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RECURSO DE NULIDAD N.º 444-2019.


SUFICIENCIA PROBATORIA DE LA
VERSIÓN DEL TESTIGO DE OÍDAS:
NECESIDAD DE CONTRASTACIÓN CON
OTROS MEDIOS PROBATORIOS La
declaración del testigo que ha llegado a
conocer los hechos (de relevancia jurídica)
por el relato de otro sujeto que sí ha podido
percibir directamente lo sucedido, debe ser
contrastado con otros elementos de
juicio, prueba directa o indirecta, según el
sentido teleológico de lo previsto en el artículo
158.2 del CPP.
Fecha de publicación: 28 mayo 2021
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA
REPÚBLICA
SALA PENAL TRANSITORIA
RECURSO DE NULIDAD N.º 444-2019

SUFICIENCIA PROBATORIA DE LA VERSIÓN DEL TESTIGO DE OÍDAS: N


ECESIDAD DE CONTRASTACIÓN CON OTROS MEDIOS PROBATORIOS
La declaración del testigo que ha llegado a conocer los hechos (de relevancia
jurídica) por el relato de otro sujeto que sí ha podido percibir directamente lo sucedido,
debe ser contrastado con otros elementos de juicio, prueba directa o indirecta,
según el sentido teleológico de lo previsto en el artículo 158.2 del CPP.
Lima, siete de mayo de dos mil veintiuno

VISTOS: los recursos de nulidad interpuestos por los sentenciados Elio


Lozano Vílchez y Sandy Rolin Castro, contra la sentencia del ocho de febrero de dos
mil diecinueve (folios 1528-1552), que los condenó como autores del delito de
homicidio calificado —por gran crueldad— (previsto en el inciso 3, del artículo 108, del
Código Penal), en agravio de Máximo Claudio Ayra; e impuso quince y diez años de
pena privativa de libertad efectiva respectivamente. De conformidad con la Fiscalía
Suprema en lo Penal.
Intervino como ponente el juez supremo GUERRERO LÓPEZ.

