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La Evolución de la Televisión y el Videoclip

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LANDI, Oscar: “Devórame otra vez”.

Prólogo

La telenovela, heredera del melodrama del siglo XIX, del folletín y del radioteatro, instala en la
electrónica la eternidad del quién soy y la vigencia de ciertos relatos anteriores incluso a la invención de
la imprenta. La pantalla se sostiene tanto en la tecnología como en las tradiciones culturales en las que
nos seguimos reconociendo. Todo está al mismo tiempo superpuesto, sin hilación, en el continuo sin fin
del espectáculo televisivo.
Como todo nuevo medio, la TV produce un profundo reacomodamiento de los medios y del orden
cultural anterior. Frente a su expansión, reivindicamos la heterogeneidad cultural y la pluralidad de
lenguajes, pero hay que distinguir las críticas que pueden hacerse a la televisión por su programación de
aquellas que le están pidiendo a la televisión que cumpla las funciones de los medios y estéticas
anteriores y no las propias. La TV nació relacionada con las artes visuales, con los relatos cortos, pero no
tuvo ni tiene la misma cercanía con las narrativas literarias. Se le puede reprochar que le da poco
espacio a expresiones de la cultura letrada, pero una novela no es tan fácilmente traducible al lenguaje
televisivo.
Este texto se interesa por la TV como una situación de hecho, como una parte decisiva de la historia de
la mirada y la percepción, hoy convertida en el campo principal de la cultura y la política. Las imágenes a
domicilio han alterado el espacio y tiempo de los hombres, estimularon las narrativas orales y visuales,
cambiaron las formas de acción política, etc.

El videoclip, lenguaje de fin de siglo

Los videoclips son la metáfora perfecta de la posmodernidad, el centro de la cultura audiovisual que
domina nuestro presente, la crisis de todos los relatos, la síntesis de lo efímero, lo mejor y lo peor del
pop art.
A lo largo del tiempo los géneros estéticos se diversificaron, las vanguardias crearon en contra de las
reglas establecidas, se fueron produciendo mezclas y desplazamientos de elementos de un género hacia
otro. Las clasificaciones universales fueron desbordadas por la diversidad. El videoclip, con su mezcla
extrema de recursos técnicos y expresivos, podría ser pensado como un momento decisivo de esta
disolución, pero ya ha sido clasificado como perteneciente a la posmodernidad y sus consumidores son
los jóvenes.
El videoclip asedia, fractura los relatos estructurados del cine y la televisión, de los cuales usa elementos
reconocibles y los mezcla. Los elementos a los que antes estaba asociado los descontextualiza y luego
los rearma en otros juegos de lenguaje onírico. El videoclip toma como ejemplo variados proyectos
estéticos y obras de vanguardia fundamentales, basados en discontinuidades y combinaciones de los
lenguajes y narrativas.
El joven videoclip nació recientemente como respuesta a las urgencias de la industria del disco
norteamericana, cuando en 1980 transitaba por su segundo año de caída en las ventas sin que la radio
pudiese remediarlo. Como toda irrupción tecnológica de nuevos lenguajes, el videoclip (al igual que los
videojuegos) surgió desde la periferia, como investigación de los lenguajes tecnológicos y estéticos de la
televisión: “tecnologías de garaje” o de estrategias promocionales.
El videoclip tiene en el marketing una marca central de su origen, pero como género estético se ha
independizado, tiene una entidad propia.
Los clips pueden considerarse como la segunda fase del “Pop art” al mezclar formas artísticas e
imágenes cotidianas. Esta mezcla de vanguardia y publicidad produce un “dumping cultural”. Como toda
nuestra cultura, obedece a las leyes del rápido desgaste, es desecho en la historia del arte. Son los
videoclips los que ponen en evidencia y hacen legible este proceso.

El consumo de imágenes en cantidad que alienta la TV en general y el clip en particular, constituye el


terreno de una nueva estética que trasciende la pantalla del televisor y condiciona, influye, infiltra las
otras artes.
No se puede hablar de clip como algo homogéneo porque presenta diversos subgéneros: están aquellos
en que la imagen se adhiere a la interpretación del cantante, en otros prevalece el hilo argumental de
cierta historia, algunos son más experimentales, etc. Al analizar el clip musical conviene no olvidar que si
bien tiene autonomía como género estético, sin embargo, conserva su carácter de propaganda de un
disco.

