logra la defensa; pero, en un segundo momento hay una reacción contra la represión y ésta fracasa produciendo un
resarcimiento de la moción pulsión (síntoma). Se trata de evitar un fragmento de la realidad, el neurótico no desmiente
la realidad sino que se limita a no querer saber nada de ella.

Es distinto lo que sucede en la psicosis, el yo, al servicio del ello, se retira de un fragmento de la realidad. Acá la situación
inicial es la patológica y la que puede llevar a la enfermedad; pero, el segundo momento presenta el carácter de la
reaparición ya que quiere recompensar la perdida de la realidad creando una realidad nueva que no ofrece el mismo
motivo de escándalo que la abandonada. Se reconstruye entonces un fragmento de la realidad, el psicótico no
desmiente la realidad y procura sustituirla.

Cabe destacar que tampoco en la NEUROSIS faltan intentos de sustituir la realidad indeseada por otra más acorde al
deseo, solo que eso se da en el mundo de la fantasía, justamente que el neurótico se refugie en la fantasía hace que
pierda el poder de transformar la realidad. Entonces en la neurosis el nuevo mundo exterior se apunta en un fragmento
de la realidad diverso del cual fue preciso defenderse (fantasía); la diferencia con la psicosis es que en ésta el nuevo
mundo exterior quiere reemplazar a la realidad exterior, es una realidad nueva.

La indagación psicoanalítica de la paranoia es posible porque los enfermos poseen la peculiaridad de traslucir, aunque
sea de forma desfigurada, aquello que los neuróticos esconden como secreto.

Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente (1911).

La primera enfermedad le sobrevino en otoño de 1884 Y a fines de 1885 había sanado totalmente. Su
médico Flechsig definió su estado como un ataque de hipocondría grave, ideas de enflaquecimiento corporal y de una
opresión en el pecho, también una idea de sufrir un reblandecimiento cerebral. En la época del ataque de hipocondría S.
llevaba algo de tiempo casado; pasa seis meses en la clínica de modo que queda muy agradecido con el médico, al punto
de que su mujer tenía su retrato en el escritorio. Tras la curación de la primera enfermedad convivio ocho años con su
esposa y eran felices, salvo por la frustración de no concebir hijos.
En junio de 1893 fue nombrado presidente del tribunal superior y asumió dicho cargo el primero de octubre. En el
intervalo entre el nombramiento y la asunción al cargo le sobrevinieron algunos sueños en los que la enfermedad volvía,
pero solo más tarde se vio movido a atribuirles significatividad. En una oportunidad, en un estado entre dormir y la vigila
(fantasía de duermevela), había tenido “la representación de lo hermosísimo que es sin duda ser una mujer sometida al
acoplamiento”.
La segunda enfermedad sobrevino a fines de octubre de ese año con un martirizador insomnio que le hizo acudir de
nuevo a la clínica de Flechsig donde su estado empeoró con rapidez. Ideas hipocondriacas, gran susceptibilidad a la luz y
al ruido, se daba por muerto y corrompido, permanecía sentado durante horas totalmente absorto e inmóvil (estupor
alucinatorio). Este cuadro se mezclaba con unas ideas de persecución. Poco a poco, las ideas delirantes cobraron el
carácter de lo mítico, religioso, mantenía trato directo con Dios. Tuvo que ser trasladado a otro instituto. Insultaba a
diversas personas por las cuales se creía perseguido y perjudicado, sobre todo a su anterior medico Flechsig: lo llamaba
“almicida”.
De esta manera es a partir de la psicosis inicial más aguda, que afectaba a todo el acontecer psíquico, se fue destacando
cada vez más el cuadro clínico de paranoia: El médico informante destaca el llamado a redimir el mundo (misión
recibida por inscripciones divinas) y que primero debía producirse la mudanza en ser mujer. Al principio la mudanza
estaba destinada a producirse con el fin del abuso sexual y no al servicio de propósitos superiores, es decir, un delirio de
persecución sexual se transformó en el delirio religioso de grandeza: al comienzo el papel de perseguidor lo ocupaba el
médico Flechsig (“se me entregaría a un hombre que le darían mi alma, y mi cuerpo mudado en mujer sería entregado
para que cometiera abuso sexual”) y más tarde Dios ocupó ese lugar (“Dios mismo ha sido cómplice del plan dirigido a
cometer el almicidio contra mí y a entregar mi cuerpo como mujerzuela”). La naturaleza primaria la fantasía de
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emasculación tiene relación con la representación de duermevela: “tiene que ser hermoso ser una mujer sometida al
acoplamiento”; fantasía que había sido devenido consiente en la época de incubación de la enfermedad y de la cual se
defiende. Luego hay un momento en que se establece el nexo entre la fantasía de emasculación y la idea de redentor y
se facilita una reconciliación con la primera: él estaba llamado a redimir el mundo, a ser la mujer de Dios creando una
nueva humanidad y así redimirlo. Freud sostiene que el delirio de redención es el núcleo de la paranoia religiosa.
El enfermo se consideró capaz y emprendió los pasos para conseguir el alta; el doctor se oponía a sus deseos y dictaminó
en su contra. Shreber en ningún momento desmintió o disimulo su delirio frente al tribunal para lograr el alta, al
contrario, realzo sus argumentos para la vida religiosa y sostuvo que la ciencia actual era capaz de invalidarla. Por su
agudeza y rigor lógico logra que en 1902 le den el alta y al año siguiente publica sus memorias.
La tercera enfermedad empieza cuando su esposa sufre un ataque e inmediatamente después él cae enfermo; es
internado en el asilo de Dosen. En 1911 muere con 69 años.