CONSIDERANDO

PRIMERO. IMPUTACIÓN FÁCTICA


De acuerdo al dictamen acusatorio (folios 933-950), el acusado Elio Lozano Vílchez,
vecino del agraviado Máximo Claudio Ayra (66 años), habría planificado darle muerte,
pues días anteriores este tuvo problemas con el agraviado, sobre unos productos
forestales maderables que pertenecían al hijo del agraviado y que eran aprovechados por
el encausado a raíz que no tenían delimitados sus predios. Para ejecutar el hecho, utilizó
el apoyo de su peón Sandy Rolin Castro, con quien estuvo inicialmente en la casa del
señor Adolfo Paredes Sangama, bebiendo licor, para después continuar bebiendo en la
casa del acusado Elio Lozano Vílchez —ubicado a 400 metros de la casa del agraviado
—, habiendo mandado a Adolfo Paredes Sangama a su chacra a cosechar frijoles, quien
también era su peón. Ese mismo día, 26 de agosto de 2011 aproximadamente a las 14
horas, cuando el Máximo Claudio Ayra estaba solo en la casa de su hijo, Jhonni Walter
Claudio Nolasco, ubicada en el caserío El Encanto, carretera a Tournavista, kilómetro
47, se apersonaron los acusados, quienes cogieron al agraviado y lo golpearon
salvajemente con un palo en varias partes del cuerpo, para posteriormente quemar su
cuerpo junto con la casa; siendo recién el 5 de septiembre de 2011, que el señor Alex
Armando Macedo Vásquez, tomó conocimiento de dicho suceso cuando se fue a cobrar
al hijo del agraviado, encontrando la casa quemada con presencia de huesos humanos.
SEGUNDO. FUNDAMENTOS DE LOS IMPUGNANTES
2.1. El sentenciado Elio Lozano Vílchez, al fundamentar el recurso de nulidad (folios
1564-1575), sostuvo que:
a) Se le condenó sobre la base de la prueba indiciaria, pero esta no se encuentra
corroborada con otros medios probatorios.
b) No se fundamentó de qué manera se probó indiciariamente que el recurrente fue
quien agredió cruelmente al agraviado, como acto previo de incendiarlo; tampoco se
demostró que en la fecha materia de imputación haya ingerido bebidas alcohólicas con
su coprocesado en la casa del testigo Adolfo Pares Sangama.
c) Los resultados de la pericia antropológica forense no demuestran la existencia de
lesiones graves previas a la muerte; por lo que, pudo haber sido ocasionado por un
accidente. Asimismo, no se acreditó algún motivo justificado para dar muerte al
agraviado, no bastando una discusión por un árbol maderable entre el recurrente y el
hijo del agraviado.
d) El testigo Ronal Rolin Joaquín ha variado su declaración en tres oportunidades, no
reuniendo las condiciones de verosimilitud y persistencia en la incriminación.
f) Por último, el Dictamen Pericial N.º 2011001006067, no concuerda con la fecha de
imputación del fiscal, puesto que la muestra de fauna cadavérica estuvo conformada por
dípteros calliphoridae en estado larval L-III, estimándose la edad de 04-05 días; por lo
que, la muerte se habría producido entre el 02-03 de septiembre de 2011.
2.2. El sentenciado Sandy Rolin Castro, al fundamentar el recurso de nulidad (folios
1577-1578), alegó que:
a) Siempre ha negado la imputación en su contra, ya que él se encontraba en la fecha
que ocurrieron los hechos, en la comunidad Nativa Naranjal con el testigo Guillermo
Pérez Peña; lo cual esta corroborada con declaraciones testimoniales; no obstante, el
Colegiado no valoró estos medios probatorios.
b) La Sala no valoró las contradicciones en las que incurrieron los testigos; quienes
afirmaron que tomaron conocimiento de los hechos por parte de terceras personas.
c) El testigo Ronal Rolin Joaquín sostuvo que el recurrente le confesó su
responsabilidad; sin embargo, esto no es así, siendo que en la diligencia de
confrontación negó la supuesta versión que le contó. Esa persona lo sindicó por
venganza.
TERCERO. POSICIÓN DE LA FISCALÍA SUPREMA
El fiscal supremo opinó que se declare Haber Nulidad en la sentencia cuestionada, en el
extremo de las condenas y penas impuestas; reformándola, se les absuelva a Elio
Lozano Vílchez y Sandy Rolin Castro de la acusación fiscal, por el delito de homicidio
calificado, en perjuicio Máximo Claudio Ayra.
CUARTO. CUESTIÓN PRELIMINAR
4.1. La prueba es aquella actividad de carácter procesal, cuya finalidad consiste en
lograr la convicción del juez acerca de la exactitud de las afirmaciones de hecho
operadas por las partes en el proceso[1]. En ese sentido, como expresa Talavera citando
a Jordi Ferrer, “una concepción racionalista acerca de la prueba, consiste en: a) la
averiguación de la verdad como objetivo institucional de la actividad probatoria; b) la
aceptación del concepto de verdad como correspondencia; c) el recurso a
metodologías y análisis propios de la epistemología general para la valoración de la
prueba, sin desconocer la concurrencia de algunas normas jurídicas como
criterios racionales para la valoración dentro de un sistema de libre apreciación”[2].
4.2. La presunción de inocencia, como un principio del proceso penal, alude a que por
imperio constitucional nadie será declarado responsable de un delito, si no existe una
sentencia judicial que lo declare de esa manera, para esto se debe haber desarrollado un
proceso judicial y, dentro de este, un juicio; en ello reside la construcción judicial de la
