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Sexualidades Y Afros Hablo Por La Diferencia: ISBN: 978-9974-8583-0-5

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SEXUALIDADES Y AFROS · HABLO POR LA DIFERENCIA

la diaria ediciones
Setiembre 2016 - Montevideo, Uruguay Índice
ISBN: 978-9974-8583-0-5

Redactor responsable: Lucas Silva


Edición: Apegé (Álvaro Pérez García) 5 I PRÓLOGO
Coordinación editorial: José Gabriel Lagos 6 I SEXUALIDADES
Corrección: Magdalena Sagarra 8 I QUE NADIE ME MIDA EL CORAZÓN APEGÉ
Diseño y armado: Jessica Stebniki, Martín Tarallo
1 4 I H U I R D E L P U E B L O PA R A S E R U N P O C O M Á S U N O L O U R D E S R O D R Í G U E Z
Ilustraciones: Federico Murro
17 I NO CABEN EN LOS CUADRADITOS BELÉN MASI
Consejo asesor: Valeria España, Ana Karina Moreira, Patricia P Gainza
22 I NUESTROS “TROLOS ASQUEROSOS” EMILIO MARTÍNEZ MURACCIOLE

2 6 I L E N G U A S T O R T Í S I M A S VA L E R I A E S PA Ñ A

31 I CUANDO NO ES NO GONZALO CURBELO

3 6 I O B S E R VA N D O E L PA L I M P S E S T O S E X U A L A L I C I A M I G D A L

40 I MONSTRUA CON VOZ DE TERCIOPELO ANA FORNARO

44 I HUMOR POLÍTICO Y DESGENERADO ROSARIO LÁZARO IGOA

4 9 I L A M Á S P E R D I D A Á LVA R O B U E L A

54 I AFROS

56 I NO ES SÓLO TU EXISTENCIA EUROPEA ANA KARINA MOREIRA

6 1 I E L C O L O R D E L C R I S TA L S O L E D A D P L AT E R O

63 I QUIÉN TIRA LA PRIMERA BALA LOUIS-GEORGES TIN

6 8 I N O S E R Á PA R A S I E M P R E PAT R I C I A P G A I N Z A

7 4 I L A S Q U E S A LVA N D E “A D E L A N TA R L A R A Z A” R O B E R T O G A R C É S M A R R E R O

7 9 I M Á S A L L Á D E L F O L C L O R I S M O A L E J A N D R O G O R TÁ Z A R

8 4 I E L C A P I TA L D E L C U E R P O R O S A R I O L Á Z A R O I G O A

8 9 I M A Q U I N I S TA S D E R A Z A L I L A M I C H A L S K I

9 4 I R E L AT O S

96 I LA VELADORA EMILIANO SAGARIO

1 0 0 I C O M O U N PÁ J A R O S I N L U Z I S I D O R E H U D S O N

1 0 4 I E L I N V I TA D O H O S K I

1 0 7 I A M O R PA R Á S I T O J O A Q U Í N R U S S O

110 I DESTINADOS MARÍA MOREIRA

1 1 3 I R E TA Z O S D AV I D R O D R Í G U E Z S A L L E S
[ APEGÉ ] PRÓLOGO

¿De verdad Incorrecta?


Que políticamente incorrecto o corrección política. Que políticas uni-
versales o focalizadas. Que las luchas perimidas o las contemporáneas.
Que sí pero no. Y ni una cosa ni la otra.
Esta publicación de la diaria, desde su inicio, se plantó en la con-
junción (la letra y, la que suma en complejidad), y no en la petrificante
letra o, por definición excluyente.
A veces precisamos el grito que va contra la corriente, a veces acep-
tar que las aguas fluyen en correntadas pertinentes, otras tomar como
bandera la duda frente a discursos consabidos sobre múltiples realida-
des que encarnan en cuerpos reales. Sufrientes, pensantes, sensibles.
Desde distintos estilos periodísticos o narrativos, eso hemos in-
tentado en 12 números publicados con el diario y en la selección de
textos que hoy presentamos (ni los más representativos ni los mejo-
res, apenas una muestra de su universo) en este libro que aborda dos
tópicos de Incorrecta.
Hacemos lo que nos gusta y queremos: preguntamos, nos detene-
mos en la sensibilidad de los sujetos y grupos abordados, pensamos
con la mayor libertad de la que somos capaces. No hay censura de
ningún tipo más que la pretensión de cierta calidad de la escritura, la
honestidad intelectual, el análisis. Nos detenemos en esa bastardea-
da: sensibilidad; y en las ideas pero destinadas a los sujetos. Y a dis-
tintos territorios: buscamos al otro, su pensamiento y sensibilidad a
través de colaboradores de muchas partes del mundo. Nuestro espejo
no puede ser siempre el mismo río. ¿Todo muy correcto? Un poco. Es
que Incorrecta quiere ser furia, rabia, amor y pensamiento. Y recor- 7
darse siempre que, para el caso, un homosexual o una travesti o un

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puto o una trava, y un afrodescendiente o un negro —toda enuncia-
ción depende de su contexto—, también responden a sus pertenen-
cias de clase. Cuerpo y estructura y. ■
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[ A P E G É ] L A D I V E R S I D A D S E X U A L A L A U R U G U AYA

Que nadie me mida


el corazón
En los últimos años ha habido avances, sí. Leyes que reconocen la
identidad de género, institutos estatales que protegen contra la discri-
minación, personas que se animan a denunciar situaciones de violencia
sufridas por sus orientaciones sexuales. La Marcha de la Diversidad se ha
convertido en una de las manifestaciones callejeras más populosas. Ade-
más de expresar la necesidad de salir del armario por parte de quienes
viven una sexualidad distinta a la que siempre se ha considerado la nor-
mal, la hetero, pone énfasis en los asesinatos de las mujeres transexuales,
en incorporar los asuntos de las sexualidades diversas en el sistema edu-
cativo formal, en vivir con un poco de alegría ese mandato del cuerpo.
Muchos advertimos, sin embargo, el peligro de que ese fenóme-
no que surgió de abajo, o de alguna pequeña comunidad organizada,
sea raptado por el poder y utilizado para sus propósitos más eviden-
tes: capturar votos. Tampoco hay que ser inocentes: quienes antes no
se alineaban con ninguna estructura partidaria ahora conquistan más
cosas insertándose en el poder, que no es inmaculado ni puro, militan- Hubo matrimonio igualitario, que, más que apuntar a la igual-
do y “haciendo cabezas” en los anquilosados machismos de hombres dad, fue un golpe a lo más reaccionario de la sociedad: políticos de
y mujeres, de derecha y de izquierda. Dan una batalla inteligente por otro siglo, iglesias de todo tipo, vecinos conventilleros y burgueses
revertir los discursos que tanto daño, por acción u omisión, nos han recalcitrantes. Hubo ley de identidad de género, que obliga a pensar
hecho. Esto ha pasado, y mucho, en varios ámbitos y en las dos orillas el asunto fuera de la monstruosidad, de algo contranatura o como
del Río de la Plata: académicos y militantes que pasan a engrosar las ejemplo nada edificante para las futuras generaciones, a darles nom-
filas de los progresismos porque se supone que ahora están del mismo bre de mujer a quienes lo sientan y a tratarlas como tales (con baños,
10 lado del mostrador. El intelectual orgánico gramsciano, podría decirse, médicos, tratamientos para ellas), aunque la realidad aún diste mu- 11
o el que fisura el poder desde adentro, porque ha comprendido que no cho de reflejar ese lugar ideal o paraíso cívico que las leyes (y muchos
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existe ese poder con mayúsculas, sino que ciertas cosas se transforman militantes) crean sobre el papel. Pero los papeles a veces le salvan la
desde lo micro, la empatía con otros (que no es nepotismo), y el hora- vida o le ahorran un mal trago a una persona, la protegen, le dan una
dar los discursos en el propio lugar de los discursos. existencia un poco menos amarga o cruda.
Hubo, también, un manual o guía que docentes, representantes del de mamá (el libro de Dani Umpi que apela justamente a desmitificar
Ministerio de Desarrollo Social, personas con propiedad para opinar so- ciertos asuntos: el niño se viste de mujer, y eso no significa nada más
bre sexualidad, biologías, crecimientos, géneros como construcciones que eso), por más libros como esos que los padres progres les compren
elaboraron a conciencia y durante mucho tiempo para que los docentes a sus pequeños “progresitos”, hay algo en los discursos de la nueva pro-
de la educación pública pudieran construir otra forma de conocimiento gresía sobre la diversidad y la sexualidad que se está instalando, gana
en torno a la sexualidad y pudieran, sobre todo, desarticular un poco los terreno y se vuelve, oh, esas vueltas del discurso, normal: el destino de
mandatos culturales que indican lo que se espera de una niña o un niño. casi todos es la familia.
No se puede ser tan perverso y pensar que quienes trabajaron en Papá y mamá, papá y papá, mamá y mamá, dos papás y una mamá
esa guía pretendían instalar el diablo en el cuerpo de los niños; pero sí o viceversa, un padre soltero y gay con un hijo adoptado, inseminacio-
la sexualidad: ¿quién se anima a negar a esta altura que los niños son nes, vientres prestados, y todas las combinaciones posibles.
seres alados y también sexuados? Esa guía no era de uso obligatorio No se puede ser una especie de provocador imberbe y sostener
y sólo les daba pistas a los docentes, tantas veces perdidos como los que la familia es una máquina reproductora y listo. Alguien debe
propios padres ante las preguntas de los niños, ante los asuntos de criarnos, ofrecernos amor, protegernos de los primeros embates de
género, ante el mandato social, ante el niño que se pinta las uñas y la la vida. También es complejo darle a entender a un niño que la se-
niña que toma un balón y camina distinto, demasiado masculinizada xualidad y el sexo, además de estar marcados por la cultura, claro,
para nuestro sueño de las hijas princesas. son asuntos propios, complejos y rebuscados. No digo esto para que-
Ya impresa esa guía, y a punto de ser divulgada, las autoridades darnos en el oscurantismo ni para acercarme a esos discursos bobos
de la ANEP, en un gesto de absoluto autoritarismo (y quién sabe por que repiten los más retrógrados, de derecha y de izquiera, católicos
cuántas presiones: políticas, sociales, religiosas), pararon el asunto. y ateos o laicos: que son los padres los responsables de la educación
Los argumentos fueron pobres y mentirosos: no se había discutido sexual y sentimental de sus hijos y que la escuela nada tiene que ve-
lo suficiente, dijeron, cuando en realidad el consenso institucional, nir a hacer en nuestro terreno. Tamaña estupidez y desconocimiento
profesional y militante había sido finamente trabajado. absoluto de la sociedad en la que vivimos y, ante todo, del dolor en
el cuerpo y el espíritu de un niño cuando, por ejemplo, su madre es
◆◆◆
una castradora importante y el padre le dice que eso que hace, vive
Entonces, cómo no, ha habido logros y avances. Pero de la ignominia, o piensa, pero fundamentalmente hace, es cosa de niñas, de mari-
el ocultamiento, el maltrato, y muchas veces del golpe, la soledad y el quitas. Y ni que hablar cuando esas cosas las piensan, y las dicen, los
abandono, no se sale con tres leyes, dos institutos, una guía y una mar- (malos) educadores.
cha una vez al año, así convoque a más de 20.000 personas. No saben, ni idea tienen, los replicadores de esos dictámenes, que
Cabe preguntarse, también, qué tipo de sujetos se intenta cons- se escudan tras el libre albedrío y el libre pensar, los años que le llevará
12 truir. Todo el mundo sabe que la escuela es el lugar de lo homogéneo a ese niño revertir la culpa, sentirse querido, limpiar casi con esponja 13
por antonomasia (ese sueño de uruguayidad): toditos iguales. de aluminio ese cuerpo, o más bien ese adentro, que considera sucio
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Ahí hay quizá un inconveniente serio al intentar incorporar la di- porque sus afectos primarios así se lo indicaron. Lo mejor que podrían
versidad a la educación: ¿diversos para que se parezcan a nosotros o hacer es callar, guardarse sus inteligencias toscas, de barricada, sim-
diversos para que sean otros, lo que quieran hacerse? Por más El vestido plemente por respeto al dolor ajeno. Al final, el verdadero asunto es el
miedo a la sexualidad, a la sensualidad, propias y ajenas, el viejo miedo Se ha avanzado bastante, sí, pero hay todo un universo que parece
a la libertad tan bien nombrado por Erich Fromm. Ya lo decía el viejo no ser registrado, o no se transmite bien el registro: no es lo mismo el
Freud: hay dos asuntos en la vida, la muerte y el sexo. Entre ellos nos interior que la capital, ni para los muchachos ni para los putos viejos,
disputamos, por ellos nos desvelamos. no es lo mismo ser pobre que de clase media, no es lo mismo ser mujer
Pero sí, hay un problema o una dialéctica sin síntesis entre la edu- biológica que transgénero. Además de desarticular los discursos de gé-
cación sexual y pública y el deseo de los sujetos, más bien la búsque- nero, hay que afrontar los privilegios de clase y de cultura. ¿Y quién le
da o el encuentro con esos deseos, que al final siempre serán propios. pone el cascabel al gato?
La síntesis imposible es la de crear una especie de “ciudadano sexual”, No basta con declaraciones ni institutos si aún andamos con
que repita o copie las formas del “ciudadano ideal”, ya hecho y derecho: miedo, si nos echan de nuestras casas, si uno aprende a manejar la
vivir en familia, crear familia, comportarse según los cánones de la fa- mirada y el cuerpo en la calle para cuidarse de la paliza o el insulto,
milia tipo, casarse. El niño que se siente mujer reproduce lo peor de la más allá de poder bailar cada setiembre protegido por una masa tan
mujer (que no de la feminidad), el gay contemporáneo se vuelve objeto potente como efímera.
de consumo (agencias de viaje para ellos, hostels para ellos, discotecas También hay otros discursos que pueden ser tan potentes, modifi-
para ellos). Se corre el riesgo de invertir todas las máscaras para al final car tanto las cosas y crear tantos significados, pero que pocos parecen
ponerse la del otro y no romper ningún espejo. Un cambio que, más anotar o son tratados como de segunda mano, de estatus minúscu-
que transformar las prácticas sociales, se vuelve un gatopardismo espi- lo. El artista argentino Fernando Noy dio un espectáculo en Monte-
ritual: cambiemos todo para que no cambie nada. video. Recitó poesías, ajenas y propias: de Marosa, de Pizarnik y de
Y la felicidad, muchachos, la felicidad. No quiero ganarme sobre una brasileña increíble, Adelia Prado. No sé cuántos putos, lesbianas,
fines de diciembre el título de amargo del año, pero la felicidad es un heteros, asexuados, o lo que fueran, había entre unas decenas de per-
momento, un suspiro. No podemos, otra vez, decir que comeremos sonas, pero en un momento dijo algo, él-ella, con todo su esplendor
perdices cuando ese horizonte llamado diversidad (un horizonte que vital, y casi al pasar, ya incorporado en su manera de ver o vivir su
muchos creen que existe y será tocado) se exprese en todo su apogeo. existencia: hay que cambiar de P (yo sentí que era una p mayúscula):
No, no existe, porque los cuentos de princesas y príncipes se acabaron menos Política y más Poesía. Eso dijo. Y no sonó naif, ni poco estra-
y, honestamente, son horribles. ¿No es de eso que también hablamos? tégico, ni inocente a la hora de mutar, de ser otros: amorosos, alados,
De eso y de que no es lo mismo el homosexual pobre y de barrio anárquicos.
que el gay de Pocitos. Lo decía en Incorrecta una travesti peronista ar- Sí podría hablar, entonces, de lo que nos falta, porque lo que
gentina (aunque uno no comulgue con el peronismo) con marcada tenemos ya tiene demasiada prensa. Nos falta una triple P: poesía,
posición de clase: los marginales, los pobres, los negros somos putos; pasión, putismo. ■
los gays son los que viven en Recoleta. Hay escalas y hay que verlas,
14 identificarlas según el momento histórico: las travestis son hoy el talón 15
de Aquiles del movimiento de la diversidad.
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“Ni una menos”, dicen las feministas cuando se refieren a las mu-
jeres muertas en manos de asesinos. ¿Y sus otras compañeras? ¿O para
las feministas las travestis no son mujeres, no adquirieron ese estatuto?
[ L O U R D E S R O D R Í G U E Z ] M I G R A N T E S S E X U A L E S E N U R U G U AY tiene el traslado dentro del territorio uruguayo. Coloca el foco en las
transformaciones de los “guiones sexuales” impuestos de estos suje-

Huir del pueblo para tos que migran en busca de localidades con menores grados de lesbo,
homo y bifobia.

ser un poco más uno Parte de la idea de que las identidades se basan en “definiciones
mutuas” e introduce el concepto de “carreras morales” como pro-
ducto de la interacción, devuelta en imágenes que hacen a la identi-
Tener que huir de sus localidades de origen para evitar ser aplasta- dad de los sujetos, así como al conjunto de imágenes con que el indi-
do por el estigma de “el puto” o “la torta” del pueblo, convertirse en viduo describe para sí a los demás. Las prácticas (guiones sexuales)
mito o leyenda o sacarse de encima el dedo de la vecina. Escapar de la demandan información, que es tomada de esas imágenes construi-
golpiza, del insulto sistemático o de sus familias. Buscar una ciudad das de sí mismos y de los demás (carreras morales). En el cambio de
donde poder hacer una consulta al médico sin sufrir hostigamiento, escenario interior-Montevideo las percepciones de sí, del entorno y
donde además acceder a vivienda y empleo dignos, cuando es posi- de los otros se resignifican y reorientan en favor del desarrollo de las
ble. Jóvenes con orientaciones sexuales diversas llegan a Montevideo identidades sexuales.
para empezar de cero. El vacío simbólico (o referencial) en sus lugares de origen arrin-
Estas cuestiones emergen de los relatos de 32 jóvenes de entre cona en sus armarios a los jóvenes con orientación sexual diversa. Su
20 y 29 años que se autoidentifican como lesbianas, gays, bisexuales, deseo no existe, no se visualiza, no se nombra. Lo que les ocurre “no se
“msms” (sigla que significa “mujeres que tienen sexo con mujeres) y habla” ni en sus casas ni en las currículas educativas. La constatación
“hshs” (“hombres que tienen sexo con hombres”). Todos entrevistados de Martinelli es que una vez en Montevideo descubren que no están so-
por Romina Martinelli para su tesis de grado “Migrantes sexuales: Éxo- los, que hay otros como ellos. Sólo esa comprobación disminuye con-
do en suelo uruguayo”. siderablemente la “tensión, angustia y soledad” del sujeto. En el suelo
La migración sexual es una realidad de larga data, pero una nove- montevideano conocen nuevas personas y suelen aparecer “nodrizas
dad conceptual poco explorada. La búsqueda y el traslado a destinos lgb” o hadas madrinas que los conectan con nuevos escenarios: lugares
menos hostiles con la diversidad sexual suele encubrirse tras motiva- de encuentro e intercambio específicos (marchas, boliches, ciclos de
ciones económicas, académicas, familiares o de salud. Martinelli in- cine, seminarios, talleres) amigables con ellos.
daga cómo el cambio de escenario interior-Montevideo posibilita una Martinelli habla de un nuevo proceso de socialización secundaria.
“mayor laxitud” para negociar identidades “no heteroconformes”. Se producen cambios en la manera de autoconcebirse, de valorarse,
Sin estar exenta de violencia o discriminación, la capital ofrece de relacionarse, de redefinir y renegociar significados, y por ende de
elementos materiales y simbólicos que funcionan como “válvula de vincularse. Estos elementos reflejan la transformación de sus carreras
16 escape” de las tensiones impuestas por el statu quo heteronormativo, morales y habilitan nuevos guiones sexuales. 17
y permite tener una vida mejor en relación con las experiencias de sus Las personas que cuentan con el apoyo de su núcleo primario radi-
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comunidades de origen. cado en el interior evidencian procesos “más favorables” que aquellas
Martinelli recorre las trayectorias identitarias de jóvenes que por- que no están respaldadas. Hay quienes han podido gestionar su orien-
tan una sexualidad “disidente”, buscando desentrañar el impacto que tación sexual entre amigos y familiares, pero no en sus trabajos, donde
más bien la ocultan. En la capital este es el ámbito donde se acumulan [ BELÉN MASI ] TRES VIDAS TRANS