La nueva diversidad que introduce el clip puede ser considerada light, errática, solo expresiva, no
preocupada por explicar sus supuestos conceptuales. El video musical puede ser criticado en muchos
aspectos y por perspectivas ideológicas distintas, pero es un síntoma de época porque significa algo.
Puede ser considerado como una pieza central de un proceso positivo de transformación del mismo
concepto de realidad, de emancipación de las visiones duras de la historia vigente en la modernidad.
Nos referimos a la caída del presupuesto cultural de la existencia de UNA SOLA realidad, para dar paso a
un concepto de realidad como el resultado de entrecruzarse, del “contaminarse” de las múltiples
imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí.

Públicos y (des) orden cultural

Estamos viviendo un abarcador proceso de expansión de los medios de comunicación electrónicos,


donde su centro de gravedad radica en la televisión abierta.
Este proceso es el principal (aunque no el único) factor que viene produciendo cambios en los gustos y
hábitos culturales de la gente. Podríamos organizar este fenómeno en dos grandes ejes
tendencialmente opuestos. Por un lado, se evidencia una creciente desigualdad respecto de la
producción y distribución de los bienes culturales y comunicativos. Así, los sectores sociales más bajos y
con menor escolaridad quedan en el circuito de la televisión abierta y de sus prácticas habituales en el
tiempo libre. En el otro extremo social, y sobre todo educativo, encontramos una gran diversidad
cuantitativa y cualitativa de posibilidades de acceso a consumos culturales, que puede incluir el uso más
o menos selectivo de la TV abierta y el acceso a las nuevas tecnologías comunicativas.

Por otro lado, se produce una suerte de contratendencia fundada en la creciente circulación y mezcla de
tipos de bienes culturales entre distintas capas de la población. Esta contratendencia obedece a dos
grandes procesos:

1. La televisión lleva a las audiencias masivas géneros artísticos fuera de sus contextos sociales y
rituales clásicos: la ópera, el ballet, la pintura, el teatro, etc. La TV también motiva al público a
asistir luego a espectáculos de este tipo, que en otras épocas eran exclusivos de ciertos cines y
teatros del centro de la ciudad.
Esta oferta de programas y de géneros diversificados, se activa además por una característica de la
TV abierta en la Argentina: todos los canales compitieron por el mismo público con los mismos
programas que se consideraban de éxito. No hay ningún programa que se especialice en algún
género o tipo de servicio. Este es un rasgo nacional que se combina potenciándose con otro
propio del medio: la televisión es de por sí agregadora de públicos.
2. A pesar de la crisis económico-social del país, desde un punto de vista cultural ciertas capas de la
población tienden a seguir pautas de consumo propias de niveles sociales superiores. Los sectores
medios-bajos tienden a asimilarse a los sectores medios en ciertas prácticas como visita a museos
y galerías de arte, etc. Por su parte, amplios sectores medios (escolarizados hasta nivel secundario
o universitario) acceden a información y bienes culturales de la sociedad por medio del ejercicio
de competencias y gustos adquiridos en el campo cultural y a un gasto monetario
proporcionalmente mayor dentro de su nivel de ingresos.

Argentina presenta una de las expansiones más significativas de la televisión por cable del mundo que
llega por todo el territorio hasta pueblos y ciudades del interior.
También se puede percibir como un fenómeno inverso: el consumo de medios masivos, propio de los
sectores más populares, por parte de sectores sociales altos.

La televisión conmovió (y conmueve) las tradiciones, hábitos, valores, gustos y expectativas generados
por la imprenta y la escuela. El amplio y creciente predominio de los lenguajes audiovisuales en el
mundo actual desplazan el alcance directo de los soportes tradicionales de la cultura letrada: el libro, la
revista, el diario. Sin embargo, si focalizamos el análisis en los medios de comunicación, vemos que los
índices de credibilidad de la gente tienden a ubicar en un primer lugar a los diarios y la radio. Este hecho
tiene diversos orígenes:
- Por un lado, la menor credibilidad en la televisión puede generarse por la experiencia del espectador
que percibe el control informativo que se hace en este medio durante períodos autoritarios. También
contribuyen a esta desconfianza el uso gubernamental de los canales estatales en la democracia.
- Lo que el televidente le reclama a la mayoría de los programas de la TV no es que presenten la
“verdad” sobre alguna realidad sino, en todo caso, que sean verosímiles: que sus relatos tengan cierta
coherencia, que contengan puntos de referencia reconocibles, lugares, etc. De este modo, la TV antes
que apelar a la credibilidad del espectador en la pantalla, le pide lo opuesto: establecer un pacto
mediante el cual, por un cierto lapso de tiempo, estamos de acuerdo en que lo que pasa entre nosotros
es ficción o juego.