culpabilidad. Esto significa que solo la sentencia tiene la virtud de declarar la
responsabilidad penal, lo cual implica la adquisición de un grado de certeza mediante
suficiencia probatoria, descartándose cognitivamente cualquier duda sobre la situación
jurídica del encausado.
QUINTO. ANÁLISIS DEL CASO CONCRETO
5.1. En principio, se aprecia que en la causa no existe mayor influjo de prueba directa;
razón por la cual, la Sala Superior sustentó la construcción jurídica de la culpabilidad
en la prueba indiciaria —indicios de móvil, oportunidad para delinquir y fuga
inexplicable del lugar de los hechos— y, especialmente, en la testimonial de Ronal
Rolin Joaquín, quien detalló la confesión que le habría expuesto el propio acusado
Sandy Rolin Castro, sobre como ejecutó el hecho conjuntamente con su coprocesado
Elio Lozano Vílchez.
5.2. Antes de analizar si en la sentencia cuestionada se motivó debidamente la prueba
indiciaria, resulta necesario primero examinar las versiones de aquellos testigos que
vinculan a los acusados en los hechos materia de imputación. Así tenemos
principalmente:
a) Ronal Rolin Joaquín, quien a nivel preliminar (folios 44-45), señaló que: Una vez
estuvo trabajando con Sandy Rolin Castro —su sobrino— como peones en el terreno de
Segundo Guevara, donde este encausado le comentó que su cuñado de nombre Adolfo
Paredes le contó —días antes que encuentren el cuerpo del agraviado— que el sobrino
de Elio Lozano —el menor Farfán— había llegado a la chacra con una botella de
aguardiente, y a él —Adolfo Paredes— lo mandaron a cosechar frejol y cuando retornó
observó que la casa del occiso estaba humeando.
En su ampliación de declaración preliminar (folio 155), indicó que: en noviembre de
2011, cuando estaba con Sandy trabajando en la chacra de Segundo Guerra, le
contó que el 26 de agosto fue cuando mataron al agraviado, y que él también participó
con Elio Lozano y su sobrino Farfán Ñaupa, previamente había libado licor en la casa
de Adolfo Paredes, después se fueron a la chacra de Elio y cuando estaban mareados
mandaron a Adolfo Paredes a cosechar frejol; yendo a la casa del agraviado los tres —
los acusados y el menor Farfán—, siendo Elio quien golpeó con un palo en el cuerpo del
agraviado hasta matarlo y echaron gasolina en toda la casa y cuerpo de Máximo,
incendiándolo.
En la instrucción (folio 412), señaló que: el recurrente Sandy le contó que había
observado que estaban quemando la casa del agraviado, y allí se encontraban su
coacusado Elio Lozano y el menor Farfán Ñaupa; al ver ello procedió a retirarse.
En el plenario (folio 1463), refirió que: una vez cuando estaba libando licor con el
acusado Sandy, este le contó mareado que en la fecha de los hechos estaba con el
procesado Elio y otra persona más en la bodega de Adolfo Paredes bebiendo; luego
Sandy con esta tercera persona se fueron a la casa del agraviado y los dos empezaron a
patearlo; pero no le creyó.
b) Carlos Rueda Eugenio, quien en el plenario (folios 1398-1399), afirmó que: Adrián
Rojas Mejía le contó que Sandy le confesó que con el menor Farfán Ñaupa —sobrino
del acusado Elio Lozano—, dieron muerte al agraviado, por petición de Elio Lozano,
quien les iba a pagar cincuenta soles; esto se suscitó cuando ellos estaban en la casa del
agraviado libando licor, al llegar la víctima y negarse a tomar con ellos, lo acuchillaron
por la espalda y le cortaron sus testículos; asimismo, Alfredo Paredes también le
comentó que cuando salió a cosechar frejol, dejó tomando a dos muchachos en su casa,
diciéndoles que no se metan en problemas, pero luego cuando retornó, observó que en la
casa del agraviado salía humo.
c) Por su parte, los hijos del agraviado, Jhonni Walter Claudio Nolasco y Diomedes
Claudio Nolasco, en el juicio (folios 1453 y 1377), también señalaron que Adrián
Rojas les contó la misma versión que le narró al testigo Carlos Ruega Eugenio, esto es,
que los autores del hecho eran los acusados recurrentes. Asimismo, Jhonni Walter
Claudio Nolasco, adicionó como otra fuente de información al testigo Adolfo Paredes
Sangama, al señalar que él le contó que los acusados hablaban del agraviado y que el
día de los hechos lo mandaron a cosechar frejol mientras que ellos se fueron a la casa
del agraviado para asesinarlo, al retornar escuchó los gritos de auxilio de él.
5.3. Como se puede apreciar, se trata de lo que se conoce en la doctrina como testigos
de oídas. Estos son aquellos que declaran no basándose en lo que percibieron
directamente, sino sobre lo que escucharon decir a un tercero sobre los hechos[3]; esto
es, se trata de aquel “testigo que ha llegado a conocer los hechos (de relevancia
jurídica) por el relato de otro sujeto que sí ha podido percibir directamente lo
sucedido”[4]. De allí que, para que tenga relevancia probatoria la información fáctica
que aporta, resulta necesario que este corroborado periféricamente con otros medios
probatorios y ratificado con la versión propia de su fuente de información, es decir, del
testigo presencial que debe concurrir al proceso a deponer su declaración, con
observancia de los principios de inmediación y de contradicción[5]. Por ello, como
sostiene Arsenio Ore[6] —citando a Rives Seva—, esa declaración del testigo