OCASIONAMIENTO DE LA ENFERMEDAD
Freud considera muy importante la relación que presenta Schreber con su médico Flechsig; es el autor de todas sus
persecuciones. Con respecto al vínculo preexistente entre el paciente y su médico tiene que ver con que S. le estaba
muy agradecido por haberlo curado en su primera enfermedad. Freud sostiene que quizás de ese estado quedó como
resto una dependencia tierna respecto del médico que se había elevado a una simpatía erótica: con respecto al periodo
de incubación de la enfermedad Freud relaciona el sueño de retornar a la anterior enfermedad con volver a ver
a Flechsig y la representación de que era hermosísimo ser una mujer sometida al acoplamiento con que la postura
femenina de la fantasía valía para el médico. Se le instaló enseguida un rechazo indignado de esa fantasía femenina
pero en la grave psicosis que pronto estallaría dicha fantasía se iría imponiendo sin pausa. Un avance de la libido
homosexual fue entonces el ocasionamiento de esta afección; es probable que desde el comienzo su objeto fuera el
médico F. y la revuelta contra esa moción libidinosa produjese el conflicto del cual se engendraron los fenómenos
patológicos.
Freud sostiene que la sensación de simpatía hacia el médico proviene de un proceso de transferencia por el cual una
investidura de sentimiento es trasladada de una persona para él sustantiva a la del médico apareciendo como un
sustituto, un subrogado de alguien mucho más próximo al enfermo. Flechsig es objeto de la libido homosexual a partir
de determinado momento porque esa figura convoca a la figura del padre en el Edipo en la posición pasiva femenina:
este médico que le da una clase de neurología convoca a la figura del padre de S., también medico y sobresaliente.

En conclusión: en el momento del ocasionamiento sobreviene un avance de la libido homosexual cuyo objeto es la
figura del médico (enganchada al complejo paterno, al Edipo pasivo, a la actitud pasiva frente al padre). Por otra parte,
el aparato psíquico no acepta este avance de la libido, se produce el conflicto y la psicosis, el delirio psicótico, viene a ser
la solución a este conflicto (en el delirio de redención la fantasía es aceptada). Freud entonces quiere mostrar el delirio
como una especie de solución de compromiso, lo acopla al modelo de la neurosis. Incluso sostiene que el surgimiento de
una fantasía de deseo debe ser entramado con una frustración que sería en este caso la de no poder tener hijos: el S.
forjó la fantasía de que si él fuera una mujer sería más apto para tener hijos y por eso el posterior delirio según el cual
por su emasculación el mundo se poblaría de “hombres nuevos de espíritu scheberiano” estaba destinado a remediar su
falta de hijos.

