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Comunicación y Cultura en el Imperialismo

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UNIDAD 1: BAJO EL SIGNO DEL IMPERIALISMO (LOS ‘60/’70)

ASMAN, MATTELART Y SCHMUCLER: “Editorial” de Comunicación y Cultura.


Retoma el concepto de “revista cultural” de Antonio Gramsci -> si una revista de este tipo no se vincula
con un “movimiento disciplinado de base”, se convierte en un conventillo de “profetas desarmados”. Y
una revista de este tipo no crea el movimiento sino que sólo puede aspirar a acompañarlo.
-La función que se propone cumplir Comunicación y Cultura es la de establecerse como órgano de
vinculación y de expresión de las diversas experiencias que se están gestando en los países
latinoamericanos, en el campo de la comunicación masiva. Asumir aquellas experiencias que favorecen a
los procesos de liberación total de nuestras sociedades dependientes.
Si hoy puede aparecer este instrumento de vinculación es porque en diferentes lugares de nuestro
continente están trabajando personas y grupos que procuran hacer de su práctica de trabajadores de la
comunicación una práctica política al servicio de las luchas revolucionarias, que piensan su acción como
instrumento del proyecto popular de descolonización.
Si existen en la actualidad esos grupos es porque hay un ascenso de las luchas de las masas y que
generan en nuestro continente nuevos campos de enfrentamiento con el imperialismo y sus aliados
criollos, y a la vez nuevos campos de experimentación para la creación revolucionaria. A partir de los
niveles de conciencia alcanzados por el pueblo organizado en su lucha por la emancipación, se están
gestando alternativas reales a la comunicación y cultura diseñadas por las clases dominantes para servir
a sus intereses.
A partir de esta lucha, deben emerger los gérmenes de una nueva teoría y una nueva práctica de la
comunicación que puede confundirse con un nuevo modo de producir la vida. Nuestro cuestionamiento
de la “comunicación” transita también por el enjuiciamiento de los otros aparatos de difusión masiva de
ideología, en particular el sistema educativo.

“Medios masivos y política cultural: teoría, estrategia, tácticas” en Revista


Lenguajes.
El camino a seguir de esta revista es peligroso en un país como Argentina donde la producción de
palabras es una simple reproducción: la mayoría de esas palabras fueron trabajadas en los países
centrales. El peligro remite a una serie de contradicciones:

- Las características propias de la situación de dependencia cultural, determinadas a su vez


por la estructura de la dominación imperialista en América Latina.
- Dentro del contexto de dependencia, las contradicciones que tiene la posición de los
“intelectuales”, y sus relaciones con los procesos de la movilización popular y de la lucha
política por la liberación.
a) Primero, la tarea ineludible de Lenguajes consiste en dar las condiciones tornar visibles dichas
contradicciones. La práctica de producción de conocimientos se define, en un país como el
nuestro, por una variedad de contradicciones que son reales y objetivas.
b) En segundo lugar, esas contradicciones no pueden ser enfrentadas “en general”, debe ser
trabajado de una manera específica.
Si no satisfacemos esta doble condición, no se consiguen tornar visibles las contradicciones y se
corre el riesgo de contribuir a su ocultamiento.

El campo específico -> lenguajes sociales. El campo será el de la producción social de la significación,
ese campo que la ideología burguesa llama “la cultura”.
Es necesario interrogar acerca de las maneras en que se puede establecer una relación entre la
producción del sentido y la dinámica generada por la movilización popular.
Tendrá una importancia particular las “comunicaciones masivas”. En cuanto a la modalidad, se torna
necesaria la inserción en la estrategia de las luchas populares contra la explotación externa e interna, y
la necesidad de la producción de conocimiento.

Se habla de producción social de la significación porque la significación no puede ser separada del
funcionamiento de la sociedad en su conjunto. La significación es el producto de un trabajo social,
resulta de una práctica que opera dentro de la sociedad. Es necesario señalar ciertas perspectivas que se
consideran erróneas, insuficientes o parciales.
Estas perspectivas tienen todas en común su naturaleza reduccionista. El fenómeno de la “cultura” se
presenta como un todo articulado en una multitud de niveles heterogéneos y contradictorios. Todo
reduccionismo resulta de la reproducción acrítica de esa “presentación”.
Cada reduccionismo puede pasar por un momento de elaboración teórica, pero al mismo tiempo está
lisa y llanamente determinado por una ideología y una política arraigadas a la coyuntura.
Un recuento de los reduccionismos:

 Contenidismo: este reduccionismo actúa en el plano de los contenidos manifiestos


de los mensajes masivos. La lucha política directa lo ha producido como la
respuesta más inmediata y evidente. El sistema económico-político de dominación
imperialista impone en el plano cultural sus propios contenidos, que no sólo
expresan dicho sistema sin que además aseguran y profundizan la dominación. A su
vez, los pueblos en lucha por su liberación deberán, a medida que obtengan poder
en el plano de la cultura, sustituir los contenidos reaccionarios por sus propios
contenidos, que a su vez aseguran y profundizan el proceso revolucionario. Esta
regla enfrenta en los hechos una serie de obstáculos y contradicciones:
En cuanto los contenidos se vuelven más complejos, los criterios para determinar su
valor político-cultural se oscurecen.
La actividad inicial de sustitución se encuentra ante un sistema de géneros ya
constituidos y se genera un nuevo problema. ¿E s posible sanear los contenidos del
género informativo? ¿No será necesario modificar sustancialmente su estructura,
impuesta por el área imperialista?
El contenidismo se paraliza frente a cierto tipo de contenidos cuyo “valor humano”
general resulta incontestable. Entonces, falto de todo criterio y apresado en su
propio reduccionismo suele reproducir la política cultural que tienen organismos
como la UNESCO.
Una contradicción más profunda es la concepción de la cultura como consumo que
atraviesa toda esta línea de acción.
 Esteticismo: es el enemigo del contenidismo. La línea esteticista siempre resulta el
bastión de la reacción liberal ante el avance del contenidismo popular. La reacción
liberal concentra su ataque en la denuncia de cómo productos culturales de valor
estético “indiscutible”, monumentos de la cultura “culta”, son reemplazados por
otros de “bajo gusto”.

 Tecnologismo: el proceso técnico o bien la liberación de sus potencialidades. Para el


tecnologismo los contenidos no importan: es la revolución electrónica la que está
haciendo los cambios más profundos en la cultura. Para nuestros pueblos en lucha
por la liberación, la base política del tecnologismo es el imperialismo. La base
imperialista del tecnologismo es doble: una cosa es la importación del objeto que
implica una penetración económica. Otra más sutil es que con el objeto técnico,
penetran las reglas de su uso: reglas sociales, no técnicas, ya determinadas en los
países centrales. Esta es una penetración cultural. El reconocimiento de estas
reglas, su destrucción y sustitución por otras, no puede hacerse en el marco de
ningún reduccionismo.

 La reacción contra el tecnologismo se intenta a partir del economicismo. Este tiende


a posponer toda política cultural hasta la nacionalización de todos o gran parte de
los medios. Se sabe que esa nacionalización (económica) no basta para revolucionar
los contenidos de una cultura, y por lo tanto hay que formular alguna propuesta en
este nivel. Para eso está el contenidismo, y así se reinicia la rueda.

La revista Lenguajes se propone:

- Rigor teórico: es necesario asegurar las condiciones para que sea efectiva la producción
de conocimientos. Reconocimiento de que los conocimientos que se pueden producir
resultarán siempre comprometidos y obstaculizados por los reduccionismos.
- Necesidad de una tarea crítica político-ideológica que asegure el cumplimiento del
punto 1).
- Reconocimiento de la especificidad histórica de los países del Tercer Mundo en su
combate por la liberación, especificidad que puede hacer posible la emergencia de
nuevas formas de cultura.

ELISEO VERON: “Acerca de la producción social del conocimiento: el


“estructuralismo” y la semiología en Argentina y Chile.
Introducción
El texto se ocupa sobre la difusión y el impacto del “estructuralismo” (incluyendo perspectivas más
recientes como la “semiología” o “semiótica”) en Argentina y en Chile.
Los términos tales como “estructuralismo” y “semiología” son usados en distintos niveles:
En un primer nivel, de tipo descriptivo, se usan para hacer referencia a la configuración de
procesos históricos de difusión y transformación ideológica, que se identifican bajo esos
nombres en el plano de la “conciencia social”. Desde este punto, este texto es una revisión del
desarrollo de lo que fue el “estructuralismo” en una región particular del mundo.
En otro nivel diferente, este artículo está inspirado en una determinada concepción de la
semiología y busca justificar por qué se elije Argentina y Chile como casos particulares.

Eliseo Verón introduce dos postulados teóricos:

Los textos, en tanto mercancías, están siempre incluidos en un complejo ciclo productivo. Con el
fin de construir la “historia social de los textos” es necesario ubicar a estos últimos en el
contexto de los procesos sociales de producción, distribución y consumo de significaciones.
Eliseo Verón considera al sentido como un producto social y es por esto que piensa a los textos
insertos en una matriz social, y esta inserción es arte constitutiva de su significación.
El segundo postulado especifica al primero. Introduce la idea de que la producción del sentido
aparece organizada en diferentes prácticas. En la medida en que los grupos sociales que
desenvuelven estas diferentes prácticas no están relacionados del mismo modo con la
estructura de clases (y por lo tanto, con la estructura de poder), las condiciones históricas para
el desarrollo de cada práctica productiva no son siempre las mismas.
Cada sociedad impone condiciones particulares a la producción social del sentido y del
conocimiento. Dentro de cada formación social, la “cultura” se articula bajo la forma de un
conjunto de sub-campos, correspondientes a las diferentes prácticas en las que consiste la
producción social de la significación.

La comparación entre Argentina y Chile es una buena oportunidad para estudiar la inserción diferencial
del “estructuralismo” por las condiciones estructurales diferentes para la producción de significación.
Tanto en Argentina como en Chile, es Francia el centro principal desde el cual el estructuralismo se
importó. Esto significa que cuando empiezan a aparecer los trabajos locales, las fuentes bibliográficas
citadas son las mismas en ambos países.

Sin embargo, el estructuralismo tiene un destino cultural diferente en cada uno de estos países y su
“impacto” ha sido distinto. La producción de conocimiento en los países dependientes del Tercer Mundo
se manifiesta en cada caso bajo distinta forma.

 En Argentina, la inspiración estructuralista fue siempre exclusivamente académica, y dentro del


mundo académico el estructuralismo no era percibido como especialmente vinculado al
pensamiento marxista. Entre los grupos intelectuales generó reacciones de desconfianza y hasta
condenación ideológica en nombre del marxismo. Por otro lado, varios de los autores
influenciados por el pensamiento estructuralista se han opuesto al marxismo. En este sentido, la
situación argentina reprodujo las reacciones contradictorias que el estructuralismo despertó,
dentro del campo marxista, en la misma Francia.
 En Chile se inició más tarde que en la Argentina. Desde el inicio el estructuralismo y la
semiología chilenos recibieron una marca cultural diferente. Los autores locales inspirados por
el estructuralismo estaban vinculados a grupos intelectuales muy activos políticamente en el
campo de la izquierda marxista. Los métodos e ideas del estructuralismo y la semiología fueron
percibidos inmediatamente como asociado a la teoría marxista y han tenido un peso
considerable en el contexto de la lucha política e ideológica que caracteriza la situación chilena.

Verón habla del estructuralismo y la semiología como formando un mismo “paquete” ideológico ->
dicho tratamiento es correcto por la influencia del pensamiento de Lévi-Strauss en la “primera
semiología” (de los ’60). Po otro lado, tanto el estructuralismo como la “primera semiología” tienen una
raíz común en la lingüística estructural inspirada en Saussure. Lo importante no es analizar en sí mismas
las obras de Lévi-Strauss, Barthes u otros autores. Lo que interesa es su impacto ideológico en la región,
y particularmente en Argentina y en Chile. En consecuencia, queda excluida también toda comparación
entre dichas fuentes y su “interpretación” regional.

Con respecto al estructuralismo y la semiología, el aspecto más importante a tener en cuenta es


precisamente la naturaleza de la práctica científica, en los dominios vinculados a esas orientaciones, en
los países latinoamericanos: dicha práctica es nula. En todo caso y para las ciencias sociales en general,
las condiciones estructurales de ejercicio de la práctica científica son radicalmente diferentes de las
existentes en los países centrales.

Argentina: las muchas vidas de una ideología

La primera inserción del estructuralismo en Argentina ocurrió en el contexto del proceso de


“modernización” de las instituciones universitarias luego del golpe militar de 1955 que derrocó a Perón.
Dicha modernización se inspiró en una ideología tecnocrática de corte cientificista-liberal, alimentada
por la ilusión “desarrollista” de los ’50. Además, se dio en el marco de la introducción de las “ciencias
sociales modernas” en general.
Con un punto inicial localizado alrededor de 1959, la influencia del pensamiento de Lévi-Strauss
comienza a crecer y hacia fines de 1961 Verón tuvo una entrevista con él que se publica en Buenos
Aires al año siguiente. Entre 1963-1966 el Departamento de Sociología de la UBA ofrece seminarios
dedicados a discutir la teoría y los métodos del estructuralismo en Antropología.

 Durante este primer periodo (1959-1966) los “enemigos ideológicos” estuvieron localizados en
los grupos tradicionales más conservadores, particularmente en Antropología. La introducción
de los trabajos de Lévi-Strauss en Argentina no tuvo nada que ver con los estudios
antropológicos, lo cual es ya una marca característica de una cultura dependiente.
El año 1966 como fin de la primera etapa de la influencia estructuralista en Argentina no fue
elegido al azar: corresponde al golpe militar que derroca a Illia. La “modernización” universitaria
se intentó en el marco de los varios esfuerzos realizados entre 1955-1966 por mantener las
apariencias del “juego democrático” y a la vez asegurar la completa exclusión del movimiento
obrero. El golpe militar de 1966 responde a un doble proceso: por un lado las crecientes
dificultades para mantener en esa situación al movimiento obrero por parte de un gobierno
civil. Y por otro lado los cambios en la situación del imperialismo a nivel internacional, cuyas
exigencias de penetración económica y política reclaman ya otro tipo de conducción a nivel
local.
 Por otra parte, comienzan a difundirse las primeras versiones de la “semiología” como
desarrollos distintos del estructuralismo propiamente dicho. Al mismo tiempo, las influencias
del estructuralismo y de la semiología se diversifican en los distintos campos culturales. En este
segundo periodo ocurre un crecimiento notorio de la producción local, tanto en el área de las
ciencias sociales como en la filosofía, la epistemología, la crítica literaria, etc. En este periodo se
multiplican también los adversarios ideológicos.
parte, comenzaron a reclutar sus miembros en los grupos profesionales.
 Es a partir de la etapa de institucionalización que se constituyó un equipo de investigaciones
sobre mecanismos ideológicos en las comunicaciones masivas, que trabajó sin interrupción
entre 1976-1970.

Chile: la semiología y la lucha política

En 1969 aparecen en Chile las primeras investigaciones inspiradas de una u otra manera por el
estructuralismo y/o la semiología. Esta actividad está instalada desde un punto de vista institucional: la
mayor parte de los investigadores influenciados por el estructuralismo y la semiología pertenecen a
centros universitarios, en particular a la Universidad Católica de Chile.
El año 1969 no es azaroso: se aproxima la elección presidencial y la campaña ya había comenzado.
Salvador Allende, candidato de la Unión Popular compuesta por los seis partidos políticos más
importantes de la izquierda, obtiene el apoyo de numerosos grupos intelectuales dentro de las
universidades que se comprometen activamente en la campaña. Tras el triunfo de Allende, muchos de
ellos asumen responsabilidades oficiales dentro del nuevo gobierno.
La coyuntura política que culmina con el triunfo de Allende es la causa principal del proceso cultural tan
profundo que se desarrolló en Chile entre 1969-1973 y esto es también gracias a los trabajos inspirados
por el estructuralismo.
Las cuestiones vinculadas a la política cultural y a la lucha ideológica tienen particular interés: en un país
caracterizado por instituciones políticas muy estables y una clase media con gran peso, las condiciones
de una transición al socialismo sin lucha armada exigen realizar cambios estructurales y
transformaciones culturales profundas.
Dentro de este contexto, la influencia del estructuralismo y la semiología se concentró en el estudio de
los mecanismos del poder cultural, en particular las comunicaciones masivas. Una vez que el gobierno
popular estuvo en el poder, se establecieron otros objetivos prioritarios:
- Definir estrategias para estimular el nivel de la conciencia social en la nueva situación económico-
política;
- Para amplificar el proceso de participación y movilización de la clase obrera;
- Para explorar nuevas formas de comunicación capaces de iniciar la destrucción de la cultura de clase
existente, dominada por los estereotipos de la burguesía.