referencial asume un papel subsidiario frente a la que brinda el testigo directo, lo que
quiere decir—como consecuencia lógica— que su declaración tendrá validez, siempre
que el testigo directo confirme lo afirmado por el de referencia. Específicamente, en el
CPP[7] se establece que solo puede tener trascendencia probatoria si dicha versión del
testigo de referencia se corrobora con otros medios probatorios[8].
5.4. Dicho esto, en el presente caso, se tiene como fuente de información de los testigos
de oídas: el recurrente Sandy Rolin, el testigo Alfredo Paredes y la persona de Adrián
Rojas. El referido acusado, durante todo el proceso penal, ha negado haberle contado
esa versión que depuso el testigo Ronal Rolin, sobre quién y cómo se cometieron los
hechos imputados; además, defendió su inocencia al alegar que en la época de los
hechos —entre agosto y septiembre de 2011— estuvo laborando en la chacra de
Guillermo Pérez ubicada en el caserío El Naranjal. Sobre esta versión existen
testimonios (de Sonia Castro Joaquín, Guillermo Pérez Peña, Lisbet Berita Cabrera
Rodríguez, Cari López Vásquez y Jhomy Guevara Campos) que corroboran este
extremo de su tesis de defensa.
Por su parte, el testigo Alfredo Paredes —segunda fuente de información—, también
fue contundente en señalar que desconoce cómo se suscitaron los hechos y quienes
serían los agentes del delito, precisando que si bien tiene un bar en su casa, allí nunca
los acusados con el menor Farfán Ñaupa han libado licor juntos, y que una vez en el
mes de agosto sí le vendió licor al referido menor, para que llevará a los trabajadores de
su tío, el acusado Elio Lozano.
Por último, sobre la situación de Adrián Rojas, quien sería la fuente de información de
los testigos de oídas Carlos Rueda, Jhonni y Diomedes Claudio; este no fue testigo
directo, como habrían sido —según los testigos de oídas— el acusado Sandy Rolin y
Alfredo Paredes, sino también un testigo de referencia, ya que él les habría narrado a
Carlos Rueda y a los hijos del agraviado —Jhonni y Diomedes Claudio—, lo que
supuestamente le contó el propio encausado Sandy
Rolin; pero, como ya se mencionó, este acusado ha negado enfáticamente haber
confesado su supuesta responsabilidad —menos lo ha hecho en la presente causa al
declarar—, toda vez que se considera inocente. A esto se debe sumar, que Adrián Rojas
—fuente de información de los tres citados testigos de oídas— no ha concurrido en
ninguna etapa del proceso para deponer su versión sobre los hechos que se habría
enterado por el recurrente Sandy Rolin.
5.5. Adicionalmente a lo expuesto, se tiene que entre las versiones de los testigos de
oídas Ronal Rolin y Carlos Rueda, no existe uniformidad sobre cómo se habrían
suscitado los hechos. El primero de los mencionados indicó que al agraviado lo habrían
matado a golpes —con palos—; mientras que Carlos Rueda señaló que lo acuchillaron
por la espalda y le cortaron los testículos. Esta conclusión judicial tiene relevancia
sí se considera que su fuente de información primigenia sería el acusado Sandy
Rolin, esto es, la misma persona que habría dado versiones diferentes a: Ronal Rolin y
Adrián Rojas —este último le contó a Carlos Rueda—.
Asimismo, de las múltiples declaraciones que depuso el testigo de oídas Ronal Rolin —
ver considerando 5.2. —, se aprecia manifiestamente diferentes versiones respecto a
quiénes y cuántos serían los agentes del delito, y cómo se habría enterado su fuente de
información Sandy Rolin —en su versión primigenia indicó que este tomo
conocimiento de los hechos por parte del testigo Alfredo Paredes, esto es, que Sandy
Rolin sería también un testigo de oídas; pero, luego señaló que Sandy Rolin fue uno de
los agentes del delito que cometió el asesinato conjuntamente con su coacusado Elio
Lozano y el menor Farfán Ñaupa; por último, en sus otras declaración refirió que Sandy
Rolin solo observó cómo su coacusado y el menor Farfán incendiaba la casa del
agraviado—.
5.6. Con lo expuesto, este Tribunal Supremo estima, en el mismo sentido que el fiscal
supremo, que de ninguna manera dichas actuaciones tienen entidad probatoria suficiente
para una condena, por limitarse a testimoniales de oídas —que tienen un carácter
subsidiario frente a las versiones de los testigos directos—, no solo por no estar
corroboradas periféricamente, sino también porque sus fuentes de información —
aparentemente testigos directos— no han ratificado la supuesta versión que les habrían
narrado a estos testigos referenciales. Por tanto, evidentemente, no se puede sostener
una condena basándose en versiones de testigos de oídas carentes de estas exigencias
probatorias que podrían configurar una verificación razonable de la imputación.
5.7. Por otro lado, se puede advertir que la construcción de la culpabilidad de los
recurrentes, por parte de la Sala, en función a la prueba indiciaria, no contiene una
motivación suficiente y no cumple con los criterios establecidos en el Recurso de
Nulidad N.° 1912-2005-Piura[9] (la identificación de un hecho base, la cual debe estar
probada; existencia de indicios plurales o excepcionalmente únicos pero de una singular