las nuevas dificultades y tensiones para los jóvenes lgb (lesbianas, gays
y bisexuales), msms y hshs.
En los relatos aparecen situaciones diarias de discriminación y te-
No caben
mor al rechazo y la exclusión. Lo que sucede en el ámbito laboral se
vuelve clave porque la pérdida de un puesto de trabajo puede suponer
en los cuadraditos
tener que regresar al interior y allí se pone en juego no sólo un salario
sino todo un proceso personal. Por otra parte, quienes sí han salido del “Me hiciste levantar temprano, ni tiempo de afeitarme tuve”, me dice
armario en sus trabajos comprueban que pueden construir relaciones Verónica y larga la carcajada. Su risa rebota en las paredes descascaradas
más “auténticas y saludables” a la vez que conviven con un menor gra- de la sala de visita. Tiene el pelo negro, largo y lacio y unas caravanas de
do de tensión y tienen mayor autoconfianza para desempeñarse en colores que levantan el gris de sus calzas y buzo.
diversas tareas. Está privada de libertad hace cuatro años y le queda poco más de
Los jóvenes que vuelven con mayor frecuencia al interior son, una uno para salir. No aguanta más. Su historia es la de un largo encierro: en
vez más, los que han transitado procesos positivos de salida del ar- un cuerpo que no le pertenece desde chica, en el INAU de adolescente,
mario con sus familias. No obstante, incluso estos realizan “modifi- en la cárcel ahora. Y también es la historia de la resistencia: de niña usaba
caciones temporales” relacionadas a su identidad sexual. De alguna la ropa de su abuela, años más tarde terminó el ciclo básico a los golpes,
manera, vuelven al clóset en su territorio de origen: “omiten” su orien- luego las coreografías de Beyoncé para sus compañeras del módulo 4.
tación sexual fuera de su familia —para no exponerlos o “faltarles el Durante mucho tiempo vivió, sintió y se movió como le enseñaron.
respeto”—, no viajan con sus parejas, no hablan de su vida afectiva o “No es lo mismo aprender de una chica trans que de una mujer”, sen-
caminan y se visten diferente. tencia y recuerda la vez que la echaron a ella y a su amiga de la sala de
Martinelli también arroja luz acerca de cómo las construcciones espera de un hospital por lucir shorts y tacos altos, porque los guardia-
sociales en torno al género posicionan diferente a varones y mujeres nes de la moralina barata no descansan y el “puto del pueblo” es un
al momento de negociar sus identidades. Si bien ambos desafían la blanco fácil.
normatividad al generar vínculos sexuales y afectivos con personas Casi de casualidad descubrió que la peluquería le apasionaba y
de su mismo género, entiende que la peor parte la llevan las mujeres tomó todos los cursos que pudo. Pero eso no le da la plata suficiente
lesbianas, bisexuales y msms. Contrariamente, la mayoría de los en- y nadie la contrata para otro trabajo. Como tantas otras trans, se vio
trevistados tiene la percepción de que es más difícil para los varones empujada a la prostitución. La practica desde muy niña y, paradójica-
tramitar su “disidencia” sexual, porque quedan más expuestos y por- mente, fue lo que le permitió soñar con cirugías estéticas para moldear
que la invisibilidad les otorga a las mujeres “disidentes” una zona de ese cuerpo que no siente suyo.
18 confort y refugio. Para la investigadora, estas mujeres, que dejan de Sus días transcurren en la monotonía del encierro, que combate 19
estar disponibles para el deseo heterosexual y para la reproducción, escuchando la radio y mirando la televisión, pero disfruta de su rutina: la
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parten de un orden sociosexual de menor privilegio, mientras que los limpieza y el orden mientras baila al ritmo de Lady Gaga. Todas las tardes
varones históricamente han tenido amplios permisos para disfrutar a toma mate con su novio, a quien conoció ahí adentro. Luego de muchas
sus anchas de su sexualidad. ■ idas y vueltas entre convivencias turbulentas y cambios de módulo,
lograron hacer funcionar ese cable a tierra. “Yo parezco tarada, pero no la piel y en su mirada. Sus ojos vidriosos dejan ver la tristeza de alguien
soy. Sé que se mandó sus cagadas, pero acá me aguanta la cabeza”, cuenta. que ha recorrido un duro camino para llegar a donde llegó.
Hoy su vida depende de ese precario equilibrio emocional. Cuando Hace unos años quiso adoptar a un niño con VIH pero, una vez más,
salga, dice, va a comenzar de cero, con la nariz respingada y unas “tetas su deseo se vio interrumpido: “Mi pareja no quería y yo tenía muchas
bien grandes”. Por ahora, sigue limpiando su celda hasta que empiece la ganas, entonces me separé, pero después me dijeron que nadie me iba a
novela. dar un niño a mí y dejé de intentarlo”.
Laura cuenta todo con una naturalidad inquietante, como si ese his-
El cuerpo como territorio de lucha. El cuerpo propio sentido como ajeno, torial de violencias infinitas fuera parte lógica del derrotero de cualquier
el cuerpo ajeno interpelando sobre el propio. El cuerpo que se mutila, se vida. Resiste valientemente los embates de un mundo que le dice cómo
transforma, se depila, se tiñe, se tatúa, se infla, se achata, se moldea, se tiene que ser, a quién tiene que amar, cómo tiene que vivir. Ella sabe per-
faja, se aprieta, se penetra. El cuerpo que se vende, el cuerpo que duele, el fectamente quién es, y que no nació en un cuerpo equivocado: “Puto o
cuerpo que cicatriza, el cuerpo que resiste. trava, aunque ahora se diga trans, yo soy trava”. No le interesa realizar el
cambio de nombre y sexo registral ni someterse a ninguna operación.
Laura tiene 54 años y se maneja como quien sabe que está viviendo de Lleva con orgullo el pelo rubio hasta los hombros, la sombra celeste, la
prestado. Habla pausado y gesticula con unas manos curtidas que el es- genitalidad masculina, la polera de algodón violeta.
malte rojísimo no logra disimular. La esperanza de vida para chicas como
ella apenas roza los 40 años, algo que la convierte literalmente en una La maternidad como mandato, la maternidad como deseo, la maternidad
sobreviviente. como designio inevitable. La maternidad contradictoria, los roles espera-
Al igual que tantas otras personas de su edad, no pudo escapar al dos, los hijos no deseados. La maternidad biológica, la maternidad amo-
horror de la dictadura. Debido a su identidad de género fue ilegalmente rosa. La paternidad inexistente.
detenida en varias oportunidades en las que la torturaron e interroga-
ron a fuerza de picana y submarino. La calle nunca fue un lugar seguro En los 90, nadie hubiera imaginado que Pablo iba a convertirse en Bár-
para ella. No lo era entonces, no lo es ahora, donde se ve a diario ex- bara. Por ese entonces era marino y pudo desarrollar una carrera que la
puesta a los gritos e incluso cada tanto a alguna pedrada de los cobar- hizo llegar a ser capitán de ultramar. Quince años viajó encerrada en un
des de siempre, esos anónimos que juegan a ser hijos sanos del patriar- mundo de varones. Quince años habitando un cuerpo biológicamen-
cado y la heteronorma. te masculino y comportándose como la sociedad esperaba. No lo vive
A los ocho años fue víctima de una violación que le robó la inocen- como traumático ni le busca explicaciones. A veces las cosas son así sin
cia para siempre. A los 12 abandonó el hogar de sus padres y nunca más más. Fue “un trabajo como cualquier otro”, que cumplió silenciosa y que
volvió a saber de su familia biológica. Naufragó en los mares de la prosti- le permitió conocer gran parte del mundo y ahorrar el dinero suficiente
20 tución y los trabajos precarios, uno tras otro, día tras día, año tras año. Es- para estudiar enfermería, su real vocación. 21
quivó las enfermedades de transmisión sexual y las relaciones de pareja Bárbara se sintió mujer más tarde en la vida de lo que por lo general
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violentas no sin dolor. Subir la voz por derechos mínimos, como negarse le sucede a otras chicas trans. Como para todas, el principio fue duro:
a tener relaciones sexuales sin preservativo o reclamar por condiciones en un mundo donde no hay espacio para las identidades sexuales que
de trabajo no esclavizantes, le valieron duros golpes que cicatrizaron en no se adecuan al binarismo biológico macho/hembra, casi nadie puede
escaparle al trabajo sexual. Pero ella era grande y, si bien el tránsito en- La vida en los márgenes de la ciudad, de la ley, de la identidad. La vida
tre géneros fue profundamente difícil, la encontró en una mejor posición alejada de toda institucionalidad. La vida sin gas, luz ni agua. La vida
para elegir. No quería estar con cualquier hombre en alguna habitación sin salud ni educación. La vida sin ocio ni esparcimiento. La vida a las
de mala muerte. sombras de un Estado ausente, sólo presente en la represión. La vida per-
Se alquiló un departamento donde atendía a dos o tres clientes fijos. seguida, la vida ninguneada, la vida estigmatizada.
Les cobraba “por adelantado, obvio”, una cantidad importante de dinero
que podía duplicarse “si pedían cosas que normalmente no hago”. Intento acercarme a Mónica. Me mira con desconfianza y sin vueltas me
Fue en el submundo de la prostitución VIP donde conoció a Isabel, dice: “Si venís a decir la palabra del Señor, arrancá por allá”. Hace años
una hermosa mujer italiana con quien compartían la ocupación al igual que trabaja en la calle esquivando, entre tantos otros atropellos, los in-
que la profunda sensación de soledad. Fueron primero amigas, luego se tentos evangelizadores de los jóvenes católicos referentes de la inquisi-
dieron cuenta de que estaban enamoradas y a los pocos meses estaban ción modelo siglo XXI.
viviendo juntas. Bárbara finalmente consiguió trabajo de enfermera y la Es alta y flaca, con unas piernas eternas que, dice, heredó de su ma-
vida siguió su curso entre las plantas y los perros en su casita de Bella Italia. dre. Cuando habla, desborda energía y un perfume dulce. “Es importa-
Un día, el amor entre ellas —intenso, disidente, rebelde— dio sus frutos: do, ¿eh? Me lo trae una prima de Rivera”, dice con jactancia. Desde muy
Isabel quedó embarazada y nueve meses más tarde tuvieron a una niña. chica descubrió que le gustaban los nenes cuando se empezó a fijar en
Hoy Micaela tiene tres años y hace uno que la mujer que la llevó en el hermano de su amiga de clase. Con el niño intercambiaban besos y
el vientre no deja que la vea su otra progenitora. Como en una película caricias en la oscuridad de un rincón de la escuela. Cuando la maestra
de horror, de un día para el otro, Bárbara se quedó sin la niña y sin su se enteró, llamó a su madre para decirle que tenía un hijo enfermo. La
compañera que quería “un padre de verdad” para su hija. Tal fue el dolor madre, contundente, respondió: “La enferma sos vos, mi hija va a ser lo
y la confusión que intentó volver a ser Pablo, pero ya no lo sentía, y en un que quiera ser”.
intento contra sí misma, terminó atontada por la medicación psiquiátri- Desde entonces, esa fuerza la sostiene y la hace desafiar los avata-
ca y su promesa “normalizadora”. res propios de quien no se adapta a los cánones sociales de la “norma-
Mientras me cuenta de su lucha cotidiana en juzgados y defenso- lidad” sexual. No se detiene ante las agresiones de algunos clientes ni
rías me pregunta si tengo hijos. Le respondo que no, pero intuyo por las amenazas de otras chicas que se disputan la esquina para trabajar,
dónde viene su duda y decido contarle una de las tantas historias de tampoco ante las quejas de su novio que no quiere que se dedique al
la disfuncionalidad de mi familia; tal vez la ayude a no sentirse tan comercio sexual. “Él me conoció así, y si no le gusta, que se busque a
sola. Su angustia es existencial, profunda, primitiva, es capaz de todo otra, yo necesito tener mi platita”, afirma con convicción.
para poder ver a su hija y, sobre todas las cosas, poder verla feliz. Pasa un auto, toca la bocina, le gritan obscenidades. No puedo sa-
Es capaz de olvidarse de sí misma envuelta en mandatos que otros ber si es porque ha naturalizado ese tipo de episodios violentos o sólo
22 dictan para ella. para no darles la atención que no merecen, pero ella ni se inmuta. 23
La charla continúa amablemente, me cuenta que ahora vive con su Sigue tomando grapa de una botella de Sprite mientras se acomoda
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madre y todos los viernes van al cine. Cuando nos despedimos, luego de el pelo, dejando un moño bien tirante. Al irme le deseo torpemen-
atravesar la puerta, se da vuelta y me dice: “Pero vos, a pesar de todo, te suerte en esa fría noche. Me responde desafiante: “Suerte no, mi
amás a tu papá, ¿no?”. amor, se dice mierda”. ■
[ EMILIO MARTÍNEZ MURACCIOLE ] HOMOSEXUALES Y TRANS EN FLORIDA vocatoria “fuera inclusiva”. En el programa Rompecabezas (TVF) el
director de Cultura, Álvaro Riva, opinó sobre la iniciativa: “Son cam-

Nuestros bios que se promueven desde ambientes políticos, con discursos que
no encajan en el contexto”. Aunque la convocatoria fue la de siempre,

“trolos asquerosos” Fernanda Mattiaude, trans, se anotó y participó. El día del certamen
Fernanda fue recibida por una ovación del público que fue al Teatro de
Verano. “Cuando dejas de preocuparte por lo que va a pasar, empiezas
a disfrutar lo que está pasando”, puso ese día en su cuenta de Facebook.
En Uruguay hay una constante migración sexual hacia Montevideo,
desde la mayoría de los pueblos y ciudades del resto del país, ese 99,8% “Comportate como un varón, porque no sos una nena”, le dijo una maes-
del territorio nacional que se suele unificar como “el interior”. La tesis tra a Michelle cuando iba a la escuela. “Frente a los 30 compañeros, me
de la socióloga Romina Martinelli, reseñada en Incorrecta por Lourdes quería morir. No quería ir más”. La evaluación de “sus actitudes de niña”
Rodríguez (ver página 14), aborda esa migración, la de los que tuvie- por parte de una maestra y el hostigamiento de compañeros en el recreo
ron que “huir de sus localidades de origen para evitar ser aplastados son sólo algunos de sus recuerdos escolares. Igual o peor fue el liceo. Si
por el estigma de ‘el puto’ o ‘la torta’ del pueblo, convertirse en mito entraba al baño de mujeres era un escándalo y del de varones podía salir
o leyenda o sacarse de encima el dedo de la vecina”. “El éxodo”, según golpeada. “Antes de ir al liceo hacía todo lo que podía en casa y, apenas
escribe Martinelli, “irrumpe como un evento de esencial importancia terminaba la clase, salía rapidísimo para volver a casa, al baño”.
en la vida de las personas”. En un mundo hostil, terminó sexto. En su familia las cosas se com-
Leo y me invade una pregunta: ¿cómo la deben haber pasado los plicaron a medida que se reafirmaba en su estética (y en su ser); con
que, pudiendo irse al carajo, se quedaron, por ejemplo, en la tan fiel poco más de 20 años se fue a vivir con quien hoy es su pareja.
y conservadora Florida? Y reformulo: ¿cómo la deben estar pasando? Michelle, que tiene 28, es estudiante avanzada del profesorado
¿Por qué se quedaron? de Historia en el Centro Regional de Profesores del Centro (Cerp) de
Florida. Su primer día “fue un escándalo”, aunque nadie le dijo nada.
A Florida capital la habitamos 33.000 personas. Caminar tres cuadras Fue maquillada y de tacos. A los pocos días se organizó un taller sobre
implica, en promedio, seis o siete saludos. diversidad. A ella le parecía que era demasiado. Incluso llegó a inco-
En la entrada principal a la ciudad, la del puente Piedra Alta, hay modarla. Especulo que tal vez era la primera vez que su entorno se es-
una imagen enorme de la Virgen de los 33. Su fiesta, en noviembre, es forzaba para que pudiera ser ella, y no que ella tuviera que amoldarse
una de las principales celebraciones lugareñas, con la de San Cono, la al entorno. Sí, me dijo, y destacó que hoy considera “un placer estar en
que más convoca. el Cerp. Vivo una libertad que no viví antes. Me siento en mi mundo”.
24 La Intendencia de Florida, en el discurso del 25 de agosto de 2012, ¿Montevideo? “Es cierto que tendría un poco más de libertad, pero no 25
oficializó su postura contraria a la interrupción voluntaria del embara- varía tanto si el asunto se lleva a algunos planos, como por ejemplo el la-
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zo, y el intendente, Carlos Enciso, no apoya el matrimonio igualitario. boral. Si no fuera así, no habría tantas personas prostituyéndose en Bu-
Para la elección de la reina del Carnaval de este año, la edila del levar Artigas”. Le pregunto si se siente más tolerada que otras personas
MPP Gabriela Rodríguez pidió a la Intendencia de Florida que la con- trans. “Tal vez ser una persona de perfil bajo. No haberme prostituido,
que para muchas termina siendo la única salida laboral, ha llevado a suponemos juntos. No se fue de Florida: “Nunca le di bola al tema de la
que de repente la gente sea un poco más tolerante conmigo. Pero no es discriminación, pero lo que sí me está calentando mal, y que es lo único
que me cuide para que la gente me tolere. Yo soy así”. que me llevaría a irme, es conseguir trabajo”.

En 2013 hubo en Florida, en la Junta Departamental, una actividad ten- Santiago, que tiene 26 y es profesor, rompió con la seguidilla de ne-
diente a “disminuir la fuerte homo-lesbo-transfobia que existe en el de- gativas que yo venía sufriendo cuando intentaba entrevistar varones
partamento”. La impulsó un edil blanco en acuerdo con la organización homosexuales. “A mí siempre me dio bastante igual lo que la gente
Ovejas Negras. Lo hizo para evitar una denuncia. Unas semanas antes, opine, o por lo menos entre comillas me daba igual, porque hay que
el edil Ignacio Costa se había quejado vía Twitter de que el programa esforzarse bastante para que no te afecte. La gente te hace sentir ver-
Santo y seña (Montecarlo) dedicara tiempo a un informe sobre las ba- güenza de ser como sos”. Es que en el pueblo no es fácil, el entorno
rreras que deben enfrentar las personas trans. “Tanta cosa turbia que habla del deber ser, y todo, siempre, es en formas heteroconformes.
hace el gobierno y hacen informes sobre los trolos asquerosos esos”. Y “Lo asumí pensando que era algo que estaba mal. Hasta llegué a pen-
remató: “¡Qué asco! Los programas ‘periodísticos’ no encuentran temas sar que iba a tener que formar una familia tipo hombre, mujer, niños,
más importantes para tratar que el putismo”. Después vinieron las dis- casa, auto y perro, porque era lo esperado”. Ocultarse o aparentar lo
culpas públicas y la actividad que se llevó a cabo en la Junta. que no se es “siempre es protección, más que nada a la familia. Cuan-
do el rumor anda por todos lados, te rodea y te puede destrozar”, dice
Cuando tenía 12 años, Agustina —que hoy tiene 23— aprendió rápi- Santiago y, aunque pensaba irse, se quedó. “Montevideo en cierto
damente cómo funcionaban las redes de comunicación en su pueblo, punto es un libertinaje. Hay boliches gay, juntaderas de diferentes ti-
Sarandí del Yí, en Durazno. Quiso fumar su primer cigarro. Pitó en un pos, la manera en la que te vas relacionando es diferente, y eso puede
escondite y volvió a su casa. Cuando entró, su madre ya lo sabía. Desde ir dejando huellas en la vida de una persona. Yo prefiero mi vida tal
niña Agustina sentía que le gustaba su mismo sexo, pero “claro, estuve como es, ordenada, prolija”.
peleando, diciendo que no, porque mi familia era muy de campo, con- En Florida, en los últimos años, “han cambiado muchas cosas”. En
servadora, y no me daban los huevos para decir en mi casa ‘me gustan el liceo, por ejemplo, no sólo aparecen varones homosexuales que no
las nenas’”. De todos modos, le llegó lo que a la mayoría: el sacudón se ocultan, sino también que están de novios y así se muestran.
familiar. Como ya no vivían en Sarandí del Yí, sino en Florida, se escapó También es cierto, apunta, que muchos chicos prefieren esconder-
de ser ‘la torta del pueblo’ y, peor aun, la que se viste como un hom- se, que la preocupación principal sigue siendo “la familia” y que “están
bre. Todo se hizo menos difícil, supone, porque Florida le dio un nú- como locos por terminar el liceo para poder irse a Montevideo”.
cleo de amigos que siente repleto de fortalezas. “Conozco pibes gay que En la charla le dije a Santiago lo que, en parte, me parecía evidente:
se juntan con gente que señala mucho las opciones de los demás”, así tal vez quedarse en la aldea haya sido una forma de hacer algo por cam-
26 como conoce a quienes no sólo no admiten su homosexualidad, sino biarla. Quizá esté “aportando mucho” y todo sin proponérselo, dijo, y 27
que además tienen expresiones homofóbicas. El tiempo terminó qui- siguió hablando, junto a su pareja, de otros temas más concretos, como
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tando el velo. “¿A quién se la maquillaban?”, se pregunta Agustina: a lo la calentura por lo que les había pasado la noche anterior: iban junto a
‘correcto’ que, inconscientemente, los había construido a ellos mismos unos amigos a W Florida y no los dejaron entrar: “La casa se reserva el
con los ladrillos que fueron tomando del ambiente en el que se criaron, derecho de admisión”. ■
[ VA L E R I A E S PA Ñ A ] É T I C A T O R T I L L E R A , L E S B I A N A S Y S U D A C A S

Lenguas tortísimas
Desde el Río de la Plata, emerge la Ética tortillera (Madreselva, 2015),
de Virginia Cano, una recopilación de ensayos que ha sido considerada
uno de los “aportes sudacas” más significativos de los últimos años a la
teoría queer. Para transitar por el camino de esta ética, Cano —mujer,
lesbiana, feminista— cuestiona el rigor de una academia heteronorma-
tiva, que en su afán por la objetividad “expulsa de sus solemnes teori-
zaciones la contingencia del deseo de cuerpos que encarnan ficciones,
significaciones y silencios”. La (im)propia sexualidad, según Cano, no
puede ser narrada desde la asepsia teórica. El lesbianismo no puede
ser entendido sino desde la propia experiencia “tortillera”.
El pensamiento hegemónicamente viril, heterosexual y blanco do-
mina el espacio académico, y desde allí, deben disputarse y negociarse
los saberes no legitimados. Para reinventar el conocimiento sometido,
reivindica la militancia académica como un lugar desde donde hacer
política, ya que allí operan “codificaciones de poder susceptibles de
ser interrumpidas”. En este sentido, Cano hace un esbozo de una polí-
tica académica de la disidencia sexual para hacer frente a la misoginia
que prevalece aun en esos espacios. Asume que el sexo es texto, y que una situación de marginación y de privilegios ajenos”. Intenta filosofar
su militancia y trabajo académico se ven atravesados por su práctica con el martillo a la usanza de Nietzsche. Pero pretende hacerlo con la
amatoria, filosófica e intelectual. De la mano de Nietzsche y Butler su labrys; el hacha amazónica busca irrumpir como una crítica a la razón
discurso emerge “entre la que coge y la que escribe e intenta esbozar heterosexual, como modelo de construcción hacia una lesbianización
una (est)ética tortillera en el modo de una ars lesbiana”. del saber. Esta propuesta no escapa a las tensiones; allí donde hay po-
La “ética marica” de Pablo Vidarte la convoca a proponer una éti- sibilidad de enunciación la autora plantea la fuerte contradicción que
ca lesbiana, como construcción de un territorio desde donde narrarse, se presenta al interior del lesbianismo ante las categorías con las que se
28 resistir y trascender los exilios. Retoma la exposición de motivos de Vi- clasifican, se identifican, se diferencian. 29
darte sobre lo que implica una ética disidente: “La fundación o procla- La lista es larga pero se refiere a algunas: torta pura, torta de pa-
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mación de una ética siempre es una operación de poder, de opresión, ladar negro, torta platense, torta intelectual, publicada, poeta, torta
de control social. Salvo quizás en el caso de una ética de emancipación, dandy, metalera, tortón patrio, torta cheta, torta renga, torta nueva, tor-
una ética revolucionaria, una ética libertaria, una ética de lucha contra ta muda, torta autónoma, torta anarquista, torta trans, torta facha, torta
transfóbica, torta vieja, torta peluda, abortorta, chonga, chonguito, fe- Cano coincide que asumirse lesbiana implica declinar un pacto in-
mme-punk, femme-andro, tomboy, torta churrasquito, la latinoame- justo y constituirse en el “monstruo de la doble transgresión social-na-
ricana, criptolesbiana, closetera, chongo-activo, femme metrosexual, tural”. Sin embargo, plantea que reinscribir la figura de la lesbiana como
chongo versátil, stone-butch, chongo alfa. mujer supone desnaturalizar el régimen prescriptivo del sexo-género.
Esta taxonomía que surge de un ojo lesbiano, un “ethos colectivo y Lejos de afirmar “una ontología dual y jerarquizante”, estima que es po-
comunitario”, puede dividirse en tres ejes: eje estético, eje sexo-afecti- sible y deseable “reivindicar la identidad lésbico-feminista, en la rees-
vo, eje geopolítico. critura inacabada de un heredado contrato social”. Manifiesta que decli-
Al tiempo que señala los aspectos positivos de estas categorías, ad- nar el contrato social impuesto es el exilio. Pero la autora apuesta por un
vierte que también pueden ser motivo de jerarquías y subordinaciones exilio que no sea sólo vacío y silencio, sino también la ocasión de rein-
varias, de criterios de pureza y corrección; tecnologías tan normativas y ventar lenguas, ficciones: “Transformar el silencio caníbal en voz viva”.
coercitivas como aquellas de las que tratan de huir.
Cano asume que la primera vez que se dijo a sí misma que era gay lo
Existen diversas contribuciones para analizar el carácter político de la hizo en inglés, “I’m gay”, asumiendo “el anuncio de cierta condición ex-
heterosexualidad y la matriz que se esconde detrás de un contrato so- tranjera, una manera de aceptar su homosexualidad y el extraño exilio
cial que normaliza su imposición. que viene con ella”. En ese nombrarse gay no sólo está la huella de la
Virginia Cano analiza la potencia contranatural de las lesbianas en extranjerización sino también la invisibilización del lesbianismo.
los estudios de Monique Witting dando cuenta de los aspectos en los Cuando era niña había escuchado el término “homosexual” va-
que esta autora francesa y los contractualistas coinciden: “La construc- rias veces, pero no recordaba haber escuchado la palabra “lesbiana”.
ción artificial e hipotética de un estado de naturaleza permite explicar, La primera vez que la escuchó era empleada como denuncia y burla
legitimar y validar modos específicos de organización social y política. al mismo tiempo: “Lesbiana era la designación, el nombre con que sus
Es siempre en función de un interés ético-político que se especifica una compañeros se burlaron de su muy masculina y tortísima profesora de
supuesta naturaleza esencial”. educación física”. En este sentido, la fórmula de Witting para superar la
En este sentido, Witting, al decir de Cano, planteaba que “la dife- invisibilidad de las mujeres, “destruir la categoría mujer como forma de
rencia sexual que define dos sexos es una formación imaginaria que supervivencia”, no considera que la invisibilidad es también la base de
coloca a la naturaleza como causa, cuando en realidad es la opresión un sistema opresor que castiga a las lesbianas. Más allá de la orienta-
de los hombres la que crea el sexo y no al revés […], el contrato social ción sexual, el patriarcado, sostiene Cano, hace invisibles a las mujeres
que rige nuestra existencia tiene la forma de un pacto injusto heredado como seres sociales aunque como seres sexuales sean visibilizadas en
en el que se produce una ‘desigualdad política’ y no natural establecida tanto son consideradas objetos de deseo y apropiación.
por el consenso de los hombres”.
30 En la ética de Cano ser lesbiana implica declinar el contrato social El lenguaje está plagado de relaciones de dominación y resistencia, por 31
pero no con el enfoque propuesto por Witting, quien ha manifestado lo que considerar al tortismo como una mirada del mundo que pro-
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que “rechazar el pacto fundado en la heterosexualidad implica destruir porciona una lengua propia, otra forma de narrarse y fantasear, implica
la categoría mujer”. El punto de partida de esta autora se basa en la si- transformar el insulto dirigido a disciplinar y estigmatizar, transitar del
guiente consideración: “Las lesbianas no son mujeres”. veredicto y la injuria al orgullo, a una ética propia.
Tal como lo ha señalado Didier Eribon: “La injuria no es solamen- [ G O N Z A L O C U R B E L O ] L A R E V U E LTA D E S T O N E W A L L Y S U S R E P R E S E N TA C I O N E S