En 1969 se definió un programa de investigaciones sobre los lenguajes masivos, bajo la inspiración de
Mattelart. En 1970 sale un número especial llamado “La ideología de la prensa liberal en Chile” que es
un estudio sobre el funcionamiento de los medios masivos en países sometidos a la dominación
imperialista y consideraciones metodológicas sobre la noción de ideología, incluyendo un análisis de
varios ‘mitos’ transmitidos por los medios, como el de la juventud y el del amor romántico.
El más importante blanco del análisis es el principal periódico controlado por la clase dominante chilena,
El mercurio, tradicional representante de la llamada prensa “seria”.

Luego del triunfo de la Unidad Popular, el gobierno expropió una de las editoriales más grandes del país
“Zig-Zag” dedicada a la producción de libros y semanarios de distintas clases. Bajo su nuevo nombre
“Editorial del Estado, Quimantú”, la empresa incorporó a sus equipos de dirección y redacción a
especialistas en comunicaciones masivas y a investigadores orientados hacia la investigación
semiológica. Es en este nuevo rol que Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaron su análisis
ideológico del Pato Donald.
¿Cómo romper las formas culturales de la clase dominante? ¿Cómo establecer la mejor manera en
que las comunicaciones masivas pueden contribuir a la movilización política de la clase obrera?
¿Cómo decidir acerca de la importancia relativa que tienen los distintos sectores de clase en esta
coyuntura?
El problema del papel de los medios de comunicación masiva no es planteado como una cuestión de
“propaganda política”. Por el contrario, al menos en muchos de estos intelectuales opera una suerte de
“conciencia semiológica”, una conciencia de la especificidad de los problemas del cambio cultural, no
por eso disociado de los otros procesos de cambio. Esta “conciencia” implica advertir que el problema
de la imaginación y la creatividad culturales asociadas a un proyecto socialista va más allá de la
“propaganda”; que las estructuras de significación de lo ideológico dependen de mecanismos
subyacentes antes que de los contenidos manifiestos.

La pregunta de Lenin

La situación política colocó a muchos investigadores chilenos frente a un “macrolaboratorio social”, que
exige una gran síntesis entre teoría y práctica para obtener resultados concretos, los cuales podrían
además llegar a tener un efecto político y social apreciable.
En términos de prioridades, el gobierno concentra su lucha en el plano económico-político, y no elaboró
ninguna estrategia coherente, de mediano plazo, relacionada al cambio cultural. Dentro de las
polémicas que se han desatado, estos intelectuales se preguntan, como Lenin, qué hacer. Casi por
razones opuestas, los investigadores que en la Argentina están vinculados a la inspiración semiológica
deberían plantearse la misma pregunta.
En Argentina, el estructuralismo y la semiología generaron trabajos teóricos y empíricos que son
marginales dentro del contexto cultural. La inserción de estas orientaciones dentro de las estructuras
universitarias fue interrumpida en 1966. Debido a esta marginalidad, la investigación semiológica estuvo
limitada a pequeños grupos de “especialistas” e “interesados”.

La hipótesis veroniana básica es que este dilema expresa la distorsión intrínseca al proceso de
producción de significaciones (y de conocimiento) en un país dependiente.
Tanto en Argentina como en Chile los semiólogos están interesados en el estudio de los fenómenos
ideológicos. Este foco específico podría otorgar a la investigación semiológica en América Latina su rasgo
distintivo. Este campo de investigación puede permitir obtener resultados que tengan relevancia
política y utilidad práctica en el contexto del combate hacia el socialismo en esta parte del mundo. Pero
el problema central de una teoría semiológica de las ideologías es, para Verón, el problema de los
métodos.
Si la semiología puede tener algún interés para el estudio de los mecanismos ideológicos en el plano de
la sociedad global debe desarrollar un trabajo extremadamente complejo en no menos de dos niveles:

 Uno, la construcción de una teoría sistemática de la ideología-en-los-lenguajes.


 El otro, la construcción de un conjunto explícito de operaciones metodológicas concebidas para
la manipulación y la producción práctica de los textos.
Estas dos tareas están lejos de haber sido realizadas.

Debemos trabajar sobre conjuntos pequeños de textos; las posibilidades de generalización deben ser
cuidadosamente estudiadas, etc. Ahora, bajo tales condiciones, la teoría y la investigación sobre las
ideologías tiene un interés menos inmediato del que se podría suponer, desde el punto de vista de una
demanda social o política de carácter práctico.
Hay que estar preparados para enfrentar una falta de adecuación. La situación “esperable” y “normal”
en un país dependiente es aquella caracterizada por una contradicción objetiva entre las condiciones
para la inserción política revolucionaria y las condiciones para la producción de conocimientos. Esta
contradicción forma parte de la definición de lo que es el capitalismo dependiente a nivel cultural.

Si se plantea, en un caso particular, la contradicción entre las condiciones impuestas por la investigación
y la intensa demanda social de aplicaciones prácticas que sean políticamente relevantes, el semiólogo se
encuentra ante una alternativa y debe elegir. Optar por la inserción política y abandonar las exigencias
del proceso de producción de conocimientos es una elección perfectamente legítima.

Verón plantea que se debe resolver esta tensión o contradicción por etapas:

- Producir conocimiento científico


- Intervenir en la lucha política.

Esta es una contradicción que no se puede ignorar, porque al hacerlo, se corre el riesgo de la
marginación.

SCHMUCLER H: “La investigación sobre comunicación masiva” (1975)


¿Para qué investigar sobre los medios masivos de comunicación?

Se ha generado en estos años un gran movimiento de estudios sobre comunicación masiva:


No es casual que los estudios hayan crecido en estos últimos años (los ’70) porque la comunicación
masiva adquiere un papel importante en estos años, sobre todo por la presencia dominante de la
televisión;

Casi contradiciendo el punto anterior, es preciso destacar el lugar privilegiado que le otorgaron a los
medios masivos los pensadores políticos mucho antes de la ola actual. Ejemplo: las indicaciones de
Mariano Moreno sobre el uso propagandístico de La Gaceta.
La última década vio florecer nuevas tendencias en la investigación, relacionadas con el estudio de los
sistemas significantes y donde los análisis semiológicos tienen un lugar destacado. Esta línea se opone a
las corrientes norteamericanas clásicas y se muestra útil para develar los contenidos ideológicos de los
mensajes.

Este texto reflexiona sobre el último punto relacionado a nuestra realidad latinoamericana. La necesidad
de reflexión no se produce caprichosamente sino estimulada, al menos, por tres razones:

- Una práctica social directa o indirecta (es decir realizada por otros y asumida por mí) que fue
modificando concepciones que teníamos hace algunos años sobre el papel de los medios
masivos de comunicación;
- La polémica desatada en los últimos tiempos sobre la oposición ciencia vs. ideología (que
incluye la de ciencia vs. política). En nuestros países, además, la discusión tiene que ver con
el permanente debate acerca de la metodología a aplicar en los estudios sobre el tema y con
la legitimidad de algunos de ellos.
- El proceso político que durante estos años sacudió a América Latina y que generó nuevas
condiciones de pensamiento, a la vez que verificó o desechó la verdad de algunas de las
hipótesis esgrimidas hasta ahora.

Pero ¿por qué hablar de corrientes semiológicas en el contexto latinoamericano si la pregunta primero
tiene que ver con algo previo? Adelantamos algunas postulaciones:
La metodología semiológica (con diversas variantes) se valora como justificación de las investigaciones.
Tiene como objeto a los mensajes lanzados por los medios, donde intenta descubrir los mecanismos
estructurales que determinan su significación y por lo tanto la ideología que tienen.
En Comunicación y Cultura se intenta encontrar justificaciones exteriores a la investigación misma, en la
realidad socio-política, y establecer objetivos de acuerdo a las necesidades surgidas de un proyecto
general de transformación de esa realidad. Sin embargo, este objetivo no soluciona el problema del
método. La elección del método no es gratuita y tiene que ver con el objetivo general antes planteado.
En ese sentido, se considera que la semiología es uno de los caminos de abordaje correcto.

Método -> sólo es “científico”, elaborador de una verdad, un método que surja de una situación
histórico-política determinada y que verifique sus conclusiones en una práctica social. Le guste o no al
científico, siempre su ciencia se vincula a una política. Y, lo quiera o no, toda política condiciona una
ciencia.

La revista “Lenguajes”: ciencia versus ideología


El caso de la revista “Lenguajes” publicada en Buenos Aires nos revelan algunas líneas de fuerza:

 El reconocimiento de las “condiciones de producción del conocimiento” en


Argentina marcadas por la dependencia económica y cultural.
 La necesidad de elaborar un saber acorde con los pedidos del Tercer Mundo en que
la Argentina está inserta.
 La imprescindible diferenciación entre el hacer político y el hacer científico y por lo
tanto la afirmación de que de la práctica no surge “conocimiento”.
 El hostigamiento a las producciones culturales latinoamericanas que confunden los
campos (mezclan lo político-ideológico con la ciencia).
 La presentación de las indagaciones que actualmente se realizan en Europa por
nativos de esos países o por latinoamericanos residentes.
 Estos ejes mencionados podrían agruparse en la dicotomía fundamental ciencia vs.
ideología.

¿Cómo se resuelve entonces el problema si no se puede fusionar la práctica política y la “científica”?


Hasta ahora, desde la perspectiva de Verón, lo único perceptible “en un país dependiente” es un
discurso político por una parte y, por otra, una “producción de conocimientos” alejada del mundo.

Schmucler cita a Eliseo Verón y le responde en defensa del estructuralismo: ¿Qué presupone afirmar
que “el problema del método ha desaparecido”? ¿Desde dónde se estipula el método?

Si el texto cuestionado hubiera sido escrito en nombre de la política, apartándose de la ciencia, Verón lo
hubiera aceptado. Ante la disyuntiva dice que es preciso “elegir”. Pero, ¿a quién se le plantea la
disyuntiva? ¿A los autores de “Para leer al Pato Donald o al comentarista? El que elige descartar la
política es Verón y desde ahí analiza el libro criticado. Los autores, a su vez, hicieron su elección y lo
dicen: no separan una cosa de otra. Porque si para los partidarios de la ciencia a-política, la práctica
científica es la única condición de verdad, Mattelart y Dorfman saben lo contrario: que la práctica
política es condición de verdad para las ciencias sociales.
El “aparato retórico” debe descartarse. ¿Qué significa, entonces, el aparato retórico? ¿Puede “decirse lo
mismo” con otras palabras o la terminología utilizada es un instrumento hábil cuando se trata de
designar un recorte determinado del mundo?

Lo que Verón no puede concebir por razones ideológicas es que la participación política de un
especialista no se realiza en cuanto tal sino en relación a su acuerdo con un proyecto político.
Amantes de la textualidad, algunos de los colaboradores de Lenguajes intercambian sus textos para que
los unos sean entendidos en relación a los otros. Para explicitar sus críticas al libro de Mattelart y
Dorfman, Verón remite al breve comentario de Paula Wajsman. Pero la autora no se queja básicamente
de la falta de método sino que en realidad critica la concepción del libro. La familia Donald, según
Wajsman, nada tiene que ver con la interpretación arbitraria de los autores. Estos dos pretenden
encontrar en la famosa historia de Disney elementos ideológicos que reproducen el mundo concebido
por el imperialismo norteamericano cuando se trata de una excelente captación del mundo simbólico de
los niños.
El artículo de Paula Wajsman sirve ejemplarmente para mostrar los riesgos de engaño que tiene la
división antagónica entre ciencia e ideología. Refugiada en la “ciencia” del psicoanálisis, la autora no
tiene ojos ni oídos para la significación social de las producciones sociales.
Los argumentos del psicoanálisis que usa para rebatir el estudio de Dorfman y Mattelart llevan a la
justificación de los hechos sociales tal cual hoy existen. Todo podría explicarse (y se explica) por
motivaciones del inconciente.
¿O es que la autora duda del placer de los opresores en el mundo social y a la vez de la relación
simbólica que muchos oprimidos establecen con sus dominadores? ¿Imagina la comentadora que las
producciones norteamericanas (películas, libros, etc.) que estimulan la “aventura” de ir a la guerra no
fueron pensadas para tocar “necesidades” profundas de cada individuo?
Paula Wajsman plantea una visión psicoanalítica que olvida el contexto en que se inserta su práctica, lo
olvida porque le perturba tenerlo en cuenta, pero al olvidarlo lo confirma. Parafraseando su propia
escritura, diríamos que el texto de Lenguajes, “ciego” al mundo real (político), admite que éste continúe
invariable mientras preserva su individualidad “científica”.

La elección de un camino
El comentario sobre la revista Lenguajes nos permitió reflexionar sobre algunos temas.
Sabemos que no nos interesa investigar en comunicación masiva desde dos de las perspectivas más
frecuentes:

La que se ofrece como legitimación de la actual estructura social, para la cual los medios
masivos deben cumplir un papel regulador de la sociedad y en esa medida ser instrumento de la
hegemonía ideológica de los sectores dominantes.
La que se postula como “develadora” de la ideología de los mensajes pero prescinde de la
circunstancia político-social en que ese mensaje se inscribe. Investigar entonces, ¿por qué y para
qué? Intentemos precisarlo.

¿Cuál es el papel que realmente cumplen los medios masivos de comunicación? ¿Es posible
señalar una función universalmente válida? La condición pendiente de nuestra cultura explica
que se sigan repitiendo algunas afirmaciones que requieren verificación en cada circunstancia:
“medios generadores de ideología”, “medios alienantes”, “medios manipuladores de
conciencia”, son expresiones que merecen un análisis en profundidad, tanto como los conceptos
que le sirven de base.
La significación de un mensaje podrá indagarse a partir de las condiciones histórico-sociales en
que circula. Estas condiciones significan, en primer lugar, tener en cuenta la experiencia socio-
cultural de los receptores. Es verdad que el mensaje comporta significación pero ésta sólo se
realiza, significa realmente, en el encuentro con el receptor. Primer problema a indagar,
entonces, es la forma de ese encuentro entre el mensaje y el receptor: desde dónde se lo
recepta, desde qué ideología, es decir, desde qué relación con el mundo.
Es preciso diferenciar distintos mensaje que se presentan a un mismo receptor que posee
niveles diversos de experiencias. En el momento de la decodificación, cuando la significación
surge, se pone en contradicción o no el sistema de codificación del emisor con las condiciones
de decodificación del receptor.
De lo anterior se deduce que inútil comenzar el estudio por el mensaje, es preciso indagar en las
condiciones de recepción de ese mensaje para obtener datos reales sobre su significación y que
esas condiciones tienen sustancialmente un referente político.
Por ende, cualquier investigación que intente ser útil deberá partir de la situación socio-
económica en que el mensaje circula. La situación política del receptor condicionará la acción
del medio. La caracterización económica del propio medio ofrecerá pistas útiles para entender
las razones que determinan la emisión de uno u otro mensaje.
Cuando afirmamos la “utilidad” de la investigación presuponemos un para algo o alguien.
Concebidos los medios masivos como instrumentos de transmisión ideológica, es fácil deducir
que entendemos su acción en el campo de una lucha que atraviesa toda la actividad humana. La
investigación que tiende a comprender el lugar de los medios en ese proceso, se integra, pues, a
la batalla ideológica.
Así definida, la investigación sobre los medios masivos adquiere un carácter estrictamente
instrumental. Según este criterio, el marco de la investigación queda definido por las
necesidades del nivel de desarrollo de la conciencia popular dentro de un proyecto general. Se
plantean las siguientes evidencias:
A- El punto de partida para investigar en los medios masivos de comunicación es un proyecto
político-cultural al servicio del cual se intenta colocar la comunicación masiva.
B-La metodología que se usa depende del objetivo a conseguir. Esto no significa que creemos en
la neutralidad de los métodos, sino por el contrario, en la absoluta pertinencia de algunos de
ellos o de varios a la vez en función del objetivo diseñado.
C- La aceptación de los medios como siempre instrumentales a un proyecto de sociedad. Su
utilización, modificación o negación, depende del proyecto que respalda la construcción de otra
sociedad.
D- Todo utopismo izquierdista sobre la modificación de los medios, que no tenga en cuenta la
correlación de fuerzas actuantes en el ámbito social o que defienda “ideales” al margen de la
experiencia del pueblo, está llamado no sólo a fracasar, sino a reforzar las instituciones vigentes.