fuerza acreditativa; los indicios deben ser concomitantes y estar interrelacionadas).
Uno de los tres indicios fue la existencia del móvil, sustentado en una enemistad que
existía entre el acusado Elio Lozano con los hijos del agraviados, por unos problemas de
madera y linderos de terreno, y que no se ha demostrado que el agraviado tenga
problemas con otra persona; si bien esto no ha sido negado por el referido procesado —
quien aceptó que sí existía esos problemas, pero precisó que nunca llegó a realizar
amenaza alguna—, lo cierto también es que la Sala no valoró las testimoniales de Redy
Pezo Hidalgo (folio 632) y Matías Culqui Gómez (folio 98), gobernador y agente
municipal de la localidad —en la época de los hechos—, respectivamente, quienes
informaron que el agraviado y sus hijos no solo tuvieron problemas con el acusado Elio
Lozano, sino también con sus otros vecinos que colindaban sus terrenos; por lo que, no
es cierto que el agraviado no haya tenido problemas similares con otras personas, como
sostuvo el Colegiado Superior.
Otro de los indicios fue el de fuga inexplicable del lugar de los hechos, alegando la Sala
que Elio Lozano se retiró de su domicilio el treinta de agosto y retornó el cinco de
septiembre de dos mil once, fecha en que fue intervenido por la policía, pero luego
desapareció hasta el año dos mil catorce; en el caso de Sandy Rolin, habría desaparecido
como lo señaló su madre Sonia Castro. Al respecto, se debe señalar que el procesado
Elio Lozano admitió que se fue de la localidad el treinta de agosto para retornar el cinco
de septiembre, pero no fue de manera espontánea como quiso darlo entender la Sala,
sino para ir a la casa de su conviviente ubicada en Tingo María; versión corroborada
con la testimonial de Zenaida María Mejía (folio 642) —refirió que el dos de septiembre
lo vio en la casa de su conviviente Norma Contreras— y las boletas de viaje (folios 29-
30); además, no es cierto que haya estado desparecido hasta el dos mil catorce, pues
desde el cinco de septiembre de dos mil doce (ver acta de intervención de folio 447)
hasta el veinticinco de febrero de dos mil catorce (ver sentencia absolutoria de folios
1129-1140) estuvo cumpliendo la medida coercitiva —detención judicial— impuesta
por este caso; por lo que, no es de recibo que la Sala sustente un indicio con
información no acorde a la realidad. En el caso del acusado Sandy Rolin también sucede
lo mismo, esto es, existen testimoniales de descargo que corroboran su versión, respecto
a que estuvo laborando en otra localidad —El Naranjal— y no que se fue de su casa de
manera inexplicable como indicó la Sala, premisa que lo sustentaron en la testimonial
de la madre de este acusado —Sonia Castro Joaquín—; pero ella indicó, en el juzgado
(folio 625), que su hijo se fue a laborar al caserío El Naranjal desde el veinticinco de
agosto hasta el cinco de septiembre, fecha en que retornó a su casa y se enteró de la
muerte del agraviado; además, desde el cinco de agosto de dos mil doce (ver
notificación de detención de folio 373) hasta el cuatro de febrero de dos mil catorce (ver
auto de variación de mandato de detención de folios 1046-1048), Sandy Rolin también
estuvo cumpliendo la detención judicial.
En ese sentido, la Sala no ha justificado de manera debida y objetivamente, los
relevantes aspectos glosados; por lo que, el último supuesto indicio —oportunidad para
delinquir—, no tiene la singular fuerza acreditativa para que excepcionalmente —como
único indicio— sustente la sentencia condenatoria, tampoco existen otros con los que
pueda concurrir y generar una inferencia razonable.
5.8. Finalmente, se tiene el Dictamen Pericial N. º 2011001006067 (folio 223), que
concluyó que la muestra de fauna cadavérica analizada al cadáver del agraviado, estuvo
conformada por larvas de dípteros calliphoridae en estadio larval L-lll y que se estima la
edad de las mismas en aproximadamente 4-5 días. En función a esta conclusión, y
tomando como fecha base la del levantamiento de cadáver —seis de septiembre de dos
mil once—, el deceso del agraviado se habría producido a inicios del mes de septiembre
de dos mil once, y no el veintiséis de agosto —desde ese día hasta la fecha del
levantamiento de cadáver concurrieron diez días aproximadamente— conforme lo
estableció el fiscal, en la acusación, como fecha de comisión del evento delictivo;
titular de la acción penal que se basó en lo declarado por el testigo de oídas Ronal Rolin,
quien fue el que expuso, en su ampliación de declaración preliminar (folio 155), el dato
de cuando supuestamente los acusados cometieron el evento delictivo. Sin embargo,
esta prueba científica tampoco corrobora periféricamente esa testimonial, menos aún
acredita necesariamente la fecha de comisión imputada por el representante del
Ministerio Público.
5.9. En ese orden de ideas, la sentencia cuestionada no se encuentra arreglada a ley, no
existiendo suficientes pruebas que demuestren la autoría de los acusados sobre este
delito; correspondiendo su absolución de la acusación fiscal, en virtud al artículo 301
del Código de Procedimientos Penales; en consecuencia, es pertinente disponer el
levantamiento de las órdenes de ubicación y captura.
DECISIÓN