te una palabra que describe. No se conforma con anunciarme lo que


soy. Si alguien me tacha de ‘sucio marica’ (o ‘sucio negro’) no trata de
comunicarme una información sobre mí mismo. El que lanza el ultraje
Cuando no es no
me hace saber que tiene poder sobre mí, que estoy a su merced. Y ese
poder es, en principio, el de herirme. El de estampar en mi conciencia Mientras aún no se disipan los ecos siniestros de la matanza de Or-
esa herida e inscribir la vergüenza en lo más profundo de mi espíri- lando y los escalofríos por lo que pudo pasar si no hubieran detenido
tu. Esta conciencia herida y avergonzada de sí misma se convierte en a otro posible asesino que se dirigía hacia el Gay Parade de San Fran-
un elemento constitutivo de mi personalidad […]. La injuria produce cisco con una camioneta llena de armas y explosivos, mientras los me-
efectos profundos en la conciencia de un individuo porque le dice: ‘te dios discuten si el armamentismo, la religión o la locura están detrás
asimilo a’, ‘te reduzco a’ [...] La injuria me dice lo que soy en la misma de esta masacre, y mientras otros deliberan si es momento de congoja,
medida en que me hace ser lo que soy”. de miedo o de furia, prácticamente nadie ha señalado la conexión del
Cano argumenta que el lenguaje juega un papel fundamental en mes de junio con toda una serie de festejos de la diversidad sexual que
este proceso de subversión: “Si en él se encuentran las categorías y con- se extienden a lo largo de estos 30 días por todo el hemisferio norte, y
ceptos que oprimen nuestra existencia, la punta de lanza puede ser la que no tienen tanto que ver con el clima amable del verano, sino con
reinvención o recreación gramático-escritural”. una noche de furia ocurrida hace 47 años: la revuelta del bar Stonewall.
Siguiendo la línea de Macky Corbalán, entiende que el lenguaje es En 1969 Nueva York era, con San Francisco, una de las ciudades
la primera militancia; desde el cómo “se narra” se pugna por nuevos más tolerantes de Estados Unidos en relación a los homosexuales,
sentidos. Y por esa misma razón no desconoce que aceptar la propia y tal vez la que tenía la mayor comunidad. Andy Warhol y sus drag
enunciación de la palabra queer sin problematizarla invisibiliza el ses- queens dominaban la escena cultural de la ciudad y las obras de teatro
go colonial (idiomático) implícito. con figuras travestidas y libertinas hacían furor en el teatro off Broad-
Ética tortillera lo puede leer cualquiera, y aunque el libro está pla- way. Los poetas beat aún vivían en Greenwich Village escribiendo sus
gado de equis y arrobas, no es un libro para todos. cantos al amor del mismo sexo, Susan Sontag escribía elogiosas de-
La lectura por momentos evoca a Red Room, la obra de Louise fensas de la prohibidísima película Flaming Creatures de Jack Smith
Bourgeois, que logra colocar al espectador —en este caso, lector no he- y su universo hermafrodita y orgiástico, y The Velvet Underground y
terodisidente— como espía, vouyerista. sus oscuras letras sobre gays y heroína era la banda más célebre de la
Siendo feminista y heterosexual asumida, la lectura me colocó ciudad. Pero aún era una ciudad muy lejos de ser realmente equitativa
frente a una pequeña rendija desde la cual husmear en las infidencias o siquiera amable para los gays, las lesbianas o los trans. La frecuen-
de un sector de la “caótica y prolífera” militancia lesbiana. Y a pesar de temente brutal Policía neoyorquina realizaba periódicas razias en la
32 los importantes aportes, a lo largo del texto no se plantean los efectos zona de los mataderos —donde los gays se encontraban en camiones 33
de otras formas de dominación que intersectan los “cuerpos lesbianos”, vacíos—, cualquier persona vestida en forma no acorde con su sexo
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sometimientos que muchas veces van más allá de las políticas identita- de nacimiento podía ser detenida, y los únicos centros nocturnos que
rias y que producen otros exilios y abyecciones. ■ permitían el ingreso de homosexuales eran antros de mala muerte
regenteados por la mafia, que, por un lado, le pagaba sobornos a la
Policía para que hiciera la vista gorda con las costumbres de sus pa- los sobornos que los mafiosos dueños del local les pagaban lo que pro-
rroquianos, y por el otro, extorsionaba a los más adinerados de estos dujo que los primeros decidieran llevarse a todo el mundo en masa,
clientes, amenazándolos con hacer pública su inclinación sexual en empezando por las lesbianas y los trans. Pero aquel día algo se quebró
sus ámbitos laborales. cuando varios de los clientes se resistieron al arresto.
Pero a fines de los años 60 los tiempos estaban cambiando, y los Era una noche calurosa de verano y la calle estaba llena de ha-
homosexuales neoyorquinos más politizados comenzaban a reunirse bitantes de la zona que se acercaron para ver qué pasaba e, irritados
alrededor de la Sociedad Mattachine, una organización creada por Ha- con la actitud de los policías, comenzaron a protestar de forma cada
rry Hay en Los Ángeles, que se había extendido por las principales ur- vez más violenta. Los policías encargados del operativo tuvieron que
bes de Estados Unidos. Los Mattachine militaban por una integración volver a entrar al bar, donde se atrincheraron y pidieron refuerzos, es-
pacífica, basada en el concepto de que los homosexuales podían verse perando que la multitud reunida afuera se disolviera al verlos llegar. A
y comportarse como cualquier ciudadano “normal” más allá de sus pesar de su aspecto afeminado que tanta gracia les hacía a los policías,
conductas amorosas privadas. Se distanciaban de los comportamien- los chicos que dormían en la plaza, los prostitutos, las drag queens
tos que hicieran su condición explícita y de las manifestaciones pú- y los transexuales de la Christopher Street estaban endurecidos por
blicas o escandalosas, prefiriendo operar directamente en los círculos la vida en la calle y, no sólo resistieron a los embates de los bastones
políticos, donde habían tenido éxito en frenar algunas medidas discri- recién llegados, sino que —bailando en hilera y entonando cánticos
minatorias y reprobaban el descaro de los jóvenes gays de sexualidad burlones y gritos de “Gay Power!”— los hicieron retroceder y dejar en
evidente que habían comenzado a poblar las calles del Greenwich Vi- libertad a sus cautivos.
llage y Chelsea. Pero serían estos los más despreciados incluso dentro A la noche siguiente los policías, humillados y ridiculizados por
de la comunidad gay y los más violentamente reprimidos por las fuer- la prensa conservadora, volvieron con más efectivos y sed de vengan-
zas del orden los que protagonizarían la revuelta de Stonewall. za, pero la multitud que los había rechazado la noche anterior seguía
allí. Tampoco estaban solos, poco a poco algunos militantes de iz-
De los escasos centros nocturnos neoyorquinos que permitían la en- quierda, black panthers o simples simpatizantes antiautoritarios se
trada a homosexuales sólo uno de ellos, un bar regenteado por la mafia fueron arrimando, asombrados por la furibunda resistencia de quie-
frente a la plaza de la Christopher Street, al norte del Greenwich Village, nes ellos mismos despreciaban hasta entonces. Se acercaron a ver
permitía —en una sala más o menos oculta— que bailaran parejas del cómo lo que consideraban un montón de maricas volvían a hacer re-
mismo sexo. El bar se llamaba Stonewall y entre su clientela se entre- troceder a los de azul, provocando incendios y destrozando algunos
mezclaban ejecutivos homosexuales de Wall Street y prostitutos mas- patrulleros. Los incidentes duraron cuatro noches —increíblemente,
culinos, drag queens y chicos gays fugados de sus hogares, muchos de sin heridos de entidad— hasta que finalmente los grupos reunidos
los cuales dormían en la plaza frente al bar y lo habían tomado como fuera del Stonewall se disolvieron natural y pacíficamente, y todo vol-
34 su segundo hogar. vió a la normalidad. Pero esa normalidad había cambiado para siem- 35
Todavía no se sabe exactamente cuál fue el motivo por el que la pre. El poeta beat homosexual Allen Ginsberg visitó el Stonewall en
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Policía neoyorquina decidió hacer una razia en el Stonewall el sábado los últimos días de la revuelta y declaró luego: “Los chicos ahí eran
28 de diciembre de 1969, pero aparentemente no fue la discriminación tan hermosos. Habían perdido esa mirada herida que tenían todos
la causa principal, sino algún desacuerdo entre los oficiales de vicio y los maricas hace diez años”.
Recientemente, con el estreno de la película Selma (Ava DuVernay, El film es flojo, simplista y melodramático (algo que puede exten-
2014), basada en una de las más notorias acciones de protesta orga- derse a casi toda la filmografía de Emmerich), pero no fueron estas
nizadas por Martin Luther King, muchos se preguntaron cómo, en un características las que produjeron las mayores reacciones de rechazo,
país en el que casi cada acción más o menos heroica de su historia sino —una vez más— el recurrente canibalismo de los movimientos
tiene casi inmediatamente una versión cinematográfica —la marcha de derechos sociales, que le recriminaron que la película no fuera lo
de Luther King desde Selma hasta Montgomery fue en 1965—, había bastante diversa en lo étnico y convirtiera a la revuelta en un aconteci-
demorado casi medio siglo en tener una versión de celuloide. Con la miento de hombres blancos y rubios. Una crítica más bien imbécil, ya
revuelta de Stonewall ocurrió algo similar. Había sido el punto ini- que si bien el personaje principal y ficticio corresponde a esta descrip-
ciático del documental sobre el surgimiento del movimiento de los ción —y definitivamente había rubios anglosajones entre los asiduos al
derechos homosexuales, Before Stonewall: The Making of a Gay and Stonewall—, no es así en el resto del elenco, y si algo se puede rescatar
Lesbian Community (Greta Schiller, Robert Rosenberg, 1984), que de la película de Emmerich es la fiel reconstrucción de época y la fide-
culminaba en los disturbios como el auténtico momento en que el lidad histórica de lo que se sabe de aquel día furioso.
movimiento alcanzó respeto e influencia social. Su tardía continua- Hoy en día el Stonewall —reconstruido varias veces y con distintos
ción, After Stonewall (John Scagliotti, 1999), seguía el desarrollo del dueños— aún sigue en la localidad de la Christopher Street, con una
movimiento a partir de la misma fecha y ambos dedicaban extensos placa que recuerda lo ocurrido en 1969 y algunas estatuas de figuras del
fragmentos a narrar los altercados y sus consecuencias. Más espe- mismo sexo tomadas de la mano.
cífico era Stonewall Uprising (Kate Davies, David Hailbroner, 2010), Pero no son esos símbolos el auténtico recordatorio, sino el des-
dedicado por entero a la revuelta, y que conseguía el milagro de ser file del Orgullo Gay que todos los años se celebra en estas fechas. Un
sumamente ilustrativo a pesar de la casi inexistencia de material grá- año después de los disturbios de Stonewall, los participantes —unidos
fico sobre los acontecimientos. a la Sociedad Mattachine y grupos de activistas lesbianas— decidieron
Pero Hollywood demoró hasta 2015 para realizar una versión fic- realizar una pequeña marcha, esperando reunir algunos centenares de
cionalizada de lo ocurrido en Stonewall, y extrañamente el director no manifestantes que recordaran aquel día en que los policías tuvieron
fue ni Todd Haynes ni Gus Van Sant o algún otro nombre relacionado que huir y la calle fue suya. La marcha reunió 10.000 participantes y
con el New Queer Cinema, sino el alemán Roland Emmerich, conocido desde entonces no ha dejado de celebrarse. Este año, sin dudas, con un
no precisamente por lo comprometido de sus películas —como El día toque sombrío a causa del horror reciente, pero con el recuerdo de lo
después de mañana (2004) y 2012 (2009)—, dedicadas a llevar a la pan- que no fue un día trágico o débil, sino uno de fuerza y orgullo. ■
talla las mayores catástrofes naturales que los efectos especiales pue-
dan producir. Sin embargo, Emmerich siempre fue un artista militante
de la causa de los derechos LGBT en su vida personal, y por una vez
36 quiso llevar esa militancia a su trabajo como cineasta, mediante Sto- 37
newall, un film que narra la historia de un joven gay de pueblo chico
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que, rechazado por su entorno, viaja a Nueva York, se hace amigo de los
jóvenes callejeros de la Christopher Street y termina participando en
los disturbios del Stonewall.
[ A L I C I A M I G D A L ] R E P R E S E N TA C I O N E S F Í L M I C A S D E V I D A S T R A N S y compañerismo entre Julia Brian —transexual uruguaya— e Ignacio
González, un ex obrero de la construcción. Julia e Ignacio se conocie-

Observando ron una tarde de vísperas de Navidad hace 21 años en una plaza. Am-
bos estaban solos y entonces decidieron pasar juntos las fiestas. Desde

el palimpsesto sexual ese momento han sido inseparables”.


Esta historia en la que la calle les dio a dos personas la libertad de
elegirse abiertamente, sin la vigilancia social, agrega un elemento más
En una revista barrial de las que se reparten en los negocios de la al foco puesto en Julia como trans, y es el paradigma de masculinidad
zona leí hace unos años la crónica sobre una anciana que hace décadas que representa Oscar.
murió sola y soltera; cuando los vecinos entraron a la casa descubrie- En El Bella Vista (2012), de Alicia Cano y Mario Jacob, eran las
ron que era un hombre que había vivido toda su existencia como mu- masculinidades las que resultaban interpeladas en su roles tradicio-
jer. Una mujercita apacible y querida por todos, hermana de otras que nales. También aquellos hombres de un club de fútbol, después bo-
habían ido muriendo hasta que el secreto final quedó revelado por la liche con prostíbulo de travestis y luego parroquia de un barrio en
exposición de su cuerpo en la cama. La crónica, que abordaba el relato Durazno, eran parte de lo trans, que generalmente queda enfocado
como parte de la historia de un barrio y sus singularidades, era compa- en quien se transformó y no en quienes se relacionan con ellas desde
siva y empática sobre esa vida escondida. el lugar consagrado por el dominio social, ese que no rinde cuentas.
Un clima felisbertiano de solteronas. Un hombre travestido en mu- Hace 20 años Aldo Garay empezó a registrar las vidas en los már-
jer adentro de una familia y que no habría vivido su sexualidad. Tal vez genes de las mujeres trans en Yo, la más tremendo (1995). Entre ellas
alguien que necesitó verse como mujer dentro de un código familiar, y estaba Stephania, que ahora es la protagonista de El hombre nuevo
que se contentó con acordar una imagen con la que ser aceptada den- (2015). Dice Aldo en una entrevista sobre su última película: “Lo que
tro del pequeño mundo de la casa y del barrio. acá estamos viendo son muchas historias. No es solamente el hecho
Las identidades nómades de Judith Butler habrían tenido en la de ser trans. Acá estamos hablando de abusos, de madres y padres
solterona travestida un ejemplo de necesidad y quietud: tal vez sólo que no se hacen cargo, del abandono, del fracaso ideológico del pro-
quería sentir su emoción de mujer a través de lo que la sociedad siem- yecto de la construcción de un hombre diferente. Hay muchas cosas”.
pre admitió como signo visual de identidad, la vestimenta, que asegu- Efectivamente, esta película cuestiona, en el abierto y fluido discur-
raba el consentimiento de la mirada de los otros, sin otra acción que so de Stephania, todos esos temas a partir de Roberto, el niño que
saberse a sí misma ser eso que eligió parecer. Una construcción de so- fue, nicaragüense adoptado por una pareja tupamara y trasplantado
ledades y complicidades. al Uruguay de la posdictadura, y que pasa en su adolescencia a ser
Probablemente cuando esta mujer murió los veteranos protago- uno de los tantos travestis que hacen la calle, después de la cacheta-
38 nistas de la película El casamiento (2011), de Aldo Garay, eran chicos. da de su madre. 39
Oscar, obrero de la construcción, y Julia, la segunda transexual operada Hace muchos años que Roberto se reconoce en el nombre de
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en el Hospital de Clínicas para reasignación de sexo, son los entrevista- Stephania. “Mucho sexo, mucho sexo”, repite ella ensimismada en uno
dos en ese seguimiento de una historia de vida. La ficha de la película de los lugares de sus encuentros al que lleva al director como testigo.
resume así esta historia amorosa: “Narra la peculiar historia de amor Stephania ha envejecido y desde hace años es cuidacoches en Barrio
Sur. Tiene sólo cuarenta y pico pero el contraste entre esta mujer traji- que permitió que se convirtiera en abogada, activista y ahora senado-
nada y su imagen más joven en Yo, la más tremendo es fuerte. ra. No sabemos nada de la construcción del destino de tantas otras.
El único lamento que se escucha de ella es que la obligan a sacarse En qué márgenes están. Salvo por Aldo Garay y sus películas.
la vincha cuando tiene que hacerse la cédula de identidad, y queda su
◆◆◆
pelada en evidencia. Esa imagen alcanza para la empatía del especta-
dor: la cara maquillada de Stephania con una larga cabellera que sale Podemos leer a Paul Preciado cuando escribe como Paul o cuando es-
de un cráneo calvo. cribía como Beatriz Preciado, y de su impecable análisis sociofilosó-
Stephania es una figura trans de este continente, de esta perife- fico algunas saldremos como entramos, porque la dificultad está en
ria, de estos márgenes sociales a los que el trans parece condenado pensarnos transitivos, nómades de cuerpo, ahora hombre, Paul, tal
y adaptado. Encarna lo que está lejos de la aceptación social con que vez dentro de poco otra vez Beatriz en investigación permanente de
otras trans se presentan glamourosamente ante el consenso de un pú- los límites, de los modelos que hay que romper y reconstruir desde el
blico que pasa por ser “el mundo” (farándula, cine, vedettes, realities). mismo cuerpo, en un experimento intelectual llevado al extremo de la
Stephania, que no vive en Malibú como la millonaria Caitlin Jenner, observancia contrapatriarcal.
todavía busca una pensión donde dormir y vivir en Montevideo. No pa- Esta experiencia radical del español Paul Preciado, de reciente vi-
rece una mujer infeliz: la película la sigue, o posibilita, el reencuentro sita en Buenos Aires, no toca a Stephania, ni a Julia, ni a ninguna de las
con su familia nicaragüense y la comprobación de que su cambio no mujeres trans que sufren por el cuerpo equivocado y aspiran a que la
sorprendió a sus parientes de origen; la muestra inteligente, aguda, crí- forma, con o sin genitales específicos, se estabilice en una vida acor-
tica, con la alegría de vivir bajo su propia ley. de con lo que sienten de sí mismas. Preciado no las representa; es una
variante espectacularmente radicalizada de una teoría o de una viven-
◆◆◆
cia teorizada y consumada en el cuerpo. La masa crítica generada por
Las mujeres trans despiertan una gran inquietud en quien las obser- los estudios de Preciado, que ha experimentado su teorización en su
va. En mí, al menos. Buscamos su palimpsesto; todavía no estamos propio cuerpo, forjando una nueva unidad que en cualquier momen-
en suficiente, o mínimo contacto social con ellas, para no verlas des- to puede reformularse, existe en un universo social paralelo al de las
de una distancia atenta a la forma, a la semejanza y a la diferencia. personas documentadas por Aldo Garay a lo largo de 20 años. Tienen
Nos observamos en ellas, sus huellas de hombre en la mujer, su mujer aproximadamente la misma edad.
expuesta y transformada en cuerpo. Tratamos de imaginarlas sin ese Valdría la pena que Stephania, una mujer de mirada alerta, opina-
predominio de la carnalidad y no obstante no vemos, en esa fantasía, ra sobre esta afirmación de Judith Butler: “¡La vida no es la identidad!
a la solterona de la crónica. La vida resiste a la idea de la identidad, es necesario admitir la ambi-
El cuerpo se impone con un predominio insoslayable; la transfor- güedad. A menudo la identidad puede ser vital para enfrentar una si-
40 mación psíquica es un misterio al que accedemos por la comprensión tuación de opresión, pero sería un error utilizarla para no afrontar la 41
intelectual sin superar la dificultad de entenderlo como experiencia. complejidad. No puedes saturar la vida con la identidad”. O sobre esta
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Estamos adiestrados para saber del malentendido biológico, pero no nueva figura que encarna Paul Preciado, que tal vez mañana vuelva a
para ponernos en su lugar. Vemos la imponente figura de Michelle ser Beatriz, como ha anunciado. ■
Suárez en su mesa del Sportman y nos alivia saber del apoyo familiar
[ A N A F O R N A R O ] C O N L A A R T I S TA T R A N S A R G E N T I N A S U S Y S H O C K en celo de mi sueño rojo, yo reivindico mi derecho a ser un monstruo,
ni varón, ni mujer, ni XXY ni H2O”.

Monstrua con voz Susy nació como Daniel Balzán Lazarte, tiene 46 años y hace más
de 30 que está vinculada al teatro. Hija amada y estimulada de tucu-

de terciopelo mana con pampeano, creció entre folclore en el cemento de la capi-


tal porteña. Fue en un show de varieté donde encontraría el nombre
Susy Shock para convertirse en una de las figuras centrales del arte
Cerquillo caoba de canecalón, nariz ancha tucumana y labios rubí, trans argentino.
abanico en una mano, caja bagualera en la otra, Susy Shock aparece
primero proyectada en videoclip mientras suena la música del primer –¿Hubo
– una transición hasta llegar a Susy Shock?
corte de su disco Buena vida y poca vergüenza, la receta de la abuela —Creo que hay una transición pero yo soy una privilegiada. Tuve una
para atravesar la vida desde el goce, con el deseo como brújula. infancia feliz. Si sostuviéramos todas las infancias para que todos y
De rojo y negro y tacos altos aparece después la Susy de carne, todas pudieran transitar por sus búsquedas y contradicciones, idas y
atravesando el público, enfrentando su propia imagen. Empieza el venidas, creo que nunca habría clóset. Habría un fluir. Yo no reniego
canto a capella de una zamba profunda con su voz encontrada, afi- de Daniel porque Daniel ha sido un niñito abrazado. En mi casa en-
nadísima, a lo largo de toda una vida. No hay voz como la de Susy contrás las fotos de toda mi vida. Si una compañera trans quema las
Shock, porque no se parece a nada. Tiene los colores del folclore fotos de su infancia no está quemando la infancia, está quemando eso
norteño y no hay simulación, no hay personaje ni envoltorio en ella. que le dolió, eso que fue castigo, eso que fue violencia. Pero insisto, yo
Da un golpe, dos golpes, tres golpes en la caja para interrumpir el soy una privilegiada. Además, me ayudó ingresar a un ambiente como
encantamiento y exclama: “Para dar luz… hay que prenderse fuego”. el artístico a los 14 años.
La parte del fuego la grita con el público, que es cómplice. Y ahora sí,
empezó el show. –¿Cómo
– fue eso?
La fiesta de su Poemario transpirado, que mezcla coplas, can- —Empecé bailando folclore de chiquita, porque mi familia es muy de
dombe, zamba, tango queer, rock alterado y textos de su libro Relatos bailar. Y cuando empezó el secundario había una profe que armaba el
en canecalón (que va por su segunda edición), dura más de dos horas baile del 9 de julio y después la obra de teatro. Pero terminó el 9 de
y se repite todos los meses desde hace seis años. Además de eso, Susy, julio y me fui, porque yo con teatro nada que ver. Me moría con ese ojo
la “artista trans sudaca” que cultiva el “género colibrí”, como se define gigante que es la mirada del otro. Pero la profe era una visionaria y me
cuando le preguntan —y le preguntan mucho—, participa en peñas, dijo: “Vos tenés que hacer teatro”. Y eso me dio poder.
ciclos de varietés y escribe para distintos medios. Su activismo por los
42 derechos de las y los trans la llevó a militar, desde su lugar de artista, –¿A
– qué se parece esa sensación? 43
la Ley de Identidad de Género, acompañando a las organizaciones —Es sentir que es tu lugar. Es como si todo el tiempo yo hubiera estado
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que la convocaran. Y ella fue y va a todos lados, leyendo un mani- en la tierra y era del agua. Y ahí me zambullí. A mí el teatro me dio la
fiesto: “Yo, pobre mortal, equidistante de todo, yo, DNI 20598061, yo, voz, pero una voz social. Porque yo en casa estaba amparada, era afuera
primer hijo de la madre que después fui, amazona de mi deseo, perra el problema. Vivía en una cajita de cristal en plena dictadura.
–¿En
– qué momento sentiste ese afuera por primera vez? Vi un buen debate en Brasil ahora, que va de a poco. Creo que en Ar-
—La primera vez fue con la violencia máxima que te puede dar un Esta- gentina se han logrado muchas cosas y quizá también ahora estemos
do, que es hacer la colimba. La colimba fue el mandato de transitar una como adormecidos. Hay cierta mirada desde el privilegio que dice:
masculinidad obligatoria, y todo era violento, aunque estuviéramos en “Bueno, ahora que tienen el documento, ya está”. Pero a la hora de ha-
democracia. Ahí dejé de fluir. Fue un año de suspenso en el que me en- blar, se sigue hablando en nombre de, y no está la voz propia. Eso es
señaron que había un mundo que no tenía nada que ver con el mío. Fue parte de la violencia. Que nos dejen hablar, aunque tartamudeemos,
una exigencia y con la anulación de toda mi mariconería, de todos mis aunque no nos salga. Ahora viene Judith Butler a Buenos Aires y de to-
deseos. Mi mirada del mundo se anuló por un año por decreto cons- das las activistas e intelectuales invitadas no hay ninguna mujer o va-
titucional. Y yo dije: “Esto no”. Siempre me acuerdo una vez que salí y rón trans. Y tenemos grandes pensadores. Y aparte hay una realidad:
me paré en un kiosco para comprar unas pastillas y me di cuenta de los varones y las chicas trans no están en la universidad. La mayoría
que estaba parada en posición firme. Se hacen dueños de tu cuerpo. La sigue parada en la calle sin otra posibilidad, porque no está el acceso
segunda vez fue cuando trabajé en un supermercado y de tanto pasar la al laburo. El acceso a la salud recién ahora se promulgó… La realidad
mercadería con códigos me los había aprendido de memoria. Y una vez sigue siendo otra. La violenta es la sociedad, con sus complicidades
afuera del laburo alguien te pasa azúcar y vos pensás el código. Y dije: cotidianas. No se trata sólo de Videla.
“No voy a laburar más de lo que no me gusta”. Tomé la docencia, ani-
mé fiestas, todo lo que tenía que ver con los alrededores del arte, hasta –En
– tu espectáculo hablás de la ciudad. Decís: “Nosotras estuvimos
llegar a hoy, que vivo de eso, de las funciones, de vender los discos, los siempre en las catacumbas y tenemos que hacer tribus”. ¿Cómo son
libros. De viajar y tocar. Esos fueron mis primeros no. esas catacumbas?
—Las catacumbas son lugares donde hay espacio para todo lo margi-
–¿Por
– qué el nombre Susy Shock? nado por este sistema. Los que no tenemos la fiesta, los que nunca la
—Capaz que me llamaba de otra manera, pero medio que así me bau- tuvimos. Es un lugar donde se manifiesta el deseo, sobre todo. Los se-
tizó el público. Después fueron decisiones políticas; cantar folclore lla- res que deseamos estamos ahí. Porque yo no soy ese cemento. Porque
mándome de esta forma. Primero: ¿por qué hay que llamarse Azucena el cemento termina construyendo seres cemento, ideas cemento, vín-
del Valle para cantar folclore? Se trata de frenar la idea preconcebida, culos cemento. Yo ya estoy pensando que hay que sembrarlas en otro
de seguir jugando libremente, que es lo que me gusta. Y segundo, por- lado. Estoy pensando en armar un proyecto con amigas y amigos de
que soy de la generación del Nunca Más. Cuando descubrí que los mili- toda la vida para comprar unas tierras y decidir cómo nos imaginamos
cos decían “la Susanita” para referirse a los electroshocks, me dije: “Me viejas. Y buscar lo autosustentable. Pero también hay que ir a lugares
quedo con este nombre, que está hablando de muchas cosas”. donde no hay trans y mezclarnos. Como lo que pasa en la peña. Yo ha-
blo de ideología, hablo de seres, porque no es cuestión de pensar que
44 –¿Cómo
– te llevás con el mundo académico? Acabás de llegar de por ser trava va a pensar igual que yo. Pero de todas maneras, aunque 45
Bahía, del congreso Defazendo Gênero, con invitados como Judith la trava sea facha, le falta todo. Por eso siempre voy a abrazar más a la
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Butler... trava que a otra persona que lo tuvo todo. ■
—A mí me invitan de muchas universidades, pero no las instituciones,
sino personas que quieren construir espacios diferentes ahí adentro.
[ R O S A R I O L Á Z A R O I G O A ] L A E R T E , L A C A R I C AT U R I S TA B R A S I L E Ñ A –¿La
– transformación le dio libertades a tu trabajo? ¿Cambió tu
manera de hacer humor?