E- La definición del objeto de investigación no cristaliza en un corpus determinado. El objeto en


estudio es más bien una función: la circulación de ideología en condiciones particulares de
decodificación. El objeto, por lo tanto, se va a elaborar de acuerdo al proyecto político-cultural
que lo define.

La respuesta al interrogante inicial no tiene matices: investigar sobre comunicación masiva para develar
su estructura y funcionamiento actual a fin de volcarlos al servicio de un proyecto socio-político que en
el caso de América Latina tiene como primer objetivo la liberación del imperialismo. Si se comprende
que la instancia ideológica no es una variable dependiente de la estructura socio-económica sino que es
constitutiva de esa estructura, subestimar la importancia de los medios masivos es tan malo como
agigantarlos. Pretender autonomizar su función social al margen del proceso de una sociedad es tan
defectuoso como despreciar su papel específico. El lugar de la comunicación masiva queda
correctamente definido desde el interior de un proyecto global de sociedad. Es una forma de comer la
pera, condición irremplazable para conocer su gusto.

SCHMUCLER, H: “Donald y la política”


Cuando este libro apareció en Chile, la Unidad Popular había asumido el gobierno. En toda la sociedad se
evidenciaba el intento por transformar una realidad que generaba tensión en el conjunto de la
estructura existente. Se volvía a comprobar que la relación estructura/superestructura mantiene un
vínculo bastante más estrecho que el vulgarizado por un pensamiento que, aunque se quiere
revolucionario, repite los gestos de un positivismo rigurosamente mecanicista.
En la llamada estructura se encuentran la totalidad de las relaciones sociales. Es uno solo, por lo tanto,
el momento de cambio, aunque las distintas formas de la organización social sean regidas por
legalidades particulares que evocan desiguales tiempos de evolución. La ilusión de que las
transformaciones infraestructurales (económicas) determinan por sí los cambios en la cotidianeidad se
revierten en su contrario: las viejas formas de vida, características de la sociedad burguesa, suelen
consolidarse hasta el punto de neutralizar las nuevas estructuras conquistadas.

El caso chileno es un campo de contradicciones donde se anuncia el comienzo de un proceso socialista.


En ese contexto, la aparición de un estudio sobre el pato Donald y la línea de personajes producidos por
Disney, viene a perturbar una región postulada como indiscutible; algo así como querer analizar
críticamente la belleza de un atardecer.

La indignada reacción de la derecha contra este texto tiene un punto de partida: las publicaciones de la
línea Disney son universalmente aceptadas como entretenimiento, valor lúdico que corresponde a
pautas permanentes de la “naturaleza humana” y que, por lo tanto, se sobrepone a las contradicciones
sociales.
Para la burguesía el pato Donald es inatacable: lo impuso como modelo de “sano esparcimiento para
los niños”. Lo indiscutible se pone en duda: desde el derecho a la propiedad privada de los medios de
producción, hasta el derecho a mostrar como pensamiento natural la ideología que justifica el mundo
creado alrededor de la propiedad privada.
La defensa de una manera de entretener señala la negativa a aceptar otras, su conformidad con la
existente. El problema deja de ser marginal y se vuelve político.

Hablar del pato Donald es hablar del mundo cotidiano en que se resuelve la vida concreta de los
hombres. Y es esta vida concreta, la manera de estar en el mundo, la que debe cambiar un proceso
revolucionario. Solo la construcción de otra cultura otorga sentido a la destrucción del ordenamiento
capitalista.
En ese mundo de lo cotidiano el obrero produce plusvalía como condición necesaria para que se
reproduzca el sistema capitalista y, en el mismo movimiento, produce la ideología que perpetúa su
relación con la sociedad. La revolución debe concebirse como un proyecto total aunque la propiedad de
una empresa pueda cambiar de manos y lo imaginario colectivo requiera un largo proceso de
transformación. Si desde el primer acto el poder no se postula como cambio ideológico, las buenas
intenciones de hacer la revolución concluirán inevitablemente en una farsa.
En ese mundo de lo cotidiano se verifica, igualmente, el papel del andamiaje jurídico-institucional que es
reproductor de la ideología dominante, uno de cuyos instrumentos más eficaces lo constituyen los
medios de comunicación de masa. En contacto con las ideas de la clase hegemónica de la sociedad – la
que posee materialmente los medios e impone el sentido de los mensajes que emite – los hombres
elaboran su manera de actuar, de observar la realidad. Es preciso, por lo tanto, escapar de ese orden y
descodificarlo desde otra visión del mundo, es necesario re-comprender la realidad para lograr
modificarla. Si la “lucha ideológica” no se vuelve primordial, se castra la función del proceso
revolucionario que tiende a reordenar el sentido de los actos concretos.
Sólo desde otra manera de concebir el mundo puede asignarse un valor al cambio de las estructuras. Lo
que interesa es el funcionamiento de la estructura y no sus presuntos contenidos: que el patrón sea uno
u otro, que el administrador sea funcionario de una empresa privada o del estado, no modifica la
relación que los obreros establecen con la producción. El salto cualitativo se refiere a las características
que asume esta relación.

Hay territorios de lo “humano” donde la lucha de clases no se verifica: por ejemplo en los atributos
asignados a la niñez como la pureza, ingenuidad. Para leer al pato Donald muestra lo contrario: nada
escapa a la ideología. Nada, por lo tanto, escapa a la lucha de clases. Para leer al pato Donald tiende a
develar los mecanismos específicos por los que la ideología burguesa se reproduce a través de los
personajes de Disney.
Donald es la metáfora del pensamiento burgués que penetra insensiblemente en los niños a través de
todos los canales de formación de su estructura mental.
Los personajes de Disney no son míticos, son axiológicos: en este mundo se actúa por interés, en este
mundo se engaña, en este, el de todos los días, se establecen las diferencias entre los hombres.
Desde la circunstancia chilena donde surgió, Para leer al pato Donald se define como un instrumento
claramente político que denuncia la colonización cultural común a todos los países latinoamericanos.

MATTELART Y DORFMAN: “Del buen salvaje al subdesarrollado”


Walt Disney tomó las tierras vírgenes de EEUU y construyó sus palacios de Disneylandia. Cuando mira el
resto del globo, trata de encuadrarlo en la misma perspectiva, como si fuera una tierra previamente
colonizada. Utiliza cada país del mundo para que cumpla una función modelo dentro de este proceso de
invasión. Incluso si algún país extranjero se atreve a esbozar un conflicto con EEUU, como el de Vietnam
o el del Caribe, de inmediato estas naciones quedan registradas como propiedad de estas historietas y
sus luchas revolucionarias terminan por ser banalizadas. Mientras los marines pasan a los
revolucionarios por las armas, Disney los pasa por sus revistas. Son dos formas del asesinato: por la
sangre y por la inocencia.
Para Disney, entonces, los pueblos subdesarrollados son como niños, deben ser tratados como tales, y si
no aceptan esta definición de su ser, hay que bajarles los pantalones y darles una buena paliza para que
aprendan. Cuando se dice algo sobre el niño-buen-salvaje en estas revistas, el objeto en el que se está
pensando es el pueblo marginal. La relación de hegemonía que se establece entre los niños-adultos que
vienen con su civilización y sus técnicas, y los niños-buenos-salvajes que aceptan esta autoridad
extranjera y entregan sus riquezas, queda revelada como la réplica de la relación entre el imperio y su
colonia, entre los dueños y sus esclavos. Tal es así que los metropolitanos no sólo buscan tesoros, sino
que venden a los nativos revistas para que aprendan el rol que la prensa urbana dominante desea que
ellos cumplan.
En Disney se traduce mediante historias las relaciones de trueque que los primeros conquistadores y
colonizadores tuvieron con los indígenas: se intercambia una baratija producto de la superioridad
técnica (europea o norteamericana) y se lleva el oro.
La estrategia de Disney con respecto a los países que él caricaturiza como atrasados es la generación de
un MITO –> entre los actores que aparecen en el intercambio hay uno que está como salvaje, bruto y
que esta condición, que es del orden biológico, explica su estado subdesarrollado. Como no sabe, es
bruto, es “natural” su condición de subdesarrollado. El mito funciona a partir de ciertas
representaciones. No tiene un contenido específico y borra las huellas de conflictividad. Se presenta
como “natural” algo que es del orden de lo histórico-social.
A los buenos salvajes no se le otorga el privilegio del futuro y del crecimiento, todo saqueo no aparece
como tal porque se les quita lo superfluo, lo prescindible. Los nativos son ingenuos, pero si ellos no usan
su oro, es mejor llevárselo. En otra parte servirá de algo. Al pobre se lo deja entregado a la celebración
feliz de la vida simple. Es el viejo aforismo: los pobres no tienen preocupaciones, la riqueza trae
problemas. Hay que saquear a los pobres, a los subdesarrollados, sin sentimiento de culpa. Lo único que
no se le puede quitar al buen-salvaje es su subsistencia, y esto, porque destruiría su economía natural,
forzándolo a perder el paraíso y crear una economía de producción.

La oposición buenos vs. malos crea la alianza de los nativos y extranjeros buenos contra los extranjeros
malos. Los extranjeros buenos, al estar cobijados por el manto ético, se ganan el derecho a decidir, y a
ser creídos, acerca de la distribución de la riqueza de ese país. Los villanos, burdos, groseros, repulsivos,
directamente ladrones, están ahí con el exclusivo propósito de transformar a los patos en defensores de
la justicia, de la ley, del alimento para los pobres y, por lo tanto, de limpiar cualquier otra acción futura.
Hay una característica habitual de los nativos que es el pánico frente a cualquier hecho que desconcierta
su ciclo natural, y se genera la necesidad de algún ser superior que venga a rescatarlos y a restaurar el
sol.

Disney, como todos los medios de comunicación de masas, juega con el principio de sensacionalismo, es
decir, de ocultación por lo “nuevo”. Se lleva a cabo la disolución de la solidaridad internacional de los
oprimidos.
Hay dos modos de representar, son operaciones de construcción dentro del mito:
1- DILUCIÓN: se llama dilución cuando se genera que un fenómeno anormal al cuerpo de la sociedad,
síntoma de un cáncer, pueda ser rechazado automáticamente por la “opinión pública” como una
cosquilla pasajera. El mito no lo oculta sino que las desplaza.
2- RECUPERACIÓN: la recuperación ocurre cuando hay un lugar en el mundo donde se infringe el código
de la creación disneylandesca, que establece el comportamiento ejemplar y sumiso del buen salvaje, y la
historieta no puede callar el hecho. Debe hacerle arreglos florales, reinterpretarlo para su lector, incluso
si éste es un niño. La recuperación es un fenómeno que niega abiertamente el sistema, un
enfrentamiento político explícito, sirve para nutrir la represión agresiva y sus justificaciones. Un ejemplo
es el caso de la guerra del Vietnam.

Lo imaginario infantil es la utopía política de una clase. En las historietas de Disney, jamás se podrá
encontrar un trabajador o proletario, jamás nadie produce industrialmente nada. Pero esto no significa
que esté ausente la clase proletaria. Al contrario: está presente bajo dos máscaras, como buen-salvaje y
como criminal-lumpen. Ambos personajes destruyen al proletariado como clase, pero rescatan de esta
clase ciertos mitos que la burguesía ha construido desde el principio de su aparición y hasta su acceso al
poder para ocultar y domesticar a su enemigo, para evitar su solidaridad y hacerlo funcionar dentro del
sistema, participando en su propia esclavización ideológica.
Para justificar su situación de privilegio, la burguesía dividió al mundo de los dominados en dos sectores:
 Uno, el campesinado, no peligroso, natural, verdadero, ingenuo, etc. El campesino adquirió en
este proceso mitificador la exclusividad de lo popular y se lo estableció como guardián folklórico
de lo que se produce o conserva en el pueblo, lejos de la influencia de los centros humeantes
urbanos. El mito del pueblo como buen-salvaje no hace otra cosa que servir una vez más a una
clase para su dominación.
 El otro, urbano, amenazante, hacinado, desconfiado, calculador, amargado, etc.

WAJSMAN, P: “Polémica. Las imágenes del imperialismo”.


Wajsman define al libro “Para leer al pato Donald” como un libro huidizo, con afirmaciones
contradictorias producto de asociaciones libres, donde los recortes historetísticos sólo cumplen un papel
ilustrativo. Plantea que Dorfman y Mattelart intentan hacer pasar lo que es ideológico como algo
científico que vislumbra aquello que tanto empeño pone en ocultarse.
Hay una concepción de los chicos – de los seres humanos – como tablas rasas en las que señalan
erróneos caracteres arbitrariamente marcados por otro. En cambio, los chicos, antiguas víctimas de esta
ideología, reciben con alegría la existencia de personajes como el Pato Donald. Son sus defectos y
errores lo que lo hacen queribles; su impotencia, su torpeza, son doblemente placenteras por estar
proyectadas en un “adulto”.
Hay que interrogarse sobre la necesidad de denuncia de la penetración del imperialismo y sobre la
posibilidad de hacerlo a través de investigaciones críticas sobre la cultura masiva. Para ser
independientes es necesario tener libros, publicaciones, en fin, trabajos científicos.

PASQUALI, A: “En torno a la ideología represiva de McLuhan”


Ideología y utopía
En 1965 Marshall McLuhan publica su libro “Understanding Media” y el alemán Herbert Marcuse
publica “One –dimensional Man”. Tienen un elemento en común: ambos autores conciben su “filosofía”
como un intento de comprensión del mundo histórico actual y como una “crítica de la sociedad”. En
cuanto al origen cultural de sus doctrinas y a sus propósitos, hay una divergencia radical.
Para McLuhan las categorías que permiten comprender la realidad social derivan de un genérico
trasfondo utilitarista-pragmático matizado con elementos literarios.
Para Marcuse, hay un filón homogéneo de “pensamiento negativo”: Hegel, Marx, Freud, Weber, Lukács
y Mannheim, parcialmente filtrados por la Escuela de Frankfurt, de la que es exponente junto con
Horkheimer, Adorno y otros más.
La “critica de la sociedad”:

 Para McLuhan se convierte en ideología, como representaciones falsas de respaldo al orden


social e intelectual predominante y como mentalidad insincera que enmascara la realidad. La
ideología (de McLuhan) se disfraza en lo cuotidiano y pretender ser fiel al perfil de la realidad,
porque es propensa a cimentar el orden existente y ser puro pensamiento afirmativo. Pero
ambas promueven fines. Una en las mentes de quienes aspiran a una convivencia más justa y
racional; la otra sobre las alfombras de los gerenciales y en los salones de las academias. El éxito
siempre favorece a la silenciosa ideología, porque es más fácil embellecer y mejorar la función
de lo que ya es, que pregonar las virtudes de lo que aún no es.
 En Marcuse, la crítica a la sociedad desemboca abiertamente en la utopía relativa, o negativa, o
concreta; esto es, en una reducción de la dimensión utópica a la negación del ser social actual
en favor de su deber ser futuro.La praxis utópica (de Marcuse) es visible y ruidosa porque
intenta negar y derribar el status quo.