Las formas principales, consabidas, de la paranoia pueden figurarse como unas contradicciones a una frase: “Yo (varón)
lo amo (a un varón)”.
-Delirio de persecución -> Yo no lo amo, yo lo odio, porque él me persigue
-Erotomanía -> Yo no lo amo, yo la amo, porque ella me ama
-Delirio de celos -> No yo amo al varón, es ella quien lo ama
-Delirio de grandeza -> Yo no amo a nadie, yo me amo solo a mi

MECANISMO PSIQUICO
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Freud termina advirtiendo que la especificidad de la paranoia reside en el mecanismo. Primero pasa por la hipótesis de
la proyección: una percepción interna es sofocada y como sustituto de ella adviene a la conciencia su contenido, luego
de experimentar cierta desfiguración, como una percepción de afuera. En el delirio de persecución la desfiguración
consiste en una mudanza de afecto; lo que estaba destinado a ser sentido adentro como amor es percibido como odio
desde afuera (la persona amada es ahora la persona temida). La descarta porque sostiene que no está presente en todas
las formas de la paranoia (en el delirio de celos y de grandeza no tiene lugar la proyección), y que además no ocurre sólo
en la paranoia sino que se da en otras constelaciones de la vida anímica y por lo tanto, no es especifico. A partir de ahí se
orienta a buscar la especificidad de la paranoia en el mecanismo de la represión; sostiene que hay que descomponer la
represión en tres partes e intenta ubicar la especificidad en las tres:

1. Represión primaria: sitúa acá el momento que conforma la predisposición a enfermedad; se trata de
determinados puntos de fijación donde se adhiere la libido en su desarrollo normal y que después van a actuar
como un imán para atraer las mociones posteriores. El punto de fijación en la paranoia es el narcisismo, la fase
del desarrollo libidinal en donde el yo se toma a sí mismo como objeto.
2. Represión propiamente dicha: consiste en el desasimiento de la libido de los objetos y que esa libido vuelva a los
puntos de fijación; vuelta de la libido al yo –no a la fantasía como en la neurosis- produciéndose una especie de
narcisismo secundario
3. Retorno de lo reprimido: tiene que ver con la reconstrucción, el sujeto edifica nuevamente el mundo a través
del delirio; se había sepultado el mundo porque le había quitado la libido pero en el delirio paranoico lo
reconstruye para que pueda a volver dentro de él y por eso se habla de un intento de curación. Es en esta
tercera fase donde se puede ubicar la proyección: no era correcto decir que le sensación interiormente sofocada
es proyectada hacia afuera, más bien hay que decir que lo cancelado adentro retorna desde afuera.

Por lo tanto el mecanismo especifico de la paranoia es la represión, se deben situar los tres momentos con sus
particularidades, y cómo en el tercer momento queda incluida la proyección pero ahora reformulada.

Freud tiene el propósito de que el término parafrenia reemplace a demencia precoz y esquizofrenia y fuera diferenciado
de la paranoia. Habla de esta última como un tipo clínico independiente, aunque su cuadro se complique con rasgos
esquizofrénicos. Va a decir que la fase uno de la represión es distinta en ambas, presentan puntos de fijación diferentes
(en la paranoia llega hasta el narcisismo y en la parafrenia hasta el autoerotismo); la fase dos de la represion es igual
para las dos (consiste en desasir la libido de los objetos); la fase 3 es distinta porque está en correlación con la fase 1 (en
la paranoia es el triunfo de la reconstrucción por la vía del delirio, con la participación del mecanismo de la proyección
ahora redefinido; en la parafrenia el desenlace no es tan feliz ya que hay algunos intentos de restablecimiento, pero son
por otra vía, la vía de la alucinación). En el recorrido de la libido pueden quedar distintos puntos de fijación y eso un
poco da cuenta de que en un mismo cuadro clínico pueden aparecer fenómenos de una y de otra, tanto de la paranoia
como de la parafrenia Freud sostiene que el caso Schreber merece el nombre de demencia paranoide; lo parafrenico por
la relevancia de la fantasía de deseo y las alucinaciones, y el carácter paranoide por el mecanismo de proyección y
desenlace -triunfa la reconstrucción-

Duelo y melancolía (1917)

Freud hace una comparación entre duelo y melancolía. El primero se trata de una reacción frente a la perdida de una
persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. A raíz de idénticas
influencias, en muchas personas se observa, en lugar de duelo, melancolía. A pesar de que el duelo trae grandes
desviaciones de la conducta normal en la viva no lo considera un estado patológico; sostiene que pasado cierto tiempo
se lo supera.
La melancolía se singulariza en lo anímico por un sentimiento doloroso, una cancelación del interés por el mundo
exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí
exteriorizado en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta el castigo. El duelo muestra los mismos rasgos
excepto la perturbación del sentimiento de sí.