Humor político —Mi sensibilidad no cambió. La forma de trabajar el humor y las his-
torias ya había cambiado por otros motivos, estaba cansada de la línea

y desgenerado que trabajaba. La dinámica que implica cambios en el humor, en el


dibujo, es bastante independiente, aunque creo que se articula, por-
que en el fondo soy una persona sola. Afecta, claro, pero no es una
Dibujante, caricaturista, intelectual, transgénero: Laerte Coutinho conexión obvia.
(San Pablo, 1951) transita todas esas denominaciones en una conver-
sación situada en el Brasil de los tiempos que corren. Una pensadora –¿Cómo
– fue hacer humor en la posdictadura, al lado de Angeli y
genial con una obra que se mueve entre lo individual y lo colectivo. Glauco?
—En realidad, yo empecé a trabajar en 1972, en plena dictadura. Era un
–¿Cómo
– ha sido la reacción de las personas frente a tu transforma- contexto de censura y represión, pero había además deseos políticos
ción en Sônia? organizados, de los cuales formé parte. Hay que decir que la dictadura
—Al final desistí de cambiar de nombre. Decidí mantener el nombre no fue la única dinámica de nuestra cultura en aquel momento. El fin
de Laerte. Primero, porque me gusta; segundo, porque existen regis- de los 60 fue decisivo, estábamos en dictadura, pero yo estaba interesa-
tros de Laerte como un nombre femenino en Brasil. Descubrí que hay da en la creación: en Caetano Veloso, en la explosión del cine y las artes
264 mujeres que se llaman así, como indica la web del Instituto Bra- plásticas. Mi formación, como la de otros, mezcló esas inquietudes con
sileño de Geografía y Estadística. Es genial. Pero, en realidad, desistí la necesidad de hacer un trabajo políticamente elocuente, consistente.
porque no me considero mujer, sino del género femenino, que no es La democracia, en 1985, me agarró en la mitad de la carrera, con una
lo mismo. Esta transformación fue muy bien recibida en general, a pe- personalidad formada, aunque siempre cambiando.
sar del modo brasileño de agresividad contra los transgéneros. Pudo
haber sido porque ya era conocida en el ámbito profesional, y ese re- –¿Qué
– ocurre con el momento actual?
conocimiento resistió al intento de ridiculización que hubo. —El momento actual es dramático. Me río, pero no es para reír, aun-
que al mismo tiempo es risible. Ocurre aquello que dijo Marx: cuan-
–Tal
– vez tenga que ver también con la forma en que te presentaste do la historia se repite dos veces, es una farsa. Estamos viviendo una
a la opinión pública, de a poco, en términos provocativamente no gran farsa. Al mismo tiempo, se trata de una sociedad que tiene una
binarios, desconcertante. construcción de ciudadanía diferente a la de 1964. Hoy, Michel Temer
—Puede ser. Nunca pretendí presentarme como mujer: esa fue una busca construir una estructura de poder por la que serán perjudicadas
46 conciencia que tuve desde el principio. Fue así porque pertenezco a poblaciones enormes: trabajadores, negros, mujeres, artistas, pero se 47
un grupo de personas que piensan de esa manera. Vemos la trans- enfrenta a una sociedad que no tiene el grado de pasividad de los 60. Es
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generidad como una posibilidad de aumentar el abanico de la diver- casi imposible que se repita el mismo grado de opresión. Existen agen-
sidad, y no cerrarla en el bigenerismo, en la vieja concepción de dos tes articulados, empoderados, esa palabra extraña, traducción literal
géneros, dos sexos. de empowered, y podemos esperar momentos de conflicto intenso.
El sentido de retroceso que se dibuja en este gobierno interino es invia- sólo me publican a mí, sino también a gente como Janio de Freitas, a
ble. ¡No se puede meter la pasta de dientes en el tubo de nuevo! Guilherme Boulos.

–¿Podrías
– dar un ejemplo de lo anterior? –¿Cuál
– es el lugar de la ironía en el humor brasileño?
—El año pasado hubo un movimiento de estudiantes de secundaria en —No sé si puedo responder esa pregunta. Cuando el Senado votó por
San Pablo que obligó al gobernador del estado a negociar. Y el modelo el juicio político de Dilma, hubo un momento muy interesante: el
de lucha lo buscaron en Chile, o en Europa. Estuve en una ocupación voto del senador Collor. Pensemos que él mismo fue juzgado en 1992,
acá en San Pablo y quedé impresionada por el nivel de organización aunque no llegó a ser impedido porque renunció antes. Y allá esta-
y de conciencia de los estudiantes. Esas experiencias, potenciadas por ba Collor ejerciendo su venganza. Se trata de un momento de gran
internet, se han transformado en un patrimonio común. Internet sirve ironía. La realidad brasileña es muy fértil en momentos irónicos y la
para algo además de para poner fotos de gatitos y esas mierdas de sitios ironía es una herramienta de cualquier tipo de humor. Pero puedo
llenos de odio. citar otra forma de humor. Por ejemplo, en un acto de Bernie Sanders
un pajarito se posó en un estrado junto a él y todo el mundo se dio
–¿Para
– quién se hace humor misógino? ¿Los fanáticos religiosos cuenta. Es una especie de gesto poético-humorístico.
tienen un humor propio?
—Los fanáticos religiosos no, pero algunas alas conservadoras tienen –¿Tenés
– una estrategia para manejar tu exposición?
un tipo de humor particular. Ciertos humoristas y dibujantes que te- —No. Mi única estrategia es no dejar que los medios impongan una
nían un conservadurismo latente, hoy aparecen con más fuerza. Hace dirección editorial “atorrante” sobre mí. Soy el dibujante que se viste
algunas décadas, no había mucha diversidad de opinión: estabas a fa- de mujer: todo un número circense. Me he preocupado por filtrar esa
vor o en contra de la dictadura. El tiempo trajo una gran complejidad embestida, negándome a recibir periodistas que trabajan en ese sen-
a ese cuadro. Hay dibujantes de derecha, y hay uno en particular que tido. Creo que el resultado es bueno, porque dejé de ser “el hombre
es muy bueno. El tipo es reaccionario hasta el hueso, y nos sorprendió que se viste de mujer”, para ser un hecho más productivo, ser trans-
porque hasta hace poco tiempo ese canal no estaba abierto. ¡Es como género. Es gracioso; una vez un periodista se equivocó y llegó a decir
si todo el mundo hubiera salido del clóset en 2013! Hay una intelec- que yo era “transgénico”, y le dije que yo no era soja.
tualidad de derecha mucho más grande de lo que teóricamente creía-
mos, y responde al llamado de los medios, que siempre han tenido –¿Qué
– papel tuvo el Brazilian Crossdresser Club en ese camino?
una vocación golpista. —En Brasil, el crossdressing sirvió para que mucha gente de clase
media ejerciera su transgeneridad sin creer que eran travestis. Entré
– propósito, ¿cómo es trabajar para, justamente, Folha de São
–A por esa puerta, pero con el tiempo me pareció que no tenía sentido
48 Paulo? mantener escondido ese deseo. A fines de 2010, llegué a la conclu- 49
—Yo tengo libertad de hacer lo que quiero. Si bien Folha tiene una sión de que no quería más ropa masculina y que expresarme como
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postura con la cual no estoy de acuerdo, es el medio donde trabajo y mujer era perfecto para cómo me sentía. Ahí sí asumí un riesgo. Pero
donde además me apoyaron en situaciones delicadas. Existo dentro fue un riesgo calculado, porque sabía que no iba a pasar por las mis-
del diario a partir de un pacto de convivencia que funciona. Pero no mas dificultades que la mayoría de las travestis brasileñas. Tenía una
profesión, familia, un lugar en la sociedad, amigos. Era un punto de [ Á LVA R O B U E L A ] C O N B E T I FA R Í A — E X A L B E R T O R E S T U C C I A —

partida ventajoso.

–Laerte,
– ¿te considerás feminista?
La más perdida
—Sí. Además de movilizar originalmente a las mujeres biológicas, el fe-
minismo genera un arsenal de ideas y propuestas en la sociedad con las “¿Cuál es tu mejor hora?”, le pregunté. “Al atardecer, cuando cae el
que estoy muy de acuerdo. Es evidente la manera en que el feminismo sol”, me respondió. Y así quedó concertado el encuentro.
instruyó y abasteció al movimiento LGBT, por ejemplo, o al movimien- Hacía tiempo que no hablaba con él. Me lo había cruzado en la
to democrático en el mundo entero. Es una catapulta de cambios inne- rambla o en la fila para entrar al teatro, pero desde El proyecto de Beti y
gable en el siglo XX. Además, se puede ser feminista de manera libre, el Hombre Árbol, un documental que filmamos entre 2011 y 2013, y que
no es un partido. lo tiene —junto con el escritor Felipe Polleri— como protagonista, no
nos tomábamos el tiempo para dialogar sin rumbo ni reloj.
–¿Se
– pueden colocar preocupaciones de ese tipo en el trabajo de Lo entrevisté muchas veces para aquella película (o ensayo fílmi-
caricaturista? co, o artefacto travesti), en invierno y en verano, en su casa o en bares,
—En The Lady in the Van el dramaturgo inglés Alan Bennett llega a de- sentados o caminando. Conocía bien sus encadenamientos verbales y
cir que el escritor no se coloca en lo que escribe, sino que se encuentra mentales, a veces difíciles de seguir, su hábito de citar frases y autores
ahí. Cuando pienso en mi movimiento de transgeneridad y homose- todo el tiempo, las inflexiones de su voz antes y después del segundo
xualidad, en el feminismo o en el socialismo, no los meto en mis histo- whisky, su bebida inseparable, su “aliado”.
rias, sino que trato de encontrarlos allá. Es una forma de mantener el Conocía, también, que el tremendo hombre de teatro que había
trazo y las ideas libres, con poder de vuelo. El trabajo en sindicatos, en sido Alberto Restuccia (Montevideo, 1942) había trasuntado, o mutado,
la militancia, en el periodismo sindical, se empobrece cuando deja que o reencarnado en alguien llamado Beti Faría, sin que hubiera solución
la militancia tenga hegemonía evidente en lo que se hace. de continuidad ni amputación de algún órgano. Puro devenir. Pura per-
formance del cuerpo asumido como escenario. Pura emergencia del
–¿Cuándo
– empezaste a interesarte en la lucha por los derechos de Otro (perdón: de la Otra).
otras personas y no sólo por tu camino personal, y a militar, por Conocía, en fin, que Alberto/Beti nunca es el mismo sujeto y que
ejemplo, en la Associação Brasileira de Transgêner@s? ser su interlocutor, aunque sea unas horas, implica una aceptación del
—En los 60 pertenecí al Partido Comunista. Quería una sociedad sin caos, una renuncia de todo orden conocido.
clases. Mis cuestiones personales estaban quietitas. Asuntos como Por eso no me asombró que, en el ínterin de nuestra lejanía, hubie-
género, mujer, gay, eran cuestiones secundarias. Con el tiempo, pasé ra cambiado su hora favorita de la noche al atardecer, es decir, el mo-
50 a preocuparme por lo que estaba pasando acá adentro. Actualmente, mento en que se licúan formas y energías, en que se toma conciencia 51
creo que hago una buena combinación de esas dos esferas. Entender, del pase del testigo que es la vida.
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reconocer, aceptar y vivir un proceso de transgeneridad, así como de Dos días después estamos sentados en la rambla, a una cuadra de
homosexualidad, me hizo conocer gente que está en la lucha. Puedo su casa de Barrio Sur, mirando la puesta de sol: una disolución ígnea en
decir que hice un upgrade en mi militancia. ■ el agua donde los contornos se transforman a cada segundo, desde la
perfecta redondez hasta un resplandor que hace titilar el horizonte, pa- hechos concretos que carga en su conciencia. Después de varios inten-
sando por una masa de nubes filtrando las últimas luces y un instante tos, en los que habla de su “tentación luciferina” y de su devoción por ir
fugaz en que el encuentro del sol con el mar dibuja un cáliz. siempre a la contra, murmura: “Es difícil de explicar para quien no lo haya
Contemplamos el espectáculo en silencio, con el eco de lo que ha- sentido alguna vez”.
blamos antes de llegar ahí: su rebelión adolescente a pesar de sus 74 Sin embargo, me cabe la sospecha de que se trata de una idea ro-
años, su condición de sobreviviente, sus problemas de salud (apneas mántica, incluso ingenua, de un maldito del siglo XX que aterrizó en el
del sueño, cardiopatía), su sensación de estar “mal hecha”, sus deseos XXI y, aun hoy, sigue forjando su carácter con aquellas armas y contra
de tener un marido legal (“Quizá pueda todavía, ¿por qué no? Sería una los mismos fantasmas: una familia burguesa, la educación en un exclu-
gran revancha contra la homofobia y transfobia de mi familia”), su ad- sivo colegio bilingüe, las instituciones de cualquier signo, el arte enten-
miración por el ladrón y el fuera de la ley. dido como un bien acomodaticio; el Uruguay de siempre.
Al respecto, cita a Jean Genet y recuerda un diálogo de Sin alien- Finalmente, jugando con su retórica, le tiro:
to (À bout de souffle, Godard, 1959), en el que Michel (Jean-Paul Bel- —Capaz que el mal del que hablás tiene que ver con un lugar de
mondo) y Patricia (Jean Seberg) hablan sobre si es correcto delatar a demiurgo: tu goce no estaría tanto en cumplir el deseo del otro, sino en
alguien. “Es lo normal”, dice Michel, “los delatores delatan, los ladrones moldearlo para que él crea que ese es su deseo, cuando es el tuyo.
roban, los asesinos asesinan, los enamorados se aman…”. Por una vez no recurre a ningún autor ni a ninguna cita. En cambio,
Entonces le pregunto qué es lo normal para Alberto/Beti, a lo que se ríe con timidez, como un niño descubierto en una travesura.
responde: “Provocar”. —Sí, tenés razón. No te lo voy a negar. Esa fascinación tiene que ver
Un rato más tarde, en su casa, de vuelta de la rambla, insisto: ¿pro- con el mal como absoluto, no con nada moral. Me considero más bien
vocar desde dónde, a quién, por qué? amoral. Carezco de toda moralidad. Y si en alguna ocasión las cosas se
—Bueno, me lo he preguntado y a lo que he llegado es: provocar pusieran muy feas con algo o alguien, me refugiaría en esa niña asusta-
por puta. Porque me encantan las prostitutas. Porque, en la escena, me da que fui, y cuya única barrera contra el mundo era mi madre. Ella era
gusta hacer de villano. Porque me gustan los ladrones, que también son mi contención. Hay una foto ahí donde estoy sentado en su regazo, en
inadaptados. Tengo esa putez de salir con minifalda con la esperanza su falda. Por eso me gustan las faldas, usar faldas… No sé, es difícil de
de ser levantada. Cuando me pasó y un guacho en un auto blanco me explicar, como todo esto.
preguntó “¿cuánto cobrás?”, me pareció un regalo de los dioses. De al-
guna manera, la idea de prostituirme está en mi inconsciente. Siempre Así de fluctuante es el mundo de Alberto/Beti: en cuestión de segun-
me atrajo. En mi perversión —que, según Lacan, es père-version, la ver- dos, por un juego de palabras o una asociación de ideas, la abstracción
sión del padre— me gustaría tener un marido y serle infiel, y que a él se convierte en materia, la crueldad en fragilidad, lo absoluto en incer-
le gustara que yo le metiera cuernos. Todo eso me fascina. Tengo una tidumbre, la virgen en puta, el viejo en niño. Y viceversa.
52 fascinación por el mal. Ponelo en esos términos. En un encendido texto que escribió luego de verlo en El gimnasio 53
(2013), de la dupla Peveroni-Dodera, el dramaturgo Sergio Blanco decía:
SEXUALIDADES

SEXUALIDADES
Estamos un rato dándole vueltas a su noción del “mal”. No me queda cla-
ro si se refiere a una ideología, a una fantasía más o menos difusa, a una Restuccia es Bacon. Es Shakespeare. Es Calderón de la Barca. Es un
vanguardia artística aplicada a lo cotidiano, a una postura (in)moral o a fragmento de Mallarmé. Es un golpe de Artaud en pleno vientre. Es una
caricia de Bakunin. Es una pincelada de Goya. Es un final de Mahler. –¿Por
– qué decidiste ser Beti? ¿Por qué una identidad fija?
Es teatro del riesgo como sólo los grandes pueden hacerlo. Es el desgarro —Siento que no estoy quieta. Soy un híbrido, una mutante. Hay mo-
de la historia de nuestros últimos 60 años […] Restuccia nos hace entrar mentos en que soy rana, hay momentos en que soy gallina, hay mo-
y no tenemos ganas de entrar. Luego nos echa y no tenemos ganas de mentos en que soy Beti y hay momentos en que soy cosa.
irnos. Tira dardos contra la estupidez de nuestra contemporaneidad. Y
puede hacerlo porque se los tira a él mismo. –¿Preferís
– perderte o definirte?
—Perderme, por lejos. Incluso perder completamente las identidades.
La siguiente pregunta es: ¿cómo se lleva, en la intimidad de su cabeza,
este jugador a tiempo completo, esta “dinosaura” (Blanco dixit)? –¿Quién
– es hoy Alberto Restuccia, aquella bestia que conocía todos
—He llegado a la conclusión de que no podría ser de otra mane- los secretos de un arte específico?
ra. Estoy cómoda siendo así como soy, a pesar de que esto nació de —Pasó a ser un personaje teatral. A tal punto se invirtió la relación que
una incomodidad: me sentía incómoda con mi genitalidad masculina. Alberto Restuccia pasó a ser el personaje y la persona es Beti Faría.
Pero una vez que se asumió y llegué a un acuerdo conmigo misma, me
siento muy cómoda. –Nos
– engañaste. Durante décadas nos hiciste creer que aquel era una
persona.
A continuación, una descripción más o menos detallada de argumen- —Es que yo estaba perdida. Viste que a veces en las entrevistas te pre-
tos por los cuales nunca se operaría (“sería contrario a mi naturaleza guntan: “Usted, como artista, ¿se ha encontrado a sí mismo?”. Y vos te-
que me mutilara el órgano por donde gozo”), de prácticas sexuales (“la nés ganas de responder: “Bueno, para encontrarse una tiene que haber
gracia está en que podamos acabar juntos, eso es perfecto”), de la re- estado perdida”. Y esa es la mayor gozadera. Haber sido y ser una per-
lación con su cuerpo (“me gustan mis redondeces, mi panza; me gusto dida… Así llamaron a esa obra de un contemporáneo de Shakespeare,
mucho”), de su tardío descubrimiento de la masturbación. John Ford: ‘Tis Pity She’s a Whore. La tradujeron: Lástima que sea una
perdida en lugar de Lástima que sea una puta...
–¿Cuál
– ha sido el momento de tu vida más pleno sexualmente?
—Ya de vieja. El encuentro termina en carcajadas, ya entrada la noche. Pero, de al-
gún modo, seguimos sumergidos en el estado border del atardecer, el
–¿De
– verdad? mismo que un rato antes había recordado a Beti (no más Alberto) una
—De verdad. Me sorprende cómo una persona —porque antes que anécdota narrada en el comienzo de Pierrot le fou (Godard, 1964):
nada soy una persona— de 74 años tiene la actividad sexual que yo —Al final de su vida, Velázquez estaba casi ciego, y no veía las cosas
tengo. A veces puede ser un día sí y otro también. Es como si fuera un ni las personas, sino lo que había entre las cosas y las personas. Por lo
54 adolescente que nace al despertar sexual. Bueno, yo fui muy lenta, mi tanto, pintaba el entre, cosas indefinidas, como una puesta de sol. El 55
sexualidad fue muy lenta. No me masturbé de niño ni de adolescente. sol que se va es bueno por todo lo que nos hace perder, como decía
SEXUALIDADES

SEXUALIDADES
Mi primera autosatisfacción fue cuando ya estaba casado y tenía tres Artaud. Y al perderse las formas, al perderse los significantes, una ya no
hijos. Quizá por eso es que se corrió el espectro y tengo esta exuberan- sabe quién es.
cia que me sorprende. Una gozadera. ■
SEXUALIDADES

56
AFROS
[ ANA KARINA MOREIRA ] NEGRITUD Y PENSAMIENTO HEGEMÓNICO prácticos. Fuera de una lógica racional y fragmentarista, debemos sa-
ber que entrar en estas líneas de análisis y producción de conocimien-

No es sólo to implica abarcar la realidad de manera interdisciplinaria y multi-


causal. Gran desafío para quienes hemos sido educados en marcos

tu existencia europea de conocimiento, lógicas de interpretación y creación de la realidad


eurorreferenciados, como única verdad universal.

◆◆◆
En julio se desarrolló el primer mes de la afrodescendencia en
nuestro país. Entre las múltiples actividades, las Jornadas Acadé- Saber si un país es o no multicultural permitiría observar cuáles son o
micas sobre Afrodescendencia trajeron elementos para pensar más han sido las políticas públicas que contemplan esa realidad.
profundamente la cuestión afro. Sus ejes: Colonialismo, racismo y La cultura tal vez sea el concepto más amplio, envolvente, de todas
discriminación racial en la producción académica; Abordajes inter- las áreas de una sociedad: su forma de hacer política, de administrar los
seccionales en la construcción de políticas públicas; Cultura e iden- recursos financieros, la relación establecida con el medio ambiente, las
tidades afrodescendientes en la sociedad uruguaya. Decir colonialis- de género, generacionales, raciales, nos refieren a la idiosincrasia de un
mo en la producción académica es también decir sexismo, clasismo, pueblo, encierran sus creencias y costumbres.
racismo y todos los “ismos” limitantes que generan prácticas de dis- Uruguay es un país que deviene de ser colonia. El virreinato del
criminación y mantienen el orden jerárquico impuesto. Pero para Río de la Plata lo convirtió en un rincón geopolítico codiciado por
pensarnos distinto, descolonizados, es necesario en primer lugar varios países en la época de la conquista y la expansión colonial de
vernos colonizados. los europeos: españoles, portugueses e ingleses fueron los principa-
El movimiento descolonizador del conocimiento cuenta con va- les contrincantes por la propiedad de este espacio de puesto natural,
rios autores latinoamericanos: Enrique Dussel, Ramón Grosfoguel, la puerta sur al continente latinoamericano. Este detalle ya nos ubica
Walter Mignolo, Aníbal Quijano, Boaventura de Souza, entre otros va- históricamente como un territorio con grandes posibilidades de ser
rones. A su vez, las raíces de este pensamiento las encontramos en multicultural, como casi todos los lugares de gran actividad portuaria.
pensadores como Aime Cesaire, promotor de la negritud como mo- Esta condición geográfica de puerto natural convierte a esta zona del
vimiento cultural y político, o en Frantz Fanon. También es un pilar Río de la Plata en un lugar ideal para el ingreso de mercadería de todo
fundamental el feminismo antirracista estadounidense, el británico tipo. Entre esas mercancías llegaron, siguieron y también se afincaron
o el centroamericano, donde encontramos a una autora como Ochy personas de origen africano que eran traídas en condición de esclavos.
Curiel, pensadora decolonial por excelencia. También debemos hacer La primera llegada de esclavizados procedentes del continente afri-
referencia a las emergentes del feminismo indígena y otros feminis- cano fue en 1535 (Mónica Olaza, 2005). Pedro de Mendoza habilita el
mos como el africano en su extensa y cuestionadora diversidad de ex- ingreso de un embarque de 200 seres humanos de esa procedencia
presiones, tanto para el feminisimo blanco como para los feminismos con el fin de ser comercializados.
58 negros, el movimiento de cimarronaje e incluso el feminismo chicano. Esta distinción en relación a las procedencias y condiciones en las 59
¿Por qué tanta cita, tanto autor? Porque los tres ejes propuestos que arribaron algunos compatriotas nos dan evidentes pistas para ex-
AFROS