La carga ideológica de Understanding Media


Toda ideología es un conjunto homogéneo de ideas que trascienden la realidad para dar razón de ella,
pero en el supuesto natural-utilitarista de que la realidad social es imperfectible, “dada”, contemplable y
descifrable, pero no transformable. La ideología es la implosión represiva que se opone a la explosión
libertaria de la utopía.

“Understanding Media” de McLuhan es la obra más profundamente ideológica y conservadora. Su


propósito fundamental es el de distraer la atención científica de los aspectos éticos, políticos, sociales e
históricos implicados en los procesos de comunicación social, para reducir el discurso a un elegante
análisis de los “medios” para centrarse en sus aspectos menos comprometedores: los semánticos, los
estéticos y los tecnológicos. La metodología que adopta McLuhan parece ser la siguiente: simular que se
puede “ir más allá” de la apariencia política de las comunicaciones, para desembocar sobre una esencia
tecnológico- estética, a la que ya no podrá aplicarse los esquemas interpretativos éticos, políticos,
sociales, económicos o jurídicos.
Lo que sigue es un intento por desarmar algunas piezas fundamentales de la ideología de
Understanding Media, y poner al descubierto las “representaciones falsas” que pretenden justificar el
papel de la industria cultural en la civilización del bienestar.

Desaparecen los mass-media


Una de las primeras sorpresas que tiene esta obra es la desaparición de la fórmula consagrada de “mass
media”. Se deja al medio sin el atributo de masas, sin la composición sociológica que le otorga fuerza y
sentido, y que lo califica por la función y el fin.
En efecto, la fórmula mass-media fija una relación causal entre una función (la de enviar mensajes) y
una estructura social engendrada por dicha función (la masa) descrita por la sociología.
La desaparición del término masa no obedece a la simple intención de pasar por alto los efectos
masificantes de cierta comunicación, sino que tiene el propósito de negar la dimensión filosófico-social a
la “comunicación”, para convertirla en objeto de una “descripción pura” en términos de filosofía
analítica. Para McLuhan, este tipo de filosofía social es la responsable de nuestras reacciones
convencionales ante todos los media, reacciones que corresponden a la opaca posición del idiota
tecnológico. A partir de ahora, sólo deberá hablarse de medios sin distinguir, prejuzgar ni clasificar. Fiel
al principio utilitarista, desaparecerán todas las distinciones cualitativas y los juicios de valor.

“El médium es el simple aparato o extensión de la subjetividad psicofísica”

“Medium” es el difícil concepto central de Understanding Media. A partir del nuevo concepto de media,
el autor pretende invalidar los tradicionales análisis de fuentes, modos, y efectos del mensaje, todos
ellos basados en la comprensión de la carga intencional de sus contenidos.
Se entiende tradicionalmente por “medio” al canal capaz de transportar los signos codificados de un
mensaje. Cuando hablamos de las comunicaciones masivas, y por eso a “medios artificiales” se entiende
por “canal” a un aparato o instrumento que tiene ciertas propiedades objetivas. Tales propiedades son
simplemente utilizadas de acuerdo a sus límites o “velocidad”. Estas obligan a elegir un código y a usarlo
en forma pertinente, y por eso inciden de alguna manera en la elaboración del mensaje que
transportarán.
POR TODO ESTO, MCLUHAN TIENE SU CÉLEBRE FRASE: “EL MEDIO ES EL MENSAJE”.
Para el autor, el término “médium” no connota ya sólo los medios de comunicación, tradicionales, sino
también el alfabeto, el papel, es decir, todo lo que nosotros llamamos instrumento, aparato, artefacto,
canal, soporte, etc. Es médium todo lo que esté dotado de una función mediadora o simbólica
cualquiera, y que es concebido como una extensión del hombre.
Después de borrar la diferencia entre media y mass media, McLuhan borra también la de aparato e
instrumento. Un médium es simplemente un aparato, pero en el sentido de que no son más que
extensiones de los sentidos humanos; no puede sino añadirse a lo que ya somos y son parte de
nosotros. Pero el hombre macluhiano debe entregarse a la inacabable tarea tecnológica de producir
extensiones siempre más perfectas de su aparato sensorial, en función antropocéntrica y utilitarista.

De un hegeliano (como Marcuse) a un empirista (como McLuhan) la distancia es grande.


En McLuhan, el destino de la humanidad es llegar a ser un grupo eficiente de productores-
consumidores, y el medio, en lugar de favorecer la autoconciencia, se autonomiza y pierde todo
contacto con la matriz político-social de su inventor.
Según McLuhan, la “temperatura” de los medios está en relación con su grado de definición (caliente
para las fotos, frió para la tira cómica) y de participación (caliente para la radio porque requiere baja
participación; frío para la TV porque requiere la participación del perceptor). La sugerencia de que
distingamos entre medios no por el uso o efectos sino por su “temperatura” es una nueva insinuación
ideológica: debe apartarse la mirada de los usos y efectos de los medios, y concentrarla sobre un
atributo psico-tecnológico como el de “temperatura”.

“El mensaje como contenido de un médium no existe”. Medium is message


Medium is message debe ser entendido así -> el mensaje es el mismo médium, lo que equivale a decir
que un aparato no es más que un aparato y cuyo único valor reside en su presencialidad.
McLuhan afirma que “dentro” del medio no hay mensaje; que un médium no puede “contener” más
que otro médium. El método de reducciones de McLuhan suprime también el contenido como algo
objetivable y “otro” en relación al conductor. Para él, medio y mensaje se identifican. Identificación
entendida como resultado de una oposición de términos que concluyen con la afirmación del primero y
la negación del segundo. Los efectos de la TV en el niño se agotarían en su conducta de estar sentado
ante el medio; los mensajes que absorbe no importan.

Así, el contenido autónomo llamado mensaje no existiría con sentido significante, psicológico, social y
político. “Understanding Media” elimina el concepto de médium de su significado sociológico y
filosóficamente importante, reduciéndolo a lo que es y ninguna otra cosa. El poder informativo de los
medios está en los medios mismos.
Antes, dice McLuhan, parecía que el mensaje fuera el contenido, y la gente se preguntaba lo que
representaba un cuadro. Si hoy seguimos presumiendo que sea el contenido de la programación lo que
influencia los puntos de vista y la acción, eso deriva de la época del libro, en que se distinguía entre
contenidos y forma. Los media son un poder y este poder tiene poco que ver con el “contenido”. Esto
viene a confirmar que:

1) Que “médium is message” es un descubrimiento gerencial basado en principios de cálculo y


rendimiento, elevado a teoría por el propio McLuhan con propósitos ideológicos;
2) Que esta observación empírica refleja el funcionamiento de un sistema de radiodifusión como el
competitivo o americano, un sistema en el que la operación de elegir estaciones o programas ha
perdido todo sentido.

Quienes se preocupan por el “contenido” de los media y no del médium en sí, están en la misma
situación del médico que ignora el “síndrome de estar enfermo” para dedicarse a la enfermedad
específica. Los contenidos de estos media pueden variar, pero no ejercen ninguna influencia sobre las
formas de la asociación humana. Los efectos de la radio, por ejemplo, son independientes de sus
programas.

Conclusión: en el estudio de los medios es aconsejable abandonar los juicios de valor porque no es
posible aislar sus efectos. Esto lleva a los siguientes resultados:

1) El estimulo capaz de causar actitudes individuales y sociales no reside en lo que se dice, sino en
el simple decir;
2) Está terminantemente prohibido partir de una sociología de las comunicaciones para un análisis
de los medios.
3) Para McLuhan los medios no tendrían ninguna dimensión sociológica. Esto es lo mismo que
repite a diario la clase dominante en comunicaciones, para la mayor prosperidad de sus
negocios.

El medio se posee, no se usa


McLuhan desecha las concepciones ético-políticas del pensamiento occidental: la que diferencia entre
tenencia y uso. La posición utilitarista, como la que tiene McLuhan, ha postulado la prioridad de la
posesión sobre el uso. El que no usa es como si no poseyera. El medio es lo que es y ninguna otra cosa,
el medio se posee, pero no hay que interrogare sobre el uso de “contenidos” porque estos no existen.
Después de negar la objetividad del contenido, sólo le quedaba negar su valor de uso.
El autor desconoce el hecho de que el uso es el verdadero y mayor problema actual de las
Comunicaciones. El consejo de McLuhan es el siguiente: lo que es, es verdadero, las cosas son lo que
son, basta contemplarlas sin transformarlas; es inútil creer que alguien las explota a favor de unos y en
contra de otros. No existe tal uso dirigido de los medios y los controles de sus contenidos; los medios
son efectivamente ineficaces para fines de dominio ideológico; el análisis de la relación propiedad-
contenido-usos-efectos en Comunicaciones creó mucho ruido para nada alrededor de los inocentes
medios.

PASQUALI, A: “Releyendo a Marcuse”


Elogio de la Escuela de Frankfurt
La doctrina de la Escuela de Frankfurt proclama que la filosofía no es propaganda y que no corresponde
al filósofo transformar el mundo con sus manos.
Los frankfurtianos (Adorno, Horkheimer y Marcuse) realizaron un descubrimiento que marcó una época:
que la libre y competitiva industria cultural reproduce los esquemas de la manipulación autoritaria. En
1944 Adorno y Horkheimer desarmaron el mecanismo ideológico y funcional del “pensamiento positivo”
y tecnocrático, dejando al descubierto sus ingredientes y raíces históricos.
Pero la bibliografía frankfurtiana es una mina inexplorada, que el investigador latinoamericano en
comunicaciones tiene a su alcance. Hay un listado de los filones de pensamiento más aprovechables:

 La filosofía no ha muerto, su misión es ser filosofía crítica y más específicamente como filosofía
crítica de la sociedad.
 La distinción entre razón crítica, negativa y dialéctica, y razón instrumental, positiva, “irracional”,
que se degeneró en lógica de dominio.
 La filosofía crítica niega lo que es a favor de lo que las cosas deben ser. Recuperación plena de la
dimensión ética y política del pensar crítico.
 Recuperación plena de la dimensión utópica del pensar transformador y posibilista, como utopía
negativa, anti-mítica y anti-ideológica.
 La industria cultural como máximo exponente e instrumento del pensamiento positivo.
 La intolerancia, el autoritarismo, el instrumentalismo que provienen del uso actual de los MCM.
La necesidad de negarlos y de convertirlos en propiciadores de una convivencia pacífica.

En el resto de este texto se intenta la relectura de Marcuse y de su obra “El hombre unidimensional”,
limitándonos a uno de los conceptos-clave, el de utopía.

Sobre el concepto de utopía


“El hombre unidimensional” (1964) es un intento riguroso y maduro por revivir la utopía política. Para
leer esta obra, es necesario aplicar una de las concepciones fundamentales de esta disciplina: la
dialéctica de la ideología y de la utopía. Es necesario, también, analizar los términos de la utopía social
propuesta por Marcuse enfocándola desde posiciones ideológicas. La doctrina de Marcuse presenta los
caracteres de una verdadera utopía por trascender los intereses de cualquier ideología en particular.
UTOPIA RELATIVA: conjunto de ideas que enjuicia y objeta la validez del ser social actual y que postula
una posibilidad por encima de una realidad, un deber ser por encima del ser, en un intento de convertir
la contemplación en transformación.
Existe la (falsa) idea de que lo posible es menos que lo real. Pero hay más en la posibilidad, porque lo
posible no es más que lo real al que se le añade un acto del espíritu con el que arrojamos su imagen al
pasado. La concepción contemporánea de la utopía (como la marcusiana), corresponde en un todo a
esta concepción de lo posible.
Significa el estadio previo de una nueva realidad social, una vez que ésta se realiza. En ese sentido,
luchar por la utopía es luchar por el concreto advenimiento de un nuevo real-social, para que ese deber-
ser-aún sea el único posible. Toda potencialidad (incluyendo la de tipo social) es utópica mientras no se
realiza aún y solo si se realiza.
Al igual que la libertad, la utopía se presenta como negatividad (crítica y negación de la ideología), y
como positividad (elaboración de un nuevo ideal revolucionario). En la obra de Marcuse, la utopía es
crítica de la ideología, “negación de lo positivo” y pensamiento negativo. La negación es genuina y vale
sólo si su objeto queda efectivamente negado.
Todo pensamiento utópico es dialéctico y bidimensional: elabora un modelo-ideal-por-venir porque
niega una realidad fáctica actual.
La utopía es ahora pensamiento negativo. Es un Pensamiento que lucha contra esa esclerosis de la
“unidimensionalidad”. Es la Razón capaz de traspasar las apariencias para reconocer que las cosas no
son lo que deben ser, en sentido metafísico o social. El pensamiento negativo, utópico o dialéctico es
aquel que vive la experiencia de un mundo antagónico… de un universo desgarrado, bidimensional, y
que concibe la tensión crítica entre el “es” y el “debería ser” antes que nada como una condición
ontológica.
El hombre unidimensional es una crítica de la razón utópica, de sus límites y funciones.
Los elementos más vistosos de la crítica marcusiana de la razón utópica son los siguientes:

 Reapertura a lo posible contra el inmovilismo ideológico-naturalista;


 Dinamismo dialéctico y “negativo” contra el anti-finalismo represivo de la tecnología actual;
 Primado de la razón práctica para sacar se su hueco la cabeza del avestruz neo-positivista;
 Aceptación de la prueba por las consecuencias por coherencia realista y contra el principio
formal de la “lógica del dominio”.

SILVA, LUDOVICO: “El sueño insomne”


Introducción
Este texto es un conjunto de sugerencias dedicadas a los investigadores de los medios de comunicación
en el subdesarrollo latinoamericano. Son proposiciones que afirman la necesidad de acompañar de una
teoría general del capitalismo que comprenda una teoría especial del subdesarrollo capitalista. Y dentro
de esta última, una teoría de la ideología del subdesarrollo, que nos explique el fenómeno de la
alienación ideológica como expresión de la dependencia, y por lo tanto como coautor de esa
dependencia.
Hipótesis -> los medios de comunicación masivos de nuestros países constituyen actualmente, más aún
que el sistema educativo y el sistema religioso, un instrumento ideológico del que se sirve el capitalismo
monopolista-imperialista para perpetuar la dependencia en las cabezas mísmas de los neocolonizados.

El sueño insomne: es la expresión hallada por Adorno para designar a la televisión. Adorno es tal vez el
autor que creó una teoría crítica destinada a diagnosticar y combatir eso que se ha llamado la guerra
subliminal o “la ofensiva ideológica”. Adorno habló de la televisión norteamericana y forjó una serie de
categorías analíticas de gran utilidad para cualquier estudio sobre la televisión.
Este texto no es un análisis de la obra de Adorno sino para recordar su pensamiento sobre la televisión,
su actitud teórica y que no dudaba en erigir la teoría crítica como antítesis de la ideología capitalista.
Dicha ideología logra realizarse en un pueblo sólo en la medida en que es la alienación de sus
necesidades. A esta alienación contribuye decisivamente la ideología que transmiten los medios de
comunicación en los países subdesarrollados. Contra ella combate la teoría crítica de esos medios.