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El melancólico muestra una rebaja en su sentimiento yoico (que falta en el duelo), un enorme empobrecimiento del
yo. En el duelo, el mundo se ha hecho pobre y vacío; en la melancolía, eso le ocurre al yo mismo. El enfermo describe a
su yo como indigno, despreciable, se hace reproches, se denigra y espera castigo. El cuadro de este delirio de
insignificancia moral se completa con el insomnio, el rechazo del alimento y un desfallecimiento de la pulsión de
aferrarse a la vida. En el duelo el enfermo sufrió una pérdida del objeto; en el melancólico también, pero de sus
declaraciones surge una perdida en su yo. Se trata en la melancolía de autorreproches que en realidad son reproches
contra un objeto de amor y que han rebotado sobre el yo propio; todo eso rebajante que dicen de sí mismo en el fondo
lo dicen de otro.
Reconstruye entonces el proceso de la melancolía: hubo una elección de elección (una ligadura de la libido a una
persona determinada); por obra de una ofensa real o un desengaño de parte de la persona amada se quita la libido del
objeto, pero no se desplaza a uno nuevo, sino que se retira sobre el yo y se establece una identificación del yo con el
objeto resignado. Entonces lo que se produce es una regresión desde un tipo de elección de objeto al narcisismo: el
amor por el objeto se refugia en la identificación narcisista mientras que el odio se ensaña con ese objeto sustitutivo
insultándolo, denigrándolo, haciéndolo sufrir y ganando en este sufrimiento una satisfacción sádica (ambivalencia).

Explicación metapsicológica de la manía -> características opuestas a la melancolía se deben a que si bien ambas lidian
con el mismo complejo, en la manía o bien se lo domina, o bien se lo evita, pero no sucumbiría a este. Postulara
entonces un “triunfo” del maniaco, el cual daría como resultado la liberación de la energía que previamente estaba en
un estado de estancamiento, quedando ahora disponible para la descarga. A partir de este movimiento se explica el
estado jubiloso paradigmático de la manía.

LACAN

De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis (1955)

El significante del nombre del padre es el que posibilita que la cadena de significantes produzca efectos de significación -
en el eje imaginario- (a partir de la metáfora paterna) y es por la carencia de dicho significante que se produce la ruptura
de la cadena con su consecuente desastre imaginario en el sujeto.

En el Seminario III introduce la hipótesis más fuerte que va a plantear con respecto a la psicosis, la forclusion. Freud
habla de represión en el caso Schreber, pero se encarga de aclarar que es una represión especial, no es la misma que
funciona en el campo de la neurosis. Lacan intenta encontrar cual es el mecanismo específico de la formación del
síntoma en la psicosis, y ahí es donde va a plantear la hipótesis de la forclusion: un accidente del registro simbólico y de
lo que en él se cumple, a saber la forclusión del Nombre-del-Padre en el lugar del Otro, y en el fracaso de la metáfora
paterna, donde se designa el afecto que da a la psicosis su condición esencial, con la estructura que la separa de la
neurosis. Se trata de una preclusión en tanto ya no puede inscribirse en la estructura, no tiene retorno.

Tres tiempos:

● forclusión del nombre del padre

● para que la psicosis se desencadene es necesario que el nombre del padre, forcluido, es decir sin haber llegado
nunca al lugar del Otro, sea llamado en oposición simbólica al sujeto; el nombre del padre es llamado por el sujeto
por el padre real, no por el padre del sujeto, sino por Un padre, este es quien exige la simbolización. En Schreber en
la asuncion al cargo.
● Ese Un padre se sitúa en posición tercera en alguna relación que tenga por base la pareja imaginaria a-a’.

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La estructura del desencadenamiento, entonces, entraña dos premisas: una es una exigencia de simbolización, que le
exige al sujeto responder con un recurso simbólico, pero no lo hay, porque con lo que se confronta es con un agujero.
Pero no basta verse confrontado con tal situación, sino que inmerso en esa exigencia de simbolización el elemento
necesario que lo lleva a la psicosis es la intrusión de un elemento tercero, de Un padre en lo real. Cuando nos vemos
confrontados a asumir un rol que exige la simbolización, las identificaciones imaginarias no bastan, muestran su
insuficiencia. Los significantes que deberían permanecer anudados empiezan a desarticularse y al desencadenarse
pierden su capacidad de mantener un sentido ordenado. Se empieza a producir un efecto de significación enigmática en
la medida en que no ha operado la metáfora paterna.