AFROS
pueden ser estudiados de manera separada pero sólo a los efectos plicar el fenómeno de que en un país aparentemente compuesto por
diversas procedencias culturales unas tengan mayor visibilidad que Sin cuestionar el rigor académico con que se realizan los estudios a mi
otras, y se tornen hegemónicas. entender mal llamados “étnicos”, existe una diferencia de puntos de
vista que se expresan en quienes observan e investigan desde dentro y
◆◆◆
quienes lo hacen desde fuera; eso que se denomina lugares intransferi-
Lo hegemónico es en Uruguay un modelo importado, propuesto e im- bles (Kenneth Clark, 1965).
puesto por nuestros colonizadores, que asumimos pero que también Siempre es pertinente en estos temas hacer visible el lugar desde
retroalimentamos. En lo educativo, por ejemplo, nos apropiamos de donde se generan los discursos que construimos y que nos identifican
marcos teóricos europeos para interpretar una realidad latinoamerica- como nación o país. Otra característica que Dussel (2008) destaca es el
na. Propongo repensar este lugar de producción de conocimiento para solipsismo en la producción del pensamiento eurocentrado: el conoci-
encontrar el equilibrio que nos permita reconocer las “otras” verdades miento no se genera en diálogo, se genera cuando el “sujeto pensante
culturales, las de los pueblos originarios y la raíz africana que portaban no puede afirmar ninguna existencia salvo la suya propia”.
consigo los afrodescendientes traídos en condición esclavizada. La construcción conceptual, ideológica y cultural que prima en
El sistema educativo, fundamentalmente, es un productor y repro- las Américas está básicamente construida desde la mirada blanca (“el
ductor de discursos en todos sus niveles. punto cero”) sobre los “otros”; en este caso, pueblos originarios y afro-
Tomo prestadas las ideas de Grosfoguel (2012), quien a su vez toma descendientes. Bajo ese criterio, la racialidad no blanca de estos colec-
mucho de Dussel. Necesitamos saber que el conocimiento occidenta- tivos ha sido y es una variable protagónica para establecer a la etnia
lizado proviene básicamente de cinco países: Italia, Francia, Inglaterra, blancoeuropea como la hegemónica. Si esa mirada no estuviera ra-
Alemania y Estados Unidos. Y que esos países fueron los precursores de cializada, deberíamos hablar de las etnias italiana, española, armenia,
grandes genocidios y “epistemicidios” de otros saberes: a fines del siglo judía, suiza, vasca, afrodescendiente y todos los otros colectivos que
XV el genocidio musulmán y judío (físico/cultural/religioso); ya en el existen en Uruguay.
siglo XVI el de los pueblos indígenas en América y aborígenes en Asia Nombrarse a sí mismos como culturas y a otros como etnias me
(físico y de conocimiento); también el de los pueblos africanos con la conduce al pensamiento del colonizador cuando habla de proceso ci-
trata y el tráfico esclavista. Aquí se genera el racismo como ideología y vilizatorio, según su concepción de civilización. Me resulta peligrosa
el asesinato del conocimiento que poseían las mujeres con la quema de esta asociación en tanto es altamente probable que aún permanezca de
brujas en la época de la inquisición. manera casi inmutable en el inconsciente colectivo de los uruguayos.
Según De Souza (Ramón Grosfoguel, 2005), esos cinco países con- El pensamiento decolonial o las epistemologías del sur que nos
forman el cuerpo del saber universal. Otros conocimientos general- propone Enrique Dussel y que coinciden con la propuesta de Fran
mente son cuestionados por su rigor, sobre todo si sus producciones Fanon, realizada entre los años 1960 y 1970, es mirar el otro lado de
subalternas interpelan al universalismo eurocéntrico. lo eurocéntrico, de lo que se ha impuesto como universal, mirar lo
Me gusta sostener una afirmación radical: que todos o casi todos que queda afuera, lo que está en el lugar de lo oprimido. Contextua-
los contenidos de la educación uruguaya son etnorreferenciados, de lizar el conocimiento. Esta línea nos propone reverlo todo, porque la
60 contenido étnico racial blanco. Lo divergente a ese punto de vista tiene realidad no condice ni con la verdad. Revelar las epistemologías “su- 61
muy corta data y en su gran mayoría sigue siendo epistemológicamen- bordinadas” para desempolvarnos de las eurocentradas. Estas epis-
AFROS

AFROS
te etnorreferenciado, ya que es producido desde un “nosotros” blanco. temologías pueden portar los elementos imprescindibles para lograr
un sistema-mundo en equilibrio ecológico. Proponen una episte- [ S O L E D A D P L AT E R O ] L A S P O L Í T I C A S F O C A L I Z A D A S A N T E E L S I S T E M A

mología con pocas palabras y mucha práctica, que es otra forma de


crear y recrear el conocimiento.
Los pueblos originarios y también los de matriz africana portan
El color del cristal
otras lógicas, otras razones y sentidos que son muy diferentes a las ló-
gicas racionales. En este sentido, las lógicas binarias del pensamiento Hace algunos años me contactó por medio de las redes sociales al-
occidental quedan totalmente descartadas. El binarismo hombre-mu- guien que también se llamaba Platero. Me escribía desde el exterior, y me
jer es ínfimo para una mirada oriental, en la que las polaridades se preguntaba si yo conocía a Fulano Platero, en cuya casa él había pasado
ubican en lo masculino-femenino como fuerzas generadoras de todo un tiempo cuando visitó Uruguay. Le respondí que no, y que probable-
lo que es creado, polos que deben ser mantenidos en equilibrio y que mente no fuéramos parientes. Y entonces me lo dijo: “El apellido Platero
regulan el hacer de un sistema-mundo milenario, sabio y muy anterior se lo puso a mi tatarabuelo un español esclavista, José María Platero”.
al universal propuesto por los europeos. Griegos y romanos reconocen Pasada la sorpresa inicial, entendí, por primera vez en mi ya bas-
a Egipto y a China como fuentes de sus conocimientos. Europa en su tante larga vida, que en este país los que no provenimos de migraciones
creación rompe con este saber milenario y desconoce por completo al recientes descendemos de esclavos o descendemos de esclavistas.
oriente y su sabiduría. ¿Para qué? Para planear otro orden económico El pasado esclavista parece olvidado en Uruguay. Cierto orgullo
que le funcione para su yo conquistador y colonizante. Entonces, ¿qué nos hace repetir que abolimos la esclavitud antes que nuestros veci-
sistema económico político se requiere para generar el sistema-mun- nos (extremo bastante discutible), sin plantearnos demasiado en serio
do que resulte de la suma de lo mejor de todas las partes? cuánto de aquella infamia sigue operando en las vidas de los descen-
Habría que hacerse conscientes y cada vez más responsables en dientes de esclavos 150 años después.
nuestro mundo de los sentidos o de los sinsentidos que producimos o re- Uruguay tiene una oferta educativa primaria y secundaria (y, cada
producimos en lo cotidiano. Tan pequeño y tan sistema-mundo a la vez. ■ vez más, terciaria) extendida a lo largo y ancho del territorio, con leyes
que consagran la obligatoriedad de la enseñanza y promueven la “con-
tinuidad educativa” tendiente a evitar que los sectores más vulnerables
sean expulsados del sistema. Sin embargo, las estadísticas muestran
que aunque a la escuela vamos todos, al liceo van algunos y a la univer-
sidad van muchos menos. Y como cualquiera puede adivinar, los que
menos trepan en la escalera educativa son los pobres. Pero cuidado:
cuando el factor pobreza sale de la ecuación, siguen siendo los afrodes-
cendientes los que acumulan menos millas en el viaje de la formación
y el estudio. Es decir, entre los negros hay, proporcionalmente, más po-
bres que entre los blancos, pero incluso entre los que no son pobres se
62 mantiene la brecha en lo que respecta al acceso a la educación. ¿Cómo 63
hacer, entonces, para ocupar los lugares que las leyes de “acción afirma-
AFROS

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tiva” eventualmente puedan garantizar a ese colectivo? Y aun cuando
los lugares sean ocupados por personas que además de cumplir con [ L O U I S - G E O R G E S T I N ] A R M A S Y D O M I N A C I Ó N R A C I A L E N E S TA D O S U N I D O S

el requisito de pertenencia al colectivo cumplan con las de formación


para el cargo, ¿cuánto de la desigualdad de base se estaría resolviendo?
Un presidente negro puede ser una sorpresa y una alegría en un
Quién tira
país como Estados Unidos, pero las cárceles yanquis siguen llenas de
jóvenes negros, los condenados a muerte siguen siendo negros en una
la primera bala
proporción alarmante y el racismo no ha dejado de manifestarse en
formas ya ruidosas, ya larvadas. El presidente negro, por otra parte, no Ni una semana, ni un día sin que se oiga hablar de las armas de fuego en
ha vacilado en seguir adelante con la despiadada política exterior de Estados Unidos. Las masacres suceden a las matanzas y las matanzas a
sus antecesores, y tampoco ha puesto en peligro la salud de un siste- las masacres. Los artistas y los intelectuales se interrogan, como Michael
ma político y económico que condena a la exclusión y a la pobreza a Moore en Bowling for Columbine. Impotentes frente a la Asociación Na-
millares de hombres, mujeres y niños de todos los colores en su país cional del Rifle (NRA por su sigla en inglés), Barak Obama no pudo cam-
y en el mundo. biar nada al respecto, y las lágrimas que virtió después de una tragedia
Un riesgo cierto cuando se habla de minorías y reparaciones es el reciente han marcado las mentes. Hillary Clinton busca también limitar
de caer en la miseria de comparar cuánto han sufrido unos y otros, y el uso de las armas, pero es poco probable que lo consiga. La mayoría
cuánto le correspondería obtener como compensación a cada uno. Y de los senadores, demócratas incluidos, están financiados por estos
no porque no haya para todos, sino porque en la pelea misma por pro- lobbies. Con el dedo en el gatillo, los propios policías son los primeros
bar quién está más jodido se puede perder de vista que el objetivo de- en disparar a quemarropa sobre el primer sospechoso, sobre todo si es
bería ser que las acciones reparatorias no fueran necesarias. negro. Es así que murieron Trayvon Martin, Tamir Rice, Jordan Davis o
Reconstruir la historia de la esclavitud en América, explicitar los Kajieme Powell; errores recurrentes que son el origen del movimiento
vínculos entre aquel negocio y la estructura económica que todavía nos Black Lives Matter. Y es por lo que Ta-Nehisi Coates redactó un libro dis-
sostiene (que todavía sostenemos), exponer las consecuencias de una tinguido por el National Book Award: Between the World and Me.
práctica que era legal y aceptable hace menos de 200 años es impres- Y nos asombramos cada vez de esta sociedad estadounidense en la
cindible. Hacerlo de tal forma que no se vuelva una herramienta más a que las armas de fuego están tan presentes. Nos asombramos de estas
favor del sistema, también. niñas que, desde los cinco años, aprenden a disparar con balas reales y
Los organismos multilaterales, los gobiernos y muchas bené- pistolas rosas que se parecen a juguetes de la marca Hello Kitty.
volas organizaciones caritativas comparten una inclinación: la de
ofrecer beneficios y ayuda a cambio de sofocar protestas y acallar En realidad, esta cultura, para no decir este culto a las armas de fuego,
reclamos. Todas las luchas por la justicia y la emancipación deberían no puede ser entendida fuera del contexto de esclavitud del cual es pro-
concentrarse en exponer y problematizar la violencia estructural del ducto. Pero aunque el tema sea regularmente evocado en los medios,
sistema. Y todos los que queremos cambiarlo tenemos que resistir este origen totalmente evidente nunca es mencionado. Nos sorprende-
64 la tentación de las consignas y los rituales y dar la batalla para neu- mos muchas veces, pero no se explica nada. Sin embargo, es una de las 65
tralizar el poder fascinador, hipnótico, de las conquistas parciales. consecuencias más visibles de la historia colonial de los Estados Uni-
AFROS

AFROS
Aunque no renunciemos a ellas. ■ dos de América.
Medimos mal la paranoia propia de los primeros colonos que se o sea, prácticamente una revuelta por año, cada una haciendo temer
instalaron en el supuesto Nuevo Mundo. Confrontados a los rigores fenómenos de contagio.
del clima, a la hambruna, a las enfermedades, y sobre todo a los in- Los rumores más locos circulaban en todos los sentidos, y los co-
dios, ellos vivieron en una angustia permanente, y de hecho, en los lonos, que vivían en la angustia, implementaban una política de terror
inicios de la época colonial muchos establecimientos desaparecie- para intentar disuadir de antemano a los esclavos tentados por la re-
ron totalmente, dejando a su paso sólo los rastros y las ruinas de una vuelta. Conscientes de la crueldad que ejercían para con los negros,
presencia fantasma. Los que, algunos meses más tarde, llegaban con los amos tenían fundamentos para temer lo peor en caso de rebelión.
víveres y refuerzos descubrían con terror los cadáveres descompues- En otros términos, la esclavitud fue, por así decir, una guerra civil y
tos, muchas veces acribillados de flechas, de sus predecesores, ante- racial permanente.
cedente de lo que, tal vez, les esperaba a ellos. Así, de generación en
generación fue transmitido, si no el recuerdo, por lo menos el trauma- Se temía, sobre todo, que, por casualidad, los negros hicieran alianza
tismo que se había provocado. con los indios, lo que sucedió en el caso del episodio famoso de los Nat-
La pesadilla se volvió total con los principios de la esclavitud. Los chez, sobre el que el escritor francés René-Francois de Chateaubriand
indios eran una amenaza externa que se podía detener, poner a distan- escribió el libro Atala. Los blancos se veían como en una “ciudadela
cia. Los esclavos, en cambio, vivían en el corazón mismo de las plan- asediada”, metáfora recurrente en la mitología nacional. Y como todas
taciones. Sin embargo, el negro más manso, más dulce en apariencia, las paranoias, este gran miedo se fundaba sobre bases en buena parte
podía volverse el enemigo más cruel. Se evocaba con angustia a esas racionales. Frente a los indios, aún se podía construir paredes, como lo
cocineras que mezclaban vidrio molido con la sopa del amo, quien mo- atestigua la famosa pared de Wall Street, construida por los neerlande-
ría luego, después de sufrimientos atroces, sin que nunca se descubrie- ses. Pero frente a los esclavos, ¿qué se podía hacer?
ra el origen del deceso. Se temía en toda la Luisiana los hechizos que los Sin poder poner un soldado detrás de cada colono, se pensó que se
negros del bayú, herederos del vudú, difundían a su alrededor. Se sabía podía al menos poner un fusil entre las manos de cada uno. La posesión
que rondaban en los alrededores los “bush negroes”, esclavos cimarro- de un arma de fuego, que fue primero una cuestión de supervivencia,
nes, escapados y viviendo de rapiñas y tráficos en la proximidad de las se convirtió pronto en un marcador social y cultural: era el privilegio
plantaciones. Se temía sobre todo las revueltas recurrentes, que podían blanco por excelencia. Porque, evidentemente, las armas de fuego esta-
acabar en verdaderas masacres. ban prohibidas a los negros, a fortiori a los esclavos. Varias leyes fueron
El ejemplo de Haití, de Toussaint Louverture y sobre todo de Des- votadas en este sentido, y en algunos estados, sobre todo en el sur, un
salines, permaneció en todas las memorias, y miles de blancos fue- negro en posesión de un arma de fuego podía ser condenado con todas
ron asesinados en esta ocasión. “Hacer como en Santo Domingo” se las de la ley. El fusil se volvió de ese modo el símbolo propio de la do-
volvió un leitmotiv en la boca de los esclavos. Es lo que afirmaban en minación racial en Estados Unidos incluso cuando los negros tuvieron
todo caso los amos asustados. Mezclando en su persona la figura del acceso a las armas de fuego.
profeta y la de Espartaco, Nat Turner se volvió noticia en los diarios,
66 suscitando muchas vocaciones, y muchas otras insurrecciones tuvie- Y está claro, aun hoy, que la NRA es primero un lobby blanco, cosa 67
ron lugar en todo el continente. Entre 1521 y 1882, en el conjunto de notable aunque pocas veces observada, y que su combate no sólo está
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las colonias americanas, 338 revueltas notables fueron identificadas, motivado por la preocupación en cuanto a la seguridad. Para quien
escucha a sus voceros, es obvio que la posesión de un arma de fue- Aunque otras razones, totalmente evidentes y mucho más mate-
go es, ante todo, una cuestión de identidad, es el símbolo del hombre riales, expliquen el recurso a las armas de fuego, el tráfico de drogas,
blanco. Y es completamente vano explicar a los partidarios de estos por ejemplo, nos perderíamos de una parte de la realidad social, sim-
lobbies que la venta libre de fusiles y pistolas no hace sino reforzar la bólica e histórica si no entendiéramos que, en cierta medida, se trata
violencia que, supuestamente, debe combatir. Porque, lo que defien- igualmente, para estos grupos sobrearmados, de implementar una
den, profundamente, no es una cierta concepción de la seguridad, es forma de resistencia negra frente a la dominación blanca, aunque las
una cierta concepción de su identidad viril y racial. primeras víctimas de esta resistencia fueron ciudadanos negros de es-
Por un fenómeno de “histéresis” muy dado en perpetuar las rela- tos mismos barrios.
ciones raciales, incluso después de la abolición de la esclavitud, los Aun hoy, eso explica que muchas asociaciones antirracistas militan
“guns” permanecieron siempre como una apuesta identitaria, y es en Estados Unidos en contra de las armas de fuego, no sólo porque los
porque esta es particularmente perceptible, aun hoy, en los estados afroamericanos son las primeras víctimas de los disparos (sean de pan-
del sur y del oeste, donde la amenaza de los negros y de los indios fue dillas negras, sean de policías blancos), sino también, y más profunda-
más fuerte que en otra parte. Al final del siglo XIX, y a principio del mente, porque estas armas son el símbolo histórico de la violencia co-
XX, aun antes de linchar a quien sea, las brigadas del Ku Klux Klan lonial y de la dominación racial. Los negros que en Estados Unidos ven
(KKK) se anunciaban primero gracias al ruido de las armas de fuego el vínculo entre esclavitud pasada y los problemas presentes son acusa-
que disparaban, señal de la llegada de la potencia de los amos blan- dos de buscar excusas perezosas para su mediocre condición socioeco-
cos, vestidos de igual color. nómica. Pero cuando vemos hasta qué punto los mismos blancos ame-
Esta cuestión estuvo también presente durante la batalla por los ricanos son presos de sus angustias obsidionales y del síndrome de las
derechos civiles, en la década de 1960. Los Black Panthers fueron siem- armas de fuego, comprendemos, en efecto, que los argumentos de los
pre acusados de poseer armas. Y a veces era cierto. En el espíritu de afroamericanos no son tan falsos, porque en su conjunto la sociedad
los conservadores la imagen de un negro poseyendo un arma de fuego, estadounidense (pero no sólo ella) padece todavía de las consecuen-
siquiera de manera legal, constituía un desafío, una provocación, una cias patógenas y duraderas de su historia. ■
situación de alguna manera contranatura. Y mientras la policía blanca,
la CIA y el KKK no se privaban de usar las formas más radicales de la TRADUCCIÓN: CÉDRIC MINNE

violencia racial, las asociaciones negras estaban invitadas a usar la no


violencia y renunciar a la posesión de armas de fuego. Es la elección
emblemática que hizo Martin Luther King, lo sabemos muy bien.
Al contrario, numerosos grupos negros hicieron de la posesión de
armas de fuego el instrumento de un orgullo reencontrado. Las pis-
tolas de las pandillas afroamericanas de Baltimore o de Los Ángeles
no sólo tienen vocación de asegurar la dominación territorial a la que
68 aspiran. De manera consciente o no, ellos representan igualmente la 69
revancha racial de aquellos que las leyes, en otros tiempos, habían
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despojado y discriminado.
[ PAT R I C I A P G A I N Z A ] E S T I G M A S Y D E S I G U A L D A D E S

No será para siempre


Soy mujer, blanca y profesional. Aparentemente el racismo no me
tendría que preocupar, pero me ocupa porque es la forma de violencia
más naturalizada de la sociedad uruguaya. La ciencia moderna se ha
abocado a enseñarnos, explicarnos y probarnos que las razas no exis-
ten. Las razas no existen pero el racismo sí.
Aníbal Quijano (2000) define la raza como “una marca”, un “fenó-
meno cognitivo o, […] puramente ‘mental’, pero [que] constituye una
pista en dirección a quién se fue, y a quién, por lo tanto, se es”. Y tam-
bién afirma: “La raza ha sido el más eficaz instrumento de dominación
social inventado en los últimos 500 años […], ya que sobre ella se fundó
el eurocentramiento del poder mundial capitalista”.
Los seres humanos tenemos la misma constitución genética con
diferencias fenotípicas que han justificado históricamente una lista
interminable de abusos. Diferencias que implican contar de dónde se
viene, de dónde vienen los ancestros, qué roles ocuparon, qué tareas
realizaron y, en muchos casos, qué tareas está realizando el descen-
diente al día de hoy. El problema no es la negritud sino el racismo es-
tructurante que nos rodea, que limita las posibilidades de las personas El proceso histórico que llevó a Uruguay a la abolición de la esclavi-
en su desarrollo efectivo (formas de verse y pensarse) y priva a la socie- tud después de Haití (así le fue por tal irreverencia) y mucho antes que
dad de una convivencia mayor. Brasil fue extenso (al menos desde 1812 hasta 1862) y estuvo lleno de
contradicciones, avances y retrocesos. Avatares que en su momento se
¿Por qué nos cuesta tanto hablar de racismo y reconocerlo? Socialmen- debían a los diversos intereses económicos en juego. Incluso décadas
te, por ejemplo, nos costó mucho menos el abordaje de los temas de la después, durante el primer batllismo, que implicó un parteaguas en los
diversidad sexual, tal vez porque es seguir pensando en el mismo sen- derechos civiles y políticos de las personas en Uruguay, no se tomó ni
tido, es decir, de manera eurocéntrica. En cambio, para reconocer el ra- una medida para las personas afrodescendientes.
cismo y desestructurarlo, tenemos que indagarnos a nosotros mismos. El Estado uruguayo nunca indemnizó a quienes habían sido escla-
70 Nos obliga a repensar el proceso de explotación y dominación que im- vizadas, sino a sus dueños. Muchas de las personas liberadas fueron 71
plicó la trata esclavista y quiénes se beneficiaron de esos mecanismos a obligadas a formar parte de los ejércitos independentistas nacionales
AFROS

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lo largo de 200 años de Estado nacional. para obtener a cambio su libertad. Luego del proceso de abolición de
la esclavitud, las personas negras fueron colocadas en funciones so- Las acciones afirmativas son una de las respuestas de la política
ciales y laborales de subordinación y explotación, en las que se man- social que, de forma más explícita, se orientan a reducir las desigual-
tienen dos siglos después si analizamos los datos de ocupación desde dades. Las posibilidades de acciones afirmativas son diversas, no se
una perspectiva étnico-racial. Las personas esclavizadas pasaron de reducen al cupo en empleos, becas o sillas en el Parlamento, aunque
ser esclavas en la colonia a ser sirvientes en los inicios del Estado na- ciertamente estas son las más recurridas. Más bien deben desarrollar-
cional. En el Uruguay democrático del siglo XXI las mujeres afro son se con relación a las particularidades del colectivo y las situaciones en
empleadas domésticas. las que se busca incidir. Pueden ser sumamente diversas: tutorías en la
En este Uruguay, ¿el racismo es visto por la sociedad como un educación media, seguimiento de pares en las trayectorias educativas
problema social o estamos en esa preetapa denominada “problema- terciarias, generación de ejemplos positivos a tener como referencias
tización”? ¿Hemos puesto en cuestión el concepto de racismo? ¿Y los de vida, publicidad étnicamente inclusiva, llamados diferenciados, re-
hechos que lo sostienen? ¿Los daños y pérdidas que nos causan como paraciones (simbólicas o económicas), como las que se realizaron a las
sociedad? ¿Qué estructuras lo sostienen? personas afro expulsadas de los conventillos de Palermo durante la dic-
tadura militar, entre otras.
Este concepto persigue establecer mecanismos específicos que se Las políticas de acción afirmativa, conjuntamente con la elimi-
orienten a combatir las pautas de discriminación y la persistencia de nación del daño, deben tender a la desestructuración de las bases del
diversas inequidades. Inicialmente, se utilizó el concepto de “discrimi- racismo existente, de lo contrario las acciones se convertirían en herra-
nación positiva”, pero este fue resistido, ya que la palabra “discrimina- mientas que se perpetuarían en el tiempo, sin tener mayor impacto en
ción”, que hacía referencia a distinciones arbitrarias e injustas, no podía la transformación de la realidad del colectivo.
formar parte del concepto que trataba de erradicarlas.
Las acciones afirmativas no constituyen un fin en sí mismas. Bus- Una crítica que plantean los detractores de este tipo de intervenciones
can la redistribución del poder económico, político y social. Procuran es que las medidas infringen el principio general de igualdad de trato
corregir la exclusión y las desigualdades históricamente acumuladas y atentando contra la universalidad. Pero la soñada universalidad como
deben ser consideradas medidas transversales. único principio rector no ha logrado imponerse. Uruguay ha desarro-
Naciones Unidas define a las acciones afirmativas (Bossuyt, 2011) llado a lo largo del siglo XX pretendidas políticas universales, pero no
como “un conjunto coherente de medidas de carácter temporal dirigi- ha logrado llegar a determinados sectores de la población, que conti-
das específicamente a remediar la situación de los miembros del grupo núan con los mismos niveles de pobreza y exclusión, como la pobla-
a que están destinadas […] para alcanzar la igualdad efectiva”. ción afrodescendiente.
Por su parte, Rita Segato (2007) sostiene que cuando la estructura Entonces se hacen necesarias otras medidas que focalicen en los
de poder discrimina y oprime, las acciones positivas deben apuntar a segmentos de la población a los que no llegan las acciones universales.
“corregir la desigualdad y la exclusión” generadas por ese poder de elite Otro argumento en contra de su aplicación es la posibilidad de abu-
que parece inamovible: “ Es necesario [...] identificar, en toda sociedad, sos y trampas por parte de personas que no forman parte del colectivo:
72 dónde se encuentra posicionado el poder, entendido aquí como una no afros que se hagan pasar por tales. En este contexto, las campañas 73
combinación de tres factores en dosis variables: prestigio social, poder de autoidentificación y visibilización son elementos importantes. Ac-
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económico y poder político”. tualmente, el Estado uruguayo resuelve la cuestión con una pregunta
de autoidentificación que debe responder la persona en formato de de- es que cuando haya dos personas con las mismas habilidades, como
claración jurada, cuando se presenta a cualquier llamado: “¿Cree tener un acto de reconocimiento y compensación de la desventaja histórica
ascendencia afro o negra / asiática o amarilla / blanca / indígena / otra? que ha tenido la persona afro, sea escogida para el puesto. Por qué nos
¿Cuál considera la principal?”. cuesta tanto asumir esto como un argumento válido: porque en térmi-
Las posibilidades de errores de cálculo en el acercamiento de la po- nos reales —y no discursivos— implica redistribución del poder.
lítica a los potenciales beneficiarios no son mayores que en cualquier En ese mismo sentido, otro argumento se esgrime interpelando las
otro tipo de política social. Este temor es producto de la negación que políticas afirmativas, y quizá sea el más sólido, el que dice que los be-
históricamente hemos tenido del tema. neficios que se ofrecen llegan exclusivamente a la elite del grupo vul-
En las sociedades en las que la etnia-raza es un dato más, como en nerable, lo que genera nuevas injusticias sociales. La solución es contar
las culturas anglosajonas, las personas están acostumbradas a respon- con un Estado que cumpla a cabalidad sus obligaciones de difusión,
der a esta pregunta, y la posibilidad de mentir en la respuesta es casi desarrollo y evaluación de la medida para que esta llegue al total de la
inexistente porque hace a su identidad. Cabe la posibilidad, también, población afro; y también con una sociedad civil que divulgue los ade-
de que la gente mienta para no pertenecer a un colectivo que histórica- lantos en la materia y monitoree los avances del Estado. Además, debi-
mente ha sido una causa de vergüenza, no de beneficios. do a que son acciones temporales, las medidas generadas con períodos
Los dardos también apuntan al peligro de estigmatización (o rees- preestablecidos contribuyen a un mejor monitoreo y evaluación.
tigmatización) de la población objetivo con la instrumentación de estas La discusión de este tema es sin duda un paso importante en el
políticas. El argumento es que se estaría imponiendo la idea de que es- largo camino de la desestructuración del racismo. Permite poner el
tas personas no pueden acceder a determinados puestos o becas por sí asunto en la agenda pública y problematizarlo. Es un inicio en el reco-
solas, y esto es reestigmatizar a la población que se intenta beneficiar. nocimiento de la existencia de poblaciones que han sido invisibilizadas
Ciertamente, una acción afirmativa inadecuada puede ir en contra de y cosificadas como víctimas del racismo. Además, existe un efecto mul-
la población que se pretende visibilizar, pero también es cierto que mu- tiplicador que trasciende a la persona beneficiada e impacta sobre la
chas personas afrodescendientes han logrado cargos importantes o son familia y la comunidad toda.
profesionales. Así, cuesta pensar o creer que vean sus logros desvalori- Como mujer, blanca y profesional, es decir, privilegiada, creo que
zados por la implementación de cuotas. las acciones afirmativas son una herramienta poderosa para ahondar
Lo que es incuestionable e indican los números es que son muy en la justicia social en relación a la población afro del país. ■
pocas las personas que logran salir de la inercia de la generalidad y ac-
ceder, por ejemplo, al nivel universitario: de la población afrodescen-
diente uruguaya sólo 8% inició estudios terciarios.
Son muchas las reticencias a la implementación de estas políticas.
Otra, la que dice que se coloca a personas no capacitadas en puestos
para los que no están preparadas. Pero las medidas están pensadas de
74 otra forma: en todos los casos existen concursos para comprobar las 75
habilidades necesarias y evitar así que ingresen personas que no ten-
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gan las atribuciones requeridas. Lo que se pretende con estas medidas
[ ROBERTO GARCÉS MARRERO ] RELIGIONES DE ORIGEN AFRICANO EN CUBA