Orígenes de la ideología del subdesarrollo: educación y religión


Según escribió Marx en El Capital, la producción no está dirigida a la satisfacción de las necesidades
humanas, y éstas, en cambio, son utilizadas para satisfacer las necesidades de la producción. La primera
condición para esto es basar toda la economía, no en el valor de uso, sino en el valor de cambio. Lo
importante será no para qué sirve una cosa, sino por cuál otra puede cambiarse.
La universalización del mercado permitió la autogeneración creciente del capital, que a su vez generó lo
que Marx llama las relaciones de dependencia total, dependencia que comenzó realizándose en una
forma aún subsiste: dominio económico de centros desarrollados, cultos y dueños de la técnica, sobre
las periferias menos desarrolladas, menos cultas y carentes de técnicas. Esta dependencia cobró una
forma especial, la forma de subdesarrollo.
Subdesarrollo: la forma de una sociedad hasta tal punto dependiente de otra, que ésta se desarrolla a
costa de la primera, con lo que la subdesarrollada se e constreñida, desde el comienzo, a desarrollare de
un modo anormal: un progreso dependiente, una cultura adherida a los patrones de producción y de
consumo de los centros desarrollados. Por esto, tal progreso no puede en verdad llamarse desarrollo,
sino subdesarrollo, o desarrollo involutivo, dependencia creciente.

Desde el principio el capitalismo se caracterizó por ser un sistema expansivo, tentacular. Esto tuvo
profundas consecuencias, no sólo en las economías de los países dependientes sino en toda su
estructura social, tanto en el orden material como en el orden espiritual.
En el orden material -> las fuerzas productivas son empleadas fundamentalmente para producir
ciegamente capital que, en el momento mismo de nacer, es ya extranjero. O sea, la fuerza de trabajo de
estos países se convirtió a gran escala en un proletariado externo geográficamente, pero situado sin
embargo en el corazón mismo del aparato productivo capitalista. Lógicamente, esta condición material
fue generando progresivamente su expresión ideológica. Para que el capitalismo pueda sostenerse es
preciso que haya en explotadores y explotados una ideología que justifique idealmente al sistema. Y
para esto creó toda suerte de fuentes suministradoras de ideología justificadora y encubridora. Basta
mencionar las dos principales:

1) Un sistema de instrucción y de educación idéntico al de la metrópolis, con el fin de crear una


imagen del mundo que no se salga de los marcos de la “cultura occidental” y que justifique todo
lo que en nombre esa cultura se hace.
Existe una gigantesca desigualdad existente entre las aspiraciones creadas en la mente de la
mayor parte del pueblo (clases medias y bajas) y su nivel real de posibilidades materiales, es
decir: la creación de una gran cantidad de “necesidades” que ni siquiera pueden ser satisfechas,
pero que actúan como justificación ideológica del sistema, en las mentes de los desposeídos.
2) Al sistema de instrucción, que se dirige sólo a ciertas clases, sirve de poderoso complemento
algo que alcanza a todas las clases, pero especialmente a las más miserables: la religión.
España es quien ha colonizado religiosamente a Latinoamérica al mismo tiempo que creaba en
ella el mecanismo de enajenación económica.
Los colonizadores redujeron a explotación material a los colonizados, y al mismo tiempo les
suministraron, con la religión, un paliativo que hacía soportable aquella explotación. Y apareció
la explotación como íntimamente unida a factores sagrados.
La primera ideología que existió fue la religiosa que comenzó por justificar idealmente la división
del trabajo y terminó, con el capitalismo, por justificar la explotación física y síquica.
Los dos factores de la alienación ideológica de nuestros países fueron dos: el sistema educativo y el
sistema religioso, que modelaron lo que podría llamarse la ideología del subdesarrollo
latinoamericano. La alienación ideológica se debe a que es la expresión de la alienación material, la
alienación ideológica no existe sino como expresión de aquella. El sistema de la dependencia fue
formando progresivamente un mecanismo de producción de plusvalía ideológica, mediante el cual la
parte no conciente de la mente de las gentes pasa a formar parte del capital ideológico imperialista, a
sustentarlo y perpetuarlo.

Interiorización del subdesarrollo


La educación y la religión fueron instrumentos. Pero sean cual fueren los instrumentos utilizados para el
dominio ideológico, este dominio nace como expresión de unas relaciones de producción sociales de
“orden material”.
Todo proceso de producción basado en la explotación engendra una ideología que lo justifica. Y esta
ideología será la de aquellas clases sociales que controlen el proceso, es decir, aquellas clases que
representan al capital.
A pesar de que la ideología dominante haya sido la misma de las clases dominantes, las clases
dominadas han participado de esa ideología, es decir, ha sido también “su” ideología. Pero como ésta no
operaba en un nivel aún no conciente, no era percibido como una contradicción el hecho de ser un
explotado y tener, al mismo tiempo, la ideología del explotador. La existencia subjetiva de esa
ideología en las masas ha sido el principal factor objetivo que ha frenado la participación de esas masas
en muchos momentos revolucionarios decisivos.

Ideología tecnológica, tecnología ideológica


El tema de debate es la televisión en una región subdesarrollada.

1) ¿Por qué es imprescindible hablar de la televisión?


2) En segunda instancia, ¿por qué el análisis de este medio de comunicación debe estar exento de
toda presunta “neutralidad” valorativa?

 La primera pregunta tiene un doble y progresiva respuesta. Es recomendable concentrar el


análisis en la televisión por constituir ésta un singular medio de comunicación que constituye
una especie de concentración de todos los otros medios de comunicación. Se diría que cine,
prensa, radio, etc. Encuentran en la televisión un modo de comunicarse ellos mismos: es
audiovisual como el cine, es informativa y posee una escritura como la prensa, y está en casa
como la radio, pero no en cualquier sitio, sino precisamente en aquel que cada hogar considera
el sitio de honor. En segundo término, es prácticamente imprescindible, sobre todo en los
países subdesarrollados, que afinemos la puntería teórica hacia la televisión, por ser ésta un
medio que en los países capitalistas constituye la más genuina expresión ideológica del
sistema. La televisión es el punto neurálgico de la industria cultural.
 La segunda pregunta: ¿por qué debe ser crítico y no meramente descriptivo un estudio sobre la
televisión? La industria cultural toda, y muy en especial la televisión constituye un hecho en sí
mismo ideológico. Es un eficiente transmisor de la ideología que sustenta y justifica al sistema,
y es un condicionador colectivo efectivo en la creación de valores, representaciones e imágenes
destinados a justificar las relaciones de explotación que tienen lugar en la estructura social.
Según Herbert Marcuse, la ideología está hoy en el proceso mismo de producción. La ideología
es producida industrialmente y este plan industrial de producción ideológica tiene como
finalidad no sólo el incremento del capital material, sino la constitución de un gigantesco capital
ideológico cuyos dueños son los mismos dueños del capital material.
Proceso de producción de la plusvalía ideológica : es la pertenencia no conciente del
hombre común al sistema de producción que condiciona sin cesar su mente a través de todo
tipos de mensajes, y que genera no sólo “lealtad” sino también un excedente real de trabajo
síquico que se separa del productor. Es una categoría que deberá forzosamente admitirse si se
admite la de industria cultural. La televisión es actualmente el más eficaz medio tecnológico
que utilizan los dueños del capital para realizar la doble y simultánea operación antes
mencionada. El medio mismo es ideológico. Y lo es por partida doble, si el análisis se ubica en
un país subdesarrollado.
La imposibilidad de abandonar el juicio de valor en el análisis de los medios no es obstáculo
para la objetividad científica del análisis. McLuhan mismo advierte que los efectos de los medios
son inseparables de sus causas. Esto significa que el efecto ideológico de los medios de
comunicación está ya dado en la estructura misma de los medios, tal como son utilizados
dentro de un determinado modo de producción.
Pero el medio en sí, la máquina en sí, aislada de su uso, no es sino un cuerpo inerte. La
maquinaria en sí no es responsable de que a los obreros se les “separe” de sus medios de vida.
Los antagonismos y las contradicciones inseparables del empleo capitalista de la maquinaria
no brotan de la maquinaria misma, sino de su empleo capitalista.

Subdesarrollo y “mass-media”
La televisión constituye un medio específico de producción ideológica que funciona como aliado de la
explotación y la dominación capitalista. La explotación inmaterial a la que contribuye la televisión
genera sumisión, esclavitud inconciente y lealtad hacia el sistema de explotación material.
La explotación inmaterial se caracteriza por no ser conciente en los que la sufren, sí en los que la
inducen. Sus factores determinantes son las instituciones de la industria cultural y en última instancia el
sistema mismo de producción material.
Este texto está destinado al público corriente de televisión, que se instala frente a su “aparato singular”
y no ve en él mayores problemas teóricos. Carece de una teoría adecuada sobre el subdesarrollo, que la
haga comprender lo que significa ser capitalista dependiente, ser subdesarrollado. Sin una teoría que le
explique este fenómeno como una formación histórica específica, lo acepta como un fenómeno
“natural”.
La teoría del subdesarrollo necesita una teoría especial de los medios de comunicación de masas en
relación con nuestro rasgo básico de países capitalistas dependientes. Se necesita una teoría regional
que señale a esos medios como factores primordiales de la alienación ideológica, lo que genera la
alienación generalizada, especialmente en el sector tecnológico, del que forma parte la industrial
cultural.
Los rasgos esenciales de nuestras comunicaciones son los mismos que tienen los mass media en el
centro desarrollado (somos países capitalistas, sometidos a las leyes generales del capitalismo), pero
nuestros mass media son vehículos ideológicos con diferencias específicas vinculadas a nuestra
dependencia. Todo examen de los rasgos específicos de nuestro subdesarrollo cultural debe relacionar a
éste con las leyes del capitalismo mundial:

 La existencia de una periferia ideológicamente dependiente, culturalmente sumisa a los valores


propios del sistema.
 El capitalismo necesita de ciertos “nacionalismos” que en lo político vivan la ilusión de una
democracia autónoma cuya verdadera cara, la económica, sea la de la dependencia.
 Necesita de medios de comunicación que instalados en los países subdesarrollados fabriquen
una cotidiana ilusión “nacionalista” a través de una degradante vulgaridad temática que no
disimule la presencia de los mensajes calcados de la televisión norteamericana.

La televisión de nuestros países es la perfecta expresión de la dependencia económica y de la


penetración ideológica. La televisión de los países subdesarrollados es:

a) Expresión ideológica de nuestro carácter capitalista dependiente;


b) Campo de penetración del capital extranjero, tanto el capital material como el capital
ideológico;
c) Aliado indiscutible de democracias y dictaduras subdesarrolladas que se fundan en la entrega
económica y en la sumisión ideológica al capitalismo central;
d) Lugar privilegiado, dentro de una industria cultural también dependiente, de producción de
plusvalía ideológica destinada a justificar la extracción de plusvalía material y de riqueza
natural, que el capitalismo desarrollado practica en los países subdesarrollados.

Nuevos instrumentos ideológicos


Es al proceso mismo de producción que hay que acudir para comprender su ideología. Pero así como el
colonialismo tenía dos instrumentos ad hoc (educación y religión) para la conformación y difusión de su
ideología propia, del mismo modo hay que buscar cuáles son los instrumentos específicos del nuevo
capitalismo. Seguirá teniendo los dos instrumentos heredados: educación y religión pero adquiere unos
instrumentos específicos: los medios de comunicación de masas.
Los medios de comunicación fueron siempre una condición fundamental para el desarrollo del mercado
capitalista. La gran revolución en este campo apareció con la invención de medios eléctricos para
transportar objetos inmateriales: ideas, imágenes, mensajes. No hablamos de los barcos o trenes que
trasportan mercancías, hablamos de la radio o la televisión que comunican la idea de las mercancías. Los
primeros transportan valores de uso, que en el mercado se transforman en valores de cambio; los
segundos comunican la imagen de meros valores de cambio. Los nuevos medios de comunicación son el
instrumento ideológico esencial para justificar el orden material de las cosas.

¿Se puede aislar la TV como objeto de estudio?


La televisión goza de un lugar privilegiado dentro de los medios-instrumentos ideológicos que llamamos
mass-media. ¿Se puede aislar realmente a la televisión como objeto de estudio?
Aunque no es sencillo “aislar” los factores específicos de un medio como la televisión, sin embargo,
para la investigación social empírica siempre será más conveniente comenzar por practicar tal
aislamiento, porque sólo así se podrán obtener cuantificaciones significativas.
Todos los datos que puedan “aislarse” rendirán toda su utilidad teórica mientras permanezcan como
datos “aislados” y separados de lo que Adorno llamó “la totalidad del sistema”. No solo de la totalidad
del sistema de comunicaciones, sino de la totalidad social en que éstas se hallan inscritas. Porque un
determinado dato puede ser numéricamente igual en dos países distintos y, sin embargo, poseer en
cada uno una importancia teórica diferente.

TV, mercado y sicología profunda


Otro grave problema es el relacionado con el estudio de los efectos de la TV.
Lo primero que se le ocurre normalmente al investigador es preguntarle a la gente, hacer encuestas y
luego procesar las respuestas. Se construyen cuadros matemáticos llenos de “datos objetivos” y de
variables que arrojan “tendencias” o “probabilidades”. Sin embargo:

1) Tales datos y tendencias sirven de poco si no son manejados por una teoría adecuada.
2) En lo referente a la televisión hay es obstáculos como el que señala Adorno:”Como el material
especula con lo inconciente, las encuestas directas no servirían de mucho”.

En lo referente a la teoría, sin una adecuada teoría del subdesarrollo, no hay posibilidad de hacer rendir
frutos a los estudios empíricos sobre nuestros medios de comunicación. Se requiere una teoría que no
concluya en que los medios son funciones del sistema social sino por el contrario: una teoría que los
considere como expresiones ideológicas de una formación social específica, histórica; por tanto, como
factores ideológicos que participan activamente en los conflictos y las contradicciones sociales
materiales. Es decir, se necesita una teoría del subdesarrollo que contemple la dependencia ideológica
como expresión de la dependencia estructural.

Una de las vías que es altamente adecuada para investigar las relaciones entre medios de comunicación
e ideología dentro de una sociedad capitalista es la vía diseñada por Vance Packard.
El estudio de Packard es una de las más perfectas descripciones de lo esencial de la ideología capitalista
en su fase actual. Su obra es una “investigación de mercado” y se presenta sin aparataje científico.
Packard proporciona centenares de magníficos ejemplos, tomados todos de estudios de mercado y
perfectamente cuantificados. La cuantificación es posible porque no se trata de realizar exámenes
siquiátricos de los consumidores, sino de contabilizar sus reacciones como compradores frente a los
estímulos de la propaganda que son conscientemente dirigidos a la inconciencia de los consumidores.
Los que fabrican la propaganda no piensan que aquello que fabrican es pura ideología, ideología
capitalista en estado puro, destinada a conformar las mentes para aceptar y amar el sistema a través del
amor hacia la mercancía.

Filosofía del tiempo libre


Más del 90% de los televidentes se declaran “satisfechos” con la televisión y son típicamente
productores de plusvalía ideológica, su siquismo ha sido socialmente adaptado para la adhesión al
sistema y el apoyo al mismo.
La noción de “tiempo libre” hay que analizarla a partir del “tiempo libre” que tienen los sectores
obreros contrarrestando “tiempo libre” con “tiempo de trabajo”. La noción de “tiempo libre” dentro de
la sociedad actual es el tiempo del no trabajo. Ya Marx decía que el tiempo libre es “el tiempo para el
desarrollo pleno del individuo”.
En la sociedad contemporánea la jornada de trabajo se ha reducido, pero no puede decirse que apareció
el tiempo libre del que hablaba Marx. Ha aparecido un falso tiempo libre. El tiempo libre actual no es
verdadero porque en realidad no es un tiempo para el desarrollo pleno del individuo. ¿Por qué?
Esto ocurre así porque el “tiempo libre” de la sociedad capitalista es un simple “no trabajo”. Pero
principalmente: es un “tiempo libre” en el que trabajamos para la preservación del sistema, es el
tiempo de producción de la plusvalía ideológica.
Se trata de un tiempo de nuestra jornada que no es indiferente a la producción capitalista, sino al
contrario: es utilizado como el tiempo óptimo para el condicionamiento ideológico. Este
condicionamiento elimina todo impulso hacia el libre desarrollo de la personalidad. El tiempo libre de la
sociedad capitalista-imperialista no es un tiempo libre: es el tiempo de producción de la plusvalía
ideológica.
No sólo se dice que la televisión utiliza el tiempo libre de la gente para “adaptarla” a la sociedad sino
que se insiste en un efecto “socializante” en el sentido de que el aparato de TV reúne a diversas
personas. Esta cercanía satisface también el anhelo de no permitir que se produzca nada espiritual que
no pueda convertirse en posesión material.