Ahora bien, el ser la mujer de Dios (delirio de redención) es lo que le provee a Schreber una nueva significación; se trata
de una metáfora delirante que sustituye a la metáfora paterna, es decir, se trata de una significación fija a diferencia de
la fálica (donde se puede llegar a un sentido pero se va desplazando) que va a estabilizar al sujeto pero lo hace de
manera absoluta (metáfora impotente).

Disolución imaginaria y regresión tópica al estadio del espejo.


La disolucion imaginaria se produce cuando aparece una exigencia de simbolizacion por parte de Un padre que llama al
NdelP, en la psicosis al encontrarse con un agujero hay una regresion topica del estadio del espejo que es cuando el
sujeto vuelve a esa etapa previa a la asunción de un ser. Regresar a la etapa previa implica volver al momento de
fragmentación corporal y psíquica. Schreber dice “yo era un cadáver leproso que arrastraba a otro cadáver leproso”. El
sujeto nos habla de esa experiencia de fragmentación del cuerpo y a su vez de desdoblamiento, el yo esta desdoblado
en dos. Por otro lado está la regresión genética, como restauración imaginaria: “dado que no pudo ser el falo que le falta
a la madre, le queda ser la mujer que le falta a los hombres”. De esta manera puede volver a generar lazos con otros ya
que en la regresion topica no podia porque no habia eje imaginario, no se podia identificar.

Formalización de la solución de Schreber y sus componentes:


- Goce transexualista de la imagen: practica transexualista donde hay una imagen unificada frente al espejo.
- Metáfora delirante: el primer movimiento para salir de ello es esa elaboración paranoica de ser objeto de una
persecución, quieren abusar de mí transformado en mujer. Esa primera solución es una solución paranoica que vuelve a
darle el impulso vital.
Lacan plantea que la estructura de la psicosis está caracterizada por la forclusion en tanto hay un significante primordial
que no se ha inscripto, el significante del Nombre del Padre. En el momento en que en el sujeto ese significante es
llamado, el psicótico solo puede responder con un puro y simple agujero. A partir de que se produce ese desastre, el
sujeto emprenderá su restitución, aquí ubicaremos la estructura y función del delirio. En el lugar que falta el significante
vendrá a incorporarse la metáfora delirante, a partir de esto se abrocha un nuevo significado que permite detener la
casada de significantes sueltos, unir nuevamente el significante y el significado pero esto será de una manera fija,
coagulada, no dialectizable, que lleva las marcas de la forclusion, pero que igual le permite reorganizar lo imaginario y la
relación con el mundo exterior.
- El amor a su mujer: su mujer como pareja imaginaria
- El lugar del testimonio: haber escrito el historial
- Papel del ideal: ideal de ser la mujer de Dios, le permite reconciliarse con la idea de transformación en mujer, se le
vuelve acorde al fin del universo. La restauración Lacan la sintetiza con la siguiente formula “dado que no pudo ser el
falo que le falta a la madre, le queda ser la mujer que le falta a los hombres”.

Críticas al concepto de homosexualidad como factor etiológico.

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Para Lacan, la causa de la psicosis es significante: el desencadenamiento está relacionado con la asunción del cargo
como exigencia de simbolización. En cambio Freud lo piensa relativo a un avance de la libido homosexual en relación al
Dr. Fleschig. Este para Lacan no es el elemento tercero, Un-padre. Lo que vendría a ocupar este lugar es esta exigencia
de simbolización donde se encuentra con un agujero, un vacío. Eso en tanto critica, pero va a reformular la cuestión de
la homosexualidad para hablar de homosexualidad delirante, refiriéndose a las prácticas de travestismo de Schreber.
Con estatuto de restauración de la personalidad. La homosexualidad entonces no aparece como causa sino como
caracter de delirio, restitutiva.

La cuestión de las pre-psicosis.


Prepsicosis como imagen del taburete al que le falta una pata simbólica (significante privilegiado del Nombre del Padre
que no se inscribió), pero que muchas veces es sostenido por recursos imaginarios. Por ejemplo: identificaciones
miméticas. Sujeto apela a significaciones imaginarias, se adhiere a colección de rasgos superyoicos del deber ser y lo
sostiene hasta el brote.

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