Las que salvan


de “adelantar la raza”
En Cuba se establece una franca asociación entre palidez, facciones
caucásicas, pelo lacio y estatus alto. Para muchos cubanos el sol ubicuo
es un problema, no tanto por el efecto envejecedor de los rayos ultra-
violetas, sino porque no quieren “ponerse prietos”, es decir, que se les
oscurezca la piel. Sin embargo, quizá más de las tres cuartas partes de
la población tienen ascendencia africana.
Los procesos de mestizaje son complejos, no son una mixtura ho-
mogénea de fenotipos diferentemente coloreados y culturas distintas,
sino un arduo, y a menudo sutil, recorrido de sometimiento, de despo-
jo, en este caso de blanqueamiento, y también de resistencia y lucha.
Estas relaciones de poder no siempre están refrendadas por el Es-
tado, pero, al no ser cuestionados determinados principios, se dejan
inamovibles las bases de lo que puede ser una discriminación explí-
cita; cuestiones que se traducen en las oportunidades y el acceso a
los servicios de todo tipo, aunque aquí sólo nos limitamos al aspecto
cultural del asunto. pagan el precio de un voraz colonialismo. ¿Es sorprendente que entre la
Por ejemplo, en nuestras escuelas primarias se estudian las fábu- población cubana de piel más oscura, a la que sólo se le han mostrado
las de Esopo y Jean de La Fontaine, nada de nuestros mitos taínos o las cadenas, los grilletes, los cepos y los látigos con los que sus abuelos
de las leyendas de la riquísima oralidad yoruba. En nuestra educación fueron sometidos a la esclavitud, se diga como refrán recurrente: “coco,
secundaria se nos habla de la historia universal (esto es, la europea) y aunque sea rancio”? Esta frase es la síntesis de todo un largo proceso
de América, pero nunca de África, o sólo lo suficiente para que nos lle- de dominación, finalmente internalizado; significa que se debe buscar
vemos la idea de que es un lugar sin pasado con gravísimos problemas a toda costa una pareja blanca. No importa su calidad humana, su be-
socioeconómicos, que, parece, son responsabilidad de su ineficiente lleza física o su estatus, sino sólo su color de piel, para así tener descen-
administración. ¿Egipto? Por supuesto, está en tierra africana, pero dencia más clara, con “pelo bueno” y “facciones finas”, es decir, para
76 para nadie los egipcios son negros, en todo caso, son árabes. “adelantar la raza”. 77
Curioso, ¿verdad? Nunca se habla de los exquisitos bronces de Por su parte, la población blanca educa cuidadosamente a sus
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Benín, de la sabiduría de los griots, de sociedades complejas que aún descendientes, sobre todo a sus hijas, para evitar que “se atrasen”.
Un hijo que tenga relaciones con una “mulatica de salir” es un mu- Yemanyá, el mar; Oshún, el río; Oyá, el viento. Tampoco están despoja-
chacho con buen desempeño sexual, porque las “negras son calientes”. dos de pasiones: se enamoran entre ellos, sienten celos e ira, castigan,
Claro, siempre y cuando el chico no tenga hijos con ella, dice su ma- perdonan (si quieren), ayudan u obstaculizan. Incluso sus prácticas se-
dre, porque “yo no voy a peinar pasas” (al cabello afro, rizado, también xuales son poco convencionales: la poligamia, el incesto, el adulterio,
se le dice “pelo malo”). las conductas no heterosexuales y las tendencias parafílicas son comu-
Una típica conversación de comadres: nes en sus patakíes (historias).
—¿Viste a la hija de Fulanita? Está con un negro. El creyente los respeta, pero establece con ellos una relación casi
—La pobre ya se ve sucia, tiene la piel “empercudida”. de camaradería: les suplica y los insulta si no le responden, negocia
En semejante situación, en la que el racismo está “suelto y sin va- con ellos, respeta sus mandatos y se burla de ellos. No es el fiat vo-
cunar”, las religiones cubanas de origen africano son una suerte de re- luntas tua cristiano, sino una suerte de “ayúdame a lograr la mía, a
ferente positivo para la negritud. Es la manera de sentirse hijos de un cualquier costo”.
numen que es rey o reina, de encontrar historias en las que los héroes Todo esto forma parte del origen de ese espíritu cubano algo irre-
no son pálidos y rubios, en las que se han preservado con notable pu- verente, el constante “choteo”, rasgo típico de la mayoría de quienes
reza costumbres, cosmovisiones, toda una espiritualidad que es el nú- habitan la isla. Incluso, la mística de estas religiones no se basa en la
cleo identitario de gran parte de la población cubana, más allá de la épica de un alma que atraviesa noches oscuras, sino en un acto teofá-
pigmentación de su piel. nico de encarnación. Cuando el santo “se monta”, la divinidad toma el
Muchas personas cubanas, independientemente de la cantidad de cuerpo del creyente, lo posee, por un momento lo despoja de su indi-
melanina tras la epidermis, se consideran hijas de un orisha de piel os- vidualidad: el numen se materializa, baila, gesticula, exige, es servido,
cura, o protegidas por el espíritu de un “negro africano” que murió en a veces da consejos. La divinidad te toca y la tocas: la cercanía se hace
tiempos de la colonia. Las religiones de origen africano también son definitiva. Los lugares de adoración no se reducen a la casa-templo:
una manera de cohesionar personas más allá de fronteras raciales. debes acercarte a la naturaleza, llevarles ofrendas a las orillas de un
río, al mar, hablar con las plantas, tratar de escuchar las voces de lo
El catolicismo enseña una cosmovisión verticalista del universo: infier- divino en el entorno.
no debajo, tierra en el medio, cielo encima, lo que equivale a una rela- La espiritualidad de estas religiones te enseñan a relacionarte de
ción de veneración y sometimiento con las entidades superiores. Todo una manera filial con lo que te rodea, con el mar, el río, el viento, el
esto se traduce en la rígida organización jerárquica de la iglesia. rayo, las plantas. Pero sus normas —de origen tribal, a veces difíciles de
A su vez, los santos son canonizados precisamente por la negación cohesionar con el actual contexto— también reproducen y legitiman
de ciertas cualidades humanas, sobre todo las vinculadas con lo corpo- otras maneras de exclusión: la Sociedad Secreta Abakuá no inicia a mu-
ral. Por el contrario, en las religiones de origen afro el mundo es hori- jeres ni a homosexuales; algunos santeros tienen la prohibición ritual
zontal, el cielo sólo es el lugar donde está Olorun —el sol— y, muy lejos, de relacionarse con personas de “sexo dudoso”.
Olofi, una suerte de deus otiosus (en la Regla de Palo Monte se llama Si soy hijo de un orisha violento y pendenciero, se comprende que
78 Sambia; para los abakuás, Abasí). sea de esa manera y se me exime de culpa, pero se me trata de aleccionar 79
Los demás númenes tienen una materialización concreta en las en el sentido de moderar esas características de la manera más cons-
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fuerzas naturales, son la personificación de estas: Shangó es el rayo; tructiva posible. El sacerdote —médico popular, psicólogo, mediador
y confesor al unísono— funciona como un elemento de suma impor- [ A L E J A N D R O G O R TÁ Z A R ] L O A F R O E N E L A R T E L AT I N O A M E R I C A N O

tancia en el equilibrio y la orientación de las comunidades, aunque en


estos momentos el nivel de mercantilización de estas religiones a veces
se vuelve escandaloso hasta para los propios creyentes.
Más allá del
En Cuba quizá sería muy importante propiciar la reflexión sobre
estos temas, abordados casi siempre de manera descriptiva. Se ha con-
folclorismo
siderado a las religiones de origen africano un elemento constitutivo —
incluso central— de la cubanidad, lo que excluye a los no practicantes La influencia de África en las artes de América Latina puede ser
o a los creyentes de otras religiones de lo que a menudo se promociona tratada de distintas maneras. Un enfoque tradicional es, por ejemplo,
como identidad nacional. No a todos los cubanos les gusta el ron y la la tendencia folclorista que, asociada al Estado y a organismos inter-
salsa, casi ninguno fuma habanos, muchos no son santeros. Tomar es- nacionales como la UNESCO, selecciona, congela y conserva bajo el
tas creencias como un sinónimo de cubanía impide abordarlas de ma- nombre de patrimonio (material o inmaterial) determinadas expresio-
nera más profunda, con sus luces y sus sombras. nes culturales de los colectivos afro en diferentes contextos nacionales
Un acercamiento prejuiciado a estas cuestiones, tanto en favor (capoeira en Brasil, candombe en Uruguay). El asunto también puede
como en contra, impide comprender su justo lugar en la sociedad cu- ser encarado desde la perspectiva de la importancia del “primitivismo”
bana, muy lejana de la homogeneidad cultural. Cualquier fenómeno en el arte de vanguardia. Un ejemplo paradigmático es Las señoritas de
social existe y pervive porque cumple determinadas funciones, a veces la calle de Avinyó (1907), de Pablo Picasso, y la importancia decisiva de
sorprendentes, contradictorias, en cierto marco. Para nosotros, estas las máscaras africanas en su confección.
religiones han sido la manera de conservar nuestras raíces africanas,
con sus historias, sus danzas, sus comidas, sus lenguas, sus saberes; Los debates sobre el primitivismo influyeron, no siempre directamen-
también portadoras de prejuicios y tabúes. Son tanto un acto de resis- te, en muchas de las propuestas artísticas de los años 20 y 30 del siglo
tencia y de lucha como una mercantilización de lo exótico. Han sido XX en América Latina. En París coincidieron intelectuales y artistas la-
una manera de conservar una suerte de orgullo afro, que, sin embar- tinoamericanos, como Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias y Lydia
go, no ha podido crear un discurso antiblanqueador que cuestione la Cabrera, quienes encontraron en el primitivismo y en las investigacio-
contumaz reproducción de códigos racistas naturalizados. Entenderlas nes y colecciones europeas material con el que experimentar y apro-
en su totalidad es una manera de entendernos mejor y, a partir de allí, piarse de las técnicas de la vanguardia.
transformarnos, en un acto dialéctico de superación que no niegue de Así, Asturias escribió Leyendas de Guatemala (1930) a partir de
manera absoluta nuestras fuentes originarias. ■ sus contactos con las investigaciones sobre mitos y leyendas mayas
del profesor Georges Raynaud. Por su parte, Cabrera publicó Cuentos
negros de Cuba, en 1936. Su primer contacto con mitos y leyendas
afrocubanas guiaron sus investigaciones etnográficas sobre la religión
80 afrocubana en La Habana, que forman parte de sus libros El monte 81
(1954) y Yemayá y Ochún (1980). También en París, Carpentier escri-
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bió la versión definitiva de su primera novela, ¡Écue-Yamba-Ó! Novela
afrocubana, publicada en Madrid en 1933, que pone en escena ritua- uso de una “onomatopeya negra”, como expresó Roberto Fernández
les ñáñigos, especie de sociedades cerradas integradas por afrodes- Retamar. Su poema “Danza negra” apunta en esa dirección: “Calabó
cendientes. Poco tiempo después, Carpentier anunció su perspectiva y bambú / Bambú y calabó / El Gran Cocorocó dice: tu-cu-tú / La
real-maravillosa con El reino de este mundo (1949), donde reconstru- Gran Cocoroca dice: to-co-tó / Es el sol de hierro que arde en Tom-
yó el vudú y otras cosmogonías de esclavos haitianos a partir de la buctú / Es la danza negra de Fernando Póo”. Este tipo de expresión
historia de Mackandal, un cimarrón rebelde. Lo mismo ocurrió con poética infantiliza al afrodescendiente y tiende al exotismo del que
Pedro Figari y sus cuentos, en los que conectó su perspectiva sobre la hablaba Zum Felde. Muchas veces las formas de imaginar la alteri-
pintura y la vanguardia en París y su experiencia con afrodescendien- dad en contextos nacionales operó para descalificar, y no destacar,
tes uruguayos en recorridos por el interior del país, más o menos por los aportes africanos.
los mismos años en que Picasso pintó a las señoritas. En contraste, en el Caribe francófono, surgió la propuesta poética
Cuando en 1930 Alberto Zum Felde analizó los “poemas negros” de Aimé Césaire, que en 1928 publicó Cuaderno de un retorno al país
de Ildefonso Pereda Valdés en su Proceso intelectual del Uruguay —me natal (y también la poesía de Léopold Sédar Senghor en África). El dis-
refiero a La guitarra de los negros (1926) y Raza negra (1929)—, hizo curso de la negritud tomó la lengua francesa, en especial la veta maldita
especial hincapié en diferenciarlo de la moda esnob del “arte negro” de de Arthur Rimbaud, para afirmar una identidad que revolvía en el pa-
París. “No puede acusarse al escritor uruguayo de haber adoptado un sado colonial, en la esclavitud, en los estereotipos raciales, para inver-
motivo exótico”, decía Zum Felde, “al contrario, el motivo del negro es tirlos y proponer una revuelta contra ellos: “Mirad, no soy más que un
exótico en Francia, pero aquí, en el Plata, es nativo; es tan nativo aquí hombre (ninguna degradación / ningún escupitajo lo conturba) / no
como el indio o el gaucho”. soy más que un hombre que acepta, abolida la cólera / (no tiene en el
corazón más que un amor inmenso) / Acepto… acepto… enteramente
El Caribe, con su diversidad lingüística, geográfica y cultural, es un es- sin reserva / mi raza que ninguna ablución de hisopo y de lirios / mez-
cenario ineludible para pensar en la idea de un arte afro o negro en clados podría purificar / mi raza recomida de máculas / mi raza uva
América Latina. Es en el período histórico de la vanguardia que pueden madura para pies borrachos / mi reina de esputos y de lepras / mi reina
identificarse tres tendencias bien definidas. La oposición entre negris- de azotes y de escrófulas / mi reina de escuasmas y cloasmas”.
mo y negritud es la que aparece con mayor nitidez en la bibliografía so- El resultado es la apropiación de un universalismo (el hombre) a
bre la vanguardia latinoamericana. El trabajo de recopilación y análisis partir de la afirmación de una identidad particular (la negritud). Un
de Jorge Schwartz en Las vanguardias latinoamericanas apunta a dis- proceso necesario de reivindicación de tradiciones y civilizaciones
tinguir entre los movimientos de reivindicación y afirmación política africanas que tuvo varios correlatos en propuestas culturales, como el
de una negritud. Por otro lado, para el negrismo, el afrodescendiente es Harlem Renaissance en Estados Unidos, en el que se destaca el poeta
un objeto exótico, sensual y primitivo. Las obras negristas son elabora- y novelista Langston Hughes, o propuestas políticas, como el Partido
das, en general, por una elite blanca y no están articuladas en un ismo Autóctono Negro (nucleado alrededor de la revista Nuestra Raza), en
con sus manifiestos y artes poéticas. Uruguay, o el Frente Negro Brasileño.
82 Un ejemplo paradigmático del negrismo es Tuntún de pasa y gri- La poesía de Nicolás Guillén viró inmediatamente de un negris- 83
fería (1937), de Luis Palés Matos. La poesía del puertorriqueño utili- mo inicial, que puede adjudicarse a la primera edición de Motivos del
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zó algunos aspectos del folclore musical y coreográfico, así como el son (1930), a una propuesta distinta de la negritud, la poesía mulata,
en sintonía con la idea de “cubanidad” y las luchas para construir una por este discurso también resulta riesgoso, porque, en la práctica y
nación soberana en Cuba, que se concretarían con la revolución en en muchos casos, significó interpretar las expresiones culturales de
1959. En el poema “Negro bembón”, que abre aquel libro, el poeta re- los afrodescendientes fuera de las sociedades nacionales que las
toma aspectos del habla popular, asignada a sujetos afro: “¿Po qué marginaron, rechazaron o minimizaron.
te pone tan brabo, / cuando te disen negro bembón / si tiene la boca En 2013, el artista Alejandro Cruz fue el curador de una muestra
santa, / negro bembón?”. Un año después, Guillén prologó su Sóngoro titulada Negro, en la que los artistas, en su mayoría afrodescendien-
cosongo (1931) y afirmó que sus versos eran mulatos. Para Guillén, tes, fueron interpelados a revisar su negritud en el marco del imagi-
la influencia africana es tan grande que es imposible separarla de la nario nacional y en diálogo con las tendencias del arte contemporá-
cultura cubana. Su aspiración a una poesía criolla supone que blan- neo. La instalación de Jacinto Galloso aludía al caso Suárez-Evra y a la
cos y negros están unidos. El poeta concluyó: “El espíritu de Cuba presencia de lo afro y el racismo en el poderoso imaginario del fútbol,
es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color definitivo. las fotografías digitales y el delantal de Silvia Segundo invertían las
Algún día se dirá: ‘color cubano’. Estos poemas quieren adelantar ese relaciones patrona-empleada doméstica, y Daniel Bera teñía de ne-
día”. La utopía nacional es para Guillén el mestizaje, que se expresa en gro los dominós de las comparsas que manchan dos hojas blancas
la mezcla de dos razas. tiradas en el piso. Estas tres obras deconstruían distintas imágenes de
A estas tres líneas habría que agregar otro: El discurso antillano “lo negro” en Uruguay.
(1981), de Édouard Glissant, que, montado sobre la negritud como Recuerdo que en la sala de la Dirección Nacional de Cultura (Punto
primera búsqueda de una unidad que trascendiera la insularidad ca- de Encuentro) cada una de las partes de un tambor colgaba del techo
ribeña, propuso una unidad antillana que rompiera con la imitación como entrada a la exposición. Aquella instalación sin firma sintetizaba el
del modelo francés y con la propuesta de una síntesis que se volcara desarmado y rearmado del “arte negro” en Uruguay. Una mirada crítica
hacia un humanismo inocuo. Lo que Glissant propuso fue reconocer sobre las formas en que se construyen las alteridades en los estados-na-
“la parte africana de su ser” en esa realidad otra que se construyó en ción, así como sobre las soluciones estéticas ensayadas en la vanguardia
las Antillas, una síntesis en la que todas las partes se enriquecen y no es histórica, es una buena manera de entrar a las redes globales de la diás-
necesario postular la exclusividad de lo afro. pora africana y el arte contemporáneo. ■

En las últimas décadas cobró fuerza en el ámbito académico


estadounidense la idea de una diáspora africana que uniría la
historia y las expresiones culturales de todas las Américas y sería, a
su vez, transatlántica. El mero planteo de una hipótesis así resulta no
solamente seductor, sino poderosamente convincente. Y lo es porque
se presenta en algunos casos como continuación del panafricanismo,
discurso internacionalista del movimiento social negro en Estados
84 Unidos, liderado principalmente por WEB Du Bois. Un movimiento 85
solidario con la situación de la diáspora africana en el Caribe, que
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luego se expande a América Latina, Asia y África. Pero dejarse seducir
[ ROSARIO LÁZARO IGOA ] EXUBERANCIA Y MISOGINIA EN BRASIL La ecuación corporalidad-sensualidad-libertad no se reveló tan unidi-
reccional como mi estereotipo rioplatense sugería, y como el proceso