El envilecimiento cultural

 En los países subdesarrollados, el ciudadano corriente cree que la “cultura” es, y debe seguir
siendo, un producto exquisito. Siente que para acercarse a la “cultura” debe hacer un gran
esfuerzo, “ponerse a la altura”. Confunde las expresiones de la cultura con la cultura misma. No
sabe que toda su vida ciudadana es un tejido cultural.
 Este ciudadano ignora que él también es un hombre culto, formado en una cultura determinada
que lo dota de hábitos, necesidades, conocimientos, costumbres. Ignora que existe un concepto
mucho más amplio de cultura, que no limita ésta a las manifestaciones artísticas o científicas,
sino que la extiende a toda la actividad humana, y como es humana también histórica.
 Desconoce el hecho de que hay actualmente en nuestras sociedades instrumentos altamente
tecnificados para la difusión cultural, instrumentos que tienen poco que ver con la “cultura”
entendida como actividad restringida de unos pocos, y que por el contrario actúan para las
multitudes, masivamente, y logran un efecto socializador, homogeneizante, sobre las masas.
 Ignora que los medios de comunicación que él consume diariamente durante horas son el
instrumento más poderoso de “culturización”; no sabe que esos medios forman una industria
cultural y que una gran parte de las actitudes de las gentes son inducidas directamente por esos
medios de comunicación. Entonces, cuando él ve la televisión no sabe que está siendo
penetrado de “cultura”.

Por todas estas razones, el ciudadano corriente tiene una terrible confusión con respecto a la cultura. Al
mismo tiempo que no se reconoce a sí mismo como productor de cultura, ésta se construye frente a él
como un objeto extraño, ajeno. Además, cree que el concepto de cultura sólo se aplica a ciertos
productos positivos, no se imagina que en la sociedad actual la mayor parte de la cultura no sólo no es
de carácter “positivo” ni artístico, sino que además consiste en una guerra ideológica que se libra
contra los ciudadanos. La verdadera cultura es la que difunde la televisión, pero es la cultura de las
mercancías y del mercado, de la manipulación de las conciencias, de la alienación del consumo.
La alienación es así doble. Por una parte, la cultura entendida como “arte y ciencia” se le presenta como
objeto poderoso al que él no tiene acceso; por otra parte, no reconoce como cultura, sino tal vez como
“diversión”, la cantidad de mensajes que recibe todos los días a través de la televisión. Ignora, en
síntesis, la relación que existe entre cultura e ideología.
El espectador debe comprender, entonces, que la industria de los medios de comunicación es cultural, y
que usada en un sentido inverso al actual podría servir de vehículo para la superación cultural de los
hombres.; pero debe entender también que esa “industria cultural” es una industria ideológica que sólo
busca, para aumentar sus beneficios materiales, explotar las necesidades humanas, incluso creándolas a
la fuerza.

Alicia en el país de las mercancías: el fenómeno del superfetichismo


Si bien todo fetichismo mercantil es una forma de alienación, no toda forma de alienación implica
forzosamente fetichismo mercantil. Lo esencial del fetichismo mercantil reside en que lo que es una
relación social entre personas se presenta, en el capitalismo, como una relación entre cosas. El capital
mismo, que es realmente una relación social, se presenta como una cosa. Pero, además, como una cosa
que se enfrenta al trabajador como un objeto hostil, ajeno. Es por esto que Marx plantea que el
fetichismo es una “personificación de la cosa y una cosificación de la persona”.

¿Qué son radio y televisión sino mercancías que hablan de mercancías?


La televisión no es un fetiche tan sólo por ser una mercancía ella misma; es un superfetiche porque
además ella nos habla todo el día, y no nos habla de cualquier cosa, sino de mercancías. Aparecen
mercancías que hablan de sí mismas y se hacen su propia propaganda.

MURARO, H: “Teoría de la manipulación comunicacional”


1. Manipulación y sociología crítica de la comunicación de masa

El concepto de “manipulación” fue el instrumento teórico de la sociología crítica de la comunicación de


masa. Los trabajos de Mills, Baran, Adorno, Horkheimer y Marcuse descansa sobre la tesis de que los
medios, en las modernas sociedades neocapitalistas, son sistemáticamente empleados por los
monopolios para reforzar el status quo, es decir, para “desviar” a los individuos de toda consideración
política de su sociedad.
C.W. Mills -> considera que el rasgo distintivo de la moderna cultura de masas era justamente la
existencia de la manipulación del receptor por el emisor. En contraste con el modelo de sistema
comunicación del periodo premonopolista, Mills hablas sobre la sociedad de masas. Este orden se
caracteriza por la manipulación sistemática de los medios en beneficio de las corporaciones. Los rasgos
distintivos de tal tipo de sistema de comunicación social son:

1) Medios monopolizados por un pequeño número de grandes corporaciones que se dirigen a un


público cuantitativamente muy amplio. La probabilidad promedio de que los receptores se
transformen en emisores es prácticamente nula. Debido a ello, los fabricantes de mensajes
conforman una minoría especializada en su tarea.
2) Instituciones políticas no democráticas, “cerradas”, que no ofrecen a la población posibilidades
de modificar las decisiones del Ejecutivo. Hay una represión orgánica y permanente a cargo de
los aparatos policiales y también por la apatía de las mayorías políticas excluidas de los centros
de decisión e información.
3) En la sociedad de masas los mensajes de los medios en su conjunto tienen como objetivo la
neutralización política de la mayoría excluida del sistema de poder.

Paul Baran -> para él, la penetración de los medios en las modernas sociedades capitalistas es tan
intensa y radical que hasta la misma noción de ideología como la conocemos hasta hoy, resulta
inadecuada para comprender los fenómenos políticos actuales.

Para Baran la ideología es una verdad a medias, desarrollada inconscientemente por una clase. Por el
contrario, las “ideologías” del periodo neocapitalista: “son nociones inadecuadas, parciales y
prejuiciadas, que se implantan conscientemente en la mente de los hombres mediante las
manipulaciones de una clase, para lograr ciertos fines”.

Marcuse -> consideraba que la función básica de los medios es desarrollar “pseudonecesidades” de
bienes y de servicios fabricados por las corporaciones gigantes y, así, atar a los individuos al consumo de
masa y la pasividad política. “Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y necesidades falsas. Las
falsas son aquellas que perpetúan el trabajo, la agresividad, la miseria y la injusticia”.
“Tales necesidades tienen un contenido y una función sociales determinadas por poderes externos
sobre los que el individuo no tiene ningún control”. Para este autor la manipulación de los medios es tan
importante que al suprimir la publicidad y la comunicación de masa podríamos provocar la destrucción
del sistema.

2. El concepto de “manipulación”
La manipulación supone la existencia de los siguientes fenómenos sociales:

1) La existencia de un monopolio de la comunicación, y sobre todo, de un sistema de medios.


2) La instrumentación del os mensajes por parte de los emisores, destinada a favorecer los
intereses de clase de los primeros en contra de los intereses de la mayoría receptora y de la
comunidad.
3) En la medida en que la manipulación es eficaz, los individuos sometidos aceptan los valores,
opiniones, mitos o estereotipos sociales que están en contradicción con sus necesidades
individuales o de clase. El individuo manipulado “debe creer” que las opiniones que se le han
impuesto son suyas.
4) La conducta del emisor debe ser deliberada y sistemática.
5) Los mensajes de los manipulares debe apelar a la irracionalidad del receptor, o bien ser
lógicamente coherentes pero basados en informaciones incompletas o falsas.

El sistema produce una acumulación del saber en las cúspides de las corporaciones a expensas del
conocimiento de las masas. Existe una economía del saber regida por las mismas leyes de acumulación y
concentración.
3. El estado y la manipulación de la comunicación
Con respecto al Estado norteamericano y a sus actividades manipuladores el panorama es igual.
Las corporaciones militares y políticas de los EEUU usan procedimientos de fabricación o distorsión de
noticias iguales a los que usan los monopolios comerciales. Las conclusiones sobre el sistema de
comunicaciones sociales en EEUU son las siguientes:

1) El control de las comunicaciones es actualmente tan importante para el gobierno de EEUU que
este no tiene en colisionar con la industria periodística o radiodifusora, exigiéndole defender su
punto de vista, y amenazándola con aplicar sanciones en situaciones críticas como la guerra de
Vietnam. El gobierno de EEUU depende también del control de las comunicaciones privadas, es
decir, que recurre al espionaje interno.
2) Las burocracias estatales han acumulado recursos y usurpado poderes civiles para actuar libres
de controles políticos parlamentarios y sin que esto se difunda a la población.

4. Contradicciones del concepto de manipulación


Hay un aspecto importante de la manipulación: el referente al emisor monopolista y a sus maniobras
para defender sus intereses, deformando la verdad objetiva. Con esto ya tenemos lo suficiente como
para considerar a la manipulación como una categoría sociológica válida y fértil. Ésta nos ilustra cómo se
ha modificado desde el poder el proceso de dominación ideológico.
H. M. Enzensberger -> etimológicamente, el término manipulación significa una intervención técnica,
consciente, en un determinado material. Si esta intervención es de una importancia social inmediata, la
manipulación constituye un acto político. La posición de Enzensberger consiste en identificar la
manipulación con el “incidir activamente” de modo que manipula todo aquel que interviene
activamente en algo.

Para Muraro, hay que someter a modificaciones el concepto anteriormente explicado de manipulación.
Éste tiene el inconveniente de atribuir un carácter omnipotente a la comunicación de masas, como si los
medios fueran fuerzas independientes capaces de modificar y triturar toda forma colectiva de la
conciencia nacional y de clase.
Los descubrimientos de la mass communication research confirmaron que la teoría de los medios como
fuerza independiente capaz de obligar a la gente a aceptar opiniones opuestas a sus intereses o valores
de clase, es un mito.
Las investigaciones sobre la influencia de los medios en la decisión del voto demostraban que la
comunicación de masa no era realmente todopoderosa. La propaganda política masiva no modificaba
las actitudes originales de voto de los ciudadanos debido a que:

1) La gente suele votar en “grupos”. Los individuos que viven en condiciones sociales y económicas
semejantes, tienden a actuar de manera homogénea. La comunicación cara-a-cara es siempre
más importante que los mensajes de los medios.
2) Los individuos son altamente selectivos con los mensajes; buscan tomar contacto
exclusivamente con aquellos medios que coinciden con sus posiciones políticas.
3) Dentro de cada grupo, están los llamados “líderes de opinión”. Estas personas están mejor
informadas, socialmente más activas y con más nivel cultural que el resto de sus seguidores.
Operan como intermediarios entre los medios y su grupo.

Por todo esto, el sentido de manipulación debe ser eliminado o revisado según estos resultados
empíricos. Su eficacia debe ser probada en cada caso y relacionada con el desarrollo histórico, las
estructuras de clase y la evolución de los movimientos políticos.
La teoría de Marcuse acerca de los medios como instrumento de unificación del sistema resulta
inaceptable y parcial desde este punto de vista.

5. Crítica y extensión del concepto de manipulación


Muraro plantea la necesidad de una teoría histórica de los medios de comunicación de masa que nos
permita explicar en qué condiciones los hombres son convencidos o persuadidos y en qué condiciones
logran escapar a sus demandas.

La noción intuitiva antes dada de manipulación falla en varios aspectos básicos dice Muraro:

a) En primer lugar, ésta omite el hecho de que el público no es una masa carente de experiencia,
situada a merced de los medios de comunicación de masa. Por más limitada y precaria que sea
la experiencia personal ésta sigue siendo un obstáculo a las maniobras de la dominación
psicológica.
b) En segundo lugar, en muchos casos el individuo manipulado no es un sujeto hipnotizado sino
alguien que acepta ser objeto de la instrumentación de los medios debido a que sus intereses
coinciden con los de los grandes monopolios.
c) H.M. Enzensberger -> la teoría de las pseudonecesidades es también otro aspecto sospechoso
del concepto de manipulación. ¿Hasta qué punto las nuevas necesidades promovidas por la
publicidad son tan falsas como piensa Marcuse?
Aquellas necesidades que define Marcuse tienen como función social básica perpetuar el
sistema de dominación monopolista. Las pseudonecesidades operan como uno de los
principales mecanismos de recuperación, de autogeneración e impulsión del neocapitalismo.
La tesis de Muraro es que muchas de las explicaciones sociológicas que apelan a la irracionalidad
de las masas ocultan hasta dónde esa irracionalidad es el producto del dominio de los
monopolios sobre el Estado y la economía. Si los medios manipulan las necesidades del público,
muchas de éstas deben ser reales, legítimas y no exclusivamente el resultado del proceso de
autorrecuperación del sistema.
Hay una tesis, dice Enzesberger, que afirma que el capitalismo actual vive gracias a la
explotación de falsas necesidades. Esto es una verdad a medias. No se puede probar que entre
los sectores económica y socialmente desfavorecidos, la exposición de todos los bienes que les
son inaccesibles, cree un deseo automático de “integrarse” a la disciplina de las corporaciones a
fin de lograr participar en las nuevas riquezas del sistema.
La teoría de las pseudonecesidades de Marcuse hubiera sido mucho más crítica y certera si ésta
la hubiera formulado como una teoría de las “pseudosatisfacciones”, de las satisfacciones
parciales de los apetitos materiales y afectivos de las masas. Porque este autor partió de una
definición estrecha de las necesidades que las identifica con aquellos bienes que suponen que
las satisfacen.
d) Otro aspecto es el contenido “subjetivo” que tienen un papel subordinado para el sociólogo.
Esta subestimación de los aspectos psicológico-individuales del proceso de comunicación se
basa en el supuesto de que la ideología, como sistema de representaciones, es inseparable de la
experiencia vivida de los individuos. Ésta penetra sus costumbres, sus gustos, sus reflejos y
significa también que para la gran mayoría, esta experiencia es vivida sin que los fundamentos
de tales representaciones afloren a nivel de la conciencia.
Aunque la manipulación supone una operación consciente de control y persuasión del público,
no hay ninguna razón para restringir nuestro análisis de la manipulación a las operaciones
psicológicamente deliberadas. Este tipo de operaciones comunicacionales es un subtipo de la
manipulación.
La teoría de la manipulación de la sociología crítica supone la posibilidad y necesidad de
formular ante cada circunstancia histórica, ante cada fenómeno social, una versión
racionalmente verdadera de ésta. La sociología crítica está vinculada a un proyecto político, a
una estrategia que persigue la realización de los postulados de la democracia. Dentro de esta
idea, el crítico de la comunicación sabe que hay maneras y contenidos de la comunicación que
son incorrectos, represivos o mistificadores, y también que hay ciertos hechos o ideas que
deben difundirse porque la ignorancia de éstos condiciona a las masas a soportar formas
anacrónicas de dominio.
El enfoque crítico de la comunicación considera al neutralismo científico como una forma más
de difusión ideológica de los valores neocapitalistas. Lo que interesa ante todo no es si los
sujetos están o no convencidos de lo que dicen los monopolios o si lo rechazan. El centro de la
cuestión es que toda acción o concepción democrática de la cultura supone que ésta debe servir
como instrumento de comunicación de valores que apunten a una comprensión racional de la
sociedad por parte de todos los individuos y a una crítica de los “poderes constituidos”.
Hay dos grandes peligros teóricos en la comunicación de masa:
1. Populismo: supone que los medios se justifican por sí mismos porque, en tanto
persiguen siempre el objetivo de la más amplia audiencia posible, dan al pueblo
lo que éste quiere. Para el populismo todos los mensajes son validos en tanto
sean aceptados o consumidos por la audiencia.
2. Aristocratismo cultural: para este la única razón de la actual cultura de masa es
la “estupidez” de los públicos. Considera a todos los problemas sociales como
problemas “de cultura”.
La crítica de Muraro a la cultura de los medios de comunicación de masa no radica en
que éstos manipulan sus mensajes sino que los manipulan buscando promover la
movilización orgánica de las masas en pos de metas democráticas.
El problema básico de la manipulación no reside en la conciencia del emisor o en la
eficacia de los medios sino en la existencia de monopolios que controlan la industria
cultural y que cierran el acceso a las tareas creadoras a las masas.
e) Otro problema de la teoría de la manipulación es que ésta no es la de la misma naturaleza
cuando se la efectúa con “noticias” que cuando se ejerce en relación a comentarios, publicidad
o materiales de ficción. Existe una diferencia cualitativa.
Aunque ambos tipos de manipulación se superponen y se complementan, las noticias pueden
ser manipuladas a priori haciendo falsear su contenido empírico, mientras que los materiales de
ficción o comerciales que suponen una manipulación afectiva o “sentimental”.
Como dice Adorno, los mensajes de entretenimiento y publicitarios de la industria cultural se
caracterizan por una creciente perfección en su imitación de la vida cotidiana.
La superposición de los dos tipos de manipulación se realiza en dos niveles:
1. En un nivel superficial: las noticias no pueden ser separadas de los comentarios
editoriales y de su contexto en general y éstos hacen referencia a valores
ideológicos-afectivos que trascienden las pretensiones de objetividad del emisor.
2. En un sentido profundo: la separación entre afectividad y racionalidad, mundo
exterior e interior, conflicto social e individual, es siempre algo relativo y parcial.
Por esto la división entre mensajes destinados a informar sobre hechos empíricos
“exteriores” y mensajes destinados a “divertir” contiene ya en sí misma un
componente de manipulación objetiva de la audiencia.
f) Los bienes materiales, todo lo que habitualmente se opina acerca de ellos se refiere a la eficacia
con que cumplen la función que el mercado supone que deben cumplir. En ese sentido, es
sorprendente la inocencia con que la sociedad juzga a los bienes que produce y con que los que
adopta sin mayor reflexión acerca de su papel dentro del sistema social. Un bien cualquiera no
es algo indiferente a los usos que puedan dársele. Más aún, los bienes determinan usos de los
cuales la sociedad con frecuencia no tiene la más remota sospecha en el momento de su
incorporación.
Toda operación mercantil efectuada sobre la interioridad de un ser humano es una
manipulación. Desde el mensaje publicitario hasta la telenovela estereotipada que explota de
necesidades a la ama de casa son operaciones de manipulación.