El televidente y su pantalla

Se hace una breve descripción de la condición de televidente y abordar las ambigüedades y


complejidades que contiene su condición.
El proceso de elección desde la pantalla ejerce su propia atracción sobre el televidente y la oferta de
programas es cada vez más grande y múltiple.
La TV se consume de manera fragmentada y difícilmente una persona vea un programa entero sin
ningún tipo de interrupción. Esta característica propia del medio que construye precisamente su
lenguaje con fragmentos, se vio reforzada por la aparición del control remoto y el ejercicio del zapping.
Zapping: una suerte de “falso apagar”, anula el vínculo con la pantalla mediante la creación de otro.
Zipping: acelerar el pasaje de un programa que el individuo grabó en videocasete, con el fin de “saltar”
los spots publicitarios.
Flipping: cambiar de programa durante una emisión, sin que ese cambio tenga ninguna relación con la
tanda publicitaria.
Grazing: ida y vuelta permanente entre dos programas que traduce la voluntad de seguir varias
emisiones en simultáneo.

La transmisión directa que puede realizar la TV la diferencia del cine:

 no sólo permite adquirir cierta perspectiva visual, sino además le da un carácter contemporáneo a
las situaciones que pasan en la pantalla. La posibilidad de volver a repetir una situación o escena
permite una aproximación muy detallada y el replay también funciona como una suerte de criterio
de verdad para constatar y juzgar ciertos hechos.
Las transmisiones directas de la TV posibilitan la creación de una suerte de “suspenso real” por
oposición a lo “fabricado”. La TV posibilita viajar por el mundo y aproximarnos a situaciones
dramáticas desde un lugar de mirar protegido.
 La gratificación específica que brinda el tipo de programa que se está viendo: la identificación con
ciertas situaciones, compartir y elaborar hechos dolorosos, sentirse a salvo de las desgracias de
otros, reírse y entretenerse, informarse, descifrar el lenguaje gestual y corporal de las personas que
desfilan por los programas.
 La imagen de la televisión no es una imagen fija de vistas sino un contorno de cosas que está
formándose incesantemente. En este sentido es un medio “frio” y exige la participación del
televidente para definir sus propias secuencias de imágenes en constante transformación y
superposición. Las imágenes es precisamente el elemento que hace a la TV atractiva para las
personas pero allí también reside su punto vulnerable. Este medio efectivamente absorbe al
televidente, pero porque reclama su actividad y no porque lo transforme en un sujeto pasivo. Ç

En la relación entre el espectador y su pantalla se hace cada vez más borrosa la distinción entre ficción y
realidad. Esto obedece a la evolución y consolidación de ciertos géneros de programas como los de
entretenimiento y premios. Estos programas ponen en crisis la relación de verdad factual sobre las que
reposaba la dicotomía entre programas de información y de ficción, transformando la TV de vehículo de
hechos en aparato para la producción de hechos. Por esto la TV es cada vez más autorreferente.

Las claves posmodernas para pensar los efectos de los medios son:

 Su supuesta forma neobarroca (irregularidad), su estimulo a la polifonía y la multiplicación de las


interpretaciones de los acontecimientos. Todo esto debilita la posibilidad de establecer en la
cultura un modo fuerte, central y uniforme de concebir la realidad.
 Desde el punto de vista del televidente, existen distintas formas de recepción de los programas.
La persona se vincula con la pantalla desde su bagaje cultural, creencias e ideologías. Por lo
tanto, es desde este capital cultural que ella realiza las operaciones de definición del sentido de
las imágenes que está viendo en pantalla.
 Entramos en la era de los hipermedia, que abre nuevas posibilidades interactivas con los medios
que tenemos en casa.
Hipermedia: consiste en la disponibilidad, por parte de los ciudadanos particulares, de un
sistema integrado de recepción de las comunicaciones de masas. Todo esto constituye un
cambio radical en el ámbito del consumo de televisión, porque mientras los medios de
comunicación clásicos preveían un espectador siempre pasivo, que a lo sumo como respuesta
podía apagar la TV o cambiar de canal, hoy en cambio tenemos ya la idea de un espectador
activo que selecciona las cosas que se le proponen.

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