El capital del cuerpo de adaptación supo evidenciar. Además, escribir con un índice de tota-
lidad sobre los países y personas que coexisten bajo la bandera verdea-
marela demuestra ser bastante inútil. El estereotipo resultó ser carioca
I. En aquel momento era de noche. El sol se había puesto y yo tenía o, a lo sumo, de algún punto idealizado del litoral, imagen por cierto
dos semanas de marzo antes de que empezaran las clases. Veinte horas lejana a la falta de gracia de la dactilógrafa virgen Macabéa, el personaje
adentro de un ómnibus interrumpidas por escalas sofocantes. Recién de A hora da estrela, de Clarice Lispector. No menos clave, los últimos
llegada, caminé hasta la playa con cierta urgencia; sentí primero la are- años radicalizaron la experiencia de ser mujer y feminista entre las bra-
na fina en los pies, enseguida la calidez del agua transparente y de un sileñas, paralela a un extremo de misoginia sin pudor que se enarbola
verde azul oscuro, que me fue rodeando en la oscuridad, y las risas de desde una cierta clase política. Y no son precisamente los cuerpos del
otros también en el mar, un poco más lejos, cuando saqué la cabeza al estereotipo los que le han salido al cruce a esa marea reaccionaria.
aire de nuevo. Aire dulce. Los morros se desdibujaban a través de una
bruma anaranjada. II. En un principio, fue la modulación fonética del portugués. Un nuevo
Con el paso de los días, vino la puntada cítrica memorable del ma- lugar donde resonaban las palabras. De a poco, la lengua se transformó
racujá, las fibras de mango entre los dientes, las miradas sostenidas en algo más amplio. Aprendí que se discute menos, no se le da tanta
antes de cualquier encuentro, el olor a mucho perfume de un cuerpo vuelta a todo. Tuve que ser menos formal, más corporal, y así visualizar
que tocaba apretando y murmuraba al oído gostosa, como si fuera un síntesis imposibles. “Ni ideales absolutos ni prejuicios inflexibles”, dijo
adjetivo que no me pareciera terraja. En algún momento, ese alguien Gilberto Freyre del colonizador portugués en Brasil, comparándolo al
comentó que mi bikini era el más grande de toda la playa y se sorpren- hispánico. Sambar todavía se me hace un misterio.
dió de que no me depilara bem depilada allá, abajo de la tela pudorosa. Entre los ajustes, y al tiempo de mudarme, aprendí que el adjetivo
La segunda revelación en tierra brasileña, momento de epifanías “vanidosa” no tenía una connotación negativa, pero que las exigencias
si los hay, fue en Rio. Pasábamos en auto frente al cementerio São João de serlo eran infinitas. Una cita semanal en el templo, el Salón de Be-
Baptista. Mi amiga, que manejaba, me preguntó si era feliz. Quedé lleza. Uñas impecablemente pintadas según los colores de moda, dic-
muda, incapaz de discernir ese estado, ahí, en aquel momento, turista tados por la telenovela de las nueve. Pies y manos, sin excepción. El
en medio de tanta magnificencia, segundos antes de salir a la rambla pelo teñido con reflejos, el “enrubiamiento” que denuncia la feminista
de Botafogo y ver el Pão de Açúcar a la derecha. Le contesté que sí, a y activista negra Sueli Carneiro. La depilación de piernas, entrepierna,
veces. ¿Y vos?, inquirí. El semáforo estaba en rojo. Contra el mar, una culo, axila, bozo, cejas. El maquillaje de capa tras capa, aplicado con
pareja caminaba de la mano, él de sunga azul, ella con un bikini ínfimo, maestría aun cuando son las siete de la mañana y el ómnibus va lleno.
ambos de carnes copiosas. “Muito”, dijo con confianza y sensualidad, Parece un despropósito salir de la cama antes para pintarse.
en esa palabra única que condensó la felicidad como una posibilidad Una hora diaria en el otro templo, el gimnasio. Pesas cada vez más
86 real, un deber casi. grandes para las piernas, torneadas y definidas. Indumentaria específi- 87
Aun así, la vivencia constante es otro cantar. Brasil sigue siendo esas ca, que realce el esfuerzo del cuerpo bombado. Los espejos en los que
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imágenes palpables, pero se ha transformado en otras cosas a la vez. hombres y mujeres se miran sin disimulo devuelven la imagen ganada
a fuerza de voluntad. Cirugías para cuando la gimnasia no es suficiente, interrumpido en un momento por otro auto, con audios capaces de
y la clase lo permite, tornando a Brasil en uno de los principales merca- animar un estadio, de donde salía funk gritando: “Vem na maldade,
dos de plásticas del mundo. La playa, el ansiado templo final, vendrá a com vontade / Chega encosta em mim / Hoje eu quero e você sabe /
demostrar que el esfuerzo no fue en vano. que eu gosto assim” (Vení con maldad, con ganas / Vení, pegate a mí
No todas las brasileñas son así, es cierto. Pero quien no cumple / Hoy quiero y lo sabés / que me gusta así). Los tristemente conocidos
con los requisitos parece ser invisible, no existir. El “cuerpo como dichos del diputado Jair Bolsonaro contra la también diputada Maria
capital”, en palabras de la antropóloga Mirian Goldenberg, denota la do Rosário, a quien insultó en 2014 en pleno congreso diciendo que no
pertenencia a la clase alta, o sirve de pasaporte para ascender en la pi- merecía ni siquiera ser violada, no son algo aislado. Tampoco el pegotín
rámide social. Como en las casas, eternamente iluminadas con tubos de Dilma con las piernas abiertas que muchos pusieron en la puerta del
de luz fluorescente, en el cuerpo exigido no parece haber lugar para la tanque de nafta. O el revuelo por una pregunta a propósito de Simone
penumbra. No sé si es libertad, o una sociedad llena de reglas, que in- de Beauvoir en el examen nacional de ingreso a la universidad.
dican cómo, cuándo y con quién se debe ser gostosa. Pero es una cor- Rechina. Los derechos de las mujeres son el blanco de la agenda
poralidad inmediata, no tan intelectualizada. También es cierto que conservadora de una cámara que entre sus perlas cuenta, por ejemplo,
mientras sigo siendo extranjera, incapaz de cumplir con las exigencias con un proyecto que pone obstáculos a la mujer víctima de una viola-
de la lista, en Uruguay alguna vez me atribuyen un “abrasilerada” entre ción o que sufre complicaciones en caso de aborto clandestino. Cerce-
gracioso e irónico. nar, segregar, punir: es como si, además del odio, se hubiera perdido
el pudor de expresarlo a nivel público. La familia tampoco se salva del
III. Domingo de tarde. El barrio se ha poblado de mujeres con pollera embate, y hay otro proyecto que niega la existencia de composiciones
de tela oscura hasta el tobillo, pelo largo recogido en una cola de caba- familiares diversas, negándoles por ende sus derechos. ¿El paladín?
llo tirante. Los ojos miran hacia abajo, hacia el suelo por el que caminan Eduardo Cunha, figura indeseable si las hay, cuya astucia política lo ha
con zapatos sin taco, cerrados, a pesar del calor de abril. Los hombres, colocado como segundo sucesor de Rousseff.
camisa impecablemente planchada y pantalón, las cuidan del lado que
pasan los autos. Caminan en grupos, cada cual a una de las tantas igle- IV. Domingo 17. No hay cómo quedarse callada. Desde que “los frentes
sias evangélicas del norte de la isla. En este mismo momento, sigue la conservadores y fundamentalistas empezaron a preocuparse de modo
votación del juicio político contra Dilma Rousseff. ¿La agresividad sería tan sistemático y detallado por las mujeres”, como apuntó el teólogo
la misma si no fuera mujer? Allá en Brasilia, esos “diputados neofun- André S Musskopf, el feminismo se ha hecho oír más y más. El cuerpo
damentalistas del congreso brasileño actual, hombres cuyas caracte- pobre, negro, periférico, de mujer, encarna hace mucho tiempo el lugar
rísticas éticas y políticas, morales y psíquicas son inadjetivables”, como de resistencia, aunque haya un esfuerzo del establishment para que no
bien los definió la filósofa Marcia Tiburi, no sólo deciden el futuro de se vea (ese mismo poder patético que le dedica el voto pro juicio políti-
la presidenta, sino el de todas las mujeres brasileñas, a quienes les ha co a la dictadura). Internet y las redes sociales contribuyen a visibilizar
declarado una batalla campal. una forma de ser que no sale en la telenovela. Campañas virales, moda
88 Horas antes, el auto que hace propaganda a puro parlante prego- o compromiso duradero: lo que importa es que suena y se hace cuerpo. 89
naba la verdad de Jesús, la salvación a todos los males, la obediencia, Un artículo reciente de la Agência Pública tenía por título “La ho-
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el encuentro de la misa puntual. Pasó despacio por la calle de casa, guera está armada para nosotras”, haciendo alusión a la violencia que
sufren las mujeres, casi siempre negras y pobres, en Brasil. Mientras [ L I L A M I C H A L S K I ] A R G E N T I N A , I N M I G R A N T E S Y “ N E G R OS D E A L M A”

que el número de mujeres blancas asesinadas cayó entre 2003 y 2013,


indica el artículo, el de mujeres negras aumentó casi 20% en el mismo
período. “Es necesario racializar las políticas de género. La mujer negra
Maquinistas de raza
ha sido violentada desde el período colonial, las violaciones fueron co-
metidas bajo la égida del mestizaje. Se crearon estereotipos de la mujer En Buenos Aires trabajé durante años en un banco. Una compañe-
negra como ‘buena en la cama’, ‘caliente’. Esas violencias, que también ra, la delegada del gremio, llegó un día contando lo que había sido la
son confinadores sociales, deshumanizan a esa mujer”, denunciaba la mayor vergüenza de su vida. Acompañaba a su hermana (abogada de
feminista Djamila Ribeiro al mismo colectivo periodístico. una central obrera) a la emergencia. En la sala de espera, su sobrino de
Son más de las 11 de la noche. La propuesta de juicio político a cuatro años gritó “¡mamá, mamá, hay un monito! ¿Lo puedo tocar?”. El
Rousseff llegó al voto 342, necesario para que esa maniobra vergonzosa niño señalaba a un bebé negro.
siga adelante. Se siente el embate. Pienso que ya es hora de tramitar la En Argentina no hay negros, dicen. Los negros murieron matando a
ciudadanía. La luna sale entre las nubes, creciente. El aire, a pesar de los realistas y a los indios, escuché más de una vez, entonces sólo que-
todo, sigue siendo dulce; una siempre es distinta. ■ damos nosotros, los que bajamos de los barcos.
Me pareció un divertido sustituto de la cigüeña: mamá, ¿de dónde
vienen los bebés? De los barcos, corazón, como los abuelos. Pero ex-
plicar que los barcos llevan abuelos y bebés era meterse en un terreno
medio raro (aunque la imagen del comienzo y el final de la vida unidos
en altamar es bella) y difícil de sostener al subirnos anualmente al bar-
co que nos traía a nuestras vacaciones en la Costa de Oro.

◆◆◆

Rectifico, en la capital dicen que en Argentina todos bajamos de los


barcos. Y los que no, son negros. Pero no negros de piel, de esos que
fueron bajados de los barcos, de esos no hay más. Ahora hay “negros
de alma”. Negro de alma es un término noventoso y europeocentrista/
individualista, propio de una sociedad fragmentada: la imaginada por
el neoliberalismo. El negro de alma vino a reemplazar al “cabecita ne-
gra” nacido después de la crisis del 30, cuando Buenos Aires comenzó a
recibir grandes oleadas de migración interna. Tanto el “cabecita negra”
como el “descamisado” fueron tomados por el peronismo de forma rei-
90 vindicativa de la clase obrera. Ya en los 90, la aclaración (no de piel, de 91
alma) era necesaria para no quedar como racista. De clasismo había
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dejado de hablarse.
Hace unos días, en un programa de televisión argentino, se debatía fueron considerados los padres del ideario liberal argentino en los que
sobre un violento operativo policial en la Villa 31 (Retiro), amparado se basó la llamada “Generación del 80”, bajo la conjugación de los le-
por el último grito de la moda: la lucha contra el narcotráfico. Una mu- mas “Gobernar es poblar”, del primero, y “Educar al soberano”, del se-
jer de la tribuna tomó la palabra como referente de la villa. El conductor gundo. Esta generación, al mando específico del general Julio Argenti-
(bajito, blanco, rubio y de ojos claros) le preguntó aseverando si era in- no Roca, fue la responsable del etnocidio indígena (y reducción final a
migrante y cuál era su origen. “Soy salteña, gracias a Dios”. El cínico qui- la esclavitud, a pesar de estar prohibida desde 1813), que sobrevivió a
so saber por qué “gracias a Dios” y ella fue implacable: “Porque muchos la conquista española.
se olvidan de que los argentinos somos coyas. Porque hoy, con tanta En la escuela aprendimos la Marcha de San Lorenzo, una marcha
inmigración, qué se yo quiénes somos los argentinos. Pero nosotros, los militar mundialmente conocida (partitura interpretada en muchísi-
salteños, los jujeños, los tucumanos, somos argentinos y tenemos este mos países, entre los que se cuentan Inglaterra y Alemania) que revin-
rostro. Somos coyas y mapuches, también”. dica la lucha por la independencia. Los últimos versos son dedicados
Y mapuches. Hace unos años, el movimiento Teatro x la Identi- a otro Juan Bautista: “Cabral soldado heroico, cubriéndose de gloria,
dad, uno de los brazos artísticos de la organización Abuelas de Pla- cual precio a la victoria, su vida rinde, haciéndose inmortal. Así, sal-
za de Mayo, llegó a la provincia de Neuquén. A partir de sus pre- vó su arrojo, la libertad naciente, de medio continente, honor, honor,
sentaciones, una cantidad de jóvenes comenzó a indagar respecto al gran Cabral”. Todavía recuerdo su retrato en el manual de historia:
de sus orígenes, descubriendo así su descendencia mapuche, que blanco, de nariz aguileña, bigote y barba de la época; parecía un co-
había permanecido oculta por generaciones. En una época, se trató ronel (los historiadores discuten si alcanzó el grado de sargento). El
de una cuestión de vida o muerte, pero luego la peyorativa social se mérito de Cabral fue salvar la vida de San Martín convirtiéndose así en
mantuvo a lo largo de los años y las familias continuaron ocultando mártir. Tanto honor, honor, no fue suficiente: durante más de un siglo
sus orígenes, hasta que estos jóvenes completaron su identidad y co- se ocultó su identidad. Cabral nació en la provincia de Corrientes, hijo
menzaron a reivindicarla. de un indígena guaraní y una esclava angoleña. Cabral era negro, indí-
Argentina se constituyó como Estado Nación apelando a la inmi- gena y —por qué no, también, gracias a él— argentino.
gración europea no española. Juan Bautista Alberdi lo hace explícito Sarmiento, por su parte, trajo maestras europeas para civilizar
en su libro Bases y puntos de partida para la organización política de mediante la impartición de educación pública y esa tradición de mi-
la República Argentina, de 1852, fuente de la Asamblea General Cons- rar al norte sigue hasta hoy. La lógica del opresor impregnó de tal
tituyente que en 1853 redactó la primera Constitución Argentina (que modo, que aun hoy, muchos reivindican identidades extrañas así
excluía a Buenos Aires). “La libertad es una máquina que, como el como clases ajenas.
vapor, requiere para su manejo maquinistas ingleses de origen. Sin la
◆◆◆
cooperación de esa raza es imposible aclimatar la libertad y el progreso
material en ninguna parte. Crucemos con ella nuestro pueblo oriental A comienzos de 2010, me incorporé a un movimiento social de tra-
y poético de origen, le daremos la aptitud del progreso y de la liber- bajadores y desocupados que, además de emprender una pluralidad
92 tad práctica”. Es claro que para Alberdi nuestro pueblo no incluía a las de luchas para mejorar la postergación histórica de las barriadas más 93
poblaciones indígenas: entendía a los territorios que ellos habitaban vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires, contaba con una propues-
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como desiertos a ser poblados por la inmigración. Alberdi y Sarmiento ta educativa para jóvenes y adultos excluidos del sistema escolar
medio, enmarcada en la educación popular. Yo daba clases de Dere- no cuenta con condiciones dignas de vida, pero peor. El racismo y la
chos Humanos y de Relaciones del Trabajo en el Bachillerato Popu- xenofobia no son más que un ejercicio brutal de la opresión de una
lar de Villa Soldati. Allí, la realidad del aula era muy diferente a todas clase dominante que se ampara en conceptos que fueron ideados
las experiencias educativas por las cuales había transitado. El grupo precisamente para mantener privilegiados y desgraciados.
estaba constituido por mujeres y hombres de entre 16 y 65 años, más Aunque se impone reconocer una verdad: venimos de los barcos
bebés y niños pequeños que correteaban mientras la clase se desen- y de los buses, de los trenes, de las pateras. Los blancos, los negros, los
volvía. La materia Derechos Humanos era la más polémica, ya que colorados. Existen diferencias de origen pero también son de clase. ■
leer en la Constitución Nacional argentina y en los tratados inter-
nacionales todos los derechos que el Estado se obliga a garantizar y
contrastarlos con la realidad generaba indignación y violencia.
Un tema realmente álgido fue el derecho a la salud pública. Va-
rios estudiantes se quejaron de los extranjeros que viajaban a aten-
derse a los hospitales públicos de la ciudad y que por miedo a ser
denunciados por discriminación los médicos los atendían primero.
Al viejo y conocido “vienen a quitarnos el trabajo”, se sumó el “vienen
a quitarnos la salud”. Dos hermanas bolivianas integraban el grupo y
varios de los que sostenían este punto eran descendientes de inmi-
grantes. Pero, además, quien estaba al frente de la clase no se atendía
en hospitales públicos, por lo cual en muchos aspectos mis posicio-
nes eran criticadas por no pertenecer, por no padecer.
El reconocimiento del propio origen resuelve gran parte de las pre-
tendidas diferencias. Una de las tareas fue indagar en cada familia su
llegada al barrio, desde la primera información con la que contaran
hasta la actualidad. Los relatos que trajeron fueron maravillosos; el que
no provenía del interior del país, provenía de algún país del continente.
Si no fue por un trabajo o la esperanza de conseguirlo, fue por un pro-
blema de salud que no podía ser resuelto en el lugar de origen, sea por-
que no había salud pública (en el caso de migrantes externos) o porque
las instituciones locales no tenían infraestructura o especialistas que
pudieran atenderlos. Esto, sumado a las penurias y malos tratos que,
sin excepción, atravesó cada familia.
94 Demoledora la conclusión: quien tiene que dejar su lugar de ori- 95
gen, trasladarse cientos o miles de kilómetros para sobrevivir, no es
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un oportunista, es una víctima. Igual que quien en su propio lugar
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[ EMILIANO SAGARIO ] Un día se sintió mal. Yo todo diligente, siempre parco, le suge-
rí una consulta médica. Odiábamos a los médicos, pero allá fue. El

La veladora diagnóstico fue confuso. Su enfermedad ya no era inapelable pero


nos quitaba el sueño, y él temía. ¿A qué le temía? Estaba débil y pá-
lido, anémico quizá; tenía el olor de los enfermos que persuadía con
Al costado estaba yo. Él dormía, parecía dormido, más bien estaba muerto fragancias desquiciantes.
aunque respiraba. Pero estaba muerto. Yo podía simular fácilmente sus ¿A qué le temíamos? ¿Era a la misma muerte? ¿A la que le temie-
recuerdos. Podía pensar en cuando se había vestido de mujer sólo porque ron siempre los hombres y con la que jugamos —él, yo, nosotros—
sí, pero eso me lo había contado, no lo había visto, lo puedo imaginar. Lo en interminables ruletas rusas, pletóricas de pasión y de desidia?
recuerdo. Él estaba ahí, tieso, y yo al costado. Podría estar muerto, podría ¿A la idea de haber vivido y morir solos, descartados en un hospital
estar velándolo, lo velaba pero no estaba muerto del todo. Parecía muerto. público?
Simulaba la muerte mientras la esperaba. Los ronquidos no eran los de Me había confesado, en los no tan tiernos veintipico, que le te-
quien duerme, eran los del que fue arrasado por un tren. Aunque todo mía sobre todo a la enfermedad, que románticamente veía como una
fue menos dramático. Se enfermó y listo, y tenía una vocación por la en- consecuencia de sus intensas pasiones contenidas. Fácilmente hoy
fermedad, por el tren que nunca lo arrasaría aunque se acostara sobre los infiero, al margen de estas fantasías, que de ahí su miedo a los médi-
durmientes en las horas pico. Yo, la veladora, la lámpara tenue, el com- cos, a convertirse en número, en perro, en estadística. A no tener una
pañero difuminado en trescientos compañeros. Pero la suerte y el deseo, muerte memorable, el arrogante.
decrépito ya, me llevaron ahí. A la amarilla habitación, la de la muerte, la Empecé mientras lo miraba a recordar sus recuerdos. De algunos
de los íntimos, como si fuera una piyamada adolescente, pero ciertamen- tenía información, porque en muchas de esas noches estuve con él.
te no éramos adolescentes, aunque quisiéramos parecernos, con los chu- En otras noches, en varios días, no sabía quién era. A veces lo intuí, lo
pines y los cintos blancos, con las remeras ajustadísimas que delataban la sentía cerca en un bar, o creía verlo, aunque yo supiera que no estaba
pericia de la cerveza y otras bebidas. y él me jurara que nunca pisó ese bar hediondo. Otras veces estu-
Fue en la juventud un vehículo de mis emociones. Alguien a vimos los dos allí callados, embriagados, o desesperados de amor,
quien amar pero a quien no amaba. troquelados por la falta de amor.
Un juguete que nunca rompí y que metí en mis sesos hasta no Ahora recuerdo cómo en un bar él me miraba. Yo tomaba un
recordar mi nombre. No era un juguete en el peor sentido de igualar whisky contra una pared. Él me miraba con sus ojos fuertes y tími-
una persona a un juguete. Era en el mejor sentido. Por eso estoy acá, dos, despacio pero intenso, y me deseaba. Y él recuerda: “Vos estabas
jugando a la lámpara, adormecido pero no durmiendo sino soñando apoyado en un muro, incómodo, mirándome suave y encendido, con
que despierta, mientras lo veo morir, cómo muere. los ojos de almendra, con los ojos de un felino no descrito por la cien-
Era, como todos los hombres de mi vida, un vehículo que me llevaba cia, y me deseabas, o no me deseabas, pero te querías ir conmigo”.
a un destino condenado, al final de una carretera trunca, a un accidente. Lo único que en realidad nos unía era la afición por algunos dis-
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Digo era, y aún no ha muerto, y aún persigo el amor que no fue y cos pop y las ganas descontroladas de tomar cerveza. Comenzábamos
RELATOS

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que nunca podría haber sido. El amor de los adolescentes, sentencia- las jornadas con unas Corona pequeñas y podíamos terminar toman-
do per se al fracaso, pero en la altiva madurez. do cerveza hirviendo en cualquier agujero del pueblo. A mí sólo me
importaba perder el tiempo con él, así que procuraba que la noche se Las sábanas lo amortajan y asexualizan. Lo veo en un caballo que
extendiera lo suficiente y lo conducía, empecinado, a mi cama, que era no montó, veloz y luminoso. Guardo de él su ácida inteligencia. No
más cerca y probablemente más acogedora que la suya. puedo evocar ternura.
No siempre nos íbamos juntos. Ahora lo veo al amanecer toman- Los recuerdos vienen inaprehensibles, como un reflujo del ma-
do el interminable ómnibus que lo llevaba a su casa desde cualquier lestar que compartimos mientras hacíamos que el amor no se pare-
lado, y al encontrar su reflejo en el vidrio terroso preguntarse hacia ciera a ninguno que nos hubieran contado. ■
dónde se dirigía. Y era a la casa en penumbras, a su cuarto viciado
por las imágenes que había pegoteado en las paredes y que los años
fueron humedeciendo.
Cuando él se iba, yo tomaba mi ómnibus y deseaba que el reco-
rrido no acabara, acaso tratando de conservar su presencia, imagi-
nando que estaba a mi lado, la cabeza apoyada en mi hombro, como
dormido, infinito.
A veces me voy del hospital a la madrugada y en el viaje recuerdo
que sigue viviendo en el mismo lugar a los 40 y pico, con la madre,
con el fantasma del padre, tomando el repetido ómnibus y yo de-
seando que no viviera más allí y que ninguno viviera más en ningún
sitio. Pero eso no pasó. Los 40 no llegaron. Están cerca.
En mi cama era torpe, aunque no tanto como había imaginado,
porque al fin el torpe era yo, el frígido. Él la jugó de traumado hasta
que se acostó conmigo; me alegró ganarle en la lotería de traumas, le
quitó misterios y me volvió inquietante. Pero estaba amordazado, sin
poder dar explicaciones, porque ni yo entendía. Mi frigidez insistió
muchas noches. Me quedaba despierto, a un costado, como ahora,
esbozando las causas de mi empecinamiento, las consecuencias del
fracaso. Era un enredo de nervios inconexos, inaccesible a la herme-
néutica del deseo. Él era poco curioso y tosco.
No sé cuántas noches pasaron hasta que al fin me relajé. Y fue
bueno.
Lo observo. Aunque amarillento, conserva la belleza que supo
no perder. Los ojos grandes cerrados, la mirada atravesando casi las
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compuertas de los párpados, los labios que adivino tibios, delinea-
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dos con precisión en su cara perfecta, trazada por los astros, por una
fuerza que me niego a llamar superior o divina.
[ ISIDORE HUDSON ]

Como un pájaro sin luz


“Quiero estar en Montevideo, contigo, tirados en tu cama, escuchando
música de la nuestra, acá estoy con toda mi familia encima”, me dice
siempre, o casi siempre que hablamos por teléfono. Él vive en la misma
ciudad de la que vengo yo, una especie de aldea de la Edad Media al
oeste del país, en el departamento de Colonia. Allí todavía se persi-
guen brujas, se persiguen raros y, ni que hablar, se persiguen putos. A
ellos se los quema con la saliva, con la baba infecciosa de las viejas, con
los ojos enrojecidos de los padres, con la trágica y conservadora charla
facebookera de los adolescentes que crecen al resguardo de la norma.
Allí todo es perfecto, todos son rubios, todos descienden de la Sui-
za más pura, allí simplemente no hay lugar para lo raro. Lo escucho
al otro lado del celular, enternecido, atento, asombrado de su amor,
asombrado de su belleza, de su juventud decidida. No puedo evitar
admirar su esperanza intacta cada vez que me llama o me escribe y
me dice “hola, amor”, largando algo hermoso y que a la vez conlleva
peligro, como el vuelo de una mariposa de navajas. Espero casi todo
el día para que me llame, escucho sus problemas adolescentes y trato
de sacar mi mayor fuerza cuando me cuenta aquello que yo he vivido, que soy suyo. Entonces estamos casi a salvo, nos damos la mano, nos
recontra vivido y que para mí está en el cajón de los recuerdos, sea una besamos, gozamos del pecado. Al rato, cuando volvemos a ser los
novedad enceguecedora. Lo quiero, pero no lo amo y cuando me dice putos tibios que ya no sólo se desean como para masticarse sino que
“amor” me siento un traidor, me siento el amigo que esconde una mala además se cuidan como un juguete único el uno al otro, nos ataca esa
noticia para no hacernos daño pero que en realidad es un balazo en el soledad guardada de cada uno. Él vuelve a soñar con venir a Mon-
pecho que se da tarde o temprano. tevideo, con disfrutar sin culpa, con andar de la mano, con ser feliz,
Los mensajes de celular, o de Facebook, sin embargo, se me es- con poder decir “hola, amor” pero no por teléfono y a escondidas de
capan: “Voy para allí el viernes, ¿te veo?”, o “el sábado de tarde ten- su familia, con poder soltarlo en la cara de alguien, como quien tira
go la casa sola, vení”. Y él aparece, allí, parado, chiquitito y enorme, una pedrada, rompe un vidrio y goza del sonido del cristal cayendo
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manteniendo una dureza de samurái hasta el marco de la puerta, quebrado como gotas de algo bello.
RELATOS

RELATOS
como si los vecinos estuvieran atrás de sus persianas observando (y Yo, por mi lado, jamás me perdonaría amargarlo, pasarle mis
seguramente así sea), pero cuando entra a casa siento que es mío y miedos, decirle que fui parecido a él y que Montevideo se abrió el
vestido y me mostró la piel llena de heridas. Que me dejó acobardado, me pasó algunas veces; que coger mal y salir de madrugada, insatisfe-
como un pájaro sin luz. cho y avergonzado del apartamento de alguien, le parezca menos triste
Él no tiene la culpa de mis temores, de mis desilusiones, de mis que no estar con nadie. Me brota mi Discépolo más interno y sanguí-
soledades de puto —o mis soledades de bisexual, que son soledades neo: “Somos la mueca de lo que soñamos ser”.
de dos lados—, pero en algún momento algo le hará ver a mi ilusio- Me doy cuenta de que tengo pánico de que cuando ya viva en la
nado adolescente que el amor homosexual no es como en Secreto en ciudad de piel herida, en la marejada de la noche se olvide de mí, de mi
la montaña, que no existe el brillo amoroso y gay de las series teen, beso, de mi cama, vea que hay otros placeres que van más allá de ima-
como Glee, donde la pareja se abraza, se besa y baila “Dancing Queen” ginarse lejos de la esquina en la que creció pequeño, ingenuo y bello.
y todo se arregla. No quiero dejar de fascinarlo, y qué patético miedo el mío, el ego
Aquí no hay amor gay, porque la palabra gay significa feliz, aquí hay del puto atropellado por un taxi que va a Caín en medio de la noche,
amor puto. De hecho, parafraseando a Pedro Lemebel, lo que conoce- que lo lleva a meterse a esa otra ciudad, a ese infiernito escondido que
mos del amor aquí en la ciudad es algún manoseo en la oscuridad del siempre dice ser libre y que todo lo acepta, ese orgullo de pelos de co-
boliche, una cogida rápida con alguien que conocimos en alguna de las lores y banderas de la diversidad que a veces sale a la calle pero que
tantas redes o, cuando mucho, una relación un poco enferma que dura busca al amor de su vida en Badoo. Si todo sale bien, que es decir, si
poco, porque ambas partes tienen que lidiar con los demonios esos, todo sale mal, él va a venir, va a experimentar, lo van a desear, será la
esos diablos de colores que les andan en las venas a los putos que tie- hermosa reina de la noche, va a crecer, y sí, tendrá esas alas, pero no
nen sus soledades y tristezas mezcladas con la sangre. las mismas, y un día me saludará de lejos, como quien encuentra un
Mi niño sigue anhelando venir, piensa que su amor acá va a ser más pétalo seco en un libro que hace tiempo no leía. Lo veré hermoso y
fácil, cree que en el ómnibus de camino a Montevideo va a sentir una ya crecido con otro, o con otros, y voy a sentir un llanto, un grito, una
picazón en la espalda y que, cuando abra la puerta de mi cuarto, vea felicidad oscura en la garganta y me la voy a tragar para siempre, como
mi cama, sienta el olor de mis libros y mire por la ventana para ver que un caramelo de dolores. ■
esta es otra ciudad, la deseada, que su familia no está cerca, que la calle
de mi casa no es la de su casa, ahí entonces esa picazón va a ser mucho
más fuerte y le van a brotar unas alas enormes como a quien le explota
la risa, y que ahí sí, va a ser un bello y feliz gorrión multicolor. Eso me
dicen sus ojos tiernos, yo lo acaricio, le toco el pelo y parece que le go-
teara una luz de sol cuando paso mi mano por su cabeza. Pienso “no
crezca, mi niño, no crezca jamás…”, y lo miro quedarse dormido, y lo
miro, lo miro, lo miro, como si quisiera cuidarlo, pero me doy cuenta
de que mi miedo es enorme, de que mi terror a que pierda lo que es
ahora y salga lastimado es casi enfermizo. Y también tengo miedo de
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perderlo en ese mar de relaciones rotas, de besos babosos, de miradas
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obscenas, de hombres que gritan y bailan maquillados los viernes a la
noche para olvidarse de que están solos. No quiero que le pase lo que
[ HOSKI ] No puedo decirlo todo. Yo sólo soy un pendejo. Con el asco y el deseo
entreverados, yo la espero en cuatro patas y anticipo el dolor del golpe.