Por estos fundamentos:


I DECLARARON HABER NULIDAD en la sentencia del ocho de febrero de dos mil
diecinueve (folios 1528-1552), que condenó a Elio Lozano Vílchez y Sandy Rolin
Castro como autores del delito de homicidio calificado —por gran crueldad— (previsto
en el inciso 3, del artículo 108, del Código Penal), en perjuicio de Máximo
Claudio Ayra; e impuso quince y diez años de pena privativa de libertad,
respectivamente; REFORMÁNDOLA, los absolvieron por el mismo delito y
agraviado.
II. ORDENARON el archivamiento definitivo de la causa donde corresponda y el
levantamiento de las órdenes de ubicación y captura de Elio Lozano Vílchez y Sandy
Rolin Castro, siempre y cuando no existan órdenes dictadas en su contra emanadas de
autoridad competente, para cuyos efectos debe oficiarse en el día al órgano
jurisdiccional de origen.
III. MANDARON se anulen los antecedentes policiales y judiciales de los
mencionados encausados generados por este proceso.
IV. DISPUSIERON se notifique la ejecutoria a las partes apersonadas a esta instancia,
se devuelvan los actuados a la Sala Superior de origen y se archive el Intervino el juez
supremo Bermejo Ríos, por licencia del juez supremo Prado Saldarriaga.