GRUPO CINE LIBERACIÓN: “Cine militante: una categoría interna del Tercer
Cine”
Hay tres tipos de cine:

1) Primer cine o cine abiertamente comercial: vinculado al modelo americano.


2) Segundo cine o “cine de autor”: una variante del primer cine y sujeto, como aquél, a los
“poseedores del cine” o al cine de la plusvalía.
3) Tercer cine o cine de liberación.

Este texto es un trabajo centrado en el estudio de las categorías del tercer cine, su categoría más
avanzada: el cine militante.
El tercer cine, “aquél que reconoce en la lucha antiimperialista de los pueblos del Tercer Mundo y de sus
equivalentes en el seno de la metrópolis la más gigantesca manifestación cultural, científica y artística de
nuestro tiempo”, es un hecho nuevo como para que no tenga un riguroso nivel de análisis y de crítica.
La responsabilidad que tienen quienes abordan el cine militante es mucho mayor que la que
correspondía a los realizadores del tercer cine. Y es mayor precisamente porque los propulsores de un
cine de militantes no intentan ahora solamente una labor de descolonización cultural, o la recuperación
de una cultura nacional, sino que se proponen complementar a través de su actividad militante una
política revolucionaria, aquella que conduce a la destrucción del neocolonialismo, a la liberación
nacional de nuestros países y a la construcción nacional del socialismo. En suma, la responsabilidad es
mayor porque lo que se intenta es la construcción de un cine militante revolucionario.

El texto no pretende otra cosa que estimular una búsqueda, provocar una problematización superior
alrededor del camino inaugurado. La práctica por sí sola no alimentará en la medida suficiente ese
proceso. El mismo requiere ya una indagación crítica que, si bien sólo es posible a partir de la propia
práctica, se distancia de ella para racionalizarla y afirmar su desarrollo a niveles superiores.

El cine como hecho político


Todo cine al ser vehículo de ideas y modelos culturales, e instrumento de comunicación y proyección
social, es en primer término un hecho ideológico, y en consecuencia también un hecho político.

Todo género cinematográfico, sea el policial o el documental, están concebidos y determinados por una
concepción ideológica siempre definible, y cuya proyección política escala la mayoría de las veces a la
propia conciencia del autor. El cine, como ideología, viene a confirmar, negar o corregir los niveles de
conciencia existentes en los espectadores, y por lo tanto alcanza incidencias políticas. La obra tiene
siempre, en el contacto con una realidad en transformación, una praxis política cuyos niveles pueden
determinarse en cada circunstancia.
Si no se puede realizar un análisis ideológico político de las obras cinematográficas, no es porque no le
corresponda tal análisis, sino porque buena parte de las instituciones analíticas, teóricas y criticas, están
regidas por una concepción ideológica cuya política es la de esterilizar el cine como circunstancia
política, lo que no deja de ser una de las tantas formas de definirse políticamente respecto del cine, de
la cultura, o de la vida. Esta concepción y esta política tienden a despolitizar el cine, del mismo modo
que tratan de despolitizar la cultura, la ciencia o la mentalidad del hombre.

Si hubiera que hacer una gran categorización en lo interno del cine, la misma no sería
“cinematografista”, sino que debería tender a esa realidad primera que define al cine que es la ideología
sustentada por cada obra en particular. Así es que existirían de este modo sólo dos tipos de cine, y que
los mismos responden a las dos concepciones ideológicas que enfrentan actualmente en el mundo:

 Una concepción burguesa-imperialista dirigida a convertir al hombre en objeto que se


autoconsume.
 Una concepción antiimperialista, en términos universales socialista, destinada por el hombre a
desarrollar todas sus facultades creadoras.

Aquellos que creen no estar en ninguna terminan siempre definiéndose a través de su práctica en
alguna de ellas, aunque subjetivamente pretendan mantener “independencia”.

Existiría, de esta forma:


 EL CINE con mayúsculas, un hecho incontaminable por la política y sólo apto para ser analizado y
medido “desde sí mismo”.
 Y por otro lado el “cine político”, una categoría subalterna, cuya descripción siempre está
orientada a su proscripción, a una subestimación, a una categorización que lo ubica solamente
para “gente especializada” o para “entendidos de cine”.

TERCER CINE: un cine de destrucción y de construcción. Destrucción de la imagen que el


neocolonialismo ha hecho de sí mismo y de nosotros. Construcción de una realidad palpitante y viva,
rescate de la verdad nacional en cualquiera de sus expresiones. Y es que el tercer cine admite una
diversidad de géneros y de categorías tan múltiples como múltiples son los objetivos diarios que emanan
del proceso mundial y nacional de liberación.

Hacia una caracterización del cine militante


El cine es también política o también se podría decir que todo cine es cine político.
¿Todo el cine nuestro es un cine militante? ¿O lo es solamente aquél que aborda una temática
explícitamente política? ¿Será en cambio el que ha sido producido y utilizado por organizaciones
partidarias?
Una primera hipótesis: el cine militante es aquel cine que se asume integralmente como instrumento,
complemento o apoyatura de una determinada política, y de las organizaciones que la lleven a cabo,
al margen de la diversidad de objetivos que procure: contrainformar, desarrollar niveles de conciencia,
agitar, formar cuadros, etc.
Cuando hablamos de cine militante nos estamos refiriendo a aquel integrado a una política
revolucionaria en países no liberados, o bien en países que construyen el socialismo.
Si antes dijimos que todo cine es cine político, podríamos agregar ahora que todo cine en un país en el
que el pueblo ha conquistado el poder y construye su liberación definitiva, es un cine político,
militante y revolucionario.
La categoría de cine militante no es unívoca, ni universal, ni atemporal, sino que se redefine siempre
desde cada circunstancia histórica concreta.
Un cine es militante revolucionario en tanto el pueblo, a través de las organizaciones representativas y
revolucionarias que va generando en el proceso liberacionista, le otorgan, implícita o explícitamente
ese carácter.
Este cine no reconoce otra especificidad que la política, otra operatividad, otros frentes, otros
lenguajes y otra crítica, que no sean políticos. No es un cine para el cine, ni puede ser juzgado como
militante desde el cine. Todo aquello que hace a su conformación productiva, realizativa, estética, o a su
instrumentalización y comercialización, a su crítica o a su teoría alcanza máxima validez cuando se
formula desde el propio ámbito político en el cual cumple su práctica efectiva.

El cine militante en la Argentina


En algunas situaciones, como la de los países socialistas o las sociedades imperialistas con una izquierda
institucionalizada a nivel de masas, el cine militante puede nacer orgánicamente de arriba hacia abajo,
como producto de las resoluciones del ministerio respectivo o de la comisión de cultura de turno.
En Argentina el cine en general nace como producto de la expansión imperialista de fines del siglo XIX.
Surge como parte de un aparato mundial digitado por los dueños universales del cine, que son los
yanquis. Esta situación domina la estructura del primer cine en nuestro país, cuyo apogeo fue hacia
1940/1945.
En nuestro país, el cine militante no nació como producto decantado de una solida experiencia previa,
sino como salto o ruptura con muy pocos antecedentes locales. Nace también en un momento en que la
línea parece agotada y en que los nuevos realizadores, antes que haber profundizado las experiencias
previas, están dominados por una actitud mucho más atrasada en relación al proceso racional que la
que asumieron los integrantes de la primera generación del llamado nuevo cine argentino.
Desprovistos de aportes serios a la construcción de la cultura nacional, el cine de descolonización en la
Argentina debió buscar esos aportes en las ideas que el pueblo tiene sobre la cultura y que se expresan
fundamentalmente a través de su propia práctica política. El cine militante retoma los hilos de un cine
nacional presentes en el primero y el segundo cine, pero los redefine en la cultura que se expresa
mediante la lucha policía por el poder popular. El cine militante pasó de este modo a ser cine nacional
por excelencia, ya que no había otras expresiones cinematográficas, culturalmente válidas, que no sean
explícitamente políticas.
Un cine militante, como todo aquel cine que profundice seriamente los problemas y la temática de
nuestro tiempo, puede encontrar un marco receptivo de gran dimensión. Pero ese marco existe
solamente a partir de que el realizador ubique al cine desde el país y no al país desde el cine.
No se rechaza el cine de masas por ultraizquierdismo ni por sectarización. Se lo rechaza porque los
circuitos de comunicación de masas en Argentina están en enfrentamiento con las necesidades
populares. Cultura de masas es una realidad antagónica a cultura. Es decir, un cine de descolonización,
como parte de una cultura nacional y popular en construcción, no tiene posibilidades de acceso a las
masas, en tanto los circuitos dominantes son la negación de los intereses populares.

El cine militante en la Argentina ha nacido como parte integrante del mismo proceso de liberación
nacional y social que a través de diversas expresiones sacude al continente y que en nuestro país se
llama desde hace muchos años peronismo.

El grupo de cine militante


No puede ser considerado militante un cineasta o grupo de cine cuando no está ligado a una
organización o a un ámbito político organizado porque la categoría militante es considerada a partir de
la obra y la práctica realizada desde encuadramientos orgánicos de militancia.
La práctica del grupo de cine integrado a una organización o ámbito político es una práctica de
complementación que se da fundamentalmente en el plano superestructural. Su mayor responsabilidad
es el dominio completo de los recursos que maneja y que lo definen como grupo militante de cine. Esto
no impide que el grupo se desplace de su responsabilidad con el cine hacia actividades en otros frentes
no necesariamente superestructurales o de complementación. Pero en este caso no actúa ya como
grupo militante de cine, sino como grupo militante de determinado frente en el cual las relaciones, los
compromisos, las tareas, las responsabilidades y los objetivos serán las de ese nuevo frente y no las
respectivas al trabajo de los medios audiovisuales. Dejará de ser militante cineasta para convertirse en
militante sindical, estudiantil, etc... Lo que no impide que pueda atender varios frentes
simultáneamente.
El grupo militante de cine no aspira a ganar gente para sí, sino para la organización. Los compañeros
que son ganados mediante la labor de complementación en la que participa, pasan a integrarse a los
diversos frentes de la organización.
El grupo militante de cine no forma tampoco militantes políticos. Los militantes se construyen a través
de la práctica política general desarrollada por las organizaciones, práctica en la cual el cine es apenas un
instrumento complementario.
Un cuadro militante que opera mediante el cine, sintetiza dos experiencias complementarias: la
militancia política básica en tanto integrante de la organización a la cual se va incorporando, y la
militancia “específica” con la herramienta que utiliza (los medios audiovisuales).

La práctica del cine militante


La práctica del grupo de cine militante es siempre una práctica política colectiva en la cual cada
compañero es un militante que asume, investiga, discute, elabora y realiza el hecho político a procesar
cinematográficamente. Esta práctica se da fundamentalmente en dos grandes momentos:

1) Elaboración-realización:
2) Difusión-instrumentalización.

El momento 1) elaboración-realización tiene tres etapas:

i. Elaboración: la definición del trabajo deviene de un estudio profundo de objetivos políticos a


determinar en el seno del encuadramiento. Es la etapa donde prima el debate político colectivo
alrededor del por qué y del para qué del hecho concreto que es el filme.
ii. Realización: incumbe esencialmente al grupo de cine. La organización deposita en él toda su
confianza, y al grupo le corresponde estar a la altura de las expectativas y de los objetivos
políticos existentes.
A- Expresión, lenguaje y forma: la película requiere la elección de un lenguaje y no otro. Un
filme militante estará logrado cuando su expresión ayuda a reflexionar, concientizar, agitar o
movilizar en torno al tema y los objetivos prefijados.
Si existe un desafío para quienes tienen responsabilidad de expresar políticamente mediante el
lenguaje cinematográfico, ese desafío se trata de tener la capacidad de aportar también a la
gran batalla ideológica cultural (y política) por la descolonización del gusto. Pero esta sólo será
una realidad a nivel popular y de masas cuando el pueblo tenga en sus manos todos los resortes
del poder, y particularmente los instrumentos culturales, educativos y de comunicación masiva.
Hasta que este objetivo no se logre, rigen todavía lenguajes, códigos de comunicación y pautas
culturales que el Sistema ha impuesto y a través del os cuales todavía actuamos.
B – Los géneros: no existe un modelo único de cine militante. Por la diversidad de objetivos, el
cine militante tiene una amplia serie de subdivisiones técnicas, convencionalmente definidas
como “géneros”, que corresponden a una primera categorización política que los define: cine de
objetivos estratégicos o cine de objetivos tácticos.
iii. Ejecución del filme: requiere un método de realización que conjugue lo horizontal con lo
vertical, lo colectivo con lo individual, como debe ocurrir en todo hecho operativo donde deba
trabajarse rápido, en profundidad y sin vacilaciones. Cada integrante debe responsabilizarse por
un área técnica de trabajo y la coordinación de todas estas áreas debe centralizarse en la
dirección.
iv. Difusión-instrumentalización: este es el segundo gran momento de la práctica del grupo
militante de cine. No se trata ya meramente de la difusión en el sentido convencional, sino de la
instrumentalización de cada obra militante. Aquí se concreta la principal práctica política del
grupo realizador.
Cada proyección del material cinematográfico militante obliga a una discusión en lo interno de
la organización política sobre los objetivos que se buscan en esa proyección que es también un
acto político. Sin esta práctica efectiva, todos los esquemas sobre ideología, expresión o
lenguaje pueden derrumbarse o mantenerse como mistificación o demagogia.
v. La práctica de la difusión:
A – Seguridad: la práctica difusora y política del cine militante exige a sus organizaciones
desarrollar al máximo las condiciones de seguridad. Una proyección reprimida no sólo lesiona la
libertad de los participantes, sino que afecta también al trabajo político de la organización y el
desarrollo de los nuevos actos.
B – La participación durante los actos: la tendencia natural dentro del acto es convertirse en
espectador (no en participante). Corresponde a los compañeros organizadores estimular y
facilitar la participación de los destinatarios y protagonistas del acto. Hay que ayudar al diálogo
colectivo, a la reflexión colectiva. Esto no se produce por lo general espontáneamente.