El invitado Luego priman las convenciones. Me toca a mí, soy el hombre. Lo


penetro contra la pared de la cama y siento la decadencia. No estoy
con una persona. Empujo, digo groserías. La agarro de la peluca y ella
Mujerhombre me mira espantada. Se me zafa y la levanta del suelo como a un objeto
me has fornicado y te he fornicado muerto. Tirate en la cama, me ordena. Se sienta, cabalga, me desborda
hemos hecho algo parecido al amor mi ansiedad y ya no aguanto. “Avisame. Avisame así me acabo contigo”.
y aun así prefieres dormir a los pies Uno, dos, tres, ¡ahí, ya viene!, le grito. Acabamos los dos juntos y siento
de la cama y con la luz encendida. el semen en mi panza. Fin del juego.
Entonces me visto, me acompaña hasta el corredor. Se me acerca
“Mujerhombre”, de Santiago Pereira.
y luego intenta darme un beso. La rechazo, no quiero eso. “Son todos
iguales: vienen, gozan y no aceptan siquiera un mimo”. No hay huma-
I. Es de noche y hace frío. Me bajo de un inter y me siento en la parada
nidad posible. No hay remedio para el frío. No digo amor. Humani-
oscura. Mando mensaje. “Venite nomás”, me dice. Camino. Voy por un
dad. La carretera de nuevo y el invierno omnipresente.
barrio con calles de pedregullo. “Cerca del aeropuerto, en la estación
se lo indicás al guarda”. Voy por un barrio con calles de pedregullo y no
II. Han pasado varios años, pero el frío no se ha ido. Un cíber céntrico
logro diferenciar las ganas del miedo. Mi anhelo: una experiencia trans-
de los tantos y yo tratando de salvar la noche. MSN, [Link]. No
gresora y fulminante. Una mujer con pija. Serlo todo al mismo tiempo y
consigo nada o nada que me conforme. Entonces la veo conectada. Le
olvidarme de que existo. Llego. Me mira por la ventana. Me hace gestos:
hablo, no es la primera vez. Está que se parte. Perfectita, toda operada.
está abierto. El portón, la puerta por el costado. Con su peluca y su ropita
Me la imagino en la cama, me la imagino viciosa. Es merquera y me
de puta se oculta de las miradas del barrio. Está sola. ¿Quizá también
lo dice. Es merquera y le encanta ser activa. Me contesta. Que en qué
se oculte de la mirada inocente de una esposa? Pero la cama es de una
ando. Acá, con ganas. “¿Querés venir para casa?”. No le creo. La última
plaza; el desorden es de un soltero. En el centro de la habitación y sin
vez que hablamos me dijo “no sos mi tipo”. Las fotos, siempre las fotos.
música nos empezamos a tocar. Ansiedad. He viajado durante más de
Aprovecho el equívoco o la sed y no le doy tiempo a pensar: le pido la
una hora para que ocurra esto que ahora está ocurriendo.
dirección y me voy a su casa. Tres Cruces. En 15 minutos llego.
Le manoseo el jean, ella me baja el pantalón. Puedo sentírsela
La movida era fiestera. “Tengo a un par de amigos acá, ¿no te mo-
bien dura y eso me vuelve loco. Lo quiero todo. Quiero llegar más allá
lesta la joda?”.
de lo que me permito. Me la agarra y me la besa, yo no paro de tocar.
No, claro que no. Mejor. Por las calles de La Aguada mi deseo se
Bajo la presencia mortuoria de la luz de un monitor (otros chat aún
enardece. Camino, apuro el paso. Puedo sentir el sudor a pesar del
pendientes) me conduce hacia la cama. Es un hombre viejo, pienso.
rocío, y el olor de la noche pasada de hora y de vino. Soy feo. No en-
106 Es un hombre viejo que se levanta temprano para ir a laburar. Me con- 107
cajo, sé que no le voy a gustar. Gordo, barbudo, intelectual. Soy otra
RELATOS

RELATOS
duce hacia la cama, he dicho. Me pregunta si me gusta que me cojan.
víctima de la estética imposible de los cuerpos. Encuentro la direc-
Sí, me gusta, le contesto. Me gusta, me da miedo, me siento humillado.
ción de la casa. Golpeo.
Es alta, rubia, de piel oscura. Me mira y sé que le cuesta compren- [ JOAQUÍN RUSSO ]

der. Duda un segundo y me meto sin dejarla pensar. “No sos igual”,
me reprocha, “no me dijiste que habías cambiado”. Me confunde. En el
medio de la sala veo a los dos tipos tirados. Una botella de espumante.
Amor parásito
Se me para adelante, decidida. “Escuchame, mi amigo se siente mal”.
Y ahí mismo me explica que hoy esto no se va a dar, que me tengo que Habían subido a la web un video de un evento en la Facultad, toca-
ir, que si le pasa algo a su amigo ella lo tiene que cuidar. Me acompaña ba la filarmónica. Fue raro verte caminar entre la muchedumbre con
hasta la puerta, me empuja con la mirada. No hay humanidad, ni re- aquel xilofón sonando de fondo. Era una melodía que alimentaba tu
dención, ni palabras. Afuera. Otra vez el frío. La dictadura de la super- deambular temeroso de niña perdida en el bosque. Todavía era mar-
ficialidad y todas las calenturas de una noche mal apagadas. tes, y vos te sentías sola. En Moscú ya era miércoles, y yo pensaba ma-
ravillado frente al monitor que ningún punto cardinal apuntaba en tu
III. Pero también estuve en un apartamento de Malvín Norte y las dirección, que en realidad vos estabas literalmente cabeza abajo, en
cosas fueron distintas. Noche de primavera, brisa caliente y cerveza. un punto opuesto del globo, en tu bosque, invertida.
Ella se mueve en la silla y yo dejo lentamente que el deseo me pene- La mañana que nos conocimos te conté que por años coseché
tre. Hablamos. ¿Tiene 40? Vive en el interior y viene de vez en cuando. el odio de mujeres que siempre se llamaban Mariana, tu nombre es-
Cuida al hermano, cuida a la madre. Recientemente ganó su nombre taba condenado. Te expliqué cómo a ellas les había dado lo peor de
y se siente muy orgullosa. Sin operaciones, con la dignidad de ciertas mí, mi versión más desmejorada, e igual me habían amado. Yo no
veteranas independientes. La casa es humilde y se abren las puertas les devolví nada, dijeron todas, cada una a su manera. Me dieron
para el invitado. “Vos sos un pibe. ¿Y qué te gusta? Contame”. refugio y comida mientras convalecía el abandono de mujeres por
Yo seguía siendo un pibe, pero algo había cambiado. No me im- las que ardí en la hoguera con felicidad incombustible. Les drené la
porta si no cojo, aunque sé que me gustaría. Ella me habla del Frente, fe y la sonrisa, y no les regalé ni un acto de valentía. Una victoria sin
de las ventajas logradas. No tiene un cargo. No es licenciada. Yo sigo concesiones, un saqueo. “Parásito del afecto”, me había dicho una.
siendo un pendejo, intelectual y complicado, y sin embargo nos en- Soltaste la carcajada. Cuando terminaste de reír, me miraste más de
tendemos. “¿Entonces vos sos rockero? ¿Y dónde queda tu pueblo?”. lo saludable. Te dije que si seguías mirándome así, ibas a terminar
Me convida con un cigarro. Se ha logrado la empatía. Me mira, y con en la Fosa de las Marianas, tratando por última vez de ahuyentar-
el gesto amanerado de un viejo me hace pasar al cuarto. te con un chiste malo. Vos disparaste tres o cuatro palabras. No re-
“Sacate la ropa, papi”; el lugar común del puto pero dicho con cuerdo bien qué dijiste, pero sí que cortaron la coraza de mis eva-
un genuino acento maternal. No me acuesto con ella por todo lo que sivas como si fueran manteca. Me desarmaste, para que viera que
haya sufrido o haya tenido que pagar, porque se haya fumado las acá nadie iba a salir intacto, y yo, casualmente, extrañaba sentirme
puteadas y a pesar de la incomprensión criolla haya salido adelan- vulnerable.
te. Pero tengo que reconocer que hay algo de eso que admiro. Por la Demoré unos segundos en llegar hasta vos, como dándote la últi-
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ventana entra una ráfaga de aire tibio y finalmente nos besamos. Nos ma oportunidad de escape, pero después de que estuve parado bien
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besamos, todo se vuelve abrazo. Ella, yo, contingentes. Luego regreso cerca y no te moviste, te enrosqué el brazo dos vueltas en la cintura y
a la noche y también me siento persona. ■ nos tiré de cabeza a la bendita fosa aquella, sin tomar aire antes.
En la fosa no había luz, pero sí calor. Al principio, pasamos días sin res- Lenin, que se erguía a escasos metros de mí. Para ver a Lenin, uno no
pirar aire; ahí abajo se sobrevive con otras cosas, tuvimos branquias tiene permitido detenerse, ya lo sabrás, hay un soldado en cada quiebre
para extraer oxígeno de fluidos humanos. Nos encargamos primero de la galería que rodea en penumbras la caja de cristal. Pero yo estaba
de arrancarnos la piel muerta a jirones hasta ser dos seres en llaga. En ya bastante borracho, cortesía de aquel 8%.
ese proceso te encontré esas cicatrices en los muslos, de las puñaladas Cuando me paré frente a aquel emblema del comunismo, me fasci-
con las que habías matado a más de uno. Te reconocí como un igual. nó su falsedad, su aspecto de muñeco, sus pequeñas manos amarillen-
Los dos mostramos la timidez inicial de quien deplora su propio poder tas de roedor cruzadas sobre el vientre. Su falta de imponencia. Para-
para dañar irremediablemente a través del afecto. En cada orgasmo el dójicamente, era la viva imagen del decaimiento de lo grandioso, como
placer dolía. También ambos sabíamos que en realidad aquella fosa no vos, comulgando con futbolistas. Como yo. Se ve que un guardia me
consistía para nosotros, viejos peces abisales, en ningún riesgo, la cosa dijo algo y no lo oí, estaba hace rato quieto y no me había dado cuenta.
se jugaría después, en la superficie. Me preguntaste cómo era eso de la Cuando sentí la puteada en ruso, ya me estaban doblando el brazo y sa-
felicidad incombustible y yo te hablé de viajes, de inmortalidad, de la cándome a empujones hacia una habitación contigua. Mientras se me
tregua del agobio de poder predecirlo todo. Te hablé de la sublevación pasaba la borrachera, entraron sucesivos rusos a gritarme, a destripar
de lo insignificante. Te vi el miedo en los ojos, y empezó el ascenso. mi morral. Volaban las tarjetas de crédito, mi pasaporte sospechosa-
mente poblado de visas para ser sudaca. En aquel cuarto depuré mi
◆◆◆
odio en algo más específico sobre el objeto de tu traición: un sujeto que
Te decía que en Moscú yo también me sentía solo aquel miércoles que no conocía pero que encarnaba todo lo que desprecio que les guste a
para vos era martes. Pero mi soledad era distinta. De la soledad sólo las mujeres. Eso era lo que más me molestaba, a pesar de que había-
sentía la adrenalina de la libertad, las mieles del desapego, si es que mos terminado hace meses, me sentía contaminado. En la lista de tus
existe tal cosa. Bastó verte en ese video recorriendo el patio, hasta que hombres ahora compartíamos espacio el lateral derecho y yo. Ya lo po-
encontrarte con un boludo con corte de pelo de futbolista me bajó de día ver, los abdominales que nunca tendré, fanático del stand up, cinco
un hondazo de la nube en la que estaba. Lo besaste minuciosa pero centímetros más alto, otros tantos más de pija y, por fin, la insuperable
desapasionadamente. De repente, me pareció que lo habías planeado virtud de ser presa fácil de la retórica más básica.
todo, las miradas hacia atrás por encima del hombro con esa expresión Rato después se abrió la puerta y entró el cónsul, que me sacó
desprotegida, aquel vestidito, el pañuelo azul, el deambular invertido. sonriendo mientras murmuraba que era un pendejo pelotudo en un
Lo habías planeado, sí, el azar no puede disparar con tanta puntería. inconfundible español de Uruguay. Cuando me agarró de nuevo ese
viento transiberiano que soplaba aquella noche, me dije que, igual,
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la culpa era tuya. Me sentí un poco mal hasta por defenestrar a tu fut-
Tuve que salir a caminar un rato por la vuelta de la Plaza Roja, miré bolista, que quizás fuera, además de gran amante, encantador, culto y
los pompones tornasolados de la Iglesia de San Basilio, esos con forma ocurrente. Seguro que igual no se le debe haber ocurrido que lo hiciste
de malvavisco. Me fumé tres cigarros finitos, terminé cuatro latas de cómplice de un incidente diplomático. ■
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aquella cerveza de 8% de graduación que tenía al obrero soviético en la
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etiqueta, te maldije por puta de mierda. Decidí, mirando la etiqueta en
la botella, que para coronar ese momento iba a visitar el mausoleo de
[ MARÍA MOREIRA ] A pesar de nuestros paladares, tomamos un licor amargo. Él sos-
tiene el vaso y lo acerca a su boca, esas dos líneas finas que tantas

Destinados veces supe rodear con ansiedad. Alterna el trago con alguna palabra
medida y va dejando el rastro de uno de sus vicios en el cenicero y en
todo el ambiente.
Fue después del verano, y no llegué a saber de la eficacia de sus técni- Mientras adivino el recuerdo de un pasado valiente a partir de la
cas para aislarse del frío paralizante del invierno. Fueron dos meses y cicatriz de su mentón, observo su cuerpo infinito y siempre un poco
no más de quince cuadras recorridas, esas mismas calles tan transita- pálido, que yace en la cama.
das por los de nuestra generación y que ahora adquieren un sentido Ya no lo deseo. No ahora que conozco de memoria la forma bur-
diferente. Dos meses, el tiempo que me llevó conocer su dolor, robarle lona de su risa, ahora que veo su cara de eterna protesta y me detesto,
algunas miradas de deseo y dos frases para mis textos. ahora que comprendo que sus manos nunca me darán nada.
Las diez terminales nerviosas de mis manos recorrieron su largo (Escribo ya no lo deseo, y esa idea me llena de impaciencia. Siem-
cuerpo con avidez, reconocieron los lunares o las constelaciones en pre supe lidiar mejor con su ausencia que con su estar. Hay ahora al
su cuello a la vez que él se detenía en el amplio hueco que hay entre lado mío una silueta, una cáscara, una bolsa de huesos, pero ni rastros
mis pechos. de aquel hombre de entradas pronunciadas que, con un whisky sin hie-
Me gustaba ver su nombre escrito por ahí, distinguir los acordes lo en la mano y su campera de cuero negra, supo derribar mi mundo
tristes de los alegres en las guitarras que sonaban por las mañanas; que entre su misantropía y mi fascinación).
faltara siempre a la promesa de lavar los platos y que no le importara. Acostados, somos dos líneas rectas perfectamente paralelas que
Fue el tiempo justo para comenzar a preguntarme si tal vez el amor maldicen sin decirlo cada uno de los hechos, esos encadenamientos
era cura y no enfermedad, algo así como una forma del alivio, y no ese de circunstancias, esos hombres y mujeres de nuestras familias que
mundo oscuro, intangible y vicioso en donde amar fue siempre una nos arrojaron a este momento, a esta súplica de caricias e implora-
mano sudada pidiendo la salvación por una noche. ción inmensa para salir de este vacío, de este dolor que conocemos
Hubo una razón, hubo miles de razones, no hubo ninguna: declaro de memoria.
un engaño y asumo tantos otros, pero lo cierto es que los dos hicimos
◆◆◆
un uso radical de nuestra libertad para desaparecer. No llegué a pro-
nunciarme sobre lo lindo de su espalda recta sobre la pared de hormi- Licúo el tiempo entre mis dedos y rescato del olvido los fantasmas
gón cuando hacíamos el amor. de las mujeres que rondan por tu habitación. Veo a la que empezás
Dos meses, trescientos quince cigarrillos destinamos a nuevas ansie- a despreciar después de que pronuncia una palabra de cariño, esa
dades, o el tiempo que tardé en leer aquel libro. Lo único que le pude pedir. que no conoce la virtud del silencio. Veo a la que siente lástima de
tu miseria y te coge por piedad, simulando placer, consciente de que
◆◆◆
la única diferencia entre tu cuerpo y cualquier cadáver es tu verga
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Con el gesto repetido de mil noches pasamos a la cama, a ese espacio dura entre sus piernas. Veo a la que tiene tus permisos, a la que te
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que una vez sentenció que es el lugar donde no se pide permiso ni se besa la frente, a la que se excita con cada saque y te acompaña en
pide perdón. tus rituales.
Ninguna de esas presencias me duele: las reconozco como reco- [ D AV I D R O D R Í G U E Z S A L L E S ]

nozco la mancha de humedad en el techo, la persiana rota, el cúmulo


de ropa sucia amontonada en el piso, tu soberbia.
Y, por sobre todo, veo cómo de todas extraés una parte necesaria
Retazos
para soportar tus pequeñas muertes: el gesto de parar el ómnibus, el
ruido de los zapatos sobre la vereda, el tictac de los relojes, cada ama- Me pediste que te tocara aquella tarde, Franco. No estoy listo, digo
necer, sostener tu mirada en el espejo cuando por las mañanas te pre- adentro mío. Vos no lo escuchás. Me agarrás la cara con las manos y me
guntás para qué todo. mandás la lengua hasta el alma, y empezás a tocarme vos, a ver si yo me
aflojo. Yo no digo nada. No voy a decir nada. Si suena algo adentro mío,
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no lo voy a escuchar. Y a mí no se me para ahora, porque nunca estuve
Treinta y dos tablas hay en el techo de mi cuarto, ese que sirve de piso tan cagado en mi vida. Pero a vos te gotea la pija. Sos fuego. Me das
para la habitación de arriba. Las cuento mientras su cuerpo tiene sexo vuelta, y te mandás sin darme tiempo. Se abre el mundo y el cielo se cae
con el mío. Sé bien cómo va a ser todo, conozco de memoria la dureza a pedazos, y no sé por qué me acordé de lejos de mis padres y el campo.
de su sexo a las nueve de la mañana. Sé la forma de sus manos sobre el Pero yo no digo ni escucho nada; el resto del dolor vendrá después. Me
colchón. Sé que me va a mentir con dos palabras y que le voy a devolver callo la boca, y me doy cuenta de que nunca nadie fue tan dueño de mí
el gesto con mis gemidos. Sé que voy a estar seca como una pasa. como vos en ese momento. Eran tus manos, pero a veces pensaba que
Se trata de un pacto nunca pactado y que me aburre. También ter- eran mías. Y a veces eran mis manos, pero pensaba que eran tuyas. Y yo
nura, porque siempre con él era igual, porque no requería grandes des- me quedo abajo tuyo, temblando, sudando, mientras vos, ya relajado, te
pliegues sexuales, porque sólo le bastaba estar conmigo. O eso parecía. empezás a adormecer. Son las cuatro de la tarde, hace calor, y afuera de
Después fue que comencé a sospechar que quizás explorara con la puerta no existe otra cosa más que vos respirando suave arriba mío.
otras. Me pareció justo, no hubiese sido capaz de mentirle tanto. ■ Después de acabar, me diste dos besos en la espalda, y te empezaste a
morir despacio, y yo me fui muriendo con vos.
¿Así es el sexo entre hombres? ¿Uno siempre sale lastimado? En-
tonces no quiero. Quiero, pero no así. Me quedaste mirando la primera
vez que te lo dije, esperando que me aflojara, pero cuando me negué de
nuevo, me dejaste de mirar. Si no vamos a coger, andate. Chau, Franco.
Me sacrifiqué, me obligué, me arrastré a darte la mano en la plaza por-
que me pediste aquella vez. Se rieron. Ese pueblo de mierda. Esa casas,
esas pocas calles. ¿Cuántos habitantes se necesitan para alimentar la
miseria, la mediocridad? Los comercios, las esquinas, las luces anaran-
jadas de la calle. Se rieron. Me conocieron, Franco. Pero era por vos. Y
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por vos el culo. Y no queda nada, y la noche se termina y hay poca plata.
RELATOS

RELATOS
Papá me necesita más que nunca. Hay días que estamos cerca, pero
casi siempre lejos. Trabajo con él en el campo. Papá agarra un palo y me
enseña cómo pegarle en la cabeza al lechón. Le pego, patalea, se caga sí, que qué les importa, que con esto hago lo que quiero, que es mío.
mientras se muere. “Bien”, me dice papá, y después no dice nada; le El hombrón se aleja despacio en zigzag. Desaparece, muere. Doy una
mete el dedo en el tajo del cuello, lo mete en el agua hirviendo un rato, vuelta. Giro intentando encontrar a los que gritan, mirarlos a los ojos
lo saca. Los dos pelamos el lechón muerto con cuchillos, transpirando. a punto de vomitar de rabia, pero no los encuentro. No los encuen-
Tenemos las frentes tan pegadas, pero nadie dice nada. Papá… ¿sabés tro a ellos. Encuentro a mis padres que me miran, me escuchan, me
quién soy? Nadie sabe que yo también estoy peleando mis batallas. vuelven a parir. Duros. Duros. No hay gritos, pero hay padres. Son
El abuelo muere. Nadie lo cree. Papá está mudo y tiene los ojos ro- dos y están mudos, aunque papá tiene una vena roja que le raja la
jos. El cajón cerrado, el día muy soleado. El piso, las telas, papá y su san- frente. Su sangre. Mi sangre. Mi padre nos lleva a casa. Vergüenza. No
gre, yo y su sangre, todo sigue, sigue siendo. Mi abuelo y su sangre no. le temo a Dios, pero a papá… peoncito… ¿por qué no me llevaste vos?
Cajón cerrado; día soleado. Frente a la cajita de madera lloro. Apenas ¿Por qué me dejaste solo? ■
por el abuelo; por ser puto.
Fiesta de la vendimia en el pueblo cercano para distraerse. Me se-
paro de mis padres. Me meto en la gente. Una fogata a lo lejos, el vapor.
Los vinos de todas las clases. Escenario. Suenan las guitarras, las gar-
gantas. La noche es helada arriba. Acá abajo no se siente demasiado. Yo
tomé un poco. Siento el cuerpo más fino, más agudo en mi ropa, como
si comenzara a desvanecerme. Alguien grita, me reconoce y pronuncia
mi nombre con acentos exagerados y burlones al otro lado de la gente.
Ya lo veo venir de lejos. Ay, mis padres. La noche. Las estrellas. El humo
dulce del tabaco de un hombrón que fuma a mi lado un cigarro hecho
a mano, con un jean que le parte el forro de los huevos al medio. Un
bigote enorme. Me acuerdo de los leather daddies de Franco. Tiene la
frente pálida y el resto de la cara roja de tantas tardes bajo el sol con
esas gorras de visera, como muchos hombres del lugar. Cuánta tierra
habrás levantado con esas manotas. Hablás bien atravesado, pero estás
tan rico. Habrás terminado de alambrar recién y te viniste a empedar
acá. Hasta olorcito a barro y a alambre oxidado debés de tener todavía.
Pasa muy cerca. El alcohol le sacó el frío y viene con la camisa entrea-
bierta, un pecho para dormirse arriba. Alguien le dice algo y se ríe con
tantas ganas y tanta obscenidad que asusta. Tiene un aliento a vino ba-
rato que me marea aun más.
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Siguen gritando. Ahora puto. Ay, señor peón: cómo lo voltearía
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atrás de cualquier árbol. Lléveme. Agárreme. Activo. Pasivo. Mons-
truo. Lo que quiera, pero sáqueme de acá. Puto, gritan. Les grito que
IMPRESO EN GRÁFICA MOSCA
DEPÓSITO LEGAL Nº 370.262
ISBN: 978-9974-8583-0-5

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