S. S.
BROUSSET SALAS
CASTAÑEDA OTSU
PACHECO HUANCAS
GUERRERO LÓPEZ
BERMEJO RÍOS
GL/awza

[1] GIMENO SENDRA. Fundamentos del derecho procesal penal. Madrid: Civitas,
1981, p. 214.
[2] TALAVERA ELGUERA, Pablo. La prueba en el Nuevo Proceso Penal. Lima:
AMAG, 2009, p. 13.
[3] Cfr. GONZALO RUA. Examen directo de testigos. En: Colección Litigación
y enjuiciamiento penal adversarial. Director Alberto Binder. Argentina: DIDOT, 2015,
p. 74.
[4] ORÉ GUARDIA, Arsenio. Derecho procesal penal peruano. Tomo II. Lima: Gaceta
Jurídica, p. 528.
[5] En esa misma línea, GONZALO RUA señala que la incorporación del testimonio de
oídas sin que declare el testigo directo, afecta el contradictorio de la defensa, por cuanto
no hay manera de que pueda generar contradictorio sobre aspectos esenciales que hacen
a la credibilidad de ese testimonio, tales como: Circunstancias de modo, tiempo, lugar,
seriedad de la afirmación y demás detalles. En: Examen directo de testigos. En:
Colección Litigación y enjuiciamiento penal adversarial. Director Alberto Binder.
Argentina: DIDOT, 2015, p. 74.
[6] ORÉ GUARDIA, Arsenio. Derecho procesal penal peruano. Tomo II. Lima: Gaceta
Jurídica, p. 529.
[7] Si bien el nuevo Código Procesal Penal aún no está vigente en todo el país no cabe
duda que este cuerpo legal contiene diversos dispositivos que contribuyen al
perfeccionamiento del derecho procesal peruano que se erige como el programa
procesal penal de la Constitución, y que por tanto, pueden servir de parámetro
interpretativo para la solución de otros casos en que sean aplicables. Ver en: Sentencia
del Caso Mosquera Izquierdo, contenido en el Exp. N.º 2748- 2010-PHC/TC;
fundamento jurídico N.º 10.
[8] Artículo 158 Valoración.
[…]
2. En los supuestos de testigos de referencia, declaración de arrepentidos o
colaboradores y situaciones análogas, solo con otras pruebas que corroboren sus
testimonios se podrá imponer al imputado una medida coercitiva o dictar en su
contra sentencia condenatoria. (resaltado agregado).
[9] Ver fundamento jurídico N.° 4. Este fundamento fue convertido en principio
jurisprudencial de carácter vinculante, por el Acuerdo Plenario N.° 1-2006/ESV-22.

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