MESTMAN, M: “Notas para una historia de un cine de contrainformación y lucha


política”
La propuesta de usar al cine como un arma “de contrainformación” o “lucha ideológica” es propia de
diversas experiencias de comunicación alternativa surgidas en distintas áreas del campo cultural
argentino a fines de los ’60.
El cine utilizado como herramienta de intervención política asume por esos años el objetivo
contrainformacional en un lugar central. Y el “cine información o de denuncia” se convierte en uno de
los posibles “géneros” del cine militante.
Esta idea de contrainformación (cultural y política) se asocia a una práctica de desenmascaramiento de
la realidad a través de la cámara cinematográfica, principalmente del registro documental, así como a la
disputa del sentido de lo real.
Este texto intenta una aproximación al fenómeno de ese cine en Argentina durante el periodo que inicia
con la aparición de “La hora de los hornos” desde 1968 hasta 1976.

1) Las experiencias durante estos años se desarrollaron en el marco del surgimiento del
movimiento de Nuevo Cine Latinoamericano. Se trata de un período de surgimiento de este
movimiento regional caracterizado por una fuerte presencia de la problemática del aporte del
cine a la Revolución.
En 1968 se planteó la necesidad de pasar de la “etapa del testimonio”, que consistía sólo en
mostrar o denunciar el estado de miseria, a una “etapa mucho más agresiva”, ya no defensiva,
sino ofensiva donde se desenmascarase a los culpables de las tragedias que se habían
testimoniado y se explicasen “las estructuras de la dominación y la explotación”.
Se generan formas de diálogo y de comunicación que, al margen del concepto habitual del cine
como espectáculo, sirvan a desarrollar antes que proyecciones, actos, en los que importa más la
reacción, el debate interno o abierto, la inquietud de los participantes-actores.
2) En el Festival de Viña del Mar de 1969 se exhibió material que tenía como propósito atacar y
modificar las estructuras con la ilusión de convertir un producto cultural en un fusil.
En la Argentina, a partir de 1969 varios realizadores y grupos asumieron el cine como
instrumento de intervención política, vinculándolo a un proyecto de transformación radical de la
sociedad. El Cordobazo de mayo de 1969, con la aparición real y simbólica de las masas obreras,
impulsaría la realización de dos films. Ambos con una característica significativa por esos años: la
utilización de material documental registrado para la televisión y la resemantización a través de
un particular montaje del mismo, para disputar el sentido sobre los hechos.
“La hora de los hornos” es un film que surge en el contexto de la “peronización” de los sectores
de la pequeño-burguesía intelectual, esto puede identificarse en su discurso así como también
en los carteles que la película incorpora al principio de la primera parte, con citas de Scalabrini
Ortiz, Cooke, etc. Tenía difusión clandestina en un espacio generado por la CGT de los
Argentinos.
Más allá de la búsqueda de shock en el espectador, la propuesta del Film-Acto se refiere
directamente a la incorporación del espectador como co-autor.
Dos de las características que definen una parte importante de este cine son:
a. La búsqueda de organicidad a fuerzas políticas que los diversos grupos ubicaban como
dirección del proceso “revolucionario” en la Argentina.
b. La instrumentalización de los films en ese sentido.
Ambos elementos pueden encontrarse como hipótesis de definición del concepto de
cine militante según CL.
Más allá de los diversos ámbitos desde los cuales se solicitaba la película para su
exhibición, se trata de grupos que formaban parte de CL y donde podían confluir gente
que se aproximaba más “desde el cine” o más “desde la política”.
Habían tres ámbitos en los que se difundió “La hora de los hornos”: grupos intelectuales
(artistas y profesionales), grupos estudiantiles (universitarios y secundarios) y grupos de
trabajadores y sindicales (barrios y villas). Un elemento importante es la insistencia en la
necesidad del debate durante o tras la proyección y la dificultad para desarrollarlo.
Se llevaba a cabo la utilización discriminada de las partes según los objetivos políticos de
la instrumentalización: con los grupos intelectuales sólo se trabajaba la primera parte
del film, entre los estudiantes se difundían las dos primeras y entre los grupos de
trabajadores solo la segunda y un reportaje a Perón.
“La hora de los hornos” y los films de 1969 abrieron una nueva posibilidad en el campo
de la distribución y exhibición: la clandestinidad.
3) Si bien ya “La hora de los hornos” planteaba la opción de CL por el peronismo, su difusión, así
como la de otros trabajos, significaron un diálogo más abierto con otros sectores del
movimiento popular y con criterios más frentistas en el enfrentamiento a la dictadura.
En 1972 CL publicó el único número de la revista Cine y Liberación. Desde su editorial se
proponía pelear por las instituciones cinematográficas y por la legalidad de los films censurados
o prohibidos. Hablaba del ingreso en una “nueva etapa” vinculada al repliegue del régimen y
consideraba que la misma exigía mantener el trabajo subordinado a la lucha por el poder, ir
ocupando los espacios que fuera cediendo el régimen para cambiar totalmente las instituciones
existentes.
De 1972 en adelante el cine militante se extendió y comenzó a tener producciones provenientes
del movimiento estudiantil e instituciones educativas como la UBA construyen cinematecas.

TRAVERSA, O: “Cine: la ideología de la no-especificidad”


La interrogación sobre el hacer cinematográfico tomo un carácter relevante en esta época (década ’70).
Más aún cuando quienes la formulan no consideran a su objeto inerte sino como ubicado dentro de un
proyecto y capaz de producir modificaciones en su contexto de acción.
“Cine, cultura y descolonización” de Solanas y Getino se sitúa en este ámbito problemático y procura
aclarar el modo de inserción del cine en lo social; y, en particular, su rol en la práctica que procura
gobernarlo: la política.
Estos dos autores, Solanas y Getino, son los realizadores de “La hora de los hornos”, un film que se situó
en el núcleo mismo de una fractura social y política, y como tal asumió sus consecuencias. La prohibición
de ser exhibida, la represión de sus espectadores, la preocupación de los medios revolucionarios del
mundo entero son indicadores, al menos de que se situaba en el campo de lo nuevo y atentaba contra
un orden establecido.

Este texto analiza la reflexión de los productores de dicha película en torno a la acción cinematográfica y
su concepción sobre la articulación del cine con lo político.
El discurso de Solanas y Getino tratará, sin lograrlo, de establecer el puente entre ese “hecho social
total” que es el cine con esa diversidad que es la política, que solo cobra sentido en la contingencia.
Solas y Getino señalan a su opuesto, lo localizan: apuntan contra las instituciones “analíticas, teóricas y
críticas” que procuran despolitizar al cine. El proceso al que hacen referencia se manifiesta en su texto al
menos de dos maneras:

 A nivel del juicio crítico y del trabajo científico en relación con el texto fílmico, por una parte;
 A nivel de las consecuencias sociales de difusión y circulación de esos textos. Pero la franja que
abarca el discurso opuesto a “El cine como hecho político” es sumamente diverso. Y, como tal,
producido en relación a situaciones también diversas.

La propuesta de Solanas y Getino es un texto alternativo que sea crítico a sus oponentes, que muestra la
forma de pasar de lo político a lo cinematográfico. Poniendo lo segundo al servicio de lo primero.

De la política al cine: propuesta para el tránsito


Si los objetivos buscados quedaron claro en el ámbito político, en el grupo realizador la expresión y el
lenguaje surgirán sin complicaciones, de forma natural.
De la política al cine se propone un pasaje cuya regla de oro es la claridad de objetivos políticos, que
otorgan materia significante. Frente a ellos, otro producto social: el cine, otra materia significante, en su
discurso histórico ha adquirido un conjunto de pautas que han dado en llamarse lenguaje
cinematográfico y que es el modo de “decir” del cine.
La hipótesis de que “en el grupo realizador la expresión y el lenguaje surgirán sin complicaciones, de
forma natural, la forma que asuma el trabajo será la más perfecta, bella y convincente de todas las
formas posibles”. Esto genera la ilusión de relación entre un sujeto (individual o grupal) activo frente a
una forma inerte. Las formas están ahí, como cajas vacías; no tenemos más que llenarlas con los
productos de nuestra comprensión y claridad de objetivos.
Deberíamos reformular la propuesta de Solanas y Getino e invertir sus proposiciones: en el grupo
realizador la expresión y el lenguaje surgirán a través de dificultades, producto a su vez de la relación
con un universo formal del cual debemos valernos, pero que también de alguna manera debemos negar.
No constituirá entonces este encuentro un hecho natural, sino histórico.
La forma que asuma el trabajo surgirá del intento de revelar qué se oculta detrás de lo reputado como
bello y verdadero, desmontando los mecanismos a través de los cuales unos artificios se hacen pasar por
realidades.

De lo político a lo cinematográfico: la cuestión de la especificidad


Según Solanas y Getino, el pasaje de lo político general a lo político cinematográfico elude la
especificidad de este último.
En un sentido general, la noción de especificidad tendería a hacer referencia al trazo o al conjunto de
trazos que singularizan y diferencian al cine del resto de las materias significantes en su modo de
otorgar sentido.
Hay una doble dicotomía:

 Códigos cinematográficos y extracinematográficos: los primeros son códigos que se


manifiestan exclusivamente en el cine como materia significante, los segundos se manifiestan
en otras y se importan al cine.
 Distinción entre cine y filme: el cine hace referencia a una totalidad; el filme es una
manifestación singular de aquélla.
Los filmes en tanto manifestaciones singulares será la base de un conjunto de códigos dentro de
la totalidad que constituye el cine. Desde el punto de vista código se hace difícil pensar alguna
especificidad como absoluta.

Hay que modificar las preguntas acerca de la especificidad. No correspondería ya la pregunta: ¿qué
tienen todos los filmes en común?, sino la que interroga sobre lo que ocurre en la producción fílmica
para que todos los filmes tengan algo en común. Mientras que la primera pregunta pasa por alto la
presencia del sujeto productor, la segunda la convoca.
Quien dice sujeto productor, dice sujeto social, con un lugar social como espacio para su definición,
lugar social definido por una situación particular con respecto a la lucha de clases en un momento
histórico determinado.
Esta interrogación engloba al sujeto productor y sus productos (textos), operaciones mediante,
constituidas a su vez, en tanto son prácticas sociales productoras de sentido.
Bien sabemos que el cine podría ser pensado desde otras perspectivas: como un instrumento de
conocimiento o como un archivo. El atribuirle una funcionalidad determinada depende de supuestos
que se formulen acerca de sus posibilidades y de la articulación con lo social.

1. La interpretación histórica: el tercer cine

El borramiento de lo específico a través de la generalización histórica aparece cuando “El cine como
hecho político” aborda la historia. El ensayo intenta una periodización del cine nacional, y pretende
explicarla.
Tres periodos tendría nuestro cine:

 El primer cine, cuyo apogeo se sitúa entre 1940-1945.


Según Solanas y Getino, el primero está ligado a la expansión mundial del imperialismo,
 El segundo cine, vinculado al cine de autor europeo.
El salto de nivel se genera como un reflejo criollo de ciertas tendencias europeas.
 El tercer cine o cine militante.
El cine de descolonización en Argentina debió buscar aportes en las ideas que el pueblo tiene
sobre la cultura, y que se expresa fundamentalmente a través de su propia práctica política.

Pensamos que “el pueblo” engloba, para los autores, a sectores heterogéneos: la clase obrera, sectores
de trabajadores rurales, una parte de la clase media, etc. De hecho, es bastante difícil saber cuál es la
“idea” que esos sectores tienen de la cultura. Si tales “ideas” existen, es difícil suponer que juegan un rol
de oposición a la cultura oficial.
Quizá Solanas y Getino quieran decir que como miembros de la clase media, apéndice político durante
un largo periodo de la política oligárquica, descubrieron un proceso político de masas que se denominó
peronismo. Y que fue la clase obrera y su desarrollo político reflejado en el crecimiento de la intensidad
de sus luchas la que determinó que los intelectuales jugaran un rol acompañante de esa clase.
Si esto es lo que quieren expresar Solanas y Getino, no lo hacen con demasiada claridad. Y no explican la
dinámica de aparición del tercer cine.

2. La imagen: materia privilegiada del cine

Solanas y Getino tienen una imagen del cine (como un instrumento de persuasión) y lo que piensan de él
y de sus componentes es coherente con esa concepción de base. Para ellos, la imagen es un dato de la
realidad que penetra sensiblemente, alcanzando un nivel de persuasión muy superior a la mayor parte
de los restantes medios de comunicación.
Parece que la fuerza persuasiva del cine se instala en la imagen, para los autores. Se la muestra
instaurando un contacto no mediado entre el objeto y el sujeto, y esto no es cierto. La imagen no elude
proceso intelectivo alguno, lo que propone es una modalidad diferente de lectura. Modalidad ligada al
mundo de la cultura al igual que cualquier intelección. Y es el cine el que ha generado esa forma de
intelección, siendo no más que un artificio.

El proceso que se produce cuando se lee una imagen no es otra cosa que una lectura desde la cultura
misma, que ha pautado una modalidad de producir esa lectura. La imagen no es ninguna “prueba que se
define por sí misma”, esa “prueba” ya está definida como tal.
Una toma cinematográfica cualquiera implica una fragmentación arbitraria realizada a voluntad por el
operador: si aporta alguna información acerca de la realidad, se trata de una información manipulada
por un operador que selecciona y toma de ella lo que considera significativo. Y dicha selección no se
realiza según ningún principio de objetividad sino desde su propia concepción del mundo.
Visto así, el cine es el producto de una condensación de fenómenos que anteponen sucesivos velos para
una visión de la realidad “tal cual es”.

Se impone como tarea el desmitificar esa “impresión de realidad”. Y esta preocupación está también en
nuestro cotidiano: todos los días desde nuestros televisores nos afirman que esas líneas brillantes que
percibimos constituyen la realidad misma.
La tarea descolonizadora implica el señalamiento de los modos de acción de esa tecnología y de los
modos en que se nos indica que debemos utilizarla.
Todos los días somos testigos y consumimos imágenes documentales, datos acerca de la realidad y
testimonios de sus actores. Y ellos, por sí mismos, son eso, datos. Pero datos organizados en teorías, lo
que interesa es descubrir las claves de esa organización y oponerle otra que cambie el sentido de esos
datos.

3. La síntesis negada

La acción política productora de significación, tal cual se enfoca en el ensayo de Solanas y Getino, juega
en dos tableros: uno es el de la política misma, otro el del vehículo sobre el cual esa política transita
(cine, en este caso).
Ambas áreas de problemas son escindidas por la acción colonizadora. No se trata del cine
latinoamericano o argentino y su articulación con la política local, sino del aislamiento conceptual del
cine, por un lado, y de lo político por otro.
Por momentos, este mecanismo de apropiación encuentra una articulación política que lo promueva (el
desarrollismo en nuestro país). Y en otros momentos es reprimido (en la Revolución Argentina, por
ejemplo), como castigo por la producción de acciones sociales ajenas a la producción misma de
conocimiento.
La universidad y los institutos de producción científica o artística, son los destinatarios habituales de uno
u otro tipo de manipulación.
Solanas y Getino intentan producir con sus proposiciones la quiebra de este modelo; procuran integrar
esos universos que el mecanismo de la dependencia separa. Pero en su intento son integrados otra vez.
Huyendo de la disociación: objeto por un lado, contexto de acción por otro, Solanas y Getino nos dejan
sin contexto y sin objeto.

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