PALABRAS OCULTAS
En los párrafos siguientes hay veintidós nombres propios de varón.
Surcar los mares sin equipaje, susurrar amores imposibles... aquel día que me
hablaste de tu poesía lució como nunca el ángel de tu rostro. Nada, ni nadie podría
hacerte renunciar a la alegría que te impregna, que da vida a las frágiles palabras
que surgen sin cesar de tu alma melancólica. Si no expresaras la armonía que invade
todo tu ser, te consumirías en el lodo negro de la tristeza. Cuanto más lejos envíes
tus sentimientos más enriquecedor será el perfecto regalo de las musas. Te
imagino recostada en tu diván favorito, recreando versos, soñando despierta con
nuevas metáforas que luego esconderás en el rincón más íntimo de tu armario. Con
tus poemas y tus modestos ripios... ¡qué feliz eres Isabel!
En los párrafos siguientes hay dieciséis nombres propios femeninos
El enamorado Mariano, natural de Andalucía y su jefe Juan Andrés, natural
de Galicia, ya no hablan cada mañana de la crisis económica. Sus análisis
financieros agravaron la inestable situación. Como Mariano se siente
valiente ha decidido regresar a su pueblo para empezar aquel interesante
negocio que siempre había soñado. Quiere ser feliz.
En el siguiente poema de nuestro amigo Miguel R. Monter Ragel hay seis
ciudades españolas.
Al casto le doy lo que piensan tan derechos vates
y aunque deja en mal lugar mis malas artes,
pienso, rían ustedes, si logro, ñoñerias aparte,
engañar a quien no cace restantes lugares.
En este texto hay doce palabras escondidas, todas son nombres propios
de varón.
El domingo estaba en este banco sentada con una amiga, cuando alguien
dijo: sé quién eres. Y me tendió la mano. Lo saludé temerosa y no me quise
acercar. Los pájaros cantaban sus locas tonadas y con sus trinos cargaban
el ambiente. Observé que mi amiga Mari no se sorprendía y seguía con su
labor. Jamás la había visto tan tranquila. Para remate, olvidé en el banco
el temario de mi examen.
En este texto hay doce palabras nombres de flores. Búsquelas.
Mi amiga Celi viene a cenar dos veces por semana. Siempre sabe
cómo contagiar alegría cuando aparece con sus vestidos de tul.
Ipanema es su ciudad natal. El otro día yo estaba ocupada liando las
croquetas cuando llegó. Ella, como una loca, me liaba todas a la vez
mientras bailaba al son de la música. La verdad es que bailando es
muy airosa. Al final, más que croquetas, aquello parecía un pelotón.
También le gusta mucho a Celi la pintura. Precisamente traía su
última adquisición en un papel de estraza: ha recibido un cuadro que
compró en una subasta. Yo, por mirarlo, me clavé los dos tenedores
que estaba usando. «Al final, he liado una buena», dijo ella.
En este texto hay once nombres de cosas que se pueden encontrar
en la cocina.
Cuando se trata de comer en casa, yo nunca zozobro. Pero si salgo
por ahí, sí que me paro a pensar. Tengo un amigo con el que voy a
comer algunos días. El otro día en un restaurante, mi amigo me
cogió una mano platónicamente y con la otra, por delante de mi
vaso, puso un collar en la mesa. Le rogué que me soltara y en ese
momento vino el camarero a servirnos la espuma de rábanos. Este
amigo tiene veraneando a su familia y no me pareció bien que
pudiera haber malentendidos. Este tipo de cosas a veces se
escapan. Era sólo un gesto de amistad, según me dijo.
En los párrafos siguientes hay trece nombres de muebles. Búsquelas.
El padre de Francisco, el niño más travieso del pueblo, no pudo aguantar más
y le gritó:
- ¡A tu habitación, castigado!
- ¿A mi habitación para jugar un rato?, preguntó Francisco.
- ¡No, a la cama, para dormir!
A las cinco de la tarde no apetecía mucho dormir, así que Francisco saltó
por la ventana y se fue a buscar a sus amigos.
- ¡Vamos a jugar!, ¿vienes?
De un ágil salto, pasó fácilmente la valla y se unió al grupo de chiquillos.
- ¿A qué vamos a jugar?
Mario, uno de sus amigos le contestó:
- Las niñas jugarán al corro, pero nosotros iremos al río y nos subiremos a
las rocas.
Aquellos juegos prohibidos, en la orilla del río, eran lo más divertido de
aquellas tediosas tardes de otoño. Dejaron a las niñas y continuaron por el
camino hasta el río. Cuando llegaron Esteban, el mayor de todos, exclamó:
- ¡Corre pisa la casilla!
Era el grito de guerra que rompía las hostilidades del grupo. La «casilla» era
una superficie rectangular que habían dibujado en la roca más alta. El niño
que la pisara primero sería el ganador. Esteban corría todo lo que podía pero
Francisco tenía más agilidad para trepar por las rocas.
- ¡Cómo das esos saltos!, le decía Andrés a Francisco.
Cuando llegaron arriba se encontraron a Francisco, con aires de triunfo,
brincando sobre la «casilla».
- ¡Qué la vas a romper, chaval!, le chilló Esteban, enfadado porque él no
había podido ser el primero.
Aquél rincón era su sitio favorito. Allí pasaban las tardes con peligrosos
juegos al borde de las rocas. Ese día Pedro había llevado un enorme saco en
el que se metieron Esteban y Francisco.
Al rato un tropel de niños entró en el pueblo chillando. Don José, el párroco,
preguntó al verlos llegar corriendo:
- ¿Qué ha pasado?
- ¡Que dos niños se han caído al río y están temblando de frío!
En los párrafos siguientes hay catorce nombres de animales. Búsquelas.
Las tardes que me aburro suelo asomarme al balcón para saludar con mi
pañuelo a los barcos que entran y salen del puerto. Me divierte contemplar
la línea azul del horizonte mientras mi hermana trata de enfocar los viejos
prismáticos del abuelo. Los días de temporal las olas rompen con fuerza,
levantando sobre las rocas torbellinos de espuma. Cuando está nublado y el
cielo acaba llorando, contamos historias sobre el tesoro del fin del arco iris.
Si la noche nos sorprende pasamos un buen rato nombrando las brillantes
estrellas. Yo amo el mar.
En los párrafos siguientes hay diez nombres de partes del cuerpo humano.
Francisco me cuida mucho, piensa en mí continuamente y está siempre
pendiente de lo que me pasa. Jugamos a la pelota, me enseña a leer y
escribir, me pasea en su patinete rojo y, algunas veces, me compra
caramelos.
Anoche había tormenta, oí dos truenos, me asusté y fui corriendo a su cama.
Me abrazó para que se me pasara el miedo y me prometió que cuando cesara
la tormenta iría a buscarme cinco doradas estrellas. Pude dormir pensando
en mis estrellas. Yo quiero mucho a mi hermano.
En los párrafos siguientes hay diez nombres de números.
Cuando te adentres en el mundo del conocimiento hazlo pacientemente, sin
prisas. Poco a poco aprenderás nuevos conceptos, sin dificultad. Mantén tu
mente abierta, deja que la sabiduría penetre; cerca de ti siempre
encontrarás a alguien dispuesto a enseñar. Esfuérzate, así la desidia nunca
torcerá el camino que te has marcado. Se humilde y sincero con tus
compañeros. Cuida tus libros, ninguno se merece que lo maltrates, sin darte
cuenta se convertirán en una buena compañía. Ayuda a tus maestros, la
docencia no es fácil sin colaboración. Estudia mucho y, sobre todo, aprende
a ser feliz.
En los párrafos siguientes hay diez nombres de frutas.
Me lo negaron mis amigos, pero estoy plenamente convencido que el oro y la
plata no sirven para nada. Pasan días sin temor a los fantasmas del pasado,
llegan otros en que se queman gozos y sombras. Finalmente aparecerán los
miedos que intentarán mandar inadvertidamente sobre tus sentimientos,
pero siempre triunfará el amor por la vida. El que sufre sabe que todos los
males tienen solución. Las desventuras no terminarán jamás, pero con
esfuerzo y tesón lograrás superarlas. Lucha por ser feliz.